martes, 29 de junio de 2010

El verdadero San Juan


El Coronel Kurtz, desde su Roca del Grifo, escribió un par de comentarios acerca de la autoría del Evangelio de San Juan que publico en forma de post. No será fácil rebatirlos, me parece a mí, que no soy biblista.

Nadie cree aquí que un buen día San Juan se levantó y dijo: “Hoy vamos a escribir un evangelio, unas cartas y un apocalipsis.” Y se sentó frente al monitor y empezó a teclear. Pero tampoco tenemos nada para afirmar que lo que dice Jn 21:24, en una formulación cuasi jurídica, es mentira (o, como dice B. Lindars sin dar mayores pruebas, que se agregó después). A propósito de las fuertísimas implicancias del verbo “martyrein” (dar testimonio), hay un artículo muy bueno en un libro colectivo sobre el Apocalipsis que hace un par de años editó Libreria Editrice Vaticana con prólogo del cardenal Bertone, pero que ahora no tengo a mano.

Tampoco nadie aquí es literalista. La lectura literal de la Biblia nunca ha sido católica. Esto lo sabemos todos; está en el mismo Nuevo Testamento y en los Padres.

¿Entonces por qué ese interés desorbitado de ciertos comentaristas en insultar nuestra inteligencia llamándonos “fundamentalistas”? Pues porque ése ha sido siempre el método de quien se cree transgresor, llenar de epítetos a quienes no lo siguen.

Entonces nos es lícito preguntarnos “à la Hercule Poirot”, cui bono? ¿Por qué ese interés tan entusiasta y pasional por deslegitimar el Evangelio de Juan?

Quizá la mayor especialista en este libro del Nuevo Testamento al día de hoy es la Dra. Marianne Meye Thompson. En uno de sus últimos libros, “The God of the Gospel of John”, dice claramente que es este Evangelio el único que permite afirmar que Jesús es Dios. Otro especialista en Juan, el Dr. Ruben Zimmermann, dice claramente que todo el Ev. Jo. está escrito para demostrar que Jesús es Dios. (Mi alemán es pésimo, pero por suerte el Dr. Z ha publicado bastante en inglés, por ej. en “Anatomies of narrative criticism”).

Si este Evangelio es una “construcción” de una comunidad joánica posterior a la muerte del Apóstol, queda tambaleando (nada más ni nada menos que) la Divinidad de Cristo, pues entonces sería una definición dogmática hecha sobre bases falsas o, al menos, inciertas. De nuevo, la doctrina del Jesús histórico versus el Cristo de la fe. Raymond Brown lo dice claramente “aunque creemos que el IV Ev. refleja memorias históricas de Jesús, la mayor parte de la remodelación teológica de estas memorias hace al material joánico mucho más difícil de usar en la búsqueda del Jesús histórico que la mayoría del material sinóptico” (“El Evanglio según Juan”, t. I). Barnabas Lindars llega más lejos aún “el IV Ev. no tiene ninguna credibilidad histórica” (“Tras el IV Evangelio”).

[Comentario al margen: Está claro en Jn 21:24 que se usa el plural, “nosotros sabemos que su testimonio es verdadero”, que da a entender justamente que no fue el evangelista el que agarró el lápiz {aunque también hay quienes sostienen con buenos argumentos que es un plural mayestático o enfático como renuentemente reconoce R. Schnackenburg respecto al plural de las cartas joánicas}; pero hay un abismo entre esto y afirmar un construccionismo apologético contra herejías gnósticas. De nuevo, la clave es “martyrein”—dar testimonio.]

En cuanto al uso de la tercera persona, “el discípulo amado”, para referirse a sí mismo, es lo mismo que hicieron Túcides, Polibio, Julio César o Flavio Josefo (o Maradona). Es más, Richard Bauckham parecer concluir que justamente el papel de San Juan como apóstol fue el de ser testigo. Comparándolo con San Pedro, quien a veces parece ser de un nivel inferior que “el discípulo amado”, dice: “se hace evidente cuando vemos que Pedro y el Discípulo Amado representan dos formas distintas de ser discípulo: servicio activo y testigo perceptivo.”

Respecto a que se siguen hipótesis que ya están fuera de moda, les recomiendo el paper que presentó R. Zimmermann el año pasado en el congreso de Viena de la Sociedad Internacional de Estudios sobre el Nuevo Testamento, con el título “A Paradigm Shift in German Parable Exegesis? Opening up Horizons of Understanding”.

En cuanto al testimonio de los Padres, es significativo que Dionisio de Alejandría (s. III), quien dudaba de la autenticidad del Apocalipsis, sin embargo, afirmaba rotundamente la del IV Evangelio. Sabemos también del testimonio de Orígenes y de su maestro Clemente de Alejandría (s. II) quien, “por la tradición de los viejos presbíteros”, afirmaba que el apóstol Juan, “lleno del Espíritu Santo, escribió un Evangelio espiritual”. Por Ireneo (discípulo de Policarpo, discípulo a su vez de Juan) que cita más de 100 veces el IV Evang. “como Juan, el discípulo del Señor, dice” y en Adv. Haer. lo dice sin lugar a dudas: “Juan, el discípulo del Señor que descansó en su pecho, que también escribió un Evangelio, mientras residía en Efeso en Asia”. El fragmento Muratoriano (s. II), Teófilo de Antioquía (s. II), Papías de Hierápolis (discípulo directo de Juan), dan testimonio directo. Indirectamente hay citas casi textuales del IV Ev. en Ignacio de Antioquía (s. I), Justino Mártir (s. II), los herejes Traciano, Valentín, Marción, los montanistas y Celso (s. II), el “Martirio de Policarpo”, la Epístola a Diogneto y en el Pastor de Hermas.

En cuanto a la prueba, lo dice claramente un discípulo del método histórico-crítico (D. A. Carson), al preguntarse por la popularidad de Raymond Brown, respecto a otros exégetas: “… la teoría de las tradiciones de Brown [que es] mucho más especulativa y mucho menos controlable que la obra de Fortna [teoría de las fuentes], ha tenido una influencia mucho mayor—presumiblemente, uno debe decirlo, porque es coherente y por lo tanto satisfactoria, pero también porque es totalmente imposible de probar […] Kysar concluye, ‘si el evangelio evolucionó de una forma comparable a la ofrecida por Brown y Lindars, está totalmente fuera del alcance del estudioso y del historiador joánico producir la prueba de que eso es así’”.

lunes, 28 de junio de 2010

Cine de fin de semana


Desde hace ya varios meses, dejé de ver programas periodísticos sobre política argentina. Un poco tarde por cierto, pero me desahucié totalmente de la realidad política del país y de su posibilidad de cambio y, consecuentemente, ese tipo de programas me aburre. Lo bueno del caso es que he dedicado ese tiempo a ver cine que, este fin de semana consistió en tres películas: Tetro, de Henry Ford Coppola y rodada en Buenos Aires (para olvidar); Yo soy el amor, película italiana muy bien realizada hasta que se torna estrictamente pornográfica (para evitar), y la última, una agradable sorpresa:
AN EDUCATION
Se trata de una película inglesa cuya acción transcurre en Londres a comienzos de los ´60, y se puede aprender bastante:
1. No es posible ceder un ápice al espíritu del mundo. Como dice Aristóteles en la Metafísica, un error imperceptible en el comienzo, es catastrófico al final.
2. Cuidarnos de creer en los espejismos, sobre todo cuando éstos, aparentemente, cumplen todas nuestras expectativas, porque rápidamente los convertimos en ídolos que nos vuelven ciegos para lo más evidente.
3. Siempre es posible la redención y nuestros fracasos son motivo de crecimiento, si así lo queremos y nos dejamos ayudar.
4. La imagen dulce que presenta el mundo es engañosa, y lo que nos parece, desde ese lugar, una vida gris y de fracasos, suele ser lo contrario.
No es una gran película pero, dado que éstas escasean tanto, una película medianamente buena puede salvar el fin de semana.
Pude bajarse de aquí.

sábado, 26 de junio de 2010

Obispos preocupados


El blog de Psique y Eros publicó ayer una entrada en la que comenta un comunicado de Mons. Gabino Zavala quien expresa que los obispos norteamericanos están preocupados por el nuevo rol que tienen los blogs para la vida de la Iglesia, algunos de los cuales, incluso, se atreven a desafiar el magisterio de los obispos!
Es una afirmación interesante que impone, como primera medida, definir en qué consiste, propiamente, el magisterio y cuál es el papel que les corresponde a los laicos dentro de la Iglesia. Un tema complejo, que habrá que madurar un par de días.
Sin embargo, es para destacar el comentario que Ludovicus hace al post de Psique y Eros:


Lo que les preocupa es el fin del silencio, de la cultura del encubrimiento, del monopolio de la información.

Sin internet no hubiera habido caso Maciel, sin internet no se destaparían los abusos litúrgicos, sin internet Castrillón Hoyos seguiría verseando y Sodano encanutando.

Ayer hubo un allanamiento en Bélgica, relacionado con los abusos sexuales. El tinterillo de turno en el Vaticano salió a quejarse de la “profanación de tumbas”, revelación de secretos, etc. No convenció a nadie.

Se acabó. No hay nada oculto, efectivamente, que no sea develado.

A cambiar Monseñores. A pelarse el traste estudiando, a ser transparentes como el cristal, a confiar la verdad a los fieles. Y ojito con las prepoteadas.


Si yo hubiese leído ese comentario hace un año, habría dicho que Ludovicus es un resentido enemigo de la Iglesia católica. Hoy, comparto totalmente su opinión. Quizás los católicos, sacerdotes y laicos, no hemos caído aún en la cuenta en manos de quién hemos estado. Asusta si hacemos lista, aunque más no sea del último mes:

1. El 26 de abril renuncia el obispo de Brujas luego de admitir que abusó sexualmente en reiteradas ocasiones -siendo sacerdote y obispo- de su sobrino adolescente.

2. Esta semana se conoció que el obispo de Augsburg, Mons. Walter Mixa, no solamente propinó algunos coscorrones a los alumnos de un colegio católico sino que era un alcohólico grave y habría abusado sexualmente de jóvenes sacerdotes.

3. Ayer la policía belga realizó un allanamiento en la sede del palacio episcopal y en la catedral del arzobispado de Malinas-Bruselas confiscando, entre otras cosas, las computadoras del cardenal Suenens, en buscas de indicios de denuncias de abusos sexuales a menores por parte de miembros de la iglesia belga. Desde el Vaticano se quejaron, entre otras cosas, porque no respetan el derecho a la confidencialidad de las víctimas.

4. El miércoles nos anoticiamos que el Santo Padre apoya la investigación a fondo, en su plan de tolerancia cero, iniciado por la Quaestura italiana en la causa por corrupción iniciada hace años al cardenal arzobispo de Nápoles Crescenzio Sepe.

La situación no sólo es grave, sino que se agrava cada día.

Es la hora de la purificación. Habrá que esperar que pase la tormenta para ver resplandecer, cuando los nubarrones se hayan ido, a la Esposa Inmaculada del Cordero.

jueves, 24 de junio de 2010

A tientas


El comentario de Lucho me hizo acordar de un texto de Castellani que leí hace tiempo en la Catena argentea de Jack Tollers y que, en un par de ocasiones, ha sido particularmente -y paradojalmente-, iluminador para mí.

Me he levantado del escritorio para ir a la cocina para hacerme la cenacha. Quise ir a oscuras, por no gastar electricidad (plan quinquenal), y me perdí. Andaba a tientas, con la mano extendida delante: así dice San Pablo que es la fe. ¡Qué tanta luz, qué tantos faros, qué tantas antorchas que han inventado los Bernárdez! Bernárdez cree que la fe es un faro. Me perdí, me metí en un cuarto vacío creyéndolo la cocina; y después estaba en la cocina y me parecía el comedor. Pero yo sabía que andando con la mano delante, primero no me degollaría con el alambre de la ropa a secar, y segundo, algún día encontraría la llave de la electricidad, o la caja de fósforos, tan siquiera. Así dicen los teólogos que es la Fe. En cuanto a la llave de la luz, a esa la llaman la Muerte; o mejor dicho la “Visión Beatífica”, acerca de la cual hacen muchos metafisiqueos bastante ininteligibles, como podría hacerlos acerca del sol un topo en su topera, y acerca de la vida de las mariposas una isoca. Pero Bernárdez ya conoce la visión beatífica. Pero la isoca será mariposa; y nosotros, sabemos que la llave de la luz existe. Claro que antes de encontrarla en la cocina, metí dos veces la mano en la olla de la leche, y una vez el pie en el tarro de la basura, helás. Así también, me tiene que pasar en este mundo, antes de encontrar la Visión Beatífica -si es que ya no me ha pasado. Meteré la pata en alguna basura, paciencia.

miércoles, 23 de junio de 2010

Fe, misterio y mitologización


La discusión del último post ha dado para pensar bastante. Yo me quedé dando vueltas con el tema del modo en el que los bienaventurados contemplarán a los damnati, y de las respuestas tomistas o pseudo-tomistas a la cuestión. Algún comentador dijo con agudeza que, en definitiva, es un tema de fe, porque se trata de un misterio. Y creo que allí está la clave.

Por cierto que fides quaerens intellectum y que la fe se debe fundar racionalmente en un conjunto de probabilidades. Pero, ¿hasta dónde debemos llegar en el empeño de escudriñar racionalmente el misterio de la fe? Me parece que a veces se nos ha ido la mano o, mejor dicho, se les ha ido la mano a los teólogos. No es que me refiera solamente al clásico ejemplo de discutir la cantidad de ángeles que caben en una cabeza de alfiler, sino a otras indagaciones que explotan en cuestiones, cuestiúnculas, artículos, sed contras y respondeos. Y no me refiero con esto a Santo Tomás, que muy claro tenía la cuestión, sino más bien a la escolástica posterior.

Se me ocurre una breve reflexión siguiendo a Newman. No se trata de disolver el misterio con los “poderosos” medios de la razón humana. Se trata, más bien, de mitologizar el misterio que siempre debe estar envuelto en las nubes y las oscuridades del Altísimo. En efecto, no nos corresponde entrar en el santuario donde reside Dios, cuando los mismos serafines se cubren el rostro en su presencia.

Como decía la Patrística, el misterio es una verdad sacramental, es decir, una gracia preciosa e invisible que habita en una forma exterior y es un depósito a conservar con cuidado por amor a las realidades celestiales que contiene.

Yo me animaría a hablar del profundo gozo que el misterio provoca en el corazón humano. En el proceso de maduración de la fe, cuando se hace necesario arrojarse en esas profundidades que parecen oscuras y sin sustento racional, acontece el vértigo en el momento de la decisión, pero luego, es esa misma oscuridad resplandeciente, o luz crepuscular, la que provoca el enorme gozo y la absoluta confianza de estar en manos del Logos Eterno. Como dijo el joven Juan a su hermano Andrés: “He encontrado al Señor”. Nosotros hemos encontrado al Mesías. Y con eso nos basta.

jueves, 17 de junio de 2010

Mi salvación, y la de los otros


Uno de los puntos centrales de la discusión que estamos dando se refiere a qué hacer cuando mi martirio -sea éste cual fuere, y no necesariamente la muerte-, afecta de un modo directo a mis otros más cercanos. (Un ejemplo, a veces habitual: me ofrecen un trabajo en el que voy a ganar el doble, pero sé que las tentaciones serán mucho mayores, o no tendré tiempo para estar con mis hijos o para rezar; lo rechazo, a sabiendas que en casa no lo comprenderán y se armará problema).
Me parece que no se trata aquí de desinteresarnos de la salvación de los otros, y mucho menos de los que nos son más próximos, sino más bien de convencernos de que el saber qué es lo que debemos hacer para salvarnos nos concierne exclusivamente a cada uno de nosotros, y nadie puede tomar nuestro lugar, así como nosotros no podemos tomar el lugar del otro.
La Palabra de Dios no nos es anunciada para saber de qué modo se deben salvar los otros, sino para que cada uno de nosotros conozca de qué manera debe trabajar personalmente para su salvación.

miércoles, 16 de junio de 2010

Ratzinger sobre Tomás Moro


Gracias Patricia Jáuregui por aportar este texto de Ratzinger, tan apropiado para entender el martirio de Tomás Moro, y de otros tomasitos que andan por ahí en la actualidad:



"Tomas Moro. Parecía obvio reconocerle al rey la supremacía sobre la Iglesia.
No había un dogma explícito que lo excluyera de modo inequívoco. Todos los obispos
lo habían hecho; por qué iba a exponer su vida él, un laico, y precipitar a su familia
en la ruina? Si no quiere pensar en sí mismo, no debe, al ponderar los motivos, dar al
menos la prioridad a los suyos en lugar de seguir obstinadamente la voz de su
conciencia? En tales casos queda patente a nivel macroscópico, por decir lo así, lo
que ocurre constantemente en lo cotidiano de nuestra vida. Puedo librarme de un
asunto incómodo haciendo una pequeña concesión a la mentira. O a la inversa: acercar
las consecuencias de la verdad me acarrea un tremendo disgusto. Cuántas veces ocurre
esto! Y cuántas veces cedemos! La situación en que se encontró Tomás Moro es corriente
si la traducimos a lo cotidiano: si muchos lo dicen, por qué yo no? cómo voy a perturbar
la paz del grupo? por qué voy a hacer el ridículo? no está la paz de la comunidad por
encima de mi verdad? La armonía del grupo se convierte así en tiranía contra la verdad.
Joseph Ratzinger en CONVERSIÓN,PENITENCIA Y RENOVACIÓN.


Y sí. Siempre es más fácil quedarse callados. Cuando se habla, o se escribe, siempre
hay alguien que se enoja.