Un amigo cura orientalizado me pasó la
traducción de una charlita que dio Ronald Knox a un grupo de jóvenes
estudiantes sobre la vocación. Me parece que nos puede venir bien a todos,
especialmente a los que están empachados con lecturas de San Alfonso y, más
aún, a quienes tienen inoculado el veneno que esparcen los fundadores ciertos
institutos religiosos, aborígenes o no.
Es de notar en el texto de Knox lo siguiente:
1. Lo desacartonado y libre del estilo que, al fin y al cabo, no es otra
cosa que el de su espiritualidad. Sitúa la cuestión de la vocación en la órbita
de la elección, como corresponde, y deprovidencializa el asunto. No tiene nada
que ver con las rigideces a las que estamos acostumbrados en ciertos ambientes
del palo.
2. La humildad de Ronnie. Dice: “No tengo discernimiento de espíritu”,
actitud muy alejada también a la de cierto personaje que se arroga la gracia de
decirle a los jovencitos que se le acercan, o que se le acercaban vistas las
circunstancias: “Vos tenés vocación. Yo te lo digo y me hago responsable”. Y
convengamos que Mons. Knox tenía un poco más de formación, de cultura, de clase
y de sutileza que el Carnicero -ya no digamos de Haedo sino de algún lugar de
zona oeste-.
3. Desarma la simpleza de discernimiento de otros fundadores o curitas
bien intencionados que le preguntan al joven que se acerca con inquietudes
vocacionales: “¿Te masturbas?”; si la respuesta es negativa -lo que
habitualmente ocurre, vista la intespestividad de la interrogación y estando
fuera del ámbito de la confesión-, le dice: “Entonces tenés vocación”.
4. Cuestiona fuertemente el afán vocacional no sólo de las fundaciones
primaverales sino también de curas seculares que pareciera que el objetivo de
su vida sacerdotal es conseguir vocaciones, y de ese modo miden sus frutos
apostólicos (ejemplo tienen en el jesuita Alberto Hurtado, canonizado por JPII
-cuando no-, que marcaba palitos en su habitación por cada vocación que
conseguía). Tengo varios buenos amigos curas, y buenos curas, y es curioso que
todos ellos huyan de las vocaciones
que se le acercan. Les da terror meterse en esos terrenos tan delicados del
trato del alma con Dios, como Ronnie Knox que, siendo capellán católico de la
Universidad de Oxford, jamás consiguió una vocación. Imagínense el festín que
se habrían hecho en las mismas circunstancias el Marqués de Peralta o el
Carnicero de La Matanza -por poner un lugar-, consiguiendo secuaces en el
centro de formación de la elite intelectual, económica y social del Reino
Unido.
Aquí va entonces el texto de Ronni:
Dios sabe lo que Vds van a hacer.
Pero, lo que Dios prevé que Vds van a hacer ¿es lo que Él quiere que hagan?
¡Ay! No necesariamente. Sí les concedo que es la voluntad de Dios en el sentido
de que Él permite que ocurra: si no lo permitiese, no ocurriría.. Pero, lo que
cada hombre hace ¿es lo que Dios realmente tuvo la intención que hiciese, es lo
que Dios quiso realmente que hiciese? Pueden ver por sí mismos que esto no es
así.
Nuestro Señor eligió doce apóstoles,
y uno de ellos, Judas Iscariote resultó un traidor y un suicida. Nuestro Señor
supo siempre cómo iba a terminar; cada vez que Judas robaba dinero de la bolsa,
Nuestro Señor lo sabía; y sabía mucho más que esto: sabía a dónde esto iba a
conducir – las treinta monedas de plata y el final de la soga –, y aún así eligió a Judas. No eligió a Judas
para ser un traidor; tenía para él la vocación de ser un santo apóstol, si lo
hubiese querido; de proclamar su nombre delante de los Gentiles, de confesarlo
delante de reyes y gobernantes, de ganar la corona del martirio, si hubiese
querido. Hay, por así decir, para cada uno de nosotros, un plan delineado en la
mente de Dios de nuestra vida tal como ella será vivida; pero paralelo a éste
hay otro de esta misma vida tal como Dios quiere que ésta sea vivida. Y la
medida de la correspondencia de estos dos planes depende del cuidado que
tomamos en averiguar cuál es la voluntad de Dios para con nosotros, y de la
fidelidad con que hacemos su voluntad cuando Él la hace patente a nuestros
ojos.
Por supuesto que al decir todo esto,
Vds. inmediatamente supondrán que voy a hablar acerca de la vocación al
sacerdocio. Están en lo cierto: lo haré. No por cierto porque yo me considere,
o suponga que Vds. me consideran, una autoridad particularmente competente en
la materia, un discernidor de espíritus especialmente dotado. Recuerdo a un
muchacho que se me acercó quien había decidido ser sacerdote pero no estaba
seguro si debía ser benedictino o sacerdote del clero secular. Le dije que
debería ser benedictino, y pensé que eso era muy bueno de mi parte, porque
nosotros los sacerdotes del clero secular también tenemos nuestro orgullo. Pues
bien, el muchacho en cuestión entró en el noviciado y duró dos días; luego se
dirigió a un seminario diocesano y ha sido perfectamente feliz desde entonces;
supongo que recibirá el subdiaconado este verano. Esto es simplemente para
mostrarles que no soy una autoridad en la cuestión de las vocaciones. Cualquier
otro puede decirles mucho más que yo. Pero simplemente quisiera presentarles
uno o dos tópicos acerca de esta cuestión.
En primer lugar, cualquiera que sea
el uso que hagan de esto, espero que coincidirán conmigo en que la pregunta “¿Debo
ser un sacerdote?” se distingue de las demás. No debe ser una más de una lista
de preguntas bajo el título general “¿Qué debemos hacer con nuestro
hijos?”. He visto esa clase de listas no
hace demasiado tiempo en una de las más fatuas revistas mensuales, y me apena
decir que un obispo de otra iglesia contribuyó con el número tres de la serie,
y que el título de su artículo era algo así como “Las Órdenes Sagradas como
carrera”. El cuerpo del artículo era no mucho menos penoso que el título.
La pregunta “¿Debo ser un
sacerdote?” admite sólo una alternativa; la pregunta en su forma más extensa
reza “¿Debo ser sacerdote o laico?”. No se la puede poner con el resto y
preguntarse: “”¿Debo ser latonero, sastre, soldado, marinero, hombre rico,
hombre pobre, mendigo, ladrón o sacerdote? Cualquiera que sea el modo correcto
de mirarlo, ése es el modo erróneo. Aunque más no fuese por esta simple razón:
el metier de sacerdote no requiere
ningún particular conjunto de cualidades naturales que signe a un hombre como
cualificado para él. Las dotes naturales que pueden ser empleados en él son muy variadas;
pero no requiere ninguna capacidad especializada. No se necesita ser un
eminente letrado, ni un eminente matemático; se necesita el suficiente latín
como para decir el Oficio y la suficiente matemática como para contar la
colecta; no más. Es imposible, por tanto, para una persona de inteligencia
ordinaria decir “No puedo ser sacerdote; no tengo las dotes naturales que dicha
profesión demanda”.
Y el mismo principio funciona en la
dirección opuesta; no se puede decir, basado en cualquier talento natural:
“fulano es la clase de persona que debería ser sacerdote”. No hay ninguna clase
de persona que debería ser sacerdote; ninguna clase más que otra.
Bien, teniendo esto en claro, vamos
a tratar de solucionar la cuestión desde el otro extremo. Tenemos la íntima
convicción de que las únicas personas que deben ser sacerdotes son aquellas más
santas, más sacrificadas y más devotas que las demás; prácticamente semi-santos.
Y esto parece solucionar completamente el problema, pues Vds. están ciertos de
no ser mejores que los demás en estos aspectos. Y si leen libros de espiritualidad para
sacerdotes, como el Retiro del obispo Hedley, posiblemente se lleven la misma
impresión, o sea que todos los sacerdotes viven en un nivel de espiritualidad
completamente imposible para una persona ordinaria.
Y luego tal vez piensen en algunos sacerdotes que conocen y
en los padres que les predicaron algún retiro, y entonces se digan a sí mismos,
“¡Que se vaya todo al cuerno . . .!”. No puedo recordar en cuál colegio ocurrió
la historia referida al muchacho al que se le pidió dar una lista de las obras
de misericordia corporales; comenzó diciendo que la primera era dar de comer al
hambriento y la segunda dar de beber al clero . . . Eso muestra una diferente estimación con
respecto a lo que es la vocación clerical, ¿no es cierto? Por lo tanto esto
forma de ver las cosas no ayuda mucho. Los sacerdotes –eso esperamos, buscan
todos su santificación, pero lo hacen desde diferentes niveles. En cualquier
caso, no comienzan siendo ya semi-santos, y si los obispos no aceptasen a quien
no lo fuese para la ordenación, Vds. y yo tendríamos que recorrer una linda
distancia para concurrir a la
Misa dominical.
Por lo tanto nos debemos retrotraer
a la simple doctrina acerca de la vocación, esto es, que Dios quiere a algunas
personas para servirlo como sacerdotes, y quiere que otras personas lo sirvan
como laicos. La diferencia no se basará en dones extraordinarios naturales ni
en dones extraordinarios sobrenaturales. Y no siempre llama a sus mejores
amigos a servirlo en el sacerdocio; Santo Tomás Moro, por ejemplo, probó su
vocación como cartujo y se dio cuenta que no tenía vocación, y sin embargo
vivió y murió santamente. La cuestión es entonces una cuestión personal. No hay
que preguntarse: ¿Dios quiere que todos sus amigos sean sacerdotes? Sino más
bien: ¿Dios quiere que este amigo suyo particular, un servidor, sea sacerdote?
Pues bien, creo que, aunque ordinariamente
es algo presuntuoso esperar esto o aquello de Dios, es perfectamente justo
esperar que, supuesto que uno hace lo mejor que puede para cultivar su amistad
y para hacerse digno de ella, Dios le hará saber a uno si quiere que sea
sacerdote. Le dará alguna indicación acerca de ello, alguna inclinación hacia
Él. Al decir esto, no crean que deben esperar demasiado; no deben esperar una
especie de revelación sobrenatural, visiones o éxtasis, o cualquier cosa por el
estilo. No, mas bien la idea comenzará a tomar forma en vuestra mente, primero
tal vez como una vaga y lejana posibilidad, luego más claramente con el
transcurso del tiempo; vuestra amistad con Dios hará que deseéis hacer algo por
Él, y vuestro deseo de hacer algo por Él tomará esta forma.
Tales inspiraciones vienen
fácilmente cuando existe verdadera amistad. La idea puede provenir simplemente
desde el interior o venir desde alguna advertencia exterior, aparentemente
accidental, de alguna alteración de las circunstancias de vuestra vida, o de
algo que hayamos leído en un libro, o de algo que hemos escuchado en un sermón
–inclusive puede venir a partir de lo que estoy diciendo ahora. Dios no es
limitado en los medios que utiliza, y como recordarán, envió una advertencia al
profeta Balaam a través de los labios de una burra.
Si se encuentran a sí mismos, de
acuerdo con la voluntad de Dios, deseando ser sacerdotes, encomienden su
aspiración a Él con absoluta confianza. Si Él tiene la intención de que seas
sacerdote, lo serás. No tiene sentido en este punto preocuparse por
dificultades familiares o cosas por el estilo. Continúen pidiéndole suavemente
ser menos indignos de los que son para semejante vocación. Al mismo tiempo
recuerden que, en última instancia, la elección no es de Vds.: “No sois vosotros
los que me elegisteis sino Yo el que os he elegido”, dijo el Señor a sus
Apóstoles. No hay inconveniente por lo tanto en tener una segunda cuerda en el
arco, o sea en pensar de antemano, si uno es lo suficientemente maduro como
para planificar, qué es lo que habrán de hacer si resulta que Dios no los ha
destinado al sacerdocio.
Digo esto porque a veces hay una
cierta tentación en las personas que aspiran al sacerdocio a descuidar el
trabajo escolar, sobre la base de que, después de todo no se necesita mucha
educación para ser un sacerdote. Posiblemente ese no sea un gran cumplido hacia
los sacerdotes que hayan conocido, pero me animo a decir que nos lo merecemos.
Lo único que digo es que no hay certeza de que uno vaya a ser sacerdote, y que
sería una pena que habiendo hecho ese descubrimiento, uno se encuentre con que no tiene ninguna clase de aptitud para
cualquier otra actividad en la vida. Por lo tanto, no descuiden las
matemáticas, o la química o cualquier otra cosa en la que tengan aptitudes, sobre
la base de que no les ayudará a alcanzar la meta principal de la vida.
Cualquier clase de conocimiento puede ser útil al sacerdote; y gustos
verdaderamente educados pueden hacerlo, si no un mejor sacerdote, sí un
sacerdote más útil. De hecho, alguna gente piensa que es una pena que no
tengamos más de esta clase.
Que Dios los bendiga y les conceda
los más caros deseos.
(Retreat
in Slow Motion, Sheed & Ward, 1960)
Necesitamos, pocos o muchos, sacerdotes así, como R. Knox: cultos, caballeros, agudos, francos, ortodoxos y simpáticos. Aunque sea, que sean pocos, pero así.
ResponderEliminarFuerte Knox.
Y además qué churro era.
ResponderEliminarSusana.
Muy iluminador lo de Knox. Cuando lo leía se me venía a la mente lo siguiente: conversando en distintas oportunidades con amigos del palo, comprobé que a la mayoría de ellos sus directores espirituales o curas amigos le han tirado los perros con el tema de la vocación (a mí también me pasó). No digo curas del IVE, los cuales no tienen inhibidores de ningún tipo, sino otros que ciertamente no padecen los defectos de aquellos. Muchos curas serios tienen como un cierto vicio cuando plantean la vocación sacerdotal. Proponen esta vocación como un arcano difícil de descifrar, y allí entran ellos como directores espirituales para colaborar con el discernimiento. Pero hay más, cuando uno le dice los motivos por los cuales uno no se inclinaría por el sacerdocio luego viene el planteo de que no son motivos válidos, o incluso de que pueden ser tentaciones. Por supuesto que todo este planteo es muy sutíl por parte de los curas. Incluso estoy convencido de que no tienen malas intenciones, pero ya lo traen incorporado; aún los sacerdotes más prudentes que he conocido ya están programados así.
ResponderEliminarUna cosa es alardear o no en conseguir vocaciones. Otra muy distinta es alardear en no conseguirlas. Más alla de lo dificil que es encontrar vocaciones en un centro universitario liberal y descatolicizado como Oxford en el tiempo de Knox (y habría que agregar homosexualizado como bien se sabe es costumbre inglesa en altos circulos, y que hasta observó Irazusta) no creo que a Knox le gustase publicar dicha estadistica de cero vocaciones durante su estadia alli.
ResponderEliminarEl memo de los errores cometidos por el IVE y otros está claro, pero ojo Caminante, don't throw the baby out with the bathwater.
Cristina en Mar del Plata acaba de hablar de que ella "cree en Dios, la Patria y la Virgen de Luján, patrona nuestra".
ResponderEliminarQué opina, Wan?
Dark Henry, no tergiverse. No creo que Knox haya alardeado de su ausencia de vocaciones y yo no lo planteo como alarde de ningún tipo. Lo que digo es que Knox siendo Knox no se preocupaba por hacer proselitismo vocacional o de cualquier otro tipo.
ResponderEliminaroff topic pero el ruido que se está haciendo con la posible canonización de JPII va a terminar demostrando la tesis de la epistemóloga Kristina: "la verdad es es el relato"
ResponderEliminarEstoy contextualizando, no tergiversando. Si Knox fue capellán católico de la Universidad de Oxford y jamás consiguió una vocación de ese lugar entonces quizás sea una deficiencia más que algo para resaltar, como insinúa Ud en el punto 4 de su comentario.
ResponderEliminarPor supuesto que no hay nada malo en conseguir “secuaces” en los centro de formación de la elite intelectual, económica y social de cualquier país. Las revoluciones son de arriba para bajo. El pueblo nunca hizo ninguna revolución ni la hará, para bien o para mal.
El imperio romano se hizo cristiano de esa manera. Lo mismo se puede decir de los francos con Clovis. Los jesuitas lo intentaron con el emperador Chino y estuvieron muy cerca. De igual modo las revoluciones protestante, francesa y bolchevique fueron también fenómenos de arriba para abajo.
Repito, apuntemos los errores del IVE, Legionarios, Opus y otros como corresponde con la esperanza que mejoren. Pero no nos vayamos para el otro lado. Knox habrá sido muy santo, pero Oxford sigue siendo el mismo centro liberal, anticristiano y homosexual que fue hace más de un siglo en los tiempos de Knox. Ergo quizás hay que emplear otras estrategias y otras tácticas para cristianizar. Algo que todos nosotros tipeando desde un sillón probablemente nunca haremos ni entenderemos.
El texto de Knox es formidable, pero debe leerse despacio. Por ejemplo esto que dice, que da en el centro de todo el asunto:
ResponderEliminar"La cuestión es entonces una cuestión personal. No hay que preguntarse: ¿Dios quiere que todos sus amigos sean sacerdotes? Sino más bien: ¿Dios quiere que este amigo suyo particular, un servidor, sea sacerdote?"
Cuestión personal, intríngulis individual, caso particular, problema existencial, singular asunto... díganlo como quieran: es lo opuesto, lo contrario, está en las antípodas de toda "política", manejo, leva o... cuenta.
Sí, el Carnicero llevaba esa cuenta-con marcas que hacía en el pizarrón de su despacho y que mostraba muy orondo ¿no se acuerdan?. (Me pregunto si ahora lleva la cuenta de las bajas).
Estos tipos que llevan la cuenta... No recuerdo si era Faber o Manning el que criticaba a Newman por lo mismo: no "hacía" curas, no "tenía" vocaciones (hasta la gramática se me rebela).
J. T.
Su manotazo de ahogado es jugarla cada vez más de Evita, por eso su supuesta converión al catolicismo (cómo estarán los judíos a los que tanto lisonjea y para los que recauda...).
ResponderEliminarDe este modo, o logra la reelección o "Manco presidente, la Cámpora al poder" para el próximo período.
No será ella la del poder entre bambalinas sino los mocosos zurdos que ya ocupan hoy los cargos políticos y los administrativos de carrera de importancia en todos los organismos del Estado, ya que ella además de bipolar está cansada, vieja. Llegó al punto donde el bótox es más lo que la perjudica que lo que la beneficia. De allí no se vuelve. No quiere más lola. Sueña con que alguno de sus dos hijos la haga abuela y disfrutar de su incalculable (no vayan a creer que solo son los 70.000.000 de pesos que Darín no entiendo cómo se incrementaron a su patrimonio, que son más de 70 y en verdes) fortuna. Lógicamente, quiere dedicarse a mirar los hermosos glaciares mientras un niño encantador le dice "abu, abu, me dás un chupetín!". Mucho más lindo, y muy lejano, a lo que hoy vive y a los dolores de cabeza que le provoca Amado -Tabique de Oro y Mano Larga- Budú.
No sé cómo le irá en la próxima vida, ni si realmente cree en Dios, lo seguro que en ésta, con toda esa guita, le fue como la mierda y, a nosotros, por su culpa, también. Con una diferencia: las familias vivibles ya las tenemos, estamos mejor que ella. Me alegro. Que se cague.
El texto es pastelillo de arsénico para las mentalidades primaverales.
ResponderEliminarEs delicado Knox al tratar el asunto. Está bueno. Opinando un poco, creo que a la pregunta ¿Debo ser un sacerdote? –supuesto que uno se haga esa pregunta, que si no, mejor ni diría nada- no puede ser un escape del mundo. El espíritu no se engaña, te pasa factura. El mismo preguntar es una forma de duda.
ResponderEliminarDice Castellani hablando de la fe:
“¿Fue entonces en la Primera Comunión? No. Yo tenía entonces 9 años, y desde los 7 era muy religiosón. Lo recuerdan mis mayores. Creo recordar que hacia los siete años, tuve un acto intensamente religioso, una especie de arrebato en que prometí a Dios "la virginidad" sin saber bien lo que era (Puede que haya sido más tarde. Solemos "recular" nuestros recuerdos infantiles). Pero en fin, recuerdo el escrúpulo con que rezaba mis oraciones, desde que las supe; escrúpulo que he perdido hoy día. ¡Ay, el Breviario!”
“De manera que la Fe es un fenómeno algo misterioso, que parece gozar de cierta AUTONOMÍA.”
"Maldito sea el hombre que confía en el hombre", dice la Escritura.
Eso nomas, saludos.
Un amigo me preguntó hoy sibilinamente: ¿estamos seguros de que Knox no suscitó vocaciones? Más bien digamos que no llevó la cuenta, o que ni se fijó en el tema. La cuenta la llevan arriba, bien arriba.
ResponderEliminarEs algo parecido a lo de Newman: en su época se preocupaban en Roma porque no suscitaba conversiones, y uno lee, 150 años después, "Literary Converts" de Joseph Pearce y se entera de que la pléyade de conversos literarios ingleses del siglo XX se convirtió instrumentalmente por la lectura de Newman y/o Chesterton.
Es el problema de los cálculos puramente humanos en las cosas divinas.
El Pelado Locke
No puedo entender la fijación con Castellani. Dice cosas que encontrás en cualquier otro autor, solo que de forma más vulgar y menos profunda. ¿Les parece más viril? ¿Es por nacionalistas, que les embolan los Padres orientales y occidentales?
ResponderEliminarRealmente, son proto-cristinistas espirituales.
Kristino
Perdón por la trivialidad ante un tema tan importante. Susana: decir que está muy "churro" delata la edad. Es como decir salir a bailar a la "pista" o fue un "plato" (por divertido).
ResponderEliminarBueno, un poquito de humor no viene mal en este tórrido enero ¿no?
Una lectora de caminante-w.
Kristino:
ResponderEliminarNo me diga que piensa que después de los padres occidentales y orientales no hace falta escribir nada más. No sea fundamentalista.
Al menos en 2 puntos, Castellani me parece que hace aportes: el fariseísmo y la Parusía.
Además, es casi contemporáneo nuestro. Ademàs, es Argentino. Además, casi que rubricó con su vida lo que pensó y lo que dijo.
¿Como no citarlo señor?
Juancho.
yo creo que con este tema de los pederastas y del ive, el diablo a logrado un gran triunfo ,menos vocaciones ,miedo a hablar de ello ,que te tomen como manoseador o con avaricia de llenar el seminario ,si nadie habla de vocaciones no las habrá.Confiemos en el llamado directo de jesus y que sus ministros no se interpongan .
ResponderEliminarRespecto a los Padres, Kristino, más arriba esta el post de W. Ahí se ve lo natural y serio del asunto, en contraposición a las nuevas fundaciones. Termine de leer el post y es como si coincidiera naturalmente con los Padres. Tampoco hay que ser un águila para verlo.
ResponderEliminarCreo que Dios me ha dado algo de fe verdadera, y aun con mis cegueras y todo, tampoco puedo entender las cegueras de otros, y ni hablar respecto al sentido común de la fe.
Coincido con todo lo que dijo Juancho.
Simplemente estoy leyendo cosas del viejo. Con esa cita quiero remarcar la diferencia entre la vocación verdadera y la falsa. Era la idea al menos. Sí, la cita está en orden, pues hablamos precisamente de lo genuino frente a la falsificación de la vida cristiana.
Respecto a las malas fundaciones: Es una desventaja que se muevan, porque propagan el mal, pero es una ventaja, pues se van a terminar derrumbando. Hay que pensarlo así: si es de Dios, no luches contra Dios; sino es de Dios, se caerá.
Saludos
Estimado Wanderer:
ResponderEliminarYa que ha estado publicando artículos "vocacionales" para tener cuidado respecto a caranchos eclesiales, podría seguir ampliando el tema? Me resulta de gran interés para poder compartir con mi comunidad, sacerdotes, vocaciones, movimientos que conozco. Además de lo expuesto por Knox y J.H.N, ¿qué tal si escribe más respecto a la llamada, al proceso de discernimiento, a los directores espirituales, etc? Yo se que es mucho, pero ya que tiene el interés le propongo encarar este tema con más ímpetu todavía. Muchas gracias