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jueves, 31 de marzo de 2011

En el olimpo de la ONU


Un lector del blog me envió un correo y, con su autorización lo publico:


Estimado Wanderer:

Casi nunca estoy de acuerdo con lo que Ud. escribe en su blog. Como bien me advierte un sacerdote amigo, su sitio es peligroso para la fe. Debo admitir, sin embargo, que no dejo de leerlo y que el suyo es uno de los blogs católicos más leídos y con más influencia en el país.


El último fin de semana me causó mucha bronca su post invitando a los lectores a firmar una carta contra la beatificación de Juan Pablo II. Era, pensé, una nueva muestra de su soberbia que quiere saber más que la jerarquía de la Iglesia.


Ayer, hojeando el "Cristo hoy", me entero que el arzobispo de Mendoza, mi obispo, ha convocado para el 1 de mayo a una concentración popular en acción de gracias por la beatificación de JPII bajo el lema: "Mensajero de la paz y defensor de la vida". Al leer esto caí en la cuenta que Ud. tenía razón, y que es necesario firmar esa carta.


Juan Pablo II será un beato laico. Los valores que este obispo y muchos otros con él destacan en el pontífice y, aparentemente, centran en ellos su santidad, son la promoción de la paz y de la vida. ¿Qu{e lo distingue, entonces, de Ghandi o de Martin Luther King? ¡Es que no hay acaso valores cristianos en JPII y, si es beatificado, lo debe ser exclusivamente por ellos?


Seguramente los hay, y creo que es un santo, pero la construcción de memoria que los obispos están haciendo está delineando un santo que solamente podrá habitar en el olimpo de las Naciones Unidas.


Flaco favor le hacen al papa polaco.

miércoles, 30 de marzo de 2011

De gloria olivae


Las profecías de Malaquías indican que Benedicto XVI es el penúltimo papa de la Iglesia católica. Su lema es De gloria olivae. Siempre se lo asoció con que tendría algo que ver con el pueblo judío. Varias veces leí que indicaría que, durante su pontificado, se daría la conversión de los judíos.

Sin embargo, otra posibilidad sería también interesante: que el mismo Santo Padre fuese judío.

Pues bien, a esa conclusión ha llegado Aaron ben Gilad, un católico de origen judío y fundador de una obra que promueve la adoración perpetua.

La genealogía pontificia puede ser consultada aquí.

Dicen que las profecías de Malaquías son falsas, pero...

lunes, 28 de marzo de 2011

Dos hermenéuticas


Hace poco más de un mes, el sitio Messainlatino alarmó al mundo tradicionalista y motuproprista al develar la noticia que la instrucción para la aplicación del Motu proprio sobre la misa latina sería restrictiva con respecto a lo que originalmente se había pensado, tal como se reflejaba en el esquema presentado por Mons. Guido Pozzo. Las intervenciones del cardenal Cañizares y de Mons. Scicluna habrían sido decisivas para esta hermenéutica restrictiva del documento pontificio.

Según publicó ayer tarde el mismo sitio, pareciera que a raíz del batifondo que se armó en la blogósfera, el asunto tuvo llegada al mismísimo Benedicto XVI, quien habría vetado el esquema minimalista y estaría a punto de aprobar una instrucción de hermenéutica amplia, siguiendo el esquema Pozzo, a pesar de la oposición de muchos altos prelados que pretendían, entre otras cosas, que los sacerdotes debieran contar con la aprobación del obispo para celebrar la Misa tradicional, con lo cual la situación se retraía, prácticamente, a la triste época juanpablista.

Pueden consultar la noticia con más detalles en los blogs que aparecen en la columna de la derecha.

Esta es, ciertamente, una interpretación de los hechos. Hay otra, que parece más verosímil: todo esto no se trataría más que de un nuevo episodio de histeria colectiva de los tradis que, como ocurre desde hace 40 años, estropea todo intento sensato de corregir situaciones catastróficas, hecho por aquellos a quienes le corresponde hacerlo. Y así llevan el asunto al plano de reclamo sindical con patéticos métodos propios de democracias bananeras: cartas abiertas, juntas de firmas y un largo etc. que incluye todas las taras de la modernidad.

Ahora resulta que, como van oliendo que las restricciones denunciadas son tan reales como las armas biológicas de Saddam y que aparentemente la instrucción va a salir bastante buena, la reacción no es la lógica, y cristianamente humilde, de decir "¡Metimos la pata!" sino: “¡Gracias a nuestra denuncia, junta de firmas etc. el Papa corrigió la cosa y evitamos la catástrofe! ¡Una vez mas la tradición salva a la Iglesia!”

El asunto, es que si la instrucción sale finalmente buena, es muy probable que será menos buena de lo que estaba por ser, antes de la heroica gesta..., y debido a la heroica gesta.

Una vez más, grazie tradis!

sábado, 26 de marzo de 2011

Ellos sí saben lo que hacen


Mientras en Argentina poseemos el remanente episcopal del mundo, en Oriente las cosas son distintas.
Ha sido elegido patriarca de la iglesia ucraniana Mons. Sviatoslav Shevchuk, hasta ahora eparca ucraniano en nuestro país. De tan sólo 41 años, es una mente esclarecida y plenamente católica, en el sentido más "universal" del término.
Ad multos annos!
Las repercusiones de la noticia aquí, aquí y aquí.

viernes, 25 de marzo de 2011

Ni beato ni Magno... Entren y firmen

Artículo aparecido en la revista The Remnant. Léase el original aquí

Al final se piden firmas para ser agregadas al artículo

EN LA FIESTA DE SAN BENITO

La beatificación inminente del Papa Juan Pablo II el 01 de mayo 2011 ha suscitado gran preocupación entre los no pocos católicos de todo el mundo, que están preocupados por el estado de la Iglesia y los escándalos que la han afectado en los últimos años- escándalos que llevaron al futuro Benedicto XVI a exclamar el Viernes Santo de 2005: “¡¿Cuánta suciedad hay en la Iglesia, incluso entre aquellos que, en el sacerdocio, deberían estar completamente entregados a Él”. Expresamos en este medio nuestra propia preocupación de acuerdo con la ley de la Iglesia, que dispone lo siguiente:

Según los conocimientos, competencia y posición de que gozan, los fieles tienen el derecho e incluso a veces el deber de manifestar a los Pastores su opinión sobre cuestiones que pertenecen al bien de la Iglesia, y también tienen derecho a hacer conocer su opinión a los demás fieles cristianos , con el debido respeto a la integridad de la fe y la moral y a la reverencia hacia sus pastores, y con la consideración por el bien común y la dignidad de las personas. CIC [(1983), Can. 212, § 3.]

Estamos obligados en conciencia a procurar el bien común de la Iglesia expresando nuestras reservas sobre esta beatificación. Lo hacemos por los siguientes motivos, entre otros que podríamos poner de manifiesto.

LA VERDADERA CUESTIÓN

Destacamos en primer lugar que no presentamos estas consideraciones como alegación contra de la piedad personal o integridad de Juan Pablo II, que debe presumirse. La cuestión no es la piedad personal o la integridad como tal , sino más bien si hay base, objetivamente hablando, para afirmar que Juan Pablo II mostró virtud heroica en el ejercicio de su alto cargo como Papa tal como debería resplandecer con santidad ejemplar para todos sus sucesores.

La Iglesia siempre ha reconocido que la virtud heroica que se requiere en una beatificación está inextricablemente ligada a la heroicidad con que el candidato haya desempeñado los deberes de estado en su vida . Como el Papa Benedicto XIV (1675-1758) explicó en su magisterio sobre las beatificaciones, la práctica heroica del deber implica actos que por muy difciciles y “por encima de la capacidad del hombre corriente” que sean, se llevan a cabo con prontitud y facilidad, “con una santa alegría” y “con bastante frecuencia”, “cuando la ocasión de hacerlo se presenta.” [Cfr.. servorum Dei De beatificatione, Bk. III, cap. 21 en Reginald Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior , vol. 2, p. 443].

Supongamos que un padre de familia numerosa fuera candidato a la beatificación. Difícilmente se podría esperar que su causa avanzara si se diera el caso de que, por más piadoso que fuera, fracasara en cuanto a exigir disciplina y al impartir una formación adecuada a sus hijos, quienes habitualmente le desobedecían viviendo desordenadamente en el hogar, incluso abiertamente opuestos a las obligaciones de la religión, o si, ocupado en sus oraciones y ejercicios espirituales, se olvidara de proporcionar el sustento diligente de su familia permitiendo que su familia cayera en el caos.

Cuando el candidato a la beatificación es un Papa -el Santo Padre de la Iglesia universal-la cuestión no es simplemente su personal piedad y santidad, sino también el cuidado de la gran familia de la fe que Dios le ha confiado, para lo cual le ha otorgado gracias de estado- como Papa- extraordinarias. Esta es la verdadera pregunta: ¿Juan Pablo II ha desempeñadoheroicamente sus funciones como Sumo Pontífice como lo hicieron sus santos predecesores: oponiéndose al error, defendiendo al rebaño con prontitud y valor de la manada de lobos rapaces que lo dispersan, y protegiendo la integridad de la doctrina de la Iglesia y el culto sagrado? Tememos que en las circunstancias que rodean esta “vía rápida” de beatificación, la verdadera cuestión no ha recibido la consideración cuidadosa y sin prisas que se merece.

INDEBIDA PRESIÓN POPULAR

http://www.remnantnewspaper.com/reservations-subito.jpgNos preocupa entre otras cosas la indecorosa presión de la “demanda popular” de esta beatificación como se evidencia por el lema “Santo Subito” – “! Santo ya¡” Precisamente para evitar la influencia del sentimiento popular efímero, y permitir la perspectiva de un juicio histórico sobrio, la ley de la Iglesia sabiamente establece un período de cinco años de espera antes de que comience un proceso de beatificación. Sin embargo, en este caso, se ha prescindido de dicho plazo de prudente espera . Así, un proceso que apenas se ha iniciado, ahora ya está casi en su final, como si se fuera a dar satisfacción inmediata a la voluntad popular, aun cuando no fuera esa la intención.

Somos conscientes del papel de la aclamación popular, incluso en la canonización de los santos, en casos excepcionales. El papa San Gregorio Magno, por ejemplo, fue canonizado por aclamación popular casi inmediatamente después de su muerte. Pero ese Romano Pontífice, de importancia excepcional, era nada menos que el constructor de la civilización cristiana, por medio de la cual se establecieron los fundamentos espirituales y organizativos de la Iglesia y de la cristiandad, que perduraron a través de los siglos.

Del mismo modo, el Papa San Nicolás I, el último de los Papas que la Iglesia ha denominado “Grandes”, fue fundamental en la reforma de la Iglesia durante la gran crisis de fe y disciplina, que afectó sobre todo a la alta jerarquía, a cuyos miembros corruptos se opuso sin temor, y está considerado como un verdadero salvador de la civilización cristiana en un momento en que su supervivencia estaba en duda.

Además, la aclamación popular de los beatos y los santos pertenece a un momento histórico en que el pueblo era mayoritariamente fiel y sumiso a la Iglesia. Debemos preguntarnos: ¿Qué valor tiene la demanda popular de esta beatificación en una época en que la gran mayoría de los católicos lo son simplemente nominalmente y llegan a rechazar cualquier doctrina de la fe y la moral que consideren inaceptable, sobre todo, la enseñanza infalible del Magisterio sobre el matrimonio y la procreación?

UNA HERENCIA PREOCUPANTE

Con toda franqueza nos vemos obligados a observar a modo de comparación que, visto el estado en que dejó a la Iglesia, el ​​pontificado de Juan Pablo II, objetivamente, no justifica la beatificación por aclamación popular, y mucho menos la canonización inmediata que pedía la multitud. Una evaluación honesta de los hechos obliga a la conclusión de que el pontificado de Juan Pablo II se caracterizó, no por la renovación y restauración que se vio durante los pontificados de sus eminentes predecesores, sino más bien, como lo calificó el Cardenal Ratzinger con la conocida frase [cf. L'Osservatore Romano , 9 de noviembre de 1984], por” una aceleración del ‘proceso continuo de deterioro’ sobre todo en los países occidentales de tradición cristiana de Europa, las Américas y el Pacífico”.

Esta realidad objetiva es más evidente cuando se tiene en cuenta que el difunto Papa, muy cerca del final de su pontificado, lamentó la “apostasía silenciosa” de la antaño Europa cristiana. [Cf. Ecclesia in Europa (2003), n. 9.]. Por otra parte, su sucesor, desde entonces ha venido denunciando públicamente el “proceso de secularización” que “ha producido una grave crisis del sentido de la fe cristiana y de pertenencia a la Iglesia.” Por todo lo cual, el Papa Benedicto XVI anunció la creación de un nuevo pontificio consejo cuya tarea específica será “promover una renovada evangelización en los países donde el anuncio de la fe ya se oyó… pero que ahora padece una progresiva secularización de la sociedad y una especie de «eclipse del sentido de Dios’...” [cf. Vísperas Homilía, 28 de junio de 2010].

La penetración de la ‘apostasía silenciosa‘ en el elemento humano de la propia Iglesia ” resulta cada vez más evidente a partir del Concilio Vaticano II. Antes del Concilio, el mundo entero estaba en decadencia precipitada, como Papa tras Papa habían advertido, pero dentro de la comunidad de la Iglesia la fe era todavía fuerte, la liturgia estaba intacta, las vocaciones eran abundantes, y las familias eran numerosas, hasta la “apertura al mundo” preconizada por el Concilio

Parte del diagnóstico de la aparición repentina de la crisis eclesial posconciliar sin precedentes fue propuesta por el actual Romano Pontífice, cuando escribió como Cardenal en la mitad de los 27 años de largo pontificado de su predecesor: “Estoy convencido de que la crisis eclesial en la que nos encontramos hoy depende en gran parte de la decadencia de la liturgia … ” [ La Mia Vita (1997), p. 113: "Sono convinto che la crisi ecclesiale en cui oggi ci troviamo dipende en Gran instancia de parte dal crollo della Liturgia ..."]

No hace falta demostrar que un “colapso de la liturgia” es algo que la Iglesia absolutamente nunca había presenciado antes del Concilio Vaticano II, y llegó por las “reformas” emprendidas en su nombre. Sólo quince años después del Concilio, durante el segundo año de su pontificado, Juan Pablo II pidió públicamente perdón por “la pérdida repentina y dramática de la fe y reverencias eucarísticas desde de la “reforma litúrgica”, aprobado por Pablo VI:

“Me gustaría pedir perdón en nombre propio y en nombre de todos vosotros, queridos y venerados hermanos en el Episcopado-por todo lo que, por cualquier motivo, como consecuencia de debilidades humanas, impaciencias, o negligencias, y también por la errónea aplicación, a veces parcial o con prejuicios, de las directivas del Concilio Vaticano Segundo, puede haber causado escándalo y perturbación sobre la interpretación de la doctrina y la veneración de este gran sacramento . Y le pido al Señor Jesús que en el futuro podamos evitar en nuestra manera de afrontar este misterio sagrado, el que nada pueda debilitar o desorientar en cualquier manera el sentido de reverencia y amor que existe en nuestro pueblo fiel.” [ Dominicae Cenae (1980), n. 12]

Pero esta sorprendente petición de perdón de Juan Pablo II nunca fue seguida por una acción decisiva para detener la decadencia continua de la liturgia en los siguientes veinticinco años de su reinado. Muy por el contrario, en 1988, en el veinticinco aniversario, de la Sacrosanctum Concilium , el Papa elogió las “reformas como el fruto más visible de todo el trabajo del Concilio”, señalando que para “muchas personas el mensaje del Concilio Vaticano II ha sido percibido ante todo mediante la reforma litúrgica. En cuanto a la evidente caída libre de la liturgia, sin embargo, el Papa se limitó a notar los diversos abusos que se producen “en ocasiones“, al tiempo que insiste no obstante, en que “la gran mayoría de los pastores y el pueblo cristiano han aceptado la reforma litúrgica, con un espíritu de la obediencia y gozoso fervor. “[ Vicesimus Quinto Anu s (1988), n. 12.]

Sin embargo hoy en día, la mayoría del pueblo cristiano ni siquiera cree en la presencia real de Cristo en la Sagrada Eucaristía, que reciben en la mano de las manos no consagradas de los ministros laicos, como si se tratara de una simple oblea de pan, que es exactamente como que lo tratan. Por otra parte, observando una obediencia selectival casi unirsal al Magisterio, la práctica de la anticoncepción se ha generalizado entre los católicos, cuyo punto de vista sobre la anticoncepción no es muy distinto al de los protestantes, según innumerables encuestas. Esto también se evidencia por la caída en picado de la bajísima tasa de natalidad de las poblaciones católicas del mundo occidental, en el que ni siquiera existe una natalidad suficiente para el reemplazo demográfico. Por eso el mismo Juan Pablo señaló el “ temor generalizado de dar vida a nuevos niños” en medio de la “apostasía silenciosa” como denunció en Ecclesia in Europa . De hecho, no puede negarse que la mayor tasa de nacimientos en el mundo católico se ve entre “tradicionalistas” que no toman parte en la liturgia reformada o que, no habiendo otra alternativa, la sufren comoquiera, menos con “gozoso fervor”.

Por otra parte, es evidente que Juan Pablo II contribuyó a la caída litúrgica por sus propios actos. Por primera vez en su historia la Iglesia fue testigo durante su pontificado de la novedad escandalosa de las “monaguillas“, sobre la que el Papa revocó su decisión previa con la prohibición de la innovación como incompatible con la tradición bimilenaria de la Iglesia. También sucedieron las “inculturadas” liturgias papales que incluían música de rock y elementos francamente paganos, tales como espectáculos impactantes como la mujer de pechos desnudos leyendo las lecturas bíblicas en Nueva Guinea, danzantes aztecas con plumas, girando y agitando sonajas en un “rito de purificación“ en México y la “ceremonia fumando”como sustitución de los prescritos ritos penitenciales en Australia. La excusa de que el Papa no sabía nada de estas aberraciones litúrgicas de antemano es desmentida como algo de su propia elección al mantener al autor y orquestador de todo ello: Piero Marini, quien se desempeñó como Maestro de ceremonias de las celebraciones de la Liturgia Pontifical de Juan Pablo por casi veinte años, pese a las protestas en todo el mundo en contra de los abusos realmente grotescos de la liturgia romana. Marini fue finalmente, gracias a Dios, sustituido por el Papa Benedicto XVI en 2007.

La honradez obliga admitir que si los grandes papas preconciliares hubieran sido testigos de estas liturgias papales de Juan Pablo II, o incluso el estado general del Rito Romano a lo largo de su pontificado, habrían reaccionado con una mezcla de indignación e incredulidad aterrorizada.Pero no sólo la liturgia estaba en un estado de colapso a finales del último pontificado. Como señalamos al principio de esta Declaración, el Viernes Santo de 2005, justo antes de subir a la silla de san Pedro, el Cardenal Ratzinger dijo: “¡Cuánta suciedad hay en la Iglesia, incluso entre aquellos que, en el sacerdocio, deberían estar completamente entregados a El¡ “[cf. "Homilía para la misa del Viernes Santo", 2005]. La “suciedad” a la que el Cardenal se refería era por supuesto el increíble número de escándalos sexuales que involucraban actos atroces por parte de sacerdotes católicos que saltaban a la luz pública en las naciones de todo el mundo- cosecha de décadas de “renovación conciliar” en los seminarios.

http://www.remnantnewspaper.com/Reservations-law.jpgEn lugar de sancionar a los obispos que fomentaron esta suciedad en sus seminarios, que la encubrieron trasladando a los depredadores sexuales de un lugar a otro, causando luego la quiebra de sus diócesis mediante el pago de las condenas civiles, Juan Pablo II, fue siempre refugio seguro para muchos de los prelados más notoriamente negligentes. Tal vez ,el ejemplo más notable es el cardenal Bernard Law (ver foto). Obligado a declarar ante un gran jurado sobre su negligencia al no hacer frente a la depredación homosexual desenfrenada de jóvenes por parte de sacerdotes en la Arquidiócesis de Boston, que resultó en $ 100 millones en los pagos a más de 500 víctimas, el “castigo” del Papa , después de su renuncia como arzobispo, fue el llevarlo a Roma y premiarlo con una de las cuatro basílicas patriarcales de la ciudad para que la presidiera como Arcipreste.

¿Y lo del arzobispo Weakland, conocido disidente teológico que admitió en una declaración que él deliberadamente hizo regresar a depredadores homosexualesa a la Arquidiócesis de Milwaukee al ministerio sacerdotal activo sin previo aviso a los feligreses y sin notificar a la policía sus delitos? Después de haber llevado a la Arquidiócesis a la bancarrota a causa de los procesos civiles resultantes, Weakland puso fin a su larga carrera socavando la integridad de la fe y la moral – mediante una publicidad servil- sólo después de conocerse la sustración hecha por él mismo de $ 450,000 de los fondos de la arquidiócesis para pagar a un hombre con quien había tenido una relación homosexual. Juan Pablo II permitió a este obispo- lobo rapaz- que se retirara con la plena dignidad de su alto cargo en la Iglesia, después de que una editorial protestante, publicara sus memorias: “Un peregrino en una Iglesia Peregrina. Memorias de un arzobispo católico” Un recensionista admirador escribió que el libro “retrata a un hombre imbuído de los valores del Concilio Vaticano II [que] tuvo el coraje de llevar adelante tanto como abad primado benidictino como siendo arzobispo de Milwauk”.

http://www.remnantnewspaper.com/reservations-maciel.jpg

La “suciedad” que afectó a la Iglesia durante el último pontificado incluye la larga historia de depredación sexual por el padre Marcial Maciel Degollado ( bendecido por el Papa Juan Pablo II en la foto de la izquierda), fundador de los “Legionarios de Cristo,” supuestamente el ejemplo mismo de la “renovación en acción”. Juan Pablo II se negó a iniciar cualquier investigación sobre la conducta de Maciel, a pesar de la creciente evidencia de crímenes abominables que, gracias a la publicidad en todo el mundo, son ahora los más famosos jamás cometidos por un clérigo católico. Sin haber atendido a los cargos canónicos- ampliamente conocidos- contra Maciel presentados durante largo tiempo por ocho de los seminaristas Legionarios de Cristo de los que había abusado sexualmente, Juan Pablo generosamente lo honró en una ceremonia pública en el Vaticano en noviembre de 2004. Días más tarde, sin embargo, el entonces Cardenal Ratzinger “tomó a su cargo el autorizar una investigación de Maciel.” [Jason Berry, "el dinero allanó el camino para la influencia de Maciel en el Vaticano," National Catholic Reporter , 6 de abril de 2010].
Juan Pablo tuvo que morir literalmente antes de que Maciel pudiera ser sancionado. Maciel fue retirado finalmente del ministerio activo y fue recluído en un monasterio casi inmediatamente después de que el cardenal Ratzinger se convirtiera en el Papa Benedicto XVI. Pero esto era sólo parte de un patrón descrito por un destacado comentarista católico: “Juan Pablo volaba a gran altura y dejó los escándalos que se extendían bajo sus pies al poco carismático Ratzinger para que los limpiara. Este patrón se aplica de lleno a otras cuestiones que el último Papa trató de evitar, como el envilecimiento de la liturgia católica, o el resurgimiento del Islam en la otrora Europa cristiana”. [Ross Douthat," El Papa mejora, " New York Times , abril de 11, 2010].

Otra razón para tener reservas en relación a esta beatificación es que a lo largo del largo pontificado de Juan Pablo II los fieles católicos quedaron desconcertados y escandalizados por numerosas declaraciones papales manifiestamente imprudente y gestos tales de que la Iglesia nunca ha sido testigo en 2000 años. Para recordar sólo algunos de los ejemplos más conocidos:

· Las numerosas peticiones de perdón teológicamente discutibles por los presumibles pecados de los católicos de épocas anteriores de la historia de la Iglesia.

· Por supuesto, el mundo no vio el sin precedente mea culpa del Papa como una manifestación de la humildad de la Iglesia. Por el contrario, como era bastante predecible, se interpretó como la admisión de culpabilidad histórica de la Iglesia en todo tipo de delitos de lesa humanidad. Con la excepción de la aparentemente olvidada disculpa en Dominicae Cenae , sin embargo, no hubo disculpas por el fracaso catastrófico de los los miembros vivos de la jerarquía en preservar la fe y la disciplina en medio de un “proceso continuo de deterioro” y “apostasía silenciosa”.

LAS REUNIONES DE ASÍS DE OCTUBRE 1986 Y ENERO DE 1982

http://www.remnantnewspaper.com/reservations-lama.jpgEn Asís del año 2002, Juan Pablo ofreció un lugar en el convento de Sain Francisco a los practicantes de “las grandes religiones mundiales,” desde el animismo al zoroastrismo, para promulgar sus rituales de culto en ese sagrado santuario católico. En relación al énfasis puesto en ” los lugares dispuestos “, declaró el Papa a un conjunto heterogéneo que incluía a los practicantes de vudú:” vamos a orar en diferentes formas, respetando mutuamente las tradiciones religiosas. “[cf. "Discurso de Su Santidad el Papa Juan Pablo II a los representantes de las Religiones del Mundo," 24 de enero de 2002, y lista de participantes,vatican.va].

La inevitable conmoción causada por el caso de Asís, especialmente cuando se filtró a través del prisma de los medios de comunicación seculares, fue que todas las religiones son más o menos agradable a Dios, tesis rechazada enérgiamente como falsa por el Papa Pío XI en su encíclica 1928 Mortalium Animos . ¿Por qué el Papa convocaría a todos los “representantes” en Asís para ofrecer sus “oraciones por la paz”? ¿Se puede honestamente negar que todos los papas preconciliares predecesores habrían condenado estos espectáculos?

· El beso del Papa al Corán durante la visita de 1999 a Roma de un grupo de iraquíes cristianos y musulmanes

El patriarca de rito caldeo católico de Irak elogió este acto como un “gesto de respeto” a una religión cuya esencia es la negación de la Trinidad y la Divinidad de Cristo y que en toda su historia está marcada por la persecución de cristianos, como vemos en este mismo momento en Irak y en las Repúblicas Islámicas del mundo árabe.

· El sorprendente signo de exclamación del 21 de marzo de 2000 en Tierra Santa: “Que San Juan Bautista proteja el Islam y todo el pueblo de Jordania ... “[cf. "Homilía del Papa en Tierra Santa,vatican.va.]

Qué explicación puede haber para esta oración sin precedentes pidiendo la protección a una religión en sí misma falsa (sin serlo sus seguidores en cuanto seres humanos) ¡durante un sermón del Papa en Tierra Santa - en el mismo lugar que fue liberado del Islam por la Primera Cruzada?

· La concesión de cruces pectorales – símbolos de la autoridad episcopal – a George Carey y Rowan Williams.

Estos así llamados arzobispos anglicanos de Canterbury, cuyas ordenaciones sacerdotales y episcopales se descartó definitivamente como inválidas por el papa León XIII en 1896 , enCurae Apostolicae, y que ni siquiera se adhieren a las enseñanzas de la Iglesia católica sobre asuntos de moralidad básica arraigada en la ley divina y la + natural. [Cf. John Allen, "Las acciones hablan más fuerte del Papa," Registro Nacional Católica , 8 de noviembre de 2002]

· Participación activa de Juan Pablo Papa en el culto pagano en un “bosque sagrado” en Togo.

El propio periódico del Papa informó de cómo a su llegada a este lugar “, un brujo comenzó a invocar a los espíritus:” Poder de agua, te invoco. Antepasados, os invoco”. Después de esta invocación de los “espíritus”, se presentó al Papa “con un recipiente lleno de agua y harina. En primer lugar hizo una leve reverencia y luego dispersó la mezcla en todas direcciones. Por la mañana había realizado la misma acción antes de la Misa. El rito pagano [!] significa que el que recibe el agua, símbolo de la prosperidad, la comparte con sus padres echándola en el suelo. “[L'Osservatore Romano , italiano ed., 11 de agosto de 1985, p. 5].

Poco después de su regreso a Roma, el Papa expresó su satisfacción por su públicaparticipación en la oración y el ritual animista: “La reunión de oración en el santuario del lago Togo fue especialmente impactante. Allí recé por primera vez con animistas . “[ La Croix , 23 de agosto de 1985]. Uno podría pensar que este acción, no sólo sin arrepentimiento sino públicamente alardeada, -debería ser razón suficiente para poner fin a la causa de canonización de Juan Pablo. Porque el Papa reconoció públicamente, que “oró. . . con animistas -. “Y ese tipo de acción formal y la participación directa en el culto pagano – es algo que la Iglesia siempre ha considerado objetivamente gravemente pecaminosa. Como el Catecismo de la Iglesia Católica enseña, la idolatría pagana no se produce sólo cuando el hombre adora a falsos dioses o ídolos, como tales, sino también cuando “honra y reverencia a una criatura en lugar de Dios, ya se trate de dioses o demonios (por ejemplo, el satanismo ), el poder, el placer, la raza,los ancestros … La idolatría rechaza el único Señorío de Dios, por lo que es incompatible con la comunión con Dios. “[CCC § 2113].

· Pero esto fue sólo el incidente más discutible entre otros muchos similares durante el pontificado de Juan Pablo. Es interesante observar el veredicto póstumo de la Iglesia contra el Papa del siglo IV , Liberio, primer obispo de Roma en no ser declarado santo. Liberio había ganado esta dudosa distinción debido a que-en el exilio y bajo una gran presión del emperador aprobó una declaración ambigua doctrinal favorable al arrianismo y luego excomulgó a Atanasio, el campeón de la ortodoxia trinitaria. A pesar de que después de su liberación y regreso a Roma, inmediatamente se retractó de estas acciones lamentables y se confirmó su ortodoxia durante el resto de su pontificado, se le negó la canonización.

El servicio “ecuménico” de vísperas en la Basílica de San Pedro, corazón de la Iglesia visible, en el que el Papa accedió a orar junto con “obispos” Luteranos“, incluyendo mujeres, que dicen ser los sucesores de los Apóstoles. Este espectáculo, por supuesto, invitó preguntarse sobre si el Papa estaba socavando su propia enseñanza contra la ordenación de las mujeres. [Cf. Allen, loc. cit.]

En suma, por cualquier evaluación objetiva de los hechos, Juan Pablo II presidió y dejó tras de sí una Iglesia que se mantuvo en estado de crisis después de la crisis que estalló inmediatamente después del Concilio Vaticano II. Es cierto que su pontificado incluye decididamente algunos logros positivos, incluida la admirable defensa de la vida humana ante la creciente “cultura de la muerte,” la enseñanza valiosa en varias encíclicas sociales de peso, un pronunciamiento infalible contra cualquier posibilidad de la ordenación de las mujeres , y el motu proprio ( Ecclesia Dei ) que por lo menos sienta las bases para la “liberación” de la misa tradicional en latín por el Papa Benedicto XVI. Tampoco nos referimos al tema de la piedad personal y espíritu de oración que eran evidentes para aquellos que lo conocieron, y que se reconoció al principio de esta Declaración.

Sin embargo, difícilmente se puede negar que todos los predecesores de Juan Pablo II se habrían sorprendido y consternado por la desobediencia tristemente generalizada, la disensión doctrinal, la decadencia litúrgica, los escándalos morales, y la disminución de la asistencia a misa que se prolongó hasta el final de su pontificado – problemas agravados por nombramientos episcopales con frecuencia dudosos y por las tan cuestionables palabras papales y los hechos que hemos recordado más arriba. Incluso el reformista Pablo VI, cuyas iniciativas ecuménicas e interreligiosas eran mucho más cautas que las de Juan Pablo II, se habría horrorizado por el estado de la Iglesia al final del largo reinado de Juan Pablo II. Y fue el propio Papa Pablo el que describió la debacle posconciliar ya en desarrollo con algunas de las palabras más impactantes jamás pronunciadas por un Romano Pontífice:

http://www.remnantnewspaper.com/reservations-paul-vi.jpg

Por alguna fisura el humo de Satanás ha entrado en el templo de Dios: hay dudas, incertidumbres, problemas, intranquilidad. La duda ha entrado en nuestras conciencias, y ha entrado por las ventanas que se pretendía haber abierto a la luz . Este estado de incertidumbre reina también en la Iglesia. Se esperaba que después del Concilio habría un día de sol en la historia de la Iglesia . En su lugar, llegó un día de nubes, de tinieblas, de andar a tientas, de incertidumbre. ¿Cómo sucedió esto? Vamos a confiar Nuestros pensamientos : ha habido intereferencia de un poder adversos su nombre es el diablo … [Pablo VI, Insegnamenti , Ed. Vaticana, vol. X, 1972, p. 707]

Al igual que Juan Pablo después de él, sin embargo, Pablo falló en tomar medidas efectivas para hacer frente a una debacle que el Papa, y sólo el Papa-podría haber evitado, o al menos reducido considerablemente.

Las devastadoras palabras del Papa Pablo reconociendo los hechos fueron citadas nada menos que por Monseñor Guido Pozzo, secretario de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”,en su discurso a los sacerdotes europeos de la Fraternidad de San Pedro el 2 de julio de 2010 en Wigratzbad. Como Mons. Pozzo admitió en esa ocasión: “Por desgracia, los efectos que se enumeran por Pablo VI no han desaparecido. Una manera de pensar extraña ha entrado en el mundo católico, provocando confusión, seduciendo a muchas almas , y desorientando a los fieles. Hay un ‘espíritu de auto-demolición “que difunde el modernismo … “La crisis post-conciliar, señaló, implica una” ideología para-conciliar “, que” propone una vez más las ideas del modernismo , condenado en el comienzo del siglo XX por San Pío X “

Pero, ¿quién, si no el último Papa-y el anterior a él- tienen una parcial responsabilidad por la difusión en todo el mundo católico de esta ideologfía heteredoxa para-conciliar? Ciertamente, Juan Pablo II, al igual que Pablo VI, promulgó una serie de documentos magisteriales con doctrina tradicional contra esta heterodoxia. Pero la cuestión que tenemos ante nosotros es la siguiente: ¿Fue suficientemente fuerte y consistente su testimonio , para que se le pueda calificar como un heroico defensor de la fe ortodoxa y la moral? O más bien, con sus muchas novedades cuestionables de palabra y de obra – junto con sus omisiones y su falta de gobierno eclesiástico – ¿ no han tenido en conjunto el efecto de quitar con la mano izquierda la mayor parte de lo que dio con la derecha?·

En este contexto, tomamos nota de la ironía suprema que, si bien una resurgente herejía modernista estaba causando el caos en toda la Iglesia, Juan Pablo II tuvo a bien anunciar personalmente la única excomunión de cinco personas durante sus veintisiete años como Papa: la del fallecido arzobispo Marcel Lefebvre y los cuatro obispos que consagró en 1988, para la Sociedad de San Pío X, cuya finalidad ( se esté de acuerdo o no con su enfoque ) fue precisamente para oponerse a la “ideología para-conciliar“, de la que habló Monseñor Pozzo , según el programa del santo Papa cuyo nombre lleva su asociación. (Nota: Juan Pablo no anunció personalmente la excomunión de Tissa Balasuriya, a quien que de todos modos le sería levantada la excomunión dentro del año.)

Como todo el mundo sabe, a principios de 2009 el Papa Benedicto XVI revocó la excomunión de cuatro obispos de la Sociedad. Desde entonces, se ha observado que ” puesto que estos cuatro obispos reconocen la primacía del Papa, jurídicamente tendrían que ser liberados de la excomunión …” [ Luce del Mondo , p. 43] Pero siempre habían reconocido la primacía papal, a diferencia de las legiones de los católicos-laicos, sacerdotes, monjas, teólogos, e incluso algunos obispos-que efectivamente se negaron a reconocerla estando en desacuerdo con la mayoría de las enseñanzas básicas del Magisterio, mientras que el Vaticano no hizo nada o casi nada desde hace más de un cuarto de siglo. Así mismo, el desafortunado Pablo VI, en medio del montaje de “auto-demolición” de la Iglesia que él mismo denunció, reservó la más dura sanción a la Sociedad y al Arzobispo Lefebvre, a quien reprendió públicamente por su nombre y luego condenó con la suspensión de la ejercicio de las órdenes sagradas, mientras los rebeldes en teología y liturgia desvastaron la Iglesia impunemente en todo el mundo.

Hoy en día muy pocos seriamente proponen la beatificación de Pablo VI, quien lamentó el desastre que él presidió, sin hacer nada al respecto. De hecho, no hubo un proceso de beatificación del Papa Pablo hasta que Juan Pablo lo inició a nivel diocesano en 1993. Nada se ha avanzado desde entonces, después de haber sido detenido en seco por cargos graves quizás no muy diferente de los sugeridos aquí. Y así debemos preguntarnos: ¿Por qué la prisa para beatificar a Juan Pablo II, dado que perseveró inquebrantable en el programa reformista imprudente de su predecesor, añadiendo una larga serie de novedades que ni siquiera el Papa Pablo, de semblante enormemente trágico, se hubiera atrevido a hacer? Por lo menos Pablo tuvo la franqueza de admitir que vio el humo de Satanás entrar en la Iglesia, no una “nueva primavera de vida cristiana como se anunció en el Gran Jubileo, si los cristianos fueran dóciles a la acción del Espíritu Santo.” [ Tertio millennio adveniente (1994), n. 18]

En honor de la verdad hay que ser franco al afirmar la conclusión obvia: Ningún Papa beato en la historia de la Iglesia tiene un legado tan preocupante como el de Juan Pablo II, y tal vez ningún Papa en absoluto, aparte de Pablo VI.

UN MILAGRO DUDOSO

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Por último, no podemos dejar de señalar que el único milagro en el que se sustenta la beatificación- la cura reportada de una monja francesa, la hermana Marie Simon-Pierre (ver foto), que se dijo sufría de la enfermedad de Parkinson-es cuestionable.

Por un lado, el diagnóstico mismo de Parkinson deja lugar a dudas en ausencia de la prueba definitiva que la ciencia médica admite: la autopsia del cerebro. Hay otras enfermedades sujetas a la remisión espontánea que pueden parecer Parkinson. Por otra parte, el nexo entre la supuesta cura de la monja y una “noche de oraciones a Juan Pablo II” parece dudosa. ¿Las oraciones de esta monja excluyeron la invocación de cualquiera o de todos los santos reconocidos?

Compárese los dos milagros- fue el mismo Juan Pablo, el que redujo la exigencia a uno solamente -que Pío XII consideró suficiente para la beatificación de Pío X. El primero era una monja que tenía cáncer de huesos y fue curada instantáneamente después de que una reliquia de Pío X fuesa colocado en el pecho. El segundo implicó a una monja cuyo cáncer desapareció cuando ella tocó una imagen con la reliquia de Pío. Ningún parecido existe entre la supuesta cura en este caso con la supuesta reliquia de Juan Pablo II.

No se trata aquí de la autoridad de la enseñanza infalible de la Iglesia, la evaluación de este único milagro es un juicio médico sujeto a la posibilidad de error. Imagínese el daño a la credibilidad de la Iglesia si esta monja con el tiempo sufre un retorno de sus síntomas. De hecho, en marzo del año pasado el diario Rzeczpospolita , uno de los periódicos más respetados de Polonia, informó que se había producido un retorno de los síntomas y que uno de los dos asesores médicos habían expresado dudas sobre el supuesta milagro. Este informe llevó al ex jefe de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal José Saraiva Martins, a revelar a la prensa que “Podría ser que uno de los dos consultores médicos tal vez tenía algunas dudas. Y esto, por desgracia, se filtró “. Martins reveló además que” las dudas requieren mayor investigación . En tales casos, dijo, la Congregación pediría que entraran más médicos paraofrecer una opinión. “[Nicole Winfield, de Associated Press," Juan Pablo II 'milagro' más controlada, "28 de marzo de 2010]

Un médico dudó del milagro, y cuando sus dudas se “filtraron ,” de manera inesperada a otros médicos se introdujeron otros médicos y esto hace menos de un año! ¿Realmente estamos ante el mismo tipo de curaciones indubitables reconocidos por Pío XII en la beatificación de Pío X?

CONSECUENCIAS PROBABLES DE ESTA BEATIFICACIÓN

Una vez más, la verdadera pregunta sobre esta beatificación no es si Juan Pablo II fue un hombre bueno o santo, sino más bien lo que significaría su beatificación para las masas que no distinguen entre beatificación y canonización. Esto significaría que la Iglesia tiene como santo, e incluso lo tiene entre los grandes Pontífices romanos, a un Papa cuyo gobierno de la Iglesia no puede resistir la menor comparación con los ejemplos de sus predecesores santos y beatos.

Considérese a continuación al penúltimo de los Romanos Pontífices santos: San Pío V, un modelo de fortaleza en su reforma del clero, de acuerdo con los decretos del Concilio de Trento, por sus medidas severas contra la propagación del error en la Iglesia, y por su defensa de toda la cristiandad contra la amenaza del Islam-¡por quien Juan Pablo II imploró a San Juan Bautista su protección! Tégase en cuenta también al último Papa elevado a los altares: San Pío X, también recordado por su valiente gobierno de la Iglesia en la represión de la herejía modernista que, precisamente, estalló de nuevo después dellVaticano II, extendiéndose por todo el mundo católico durante el pontificado de Juan Pablo, como Monseñor Pozzo tan cándidamente observó hace tan sólo unos meses (pero sin que pareciera pensar que en ello tuviera responsabilidad el jefe de la Iglesia en esta catástrofe).

¿Podría esta beatificación, por lo tanto, incurrir en el riesgo de reducir la beatificación y canonización, al nivel de una muestra de la estima popular otorgada a una figura muy querida en la Iglesia, una especie de premio de la Academia eclesiástica? Aquí observamos que, en una de sus muchas innovaciones, Juan Pablo “racionalizó” el proceso para la beatificación y canonización, lo que le permitió llevar a cabo el increible número de 1.338 beatificaciones y 482 canonizaciones -más que todos sus predecesores juntos. ¿Es prudente que el mismo Papa que puso en funcionamiento esta “fábrica de santos” ( cosa que levantó desprecios en la prensa) pueda ser juzgados de acuerdo con sus relajadas normas ?

También debemos expresar nuestra profunda preocupación por la explotación previsible de esta beatificación por las fuerzas astutas de la opinión mundial. Nos damos cuenta de que estamos observando un curioso silencio aunque se podría esperar una oposición clamorosa si esta beatificación realmente representara una ofensa al prevalente espíritu de la época liberal-mientras que la propuesta de beatificación de Pío XII se ha topadocon u na implacable campaña de publicidad para pararla a todo coste. Al parecer, la opinión pública mundial mira la beatificación de Juan Pablo II con buenos ojos como una medida que serviría para validar las “reformas del Concilio Vaticano II” que el mundo ha aclamado como una tardía acomodación de una Iglesia retrógrada con el “mundo moderno” de ” libertad “y” derechos humanos “.

Sin embargo, podemos estar seguros, en caso de que la beatificación proceda según lo previsto, que los sectores poderosos de los medios de comunicación no perderán un momento en celebrarla como ejemplo de la hipocresía de la Iglesia, su ineptitud y amiguismo en honrar al Papa que presidió el escándalo de la pedofilia y se negó a juzgar y saancionar al fundador de los Legionarios . Sobre este último tema ya hay una exposición de libros y del cine: “Votos de Silencio: El abuso de poder en el papado de Juan Pablo II”, que documenta cómo Maciel fue protegido por los asesores clave del Papa, entre ellos el Cardenal Sodano, el Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Martínez, Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, y el cardenal Dziwisz, actual arzobispo de Cracovia, que fue secretario de Juan Pablo II y confidente más cercano.

Conclusión

En medio de lo que la Hermana Lucía de Fátima, ha llamado con razón “desorientación diabólica” en la Iglesia estamos especialmente conscientes de que la beatificación no tiene en absoluto el carisma de la infalibilidad. No establece un culto obligatorio sino simplemente permiso para venerar al Beato si se quiere. En este caso, por lo tanto, nos enfrentamos a la posibilidad real de un grave error en el juicio prudencial provocada por circunstancias contingentes, incluyendo la popularidad y el cariño, que no debería influir en el proceso esencial de la investigación cuidadosa y la deliberación sobre todo en el caso de esta beatificación, con todas sus implicaciones para la Iglesia universal.

Una vez más nos preguntamos: ¿Por qué la prisa? ¿Hay tal vez un temor de que a menos que el acto se lleva a cabo de inmediato el veredicto más maduro de la historia podría impedir la beatificación, como seguramente lo hizo en el caso de Pablo VI? Si es así, ¿por qué no dejar que el veredicto se haga en consonancia con la visión de largo plazo que la Iglesia siempre ha considerado en el asunto de las beatificaciones y canonizaciones? Si incluso un gigante como San Pío V no fue canonizado hasta 140 años después de su muerte, no podemos esperar al menos unos cuantos años más a fin de evaluar el legado pontificio más prominente en la decisión de beatificar a Juan Pablo II? la Iglesia no puede esperar hasta los 37 años transcurridos entre la muerte de Pío X y la beatificación de Pío XII en 1951 (seguido por la canonización de 1954)? De hecho, es prudente beatificar ahora-sin una nueva evaluación sobre la base de un milagro único cuya autenticidad está en duda- a un Papa cuyo legado está sin duda marcado por la expansión desenfrenada del mal contra el que San Pío X luchó y derrotó heroicamente en su tiempo?

Por todas estas razones, creemos que es justo y apropiado implorar del Santo Padre el aplazamiento dela beatificación de Juan Pablo II hasta un tiempo en que los motivos de este acto solemne se puedan evaluar de manera objetiva y desapasionada a la luz de la historia. El bien de la Iglesia sólo puede ser servido por un retraso prudente, mientras que se puede poner en peligro, por un proceso apresurado, no protegido del error, por el carisma de magisterio infalible de la Iglesia.

Nuestra Señora, Reina de la Sabiduría, Virgo Prudentissima , ruega por nosotros!

Si desea firmar esta declaración, por favor, envíenos un e-mail paraque su nombre sea agregado.

Michael J. Matt

Editor/Publisher, The Remnant

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Rod Pead

Editor, Christian Order

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John Vennari

Editor, Catholic Family News

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Gary Scarrabelotti

Editor, Oriens

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Australia

Christopher J. Paulitz

Contributor, Rorate Caeli

USA

Erik van Goor

Editor/Publisher Catholica magazine

The Netherlands

Dr Stephen McInerney

Academic

Sydney, Australia

Christopher A. Ferrara, JD

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James Bogle Esq MA TD

Barrister of the Middle Temple, London

UK

John Rao, Ph.D. Oxford

St. John’s University, New York

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Brian M. McCall

Associate Professor

University of Oklahoma College of Law

USA

Fr. Brian W. Harrison, O.S., M.A., S.T.D.
Associate Professor (Emeritus) of Theology,

Pontifical Catholic University of Puerto Rico

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Fr Thomas Crean OP, MA (Oxon.), STL

Tutor in Pastoral Theology, Maryvale Institute, Birmingham

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Timothy J. Cullen

Columnist, The Remnant

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Founder, Catholic Pharmaceutical Society
Founder, Pharmacists For Life International

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Steven Mentele MSEE

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Donatus Justin

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Camilo Araya Guerra
Santiago, Chile

Anthony Sciriha

B’ Kara

Malta, Europe

As of March 23, several hundred persons have signed this Statement. Please send us an email if you wish to have your name added. The list of original signatories as well as this brief sampling of support received from around the world will remain posted here at RemnantOnline and be published in The Remnant’s March 31st print edition. All additional signatories will be attached to the Statement of Reservations and sent to the Vatican in early April.

(If you’re having trouble with this email link, please use admin@RemnantNewspaper.com)

jueves, 24 de marzo de 2011

En el día de la Memoria, para recordar


El primer libro en inglés que leí -hace de esto más que añares-, fue el Omnibus Jeeves. Allí se recogían todas las historias del inolvidable valet Jeeves, creación de P.G. Wodehouse.

Granada filmó la serie, en tres temporadas, en 1990, protagonizada por Hugh Laurie, un Dr. House veinte años más joven pero igualmente talentoso.

Aquí les dejo un archivo con los vínculos de descarga de la primera temporada, con sus respectivos subtítulos. Está en formato .mkv. Algunos tendrán que convertirla o bien, bajar desde aquí los codec.

Y, para alimentar el espíritu, aquí encontarán una carta de Bruckberger sobre la Misa.

lunes, 21 de marzo de 2011

There and back again


En la discusión que mantuvimos hace algunos post con Gelfand sobre temas litúrgicos, quedaron dos temas sueltos que me parece importante ajustar.

Recordarán que nuestro amigo relativizaba algunas afirmaciones entre las que se destacaba las referidas a la comunión en la mano, afirmando que se trataba de una práctica “común en Oriente tal como lo enseñaba San Cirilo de Jerusalén”. E insistía acerca de la “autoridad de San Cirilo” que se habría pronunciado a favor de comulgar en la mano. Vayamos por parte.

Debo reconocer que quedó sorprendido que una persona que estimo seria e instruida pudiera recurrir bouyerianamente a la autoridad de “un monje de la Iglesia de Oriente” para afirmar que recibir la comunión en la mano es un práctica común en las Iglesias orientales. Peor aún fue cuando atribuyó tal costumbre a los armenios. No daba crédito a lo que leía pues el texto era indicador de una crasa ignorancia en temas litúrgicos, lo cual difícilmente podía admitir en una persona de la calidad intelectual y conocimientos de Gelfand. “Algo debe haber”, me dije, y comencé a investigar. Y he venido a dar con que, efectivamente, nuestro amigo semita tenía razón, y hay una iglesia oriental que, al menos hasta comienzos del siglo XX, conservaba la costumbre de comulgar en la mano, y se trataba de la iglesia nestoriana.

La cuestión es dirimir si este hecho, efectivamente, podía utilizarse como argumento para defender esta práctica en la iglesia latina del siglo XXI. Y creo que no, por lo siguiente:

1. Es importante tener presente el texto de Pío XII que escribía en Mediator Dei (n° 41): “La liturgia de los tiempos pasados merece ser venerada sin ninguna duda; pero un uso antiguo por el mero hecho de su antigüedad no ha de ser considerado más apto y mejor, ya en sí mismo, ya en lo que respecta a los tiempos sucesivos y las condiciones nuevas”. Es decir, en este caso también, el argumento ad antiquitatem es una falacia.

2. Quienes lo conservaron fueron los nestorianos. Y este no es un dato menor. Se trata de una de las primeras herejías cristiana surgida en el Concilio de Éfeso en 431. Apartados de la unidad de la Iglesia, los seguidores de Nestorio se refugiaron primero en el imperio sasánida y luego en el imperio persa, y vivieron siempre aislados del resto de la cristiandad, aún oriental, debido a su fuerte enemistad con las sedes de Roma y Constantinopla. Su asentamiento más importante fue la zona montañosa del norte de Iraq aunque la sede de su patriarca estaba en Bagdad. Fueron casi exterminados a comienzos del siglo XX y hoy quedan poco más de cien mil.

3. Algunas de sus costumbres litúrgicas siempre fueron consideradas exóticas por las otras comunidades orientales debido a su aislamiento y falta de comunicación con la Iglesia. Por ejemplo, consagraban la Eucaristía sobre la piel de un asno, en memoria del burrito con el que Nuestro Señor entró en Jerusalén. No creo que Gelfand sugiera también incorporar esta práctica a nuestras misas cotidianas.

4. En todo caso, su modo de comulgar en la mano distaba mucho del modo que nos impuso la CEA. Escuchemos el relato de un testigo escrito en 1890: “Todos avanzan con gravedad y con un aire recogido. En la entrada del Santuario, del lado de la Epístola, hay un incensario humeante. Cada comulgante, al pasar delante se perfuma con él las manos, el rostro y el pecho; luego, llegando ante el sacerdote y permaneciendo de pie, le besa la mano y presenta su mano derecha extendida y cruzada sobre la izquierda. El sacerdote deposita allí una partícula de hostia que el comulgante absorbe enseguida, lamiéndose la mano y pasándola luego por la frente para secarla, luego va delante del subdiácono, le besa la manga del alba, bebe del cáliz, se seca la boca con el purificador y se retira del costado del Evangelio, manteniendo su mano sobre los labios. Las mujeres comulgan del mismo modo, pero al fin de la misa, después de que los hombres se han retirado” (DTC, t. XI, 315).

Conclusión: No dejemos que algún “monje de la iglesia de Oriente” nos venda gato por liebre. Si es que aún hoy algún grupo oriental comulga en la mano, son los nestorianos, y no me parece que la práctica de un sector tan minoritario y, permítaseme la expresión, primitivo del cristianismo, pueda puede ser tomada como válida para permitir la misma en la Iglesia latina. Y quienes pretenden hacerlo valiéndose de ella -y me refiero concretamente los obispos argentinos autores y firmantes del documento “El pan vivo”- mienten, o manipulan, o inducen al error a sus fieles.

En segundo lugar, Gelfand se jacta de ser el único que recurre a una autoridad -San Cirilo de Jerusalén-, para lo cual hace referencia a una cita usada prolíficamente por los defensores de la comunión en la mano pero siempre descontextualizada. Veamos:

1. Es verdad que los apóstoles comulgaron en la mano en la Última Cena. Pero ellos eran obispos. El argumento no es válido.

2. Es verdad que era común en las primeras comunidades cristianas el comulgar en la mano. Pero esta forma de recibir el cuerpo del Señor fe abandonada primero, desechada luego y finalmente prohibida por su imperfección. Y reclamo aquí el texto de la Mediator Dei que cité más arriba.

3. San Cirilo de Jerusalén escribe en las Catequesis mistagógicas: “Cuando te acerques, no lo hagas con las manos extendidas, o los dedos separados, sino haz de tu mano izquierda un trono para la derecha, que ha de recibir al Rey, y luego con la palma de la mano, forma un recipiente, recibe el Cuerpo del Señor y di "Amén". En seguida santifica con todo cuidado tus ojos con el contacto del Sagrado Cuerpo y súmelo, pero ten cuidado de que no se te caiga nada: porque lo que tú pudieras perder es como si perdieras uno de tus miembros. Si te dieran unas limaduras de oro, ¿no las tomarías con el máximo cuidado, prestando atención a que no se te cayese ni se te perdiese nada? Y ¿no debes cuidar con mucho mayor esmero que no se te caiga ni una miga de lo que es más valioso que el oro y las piedras preciosas?"

Y en un sentido similar se expresan Teodoro de Mopsuestia, Tertuliano, San Hipólito, San Efrén y Orígenes. Pero ¿estos textos implican que sus autores están aconsejando, imponiendo o prefiriendo que los fieles comulguen en la mano? Es eso lo que, ladinamente, sugieren nuestros falaces pastores y nuestro querido amigo Gelfand. De ningún modo. San Cirilo no es más que el testigo del uso de su época y pretender ver allí una defensa o recomendación es forzar las cosas. (Aclaro que también el papa Pablo VI utiliza la cita cirílica en Mysterium fidei pero aclara, inmediatamente después: “No decimos esto, sin embargo, para que se cambie el modo de custodiar la Eucaristía o de recibir la Santa Comunión…”, cosa que no hacen nuestros obispos).

La preocupación que se encuentra detrás del texto transcrito y en el de los otros Padres, es que los fieles fueran cuidadosos al consumir la comunión y no dejaran caer partículas; es decir, evitar la profanación de la Sagrada Eucaristía. En efecto, consta que los fieles creían, y con razón que pecaban, como recuerda Orígenes, si, “habiendo recibido el cuerpo del Señor…, algún fragmento caía por negligencia”.

En definitiva, la comunión en la mano es el modo de comulgar que tuvieron los Santos Padres pero la comunión en la boca es el modo que hubieran deseado tener.

viernes, 18 de marzo de 2011

Cuadro de situación, por Tollers

Cosas de siempre

que siempre hubo,

que siempre habrá.
(Durante aproxim. 19 siglos).

Las mismas cosas,

considerablemente

agravadas.

(durante el s. XX)

Cosas inéditas,

nuevas, inesperadas,

inauditas.

(a comienzos del s. XXI)

Líos

de

sexo

Adulterios, prostitución, sadismo, perversiones varias, violaciones, abortos, rupturas matrimoniales, bigamia, hijos bastardos y sacrílegos, incesto.

Todo lo anterior permitido, la “transgresión” deja de ser tal, amputada la sanción social, escamoteado el reproche de la promiscuidad, del divorcio, de los hijos bastardos, homologado el uso indiscriminado del sexo, desvinculado de su fin, la difusión de nuevos medios anticonceptivos, un desorden moral prohijado, legalizado, enseñado en las escuelas. Sobre todo, reproducido al infinito, en términos más bien aprobatorios, con los medios masivos de comunicación.



Estética femenina para los varones, y varonil para las mujeres, mujeres que bailan con mujeres, legalización y celebración de la homosexualidad y de todo tipo de travestismo sexual, cuando no de bestialismo, sadismo, etcétera, educación sexual compulsiva, ataques a la virginidad, al celibato sacerdotal, a la noción misma de castidad matrimonial o no. Inseminación artificial, tasa de natalidad negativa.

Escapismos

Alcoholismo, suicidios.


Nuevas drogas, en todas las capas sociales. Más alcoholismo, más suicidios.

Alcoholismo en chicos y chicas, (las “previas”), novísimas drogas baratas, vendidas y distribuidas por doquier. Adicciones cibernéticas, pactos suicidas, aislamiento, mp4, “conexiones” y todo tipo de vínculos virtuales, “amigos”.


Locuras

Melancolías, tristezas, fobias, desórdenes mentales, alucinaciones, brujerías, posesiones diabólicas.


Extendidas depresiones, mayor cantidad de enfermedades mentales, de fobias y de cuadros de desórdenes mentales de todo tipo.

Casos insólitos de nuevas obsesiones, “panic attack”, síndromes de fatiga crónica, nuevas adicciones de todo tipo, bulimia, anorexia, bipolaridad, ADD, incapacidad de concentrarse, de prestar atención.

Desórdenes

sociales

Violación de leyes, del orden social, de la jerarquía, faltas de respeto, profanaciones, violencia, injusticias particulares, sociales, pobreza.

Países enteros sin estado de derecho, desorden social extendido, tasa de natalidad descendente, un arte subversivo, megalópolis peligrosas, hippies burgueses, guerrilleros marxistas, primeros carteles de narcotraficantes.


Desjerarquización del matrimonio, ruptura de la patria potestad. Desprestigio sistemático de la fidelidad matrimonial, del ama de casa, de la amistad. Ruptura de códigos, leyes, reglamentos, quiebra del Derecho, abandono de buenas costumbres, del decoro, de la cortesía, de la caballerosidad, olvido del sentido del honor. Liberación femenina, incomunicación de los jóvenes (y de más y más adultos), pérdida del sentido del humor, violencia del lenguaje. Culto de lo feo, rock satánico, tatuajes, piercing. Violencia y descontrol en la ciudad y en el campo, piquetes, mujeres grandes aniñadas, expoliación de los pobres, insultante exhibición de riquezas. Poder creciente de los narcotraficantes, de las maras, inmigraciones masivas.

Guerras



Reglamentadas, entre ejércitos.

Mayor cantidad, mayor poder de destrucción, bombardeos indiscriminados de poblaciones civiles, guerra bacteriológica, dos bombas nucleares, seis genocidios.

Innumerables, poder de destrucción siempre creciente… pendientes.