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miércoles, 29 de diciembre de 2021

Reseña: "De la paz de Benedicto a la guerra de Francisco"



por Candelaria del Solar 

Peter Kwasniewski (ed.), From Benedict’s Peace to Francis’s War. Catholics Respond to the Motu Proprio TRADITIONES CUSTODES on the Latin Mass, Angelico Press, New York, 2021.

Hemos leído con sumo interés una selección de textos publicados a raíz de la publicación del motu proprio Traditiones Custodes, realizada por Peter A. Kwasniewski, un autor prolífico de libros y textos sobre la liturgia y compositor, entre otras cosas.

El libro reúne contribuciones al debate suscitado desde el mismo día de la aparición del motu proprio, el 16 de julio de 2021, hasta el 20 de septiembre. La idea de reunir en un volumen estas reacciones, que desde luego no pretende ser exhaustivo, me parece excelente, y el editor es muy claro al exponer el propósito: “Este libro no es, ni pretende ser, una presentación de ‘ambos lados del argumento’. Ofrece una variedad de críticas a este decreto profundamente imprudente y antipastoral, que adolece de fundamentos doctrinales coherentes, de graves defectos morales y jurídicos, y de implicaciones eclesiológicas imposibles”.

Si bien casi todos los autores de cada capítulo son católicos, se ha dado espacio a un artículo del filósofo ateo francés Michel Onfray. Resulta paradójico que muchas veces quienes no pertenecen a la Iglesia, pero estiman cuanto ha aportado a nuestra civilización cuyo estado moribundo deploran, perciben mejor la dependencia estrecha que mantiene la cultura con el culto. De esto también da cuenta Juan Manuel de Prada.

La situación es gravísima. Los enemigos de la tradición, sabiendo que su tiempo es limitado están apostando todo a un asalto final para eliminar los restos del “viejo catolicismo”. Pero hay muchas razones para ser escépticos con respecto al triunfo de tal empresa. Así como la década de 1970 se reveló incapaz de eliminar la liturgia tradicional, más difícil les resultará ahora, cuando hay muchos miles de sacerdotes más y millones de fieles laicos que aman el tesoro de la tradición católica y que son mucho menos ingenuos respecto a las agendas ideológicas y mucho menos papólatras de lo que eran las generaciones pasadas.

Sin embargo, como señala Maike Hickson, serán necesarias dos cosas.

En primer lugar, resulta imprescindible adquirir la mejor comprensión posible de la base teológica y el fundamento de las posiciones adoptadas por los católicos tradicionales. Este libro es un depósito vital de argumentos positivos, refutaciones de los oponentes y observaciones sobre el estado actual de las cosas.

En segundo lugar, debe existir la voluntad de comprometerse, de resistir cuando sea oportuno, y de tomar las medidas que sean necesarias para el bien de las almas y la preservación de la fe católica en su plenitud. Esto llevará, en algunas diócesis, a misas y sacramentos clandestinos. Habrá sacerdotes suspendidos que, sin embargo, seguirán ofreciendo el sacrificio a Dios y los sacramentos al pueblo, oficio para el cual fueron ordenados. Para ayudar a las conciencias en medio de esta dura y descarnada guerra de guerrillas, el Dr. Kwasniewski ha escrito un nuevo libro, True Obedience in the Church: A Guide to Discernment in Challenging Times [La verdadera obediencia en la Iglesia: Una guía para el discernimiento en tiempos desafiantes], que será publicado por Sophia Institute Press en febrero.

From Benedict’s Peace to Francis’s War contiene sesenta y nueve contribuciones de cuarenta y seis autores de Europa, América, Asia y África. En esta ocasión, presento una breve reseña de algunos de ellos. 

En primer término, destaco un estudio muy completo titulado La subordinación del papa a la Tradición como límite legislativo, que constituye el capítulo 49, y cuyo autor es el editor del libro, Peter A. Kwasniewski. Allí, con abundancia de citas, recorre la historia de la Iglesia para demostrar que el papa no tiene poder para ir en contra de la Tradición de la Iglesia, y recuerda que durante 1500 años, en Occidente,  los papas no intervenían para codificar la liturgia o para definir un libro litúrgico. Si finalmente San Pío V, a instancias de los padres del Concilio de Trento y sobre la base de los trabajos que ellos habían hecho y que no habían podido concluir por falta de tiempo, publicó una editio typica del rito usado en la Curia Romana, y que había alcanzado gran difusión gracias a la orden franciscana, fue más que nada buscando evitar los abusos que se podían dar con la proliferación de las misas votivas y para dar su centralidad al ciclo temporal, que podía verse obscurecido por las celebraciones de los santos.  Recomiendo una lectura atenta, armado de lápiz para subrayar y tomar notas según el talante y el tiempo de cada uno, ante las injustas pretensiones de Traditiones Custodes.

Rubén Peretó Rivas, un intelectual argentino, es autor de dos capítulos. En el primero de ellos, titulado ¿Constructor de paz o pacificador? En torno a Traditiones custodes y el Papa Francisco, analiza el hecho de que con Summorum Pontificum, Benedicto XVI no quiso tan sólo buscar construir la paz con los fieles vinculados a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, sino principalmente reconciliar a la Iglesia con su tradición litúrgica. Cuestión ésta que lo preocupaba desde sus tiempos de sacerdote y que buscó solucionar cuando fue elegido Papa. Por cierto, resulta difícil probar la continuidad entre el rito romano tradicional y el nuevo rito elaborado en tiempo récord por una comisión de peritos. Para resolver esto, Benedicto publicó el motu proprio Summorum Pontificum que, mediante un acto de su voluntad, liberalizó la antigua liturgia y quiso establecer una coexistencia pacífica entre las que llamó dos formas de un mismo rito. Si como sostenía Benedicto, ambas expresaban una misma fe, el rito más nuevo no tenía por qué temer la convivencia con el más antiguo. Cabe aclarar que debió confiar en los obispos —a quienes, como afirma Peretó Rivas, el papa Francisco ha recordado acertadamente su papel de custodios de la tradición— para que aplicaran con liberalidad el motu proprio. No fue el caso del por entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio, quien desobedeció o, si se prefiere, no permitió a sus sacerdotes ni a los sufridos fieles porteños la puesta en práctica de Summorum Pontificum en su archidiócesis. De hecho, al cabo de ocho años en el solio petrino, se pretendió investido de una autoridad que le permitiría restringir severamente la celebración del culto divino y los sacramentos de acuerdo con el usus antiquior hasta su erradicación total, con el objetivo de reconducir, en el largo plazo, a los fieles ligados al uso tradicional a aceptar el nuevo rito, y así, abolir la antigua liturgia, hecho sin precedentes en la historia jurídica y litúrgica. De esta manera, se realizaría en la teoría y en la práctica lo contrario de lo sostenido por su predecesor, y sólo quedaría la liturgia reformada como expresión de la lex credendi. Francisco impondría la pacificación manu militari, basado en su poder aparentemente absoluto en una materia que, sin embargo, depende esencialmente de la tradición. En lugar de ser un constructor de paz como el papa Ratzinger, intenta forzar una paz que, en realidad, es una declaración de guerra.

Esta supuesta autoridad del papa por sobre la tradición, o de la identificación del papa con la tradición, que se reduciría a su voluntad, es el tema que propone también Rubén Peretó Rivas en ¿La tradición devorada por el Magisterio? Allí plantea la tesis de que, durante el primer milenio y hasta después de Trento, una verdad teológica era contrastada con la Escritura y los Padres de la Iglesia. El papel del papa y los concilios consistía en autentificar que dicha doctrina remontaba a los Apóstoles y había sido fielmente transmitida. En cambio, a partir de fines del siglo XVI aparece la noción de magisterium, una tercera regla de la fe, que paulatinamente, desplaza a las dos anteriores y se convierte en el órgano que expone las verdades que deben ser creídas por los fieles, quienes creen en ellas porque es el Magisterio quien las propone. Se habría pasado así de una noción objetiva de la Tradición como depósito apostólico, a una noción subjetiva que radicaría en el Magisterio. 

En este contexto donde la Tradición es lo que dice el papa, se llega a aberraciones como éstas: el papa Pablo VI prohíbe el rito plurisecular de la Iglesia romana e impone en su reemplazo un rito fabricado en un laboratorio, el ritus modernus, como lo llamaba el célebre liturgista Klaus Gamber. Y cuando otro Papa intenta reanudar el vínculo roto con la tradición, viene su sucesor y deshace esta obra. Todo esto no puede sino llevar a la pregunta que se formula al final del capítulo: ¿qué legitimidad tiene el motu proprio Traditionis Custodes? ¿no corresponde ignorarlo? Y como recordamos más arriba, ¿acaso no fue esto lo que hizo Bergoglio con el motu proprio Summorum Pontificum cuando era arzobispo? 

Me parece una tesis ésta que merece la atención de los estudiosos competentes, y que arrojaría luz para poder discernir qué actitud debemos tomar los fieles ante la sobreabundancia de documentos publicados por Roma desde hace un siglo y medio, y qué legitimidad tiene para exigir nuestro asentimiento cuando claramente se aleja de la Tradición, en particular, en materia litúrgica.

Habituados como estamos a un mundo dominado por el despotismo y la arbitrariedad, mientras que las enseñanzas magisteriales no presentaban grandes cambios en nuestra vida cristiana, las aceptábamos con mansedumbre. Pero desde que se nos exige en nuestra práctica litúrgica quemar hoy lo que habíamos adorado hasta ayer, sin más autoridad que la voluntad absolutista del Papa, esta cuestión ha adquirido una candente actualidad. Es algo de consecuencias muy prácticas porque no sabemos qué sanciones pueden recaer sobre quienes se resistan a someterse a la arbitrariedad y la contradicción, ni cuál sería su validez o legitimidad.

24 comentarios:

  1. No es exactamente que Peter A. Kwasniewski es un "autor prolífico de libros y textos sobre la liturgia y compositor, entre otras cosas"

    Él es un liturgista.

    Se podrá admirar su compromiso con el arte, la música sagrada y la liturgia..., pero el caso es que es un estudioso a nivel profesional de la liturgia.

    De modo que sus estudios no son exactamente "opiniones" personales, sino opiniones muy bien fundadas (aunque puedan estar equivocadas o no)

    Por ejemplo, su conocimiento real de la liturgia supera al de Bergoglio y al de la mayoría.

    Lo cual no es nada extraordinario, sino el fruto de la especialización, que siempre pasa en cualquier campo.

    Luego, sí, tiene un compromiso especial con la liturgia y es uno de los que están detrás de las convenciones sobre estudios de liturgia católica que se celebran todos los años en Estados Unidos y el Reino Unido.

    Lo curioso de este personaje es que es un converso del protestantismo al catolicismo (creo que sigue el rito bizantino)

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    1. De hecho es más que un mero liturgista, pues es además profesor y teólogo.
      En cuanto al rito que sigue, es el Romano, aunque tiene conocimiento y experiencia en el Bizantino.
      No es curioso que sea converso... es providencial.

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  2. Interesante el dato de la noción de magisterium. Últimamente me estoy preguntando si el Papa no debería dedicarse principalmente a ser obispo de Roma.

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  3. Pregunta: dónde venden en Mendoza el libro de Peretó El nacimiento de la cultura cristiana ?? Gracias

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    1. En la librería Tiempo del Ángel: +54 261 652-1005

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  4. Bergoglio sentirá curiosidad por leer esto?
    Algún empleado le llevará un resumen?
    O ni lo registra?

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    1. A Anónimo 30 de diciembre de 2021, 20:06

      Sienta o no curiosidad por leer esto: ¿Cree Usted que no está todo registrado?.

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  5. Si hay dos lex orandi que son contradictorias y no complementarias en sus implicancias doctrinales, es obvio que no pueden convivir dentro de una misma estructura religiosa, porque se crea una contradicción insalvable y además se crean facciones enfrentadas.
    No hay que disimularlo tanto, porque se nota mucho (diría kicillof), los seguidores del vetus ordo son contrarevolucionarios, dicen que solo quieren que los dejen tranquilos con sus misas pero en realidad están ahí agazapados esperando su momento, que el péndulo de la historia gire y venga un papa favorable, o algo mas favorable como Benedicto, para iniciar una reconquista de la Iglesia.
    En ese sentido está muy claro Bergoglio, que para los asuntos de poder no carece de olfato, sabe que ahí hay un movimiento de resistencia a su autoridad y a la línea doctrinal del bando al que pertenece y se ha puesto a la tarea de cerrar la cuestión y en todo caso forzar al que no le guste a irse afuera. Por otro lado los tradicionalistas están dispuestos a soportarlo todo con tal de quedarse adentro.
    El tema es si quedara algo de la herencia para cuando Bergoglio y sus compas terminen con su tarea. Me parece a mi que están peleando en la cubierta del Titanic por los camarotes de primera clase en vez de por subirse a los botes. La historia se viene como una aplanadora encima de los dos bandos.

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    1. Jorge, hay ovejas y cabritos, y ni es la historia, es Cristo el que viene en gloria y majestad, no dudo que hay ovejas y cabritos en ambos bandos, pero cuando el Rey vuelva (para mí o para todos), prefiero estar apegado fielmente a la Fe recibida y no a la inventada. Cordialmente.
      Hilbert

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    2. A Jorge y por su comentario de 30 de diciembre de 2021, 23:38:

      Si son contrarrevolucionarios, es porque hay una revolución. Si esperen para reconquistar la Iglesia, quiere decir que esta (la Iglesia) fue conquistada. ¿Porqué o por quiénes?. ¿Cuándo y en qué circunstancias)?. ¿Con qué objeto lo fue (conquistada)?.- No veo tanto agazapado; veo cada más reincoporado….

      Si queda algo de “Bergoglio y sus compas” (sic), por supuesto quedará. Quedará una enorme tarea de reconstrucción para realizar y no, precisamente, en cosas materiales; aunque también en cosas materiales.-

      Suponer que “están peleando en la cubierta del Titanic”, es suponer que La Nave no tiene otro destino que el naufragio. Que algunos lo hagan “por los camarotes de primera clase”, es inevitable: hace a la naturaleza humana y sus miserias. Que haya que pelearse “por subirse a los botes”, implica asumir que la Nave no tiene destino, ni cobijará más que muerte: no creo que eso sea, al menos por ahora. La Iglesia es mucho más que lucha por dominio de estructuras institucionales, aunque siempre haya habido luchas por dominio. Simón, el mago, ya fue una muestra de ello.

      Lo suyo es muy expresivo y sugerente; pero, también es un modo de mirar como espectador y no involucrarse como actor. Aún a riesgo de ser un mal actor, ó de ser calificado como tal.

      No sé; me parece…..

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  6. No me parece. Solo los lefebvristas quieren la restauración del Vetus Ordo y rechazan el CVII, mientras que las Congregaciones Ecclesia Dei aceptan el CVII (hermenéutica de la continuidad)y no rechazan el Novus Ordo de plano.

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  7. A este Bergoglio hay que desearle:

    !Que tanta paz lleves como descanso dejas!

    Y todos decimos a coro:

    !Amen!

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  8. Don Wander:
    “El Papa Pablo VI prohíbe el rito plurisecular de la Iglesia romana e impone en su reemplazo un rito fabricado en un laboratorio. Y cuando otro Papa intenta reanudar el vínculo roto con la tradición, viene su sucesor y deshace esta obra. Todo esto no puede sino llevar a la pregunta que se formula al final del capítulo: ¿qué legitimidad tiene el motu proprio Traditiones Custodes? ¿No corresponde ignorarlo?” (Candelaria del Solar).
    Siempre pensé que las bases de nuestra fe católica, estaban constituidas por tres cimientos incuestionables: las Escrituras, la Tradición de los Apóstoles y el Magisterio de la Iglesia. Y eso mismo es lo que se nos enseñaba en el Catecismo de la Iglesia Católica cuando hablaba de una fuente común: el depositum fidei, constituido por la Tradición y la Sagrada Escritura, y una guía de interpretación: el Magisterio de la Iglesia:
    80. “La Tradición y la Escritura ‘Están íntimamente unidas compenetradas. Porque, surgiendo ambas de la misma fuente se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin. (D.V. 9).
    81. “La Sagrada Escritura es la Palabra de Dios, en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo”.
    “La Tradición recibe la palabra de Dios, encomendada por Cristo y el Espíritu Santo a los Apóstoles, y la transmisión íntegra a los sucesores; para que ellos, iluminados por e Espíritu de la Verdad, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicación”.
    Ambos modos de transmisión constituyen el Depósito de la fe:
    84. “El depósito sagrado (cf. 1 Tm 5,20; 2 Tm I, 12-14) de la fe (depositum fidei; contenido en la Sagrada Tradición y en la Sagrada Escritura …”.
    A los cuales se agrega el Magisterio de la Iglesia:
    85. “El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo· (DV 10).
    86. “El Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido …).
    95. “La Tradición, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el plan prudente de Dios, están unidos y ligados, de modo que ninguno pueda subsistir sin los otros; los tres, cada uno según su carácter, y bajo la acción del único Espíritu Santo, contribuyen a la salvación de las almas”.
    Esto es lo que todo católico debe aceptar fielmente. Pero, ahora se me informa, a través de diversos testimonios, que el Papa Benedicto, ante la reforma litúrgica impuesta a través del CVII por Paulo VI, publicó el motu proprio Summorum Pontificum, que, mediante un acto de su voluntad, liberalizó la antigua liturgia, hasta ese momento virtualmente prohibida. Pero el Papa sucesor, Francisco, para desconcierto, no exento de escándalo, de propios y extraños, desoyendo el mandato de la Tradición y el Magisterio del Papa Benedicto, al decir de Del Solar, “desobedeció o si se prefiere, no permitió a sus sacerdotes ni a los sufridos fieles porteños, la puesta en práctica de Summorum Pontificum en su arquidiócesis”. Aspecto éste sobre el cual, luego, ya elegido Papa, insistió en su motu propio cuyo título, paradójicamente, rezaba Traditiones custodes.
    ¡Protege, Señor, a tu Iglesia! ¡Alabado sea Jesucristo!
    Chapado a la Antigua

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    1. Bergoglio es como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer.

      Los fieles no quieren la liturgia protestantizante de Montini y desertan las iglesias...Esa es la realidad.

      La realidad dice también que hay muchos fieles que prefieren la santa liturgia bimilenaria...

      ?Qué mal hay en ello?

      Pues el porteño prefiere que desaparezca la Iglesia de Cristo antes que recatolizar la Iglesia.

      Mientras tanto se consuela creyéndose que lo importante es que el mundo siga los "principios cristianos" (la "justicia social" peronista y la "fraternidad" masonica) y no la doctrina de Cristo, quien ordenó personalmente ir por el mundo y predicar Su Evangelio de salvación.

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    2. Pio V decretó a perpetuidad, Pablo VI prohibió, Juan Pablo II permitió, Benedicto XVI liberalizó, Francisco prohibió, el que siga lo que le dé la gana. Acá hay algo mal que no anda bien...

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  9. La fuentes de la Revelación son dos: la Tradición y la Sagrada Escritura.
    La noción de Magisterio es moderna. Y me atrevo a decir algo más: la Sagrada Escritura es algo de la Tradición puesto por escrito hagiógrafos inspirados.
    Toda la reforma litúrgica se hizo ignorando la Tradición para agradar a los protestantes que niegan la Tradición como fuente de la Revelación.
    Son demasiadas cosas que hay que ordenar y aclarar para superar la mentalidad nominalista-voluntarista-positivista y entender que el Papa no puede cambiar ni prohibir la Tradición.
    Ni los lefes (al menos no todos) lo entienden bien.
    Interesante reseña; más allá de que muchos artículos los leí aquí y allá en Internet, hay que leer el libro.

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  10. Sigo con mi comentario anterior:
    "Del mismo modo hay dos razones por las que puede acontecer que el súbdito no esté obligado a obedecer en todo a su superior. Primero, por un precepto de una autoridad mayor. Así, comentando aquel texto de Rom 13,2: Quienes resisten a la autoridad atraen sobre sí la condenación, dice la Glosa: Si algo te manda el procurador, ¿deberás cumplirlo si va en contra del procónsul? Más aún: si el procónsul manda una cosa y el emperador otra, ¿puede haber alguna duda en no hacer caso de aquél y servir a éste? Luego si el emperador manda una cosa y Dios otra, se debe obedecer a éste y no hacer caso de aquél.

    Segundo, el inferior no está obligado a obedecer al superior si le manda algo en lo que el súbdito no depende de él. Y, en efecto, dice Séneca en el III De Benef.: Se equivoca el que cree que la servidumbre afecta al hombre entero. Su parte más noble está exenta. Los cuerpos están sometidos y entregados como esclavos a sus dueños; pero el alma es dueña de sí misma. Por consiguiente, en lo que se refiere a los actos interiores de la voluntad, el hombre no está obligado a obedecer a los hombres, sino sólo a Dios.

    Está obligado, sin embargo, un hombre a obedecer a otro en las obras externas corporales. Lo que no quita para que aun en éstas se excluyan los actos que interesan a su naturaleza corporal, en los que no debe obedecer a los hombres, sino únicamente a Dios, porque todos los hombres por naturaleza son iguales; por ejemplo, en lo que se refiere al sustento del cuerpo y a la generación de la prole. De ahí que no estén obligados ni los siervos a obedecer a sus señores ni los hijos a sus padres en lo tocante a contraer matrimonio o guardar virginidad y en otros asuntos semejantes. Pero en lo que se refiere a la disposición de los actos y asuntos humanos, el súbdito está obligado a obedecer a su superior según los distintos géneros de superioridad: y así, el soldado debe obedecer a su jefe en lo referente a la guerra; el siervo, a su señor en la ejecución de los trabajos serviles; el hijo, a su padre en lo que tiene que ver con su conducta y el gobierno de la casa; y lo mismo en otros casos." (STh, II-II, q.104, a. 5, c)
    Esas son las dos razones por las que no hay que obedecer TC: por un lado hay que obedecer a Dios en todo y la Tradición es fuente de la Revelación, no se puede suprimir la Tradición. Ciertamente en los ritos litúrgicos hay "tradiciones" que no son La Tradición revelada, pero ellas debe siempre ajustarse a la primera. Hay que obedecer a Dios antes que al Papa.
    Y de acá también se sigue que está fuera de la competencia del Papa mudar lo Revelado sino sólo custodiarlo y mantenerlo intacto. Por ende también la segunda razón es un motivo para no obedecerlo. Y eso no es pecado de desobediencia o una obediencia menos perfecta: es obediencia a Dios y a todos los papas que han sido fieles a la Tradición.
    El tema que está también detrás de esto es que le misal de Paulo VI NO es el misal de Juan XXIII reformado. El de Juan XXIII es el de Pío XII con algunos cambios pero esencialmente es el mismo. El de Pío XII es el de San Pío X con algunos cambios, pero estamos hablando siempre del mismo misal. El de Paulo VI no es el mismo porque sus mismos autores lo reconocieron y además porque más del 50% de las oraciones del misal promulgado por Juan XXIII desaparecieron; muchas sufrieron fuertes cambios y sólo el 17% de las oraciones se conservaron como estaban. Por eso dice el Card. Ratzinger "(...) “reforma litúrgica –de Pablo VI- acaeció algo más –que una simple ´revisión´ del Misal anterior, pues- se destruyó el edificio antiguo y se construyó otro, si bien con el material del cual estaba hecho el edificio antiguo y utilizando también los proyectos precedentes. (Mi Vida, Recuerdos (1927-1977), Ed. Encuentro, Madrid 1997, pág 24. 123 y 124.). Es un misal nuevo, es un rito nuevo, lo que no entienden los positivistas. Eso explica también, sólo parcialmente, pero en atención a la brevedad no lo desarrollo acá, el "numquam abrogatam" de Summorum Pontificum.

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  11. Don Pelayo, el problema es que si un concilio ecuménico puede estar equivocado, es algo que abre la caja de Pandora. Porque tal vez otros anteriores estuvieron equivocados también.
    Hay que encontrar alguna forma de rechazar el concilio vaticano II sin decir que estaba equivocado.

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    1. Si en verdad fue nulo, mucho peor mantener una mentira... y peor aún si se teme el desplome de la Iglesia por enfrentarla.

      Urbano

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    2. Si un Concilio se reúne con la voluntad expresa de no hacer lo que un Concilio hace, cómo se lo pone en el mismo saco con los demás? Me parece eso más problemático que abrir la supuesta caja de pandora.
      La caja de pandora es pensar que cualquier cosa que decidan hacer al margen de la Tradición, obliga a Dios y a los hombres a seguirles el juego.

      No le parece?

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    3. Es tan simple como que los canonistas y los cínicos manipuladores se van quedando solos. Tiren todas las condenas y censuras que quieran. Si el propio Papa y sus obispos no se toman en serio a la Iglesia, que no esperen que los sigan. No digo que sea algo para hacer, sino lo que está pasando.

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  12. Concedo que algo anda mal (Jorge 2 de enero de 2022, 13:57). Es más: algo anda muy mal… No por ello, que hay que ir a los botes.

    Lo que deberían entender quienes han sido consagrados para instruir a los fieles, es que la gente del común, como dicen en mi barrio, “no caza un fulbo”. Esta gente, que no tiene acceso, capacidad ó posibilidad, para dedicarse al estudio de determinadas cuestiones, sólo observa continuas disidencias y desencuentros entre sus pastores; como las observa en cuestiones que hacen al meollo de lo que debería serle enseñado, por tales pastores.

    Esto, que no es nuevo, se acentuó en los últimos años. Agréguenle los escándalos habidos y podrán comprender por qué mucha gente se alejó de la Iglesia Católica, no asiste al templo y le escapa a determinadas Misas, como a determinados “predicadores”. No me voy a explayar sobre esto; a buen entendedor, pocas palabras…

    No desconozco, ni niego, el crecimiento que tiene la concurrencia al rito tradicional (aunque, según Don Pelayo, unos son más tradicionales que otros…, sin dejar de observar lo que señala respecto al Magisterio -a diferencia de lo apuntado por Chapado a la Antigua-. Tampoco desconozco el mayor interés de mucha gente sobre el rito, la enseñanza bimilenaria de la Iglesia, su historia, y demás.

    Sin embargo, nada de lo anterior, oculta el hecho de que es dificilísimo (no imposible), hacer que “la gente” acepte –de la noche a la mañana- que lo que se le enseño, durante largos años, resulta ser erróneo o engañoso. Sobre todo, cuando por razones de edad no conocieron lo anterior. O, cuando muchos obispos o sacerdotes sostienen como válido el rito que implementan, mientras ignoran o descalifican a otro, por más que se invoque que este otro sea el que se llevó adelante desde San Pió V hasta la década del ´60.-

    Dicho esto en un blog como este, corro el riesgo de que se me salte a la yugular. Sin embargo, sólo quiero señalar que determinadas cuestiones deberían ser presentadas resueltas y no como fruto de un debate intestino irresuelto. No todos están llamados a la erudición, ni todos tienen -ó han tenido- las posibilidades que sí han tenido otros.-

    Lamentablemente, una cosa es el ser y otra el deber ser. Y para muestra basta la jerarquía católica, en su inmensa mayoría, como muchos de quienes los asisten. Como es el Rey, son sus Ministros….

    Por el bien de todos, ruego que se alcance la Unidad en la Verdad; y que, mucho de lo que se vive, pase y para siempre.-

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  13. Como si los fieles pudiéramos elegir cuando la mayoría de nosotros no podemos acudir a una misa según el rito tradicional por no celebrarse ninguna en 100 kilómetros a la redonda

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    1. Jorge, por su comprensible lamento del 2 de Enero de 22:05.

      Quizás no deba hacer esos 100 kilómetros que menciona, para asistir a una misa según rito tradicional; pero, debo cambiar de jurisdicción territorial y geografica para hacerlo. Si lo hiciera dentro del ámbito de mi misma provincia, debería hacer más kilometros aún; gastar más combustible y peajes, o trasladarme en plurales medios alternativos de transporte -de ida y vuelta-, que me demandarían más tiempo e incomodidades. Y, además, no siempre me resulta posible, ó no me resulta con la asiduidad que debería y necesito.

      Algún sacerdote, me dijo: "Venga siempre que pueda; pero, venga". Eso intento, pese a mis dificultades, más allá de traslados y transportes.

      No se desánime. Cuando una puerta se cierra, se abre una ventana, según dicen... Habrá que armarse de paciencia. Desanimarse y perder la paciencia, no nos ayudará.-

      Un saludo!.-

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