jueves, 20 de marzo de 2008

Feria VI in Parasceve


"Le he pedido a Nuestro Señor que me abra los ojos; he querido ver su Cruz; la he visto; no puedes saber lo que es... Yo he escuchado hasta en los bancos de la catedral decir cosas que no puedo repetir. Hablan de la muerte de Dios como de un viejo conde...".

Georges Bernanos

martes, 18 de marzo de 2008

Nicolás y Alejandra, y la tragedia de un pueblo

He visto "Nicolás y Alejandra", una producción inglesa filmada en España en 1971. Lo hice luego de leer la monumental obra de Orlando Figes "La Revolución Rusa. 1891-1924. La tragedia de un pueblo" (Edhasa, 2006).
La película está muy bien producida y con una notable fidelidad histórica. Vale la pena pasar 3 horas viéndola.
Se consigue fácilmente en Internet, y en español.

sábado, 15 de marzo de 2008

Primer Aniversario



El 16 de marzo de 2007, hace ya un año, iniciaba este blog, con un post bastante zonzo y poco promisorio pero, con el paso del tiempo, el blog fue adquiriendo cierta popularidad en algunos ámbitos, tal como lo demuestra las casi 27.000 visitas únicas alcanzadas en un año, como puede observarse en el contador azul ubicado a la derecha.
La primera entrada exitosa fue la dedicada al Instituto de Cristo Rey Sumo y Eterno Sacerdote, a su fundador Mons. Wach y a sus zoquetes morados. Pero, si nos atenemos al cantidad de comentarios recibidos, la más popular fue la titulada “El Marqués de Peralta y Miss Marple”, publicada el 13 de junio de 2007, y dedicada a don Josemaría.
El Top Ten de posts por cantidad de comentarios es el siguiente:

1. El Marqués de Peralta y Miss Marple. 60 comentarios
2. Modernistas del siglo XVI. 50 comentarios
3. Mi director me dijo... . 45 comentarios
4. Unidos por lo ordinario (El autor es el Amigo Invisible). 41 comentarios
5. La segunda redención. 37 comentarios
6. Otra vez el Mendocino. Sobre el Racionalismo (El autor es Juan de Mendoza) 31 comentarios
7. El mejor seminario. 25 comentarios
8. Adagio lamentoso. 23 comentarios
9. El Seminario de San Luis. 23 comentarios
10. El aullido del Lobo (Contra Tollers). (El autor es Lupus). 22 comentarios.
Si tenemos en cuenta el tráfico del sitio, el mes que más visitas recibió fue noviembre de 2007 (2998 visitas), seguido por octubre (2879 visitas) y luego diciembre (2606 visitas).
Este tráfico, por cierto, es bastante pobre si lo comparamos con otros sitios. Sin embargo, el blog ha merecido un trato preferencial por Google que le ha otorgado una presentación especial en su página de búsqueda, listando en dos columnas los posts más visitados como puede verse aquí.
El sitio también ha sido incorporado a un medidor de impacto en otras páginas (Technorati). Allí se indica que diversos post han sido mencionados, entre otros, en el sito de Sombreval, en el blog de Cruz y Fierro y en el Javier Pincemin.
El origen de los lectores del blog es, mayoritariamente, Argentina, con un claro predominio de Buenos Aires y Gran Buenos Aires. Luego vienen Santa Fe, Mendoza, Córdoba y Tucumán. Las visitas del resto del mundo corresponden a Estados Unidos, Italia, Chile, Taiwan, México, Perú España, Uruguay, Francia, Colombia, Canadá, Suecia, Venezuela e, incluso, el 7 de marzo, a las 7:09 a.m. ingresó un lector de Reikiavik, quien leyó el post titulado “El Seminario de Hobbes” (Sospecho que será una kukusa adaptada a los hielos islandeses).
En cuanto al portal desde el cual acceden, la mayoría lo hace directamente desde el explorador de Windows (seguramente la dirección está en sus favoritos), otros lo hacen desde links en blogs o páginas amigas como el de Cruz y Fierro y la página de Jack Toller “Et voilà”. Un buen número lo hace también desde el Google. En este caso mucho tipean “caminante wanderer” en la ventana de búsqueda, pero hay casos realmente desopilantes. Aquí algunos de los últimos casos:
1. El 3 de marzo, a las 2:20 pm, ingresó al blog desde Córdoba alguien que buscaba en el Google: “Señoritas que busquen sexo con jovencitos en Salta”.
2. El 2 de marzo, a las 8:42 pm, un madrileño buscaba un “seminarista afeminado” y terminó leyendo el post titulado “La afectividad y los prestes”.
3. El 3 de marzo, a las 3:39 am, un lector entró desde París buscando “Señoritas livianas de ropa”.
Más allá de lo inconfesable de los deseos de estos lectores casuales, me llama la atención lo castizo de su lenguaje.
Finalmente, el blog sirvió para crear o estrechar lazos de amistad. Por ejemplo, durante el último verano se reunió en la zona norte de Buenos Aires un grupo de lectores. Parece que lo pasaron muy bien, salvo que se olvidaron de algo: ¡no invitaron al Wanderer! Ya lo pagarán de algún modo.
¿Habrá servido también para romper amistades? No lo sé. Espero que no.
De cualquier modo que sea, FELIZ CUMPLEAÑOS, y a seguir leyendo.



gibelino@hotmail.com

miércoles, 12 de marzo de 2008

Curiosidades litúrgicas I


Fra Matehew Festing, nuevo Gran Maestre de la Orden de Malta, con el hábito propio de su rango que incluye el manípulo. Durante la celebración de la Santa Misa, el sacerdote le da a besar el Evangelario luego de la lectura del Evangelio, y él mismo lee la epístola. Casi un sub-diácono.
Preguntas para quienes conocen del tema:
¿Tiene el Gran Maestre algún caracter sacerdotal?
¿La orden del subdiaconado imprimía caracter sacerdotal?

lunes, 10 de marzo de 2008

Pequeño burgués


Hace ya varios años, cuando yo apenas era un jovencito, fui reconvenido por un novel sacerdote porque, durante un retiro espiritual, constató que yo me sacaba el escapulario del Carmen para ducharme. “Podés morirte mientras te duchás”, me dijo. Y yo, con algo de irreverencia, le respondí: “No creo que Dios sea tan cruel para mandarme la muerte justo cuando no tengo puesto el escapulario”. “Nunca se sabe...”, dijo él. Este padrecito, que hoy es formador del seminario sanrafaelino, creía más en el escapulario que en Dios. Padecía el sindrome del pequeño burgués.
El pequeño burgués es aquel hombrecillo en busca de pequeñas seguridades materiales: la casita propia; el empleo seguro, y si es en el Estado mejor; el sueldo que, aunque modesto, arribe puntualmente a comienzos de mes; una alacena con suficiente provisión de fideos, arroz, azúcar y harina, y hasta un plan de sepelios prepagos. De este modo, todas las módicas variables de la vida terrena están controladas y el pequeño burgués puede tomar mate tranquilo y dormir en paz.
Esta conducta tiene un correlato en la vida cristiana. Ya nos enumeraba Jack Tollers algunas de las pequeñas seguridades cristianas. A la muela de Santa Apolonia podemos la devoción a los primeros viernes del Sagrado Corazón, los primeros sábados del Inmaculado Corazón y los siete sábados de San José; el escapulario marrón del Carmen, el blanco de la Merced, el verde sor Justina y el beige de Buela; el Rosario de la Santísima Virgen, el de la Divina Misericordia y el de los Siete Dolores.
Como el pequeño burgués, este cristiano se aferra a pequeñas seguridades asociadas a cosas materiales porque, en definitiva, un pedacito de paño marrón es tangible y el Evangelio, en cambio, no lo es. Y las palabras de alguna aparición que se acompañan de milagros o de fuentes de aguas sanadoras ofrecen una seguridad más concreta que las despojadas palabras evangélicas.
El Evangelio, claro, nos da seguridades, pero se trata de seguridades intangibles, aquellas que provienen de la fe, y entonces, su aceptación es un salto en el vacío porque creemos que al final seremos acogidos por las manos amorosas del Padre. Pero lo creemos, no vemos ni tocamos nada, ni siquiera un pedacito de franela; sólo el vacío en derredor.
El pequeño burgués, en cambio, busca pequeñas seguridades, no sólo en medallitas y novenas, sino también en congregaciones, prelaturas y fundadores. Pertenecer a un grupo religioso es lo suficientemente tangible para darnos un grado extra de seguridad, y tranquilidad burguesa.
El sindrome del pequeño burgués adquiere muchas veces también un matiz más intelectual, y entonces el hombrecillo se dedica a buscar las “doctrinas seguras”. Frunce el entrecejo cuando se menciona a los Padres, y mucho más si son Orientales; los medievales serán confiables en tanto y en cuanto sean asimilables a Santo Tomás, y los modernos siempre que se ajusten estrictamente las esmeriladas definiciones tridentinas. Los conversos son siempre de cuidado: los escritos del Cardenal Newman no son doctrina segura y mucho menos lo es la de los anatematizados Casel, Chenú, Congar y Bouyer. Incluso Castellani, borgeaniamente, es sólo un divertido escritor de novelas policiales. “¿Para qué aventurarse por esos mares inseguros, si podemos permanecer tranquilos en las mansas aguas de la rada de las precisas definiciones del Denzinger?”, piensa el burgués. Y es comprensible. Fondeados en ese apacible mar de perfectos silogismos, nos evitamos la angustia del “no ver” y, aún así, seguir navegando en las zozobrantes aguas oscuras de la fe, con rumbo invariable hacia la isla de Jauja.
No es cuestión, claro está, de considerar las formas de piedad que se han mencionado o la doctrina del Angélico en un sentido dialéctico con el Evangelio. Sería la postura protestante o progresista. Si la Iglesia bendice los escapularios y medallas, reconoce las apariciones de Fátima y Lourdes y recomienda la doctrina de Santo Tomás, por algo es. Esas “pequeñas seguridades” son convenientes y, a veces, indispensables para mantenerse en la fe. Tranquilizan y consuelan a todos, en momentos de ansiedad y cuando el desasosiego arrecia. Dios conoce nuestra fragilidad y por eso nos dio tales consuelos.
El peligro radica, como bien ya se indicó en este blog, en la idolatría. Cuando estas pequeñas seguridades reemplazan a Dios, se convierten en un ídolo, y la idolatría es un grave pecado. Un escapulario idolatrado es un escapulario desvirtuado, es decir, que perdió su virtus, su fuerza. Ya no sirve. Es dañino. Como la glicina de Lupus, que termina ahogando al tronco que la sostiene.
Sólo Dios basta.


miércoles, 5 de marzo de 2008

Implacable Lord Tollers




Como era de esperar, apareció Jack Tollers con su comentario. Quizás el mejor de los suyos. Imperdible. Impecable. E implacable.



Estimado Wanderer:
“In God we trust”. Como todos sabemos, la expresión se halla estampada en los billetes norteamericanos, y querría decir que el pueblo norteamericano confía en Dios. Ahora bien, nadie ignora que no es así, y que confían en el dólar, qué duda cabe. Y, sí señor, no tenga Ud. duda alguna: la idolatría está a la orden del día.
Porque no es tan fácil confiar en Dios. La Escritura lo recomienda una y otra vez y Cristo no dejó de pedir que confiemos en la Providencia, en Su Padre, en Él. Pero no es fácil, qué va a ser. Supone la fe, como bien se señala en la “Spe Salvi”, supone distinguir perfectamente entre el Reino de Dios y Su Justicia por una parte, y la añadidura por otra.
Lutero no confiaba en Dios. Confiaba en la Escritura. Calvino confiaba en la solicitación terrena. El mundo confía en el dinero. Los liberales en el progreso, los marxistas en el devenir de la historia, los progresistas en el espíritu del Concilio y los masones en los poderes ocultos. Los judíos confían en su destino de pueblo elegido y los musulmanes en Mahoma. Los escritores confían en el poder de su palabra, los artistas en su buena estrella, los políticos en la democracia y los pobres en el pai umbanda, el pai umbanda confía en sus pioladas. Y los yanquis, pobrecitos, en el dólar.
Pero los católicos... ¡mi Dios!... los católicos han puesto su confianza en su Religión, el ídolo más sutil, más eficaz, más mentiroso del mundo entero. Es -créase o no- Satanás disfrazado de Angel de luz.
Y esto ha sido posible porque se ha olvidado la gran verdad dicha hace siglos de siglos por Thomas Erskine:
“Aquellos que endiosan su religión,
tienen una religión
sin Dios”.
Y así es: lógica pura.
Esta tendencia que ya existía entre los católicos antes del Concilio, se vio agravada después. Antes, endiosaban a los curas, al régimen sacramental, al Papa y al agua bendita. Endiosaban el celibato y las órdenes religiosas, a las estampitas, la muela de Santa Apolonia y las imágenes del Sagrado Corazón, endiosaban a las peregrinaciones, a las novenas, al escapulario y a las devociones acumuladas, a las indulgencias, los Congresos Eucarísticos y a las prácticas reparacionistas. Se podría continuar indefinidamente. En todas estas cosas ponían su confianza al modo de los yanquis que creen confiar en Dios y confían en otra cosa.
Pero como digo, después del Concilio la cosa se agravó. Es que la gran estructura postridentina comenzó a derrumbarse viéndose progresivamente reemplazada por innumerables capillas católicas, más o menos ortodoxas, más o menos organizadas, más o menos grandes: el Opus, San Egidio, Comunismo y Desesperación, los Kukús, los Focolares, Miles Christi y un largo etcétera. Todas con características comunes, de entre las cuales sobresale esta de concitar una notable confianza entre sus numerarios, discípulos, fieles enrolados. Esa confianza se deposita un poco abstractamente en la capilla de su elección y bastante más concretamente en su Jefe. Tanto es así, que para estos fieles resulta inconcebible una fe verdadera si desapareciera la organización a la que pertenecen (no sé qué se van a hacer los Legionarios, ahora que recibieron tan gran palazo de Roma).
¿No me creen? Hagan la prueba. Pregúntenle a alguno por allí, ¿y si desapareciera el Opus, qué te harías? La respuesta no se hará esperar: eso es imposible. Tal la confianza que tienen. Yo pongo mi esperanza en... Escrivá, Buela, Giussani, e vía dicendo.
Es una confianza, ciega, incondicional, obtusa, infinita. Es una confianza que resiste cualquier análisis, cualquier signo, cualquier derrota. Es una confianza obstinada, persistente, incólume, firme, generosa, impúdicamente alegre.
Esa confianza es el combustible de estas sectas católicas y se la cultiva con todo cuidado, guay del que se quiera ir, separar, disentir. Equivaldría a una apostasía. Sería una infidelidad, sería como alejarse de Dios. Y ante la menor duda, te corren con eso.
Pero no deja de ser una estupidez, estimado Wanderer. Además de una franca violación del Mandamiento Primero. Porque quien endiosa a su religión, tiene una religión sin Dios.

Jack Tollers

domingo, 2 de marzo de 2008

Laetare



Laetare, Jerusalem,

et conventum facite omnes qui diligitis eam;

gaudete cum laetitia, qui in tristitia fuistis:

ut exsultetis,
et satiemini ab uberibus consolationis vestrae.