En los últimos posts hemos tenido oportunidad de discutir temas que dividen aguas entre los amigos lectores de este blog y que, por lo tanto, generan discusiones bastante ríspidas en algunos casos.
Lo curioso es que muchas veces se recurre al agravio o a los argumentos ad hominem que no resuelven nada y que, en definitiva, terminan demostrando debilidad en los propios argumentos e inmadurez y tozudez de carácter. Casi como niños que juegan a la pelota y, al que le hacen tres goles, dice: "No juego más", y se va.
Jack Tollers tradujo un breve texto de Pieper acerca del espíritu y el modo en el cual Santo Tomás se enfrentaba a las disputas.
Una buena lectura para el fin de semana. Lo bajan de este link.
viernes, 11 de mayo de 2012
martes, 8 de mayo de 2012
La vergüenza de Trelew
Nos enteran los diarios de hoy que ayer comenzó el juicio a
los “genocidas” acusados de la “masacre de Trelew”. El relato
de Clarín es muy gráfico: el juicio se realiza en un gran centro de
congresos y exposiciones y, a su apertura, asistieron más de 500 personas
encabezadas por el gobernador de la provincia. ¿Los acusados? Un grupo de cinco
ancianos de 80 años como promedio. El juez de instrucción se horrorizaba ante
el hecho de que, luego que los prisioneros -asesinos todos- del penal de Trelew
fueran recapturados en su fallido intento de fuga, hayan sido encerrados durante
una semana en la base naval Almirante Zar sin permitírseles la visita de las
familias y de sus abogados. Pobres inocentes!
Los K dan asco desde hace años, pero los jueces K que se
prestan para este circo de cinismo dan mucho más asco aún. Quizás eso sea lo
que más enerva los ánimos: el cinismo con el que se hace todo. Cínico es el
desvergonzado en el mentir. No se trata de hipocresía, porque el hipócrita, a
fuerza de fingir, quiere creer y a veces termina creyendo su propia mentira. El
cínico es el que miente y no le preocupa que resulte evidente su mentira. Antes
bien, se preocupa de imponer su mentira a los demás a modo de burla porque
tiene el poder para hacerlo y porque desea saciar su sed de venganza.
Políticos cínicos y jueces cínicos. Eso es Argentina.
Valga este post para los que creen que porque hayamos
criticado el método de la lucha contra el terrorismo marxista de los ’70,
estamos a favor de de la venganza o nos hicimos zurdos.
sábado, 5 de mayo de 2012
El Nacionalismo católico y la represión ilegal de los "neocon"...
Un análisis sobre el tema de Xavier de Bouillon:
El Nacionalismo católico se
pronunció contra los crímenes de la Triple A y grupos semejantes, al igual que
contra la metodología del Proceso, mediante el magisterio de sus principales
referentes. Ellos además hicieron lo que pudieron, aunque en general de manera
privada, para no plegarse al "coro de las izquierdas". De todos modos
es difícil juzgar esas acciones ("podrían haber hecho más", "no
fue suficiente", etc), porque desconocemos todas las circunstancias
conforme a las cuales decidieron actuar del modo en que lo hicieron. Lo que
otros nacionalistas -católicos o no - hayan hecho a título personal, corre por
su cuenta. En lo que hace al discurso sobre el "ser nacional" que
usaban Videla y los militares del Proceso, no era por entonces exclusivo del
nacionalismo. Se referían a él desde el peronismo hasta cierta izquierda
nacional, pasando por sectores conservadores y tradicionalistas. Cada uno, con
matices distintos. Pero para que se vea lo confuso del momento - es tarea de un
buen historiador ubicarse en el contexto de tiempo y lugar - menciono el
ejemplo del "Colorado" Abelardo Ramos, que apoyó a Isabel Perón
contra los grupos terroristas mientras Héctor Sandler, de UDELPA (el partido de
Aramburu y él mismo amigo del ex- presidente) terminó aliado a los Montoneros.
De modo que cargarle el "sanbenito" de la responsabilidad por los
crímenes del Proceso (o de los Montoneros) al Nacionalismo católico parece
bastante injusto. Yo personalmente critiqué el "militarismo
lugoniano" nacionalista, en un opúsculo de 1994, recordando un conocido
texto de Castellani sobre la Revolución del 43 y no me retracto de lo que allí
dije. También me referí a la excesiva influencia maurrasiana y falangista, en
detrimento de mejores aportes que se podrían haber incorporado del tradicionalismo
carlista. Pero al margen de esto, la metodología criminal empleada por el
Proceso tiene otro origen: fue en parte sugerida por asesores norteamericanos y
franceses (lo que algunos, con cierta imprecisión, llaman "Doctrina de la
Seguridad Nacional"), además de una decisión personal de la Junta Militar
de no adecuar el orden jurídico positivo a una situación de guerra (es decir,
crear tribunales militares ad hoc y aplicar las penas correspondientes, dando
la información necesaria a las familias de las víctimas una vez superado el
tiempo necesario para mantener en secreto las detenciones de los subversivos).
En cuanto a la influencia de los teóricos franceses de la guerra
contrarrevolucionaria, no se recibió ni se promocionó en el nacionalismo católico
sin el lógico "beneficio de inventario" impuesto por la moral
cristiana. Haciendo un breve inventario de lo que dijeron o escribieron los
referentes principales del Nacionalismo católico en aquellos años, menciono
(citando de memoria), lo siguiente:
1) Juicios privados del Profesor Genta a principios de la
década del 70 contra quienes aconsejaban formar bandas parapoliciales y
asesinar de modo clandestino a los terroristas. Hay al menos 2 pruebas
testimoniales de esos juicios, uno hecho en Tucumán y el otro en Buenos
Aires. La condena era tajante y sin concesiones a lo que hicieron la Triple A y
grupos similares. En el mismo sentido, aunque no perteneciera ya al
Nacionalismo católico sino al "peronismo de derecha", se proncunció
Disandro con ocasión del asesinato de Silvio Frondizi. Lo mismo hay que afirmar
de Carlos A. Sacheri. Y si la memoria no me falla, también la revista
"Cabildo" condenó el modo en que fueron muertos Silvio Frondizi y
Rodolfo Ortega Peña
2) El opúsculo de Ezcurra, escrito a pedido de Monseñor
Tortolo (como dice el original escrito a máquina, una de cuyas copias poseo en
mi archivo) es un interesante análisis de cómo enfrentar al enemigo en una
guerra no convencional, teniendo en cuenta las enseñanzas tradicionales de los
moralistas católicos acerca de la guerra justa. El opúsculo llegó a mis manos a
principios de los años 90 y alguien dijo en este blog que el mismo circulaba en
los cuarteles, lo cual es verosímil. Recién hace pocos años fue editado como
libro, con prólogo de Antonio Caponnetto. El propio Ezcurra intercedió por un
desaparecido, ex integrante de Tacuara, Manuel el "Bicho" García.
Había tenido una breve y parcial desviación hacia la izquierda a fines de los
60 y principios de los 70, pero en 1975 militaba en la derecha peronista
apoyando a Isabel Perón. Lo "chuparon" por error después del golpe
militar y lo mataron en el Uruguay. El pedido de Ezcurra no tuvo éxito.
3) Mons. Tortolo, que le pidió ese estudio a Ezcurra para asesoramiento
del Episcopado, intercedió por una desaparecida y por ser quién era Tortolo,
los militares la dejaron en libertad. Algunos meses después esa mujer fue
partícipe de un operativo terrorista, en el cual murió. Los militares le
dijeron a Mons.Tortolo: "A Ud. lo respetamos mucho, pero por favor no
interceda más por nadie". Eso "ató las manos" de Tortolo, que no
supo cómo hacer a partir de ese momento para ayudar a los familiares de los
desaparecidos. De todos modos y como cuenta Héctor H. Hernández en su biografía
de Sacheri, antes o después de este desgraciado episodio, empezó a llevar un
fichero con las denuncias que le iban llegando acerca de personas
"desaparecidas".
4) La Revista "Verbo" publicó un pequeño artículo
acerca de cómo combatir al terrorismo marxista en el año 1975. El artículo es
claro y no deja lugar a dudas acerca de que "el fin no justifica los
medios". Verbitsky, del mismo modo que hace con otros textos, lo ha
descontextualizado y presentado como parte de la influencia directa del
Nacionalismo en la represión ilegal. Me refiero a los libros que escribió sobre
"Historia política de la Iglesia en la Argentina". Libros llenos de
calumnias, generalizaciones indebidas, juicios temararios, injurias y un largo
etcétera...
5) El libro de Marcial Castro Castillo, el más completo
sobre el tema, y fundado todo en Santo Tomás de Aquino, Francisco de Vitoria y
Pío XII. Sólo con ese pequeño manual, la metodología criminal del Proceso y de
las bandas parapoliciales está totalmente condenada. El escrito circuló primero
escrito a máquina - año 1975 aproximadamente - en unidades militares,
promocionado por los discípulos que el Profesor Genta tenía en la Fuerza Aérea.
Luego fue publicado como libro en 1979. Ezcurra hizo una recensión elogiosa en
"Mikael" y lo mismo se realizó en "Cabildo"
6) Francisco "Pancho" Bosch, que sin dejar de ser
a su manera nacionalista y católico, comenzó a militar en el peronismo en los
años 70, escribió contra la represión ilegal en su libro "Indexación o
Soberanía", publicado en pleno gobierno militar. También se realizó una
recensión elogiosa del mismo en "Cabildo". "Pancho" Bosch
intentó evitar el golpe de estado, en una propuesta que le hizo a Corvalán
Nanclares, con quien colaboraban Francisco Javier Vocos y Carlos Sanz, pero sin
resultados positivos. Es sabido también que al hacerse cargo del Decanato de la
Facultad de Derecho, durante la intervención "Ottalagano", exigió que
desaparecieran de la Facultad las bandas parapoliciales
7) El Doctor Bernardino Montejano dictó una conferencia
pública en Mendoza, si no recuerdo mal en el año 1979, en la cual se refirió en
términos muy duros a la inmoralidad con que el Proceso había encarado la Guerra
contra la Subversión. Tengo fotocopia de la misma, publicada en "Verbo -
Speiro". Por aquellos años Sábato todavía elogiaba a Videla y al
Proceso...
8) Seineldín, que apoyó a Numa Laplane en la convicción de
que lo que se venía era un "golpe liberal" y se opuso a lo sucedido
el 24 de marzo de 1976, logró ir reuniendo en torno suyo a militares que
querían combatir a la guerrilla, pero no estaban dispuestos a hacerlo de un
modo contrario a la moral cristiana. El hecho está relatado en un breve párrafo
del libro "Línea de fuego" escrito por Héctor Simeoni y Eduardo
Allegri.
9) Es muy conocida la intercesión del P. Castellani en favor
de Haroldo Conti, desde la famosa cena con Videla hasta la visita al lugar en
el cual estaba prisionero el escritor (ocasión en que le administró los últimos
sacramentos). La anécdota está relatada de modo completo en el libro "Nacionalistas"
de Luis Fernando Beraza
10) En las postrimerías del Proceso y con posterioridad al
mismo, escribieron artículos en "Cabildo", contrarios a los crímenes
del Proceso (aunque en defensa de los que combatieron de modo limpio al
terrorismo, marxista) Tucídides, Antonio Caponnetto y Edmundo Gelonch Vilariño,
entre otros. En la biografía de Sacheri, realizan juicios análogos Enrique Díaz
Araujo, Aníbal D`Ángelo Rodríguez y nuevamente el "Bocha" Montejano.
D`Ángelo Rodríguez no duda en calificar al gobierno militar como
"barbarie", del mismo modo en que Patricio Maguire, desde su revista
"Informaciones sobre Masonería y otras sociedades secretas", habló -
a propósito del tema de los "desaparecidos" - de "tiranía
liberal".
Esto es sólo un pequeño inventario sobre la relación
Nacionalismo católico- represión ilegal y cada uno juzgará si es poco o mucho
lo que se realizó. Pero entiendo que culpar a esta corriente por la metodología
criminal que eligió el Proceso es, por lo menos, un reduccionismo. Que Videla,
Suárez Mason, Massera, etc. se refirieran a los "valores occidentales y
cristianos" está más en la lógica del ya formado por entonces
"neconservadorismo norteamericano", que en los principios del
Nacionalismo católico. Eran "neocon", con todo lo que eso implica
para los que conocen las implicancias políticas y religiosas del
neologismo...Díaz Araujo, en su libro "De golpe en golpe" explica
cómo el Proceso fue el más liberal de los gobiernos militares y en el que la
participación de nacionalistas en puestos relevantes, fue nula
Xavier de Bouillon
Como dueño del blog, aprovecho para poner aquí mismo algunos
comentarios al texto de Xavier.
1) Resulta muy esclarecedor, y comparto totalmente su juicio
acerca de la influencia negativa del maurrasianismo en el nacionalismo católico
argentino. Hace pocos días, en este mismo blog, Nicanor Paredes hablaba de “San
Maurras de Francia”…. Otro sería el cantar si la influencia hubiera provenido
del tradicionalismo español o carlismo.
Sin embargo, la defensa que Xavier hace del nacionalismo en
la época del proceso me parece que deja bastante mal parados a algunos de los
actores que menciona, principalmente a los clérigos.
2) Dice que lo que se hizo, se hizo de “manera privada, para
no plegarse al "coro de las izquierdas"”. Es decir, para que no ser
confundidos con los zurdos, hablaron despacito, casi en secreto. No me parece
que esto sea una excusa, ni que tampoco sea un gesto muy caballerezco.
3) El opúsculo escrito por Ezcurra, a pedido de Tortolo para
asesoramiento de la Conferencia Episcopal, circuló en fotocopias por los
cuarteles y recién fue publicado como libro hace pocos años. ¿Por qué no se
publicó y difundió cuando podría haber sido efectivo? ¿No había plata para
hacerlo? Eso es lo que aducía hace algunos días el Soldado Muerto. En cambio,
sí había plata para seguir publicando los documentos insulsos de la CEA y
repartirlos en todo el país; para publicar Mikael, Verbo, Cabildo y otros
muchos textos. ¿No será más bien que no había interés en que circulara ese
escrito?
4) A Tortolo le ataron las manos cuando la muchacha que
soltaron a pedido suyo volvió a participar en un atentado terrorista. Es
notable lo fácil que se ataban, y se atan, las manos de los obispos argentinos.
Y partir de ese momento, según dice Xavier, la tarea a la que se dedicó
presidente de la CEA para salvar a los futuros desparecidos, era llevar un
fichero con las denuncias que recibía. Bastante poco, me parece…. ¿no? No era
cuestión de ser un Hesayne o De Nevares, pero algo más se podría haber hecho.
Concede que las circunstancias en las que se dio toda esta
situación eran muy difíciles y nosotros no las conocemos, por lo que los
juicios que hagamos serán relativos, pero los hechos objetivos, como los que
narra Xavier, sí son pasibles de un juicio negativo.
martes, 1 de mayo de 2012
Respuesta a don Nicanor Paredes
Estimado borgiano y milongero Nicanor Paredes,
Creo que es mucho más en lo que estamos de acuerdo que en
desacuerdo. Como decía Platón, lo escrito está de alguna manera muerto y se
puede prestar a interpretaciones diversas. Le pongo el caso de lo que dije de
Antonio Caponnetto. Muchos consideraron que era una crítica hacia él. Mi
intención fue casi lo contrario. La expresión que le escuché a Caponnetto
cuando salía de mi adolescencia me cauterizó de creer las mentiras y las
exageraciones que se urdieron en el gobierno de Alfonsín. Más aún, en mi post
digo que sigo creyendo que las Madres son “adefesios de pañuelos blanco”, como
me enseñó don Antonio.
En fin, vayamos a lo nuestro. En su primer punto usted
decía:
1º) Conozco esas declaraciones de Videla, y otras similares,
antes de que tomaran estado público en el libro de Reato. Y las encuentro tan
culpables como culpable fue el Videla que obró en su momento, en un todo de
acuerdo con el pensamiento liberal que desde entonces y aún hoy lo informa.
No tengo nada que decir al respecto, más que felicitarlo por
sus contactos.
2º) No le estoy aconsejando por ende que no le crea a
Videla, sino que no le crea a Reato. Precisamente porque leí sus libros y
escuché atentamente sus declaraciones, sé que Reato confunde, distorsiona y
macanea, como cualquier periodista que vive de sus best sellers.
De acuerdo con usted. Reato es periodista de Perfil, y nunca
creería todo lo que dice un periodista de Perfil, o de Clarín o de cualquier
otro medio. “Clarín miente”, dice Moreno. Lo que creo del libro de Reato es lo
que Videla dice en él, lo cual está perfectamente señalizado, y es sobre esas
declaraciones sobre las que escribí el post.
3º) Es cierto que le aconsejo creerle a los nacionalistas lo
que dicen sobre Videla. Y lo que dicen -no ahora que cualquiera se le anima-
sino cuando era poder, es que resulta culpable.
Aquí hay un problemita lógico, porque usted está
identificando el todo con la parte. Es verdad que algunos nacionalistas -muy
pocos-, aquellos nucleado en “Cabildo” denunciaron a Videla mucho antes de que
lo hiciera el zurdaje. Pero convengamos que ellos no son todos los nacionalistas. Por eso insisto en
que el “nacionalismo estándar” todavía vive del “relato” de la “cruzada”
encabezada por Videla y el gobierno militar.
4) Tampoco le estoy aconsejando que no crea en la realidad,
si no que no crea en la realidad urdida por los pendolistas de turno, Reato
entre ellos, o Manfroni después. La realidad-real es mucho más grave, trágica y
funesta.
Repito lo que dije en respuesta al punto 2. En cuanto a
Manfroni, es el primer libro que leo de él. Veremos.
5) No sé qué tiene que ver la Argentina Católica en esto,
haya existido o sólo sea una ilusión. Pero sí sé que Reato miente cuando lo
adscribe a Videla al proyecto nacionalista de la Argentina Católica. La
incompatibilidad de Videla con el Nacionalismo me consta de un modo personal, múltiple
y directo.
Matizaría. No creo que Reato mienta. Reato no sabe nada
sobre ese tema y, como periodista y no estudioso, repite lo que escucha por ahí.
Anoche, en el programa de Morales Solá, afirmó que Videla se había quedado en
la historia intentando recrear la Argentina de los ’30, en la que los pilares
fundamentales eran la Iglesia y el Ejército. Por cierto, no me lo creo, porque
es simplista, aunque hayan elementos de verdad.
Por otro lado, Videla es claro en sus declaraciones al decir
que una de las intenciones del golpe del ’76 fue imponer el liberalismo
económico en Argentina, lo cual no es muy nacionalista que digamos. Pero en
esas mismas declaraciones, Videla repite varias veces que, en conciencia, él
creyó que debía actuar de ese modo para salvar el “ser nacional” argentino, que
es católico. Por eso, y una vez más, no le creo a Reato, sino que creo en lo
que Videla dice sobre Videla.
6) No acusa Usted recibo del resto de las cosas que le digo
o le mando; entre ellas, la orden de Tortolo a Ezcurra para que enseñara la
recta doctrina sobre la guerra. Tenga en cuenta que Usted en su nota inicial lo
inculpa a Tortolo en este punto. Tortolo tiene otras máculas, no ésta.
Sabía que Tortolo le había pedido a Ezcurra que escribiera
algo al respecto. No sabía que lo hubiese hecho y, menos aún, que lo hubiese
titulado y publicado. Menos aún puedo saber, y usted no lo adelanta, qué es lo
que decía el libro del P. Ezcurra. Lo que yo puedo decirle, a partir de
testimonios directos de discípulos muy cercanos a Ezcurra, es que ellos afirman
que, a pesar de algunos excesos, lo que se hizo estuvo bien hecho. Y prefiero
no abundar el respecto, al menos públicamente, por respeto a la memoria de los
muertos.
7) Me extraña que me pida en serio que no crea en los Reyes
Magos. Soy un hombre sensible doliniano. Siempre dejo mis zapatos las noches
expectantes de los 5 de enero. En quien no creo es en el 7º Rey Mago, pero este
es amigo suyo, no mío.
Es una broma y, para seguirla, le diré que yo creo en los
Reyes Magos, y creo que están sepultados en la catedral de Colonia. Pero no lo
creo por ser doliniano, sino por ser católico. En cuanto al 7° de ellos, no
tengo idea quién es, y mi amistad con él se reduce a los intercambios en este
blog.
8) Créame que me aflige hasta la perplejidad el influjo que
estos libelillos de moda obran sobre su alma. No es la primera vez que lo
observo en Usted.Y mucho más me aflige la catarata de pesimistas que compiten
por hacerle llegar sus adhesiones, a cual más desesperanzada y autodemoledora.
Los noventa-ochistas españoles eran unos optimistas eufóricos al lado de
algunos de sus posteadores;
Le agradezco su preocupación. Procuraré no prestar tanta atención
a los libelillos de moda como tampoco le presto ya tanta atención a otros libelillos
que ya no están de moda, y que nunca lo estuvieron, que siguen construyendo el “relato”
nacionalista católico.
En cuanto a lo que dicen los posteadores, “el autor de este
blog no se hace responsable por las opiniones vertidas en él, que son
responsabilidad exclusiva de quien las escribe”. Y agradezca que no publico
todo lo que me llega.
9) Cuidado, caminante: esta desolación ante lo real, este
fatalismo ante las cosas de la patria, este desprecio por quienes desean hacer
algo por salvarla, y el consiguiente escapismo hacia lo celeste (o lo celeste
concebido como escapismo), fue uno de los rasgos de la devotio moderna.
Este último punto tiene bastante miga. Mi primera
observación es casi la de Pilato: ¿qué es lo real? ¿Es acaso lo que vemos y
tocamos? Cada vez me convenzo más que, como decía Platón y todo el cristianismo
patrístico, lo real está en otro lugar. Lo importante no esto que vemos y
tocamos; lo verdaderamente importante es lo que trasciende, lo que está más
allá. Ya no tengo ninguna esperanza en las patrias terrenas -y mucho menos en
la Argentina-. Como bien dice San Pablo, “somos conciudadanos de los santos y
familiares de Dios”. La Ciudad que me interesa es la de los Santos; la otra es
la de Kristina, o la de los Arcontes.
¿Eso es escapismo? Lo sería si mi propuesta fuera retirarse
a las montañas y vivir en la azotea en la espera de la Segunda Venida. No es
eso lo que digo, y nunca lo he dicho. Age
quod agis, “Haz lo que haces”; cada uno debe hacer lo que en conciencia
está llamado a hacer en el lugar que Dios lo puso. De nuevo le cito al Apóstol
que dice que Él “tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente
mejor de lo que nosotros podemos pedir o pesar”. Ya sabrá Él entonces, qué,
cómo y cuándo. Pero de ahí a poner la esperanza y las fuerzas en las cosas de
la tierra, hay un largo trecho. Si para usted vivir con los ojos y las ansias
en el cielo es escapismo, está en su derecho a pensarlo. No me resulta
desconocida la opinión. Es lo mismo que se cansaron de decir los representantes
de la teología de la liberación y del progresismo.
En cuanto a su referencia a la devotio moderna, no me venga a mí con ese sofisma. Es como si me
dijera: “Así que usted Wanderer reza el rosario. Recuerde que la devotio moderna también aconsejaba
hacerlo”.
viernes, 27 de abril de 2012
Todo era verdad
Durante el último gobierno militar yo era un adolescente.
Terminaba mi colegio secundario cuando llegaba la democracia salvadora que mi
formación católica nacionalista me hacía mirar con desconfianza. No tenía idea
de los desaparecidos ni de sus reivindicadores. Un día asistí a una conferencia
en la que hablaba Antonio Caponnetto. Lo único que recuerdo de ella es que,
refiriéndose a las Madres de Plaza de Mayo, les dijo “adefesios de pañuelos
blancos”. De allí en más, la Bonafini y todo su aquelarre no fueron para mí más
que adefesios, generosamente financiados por organismos internacionales, que
buscaban reintroducir en nuestro país el marxismo. Con la llegada de los K y
sus efluvios de izquierda que ocuparon el gobierno, acentué mi idea de que no
eran más que resentidos en busca de venganza por una guerra que perdieron. Terroristas
reciclados en funcionarios.
Por otro lado, los militares protagonistas del Proceso eran
patriotas argentinos, con más o menos defectos, pero que habían tenido la
valentía y grandeza de salvar a la Patria del peligro marxista. En su accionar
se habían cometido excesos, como en todo conflicto armado, pero de ninguno modo
podía darse fe al mito de los vuelos de la muerte, torturas y otras
exageraciones frutos de la propaganda de izquierda. Los militares eran casi
héroes, y más de una vez me metí en aprietos, que podrían haber sido graves,
por defenderlos.
Pero leí las confesiones de Videla (Disposición final, de Ceferino Reato). Y debo admitir que fui
sorprendido en mi buena fe. Me engañaron. Los zurdos tenían razón.
Videla confiesa con claridad cuáles eran las cuatro etapas
del método represivo que aplicaron: 1) Detención o secuestro del objetivo; 2)
interrogatorios en lugar secreto, donde la persona quedaba a merced de sus
captores; 3) ejecución sumaria y, 4) desaparición del cuerpo.
Bárbaros; comparables, quizás, a las hordas vándalas o la
NKVD de Beria. Se erigieron mesiánicamente en defensores del Occidente
cristiano y utilizaron para sus fines métodos que socaban los pilares del mismo
Occidente que pretendían defender. Todo acusado tiene derecho a un juicio en el
que pueda ejercer su legítima defensa. Juicio sumario, si es necesario por las
circunstancias, pero juicio al fin. Este principio básico del derecho romano
les fue negado a “7000 o 8000 personas que había que matar”, en palabras de
Videla.
La ausencia de ese juicio -sustituido por un interrogatorio
cuyo objetivo no era determinar la inocencia o culpabilidad del detenido sino
obtener información bajo tortura-, convierte a las ejecuciones en asesinatos. Es
así, aunque nos cueste admitirlo y aunque la mayoría de los muertos hayan sido militantes
del ERP o Montoneros: los militares involucrados fueron asesinos.
Y, finalmente, les negaron la sepultura a los muertos, lo
cual constituye una violación atroz de las leyes más íntimas y profundas de la naturaleza
humana. Basta leer a Antígona y conocer, por la historia, cómo aún los pueblos
más primitivos, cuando estaban en guerra, declaraban treguas en las batallas a
fin de enterrar a sus muertos. Los defensores de la cristiandad, en cambio,
prefirieron arrojarlos al mar o algún río o quemarlos bajo un montículo de
neumáticos, negándole a la familia el consuelo de la sepultura del hijo muerto.
¿Por qué hicieron esto? Videla responde que no podían
fusilar a 8000 personas porque la población “iba a pensar que era Cuba”. Lo
triste es que fue peor que Cuba, porque allí los fusilaron con nombre y
apellido; aquí los “desaparecieron” como NN. Argentina fue un Gulag soviético
en miniatura.
Terrorismo marxista contra terrorismo de Estado.
Sigo pensando que Bonafini y las suyas son adefesios de
pañuelo blanco financiados por la izquierda internacional. Pero ahora sé que
tienen motivos para hacer lo que hacen.
Sigo creyendo que los miembros de la patota K son resentidos
en busca de venganza. Pero ahora sé que hay una causa cierta que alimenta esa
sed vindicativa.
Excursus 1: Reato no se mete demasiado con la Iglesia. Pero
resulta claro que tanto Videla como muchos otros de sus colegas eran católicos
practicantes y habrán consultado varias veces a obispos y sacerdotes acerca de
la licitud moral de sus métodos. Recuerdo el testimonio directo de uno de los
sacerdotes consultados: los aprobaban. ¿Se habrá opuesto Tortolo? ¿Se habrá
opuesto Bonamín? No lo creo. Sospecho que habrán tranquilizado sus conciencias
asegurándoles que todo era para la mayor gloria de Dios y bien de las almas.
Excursus 2: He comenzado a leer Montoneros. Soldados de Massera. Y parece que, en muchos casos, la
cosa era peor. El objetivo no era la defensa del Occidente cristiano sino los
millones de dólares de Born.
jueves, 12 de abril de 2012
... y respondió Ludovicus
Brillante respuesta:
Yo agregaría algo más. El sufrimiento que provoca un clima
moral y político malsano es muy particular, casi meteorológico. Borges decía
que en el verano porteño uno se sentía, más que aplastado, envilecido. Con los
climas morales es igual, hay como una sensación de envilecimiento moral por
contagio, como si uno mismo fuera vil, incluso por la mera cobardía de
soportarla. Es como lo que debía sufrir Lot en medio del puterío y del
encanallamiento de Sodoma. Lo que sufren en Rohirrim cuando Grima ejerce el
poder de Saruman. Verguenza ajena que se hace propia. En algún lugar leí que al
día siguiente de la ejecución de Luis XVI el pueblo de París tenía verguenza de
mirarse a la cara. Y no creo que en Jerusalén, el sábado, la gente se saludara
con mucho orgullo que digamos. Es algo pegajoso, una cierta sensación de
complicidad en el mal, como una culpa colectiva, una especie de comunión de los
santos al revés. Digo.
lunes, 9 de abril de 2012
El martirio del Pirincho
Unas semanas atrás, un ocasional lector del blog apelado
Pirincho, dejó un comentario que me ha dejado pensando. Escribía:
Hace unos días un paisano viejo me
tiró un salvavidas de plomo.
Especulaba el hombre que no habría
martirio triunfal y alegre como el de los primeros mártires. Decía que el
martirio de los primeros siglos era martirio "del calvario", pero el
que vendrá -esa tribulación como nunca la hubo- será un martirio del
"Getsemaní". El peso del pecado aplastando las almas de los justos
casi hasta el punto del sudor de sangre. Una conciencia de culpa insoportable.
Pero, cosa rara, insistía el viejo
en que igual nos alegráramos.
Más de una vez hemos hablado del tema, y es una cuestión que
siempre me ronda en la cabeza, pero nunca lo había pensado de este modo.
El martirio de los primeros cristianos fue, con todas las
letras, martirio, es decir,
testimonio de sangre y de dolor. Pero ellos contaban con algunas ventajas; la
más importante de todas el enorme empuje y fuerza que les venía por la cercanía
de los hechos históricos de la salvación; el contacto directo con aquellos que
habían conocido al Señor o habían escuchado a los apóstoles; la fuerza y el
vigor que les otorgaban las pequeñas comunidades cuyos miembros “se amaban
entre ellos” y la palabra y el ejemplo de sus pastores, muchos de ellos también
mártires. Subían a la cruz en un ambiente triunfal, aunque no menos doloroso,
con la alegría que les daba el convencimiento del encuentro ya muy próximo.
En los siglos posteriores, en general, siempre se afirmó que
los mártires de los últimos tiempos sufrían una situación similar. Y así nos
imaginamos a nosotros mismos siendo apedreados públicamente en el Obelisco por
los militantes de La Cámpora. Pero, ¿y si no fuera así? ¿Y si en vez del
martirio triunfal del Calvario se tratara del martirio oscuro y escondido de
Getsemaní?
Porque el del Huerto fue también un martirio. Pero fue el
martirio del hastío y del peso que produce el pecado y la mentira del mundo que
el Señor soportaba, no en sus hombros, como la cruz, sino en su memoria y en su
inteligencia. Y por eso, la sangre que allí derramó no fue producto de heridas
infligidas por los judíos sino del estallido del dolor interior. Fue el
martirio del tedio, del aburrimiento supremo, es decir, del ab horreo, del odio al mal que se
enseñoreaba en el cosmos. Fue, también, el martirio de la soledad y del desencanto.
Allí, solo junto a un olivo, mientras aquellos a quienes más amaba de entre los
suyos, dormían. Solo y olvidado. No se sabe cuál de los dos martirios –si el de
la cruz o el del huerto-, fue más doloroso.
Me pregunto, entonces, si el amigo del Pirincho no tendrá
razón. ¿No será, acaso, que los mártires de los últimos tiempos deban atravesar
por Getsemaní en vez que por el Calvario? ¿Y no será también que tengamos ya el
olivar a la vista?
Cuando cada día estamos condenados a enterarnos de los
avances del mal en el mundo y en el país y cuando vemos la mentira instalada ya
con permanencia en todos los órdenes. Y peor aún, cuando vemos a la inmensa
mayoría de los hombres vivir felices y tranquilos en medio del error y de la
muerte, ¿no caemos, acaso, en el tenío y el hastío? Si hasta parece, en muchos
casos, que estamos cargando con el peso del mal, y no hay modo de convencernos
de que nosotros no tenemos nada que ver con él. Las piruetas psicológicas que
podamos hacer no son suficientes, y el peso,
como el Anillo a Frodo, cada vez nos pesa
más.
Y ni siquiera tenemos, como el hobbit, a un Sam a nuestro
lado ni a un Gandalf que, a la distancia, vela por nosotros. Estamos solos,
porque nuestros pastores nos abandonaron. Ellos se dedican a dialogar con el
mundo y a acomodarse en sus carreras eclesiásticas. Pero no es que se
desentiendan de nosotros; peor aún, en muchos casos nos persiguen, negándonos
incluso el consuelo de una liturgia bella y digna.
¡Cuántas veces, incluso, no deseamos que todo acabe de una
vez, aunque no sea de modo heroico y triunfal, sino tan prosaico como fuere!
Estamos cansados, y queremos ya escuchar la voz que avisa que el Esposo está
cerca, y miramos con impaciencia las lámparas encendidas.
Y aclaro, por las dudas: no digo que seamos los mártires de
los tiempos postreros; digo solamente que me parece que el huerto está cercano.
Y no soy pesimista. Todo lo contrario, es un comentario escandalosamente
optimista, porque supone necesariamente que el Esposo está cerca. ¿Y no debe
ser este, acaso, el deseo más ardiente de todo cristiano?
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