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miércoles, 22 de agosto de 2018

Jazmín del país

por Jack Tollers
De entre las innumerables lecciones que hemos ido aprendiendo a los tropezones nos, los conciudadanos de “Pasto Viejo”—y quizás sea una de sus enseñanzas más importantes—es que la narrativa es, con mucho, un género más importante que la ensayística, entre otras cosas, porque mediante la ficción se pueden decir mejor, mayor cantidad de cosas. Javier Anzoátegui lo demuestra con esta novela que constituye un sorprendente caleidoscopio, un resumen… esteee… no, un dechado, un extracto, una síntesis calibrada de las mil y una cosas de las que nos fuimos anoticiando a lo largo de varias décadas. 

¿Nosotros? ¿Quiénes? Pues, los vecinos más… ¿qué diré yo?... los vecinos más reaccionarios, más atrabiliarios del pueblo.
Pero, claro, la novela de Anzoátegui es mucho más que eso. Por lo pronto tiene detalles que no tenemos por qué dejar pasar: una tapa blanca de fondo—un fondo brillante—que enmarca un espléndido jazmín pintado por una de las hijas del A., Inés, que también es responsable de las primorosas miniaturas que encabezan cada uno de los capítulos (y el lector que se detenga en estos cuadros antes de lanzarse a leer cada capítulo, se verá “ilustrado” en la consiguiente intelección). Hay más, la variopinta galería de personajes que desfilan por esta novela, no sólo revelan mucho sobre las ideas del A., sobre sus convicciones más incisivas, sino también, me parece, sobre su propia interesantísima personalidad: y entre otras cosas, debe saberse que antes de escritor, Javier Anzoátegui es pintor, y lo que “pinta” aquí está a la altura de sus mejores cuadros. Su Dulcinea constituye un retrato logradísimo de la que fácilmente nos enamoramos todos (incluso los que peinamos canas—como, el autor, que por mucho que sea más joven que nosotros, tampoco es un pendejo, ya), su protagonista, Ramón, el militar menos militar que uno jamás haya conocido, y sin embargo… allí está él, y si la buena novelística consiste en lograr que el lector suspenda su incredulidad, Javier conoce el métier. Desde luego, el A. no ha podido detenerse con tanta morosidad en la semblanza de todos sus personajes (de lo contrario la novela, de por sí asaz extensa, se haría ilegible), pero los que ha retratado con más interés despierta a su vez el interés del lector, que es cosa difícil, amigos, vaya si no. 
Como también resulta difícil hacer reír al lector (pero reír a carcajadas), como lo ha logrado hacer conmigo un par de veces, este, el nieto de Braulio. Igual, debajo de muchos diálogos subyace un suave humor, mezcla de ironía y compasión, que sólo puedo llamar humor pastoviejista, no sé si me entienden. Y sí, en ese sentido, este es un roman à clef, como dirían los franceses y la clave está en el humour (como dirían los ingleses) y que los españoles sintetizaron en el dicho aquel de que vinieron los sarracenos y nos molieron a palos / que Dios ayuda a los malos, cuando son más que los buenos. 
Y luego, hay que conceder que este libro—como su autor, claro que sí—es simpático. Su evidente patriotismo está formulado en términos de inmensa comprensión transmutada en una muy inteligente compasión por sus compatriotas, los argentinos de la posmodernidad. ¿Pongo ejemplo? Miren el retrato que hace de un burgués promedio del “conurbano” (como dirían los italianos, bruta parola, Anzoátegui, mejor es hablar de los suburbios):
Alejandro Castellucci era un porteño de clase media. Tenía un auto O km. “full-full”, con llantas de aleación y parlantes tridireccionales. Lo guardaba en una cochera y lo lavaba a mano todos los domingos. Vivía en su departamento de Villa Urquiza, algunos días con novia y otros solo. Él tenía 30 y Bettina, 31. Hacía dos años que estaban juntos y en la cama se entendían bastante bien […]
Su vida era parecida a la de muchos en la ciudad. A las 6.30 apagó la alarma de su celular y se levantó. Miró los mensajes que le habían llegado durante la noche. Eran 53. Borró algunos que no le interesaban, como las ofertas de vuelos baratos a Sri Lanka, y respondió los que le habían mandado del grupo del trabajo, del grupo de exalumnos, del grupo de los jueves y del grupo del club.
Mientras se afeitaba, prendió la radio y escuchó las noticias. Cuando salió del baño, encendió el televisor, paseó por 70 canales en 90 segundos y la dejó encendida en la repetición del “Cañoshow” que había visto antes de dormirse. El strip tease de la modelo rubia había logrado impresionarlo un poco. Cuando empezó a vestirse puso el canal de noticias. Lo miró durante 30 segundos. En la radio se escuchaba un rap. Cambió al canal del tiempo. Terminó de vestirse y examinó su teléfono. Había 15 mensajes más. Respondió a 7 y recibió 5 réplicas, que contestó en 25 segundos. Sus pulgares estaban bien entrenados. Revisó los tweets de sus favoritos. El Arzobispo de Asunción, Monseñor Bregoya, condenaba la violencia. El presidente de Estados Unidos estaba desayunando con su familia. El “Tico” Chumbita, del Sporting PKT, se había hecho un tatuaje de la vía láctea desde el tobillo derecho hasta la nalga. Marcos Morsi deseó un buen día a todos los argentinos.
Pero, bueno, si hay una especie de cruel “simpatía” por este personaje, unas pocas páginas después, Anzoátegui también despliega una inteligente comprensión de otro tipo de argentinos, como los del interior, desterrados y condenados a vivir en una villa de emergencia…
Hacía años que vivían así, pobres como ratas, colgados de la teta cada vez más seca de un Estado que se había ido en discursos y ahora hacía agua por todos lados. ¿Quién la había mandado a venirse desde la chacrita de los abuelos, allá en Loreto? Sí, allí también eran pobres, como siempre, es verdad. Pero era diferente. Muy diferente, Tenías dos cabras que les daban leche, unas gallinas y la huertita, humilde pero cumplidora. Iban a la escuela, y cuando volvían, la mamá los esperaba con mate cocido, y a veces hasta con tortafritas. Y estaba su padre, un santiagueño duro como el algarrobo, que no hablaba mucho y trabajaba en el campo de sol a sol, pero que era una presencia que ordenaba todo el universo familiar. Oscar había empezado allí, y el campo daba para todos. ¿Por qué habían cambiado eso por Buenos Aires?
Esa simpatía de Javier por sus personajes le permite también poner en su boca palabras que arman diálogos formidables, como los de Laura con Ramón, como los de los amigos cuando se juntan a comer asado (igual, su simpatía por ciertos personajes tornan algo más que inverosímiles algunos de los lances que describe, como por ejemplo, el “suicidio” de Horacio Delfino, o el “olvido” de Laura que cuando empieza a enamorar al Presidente, no se acuerda de que está casada). 
Hay, con todo, mucho más que eso, está lo de la antipatía también (entre estos tipos y yo, hay algo personal). Porque Anzoátegui retrata también a los malos, a los perversos, a los endiablados enemigos de Dios y de todo lo que hay de bueno bajo el sol, y lo hace con trazos muy precisos, que a veces te ponen los pelos de punta: la larga lista de iniquidades y de personajes inicuos que desfilan por esta novela mete miedo, cómo no (y todavía se podrían incluir nuevos enemigos, como los de la “identidad de género” o aquellos otros del “lenguaje inclusivo”). 
Y luego, aquí nos topamos también con las peliaguadas cuestiones parusíacas que Javier desmenuza con audacia imaginativa y una ortodoxia impecable (además de demostrar que se sabe bien su Castellani, su Benson, además de exhibir un sesudo conocimiento de las Escrituras). De particular interés constituyen los capítulos finales en donde el A. se atreve con dos Papas (aunque se muestra quizás indulgente en exceso con “Pedro II”, quizás por las necesidades del guionista: la realidad es que la dimisión de Benedicto XVI y su comportamiento posterior constituyen un intríngulis que nadie sabe explicar y es buen ejemplo de que, una vez más, la realidad supera a la ficción). 
Pero sí, el retrato del “último Papa”, está perfecto, no puedo discutir eso… nadie podría. 
Claro, vivimos tiempos parusíacos, tiempos en que lo inadmisible se vuelve probable, lo intolerable, corriente, lo inaceptable, homologado, lo horroroso, banalizado. Y ese air du temps aquí está muy bien capturado, como que procede, claramente, de una intensa y morosa reflexión del autor sobre todas sus lecturas, sobre todas las conversaciones, sobre todo, quizá… (digo yo) lo que rezó...  
Así y con todo esto, el contrafáctico que subyace a lo largo y a lo ancho de esta novela refleja una de las lecciones más difíciles que forzosamente hemos tenido que aprender los católicos tradicionalistas de Pasto Viejo, y es una especie de delicadísimo equilibrio entre un activismo voluntarista (tan estéril como peligroso) y un quietismo nostálgico, inconducente y acédico. Se trate de política o de cuestiones litúrgicas, de educación o de economía, de historias de amistad o historias de amor, historias místicas o historias futboleras, Javier logra, mediante las cabriolas propias de una novela distópica, mostrar que Dios es el dueño del circo, que si a veces nos distribuye los naipes para ver cómo jugamos, a veces hay que devolverle los naipes a Él y dejar que Dios sea Dios... y que sólo entenderemos cómo son las cosas, qué vale qué y cuánto, que el que ríe último, ríe mejor… al final. 
Y de allí el carácter apocalíptico de esta magnífica, inmejorable novela. “Jazmín del país” tiene como subtítulo “Una utopía”, pero yo habría creído que no se podía escribir esta utopía, recordando lo de Chesterton, ¿no?, que la mejor manera de destruir una utopía es tratar de establecerla, y sin embargo… pues, allí está la novela de Javier, completa, redonda, con un principio, un medio y un final a toda orquesta. Y cuando la terminé, me dieron ganas de leerla toda de nuevo… porque me parece que se me pasaron algunas cosas, algunas claves secretas, aquí y acullá.
Y porque la novela termina con una promesa.
De otra parte, me impresiona, la lectura profunda, que ha hecho Anzoátegui de Saint Exupéry (de su enigmática “Ciudadela”), y su gusto (que comparto, ¡y no lo sabíamos!), por la poesía de Paco Luis Bernárdez. Me hizo acordar, no sé por qué, a su famoso “Romance”:
Aquellas cosas profundas
Que yo apenas entendía.
Desde que el amor las nombra
Me parecen cristalinas.

Aquel tiempo de otro tiempo,
Que sin gloria transcurría,
Desde que el amor lo empuja
Tiene lo que no tenía.
Ahora, si las juntadas del medio centenar de viejas familias de Pasto Viejo, si las interminables charlas y discusiones (de política, de literatura, de rugby o de liturgia, de si es mejor el whisky “single malt” o el otro, el común, ¿qué más da?), si las incontables bromas y chistes de todo tipo, el universo mundo que supo ser el “Don Jaime” y las clases de tango en “El Galpón”, las célebres confesiones del P. Serafini a las seis de la madrugada, el Regatas y los partidos de fútbol y de paddle y los partidos de truco y las partidas de TEG, los “escapes” y “escapitos”, las borracheras y las guitarreadas, las obras de teatro, las adoraciones nocturnas, los intercambios epistolares y de insultos, cuando no de trompadas… si las “manteadas” y las “tocatas”, si los ejercicios de encontrar “parecidos”, si las juntadas para oír a Wagner, o los cine-clubs en la Parroquia de San Francisco, si los retiros y los campamentos, las reuniones de los domingos hasta que las velas no ardan, si las excursiones de pesca, las montañas escaladas (en Traslasierra o en Bariloche, ¿qué más da?—éramos todos de Pasto Viejo) y las mañanas navegando por el Río de la Plata, si los noviazgos y amores no correspondidos y los otros, correspondidos, desembocando en matrimonios y centenares de chicos, si las peregrinaciones, los coros y los partidos de truco y los ejercicios de disputatio y las lecturas colectivas de las tragedias griegas, si las charlas, charlitas, conferencias y clases magistrales, si las revistas locales y las poesías del pueblo, todas ellas, en total, sólo podían producir esto, si sólo servían para desembocar en esto, nada más… Si todo aquello no era sino para dar en esta novela, “Jazmín del país”, pues, no señor, entonces todo eso no habría sido de balde, qué iba a ser (¿estás loco vos, como iba a ser en vano? ¿Y qué, todavía no leíste la novela? ¡Andáaa, maricón! Tolle, lege). 
Porque para seguir con el “Romance”: 
Aquella pluma de siempre
Vive una vida más viva
Desde que el amor la mueve,
Desde que el amor la inspira.

El libro puede adquirirse en librería Vórtice, según los detalles que se indican en la columna de la izquierda del blog.

33 comentarios:

  1. Conozco al autor, pero muy apenas, aunque de entrada me fío.
    No hice una familia -ni me hubiese salido- al estilo del muchacho de los mensajes, la TV, el facebook y el twiter. Por el contrario, de las cosas que más disfruto están esas tardes en los sillones del jardín, conversando con mi señora. Ella, -salvo que temas apremiantes sobre los chicos lo impidan- tal vez lo que prefiere es que en esas circunstancias releamos juntos los Monólogos a Lady Grace que escribió el abuelo del A.
    Me gustó la reseña. Leeré la novela y tal vez la incorporemos por pedazos a esos momentos.

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  2. Estimado Jack:
    Gracias por su comentario a esta interesante novela.
    Y una pequeña corrección: el personaje de Alejandro Castellucci no es un burgués promedio del conurbano, sino de Capital Federal. Villa Urquiza no es un suburbio sino un barrio de la ciudad de Buenos Aires.
    Saludos cordiales.

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  3. Suena genial, maravilloso. Ya lo leeré.
    No sé por qué, pero la reseña me ha recordado la prosa de Giovanni Guareschi.

    Isaac

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  4. Me ha dado enorme gusto la lectura de la novela. Y un enorme orgullo de ser pastoviejense por opción.

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  5. Estimado anónimo de las 11:43, una pequeña corrección:: la "Capital Federal" pasó a denominarse Ciudad Autónoma de Buenos Aires hace mas de 20 años. Un dato.

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  6. Sí, es un gusto encontrar algún error, como mechones que dejan las ovejas entre las zarzas: un descuido, un pequeño tropiezo, una definición algo cándida. Yo creo que el Homo Conurbaensis puede también habitar Villa Urquiza, y que Buenos Aires también es la Capital de un país Federal -en el grado que sea o se crea-.
    Lo importante: Flor de reseña. Gerald.

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  7. No, no se trata de un cambio de nombre. La Ciudad de Buenos Aires o Ciudad Autónoma de Buenos Aires (art. 2° de la Constitución de la Ciudad) sigue siendo la "Capital de la República" (art. 3°), es decir, la Capital Federal.

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  8. Estupenda reseña. Dan muchas ganas de leer la novela.

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  9. El hombre del Conurbano debe ser valorado en toda su épica grandeza.
    Y cuando digo Conurbano, me refiero a la flor y nata, no a Zona Norte; a lo sumo, del norte, a Pasto Viejo, que por lo irregular y sus inmediaciones tiene más del Oeste que de otro lado.
    Porque el hombre del Conurbano tiene sus méritos, mil veces más que los héroes de novela chestertoneana.
    Cuánto menos se arriesgó el Capitán Ryder o el Napoleón de Notting Hill con su valerosa cruzada, que nosotros al entrar y salir con el coche.
    Cada tanto matan a alguno y ahí estamos, saliendo a la calle día a día, seguros de estar en gracia de Dios y sabiendo que si nos matan mejor para nosotros y peor para los chorros y la cana.
    ¿Quién bancó como nosotros, entre el pobrerío que se sale de la vaina, treinta y pico de inflación?
    ¿Quién decide tener tanto hijos -que por las dudas tratamos que también estén en estado de gracia-, en medio de los pozos, las salitas de primeros auxilios abarrotadas, los intendentes chorros, los gobernadores que tuvimos y vecinos como los míos?
    ¿Quién tiene tantas chances, salvo el hombre del Conurbano, de entre el lodazal sentir la impactante presencia del jazmín, o de vivir unas primaveras que superan por muchos todos los males, o de lograr entrever entre las caras sucias y demacradas de la adicción a niñas preciosas por las que rezar?

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  10. Capital Federal, SI SAÑUR!!

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  11. Perdonad Don Wanderer y demás contertulios por salir del tema, pero de a poco se está conociendo aquí en España lo de los dineros kirchneristas que habrían ido a parar al IOR (Banco Vaticano). Para vosotros que estáis allí , ¿la imputación es creíble? ¿Conocéis al diácono permanente que habría hecho la denuncia?

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  12. Anónimo 10:14: A mi el personaje me resulta muy poco creíble. En su Facebook se presenta como:"Soy Teologo. Especialista en temas de Pedofilia y Trata de personas. Técnico en Poligrafia. Politólogo. Activista Social. Encardinado en Florencia - Italia en la Fraternidad Sacerdotal San Pedro. Trabajo para la Santa Sede en distintas Comisiones Pontificias".
    Nadie serio posee, y si lo posee no lo presente, un tutti frutti tan policromado de oficios. Estudió cómo manejar un detector de mentiras (polígrafo) y también teología, y también es politólogo, y nadie sabe qué quiere decir por tal: ¿estudio Ciencias Políticas o es un mero charlatán de cafetín?
    Dice que está "encardinado" y lo que quiere decir es "incardinado", y en Florencia. Sin embargo, en el listado completo del clero y diáconos permanentes de esa diócesis su nombre no aparece (http://www.diocesifirenze.it/pls/diocesifirenze/v3_s2ew_CONSULTAZIONE.mostra_pagina?id_pagina=24049)
    Y dice que esa incardinación es también en la Fraternidad Sacerdotal San Pedro, lo cual es una incongruencia: O está incardinado en una diócesis o en un instituto religioso. Pero una incongruencia aún mayor es pensar que la Fraternidad Sacerdotal San Pedro incardinaría a un diácono permanente! Imposible de toda imposibilidad.
    Para mi, entonces, es un charlatán en busca de fama.

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    1. Entré en el facebook de ese diácono permanente: parece que lo abrió hace 2 días, no hay nada... Si buscan por su nombre en esos sitios de "data" de personas, aparece como una de sus ocupaciones "seguridad" y algo más... Muchachos de Inteligencia: ¡un poco más de inteligencia por favor!

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  13. Pueden escuchar un reportaje al personaje aquí: https://youtu.be/HQ2T7ANDNGs

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  14. En el video que circula con las cajas de la cruz roja llenas de dólares, hay dos detalles curiosos. En la tapa de una de ellas se alcanza a ver algo escrito en árabe, y el brazo que la cierra y que presumiblemente es de la misma persona que tiene el teléfono, es negro. Y aunque no conozco al "personaje", me parece que no es negro y por muy politólogo que sea, tampoco creo que sepa árabe.

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  15. https://www.mdzol.com/nota/810599-un-particular-se-presento-ante-stornelli-por-la-ruta-vaticana-del-dinero/

    Típico querulante.

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  16. Anónimo de las 12.54. El mismo diácono dice en su twitter que ese video no está relacionado con lo que vio sino que es un aporte de Arabia Saudita para Al Nusra.
    Más allá de eso, es poco creíble, como dice Wanderer.
    Vean su twitter y saquen sus conclusiones (@JorgeSonnante).

    Ahora, si llegara a ser cierta su versión, la causa de Bonadío se cae irremediablemente. Es un bocado demasiado grande para un juez argentino.

    Pepe

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  17. el tipo era en el 2013 el coordinador nacional del movimiento de los indignados. Un chanta.

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  18. Que estemos conversando sobre la magnífica novela de Anzoátegui y sin comerla ni beberla pasemos a considerar al diácono Sonnante es... desopilante (rima forzosa). Vamos ché, que el libro no se merece este capítulo, le sobran pelafustanes.

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  19. Dando por zanjada la cuestión sobre si el personaje de Villa Urquiza habita en la Ciudad de Buenos Aires (sí) o en el Conurbano bonaerense (no), se puede avanzar en el comentario de aspectos más profundos de esta excitante novela.
    Sí, excitante porque dispara una serie de sentimientos y reflexiones sobre diversas cuestiones que hacen al cristianismo, las naciones y la segunda venida de Jesucristo, entre otras.
    En materia de sentimientos, en un primer momento, el lector que se percibe miembro de una grey católica pequeña y hostigada -incluso por muchos lobos con piel de oveja que ofician de pastores- seguramente experimentará una excitación alegre, al seguir la narración de cómo las cosas se van dando vuelta en la buena dirección.
    Al poco tiempo, sin embargo, a medida que se van acumulando los supuestos utópicos, comienza una sensación dolorosa. La de irse dando cuenta cuán imposible es la trama relatada. Acá es inevitable "espoilear" un poco la lectura a los lectores futuros, pero hay que dar algunos ejemplos.
    Para empezar por uno, está el suceso increíble de que los Kirchner (o sus alias en la novela) le entreguen la dirección del proyecto de una aldea agrícola a fundar en Campo de Mayo, y poblar por pobres del Conurbano de extracción provinciana, a un coronel con antecedentes en la lucha antisubversiva. En lugar de dárselo a alguno de los dirigentes adictos de las "Organizaciones sociales". No es que durante el kirchnerato no haya habido algún militar con tales antecedentes encumbrado a altas posiciones (Milani) pero claramente se trataba de alguien dispuesto a servir con devoción total al régimen. Y porque su participación en la lucha antisubversiva, si es que se conocía, registraba hechos susceptibles de ser encuadrados como delitos de lesa humanidad, lo cual encuadraba bien en el modus operandi de los Kirchner: servirse de individuos que tenían algo grave que ocultar y a los cuales por lo tanto se los podía tener doblemente sometidos. No era el caso del coronel Ramón Rodríguez de "Jazmín del País", cuya foja antisubversiva era perfectamente honorable, hasta el punto de haberle salvado la vida a un subversivo a punto de ser asesinado, sí, por un militar inmoral.
    Otro, estas aldeas agrícolas, de las cual no se dice gran cosas sobre cómo se gobiernan, se multiplican por todo el país, y tienen por centro un monasterio. ¡Claro! Como en el pueblo de "El despertar de la señorita Prim" y los escritos de John Senior. Acá la inverosimilitud es doble. Por un lado, los comisarios políticos que rodeaban a los Kirchner jamás hubieran permitido que el Estado fomentara un proyecto social y urbanístico de inspiración cristiana ortodoxa animado por una institución monástica. Por otro, porque, ay, esa institución monástica no existe. Si apenas hay sacerdotes seculares, creo que menos de 6000 para una población de 45 millones de habitantes ¿de dónde podrían sacarse monjes para sembrar de monasterios el país? Anzoátegui salva esto en la ficción mediante una flexible orden monástica nueva de crecimiento rápido, obviamente inverosímil.
    A ver si se entiende. Para el lector la alegría está en recorrer a lo largo de las páginas, en una trama aderezada por las relaciones entre los protagonistas, una suerte de revolución nacional cristiana (o, para los puristas, "lo contrario de una revolución"). Con elementos tan atractivos como el de la desconcentración del tan mentado Conurbano bonaerense, ese lastre que tanto reduce la viabilidad de cualquier proyecto de desarrollo nacional.
    (sigue)

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  20. (continuación)
    El dolor, como decíamos, surge de la inverosimilitud de los medios para llevarla a cabo.
    Más allá de estas alegrías y dolores, en "Jazmín del País" se tocan otros temas que seguramente convocarán la atención de la resistencia católica. Veamos un par de ellos:
    - En un párrafo, de pasada, uno de los próceres de la novela condena -me parece- el proyecto del "gueto católico", entendido -creo- como rejunte de los "puros" haciendo rancho aparte. Y no se dice mucho más al respecto.
    - También, incluso antes de las conmociones apocalípticas, la Argentina queda subsumida en una "Patria Grande" de fronteras imprecisas.Uno puede sospechar que detrás de esta evolución en el relato hay una tirada contra las fronteras trazadas por los "Estados masónicos" surgidos de los restos del "Imperio Católico" español. Pero en la novela no hay mucho argumento al respecto, lo cual es comprensible ya que no es un tratado. De todos modos no es un tema menor. Me gustaría saber qué opinan otros lectores sobre este y otros asuntos tocados o abordados en "Jazmín del País".

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  21. Anónimo de las 14.44 hs, se está perdiendo el detalle del subtítulo de la novela "Una Utopía". Por si hacía falta, porque además, es una novela.

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  22. Maravillosa novela!!! Se devora. Desde el hermoso título hasta la última línea. Y no digo más para no spoilear... que ya demasiado dijo nuestro Tollers, hablando de amores que no inician ni siquiera en la mitad del libro (literaliter!) por no hablar del vivo, otras cien páginas más...

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  23. Anónimo de las 14:43 y de las 14:44, modestamente me parece que olvidó notar que el libro se subtitula "una utopía".

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  24. No voy a mentir: no me gustó. No hay estilo; hay carencia de sutilezas; es terriblemente previsible. Y, para colmo, de entrada nomás comienza con la monserga nacionalista y revisionista.
    Puede ser divertida para los viven en Bella Vista, fueron al Don Jaime y pasan los cuarenta. No más que eso.

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  25. Crítico Feroz.
    Todo es para gente de más de 40 años. Los de menos no sirven para nada.
    Los 40 de hoy son los 20 de antes, cuando se empezaba a ser un hombre.

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  26. conurbanense y sheriff24 de agosto de 2018, 6:38

    Qué cosa que trae picazón eso del "gueto católico". Siempre se vuelve sobre eso acá y en varios libros.

    La respuesta es sencilla: no hay guetos, no hay exclusividad de vecinos con ideas iguales, ni se puede hacer salvo en USA o como proyecto en una novela. Eso no quita -y aquí el matiz que se pierde siempre- que sea mucho mejor vivir en un sitio donde el catolicismo práctico llega al menos al 5 o 10 % de la población del lugar, donde hay una escuela para ese mínimo porcentaje, donde hay 10 o 20 tipos con los que se puede conversar de algo más que el estado del tiempo y donde -very important- no te golpeen la puerta para conversar por conversar nomás, como sucede en Pasto Viejo, La Persiana, o Alta Ángela.

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  28. Soy el anónimo 10:14

    Gracias don Wanderer. Si bien lo que comentan de este hombre es muy raro, lo que se escucha en el vídeo que tú subiste no parece tan descabellado.

    Tampoco habría que caer en el character assasination (creo que se escribe así) de este diácono, tal vez lo que puso en su perfil de FB o TW no sean más que exageraciones, veleidades o vanidades típicas de las redes sociales.

    Lo que habría que confirmar es si efectivamente trabajó en el IOR o en la Curia Romana en las fechas que dice. (No debería ser demasiado difícil, el mundillo argentino en el Vaticano no es tan grande.)

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  29. hay que ser muy ingenuo para creerle a este Sonnante !!!!. A todas luces huele a operativo de los servicios . Aunque tengamos nuestras propias pegas contra Bergogloio, no hay que comer vidrio. La masonería que integra Cambiemos está lanzada contra ,la Iglesia y en especial contra el Papa. El gobierno piensa que le va a ir más fácil si quiebran al peronismo y a su base católica (en lo que tenga de ella).

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  30. Recien la empece.
    El Padre Serafini un capo.
    Me hace acordar a un cura que conozco

    Benigno

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  31. La termine anoche.
    Es cierto que arranca despacio y se termina transformando en una novela apocaliptica.
    Nada que envidiarle a Benson o OBrien en esa tercera y ultima parte. En lo personal me gusta mas ese final mas claro. Las dos ultimas hojas me dejaron mas contento que los desenlaces de los autores antes mencionados que me dejaban con gusto a poco.

    Los personajes y la trama, muy inocente y previsible, no seben ser tomados totalmente de manera literal sino que a mi entender son, en algun punto, ideales de personas o situaciones que nos hacen colocarnos en el luagar de esas personas y sus situaciones.

    Es inocente e inverosimil? SI.
    Porque es una Utopia apocaliptica y asi es el genero.
    A mi me gusto.

    Por ultimo y no menos importante, no sabia que el Autor era Juez.
    Me alegra saber que tenemos Jueces de ese calibre cristiano todavia. Quizas no todo esta tan perdido.

    Saludos.

    Benigno

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