Páginas

miércoles, 31 de agosto de 2022

Shia LaBeouf encuentra la perla de gran precio

 



por John A. Monaco

Hasta el momento la mayoría de los católicos conectados a internet han tenido noticias del actor Shia LaBeouf y su itinerario hacia el catolicismo, que provino de su preparación para filmar Padre Pio (2022) en su papel protagónico. El rincón católico de internet se inflamó con un discurso apasionado acerca de su entrevista con el Obispo Robert Barron, en la que LaBeouf menciona por qué la Misa Latina Tradicional lo afecta profundamente.

Los adeptos a la Misa Latina se alegraron de que LaBeouf dijera verdades de a puño, mientras él, en lenguaje sorprendentemente técnico aunque no pulido, describía lo que la mayoría de nosotros hemos estado tratando de transmitir a los jerarcas de la Iglesia durante años – la Misa Latina Tradicional es una perla de gran precio, y debiera ser conocida, amada y abrazada por la Iglesia. Por supuesto, esta entrevista –y en particular su analogía del Novus Ordo como si con él se estuviera tratando de venderle un auto- activó un incendio en la blogósfera católica, con los habituales sospechosos reprendiendo a LaBeouf por su “caricatura desdeñosa” del usus recentior  y aquellos en los más altos niveles de la Iglesia expresando desconcierto en torno a sus comentarios.

¿Qué es lo que subyace detrás de la atracción de LaBeouf por la Misa Latina Tradicional? Ciertamente, él ha sido tan ajeno como cualquiera, en tanto una celebridad agnóstica, completamente sumergida en su propia fama, sus escándalos, y vida desordenada. Así, desde el comienzo, podemos advertir que su aprecio por el Rito Romano Tradicional no está enraizado en un debate ideologizado por una interna eclesiástica. Su llegada a la Misa Latina fue, en parte, una exigencia de su personificación del Padre Pío.

En cambio, pareciera que se topó con el usus antiquor, una interrupción en su rutina diaria que le exigió detener sus pasos, pausar y reflexionar acerca de cosas más elevadas. Uno asumiría que, a pesar de su crianza no católica, LaBeouf habrá sido testigo -o al menos tendría una vaga familiaridad- con la Misa Católica, aunque más no sea por haber asistido a algún casamiento o funeral de sus amigos. Vale la pena preguntarse por qué un hombre tan hondamente impregnado en el estilo de vida secular de Hollywood podría encontrar atractiva la Misa Latina. Después de todo, ¿no reclamaban acaso los reformistas que la Misa Latina necesitaba ser desmantelada para que la Iglesia llegase al “hombre moderno”?

Pues bien, el hombre moderno ha hablado. Libre de los compromisos intelectuales y profesionales exigidos por los “expertos” liturgistas, LaBeouf puede hablar como un simple observador, uno que no siente la necesidad de mostrar lealtad al partido. Ha reconocido sus pecados pasados, su quiebre, y su necesidad de arrepentimiento. Y sin embargo, en la oscuridad, fue capaz de atestiguar la luz; en su fealdad, fue capaz de reconocer la belleza.

Aquí la analogía con el vendedor de autos de LaBeouf se vuelve importante. “(La) Misa Latina me afecta profundamente”, le dice al Obispo Barron. Cuando Barron le pregunta por qué, LaBeouf responde, “porque no se siente como si me estuvieran queriendo vender un auto…Cuando alguien me quiere vender algo, mata mi capacidad para ello, y la suspensión de mi incredulidad, y mi anhelo de arraigarme en ello. Hay una inmediata rebelión en mi”.

No importa cuántas veces el experto vendedor de autos intente encajar su producto, el hombre moderno instintivamente se retrae. Lo forzado de las explicaciones repetidas de por qué es necesario poco hacen para regar el jardín del alma. La verdad, la bondad y la belleza hablan por sí mismas y no necesitan largos razonamientos y mucho menos campos de re-educación.

En otra parte del reportaje, LaBeouf menciona momentos importantes en su giro hacia el catolicismo, incluyendo el haber sido recibido por los frailes capuchinos mientras se preparaba para meterse en el papel del Padre Pio, leyendo el Evangelio de San Mateo, rezando el Rosario, siendo catequizado por sacerdotes y monjas, asistiendo a Misa, rezando en silencio delante del Santísimo Sacramento, e incluso, compartiendo comidas con ellos. A su favor, Barron es un excelente entrevistador, haciendo preguntas precisas y dando a LaBeouf todo el tiempo para que expusiera sus nuevas experiencias.

LaBeouf menciona incluso haber leído acerca de la vida del hermano Capuchino Jim Townsend, quien de joven vivió una vida de crimen, llegando a matar a su propia esposa, embarazada de su hijo por nacer. Mientras estuvo en prisión, Townsend conoció a un sacerdote católico que lo alentó a confesarse. Townsend se hizo luego terciario franciscano, antes de unirse a los capuchinos luego de su liberación de la cárcel. LaBeouf nombra a Townsend varias veces durante la entrevista, y ve claramente el mensaje de misericordia y arrepentimiento ofrecido por el catolicismo.

Vale la pena notar que la atracción de LaBeouf al catolicismo vino de su inmersión en la vida de la Iglesia. Ningún programa pastoral, ninguna iniciativa de la Conferencia Episcopal, ninguna monografía académica le “vendió” la Fe. Entró no sólo en la “materia” de la Iglesia (convirtiéndose en miembro del Cuerpo de Cristo) sino también en su “forma” (comunidad, devociones tradicionales, catequesis ortodoxa). La Liturgia habla por si misma y forma la personalidad de quien a ella se adhiere por virtud de su propia esencia, no puede ser entendida adecuadamente si se la separa de su forma encarnada. Según LaBeouf, luego de asistir a la Misa Tradicional en Oakland, California, sintió como si alguien le estuviese permitiendo penetrar un “profundo secreto”. En una época en que el Vaticano exige que las Misas Latinas no se publiquen en el boletín parroquial, la Misa Latina es, ciertamente, un secreto. Al igual que el Santo al que está representando en el cine, LaBeouf conocerá la realidad de que, incluso cuando uno posea la verdad -tal como los milagrosos estigmas del Padre Pío- la jerarquía eclesiástica no cesará de negarlo y suprimirlo. Incluso enfrentados a una belleza innegable, los superiores eclesiásticos pueden todavía sufrir de envidia.

Pareciera que LaBeouf encontró la perla de gran precio, aquella que, una vez hallada, lo inspira a uno a vender todo lo que posee para comprarla (Mateo 13:45-46). Mientras que Barron tuvo una recepción educada de sus comentarios, podemos imaginar el modo en que el amor de LaBeouf por el catolicismo tradicional habría sido recibido por prelados menos favorables, algunos de los cuales comparan el amor por la Misa Latina Tradicional con un giro al Protestantismo.

Verdaderamente, este famoso actor se parece a los niños que proclamaban “Hosanna!” a Nuestro Señor cuando él entraba al Templo de Jerusalén, y los liturgistas institucionales parecen aquellos rígidos Sumos Sacerdotes. Cuando le preguntaron a Jesús si Él oía lo que decían esos niños, Nuestro Señor les contestó afirmativamente, citando el Salmo 8:2: “De la boca de los pequeñitos y de los lactantes, me prepararé alabanza” (Mateo 21:12-16). Pareciera que el Padre Pío ha adoptado a Shia LaBeouf como su hijo espiritual, guiándolo para hacer del resto de su vida un acto de oblación, reparación y alabanza del Señor.

Por supuesto, los Católicos no deberían exagerar la entrevista de LaBeouf con Mons. Barron, como si el fuera ahora nuestro representante icónico. La conversión de LaBeouf demostrará su sinceridad sólo con el tiempo, y no hay necesidad de ponerlo en un privilegiado sitial de honor, lo que puede ser peligroso para los nuevos conversos. Pero dicho esto, no hay nada malo en sentir alegría y entusiasmo por que un pecador público y antiguo integrante de la elite de Hollywood haya expresado su deseo de hacerse Católico. Es una reacción natural y esperable. Pero ahora que la perla ha sido hallada, vale la pena preguntarse, ¿Qué sigue?

Más aún, si la jerarquía eclesiástica es verdaderamente sincera en su deseo de una “Iglesia en escucha”, una Iglesia del “acompañamiento”, del “caminar juntos” y de “leer los signos de los tiempos”, ¿cómo pueden permitirse ignorar al pecador arrepentido que está dispuesto a venderlo todo por la Misa que ama?


Traducción: Beltrán María Fos

Fuente: Crisis Magazine

14 comentarios:

  1. “(La) Misa Latina me afecta profundamente (...) porque no se siente como si me estuvieran queriendo vender un auto…" (LaBeouf).

    "El Segundo Concilio Vaticano parece menos una asamblea episcopal que un conciliábulo de manufactureros asustados porque perdieron la clientela" (G. Dávila)


    Armando S. I. Metrías.

    ResponderEliminar
  2. Los argentinos y en especial los porteños como el Papa Francisco entendemos muy bien eso de que alguien nos quiera vender un auto usado, porque ya sabemos que lo que busca es hacernos pasar gato por liebre, una expresión más que acertada que utiliza LaBeouf para decirnos con otras palabras que la misa del novus ordo a él le suena a algo falso.
    Es muy sugestivo que estas cosas ocurran justo cuando Francisco quiere borrar de un plumazo la liturgia tradicional con la excusa de que su convivencia con la misa nueva provoca una confusión entre los fieles que perjudica a la "Iglesia en salida".
    ¿Qué es eso de la Iglesia en salida que inventó Bergoglio como una forma de atraer a los no católicos? ¿Acaso la Iglesia no estuvo siempre en salida? ¿Acaso no fue gracias a los misioneros que llevaron el Evangelio a todos los pueblos y en todos los idiomas y dialectos que hoy la Palabra de Dios llegó hasta los confines de la tierra? ¡Y todo gracias al proselitismo que el Papa tanto descalifica!
    Más que de una Iglesia en salida, si las misiones pierden el encanto del proselitismo que mueve a la conversión de tantos deberíamos estar hablando de una Iglesia paralizada y en retroceso como fiel reflejo de la pérdida de la fe, esa apostasía con la que esta falsa Roma nos quiere hacer pasar gato por liebre.
    Por eso en momentos en que arrecia la campaña oficial para erradicar el vetus ordo la conversión de LaBeouf es un grito que denuncia calladamente que la Verdad que refleja la liturgia tradicional nunca podrá ser silenciada ni por este Papa ni por ninguno que venga después.
    Esa Verdad es doble porque LaBeouf es judío hijo de madre judía, un dato relevante a tener en cuenta a la hora de analizar una conversión, porque es sabido que más allá de que un judío pueda ser o no religioso su sentido de pertenencia a la raza siempre es un obstáculo más difícil de vencer que para los no judíos que no se sienten animados por la misma resistencia hacia Cristo y su Iglesia.
    De ahí que la alegría por la conversión de LaBeouf sea doble, un milagro más de los tantos que el Padre Pío realizó en vida y que aún sigue haciendo después de tantos años de su paso a la vida eterna.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La comparación es con vender un auto, no un auto usado.

      Eliminar
    2. Un auto usado también es un auto, ¿o no?

      Eliminar
    3. Sí, don Fuenteovejuna, pero yo entiendo que dice auto como podría decir cualquier otra cosa vendible. No lo que implica el concepto de vender un auto usado, joya, nunca taxi.

      Eliminar
    4. Leí con atención su comentario y estoy perfectamente de acuerdo con lo que dice. Nada por agregar. Lo que está sucedidiendo con nuestra Iglesua es lamentable.

      Eliminar
  3. Clarísimo tanto lo del autor como lo de Fuenteovejuna. Pequeños milagros! Gracias

    ResponderEliminar
  4. Ahora parece que este cardenal Roche "se quiere juntar" con este actor de Hollywood para "hablar" y etc.

    Pero en definitiva, obispos sin Fe, ¿qué interés real tienen en que haya conversiones?

    Si tan sólo les importará el éxito material de la Iglesia, cómo cualquier ONG, buscarían "replicar lo que funciona". Pero hasta ahora no lo han hecho: hasta ahora la misa tradicional se expande a su pesar, no por su esfuerzo.

    Ni aunque resucite un muerto creerán.

    ResponderEliminar
  5. El autor del resumen de la entrevista afirma que LeBoeuf dice que la misa tradicional le parece centrada en Dios, y la novus ordo en la asamblea. No lo pone entrecomillado, pero esa es probablemente la clave de todo. Un cambio sustancial buscado expresamente por los fautores del Novus.

    ResponderEliminar
  6. La entrevista completa hecha por Mons. Barron a LaBeouf es interesantísima, en varios niveles. En primer lugar se nota la espontaneidad de LaBeouf, no es una entrevista guionada, se nota el esfuerzo del entrevistado para encontrar las palabras justas para describir algo que es inefable, y lo hace con notable inteligencia. Todo su proceso de conversión es maravilloso, no se trata sólo de la liturgia que tiene, por supuesto un papel preponderante, sino también de la caridad con que fue tratado, probablemente como nunca antes en toda su vida. Me resultó sumamente interesante y creo que vale la pena que alguien con la capacidad para hacerlo, la subtitule completa. En cuanto al artículo, la comparación con la perla de la parábola es un gran acierto. La Tradición espiritual, doctrinal y litúrgica de la Iglesia es un verdadero tesoro, que enriquecido a lo largo de los siglos con la guía del Espíritu Santo hay que custodiar. Destruirlo como pretenden los modernistas es un verdadero pecado contra el Espíritu Santo, a la par que una falta grave de caridad y de justicia. Sin el clima de la caridad, la obediencia se vuelve letra muerta. Y se nota la incomodidad del obediente Barron frente a la insistencia del entrevistado, con total falta de respetos (y obediencias) humanos, en punto a la misa.
    Satur Nino

    ResponderEliminar
  7. Según leo este artículo sobre la conversión de LaBoeuf y su preferencia por el santo rito bimilerario católico, me ha venido a la cabeza al hermano Lorenzo de la Resurrección, lego del Carmelo Descalzo de París y su practica de la Presencia de Dios.

    Yo creo que todos hemos olvidado que Dios nos ve y que mejor nos iría si viviésemos de una manera más íntima y más entregada a Él.

    De esa mamera, ni Bergoglio ni el camporismo ni el liberalismo podrán molestarnos ni acechanzas de Satanás vencernos.

    ResponderEliminar
  8. Creo que la entevista es de una lucidez muy poco común. No me encanta esa fiebre de hablar de la propia conversión como "experiencia", pero esto es otra cosa. Es de lo más inteligente y menos sentimental que he escuchado en mucho tiempo. Y al final viene a confirmar lo que en el fondo sabemos todos, lo absolutamente perdidos que están lo que creen que la liturgia es algo accesorio, es un adorno, una cuestión de opción y gusto elitista. Que nos hemos venido todos al desierto por una cuestión de puntillas y no por habernos topado con el tesoro enterrado y la perla de gran precio.

    Rostova, Condesa

    ResponderEliminar
  9. Alabado sea Jesucristo.
    Yo creo que su conversión sí es sincera.
    Habrá que ver si también es permanente, espero en Dios que así sea.
    Lo que sí, Shia LaBeouf demuestra ser un tipo muy inteligente, con gran sentido común, lo cual yo no esperaba, para ser sinceros.
    Isaac

    ResponderEliminar
  10. “Su llegada a la Misa Latina fue, en parte, una exigencia de su personificación del Padre Pio”.
    Y es lógico, cuando la luz ilumina, todo el rostro de quien la contempla también resplandece. Y aquí las luces que iluminan, son, cada una con su medida, la luz del testimonio de santidad brindado por ese santo grande que fue el P. Pío, y el marco de contemplación que inspira el acrisolado rito de la Misa Latina Tradicional. Y, sin duda, allí mismo está la clave de recuperación de la atormentada lglesia de nuestros días, esto es, en el testimonio vivo de quienes, aunque todavía inmersos en el mundo, respondiendo de modo incansable a la sobrenatural búsqueda de la felicidad, la terminan encontrando en el inagotable tesoro de la práctica de la liturgia tradicional.
    Quiera Dios que también nosotros, como LaBeouf, sin ceder a las múltiples tentaciones del mundo moderno, de una vez por todas, siguiendo los pasos de quienes, a lo largo de los siglos, lo dieron todo de sí para permanecer fieles al legado de Nuestro Señor Jesucristo, cobremos conciencia de la vital importancia, que cobra para la Iglesia, la necesidad de seguir luchando, en el sereno marco de la práctica religiosa, por la definitiva conquista de nuestra propia y más profunda conversión, y la de quienes, providencialmente, nos rodean, a la única Luz verdadera.
    ¡Dios proteja a la Santa Iglesia Católica! ¡Alabado sea Jesucristo!

    ResponderEliminar