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miércoles, 7 de julio de 2010

Nota bene al post anterior


A raíz del comentario de Benigno, reconozco que es necesario dar al menos una breve explicación de lo que sería, según mi entender, una visita.
No me refiero, por cierto, a una aparición. No soy dado a las apariciones, aunque las respeto y reconozco. Mi referencia es más bien hacia algún tipo de signo, público o privado.
Un signo público es el que todos pueden ver, pero que sólo la verdadera Iglesia es capaz de reconocer como tal. Por ejemplo, me parece que la elección de Ratzinger a la cátedra de Pedro y su su nombre Benedicto, fue un signo. La unión de la iglesia católica romana con la iglesia ortodoxa sería, creo yo, otro signo.
Hay también signos interiores, y a eso me refiero con "místico", tomando el concepto en un sentido lato. No se trata ciertamente de éxtasis ni transverberaciones, sino de algún tipo de iluminación (no encuentro otra palabra) en la que el Señor nos concede una cierta certeza sobre un tema determinado; certeza que viene acompañada de una profunda paz y gozo espiritual.
Este último es un tema complejo, que hay que pensar y ser muy cuidadoso, porque se camina en el límite de caer en el "entusiasmo" de Knox.

P.D. 1: Anoche volví a ver un rato de televisión, y la sensación fue diversa. Perdieron, y están sangrando por la herida. Se les va a ser muy difícil imponer otros temas.
P.D. 2: Hay nuevo material en el Arcón de Wordpress. Se trata de "La descomposición del catolicismo", de Bouyer. Altamente recomendable.

11 comentarios:

  1. Querido W.: Estaba leyendo esta entrada y releyendo la anterior, y di también con lo que dice Ens hoy. Especialmente estos párrafos del final (las negritas, mías):

    Uno espera a veces signos más potentes, juguetea en sus ensoñaciones tal vez con martirios más heroicos. Uno querría, o supone que merece, martirios y signos a su altura, a la altura de su sedicente fe, de su imaginada esperanza o de su proclamado amor. Uno querría y sueña ser el protagonista de una persecución atroz, ofreciendo el cuerpo a torturas insoportables, torturas que laceran la carne y atormentan el alma con escándalo y dolor moral, torturas en las que somos sostenidos por ángeles invisibles en nuestra fe por la Virginidad de Santa María o por la Presencia Real, mientras un íncubo babeante se ensaña con nuestras carnes y dilapida nuestra sangre con una risa idiota y se burla de nuestro dolor.

    Chesterton no niega eso. Ni lo cree imposible. Yo tampoco.

    Pero Chesterton dice más bien que en esos días se nos darán signos extraños y dice que por esa razón necesitaremos una fortaleza ciertamente sobrehumana para que la fidelidad de nuestra mano temblorosa, doliente y perpleja, siga poniendo con temor y reverencia un 4 junto a un 2 + 2.

    Tal vez la marca que llevarán en la frente los hombres de los últimos tiempos, también tenga algo de estas fidelidades a lo real y verdadero y bello y bueno. Tal vez algunos sean marcados como indeseables y ante algún César de turno tenidos por morituri, apenas por su reverencia ante el ser, mucho antes de ser indagados acerca de su fe en el Ser supremo.

    No parece cristiano -o sensato, que es lo mismo- olvidar ese aspecto de la profecía y de la visión de los tiempos del fin, en los que arreciara algún odio antiguo a Dios y a todo lo que es Suyo, Su creación incluida, por cierto, y las raíces y las flores y los frutos de todo lo que Él ha querido plantar en este mundo y ha querido que crezca, hasta que venga a cosechar lo que ha sembrado.

    Chesterton dice eso. Y, aunque no vale lo mismo, yo también, fíjese lo que le digo.


    Y, justo hoy, los amigos provida "festejan" el mal menor...

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  2. Totalmente al margen: admiro su serenidad y sangre fría y el aguante de su estómago, creo que un noticiero cuando el atentado de las torres gemelas fue lo último del género que vi en TV, sencillamente, y ya desde lo estético -ni que hablar del contenido-, me ponen histérica y sí, soy mujer...)los programas televisivos, así que para mí la TV no existe. Veo que usted se esfuerza por comulgar con el alimento de cada día de todo el mundo, lo cual me parece muy bien, y le permite estar más en sintonía con la gente, entenderla mejor y, seguro, tener más empatía y llegada.

    Eso de que perdieron con el tema del sodomonio, es relativo. Ahora avanzan con la "unión civil", que a la mayoría ya no le parece tan mal. Es cierto que no le dan la categoría imposible de "matrimonio", pero en un tiempo arremeten de nuevo, y ya lo de la unión civil, que es un disparate inaceptable, la gente se lo traga. De todos modos, quedó demostrado que, por ahora, aún es posible despertar ciertas reacciones... relativamente eficaces. Y si se aprobara la unión civil el efecto puede ser bastante deletéreo. Recuerdo que hasta el 1987, cuando se aprobó el divorcio vincular, había mucha gente que estaba en contra. Hoy por hoy, creo que la mayoría de los que se oponen al sodomonio están súper a favor, por razones prácticas o existenciales, en primer lugar, y teóricas en segundo. Así que de acá a unos años, si todo sigue como está, los degenerados (digo en el sentido de que su "aparejamiento" es contrario a la generación), van a tener la misma aceptación social que los concubinatos, adulterios, divorcios, rejuntes, etc., etc. Como dijo por ahí algún lector hace tiempo, el problema ya empezó cuando se aprobó la ley de matrimonio civil...

    Y por último, volviendo a mi histeria, la verdad es que no será machista, pero sus bromas un poco densas son recurrentes. Que nunca comulgar de manos de una monja (en eso concuerdo, pero idem de un laico/a, x no tener las manos consagradas), que la esposa cuanto más muda mejor, y ahora acá... No sé si los hombres (no todos, pero unos cuantos) tienen un complejo de inferioridad que los motiva a hacer esos chistes para reafirmar su masculinidad o qué; es cierto que lo que hacemos es reírnos y no darle importancia, pero a mí, personalmente, me resulta un poco molesto.

    En el margen

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  3. Estimada amiga: Más allá de que sea una broma, el problema no es con las mujeres, sino con las monjas, que son una especie humana muy rara. En eso soy castellaniano.
    En cuanto al resto, estoy de acuerdo con Ud. Se optó por el mal menor, y es probable que se consiga. Pero, claro, en definitiva la lucha se convirtió en un problema nominalista: si es matrimonio o es unión civil. Cualquiera de las dos opciones, es casi lo mismo.
    Es más, me parece que la campaña "Un papá y una mamá" también fue engañosa. El problema no es la adopción; el problema es la institucionalización de la perversión, llámese matrimonio o unión civil.

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  4. Coronel y Caminante

    Yo estoy en el tema de "mamá y papa", y si me apura también entro en eso de los “amigos próvida”, guarda con meter todo en la misma bolsa.

    Al carajo el mal menor y cualquier unión contra natura, llámese como cuernos se llame. Yo no festejo ni en pedo.

    La Verdad y el Bien son el motor de la movilización, y -pelotudos más pelotudos menos – intentamos mantener claro eso.
    No toda actividad apostólica es contaminada, vacua, tontona o ingenua. Vd. lo dijo, aunque sepamos que vamos a perder, hay que dar batalla. La patria se salva salvando el alma, decía Castellani, al mismo tiempo.

    Un abrazo.

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  5. "Pero antes de la manifestación del Anticristo deberá ser quitado de en medio un misterioso Obstáculo, de que habla San Pablo: «El misterio de la iniquidad ya está actuando. Tan sólo que sea quitado de en medio el que ahora le retiene, entonces se manifestará el Impío» (2 Tes 2, 7-8). ¿A qué se refiere el Apóstol? Anteriormente había predicado con tanto vigor en Tesalónica sobre el Misterio de Iniquidad, anunciando su llegada como inminente, que los tesalonicenses pensaron que lo mejor era dejarse estar, ya que el Fin del Mundo se venía encima. Entonces Pablo les escribió diciéndoles que, según lo había predicho Cristo, no se sabía ni el día ni la hora precisa, dado que todavía estaba en pie El-Que-Ataja, el Katéjon, y por ende era necesario perseverar en la arduidad de la fe.Castellani se detiene, y con razón , en este tema tan misterioso como apasionante. Hay algo que ataja o demora la aparición del Anticristo. San Pablo lo llama el katéjon, el obstáculo, que se concreta en el katéjos, es decir, un ser obstaculizante. Hasta que dicho katéjon no sea «quitado de en medio» no se manifestará el Hombre sin Ley. ¿Cuál es este enigmático Obstáculo? Algunos Padres de la Iglesia pensaron que el Katéjon (en neutro, lo obstaculizante) era el Imperio Romano ya cristianizado, que asentado sobre cuatro columnas, el ejército, la familia, la religión y la propiedad privada, impedía el estallido de la Iniquidad siempre al acecho; y el Katéjos (en masculino, el obstaculizante) era el Emperador.

    (sigue)

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  6. (continuación)

    ¿Pero acaso no acabamos de decir que los antiguos consideraban el Imperio Romano como el habitat de la Bestia, dado que diez Emperadores consecutivos habían perseguido mortalmente a los cristianos? Así es, pero a partir de la conversión de Constantino, las cosas habían cambiado sustancialmente, y de este modo se podía ver en el Imperio, o en lo que de él restaba, la garantía del orden cristiano, como lo proclamó sin ambages el Papa San León Magno en el siglo V. Mucho más adelante, en el siglo XIII, Santo Tomás afirmaría algo semejante, creyendo ver en la Cristiandad medieval la continuación del Imperio Romano. De alguna manera ese Imperio, mal o bien, permaneció hasta hace poco. Para Castellani el Imperio Romano, bautizado en Constantino, restaurado en Carlomagno, triunfante en Carlos V, fue decapitado en 1806 por el sable de un soldado victorioso que encarnaba los principios de la Revolución francesa. Francisco I de Austria habría sido el último Emperador de los Romanos. Así pues, a su juicio, históricamente hablando, el Imperio murió a principios del siglo pasado. ¿No sería mejor decir que desapareció con la Primera Guerra Mundial, y la consiguiente caída de las tres últimas grandes monarquías cristianas, la de Austria, la de Alemania y la de Rusia? Pero ésta es una opinión nuestra, no de Castellani.
    Sea lo que fuere, las migajas o lo que resta de ese Imperio habrían impedido hasta el presente la aparición formal del Anticristo, el cual, en su momento, restaurará dicho Imperio, pero a su modo, calcándolo en aquellas viejas estructuras. Será la Ciudad del Hombre de San Agustín, opuesta a la Ciudad de Dios, que hallará finalmente su concreción visible y política en la historia.
    Algunos autores han pensado que el katéjon era la misma Iglesia, cuya presencia constituía el último obstáculo para la manifestación del Anticristo. Así opina San Justino, el primer comentador del Apocalipsis, según el cual «Ecclesia de medio fiet», la Iglesia será sacada de en medio. La interpretación es un tanto atrevida. Es claro que no se la puede entender como si se tratase de una extinción de la misma Iglesia sino de una grave decadencia de la misma. Su estructura temporal será arrasada; «fornicará con los reyes de la tierra» (Ap 17, 2), al menos una parte ostensible de ella, y la abominación de la desolación entrará en el lugar santo: «Cuando veáis la desolación abominable entrar adonde no debe, entonces ya es» (Mt 24, 15). También San Victorino aplicó el katéjon a la Iglesia –«la Iglesia será quitada», dice–, pero en el sentido de que volvería a la oscuridad, a las catacumbas, perdiendo todo influjo en el orden social.
    En su novela Juan XXIII (XXIV) escribe Castellani que «Iglesia» se dice en tres sentidos: «Hay la Iglesia que es el proyecto de Dios y el ideal del hombre, y está comenzada en el cielo, la “Esposa”, a la cual San Pablo llama “sin mancha”, una; hay la Iglesia terrenal, donde están el trigo y la cizaña mezclados para siempre, pero se puede llamar «santa» por su unión con la de arriba por la gracia, dos; y hay la Iglesia que ve el mundo, “el Vaticano”, que trata con el mundo; que está quizá más unida con el mundo que otra cosa, y que desacredita al todo».

    El apocalipsis según Leonardo Castellani, en: http://www.gratisdate.org/nuevas/apocalipsis/apocalipsis-3.htm

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  7. Quizá demasiado tarde. Pero gratamente sorprendido: Carta del Cardenal Bergoglio a las monjas carmelitas de la Ciudad de Buenos Aires. No parece salida de la pluma del Cardenal.

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  8. Anónima de 12:50 un asco su comentario!!!

    "Agua bendita y tierra santa también hacen barro"

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  9. Ludovicus dijo,

    la batalla se perdió con el universal desacatamiento de la Humanae Vitae. A partir de ese momento, como lo ha remarcado lúcidamente el Mago Blanco varias veces, se trata sólo de seguir extrayendo conclusiones de una premisa mayor entronizada como axioma: el sexo no está en función de la procreación, sino de las motivaciones "personalistas" de las "personas" humanas, unidas por el amor con prescindencia del denostado determinismo biologista.

    Contra este sólido fundamento racional,el "sentido común" del burgués o del cristianuchi medio (los nenes con las nenas)es tan lábil como una temporada de Tinelli.

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  10. Sobre el tema del Katejón, creo que tiene mucho valor el trabajo de Rubén Peretó Rivas, que se encuentra en "A la luz de un ágape cordial", libro en que se homenajeó a Rubén Calderón Bouchet con motivo de sus 90 años.

    Sobre el tema que comenta Ludovicus, in extenso y detalladamente, lo explica su hijo, el P. Álvaro Calderón, en su reciente libro, "Prometeo. La religión del hombre".

    Valen la pena los 2 textos.

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  11. Anónimo de las 17:47, gracias por su recomendación.

    Hoy, cuando oí la declaración de la CEA sobre la familia que se leyó en las iglesias porteñas, me acordé del primero de los aportes que usted menciona; en efecto, en su declaración, los obispos hablan del diálogo de Dios con los hombres a través de su Hijo, y cómo Éste vino a acompañarnos en nuestra marcha. En fin, de memoria, pero la idea era esa. Nada de revelación divina a los hombres, que implica la infinita "desigualdad" Creador-criatura, sino diálogo, de igual a igual. Y todo el bla bla sociologista que deriva de esta impostación. Tal cual lo que observa RPR en su trabajo.

    Saludos

    Anónima ignorante

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