martes, 27 de diciembre de 2011

Gorilismo vintage


Se le fue la mano


Pobre Iván. Se le fue la mano con sus prácticas autoeróticas y se fue derechito a las profundidades donde habrá sido recibido por su abuelo Onan.
Llama la atención el nivel de perversión y de adicción a un placer sexual altamente sofisticado que tenía el pobre muchacho y que nos hace vislumbrar el estado de depravación pompeyana en el que se encuentra una parte importante de la sociedad.
Pervertidos siempre existieron, pero no estoy tan seguro que recurrieran a técnicas tan peligrosas y rebuscadas. Abyssus abyssum vocat; por eso, ¿cuál habría sido el próximo paso de Iván? Mejor ni pensarlo.
Pero lo preocupante del caso, es que Iván Heyn era un gobernante con un alto grado de responsabilidad. Y enseguida podemos pensar que no era solamente él, sino también otros de sus amiguitos de La Cámpora que ocupan puestos igualmente importantes y que son “como hijos” de la Viuda Negra, quienes podrían tener este tipo de aficiones o, mejor dicho, que están esclavizados a este tipo de perversiones. Y esto sí que es un problema que nos incumbe, al menos desde la perspectiva aristotélica.
Para el Estagirita, la virtud de la templanza es la encargada de moderar los apetitos de la carne. Una virtud de la que Iván adolecía. Templanza, en griego, se dice sophrosine, es decir, la que salvaguarda o protege a la phronesis o prudencia. Debido a que el placer sexual es tan fuerte e intenso, el hombre corre el riesgo de caer en su adicción y, de ese modo, se le nubla el juicio y no puede desarrollar adecuadamente su facultad intelectual. Será incapaz de juzgar sobre el concreto singular, función de la prudencia, porque su inteligencia estará nublada por las pasiones. Y por eso, la templanza tiene como función precisamente proteger a la inteligencia y a la prudencia a fin de que pueda juzgar correctamente. Y si la prudencia o phrónesis es la virtud distintiva del gobernante, es fácil darse cuenta la importancia que posee para él la templanza o sophrosine.
La conclusión es clara. En manos de quiénes estamos…

domingo, 25 de diciembre de 2011

Feliz Navidad


ESTAMOS SALVADOS!

Feliz Navidad

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Que parezca un suicidio

Reconozco que he leído mucho a Agatha Christie y que he visto la serie completa de Inspector Morse y otras películas policiales, pero lo del suicidio del camporista me parece muy raro.
1. Si quiere suicidarse, por qué elegiría hacerlo en un viaje oficial, sabiendo del escándalo que causaría y siendo él como era kirchnerista puro.
2. Si le vino la urgencia del suicidio mientras estaba en Montevideo, por qué no dejó una carta a fin de evitar cualquier suspicacia.
3. Dicen que en su habitación habían bolsas con las compras que había hecho esa tarde. Si te pensás suicidiar, no vas a andar comprándote pilchas y perfumes unas horas antes.
4. Es muy llamativo el modo en que dice que se suicidó: colgándose con un cinturón del barral de un placard. O sos un enano, o el placard es altísimo, porque no veo otro modo de colgarse de allí.
5. Dicen que estaba desnudo y con el cuerpo húmedo, como recién salido de la ducha. ¿Es que la urgencia no le dio tiempo a secarse? ¿Por qué ahorcarse desnudo?
6. Dicen que se estudia también la posibilidad del accidente. Pero, ¿quién se ajusta un cinturón al cuello y se accidenta?
7. Y lo más raro de todo es que nadie diga que es raro.

Yo veo dos posibilidades:
O el muchacho se estuvo refocilando con alguna señorita o señor y surgió un problemita,
O alguien dio la orden de que pareciera un suicidio. ¿Quién? Me viene la tentación de pensar que se comenzó a re-editar la lucha entre la JP y la Juventud Sindical de los '70, pero no creo que la cosa se tan brava, al menos por ahora.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Los siete mil hombres


Leí el último sábado un interesante escrito del Dr. Aníbal D’Angelo Rodriguez que pueden bajar desde aquí. El autor propone una periodización histórica del último siglo y medio en la que muestra el avance ya incontenible de los enemigos de Cristo, y la aceleración de la persecución en la última década. Los orcos están a las puertas. Finaliza el texto con estas palabras: “Tal como las cosas se presentan, sería necio imaginarse que este enemigo poliforme, que ya ha probado nuestra sangre, va a detenerse en algún punto antes de cobrarse la vida de los últimos cristianos”.
En una primera lectura pareciera que la expresión “últimos cristianos” es un poco exagerada. En la actualidad, se contabilizan más de mil millones en todo el mundo. Le resultaría harto difícil al Enemigo cobrarse la vida de tantos. Sin embargo, en una lectura más atenta, salta a la vista que estos últimos cristianos “no son todos los que están”. En el Antiguo Testamento son significativas las palabras que Yavé dirige a Elías: “Me he reservado siete mil hombres en Israel: todas las rodillas que no se doblaron ante Baal y todas las bocas que no lo besaron” (I Re. 19.18). Todo el resto del pueblo elegido, aún siendo y llamándose israelitas, habían traicionado a su Dios y no eran dignos de ese nombre. Sólo un puñado permanecía fiel.
Es una imagen que bien refleja el concepto de últimos cristianos que emplea el Dr. D’Angelo Rodríguez. Porque, si miramos la situación en nuestro país, casi todos los que ya fueron ganados y forman parte de las filas de los orcos, son cristianos. Pero pareciera que no son del grupo de los siete mil, porque doblaron su rodilla ante Baal.
Pero aquí entra un punto que me asusta: el creerse parte del pequeño grupo de los elegidos. Porque, guste o no a los jerarcas actuales de la Iglesia, se salvarán solamente los elegidos, aquellos que fueron predestinados a la gloria. Y sobre esto no hay duda alguna: lean la Escritura, particularmente a San Pablo, y verán que la salvación no es masiva ni popular. Ahora, ¿qué es lo que hace ser a una persona parte de los elegidos, o parte de los siete mil?
La respuesta bordea una tentación es muy fuerte porque somos muy propensos a necesitar imperiosamente seguridades. Calvino solucionó el tema afirmando que los elegidos serían aquellos bendecidos por Dios aún en esta vida, y ya sabemos lo que eso significó: los privilegiados del mundo terminaron adquiriendo la seguridad de su salvación. Pero Calvino era un hereje. Fuera, entonces, cualquier relación con semejante personaje. Porque nosotros tenemos en claro que del grupo de los elegidos forman parte los que están en la Tradición, es decir, los que van a la Misa tradicional y reciben los “buenos sacramentos” que imparten en exclusiva los sacerdotes de la FSSPX. Aunque el vecino estará seguro, en cambio, que es garantía de salvación vivir bajo la dulce égida de Carlos Buela (últimamente desaparecido) y de su cohorte encarnada; para otros será pertenecer a la Obra y tener en casa estampitas de Escrivá de Balanguer con el exagerado prefijo de San; algunos, incluso, aducirán la pertenencia por su fidelidad, a pesar de todas las calumnias, al pervertido Maciel Degollado. En fin, cada uno trata de buscar la certeza de la propia salvación en la pertenencia a determinados grupos y en la ejecución de determinadas obras.
Pero creo que no es así. San Pablo, en la carta a los Romanos (11,4), retoma el texto del libro de los Reyes, y lo explica diciendo: “Del mismo modo, también ahora subsiste un resto elegido por gracia. Y si es por gracia, ya no lo es por las obras de la ley”. Es bastante claro. No son las obras de ley, es decir, las afiliaciones y las devociones las que nos garantizan la pertenencia al grupo de los elegidos. A ese grupo se ingresa solamente por la gracia de Dios. Y Dios da la gracia a quien quiere y porque quiera. Y la da en la hora primera, en la sexta y en la nona.
Por eso, mind the gap, no sea que el sodomita que nos asquea con su presencia, llamado a la última hora, nos preceda en el Reino de los Cielos, y nosotros desde afuera gritemos: “Señor, yo recibí todos los domingos “buenos sacramentos”. Y escuchemos las terribles palabras: “No te conozco”.

lunes, 12 de diciembre de 2011

El freezer


Hay un tema que vengo hablando desde hace tiempo con amigos y, en general, acordamos en el diagnóstico. La hipótesis podría formularse del siguiente modo: “Las casas de formación religiosa -seminarios, noviciados, etc.- tanto femeninos como masculinos se comportan en muchos casos como una suerte de freezer en tanto “congelan” al adolescente o joven en el grado de madurez que había alcanzado al momento del ingreso”.
Y empiezo con un argumento de autoridad. Hace algunos meses, un amigo me transmitió esta asombrosa expresión que había escuchado personalmente de uno de los formadores de un seminario “del palo”: “Que una persona cambie en su modo de ser entre los ocho y los dieciocho años, es normal. Pero que cambie entre los dieciocho y los cuarenta está indicando que algo no está bien”. Es clara la convicción del cura que llevaba más de diez años como profesor de seminario y con importantes responsabilidades dentro del mismo.
La idea que él maneja y que, podemos suponer, manejan los superiores de esa casa de formación, es que el modo de ser, de pensar, de actuar, de expresarse de un adolescente de dieciocho años debe permanecer intacto para el resto de su vida. La cuestión es que el modo de ser o de expresarse no es más que el reflejo del complejo que compone la vida íntima de la persona y que incluye sus emociones, sus sentimientos, su historia personal, sus pasiones más o menos desordenadas, etc. Dicho de un modo más sencillo, es la afectividad uno de los factores que condiciona el modo de ser personal, y la afectividad de un chico o chica de dieciocho años es, necesariamente, inmadura.
Según la directiva expresada por el sacerdote, el seminarista debe ser “freezado” en esa etapa de su vida afectiva, es decir, debe ser preservado en la inmadurez propia de la adolescencia o primera juventud. El seminario se convierte, entonces, en un monstruoso experimento criogenético que lanza al mundo, luego de siete u ocho años de formación, a seres completamente indefensos e incapaces de jugar el papel y de afrontar las responsabilidades propias de su edad y estado.
Y los resultados están a la vista. Yo he visto en numerosas ocasiones a monjas de 70 años jugando con muñecas y emocionarse infantilmente con las chucherías que sus amigas le regalan. He visto curas con más de diez años de ordenados que conservan exactamente las mismas expresiones, los mismos tics, las mismas bromas, las mismas conversaciones que tenían en sus años de seminaristas.
Y la actitud es comprensible. Han vivido ocho años en una suerte de “conservadora” en la que se extreman los mecanismos de control, como es lógico que sea. El seminarista está preservado a fin de que pueda permanecer fiel a su vocación y encuentre todas las ayudas y auxilios necesarios para enfrentarse y vencer a los peligros que le acecharán. Cuando sale al mundo, el golpe es durísimo porque, de un momento a otro, han caído todos los andamiajes que lo sostenían y las armas que naturalmente debería tener, es decir, su madurez y equilibrio afectivo personal, no los posee. Frente a esto, yo veo que puede tomar tres actitudes: o se arroja a los brazos del mundo, o se refugia en su inmadurez de adolescente o sale adelante santificándose, pero esto último es para pocos, cada vez menos.
¿Hay excepciones? Muchísimas. Por ejemplo, los amigos y conocidos sacerdotes que tengo que ingresaron al seminario de grandes, es decir, después de haber terminado una carrera universitaria, están todos perfectamente ubicados en su rol. Igualmente sucede con la mayoría de los monjes. Creo que la vida monástica exige, necesariamente, un equilibrio constante que acompañe desde el inicio ese tipo de vida. Quien no lo va adquiriendo, pronto abandona el monasterio.
¿Cuál es la solución? Fácil: eliminar los seminarios y, si esto no es posible, no admitir ingresantes menores de 24 años, con una carrera universitaria finalizada o bien, “con experiencia laboral acreditable”.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Una gran película

Se trata de "Quemados por el sol II", una película del director ruso Nikita Mikhalkov -el mismo de "El barbero de Siberia"- quien, además, es autor del guión y el protagonista. Se trata de la producción cinematográfica más costosa de Rusia y fue estrenada en 2010.
La primera parte apareció en 1994 (no la he visto) pero la segunda puede verse independientemente de la primera. En cualquier sitio especializado de Internet conseguirán una sinopsis del argumento.
Con historias paralelas y flashback, narra parte de la vida de un condecorado general soviético que, debido a las purgas stalinistas, es hecho prisionero y separado de su familia. Durante la Segunda Guerra Mundial se dedicará a buscar a su hija, y ésta se dedicará a buscar a su padre.
Escenas maravillosas y escenas crudas que muestran los horrores de la guerra.
Recomendable.
La película está en cuatro archivos intercambiables que podrán bajar de cuatro servidores diversos, a fin de evitar las esperas.

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