lunes, 31 de diciembre de 2018

En el bar de Jack Tollers: "El cielo"


El mejor modo de terminar el año: charla entre amigos

viernes, 28 de diciembre de 2018

Ecclesia Dei. Un análisis


A lo que era un rumor, ya todos lo dan por confirmado: el Papa Francisco disolverá la Pontificia Comisión Ecclesia Dei. Y es aquí donde comienzan las hervir las interpretaciones de un lado y del otro. 
Fuentes variadas y veraces que habitan o conocen los entresijos de la Curia y del Palazzo de la Doctrina de la Fe son unánimes en llevar tranquilidad: esta decisión de ninguna manera perjudicará la aplicación del motu proprio Summorum Pontificum. Es decir, las misas en la forma extraordinaria del rito romano se seguirán celebrando con normalidad y en las condiciones acostumbradas. 
¿Por qué entonces la supresión?, nos preguntamos. Y aquí hay algunas interpretaciones. 
  1. Es una muestra más del odio del Papa Francisco a la Tradición, a la que se ha propuesto destruir. No se trata de negar lo evidente: Bergoglio es modernista. Pero Bergoglio es también el destilado más refinado del jesuitismo y a los jesuitas, como ellos mismos lo admiten, la liturgia les un importan un bledo. El Papa Francisco no tiene el menor interés por la cuestión litúrgica, no entiende nada de eso y no le interesa entenderla. La considera una pérdida de tiempo; un ornato inútil de lo verdaderamente importante que es alcanzar un mundo mejor y más humano, y acrecentar su poder. Realpolitik. Por eso, me niego a creer que la jugada sea arremeter contra la misa tradicional. Si eso estuviera entre los objetivos del Santo Padre, habría hecho el daño hace mucho tiempo y de un modo más efectivo, ya que tiene todo el poder para hacerlo y habría estado acompañado por la prensa mundial y por los obispos. Por el contrario, salvo caprichos puntuales, no tocó la cuestión litúrgica. Los hecho desmintieron los rumores apocalípticos que se corrían: Piero Marini no fue nombrado prefecto de la Congregación del Culto Divino, donde continúa el cardenal Sarah, Guido Marini sigue siendo el maestro de ceremonias, la peregrinación anual del Populus Summorum Pontificum se sigue realizando y se celebra nada menos que en el altar de la cátedra de la basílica de San Pedro -bajo sus propias narices- un pontifical en rito tradicional. Más aún, autorizó a todos los sacerdotes de la FSSPX a celebrar los sacramentos sin que puedan ser objetados por obispos o canonistas.  Esto no significa, sin embargo, que las segundas líneas más cercanas al pontífice no tengan un particular interés en acabar con el rito extraordinario, de modo especial varios obispos italianos, rodeados de siniestros personajes como Andrea Grillo. No hay que descartar entonces que la supresión de Ecclesia Dei haya sido fogoneada también por estos grupos, esperando obtener alguna ganancia secundaria, pero no por presión o decisión de ellos.
  2. Es una concesión a la FSSPX. Esta es la teoría que sostiene el texto de L’Homme Nouveau. Es sugerente que la decisión aparezca pocas semanas después de la visita del Superior General de la Fraternidad a la Curia romana y es cierto, además, que el Papa Francisco ha demostrado particular empeño en solucionar la cuestión lefe, pero me parecería simplista explicar la decisión de ese modo. Hay un hecho cierto y es que la FSSPX y sus fieles nunca vieron con buenos ojos a la Comisión Ecclesia Dei. Hago esta afirmación en base al conocimiento directo que tengo de fieles lefes de Francia y Alemania. Es posible que en Argentina la situación sea distinta. Muchos fieles de la Fraternidad se consideran los dueños de la tradición litúrgica y exigen ser los adjudicatarios exclusivos de la franquicia. “El que quiera ir a misa tradicional, que vaya a un priorato”, dicen. Y por eso, el motu proprio del papa Benedicto XVI nunca les simpatizó, sencillamente porque les sacó mucha clientela y superpobló la oferta con un buen número de nuevos institutos religiosos de corte tradicional. Como los obreros de la primera hora, se quejan de que los que vinieron al final de la jornada y apenas si sufrieron los cansancios del día, reciban el mismo salario. No digo que sea esta la opinión mayoritaria, pero sí lo es de buena parte de la FSSPX, pero aún así, nada habilita a pensar que la supresión de Ecclesia Dei se deba a sus presiones o deseos.
  3. Es parte de la reestructuración de la Curia Romana. Esta es la teoría que con más fuerza sostiene Edward Pentin. Sin negar que posiblemente la decisión sirva efectivamente para el reordenamiento que se promete para el año próximo, me parece un poco ingenuo sostener que ha sido esa la causa principal. Si lo que se quiere hacer es reordenar la Curia para tornarla más eficiente y ahorrar dinero, lo lógico es que se presente un plan global, y no sólo de un apéndice bastante secundario. 
  4. Mi interpretación. Me inclino por pensar que se trata de una decisión que responde a la lógica misma que guió la creación y desarrollo de la Comisión. Recordemos que fue creada por Juan Pablo II luego de la consagración de los cuatro obispos por Mons. Lefebvre, con la misión de ofrecer refugio a todos aquellos miembros de la FSSPX que desearan salir de la organización que era considerada cismática. En pocas palabras, fue creada para debilitar a los lefes. Se trataba de una Comisión independiente y presidida por un cardenal. Durante la gestión de Castrillón Hoyos se establecieron los contactos de acercamiento entre la Sede Sede y Ecône, y las primeras conversaciones con Mons. Fellay que culminaron con el levantamiento de las excomuniones que pesaban sobre los obispos. Ecclesia Dei, en ese momento, dejó de tener sentido si se mantenía su primer objetivo puesto que ya no habían interesados en salir de la Fraternidad que, además, había dejado de ser cismática y era apenas una hermana un poco díscola que no terminaba de decidirse a aceptar el pack completo de los generosos ofrecimientos romanos, puesto que se empeñaban en discutir previamente las cuestiones doctrinales de los "errores" del Vaticano II. Fue así que Benedicto XVI introdujo una importante reforma: si querían discutir cuestiones doctrinales, el interlocutor debía ser la Congregación para la Doctrina de la Fe y así, le quitó la autonomía a Ecclesia Dei, la ubicó dentro de ese dicasterio con un  secretario arzobispo que reportaría al cardenal prefecto. Las discusiones entre Roma y la Fraternidad se empantanaron rápidamente, por lo que la Comisión  comenzó a ocuparse subsidiariamente de las comunidades religiosas tradicionales y a garantizar la correcta aplicación del motu proprio. Tiempo más tarde, sobre todo a partir de la llegada de Bergoglio al papado, su misión prioritaria pasó a ser lograr la incorporación plena de la FSSPX a la comunión romana bajo la forma de una prelatura personal. Pero estas  interminables negociaciones con los lefes, se frustraron y en el capítulo general de la Fraternidad de hace algunos meses se impuso la facción anti-acuerdo. Esto significó la sentencia de muerte del secretario de la Comisión, Mons. Guido Pozzo debido a su estrepitoso fracaso, y el fin de la Comisión Ecclesia Dei, porque luego de más de una década se mostró inútil para alcanzar su objetivo. Estas son las decisiones que tomaría el CEO de cualquier empresa o  el presidente de cualquier país serio: desprenderse de lo que consideran inútil o ineficiente. Por cierto que los progres que reptan en la Congregación del Culto Divino y en la Conferencia Episcopal Italiana habrán alentado la medida y se estarán regodeando, pero no me parece que la decisión obedezca primariamente a sus influencias. En lo hechos fríos, la supresión de Ecclesia Dei significa un fortalecimiento y espaldarazo a quienes se consideran adalides y custodios de la tradición litúrgica: la FSSPX. 
  5. ¿Y ahora qué? He consultado a varias fuentes seguras y discretas que pertenecen a la Curia y a otras cercanas a la agonizante Comisión. Todas coinciden en afirmar que no hay motivos de alarma con respecto a la continuidad y vigencia del motu proprio, que es lo que realmente nos interesa. La Comisión quedará reducida a un ufficio u sección de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y será comandada ya no por un arzobispo, sino por un capoufficio. En este sentido, se trata de un debilitamiento, pero me aseguran que ese ufficio seguirá atendiendo todos los casos que hasta la fecha se le presentaban a Ecclesia Dei. Por otro lado, quien ahora en teoría garantizará directamente la aplicación de Summorum Pontificum será el cardenal Ladaria aunque -debo confesar-, no le veo mucha pinta de perro guardián. 

Espero no equivocarme en mi análisis. Si acierto, los fieles comunes y silvestres como yo, y los buenos curas que nos celebran la misa tradicional, no notarán ningún cambio y todo seguirá, por ahora, como siempre.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Ecclesia Dei


Publico a continuación la juiciosa opinión de Jacques Bégué, del L’Homme Nouveau, sobre la aparente supresión de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei.


La información más precisa sobre los rumores de la supresión de la Comisión Ecclesia Dei fue publicada ayer por Marco Tosatti, 26 de diciembre de 2018 en el blog Stilum Curiæ. Con razón, Tosatti señala en su artículo la conexión entre la existencia de Ecclesia Dei y la Fraternidad de San Pío X.
La reciente visita de Don Pagliarani, superior general de la FSSPX, y el abbé du Chalard a Roma fue testimonio del fracaso de las largas negociaciones lideradas por Mons. Pozzo, Secretario de la Comisión Ecclesia Dei, con Mons. Fellay. El "prerrequisito doctrinal" mencionado por el cardenal Ladaria, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y presidente de la Comisión Ecclesia Dei, por un lado, y la insistencia en la importancia de las discusiones doctrinales, adelantadas por los representantes de la Fraternidad, por otro lado, han devuelto el posible reconocimiento canónico de la FSSPX a las kalendas griegas [Recordemos que la propuesta de la Santa Sede era proceder al reconocimiento canónico dejando de la lado las discusiones doctrinales, mientras que la Fraternidad considera que primero deben resolverse esas diferencias].
Para la FSSPX, la Comisión, creada hace 30 años por el motu proprio Ecclesia Dei adflicta, a fin para contrarrestar el efecto de las consagraciones de los cuatro obispos realizadas por el arzobispo Lefebvre, es una especie de espantapájaros para sus sacerdotes y sus fieles. Consideran que es  humillante tratar con la Comisión Pozzo, que es un instrumento orientado a congregar a numerosos  sacerdotes y comunidades tradicionalistas. Lo que la FSSPX desea es discutir de potencia a potencia, es decir, directamente con la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y esto supone el  fracaso de la “solución de Francisco”, que no pasaba por una preocupación doctrinal, sino por una preocupación por la realpolitik.
Para decirlo claramente, la condición previa real que plantea la FSSPX para cualquier acuerdo canónico es la abolición de la Comisión Ecclesia Dei.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

San Flavito, feministas y abusos

“Flavito era un cristiano que luego de la invasión de los lombardos, en 568, fue vendido como esclavo a Montano, un hacendado de Troyes, en la Galia, quien lo casó con otra esclava y lo hizo su escudero. Pero la buena relación que tenía con su patrón se vio rota en una ocasión ya que fue acusado por la esposa de éste de haber intentado seducirla, aunque se trataba de una venganza y una calumnia, porque el virtuoso Flavito, como José cuando servía en casa de Putifar, había siempre resistido los avances seductores de la esposa malvada. 
Montano, una vez conocida la verdad, liberó a Flavito quien, junto a su esposa Aponia decidieron consagrarse totalmente a Dios. Ella recibió el velo monástico de manos de San Lupo, obispo de Sens, y él fue ordenado sacerdote y se retiró a la vida eremítica. Murió en 630”.
Martirologio Romano

La idiotez a la que estamos asistiendo y de la que hablamos la semana pasada tendrá consecuencias graves, porque su lógica no puede detenerse en propiciar denuncias judiciales. La ideología es un animal perverso que no se contenta con destrozar roedores o liebres. Va por todo; no se detiene; es implacable; cuando es poseído por la pasión, sus ojos se nublan y dejan de ver la realidad; sólo se preocupa por despedazar presas cada vez mayores, todas las que se crucen su camino. 

El feminismo combativo y estupidizado está construyendo su ideología y su sistema simbólico a pasos de gigante. Y una de las idiotices más malvadas a las que llegará -y, de hecho, ya ha llegando-, tiene que ver estrictamente con la desaparición de la especie humana. Si hacemos el esfuerzo de introducirnos en su pensamiento - aún cuando sea un tema desagradable de tratar entre católicos porque afecta las virtudes de la modestia y del pudor- podremos percatarnos que su lucha contra el patriarcado y la violencia machista pasa necesaria, y en algunos casos prioritariamente, por la violencia sexual. Nadie duda que existen violaciones y atentados a la integridad física y psicológica de la mujer. Siempre existieron y sin duda alguna, en la actualidad son mucho más frecuentes debido a la hipersexualización de la sociedad. La pornografía omnipresente y la erotización temprana y permanente de los niños, junto a la ausencia de virtudes y del dominio de las pasiones, trae aparejado necesariamente el aumento de los casos de violaciones y abusos de distinto tipo. No hace falta conocer el tratado de las pasiones de Santo Tomás para darse cuenta. Pero esta realidad -las violaciones y abusos- que es condenable y cuyos culpables deben recibir toda la dureza del castigo que prevé la ley, habilita a la ideología feminista a dar un paso más y a considerar a todos los hombres como violadores en potencia. Y tienen razón, si seguimos su lógica, puesto que si su lucha es por terminar con el sometimiento de la mujer por parte del varón, debemos admitir que, para ellas, el acto de sometimiento más claro y humillante es el acto sexual. Es en él cuando el varón irrumpe de un modo violento, según el feminismo, en la corporalidad de la mujer. Más aún, cuando ésta entrega su virginidad, la violencia masculina tiene un correlato físico y sangrante. Si, como afirman, el hombre no es más un animal apenas evolucionado, y vemos en la naturaleza como el apareamiento entre los irracionales posee siempre algún grado de violencia -es cuestión de sentarse un día frente a un estanque del parque y observar el apareamiento de los patos-, entonces ninguna mujer puede estar segura que los varones del siglo XXI no puedan sufrir algún tipo de involución en su proceso evolutivo y convertirse, nuevamente, en animales que no dudarán en utilizar la fuerza viril para someter del modo más humillante posible -el sexual- a las pobres e indefensas mujeres. 
La conclusión que en buena lógica se desprende de este razonamiento ideológico es que la liberación más plena de la mujer es el lesbianismo. El intercambio sexual entre mujeres no corre el riesgo del sometimiento y mucho menos de la pérdida de la integridad física. La mujer verdadera y propiamente feminista y liberada del patriarcado debe ser, o convertirse, en lesbiana. Y esta afirmación, que hace unos pocos años habría parecido el preocupante desvarío de una mente afiebrada, ahora es verosímil.  

¿Pero qué tiene que ver San Flavito con todo esto? Los vicios, como las virtudes, nunca vienen solos. Como los demonios de los que habla el Evangelio, cuando uno anida en el alma, llama a otros de los suyos para que le hagan compañía. La mujer de Montano era, como puede colegirse por la historia, una persona incontinente, incapaz de dominar sus impulsos sexuales. También era injusta -no temió serle infiel a su marido-, vengativa y mentirosa. De la cascada de denuncias que están apareciendo en todos los ámbitos argentinos en los últimos días -gobierno, universidades, colegios, artistas, etc.-, cuántos casos no habrán en los que las acusaciones no sean más que un modo indemostrable para tomar venganza de un novio, de desahogar el resentimiento contenido, resarcirse de alguna humillación y, casi con seguridad, cobrarse unos buenos pesos por las indemnizaciones debidas. A partir del recuerdo de un hecho minúsculo, la imaginación de la feminista construirá un caso de abuso. Si como según se está proponiendo, no sería necesaria la prueba para confirmarlo y si, como también se está proponiendo, serían delitos imprescriptibles, nos enfrentamos al mundo del absurdo y del caos más grande, del que supieron apartarse hasta los mismos bárbaros de la pretendida Edad Oscura. 


Y aquí es oportuna otra reflexión. ¿No habrá reaccionado exageradamente el Papa Benedicto XVI? Me refiero a la orden que impartió según la cual, cuando un obispo recibe una denuncia con respecto a casos de abusos por parte del clero, debe dar parte de la justicia secular, separar inmediatamente del cargo al sacerdote involucrado y mantenerlo alejado de toda actividad pastoral mientras dure la investigación. Se trata de una medida prudente, es verdad, pero también se corre el riesgo de manchar irreparablemente el nombre y fama de un sacerdote que, probablemente, sea inocente. En la situación de alta volatilidad por la que estamos atravesando, no parece en absoluto extraño que, por ejemplo, alguien que estuvo en contacto con alguna comunidad religiosa como parte de la misma - novicio o fraile, por ejemplo-, que la haya abandonado por el motivo que fuere, que haya alimentado rencor y deseo de venganza en su corazón y que esté experimentando el sindrome del bolsillo vacío, recurra a una denuncia a partir de hechos reconstruidos por su imaginación, con la certeza que hará mucho daño y que muy probablemente termine con los bolsillo abultados de dineros eclesiásticos, él y sus abogados. 

No se trata de negar el escándalo gravísimo de los abusos sexuales cometidos por el clero, que poseen una extensión insospechada para los católicos, pero tampoco es cuestión de prestar oído y dar consentimiento a cualquier rumor o acusación que corre, porque sabemos que, a río revuelto, ganancia de pescadores. 

lunes, 24 de diciembre de 2018

Nativitas Domini


Octavo Kalendas ianuarii. Luna decimoctava. 
Anno a creatione mundi , quando in principio Deus creavit caelum et terram, quinquies millesimo centesimo nonagesimo nono; a diluvio anno autem bis millesimo quintodecimo; a migratione Abrahæ, patris nostri in fide, de Ur Chaldæorum sæculo vigesimo primo; ab egressu populi Israël de Ægypto, Moyse duce, sæculo decimo tertio; ab unctione David in regem, anno circiter millesimo; hebdomada sexagesima quinta, iuxta Danielis prophetiam; Olympiade centesima nonagesima quarta; ab Urbe condita anno septingentesimo quinquagesimo secundo; anno imperii Cæsaris Octaviani Augusti quadragesimo secundo; toto Orbe in pace composito, Iesus Christus, æternus Deus æternique Patris Filius, mundum volens adventu suo piissimo consecrare, de Spiritu Sancto conceptus, novemque post conceptionem decursis mensibus, in Bethlehem Iudæ nascitur ex Maria Virgine factus homo: Nativitas Domini nostri Iesu Christi secundum carnem.

Octava kalenda de enero. Luna decimoctava. 
En el año cinco mil ciento noventa y nueve de la Creación del mundo, cuando al principio Dios creó el cielo y la tierra; en el dos mil novecientos cincuenta y siete del diluvio; en el siglo veintiuno desde que Abraham, nuestro padre en la fe, salió de Ur de los Caldeos; transcurridos trece siglos desde que el Pueblo de Israel fue guiado por Moisés para salir de Egipto; cerca del año mil desde que David fue ungido rey; en la sexagésima quinta semana de la profecía de Daniel; en la centésima nonagésima cuarta Olimpíada; en el año setecientos cincuenta y dos desde la fundación de Roma; en el año cuadragésimo segundo del imperio del César Octaviano Augusto, estando todo el mundo en paz, Jesucristo, eterno Dios e Hijo del Eterno Padre, queriendo santificar el mundo por su advenimiento, fue concebido por obra del Espíritu Santo, y transcurridos nueve meses después de ser engendrado, en Belén de Judea nació de la Virgen María hecho hombre. La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo según la carne.


Kalendas de Navidad, Martirologio Romano

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Cave pueros


When the voices of children are heard on the green,
And laughing is heard on the hill,
My heart is at rest within my breast,
And everything else is still.
William Blake

Debo a mis amigos Jack Tollers y el Anónimo Normando, el descubrimiento de Anthony Esolen, del cual ya hablamos. Recomendé en ese momento su libro Nostalgia, y quiero recomendar ahora otro de ellos titulado Diez modo de destruir la imaginación de su hijo. Lamentablemente, y hasta donde sé, no está traducido al español, como no está traducida ninguna de sus obras. No son políticamente correctas, y no son rentables.
Aquí dejo un par de carillas de la introducción, para animarlos a leerlo, y a traducirlo su alguien se anima. 

Es irónico pero verdadero: una de las características de los bibliotecarios modernos es que detestan los libros. Los libros ocupan espacio, y el espacio es limitado, dicen. Además, los libros se hacen viejos. Las tapas son frágiles, los lomos se quiebran, las páginas se hojean. Los estudiantes distraídos los dejan en los estantes equivocados donde prácticamente desaparecen durante años. La gente los pide prestados y no los devuelve. Algunos, incluso, -y yo soy culpable de eso-, subrayan sus pasajes favoritos, o escriben con líneas torcidas en los márgenes, por lo que el libro finalmente se transforma en una suerte de escena del crimen sucesiva. “Es la herejía modernista de nuevo”, escribe un sacerdote, pero encima, un infiel escribe: “La Iglesia es la enemiga del pensamiento”. Y por mencionar las marcas de dedos o manchones de tinta, e incluso de sangre, supongo que fruto de algún mosquito aplastado. 

Los libros son voluminosos e incómodos, como rocas, o ríos, o árboles y como la vida. Y se me ocurre que todo lo que puede ser dicho acerca de la inconveniencia de los libros puede ser dicho sobre la inconveniencia de los niños. Ellos también ocupan espacio, no tienen un uso práctico inmediato, son de interés solamente para unas pocas personas y presentan todo tipo de problemas. También ellos deben ser almacenados cuidadosamente y ofrecen la menor resistencia posible a la era digital.
Y hay un problema. Un buen libro es una cosa peligrosa. En manos equivocadas, es como una bomba alojada entre un par de cartones rojos pegados. Puede hacer saltar el mundo cuando se los abre; puede, si se trata de la Divina Comedia, hacer saltar al lector hasta el cielo. Existe también la posibilidad -y siempre es solamente una posibilidad- de quebrar la cáscara agrietada de la rutina que nos impide ver el mundo. Nuestros días pasan con la regularidad de la cinta transportadora de un aeropuerto, a la cual nos subimos debidamente y seguimos el camino con amable uniformidad. Un libro es como un niño travieso que atraviesa su pie al final de la cinta, o alguna especie de máquina intelectual que nos despierta sacudiéndonos para darnos cuenta que la cinta ha desaparecido. Y, en lugar de eso, nos encontramos subidos a una diligencia en un camino polvoriento, rodeado de indios semi-desnudos que bajan de las montañas, con los arcos tensos y las flechas listas para ser disparadas.
Esto ya es suficientemente malo, pero los niños son peores que los libros. Un libro pude hacerte ver el mundo de nuevo, y arruinar tu día tranquilo y eficiente. Pero un niño no necesita ver el mundo de nuevo. Lo está viendo por primera vez. El Evangelio de Juan narra que cuando Jesús curó al ciego en la piscina de Bethsaida, la gente le preguntaba qué veía. “Veo árboles caminando”, dijo, mirando a los hombres y mujeres. Un niño es como eso, excepto que en su imaginación los árboles realmente caminan y a las personas realmente pueden crecerle ramas. Los ents de Tolkien, los árboles pastores, son como viejos robles, arces o abedules llenos de musgo, si es que los robles, arces y abedules pudieran hablar. Les lleva casi un día decir “hola” en sus conversaciones. El antiguo mito greco-romano cuenta que Apolo estaba cazando a la ninfa Diana, y justo cuando está a punto de tomarla en sus brazos, le fue concedido a ella el deseo de escaparse, y se transformó en un árbol de laurel. En el mundo de los niños, debido a que es un mundo fresco y nuevo, cualquier cosa puede pasar. El sapo gordo del charco es Buda. El hombre con una sola pierna que está cruzando la calle hacia el bar más cercano en una época fue un pirata, y mató a tres personas en una pelea luego de una partida de naipes. La casa de al lado tiene ojos y nariz, y una chimenea en el techo. La niña que vive en ella, la que usa blusa amarilla, es un ángel.
Obviamente, esto no funciona. Si creemos en lo que decimos cuando afirmamos que “los niños son nuestro recurso más grande”, entonces tenemos que hacer algo al respecto. Los recursos son valiosos porque son buenos, sólidos, dependientes e inertes. El aluminio es una recurso. El titanio es un recurso. Si un bloque de titanio dijera repentinamente: “No, creo que no me gustaría formar un aleación con mi amigo el aluminio para fabricar el fuselaje de un avión”, y saliera de la cinta de ensamblaje o de la cinta transportadora y tomara un barco hacia Atenas, ya no sería más un recurso. De hecho, sería un peligro. Sería peor que algo inútil. 
Para que los niños se conviertan en recursos, por tanto, un gran cambio alquímico debe ser producido en ellos. Los viejos alquimistas de comienzos del Renacimiento buscaban el secreto de la piedra filosofal que les permitiría, con la receta correcta, transformar el plomo en oro. Sonreímos ante tal estupidez. Sabemos muy bien que no se puede transformar el plomo en oro. Solamente se puede transformar el oro en plomo. Este libro está escrito para mostrar cómo se hace. El oro no es otra cosa que la imaginación de un niño que, si no es oro en sí misma, aún puede producir el milagro del rey Midas. “La naturaleza solamente nos provee con un mundo plúmbeo”, escribía el poeta Philip Sidney, “pero es el poeta el que lo hace dorado”. Si podemos amortiguar la imaginación, entonces, podremos dominar a los niños, y hacer de ellos ese espacio vacío sólido, dependiente e inerte, que podrá ser llenado en la escuela y, más tarde, convertirse en un bloque más de la gran pirámide del Estado”.
Traducción: Wanderer 

lunes, 17 de diciembre de 2018

Peligrosa idiotez


Al comentario de Teresa Marinovic sobre la soberana idiotez del feminismo y de la modernidad en general, yo agregaría  que se trata de una idiotez es muy peligrosa.
Por una mujer entró el pecado en el mundo, una Mujer fue la elegida por Dios para que de ella naciera el que nos redimió de ese pecado, y yo me pregunto si no será la mujer, o las mujeres, las encargadas de desatar otro drama cósmico.
El mundo, y en las últimas semanas de modo especial Argentina, están asistiendo a la infección provocada por uno de los fluidos más pestilentes del marxismo: el feminismo enloquecido. La lucha de clases entre proletarios y capitalistas se ha convertido ahora en la lucha de género entre mujeres y varones, y es una lucha mucho más peligrosa y particularmente satánica. Más peligrosa, porque no se enquista en un aspecto accidental de la sociedad humana, que está integrada tanto por  pobres y ricos, por sabios e ignorantes como rubios y morochos, sino en un aspecto esencial de la misma y es el de la distinción de sexos. Toda sociedad humana, necesariamente, debe estar integrada por varones y mujeres que deben convivir pacíficamente complementándose. Es ese elemento natural el que se está dinamitando.
Y también, particularmente satánica porque se trata de un rebelarse directo contra la voluntad explícita de Dios. "Tu marido será tu señor", dijo Dios a Eva (Gen. 3,16), y lo mismo repiten San Pablo (Ef. 5) y San Pedro (I, 3). Dios quiso positivamente una sociedad patriarcal, y Dios quiso que la mujer estuviera sometida al varón, mal que le pese al progresismo. 
Pero al mundo ya no le interesa discutir la Palabra divina; deja que la discutan y nieguen los mismos cristianos. El mundo se concentra ahora en socavar los cimientos mismos de la civilización. La revelación mediática, entre alaridos y pañuelos verdes de un grupo de serpientes, de la violación a una pobre actriz ocurrida hace varios años por parte de un conocido actor de televisión, ha dado lugar a una catarata de denuncias de hechos ocurridos hace décadas y de los que resulta imposible probar su veracidad. Toda mujer argentina está en estos días repasando prolijamente su memoria para recordar algún episodio en el que algún compañero de colegio o de universidad; algún pariente o colega, haya abusado de alguna manera de ella. Y por abusar entienden una variada gama de conductas, incluido el piropo. Probablemente recuerde la galantería subida de tono acompañada quizás, de una mano desubicada,  que un compañero de colegio le dijo en una fiesta, cuando ambos tenían quince años, y ella estaba vestida de minifalda, escote y tacones. Lo comentará con otras amigas de la época que quizás pasaron situaciones similares, llorarán juntas por el horrible trauma sufrido, y en un acto de valentía publicarán en las redes sociales que ese muchachito de quince años, y que hoy tiene cuarenta y cinco, es un abusador.
Pero esta peligrosa idiotez no afecta solamente a descocadas feministas posmodernas. Me costó creer lo que dijo el periodista pretendidamente conservador Joaquín Morales Solá en un programa de La Nación la semana pasada: "Si aplicamos el derecho tal como está, con la necesidad de la prueba, vamos a tener impunidad, porque en estos casos la prueba es imposible. En el caso que la política actúe, tendrán que modificarse las leyes para que la palabra de la mujer sea suficiente...". Se trata, como cualquier lego en leyes como yo puede apreciar, de la destrucción simple y llana de los principios más elementales del derecho: condenar sin pruebas.
No nos confundamos. No estamos frente a una fiebre pasajera de algunas ideólogas infatuadas. Estamos frente a un ataque sistemático y poderosísimo contra la civilización, y no sé si saldremos parados de esta.