viernes, 11 de mayo de 2012

Disputatio

En los últimos posts hemos tenido oportunidad de discutir temas que dividen aguas entre los amigos lectores de este blog y que, por lo tanto, generan discusiones bastante ríspidas en algunos casos.
Lo curioso es que muchas veces se recurre al agravio o a los argumentos ad hominem que no resuelven nada y que, en definitiva, terminan demostrando debilidad en los propios argumentos e inmadurez y tozudez de carácter. Casi como niños que juegan a la pelota y, al que le hacen tres goles, dice: "No juego más", y se va.
Jack Tollers tradujo un breve texto de Pieper acerca del espíritu y el modo en el cual Santo Tomás se enfrentaba a las disputas.
Una buena lectura para el fin de semana. Lo bajan de este link.

martes, 8 de mayo de 2012

La vergüenza de Trelew


Nos enteran los diarios de hoy que ayer comenzó el juicio a los “genocidas” acusados de la “masacre de Trelew”. El relato de Clarín es muy gráfico: el juicio se realiza en un gran centro de congresos y exposiciones y, a su apertura, asistieron más de 500 personas encabezadas por el gobernador de la provincia. ¿Los acusados? Un grupo de cinco ancianos de 80 años como promedio. El juez de instrucción se horrorizaba ante el hecho de que, luego que los prisioneros -asesinos todos- del penal de Trelew fueran recapturados en su fallido intento de fuga, hayan sido encerrados durante una semana en la base naval Almirante Zar sin permitírseles la visita de las familias y de sus abogados. Pobres inocentes!
Los K dan asco desde hace años, pero los jueces K que se prestan para este circo de cinismo dan mucho más asco aún. Quizás eso sea lo que más enerva los ánimos: el cinismo con el que se hace todo. Cínico es el desvergonzado en el mentir. No se trata de hipocresía, porque el hipócrita, a fuerza de fingir, quiere creer y a veces termina creyendo su propia mentira. El cínico es el que miente y no le preocupa que resulte evidente su mentira. Antes bien, se preocupa de imponer su mentira a los demás a modo de burla porque tiene el poder para hacerlo y porque desea saciar su sed de venganza.
Políticos cínicos y jueces cínicos. Eso es Argentina.

Valga este post para los que creen que porque hayamos criticado el método de la lucha contra el terrorismo marxista de los ’70, estamos a favor de de la venganza o nos hicimos zurdos.

sábado, 5 de mayo de 2012

El Nacionalismo católico y la represión ilegal de los "neocon"...


Un análisis sobre el tema de Xavier de Bouillon:


El Nacionalismo católico se pronunció contra los crímenes de la Triple A y grupos semejantes, al igual que contra la metodología del Proceso, mediante el magisterio de sus principales referentes. Ellos además hicieron lo que pudieron, aunque en general de manera privada, para no plegarse al "coro de las izquierdas". De todos modos es difícil juzgar esas acciones ("podrían haber hecho más", "no fue suficiente", etc), porque desconocemos todas las circunstancias conforme a las cuales decidieron actuar del modo en que lo hicieron. Lo que otros nacionalistas -católicos o no - hayan hecho a título personal, corre por su cuenta. En lo que hace al discurso sobre el "ser nacional" que usaban Videla y los militares del Proceso, no era por entonces exclusivo del nacionalismo. Se referían a él desde el peronismo hasta cierta izquierda nacional, pasando por sectores conservadores y tradicionalistas. Cada uno, con matices distintos. Pero para que se vea lo confuso del momento - es tarea de un buen historiador ubicarse en el contexto de tiempo y lugar - menciono el ejemplo del "Colorado" Abelardo Ramos, que apoyó a Isabel Perón contra los grupos terroristas mientras Héctor Sandler, de UDELPA (el partido de Aramburu y él mismo amigo del ex- presidente) terminó aliado a los Montoneros. De modo que cargarle el "sanbenito" de la responsabilidad por los crímenes del Proceso (o de los Montoneros) al Nacionalismo católico parece bastante injusto. Yo personalmente critiqué el "militarismo lugoniano" nacionalista, en un opúsculo de 1994, recordando un conocido texto de Castellani sobre la Revolución del 43 y no me retracto de lo que allí dije. También me referí a la excesiva influencia maurrasiana y falangista, en detrimento de mejores aportes que se podrían haber incorporado del tradicionalismo carlista. Pero al margen de esto, la metodología criminal empleada por el Proceso tiene otro origen: fue en parte sugerida por asesores norteamericanos y franceses (lo que algunos, con cierta imprecisión, llaman "Doctrina de la Seguridad Nacional"), además de una decisión personal de la Junta Militar de no adecuar el orden jurídico positivo a una situación de guerra (es decir, crear tribunales militares ad hoc y aplicar las penas correspondientes, dando la información necesaria a las familias de las víctimas una vez superado el tiempo necesario para mantener en secreto las detenciones de los subversivos). En cuanto a la influencia de los teóricos franceses de la guerra contrarrevolucionaria, no se recibió ni se promocionó en el nacionalismo católico sin el lógico "beneficio de inventario" impuesto por la moral cristiana. Haciendo un breve inventario de lo que dijeron o escribieron los referentes principales del Nacionalismo católico en aquellos años, menciono (citando de memoria), lo siguiente:

1) Juicios privados del Profesor Genta a principios de la década del 70 contra quienes aconsejaban formar bandas parapoliciales y asesinar de modo clandestino a los terroristas. Hay al menos 2 pruebas testimoniales de esos juicios,  uno hecho en Tucumán y el otro en Buenos Aires. La condena era tajante y sin concesiones a lo que hicieron la Triple A y grupos similares. En el mismo sentido, aunque no perteneciera ya al Nacionalismo católico sino al "peronismo de derecha", se proncunció Disandro con ocasión del asesinato de Silvio Frondizi. Lo mismo hay que afirmar de Carlos A. Sacheri. Y si la memoria no me falla, también la revista "Cabildo" condenó el modo en que fueron muertos Silvio Frondizi y Rodolfo Ortega Peña
2) El opúsculo de Ezcurra, escrito a pedido de Monseñor Tortolo (como dice el original escrito a máquina, una de cuyas copias poseo en mi archivo) es un interesante análisis de cómo enfrentar al enemigo en una guerra no convencional, teniendo en cuenta las enseñanzas tradicionales de los moralistas católicos acerca de la guerra justa. El opúsculo llegó a mis manos a principios de los años 90 y alguien dijo en este blog que el mismo circulaba en los cuarteles, lo cual es verosímil. Recién hace pocos años fue editado como libro, con prólogo de Antonio Caponnetto. El propio Ezcurra intercedió por un desaparecido, ex integrante de Tacuara, Manuel el "Bicho" García. Había tenido una breve y parcial desviación hacia la izquierda a fines de los 60 y principios de los 70, pero en 1975 militaba en la derecha peronista apoyando a Isabel Perón. Lo "chuparon" por error después del golpe militar y lo mataron en el Uruguay. El pedido de Ezcurra no tuvo éxito.
3) Mons. Tortolo, que le pidió ese estudio a Ezcurra para asesoramiento del Episcopado, intercedió por una desaparecida y por ser quién era Tortolo, los militares la dejaron en libertad. Algunos meses después esa mujer fue partícipe de un operativo terrorista,  en el cual murió. Los militares le dijeron a Mons.Tortolo: "A Ud. lo respetamos mucho, pero por favor no interceda más por nadie". Eso "ató las manos" de Tortolo, que no supo cómo hacer a partir de ese momento para ayudar a los familiares de los desaparecidos. De todos modos y como cuenta Héctor H. Hernández en su biografía de Sacheri, antes o después de este desgraciado episodio, empezó a llevar un fichero con las denuncias que le iban llegando acerca de personas "desaparecidas".
4) La Revista "Verbo" publicó un pequeño artículo acerca de cómo combatir al terrorismo marxista en el año 1975. El artículo es claro y no deja lugar a dudas acerca de que "el fin no justifica los medios". Verbitsky, del mismo modo que hace con otros textos, lo ha descontextualizado y presentado como parte de la influencia directa del Nacionalismo en la represión ilegal. Me refiero a los libros que escribió sobre "Historia política de la Iglesia en la Argentina". Libros llenos de calumnias, generalizaciones indebidas, juicios temararios, injurias y un largo etcétera...
5) El libro de Marcial Castro Castillo, el más completo sobre el tema, y fundado todo en Santo Tomás de Aquino, Francisco de Vitoria y Pío XII. Sólo con ese pequeño manual, la metodología criminal del Proceso y de las bandas parapoliciales está totalmente condenada. El escrito circuló primero escrito a máquina - año 1975 aproximadamente - en unidades militares, promocionado por los discípulos que el Profesor Genta tenía en la Fuerza Aérea. Luego fue publicado como libro en 1979. Ezcurra hizo una recensión elogiosa en "Mikael" y lo mismo se realizó en "Cabildo"
6) Francisco "Pancho" Bosch, que sin dejar de ser a su manera nacionalista y católico, comenzó a militar en el peronismo en los años 70, escribió contra la represión ilegal en su libro "Indexación o Soberanía", publicado en pleno gobierno militar. También se realizó una recensión elogiosa del mismo en "Cabildo". "Pancho" Bosch intentó evitar el golpe de estado, en una propuesta que le hizo a Corvalán Nanclares, con quien colaboraban Francisco Javier Vocos y Carlos Sanz, pero sin resultados positivos. Es sabido también que al hacerse cargo del Decanato de la Facultad de Derecho, durante la intervención "Ottalagano", exigió que desaparecieran de la Facultad las bandas parapoliciales
7) El Doctor Bernardino Montejano dictó una conferencia pública en Mendoza, si no recuerdo mal en el año 1979, en la cual se refirió en términos muy duros a la inmoralidad con que el Proceso había encarado la Guerra contra la Subversión. Tengo fotocopia de la misma, publicada en "Verbo - Speiro". Por aquellos años Sábato todavía elogiaba a Videla y al Proceso...
8) Seineldín, que apoyó a Numa Laplane en la convicción de que lo que se venía era un "golpe liberal" y se opuso a lo sucedido el 24 de marzo de 1976, logró ir reuniendo en torno suyo a militares que querían combatir a la guerrilla, pero no estaban dispuestos a hacerlo de un modo contrario a la moral cristiana. El hecho está relatado en un breve párrafo del libro "Línea de fuego" escrito por Héctor Simeoni y Eduardo Allegri.
9) Es muy conocida la intercesión del P. Castellani en favor de Haroldo Conti, desde la famosa cena con Videla hasta la visita al lugar en el cual estaba prisionero el escritor (ocasión en que le administró los últimos sacramentos). La anécdota está relatada de modo completo en el libro "Nacionalistas" de Luis Fernando Beraza
10) En las postrimerías del Proceso y con posterioridad al mismo, escribieron artículos en "Cabildo", contrarios a los crímenes del Proceso (aunque en defensa de los que combatieron de modo limpio al terrorismo, marxista) Tucídides, Antonio Caponnetto y Edmundo Gelonch Vilariño, entre otros. En la biografía de Sacheri, realizan juicios análogos Enrique Díaz Araujo, Aníbal D`Ángelo Rodríguez y nuevamente el "Bocha" Montejano. D`Ángelo Rodríguez no duda en calificar al gobierno militar como "barbarie", del mismo modo en que Patricio Maguire, desde su revista "Informaciones sobre Masonería y otras sociedades secretas", habló - a propósito del tema de los "desaparecidos" - de "tiranía liberal".
Esto es sólo un pequeño inventario sobre la relación Nacionalismo católico- represión ilegal y cada uno juzgará si es poco o mucho lo que se realizó. Pero entiendo que culpar a esta corriente por la metodología criminal que eligió el Proceso es, por lo menos, un reduccionismo. Que Videla, Suárez Mason, Massera, etc. se refirieran a los "valores occidentales y cristianos" está más en la lógica del ya formado por entonces "neconservadorismo norteamericano", que en los principios del Nacionalismo católico. Eran "neocon", con todo lo que eso implica para los que conocen las implicancias políticas y religiosas del neologismo...Díaz Araujo, en su libro "De golpe en golpe" explica cómo el Proceso fue el más liberal de los gobiernos militares y en el que la participación de nacionalistas en puestos relevantes, fue nula

Xavier de Bouillon

Como dueño del blog, aprovecho para poner aquí mismo algunos comentarios al texto de Xavier.
1) Resulta muy esclarecedor, y comparto totalmente su juicio acerca de la influencia negativa del maurrasianismo en el nacionalismo católico argentino. Hace pocos días, en este mismo blog, Nicanor Paredes hablaba de “San Maurras de Francia”…. Otro sería el cantar si la influencia hubiera provenido del tradicionalismo español o carlismo.
Sin embargo, la defensa que Xavier hace del nacionalismo en la época del proceso me parece que deja bastante mal parados a algunos de los actores que menciona, principalmente a los clérigos.
2) Dice que lo que se hizo, se hizo de “manera privada, para no plegarse al "coro de las izquierdas"”. Es decir, para que no ser confundidos con los zurdos, hablaron despacito, casi en secreto. No me parece que esto sea una excusa, ni que tampoco sea un gesto muy caballerezco.
3) El opúsculo escrito por Ezcurra, a pedido de Tortolo para asesoramiento de la Conferencia Episcopal, circuló en fotocopias por los cuarteles y recién fue publicado como libro hace pocos años. ¿Por qué no se publicó y difundió cuando podría haber sido efectivo? ¿No había plata para hacerlo? Eso es lo que aducía hace algunos días el Soldado Muerto. En cambio, sí había plata para seguir publicando los documentos insulsos de la CEA y repartirlos en todo el país; para publicar Mikael, Verbo, Cabildo y otros muchos textos. ¿No será más bien que no había interés en que circulara ese escrito?
4) A Tortolo le ataron las manos cuando la muchacha que soltaron a pedido suyo volvió a participar en un atentado terrorista. Es notable lo fácil que se ataban, y se atan, las manos de los obispos argentinos. Y partir de ese momento, según dice Xavier, la tarea a la que se dedicó presidente de la CEA para salvar a los futuros desparecidos, era llevar un fichero con las denuncias que recibía. Bastante poco, me parece…. ¿no? No era cuestión de ser un Hesayne o De Nevares, pero algo más se podría haber hecho.
Concede que las circunstancias en las que se dio toda esta situación eran muy difíciles y nosotros no las conocemos, por lo que los juicios que hagamos serán relativos, pero los hechos objetivos, como los que narra Xavier, sí son pasibles de un juicio negativo. 

martes, 1 de mayo de 2012

Respuesta a don Nicanor Paredes


Estimado borgiano y milongero Nicanor Paredes,
Creo que es mucho más en lo que estamos de acuerdo que en desacuerdo. Como decía Platón, lo escrito está de alguna manera muerto y se puede prestar a interpretaciones diversas. Le pongo el caso de lo que dije de Antonio Caponnetto. Muchos consideraron que era una crítica hacia él. Mi intención fue casi lo contrario. La expresión que le escuché a Caponnetto cuando salía de mi adolescencia me cauterizó de creer las mentiras y las exageraciones que se urdieron en el gobierno de Alfonsín. Más aún, en mi post digo que sigo creyendo que las Madres son “adefesios de pañuelos blanco”, como me enseñó don Antonio.
En fin, vayamos a lo nuestro. En su primer punto usted decía:
1º) Conozco esas declaraciones de Videla, y otras similares, antes de que tomaran estado público en el libro de Reato. Y las encuentro tan culpables como culpable fue el Videla que obró en su momento, en un todo de acuerdo con el pensamiento liberal que desde entonces y aún hoy lo informa.
No tengo nada que decir al respecto, más que felicitarlo por sus contactos.
2º) No le estoy aconsejando por ende que no le crea a Videla, sino que no le crea a Reato. Precisamente porque leí sus libros y escuché atentamente sus declaraciones, sé que Reato confunde, distorsiona y macanea, como cualquier periodista que vive de sus best sellers.
De acuerdo con usted. Reato es periodista de Perfil, y nunca creería todo lo que dice un periodista de Perfil, o de Clarín o de cualquier otro medio. “Clarín miente”, dice Moreno. Lo que creo del libro de Reato es lo que Videla dice en él, lo cual está perfectamente señalizado, y es sobre esas declaraciones sobre las que escribí el post.
3º) Es cierto que le aconsejo creerle a los nacionalistas lo que dicen sobre Videla. Y lo que dicen -no ahora que cualquiera se le anima- sino cuando era poder, es que resulta culpable.
Aquí hay un problemita lógico, porque usted está identificando el todo con la parte. Es verdad que algunos nacionalistas -muy pocos-, aquellos nucleado en “Cabildo” denunciaron a Videla mucho antes de que lo hiciera el zurdaje. Pero convengamos que ellos no son todos los nacionalistas. Por eso insisto en que el “nacionalismo estándar” todavía vive del “relato” de la “cruzada” encabezada por Videla y el gobierno militar.
4) Tampoco le estoy aconsejando que no crea en la realidad, si no que no crea en la realidad urdida por los pendolistas de turno, Reato entre ellos, o Manfroni después. La realidad-real es mucho más grave, trágica y funesta.
Repito lo que dije en respuesta al punto 2. En cuanto a Manfroni, es el primer libro que leo de él. Veremos.
5) No sé qué tiene que ver la Argentina Católica en esto, haya existido o sólo sea una ilusión. Pero sí sé que Reato miente cuando lo adscribe a Videla al proyecto nacionalista de la Argentina Católica. La incompatibilidad de Videla con el Nacionalismo me consta de un modo personal, múltiple y directo.
Matizaría. No creo que Reato mienta. Reato no sabe nada sobre ese tema y, como periodista y no estudioso, repite lo que escucha por ahí. Anoche, en el programa de Morales Solá, afirmó que Videla se había quedado en la historia intentando recrear la Argentina de los ’30, en la que los pilares fundamentales eran la Iglesia y el Ejército. Por cierto, no me lo creo, porque es simplista, aunque hayan elementos de verdad.
Por otro lado, Videla es claro en sus declaraciones al decir que una de las intenciones del golpe del ’76 fue imponer el liberalismo económico en Argentina, lo cual no es muy nacionalista que digamos. Pero en esas mismas declaraciones, Videla repite varias veces que, en conciencia, él creyó que debía actuar de ese modo para salvar el “ser nacional” argentino, que es católico. Por eso, y una vez más, no le creo a Reato, sino que creo en lo que Videla dice sobre Videla.
6) No acusa Usted recibo del resto de las cosas que le digo o le mando; entre ellas, la orden de Tortolo a Ezcurra para que enseñara la recta doctrina sobre la guerra. Tenga en cuenta que Usted en su nota inicial lo inculpa a Tortolo en este punto. Tortolo tiene otras máculas, no ésta.
Sabía que Tortolo le había pedido a Ezcurra que escribiera algo al respecto. No sabía que lo hubiese hecho y, menos aún, que lo hubiese titulado y publicado. Menos aún puedo saber, y usted no lo adelanta, qué es lo que decía el libro del P. Ezcurra. Lo que yo puedo decirle, a partir de testimonios directos de discípulos muy cercanos a Ezcurra, es que ellos afirman que, a pesar de algunos excesos, lo que se hizo estuvo bien hecho. Y prefiero no abundar el respecto, al menos públicamente, por respeto a la memoria de los muertos.
7) Me extraña que me pida en serio que no crea en los Reyes Magos. Soy un hombre sensible doliniano. Siempre dejo mis zapatos las noches expectantes de los 5 de enero. En quien no creo es en el 7º Rey Mago, pero este es amigo suyo, no mío.
Es una broma y, para seguirla, le diré que yo creo en los Reyes Magos, y creo que están sepultados en la catedral de Colonia. Pero no lo creo por ser doliniano, sino por ser católico. En cuanto al 7° de ellos, no tengo idea quién es, y mi amistad con él se reduce a los intercambios en este blog.
8) Créame que me aflige hasta la perplejidad el influjo que estos libelillos de moda obran sobre su alma. No es la primera vez que lo observo en Usted.Y mucho más me aflige la catarata de pesimistas que compiten por hacerle llegar sus adhesiones, a cual más desesperanzada y autodemoledora. Los noventa-ochistas españoles eran unos optimistas eufóricos al lado de algunos de sus posteadores;
Le agradezco su preocupación. Procuraré no prestar tanta atención a los libelillos de moda como tampoco le presto ya tanta atención a otros libelillos que ya no están de moda, y que nunca lo estuvieron, que siguen construyendo el “relato” nacionalista católico.
En cuanto a lo que dicen los posteadores, “el autor de este blog no se hace responsable por las opiniones vertidas en él, que son responsabilidad exclusiva de quien las escribe”. Y agradezca que no publico todo lo que me llega.
9) Cuidado, caminante: esta desolación ante lo real, este fatalismo ante las cosas de la patria, este desprecio por quienes desean hacer algo por salvarla, y el consiguiente escapismo hacia lo celeste (o lo celeste concebido como escapismo), fue uno de los rasgos de la devotio moderna.
Este último punto tiene bastante miga. Mi primera observación es casi la de Pilato: ¿qué es lo real? ¿Es acaso lo que vemos y tocamos? Cada vez me convenzo más que, como decía Platón y todo el cristianismo patrístico, lo real está en otro lugar. Lo importante no esto que vemos y tocamos; lo verdaderamente importante es lo que trasciende, lo que está más allá. Ya no tengo ninguna esperanza en las patrias terrenas -y mucho menos en la Argentina-. Como bien dice San Pablo, “somos conciudadanos de los santos y familiares de Dios”. La Ciudad que me interesa es la de los Santos; la otra es la de Kristina, o la de los Arcontes.
¿Eso es escapismo? Lo sería si mi propuesta fuera retirarse a las montañas y vivir en la azotea en la espera de la Segunda Venida. No es eso lo que digo, y nunca lo he dicho. Age quod agis, “Haz lo que haces”; cada uno debe hacer lo que en conciencia está llamado a hacer en el lugar que Dios lo puso. De nuevo le cito al Apóstol que dice que Él “tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que nosotros podemos pedir o pesar”. Ya sabrá Él entonces, qué, cómo y cuándo. Pero de ahí a poner la esperanza y las fuerzas en las cosas de la tierra, hay un largo trecho. Si para usted vivir con los ojos y las ansias en el cielo es escapismo, está en su derecho a pensarlo. No me resulta desconocida la opinión. Es lo mismo que se cansaron de decir los representantes de la teología de la liberación y del progresismo.
En cuanto a su referencia a la devotio moderna, no me venga a mí con ese sofisma. Es como si me dijera: “Así que usted Wanderer reza el rosario. Recuerde que la devotio moderna también aconsejaba hacerlo”.

viernes, 27 de abril de 2012

Todo era verdad


Durante el último gobierno militar yo era un adolescente. Terminaba mi colegio secundario cuando llegaba la democracia salvadora que mi formación católica nacionalista me hacía mirar con desconfianza. No tenía idea de los desaparecidos ni de sus reivindicadores. Un día asistí a una conferencia en la que hablaba Antonio Caponnetto. Lo único que recuerdo de ella es que, refiriéndose a las Madres de Plaza de Mayo, les dijo “adefesios de pañuelos blancos”. De allí en más, la Bonafini y todo su aquelarre no fueron para mí más que adefesios, generosamente financiados por organismos internacionales, que buscaban reintroducir en nuestro país el marxismo. Con la llegada de los K y sus efluvios de izquierda que ocuparon el gobierno, acentué mi idea de que no eran más que resentidos en busca de venganza por una guerra que perdieron. Terroristas reciclados en funcionarios.
Por otro lado, los militares protagonistas del Proceso eran patriotas argentinos, con más o menos defectos, pero que habían tenido la valentía y grandeza de salvar a la Patria del peligro marxista. En su accionar se habían cometido excesos, como en todo conflicto armado, pero de ninguno modo podía darse fe al mito de los vuelos de la muerte, torturas y otras exageraciones frutos de la propaganda de izquierda. Los militares eran casi héroes, y más de una vez me metí en aprietos, que podrían haber sido graves, por defenderlos.
Pero leí las confesiones de Videla (Disposición final, de Ceferino Reato). Y debo admitir que fui sorprendido en mi buena fe. Me engañaron. Los zurdos tenían razón.
Videla confiesa con claridad cuáles eran las cuatro etapas del método represivo que aplicaron: 1) Detención o secuestro del objetivo; 2) interrogatorios en lugar secreto, donde la persona quedaba a merced de sus captores; 3) ejecución sumaria y, 4) desaparición del cuerpo.
Bárbaros; comparables, quizás, a las hordas vándalas o la NKVD de Beria. Se erigieron mesiánicamente en defensores del Occidente cristiano y utilizaron para sus fines métodos que socaban los pilares del mismo Occidente que pretendían defender. Todo acusado tiene derecho a un juicio en el que pueda ejercer su legítima defensa. Juicio sumario, si es necesario por las circunstancias, pero juicio al fin. Este principio básico del derecho romano les fue negado a “7000 o 8000 personas que había que matar”, en palabras de Videla.
La ausencia de ese juicio -sustituido por un interrogatorio cuyo objetivo no era determinar la inocencia o culpabilidad del detenido sino obtener información bajo tortura-, convierte a las ejecuciones en asesinatos. Es así, aunque nos cueste admitirlo y aunque la mayoría de los muertos hayan sido militantes del ERP o Montoneros: los militares involucrados fueron asesinos.
Y, finalmente, les negaron la sepultura a los muertos, lo cual constituye una violación atroz de las leyes más íntimas y profundas de la naturaleza humana. Basta leer a Antígona y conocer, por la historia, cómo aún los pueblos más primitivos, cuando estaban en guerra, declaraban treguas en las batallas a fin de enterrar a sus muertos. Los defensores de la cristiandad, en cambio, prefirieron arrojarlos al mar o algún río o quemarlos bajo un montículo de neumáticos, negándole a la familia el consuelo de la sepultura del hijo muerto.
¿Por qué hicieron esto? Videla responde que no podían fusilar a 8000 personas porque la población “iba a pensar que era Cuba”. Lo triste es que fue peor que Cuba, porque allí los fusilaron con nombre y apellido; aquí los “desaparecieron” como NN. Argentina fue un Gulag soviético en miniatura.
Terrorismo marxista contra terrorismo de Estado.
Sigo pensando que Bonafini y las suyas son adefesios de pañuelo blanco financiados por la izquierda internacional. Pero ahora sé que tienen motivos para hacer lo que hacen.
Sigo creyendo que los miembros de la patota K son resentidos en busca de venganza. Pero ahora sé que hay una causa cierta que alimenta esa sed vindicativa.

Excursus 1: Reato no se mete demasiado con la Iglesia. Pero resulta claro que tanto Videla como muchos otros de sus colegas eran católicos practicantes y habrán consultado varias veces a obispos y sacerdotes acerca de la licitud moral de sus métodos. Recuerdo el testimonio directo de uno de los sacerdotes consultados: los aprobaban. ¿Se habrá opuesto Tortolo? ¿Se habrá opuesto Bonamín? No lo creo. Sospecho que habrán tranquilizado sus conciencias asegurándoles que todo era para la mayor gloria de Dios y bien de las almas.
Excursus 2: He comenzado a leer Montoneros. Soldados de Massera. Y parece que, en muchos casos, la cosa era peor. El objetivo no era la defensa del Occidente cristiano sino los millones de dólares de Born.

jueves, 12 de abril de 2012

... y respondió Ludovicus

Brillante respuesta:


Yo agregaría algo más. El sufrimiento que provoca un clima moral y político malsano es muy particular, casi meteorológico. Borges decía que en el verano porteño uno se sentía, más que aplastado, envilecido. Con los climas morales es igual, hay como una sensación de envilecimiento moral por contagio, como si uno mismo fuera vil, incluso por la mera cobardía de soportarla. Es como lo que debía sufrir Lot en medio del puterío y del encanallamiento de Sodoma. Lo que sufren en Rohirrim cuando Grima ejerce el poder de Saruman. Verguenza ajena que se hace propia. En algún lugar leí que al día siguiente de la ejecución de Luis XVI el pueblo de París tenía verguenza de mirarse a la cara. Y no creo que en Jerusalén, el sábado, la gente se saludara con mucho orgullo que digamos. Es algo pegajoso, una cierta sensación de complicidad en el mal, como una culpa colectiva, una especie de comunión de los santos al revés. Digo.

lunes, 9 de abril de 2012

El martirio del Pirincho


Unas semanas atrás, un ocasional lector del blog apelado Pirincho, dejó un comentario que me ha dejado pensando. Escribía:
Hace unos días un paisano viejo me tiró un salvavidas de plomo.
Especulaba el hombre que no habría martirio triunfal y alegre como el de los primeros mártires. Decía que el martirio de los primeros siglos era martirio "del calvario", pero el que vendrá -esa tribulación como nunca la hubo- será un martirio del "Getsemaní". El peso del pecado aplastando las almas de los justos casi hasta el punto del sudor de sangre. Una conciencia de culpa insoportable.
Pero, cosa rara, insistía el viejo en que igual nos alegráramos.
Más de una vez hemos hablado del tema, y es una cuestión que siempre me ronda en la cabeza, pero nunca lo había pensado de este modo.
El martirio de los primeros cristianos fue, con todas las letras, martirio, es decir, testimonio de sangre y de dolor. Pero ellos contaban con algunas ventajas; la más importante de todas el enorme empuje y fuerza que les venía por la cercanía de los hechos históricos de la salvación; el contacto directo con aquellos que habían conocido al Señor o habían escuchado a los apóstoles; la fuerza y el vigor que les otorgaban las pequeñas comunidades cuyos miembros “se amaban entre ellos” y la palabra y el ejemplo de sus pastores, muchos de ellos también mártires. Subían a la cruz en un ambiente triunfal, aunque no menos doloroso, con la alegría que les daba el convencimiento del encuentro ya muy próximo.
En los siglos posteriores, en general, siempre se afirmó que los mártires de los últimos tiempos sufrían una situación similar. Y así nos imaginamos a nosotros mismos siendo apedreados públicamente en el Obelisco por los militantes de La Cámpora. Pero, ¿y si no fuera así? ¿Y si en vez del martirio triunfal del Calvario se tratara del martirio oscuro y escondido de Getsemaní?
Porque el del Huerto fue también un martirio. Pero fue el martirio del hastío y del peso que produce el pecado y la mentira del mundo que el Señor soportaba, no en sus hombros, como la cruz, sino en su memoria y en su inteligencia. Y por eso, la sangre que allí derramó no fue producto de heridas infligidas por los judíos sino del estallido del dolor interior. Fue el martirio del tedio, del aburrimiento supremo, es decir, del ab horreo, del odio al mal que se enseñoreaba en el cosmos. Fue, también, el martirio de la soledad y del desencanto. Allí, solo junto a un olivo, mientras aquellos a quienes más amaba de entre los suyos, dormían. Solo y olvidado. No se sabe cuál de los dos martirios –si el de la cruz o el del huerto-, fue más doloroso.
Me pregunto, entonces, si el amigo del Pirincho no tendrá razón. ¿No será, acaso, que los mártires de los últimos tiempos deban atravesar por Getsemaní en vez que por el Calvario? ¿Y no será también que tengamos ya el olivar a la vista?
Cuando cada día estamos condenados a enterarnos de los avances del mal en el mundo y en el país y cuando vemos la mentira instalada ya con permanencia en todos los órdenes. Y peor aún, cuando vemos a la inmensa mayoría de los hombres vivir felices y tranquilos en medio del error y de la muerte, ¿no caemos, acaso, en el tenío y el hastío? Si hasta parece, en muchos casos, que estamos cargando con el peso del mal, y no hay modo de convencernos de que nosotros no tenemos nada que ver con él. Las piruetas psicológicas que podamos hacer no son suficientes, y el peso, como el Anillo a Frodo, cada vez nos pesa más.
Y ni siquiera tenemos, como el hobbit, a un Sam a nuestro lado ni a un Gandalf que, a la distancia, vela por nosotros. Estamos solos, porque nuestros pastores nos abandonaron. Ellos se dedican a dialogar con el mundo y a acomodarse en sus carreras eclesiásticas. Pero no es que se desentiendan de nosotros; peor aún, en muchos casos nos persiguen, negándonos incluso el consuelo de una liturgia bella y digna.
¡Cuántas veces, incluso, no deseamos que todo acabe de una vez, aunque no sea de modo heroico y triunfal, sino tan prosaico como fuere! Estamos cansados, y queremos ya escuchar la voz que avisa que el Esposo está cerca, y miramos con impaciencia las lámparas encendidas.
Y aclaro, por las dudas: no digo que seamos los mártires de los tiempos postreros; digo solamente que me parece que el huerto está cercano. Y no soy pesimista. Todo lo contrario, es un comentario escandalosamente optimista, porque supone necesariamente que el Esposo está cerca. ¿Y no debe ser este, acaso, el deseo más ardiente de todo cristiano?