jueves, 3 de noviembre de 2011

No soy kirchnerista, pero...


No soy kirchnerista, como tampoco creo que lo sean la mayor parte de los lectores del blog. Sin embargo, varias veces me dan ganas de serlo, al menos por reacción a la prensa opositora.
Caso 1
Joaquín Morales Solá, desde su columna en La Nación, hace meses que venía advirtiendo con horror la disminución de las reservas a raíz de las ventas que hacía el Central para contener el dólar y burlándose del gobierno porque éste afirmaba que la crisis mundial tocaría levemente a la Argentina.
A comienzo de esta semana, y raíz de los controles implementados para la compra de moneda extranjera, aseguró que no era necesaria una decisión tan drástica porque el Central tenía suficientes reservas y la crisis mundial no habían impactado en el país.
Caso 2
Anoche, en el programa A dos voces, de TN, propiedad de Clarín y conducido por dos fronterizos, mientras hablaban los entrevistados emitían una teatralización en la que mostraban una interminable cola de personas que se acercaban a una ventanilla de banco a comprar dólares.
Caso 3
En el mismo programa, y en gran parte de la prensa escrita, comenzaron una campaña de intimidación alertando por el aumento de tarifas que se producirá por la quita de subsidios. Y son exactamente los mismos que hasta hace dos días no hacían más que perorar contra el gobierno porque mantenían los subsidios.
Caso 4
Hoy escribe Roberto Cachanosky en La Nación su columna económica alertando sobre el terrible futuro próximo que nos espera a los argentinos. Viene diciendo exactamente lo mismo de hace, al menos, cinco años.
Caso 5
Ayer se supo que un hubo dictamen favorable al aborto en la comisión de Asuntos Penales de Diputados porque su presidente, sencillamente, mintió en cuanto a los números. Es decir, todo volvió a cero. El único diario que reporta la noticia, hasta donde sé, es La Nación. Clarín no dice nada.
No soy economista y no sé si las medidas tomadas son más o menos buenas. Lo que veo es que, efectivamente, están en guerra abierta con el gobierno. Y entre Kristina y Klarín, me quedo con Kristina.
Mientras tanto, algunos espíritus, afortunadamente, han partido.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Heteropraxis, by Ludovicus


El tema de fondo que plantea el post es harto interesante, y se puede resumir en dos preguntas que se me ocurren:
1) “¿Hay o no hay una tendencia heteropráctica en Occidente, mucho antes de estos neomovimientos, en relación con la manipulación en el proselitismo, descontados los supuestos culturales?”
2) “¿Esa tendencia se prolonga en el siglo XX o hay una diferencia cualitativa entre San Bernardo y Escribá, por ejemplo?"
Arriesgo una hipótesis: la diferencia cualitativa no está en la tendencia, sino en los contextos en que se desenvuelven dichas tendencias, “vacunados” contra la heteropraxis.
Es obvio que siempre ha habido tendencias heteroprácticas, manipulaciones, coacciones. Como también herejías. El hombre es hombre siempre. Jesús tenía dos discípulos, y los mejores, que a la primera de cambio le piden calcinar a quienes no escuchan la predicación, con un sectarismo manifiesto. 
El culto a la personalidad se usa para justificar todo tipo de tendencias heterodoxas, ayer y hoy. Tampoco lo discuto. En los Padres del Desierto hay historias de abbas que son señores de horca y cuchillo o de lugartenientes que mandan en nombre del abad años después que éste muriera en su cueva. El hombre es hombre siempre. 
Por algo Cristo dejó la admonición, “nadie es bueno sino Dios” y condenó usar la expresión “Padre” sino en el sentido analógico que le ha dado la tradición cristiana, con todos los caveats del caso.
Sin ir más lejos, la Orden franciscana, surgida en la Edad Media, tardó poco en convertirse en una olla de grillos atravesada por la herejía y la heteropraxis nacida de una hipertrofia de la noción de pobreza y dar origen a un cisma. Apuntemos no obstante el culto al Fundador era tan “intenso” que lo depuso, en vida. Y era San Francisco, respecto de quien resulta inimaginable pensarlo organizando su culto. No puedo abundar aquí, pero dejo planteado el tema de hasta qué punto las organizaciones tienen vida propia y reescriben la vida de sus fundadores, volviéndola bastante opaca y usándola para fines corporativos. En San Ignacio tenemos un buen ejemplo de ello.
Habría que recurrir al fino análisis de Bouyer y encontrar que, efectivamente, el Occidente cristiano a partir del segundo milenio va desarrollando un élan individualista que no conoció el Oriente y que se manifiesta, entre otras cosas, en cierto culto antrópico a las personalidades, bastante diferente del rendido a los santos. Sería interesante espejarlo con la evolución de la figura del Pontífice Máximo. Pero sería largo de contar. Baste apuntar que, como todo proceso histórico, los rasgos se van acusando y lo que es atisbo, tendencia, al final se delinea íntegramente en el marco de la cultura totalitaria del siglo XX. Comparar al culto a la personalidad de los franciscanos o los salesianos con el culto de Maciel es como comparar a Felipe el Hermoso con Hitler. O al Estado capeto con la maquinaria totalitaria de la I o V República. 
Las tendencias son probablemente las mismas, porque el hombre es el mismo. Los frenos, las instancias morigeradoras de dichas tendencias cambian o desaparecen. La Edad Media era un vasto complejo de pesos y contrapesos, tanto en el orden temporal como en el espiritual. El gran Santo Tomás, de una Orden muy poco cultista, señaló que la obediencia, en una organización, se debe a la regla más que al superior y a Dios a través del superior, objetivando de una vez y para siempre las relaciones intersubjetivas. 
Desaparecidas las instancias objetivadoras, los checks and balances, las analogías ideológicas y sociológicas, como ha ocurrido en el Estado moderno, la organización eclesiástica tiene dos instancias: el cero del miembro, el infinito del Fundador o Superior (o del Pontífice) que expresa la Voluntad divina. He aquí la diferencia cualitativa. 

martes, 1 de noviembre de 2011

El dedo en la llaga y la brasa en la mano


Podría seguir varios meses posteando información reservada acerca de las prácticas del Opus Dei y de las enseñanzas del Padre. No es necesario. Quienes aún quieran saber más acerca de esta prelatura pueden descargar el archivo zip que está dando vueltas por la web.
Pero la cuestión es aquí más profunda, y el que puso el dedo en la llaga fue Juancho, y nos dejó a todos con la brasa en la mano. Preguntó si habían antecedentes en la Iglesia de situaciones similares. Y la verdad es que sí.
Tal como hablábamos con un grupo de buenos amigos hace unos días en torno a un single malt, lo que hizo José Escrivá fue solamente tensar a lo bestia el principio que desde hace siglos aplicaban los jesuitas y muchas otras congregaciones subsidiarias. Como bien se ha dicho, las instrucciones secretas del Opus no son más que una copia de las jesuitas. Coacción, control, búsqueda de influencias, sed de dinero, etc. son prácticas que, con matices más o menos pronunciados, existen desde hace mucho en el ámbito católico. Es importante aclarar, sin embargo, que en la mayoría de los casos la intención era buena y apostólica: si se coaccionaba a un joven para que ingresara en la orden, era porque se creía que el mundo es peligroso y su salvación estaría asegurada allí dentro (Don Bosco hasta tuvo un sueño al respecto); si se los controlaba, era porque se temía que cayera en los peligros que acechan a cualquier persona célibe y se condenara; si se buscaban influencias, era para evitar que se aprobaran leyes inicuas o para que llegara al poder algún buen cristiano; si se buscaba dinero, era para sostener las obras misionales o para erigir un nuevo orfanato. En definitiva, se trataba de utilizar los medios del mundo para alcanzar fines evangélicos.
Y la práctica es vieja, muy vieja. Aunque se enojen algunos lectores, debo confesar que nunca me convencieron los métodos utilizados por San Bernardo para poblar sus monasterios. Que haya conseguido que casi cincuenta familiares suyos se hicieran monjes indica tres posibilidades: o que la vocación no existe, o que fueron convencidos o coaccionados para ingresar a la vida monástica, o ambas. No se explica de otro modo.
Otra de las prácticas del venerable fundador del Cister era pescar en la pecera. Están publicadas las cartas que intercambiaba San Bernardo con obispos y abades encolerizados porque se había llevado a sus mejores monjes.
Claro que San Ignacio y su milicia, sobre todo después del generalato de Aquaviva, se convertirán en maestros de la técnica. El Papa necesitaba de un ejército y cualquier medio era lícito para proporcionárselo. En definitiva, las huestes salvarían sus almas y la Iglesia extendería su reinado. No hay fin más loable que este; los medios deberían ordenarse entonces a conseguirlo.
No es de extrañar, entonces, que José Escrivá aplicara la técnica, a lo bestia, en España. Y que Carlos Buela la aplicara, a lo grasa, en Argentina. Y podemos seguir contando, en vistas a los resultados y a las denuncias que todos conocemos: Servi Trinitatis, Legionarios de Cristo, Lumen Dei, Schoenstatt, y ya se escuchan rumores de otro instituto industria nacional.
Pero ¿no habrá sido así siempre? Definitivamente, no. San Benito, el gran fundador e introductor de la vida monástica en Occidente, dice en el capítulo 58 de su Regla: “No se reciba fácilmente al que recién llega para ingresar a la vida monástica, sino que, como dice el Apóstol, "prueben los espíritus para ver si son de Dios". Por lo tanto, si el que viene persevera llamando, y parece soportar con paciencia, durante cuatro o cinco días, las injurias que se le hacen y la dilación de su ingreso, y persiste en su petición, permítasele entrar, y esté en la hospedería unos pocos días. Después de esto, viva en la residencia de los novicios, donde éstos meditan, comen y duermen. Prevénganlo de todas las cosas duras y ásperas por las cuales se va a Dios. Si promete perseverar en la estabilidad, al cabo de dos meses léasele por orden esta Regla, y dígasele: He aquí la ley bajo la cual quieres militar. Si puedes observarla, entra; pero si no puedes, vete libremente”. Casi podríamos decir que San Benito propone una coacción al revés: se lo empuja al interesado para que no ingrese. Y si se lo admite, será luego de superar numerosas pruebas.
Es verdad que las técnicas vocacionales implementadas por los jesuitas y por las congregaciones post Trento fueron la respuesta que consideraron más adecuada para la situación que estaban viviendo. Es probable que nosotros, en su lugar, hubiésemos hecho cosas peores. Sin embargo, esta realidad no nos impide el juicio. Y por eso digo: si el Reino de Cristo no es de este mundo, no pueden utilizarse los medios de este mundo para alcanzarlo.

lunes, 31 de octubre de 2011

Nuestro Padre, el misericordioso


El punto 5 del Vademecum del gobierno local -otro de los documentos reservados del Opus Dei-, instruye acerca de cómo tratar a aquellos numerarios que dejan la Obra. Aquí tienen ustedes lo que aparece en la versión 2002. Sin embargo, en 2005 apareció una nueva versión en la que se suavizan algunos términos en orden a hacerla aceptable a la Congregación para la Doctrina de la Fe.
En cualquier caso, los Directores han de tomar las medidas —dictadas por la caridad y por la prudencia— para que no se perturbe el buen espíritu de los demás, ni se creen confusiones o situaciones equívocas. Se perturbaría o se confundiría, por ejemplo, si mientras no transcurran muchos años, se les permitiera (a los que salieron) que fuesen por nuestros Centros con demasiada frecuencia y confianza, o se les invitara a comer allí; si se tuviera con ellos una excesiva familiaridad, en el trato y en las conversaciones; si se les contaran cosas de la vida en familia, o si se les hiciera intervenir prematuramente y con cierta autoridad y responsabilidad en actos o en trabajos relacionados con la Obra y que, por ser públicos, pudieran tener una cierta difusión. Tampoco resulta oportuno, de ordinario acudir a su boda, al bautizo de los hijos, etc.
No resulta tampoco oportuno que, después de abandonar su camino, comiencen a colaborar con personas de la Obra en trabajos profesionales de los que obtengan un beneficio material.
La mejor manera de manifestar su buena disposición es que ayuden generosamente con sus limosnas —según su capacidad— en las labores de apostolado, al menos durante bastante tiempo.
Pasando en limpio el mandato del misericordioso padre: el que nos deja, no vuelve a entrar en nuestras casas y se prohíbe cualquier tipo de contacto con él. Ni siquiera se le debe dar el apoyo afectivo mínimo que se esperaría de aquellos que fueron sus amigos y hermanos durante años. Más aún, se deberá advertir a todos aquellos que tengan relación con la Obra que no le den trabajo, y si ya lo tuviera, que lo echen.
Pero en lo posible, claro, habrá que manipularlo de tal modo que nos siga pasando dineros.
Díganme si el Santo juanpablino no es la gráfica más viva de la parábola del Hijo Pródigo.

domingo, 30 de octubre de 2011

jueves, 27 de octubre de 2011

Nuestro Padre, el Buen Pastor


El 11 de marzo de 1961, Escrivá de Balaguer pronunció una meditación a un grupo de miembros del Opus Dei en la que glosa la parábola del Buen Pastor. El texto fue editado como un documento interno de la Obra al que no debía tener acceso el público externo. Pueden leer esta joyita de la manipulación que ejercen los superiores de grupos religiosos con apariencia de santidad bajándolo desde aquí.
En este post, comentaré solamente algunos párrafos.

La Santa Coacción
“Si el Señor quería que obligaran a ir al banquete a personas extrañas, ¡cuánto más querrá que uséis una santa coacción, una bendita coacción, de amor, con los hermanos vuestros, ovejas del mismo rebaño de Jesucristo! Esta hermosísima coacción de caridad, lejos de quitar la libertad a vuestro hermano, le ayuda delicadamente a administrarla bien. No lo olvidéis”.
Curiosa interpretación del texto evangélico. Un hombre prudente y santo, quizás, podría lograr una interpretación aceptable del concepto de “santa coacción”, pero resulta muy fácil que este mandato del Padre se transforme en una liberación de la conciencia para que los miembros del Opus ejerzan cualquier tipo de presión y utilicen cualquier tipo de medios a fin de “cazar” a alguien. ¿Cuál es el límite para que la coacción sea santa o deje de serla? Más aún, la coacción psicológica, que no es otra cosa más que la limitación de la libertad, ¿puede ser santa en alguna ocasión? E incluso, ¿Usa Dios alguna vez la coacción?

Yo soy único
“Tomad vuestras notas, y grabad en vuestro corazón lo que os digo. Porque no sólo os habla un sacerdote: es el Fundador, y no hay más que uno. Papas, conoceréis muchos; yo he conocido a varios. Cardenales, a montones. Obispos, más aún... pero Fundador del Opus Dei no hay más que uno, aunque sea de tan poco fundamento como yo: ¡uno sólo! Y Dios os pedirá cuenta si no atendéis mis indicaciones. Por mi boca os habla especialmente Jesucristo, porque yo especialmente en su nombre soy el buen Pastor”.
El Marqués de Peralta establece aquí el fundamento sobre el que puede edificar el resto de su meditación. Él es único y, para un miembro de la Obra, está más allá de los obispos, cardenales y aún del mismo Papa. Cada integrante de la prelatura mantiene un vínculo con él que es mucho más fuerte y significativo -y que conlleva la sumisión absoluta-, que el que mantiene con cualquier miembro de la jerarquía eclesiástica.
Pero sabe el ladino Escrivá que debe tensar aún más la situación a fin de manipular de un modo más seguro y efectivo: afirma que él es la boca por la que habla Jesucristo. Es decir, es él quien detenta los mandatos divinos para cada uno de sus súbditos. Es el mismo Cristo quien lo ha constituido pastor de los miembros de la Obra; su mandato, entonces, viene de Cristo y, por tanto, saltea las instancias normales de la jerarquía.
De este modo, cualquier requisitoria, consulta, orden, etc. que provenga por los canales ordinarios se ubicará en un estadio inferior a las que haya dictaminado el Padre y sus sucesores. Y él, representante directo de Jesucristo, podrá eximir si fuera necesario a sus súbditos de cualquier precepto que contradiga las disposiciones de las jerarquías ordinarias.

Todo queda entre nosotros
“¿Sabéis quién es, para mis ovejas, el buen pastor? El que tiene misión otorgada por mí. Y yo la doy ordinariamente a los Directores y a los sacerdotes de la Obra. Gente que no conoce el Opus Dei, no está en condiciones de actuar como pastor de mis ovejas, aunque sean buenos pastores de otras ovejas y aunque sean santos. Para mis hijos, no son el buen pastor del que habla Jesucristo. ¿Está claro? Sed fugiunt ab eo!. Seguid el consejo del Maestro: huir”.
El Padre delega su función pastoril a los Directores (que son laicos) y a los sacerdotes, y los demás miembros de la obra solamente pueden recurrir a ellos para la confesión y la dirección espiritual. “¿Está claro”? Del resto de los sacerdotes, se debe huir, porque ellos no son buenos pastores. Es más, “ese otro, que no es buen pastor, al no conocer los remedios oportunos, non venit nisi ut furetur et mactet et perdat, no viene sino para robar y matar y causar estrago”. Escrivá no puede ser más claro: cualquier sacerdote que no sea de la Obra y que ose acercarse a algunos de sus miembros, es un ladrón que a robar y matar, y de él se debe huir.
Es verdad que parece demasiado tosco y que -pensamos-, los miembros del Opus no pueden ser tan ingenuos como para seguir el mandato. Pero si tenemos en cuenta el fundamento que establecimos recién, cualquiera que lo haya aceptado no puede más que seguir también esta directiva. Caso contrario estaría desobedeciendo al mismo Cristo.
Pero, ¿es que no hay sacerdotes apropiados fuera de la obra?, podría preguntar alguno. El marqués responde: “No. El Señor lo dice terminantemente; quien no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que sube por otra parte, es un ladrón y salteador. ¿Acaso no podrá acudir alguno de buena voluntad a dar una ayuda, a tomar un hatillo de ovejas y ofrecerles buen pasto, y volverlas al redil? No. ¡No! Y no soy yo quien lo afirma sino el mismo Señor. Los que no tienen misión encomendada por los Directores, no son buenos pastores, aunque hagan milagros”. Para que quede claro. Ni que viniera a confesar a la residencia el padre Pío o el mismo Cura de Ars debería ser aceptado, puesto que, al no ser del Opus, no son buenos pastores.

Libertad con sentido común
Algún numerario cabezadura podría todavía cuestionar la orden: Padre, ¿es que usted me quita la libertad de confesarme con otro sacerdote, aún extraordinariamente?
“Conviene que os confeséis con los sacerdotes que están designados. Podéis hacerlo con cualquier sacerdote que cuente con licencias del Ordinario. De esta manera, yo defiendo la libertad, pero con sentido común. Todos mis hijos gozan de la más absoluta libertad para confesarse con cualquier sacerdote aprobado por el Ordinario, y no se encuentra obligado a decir a los Directores de la Obra que lo ha hecho. ¿Uno que proceda así peca? ¡No! ¿Tiene buen espíritu? ¡No! Se ha puesto en camino de escuchar la voz del mal pastor.”
Aunque le parezca mentira. Léalo nuevamente. Es cierto. Escrivá era bestia aún para coaccionar. “Mire m’hijito, como pecar, no peca, pero se va al infierno igual”. Y lo dice claramente: Quien así se comporta se apartaría voluntariamente del buen camino e iría hacia el abismo; sin duda, habría perdido el buen espíritu”. ¿Y entonces, seor marqués? “¿Y peco? No. ¿Y tengo que decirlo a los Directores? No. Pero insisto: ¡ay de ti!, ¡pobre, pobrecito mío!”.

Los trapos sucios
Lo importante, en definitiva, es manejar las conciencias y, como Gran Hermano, saber exactamente qué es lo que sucede en el alma de cada uno de los miembros. Y, además, cuidar el buen nombre y honor de la Obra: Si te confiesas con otro sacerdote, “estarías, además, perjudicando a los demás. Ese confesor guardará el sigilo sacramental, desde luego: todos los sacerdotes lo cuidan celosamente, siempre. Pero cuando se le presente otra alma a pedirle consejo, y le manifieste que está pensando en solicitar la admisión en el Opus Dei, quizá se lo quitara de la cabeza. Aquel confesor no podrá evitar el pensamiento: ¿ir al sitio donde está aquel miserable, aquel canceroso que no se quería curar?
Y para Escrivá, quien esto hace, no es de Cristo. Propósito firme: el primer sacrificio consiste en no olvidar, en la vida, lo que expresan en Castilla de modo muy gráfico: que la ropa sucia se lava en casa. La primera manifestación de que os dais (a Cristo), es no tener la cobardía de ir a lavar fuera de la Obra la ropa sucia. Si de veras queréis ser santos; si no, estáis de más”.
Más claro, echale agua… sucia de los trapitos lavados. “Si van a confesarse fuera de la Obra, están de más”.

Y ahora que lo pienso, este personaje fue canonizado por el Magno. Un disparate. Un tremendo disparate.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Nuestro Padre, el Gran Hermano



Las influencias, y probablemente los dinerillos, Opus Dei lograron que el sitio www.opuslibros.com retirara temporalmente toda los documentos internos que maneja la obra por razones de copyright. No hay que alarmarse ya que el universo wanderiano los tiene zipeados y comentaremos algunos aspectos significativos de este peligroso grupo enquistado en el poder de la Iglesia Católica.
Una de las cosas que más sorprende es el enorme mecanismo de control que han montado y el manejo que realizan de la información privada que recaban sobre todos sus miembros. Y para muestra, vean ustedes algunas de las fichas en las que metódicamente van volcando los datos:

Ficha de seguimiento de un supernumerario

 Ficha de seguimiento de un cooperador:


Como se observa, se incluyen dos datos de conciencia: si se confiesa (CF) cada semana y si acude a la dirección espiritual (Ch, para los supernumerarios y desr para los cooperadores). Luego, se registra si asiste a los Círculos (ces), al Curso Básico de formación humana y cristiana (Cur.Bás.), si hace la aportación económica (Ap.), si asiste a los retiros mensuales (rt), al retiro trimestral para sólo supernumerarios (rti) o a la meditación para sólo supernumerarios (med), al curso de retiro (crt) y a la convivencia (cv) anuales.
La cuestión que más ruido provoca en este sistema de seguimiento o persecución, es el uso que se hace de estos datos puesto que pareciera que todos ellos contribuyen al bien común… de la Obra, sin ningún tipo de miramientos a la hora de consignarlos y comentarlos, y decidir a partir de ellos, en los órganos de gobierno.
Veamos el informe elaborado sobre un numerario en 2004:

1. El cumplimiento del plan de vida no siempre es completo y con detenimiento. Es frecuente que deje algunas para última hora e incluso que no las haga.
2. La temática en las charlas, la mayoría de las veces, versa sobre su perseverancia; pareciera que desea encontrar una excusa que lo tranquilice, para abandonar la vocación. Del ca de este año, regresó con la idea de darse como plazo el presente año, para determinar si continúa o no en la Obra. En cada ocasión se le ha animado a que sea valiente, pida luces y fortaleza para que vea que el planteamiento que debe hacerse, es distinto ahora, de cuando escribió la carta. También se le ha dicho que no parece lo más acertado poner plazos, que todo en esta vida cuesta esfuerzo, que no idealice el matrimonio; que los casados también tienen problemas, como él lo tiene comprobado por la labor que atiende en [...].
3. En inconstante, muy inestable, casi un poco infantil. Poco mortificado en los gustos, un poco inmaduro. Desde luego no es muy obediente. Se le han dicho estas cosas, puntualizando.
4. Continúa con los problemas contra la Santa Pureza. No rara vez se va al cine, lógicamente sin decirlo antes. Tampoco ha superado dejar de consultar cosas inconvenientes en Internet. Está poco en la vida de familia; esto ha sido desde que llegó a este ctr. El auto que se le facilitó para la labor de [...], tenía como finalidad, también, que viniera a comer a la casa, prácticamente todos los días, y tampoco ha sido así.
5. Por lo que cuenta de su trabajo, no parece que lo haga bien, ni que vaya haciéndose un prestigio ante su jefe inmediato.

No creo yo que el Sr. Numerario sobre el que versa el informe vaya comentando por doquier los problemas que mantiene con la Santa Pureza. Los habrá dicho a su confesor y, seguramente debido a las deposiciones internas de la Obra, a su Director quien reúne en sí funciones de gobierno y es el encargado de llevar cuenta y detalle de los pecadillos deshonestos. Y este señor es quien vierte por escrito el reporte disciplinario y espiritual del numerario y lo pone a disposición de los superiores para que ellos vean qué hacer con él.
En fin, las autoridades del Opus Dei siguen atentamente los movimientos de todos los pececillos que han caído en su red. No sólo los públicos, sino también los privados. Ha desaparecido la venerable regla del foro interno y del foro externo. Ha desaparecido la confidencialidad propia de cualquier cargo o profesión. Ha desaparecido la confianza en el amigo que escucha y que calla. Ha desaparecido el starets o padre espiritual que acompaña. Solamente ha quedado el “Padre” o, mejor, el Gran Hermano.