Páginas

lunes, 27 de febrero de 2017

¿Una trampa de Bergoglio?

Tomado de Adelante la Fe:

Miguel Ángel Yañez

En los últimos días ha surgido el rumor, que hasta donde podemos saber  tiene un alto grado de verosimilitud, de que la Fraternidad San Pío X habría adquirido ya en Roma, o estaría a punto de hacerlo, la sede de la futura prelatura personal que se ve en la fotografía, para lo cual habría mediado el propio vaticano a través de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei.
Se confirme finalmente o no esta adquisición, lo que parece indudable es que hay una gran expectación ante lo que parece un cercano acuerdo que supondría una noticia de gran alcance en todo el mundo eclesial.
Personalmente, tengo una gran esperanza e ilusión porque así se produzca. Tuve el honor y el privilegio de poder conocer en persona a Mons. Lefebvre en el año 1989 en Econe, y me dejó una imborrable impresión. Creo que con la concesión de la prelatura personal se haría un acto de justicia hacia su persona y su obra, como recientemente señaló también Mons. Schneider, el cual dijo estar convencido de que la obra que fundó Monseñor Lefebvre ha formado parte del Plan de la Providencia para salvaguardar la Fe.
Por supuesto no es dogma de fe ni necesario el tener que estar totalmente de acuerdo con todo lo que él hizo o dijo, y como en toda obra también humana habrá habido sus aciertos y desaciertos (más de lo primero que de lo segundo en mi opinión), pero creo que la gran mayoría de los que nos movemos en ambientes “tradicionales” coincidimos en tener un profundo respeto por su figura y pues un ansia de que sea rehabilitada de forma oficial con este reconocimiento de justicia y derecho.
Se suceden continuamente cada vez con más fulgor análisis a favor y en contra de este posible acuerdo, contemplando múltiples puntos de vistas: canónicos, de prudencia, estratégicos, pero con frecuencia se olvida el que para mí es el más importante, el argumento de la salvación de las almas, el de los fieles.
No tiene sentido alguno reabrir ahora debates caducos, pero sí hemos de conceder que los fieles, los simples fieles de a pie que nunca antes han tenido contacto con el tradicionalismo, serían los grandes beneficiados de esta operación. Ellos no tienen que ser especialistas en derecho canónico ni tener conocimiento como para determinar lo que es el estado de necesidad, si las suspensiones a divinis son válidas o no y toda esa cuestión canónica que acompaña a la FSSPX, en cuyo debate no pretendo entrar aquí y que pienso es absurdo siquiera replantear en este momento histórico.
Creo que no merece la pena argumentar que la FSSPX tendría una INMEDIATA entrada de muchísimos fieles y sacerdotes que les da un cierto resquemor su situación canónica “irregular”, y ello conllevaría como efecto inmediato el que MUCHAS más personas tendrán la posibilidad de acceder a los sacramentos tradicionales  y la sana doctrina, pudiendo así salvar más almas que si se siguiera reducido al grupo de fieles habituales. Pienso en cuántos pobres sacerdotes diocesanos hay que viven martirizados por sus obispos y que podrían integrarse en la prelatura.
Si lo vemos desde un punto de vista puramente humano es indiscutible que podría parecer un suicidio, pero si lo vemos desde un plano sobrenatural habría que tener ese valor que tiene el guerrero que se lanza al campo de batalla sin saber sin morirá o no, pero confiando en su comandante que los guiará a la victoria. La Fraternidad San Pedro, a la que se le vaticinaba sería destruida al poco, lleva ya 25 años en liza, y sin obispos, lo cual es un detalle a tener en cuenta.
Se está argumentando mucho que hay miedo a que este acuerdo silencie a la FSSPX, como de hecho ocurre de facto con otros grupos regularizados. Yo, a decir verdad, no tengo miedo de eso porque la repercusión sería poca. Hace 25 años, cuando no había internet, la FSSPX representaba casi la única organización que tenía poder estructural y económico para difundir ideas mediante libros, audios, conferencias. Hoy todo esto se ha relativizado por completo gracias a internet, y pienso que hace ya años que el verdadero peso crítico no lo lleva ni la FSSPX  ni absolutamente nadie similar o de la órbita, sino las páginas webs de laicos muchas de ellas con ayuda de sacerdotes a título individual.
Es momento de unidad, momento de ilusión y sobre todo momento de orar al Espíritu Santo para que nos ilumine a todos en este combate.
Francisco ha traído una gran desolación, pero –y he aquí los caminos insondables del Señor- está consiguiendo unir a muchas personas que están abriendo los ojos y que, olvidando viejas rencillas, empiezan a ver a quienes consideraban enemigos hasta hace poco, como hermanos de batalla.
Recemos por ello.


Agregado wanderiano: Muchos integrantes de la Fraternidad tienen el temor de que el ofrecimiento de una prelatura personal se trata de una trampa: dejar a la FSSPX a merced del Vaticano. Y ponen como ejemplo lo sucedido con los Franciscano de la Inmaculada y la Orden de Malta: intervención pontificia, y se acabó lo que se daba.
Pero hay una diferencia fundamental: la FSSPX, llegado el caso, puede resistir y tiene una enorme capacidad de resistencia. Los pobres franciscanos grises fueron capaces sólo de obedecer; los caballeros de la Orden de Malta declararon la guerra pero, al primer grito de Bergoglio, salieron corriendo. La Fraternidad nació, en cambio, en el resistencia. Recordemos la saña con la que fue perseguida por Pablo VI a través de quien fuera su Secretario de Estado, el cardenal Villot y, detrás de él, todo el episcopado francés. Juan Pablo II llegó al extremo más cruel de humillación e injusticia cuando excomulgó a Mons. Lefebvre y a los obispos por él consagrados. Y, a pesar de todo eso y muchísimos episodios más, resistieron, y se fortalecieron. Llegado el caso de que a algún Papa se le ocurriera iniciar una persecución, la FSSPX tiene espaldas suficientes para resistirla.
¿Por qué, entonces, hace esto Francisco, si no es para tenderles una trampa? Por una razón muy sencilla: la sinrazón de su voluntad omnímoda. Como ya hemos dicho hasta el hartazgo en estas páginas, Bergoglio es puro intelecto práctico vaciado de intelecto especulativo: no entiende ni le importan las razones. La única razón es su voluntad. Lo hace porque quiere.

viernes, 24 de febrero de 2017

Que así sea

Traduzco el artículo aparecido hoy en Il Foglio:





LOS LEFEBRISTAS VUELVEN A CASA
Mateo Matuzzi

ROMA. La fractura entre la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (los lefebristas) y la Santa Sede está por ser recompuesta. El acuerdo para la institución de la prelatura personal -garantía de amplia autonomía en la gestión y en la pastoral- está próximo. Confirma que el lento y complejo proceso negociado se ha ya solucionado de un modo positivo la intención por parte de Ecône de comprar el complejo de Santa María Inmaculada en el Esquilino, a poca distancia del Laterano. La iglesia neogótica contruida entre fines del ochocientos y principios del novecientos por los Hermanos de la Caridad se encuentra adosada a un edificio destinado en los últimos años a una escuela primaria y secundaria. Es aquí donde, según sabe Il Foglio, surgirá un Centro de estudios y, en un segundo momento, con toda probabilidad se instalará la sede de la casa generalicia de los lefebristas. 
Quien ha acelerado todo este proceso ha sido directamente el Papa, a través de Mons. Guido Pozzo, secretario de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei. Del 17 al 20 de enero pasado, se habría alojado en Santa Marta Mons. Fellay (el superior de la FSSPX), mons. Alfonso de Galarreta y el asistente general don Alain Nély. Estas negociaciones han sido presenciadas también la superiora de las religiosas de la Fraternidad. Don Nély es la persona encargada de completar la compra del complejo. 
Que Francisco tenga un rol de primer plano en las tratativas no debe sorprender. Recordaba el mismo Fellay que la relación entre Bergoglio y la Fraternidad tiene raíces profundas. “Nos conocemos desde Argentina. Estábamos en contacto con él porque allí un concordato permite a los sacerdotes extranjeros obtener un permiso de residencia con la condición de que el obispo esté de acuerdo.Cuando tuvimos problemas con algún obispo local, que no quería nuestra presencia, nos reunimos con el cardenal Bergoglio para exponerle el tema. Su respuesta -agregó el Superior General de la FSSPX hace un año- fue clara: ‘Obviamente tú eres católico y no eres cismático. Yo te ayudo’. Y lo hizo. Se contactó con Roma y escribió una carta al gobierno sobre nuestra situación”.
Luego, siendo ya Papa, con ocasión del Jubileo extraordinario de la misericordia, concedió a los fieles que “por diversos motivos” frecuentan las iglesias en las que celebran los sacerdotes de la Fraternidad, el recibir válida y lícitamente la absolución sacramental de sus pecados, facultad que se extendió más allá del periodo jubilar, “confiando en la buena voluntad de sus sacerdotes a fin de que se pueda recuperar la plena comunión en la iglesia católica”. 
Los problemas, sin embargo, permanecen, sobre todo al interior de la variada realidad lefebrista. La situación en pocas palabras es la que se planteó en 2012 cuando, Mons. Fellay, sorpresivamente, decidió rechazar la mano extendida de Benedicto XVI, no aceptando las condiciones teológicas puestas por Ratzinger para una conclusión positiva del negociado. Fue decisiva la fractura existente entre el ala alemana y el ala francesa de la Fraternidad. Si hubiese sido por la primera, la FSSPX habría vuelto a la comunión con Roma hace cinco años. Los alemanes consideraban que las cuestiones que se discutían podían resolverse y que, por tanto, no debía cerrarse la negociación. Pero la frustraron los franceses, mucho menos dispuestos al trato.
Fellay parece dispuesto a superar el impasse, aún a costa de dolorosas pérdidas entre sus fieles y sus sacerdotes. 

miércoles, 22 de febrero de 2017

Cátedra de San Pedro en Antioquía


Se celebra hoy el día de la Cátedra de San Pedro en Antioquía, la primera sede del Príncipe de los Apóstoles, día propicio para una (enésima) reflexión sobre su actual sucesor en la sede romana, el Papa Francisco. Y me ha dado pie a esta reflexión un artículo reciente de Juan Manuel de Prada. 
Ya en otras ocasiones habíamos discutido  sobre el peligro que corremos al criticar severamente al actual pontificado, peligro que consiste en caer en la ideología de creer que “Cualquier tiempo pasado fue mejor”, es decir, que cualquier papado anterior al de Bergoglio fue mejor, y que este personaje es una sorpresa que nos provoca una desazón que ningún otro podría haber provocado. Y la cosa no es tan así. 
No cabe duda que el Papa Francisco y su pontificado son calamitosos, probablemente uno de los peores de la historia, y si todavía hay historia por venir, así será recordado. Sin embargo, la realidad es -y la ideología podría obnubilarnos y no verla- que los pontificados inmediatamente anteriores fueron casi tan malos como el actual. El condimento que Bergoglio agrega, y por eso se nos atraganta con tanta facilidad, es su desparpajo, su ordinariez y su vulgaridad pero el río que corre en el fondo, es el mismo, aunque ahora lleve más espuma.
El mundo conservador se escandalizó en los últimos meses porque Francisco visitó Suecia para “celebrar” el inicio de la Reforma protestante. Allí fue recibido con honores por obispos y obispas, y no tuvo el menor gesto crítico con respecto a Lutero y a su herencia. No es para menos nuestro enfado. Sin embargo, como ya dimos cuenta hace un año, el 16 de septiembre de 1975 el papa Pablo VI se arrodilló ante el metropolita Melitón de Calcedonia, arzobispo ortodoxo, y besó sus pies, y casi una década antes, en 1966, al encontrarse con Michael Ramsey, arzobispo de Canterbury, se sacó el Anillo del Pescador y lo puso en el dedo del obispo anglicano. ¿Y no recordamos, acaso, el penoso espectáculo que dio Juan Pablo II en Asís en 1986, cuando puso nuestra fe en igualdad no sólo ya con otras confesiones cristianas sino con cultos idolátricos?
Nos enojamos y refunfuñamos porque Francisco se complace en aparecer en todos los medios mundanos, con una sonrisa de oreja a oreja que bien sabemos los argentinos que es falsa, y aspira a ocupar el puesto de liderazgo mundial del progresismo. ¿Es que hizo algo distinto Juan Pablo II? El que había sido actor amateur en su juventud, se consumó en su madurez, cuando aparecía como una estrella más de la televisión y gustaba rodearse de celebridades como Mohamed Alí o Bob Dylan. Y si de gestos teatrales hablamos, es cuestión de mirar los videos de Pío XII o su famosa foto en San Lorenzo Extramuros luego del bombardeo para darse cuenta de su impostación actoral. Bastante saben al respecto los italianos, según podemos ver en este video (para reír). Más aún digo, ¿no fue acaso Pío IX quien comenzó a repartir Urbi et Orbi estampitas con su imagen? ¿Desde cuándo se había visto en la Iglesia católica tamaña idolatrización del figura del Papa? Allí debemos buscar los polvos de estos lodos.
Estamos a punto de lanzar una nueva cruzada porque Francisco nebulosamente se ha pronunciado a favor de permitir la comunión a los divorciados vueltos a casar, y clamamos al cielo por esta profanación del sacramento del matrimonio. Nos olvidamos que desde hace décadas los recasados reciben la eucaristía. Yo mismo lo he visto en iglesias de pequeñas ciudades argentinas; qué no pasaría entonces en las metrópolis europeas. El problema es que se trata más bien de la profanación del sacramento de la Eucaristía, la que tiene larga data. Es cuestión de rememorar que Juan Pablo II -una vez más-, daba la eucaristía a Marcial Maciel, debiendo saber porque se las habían comunicado las atrocidades que este sacerdote había cometido, y promovía la Jornada Mundial de la Juventud y otros encuentros masivos similares, donde la Sagrada Comunión era distribuida en recipientes de plástico, pasada de mano en mano y recibida por cualquier atolondrado -millones de ellos-, que formaban fila mientras tarareaban canciones de moda. Me parece una profanación mucho mayor. 
El Papa Francisco no es un extraterrestre que se posó mágicamente en el Vaticano. Es el fruto podrido de un proceso que comenzó hace más de un siglo y medio. Sin ese proceso no pueden entenderse Bergoglio y tampoco Juan Pablo II y Pablo VI. Más aún, sin ese proceso no puede entenderse el Vaticano II. Aquellos que cándidamente añoran volver a los venturosos años del pontificado de Pío XII no caen en el cuenta que fueron los obispos elegidos por este pontífice los que votaron alegre y tontamente todos los documentos del Concilio, a los que sólo un puñado de prelados se opuso. 
No estoy defendiendo a Bergoglio ni a su pontificado. Lo señalé como una calamidad desde el día mismo de su elección. Estoy advirtiendo simplemente del error que significaría achacarle a él todos los males de la Iglesia, pintar de rosa el pasado, confundir al cardenal Burke con San Atanasio y terminar cayendo en la ideología. 

lunes, 20 de febrero de 2017

Los pocos

Entrada de Oriel College, del cual Newman era fellow. 

Especialmente cuando reflexionaba a solas, me venía la idea de que una auténtica transformación no la llevan a cabo los muchos sino los pocos, no los grupos o corporaciones sino las personas concretas.

Cardenal John Henry Newman, Apologia pro vita sua, c. I.

viernes, 17 de febrero de 2017

Avisos parroquiales


1) Se cumple este año una década del Motu Proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI con el que, luego de más de cuarenta años de injusticias,  se permitió que la Santa Misa en rito romano tradicional pudiera ser celebrada nuevamente por cualquier sacerdote y no se privara ya más a los fieles de ese tesoro de la Tradición.
Por tal motivo, la peregrinación que realizan anualmente a Roma las comunidades de sacerdotes, religiosos y fieles laicos ligados a la Santa Misa Tradicional revestirá en esta ocasión un carácter especial. Se está organizando desde Argentina un grupo que viajará para este acontecimiento, aprovechando la oportunidad para conocer profundamente los lugares de la Urbe más significativos para nuestra fe y nuestra cultura. En cuanto la información esté disponible, la haré conocer por este medio.

2) Nuestro amigo Jack Tollers acaba de publicar en su sitio Et voilà una nueva traducción. Se trata esta vez del artículo Acerca de la solemnidad: una cuestión esencial por Peter Kwasniewski. Una nueva e interesante mirada a la crisis litúrgica que sufre la Iglesia desde el Concilio Vaticano II. 

jueves, 16 de febrero de 2017

Las diversiones del rey


Creo que, desde Luis XIV, el Rey Sol, monarca absolutista más paradigmático de Occidente, que no asistíamos a un espectáculo de despotismo como el que está brindando al mundo el misericordioso Papa Francisco.
Hoy nos enteramos que ha enviado al Cardenal Burke a la isla de Guam, ubicada en medio del océano Pacífico, a investigar un oscuro caso de abuso sexual, ocupación en la que presumimos pasará varios meses, o años.
Cualquiera de nosotros puede imaginar las carcajadas que en estos momentos se escucharán en los apartamentos pontificios de Santa Marta.

¡Viva la misericordia!


miércoles, 15 de febrero de 2017

Carnet de católico tradicionalista

Días atrás, un lector pidió con insistencia que publicara los lugares donde se celebra la misa tradicional que él enviaba, y resultó ser que eran solamente los lugares donde tienen prioratos o algún centro la FSSPX. No cabe duda que la Fraternidad tiene un liderazgo, sobre todo en Argentina, en mantener la misa tradicional, y eso debe ser definitivamente reconocido. Pero, a Dios gracias, la misa tradicional la celebran también regularmente muchos sacerdotes que no pertenecen a la FSSPX. Y cada vez en mayor número. En varias diócesis argentinas se trata de misa dominicales: San Miguel, La Plata, Mendoza, San Rafael, San Luis, Villa María y otras más. En otros países de Latinoamérica sucede lo mismo.
En Estados Unidos casi todas las diócesis (y son cientos) tienen misa tradicional, y lo mismo ocurre en Europa donde hay parroquias donde solamente se celebra ese rito, por ejemplo, las que tienen a su cargo la Fraternidad San Pedro o el meritorio Instituto Cristo Rey, o la parroquia Saint Eugene de París, atendida por sacerdotes del clero secular.
Esta realidad, que a veces nos resulta desconocida, me impulsa a reproducir un artículo que escribió hace algunas semanas el director de Adelante la Fe, don Miguel Ángel Yañez. Llamo la atención particularmente de lo que afirma de la nota (1).

Hay una serie de personas y grupos que día sí y día también, a golpe de teclado en blogs, foros y redes sociales, se encargan de repartir carnets de católico “tradicional” (1) puro o impuro, auténtico o liberal, sentenciando con todo tipo de anatemas a quienes no compartan su punto de vista sobre qué hay que hacer o cómo comportarse en la situación de crisis de la iglesia que vivimos.
Se empeñan en que el elemento de corte no sea tener la misma Fe, sino compartir la dogmatización de su criterio acerca de cómo actuar. En líneas generales, para una gran mayoría de estas personas parece que es absolutamente imprescindible que los sacerdotes tengan algún tipo de irregularidad canónica como marchamo de autenticidad tradicional, y aquellos que no la tienen, ya pueden decir o hacer lo que quieran, que son rápidamente denostados como apestados por ser “tradi-liberales”, “primaverales” o similares (léase persona que mantiene la Fe católica 100%, pero no ha sido sancionado por la autoridad o no comparte el criterio sobre qué hacer de algunas personas o grupos).

Con semejante principio, la disgregación de estas personas en grupúsculos que a su vez tienden por naturaleza a seguir subdividiéndose crece hasta el infinito, puesto que todos excluyen a quien, aun compartiendo la Fe, disienta en su forma de actuar en algún punto.
No se trata aquí de hablar de casos concretos, sino de hacer un llamamiento al sentido común y a la unidad. Desgraciadamente no existe un catecismo de cómo comportarse ante una crisis de estas dimensiones en la Iglesia, y podría ser que varios enfoques o “carismas” sean igualmente válidos y complementarios. Estamos en una auténtica batalla, donde como en un ejército deben existir todo tipo de combatientes, desde los aguerridos soldados de primera línea y operaciones especiales, hasta los ingenieros, intendencia e incluso espías camuflados entre el enemigo. El punto de unión de ese ejército siempre debe ser los mismos ideales, y lo que no puede ser es que nadie pretenda imponer que el ejército sólo debe componerse de la tropa a que corresponde su pelotón, pues estaríamos deslizándonos peligrosamente hacia el sectarismo.
La Comunión con la Iglesia, la auténtica, no se basa SÓLO en tener el “sellito”, el “papelito” canónico, como le llaman algunos, y mucho menos aún en no tenerlo. La misma se fundamenta en dos puntos jerarquizados, unidos e indisolubles: La unión en la misma Fe y el vínculo canónico con la autoridad.
Primero es la Fe, nos debería unir la misma Fe que tenga el papa y los obispos y luego, COMO CONSECUENCIA, DERIVADO E ÍNTIMAMENTE INDISOLUBLE LA UNIÓN CANÓNICA A ELLOS. Pero ¿y si la propia autoridad rompe el vínculo en la Fe, fundamento y fuente de la unión canónica? Pues es evidente que se estaría creando una situación anómala de la cual es responsable la propia autoridad que la rompe, y no el fiel o clérigo que la sufre, lo cual a su vez, dicho sea de paso, tampoco justifica que hagamos lo que nos venga en gana. Y digo anormal porque ante dicho hecho, se tenga o no el “papelito”, nadie estaría en comunión auténtica con dicha autoridad, porque la comunión en la Fe no existiría en ningún caso, pero no por decisión del inferior, sino del propio superior que la ha roto.
Estaríamos así ante dos supuestos que vemos en el mundo tradicional:
1) Por un lado quienes no tienen ni comunión de Fe ni canónica con la autoridad (2).
2) Por otro lado quienes por mucho que lo disimulen y camuflen tampoco tienen comunión de Fe, pero sí canónica, lo cual en realidad no sería más que una apariencia de Comunión. Estaríamos ante una nueva tipología de división en la iglesia en la que existiría una apariencia de comunión con la autoridad sin unión en la Fe –lo cual como hemos visto jamás sería una auténtica Comunión-, y dicho sea de paso sería una situación también absolutamente anormal sin precedentes a pesar de la apariencia de normalidad.
Como ven la situación es sumamente confusa para unos y para otros y esto debe hacernos bascular prudentemente hacia no querer imponer a los demás nuestra opinión de qué hacer o de lo que está por venir, que sólo Dios sabe. Si mantenemos la misma Fe, elemento principal de Comunión con la Iglesia roto por la propia autoridad, debemos considerar a los demás hermanos de la lucha y –a lo sumo- rezar por ellos y dialogar serenamente sobre aquellos puntos pragmáticos que pensemos sean conflictivos, pero siempre asumiendo con caridad que son personas tan católicas como nosotros, en una situación extremadamente confusa, y no queriendo imponer de forma dogmática y sumarísima nuestro particular punto de vista en una situación en la que lo más parecido donde mirarnos sería en la época del arrianismo, donde la Iglesia ha canonizado a grandes Santos confesores como San Atanasio y San Hermenegildo, que demostraron con sus hechos que no existe comunión verdadera sin comunión en la Fe. Recordemos también que en la historia de la Iglesia ha habido incluso grandes santos, como San Vicente Ferrer, que en su época se adhirieron erróneamente a un antipapa pero, a pesar de eso, han sido canonizados por la iglesia, por lo que no debemos fulminar tan categóricamente a quien sea nuestro hermano en la Fe pero pensemos se equivoca en alguna decisión práctica en estos momentos de confusión.
El simple fiel no tiene porque ser un experto en derecho canónico, y por ello debe siempre tender a lo más prudente y seguro bajo el criterio de la comunión en la Fe íntegra sin soluciones extremistas, alocadas e imprudentes, manteniendo en cualquier caso el principio de autoridad y no tomando decisiones por su cuenta. Un laico -o un clérigo- no es nadie para decidir quien es papa o quien no, por ejemplo. Es mejor esperar la decisión de la Iglesia que anticiparse a ella. Sinceramente no veo porque si se puede estar “regularizado” canónicamente y quitar a sacerdotes y fieles quebraderos de cabeza “canónicos”,  incluso si sólo fueran aparentes, habría que estar irregularizado como si eso fuera nuestra garantía de catolicidad. No le veo ningún sentido excepto el pretender mantener nuestra capillita particular.
Tengamos también presente que Dios suscita nuevas almas y autoridades que se van uniendo al combate y que, como muchos de nosotros, y como Dios hace muchas veces las cosas, se incorporan gradualmente a la batalla. Si nos dedicamos a descalificarlos buscando en su pasado elementos que podrían parecer incoherentes, o algunas opiniones inmaduras, jamás podría salir un nuevo defensor de la Verdad, porque a todos objetaríamos algo, incluido a la mayoría de nosotros mismos. Miremos pues no tanto que hicieron, sino que hacen en la actualidad o hacia qué están dirigiéndose claramente, y tengámoslos como una esperanza y no como un enemigo. Quien siembre lo contrario se equivoca gravemente.
In necesariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas – En lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad (San Agustín).

Miguel Ángel Yáñez

(1) Estrictamente hablando no existe el católico “tradicional”, o se es católico o no se es. No pude existir un católico “no tradicional”, máxime cuando la Tradición es una de las fuentes de la Revelación.

(2) Hablo siempre de la autoridad en un sentido amplio, lo que no quita que ha habido y hay honrosas, pero bien escasas, excepciones en la jerarquía. Desde hace 50 años, por acción u omisión, la jerarquía viene rompiendo la unidad en la Fe.

lunes, 13 de febrero de 2017

El liderazgo de Francisco

La semana pasada, el académico italiano Loris Zanatta publicó en Clarín una columna fuertemente crítica al Papa Francisco. Tras una primera lectura, pareciera que le cuestiona que no es suficientemente liberal. Sin embargo, detrás hay una crítica mucho más profunda y cáustica. Le dice en la cara que es un ignorante. Y lo prueba con los hechos. 
No es novedad. Lo venimos diciendo en este blog desde el inicio mismo de este catastrófico pontificado. Lo que llama la atención es lo siguiente: ¿cómo es posible que un hombre que documenta diariamente su ignorancia cuando abre la boca siga manteniendo el liderazgo que posee? La mediocridad de Bergoglio ya no es solamente señalada por algunos blogs “ultraconservadores”, sino también por intelectuales de peso como Zanatta. Ya no es solamente un chiquilín el que se ríe porque el rey está desnudo, sino que los notables del reino también lo admiten. Y, sin embargo, el rey sigue reinando de lo más campante.
La pregunta que me interesa discutir en este artículo es sobre quiénes ejerce su reinado el rey, o bien, quienes se recuestan sobre el liderazgo de Bergoglio. Dentro de la Iglesia, es el líder indiscutible del sector más progresista del episcopado, encabezado por el cardenal Marx. La mayor parte de los obispos son solamente adulones y no reconocen otro liderazgo más que el de aquel que ostenta el poder y cambiarán de fidelidades cuando cambie el Papa. Sin embargo, Francisco está perdido el liderazgo en un amplio sector de fieles que nunca se rebelará contra el papado pero que toma distancia de sus enseñanzas. Las desventuras de la enamoradiza Leticia no ha caído bien en aquellos fieles que, justamente, se han mantenido fieles a la doctrina de siempre por el sensus fidelium.
En el ámbito político internacional, Bergoglio lidera la izquierda. Y este liderazgo no se lo atribuyo yo, sino que se lo asignó hace algún tiempo el Washington Post. Y no hacen falta muchas luces para darse cuenta que es la referencia del progresismo: desde el de Hilary Clinton hasta el de los medios masivos de comunicación. En un mudo que está girando a la derecha, ellos lo han aupado como su líder. Y como tal lo presentan los vicarios de los poderes oscuros. Basta abrir cualquier diario para darse cuenta. 
Un caso particularmente sintomático ocurrió hace pocos días. El Super Bowl es la final del campeonato nacional de fútbol de Estados Unidos, un encuentro deportivo que es visto por cientos de millones de personas. Pues bien, para ese encuentro el Papa Francisco envió un mensaje que fue transmitido durante el partido. La pregunta que enseguida viene a la cabeza es cómo fue posible que el jefe espiritual de la Iglesia Católica haya conseguido tamaño privilegio en un evento mundano si los hay y en los que cada segundo vale millones de dólares. La respuesta es sencilla: porque cuenta con el apoyo de toda la progresía que no escatima en gastos a la hora usarlo como ariete contra Trump, y él aprovecha para consolidar su liderazgo. 
Por otro lado, no dejo de asombrarme que teniendo tamaña oportunidad y tamaña audiencia, el Vicario de Cristo no hay hecho la más mínima alusión no ya a Nuestro Señor, sino al mismo Dios. Sus palabras fueron las de un líder terreno: la paz, el encuentro y la solidaridad; lo mismo que podrían proclamar Ghandi, Rigoberta Menchú o John Lennon. No puedo dejar de recordar uno de los capítulos finales de El Señor del Mundo de Benson, cuando Felsenburg se dirige a la humanidad entera que está pendiente de sus palabras llevando un mensaje de paz...
Si alejamos un poco el zoom del panorama que estamos pintando, nos encontraremos con un cuadro interesante: pareciera que el papado ha retomado el liderazgo que tenía en épocas medievales, cuando todos los reyes y soberanos cristianos le estaban sometidos y su palabra era apreciada por todos los hombres. Claro que hay una diferencia: los soberanos que ahora se le someten no son ya cristianos y su palabra es recibida y aplaudida por un mundo que apostató de Cristo. En pocas palabras, el Papa Francisco es el líder del enemigo
Vicario de Cristo, Sucesor de Pedro y líder de las Fuerzas Oscuras: ambigüedad si las hay. 

viernes, 10 de febrero de 2017

Los espíritus falsos

Espíritus falsos son aquellos que no tienen el sentimiento de lo verdadero, y sí sus definiciones; que miran en su cerebro, en lugar de mirar lo que tienen ante sus ojos; que, en sus deliberaciones, consultan las ideas que tienen de las cosas, y no las cosas mismas.” Joubert

Bienquisto don Gabino:
Cuando la neblina parece impenetrable, hay que pegarse al suelo para ver más lejos. No hay que renunciar a la cabeza, digamos, sino abajarla para no confundir figuras y acabar estrellados. Y eso es propio de los buenos espíritus, que por hacerse pequeños Dios le concede su sabiduría. 


Tengo en mi contra ser joven y no ser erudito; y a mi favor, sólo este pequeño y descosido libro que encontré en mi biblioteca y que ahora releo con gusto. Se trata de “La cabeza bien formada” de Charmot (lo conseguí hace un años a $10 en el desecho de un colegio “católico”). Tiene que ver con algo que conversábamos en la última tertulia: sobre cómo distinguir los falsos espíritus, sobre cómo prevenirse de no caer en sus redes, sobre cómo evadirse de sus abanderados, e via dicendo… 
Sería divertido rememorar ese encuentro y dejar que los amigos continúen masticando el asunto. Pero mejor parece proponer un punto de partida más alto. Y por eso se me ocurrió enviarle algunas líneas preclaras, que bien pueden servirnos de prevención, examen y reflexión. 
Siempre será conveniente no decir nada, cuando uno no tiene nada por decir. Así, pues, sin más dilaciones, transcribo aquí lo que me interesa compartirle: 
Sobre los espíritus geométricos:
. “Llamamos así a los que carecen de espíritu de sutileza en los problemas donde la verdadera solución no es hallada más que por el espíritu de sutileza (…) el espíritu geométrico, vigoroso en el razonamiento, se convierte en espíritu falso cuando emplea la lógica abstracta y deductiva donde ella no tiene lugar y donde la verdad, como el agua de las mallas de una red, escapa a las prisiones del raciocinio.”
. “La lógica abstracta y rigurosa de un Alcestes transforma todas las relaciones sociales en disputas, en duelos, en roces, en rupturas.”
. “El espíritu de sutileza es intuitivo; como discierne las relaciones que las cosas tienen entre sí, una nota, una palabra, un color, un gesto, le bastan para descubrir todo un mundo de correspondencias y de armónicos en lejana vibración”.
. “La estrechez de espíritu puede provenir de la mezquindad de carácter (…) La estrechez de espíritu resulta de una vista reducida del mundo.”

Sobre los espíritus denigrantes:
. “Los espíritus denigrantes son ciegos en parte; miopes, si se quiere. Dotados de una percepción aguda del mal, no perciben para nada el bien; y por eso mismo carecen de clarividencia, de discernimiento, es decir, de espíritu crítico en el buen sentido de la palabra.”
. “Un juicio es siempre una especie de confesión; por sus apreciaciones se manifiesta el valor de su inteligencia, de su gusto, de sus principios, de su sentimiento. Con frecuencia se traiciona la propia mediocridad a los oídos de los conocedores. La incomprensión de ciertas sutilezas de razonamiento o de profesión artística aparece ridícula ante quienes tienen el sentido de ella.”
. “Los espíritus justos comprenden la necesidad de estos miramientos saludables que manifiestan la bondad de la Providencia; y al mismo tiempo mantienen la absoluta firmeza de los principios. Los espíritus mal formados no comprenden esta actitud y no perdonan a las personas; la verdad es en sus manos una fuerza orgullosa que no se contiene y que aplasta a los débiles.”
Y el autor avanza en sus pensamientos, desenmascarando los espíritus en facetas, no realistas, apasionados, superficiales. Pero hasta aquí lo referente a la reunión pasada, y a una cierta propensión que puede hallarse en algunos blogs y otros comentadores de "tecla fácil". 
Al que le quede el saco, ¡que se lo ponga!
Con la amistad a cuestas, lo saluda
El poeta

jueves, 9 de febrero de 2017

Los obispos

All Souls College, Oxford.

En el primer Tracto escribí de los obispos que "siendo, como habían sido, un hecho luctuoso para el país, no podíamos desearles un final más gozoso de su carrera que la pérdida de todos sus bienes, y el martirio".

Cardenal John Henry Newman, Apologia pro vita sua, c. II.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Eso no se hace


Este ejemplo no debe ser imitado. Debemos ser hijos obedientes y piadosos de nuestros obispos.

lunes, 6 de febrero de 2017

Un profeta ante la "gran calamidad"

Transcribo a continuación la entrevista que el diario La Prensa realizó a Sebastián Randle, autor de la monumental biografía del P. Leonardo Castellani.

22.01.2017 | El biógrafo del padre Castellani explica el destino singular del olvidado sacerdote y escritor. Sebastián Randle sostiene que el autor de "El Evangelio de Jesucristo" era un tipo difícil al que le tocó denunciar la Gran Apostasía. Ni entonces ni ahora se le prestó la debida atención.
Por Jorge Martínez

Hace tiempo que no se habla del padre Leonardo Castellani. Un olvido injusto por donde se lo mire, que a la vez pasa por alto la profundidad de una de las grandes mentes del catolicismo de habla hispana en el siglo XX, y soslaya el talento literario de sus numerosos escritos repartidos en libros, artículos, conferencias y homilías.
Políglota, teólogo y exégeta, pero también periodista, crítico literario, poeta y novelista: Castellani (1899-1981) dejó una obra tan vasta -al menos 60 volúmenes- como rica por la agudeza de sus reflexiones y el encanto de su estilo, una marca inconfundible del autor. Ese estilo personalísimo que nunca perdía el humor ni la campechanía aunque hablara del Reino de los Cielos, el Fin de los Tiempos o la Parusía y que era como el destilado accesible al lector corriente de una honda sabiduría acumulada en decenios de estudio y oración.
Era ese uno de los muchos rasgos que lo acercaban a G.K. Chesterton, escritor al que admiraba y al que tanto se parece pese a las diferencias de temperamentos y peripecias vitales.
Castellani fue un personaje a todas luces extraordinario que hace algo más de un decenio encontró al biógrafo digno de su estatura. El doctor Sebastián Randle, hombre de la Justicia, aficionado a las letras y católico combativo, acometió la empresa en sus ratos libres como trabajo de amor y de reparación. El resultado fue Castellani, 1899-1949, biografía monumental publicada en 2003 por la editorial Vórtice, que recorre la mitad de la vida y la obra del sacerdote nacido en Reconquista, provincia de Santa Fe. Y que lo hace con las adecuadas dosis de fe, cultura y buen humor para mejor retratar a semejante biografiado. En marzo próximo saldrá la continuación de esa obra insustituible.
Mientras aguarda esa nueva publicación, Randle accedió a responder por correo electrónico algunas consultas de este diario sobre el hombre al que dedicó toda una vida de lecturas y -al menos- dos decenios de investigación y escritura.
-A pesar del olvido ominoso en que cayó, el padre Castellani fue, como autor, muy leído e influyente, al menos dentro de ciertos sectores. ¿Cómo podemos medir hoy la influencia cultural, política y hasta teológica que tuvo en su tiempo?
-Yo creo que es una pregunta imposible de responder, a menos que distingamos y digamos con toda claridad qué cosa queremos decir con "influencia". Si de números de personas se trata, puede que el grupo de "influenciados" sea relativamente importante. Pero si la "influencia" refiere a la gente que realmente lo entendió, que le fueron fieles luego, que se hicieron (de una u otra manera) discípulos de él, me parece que son pocos, muy pocos. De entre mis amigos, los que realmente entendieron a Castellani, son poquísimos. Eso a él lo tenía sin cuidado y a mí, ¿qué quiere que le diga?, también.
-Hay en la obra de Castellani un estilo característico, rápidamente identificable, un encanto muy personal. Usted lo define como propio de un "gran comunicador". ¿Cómo cree que lograba esa comunicación tan eficaz?
-Su poder de comunicación no tiene ningún secreto: había hecho los deberes, sabía su castellano (y seis lenguas más), sabía hablar muy bien (óiganse sus sermones que están en Internet) y escribía como los dioses. Tenía un inmenso sentido del humor y era original en extremo. Así cualquiera.
-¿Cuál es a su juicio el mejor libro? ¿Y por dónde recomendaría empezar a leerlo a quienes no lo conocen?

-Su mejor libro, a mi juicio, es El Evangelio de Jesucristo. Yo empezaría por ahí. O quizás, por algunas de las antologías de sus escritos, como la realizada entre nosotros por el P. Biestro o en España por Juan Manuel de Prada.
-En varios pasajes habla usted de un lado sombrío, "maldito", de Castellani. ¿A qué se debían esas aflicciones íntimas en una persona que por otra parte parecía ser tan creativa y enérgica?
-Vea, si a usted le pasa la mitad de lo que le pasó a Castellani en los primeros cinco años de su existencia, vaya si no va a tener "aspectos sombríos" y "lados oscuros" en su personalidad. En eso es obvio que Freud estaba en lo cierto. Pero además, si nos llegara a pasar la mitad de las cosas que le pasaron a él... pues... Pero, en fin, para contestar enteramente a su pregunta, no puedo sino referir, una vez más, a mi libro.
-Recuerdo que en alguna reseña Castellani definió al escritor inglés Hilaire Belloc como un "profeta". ¿Lo fue también el propio Castellani?
-Alguna vez hablé sobre este asunto de Castellani y sus dotes de profeta. Recurriendo a una categoría kierkegordiana, Castellani se reconocía un "singular" y en esa medida su voz resonaba con aires proféticos, malgré lui. Y no que fuera un caprichoso, como se lo ha acusado tantas inicuas veces, ni que quería hacerse el enfant terrible, ni que estaba loco. Castellani, como cualquier profeta, no tenía vocación ninguna por el martirio: no era un suicida y sabía que decir lo que tenía que decir le costaría carísimo. Pero como Jonás, quiso huir, refugiarse en una vida académica, en una tranquila studiositas de biblioteca, pipa y ocio intelectual. Pero Dios no lo dejó.
El profeta confrontará las potestades seculares si falta hace, pero habitualmente no es ésa su principal incumbencia, sino el confronto con las autoridades religiosas por esconder verdades que Dios quiere luminosas, la denuncia por permitir que la doctrina se corrompa o la acusación por vivir en colusión con el mundo mientras se degradan las costumbres. Por eso el profeta -a imagen de Cristo-, a la larga o la corta, se encontrará de topada con la jerarquía religiosa. Y la historia siempre se repite. Es cuando el pueblo cae en la apostasía que Dios envía al profeta para "chillar", para corregir el rumbo. Sólo que a Castellani le tocó venir a denunciar la Gran Apostasía, posiblemente la última. Era un tipo difícil, creía inminente el fin de los tiempos y nos previno de la Gran Calamidad por venir, a nosotros, los fieles de los países del Plata, desde su ignominia, noche oscura y destierro. Y es parte no pequeña de la Gran Calamidad, que todavía, cincuenta, sesenta años después, aún no se le preste la debida atención.
-La Iglesia parece vivir hoy días de particular zozobra, que tal vez sólo puedan entenderse a la luz del Apocalipsis, libro que Castellani estudió y comentó toda su vida. ¿Se anima a conjeturar qué opinaría el padre a ese respecto? ¿O es que ya lo expresó en algunos de sus libros?
-En efecto, nos tocan vivir días tan oscuros que, por mi parte, no alcanzo a ver casi nada. Y no, ni siquiera Castellani anticipó un Papa como el que tenemos, aparte de contar con un Papa emérito. No señor. Yo me he pasado la vida leyendo a Castellani pero confieso que todo eso me sirve de poco cuando contemplo lo que está sucediendo en la Iglesia. Claro que los fenómenos antiguos que persisten, eso sí, Castellani ayuda a verlos, cosas como el fariseísmo por ejemplo, o la onda anti-parusíaca, se ven con toda claridad. Pero hay cosas nuevas como el plebeyismo y la nadeidad de Bergoglio que a uno lo dejan completamente perplejo. Porque a él, a Bergoglio, digo, ni para Anticristo le da, no señor, no le da el cuero. Y luego, él es el perfecto anti-Castellani ¿no? El jesuita que no estudió nada, que no sabe nada de nada, el progre-peronista diletante y falsificador, el amado del mundo, el irreverente y adulador del mundo al que le fue tan, pero tan bien, que llegó a Papa. ¿Qué le parece? Sí señor, es el anti-Castellani, perfecto. Y ¡sandiez! también es argentino.

sábado, 4 de febrero de 2017

Los ángeles

Altar mayor de St. Mary, la iglesia universitaria de Oxford de la que Newman era párroco.

Supongo que es a la escuela de Alejandría y a la Iglesia primitiva a quienes debo especialmente lo que yo sostenía firmemente acerca de los ángeles. Los consideraba no solamente como los ministros de los que se servía el Señor en la Alianza judía y cristiana, como se ve en la Escrituras, sino también como los agentes que llevan adelante el Mundo visible -cosa que también está implícita en las Escrituras-. Los veía como causas verdaderas del movimiento, de la luz, de la vida y de esos principios elementales del universo físico que cuando se despliegan ante nuestros sentidos nos sugieren las nociones de causa y efecto y lo que llamamos leyes naturales. He expuesto esta doctrina en mi sermón de la fiesta de San Miguel.


Cardenal John Henry Newman, Apologia pro vita sua, c. I.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Las fuentes de la cristiandad

Púlpito de St. Mary, la parroquia universitaria de Oxford desde el que predicaba Newman.

No sé cuándo comencé a considerar que la antigüedad era la verdadera fuente de las doctrinas de la cristiandad... Estas doctrinas se basaban en el principio místico o sacramental, y hablaban de varias dispensaciones o economías del Eterno. Entendí que estos pasajes querían decir que el mundo exterior, físico e histórico, era sólo manifestación para nuestros sentidos de realidades más grandes que él mismo. La naturaleza era una parábola; la Escritura, una alegoría; la literatura, filosofía y mitología paganas habían sido mera preparación para el Evangelio. Los poetas y sabios griegos habían sido, en cierto sentido, profetas, pues a estos sublimes bardos les fueron dados pensamientos más allá de su pensamiento.

Cardenal John Henry Newman, Apología pro vita sua, p. 49.