jueves, 17 de marzo de 2011

Reflexiones sobre el fin


No tengo idea si los últimos sucesos nipones son el anuncio del fin del mundo. Apenas si he leído, y hace varios años, lo que dicen Castellani y Newman sobre el tema. No puedo opinar con seriedad. Sin embargo, tengo esperanzas de que el fin esté cerca e imagino que los primeros cristianos, que gritaban Maranatha, nos envidiarían.

Pero las esperanzas podrían no ser más que ilusiones de los abatidos que caminamos por las desoladas tierras posmodernas. Y si aplico el análisis racional, encuentro razones para mantener la esperanza, y otras tantas que me convencen que son puras ilusiones. Quizás los que saben puedan ayudarme.

A favor de la esperanza encuentro que los textos proféticos de la Escritura y la interpretación que de ellos han hecho los exégetas relatan hechos que -pareciera- están ocurriendo. En el mundo físico, tres terremotos devastadores con tsunamis incluidos en el plazo de un año, es bastante significativo. Y si a eso sumamos las mortandades de peces, el volcán islandés que paralizó a Europa durante más de una semana, la marea negra de la plataforma petrolera americana y algunas plagas más, el diagnóstico se fortalece. Y la catástrofe nuclear japonesa viene a coronar la situación.

En el mundo moral, no parece necesario enumerar lo que todos vemos y sabemos. Basta señalar como paradigmático la inversión del orden que se ha instalado en el mundo, amparada y promovida por los estados: padres que asesinan a sus hijos, sodomitas que legalizan su enfermedad, adolescencias perpetuas, etc.

Sin embargo, otro hechos abonan más bien la teoría de la ilusión, y dos de ellos me parecen bastante claros. En primer lugar, yo no veo patente que haya pasado ya la terrible persecución que sufrirán los justos, aquella que será abreviada para que no se pierda ninguno de ellos. Entonces, o bien la persecución todavía no ha llegado, o bien ha llegado y no nos hemos dado cuenta. La primera opción no ofrece dificultad, pero la segunda es más compleja, y veo dos posibilidades. La primera, y más terrible, sería que yo no estoy en el número de los justos y, entonces, no he sufrido, ni sufriré, la persecución y no soy capaz de verla en los otros. La segunda, que me parece demasiado rosada, es que estemos sufriendo la persecución y no seamos del todo conscientes de ella. A favor de esta posibilidad podría citar el testimonio de varios Padres y doctores, algunos de la Patrística y otros más cercanos como Newman, que se lamentaban por adelantado de los “sufrimientos” que deberían padecer los cristianos de los últimos tiempos y ponían como ejemplo el estado de persecución abierta y, sobre todo, solapada de la fe que vivimos desde hace décadas. Sin embargo, encuentro aquí una dificultad filosófica. El sufrimiento, para que sea tal, debe ser consciente. Si no hay consciencia de que se sufre, no se sufre. Y si bien todos nosotros tenemos consciencia de estar sufriendo la persecución del mundo, en pocos casos -if any- se trata de una consciencia de sufrimiento insoportable. Quizás se deba a que estamos tan bestializados que ni cuenta nos damos ya de la gravedad de la situación o, sencillamente, a que la situación no es tan grave.

La segunda constatación que juega en contra de la teoría de la esperanza, es que yo no veo claro al Hijo de la perdición presente en el mundo. Aún si suponiendo que no se trate de una persona concreta, no percibo con precisión alguna nación, alguna etnia o alguna agrupación que pudiera encarnarlo. ¿El democratismo? ¿El liberalismo? ¿La tecnologización y, consecuentemente, el imperio de la materia? ¿Todo eso junto? Es probable, pero no lo veo claro.

Quisiera que fuera esperanza. Me parece más bien que es ilusión.

lunes, 14 de marzo de 2011

Castellani y el terremoto de Japón


Jack Tollers entrevistó al P. Castellani con preguntas acerca de del terremoto y tsunami japonés:


¿Qué le parece lo que está pasando en Japón―y en el mundo?

Ante los desastres y las amenazas de esta época castastrófica, es natural que todos queramos saber lo porvenir. El que no sabe adónde se dirige, no puede dar un paso. ¿Adónde va el mundo?, claman todos. A esta hambre actual de profecía se le propinan profecías falsas. Es menester dar la buena profecía, que para eso la tenemos. (Cristo ¿vuelve o no vuelve?, Bs. As., 1976, Dictio, p. 20).

Nosotros hemos sido criados en una cultura que celebra el progreso, sobre todo el progreso tecnológico, pero ahora… bueno, ahora estamos bastante asustados…

[No es todo más que consecuencia de...] la idolatría del Hombre: poco me importa que se concrete en la idolatría del Estado o Estatolatría, la idolatría de la Ciencia, o la idolatría del Progreso, o del Arte, o de la Belleza, o de la Fuerza, o de la Técnica. “Yo soy el Dios único. No adorarás la obra de tus manos” dice el segundo mandamiento. No crean es cosa nueva, pero ella cunde enormemente en el mundo actual, aquí también, en todas partes: ella es como el fondo común de todas la herejías. (6 Conferencias sobre la exégesis bíblica, Bs. As., 1963; Tercera Conferencia: La exégesis actual, inédito, pero se hallará en http://www.cuadernas.com.ar/miscelanea.php/castellani-6-charlas-sobre-la-exegesis).

Pero, no entiendo… ¿qué tiene que ver la idolatría con, digamos, la explosión de un reactor nuclear?

La destrucción material de árboles y yerbas, así como las siguientes destrucciones, son simples consecuencias y figuras de las destrucciones espirituales históricas que han acabado por traerlas; vistas como en transparencia. (El Apokalypsis, México, 1967, Jus, p. 350).

Eso sugiere que el demonio quiere destruir todo lo material… valiéndose de fuerzas ocultas en la materia…

[Si fuera eso nomás.] El poder del demonio será tremendo y se desatará en todas direcciones: en operaciones ocultas y nefandas de magia y espiritismo, en el poder mortífero e idolátrico de la “ciencia moderna”, que ya ahora puede arrojar fuego del cielo con la bomba atómica y hacer hablar a una imagen con la televisión combinada con la radio; en la tiranía implacable de la maquinaria política, en la crueldad de los hombres anarquizados y vueltos “fieras de la tierra”, en la seducción sutil de los falsos doctores, que usarán el mismo cristianismo contra la cruz de Cristo, una parte del cristianismo contra otra y a Jesús contra su Iglesia [...] y, en fin, terribles tormentos interiores, que, sobre los exteriores, sufrirán las almas fieles: sometidas a noches oscuras interminables que no se resolverán en esta vida, a conflictos de conciencia desgarradores. Porque la mística católica quedará reducida a su parte pasiva, habrá como una supresión provisoria de los favores divinos a las almas, mientras Satán suscitará falsas místicas y éxtasis nefandos. Habrá almas que lucharán sangrientamente toda la vida sin resultado aparente contra sus defectos o contra tentaciones supremas, sufriendo el bofetón de Satanás sin la gracia sensible; porque “el sol se oscurecerá, la luna se volverá sangre, y caerán las estrellas del cielo…” . (Los Papeles de Benjamín Benavídes, Bs. As., 1978, Dictio, p. 269-270).

Ud. no se anda con chiquitas, y da la impresión de que induce a una cierta desesperación…

Las palabras de Cristo―más duras aun en su limpidez de acero que las del discípulo―inducirían a pánico y desesperación, si no estuviesen equilibradas por las promesas más dulces. Así como la mayor tribulación en su brevedad encierra un terror desmesurado, así la condiciones si fuera posible encierra una promesa amorosísima. “Caerían, si fuera posible, los mismos escogidos”, dice Cristo. No es posible, pues, que caigan los escogidos. Un ángel les marca la frente y los cuenta. Dios ordena suspender las grandes plagas hasta que estén todos señalados. Dios abrevia la persecución por amor de ellos. El Anticristo reinará solamente media semana de años (42 meses, 1260 días). Todos los mártires serán vengados. Los impíos serán flagelados de innúmeras plagas. Dos grandes santos defenderán a Cristo y tendrán en sus manos poderes prodigiosos. Y cuando caigan, Cristo los llamará y revivirán. Después, nosotros, los que vivimos, seremos llamados y arrebatados con Cristo en el aire. (Cristo ¿vuelve o no vuelve?, Bs. As., 1976, Dictio, p. 26).

Sí, bueno, puede que tenga razón, lo cual no quita que esté bastante asustao…

Yo no he venido para predicar la proximidad del fin del mundo como hizo San Vicente Ferrer en el s. XIV y se equivocó. Vengo solamente a traer a los males actuales la consolación del Hno. Bartfield, el cual en “El Salvador” pidió permiso para ir a la enfermería a visitar a un enfermo y le dijeron, “Sí, pero no lo aflija más, dígale palabras de consuelo”. “Osté deja eso por cuenta mía” dijo el alemán. Y en efecto, al llegar al moribundo le dijo: “No hay que desafligirse ni tomar poca pena porque todo lo que está pasando no pasará y cosas peores vendrán” (Risas). (Las profecías y el fin de los tiempos, 6 conferencias en la Parroquia del Socorro de Buenos Aires dictadas en 1969, que se hallarán en http://www.cuadernas.com.ar/miscelanea.php/las-profecias-y-el-fin-de-los-tiempos ).

(Entrevistó Jack Tollers)

domingo, 13 de marzo de 2011

Las 24 tesis anti-filolefebvrianas, by Dr. Martin


Martin Ellingham, desde su retiro en las costas de Cornwall, ha elaborado con impecable lógica, las Veinticuatro tesis anti-filolefebvrianas que se desprenden del más que infortunado escrito del P. Iraburu.

1.- Cuando yo utilizo una palabra, significa lo que yo quiero que signifique, ni más ni menos (Lewis Carroll).


2.- La definición no debe ser clara, ni más clara que lo definido, sino «circiterista»: es decir, debe emplear términos indistintos y confusos, como si fuesen algo sólido e incuestionable, y extraer o excluir de ellos, el elemento que interesa extraer o excluir (Romano Amerio). Además, si es alusiva, debe contener connotación despectiva.


3.- «Filo-lefebvriano es quien comparte en mayor o menor medida las posiciones de los lefebvrianos» (José M. Iraburu).


4.- El Cardenal Darío Castrillón Hoyos declaró sobre la figura de Marcel Lefebvre: «Era ungran hombre de Iglesia y negarlo sería un error, ciertamente anti-histórico, contra la verdad. (…) Lefebvre tenía un gran amor por la Iglesia Católica e hizo cosas buenas que se deben tener en cuenta. En esencia, digo, sin temor a ser desmentido, que Lefebvre era un buen católico, cuya vida debe ser estudiada en profundidad, y en algunas partes también nuevamente evaluada.». Por tanto, se trata de un cardenal filo-lefebvriano que ha de ser anatematizado por sus opiniones.


5.- El p. Gerald Murray, en su tesis aprobada en la Universidad Gregoriana afirmó:

«El examen de las circunstancias en las que Mons. Lefebvre procedió a consagrar obispos a la luz de los cánones 1321, 1323, 1324, provoca al menos una duda significativa, incluso una certeza razonable contra la validez de declaración de excomunión pronunciada…». Se trata de un canonista filo-lefebvriano que debe ser sancionado por sus opiniones.


6.- Desde la perspectiva del derecho canónico, es delito tanto el «cisma material» como el «cisma formal». Desde la perspectiva canónica, el delito de «cisma material» puede ser cometido tanto por personas como por instituciones. Por lo que se debe concluir que la FSSPX ha cometido el delito de «cisma material» colectivo y es canónicamente «cismática».


7.- El CIC de 1983 no ha modificado la definición del delito de cisma. No es verdad que mientras el CIC de 1917 empleó el término latino «recusat», el CIC de 1983 ha utilizado el término latino «detrectatio». Mienten, pues, los canonistas que afirman que ha habido mutación en la definición del delito de cisma.


8.- Luego de la sanción del CIC de 1983, no constituye un arcaísmo canónico hablar de suspensión «a divinis», y la censura de la suspensión «a divinis» puede aplicarse apersonas (laicos o clérigos) y a instituciones.


9.- Clérigo suspendido con censura «a divinis» es idéntico a «clérigo vago», i.e., que tiene prohibido ejercitar sus funciones sacerdotales porque no está propiamente incardinado.


10.- Asimismo, hay que identificar «clérigo vago» con «clérigo cismático».


11.- La definición moral del pecado de cisma no es intrínsecamente dependiente de su definición canónica. El Catecismo de la Iglesia Católica no define al cisma (n. 2089) copiando literalmente la definición del CIC de 1983 (c. 751), y durante la vigencia del CIC de 1917, los teólogos no tomaban la noción moral de cisma de la norma canónica (c. 1325,2).


12.- Desde la perspectiva de la moral cristiana toda desobediencia es «cisma material». Así, por ejemplo, los clérigos desobedientes, que no llevan traje eclesiástico, incurren en el pecado de «cisma material».


13.- Para la moral cristiana el pecado de «cisma material» no se especifica por su objeto: la separación. Por tanto, un acto no será de naturaleza cismática por su objeto específico, querido por la voluntad.


14.- Interno y externo son nociones idénticas. Por tanto, un «problema interno» de la Iglesia católica es idéntico a un «problema externo»; por ende reciben idéntico tratamiento eclesial, tanto los grupos que se encuentran en el «interior» de la Iglesia, como los que se encuentran en su «exterior».


15.- Para la Eclesiología del Vaticano II, toda lesión a la plena comunión eclesial, y toda desobediencia al Romano Pontífice, constituye un «cisma material», y no existen actos de desobediencia de naturaleza infra-cismática.


16.- A la luz del Vaticano II, se ha de tratar de idéntica manera a todos los «hermanos separados», sea que se encuentren en el «interior» o en el «exterior» de la Iglesia.


17.- El Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y la Pontificia Comisión Ecclesia Dei son órganos idénticos de la Curia Romana, que tienen las mismas funciones, y se ordenan a tratar con personas en idéntica situación respecto de la plena comunión eclesial.


18.- La denominada communicatio in sacris activa, por la que un fiel católico pide sacramentos válidos a un ministro no católico, se rige por el c. 844, tanto en el caso de las iglesias y comunidades eclesiales «separadas», que son objeto de Ecumenismo, como en el caso de la FSSPX, que también es objeto de Ecumenismo. La Pontificia Comisión Ecclesia Dei ha cometido un grave error en materia de Eclesiología, Moral y Disciplina de los sacramentos, al aplicar para la communicatio in sacris activa con los ministros de la FSSPX normas y criterios distintos, y menos rigurosos, que los del ya citado canon 844.


19.- Potencia y acto son nociones idénticas. El peligro, que es potencial, se identifica con la realización de un suceso contingente, que es actual. Es así que nadar en el mar y ahogarse son realidades idénticas.


20.- «Cisma en potencia» y «cisma en acto» son nociones idénticas. Por tanto, la expresión «peligro de un cisma» es de idéntico significado a «cisma» consumado.


21.- Dice Benedicto XVI que «una ordenación episcopal sin el mandato pontificio significa el peligro de un cisma» (10-III-2009). Por tanto, «peligro de cisma» es lo mismo que «cisma consumado», así como peligro de incendio e incendio consumado son una mismacosa.


22.- En la Iglesia católica no existen actuaciones consistentes en decisiones disciplinares o prudenciales, en las que junto a principios seguros concurren otros elementos circunstanciales. Las expresiones de Juan Pablo II en el MP Ecclesia Dei (n. 3), al calificar de «acto cismático» la ordenación episcopal sin mandato pontificio realizada por el Arzobispo Lefebvre en 1988, constituyen una sentencia definitiva, y no un juicioprudencial.


23.- Por tanto, cuando Benedicto XVI dice que «una ordenación episcopal sin el mandato pontificio significa el peligro de un cisma» no está modificando la sentencia definitiva de Juan Pablo II, que es irreformable en sí misma; ni está atenuando el juicio moral prudencial de su predecesor, al cambiar la expresión «acto cismático» por «peligro de cisma», pues calificar a un mismo hecho de «acto cismático» o de desobediencia grave, que implica «peligro de cisma», significa, objetivamente, lo mismo. No es lícito aplicar a la proposición del Papa el «dictum de omni» de la lógica aristotélica: lo que se dice del género, o de la especie, no se puede predicar de los individuos. Tampoco es dable interpretar la frase del Papa en relación con su contexto inmediato, pues ni el párrafo en el que se inserta alude expresamente a la ordenación episcopal sin mandato pontificio realizada por el Arzobispo Lefebvre, ni el título del documento menciona la remisión de la excomunión a los cuatro obispos consagrados sin mandato por Lefebvre en 1988.


24.- Benedicto XVI dice en su libro Luz del mundo que los cuatro obispos consagrados por Lefebvre en 1988 «habían sido excomulgados por la sola razón de que habían sido ordenados sin mandato papal». No es posible interpretar que la expresión «por la sola razón» da una pauta hermenéutica sobre la mente del Papa en lo referido a la valoración actual de los sucesos de 1988.

viernes, 11 de marzo de 2011

Para el fin de semana


La BBC 2 emitió a principios de enero una excelente miniserie en dos capítulos: "El hundimiento del Laconia".
El 12 de Septiembre de 1942, el Laconia, un crucero inglés reconvertido en transporte para las tropas, fue torpedeado y hundido por el submarino alemán U-156, comandado por Werner Hartenstein. Murieron 1621 personas, y sobrevivieron 1104. El barco transportaba en su mayor parte mujeres, niños, soldados heridos y prisioneros de guerra italianos. Tras haber hundido el barco, se suponía que Hartenstein debía dejar a los supervivientes a la deriva, pero en lugar de eso tomó la decisión de salvar tantas vidas como pudiese.
Es casi una película revisionista, lejos ya de aquellas vistas en las que, siempre, los alemanes eran los más malos y los más tontos. En este caso, los alemanes quedan muy bien -incluso el almirante Doenitz-, los ingleses quedan bien, los americanos quedan mal y los polacos quedan muy mal.
Sólo conseguí subtítulos en inglés.
Sorry.... cuando iba a copiar los links de descarga, ya habían eliminado los archivos del servidor. Si algún alma caritativa y pirata tiene el dato, que lo pase.
AQUÍ, un nuevo sermón de Newman sobre la santidad, dactilografiado por una fiel lectora.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Respuesta a Gelfand


Estimado Gelfand: Como mi respuesta a su último comentario es un poco larga, aquí va en forma de post.

En temas de liturgia, es conveniente no fiarse demasiado de los manuales que habitan las bibliotecas de los módicos seminarios de provincia, sino más bien recurrir a obras serias. Por eso digo:

a. Me da la impresión de que hablamos de cosas distintas: a lo que Ud. llama "época patrística", el ámbito científico llama "cristianismo primitivo". En ese caso, efectivamente, Ud. tiene razón. En casa de Priscila, donde celebraba San Pablo, no había jubé, las cortinas sólo se usaban para cubrir las ventanas y San Pablo no usaba ni casulla ni manípulo.

Por época patrística entiendo la que se extiende a partir de comienzos siglo IV, que es cuando comienzan a construirse las basílicas romanas y latinas. En ellas, "en medio de la nave del centro, inmediatamente delante del santuario, una ancha empalizada cerrada por cancelas de mármol rodeaba el lugar destinado a la schola cantorum (o coro). El santuario estaba en la extremidad de la nave central pero elevado un poco sobre el plano de ésta. Terminaba en un ábside semicircular, al fondo del cual, cubierta por un velo, se erguía la sede episcopal… De ordinario, los fieles no ocupaban la nave central, sino solamente las dos laterales: a la derecha, los hombres; a la izquierda las mujeres”. (M. Righetti, Historia de la liturgia, t. I, Madrid, BAC, pp. 395-6). Vea el plano que lustra el blog, donde aparece graficada la explicación. Con lo cual, queda claro que en la época patrística había coro y jubé, y el celebrante estaba separado y oculto a los ojos de los fieles.

b. Con respecto a la comunión en la mano, digo:

1. Trate de no cruzarse con un armenio porque lo degüella. He asistido varias veces a la Misa en rito armenio, tanto en iglesias católicas como ortodoxas, y la comunión se da en la boca. Ni se les pasa por la cabeza darla en la mano. Y sobre esto pueden hablar con más autoridad que yo algunas damas que frecuentan el blog y conocen muy bien el rito.

2. Tiene razón: en el rito bizantino no se arrodillan; se postran. Y sería bastante incómodo dar la comunión a una persona postrada.

3. He asistido a todos los ritos orientales, incluso el abisinio, y nunca, en ninguno de ellos, se comulga en la mano. Y no se le ocurra intentarlo porque no lo considerarán indigno como Ud. dice, sino sacrílego, y la pena para esta falta se me ocurre que debe ser bastante grave.

4. Para el tema de la comunión en la mano, le aconsejo el libro de Mons. Juan Rodolfo Laise, Comunión en la mano (Buenos Aires, Vórtice, 2005), que posee varias ediciones en español, francés y próximamente también en inglés. Este estudio es definitivo sobre el tema, por eso le insisto que recurra a obras serias como esta. Si no lo consigue, avíseme y se lo hago llegar gustosamente.

c. Es verdad que hay plegarias eucarísticas que, para su criterio, no serían irreprochables y que, aún más, ni siquiera tienen la fórmula de la consagración. Ud. se refiere sin duda a la plegaria de Addai y Mari, utilizada aún hoy por los fieles caldeos, y que fue aprobada por la Santa Sede hace algunos años, lo cual da prueba de su irreprochabilidad. Sobre el tema, le aconsejo vivamente la lectura del libro del P. Uwe Lang, Die Anaphora von Addai und Mari: Studien zu Eucharistie und Einsetzungsworten, Nova&Vetera, Bonn, 2007. Puede conseguirlo en Amazon.de o en la página de la editorial.

martes, 8 de marzo de 2011

Acotaciones


Han sido muy valiosos los comentarios al post sobre la Borrachera de los años conciliares. El tema de la liturgia, y de la reforma litúrgica, es el gran tema. Como bien nos decía Ludovicus, “Es la liturgia, estúpido”.

Se me ocurren algunas acotaciones:

1. Es importante no convertir a Bouyer en un gurú. Sobre todo aquí, que tanto despotricamos contra los gurús. Soy un entusiasta seguidor de este gran teólogo del siglo XX pero reconozco que en el tema litúrgico no siempre me convence. Diría que pocas veces me convence. Pero rescato lo que alguien dijo ya en este foro: no me convence porque lo veo desde este lado del tiempo, que si lo viera desde el lado en que lo vio él, quizá pensaría distinto. Todos nosotros hemos sido marcados por la carnicería litúrgica de Bugnini y juzgamos los cambios después de haber sido salpicados con sangre. Creo que Bouyer, como otros representantes del primer movimiento litúrgico, pecaron de ingenuos y de optimistas.

2. Debemos cuidarnos, sin embargo, de caer en el otro extremo, es decir, entender a la misa como un bloque inamovible e intocable. Esto es un coletazo o una consecuencia indeseada de la reforma de San Pio V. Frente a la debacle de la cristiandad europea, este papa y el concilio tridentino consideraron que el remedio era petrificar la doctrina y la liturgia. Probablemente fue la solución adecuada pero, aún en este caso, no pueden negarse las consecuencias negativas que sobrevendrían. Y una de ellas fue el convencimiento, acrecentado en las últimas décadas por fuerza de las circunstancias, de que la misa era ese bloque de piedra, y para algunos, casi una revelación divina. Veamos dos hechos que a mí me han ayudado a “romper el paradigma tradicionalista” de la inmovilidad litúrgica:

a. Un investigación seria que pronto será editada, obra de un importante especialista, demuestra que, diez años después de la edición típica del “misal de San Pío X” y de la excomunión lanzada contra los que se atrevieran a tocar una tilde de él, ya comienzan a aparecer cambios, los que serán muy frecuentes a lo largo de los siglos hasta llegar al “misal de Juan XXIII”. Por cierto, eran cambios menores, si los compara con lo que hizo el Vaticano II, pero cambios al fin. Esto demuestra que, en la liturgia, siempre hubo movilidad.

b. El misal romano en uso en la mayor parte de las iglesias de Occidente y que luego queda fijado por San Pío V para todas las iglesias latinas que no tuvieran tradiciones litúrgicas antiguas (de más de cien años), es el misal que se usaba en la curia romana. Pero no nos imaginemos que se trataba de la curia que hoy tiene asiento en la majestuosidad de la basílica vaticana. Era el misal que los curiales papales utilizaban cuando el palacio pontificio estaba en San Juan de Letrán y la capilla papal era la que hoy se ubica en la Scala santa, frente al Laterano. Se trata de un reciento pequeño y sencillo, que impide el despliegue de grandes ceremonias y exige, en cambio, la “sencillez” y “parquedad” que, se nos ha dicho hasta el cansancio, caracteriza al rito latino. Si a esto le sumamos la idea de que en esas ceremonias medievales se cantaba el suave e imperturbable gregoriano de Solesmes en iglesias románicas y góticas de piedra gris, la sensación de la amada austeridad del rito latino se intensifica aún más. Me parece bien que nos sintamos a gusto con esa imagen, pero seamos conscientes de que no es la real: los cantos litúrgicos no eran precisamente solemnienses -basta escuchar algún CD de Marcel Perès- y las iglesias estaban totalmente pintadas, de arriba abajo, con colores estridentes.

Con esto quiero decir que nuestra “misa tridentina” es fruto de una serie de contingencias históricas y de elecciones humanas, y no un legado traído desde el cielo por algún ángel. Y me atajo: con esto no quiero decir que la liturgia se pueda reformar por eruditos de escritorio, como pasó en los ´60, sino que es pasible de una cierta reforma.

3. Como dice Gelfand, la solución no es volver a la misa tridentina, aunque sería un muy buen primer paso. Y aquí me parece que entra la acotación de Ludovicus sobre su preferencia por las carnes podridas a las momificadas. La “misa tridentina” fue y es aún muchas veces un “rito”, que se ubica junto a otros, como el asado de los domingos y la cerveza del verano. Es decir, se asistía misa pero sin involucrarse de ningún modo en la acción litúrgica. Entonces, mientras el sacerdote celebraba los sagrados misterios, los fieles rezaban el rosario o leían algún libro piadoso. La misa, en definitiva, les refalaba. La solución frente a esta situación anormal fue la participación activa de los fieles propuesta por los liturgistas del Vaticano II, y las misas se convirtieron en lo que vemos hoy. No hay discusión acerca de que tal concepto de participación fue una innovación: jamás en la Iglesia se entendió que el papel de los fieles debía ser ese. Y, para comprobarlo, no es necesario ser un erudito; basta mirar la disposición de las iglesias medievales o de las basílicas romanas: la misa se celebraba detrás del jubé, o detrás de cortinas, o dentro del coro, que era un reciento cerrado dentro de la Iglesia. En el momento de la implementación de la participación activa, se podría haber discutido acerca de su conveniencia. Hoy, después de cuarenta años, está a la vista su rotundo fracaso, si es que lo que se pretendía era renovar la vida cristiana de los fieles. Hay que reconocer, sin embargo, el éxito en la instauración del “paradigma de la participación” a punto tal, que uno de los parámetros para medir el éxito o fracaso pastoral de un cura, es mesurar cuántos fieles cantan en la misa, cuántos lectores tiene y cuántas ofrendas acercan al altar.

A mí me parece que la idea de participación de los fieles debe ser asimilada a la de integración de los fieles en el misterio litúrgico. No se trata de que “hagan” algo, sino de que se integren al misterio que se celebra. Y me viene a la memoria la participación en las liturgias orientales, en la que se ve los fieles totalmente involucrados e integrados al misterio, aunque lo único que hacen es la señal de la cruz y reverencias en incontables oportunidades.

lunes, 7 de marzo de 2011

Sobre las diferencias de opinión


Encontré un interesante texto de Newman. Habla acerca de las diferencias de opinión, sobre materia opiniable, que existen entre los cristianos. Nos viene bien a nosotros, redactores y lectores del blog:


"Pues siempre ha habido tales diferencias y siempre las habrá en la Iglesia; entre los cristianos habría dejado de haber vida espiritual e intelectual, si tales diferencias no existieran. Es parte de su estado militante. Ningún poder humano lo puede impedir y, si lo intentara, habría que llamarle soledad a lo que llaman paz. Y así, pensando que el hombre no lo puede impedir, por mucho que lo intente, no siente gran asiedad ni preocupación. El hombre no puede y Dios no quiere. Sino que desea que estas diferencias sean un ejercicio de caridad. Por supuesto que yo deseo tanto como sea posible estar de acuerdo con todos mis amigos; pero, si a pesar de todos mis esfuerzos, me superan o no me alcanzan, no puede evitarlo y lo tomo con calma".