martes, 18 de octubre de 2011

Dos frentes y una mirada



Los católicos argentinos tenemos dos frentes de batalla. Uno político y otro eclesial.
El político radica en el huracán Kristina - junto al cual el Katrina es un poroto-, que se apresta a llegar a nuestras costas el domingo próximo. Muchos dirán con razón que peor sería que ganarán Alfonsín o Binner. O Clarín. O el poder internacional del dinero. Es verdad. Pero el aluvión ideológico que caerá de manos de la patota kristinista será duro y difícil de soportar.
Sobre el frente eclesial es suficiente ver el video de la misa del niños del sábado pasado para darnos cuenta una vez más del estado en que se encuentra la Iglesia argentina. Y, en este caso, no sé si hay cosas peores que lo que tenemos. Los obispos porteños haciendo palmas entre payasos y marionetas es imagen de por sí elocuente. Y solución posible definitivamente no hay. Ni el Pocho ni Petrus en la sede primada serían capaces de cambiar algo. La única salida, como dice un amigo, es el avión sanitario: que la aeronave que transporta a todos los obispos argentinos a la visita ad limina en Roma se cayera en medio del océano. Quizás al barajar y dar de nuevo, la cosa podría mejorar.
Y, cuando me encuentro en situaciones de abatimiento humano como esta, no hay mejor lugar de consuelo que las palabras de consuelo que el mismo Cristo le dirigió a sus apóstoles cuando pasaban por un estado similar: el Sermón de la Cena según lo relata San Juan. Releyéndolo, encontré una frase en la que no había reparado y que me parece luminosa y enigmática. Aquí hago un breve comentario de la parte luminosa y dejo a los lectores, curas y monjes en particular, que me ayuden a resolver la enigmática.
El texto se encuentra en Juan 16, 22 y dice: “Vosotros ahora tenéis tristeza, pero os veré nuevamente y se alegrará vuestro corazón”. Mi duda es acerca de qué significa ese vernos nuevamente. La palabra que utiliza ele evangelista es ojyomai, que viene de ojravw y que es ver, en el sentido más simple del término. Por cierto, la referencia inmediata que realiza el Señor es acerca de que verá a sus apóstoles luego de la resurrección y éstos, naturalmente, se alegrarán. Pero ¿y nosotros? ¿cuándo nos verá? ¿Cuándo esa mirada se posará sobre nosotros para que nos llene de alegría?
Lightfoot, en su comentario a Juan, da una explicación interesante pero, me parece, demasiado terrena. Dice que esa nueva mirada hace referencia a que, una vez resucitado Jesús, los apóstoles dejarán de lado la imagen secular que de Él posee y adquirirán la visión adecuada del Mesías y, por eso mismo, se alegrarán. Es decir, la alegría vendría por descubrir al verdadero Jesús.
Santo Tomás reporta en la Catena aurea el comentario a este texto de Alcuino y de San Agustín. El primero indica que Jesús quiere decir que nos unirá a Él, y el segundo hace referencia a ese fin fuera del cual no hay alegría alguna, y que es la contemplación de Dios. En ambos casos, la mirada se daría en la eternidad. Por tanto, el “estar tristes” de los apóstoles es equivalente a nuestro “estar tristes” a lo largo de esta vida, y la “mirada nueva” del Señor que recibieron ellos luego de la resurrección, la recibiremos nosotros luego de nuestra vida terrenal.
La cosa es que yo no quiero esperar tanto -aunque no sé cuán “tanto” será la espera- y quisiera que esa mirada pudiera anticiparse en esta vida.
Bouyer, en su Le quatrième évangile, la relaciona la mirada con la promesa del Paráclito. Dice: “(esa mirada) en el contexto, hace alusión netamente a las apariciones. Pero Jesús la considera aquí en su relación con la efusión del Espíritu, y la alegría de sus discípulos no será solamente la de la reunión luego de la separación, sino el gozo perenne derramado en los corazones por el Paráclito”.
Según esta interpretación, entonces, la nueva mirada de Jesús se confundiría con la efusión del Espíritu que recibieron los apóstoles el día de Pentecostés, y nosotros en nuestro bautismo. Jesús ya nos habría mirado nuevamente y estaría en nosotros redescubrir esa mirada para llenarlos de la alegría prometida.
En otros términos, la mirada portada por el Paráclito debería provocar en nosotros el alejamiento, o el elevarnos, sobre las preocupaciones y los “frentes” abiertos en este mundo para concentrarnos en lo que “lo único importante” y el único Reino por el que vale la pena preocuparse.
Por cierto, seré acusado una vez más de quietista. No importa. Me importa sí recibir algún comentario esclarecedor de los que saben.

lunes, 17 de octubre de 2011

Sinite parvulos venire ad me


Quienes tenga Facebook, pueden ver el video que publica el informativo Eclesia (sic) en
http://es-la.facebook.com/periodico.eclesia
Allí podrán ver un video con tomas de la Misa para Niños oficiada el sábado pasado por el Cardenal Primado de la Argentina.
Imperdibles:
* La actuación del capocómico.
* Los obispos con cara de bobo haciendo palmas en la procesión de entrada.
Preguntas:
* Si el principio de no contradicción está aún vigente, ¿Quiénes son católicos? ¿Ellos o nosotros?
* Este personaje, dicen, estuvo a punto de ser Papa. Creo que ya perdió la carrera para el próximo pontificado. Pero cuántos como él habrán....

sábado, 15 de octubre de 2011

Fr. Jeremías dio en el clavo



Fr. Jeremías, nunca más de acuerdo con usted. Ha dado en el clavo, y lo dice bien y breve. Discutiría lo del barroco, pero en el contexto es un detalle.
Y remato: Et memento finis!


Algún postmoderno diría que el círculo hermenéutico siempre se está abriendo. Y para rematarla más, citaría a Schleiermacher diciendo que lo proyectado es siempre inteligible en su lugar de destino y no tanto en su origen, por eso el comentador del texto entiende mejor al autor de lo que él se entendió a si mismo.
Más allá de la exaltacion del solar patrio, que parece tener algún motivo adaptativo, aunque algunos no se lo crean, los españoles tienen entre sus múltiples defectos, una virtud: se caracterizan por hablar mal de su país mientras viven en él y exaltarlo hasta la irracionalidad, incluso con invenciones desiderativas, cuando están en el extranjero o se le hace algún reproche.
Sin embargo, enredarse en el siglo de oro, los reyes católicos, o la época imperial es un autoengaño de gabinete. Pues es una obviedad que la España actual no tiene nada que ver ni con el siglo de oro, ni con Franco, ni con los reyes católicos. Aunque hay algunas constantes.
A nivel de análisis sociológico (los esencialistas sabrán perdonar). En los años cuarenta en la península ibérica hubo un renacimiento religioso sincero, como consecuencia de la guerra civil y del apoyo del Estado a la Iglesia (sobre todo tras la II GM cuando el régimen para despegarse de las malas amistades hizo hincapié en su carácter de régimen católico). Eso produjo un auge de lo católico en muchos aspectos de la vida pública, pero con un grave inconveniente:la Iglesia pasó a tener "prestigio social". El aumento de vocaciones sacerdotales por aquellos años obedeció en parte a lo primero, pero muy mucho a lo segundo: todo el mundo quería un pariente o amigo sacerdote (máxime cuando éstos estaban capacitados para emitir certificados de buena conducta ante las autoridades). Es decir, el catolicismo se escayoló, se desespiritualizó, se fosilizó. Es por el mismo motivo que la pérdida de "influencia social" (no hablo del Estado, sino del día a día), tuvo la consecuencia inversa a lo sucedido en el régimen: las gentes se fueron progresivamente apartando, si bien los que eran sinceros, lo siguieron siendo. Y de hecho, el catolicismo medio español que queda es el de esa época ( en grandes cifras). Y lo peor, es el "escayolamiento" del modus operandi: el Estado dirá. Es un elemento característico de la idiosincrasia española la "economización mental" (no tanto la falta de sutileza, Wanderer), "si hay quien lo haga por nosotros, para qué molestarse?". No hay que buscar en el barroco la causa: es un rasgo peculiar que obedece a muchas causas y que en sus extremos es muy nocivo.
Tanto es esto así, que la Iglesia española nunca se dio cuenta de todo que el período de "sana colaboración" había terminado: una lacra que explica muchos silencios y complicidades del presente, por la necesidad de mantener un "status" que se considera esencial para la misión evangelizadora de la Iglesia.
Festina tempus, Domine.

Fr. Jeremías de las Sagradas Escrituras

viernes, 14 de octubre de 2011

El fraile y el lobo

Lupus, como era de esperar, le respondió a Fr. J. Prosit!


Esto es una locura, bailemos. Vea Fr. J., ud. no escucha o no se escucha. Si no se reconoce en lo que le achaco, es porque le gusta achacar nomás. Le salió así, reléase. Sin embargo, bien que me viene para retractarme. Eva Perón fue una mujer emocional, sinceramente preocupada por los pobres, llegada y allegada a un poder inmenso, desperdiciado por vanagloria, cinismo, requiebro de la tradición, el eco fúnebre y aborregado de la politiquería pedorra y una "libertación" tan solemne como idiota. La Plaza de Mayo, por su parte, es el principal teatro argentino, el termómetro del instinto nacional; o, si se prefiere, el proscenio de la cogitativa nacional. Y Borges nuestro mayor malabarista y nuestro mejor apóstata, tan cultivado como divertido y ciego. Ni Evita, ni la Plaza ni Borges son insignificantes, en eso me retracto. En cuanto a los tupamaros, bueno, le pifió por una frontera, o se equivocó al vocalizar. Pero ud. me dejó ciego a mí (de bronca) al mezclar la Argentina con Maradona, el autobautizado divino, el gran peloteador, que puede ponerse junto a Tinelli y Bonafini como una tríada, una válvula de pudrición básica, un motorcito ignominioso allá abajo, siempre andando. Pongo esos tres porque cada uno juega a la furia con los muñequitos que se le antojan.
Pues bien, no se me ocurre que Wanderer descrea de la faz épica de la Guerra Civil Española, ni de las personas o hechos verdaderamente gloriosos de la historia de España, y eso se confirma en sus propios comentarios al paso de los nuestros; más bien creo que trata de ponderar y ajustar, y retribuir con verdades duras los continuados desprecios y ninguneos (Castellani "bombilla de luz"). Ud. mismo lo dice: no leyó a Castellani, no conoce a nadie de acá ni de por acá, ni le molesta que existan. O sea, todo esto le importa una remolacha. ¿Entonces para qué viene a meter la uña? Ah, sí, porque aparentemente se montó un operativo justo en el Día de la Hispanidad. Y un cuerno. Acá algunos festejamos el Día de la Verdadera Hispanidad, no la de los carlistas que repudian a los falangistas, ni la de nadie que repudie a los descendientes de sus viejos enemigos por el solo hecho de que lo fueron (eso es muy shakespereano, ¿o muy español?). Somos pocos, pero no sé si menos que allá. Es más, ¿cómo y qué festejan ustedes en este día? Acá unos cuantos celebramos a Pelayo, Alfonso, Fernando, el Cid, los Reyes Católicos, los Conquistadores, Domingo, Vicente, Teresa, Juan de la Cruz, Torquemada, Donoso y José Antonio. También a Cervantes, Quevedo, Balmes, S. Ramírez, Becquer y a Platero y yo. Bah, saquen y pongan al gusto de cada cual, que hay de sobra. Lo sabemos. Lo aprendimos.

Pero nosotros, que somos pocos y tenemos mucho menos, tampoco tenemos nada ni poco. Es más, reconozco que a lo largo de nuestra historia apenas pudimos levantar la cabeza alguna vez. Debe ser el clima. Pero cuando alguno se alza, lo hace bien alto, como el Ermitaño Urbano que ud. desconoce. Es maestro, signo y las arras de nuestra mejor herencia. Uds., en cambio, en esta hora, habiendo tenido tanto, han caído desde muy alto, o dígame si no. No lo digo con bronca ni de retruque, sino con pena. Pero caen más bajo cuando son ignorantes del valor ajeno, y sólo se les revuelven las tripas si algún hijo pródigo no les retorna emporcado. No son todos, ya lo sé, pero me la agarré con ud., porque ud. vino y dijo. Tal vez se deba a la falta de una norma ISO para los comentarios.
Por último, y lo voy calculando despedida, eso que pasó por ahí del tributo a Hermes Trismegisto... No lo creo, salvo en este aspecto: lo hermético, lo esotérico, lo... iniciático. Es un camino de cornisa, desolado y sumamente peligroso. Más que hambre de sabiduría, voracidad. Mi consejo: a la cueva o a la aldea, que no se excluyen, llegado el caso. Pero nada de esos grupos iluminados, sectarios, que sólo se fortalecen en el intercambio de favores intelectuales y meramente humanos.
Lupus

Citas citables



"España está atrasada actualmente, en parangón con otras naciones, en las ciencias experimentales, la técnica, la industria: constatación que pudimos hacer con respecto a Italia personalmente. Eso todos lo dicen; pero lo malo es que también está atrasada y desde hace mucho tiempo, en filosofía y teología —pese a que de ordinario se dice lo contrario. "España desprecia las ciencias mecánicas, porque su vocación son los altos vuelos del espíritu, la Filosofía y la Teología". Filfa. Mucha más teología, pasión y afición de teología hay en Inglaterra o Francia, por ejemplo".
Leonardo Castellani, El ruiseñor fusilado, Penca, Buenos Aires, 1952; p. 85.


(Si quieren seguir mojando el pancito,  pueden bajar desde aquí el capítulo completo, que también está en el Arcón, gracias a Tesseus).


miércoles, 12 de octubre de 2011

Castellani y los españoles


El blog Infocaótica dedicó algunos de sus últimos post a la persona y a la obra del P. Leonardo Castellani. Esto provocó la enfurecida reacción de varios lectores, particularmente españoles, que acumularon varios denuestos sobre el teólogo argentino, los que podrían ser resumidos diciendo que Castellani fue un desobediente modernista.
Los peninsulares aportan pruebas que pueden leerse en el blog, aunque yo me detendré en una. Según el Anónimo, el P. Janssens fue unos de los mejores generales de la Compañía de Jesús, lo cual se prueba porque durante su mandato se llegó al record histórico de 36.000 miembros. Ergo, el General tenía razón en castigar a Castellani.
El argumento, análogamente, podría traducirse del siguiente modo: Bill Gates es el que alcanzó el record histórico en la venta de software. Ergo, Bill Gates tiene razón en apoyar las causas que apoya. Porque, según el Anónimo Español, la cantidad es signo de éxito, y éste es signo de sabiduría y justicia. Voilà!
Y podrán leer ustedes argumentos similares surgidos de la pluma de Eusebio de Lugo, Ricotín y Pikachu.
No voy a ponerme yo a defender a Castellani. No es necesario. “Como si los hechos no brindaran por sí solos una refutación evidente”, escribe Orígenes en su prólogo al Contra Celso. Allí está la obra del cura; quien tenga seso que la lea y la complete con el ladrillo verde de Tollers.
Escribía un comentador en Infocaótica que alguien, para criticar a Castellani, debía ser capaz de “pensar más allá del código binario”. Yo no iría tan lejos pero sí me gustaría recordar que el pueblo español no se caracterizó precisamente por la sutiliza de pensamiento, y mucho menos el pueblo catolicista español. El eminente psiquiatra oficial franquista y catedrático de la Complutense, Antonio Vallejo-Nájera, el mismo que dirigió un estudio científico destinado a probar la inferioridad mental de las personas de ideología marxista, hacía referencia en 1937 a “la pandilla de intelectuales” que debían ser eliminados por sospechosos, entre los que se encontraban Descartes, Ortega, Russel y Thomas Mann (Domingo, 15 de agosto de 1937). Y, un año antes, el general ídolo del Régimen, Millán Astray, había gritado en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, en presencia de Miguel de Unamuno, “¡Muera la inteligencia!”. Y el diario Arriba nos relata que un año después, en 1939, los falangistas del SEU habían celebrado el día del libro con una gran quema: “Con esta quema de libros contribuimos al edificio de la España Una, Grande y Libre. Condenamos al fuego a los libros separatistas, liberales, marxistas, a los pesimistas, a los de modernismo extravagante, a los cursis, a los cobardes, a los pseudocientíficos, a los textos malos, a los periódicos chabacanos”. (Arriba, 2 de mayo de 1939). Signos todos estos de sutiliza intelectual y del más puro catolicismo. Mientras tanto, Castellani comenzaba a escribir sus libros.
En 1964, cuando Castellani ya había redactado el Evangelio de Jesucristo y sus comentarios al Apocalipsis, el pasionista español Jeremías de las Sagradas Espinas confesaba su gran logro intelectual: había pasado veintitrés largo años estudiando el baile en Santo Tomás, San Buenaventura, San Alfonso María de Ligorio y un sinfín de escritores más, a partir de lo cual concluía que “el contacto prolongado de sexo en la cara, pecho, cintura y vientre son actos que encierran enorme capacidad de las más graves excitaciones sexuales” y, por eso mismo, el baile es “la última degradación de la diversión, la escuela de corrupción al alcance de todos, el mayor triunfo de Satanás, ruina de las mujeres, tristeza de los ángeles y fiesta del diablo” (en Juventud en llamas, Redención, Bilbao, 1964, p. 15). En consecuencia, el cardenal Segura decretó que los sacerdotes no podían absolver a los que se confesaban de haber bailado (en Ecclesia, 13 de diciembre de 1952).
Otros eminentes teólogos españoles coetáneos de Castellani se interesaban, en cambio, por las vestimentas femeninas. Mons. Gúrpide, obispo de Bilbao, indicaba que “El traje de baños debe tener falda, tirantes anchos y debe cubrir la espalda” y ordenaba que “las jóvenes no se bañarán en compañía de muchachos ni estarán con ellos en la playa, ni pasearán en bote, estando unas y otros en traje de baño”. Se sumaba el arzobispo de Burgos que ordenaba que “el uso de las medias debe ser imprescindible pues ir sin ellas es signo de desnudez”. El padre Ángel Ayala, jesuita y fundador de los Propagandistas, enseñaba a las señoritas: “No permitáis escotes, que ni os harán más bellas ni más estimables. No toleréis el ir sin medias, aunque vayan otras. No uséis pantalones. No asistáis a las piscinas mixtas, aunque vayan vuestras amigas. No améis el cine ni lo frecuentéis. Jamás vayáis en auto solas ni con un chico, aunque sea correcto y formal. No tuteéis a ningún joven si no es familiar vuestro. No intereséis vuestro corazón sin antes consultar con vuestra madre y vuestro confesor”. (A. Ayala, Recuerdos y criterios de un viejo, Studium, Madrid, 1956. P. 176).
Los laicos, por su parte, no se quedaban atrás. En diciembre de 1952 organizaban en Valencia el I Congreso de Moralización de las Playas, el cual logró que, en julio del año siguiente, la Dirección General de Seguridad estableciera que: “1) Queda prohibido el uso de prendas indecorosas, exigiendo que cubran el pecho y la espalda debidamente, además de que lleven faldas para las mujeres y pantalón de deporte para los hombres. 2) Queda prohibido la permanencia en playas, clubs, bares, etc. bailes y excursiones y, en general fuera del agua, en traje de baño”, y siguen otras prohibiciones por el estilo.
Y así, en la época en la que el “criptomodernista” y “medio ignorante que escribía mucho y sabía poco” de Castellani se empeñaba en cuestionar a sus superiores jesuitas y escribía sus obras, los obispos españoles desparramaban pastorales sobre la indumentaria femenina, sobre la pintura de los labios, sobre el patinaje artístico -“absolutamente escandaloso y rechazable” para el obispo de Vich-, sobre el peligro de que las chicas montaran en bicicleta y que los curas anduvieran en moto.
En conclusión, ¿qué prueban todos estos datos?
1) Qué los españoles no pueden acusar a Castellani de ignorante y modernista alardeando de su inveterada catolicidad porque en modo alguno las enseñanzas y prácticas de los prelados, clérigos y laicos ibéricos durante el periodo más católico de su historia reciente son índice de catolicidad.
2) Que la España católica nunca existió, o existió tanto como la Francia católica, la Italia católica o la Alemania católica. No se explica de otro modo el hecho histórico irrefutable de que en la Guerra Civil haya habido dos bandos, los dos poblados de españoles, y unos eran católicos y otros no lo eran. Y ambos eran malos. Y para prueba basta leer Los grandes cementerios bajo la luna, de Georges Bernanos, escritor católico francés a quien nadie puede acusar de liberal o de marxista, que relata sus experiencias en plena guerra civil, cuando fue a luchar en el bando de los buenos. Una sola muestra: “Conozco a un joven francés que, en los comienzos de la cruzada episcopal española, luego de tomar parte de una expedición punitiva, volvió fuera de sí, desgarró su camisa azul de falangista, mientras repetía con una voz entrecortada por sollozos contenidos: ‘¡Cochinos! Mataron a dos pobres hombres, a dos viejos campesinos, viejísimos’… por el crimen de sostener ideas prohibidas por el Estado”. (Siglo Veinte, Buenos Aires, 1964, p. 207). [Dirán, claro, que los franceses son afrancesados y por eso lloran; los españoles, que son machos, se la bancan].
3) El único católico que sostuvo a la ficción de la España católica fue Franco que, clarividentemente afirmaba que no se iba del poder porque, si lo hacía, todo se derrumbaba. Y así fue. Si alguna vez hubiese existido la España católica, la misma debería haber tardado décadas en desintegrarse. Tardó meses. Y ahora es lo que es.

martes, 11 de octubre de 2011

El retorno


Quería vacaciones más largas.
Luego de cuatro años, merecía un descanso. Y la idea era que se prolongara hasta entrado el 2012.
Sin embargo, pedidos conminatorios de amigos y, sobre todo, la lectura de algunos comentarios publicados últimamente en blogs colegas, apresuraron el regreso.
Las reminiscencias de Waugh me sugerieron variar levemente el título del blog: Retorno a Wanderer, diríamos ahora.
La edad no me invita ya a caminar por senderos neblinosos, sino que prefiero un ambiente cálido, rodeado de maderas y de libros, con un whisky en la mano y un amigo a mi lado y comenzar así, nuevamente, a caminar la posmodernidad.