jueves, 5 de mayo de 2011

Catholic bloggers conference at the Vatican

Una foto del encuentro romano, tomada por Lupus.

martes, 3 de mayo de 2011

Encuentro de bloggers y una oferta imbatible


Antes de publicar el reportaje de Tollers al Anónimo Normando, propongo algunas variedades:
1. Ayer 2 de mayo, se realizó en el Vaticano un encuentro de bloggers católicos. Missainlatino.it nos comunica que no fueron invitados. Sospecho que si el Wanderer y sus amigos hubieses solicitado invitación, también se les habría negado. Habrá asistido, seguramente, el P. Iraburro con su corte de filo-iraburranos, aún cuando fue  destrozado literalmente por el comentador Luis. Esa es la intelligentzia católica que promueven algunos en el Vaticano: apologética, obsecuente y oficialista.
2. Un ofertón: Tollers ha colgado de su página la traducción de "Entusiasmo", el eminente libro de Ronald Knox. No pueden dejar de leerlo. Es un libro imprescindible, para volver varias veces en la vida. La clave para comprender, entre otras cosas, el drama de los movimientos neo-con.

domingo, 1 de mayo de 2011

"La Teresa de Bernini es una canallada"



Reportaje de Tollers a Ludovicus (y III)



Tollers: Sí, el hachazo cerca de la raíz… usted, como imagen de los tratos del alma con Dios, ¿prefiere la amistad o el amor conyugal?

Ludovicus: Ahí me pega con un "issue" que me tiene preocupado y da para un análisis muy largo, además de que me voy a meter en problemas... Yo no tengo problemas con el eros proyectado hacia Dios, como le dije antes. Pero en los últimos tiempos noto que la espiritualidad actual, que es degradación de la devotio moderna exacerbada y sensiblera, es decir, hipertrofia de la humanidad de Jesús, se ha erotizado. Sinceramente, esta espiritualidad de "Jesús, mi amado" para muchachos, para peor varones, no me gusta. Ya el Barroco había tensado los planos de lo erótico y lo espiritual, superponiéndolos de forma basta, en relación con las mujeres. La Teresa de Bernini es simplemente una canallada, y me sorprende que alguien haya creído que eso era religión, parece un mal chiste. Usted sabe lo que dijo el embajador de España cuando instalaron la estatua en Santa María de la Victoria : "Si eso es un éxtasis, yo anoche tuve uno" (risas).

La amistad con Dios sólo puede entenderse desde la analogía, por mediación de la representación simbólica de las diversas amistades, como en el Cantar de los Cantares. Esto se entendía hasta la Edad Media en forma icónica: como representación de una realidad análoga, apofática. Había trato entre el alma y Dios, y ese trato era íntimo, análogo a la relación conyugal y a la amistad, pero análogo: era amistad entre Creador y creatura, entre Ser y casi-nada. Aparecía la reverencia infinita, el temor de Dios santo.

En mi opinión, el barroco suplantó la analogía por la univocidad, y superpuso los planos sin la necesaria transposición analógica: una mujer con un orgasmo es una mujer en éxtasis. Fíjese en esta otra estatua, la de la beata Teresa Albertoni.
Ahora, si concentramos la adoración en la humanidad de Cristo y encima lo hacemos un hombre más, y le aplicamos la carga sentimental conyugal... estamos en problemas. Y si lo hacen curas con tendencias más o menos homosexuales, en un contexto de sensiblería romántica con canciones de misa con letra y música de bolero, aquí hay dinamita. Sobre todo para los varones. Una cosa es que todo te lleve a Dios y otra, tratar con Dios con cualquier cosa. Una cosa es fumar mientras se reza, y otra, rezar mientras se fuma, como decía el casuista jesuita.

Es mi opinión, y espero que no me acusen de freudismo, pero ayer escuché una oración donde le hacen decir a "Jesús": “Te amo, estoy adentro tuyo, te necesito", con voz sentimental... no me gusta.



Tollers: Dicen que en 1999 le preguntaron al Patriarca Bartolomeo I de Constantinopla qué habían perdido las iglesias con el cisma de 1054. Contestó que “la vida cristiana en la cristiandad occidental se volvió antropocéntrica y en la cristiandad oriental ortodoxa se quedó teoantrópica”.

Ludovicus: Está claro que la "herejía occidental" es el nominalismo y el voluntarismo en metafísica, y el antropocentrismo en teología. Quizás por falta de ese contrapeso del pulmón oriental, como decía Juan Pablo, el nominalismo y la devotio moderna―que es una espiritualidad humanista y poco mística― torcieron el rumbo de la espiritualidad occidental, confluyendo en el barroco postridentino. Que tiene muchas realizaciones artísticas, no las discuto para que no digan que soy un filisteo. Pero en el que hay una innegable tendencia antropocéntrica y una duda metafísica y religiosa latente. A veces me imagino ir a buscarlo a Santo Tomás con una máquina del tiempo. Era un tipo muy inteligente, y no creo que tuviera dificultad en entender rápidamente los progresos modernos, el avión o la TV , por ejemplo. Pero imagínese ponerlo en la "Sala de Baños", como llamó un cardenal a la Sixtina , o frente a esta estatua que estamos viendo de Teresa Albertoni, y explicarle que eso es arte religioso cristiano.




Tollers: ¿Qué piensa del Papa actual?

Ludovicus: Qué pregunta... El mejor Papa que podríamos tener en estos tiempos. Y si uno lo compara con sus predecesores, pues un gigante. Si uno piensa además que hace siglos que a la Sede de Pedro no llegaba un hombre de libros, un teólogo, que el cursus honorum habitualmente incluía ser un abogadito canónico y un burócrata, o en su defecto un pastoralista... Y encima, un hombre con una concepción del Papado generosa, tradicional, no despótica, en la línea de un custodio, no un dueño de la tradición. El mejor Papa de los ortodoxos, el mejor Papa de los anglicanos. Un Papa transversal, por tradicional, por rechazar los esquemas más esclerotizados del Papado postridentino. Un hombre que no ha fundido su estilo sobre los dos moldes antitéticos de los "beatos gemelos": Juan XXIII y Pío IX. O Pablo VI y Juan Pablo II, para seguir las vidas paralelas. Uno de los Papas intelectuales más grandes de la historia, al nivel de un Pío II –que dejó un diario personalísimo de cómo llegó a ser Papa- o de un Benedicto XIV, por no hablar de santos sino de grandes cabezas. Y la gloria de este hombre ha sido comprender que "es la liturgia, estúpido". No ahora, sino desde hace décadas, cuando quizás en algunas otras materias o respecto de algunos aliados no veía las cosas tan claras. Y actuó en consecuencia cuando llegó a la Sede Romana. Los defectos son de carácter personal: la timidez, la falta de cintura política, cierta sobreadaptación germánica frente al Establishment curial que le impide ser más claro, gran dificultad para elegir colaboradores a su altura; respecto de esto último, parece una estatua de Apolo en medio de un jardín lleno de enanos de cemento. En parte la culpa es de él. Pero bueno, yo lo disfruto mucho. Lo vamos a extrañar, Tollers.



Tollers: Claro que sí. Pero a mí me llama la atención que nunca se enoja, que no sé si es un rasgo de su personalidad, de su psicología, o si acaso no es fruto de una determinada concepción benevolente de la caridad…

Ludovicus: Sí, tenemos los defectos de nuestras virtudes y las virtudes de nuestros defectos. Pero en la práctica, esta incalentabilidad es positiva. Con la mala imagen que le han forjado si además apareciera enojado sería el Guy Fawkes perfecto para asustar a los chicos del Ulster a la hora de tomar la sopa...


Tollers: A Castellani le irritaban los que decían que “ la Iglesia nunca estuvo mejor” que ahora. Y a ud., ¿le irritan los que dicen que nunca estuvo peor que ahora, o está más bien de acuerdo?

Ludovicus: Sí, claro que me irritan. Los "optimistas" suelen ser tributarios de cierto conformismo idiota, del progresismo ingenuo; los "pesimistas", de una concepción angelista de la historia de la Iglesia , ignorante absolutamente de lo que realmente fue: un despelote con muchísima frecuencia. Basta con leer Historia de la Iglesia en serio. Y a eso se le suman las disposiciones personales, de carácter. Pero tanto en su versión optimista como en la pesimista son juicios presuntuosos, suponen cierto cronocentrismo y egocentrismo: yo, ombligo del Universo, sub specie aeternitatis, señalo que este tiempo es el mejor o el peor, depende de cuál humor hipocrático prevalece en mí.


Tollers: Por supuesto que nosotros los cristianos estamos obligados a creer que Cristo vuelve pronto, pero, entre nosotros (y si nadie nos está escuchando) ¿cree usted que la fin del mundo está cerca?

Ludovicus: Depende del día (risas). Hay un hecho, sin embargo, más allá de la detección de acontecimientos más o menos cataclísmicos, que me parece contundente: la irreversibilidad de ciertos procesos de degradación de la naturaleza humana, cuando son extensos y sobre todo cualitativos, por medios ordinarios. Benedicto ha dicho varias veces que la misma noción de Dios parece extinguirse en vastas porciones de la Humanidad , como una llama que se apaga. Habitualmente menciona esta idea en relación con el culto, con lo que está diciendo que se extingue la vera noción de Dios, la idea teándrica y por ende látrica que conlleva la creatureidad. En ciencia y cultura, esta verdadera pasión por negar el orden en el Universo, este dogma del caos como must del pensamiento científico, esta búsqueda de la facultad de crear y manipular naturalezas: parece difícil apartarse de este Árbol de la Ciencia. Y para peor, el Árbol de la Inmortalidad está cerca. Urge, pues, expulsar al hombre de este Paraíso que se está construyendo, antes de que termine de construir el Infierno.

Por cierto que la gracia no está sujeta a la entropía, y que todo puede ser reseteado por Cristo. De eso se trata. Que Cristo viene, de una forma u otra, pero viene.


Tollers: ¿Árbol de la Inmortalidad ? Sí, por un lado botox e inseminación artificial, por otro, lifting y clonación. Pero, la pregunta no es mía, sino de Federico Mihura, ¿se puede des-naturalizar al hombre? (si así fuera, la gracia “rebotaría”, por así decirlo).

Ludovicus: Como tomista impenitente, debería decir que no. Pero vuelvo al texto bíblico: en un diálogo misterioso, podríamos decir prototrinitario, Yaveh advierte que hay que evitar que el hombre "que se ha hecho semejante a nosotros", pueda acceder al Arbol de la Vida. La nota sólita de rutina dice que hay aquí una ironía del escritor sagrado. No estoy tan seguro, aquí hay "food to think": Dios advierte el peligro extremo que revestiría para una condición humana cerrada sobre sí misma sustraerse a la muerte, blindándose a esa última gracia material, sit venia verbo, que es la hermana muerte. Estaríamos ante una especie de consolidación del Infierno, "In medio vitae morte sumus", podríamos decir espantosamente. No existe el hombre en estado de naturaleza pura. Como dice Chesterton en frase famosa, "quitado lo sobrenatural, no queda lo natural, queda lo antinatural". Están también esas poderosas metáforas de la degradación humana que Tolkien plasmó en el Señor de los Anillos: Gollum, los trolls... Y no desdeñemos el daño que desde el punto de vista antropológico se puede hacer a esa condición caída. Hace poco leía que los nuevos medios tipo facebook o twitter generan en sus usuarios empedernidos redes neuronales distintas, con respuestas mas ràpidas y menos reflexión. Esto, cuando se consolida, resulta en una degradación de la razón y por ende de la naturaleza -el hombre es de natura racional- que Mac Luhan ya había observado cuando la irrupción de los medios audiovisuales. En cualquier caso, ¡qué preguntas me hace, Tollers!


Tollers: La última, pues. ¿Ha escrito alguna cosa? ¿Ha publicado algo? ¿Tiene proyectado algo?

Ludovicus: En esta materia, estimado amigo, soy un partidario irrestricto del control de natalidad. ¿Para qué traer nuevos libros al mundo que no aporten sustancialmente nada nuevo? ¿Para que sean infelices?

miércoles, 27 de abril de 2011

"La religión es algo peligrosísimo"



Reportaje de Tollers a Ludovicus (II)

| Tollers:         ¿Cómo sabe latín? ¿Qué otras lenguas domina? ¿Sirven para algo, le parece?
Ludovicus:      El latín como todos en estas crueles provincias, lo aprendí a salto de mata, con alguna  buena profesora. El inglés, bueno, es el koiné de la época, difícil eludirlo. Con el latín y algunos rudimentos, se pueden leer las lenguas romances, que en definitiva es lo que uno busca. Leerlo a Dante, por ejemplo, escapándose de los ripios de Mitre. ¿Conoce el epitafio de Mitre que le hicieron en el grupo Martín Fierro?
En esta casa parduzca yace el traductor del Dante; Apúrate caminante, no sea que te traduzca. (Risas)
Metiéndome en uno de sus oficios, Tollers, creo que uno puede resignarse a las traducciones en prosa, con la excepción del lenguaje filosófico que exige constantes perífrasis para las intuiciones―¿cómo traducir kairós, ens, Zeitgeit?―y sobre todo del lenguaje poético y del litúrgico. Son géneros en que prima la intuición y la imagen, de modo que traducir es como tratar de llevar agua de un cuenco de la mano al otro: se pierde la mitad por el camino. En el caso de la liturgia, con el agravante de que es poesía decantada secularmente, con cadenas de  asociaciones mentales también seculares, en parte subconscientes, no plenamente cervantinas ni cartesianas. Por ejemplo, ¿cómo traduce el locum refrigerii, lucis et pacis del Memento de los Difuntos? "El lugar del refrigerio" parece el bar de la oficina. Refrigerium, por una asociación inmediata,   trae a la memoria la Odisea y la Eneida, con esas sombras que se acercan a la libatio derramada en tierra; es algo estupendo, porque funde las imágenes del paganismo―la idea de que las almas están "descansando" en cierta estupefacción―con las nociones primitivas acerca de la vida en el Purgatorio. Y eso con una sola palabra. O la frase referida a la hostia, "Ofrenda racional"―dicho así, en castellano, uno piensa en Kant, en un economista, en un plan de ajuste. Tiene que hacer una perífrasis: adecuada a Ti, digna de tu Naturaleza, proporcionada al Ser-Que-Es, espiritual. Y todo con rationale.
Bueno, todo eso lo hicieron pelota con las traducciones. A la basura con las cadenas de asociaciones nocionales, el humus secular de que se alimenta la mente, las grandes imágenes poéticas que reflejan por analogía lo Sacro.

Tollers:           Sí, las traducciones deficientes son verdaderas traiciones. A veces tengo la impresión de que es fina obra del demonio. Entre nosotros, por ejemplo, “La crisis de nuestra civilización” de Hilaire Belloc no dice mucho, precisamente por eso. Ahora, cuando se trata de las Escrituras (entre paréntesis, lo del culto “racional” está en San Pablo, Romanos, creo), y si se traduce mal deliberadamente… Dios nos pille confesados. Y dígame, ¿le gusta la poesía? ¿Compuso alguna?
Ludovicus:      Me gusta muchísimo, la clásica y la moderna. Es un buen correctivo contra el pensamiento racionalista, a veces demasiado contrapeso como cuando uno lee a T.S. Eliot o a Pound y termina escuchando el trotar seco de las ratas sobre el vidrio de los callejones no sabemos bien a cuento de qué. La poesía exige una forma distinta de leer, de representar y de pensar que abre operaciones intuitivas del intelecto soterradas por la ratio.   El viejo librero Yanover, el de la librería enfrente de la Facultad de Ingeniería en Las Heras, decía que los mejores lectores, sed pauca, eran los que leían poesía. Y claro que todos tenemos el violín de Ingres, algo he escrito y algo escribo.

Tollers:           ¿Y novelas? ¿Escribió alguna?
Ludovicus:      No. Sucede que la literatura siempre me pareció palabras mayores, me pegó fuerte eso de que sólo tenés que escribir si hay algo nuevo que decir que repetía el charlatán de Gregorio Marañón, si no me equivoco. Bajo la influencia de Borges, siempre preferí el cuento. Quizás con esto de internet se me suelta la mano, no sé. Por de pronto, dejé de escribir bien, que es el primer requisito.

Tollers:           Usted y yo participamos del blog del Wanderer casi desde sus inicios, así que ya se sabe qué pensamos. Pero existe fuerte oposición al uso del medio al que se considera nocivo en sí mismo…
Ludovicus:      Hasta hace poco, estaba en la etapa de enamoramiento con el medio. Hay ventajas indudables: con internet se acabaron los secretos. En materia de secreto eclesial, encubrimientos, tapaderas, todo eso se acabó, no va más. Esto ha producido un cambio formidable en la Iglesia católica, ha sido como el cumplimiento de la profecía de Jesús de que nada oculto dejará de ser revelado.... La información hoy es instantánea. Hay un allanamiento en Bélgica y todos nos enteramos. Ya no se puede engañar a la gente con una fraus pía.
Y el acceso a las fuentes... una maravilla. Usted, Tollers, puede poner a disposición del lector respetable traducciones en tiempo real, joyas que antes costaba media vida encontrar en librerías de viejo. Etcétera.
Ahora, en cuanto  a los blogs de naturaleza más controversial, los veo con muchas limitaciones. Se pasa de un tema a otro, no se profundiza, la palabra de un burro vale lo mismo que la de un profesor, se corren los riesgos o de exponer el nombre o de que, en caso de haber optado por el anonimato, te develen la identidad. Por supuesto, cuando el blogger es bueno sirve para laudar y darle contorno a las cuestiones.  Pero es lo que hay, probablemente sirva de aperitivo, quizá a alguien le haga un click en la cabeza.
En todo caso, el balance sigue resultando positivo. Es lo que hay.

Tollers:           ¿Alguna vez pensó en hacerse cura?
Ludovicus:      Jamás.

Tollers:           ¿Irse del país?
Ludovicus:      Errata pathos.

Tollers:           En los tiempos que corren, aquí en la Argentina, aquí y ahora, suponiendo que contara con el dinero necesario, ¿haría un colegio, un diario, una revista, una editorial, pondría una radio, un canal de televisión, o quizás, produciría una película? (Yo querría hacer una miniserie sobre la vida de Newman―habría que hacerla en Inglaterra, desde luego, porque ellos, los muy maulas, no lo hicieron).
Ludovicus:      ¿Usted me dice con la chequera del dueño de Domino's Pizza, que está financiando la "Ciudad Católica"?
Bueno, yo le daría trabajo y plata a los buenos curas. Una base económica, en lo posible académica, para que pudieran hacer apostolado en serio. Algo así como lo que hizo Lady Acton con Knox, pero en forma masiva. Mientras tengamos una quantité négligible de curas buenos viviendo a salto de mata, reducidos a poco menos que la miseria, dependientes de obispos despóticos, no lograremos nada.
Y después, con mucha plata, el Colegio. Pero con muchísima plata. Sino, no perdamos tiempo.

Tollers:           Bueno, igual, no tema, no tenemos, era una conjetura nomás…
Ludovicus:      Me estaba ilusionando…

Tollers:           De los cuatro enemigos del hombre, plata, poder, placer y prestigio, ¿a cuál le teme más?
Ludovicus:      Al miedo. La raíz de todas esas “p” es el miedo: miedo a la pobreza (plata y poder), miedo a la vida (prestigio), miedo a la muerte (placer).

Tollers:           Ajá. Pero creo que no entendí lo del “miedo a la vida” que dice usted.
Ludovicus:      Quiero decir miedo a la vida real, del modo real en que nos es dada, en el presente. Por miedo a atrapar esa vida real nos refugiamos en los fantasmas del pudiera-haber-sido, o nos arredramos ante las montañas del futuro, negándonos a avanzar, a optar. Acuérdese del siervo de la parábola, que no salió de parranda con el talento, no: lo guardó por miedo a gastarlo, a gastarse la vida concreta en el presente real.  Y por supuesto que en el fondo,  el miedo a la realidad no es otra cosa que miedo a Dios. La nuestra, paradojalmente, es una época deífoba.

Tollers:           Sí, puede ser. De todos modos, no es para menos, digo, esto de tener miedo. Mire Newman lo que dice sobre la amistad (y eso de joven aún): “Se tarda mucho, hasta que llegamos a conocernos bien unos con otros, y parecemos a los ojos de los demás como fríos, o duros, o caprichosos, o egoístas, cuando no lo somos. De tal manera que desgraciadamente ocurre que incluso buena gente se retrae el uno del otro, y se refugian en su interior, y su Dios, como escapando de la aspereza del mundo.” Pienso, por ejemplo, en Jack Lewis y Tolkien distanciados, después de tanta cosa, de tantos años…
Ludovicus:      No, no es para menos, el miedo es un enemigo enorme. Tanto predicar contra la lujuria y tan poco contra el miedo. Casi todos nuestros errores o pecados son fruto del miedo, de la pusilanimidad, en suma de la desesperanza que se niega a aceptar la realidad.
La amistad es una apuesta contra el miedo, ciertamente. Y a veces desgraciadamente, es una luz que brilla un momento y luego se apaga. Ahí hay un miedo al cambio real, a dejar que el amigo cambie, que siga siendo real. Y bueno, como en el caso de Tollers y Jack no se acepta esa realidad. Por eso Tolkien de algún modo recuperó esa amistad cuando Lewis murió, se lamentó con esa frase tan sentida: le resultaba más fácil recuperar ese amigo "ideal".


domingo, 24 de abril de 2011

"Siempre tuve la sensación de llegar a una fiesta que había empezado hace mucho"


Reportaje de Tollers a Ludovicus (I)


Aquí el resultado de una entretenida tarde con Ludovicus, rodeados de libros, discos y del silencio de su confortable atélier. De fuera sólo se oían los zorzales de una primaveral tardecita porteña. La cosa fue así.
 
Tollers:           ¿Por qué “Ludovicus”?
Ludovicus:     Es mi nombre, solidificado por el latín. El latín marmoliza las palabras, les da solemnidad, un cierto carácter. Es un poco pobre el monosílabo, bastante light somos y me parece que nos movemos en un medio de por sí bastante light como para llevar un nick tan frágil; como si usted firmara Jack, ¿no? Le faltaría algo.
 
Tollers:       ¿Qué opinión le merece este “medio light” que es el blog de Wanderer? Hay quienes lo impugnan por excesivamente denso…
Ludovicus:      Bueno, hay como una contradicción entre el medio, forzosamente light y los temas, ¿no? Pero Wanderer no es un blog, Wanderer es una tertulia. También es un refugio para especies en extinción, y una necesidad para los que intentamos huir del PUCO (Pensamiento Único Católico Oficialista) sin renegar de la Ortodoxia , al contrario. Ocurre que la religión es algo peligrosísimo, máximamente nocivo cuando no hay cabeza y corazón. Si le falta cabeza, es fanatismo y estupidez, si le falta corazón, fariseísmo. Pero tiene que haber inteligencia, deseo de entender sin beaterías. Por eso Wanderer expresa esa necesidad de apuntar a la religión (“nuestro” tema) a la cabeza, para estar seguro de no pegar nunca debajo del corazón, como decía Bloy.
 
Tollers:        Sí, me recuerda una frase del otro francés, Maritain, que decía que hay cuatro tipos humanos, combinando cabeza y corazón de todas las maneras, (ambos fríos, ambos calientes, etcétera). Y que lo propio del cristiano era un corazón caliente con una cabeza fría. Que es, supongo, una especie de comentario a aquello de que “el Padre quiere adoradores en espíritu y verdad.” Ahora, me parece que la categoría de cristianos con mente afiebrada y corazón helado rebasa las categorías de progre o tradi, no sé si está de acuerdo… son tantos.
Ludovicus:      Las categorías de progre y tradi son ideológicas, y esa tipología de Maritain no, es pre-ideológica y muy acertada. Es parecida a la categorización de ese general prusiano ―creo que Moltke― que decía que a los oficiales estúpidos y voluntariosos, lo que correspondería a la categoría mente y corazón afiebrados, directamente había que fusilarlos. Mientras que para las otras tres combinaciones posibles (inteligentes-abúlicos, inteligentes-voluntarios, estúpidos-abúlicos) tenía alguna posición en su ejército. Por descontado que en Wanderer abundan los inteligentes-abúlicos –los que Moltke reservaba para consejeros del Estado Mayor-, qué se le va a hacer. 

El problema de la religión, antes que un debate sobre los contenidos doctrinarios ―que no voy a menospreciar, desde ya, porque la ortodoxia es la raíz de la ortopraxis― de lo que se cree, es la actitud, praxis, con la que se cree, con la que se aborda el ―ponga comillas, por favor― “objeto” Dios; usted recuerda mejor que yo, Jack, esa cita de Castellani que a su vez recuerda a Kierkegaard: se puede adorar al verdadero Dios como a un ídolo y a un ídolo como…
 
Tollers:       …como a Dios, sí, cómo no. Me trae a colación una frase de Gerson que hablaba de la importancia de los adverbios, la gran cuestión del cómo uno reza, adora, estudia, trabaja, etcétera. Es algo que los de la “inmensa parroquia de la ortodoxia infantil” (Castellani) desconocen enteramente―sobre todo por un cierto automatismo que domina en sus cofradías voluntaristas. A mí, por ejemplo, siempre me escandalizó que los del Opus se vieran obligados a hacer su acción de gracias sentados… de tal modo que uno los podía identificar en misa por eso sólo. Y sí, todos adoran al mismo Dios, pero da la impresión de que tienen un Dios inerte y no “mi” Dios que dice el salmista, el Dios vivo...
Ludovicus:      Al PUCO le falla la apófasis, decididamente. “Más bien podemos decir lo que no es que lo que es”, dice Tom, ¿no? Y eso del Dios vivo… “es terrible caer en las manos del Dios vivo”, dice San Pablo. Pero no, lo queremos objetivado, delimitado, inerte: es un ídolo, no es Dios. Junto con un catálogo de dogmas y quasidogmas inflacionado y un ringlero de normas para tener controlada la salvación. No se quiere perder el control ante Algo que me supera enormemente, que me deja literalmente anonadado, el Terribilis, bah, la actitud del “awe” newmaniano. Que no es miedo por la salvación o por los pecados personales, es algo infinitamente más hondo, al punto que son los Ángeles (tan a resguardo de cualquier condenación) quienes lo experimentan con mayor fuerza.
Para no hablar de “Jesús, mi amigo” de los progres.
 
Tollers:           Hablando de los progres. Tengo para mí que se terminó su ciclo, por lo menos en el orden intelectual, me da la sensación de que se les terminaron las ideas y no saben cómo seguir. Pero siguen y tienen un gran poder que lograron desde Vaticano II acá… Me pregunto qué será de ellos y hasta cuándo los tendremos que soportar. Y otro tanto con los progres del orden secular…
Ludovicus:      Bueno, los progres seculares son los “hermanos mayores” de los progres cristianos. Creo que la deriva lógica de éstos últimos conduce al ateísmo o por lo menos a la extinción de la fe. Hace veinte años, un progre cristiano estaba contra el aborto, no apoyaba el matrimonio gay, creía en la otra vida.  Hoy prácticamente sostienen lo mismo que los progres ateos, con lo que el adjetivo cristiano se ha vuelto cada vez más decorativo. La Iglesia se va depurando, vegetativamente, de estos progres. Esto es lógico, la ideología que sustentó el progresismo cristiano era el “Humanismo cristiano”, lo que constituye un oxímoron, es como pretender que Jacob luche con el ángel toda la vida en vez de una noche. Es imposible, la tendencia lleva o al teocentrismo o al antropocentrismo, los términos finales se disocian. Los tropismos religiosos son muy fuertes, esto se evidenció rápidamente en la liturgia.
En cuanto a los progres seculares, no comparto los pronósticos de extinción.
 
Tollers:           Ah, eso es interesante. Yo daba por descontado que el Anticristo sería un tipo de derechas, un tipo serio…
Ludovicus:      Sí, probablemente será un progre serio. Pero la gran corriente progresista es hegemónica desde hace siglos. Como dice Jünger, son diversas formas de izquierda, pero el élan secular, casi incontrastable, es la izquierda. Entendida como la creación de un orden inmanente humano, al margen de un Creador: la generación de una nueva naturaleza. Habrá discusiones por el ritmo o las velocidades, pero todos son progres, comparten esa fe. Como cuando los conservas dicen que “la sociedad no está preparada” para el gaymonio; o que “hay otras prioridades”. Están profesando la fe progre.
 
Tollers:           Hmm, bueno, en cualquier caso ya nos enteraremos de cómo será el tipo. Pero cambiando de tema, ¿cuáles son sus autores preferidos y qué libro elegiría si pudiera llevarse uno solo a una isla?
Ludovicus:      Difícil superar la respuesta canónica de Shaw: “Cómo construir una balsa” (risas). Pero Shaw era casi inglés, decididamente progre. Digamos, más idiosincráticamente, “Cómo vivir tranquilo en una isla”, escrito por algún habitante del Monte Athos.
La pregunta –lo sabe todo lector- es especialmente torturante, porque los libros, aún cuando no se lean, tienen una gravitación especial cuando uno los tiene a mano… Cada vacación o viaje es un suplicio decidir qué llevar. ¿No le pasa algo parecido, Jack?
 
Tollers:           ¿Dónde se crió? ¿Tuvo una infancia feliz? ¿Dónde hizo la secundaria?
Ludovicus:    No sé si feliz, pensaba demasiado, y eso es fuente de infelicidad: "No quieras ser demasiado sabio ni demasiado justo", aconseja la Escritura.  Y siempre me acompañó la sensación de llegar a una fiesta que había empezado hace mucho, y cuyos códigos no entendía.  En eso no he hecho muchos progresos, sigo teniendo una impresión análoga. Supongo que hay tipos que nacen instalados y tipos que no se terminan de instalar. O quizás nadie se instale, y la diferencia sea sólo entre buenos y malos actores.
Por lo demás, he sido un chico de departamento, y como buen porteño nací en la Provincia. El secundario, en un colegio religioso ―sit venia verbo. Un colegio raro, donde colusionaba el viejo estilo sulpiciano-jesuítico en decadencia y el progresismo adveniente. Como era previsible, adherí al primero para atacar al segundo, y sólo muchos años después comprendí la dinámica de ambos enemigos, que también son los míos.
 
Tollers:       "Chico de departamento que pensaba demasiado" suena a niño aislado, libresco, un poco raro. ¿No había amigos, deportes, primos, hermanos, fiestas, música y esteee... chicas?
Ludovicus:      Sí, tal como suena. En cuanto a las chicas, nunca tuve mucha fortuna, a pesar o quizás a causa de cierta concepción del amor cortés, bastante platónico, para lo cual el colegio no mixto ayudaba.  Lo que fue compensado con creces cuando conocí a mi mujer, que reúne en sí todo lo que desde muy joven quería en una chica: belleza y homonoia, “que un varón y una mujer sientan juntos, compartiendo los mismos pensamientos”, como dice aproximadamente la Ilíada.  
 
Tollers:           Y sus hijos, ¿cómo salieron?
Ludovicus:      Bueno, con sus dificultades y circunstancias tan diferentes a las nuestras van saliendo. Nunca como imaginamos, y eso es lo bueno.
Yo tengo un axioma: todo lo que es inesperado, lo que se impone a nuestros deseos y nuestra voluntad, es más divino que lo que deseamos, más digno de esperanza. Por eso, los hijos son máximamente divinos (risas).
 
Tollers:           ¿Le cuesta rezar?
Ludovicus:      Creo que como a muchos, me cuesta ponerme a rezar, sobre todo cuando "se cierra el Cielo", que dicen que son los mejores tiempos. Para esos momentos, aprendí―o Alguien me enseñó―un truco: presentar la propia acidia, la nada y la devastación interior, ofrecerla. Ofrecer la nada de uno, exponerla como se expone una ciudad bombardeada. Otro truco es reorientar "a lo divino" las canciones de amor profano: increíble cómo sirven. También aplicar a la situación propia pasajes de la Escritura o del breviario, como decía Merton, "un arte delicadísimo", para el cual la poética ayuda mucho. Fue un descubrimiento el día en que entendi que la Misa no era prosa sino verso, que la liturgia era lenguaje metafórico, que había que representar las imágenes como en poesía: el Ángel ofreciendo el sacrificio ante el Trono del Altísimo, los muertos que duermen el sueño de la paz marcados con el sello de la fe, etcétera.
 
Igual, rezo mucho menos de lo que debería y lo lamento.
Pero cuando todo se hace muy difícil, siempre tenemos el Rosario, o directamente repetir el Padrenuestro, o la oración del Nombre de Jesús. Hay un mantra muy bonito, de santa Catalina de Siena: "Yo soy el Que Soy, tú eres la que no es".  Lo importante es ex-ponerse, como si Dios fuera un sol y nosotros un témpano. Imaginarse como algo que está brotando permanentemente de la nada, sostenido por la energía de Dios, por su Amor.
 
Tollers:       A menudo ando con eso, yo también, eso de “reorientar las canciones de amor profano a lo divino”; pero luego, hay que tratar de “reorientarlo” todo, como que todo apunta hacia arriba. Es muy divertido hacerlo con las frases y eslógans publicitarios, que a veces ni falta modificar su redacción, como aquella, vieja, que promovía una bebida: “El interminable sabor del mundo”. Claro se puede traer a la memoria muy, muy, antiguas (hay veces que me imagino a Dios Padre diciéndome “Momentito, pluma, pluma…”). Pero lo admito, lo de las canciones es lo más fuerte, como que creo que Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz no hacían otra cosa.
 
Ludovicus:    ¡Y Escrivá con los boleros! (risas). Lo volvía loco “Solamente una vez”. Cabría dar vuelta la famosa expresión de los descreídos, aquello de que "la mística es una carta de amor con el sobre equivocado". En el fondo, todo gran amor es una mística con el sobre equivocado. Lo único que justifica un amor, las declaraciones desmesuradas y sobre todo ese alud de aspiraciones propias de los enamorados es el amor a Dios. Por cierto que siempre que ese amor esté orientado verdaderamente hacia Dios, y no a una humanidad de Cristo arrianizado o a María como una gauchita o un sustituto de la mamá de uno. Eso sí puede convertirse en una carta de amor con el sobre equivocado. Una mala sublimación, como dirían los freudianos, y que amenaza a la espiritualidad semiarriana de hoy en día, como herencia  del barroco.
Y tiene razón, Tollers, todo se puede reorientar. Abajo de todas las cosas creadas asoma el piolín, la raíz del Creador, "Deus rerum tenax vigor" como dice el Himno.

Cristo ha resucitado



 Χριστός ανέστη εκ νεκρών, 
 θανάτω θάνατον πατήσας, 
 και τοις εν τοις μνήμασι ζωήν χαρισάμενος. 

 Cristo ha resucitado de entre los muertos, 
Y con su muerte ha derrotado a la muerte, 
Y a aquellos que estaban en la tumba, les ha dado vida.
 FELICES PASCUAS