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lunes, 28 de octubre de 2019

Macondo


El sínodo de Amazonía no pasará a la historia de la Iglesia por sus aportes teológicos ni tampoco por su novedades, visto que el documento no es más que una colección interminable de lugares comunes y bláblás coyunturales que, dentro de cinco años, serán ya viejos. Pasará a la historia por lo grotesco. Así como al concilio de 692 se lo conoce como “Concilio Trullano” por la sala del palacio imperial de Constantinopla donde se reunió, el sínodo de la Amazonía bien podrá ser recordado como el sínodo de Macondo.


El surrealismo que es capaz de alcanzar el Papa Francisco con sus iniciativas y sus manejos pueden superar incluso la imaginación de García Márquez. Comenzamos con postraciones frente a algunos idolillos en los jardines vaticanos y terminamos con un acto de culto a la Pachamama —así llamada oficialmente por el Santo Padre— entronizada en su canoa, en la iglesia de la Traspontina, tal como lo muestra la foto de la derecha.
Estimo que la pobre Pachamama estará bien aferrada a su piragua luego del susto que pasó cuando fue arrojada al Tiber por un par de jóvenes rígidos. Afortunadamente, pudo ser rescatada ella y sus compañeras por valientes carabinieri italianos, a quienes el Papa Francisco confió públicamente su custodia y protección. Al menos encomendó esta tarea a la policía; podría haber implorado la protección de Santa Rosa de Lima sobre la Pachamama, del mismo modo en que Juan Pablo II pidió públicamente a San Juan Bautista que protegiera al Islam el 21 de marzo del 2000. 

Debemos agradecer también que en la misa de clausura, celebrada ayer en la basílica de San Pedro, no asistimos a ningún impúdico espectáculo, como ocurrió en 1998 cuando el Papa Juan Pablo II clausuró el sínodo de Oceanía y en su presencia, en medio de santa misa y bajo el baldaquino del altar papal, danzaron hombres semidesnudos como puede verse en la fotografía de la izquierda.
No hay muchas cosas nuevas bajo el sol. 
Pero podemos sacar algunas conclusiones más profundas del sínodo de Macondo:
En primer lugar, el sínodo de la Amazonía fue un sínodo preparado por europeos y protagonizado por europeos que utilizaron a los indígenas para proyectar sus propias ideas de lo que los indígenas deben ser e imponer de ese modo reformas en la Iglesia. Un craso y descarado neocolonialismo. Tengo profundo respeto por los pueblos amazónicos como por los pueblos africanos, por ejemplo, y he sido testigo en innumerables ocasiones de la piedad que y devoción demuestran hacia nuestra fe. Basta con ver en el video de la ceremonia pagana de los jardines vaticanos, ideada por europeos, la devoción con la que los indígenas se hacen la señal de la cruz, esa misma cruz que sus evangelizadores le niegan. Por eso, me parece denigrante y me enfurece que los occidentales los manipulen para sus propios fines. Y no es la primera vez que sucede. En los ’60, la Universidad Católica de Lovaina entregó generosas y numerosísimas becas para que religiosos latinoamericanos fueran a estudiar allí, donde fueron adoctrinados con el marxismo en boga y los nuevos aires que se respiraban. Luego volvieron a sus países y comenzaron no solamente la teología de la liberación sino también la lucha armada. Mientras sus profesores teorizaban sobre el imperialismo y los oprimidos tomando cerveza belga, en América Latina se mataban entre hermanos. Baste recordar el caso del colombiano P. Camilo Torres, o del argentino Enrique Dussel.
En el caso del sínodo tuvimos una series de pachamamas que eran estilizadas mujeres embarazadas diseñadas por algún artista europeo, talladas en madera (¿dónde quedó el respeto por la madre tierra y por el hermano árbol?) y que a los amazónicos no les dice nada porque, si ellos quisieran representar a esa diosa, ciertamente no lo haría con un gusto artístico típicamente occidental. 
A Mons. Rino Fisichella se le ocurrió proponer la creación de un “rito amazónico”, y creo que todos podemos imaginar quiénes serían los pergeniadores de ese hipotético rito: un obispo austríaco, tres curas franceses y dos monjas alemanas. Agregarían a cuatro amazónicos a quienes les dirían qué deben decir y les explicarían cómo deben rendir culto a Dios. 
Los amazónicos genuinos del sínodo no fueron más que figurantes de un paso folclórico preparado por europeos. En pocas palabras, los utilizaron. Causaba pena verlos caminar por las calles de Roma, vestidos como occidentales, con un plumero en la cabeza y un par de pintarrajos en el rostro. ¿Alguien piensa que ellos utilizan esos atuendos en sus pueblos o villorios? Claro que no, y la prueba está en las mismas declaraciones de los padres sinodales que se lamentaban porque los jóvenes amazónicos pasan demasiado tiempo navegando en la web con sus celulares y, de ese modo, olvidan de sus costumbres. 
En cuanto a los cambios o peligros para la fe y la tradición que aparecen en el documento final del sínodo, creo que hay que ser cautos, y en primer lugar esperar la exhortación apostólica para ver hasta dónde se anima a llegar Francisco. Pero veamos los temas más espinosos.
En primer término, no se habla propiamente de la posibilidad de “sacerdotes casados” sino de “hombres casados ordenados sacerdotes”, los famosos viri probati, y tiene sentido señalar el matiz. Aunque valoro y considero un tesoro de la iglesia latina el celibato sacerdotal, lo cierto es que se trata de un medida disciplinar bastante reciente, que no tiene vinculación dogmática. Las iglesias orientales —católica y ortodoxa—, conservaron siempre el uso apostólico de ordenar hombres casados, y sin embargo conservaron la fe a pesar incluso de las terribles persecuciones que sufrieron en la época comunista. La fe no se pierde ni se deteriora por tener hombres casados que sean sacerdotes. 
En segundo lugar, no viene mal recordar que la introducción del celibato optativo fue pedido con insistencia por muchos padres durante el Concilio de Trento, y no lo pedía para la Amazonía, lo pedían para Europa. Segismund Baumgartner afirmó estar convencido de que en los países de habla germánica los católicos fieles y piadosos habían llegado a la conclusión de que “un casto matrimonio es preferible a un celibato deshonesto: castum matrimonium contaminato coelibatui praeferendum”. Pronosticó, además, que la situación continuaría deteriorándose, a no ser que, en conformidad con los usos y costumbres de la Iglesia primitiva fueran admitidos a las órdenes sagradas varones bien formados y casados. Meses más tarde, se le pidió directamente al papa autorización para que “varones casados, rectos y bien formados, pudiesen realizar ciertas tareas eclesiásticas, especialmente predicar la palabra divina” (Concilium tridentinum:… VIII, pp. 620-626.). Pío IV transmitió la petición a los legados, pidiéndoles que le hiciesen saber cuanto antes cuál era su opinión al respecto. El celibato optativo para los sacerdotes latinos no es un invento nuevo de los progresistas. Fue un reclamo que existió siempre en la Iglesia, con más o menos fuerza, pero siempre estuvo presente.
Pero creo que no debemos asustarnos. Ningún obispo —al menos ningún obispo argentino— ordenará sacerdotes casados. El documento sinodal es muy claro cuando dice que todos estos ministros nuevos o nuevos enfoques de los ministerios, deben estar sostenidos económicamente por la iglesia. Los obispos actualmente son incapaces de mantener a un cura célibe y, con mucha suerte, le pagan un seguro médico; ni hablar de sueldos, jubilaciones, vacaciones, aguinaldos y demás beneficios. ¿Alguien piensa que estarán dispuestos a mantener a una familia “presbiteral”? No entremos en pánico. Los obispos tienen otras prioridades para sus dinerillos.

El segundo punto álgido fue el de las diaconisas, que Francisco sorteó según el modo peronista. A pesar de que hace varios años se había reunido una comisión que determinó que no hay evidencia alguna de la existencia en la Tradición de mujeres diaconisas, Bergoglio nombró en 2016 otra comisión para estudiar nuevamente el tema, la cual llegó a resultados similares: no hay evidencias. ¿Qué hizo frente al pedido amazónico? Afirmó que nombrará una tercera comisión que volverá a estudiar lo que ya está estudiado, refrendado y publicado. Ya sabemos, entonces, a qué conclusiones llegará. Lo que no sabemos es cuándo llegarán a esas conclusiones, pero seguramente será dentro de varios años. Peronísticamente, el Papa nombró una comisión y pateó el problema para adelante.
Me parece, además, que hay que prestar atención al discurso de Francisco del 26 de octubre en el que insistió en que el papel de la mujer en la Iglesia no debe ser visto solamente desde la funcionalidad: “…su papel va mucho más allá de la funcionalidad”, dijo. ¿Qué quiere decir esto? Sencillo, no es necesario que las mujeres desempeñen “funciones” en la Iglesia como ser diaconisas, o sacerdotisas o cardenalas. Su papel y su lugar es otro, y desde allí son valoradas. Bergoglio nunca firmará el cheque de las diaconisas.
El punto que considero preocupante es el 102 del documento sinodal en el que se dice: “Pedimos revisar el Motu Propio de San Pablo VI, Ministeria quedam, para que también mujeres adecuadamente formadas y preparadas puedan recibir los ministerios del Lectorado y el Acolitado, entre otros a ser desarrollados.”. El documento al que se hace referencia es el que eliminó las órdenes menores y, además, dice en su punto VII: “La institución de Lector y de Acólito, según la venerable tradición de la Iglesia, se reserva a los varones”. Si esto fuera reformado, sería un hecho grave porque se trataría de una verdadera innovación, ya nunca en toda la Tradición de la Iglesia las mujeres recibieron órdenes menores o ministerios, lo cual equivaldría de alguna manera a incorporarlas al estado clerical, y el camino para el diaconado femenino quedaría expedito.
En 1992 Juan Pablo II determinó, innovando contra toda costumbre y tradición, que las mujeres podían ayudar en misa —las famosas monaguillas—, y en las misas que él mismo celebraba en las parroquias de Roma, era servido frecuentemente por adolescentes mujeres vestidas de alba. Fue un hecho gravísimo, sobre el que alertaron los liturgistas más prestigiosos y no precisamente tradicionalistas. Esperemos que el ejemplo del Magno Polaco no sea copiado por el Parvus Argentino.


sábado, 26 de octubre de 2019

Pontifical en San Pedro - Peregrinación Summorum Pontificum


Misa Pontifical celebrada por Mons. Rey, obispo de Frejus-Tulon, en la basílica de San Pedro
en ocasión de la VIII Peregrinatio Populus Summorum Pontificum
el sábado 26 de octubre de 2019.

lunes, 21 de octubre de 2019

Dioses que no salvan


Los grupos católicos conservadores han hecho bastante jaleo en los últimos días debido a los ritos aparentemente paganos que tuvieron lugar en los jardines vaticanos y en presencia del Santo Padre poco antes de la apertura del sínodo de la Amazonía. Y además, de la permanente presencia en el aula sinodal y en otras ceremonias —como un vía crucis el último viernes o las celebraciones diarias en la iglesia de Santa María in Traspontina— de una talla representando a una mujer embarazada.

En dos ocasiones una periodista preguntó sobre este tema en la conferencia de prensa diaria sobre la marcha del sínodo, frente a la sorna de sus colegas, y en ningún caso tuvo respuestas claras por parte de los responsables de responder. Pueden ver lo ocurrido el viernes aquí. Lo que dijo el portavoz vaticano es que no se debe ver el mal donde el mal no está, que esa mujer preñada no es un ídolo y que en los jardines vaticanos no se realizó un ritual pagano. 
Analicemos el caso.
1. Debemos reconocer que algunos católicos conservadores tienen tendencia a ver conspiraciones, demonios y profecías en todas parte. Y todos conocerán a más de un amigo o conocido que es experto en descubrir masones, judíos o brujas. Por eso, en estos casos, es prudente ir despacio y ser cautos. Como bien decía el funcionario vaticano, no es cuestiones de andar viendo males por todos lados.
2. No soy especialista en ídolos y no sé si esa figura que se pasea en canoa por todo el Vaticano es uno de ellos. Lo que sabemos es que se trata de la talla de madera de una mujer embarazada que representa la fertilidad.  
3. Lo que puede constatarse, entonces, sin entrar en interpretaciones retorcidas, es que el 4 de octubre se realizó algún tipo de ceremonia inusual en los jardines vaticanos, que puede verse en su totalidad aquí. Nos interesa particularmente lo sucedido entre el minuto 7 y el minuto 14. Allí se ve claramente cómo un grupo de amazónicos —mitad originales, mitad alternativos, porque habían muchos europeos infiltrados—, realizan una danza ritual y luego se postran rostro en tierra en torno a una serie de elementos que han traído procesionalmente y depositado sobre un tapiz: agua, tierra, semillas y la talla de la mujer embarazada. Según nos explica el guía de la ceremonia, se trata de los elementos que simbolizan la fertilidad. Intentemos una interpretación de estos hechos.
4. Lo primero que llama la atención es que en ningún lugar aparezca la cruz, el símbolo de nuestra redención. Estimo que los misioneros que evangelizaron la Amazonía habrán llevado en sus canoas la cruz: “Vexilla regis prodeunt…”. Los nuevos cristianos amazónicos de visita en el Vaticano, no llevan la cruz; llevan un idolillo.
5. Vemos que este grupo de personas —entre ellos un fraile franciscano y varias monjas— se postran antes elementos materiales (agua, tierra, semillas y tallas de madera) porque, dicen, poseen la potencia de engendrar la vida. Se trata de criaturas a las que se considera simbólicas y se las venera o adora —no lo sabemos—, a través de danzas y postraciones. Y aquí aparece el primer problema: ¿hasta qué punto es lícito a un cristiano realizar ese tipo de rituales? Recordemos el ejemplo de los cristianos de los primeros siglos: prefirieron ser decapitados, descuartizados, quemados o comidos por las fieras antes que colocar un grano de incienso frente a la escultura de un ídolo. Las Actas de los Mártires muestran que con frecuencia la figura del procurador romano o del juez no era la de un brutal asesino, sino de alguien que no estaba interesado en ordenar la ejecución de una jovencita o de un soldado cristiano. Les decía: “No les pido que proclamen que ya no son cristianos, o que griten que Júpiter es dios, o que no asistan más a sus lugares de culto. Lo único que quiero es que depositen este grano de incienso en al turíbulo que arde frente a la estatua de tal dios, y con eso es suficiente. Los dejo libres”. Y los cristianos aún a eso se resistían. ¿Por qué?
5. Los cristianos de antes y de hoy sabemos que los ángeles convertidos en demonios y expulsados del cielo luego de su caída han establecido en este mundo su reinado y en él son como dioses. “¡Ay de la tierra y del mar! porque el Diablo ha bajado donde vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo”, dice el Apocalipsis (12,12). Y San Pablo tiene dos expresiones extraordinarias: O Theós tou aionos toutou, “el Dios de este mundo” (II Cor. 4,4) y en Efesios 6,13, habla de cosmoscrátores, es decir, “gobernantes del mundo” refiriéndose a los demonios. La creación material está en poder de las fuerzas del mal. La Iglesia, cuando bendice o “toma posesión” de algo material, primero lo exorciza. “Exorcizo te, creatura salis…”, para la bendición de la sal; “Exorcizo te, creatura olei…”, para la bendición del aceite, y el terrible y largo exorcismo de los fieles cristianos que se hacía durante la bendición del agua en las vísperas de la Epifanía, que comenzaba así: “Exorcizo te, omnis immunde spiritus, omnis satanica potestas, omnis incursio infernalis adversarii, omnis legio, omnis congregatio et secta diabólica, in nomine et virtute Domini Nostri Jesu Christi, eradicare et effugare a Dei Ecclesia, ab ómnibus ad imaginem Dei conditis…”. La Iglesia hace lo que hicieron los apóstoles en su primera misión: echar a los demonios para tomar posesión, en nombre de Dios, de las cosas materiales. Por eso, en tanto el ídolo es un pedazo de madera, de piedra o de metal, rendirle culto a ellos es rendirle culto a Satanás: “lo que sacrifican los gentiles a los ídolos, lo sacrifican al demonio”, dice San Pablo (I Cor. 10, 19-22). Artemisa, o Baal o Astarté no son fantasías de madera, de piedra o metal; son falsos dioses, es decir, ángeles caídos, pero dotados en la tierra de un poder malvado y real. Ellos lograron hacerse adorar por los hombres bajo la cubierta de los elementos de la naturaleza que le están momentáneamente sometidos (Col. 2, 8-20). Así entendida, la idolatría de los elementos de este mundo —agua, tierra y semillas, por ejemplo— no es otra cosa que la revelación del diablo y de sus ángeles en tanto se han convertido en señores de este mundo.
6. Alguno podrá estar tentado de decir: ¿No se rinde culto también a la materia cuando se veneran las imágenes de los santos construidas en mármol, madera o yeso? No. Todo sabemos que el culto de las imágenes cristianas está justificado por una profunda teología que mereció nada menos que una larga discusión en un concilio ecuménico. Los católicos que veneramos una imagen de madera de la Santísima Virgen, no veneramos la madera, sino a María Santísima allí representada. Más aún, en el icono sagrado hay una cierta presencia divina, y Dios se digna, a través de esas imágenes, conceder gracias a sus hijos.
“Pues los amazónicos tampoco veneran a la madera, sino a la fertilidad en ella representada”. Justamente allí está el problema: la Virgen María es una realidad, una persona que es Madre de Dios; la fertilidad, en cambio, no existe; existen las cosas fértiles en todo caso. Los amazónicos construyen con “manos humanas” “dioses que no salvan”, dioses falsos; ídolos de madera donde habitan los demonios.
"Pues si hay cierta presencia de Dios en una imagen o icono cristiano, ¿por qué no puede haberla en una amazónica?" Porque la religión verdadera es la católica, y las demás son falsas. Pareciera una verdad de perogrullo que gran parte de la Iglesia ha olvidado. 
7. Como vemos, no estamos frente a una cuestión baladí. Lo ocurrido en los jardines vaticanos es grave. No se trató, a mi entender, solamente de una concesión más del Papa Francisco a la corrección política de la aceptación de la diversidad. En su presencia y a escasos metros de la tumba del Príncipe de los Apóstoles, se ha dado culto nuevamente a los dioses paganos, es decir, a los mismos demonios. 


lunes, 14 de octubre de 2019

La bella y la bestia

Varios lectores del blog quedaron disconformes con la equiparación que hice en la entrada anterior entre Juan Pablo II y Francisco. Alguno, incluso, introdujo la metafísica aristotélica para mostrar mi error, lo que llevó a un tercero a sostener que yo había afirmado que la causa eficiente de Francisco era Juan Pablo II. Disparates.

Lo que yo dije y sostengo es que el Concilio Vaticano II fue una tragedia para toda la Iglesia y lo papas posteriores están todos impregnados de ese espíritu conciliar que ha terminado desfigurando a la Esposa de Cristo. Hago una salvedad: considero que el Papa Benedicto XVI intentó efectivizar en varios aspectos de su pontificado la continuidad de la Iglesia, dando al Vaticano II el lugar que le corresponde y quitándole la etiqueta de “acontecimiento profético de refundación de la Iglesia” que poseía.
En ese último artículo, dedicado al sínodo de la Amazonia que amenaza con un clamoroso naufragio según los medios de prensa, y comentando el escándalo de los rituales paganos de los que había participado el Papa Francisco, dijo que “si sacamos la vulgaridad y la ramplonería, Bergoglio no es peor que Juan Pablo II”. Y para probar esa afirmación, incluía algunas fotografías en las que se ve al Papa polaco no solamente participando sino siendo el protagonista de rituales paganos: es sujeto de la “bendición” de un chamán, y una “sacerdotisa” realiza sobre él un ritual de limpieza. Y los contextos en los que se dio no cambian los hechos; hay que reconocer la evidencia que muestran los registros gráficos y periodísticos.
Absolute, además, sostengo que Juan Pablo II fue peor que el Papa Francisco al menos en un aspecto, el más importante de todos, y me refiero por supuesto a la liturgia. Wojtyla aceleró la reforma litúrgica iniciada por Pablo VI. Podría haberla frenado o anulado, o al menos podría haber impuesto una celebración de la nueva misa apegándose de un modo estricto al nuevo misal, es decir, en latín y ad orientem, pero no solamente no lo hizo sino se distinguió por incorporar a sus celebraciones pontificias un sinfín de creatividades que no dejaron de ser imitadas en todo el mundo.
Y habló de lo que sé y de lo que vi. Y no solamente por televisión. En los años ’90 viví en Roma y participé en repetidas ocasiones en las liturgias papales tanto en la basílica como en la plaza de San Pedro. Y he participado también de liturgias celebradas por el Papa Francisco. 
Cualquiera que lea las entradas de este blog puede saber cuál es mi opinión sobre Bergoglio, y mantengo lo que he dicho. Pero eso no significa que deba negar la evidencia, y considerarlo la Bestia, mientras que sin criba alguna y por un mero sentimiento de nostalgia de los tiempos pasados, deba considerar a Juan Pablo II como la Bella. Y señalo las diferencias:
1. Las misas pontificales celebradas en San Pedro -basílica o plaza- por el Papa Francisco, son integralmente en latín, excepción hecha de las lecturas y la oración de los fieles. 
En el caso de Juan Pablo II, la única misa en latín que celebraba durante el año era la misa crismal. El resto de las misas, eran en italiano, con incrustaciones en cualquier otra lengua que viniera al caso.
2. En las misas pontificales celebradas por el Papa Francisco se conserva una tradición propia del rito de la misa papal que desapareció con la reforma litúrgica: la presencia de un diácono latino y un diácono griego, y el canto del evangelio en ambas lenguas.
En el caso de Juan Pablo II, en la única misa donde se mantenía esta tradición era en la misa in coena Domini en San Juan de Letrán.
3. En las misas celebradas por el Papa Francisco, tanto en la basílica como en la plaza, no se da la comunión en la mano. Yo he visto cómo los ministros, aún cuando los fieles ofrezcan con insistencias sus manitas “en forma de cuna”, le depositan la sagrada forma en la lengua. Insisto, en ningún caso se da la comunión en la mano.
En el caso de las misas celebradas por Juan Pablo II, una práctica común de la que yo he sido testigo, era que los ministros daban en la mano la comunión a los fieles que estaban junto a la valla, y éstos la iban pasando hacia los que estaban detrás. Era el pasamano de la comunión. Y me comentaban sacerdotes amigos que solían asistir a las ceremonias papales para ayudar a distribuir la eucaristía, que los maestros de ceremonias pontificias les advertían que estaba prohibido negar la comunión en la mano.

4. Los ornamentos litúrgicos que utiliza en Papa Francisco en las celebraciones vaticanas son sencillos y sobrios, sobre todo si los comparamos con el esplendor de los ornamentos que utilizaba el Papa Benedicto pero, en su estilo, mantiene una discreta belleza.
¿Alguien recuerda los ornamentos que utilizaba Juan Pablo II? Yo sí. Y pongo por caso la capa pluvial que utilizó para la apertura de la Puerta Santa en el Jubileo del 2000. Yo estaba allí presente y no podía creer el colorinche esperpento que en el que había envuelto.
Objeción neocon: Es verdad todo lo que dice, pero la culpa no era de Juan Pablo II sino de Mons. Piero Marini, su maestro de ceremonias. El Papa no podía hacer nada.
Respuesta: Quien nombró a Marini -que fue el secretario de Annibale Bugnini- en el oficio de maestro de ceremonias fue el mismo Juan Pablo II en 1987. Si no hubiese estado de acuerdo en las reformas que impuso en la liturgia papal lo podría haber sacado, del mismo modo en que no tuvo ningún prurito de echar de su oficio al maestro del coro pontificio, Mons. Domenico Bartolucci, porque sus cantos eran demasiado tradicionales (Benedicto XVI lo reivindicó más tarde creándolo cardenal). El hecho es que no sólo no echó a Marini de su oficio, sino que lo hizo arzobispo.
Objeción antiFrancisco: Bergoglio mantiene esas prácticas más tradicionales porque se las impone su maestro de ceremonias Mons. Guido Marini, al que heredó de Benedicto XVI. 
Respuesta: Seguramente es así, pero si no estuviera de acuerdo con ellas, hace rato que podría haber mandado a Guido Marini de regreso a Génova, como no ha tenido ningún empacho de poner de patitas en la calle a varios miembros de la Curia con los que no simpatizaba. 

Y si hablamos de la liturgia en general, ofrezco algunos hechos complementarios:
1. Juan Pablo II, al mismo tiempo que se abrazaba con los líderes de todas las religiones del mundo en Asís y permitía que en las diversas iglesias de esa ciudad se celebraran ritos paganos, excomulgaba a Mons. Lefebvre porque quería seguir celebrando los mismos ritos católicos que se habían celebrado durante más de mil quinientos años en la Iglesia.

El Papa Francisco se ha cansado de dar muestras de amistad y incoraggiamento a los miembros de la FSSPX. Es conocido el hecho de haber concedido licencias a todos los sacerdotes de la Fraternidad para confesar y celebrar matrimonios, y hay muchos otros hechos que no son de dominio público pero que doy fe que son sorprendentes. (En la foto de la izquierda, Buda entronizado en el altar de una iglesia de Asís durante el encuentro promovido por Juan Pablo II).
2. Durante el pontificado de Juan Pablo II estaba terminantemente prohibido celebrar la misa tradicional en la basílica de San Pedro. Los sacerdotes que celebraban misas privadas en los altares laterales eran estrechamente vigilados por los sacristanes quienes tenían órdenes expresas del cardenal Virgilio Noé, acipreste de la basílica, de quitarles las vinajeras si descubrían que alguno de ellos, disimuladamente, celebraba el rito antiguo. Y esto lo conozco por testimonio de los protagonistas.
Durante el pontificado del Papa Francisco, no solamente cualquier sacerdote puede celebrar libremente la misa tradicional en la basílica, sino que al menos una vez al año se celebra en el altar de la Cátedra una misa pontifical en rito romano tradicional. Esto hubiese sido impensable en épocas de Juan Pablo II.


No estoy cambiando el discurso ni estoy diciendo que estamos en el mejor de los mundos. Estoy constatando la realidad. La oposición al Papa Francisco no puede terminar convirtiéndose en una cuestión puramente pasional, desprovista de racionalidad. 



miércoles, 9 de octubre de 2019

Solos


En su novela Abejas de cristal, Ernst Junger dedica un capítulo a explicar la experiencia de la soledad. Comenta que una de las experiencias de soledad más profundas que vivió fue en Asturias cuando, durante la Guerra Civil Española, vio allí las tumbas de los conventos profanadas y cadáveres de frailes colgados de ganchos en las carnicerías. Y escribe: “Ese día me acometió una gran tristeza; tuve la certeza de que todo cuanto habíamos respetado, cuanto habíamos reverenciado, se había acabado. Palabras tales como ‘honor’ o ‘dignidad’ se habían vuelto ridículas. Allí volvía sobre mí, de noche, la palabra ‘solo’. La infamia de los corazones, como si la extinción amenazara a nuestro planeta”. 
Somos muchos los que a lo largo de estos años de pontificado francisquista hemos tenido una experiencia similar: la de sentirnos solos porque todo lo que habíamos reverenciado se ha acabado; una sensación de orfandad y de desánimo que, para expresarla, hay que recurrir a la pluma de los poetas. Y estos días amazónicos están cargados de esas tristes nubes.
El sentido del ridículo y la vergüenza ajena no fueron suficientes cuando ayer veíamos y escuchábamos a los cardenales y obispos participantes del sínodo —Padres sinodales, les llaman—, aplaudir y festejar como adolescentes cuando el cardenal Baldisseri les avisaba que, a partir de hoy, podían ir al aula sinodal sin sotana. 

El lunes, mientras vociferaran en el aire que “los hombres y las mujeres de la tierra te alaban Señor” con ritmos tribales, el Papa Francisco caminaba de la basílica de San Pedro al aula sinodal rodeado de personajes arrabaleros, portadores de carteles y fotos con los “mártires amazónicos”.

Más tarde, ingresaba en el aula sinodal una canoa portada por obispos, monjas y aborígenes emplumados, conteniendo en su interior un montón de cachivaches, entre ellos la talla en madera de una mujer embarazada y desnuda. Nadie sabe si se trata de una imagen blasfema de Nuestra Señora o de alguna deidad amazónica. Cualquier sea el caso, el hecho de no deja de ser gravísimo.

Y se trata de un hecho, por otro lado, en un todo armónico con la danza de la lluvia o de la fertilidad que un grupo de indios bailó el viernes en los jardines vaticanos, en presencia del Santo Padre y de orondos cardenales, en torno a un olivo recién plantado, en la que ni siquiera se privaron de adorar postrados a la indecencia más pagana de la representación de la fertilidad: el falo, como puede verse en la figura de la derecha de la fotografía y este video. Sobre este acto de culto pagano y su gravedad, se han explayado los últimos días conocidos personajes, como el P. Nicola Bux. 
Finalmente, en su discurso de apertura al sínodo, nos advertía Francisco que debemos acercarnos a la “cultura amazónica” en “puntas de pie”, para demostrar nuestro respeto, admiración y actitud de escucha.
Se trata de una serie de hechos concentrados en pocos días que además de enfurecernos, provocan sensaciones similares a la descritas por Junger. Se trata de la “infamia de los corazones” y, agregaría yo, de la “infamia de la inteligencia” puesto que la evidencia del ridículo se impone a la vista de todos. Por caso, hay que ser muy caradura para hablar de la densidad e importancia de la “cultura” amazónica sentado bajo la cúpula de la basílica de San Pedro. Mientras la cultura cristiana occidental puede ufanarse de semejante portento artístico y arquitectónico, la máxima hazaña cultural de los pueblos del Amazonas es su habilidad para reducir cabezas rebanadas a los guerreros de las tribus enemigas. No hay que ponerse de puntillas; hay que restregarse los ojos.
Sin embargo, frente a estos acontecimientos que estamos viviendo, es justa y necesaria una reflexión. Nadie duda que el papa Francisco es una calamidad y un personaje rastrero que está provocando un daño enorme a la Iglesia, pero debemos reconocer que ese daño se viene infligiendo desde hace décadas, concretamente desde el Concilio Vaticano II. Como he dicho muchas veces en este blog, Bergoglio no es más que la floración más hedionda de la primavera conciliar, pero me pregunto si es justo sindicarlo como el peor de todos. Es sin duda el más vulgar y el más ramplón, y es por eso que causa en nosotros tanta repulsión, pero si sacamos la vulgaridad y la ramplonería, Bergoglio no es peor que Juan Pablo II. El hecho que durante el pontificado polaco las redes sociales todavía no existieran y que la información fuera sobre todo gráfica, puede contribuir al olvido. Debajo incluyo tres fotografías muy elocuentes:

El Papa Juan Pablo II es “bendecido” por el chamán de una tribu americana (1985).


Una “sacerdotisa” indígena, realiza sobre el Papa un ritual de purificación (2002). Info


Un grupo de aztecas realizan una danza religiosa pagana en torno al altar durante la celebración pontificia de la Santa Misa (2002).



Seamos justos y reconozcamos que algo está oliendo mal en la Iglesia desde hace décadas. En los últimos años, en todo caso, la sentina se ha ensanchado. Por eso, y una vez más, mientras no se ataque el origen, las aguas sépticas seguirán supurando. 


lunes, 7 de octubre de 2019

Ridículos


Si es verdad que estamos atravesando los últimos años de la civilización humana y se acerca el día del Juicio, debemos admitir que la cosa es bastante distinta a como la habíamos imaginado, o a como la imaginaron los grandes exégetas. No digo que éstos se hayan equivocado; todo lo contrario, el libreto que describieron se está cumpliendo al pie de la letra, pero la opera tiene un inesperado regisseur que la está transformando no ya en opera bufa, sino en un vodevil de barrio.


Los últimos protagonistas que se han incorporado al espectáculo no hacen más que poner en evidencia el estado no solamente de decadencia sino también de ridículo en el que ha caído la humanidad entera. Ahora resulta que una de las líderes más escuchada por los jóvenes y temida por los políticos es una adolescente sueca que padece serios problemas psiquiátricos, y que se dirige a los líderes mundiales en medio del foro de las Naciones Unidas increpándoles el haberle robado su niñez y su sueños. Habría que enfrentarla con alguna adolescente cristiana iraquí para que le cuente lo que verdaderamente significan niñez y sueños truncados. Y el mundo entero se maravilla ante ella y es una de las candidatas más firmes al premio Nobel de la Paz. Ridículo.
Ridículo fue también el espectáculo de ayer en la misa de la basílica de San Pedro, con ocasión de la apertura del sínodo sobre la Amazonia. Esparcidos aquí y allá, habían algunos indígenas fácilmente reconocibles por su plumaje y sus rostros pintarrajeados, lo cual no sería de extrañar. Lo que sí sorprendió es que cuando varios de esos indígenas se acercaron al altar para la procesión de las ofrendas, además de su plumero, lucía ajustados pantalones de jean. O se visten de indios, o se viste de occidentales, pero sería conveniente que conservaran cierta coherencia.
Ridículas fueron también las entrevistas que les hicieron a varios de estos indígenas —pidieron que no los llamen “indios” porque ese un término de los colonizadores—, en los que se explayaron, hablando en portugués, apenado a todos los lugares comunes de la teología de la liberación que los hispanomericanos muy bien conocemos. Discursos armados y aborígenes ideologizados, llegados a Europa para servir a los intereses del progresismo mundial.
Ridículo el cardenal Baldisseri, secretario del sínodo, que advertía hoy a los asistentes —padres y madres sinodales—, que los vasos que utilizarán serán de plástico biodegradable como así también el material de las biromes que se entregarán, mientras que el papel que se utilizará será reciclado. 

Las nubes grises y pesadas de la mañana de hoy presagiaban lluvia en Roma. Antes de las nueve, una larguísima cola de turistas serpenteaba en la plaza de San Pedro esperando para ingresar a la basílica. Mientras tanto, los altoparlantes colocados en cada rincón de la columnata, atronaban con una música tribal —o lo que los occidentales consideramos música tribal, pues es la se escuchaba en la serie Tarzán—, y en la que que voces masculinas repetían una y otra vez, y en español: “Los hombres de la selva te alabamos Señor”, y voces femeninas respondían: “Las mujeres de la selva te alabamos Señor”. 
Ni siquiera Bernini pudo escapar a quedar empantanado en semejante ridículo. 



martes, 1 de octubre de 2019

Féminas


Mons. Tucho Fernández es noticia hoy nuevamente en el diario La Nación, donde escribe una columna que viene ilustrada con un retrato suyo en el que aparece con sus característicos rasgos de rata cruel.

No creo que valga la pena destinar demasiado espacio en el blog y en la cabeza a los discursos de este personaje de alcantarilla que son por demás previsibles. Nadie podía suponer que el regalón del papa Francisco tuviera alguna actitud crítica con respecto al Encuentro Nacional de Mujeres que este año se celebra en su arquidiócesis. Si existía alguna reprimenda o advertencia sería contra los católicos, y así fue.
No es mi función discutir el meollo del comunicado de Tucho, es decir, el pedido o conminación a los católicos de acercarse a defender los templos —como se hace habitualmente—, de las desatadas hordas feministas. Está en su derecho, como obispo, a hacerlo y, por otro lado, creo que tiene parte de razón.
En primer término, me parece que ya perdió todo sentido que numerosos grupos de sufridas mujeres católicas, con un heroísmo admirable, se expongan durante dos o tres días a las agresiones verbales y físicas de las feministas radicales en los talleres, reuniones y demás dependencias del aquelarre. En su momento, las católicas representaron una frontera que podía contener, aunque más no fuera momentáneamente, las aguas servidas que ya se han desparramado por todo el país. ¿Qué beneficio obtendrían ahora con su participación? Con suerte modificarían una coma o un punto y coma de la declaración final que, a decir verdad, no tiene la menor relevancia. Nadie está obligado, ni me parece prudente exponerse al vituperio y a las burlas gratuitamente. El martirio no debe ser buscado sino que es ofrecido por Dios. El que lo busca corre el riesgo de sobreestimar su resistencia y sus virtudes.
El otro punto es el de los varones católicos que durante las marchas que realizan las mujeres por la ciudad, se dedican a defender los templos a fin de que no sean arruinados con inscripciones soeces o dañados de algún otro modo. No me parece que sea una actitud reprobable; todo lo contrario, pero es una actitud subsidiaria. La defensa del orden y de los edificios corresponde a la policía. Es una de sus funciones propias y no debería ser reemplazada por “milicias urbanas” sino en caso que se tuviera la certeza que las fuerzas de seguridad no cumplirían con su deber. Y en esto creo que el arzobispo de La Plata tiene razón.

La maldad de la columna de Tucho en La Nación va por otro lado. En primer lugar, su fingida ingenuidad en considerar que el Encuentro Nacional de Mujeres se realiza para discutir con sinceridad las problemáticas de la mujer. Y si no lo suyo no es ingenuidad, es torpeza. Resulta clara por la evidencia de dos décadas de acontecimientos similares, que esa reunión no es más que la excusa para amontonar a las feministas más rabiosas e ideologizadas, financiadas por dineros muy oscuros y comandadas por fuerzas más oscuras aún. Es cuestión de ver los videos y declaraciones de años anteriores. Tucho, que no es ningún estúpido, quiere anotarse un punto más en su listado de correcciones políticas que le sirva para mostrar la moderación y disposición al diálogo apropiados para avanzar en su carrera episcopal.
Pero esta actitud, que no sería muy diferente de la que tuvieron muchos obispos a lo largo de toda la historia de la Iglesia, pero se torna vil, despreciable y digna de un buen sopapo, cuando recurre al canibalismo institucional. En efecto, Tucho carga contra la Iglesia para justificar que las mujeres del Encuentro se pongan por momentos, violentas o agresivas. ¿Cuánta culpa no le corresponde a la Iglesia Católica por siglos de machismo y abuso de poder?, dice en su escrito. Y aprovecha para embarrar la cancha recurriendo a remanidos y discutibles ejemplos históricos que no conforman más que a los ignorantes y a los bobos.
El último párrafo de la columna resume el programa episcopal de Tucho: alcanzar una sociedad más inclusiva en el que se respete la igualdad de todos los hombres y su inmenso valor más allá de las ideas, de sus ideas u orientación sexual. Estas líneas arquiepiscopales habrían merecido en otras época que su autor fuera depuesto, y encarcelado. En las actuales circunstancias, es probable que en algún momento le merezcan la púrpura cardenalicia. 
Los buenos católicos, dispuestos a defender los templos materiales de las hordas mujeriles, quizás deban pensar que nos están vendiendo gato por liebre. El enemigo más peligroso no está en las manifestaciones verdes; está dentro de la iglesia, encerrado en sus palacios episcopales. Las feministas podrán tirar un par de tarros de pintura sobre las paredes de una catedral; un obispo como Tucho destruye la fe de multitudes.
Finalmente, a cualquier lector más o menos atento, le resulta claro que el escrito de Fernández tiene un objetivo claro: desprenderse de cualquier responsabilidad frente a la opinión pública que se le pueda adjudicar debido a la “violencia de los católicos” durante el Encuentro de Mujeres. El deja muy en claro que no sólo no está de acuerdo sino que prohíbe a los católicos establecer una “resistencia cristiana” que, indudablemente, es contraria al diálogo, a la democracia, a la diversidad sexual y todas las otras correcciones políticas que ya conocemos. Él, como Pilatos, se lava las manos desde los balcones del nuevo pretorio -el diario La Nación-, a fin de que vean que no es el responsable por los atentados fascistas.
Alimañas siempre hubo en la Iglesia; pero dejan un rastro más profundo en la historia de la ignominia.