viernes, 13 de mayo de 2011

Not guilty!

BLOGGER estuvo veinticuatro horas fuera de servicio. Estimo que, debido a eso, se han perdido varios comentarios.
No soy culpable, ni tampoco he censurado.

miércoles, 11 de mayo de 2011

"En todos nosotros se agazapa un inquisidor frustrado"



 Entrevista de Jack Tollers al Anónimo Normando (II)

Tollers:              ¿Cómo nació su afición a las letras? Algunos dirían que es contraria a la experiencia “chestertoniana” que describe… como si hubiese oposición entre las letras y la realidad. Borges, sin ir más lejos…
El Anónimo:         De muy chico me gustó leer. Y las lecturas me iluminaban la realidad, no la sustituían. En la primera juventud leí un poco menos que en la niñez, y que después. A los 16 años, más o menos, retomé, y leía aluvionalmente de todo; un amigo me cuestionó ese desorden, y le contesté con un lugar común bastante grasa: “El saber no ocupa lugar”. Lo que me dijo entonces me descalabró: “Ocupa lugar en el tiempo”. Y tenía toda la razón.
Como en todas las cosas, la calidad importa más que la cantidad. Recuerdo la impresión que me produjo leer a Chesterton a los 14 años, como algo “distinto”. Y así con otros autores. También recuerdo el tedio que resultaba de tanto libro prescindible. Claro, ahora los veo como prescindibles. Salvo como síntomas de la patología cultural reinante. Pero uno no puede vivir coleccionando síntomas. Con los años uno relee más de lo que lee. Qué le vamos a hacer.
Las buenas letras nacen de y vuelven a la realidad. A la realidad en lo que tiene de más profundo. Borges, precisamente, a pesar de las volteretas y los jugueteos, en cuanto tiene de mejor nos muestra la realidad. Un tipo de buen gusto y buenas lecturas, básicamente. Claro que la tilinguería que lo rodeaba le festejaba otra cosa, por lo común.

Tollers:              ¿Cómo le dio por estudiar letras, así, para adoptarlas como profesión? ¿Nadie le objetó semejante elección? ¿No le daba miedo el sustento al que habría que proveer en el futuro?
El Anónimo:         Me pareció que era lo que más me gustaba, y que allí había dos cosas: un campo para el apostolado (en esos años de fervor militante) y también que allí se libraba una de las grandes batallas de la guerra cultural. Bastante ingenuo todo, pero no mal apuntado, a grandes trazos.
Por supuesto que me objetaron, con razones muy atendibles. Pero fue una elección con toda conciencia. Ciertamente correría la coneja: eso lo veía con absoluta claridad. Pero haría lo que más me gustaba.
El flaco Montiel decía que uno se da cuenta si está en su vocación cuando no ve un límite demasiado preciso o abrupto entre lo que es estrictamente trabajo y lo que es placentero. Creo que es una regla práctica fantástica en su sencillez.
Y casi al final del camino, creo que fue un acierto. Con todas las inmundicias que hay sobre todo hoy en esta actividad. Pero en las demás también, me parece. Y las cosas se valoran en su plenitud, no en su corrupción.

Tollers:              San Juan de la Cruz decía que un solo pensamiento de hombre vale más que el universo mundo. Pero muchas veces me pregunto si no será una exageración andaluza…
El Anónimo:         Sugestivo texto. ¿Andaluzada? Sin embargo suena bien. Claro que habría que ver el contexto, cosa que no puedo hacer ahora por haber prestado mi tomo de la BAC. Así nomás, a lo bruto, pareciera referir a que lo fundamental se resuelve en esas opciones últimas que se definen en el corazón (en el sentido tradicional, no el sentimentaloide moderno). Vale decir que Dios ve nuestros pensamientos, y que eso es más importante que todo lo demás. Da un poco de miedo...

Tollers:              Sé que le gusta la poesía, que sabe mucho de eso y que incluso ha escrito unos cuantos versos, pero… bueno, la pregunta es un poco prosaica, pero ¿no es usted un poeta?
El Anónimo:         No, por cierto. Salvo únicamente en el sentido incoado, potencial, en que lo es todo hombre. “De médico, poeta y loco, todos tenemos un poco”, dice el refrán, y es verdad.
Pero el poeta en sentido estricto tiene el habitus, el hábito, que inhiere tan profundamente que llega ser en él algo así como una segunda naturaleza. Una disposición a obrar de determinado modo cuasi espontáneamente. Y así es que todos en general, si estamos más o menos sanos y enteros, nos conmovemos frente a paisajes, situaciones, etc. Pero el artista tiene el hábito de poder expresar esa conmoción plasmándola en una materia: así el pintor en líneas y colores, el músico en sonidos, el escultor en volúmenes, etc. Y el poeta en palabras.
¿Y los que no tenemos ese hábito? Pues nos sentimos expresados por el poeta, que habla por nosotros. Nos reconocemos en sus versos: dicen lo que nosotros intuimos pero no podemos poner afuera, comunicar de un modo tan acabado. Eso no quiere decir que alguna vez (pero suele ser excepcional) no probemos algunas líneas. Porque todos, como tan bien dice Tolkien, somos imagen de Dios, y Dios es creador. No podemos menos que reflejarlo de algún modo, todo lo débil y lejano que se quiera. Y el que se dedica a las letras debe reconocer que su papel es el de mostrar, iluminar, ex–plicar (que quiere decir algo así como “des-plegar” un papel doblado) si cabe, remover los obstáculos, para permitir que la obra brille plenamente. Y luego debe desaparecer.

Tollers:              Sí. Lo que parece que está desapareciendo en el mundo cristiano es la vera poesía, y, para el caso, el arte todo (con excepción, quizá, de la música, que aún se componen cosas de algún valor). Y claro, esto parece consonar con la pérdida de la fe ―como que el subcreador no puede crear si se desvincula del Creador (caído de Dios, te caerás de ti mismo). Con todo, el mundo clásico produjo las más grandes obras de artes y ni siquiera creían en la existencia de un Creador…
El Anónimo:         Amigo Tollers: hay varias cosas por allí, me parece. Lo que es de cajón es que un mundo post-cristiano, apóstata, que va en bajada, es peor que un mundo pagano, que va en bajada en cuanto pagano pero en subida respecto de una expectación mesiánica. Y la apostasía no tiene remedio en sí misma, puesto que de lo que apostata es del remedio, precisamente.
Por otro lado no hay una ecuación simple y directa: si tengo fe hago mejor poesía. Desde el hombre hay cosas que no se ven, las más importantes y profundas. Lo que sí se comprueba con relativa facilidad es que una cultura degenerada se expresa necesariamente en un arte degenerado, y al revés, por supuesto. Pero no es automático en cada caso particular. El hombre caído no tiene naturaleza deleta (destruída), como decía Lutero, sino herida (vulnerata). No pierde los dones naturales, ni la pulsión a sub-crear, ni la aspiración al ser, etc. Todo se tuerce y se ensucia. Por supuesto que hay un momento en que esa torcedura es tan violenta que llega al quiebre. Pero está, como dice Castellani, la media cizaña, el cuarto de  cizaña, etc. En fin, uno puede hacer mapas de trazo grueso, pero no confundirlos con una realidad a la que nuestro conocimiento, si bien llega, no la agota.

Tollers:              … y con todo, Lewis dice que cuando finalmente contemplemos el rostro de Dios sabremos que siempre lo habíamos conocido.
El Anónimo:         La reminiscencia platónica, y todo eso... es algo serio, que hay que entender bien. Lo que más me acuerdo de Lewis es en Screwtape cuando a los ángeles, en la hora de la muerte, el "paciente" no les pregunta quiénes son, sino que les dice algo así como "¡Así que eran ustedes!" Fabuloso. A Dios no lo conocemos ahora más que en sus efectos, que no es poco. Lewis también: las cosas dicen "aquí está Dios" y al mismo tiempo "no somos Dios". La nostalgia, la añoranza... "nos hiciste para Ti" (San Agustín). Ahí está todo.

Tollers:              A Ud. y a algunos de sus amigos los han acusado de anglófilos, y sus citas de Lewis me trajeron a la memoria el cargo… ¿qué contesta a eso, usted, católico formado en la tradición contrarreformista española?
El Anónimo:         En su pregunta se encierran varios temas entrelazados, que podemos reducir a tres (omne trinun perfectum), a saber, lo de las “acusaciones”, lo de mi anglofilia y yo, católico, como dice usted, formado en la tradición contrarreformista española. ¿Y bien? En cuanto a mis acusadores, diría que siempre hubo “energía botonal”; en todos nosotros se agazapa un inquisidor frustrado, que es la corrupción de la actitud alerta en defensa de la verdad. Pero con la “primavera de la Iglesia” y el despelote omnipresente, por reacción se agravó, como llamas en un pajar seco, este síndrome en el palo tradi, en mucha gente corta de luces, que no quiere saber nada de “cosas raras” y se ufana de certezas, ¡ay!, muchas veces racionalistas paradójicamente mixturadas con devociones privadas que rozan la superstición. Estos denuncian y se encocoran, lanzan anatemas y excomuniones sin efecto alguno, y desahogan su mal humor. Paciencia con ellos, pues, mis acusadores. 
En cuanto a mi anglofilia, debo decir que, curiosamente, de chico era yo parcialmente anglófobo, por mis sesudas lecturas de… Emilio Salgari. Los ingleses habían desposeído a Sandokán del reino de su padre, etc. En fin. Y algo había: la corrupción de Inglaterra provocó males sin cuento. Pero donde abunda el pecado sobreabunda la gracia. Y descubrí la Inglaterra católica, y mártir. Es cierto que todos tenemos por temperamento, o vaya a saber por qué, afinidades con determinadas culturas o sensibilidades con las que sintonizamos. Lo que no significa denostar lo otro. Pero somos seres finitos. Y caí en la cuenta que la cultura inglesa  me resultaba acogedora y simpática, y su literatura me era connatural. De modo que los autores ingleses fueron el camino que me tocó para descubrir infinitos bienes. Empecé por Chesterton. Y después di, por Pieper, con Lewis. Y por Lewis a Tolkien. Y por amigos a Evelyn Waugh. Y por Waugh a Ronnie Knox. Y a Newman… E via dicendo… Y Castellani me empujaba siempre. Y uno cuando contempla y goza, lo quiere comunicar. Nunca le agradeceré a Dios lo bastante haber puesto en mis manos esos libros. Es uno de los caminos más amplios por donde me llegaron los reflejos que puedo percibir del amor de Dios. Y no me cierran ningún otro. Al contrario. La verdad y el bien se despliegan en senderos convergentes. 
Y esto nos lleva a su referencia a la tradición contrarreformista española: confluyen todas las tradiciones particulares en la cumbre de la unidad. Cada una con sus talantes y sabores propios, y con sus riesgos y deformaciones inherentes. Pero en lo mejor que tienen no se oponen, sino que se enriquecen y potencian mutuamente. Claro que el demonio intentará volver enemigo lo que es complementario. Como ocurre con el hombre y la mujer, según el feminismo. Pero está en nosotros pedirle a Dios que eso no ocurra, que nos proteja y nos ilumine, para que no despreciemos torpemente sus dones. Como dice tan bien Lewis: todo camino hacia Jerusalén es un camino desde Jerusalén. Depende el sentido en que lo recorramos.

Tollers:              Sí, pero parece claro que no resulta nada fácil encontrar terreno común, digamos por caso, entre Garcilaso y Gerard Manley Hopkins, San Juan de la Cruz y Chesterton, o Newman y San Ignacio de Loyola…           
El Anónimo:         Esto tiene que ver con la cuestión de lo uno y lo múltiple, lo infinito y lo finito. La diversidad es una gran cosa, porque expresa la inimaginable riqueza de la creación. Lo infinito se refleja, se refracta en lo finito con fecunda abundancia. Pero en lo alto, o en la raíz, hay convergencia. La fuente es la misma, y no puede agotarse en ninguna cosa creada. 
Nuestra capacidad es limitada, pues somos finitos. Y además, está herida, estropeada por el pecado original, y por el demonio que con gran habilidad y astucia nos distrae y hace que contrapongamos y enfrentemos los destellos particulares, para que no gocemos con la remisión a la fuente y nos jodamos, y la realidad se nos aparezca como un caos, cuya única clave sería la visión necesariamente  estrecha que nos propone la secta en la que nos refugiamos, donde anida un jirón de verdad enloquecido, desmadrado, hipertrófico. 
Claro, entonces ni Garcilaso ni Hopkins pueden agotar la poesía: confluyen. Como San Juan de la Cruz y Chesterton, que sin duda se reconocen en el cielo, y aun como San Ignacio y Newman, que atisban la Verdad y comunican lo que ven, desde distintas perspectivas, digamos, con ángulos determinados. En todo se refleja Dios, y nada agota a Dios. Es como en la música: ¿nos pueden gustar Bach y el Chango Spaciuk, el gregoriano y el tango? Son cosas distintas, felizmente. Pero señalan en la misma dirección.
Entiendo que la pregunta apunta sobre todo a un paralelo entre la España del XVI y la Inglaterra del XIX-XX. Y en los dos ámbitos encontraremos “norma y enormidad”, al decir de Ortega. Todo lo finito se puede torcer, de todo podemos abusar. Los “anglófilos”, como Ud. dice, podemos ponernos densos y exclusivistas, supongo, tanto como los gallegófilos barrocoides o los francófilos jansenistones, o los neorrasputines, o los gauchudos de asadito y poncho, etc.etc. Pero no por eso tiraremos a la basura a Belloc, Santa Teresa, Peguy, Volkof, Castellani. No sé si me explico...

lunes, 9 de mayo de 2011

"Debemos escapar del boludario"


Entrevista de Jack Tollers al Anónimo Normando (I)

Personaje esquivo, resultó difícil, pero finalmente El Anónimo Normando accedió a esta entrevista, después de haber establecido claramente las condiciones: mate, parque y silencio. Así fue que concertamos la cosa en un espléndido jardín donde la charla se desarrolló con natural fluidez. Y sí, lo regamos todo con unos cuantos amargos.
 

Tollers:           ¿De dónde el pseudónimo?
El Anónimo:         Se trata más bien de un libro que de un personaje. Se conoce como “el Anónimo normando” (alrededor del 1100), escrito por un partidario del Imperio. El origen del seudónimo fue una especie de broma amable para el ignoto Wanderer, cuando vi que su nombre de correo era “Gibelino”. Se me ocurrió pensar que un gibelino iba a reconocer inmediatamente el título de uno de los textos fundacionales de esa corriente. Sacralidad del rey, etc., y tiene hoy, para algún avisado, una cierta carga de anticlericalismo. Un poco rebuscado, dirá Ud. Pero si uno no puede hacer esos chistes en Wanderer…

Tollers:            Usted siempre fue firme defensor del buen humor, pero viendo lo que ocurre a nuestro alrededor… ¿es tan importante?
El Anónimo:         Precisamente por lo que ocurre a nuestro alrededor es decisivo mantener vivo el buen humor. El pecado reinante en nuestro tiempo es la acedia, la mala tristeza. Es bueno que nos entristezca el mal presente, pero en su justa medida y en cuanto no nos impida obrar el bien, dice Santo Tomás. La acedia no nos deja percibir el bien divino como bien, y nos quita el gozo de la caridad. El Enemigo se goza en nuestra pena. Y nos quiere amargos, fríos, quejumbrosos, embolantes, en fin. Claro que la constante risita estúpida, la mueca grotesca del gracioso profesional, el bomológico, es insoportable. Pero eso también sale de una raíz acédica. Es la otra cara de la moneda.

Buen humor, entonces. Reírse en primer lugar de uno mismo, como recomienda Chesterton, lo que requiere una cuota de humildad. No tomarnos demasiado en serio, no infatuarnos. Eso nos ubica y nos da paz (la tranquilidad en el orden). El humor es síntoma de sensatez y equilibrio. Los figurones, los del “ceño vanamente severo” que dice Fray Luis, los patéticos inquisidores frustrados, los chupacirios… ¡Fuera, bicho!

Tollers:            ¿Chupacirios? Dicen que un santo triste es un triste santo… Pero están los otros, también, ¿no?, los boludos alegres.
El Anónimo:         Siempre Escilla y Caribdis, los virgilianos escollos más o menos simétricos. En cualquiera de los dos naufragamos. Ese es el drama de fondo. Y la única salida es mantener el rumbo, no elegir en cuál  estrellarnos. Debemos, en el más íntimo hondón del alma, negarnos a elegir, porque esa es la trampa del Diablo.

¿Macri o Kirchner? ¿Longobardi ó 678? ¿Ricardo Fort o Carta Abierta? Y así ad nauseam. Elija. Defínase.  

¿Los boludos alegres o los boludos tristes? Ningún boludo, que abundan como los hongos después de la lluvia. Ni Bergoglio ni… hay demasiados ejemplos. Pero pongamos un santurronazo agobiado de escapularios, flagelos, cilicios, estampitas, escrúpulos, devociones que se superponen y colisionan en el tiempo, manuales de moral decimonónicos, el limbo, los tocamientos, las miradillas, Harry Potter es diabólico, los sesenta granaderos, etc. etc. 

Parodias. Hay que releer una vez por año “Lo paródico” de Castellani.

Los boludos alegres: “Más allá…de mis miedos más allá… de mi in-se-guri-dá … quiero abrazarme a tu proyecto…” ¿Se puede concebir algo tan tonto, adocenado y feo? En el otro lado lo encontraremos sin mucho esfuerzo. Debemos escapar del boludario.

Tollers:            Contra malicia, milicia. ¿Y contra la estulticia? Risas seguramente, aunque la estulticia católica parece dominar los espíritus. En particular, pienso en nuestros obispos… en general tan poco inteligentes. Y ahora con un Papa que lo es, parecen más burros que nunca.
El Anónimo:         Hay varias cosas en esta pregunta. Bien elegida la palabra “estulticia”, que no es mera cortedad, sino una actitud del hombre todo, que en la Escritura aparece como propia del “necio” o el “loco” en mal sentido. Es un persistir en no querer ver, porque si veo pongo en peligro mi autocomplacencia y toda clase de ventajas mundanas.

En fin, cómo se combate: en uno mismo, asintiendo agradecido a la verdad. Y en el clima anticultural que nos envuelve, con humor, en primer lugar, que descubre el ridículo. Pero sobre todo, contra estulticia… paciencia, y mostrar lo verdadero, lo bueno y lo bello, que son lo mismo. Mostrarlo sin mostrarnos a nosotros mismos, desapareciendo para no obstruir. Como el Bautista: “Conviene que Él crezca y que yo disminuya”. Como Parsifal, el ‘primo del novio’, ‘el que se va bonitamente’. Eso es mejor que la crítica, necesaria por cierto, pero que no basta.  

Los mundiales de fútbol son ocasión para una epifanía de estulticia. Por ejemplo: “Debemos agradecer a los muchachos, que lo dieron todo”. Uno puede preguntar inocentemente: “¿Jugaron gratis, para nuestro solaz y esparcimiento?”. Pero las bubuzelas pueden más.  

No se destruye sino lo que se sustituye, creo que decía Mao. Sólo el esplendor de la verdad sacia el corazón del hombre. La estulticia lo seca.

Tollers:            En un reciente artículo suyo cita un episodio de las Crónicas de Narnia que se encuentra en “La silla de plata”. Me ha hecho particular impresión contemplar a Jill muerta de miedo ante un León que sólo la mira. Tanto miedo que casi, casi prefiere morir de sed, antes que acercarse a él. ¿Usted le tiene miedo a Dios?
El Anónimo:         Debería tenerle un poco más, pues es el  principio de la sabiduría. Temor reverencial y no servil, dicen los maestros, es el que hay que tener, por conciencia de la propia miseria.

Creo que Jill tiene nuestros miedos con un agregado: puesto que lo ve, experimenta lo que en inglés se significa por "awe"; y como nosotros, que no lo vemos, miedo de lo que nos puede pedir, más intuido que razonado; vergüenza, también. Y tenemos miedo del juicio, con toda razón.

Pero uno trata de considerar que Dios es "clemente y rico en misericordia". El pasaje del Hijo pródigo, que nos consuela tanto, nos da a veces más miedo de nuestra dureza de corazón. Uno a veces se ve más en papel del hijo mayor que en el que vuelve.

Tollers:            ¿Siempre fue religioso, siempre le interesó la religión, incluso de chico? ¿Nunca tuvo una crisis de fe?
El Anónimo:         Visto desde ahora, creo que siempre viví en la Iglesia como naturalmente. De chico en ambiente católico, pacíficamente, aunque no clerical. Nunca fui monaguillo ni nada de eso. Pero en la familia, y colegio de curas, en paz. A eso de los once y doce años, pasé por una experiencia que ahora llamaría chestertoniana: la realidad se me aparecía como maravillosa, totalmente “encantada”, inagotable y absolutamente atractiva. Con un amigo de entonces recordábamos esos días como nuestra “Belle Époque”. Y la fe infantil era un telón de fondo. Y cuando comenzaron los años adolescentes, llenos de cosas inquietantes, y muchas feas, encontré un cura que me convenció para siempre de lo que se me representa como un núcleo diamantino al cual no podía sino asentir, porque estaba cierto de que era verdad. Y nunca más dudé de eso, una especie de fundamento que no podía dejar de reconocer. De modo que no tuve estrictamente nunca una “crisis de fe”. Sí por cierto toda clase de perplejidades, incoherencias, angustias, oscuridades, etc., pero siempre estaban de mi parte, digamos. Las quiebras eran personales, pero aquellas certezas fundamentales no se conmovían.

Supongo que es una gracia inmerecida―como toda gracia, obviamente. Ahora me doy cuenta de lo que ese cura me regaló: la fe de la Iglesia, en la cual se insertaban armónicamente todas las otras certezas.

Esto no significa que no haya dolores, sufrimiento, pecado, miserias. Pero no puedo dejar de percibir todo eso como mío: las propias macanas se me aparecen como traiciones, y me llenan de vergüenza. Solo, en silencio, siempre sé cómo son las cosas en el fondo. Que obre en consecuencia es otro cantar. Que tenga “consolaciones” es otra cosa. Pero veo con toda claridad, aun en los momentos más negros –que son innumerables― que la fe es la verdad. Como ve, es bastante poco interesante. Pero es así, y si dijera otra cosa, mentiría a sabiendas.

domingo, 8 de mayo de 2011

Juan Pablo II "siempre quería algo más" en innovación litúrgica


Mons. Piero Marini, el maestro de ceremonias del papa Wojtila, ha salido a responder con un libro a todos los neocons que aseguraban que al papa polaco le disgustaban los experimentos litúrgicos que le curia romana le imponía. No solamente los aprobaba sino que siempre quería "qualcosa di più".
Ecco l´informe:

Il famigerato ex cerimoniere di scuola bugninista Piero Marini ha scritto un libro dedicato al "papa amabile", Giovanni Paolo II. Il messaggio è che in materia liturgica il papa polacco era altrettanto spregiudicato ed audace del suo cerimoniere. Ora, lo scopo di Piero Marini è palese: "coprire" col prestigio che circonda l'idolatrato neobeato le innovazioni moderniste, oggi relativamente in disgrazia, chiamando in correità il defunto. L'interessata tesi del libro è quindi da prendere con un grano di sale. Ma nondimeno, in materia liturgica il ruolo di Giovanni Paolo II è stato innegabilmente tutto il contrario di esemplare, e ciò proprio in un'epoca in cui in tutto il mondo gli abusi e le assurdità sconciavano oltre l'immaginabile il poco rimasto della Liturgia Romana.

Enrico

Di Paolo Rodari

Nella curia romana di Karol Wojtyla monsignor Piero Marini non è stato semplicemente il maestro delle cerimonie pontificie. E’ stato il continuatore di una scuola che negli anni del post Concilio ha riformato al liturgia spingendola oltre i canoni e le regole dell’antica tradizione. In sostanza quanto iniziò il padre lazzarista Annibale Bugnini sotto Paolo VI, Marini continuò nell’era del Papa polacco.
Cercò a suo modo senza riuscire a non trascinarsi dietro una scia di feroci critiche mosse principalmente dall’area conservatrice della curia che vedeva nelle innovazioni “imposte” al Papa un tradimento della Tradizione.
Qui sta il punto. Piero Marini ha imposto la spettacolarizzazione della liturgia pontificia al suo protagonista principe, il Papa, oppure si è adeguato a un desiderio espresso dallo stesso capo della chiesa universale? A tre anni e mezzo dalle dimissioni da maestro delle cerimonie pontificie – al suo posto Benedetto XVI ha voluto un altro Marini, Guido, della nobile e rigorosa scuola siriana – è lo stesso monsignor Piero a prendere carta e penna e a scrivere in “Io sono un Papa amabile. Giovanni Paolo II”, un volume appena pubblicato per San Paolo e scritto assieme a Bruno Cescon, la sua versione dei fatti.
Marini dedica ampie pagine alla controversia che l’ha investito negli anni addietro fino a dire che le spinte in avanti delle liturgie papali erano volute da Wojtyla il quale, anzi, “avrebbe voluto qualcosa di più” nella strada che portava le sue celebrazioni a inglobare elementi appartenenti alle diverse culture del mondo ma estranei ai rigidi canoni romani. Questo, dice Marini, è stato Wojtyla: un Papa che ha spezzato la rigidità della liturgia romana introducendo nel suo recinto sacro nuove culture.
Ogni viaggio una nuova liturgia. Ogni viaggio i mugugni del seguito papale. E’ il 1991. A San Luis de Maranhao, in Brasile, il vescovo del luogo propone di introdurre nella messa papale una danza. Al momento del Vangelo escono due ballerine in abiti fini, forse di seta. Danzano. Il vento scompiglia i vestiti e scopre molte delle rispettive nudità.
In sagrestia i cardinali commentano: “Possibile che debbano accadere questi fatti?”. Dice Marini che così commentò il presidente dei vescovi brasiliani, Luciano Mendez de Almeida: “Ma io ho visto gli angeli della risurrezione”. E che più volte il Papa si girò dicendo: “Bello, bello”. Come a dire: il Papa sapeva delle novità e approvava. In molti mugugnavano. Tra questi, forse, anche Joseph Ratzinger che oggi, divenuto Papa ad altre liturgie sta abituando la sua chiesa.

jueves, 5 de mayo de 2011

Catholic bloggers conference at the Vatican

Una foto del encuentro romano, tomada por Lupus.

martes, 3 de mayo de 2011

Encuentro de bloggers y una oferta imbatible


Antes de publicar el reportaje de Tollers al Anónimo Normando, propongo algunas variedades:
1. Ayer 2 de mayo, se realizó en el Vaticano un encuentro de bloggers católicos. Missainlatino.it nos comunica que no fueron invitados. Sospecho que si el Wanderer y sus amigos hubieses solicitado invitación, también se les habría negado. Habrá asistido, seguramente, el P. Iraburro con su corte de filo-iraburranos, aún cuando fue  destrozado literalmente por el comentador Luis. Esa es la intelligentzia católica que promueven algunos en el Vaticano: apologética, obsecuente y oficialista.
2. Un ofertón: Tollers ha colgado de su página la traducción de "Entusiasmo", el eminente libro de Ronald Knox. No pueden dejar de leerlo. Es un libro imprescindible, para volver varias veces en la vida. La clave para comprender, entre otras cosas, el drama de los movimientos neo-con.

domingo, 1 de mayo de 2011

"La Teresa de Bernini es una canallada"



Reportaje de Tollers a Ludovicus (y III)



Tollers: Sí, el hachazo cerca de la raíz… usted, como imagen de los tratos del alma con Dios, ¿prefiere la amistad o el amor conyugal?

Ludovicus: Ahí me pega con un "issue" que me tiene preocupado y da para un análisis muy largo, además de que me voy a meter en problemas... Yo no tengo problemas con el eros proyectado hacia Dios, como le dije antes. Pero en los últimos tiempos noto que la espiritualidad actual, que es degradación de la devotio moderna exacerbada y sensiblera, es decir, hipertrofia de la humanidad de Jesús, se ha erotizado. Sinceramente, esta espiritualidad de "Jesús, mi amado" para muchachos, para peor varones, no me gusta. Ya el Barroco había tensado los planos de lo erótico y lo espiritual, superponiéndolos de forma basta, en relación con las mujeres. La Teresa de Bernini es simplemente una canallada, y me sorprende que alguien haya creído que eso era religión, parece un mal chiste. Usted sabe lo que dijo el embajador de España cuando instalaron la estatua en Santa María de la Victoria : "Si eso es un éxtasis, yo anoche tuve uno" (risas).

La amistad con Dios sólo puede entenderse desde la analogía, por mediación de la representación simbólica de las diversas amistades, como en el Cantar de los Cantares. Esto se entendía hasta la Edad Media en forma icónica: como representación de una realidad análoga, apofática. Había trato entre el alma y Dios, y ese trato era íntimo, análogo a la relación conyugal y a la amistad, pero análogo: era amistad entre Creador y creatura, entre Ser y casi-nada. Aparecía la reverencia infinita, el temor de Dios santo.

En mi opinión, el barroco suplantó la analogía por la univocidad, y superpuso los planos sin la necesaria transposición analógica: una mujer con un orgasmo es una mujer en éxtasis. Fíjese en esta otra estatua, la de la beata Teresa Albertoni.
Ahora, si concentramos la adoración en la humanidad de Cristo y encima lo hacemos un hombre más, y le aplicamos la carga sentimental conyugal... estamos en problemas. Y si lo hacen curas con tendencias más o menos homosexuales, en un contexto de sensiblería romántica con canciones de misa con letra y música de bolero, aquí hay dinamita. Sobre todo para los varones. Una cosa es que todo te lleve a Dios y otra, tratar con Dios con cualquier cosa. Una cosa es fumar mientras se reza, y otra, rezar mientras se fuma, como decía el casuista jesuita.

Es mi opinión, y espero que no me acusen de freudismo, pero ayer escuché una oración donde le hacen decir a "Jesús": “Te amo, estoy adentro tuyo, te necesito", con voz sentimental... no me gusta.



Tollers: Dicen que en 1999 le preguntaron al Patriarca Bartolomeo I de Constantinopla qué habían perdido las iglesias con el cisma de 1054. Contestó que “la vida cristiana en la cristiandad occidental se volvió antropocéntrica y en la cristiandad oriental ortodoxa se quedó teoantrópica”.

Ludovicus: Está claro que la "herejía occidental" es el nominalismo y el voluntarismo en metafísica, y el antropocentrismo en teología. Quizás por falta de ese contrapeso del pulmón oriental, como decía Juan Pablo, el nominalismo y la devotio moderna―que es una espiritualidad humanista y poco mística― torcieron el rumbo de la espiritualidad occidental, confluyendo en el barroco postridentino. Que tiene muchas realizaciones artísticas, no las discuto para que no digan que soy un filisteo. Pero en el que hay una innegable tendencia antropocéntrica y una duda metafísica y religiosa latente. A veces me imagino ir a buscarlo a Santo Tomás con una máquina del tiempo. Era un tipo muy inteligente, y no creo que tuviera dificultad en entender rápidamente los progresos modernos, el avión o la TV , por ejemplo. Pero imagínese ponerlo en la "Sala de Baños", como llamó un cardenal a la Sixtina , o frente a esta estatua que estamos viendo de Teresa Albertoni, y explicarle que eso es arte religioso cristiano.




Tollers: ¿Qué piensa del Papa actual?

Ludovicus: Qué pregunta... El mejor Papa que podríamos tener en estos tiempos. Y si uno lo compara con sus predecesores, pues un gigante. Si uno piensa además que hace siglos que a la Sede de Pedro no llegaba un hombre de libros, un teólogo, que el cursus honorum habitualmente incluía ser un abogadito canónico y un burócrata, o en su defecto un pastoralista... Y encima, un hombre con una concepción del Papado generosa, tradicional, no despótica, en la línea de un custodio, no un dueño de la tradición. El mejor Papa de los ortodoxos, el mejor Papa de los anglicanos. Un Papa transversal, por tradicional, por rechazar los esquemas más esclerotizados del Papado postridentino. Un hombre que no ha fundido su estilo sobre los dos moldes antitéticos de los "beatos gemelos": Juan XXIII y Pío IX. O Pablo VI y Juan Pablo II, para seguir las vidas paralelas. Uno de los Papas intelectuales más grandes de la historia, al nivel de un Pío II –que dejó un diario personalísimo de cómo llegó a ser Papa- o de un Benedicto XIV, por no hablar de santos sino de grandes cabezas. Y la gloria de este hombre ha sido comprender que "es la liturgia, estúpido". No ahora, sino desde hace décadas, cuando quizás en algunas otras materias o respecto de algunos aliados no veía las cosas tan claras. Y actuó en consecuencia cuando llegó a la Sede Romana. Los defectos son de carácter personal: la timidez, la falta de cintura política, cierta sobreadaptación germánica frente al Establishment curial que le impide ser más claro, gran dificultad para elegir colaboradores a su altura; respecto de esto último, parece una estatua de Apolo en medio de un jardín lleno de enanos de cemento. En parte la culpa es de él. Pero bueno, yo lo disfruto mucho. Lo vamos a extrañar, Tollers.



Tollers: Claro que sí. Pero a mí me llama la atención que nunca se enoja, que no sé si es un rasgo de su personalidad, de su psicología, o si acaso no es fruto de una determinada concepción benevolente de la caridad…

Ludovicus: Sí, tenemos los defectos de nuestras virtudes y las virtudes de nuestros defectos. Pero en la práctica, esta incalentabilidad es positiva. Con la mala imagen que le han forjado si además apareciera enojado sería el Guy Fawkes perfecto para asustar a los chicos del Ulster a la hora de tomar la sopa...


Tollers: A Castellani le irritaban los que decían que “ la Iglesia nunca estuvo mejor” que ahora. Y a ud., ¿le irritan los que dicen que nunca estuvo peor que ahora, o está más bien de acuerdo?

Ludovicus: Sí, claro que me irritan. Los "optimistas" suelen ser tributarios de cierto conformismo idiota, del progresismo ingenuo; los "pesimistas", de una concepción angelista de la historia de la Iglesia , ignorante absolutamente de lo que realmente fue: un despelote con muchísima frecuencia. Basta con leer Historia de la Iglesia en serio. Y a eso se le suman las disposiciones personales, de carácter. Pero tanto en su versión optimista como en la pesimista son juicios presuntuosos, suponen cierto cronocentrismo y egocentrismo: yo, ombligo del Universo, sub specie aeternitatis, señalo que este tiempo es el mejor o el peor, depende de cuál humor hipocrático prevalece en mí.


Tollers: Por supuesto que nosotros los cristianos estamos obligados a creer que Cristo vuelve pronto, pero, entre nosotros (y si nadie nos está escuchando) ¿cree usted que la fin del mundo está cerca?

Ludovicus: Depende del día (risas). Hay un hecho, sin embargo, más allá de la detección de acontecimientos más o menos cataclísmicos, que me parece contundente: la irreversibilidad de ciertos procesos de degradación de la naturaleza humana, cuando son extensos y sobre todo cualitativos, por medios ordinarios. Benedicto ha dicho varias veces que la misma noción de Dios parece extinguirse en vastas porciones de la Humanidad , como una llama que se apaga. Habitualmente menciona esta idea en relación con el culto, con lo que está diciendo que se extingue la vera noción de Dios, la idea teándrica y por ende látrica que conlleva la creatureidad. En ciencia y cultura, esta verdadera pasión por negar el orden en el Universo, este dogma del caos como must del pensamiento científico, esta búsqueda de la facultad de crear y manipular naturalezas: parece difícil apartarse de este Árbol de la Ciencia. Y para peor, el Árbol de la Inmortalidad está cerca. Urge, pues, expulsar al hombre de este Paraíso que se está construyendo, antes de que termine de construir el Infierno.

Por cierto que la gracia no está sujeta a la entropía, y que todo puede ser reseteado por Cristo. De eso se trata. Que Cristo viene, de una forma u otra, pero viene.


Tollers: ¿Árbol de la Inmortalidad ? Sí, por un lado botox e inseminación artificial, por otro, lifting y clonación. Pero, la pregunta no es mía, sino de Federico Mihura, ¿se puede des-naturalizar al hombre? (si así fuera, la gracia “rebotaría”, por así decirlo).

Ludovicus: Como tomista impenitente, debería decir que no. Pero vuelvo al texto bíblico: en un diálogo misterioso, podríamos decir prototrinitario, Yaveh advierte que hay que evitar que el hombre "que se ha hecho semejante a nosotros", pueda acceder al Arbol de la Vida. La nota sólita de rutina dice que hay aquí una ironía del escritor sagrado. No estoy tan seguro, aquí hay "food to think": Dios advierte el peligro extremo que revestiría para una condición humana cerrada sobre sí misma sustraerse a la muerte, blindándose a esa última gracia material, sit venia verbo, que es la hermana muerte. Estaríamos ante una especie de consolidación del Infierno, "In medio vitae morte sumus", podríamos decir espantosamente. No existe el hombre en estado de naturaleza pura. Como dice Chesterton en frase famosa, "quitado lo sobrenatural, no queda lo natural, queda lo antinatural". Están también esas poderosas metáforas de la degradación humana que Tolkien plasmó en el Señor de los Anillos: Gollum, los trolls... Y no desdeñemos el daño que desde el punto de vista antropológico se puede hacer a esa condición caída. Hace poco leía que los nuevos medios tipo facebook o twitter generan en sus usuarios empedernidos redes neuronales distintas, con respuestas mas ràpidas y menos reflexión. Esto, cuando se consolida, resulta en una degradación de la razón y por ende de la naturaleza -el hombre es de natura racional- que Mac Luhan ya había observado cuando la irrupción de los medios audiovisuales. En cualquier caso, ¡qué preguntas me hace, Tollers!


Tollers: La última, pues. ¿Ha escrito alguna cosa? ¿Ha publicado algo? ¿Tiene proyectado algo?

Ludovicus: En esta materia, estimado amigo, soy un partidario irrestricto del control de natalidad. ¿Para qué traer nuevos libros al mundo que no aporten sustancialmente nada nuevo? ¿Para que sean infelices?