viernes, 1 de agosto de 2014

"La liturgia romana y sus enemigos"

Estimado Wanderer,
Ya sé que su bitácora no es propiamente una revista y que difícilmente haya lugar aquí para la recensión de un libro, sino que… pues, nada, que acabo de leer un libro de Martin Mosebach y quería contarles un poco de qué se trata.
Mosebach es un novelista y dramaturgo alemán, nacido en 1951. Es bastante conocido en su país y, según lo cuenta él mismo, fue católico-a-medias hasta que se convirtió a eso de sus veinticinco años.
Por culpa de la misa, por culpa de una misa celebrada según la liturgia que dominó en Occidente desde tiempo inmemoriales hasta 1968.
El libro que leí de él, "La herejía de lo informe - La liturgia romana y sus enemigos" no ha sido traducido al castellano, apareció en alemán en 2003 y fue editado en inglés por Ignatius Press en 2006 con el título de "The heresy of formlessness" (hay versión electrónica). Se trata de una colección de ensayos que abarca distintas cuestiones en torno a la liturgia y a los ataques que viene sufriendo desde las reformas implementadas por Pablo VI.
Es un libro completamente fuera de serie. Quizás porque el autor no es propiamente un liturgista ni cosa que se le parezca, quizás porque tiene una mirada de artista, de novelista… lo cierto es que esta colección de ensayos no tiene desperdicio, no sólo por la profundísima percepción de lo que está en juego cuando de liturgia se trata, sino también por la originalidad con que se dirige a cada cuestión, a cada aspecto del asunto que trata.
Es divertido, por ejemplo, cómo representa la absoluta incomprensión del hombre moderno ante lo que sucede en la misa:
Hay una broma espléndida acerca del niño judío que se encontró casualmente en una misa y que luego se lo contó a su padre. "Un hombre entró con un niño y le dio su sombrero. El niño tomó el sombrero y lo escondió. Luego el hombre interrogó a la congregación: "¿Dónde está mi sombrero?" y la congregación respondió, "No lo sabemos." Luego hicieron una colecta para adquirir un nuevo sombrero. Al final el niño le devolvió el sombrero al cura, pero no devolvieron el dinero.
Y agrega Mosebach:
Como ya he explicado, cuando yo era niño, mi comprensión de la misa apenas si era algo mayor que la del niño judío.
Pero, como he dicho, ya de grande empieza a entender más. Y por cierto que su entusiasmo no procede de un superficial esteticismo ("de moda", como diría el Papa actual).
Lo que primero me llamó la atención de la liturgia católica fue su antigua música, el canto Gregoriano. Llegados a este punto, me imagino el desprecio de ciertos lectores: "Ah, claro, este hombre es un artista que está tratando de satisfacer sus necesidades estéticas mediante la religión". Admito redondamente que soy uno de esos tipos cándidos que mira la superficie de las cosas, su aspecto exterior, para formarme un juicio acerca de su naturaleza más profunda, su verdad o su carácter espurio.
Esa doctrina de los supuestos "valores interiores" escondidos bajo una coraza sucia y deteriorada es algo que me resulta harto sospechoso.
  A nosotros también. Pero, claro, con el Papa no estaríamos de acuerdo.
Hoy en día pareciera que en la Iglesia hubiese dos tipos de hombres enteramente diferentes; ya no se pueden comunicar entre sí, por mucho que hubiese buena voluntad de ambas partes. De ningún modo alcanza con la buena voluntad para lograr comunicarse; también depende de un lenguaje común.
 ¿Lenguaje común? Sí, claro, una liturgia objetiva, rigurosa, estable, llena de rúbricas que hay que observar sí o sí.
No hay cosa más anti-docetista que esto.
Mucha gente preocupada por estos asuntos, se preguntarán: "¿Acaso no es posible celebrar la nueva liturgia del Papa Paulo VI con devoción y reverencia?". Naturalmente que eso es posible, pero el sólo hecho de que eso es posible constituye el argumento más contundente contra la nueva liturgia… ni bien requiera que quien la celebre sea un santo o un buen sacerdote, se la puede haber dado por terminada.
Por supuesto que el autor reconoce que el anti-ritualismo no es nada nuevo.
Ha habido una fuerte antipatía contra el ritual en diversas fases de la historia de la Cristiandad. Los hallamos en forma embrionaria en San Francisco de Asís, en los movimientos proto-Protestantes de la Edad Media, en la Reforma de Lutero y de Zwinglio, en el Galicanismo y Josefismo del s. XVIII. Se me hace que este anti-ritualismo constituye un eco de la forma mentis de cada uno de estos períodos, aunque reconozco que tiene raíces muy profundas en el propio cristianismo. En su mayor parte, estos movimientos que se opusieron al ritual en la Cristiandad eran enérgicos, radicales y apasionados; ahora, creo que nuestro tiempo constituye el primer ejemplo de iconoclasmo litúrgico procedente de una anemia religiosa, un anti-ritualismo fundado en una religión débil.
  ¿Religión débil? Pues claro que sí. No sólo eso, reducida a una concepción quasi-cartesiana.
He dicho que Jesús y sus discípulos, y los primeros cristianos, eran concientes de que si iban a entender complemente el mensaje de Jesús, no alcanzaría con repetir fielmente sus enseñanzas… Para que estas enseñanzas resultaran eficaces, era esencial que los discípulos contaran con una experiencia, que conocieran la influencia de Jesús, corporalmente presente. Y si la liturgia sería la manifestación corporal de Jesús—una cosa esencial para la vida cristiana—tiene que ser posible experimentarla como algo que no constituye un artefacto humano, sino algo dado, algo revelado. Así, Basilio el Grande, un monje y uno de los Padres de la Iglesia de Oriente, consideraba a la misa como una revelación, al mismo nivel que las Sagradas Escrituras y, consecuentemente, prohibió estrictamente que nadie se atreviese a alterar o reformular la liturgia.
¿Una liturgia congelada? Bueno, no, tampoco.
Por supuesto que sabemos que el rito no ha llegado a nosotros inmutable desde los días de la cristiandad primitiva. Y con todo, consideramos a la vieja misa… como algo fijo e inmutable, algo que nos ha venido directamente desde el Cielo. La razón de esto estriba en que los cambios que sufrió no fueron arbitrarios sino el resultado de un crecimiento gradual; ocurrieron a paso tan lento que nadie se daba cuenta. Las modificaciones graduales y constantes que sufrió el rito no eran el producto de peritos trabajando en sus escritorios; eran el resultado de quienes venían rezándolo a lo largo de dos mil años de historia.
También, como Bouyer, Mosebach denuncia el intolerable clericalismo implícito en estas reformas.
Cada vez que se introduce una modificación litúrgica se la justifica con recurso a la mágica locución "razones pastorales". "Pastoral" significa que se trata de la incumbencia del pastor, pero hace tiempo que nos hemos acostumbrado a traducirlo de otro modo: "Nosotros, los clérigos, decidimos cuánto del esplendor de la verdad pueden recibir los sonsos laicos confundidos."
En fin, Wanderer, el libro tiene mucho, muchísimo más. Pero como botón de muestra, c'est suffit. Sólo agregaré una cita más, acompañando a don Martín con nuestros votos:
En el primer Domingo de Cuaresma la Iglesia Ortodoxa celebra el fin del movimiento iconoclasta con su gran "Fiesta del Reestablecimiento de la Ortodoxia". De modo que es mi sueño que, un día, cuando este altar y muchos otros altares sean restaurados, seremos, nosotros también, capaces de celebrar la restauración de la Ortodoxia Latina.

Jack Tollers       

jueves, 31 de julio de 2014

Wanderer en Infovaticana



Desde el hoy, The Wanderer forma parte del conocido sitio español Infovaticana. 
Esto significa que quienes ingresen a ese portal de noticias, podrán acceder directamente desde allí a nuestro blog que tendrá alojamiento también en los servidores peninsulares.
Todo esto posibilitará que esta bitácora adquiera una mayor visibilidad y, consecuentemente, un mayor número de lectores.
Por cierto, y para tranquilidad de todos, aclaramos como lo hizo el blog colega Infocaótica, que no se cambiará la línea editorial, que los redactores serán los mismos y que seguiremos, a fin de cumplir el mandato pontificio, "haciendo lío". 

miércoles, 30 de julio de 2014

La gravedad del decálogo

Tengo en cola para publicar en el blog la última de las hipótesis sobre la misteriosa figura del papa Francisco, una excelente reseña de Jack Tollers sobre un libro de Mosebach sobre la liturgia, otra reseña mía sobre una película, un episodio de la vida de Don Gabino a quien tenemos casi olvidado y un comentario sobre la reflotación del caso Grassi y lo que, a mi entender, se podría venir para muchos obispos. Pero Bergoglio sorprende día a día, y mi temor es que, acostumbrados a las bergogliadas, ya no reparemos en la gravedad de las mismas. Me resisto a convertir a este blog en una página de críticas pontificias, pero la gravedad de la hora se impone.
Los “Diez consejos para ser felices” que aparecieron en los medios de prensa durante los últimos días es un caso que no puedo dejar de comentar. Más allá de la vacuidad y superficialidad de lo que dice, conseguida a fuerza del recurso a lugares comunísimos y a referencias propias de un mediocre libro de autoayuda (verbigracia, “Un pueblo que no cuida a sus ancianos no tiene futuro”; “El domingo es para la familia”; “Si faltan oportunidades, caen en la droga, y está muy alto el índice de suicidio de jóvenes sin trabajo”; “La dignidad te la da el llevar el pan a casa”; “La necesidad de hablar mal del otro indica una baja autoestima”, et alii), yo veo un problema de fondo que me asusta.
El decálogo fue expresado en la entrevista de setenta y siete minutos que le hiciera un periodista de la revista Viva del diario Clarín. No vamos a entrar en la conveniencia de que un Papa otorgue una entrevista a una revista de frivolidades e indecencias varias. La cosa es más profunda. Seguramente, el Santo Padre se sentó en su casa de Santa Marta con el periodistas argentino, mate de por medio, y estuvieron poco más de una hora hablando. Hacia el final, quizás el periodista le pidió algunos consejos para ser felices y el Pontífice se despachó con el decálogo de marras. No se trata, ciertamente, de un documento del Magisterio emitido oficialmente por la Santa Sede. Es poco más que una conversación grabada y luego publicada con anuencia del autor. Podemos decir que Francisco compuso su decálogo, no cual Moisés tonante en la cima del monte Sinaí, sino como rápida respuesta de casi lo que fue una conversación entre amigos. En otras palabras, los diez consejos para ser felices le salieron del corazón; habló ex abundantia cordis.
Y aquí está problema. El más elemental sentido común cristiano, el primer pensamiento que le sale a cualquier católico cuando le preguntan sobre la felicidad, es Dios. Para un cristiano, la felicidad consiste en la posesión de Dios; en su inhabitación en nuestras almas; en la gracia. No hay duda de que hay “felicidades” pasajeras y superficiales que resulta lícito buscar: los arenques de Santo Tomás de Aquino y los espárragos de San Juan de la Cruz. Para nosotros, será una velada en familia o con amigos, un whiskey, un buen libro, una pipa, etc. Pero el reflejo de cualquiera de nosotros al que le preguntaran qué hacer para ser feliz, sería una referencia primerísima y básica a Dios: viví en gracia, o nunca pierdas a Dios que vive en tu alma. Después viene el resto.
Se trata, por otro lado, de una cuestión de catecismo básico. Concretamente, de la primera pregunta: “¿Con qué fin fue creado el hombre? Para conocer, amar y servir a Dios en esta vida y gozarle en la eterna”. La felicidad o el gozo consisten en el conocimiento y en el amor de Dios. No niego, y el catecismo tampoco lo hace, las “pequeñas felicidades” que mencionamos más arriba –a las que podríamos agregar: “jugar con los hijos”, “vivir remansadamente” o “Compartir los domingos en familia”-, pero eso no basta; eso no es absolutamente nada comparado con la experiencia de la presencia de Dios en el alma y de su amor.
Por eso, me parece gravísimo que el Sucesor de Pedro, encargado de “confirmar a sus hermanos en la Fe”, proponga a los hombres consejos que no llegan siquiera a los talones de las máximas masónicas que José de San Martín dejó a su hija Merceditas. A ver si caemos en la cuenta de la gravedad de la cuestión: ¿cómo es posible que un Papa proponga un método para ser felices sin mencionar una sola vez – repito, ni una sola vez- a Dios?

Por otro lado, esto lo dijo el Papa a boca de jarro. Es más grave, me parece a mí, que si hubiese sido un texto pensado, porque es lo que le salió del corazón. Si “de la abundancia del corazón hablan los labios”, como dijo Nuestro Señor en el Evangelio, ¿qué lugar ocupa Dios en el corazón pontificio?

martes, 29 de julio de 2014

El decálogo de la felicidad del Papa Francisco

En un envión de llamas de fuego, níveas palomas y vientos huracanados, el Espíritu Santo se posó sobre el Papa Francisco que ha sorprendido a la Cristiandad toda con el decálogo de la felicidad, o lo diez consejos para ser felices.
A fin de que los lectores del blog puedan ser felices aún más rápidamente, aquí va una versión ilustrada de los diez consejos:

1. Vivir y dejar vivir



2. Darse a los demás

3. Moverse remansadamente

4. Jugar con los chicos

5. Compartir los domingos con la familia

6. Ayudar a los jóvenes a conseguir empleo

7. Cuidar la naturaleza

8. Olvidarse rápido de lo negativo

9. Respetar al que piensa distinto

10. Buscar activamente la paz

lunes, 28 de julio de 2014

El Papa Francisco. III. Hipótesis narrativa. 2) Chauncy Gardiner

Esta hipótesis toma el nombre del protagonista de la novela de Jerzy Kosinski, titulada Being there y traducida al español como Desde el jardín. El libro dio ocasión a la película del mismo nombre, filmada en 1979 y muy bien actuada por Peter Sellers.
El argumento es el siguiente: Chance es un cuarentón que vive en casa de un hombre anciano y rico. Es muy simple de entendimiento, casi fronterizo y ha vivido toda su vida en esa casa encargado de cuidar el jardín. Sus únicos conocimientos son acerca de la jardinería y de lo que ve en televisión. De hecho, sus modales y expresiones son copia de lo visto en la pantalla. Cuando su benefactor muere, Chance debe dejar la casa y descubrir, por primera vez, el mundo exterior.
Comienza a vagar sin rumbo fijo por la ciudad hasta que, a raíz de un pequeño accidente, se encuentra con Eva, la mujer del millonario Ben Rand quien, lo hace subir a su limusina y lo lleva a su mansión a fin de que se recupere.
Cuando la mujer le pregunta su nombre, él responde: “Chance the Gardener” (Chance, el jardinero), pero Eve entiende Chauncy Gardiner, es decir, un nombre propio de cierto lustre. Además, Chance se ha vestido con las ropas de su antiguo patrón, toda ellas de la mejor calidad y posee modales muy refinados, aprendidos en la pantalla. Este conjunto de circunstancias provoca que, cuando Ben Rand lo conoce, suponga que se trata de una persona de clase alta, muy educado y entendido en negocios y finanzas. Las palabras simples de Chance, que siempre surgen a partir de la confusión en el diálogo o de las situaciones más obvias, son entendidas como profundas y reflexivas, por lo que el millonario cree descubrir en Gardiner a una persona con una enorme capacidad de penetración y discernimiento. Las simples afirmaciones de Chance sobre el jardín y el clima son interpretadas como sentencias alegóricas sobre los negocios y la marcha de la economía.
Rand es también hombre de confianza del presidente de los Estados Unidos a quien le presente al jardinero. También el magistrado interpreta sus palabras sobre el jardín como penetrantes observaciones sobre los vaivenes de la economía que en ese momento afectan al país. De esa manera, Chance Gardiner se convierte rápidamente en asesor político del presidente y, también, en una celebridad social que aparece en los programas de televisión más vistos y es invitado a los eventos sociales más relumbrantes.
El millonario Rand muere debido a una grave enfermedad, no sin antes alentar a su esposa a que se acerca a Chance. En el mismo funeral, los directores de las compañías del difunto deciden que su próximo presidente debe ser Chauncy Gardiner. Hasta aquí el libro.
¿De qué manera esta historia puede adaptarse a una hipótesis sobre el Papa Francisco? Yo lo entiendo del siguiente modo: es como si alguien –una persona muy inteligente, o un demonio- reuniera a todos los que leemos el Wanderer, Mundabor y otros blogs, y también a Sandro Magister, a la Piqué, a Rubín y otros muchos, y se comenzara a reír a carcajadas de nosotros, mientras nos dice:
- Déjense de interpretar y sáquense los lentes de los ojos. Bergoglio no es más que lo que ven. Como Chauncy Gardiner, es solamente un simplón que, debido a que los astros se alinearon a su favor y que se topó con las personas justas, llegó donde llegó. No hay más que eso.
Bergoglio, en efecto, es un técnico químico de Flores, bastante mediocre en sus épocas de estudiante, que ingresó a la Compañía de Jesús y allí aprendió las mañas y artes que los jesuitas han desarrollado durante siglos para trepar, conseguir poder e influencia en la sociedad, todo, por supuesto, para mayor gloria de Dios. Vulgar e inculto, jamás se preocupó por estudiar o aprender, sino por acomodarse y alcanzar puesto que le permitieran el poder por el poder mismo, porque detrás, no había ningún objetivo o contenido; sólo su voluntad. Se hizo de derecha y casi nazi durante los ’70, cuando fue Provincial de la Compañía, periodo en el cual llegó a darle el doctorado Honoris Causa de la Universidad del Salvador al Almirante Emilio Massera. Cuando los aires cambiaron, se hizo moderadamente progre y utilizó la mala conciencia y la empeorada salud del cardenal Quarracino para pasar de portero de la residencia jesuita de Córdoba a obispo auxiliar de Buenos Aires, luego vicario general y terminar como arzobispo y cardenal primado de la Argentina. La eminentísima y reverendísima irresponsabilidad de los cardenales, que se creyeron su imagen de obispo humilde que anda subte y toma mate con los villeros, lo eligió para ocupar del solio petrino, y allí lo tenemos.
Pero todos, progres y no progres, tendemos a interpretar sus palabras y sus gestos, buscando detrás de la simpleza y obviedad de las mismas, signos del pensamiento profundo y sapiencial que se espera de un Papa, tal como hacía Ben Rand con Chance. Pero la pura verdad, es que no hay más que lo que se ve: un hombre simple, con poco seso y escasa cultura, habitado por una enorme ambición de poder.
Mirado desde otro ángulo: es la argentinización de la Iglesia, lo peor que le podía ocurrir a nuestra Santa Madre. La Argentina, un país con su sistema educativo desvertebrado hace décadas sino ab ovo, es una máquina de engendrar bluffs varios, debido a cierto barniz racial y superficial de su clase media. Vivimos de las rentas de nuestro pasado opulento (pero bruto, nunca tuvimos una élite intelectual en serio), de nuestros apellidos latinos y de nuestra piel blanca. Y de la audacia, toujours de l'audace, como decía Danton.  El argentino es un ersatz, es decir, un sustituto de inferior calidad de un europeo, pero sólo ersatz, privado de toda vertebración y disciplina intelectual y condenado a ver la realidad metafísica bajo la grosera y maniquea categoría Boca-River.
Esta apariencia engañosa se conjuga con lo que podríamos llamar seriedad académica del Primer Mundo, donde la clase dirigente recibe una educación cualitativanente diferente, frente a la cual el argentino ersatz es un zombie intelectual, un auténtico muerto vivo. De donde surge cierta ingenuidad, cierta inmunodeficiencia del sistema europeo para con arquetipos de la argentinidad, que en llegando a posiciones expectables, logran vender humo y encumbrarse, bajo el embuste de que “Hay algo más en este tipo”. Efecto Gardiner: alguien con las ropas y modales de Chance, no puede decir solamente lo que dice; hay algo más detrás. Quien maneja las reglas del arte tiende a ver al audaz que las quiebra como un hombre superior, que por ese eminente dominio del arte se puede dar el lujo de transgredirlas. Efecto Picasso. Para luego sufrir la frustración de la revelación del chanta, prototipo perfecto del muridismo antropológico de la inteligencia argentina. Hace unos años, la editora Tusquets escribió un libro donde contaba sus peripecias con un psicólogo argentino, integrante de la recua de chantas emigrados a España a fines de los setenta. Le costó innumerables sesiones darse cuenta de que el tipo era un irresponsable total, un alegre ignorante que le estaba arruinando la vida, una especie de Boudou de la picaresca psicoanalítica.
Digámoslo así: el hombre quiere creer. En un sistema ordenado, Bergoglio no sale del cargo de párroco de Quemú Quemú; eso está a la vista. Entonces comienzan a funcionar los mecanismos negatorios: es un Columbo, es un padre Brown, es un Reformador de la estirpe de San Gregorio Magno. Es un extraordinario disfrazado de ordinario, un príncipe vestido con andrajos.
Virus de mediocridad e inmunodeficiencia de los sistemas “serios”: Combinación mortal.
Bergoglio, con un papelito, diez minutos de tiempo en el Consistorio previo al cónclave, delubaquismo de apunte y la palabra periferia les hizo la granja a los cardenales. La mayoría compró el bluff. Y así estamos un año y medio más tarde.

En definitiva, Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, como Chance, no es más que lo que se ve.

(Los créditos correspondientes a Ludovicus por parte del desarrollo de esta hipótesis).

viernes, 25 de julio de 2014

El Papa Francisco. III. Hipótesis narrativa. 1°) La consultora

Nos toca ahora desarrollar la primera de las hipótesis que hemos llamado “narrativas” y que tienen en común la afirmación de que el Santo Padre sigue un libreto que le ha sido asignado. Pero esta “asignación” presenta, a su vez, diversas posibilidades, y la primera de ellas consiste en sostener que el guion de su pontificado le ha sido dado por una especie de consultora internacional dedicada al cambio de imagen de la iglesia católica.
Para quienes no tienen fe, entre los que se incluyen númerosos obispos y cardenales, la Iglesia es una gran multinacional, multimillonaria, que ejerce una importantísima función social en diversos planos y que puede sostenerse en razón de la multitud de sus clientes, o fieles, y del apoyo o alianza con los gobiernos civiles de la mayor parte de los países del mundo. Necesariamente, entonces, la Iglesia –su praxis y su doctrina-, debe ir acompañando la evolución natural de la sociedad y de los clientes que la integran, so pena de empobrecerse y llegar a la extinción, tal como le podría pasar a la Coca Cola o a la Cruz Roja.
Desde este punto de vista, el pontificado de Benedicto XVI fue un rotundo fracaso ya que, además de su conservadurismo en materia doctrinal –se resistía a adaptar las prácticas de la Iglesia a las nuevas mentalidades o, peor aún, propiciaba un retroceso- se produjo la explosión de los escándalos sexuales y financieros que todos conocemos. La imagen de la iglesia católica caía en picada, perdía clientes de a cientos de miles –y aquellos más valiosos por su cultura y su fortuna: los europeos y americanos-, perdía capacidad de presión e influencia en los ámbitos políticos y económicos y –parecía- se acercaba rápidamente al precipicio de la desaparición.
Frente a esto, un grupo de obispos, principalmente alemanes y americanos, decidieron hacer lo que hace cualquier CEO de una multinacional haría: contratar una consultora a fin de conseguir asesoramiento para revertir la situación. El consejo habría sido: cambio de imagen de la iglesia católica. Esto implicaba, en primer lugar, sacar al papa Benedicto de escena, puesto que su imagen jamás iba a poder ser revertida, y colocar a otro pontífice que siguiera “el libreto” que esta consultora habría diseñado a fin de cambiar el rumbo desastroso que había tomado la iglesia.
Este grupo de cardenales se habría movido, entonces, en ese sentido. En primer lugar, lograr la renuncia de Benedicto, lo cual no era empresa fácil, pero posible, y quedó demostrado. Podrían haber apretado por muchos lados pero –y esta no es más que mi opinión-, se habrían dado cuenta que la debilidad del papa alemán era su preocupación de cumplir con perfección germánica su ministerio. La solución venía en crearle una serie de situaciones que le mostraran que las cosas se le iban de las manos y que ya no era capaz de cumplir. Necesariamente, entonces, debía renunciar. ¿Cuáles fueron esas situaciones? Muchas: el robo de documentos por parte de su mayordomo (no podía confiar en nadie); la detonación permanente de casos de pedofilia por parte de miembros del clero, lo cual lo apesadumbraba; la publicación en todo el mundo del tráfico y lavado de dinero por parte del banco vaticano y otros escándalos financieros; los más que turbios manejos de la Curia Romana, acrecentados por la torpeza de su Secretario de Estado, el cardenal Bertone; las dos famosas cajas que contenían los documentos de la investigación interna y que, misteriosamente, con el pontificado de Francisco desaparecieron de la atención pública. En cuanto a esto último, ¿qué contenían las cajas? ¿A qué información pudo acceder el papa Benedicto? ¿Qué presiones habrá recibido? Todo esto habría provocado su renuncia y la elección de un nuevo pontífice.
Se trataba, claro, de un cónclave previsto y preparado con anticipación por la troika (o “cuatroika”…) de cardenales encargados de la operación. ¿A quién elegir? Bergoglio era el indicado. Había sido un serio competidor de Ratzinger en el cónclave anterior, por lo que ya tenía un buen nivel de conocimiento, predicamento y apoyo en el colegio cardenalicio; era una personaje dominado por la ambición de poder y sin ningún tipo de preocupaciones o principios doctrinales (“Yo no entiendo eso de principios innegociables”, dijo el papa Francisco hace poco) por lo que no pondría reparo alguno en seguir el libreto que le pasaran y que contenía detalladamente –tal como hacen las consultoras- lo que debía hacer: desde dejar de usar la muzetta y los zapatos colorados, hasta llamarse Francisco y hablar de la iglesia “de los pobres y para los pobres”. Con eso, y muchas cosas más por el estilo, vendría una lavada de cara de la institución que prepararía el terreno para los cambios disciplinares y doctrinales de fondo.
Pero se enfrentaban con una dificultad: los cardenales ratzingerianos, pocos en número pero que, aliados con los cardenales de la Curia y otros italianos del grupo de Sodano, podían contar con el número de votos suficientes para elegir al cardenal Scola. Pero el peligro se allanó con la renuncia intempestiva de Benedicto, que dejó en offside a Sodano, y que le valió que éste quitara su apoyo a los cardenales de la línea benedictina. Sin el sostén de los curiales y de buena parte de los italianos, el arzobispo de Milán no reuniría los votos suficientes y la balanza se inclinaría en favor del candidato de la troika.
¿Qué hechos concretos avalan esta hipótesis? Hay de distinto tipos. Los que conocen del manejo de imagen de empresa, aseguran que lo ocurrido con el papa Francisco es un caso de manual: ninguna novedad. Es así como se manejan las consultoras con sus clientes. Y para corroborarlo, está la decisión de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard que ha tomado el caso Francisco como un ejemplo exitoso de cambio de imagen y de CEO eficiente, y así lo enseña a sus alumnos (ver aquí).
Otro indicio sería el masivo e incomprensible apoyo de los medios de prensa de todo el mundo a Bergoglio. Los que entienden, aseguran que el apoyo de ciertos medios –como la tapa de las revistas Time y Rolling Stone- no es gratuito sino que se compra. Es decir, estas importantísimas revistas colocan en sus portadas a quienes pagan por estar allí. ¿Parece improbable? No sé si tanto. Hace algunas semanas nos enteramos que el papa “ha contratado a la consultora internacional McKinsey para estudiar y aconsejar en la política de comunicación de la Santa Sede. Ya esa firma tenía a su cargo la auditoría financiera que ordenaron los cardenales a quienes se les ha confiado ese sector junto a la firma KMPG. También conocimos en esas charlas el nombre del principal asesor en medios del Vaticano desde el año pasado, el periodista norteamericano Greg Burke, que asesora al secretario de Estado en el manejo de las comunicaciones a través de radio, tv y medios gráficos”. La noticia apareció en el diario Ámbito Financiero del 30 de junio pasado. No resulta para nada extraño que Burke y la firma McKinsey –cuyo asesoramiento debe salirle varios millones de euros al papa que hoy comió en el comedor con los empleados vaticanos sirviéndose él mismo la humilde comida proletaria- posean el poder de lobby y el poder financiero suficiente para comprar tapas y sugerir líneas editoriales en el planeta. Todos sabemos que la propiedad de los medios de prensa más influyentes del mundo se concentra en muy pocas manos.
Otra clase de indicios tienen que ver con las andanzas de Bergoglio antes de su elección. Es muy fuerte el comentario que indica que, seis meses antes del cónclave, comenzó a recibir clases de italiano de parte de una profesora que iba diariamente al arzobispado porteño. Además, el día en que se conoció la renuncia del papa Benedicto, estuvo horas hablando telefónicamente con cardenales de todo el mundo. Estos datos me fueron confiados personalmente por un sacerdote que trabaja en la curia de Buenos Aires. También se comenta -y, hasta donde sé, son solamente comentarios-, que entre el triste 11 de febrero de 2013 y el inicio del cónclave, hizo al menos dos viajes secretos a Roma. Si fuera verdad, haría aún más plausible esta hipótesis.

En conclusión, el papa Francisco estaría ejerciendo un pontificado “guiñado” por una consultora internacional. Él, personalmente, no tendría otro plan más que llegar y mantenerse en el poder. Del resto, se ocupan los técnicos. 

miércoles, 23 de julio de 2014

¡Felicitaciones Monseñor!

Aún a costa de interrumpir la serie con las distintas hipótesis sobre el Papa Francisco, no podemos dejar de  congratularnos desde estas páginas con Mons. Eduardo María Taussig, obispo de San Rafael. Ha llegado a la redacción del blog algunos comentarios que corren en los porosos pasillos de la Curia Romana y que dan cuenta de que Mons. Taussig sería promovido próximamente a una sede archiepiscopal. Son dos las posibilidades: La Plata y Bahía Blanca. En ambos casos, sus prelados actuales se encuentran con serios problemas de salud y se presume que dejarán sus puestos anticipadamente. Y allí iría, finalmente, el obispo sanrafaelino, dejando atrás los oscuros años de destierro cuyano. La multitud de pequeños libritos y folletines editados por el obispo pareciera que han surtido algún efecto en los graves censores de la Congregación para los Obispos y los esplendores de las sedes centrales del país se encontrarían próximos.
Junto a esta noticia, nos llegó esta misma mañana un mail de un grupo de jóvenes fieles de la diócesis de San Rafael, firmado por Tobías, que nos parece relevante publicar ya que, sin duda alguna, enriquecerá la carpeta romana en el que se custodia todo el recorrido de Mons. Taussig acelerando, de esa manera, su promoción a la tal anhelada sede.


Estimado Wanderer:
Con algunos amigos estuvimos hablando anoche sobre los últimos artículos que publicó en su blog sobre el papa Francisco y nos decidimos a escribirle porque queremos comentarle las sorprendentes coincidencias que encontramos entre los actos del Sumo Pontífice con nuestro querido obispo, Mons. Eduardo Taussig. En especial nos llamó la atención la inclinación que vemos en ambos jerarcas a “no juzgar” sino a “castigar” directamente, por no decir, a pegarle una patada en el c…. a la pobre víctima, muchas veces sin decir “agua va”.
Aquí le detallamos algunos casos:
1. Hay un sacerdote en la diócesis a quien los fieles de todas las parroquias donde se desempeñó han siempre querido mucho. Hace unos veinte años que fue ordenado y posee una clara vocación intelectual. Dio algunas clases en el seminario diocesano pero, más allá de eso, siempre tuvo tareas pastorales. En numerosas ocasiones le pidió al obispo que lo enviara a Roma a estudiar y siempre la respuesta fue negativa. Finalmente, el año pasado comenzó una carrera universitaria en la misma ciudad de San Rafael. Sin embargo, a principio de este año, Mons. Taussig le anunció que en este mes de julio viajaría a Roma a realizar sus deseados estudios. En este sentido, se compró el pasaje aéreo, se consiguió beca para un curso previo de italiano, beca para sus estudios y parroquia donde vivir en la Ciudad Eterna. Pero algo ocurrió. Este padre, que de cobarde no tiene nada, tuvo la osadía de firmar una carta en la que se le pedía al Nuncio Apostólico que intercediera antes Mons. Taussig a fin de que levantara la amenaza de excomunión hacia el Dr. Antonio Capponneto, situación que usted ya ha comentado en su blog. Este hecho provocó que nuestro obispo llamara el 30 de mayo pasado al sacerdote y entablaran el siguiente diálogo:
Obispo: Primero, una pregunta ¿vos firmaste la carta al Nuncio… es auténtica la firma?
Padre: Sí.
Obispo: Lamento comunicarte que se me ha caído la posibilidad de ayudarte en tu viaje a Roma.
Padre: ¿Y cuál sería la causa… es una represalia?
Obispo: Las causas las conversaremos luego ¿Vos tenías ya el pasaje sacado?
Padre: Sí. Lo sacó el P.*
Obispo: Bueno, veremos si podemos recuperar algo del dinero. No sé si tenías otro tema…
Padre: La verdad que no… pero en vista de lo que me plantea, quiero recordarle que en algún
momento le planteé la posibilidad de un año sabático.
Obispo: Bueno, lo tendré en cuenta para el 2015.
Este diálogo fue escrito por el mismo sacerdote y enviado en una carta a varios de sus amigos y se lo pasamos con permiso del autor.
2. Hace un par de años se organizó en nuestra ciudad de San Rafael una marcha de gays y demás especímenes cuyo recorrido pasaba frente a la catedral. Frente al templo nos juntamos unos 300 hombres a fin de defenderlo de posibles agresiones. La orden que nos llegó del obispo fue que entráramos en la iglesia y nos dedicáramos a rezar mientras pasaba la marcha. Por supuesto, no hicimos caso y permanecimos afuera del templo. Dos de los líderes del desacato fueron dos jóvenes amigos nuestros que, además, tuvieron la osadía de asistir a la charla que el Prof. Caponnetto dio hace algunas semanas en la ciudad de Gral. Alvear. Ellos se desempeñaban como preceptores de un colegio católico de San Rafael. Pues bien, ya recibieron la patada de misericordia por parte de nuestro obispo: fueron expulsados de su puesto laboral a fines del mes de junio, a través del representante legal, un exsacerdote del IVE, sin que mediara razón alguna.
3) Y no contento con eso, el canciller de la diócesis emitió un comunicado en el que advierte que el grupo juvenil denominado “Guardia de Cristo Rey”, cuyos dirigente son los dos amigos que le mencionamos anteriormente –y cuyos nombres completos aparecen en el comunicado de prensa-, no pertenece a la Iglesia católica y, por tanto, no puede ser denominado “católico” ni organizar ningún tipo de actividad que tenga que ver con la doctrina de nuestra iglesia. Como autoridad, se cita el Código de Derecho Canónico y la Gaudium et Spes.
4) Usted publicó ayer en su blog el caso del cura de Novara que fue reprendido públicamente por su obispo y por un cardenal “ventrílocuo” del Papa porque dijo que no se puede dar la comunión a los divorciados vueltos a casar ya que han pecado y no están arrepentidos ni tienen propósito de enmienda. En nuestra diócesis ocurrió algo similar aunque no fue hecho público. Resulta que una señora muy acomedida fue a ver a Mons. Taussig para comentarle su malestar debido a que un sacerdote había dicho en la homilía que “fuera de la Iglesia no hay salvación”. ¡Qué escándalo! La respuesta del obispo fue: “Y qué quiere que le haga, señora… ¡con los sacerdotes que tengo!”.
5) Le comentamos también que la relación que tiene Mons. Taussig con su clero está totalmente deteriorada. Por ejemplo, luego de la última misa crismal, había invitado a sus sacerdotes a una cena para la cual había contratado un cuidado servicio de catering. No se quedó ningún cura, a no ser los dos o tres chupamedias de siempre. Tuvo que invitar a los seminaristas para que no se notara tanto el papelón de las mesas vacías. Lo mismo pasa en las reuniones de clero: no va nadie.
6) Finalmente, le comentamos lo que sucedió algunos días antes de la ordenación diaconal prevista desde hacía meses, para el 19 de marzo de este año. Se reunió con los seminaristas que iban a ser ordenados y les dio a conocer los siguientes requisitos para acceder a la imposición de manos:
a) Dejar de usar la sotana: al resonderle los seminaritas que tenían derecho a usarla por el Código de Derecho Canónico, les contestó: “Yo tengo derecho a no ordenar”.
b) Debían estar dispuestos a celebrar Misa caristmática porque hay que ser “inclusivos” con los que viven esa liturgia y no puede ser que sólo el “Padre Pancho” (el que está en la catedral) la celebre pues se está poniendo viejo y otros curas deben acceder a ello para la gente.
c) Que permitan instrumentos como la guitarra y otros similares en la Misa.
Los seminaristas, valientes, le dijeron que no. Él insistía diciendo que, en estos temas como en otros debían, “dejarse guiar por mi prudencia” (sic), y obedecerle en todo, inclusive en lo opinable. (A nosotros nos habían explicado que la prudencia consiste en un juicio personal acerca de una situación concreta que no puede ser transferido. ¿Puede alguien confiarse en la prudencia de otro? ¿Es que la obediencia llega a los límites que exige y plantea Mons. Taussig?)
Frente a la negativa de los seminaristas a aceptar semejantes imposiciones, decidió cancelar la ordenación. Los pobres se quedaron con las estampitas impresas. Finalmente, parece que la situación de frialdad y vacío de su clero ejerció cierta preseión, y los seminaristas fueron ordenados el pasado 28 de junio.

En fin, esto es todo. Se imaginará usted lo felices que estamos con que nuestro obispo siga tan de cerca al papa Francisco.
Tobías y amigos