jueves, 30 de diciembre de 2010

Los zombies de Newman


Transcribo dos textos del cardenal Newman, tomados de sus cartas, altamente ilustrativos del "zombismo" católico:

"Me parece una locura que los católicos ingleses vinculen a la infalible Iglesia y a la Sede de San Pedro con cada acto de cada persona que, en el transcurso de 1800 años, ha tenido una autoridad eminente en ella. ¿Por qué no vinculamos a la Iglesia con lo que el propio San Pedro hizo en Antioquía, según lo relata el segundo capítulo de la Epístola a los Gálatas? O ¿por qué pensamos que no hubo nada humano entre la discusión de San Pablo y San Bernabé? Puedo entender que un italiano pretenda inculcar una veintena de creencias irrelevantes en los ingleses, porque no nos conoce; pero el que los ingleses que desean la conversión de Inglaterra pretendan relacionar, de manera indisoluble, el dogma con el hecho de que un papa no puede errar como médico privado o en aspectos particulares de su conducta, eso es para mí incomprensible... o considerar prácticamente como un punto de fe a la necesidad del poder temporal del papa. ¿En dónde estamos, si individuos y partidos, de acuerdo con sus propios sentimientos o puntos de vista, nos pueden acarrear adiciones a la fe católica, tal como ya ha sucedido alguna vez?"

"Pertenecer a la Iglesia implica, primero, recibir como de fide todo lo que esta propone de fide; acatar las decisiones de la Schola Theologorum, cuando sea unánime en cuestiones de fe y moral, teniendo por seguro que está prohibido contradecirles; obedecer los mandatos de la Iglesia de hecho y en el actuar, aunque por cuestiones de prudencia, política, etc. se pueda pensar que otras indicaciones resultarían mejores. No estás llamado a creer de fide nada que no haya sido promulgado como tal; no estás llamado a ejercer una creencia interna de cualquier doctrina que las sagradas congregaciones, los sínodos locales, determinados obispos o el papa, como doctor privado de la Iglesia, puedan enunciar. No estás obligado a creer o actuar en contra de la ley moral por mandato de algún superior".

lunes, 27 de diciembre de 2010

El decálogo del zombi católico, by Ludovicus


En respuesta a Genjo, nuestro amigo Ludovicus ha elaborado un interesante decálogo:

1. El zombi católico no piensa, obedece.

2 .El zombi católico adhiere en forma incondicional e irreflexiva a todo lo que dice o mande la autoridad, sea el Papa, sea el líder del movimiento que integra. Es más: adhiere porque es autoridad, no porque se diga o mande algo bueno. Adhiere sin distinguir jerarquía o modalidad. Si el Papa reinante dice que le gusta el strudel, pues le gustará a él. Si el próximo abomina de la repostería alemana, despedirá a la cocinera.

3. El zombi católico está siempre seguro. Jamás se interroga si estará o no en lo cierto. Jamás desconfiará de la pureza de los motivos interiores que lo hacen adherir a la buena causa.

4. El zombi católico está contento y conforme con el modo y todas las prácticas con que se vive el catolicismo en la Iglesia o en el grupo o movimiento que integra. Ni se le ocurre cuestionarlas o enfrentarlas con el Evangelio, para constatar si se han desviado.

5. El zombi católico tiene alegría compulsiva. Desconoce la tristeza, las resistencias de la materia, el sufrimiento verdadero. Es más, lo niega. Niega, en general, la realidad y su realidad. Todo es maravilloso, porque vive en Disneylandia... católica.

6. El zombi católico descuenta la mala fe de quienes critican a la Iglesia o el movimiento que integra. En particular, considera todo ataque a la organización como una conspiración. En última instancia, es Satanás el que ataca su movimiento o a la Iglesia.

7. La crítica interna, es decir, de los mismos católicos o miembros de la organización o movimiento que integra, será para el zombi católico "mal espíritu".

8. El zombi católico considera que el fin justifica los medios, si de salvaguardar la institución, Iglesia o movimiento que integra, se trata. En particular, recurrirá, para defender buenas causas, a argumentos capciosos, restricciones o reservas mentales, argumentos ad hominem. Tendrá especial gusto por resaltar los vicios del adversario ("Y tú más"). Si está en la verdad, puede permitirse ciertas licencias, caer en los maquiavelismos que reprocha al enemigo.

9. El zombi católico se olvida que pertenece a una religión cuyo Fundador fue crucificado por la autoridad religiosa. Que fue sacrificado con el argumento de que "es preferible que muera un hombre a que perezca todo el pueblo".

10. El zombie católico nunca investiga las denuncias contra las autoridades de su movimiento u organización. Fundamental: No lee lo que escriben las víctimas o ex adeptos. Jamás se permite sospechar sobre sus superiores. Se limita a repetir lo que le dicen: son calumniadores, resentidos y mentirosos. Estigmatiza, sobre todo, a los "ex". En definitiva, el zombi católico neocon "suspende el ejercicio de la razón, reprimiendo todo impulso de crítica o revisión de lo que dicen o mandan sus superiores" (Padre Thomas Berg, ex sacerdote legionario, explicando su salida de la Legión de Cristo).


Adición wanderiana: Recuerdo que muchos, muchísimos, neocon me trataron de personaje peligroso y sembrador de mal espíritu cuando se me ocurrió decir públicamente que no me había gustado la película “La vida es bella”. Si el Magno Polaco la había visto en compañía del director y le había gustado, era norma que debía ser del agrado también de todos los buenos católicos.

Gracias a la generosidad del sacerdote escolapio amigo, he incluido en el Arcón dos nuevos libros de L. Bouyer: La Iglesia de Cristo y La iniciación cristiana.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Acá y allá


Me quedó dando vueltas en la cabeza la expresión de un comentarista a raíz del post sobre la contemplación. Allí decía que no tenía sentido hablar de alegría en el blog del Wanderer dado que éste era una persona triste lo cual podía comprobarse por el pesimismo que expresaba en sus escritos.

Nadie es buen juez de sí mismo, pero creo ser una persona alegre. Sin embargo, el problema que quiero comentar no es ese, sino la visión de la alegría y la tristeza que tiene ese amigo lector. Según él, tener una visión crítica de la Iglesia y del mundo debe conducir, necesariamente, a la tristeza. Y esto sería así porque tanto una como el otro no serían ya espacios habitables para nosotros. Pero la pregunta es si un cristiano debe encontrar en ellos espacios habitables. Es decir, la cuestión se reduce a preguntarnos dónde debemos posicionarnos: acá o allá. O bien, desde dónde debemos ver la realidad: desde acá o desde allá.

Más de una vez he afirmado en el blog que el cristianismo es una religión escatológica y, por eso mismo, los cristianos debemos mirar a la vida y al mundo desde allá. Es lo que nos decía San Pablo en la epístola de la Misa de Gallo: “(debemos) renunciar a la irreligiosidad y a los deseos mundanos, y llevar ya desde ahora una vida sobria, en espera de la gloriosa venida del gran Dios y Salvador, Cristo Jesús, nuestra esperanza”. La visión del Apóstol es la de una vida en espera de la manifestación del Señor y no de mundos e iglesia perfectos en este siglo.

Algunos de los obispos asistentes al Concilio Vaticano II exigían un documento sobre el mundo contemporáneo porque, caso contrario, los marxistas iban a tener razón cuando acusaban a los católicos de vivir en este mundo como exiliados. Estos padres conciliares no recordaban la Salve en la que nos llamamos “exiliados hijos de Eva” que viven en un valle de lágrimas.

Por eso, si miramos todo desde el “valle de lágrimas”, ciertamente deberíamos ser pesimistas y tristes. Pero si miramos al valle desde allá, es decir, desde la esperanza a la que hemos sido llamados, reconoceremos las lágrimas que lo inundan, pero nosotros seremos inundados de la alegría y del gozo “que nadie podrá ya arrebatarnos”.


Gracias a la generosidad de un escolapio, he agregado al Arcón "La Biblia y el Evangelio", de L. Bouyer.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Feliz Navidad




O Oriens,
splendor lucis aeternae, et sol justitiae:
veni, et illumina sedentes in tenebris, et umbra mortis.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Sermones de Newman


Beatrice Atherton, una lectora del blog y muy querida amiga, ha transcrito algunos sermones del cardenal Newman. Son cuatro y todos ellos excelentes, como debe ser.
Están en la sección correspondiente del Arcón.

martes, 21 de diciembre de 2010

Aclaración oportuna (¿y a destiempo?)


Acaba de salir esta aclaración. Oportuna.


Nota della Congregazione per la Dottrina della Fede

Sulla banalizzazione della sessualità

A proposito di alcune letture di "Luce del mondo"

In occasione della pubblicazione del libro-intervista di Benedetto XVI, Luce del mondo, sono state diffuse diverse interpretazioni non corrette, che hanno generato confusione sulla posizione della Chiesa cattolica riguardo ad alcune questioni di morale sessuale. Il pensiero del Papa non di rado è stato strumentalizzato per scopi e interessi estranei al senso delle sue parole, che risulta evidente qualora si leggano interamente i capitoli dove si accenna alla sessualità umana. L’interesse del Santo Padre appare chiaro: ritrovare la grandezza del progetto di Dio sulla sessualità, evitandone la banalizzazione oggi diffusa.

Alcune interpretazioni hanno presentato le parole del Papa come affermazioni in contraddizione con la tradizione morale della Chiesa, ipotesi che taluni hanno salutato come una positiva svolta e altri hanno appreso con preoccupazione, come se si trattasse di una rottura con la dottrina sulla contraccezione e con l’atteggiamento ecclesiale nella lotta contro l’Aids. In realtà, le parole del Papa, che accennano in particolare ad un comportamento gravemente disordinato quale è la prostituzione (cfr. Luce del mondo, prima ristampa, novembre 2010, pp. 170-171), non sono una modifica della dottrina morale né della prassi pastorale della Chiesa.

Come risulta dalla lettura della pagina in questione, il Santo Padre non parla della morale coniugale e nemmeno della norma morale sulla contraccezione. Tale norma, tradizionale nella Chiesa, è stata ripresa in termini assai precisi da Paolo VI nel n. 14 dell’enciclica Humanae vitae, quando ha scritto che è "esclusa ogni azione che, o in previsione dell’atto coniugale, o nel suo compimento, o nello sviluppo delle sue conseguenze naturali, si proponga, come scopo o come mezzo, di impedire la procreazione". L’idea che dalle parole di Benedetto XVI si possa dedurre che in alcuni casi sia lecito ricorrere all’uso del profilattico per evitare gravidanze indesiderate è del tutto arbitraria e non risponde né alle sue parole né al suo pensiero. A questo riguardo il Papa propone invece vie umanamente e eticamente percorribili, per le quali i pastori sono chiamati a fare "di più e meglio" (Luce del mondo, p. 206), quelle cioè che rispettano integralmente il nesso inscindibile di significato unitivo e procreativo in ogni atto coniugale, mediante l’eventuale ricorso ai metodi di regolazione naturale della fecondità in vista di una procreazione responsabile.

Quanto poi alla pagina in questione, il Santo Padre si riferiva al caso completamente diverso della prostituzione, comportamento che la morale cristiana da sempre ha considerato gravemente immorale (cfr. Concilio Vaticano II, Costituzione pastorale Gaudium et spes, n. 27; Catechismo della Chiesa cattolica, n. 2355). La raccomandazione di tutta la tradizione cristiana – e non solo di quella – nei confronti della prostituzione si può riassumere nelle parole di san Paolo: "Fuggite la fornicazione" (1 Corinzi, 6, 18). La prostituzione va dunque combattuta e gli enti assistenziali della Chiesa, della società civile e dello Stato devono adoperarsi per liberare le persone coinvolte.

A questo riguardo occorre rilevare che la situazione creatasi a causa dell’attuale diffusione dell’Aids in molte aree del mondo ha reso il problema della prostituzione ancora più drammatico. Chi sa di essere infetto dall’Hiv e quindi di poter trasmettere l’infezione, oltre al peccato grave contro il sesto comandamento ne commette anche uno contro il quinto, perché consapevolmente mette a serio rischio la vita di un’altra persona, con ripercussioni anche sulla salute pubblica. In proposito il Santo Padre afferma chiaramente che i profilattici non costituiscono "la soluzione autentica e morale" del problema dell’Aids e anche che "concentrarsi solo sul profilattico vuol dire banalizzare la sessualità", perché non si vuole affrontare lo smarrimento umano che sta alla base della trasmissione della pandemia. È innegabile peraltro che chi ricorre al profilattico per diminuire il rischio per la vita di un’altra persona intende ridurre il male connesso al suo agire sbagliato. In questo senso il Santo Padre rileva che il ricorso al profilattico "nell’intenzione di diminuire il pericolo di contagio, può rappresentare tuttavia un primo passo sulla strada che porta ad una sessualità diversamente vissuta, più umana". Si tratta di un’osservazione del tutto compatibile con l’altra affermazione del Santo Padre: "questo non è il modo vero e proprio per affrontare il male dell’Hiv".

Alcuni hanno interpretato le parole di Benedetto XVI ricorrendo alla teoria del cosiddetto "male minore". Questa teoria, tuttavia, è suscettibile di interpretazioni fuorvianti di matrice proporzionalista (cfr. Giovanni Paolo II, enciclica Veritatis splendor, nn. 75-77). Un’azione che è un male per il suo oggetto, anche se un male minore, non può essere lecitamente voluta. Il Santo Padre non ha detto che la prostituzione col ricorso al profilattico possa essere lecitamente scelta come male minore, come qualcuno ha sostenuto. La Chiesa insegna che la prostituzione è immorale e deve essere combattuta. Se qualcuno, ciononostante, praticando la prostituzione e inoltre essendo infetto dall’Hiv, si adopera per diminuire il pericolo di contagio anche mediante il ricorso al profilattico, ciò può costituire un primo passo nel rispetto della vita degli altri, anche se la malizia della prostituzione rimane in tutta la sua gravità. Tali valutazioni sono in linea con quanto la tradizione teologico-morale della Chiesa ha sostenuto anche in passato.

In conclusione, nella lotta contro l’Aids i membri e le istituzioni della Chiesa cattolica sappiano che occorre stare vicini alle persone, curando gli ammalati e formando tutti perché possano vivere l’astinenza prima del matrimonio e la fedeltà all’interno del patto coniugale. Al riguardo occorre anche denunciare quei comportamenti che banalizzano la sessualità, perché, come dice il Papa, proprio questi rappresentano la pericolosa ragione per cui tante persone nella sessualità non vedono più l’espressione del loro amore. "Perciò anche la lotta contro la banalizzazione della sessualità è parte del grande sforzo affinché la sessualità venga valutata positivamente e possa esercitare il suo effetto positivo sull’essere umano nella sua totalità" (Luce del mondo, p. 170).

[01827-01.01]

El pedido de los orientales


Cuando era poco más que adolescente, recuerdo que un día me topé con un Anuario Pontificio de los años ´40 o ´50. Ahora lamento no habérmelo agenciado. En fin, en esa ocasión, me llamó mucho la atención que, en el orden de precedencia de la corte papal, estaban primero los cardenales y sólo después los patriarcas de las iglesias católicas orientales. ¿Cómo podía ser? Si ellos eran los sucesores de las sedes apostólicas, deberían ser los primeros y no detrás del cardenal párroco de Santa María in Via Lata.
Para que la cosa es más importante que una veleidad de adolescente. Aquí copio -en traducción rápida-, el pedido realizado por el sínodo de obispos orientales.

El pedido de los Orientales

No es un pedido nuevo. Se trata de una larga, y a veces espinosa historia. Respeto a los patriarcas católicos orientales, por el leyes canónicas particulares, por los sacerdotes casados y por un tratamiento igualitario en los países con mayoría de católicos latinos. Son estos los reclamos que aparecen una y otra vez. En muchos casos, la respuesta de Roma es que si se permitiera que las iglesias orientales actuaran en Occidente como lo hacen “en su casa”, provocaría escándalo a los fieles latinos. Pareciera que se busca evitar dificultadas, pero el mensaje de fondo es que la iglesia latina es superior y normativa, mientras que las iglesias orientales se les deja hacer solamente aquellas cosas que Roma permite. Esta situación debe terminar si se espera, como Roma ha anunciado, mostrar a la iglesia ortodoxa cómo funcionaría la unión en una hipotética iglesia post-cisma.

CIUDAD DEL VATICANO (CNS). La gran mayoría de los católicos de Medio Oriente pertenecen a las iglesias orientales., y sus obispos reclaman con fuerza en el Vaticano y piden mayor respeto y un perfil más elevado para las católicos orientales.

Reflejando la población católica de la región, 140 de los 185 votantes miembros del Sínodo de los Obispos de Oriente Medio provienen de las iglesias orientales y varios de ellos hablaron durante el sínodo del 12 de octubre.

No solamente reclamaron por el reconocimiento de sus derechos, sino que también se refirieron a la obra que necesita realizar para fortalecer la identidad cristiana de sus fieles, preservar su herencia y terminar con la rivalidad que existe entre los católicos de diferentes ritos.

El obispo Vartan Waldir Boghossian, con sede en Argentina para los católicos armenios de América Latina, utilizó un lenguaje más bien duro para exponer de modo particular los límites que se le imponen a los patriarcas católicos para atender a sus fieles que han emigrado de sus patrias.

Las iglesias orientales, aún en plena comunión con el papa, poseen sus propias leyes canónicas y disciplinas, sus propias liturgias, espiritualidades, historias y legados. Y mientras ellos intentan ser identificados con sus países o regiones geográficas, muchos de estos obispos poseen la mayoría de sus fieles viviendo en el extranjero, afirmó el obispo Boghossian.

Dijo, además, que “de las 23 iglesias sui iuris que integran la Iglesia Católica, solamente una –la iglesia latina- no está sujeta a los límites” de la autoridad y el poder del patriarca y el sínodo al que sí lo están las antiguas iglesias orientales.

Por ejemplo, mientras los obispos de la Iglesia Católica Armenia elige a los obispos para las diócesis de Armenia, es el papa quien elige a los obispos para las diócesis de Estados Unidos y Australia.

El Código de Derecho Canónico de las iglesias orientales describe a los patriarcas como “padres y guías de sus iglesias”, afirmó Mons. Boghossian. “Esta paternidad y la jurisdicción no debe estar limitada a un territorio”, especialmente cuando la mayoría de las iglesias miembros viven fuera de ese territorio.

Por otro lado, agregó, el patriarca de las iglesias orientales “debido a su identidad como padre y líder de iglesias sui iuris –es decir, autogobernadas- que conforman la catolicidad de la Iglesia Católica, ipso facto deberían ser miembros del colegio de electores del pontífice romano sin necesidad del título latino de cardenal. Y, por la misma razón, deberían tener precedencia sobre ellos”.

En la actualidad, tres de los patriarcas orientales son cardenales, pero en el orden de precedencia del Vaticano, ellos se ubica atrás de los poco cardenales obispos y antes de los cardenales presbíteros y cardenales diáconos.

El obispo copto Antonios Aziz Mina de Guizeh, Egipto, dijo que, especialmente cuando hay más fieles de una iglesia oriental viviendo fuera que dentro del territorio de esa iglesia, “no es muy lógico que los fieles que pertenecen a una iglesia sui iuris no tengan relación con ella más que en el aspecto litúrgico”.

“Mi pedido es que se le otorgue a los patriarcas jurisdicción personal sobre los fieles de sus iglesias, sea donde sea que ellos estén”, afirmó. Esto sería un gran cambio.

El obispo copto también le pidió al papa Benedicto XVI que revoca la decisión tomada en los ´30 según la cual las iglesias orientales solamente pueden orden a hombres casados en sus territorios propios. Este sería un cambio mucho mayor.

Mons. Robert L. Stern, secretario general de la Asociación para el Bienestar de los Católicos de Oriente Medio, afirmó en el sínodo que al enfatizar los límites geográficos de la autoridad de los patriarcas orientales, la Iglesia está actuando en contra de una visión de iglesia entendida como una red en la que la unidad no significa uniformidad y donde la comunión crece a través de la comunicación y el intercambio.

“En el modelo de red, la existencia de muchas iglesias en un mismo territorio es algo normal, y las rivalidad e intentos de proselitismo o dominación son inapropiados”, afirmó.