martes, 20 de septiembre de 2022

Entrevista a Joseph Shaw. La peregrinación ad Petri sedem 2022

 


La Foederatio Internationalis Una Voce (FIUV) y la Latin Mass Society (LMS), con sede en el Reino Unido, están presididas por el escritor y filósofo británico Joseph Shaw. La FIUV miembro fundador de la CISP (Coetus Internationalis Summorum Pontificum), el organismo encargado de la peregrinación anual a Roma de los fieles del Summorum Pontificum, que este año tendrá lugar del viernes 28 al domingo 30 de octubre en Roma. Aquí puede consultarse mayor información sobre la peregrinación.


Usted fue elegido presidente de la FIUV en octubre de 2021; ¿podría presentarnos brevemente esta organización internacional?

La FIUV fue fundada en 1965 por las seis primeras asociaciones nacionales de laicos católicos que deseaban preservar el antiguo Rito Romano. Se creó para representar los intereses de nuestros miembros ante la Santa Sede. En la actualidad, la FIUV cuenta con unos 40 miembros, procedentes de toda Europa y Norteamérica, y cada vez más de Sudamérica, Asia y África. La Federación celebra reuniones en Roma cada dos años.

Hemos estado dirigidos por presidentes muy distinguidos, especialmente nuestro fundador, Eric de Saventhem, y su sucesor, el prolífico escritor Michael Davies. Además de Davies, fallecido en 2004, otros tres presidentes de la FIUV han sido miembros del LMS: Leo Darroch, Jamie Bogle y, en el momento de escribir este artículo, el presidente del LMS, yo mismo, Joseph Shaw.

Nuestro Consejo, que asiste y asesora al Presidente y a la Mesa, incluye a católicos de todo el mundo, desde el Lejano Oriente hasta México, y desde Alemania hasta Sudáfrica.


¿Y cuál es su relación con Roma?

Creemos firmemente en la importancia de lo que ocurre en Roma, no sólo los actos oficiales del Santo Padre y la Curia, sino el ejemplo de Roma. La FIUV y la CISP (Coetus Internationalis Summorum Pontificum), junto con el LMS, han ampliado a lo largo de los años las posibilidades de celebrar la misa tradicional en San Pedro, lo que en su día fue imposible, y más tarde sólo era posible en una capilla de la cripta.

En la actualidad, la CISP ha podido asegurarse el uso del sitio más prestigiosa de la basílica superior: la el Altar de la Cátedra. Esto tiene un enorme e innegable significado simbólico, que indica la legitimidad de esta misa y su tolerancia práctica por parte del Papa Francisco, incluso después de Traditionis custodes. Por lo tanto, la continuación del trabajo con y de la CISP es de la mayor importancia, y nos complace unir nuestros esfuerzos con los del Coetus para este fin.


¿Cuáles son los otros propósitos e iniciativas principales de la FIUV?

La FIUV tiene la importantísima función de interceder en favor de los católicos "apegados a las antiguas tradiciones litúrgicas" de todo el mundo. Nuestros directivos viajan regularmente a Roma para reunirse con funcionarios de la Curia Romana, periodistas, diplomáticos y otros, para tratar de entender las actitudes hacia la misa antigua, para asegurarse de que nuestros interlocutores —ya sea que estén inclinados a ser amistosos u hostiles— estén bien informados sobre el movimiento, y para representar las necesidades y preocupaciones de nuestros miembros.

Pero mientras que el LMS y otras organizaciones pueden hacer sus propias representaciones ante los departamentos del Vaticano en asuntos que conciernen a Inglaterra y Gales, la FIUV puede presentar una imagen global gracias a su red internacional de miembros.

Uno de los principales proyectos de la Federación en los últimos años ha sido la producción de 33 breves Position Papers sobre diferentes aspectos de la Misa Tradicional, ahora disponibles en el libro The Case for Liturgical Restoration (Angelico Press, 2019). Los documentos fueron producidos en consulta con un equipo de expertos de muchas asociaciones diferentes.

Otro proyecto fue la producción de un informe sobre la implementación de la Carta Apostólica Summorum Pontificum, que involucró información detallada de nuestros miembros y otros contactos locales. Pudimos presentar a la Congregación para la Doctrina de la Fe este informe, con un resumen y conclusiones, que incluía detalles de más de 350 diócesis en 52 países. Este informe se entregó para que coincidiera con la información que los obispos de todo el mundo entregarán a la CDF, sobre el mismo tema, en el verano de 2020.

Una parte del trabajo de la Federación consiste en reunirse con clérigos de alto nivel; otros aspectos de nuestro trabajo han implicado la erudición histórica y la argumentación teológica. Pero es la experiencia de los católicos de a pie, los "simples fieles", lo que motiva a la Federación. El movimiento está vivo hoy en día porque la misa en sí misma ha seguido inspirando, reglando y dando fuerza a muchos miles de personas en todas las culturas donde se encuentra el rito latino.

Cada uno de los que formamos parte de la Federación estamos también implicados en nuestros grupos locales, y podemos ver, en los demás y en nosotros mismos, la continua relevancia de esta liturgia, que puede llegar a un número tan amplio de personas.


¿Cuál es su opinión sobre la situación actual de la Iglesia con respecto a la misa tradicional?

La situación de la misa antigua tras Traditionis custodes y los documentos posteriores es variada en todo el mundo, pero esto debe representar en sí mismo una grave decepción para quienes esperaban que esta misa fuera rápidamente eliminada.

La experiencia de nuestros miembros es que la hostilidad a la Misa antigua se encuentra sobre todo en los obispos y alto clero de edad más avanzada. Los rectores de los seminarios, los custodios de los santuarios y los obispos se han vuelto cada vez más amistosos con el paso del tiempo, y la hostilidad continua es a veces el resultado de la presión de la generación más antigua de sacerdotes. Aunque hay excepciones a este principio, está claro que dentro de diez años el obispo típico y el clérigo más veterano tendrán una mentalidad mucho más abierta respecto a la Misa antigua que la que tienen hoy, al igual que tienen hoy una mentalidad mucho más abierta que sus predecesores de hace diez años.

Al mismo tiempo, el clero más joven y los jóvenes católicos laicos suelen estar entusiasmados con la Misa antigua, y les resulta difícil entender por qué se ha descuidado tanto en los últimos cincuenta años. El largo plazo, por tanto, nos da motivos de esperanza.


Entrevista de Carlos Carosa

miércoles, 14 de septiembre de 2022

Francisco esjatológico. Providencia y apocalipsis del pontificado de Bergoglio


 

por Eck


Si vosotros no hubieseis cometido grandes pecados, Dios no os habría enviado un castigo como yo.

Gengis Can


Era ya noche cerrada mientras una multitud enfervorizada se arremolinaba por todos los rincones de una plaza hogaño vacía y desértica. Una marea de miles de personas coreaba canciones y tremolaba banderas de todas las naciones de la Tierra en grandes oleadas cuando de repente empezó el voltear de las campanas, se descorrieron las grandes cortinas bermejas y apareció en la logia mayor un personaje enfundado de blanco que más parecía el autómata de un reloj de cuco que una persona real. Aquel día era 13 del mes marcial del año 2013 cuando se presentó el papa Francisco ante el mundo. Con este campanazo había sonado la hora y empezaba una nueva era. Tras este papado las cosas no podrán ya ser iguales, el kairós había cambiado la historia de la Iglesia...

Mucho se ha reflexionado sobre este papa. Se han repasado sus antecedentes, sus dichos y sus actitudes. Se le han dedicado monografías, estudios y biografías. Muchos más que sus predecesores en un intento de comprenderle, quizás inconscientemente porque se sospecha que Jorge Mario es el compendio de la Iglesia contemporánea, la postconciliar, en su grado más puro, su espejo e imagen. Sin embargo y a pesar del enorme valor de todos estos análisis, utilísimos para el futuro, hay una cuestión que se está pasando por alto en demasía: el papado de Francisco como mensaje de Dios para su Iglesia. Hablando en plata: ¿qué nos esta queriendo decir la Providencia al permitir el ascenso al timón de la barca de un personaje como Bergoglio y qué enseñanza nos está dando para el porvenir? 


La Providencia y el papa Francisco 


Sabéis que el deber del cónclave era dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo... 

Francisco 


Como un antecesor suyo de hace dos mil años: Esto no lo dijo por sí mismo sino que, siendo Sumo Sacerdote en aquel año, profetizó... (Jn. L, 51) Francisco nos desvela involuntariamente la actual podredumbre, nos muestra en todo sus esplendor sus raíces y nos permite vislumbrar algo del fin del mundo como el mismo dijo, nada menos, en su primera alocución al mundo como pontífice. Así que debemos, como afirmó Papini en su admirable Carta a los historiadores bajo el disfraz de Celestino VI, buscar lo que se nos revela en estos acontecimientos: “La historia de los habitantes de la tierra no es más que la repercusión y traducción de una historia trascendente y sobrenatural (…) Si no os decidís a considerar la historia como revelación, no conseguiréis nunca descubrir el verdadero camino y el verdadero destino del género humano. (…) Haced que, por obra vuestra, se torne en sagrada verdad lo que se afirmó: que la historia es una imagen anticipada del juicio universal”. Es desentrañar un poco el actual pontificado desde el punto de vista providencial lo que humildemente se intenta con este artículo, juzgue el donoso lector si se ha conseguido.

A pesar de que la Escritura nos avisa de que: “Así como el cielo es más alto que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos que vuestros pensamientos”  (Is. LV,  9), sin embargo podemos atisbar algo de los planes de Dios porque la historia es el diálogo entre el Altísimo y la humanidad, que conduce el Señor diestramente a la verdad, como la matrona de la que hablaba Platón en sus obras, hasta que diga su última palabra. Por ello nos tenemos que preguntar por el telos, por el fin de Dios, es decir, ¿qué nos quiere el Señor comunicar al permitir que haya subido a la sede petrina un papa de la catadura de Bergoglio? ¿Hay algo más que un mero castigo a los grandes pecados de la jerarquía y del pueblo, siguiendo el dicho: En su pecado lleva la penitencia a la manera de Gengis Kan? ¿Se puede pensar que Francisco es un gesto de misericordia divina, una oportunidad y una llamada de atención para cambiar el rumbo de una nave que va directa contra los acantilados? 

Creemos que sí. Jorge Mario ha hecho salir a la luz toda la miseria secular que se ocultaba bajo la alfombra, tanto pre como postconciliar y que, en contra de lo que se ha dicho y pensado, tienen en el fondo mucho más de continuidad que de ruptura en lo peor. Por bondad divina Francisco es a la vez el culmen y colmo tanto del Vaticano II y de una espiritualidad degenerada como de la concepción estatalista, Deus in terra, del pontificado macerado durante siglos. Hablamos de bondad porque la mezquindad y cutrez del personaje no sólo lo hace ver más claramente sino que desactiva el peligro que supone el poder actual en otras manos más inteligentes y malvadas. El famoso caballo de Atila se ha convertido en un caballo jardinero y la siembra de sal en Cartago en una forma de fertilizar la tierra frente al cauterio francisquista, verdadero destructor de ídolos, en este caso, los idoli Ecclesiae:

En primer lugar Francisco es el hundimiento de los ídolos de la papolatría. Se pudo mantener la ilusión de que los papas eran santos y perfectos por los carismas personales de todos los papas anteriores o por el ocultamiento del ceremonial, hasta caer en el verdadero peligro de que se siguiera más al papa que a Cristo y que se concibiera al pontífice como una hipóstasis de Dios cuando Cristo sólo garantizó su infabilidad ex cathedra. Con este papa es imposible. Humano, muy humano, Bergoglio no admite apoteosis ni divinizaciones delirantes que le sentarían como poner un enano de jardín en una hornacina de San Pedro. Adiós a la papolatría a menos que se sea luterano y se crea no contra toda esperanza sino contra toda razón y verdad...

En segundo lugar, Francisco es la destrucción del magisterialismo se quiera o no, se acepte o no. Ya se puede citar el Du Pape de Maistre o toda la corte de teólogos romanos o se hagan los distingos entre magisterios remotos y próximos; el archiconocido Magisterium authenticum del Amoris Latetitia es el golpe mortal, la refutación final por medio del absurdo de toda la tramoya del magisterialismo que data su nacimiento del siglo XVI. La Iglesia sólo puede enseñar la fe que entregó Cristo a los apóstoles y no sacar conejos doctrinales de todo pelaje y color de esa chistera llamada magisterio, copia y pega de la plenipotencia de los parlamentos y estados modernos. 

En tercer lugar, Francisco es la demostración del cáncer de la concepción de la Iglesia como Estado, a imagen y semejanza del moderno, de claras raíces secularistas, gnósticas y totalitarias. De hecho, quienes hoy braman contra el “galicanismo tradicionalista” (sic) y al pretender defender el ultramontanismo caen en continuas contradicciones más fragrantes que los propios modernistas. Afirman que el Papa tiene una plenitudo potestatis casi divina, pero que por otro lado está limitado por las Sagradas Escrituras y la Tradición, y que a estas las define (magisterio próximo frente al remoto) el propio papa en una concepción subjetiva de las mismas. Entonces ¿qué limitación es aquella que depende del que ha de limitar? Es el Juan Palomo teológico, yo me lo guiso, yo me lo como. Ninguna pues. Abogan por un Deus ex machina para salir del problema: poner a uno de su cuerda nomás, sin darse cuenta de que tan papa era Pio IX como lo es Francisco I (y no vengan con que Bergoglio no podía serlo por su modernismo cuando Mastai era liberal cuando subió a la sede petrina...) y tan partidarios ambos de copiar a Luis XIV su frase: L´Eglise c´est moi!  Por lo que el problema sigue ahí: ¿Qué hacer con el pontificado de Francisco? O se niega que sea Papa para mantener la ficción de los pontífices divinos del siglo XIX, o se cae en el relativismo puro para salvar al pontífice actual, o se vuelve a una concepción eclesiástica, humana y tradicional de la Iglesia como intentó discretamente Benedicto XVI que salva ambas posiciones falsas. O se cura la hidrocefalia que hace parecer a la Iglesia un cabezudo monigote de feria; o se irá al piso de repente al no poder sostener el peso.

Aquí la providencia ha mostrado el pasado que quiere destruir pero en este papa está el aspecto de lo que quiere mostrar del futuro que vendrá cuando Dios y la humanidad así lo quieran.


Francisco y el Apocalipsis

El futuro nos es desconocido pero sí sabemos que será una recapitulación agudizada de toda la historia humana por lo que, para averiguar sus características, tenemos las Escrituras Santas y la Historia vistas espiritualmente. Así hay que ver el pontificado de Jorge Mario. No creemos que sea el Falso Profeta; no da la talla para un ser tan soberbio como es el Malo, pero sí es cierto que los que lo piensan no se equivocan mucho en la impresión: en este pontificado hay rasgos que se vivirán plenamente en la Iglesia de los últimos días. Dicho de otra manera, es un anticipo del futuro, por lo que podemos hablar de un Francisco esjatológico, al que han ido a buscar al fin del mundo.

    Además de lo que ya hemos dicho en la parte providencial, tenemos otros vislumbres de lo que ha de acontecer:

-El intento de supresión del rito perpetuo reflejado en la prohibición de un rito legítimo por causas en apariencia tan laudables como la “unidad”. En el futuro podría prohibirse la consagración por motivos igualmente nobles como la fraternidad u otras del estilo.

-La tortura de la perplejidad de la conciencia al obligar bajo obediencia religiosa a mandatos que se saben en contra de la fe, los mandamientos o la mera justicia.

-La sumisión de la iglesia oficial y su pretensión de convertirse en la capellanía del mundo o en la oficina de asuntos religiosos de la ONU, aguando el mensaje de Cristo para ello y apoyando el sincretismo. 

-La persecución de buenos cristianos y grupos legítimos en nombre de Dios y la Iglesia. Ejemplo magno del fariseísmo, en este caso progresista, hermano gemelo del conservador.

Todos estos rasgos se encontrarán en grado absoluto en los últimos días del Anticristo y del Falso Profeta. Como Nerón, Diocleciano, Federico II, Enrique VII, Lenin, Stalin, etc. son anticipos en su rama política; Marción, Arrio, Nestorio, Hus, Lutero, Calvino, etc. lo son en la rama herética; Francisco lo es la rama farisea, mucho más numeroso y mortal aunque vestido con los trajes y galas modernas. 


Conclusión: los dos Franciscos

La tarea más urgente es devolver al papado y a la jerarquía a los límites y funciones que estableció Cristo en persona. Francisco es un aviso y una oportunidad para la Iglesia, si sabe escuchar a Dios a través de la historia; para volver a su verdadero sentido y misión sin adherencias extrañas ni dañinas. Después de este Francisco, se ha de comenzar la tarea del otro Francisco, el de Asís: reconstruir la Iglesia a partir de la voz de Jesucristo y no del Mundo, con el ejemplo de los Padres y los Santos, verdaderos maestros de la Fe. Preparemonos para ello porque se habrán de utilizar todas las potencias del alma y todas las virtudes junto al legado del pasado y esperanza del cielo.

Al final, Francisco forma parte de la historia de la salvación y puede ser un instrumento de la providencia para la Iglesia si se sabe oír el mensaje del Salvador. Si usó una borrica, la de Balaam, cómo no iba a poder utilizar el pontificado de Francisco... Quien lo iba a decir, Bergoglio providencial y ejastólogico, don y maestro de la Iglesia aunque sea de lo que no se ha de ser  y de lo que no hay que hacer.....Aprendamos, pues, la lección.


La misa kirchnerista de Luján. Reflexiones más allá de lo obvio

 


El sábado de la semana pasada fuimos testigos de un espectáculo patético e indignante. Una misa pontifical celebrada por el arzobispo de Mercedes-Luján, en la basílica de Nuestra Señora, para el gobierno kirchnerista. La iglesia es una vez más utilizada, y se deja utilizar, con fines partidarios. Mientras Santo Tomás Becket se entregó voluntariamente al martirio para defender la independencia y autonomía de la iglesia con respecto al poder político, Mons. Jorge Scheinig entregó voluntariamente a la iglesia al poder político para que la use e instrumentalice como quiera.

El arzobispo Scheinig, conocido por sus compañeros de seminario y de presbiterio en San Isidro como “Carapa”, cometió todas las torpezas que uno pueda imaginar, políticas y litúrgicas. Logró reunir una galería integrada por los facinerosos más notables de la Argentina sentados en el primer banco del templo; dio la comunión a pecadores públicos y pertinaces, como el presidente Alberto Fernández, que vive en adulterio y promueve el aborto, o la intendente de Quilmes Mayra Mendoza, defensora de los peores vicios que imaginarse pueda, y fue secundado por un diácono de aspecto inquietante y mirada torva, que lucía una ancha estola con la figura del cura montonero Carlos Mujica. Recordemos, por otro lado, que Scheinig es persona de confianza del Papa Francisco y que nada que tenga cierta importancia se hace en Argentina sin su aprobación explícita. No me cabe duda que fue el mismo pontífice quien autorizó y animó la celebración de esta misa escandalosa.

Pero no me interesa comentar lo obvio. Veamos más bien algunas reflexiones que podemos sacar de lo sucedido ad usum de los que nos reunimos en este blog.

En primer lugar, lo que hemos visto una vez más es la utilización de la liturgia para fines políticos. Estoy seguro que todos condenarán el hecho, pero me pregunto si somos conscientes de las veces en que, aún en los medios más conservadores, se utiliza la liturgia con fines pastorales. Por ejemplo, se utiliza la misa para que los fieles se sienta involucrados en la vida parroquial, para que los niños del catecismo lean las lecturas —sin casi saber leer y pronunciar el español— o para que un matrimonio que cumple sus bodas de plata lleven las ofrendas; para la finalización de un campamento de jóvenes o cuando las señoras de Cáritas terminaron de tejer una colcha. Por supuesto, se aducirán razones muy válidas para esta instrumentalización de la liturgia pero, en el fondo, se trata de una postura utilitarista.

El utilitarismo de Jeremy Bentham y de John Stuart Mill enseña que utilidad es todo aquello que produce felicidad. De esta manera, todo lo que promueve la felicidad en una sociedad se considera como un principio moral. La búsqueda de felicidad a nivel social terminará dictando las normas éticas. En el caso que estamos analizando, lo que se busca es la felicidad de la comunidad parroquial; que todos se sientan integrados y contentos, que no dejen de asistir a misa y que se alejen del pecado —objetivos todos buenos y deseables—, y será la consecución de estos fines lo que determinará las normas éticas o litúrgicas que se aplicarán en la vida parroquial. Por eso, serán muy bien vistas las misas en las que la mayor cantidad posible de fieles esté involucrado en algún tipo de tares y de las que todos salgan contentos: la señora porque lució su modelo durante la procesión de ofrendas y la abuela cuya nieta leyó la segunda lectura. Se alcanzó el objetivo; la comunidad está feliz. Y se utilizó la misa para llegar a la meta.

Nadie cuestiona que los fines perseguidos sean buenos e, incluso, que sean los propios de la vida parroquial y, por tanto, los que debe buscar el párroco. Lo que cuestiono es utilizar, en un sentido utilitarista, a la liturgia para alcanzar esos fines. Y esto es sencillamente no entender de qué se trata el culto y la liturgia.

No es este el sitio para explicar tales profundidades. Solamente digamos que el culto, tal como lo enseñan autores como Joseph Pieper, Odo Casel o Rudolf Otto, por nombrar solo a algunos contemporáneos y alejados de cualquier sospecha de tradicionalismo, es lo más ociosos que hay. Y me refiero, claro, al ocio en el sentido griego del concepto. El culto es un homenaje gratuito que el hombre puede y debe ofrecer a Dios. Pero es ocioso, es gratuito; es decir, no se busca en él un beneficio, no se utiliza para conseguir algo, por más bueno y loable que ese algo sea. Entonces, ¿el culto y la liturgia para qué sirven? No sirven para nada. Es ofrecimiento puro del hombre al Dios Omnipotente. Esto no significa, por supuesto, que no se reciban muchos beneficios a través de la liturgia. Hace poco reseñábamos un libro sobre los convertidos por la liturgia, pero esos beneficios los da Dios a quien quiere, como quiere y cuando quiere. No los distribuye el párroco según sus criterios participativos y comunitarios.

Está muy bien escandalizarnos de la misa celebrada por Mons. Scheinig en Luján, pero también es importante bucear en lo profundo de ese escándalo, que no radica solamente en los sacrilegios que allí se cometieron sino en la concepción misma de culto y de liturgia que el prelado hace suyas. 

En segundo lugar, si bien todo el episcopado argentino tomó distancia de lo actuado por Mons. Jorge “Carapa” Scheinig, lo cierto es que tomaron distancia de las implicancias políticas de la misa. Dicho de otro modo, cualquier obispo argentino habría celebrado una misa con el mismo diácono montonero y cometido los mismos sacrilegios si esto no hubiese supuesto una claudicación a las pretensiones peronistas. El rechazo episcopal no fue a la intrumentalización litúrgica sino a la intrumentalización política.

Esto nos da la pauta —una más— del estado en que se encuentra el episcopado. Por eso, conviene insistir en lo que hemos dicho varias veces en este blog: el papa Francisco ha hipotecado el futuro de la iglesia católica argentina por al menos para las tres próximas décadas. Desde su llegada al pontificado, se ha dedicado a reproducir obispos de un modo descarado (y después nos viene hablar de las familias conejiles), y todos ellos cortados por la misma tijera. Uno de sus primeros elegidos fue Mons. Gustavo Zanchetta, encarcelado por abusar sexualmente de sus seminaristas y poco después fue el caso del “Chino” Mañarro, quien celebró la misa sacrílega en las playas caribeñas. Y la semana pasada eligió a un nuevo obispo auxiliar de San Juan, una pequeña y secundaria arquidiócesis argentina que tiene tres obispo auxiliares, un despropósito que sólo puede explicarse si aceptamos que la finalidad de Bergoglio es, como decíamos, hipotecar el futuro de la iglesia en nuestro país.

El perfil de los elegidos es siempre el mismo: curas mediocres. No son necesariamente progresistas en lo ideológico; son nada, mediocridades que sólo vinieron al mundo para hacer número, y que se empeñarán en engendrar nuevos curas y nuevos obispos tan mediocres como ellos. Como bien apunta un amigo, esta es una característica indiscutible del peronismo y de Bergoglio: el odio a la excelencia. Todo el que sea superior —intelectual, social o económicamente— es odiado y anatematizado. Por eso, el buen peronista y el buen obispo bergogliano se refocila con mediocres como ellos y procura por todos los medios que no ingrese entre sus filas nadie que aparezca como superior y que, en algún momento, pueda hacerle sombra. Si Castellani puso el grito en el cielo y en la tierra en los años ’40 cuando veía obispos como Caggiano, Copello o Lafitte, qué no diría si se topara con Braida, Robles o Baliña.

Una de las virtudes integrales de la prudencia es la circunspección, que permite el acto prudente. Creo que conviene no olvidarlo. Ser circunspectos es saber analizar las circunstancias en las que nos encontramos a fin de tomar las decisiones más acertadas. Los sacerdotes y los fieles argentinos debemos ser conscientes de estas terribles circunstancias, más allá de lo dolorosas y disruptivas que sean. Trato de ser optimista y pienso que el futuro y cada vez más cercano sucesor de Francisco enderezará un poco la deriva en la que se encuentra la Iglesia universal. Sin embargo, nada podrá hacer con la iglesia argentina. En nuestra patria estamos perdidos; esa es la verdad, y debemos aceptarla. 

Harán bien los que habitan desde hace décadas en Corea del Medio en hacer los preparativos para la mudanza, porque dentro de poco, y si son fieles a sus principios, se verán obligados a cruzar algunas de las fronteras. 


domingo, 11 de septiembre de 2022

La Botella del Amor y otros relatos de ficción

 


Cuando era adolescente, me aficioné a la lectura de novelas de corte apocalíptico. Leí Juana Tabor - 666, de Hugo Wast; El Señor del mundo, de Benson; El anticristo, de Soloviev, Los papeles de Benjamín Benavides de Castellani, entre otros. 

Algunos años después, quise volver a esa literatura pero ya no pude. En todos los casos, los autores pintaban una iglesia apóstata que hacía la mar de disparates; fantasías puras, toscas en algunos casos. Me pareció que Hugo Wast o que Benson no eran más que literatos ingenuos y mediocres que exageraban recursos literarios, y les salía bastante mal. Yo no contaba, claro, con la llegada al solio pontificio de Jorge Mario Bergoglio. El papa Francisco no solo ha superado al Mons. Panchampla de Castellani y al P. Piolini de Peter Capuzzoto, sino también las fantasías más descabelladas y grotescas de los autores apocalípticos.

Hace pocos días, el arzobispo de Mendoza (Argentina), Mons. Marcelo Colombo, emitió un comunicado en el cual se congratulaba por la creación de la primera “eco-parroquia” de su arquidiócesis. Poco después, el eco-párroco, p. Horacio Day, publicaba un corto en Youtube explicando la iniciativa. Las eco-ocurrencias son tan desopilantes que obviarían cualquier comentario, pero es bueno ser conscientes de la profundidad de la caída.

Nadie duda de la importancia del cuidado de la Creación y de la necesidad para todo cristiano de “escuchar” a las criaturas. No sólo lo enseña San Francisco de Asís; mucho antes que él, los Padres de la Iglesia hablaban de la “contemplación de las naturalezas segundas”, es decir, de la contemplación de la criaturas que, necesariamente, exige su cuidado y su escucha. Pero hay un detalle que se le escapa al eco-papa y a los eco-clérigos: para poder alcanzar esa contemplación, es necesario un proceso de purificación espiritual, consistente en desprenderse del pecado y adquirir las virtudes. Solamente será capaz de escuchar lo Creado quien tenga un corazón purificado, o un oído apto, para tales voces, pues los que hablan en las criaturas son los logoi divinos que habitan en ellas. Pretender que cualquier hijo de vecino, cargado de vicios y alejado de Dios, pueda “escuchar” a las criaturas, no es más que un postulado voluntarista que, necesariamente, terminará en fracaso. 

Las incoherencias de Mons. Colombo no quedan en el plano teológico. Dice, por ejemplo, “es la hermana madre tierra la que clama”. O es hermana, o es madre; si es ambas cosas, estamos ante un repugnante caso de incesto. Y el eco-obispo atribuye a las desventuras de este hermana-madre, provocadas por sus hermanos-hijos que vendríamos siendo nosotros, la ocurrencia de sequías, inundaciones, huracanes y olas de calor. Le convendría a Su Eco-Excelencia repasar los libros de historia para ver que tales catástrofes naturales acompañan a la humanidad desde siempre. Y resulta extraño que no haya incluido a los terremotos, siendo Mendoza una ciudad muy propensa a los sismos. Será cuestión de esperar su próxima carta pastoral en la que nos dirá que los terremotos no son más que los estertores de dolor de la hermana-madre cuando es herida por alguno de los malditos humanos que la habitan. 

Sigue el arzobispo Colombo diciendo: “Además, gritan nuestros hermanos y hermanas de los pueblos nativos”. En su arquidiócesis no hay comunidades aborígenes, por lo que los gritos debe escucharlos en otras jurisdicciones. Agudo oído el suyo. Pero lo cierto es que, en Argentina como en Chile, los únicos gritos de los “pueblos originarios” que se escuchan, son los que los autopercibidos mapuches emiten cuando incendian casas, iglesias y edificios públicos, o cuando se lanzan a la usurpación de terrenos privados. Y su ulular se escucha también durante sus ceremonias paganas, cuando rinden culto a dioses falsos, esos que tanto le gustan al papa Francisco y que, para desterrarlos, dieron su vida miles de misioneros en la América hispana.

La comunicación oficial del arzobispado finaliza refiriéndose a “la parroquia San Vicente Ferrer que, desde 2021, bajo la gestión del Padre Horacio Day, ha marcado la diferencia en aspectos ambientales, cambiando la luminaria de la iglesia a luces LED; incorporando mobiliario fabricado a partir de plásticos reciclados; colocando un contenedor de recepción de Botellas de Amor y Puntos Verdes en distintos sectores del edificio”. Sugiero al ocurrente eco-párroco que escriba el tercer tomo del clásico tratado de Mons. X. Barbier de Montault (Traité pratique de la contruction, de l’ameublement et de la décoration des églises selon les règles canoniques et les traditions romaines), editado en París por Louis Vivès en 1878. Eso de tener bancos fabricados con botellas de amor recicladas es un must que cualquier parroquia paqueta debe tener. Una paquetería que las parroquias pobres no pueden costearse y  deben contentarse con bancos de madera de roble o de pino.

El p. Day afirma que quiere tomarse en serio la “invitación del papa Francisco a la conversión ecológica”. El problema no está en tomarse en serio esa invitación sino en tomarse en serio al papa Francisco. Debe ser él uno de los pocos que lo hace. Basta ver las declaraciones del cardenal Müller y la escalofriante imagen de una plaza de San Pedro vacía (literalmente) durante la misa de beatificación de Juan Pablo I para caer en la cuenta de la desaprensión universal por la palabra del pontífice. Pareciera que los eco-clérigos no quieren poner un oído en el pueblo, que ya no sigue, ni le interesa el pontífice romano. Y si de feligreses se trata, el p. Day podría dar una vuelta los domingos por la mañana a unas pocas cuadras de su parroquia donde vería que la capilla de la FSSPX tiene cuatro misas, todas ellas repletas de gente. ¿Cuántos son los eco-fieles que van a sus eco-misas?

El párroco, además, nos dice que sus preocupaciones pastorales, siguiendo el magisterio francisquista y el ejemplo de San Francisco de Asís, consiste en que sus fieles sean capaces de escuchar el canto de los pajaritos. Imprescindible referencia al inolvidable Mario Sánchez y sus ochentosos sketches. El p. Day también debería recordar que, según cuentan sus más antiguos biógrafos, el Poverello de Asís “gustaba de celebrar las Navidades con un almuerzo a base de carne y decía: «Cuando es Navidad, ¡no hay abstinencia que valga! Y si las paredes pudieran comer carne, ¡habría que dársela también a ellas!”. Escuchaba el canto de las avecillas pero, cuando era el caso, se comía a varias de ellas asadas a la parrilla.

Finalmente, y antes de dedicar un largo y emotivo abrazo a su eco-perro, el párroco nos comenta que cuenta con un grupo de jóvenes empeñados en la conversión ecológica pedida por Francisco. Se sabe que no es la única parroquia mendocina donde lo que antaño era los grupos de jóvenes que se dedicaban a misionar y a llevar, con medios más o menos adecuados, el mensaje evangélico a los demás hombres, ahora se dedican a hacer excursiones a la montaña los días sábado a fin de recoger residuos y plásticos. Los eco-jóvenes ya no vuelven cargados de almas arrepentidas sino cargados de botellas de amor. Un espectáculo de grotesca ficción, que ninguno de los novelistas de temas apocalípticos hubiera jamás imaginado. 


Nota bene: ¿Por qué Mons. Marcelo Colombo y el p. Horacio Day hacen lo que hacen? Ninguno de los dos es estúpido; más bien al contrario. Ambos son formados e inteligentes. Según la maledicencia del venerable clero mendocino, hacen lo que hacen porque Mons. Colombo quiere ser el próximo arzobispo de Buenos Aires, y el p. Day quiere ser obispo de donde sea. Se non è vero…

miércoles, 7 de septiembre de 2022

Y los conservadores se marcharon entristecidos

 




El lunes de la semana pasada me preguntaba acerca del motivo por el cual muchos católicos son incapaces de ver lo evidente. Y esa pregunta suscita el recuerdo del episodio evangélico narrado por San Marcos (10, 17-27). Se trata del encuentro del Señor con el joven rico, el cual “se marchó triste” de su presencia. 

El joven rico tenía un buen corazón y sinceros deseos de acercarse a Dios, y hacía obras buenas que nadie podía negar. Sin embargo, frente a la posibilidad de hacer algo concreto y aún más radical para seguir a Jesús, se marcha entristecido, pues decide que ese nuevo paso es ya demasiado. No deja de ser un hombre bueno, no abjura de sus buenas obras ni de sus intenciones de vivir de acuerdo a la ley de Dios; simplemente no hace nada; se entristece, y se marcha.

Yo conozco, y seguramente será el caso de la mayor parte de los lectores del blog, a muchos buenos sacerdotes y muchos buenos laicos a los que podría denominar “conservadores”. Sus buenas obras están a la vista de todos; su caridad y su servicio hacia los enfermos y los pobres está fuera de duda y su voluntad de servir en fidelidad a Jesús es innegable. Además, son conscientes de la gravedad de la situación en que se encuentra la Iglesia, ven el estado de postración a la que la ha llevado el papa Francisco y no niegan que la debacle comenzó con el Concilio. Buscan celebrar o asistir a misas celebradas con decoro y al modo católico, se horrorizan de los desastres desatados y avalados por la reforma litúrgica e incluso aceptan la superioridad de la misa tradicional por sobre la reformada. Pero ahí se quedan. Como el joven rico, se entristecen y se marchan.

Es una conducta curiosa. La inteligencia ve la situación y asiente a las premisas pero no llegan a la conclusión. Juzgan y elaboran con esos juicios un razonamiento correcto, pero no concluyen. Pero, ¿es posible abstenerse de concluir teniendo la evidencia de los juicios? No soy un especialista en lógica, pero estimo que, en todo caso, lo que es posible es callar la conclusión. Y el único modo de hacer esto es acallando con un acto de la voluntad la evidencia de las premisas. Voluntarismo puro o estupidez insuperable, los únicos modos de seguir repitiendo dócilmente los mismos fonemas que el conservadurismo católico repite desde hace más de cincuenta años y que los acontecimientos no se han cansado de falsear pontificado tras pontificado. 

Como bien se dice, los conservadores no son más que progresistas con tránsito lento. Es  cuestión de tiempo. Tarde o temprano terminarán aceptando las novedades; todo sea, dirán, por conservar la paz, o por no perder los privilegios. Y tampoco es cuestión de radicalizarse. Lo importante es evitar el conflicto y mantenerse en la sancta (sed non aurea) mediocritas

Martin Mosebach lo dice mucho mejor que yo:

Conozco a muchos católicos verdaderamente piadosos que sufren bajo la actual decadencia de la doctrina y la liturgia y llenan mis oídos de lamentos por los últimos excesos en las comuniones de niños y Misas de Navidad. Pero mi pregunta siempre es: “¿pero por qué sigues yendo allí”? En muchos lugares hay alternativas - una capilla de la FSSPX o de la FSSP o incluso la misa antigua celebrada por los sacerdotes diocesanos - después de todo es un deber apoyarlos. Y vuelvo a experimentar siempre lo que Nuestro Señor encontró en el joven rico: “se fue triste”. Entre los conservadores alemanes hay un letargo espiritual que todavía logra expresar ira, pero de esta ira no se sacan consecuencias. El compromiso con la Misa antigua les resulta algo extraño, se aleja demasiado de la corriente principal. En el Club Rotario, en la Orden de Malta, en los círculos de compañeros de trabajo en las redacciones, se mira con desconfianza: ¿será este un discurso radical? Y, después de todo, la religión no es nada tan importante como para arriesgarse por ella...

lunes, 5 de septiembre de 2022

El cardenal Müller desenmascara al Papa Francisco





 Ya no lo decimos solamente nosotros desde este blog. Lo dice el cardenal Müller:


El cardenal Gerhard Müller, ex titular de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), tuvo la amabilidad de facilitar a LifeSite una copia de sus reflexiones sobre la reforma de la Curia que se está aplicando mediante el documento papal Praedicate Evangelium, firmado por el papa Francisco el 19 de marzo. Müller tenía la intención de presentar su declaración al Consistorio de cardenales que se reunió a finales de agosto en Roma, pero debido al limitado tiempo asignado para hablar en la reunión, no pudo entregarla.


En su declaración, el cardenal alemán, que fue destituido por el Papa Francisco de forma repentina en junio de 2017, deja claro que ve una tendencia preocupante que se está produciendo actualmente en la Iglesia. Se opone al fuerte papalismo que socava la autoridad de la enseñanza sacramental de cada obispo individual, y también al debilitamiento del oficio y la autoridad de los ministros ordenados al delegar en los laicos los puestos de liderazgo en la Curia Romana y en las diócesis.


"No es un progreso en la eclesiología", escribió, "sino una flagrante contradicción con sus principios fundamentales, si toda la jurisdicción en la Iglesia se deduce de la primacía jurisdiccional del Papa. También la gran verborrea del ministerio, la sinodalidad y la subsidiariedad no puede ocultar la regresión a una concepción teocrática del papado."


El prelado alemán insistió en que la autoridad del Papa se basa en que Cristo mismo le ha dado la autoridad, y nadie más. "Pedro actúa con la autoridad de Cristo como su Vicario. Su autoridad para atar y desatar no es una participación en la Omnipotencia de Dios", insistió Müller. Continúa diciendo que "la autoridad apostólica del Papa y de los obispos no es de derecho propio, sino sólo un poder espiritual conferido para servir a la salvación de las almas mediante el anuncio del Evangelio, la mediación sacramental de la gracia y la dirección pastoral del Pueblo de Dios peregrino hacia la meta de la vida eterna."


Es decir, la autoridad del Papa está vinculada y limitada por su deber de conducir a las almas a la salvación del modo en que Cristo mismo lo ha ordenado. No es independiente del mandato de Cristo.


Por lo tanto, "una Iglesia totalmente obsesionada con el Papa ha sido y es siempre la caricatura de la 'enseñanza católica sobre la institución, la perpetuidad, el significado y la razón del sagrado primado del Romano Pontífice'", explicó el cardenal.


Basándose en el principio relativo a los límites de la autoridad del Papa, el cardenal Müller deja claro que el Papa no puede cambiar el orden jerárquico y sacramental de la Iglesia nombrando a laicos como jefes de una diócesis o de una curia. "El Papa tampoco puede conferir a ningún laico de forma extrasacramental -es decir, en un acto formal y legal- el poder de jurisdicción en una diócesis o en la curia romana, para que los obispos o sacerdotes actúen en su nombre", escribió el prelado.


La publicación de esta declaración del cardenal Müller es la segunda intervención de un cardenal que no pudo pronunciarse en el reciente Consistorio. El cardenal alemán Walter Brandmüller, historiador de la Iglesia, tampoco pudo pronunciar sus palabras, por lo que Sandro Magister las publicó en su blog. En esta intervención, el cardenal Brandmüller lamentó que bajo el pontificado del papa Francisco la libre discusión de los cardenales con el Papa haya dejado esencialmente de existir. "En la antigüedad esta función de los cardenales encontraba una expresión simbólica y ceremonial en el rito de la 'aperitio oris', de abrir la boca", escribió el cardenal, que significa "el deber de expresar con franqueza la propia convicción, el propio consejo, especialmente en el consistorio." Luego añadió que esta necesaria franqueza "está siendo sustituida por un extraño silencio".


Por ello, el prelado alemán consideró que los consistorios bajo el Papa Francisco son poco eficaces y útiles. "Se distribuyen formularios para solicitar un tiempo de intervención, seguido de comentarios obviamente espontáneos sobre cualquier tipo de tema, y eso es todo", describió los consistorios pasados. "Nunca ha habido un debate, un intercambio de argumentos sobre un tema concreto. Obviamente, un procedimiento completamente inútil".


El último Consistorio en el que los cardenales de la Iglesia católica aún pudieron hablar libremente fue el de 2014, en el que el papa Francisco invitó al cardenal Walter Kasper a presentar su propuesta sobre la admisión de los divorciados vueltos a casar a la Sagrada Comunión. Como informó entonces el vaticanista italiano Marco Tosatti, un gran número de cardenales se opuso a la iniciativa del Papa Francisco. Desde entonces, el pontífice argentino no volvió a permitir que se surgiera una discusión libre durante un Consistorio. Estos dos cardenales alemanes son dignos de elogio por asegurarse de que esa discusión parcial pueda tener lugar en público ahora.


miércoles, 31 de agosto de 2022

Shia LaBeouf encuentra la perla de gran precio

 



por John A. Monaco

Hasta el momento la mayoría de los católicos conectados a internet han tenido noticias del actor Shia LaBeouf y su itinerario hacia el catolicismo, que provino de su preparación para filmar Padre Pio (2022) en su papel protagónico. El rincón católico de internet se inflamó con un discurso apasionado acerca de su entrevista con el Obispo Robert Barron, en la que LaBeouf menciona por qué la Misa Latina Tradicional lo afecta profundamente.

Los adeptos a la Misa Latina se alegraron de que LaBeouf dijera verdades de a puño, mientras él, en lenguaje sorprendentemente técnico aunque no pulido, describía lo que la mayoría de nosotros hemos estado tratando de transmitir a los jerarcas de la Iglesia durante años – la Misa Latina Tradicional es una perla de gran precio, y debiera ser conocida, amada y abrazada por la Iglesia. Por supuesto, esta entrevista –y en particular su analogía del Novus Ordo como si con él se estuviera tratando de venderle un auto- activó un incendio en la blogósfera católica, con los habituales sospechosos reprendiendo a LaBeouf por su “caricatura desdeñosa” del usus recentior  y aquellos en los más altos niveles de la Iglesia expresando desconcierto en torno a sus comentarios.

¿Qué es lo que subyace detrás de la atracción de LaBeouf por la Misa Latina Tradicional? Ciertamente, él ha sido tan ajeno como cualquiera, en tanto una celebridad agnóstica, completamente sumergida en su propia fama, sus escándalos, y vida desordenada. Así, desde el comienzo, podemos advertir que su aprecio por el Rito Romano Tradicional no está enraizado en un debate ideologizado por una interna eclesiástica. Su llegada a la Misa Latina fue, en parte, una exigencia de su personificación del Padre Pío.

En cambio, pareciera que se topó con el usus antiquor, una interrupción en su rutina diaria que le exigió detener sus pasos, pausar y reflexionar acerca de cosas más elevadas. Uno asumiría que, a pesar de su crianza no católica, LaBeouf habrá sido testigo -o al menos tendría una vaga familiaridad- con la Misa Católica, aunque más no sea por haber asistido a algún casamiento o funeral de sus amigos. Vale la pena preguntarse por qué un hombre tan hondamente impregnado en el estilo de vida secular de Hollywood podría encontrar atractiva la Misa Latina. Después de todo, ¿no reclamaban acaso los reformistas que la Misa Latina necesitaba ser desmantelada para que la Iglesia llegase al “hombre moderno”?

Pues bien, el hombre moderno ha hablado. Libre de los compromisos intelectuales y profesionales exigidos por los “expertos” liturgistas, LaBeouf puede hablar como un simple observador, uno que no siente la necesidad de mostrar lealtad al partido. Ha reconocido sus pecados pasados, su quiebre, y su necesidad de arrepentimiento. Y sin embargo, en la oscuridad, fue capaz de atestiguar la luz; en su fealdad, fue capaz de reconocer la belleza.

Aquí la analogía con el vendedor de autos de LaBeouf se vuelve importante. “(La) Misa Latina me afecta profundamente”, le dice al Obispo Barron. Cuando Barron le pregunta por qué, LaBeouf responde, “porque no se siente como si me estuvieran queriendo vender un auto…Cuando alguien me quiere vender algo, mata mi capacidad para ello, y la suspensión de mi incredulidad, y mi anhelo de arraigarme en ello. Hay una inmediata rebelión en mi”.

No importa cuántas veces el experto vendedor de autos intente encajar su producto, el hombre moderno instintivamente se retrae. Lo forzado de las explicaciones repetidas de por qué es necesario poco hacen para regar el jardín del alma. La verdad, la bondad y la belleza hablan por sí mismas y no necesitan largos razonamientos y mucho menos campos de re-educación.

En otra parte del reportaje, LaBeouf menciona momentos importantes en su giro hacia el catolicismo, incluyendo el haber sido recibido por los frailes capuchinos mientras se preparaba para meterse en el papel del Padre Pio, leyendo el Evangelio de San Mateo, rezando el Rosario, siendo catequizado por sacerdotes y monjas, asistiendo a Misa, rezando en silencio delante del Santísimo Sacramento, e incluso, compartiendo comidas con ellos. A su favor, Barron es un excelente entrevistador, haciendo preguntas precisas y dando a LaBeouf todo el tiempo para que expusiera sus nuevas experiencias.

LaBeouf menciona incluso haber leído acerca de la vida del hermano Capuchino Jim Townsend, quien de joven vivió una vida de crimen, llegando a matar a su propia esposa, embarazada de su hijo por nacer. Mientras estuvo en prisión, Townsend conoció a un sacerdote católico que lo alentó a confesarse. Townsend se hizo luego terciario franciscano, antes de unirse a los capuchinos luego de su liberación de la cárcel. LaBeouf nombra a Townsend varias veces durante la entrevista, y ve claramente el mensaje de misericordia y arrepentimiento ofrecido por el catolicismo.

Vale la pena notar que la atracción de LaBeouf al catolicismo vino de su inmersión en la vida de la Iglesia. Ningún programa pastoral, ninguna iniciativa de la Conferencia Episcopal, ninguna monografía académica le “vendió” la Fe. Entró no sólo en la “materia” de la Iglesia (convirtiéndose en miembro del Cuerpo de Cristo) sino también en su “forma” (comunidad, devociones tradicionales, catequesis ortodoxa). La Liturgia habla por si misma y forma la personalidad de quien a ella se adhiere por virtud de su propia esencia, no puede ser entendida adecuadamente si se la separa de su forma encarnada. Según LaBeouf, luego de asistir a la Misa Tradicional en Oakland, California, sintió como si alguien le estuviese permitiendo penetrar un “profundo secreto”. En una época en que el Vaticano exige que las Misas Latinas no se publiquen en el boletín parroquial, la Misa Latina es, ciertamente, un secreto. Al igual que el Santo al que está representando en el cine, LaBeouf conocerá la realidad de que, incluso cuando uno posea la verdad -tal como los milagrosos estigmas del Padre Pío- la jerarquía eclesiástica no cesará de negarlo y suprimirlo. Incluso enfrentados a una belleza innegable, los superiores eclesiásticos pueden todavía sufrir de envidia.

Pareciera que LaBeouf encontró la perla de gran precio, aquella que, una vez hallada, lo inspira a uno a vender todo lo que posee para comprarla (Mateo 13:45-46). Mientras que Barron tuvo una recepción educada de sus comentarios, podemos imaginar el modo en que el amor de LaBeouf por el catolicismo tradicional habría sido recibido por prelados menos favorables, algunos de los cuales comparan el amor por la Misa Latina Tradicional con un giro al Protestantismo.

Verdaderamente, este famoso actor se parece a los niños que proclamaban “Hosanna!” a Nuestro Señor cuando él entraba al Templo de Jerusalén, y los liturgistas institucionales parecen aquellos rígidos Sumos Sacerdotes. Cuando le preguntaron a Jesús si Él oía lo que decían esos niños, Nuestro Señor les contestó afirmativamente, citando el Salmo 8:2: “De la boca de los pequeñitos y de los lactantes, me prepararé alabanza” (Mateo 21:12-16). Pareciera que el Padre Pío ha adoptado a Shia LaBeouf como su hijo espiritual, guiándolo para hacer del resto de su vida un acto de oblación, reparación y alabanza del Señor.

Por supuesto, los Católicos no deberían exagerar la entrevista de LaBeouf con Mons. Barron, como si el fuera ahora nuestro representante icónico. La conversión de LaBeouf demostrará su sinceridad sólo con el tiempo, y no hay necesidad de ponerlo en un privilegiado sitial de honor, lo que puede ser peligroso para los nuevos conversos. Pero dicho esto, no hay nada malo en sentir alegría y entusiasmo por que un pecador público y antiguo integrante de la elite de Hollywood haya expresado su deseo de hacerse Católico. Es una reacción natural y esperable. Pero ahora que la perla ha sido hallada, vale la pena preguntarse, ¿Qué sigue?

Más aún, si la jerarquía eclesiástica es verdaderamente sincera en su deseo de una “Iglesia en escucha”, una Iglesia del “acompañamiento”, del “caminar juntos” y de “leer los signos de los tiempos”, ¿cómo pueden permitirse ignorar al pecador arrepentido que está dispuesto a venderlo todo por la Misa que ama?


Traducción: Beltrán María Fos

Fuente: Crisis Magazine

sábado, 27 de agosto de 2022

No ver lo evidente

 


La Iglesia ha pasado por situaciones difíciles varias veces en su historia, y como tal eran percibidas por muchos católicos de esas épocas. Para no irnos tan lejos en los tiempos, traigo a colación un párrafo que escribía Joris-Karl Huysmans a fines del siglo XIX: “La buena nueva debe realizarse, ha dicho San Mateo, cuando ‘en el lugar santo se compruebe que llegó al colmo la abominación’. ¡Y ya ha llegado! Observen ese papa miedoso y escéptico, franco y retorcido [se refiere a León XIII], ese episcopado de simoníacos y de cobardes, ese clero jovial y muelle. Observen hasta qué punto están roídos por el satanismo, y díganme si puede caer más bajo la Iglesia” (La bas, c. XX). Han pasado casi ciento cincuenta años desde que fueron escritas esas líneas ¡y vaya si la Iglesia no ha caído más bajo! Hasta el mismo Huysmans se escandalizaría, y eso que no era hombre fácil de escandalizar.

Y reflexionando sobre esta cuestión, surge un punto interesante para analizar en la situación que nos toca vivir: ¿por qué son tan pocos los que ven lo evidente? ¿Por qué son tantos los que no ven la profundidad de la crisis y colaboran, con mayor o menor empeño, en continuar cavando el hoyo? No se trata de entrar en argumentos autocomplacientes que hacen referencia a los “pocos elegidos” o al “pequeño rebaño”. Dios sabrá quiénes y cuántos serán; no es tarea nuestra escudriñar esos misterios. Veamos más bien cómo es posible que obispos y sacerdotes que conservan la fe pueden aún seguir embarcados en la deriva demencial en la que hoy se encuentra la Iglesia.

Una primera respuesta creo que tiene que ver con algo que hemos hablado en varias ocasiones en este blog: la abdicación del pensamiento. “Ojos que no ven, corazón que no siente”, dice el dicho popular, y en este caso podríamos agregar: “y posición que no se pierde”. Porque lo cierto es que muchos conocemos a un buen número de sacerdotes que por alertar sobre lo que ven, y consecuentemente, juzgar, son perseguidos por sus obispos y terminan privados de cualquier carga pastoral, inducidos a abandonar el ministerio y arrojados a la pobreza. Obispos con estas valentías son poquísimos, y todos arrinconados y lógicamente temerosos de recibir las misericordias pontificias. 

La opción de no ver, entonces, parecería que no es más que la manifestación de una  cobardía más o menos inconsciente. Pero no siempre es así. Creo yo que la inmensa mayoría no ve simplemente porque no está capacitado para ver. Tienen el ojo enfermo, y quien tiene el órgano de la vista enfermo, o no ve, o ve mal. Pero, ¿cuál es la enfermedad que puede afectar de tal modo la vista de la mayor parte de los católicos?

Probablemente no sea la única, pero ciertamente la más relevante creo que es la ideología del progreso, que ha calado hasta el último rincón de los huesos del hombre contemporáneo. Que todo debe progresar y que, necesariamente, el fruto de ese progreso, que es lo nuevo, es mejor que lo viejo, es una verdad indiscutible y campea en todos los ámbitos, desde la política a la educación, y desde la literatura hasta la música. Pareciera, entonces, que ese criterio también debe adoptarse en la teología y, en última instancia, en la fe. Desde el nacimiento de ese movimiento informe al que se llamó modernismo a fines del siglo XIX hasta nuestros días, fueron muchos los que buscaron atar a la Iglesia a esta dinámica. Y fueron exitosos.

En las verdades de la fe católica hay ciertamente un desarrollo. En el cenáculo de Jerusalén o en la casa de Priscila en Atenas, los apóstoles no discutían sobre las hipóstasis trinitarias, sobre las dos naturalezas de Cristo o sobre la concepción inmaculada de María. Todas estas son verdades que fueron floreciendo con el tiempo, desarrollándose en el seno de la Iglesia, merced a la dynamis o potencia del Espíritu Santo. Y fueron los concilios ecuménicos y, en los últimos tiempos, las definiciones dogmáticas las que las esclarecieron, más allá de que ya se encontraban in nuce en las primeras enseñanzas apostólicas. Es esto a lo que Newman llama el “desarrollo armónico de la doctrina cristiana”.

A partir del Vaticano II y del espíritu posterior que lo interpretó, la Iglesia se ató no ya a un desarrollo de la doctrina, sino a un progreso de la doctrina, cuya dynamis la proporciona no el Espíritu Santo, sino el espíritu del mundo. Y si alguien piensa que exagero, es cuestión de ver los intereses de los teólogos de más relumbrón que parlotean en el universo bergogliano: el sacerdocio a las mujeres y el cambio de la moral sexual en relación al matrimonio —lo cual ya se logró— y a la homosexualidad. Si la Iglesia cambiara su doctrina en estos asuntos, ¿podríamos hablar acaso de “desarrollo”? ¿Surgirían estas novedades movidas por el Espíritu de Dios? ¿Se encuentran escondidas en el Depósito de la fe? Evidentemente, no es el caso. Por eso mismo, la potencia o dynamis que impulsa estos cambios es la ideología del progreso que impuso el feminismo y el homosexualismo en el mundo y la Iglesia, atada a esa ideología, que es el nuevo espíritu que la mueve, corre a adaptarse a él. Aquí no hay desarrollo armónico; hay progreso suicida. 

Volviendo a la pregunta inicial, creo que la gran mayoría de católicos son incapaces de ver el abismo al que nos están conduciendo nuestros pastores desde hace varias décadas, aun cuando el deterioro sea evidente, sencillamente porque la ideología del progreso inevitable y superador los ha atrapado, como atrapó a toda la cultura occidental. Y todos aquellos que se resisten a dejarse a atrapar por ella, son calificados de reaccionarios, o tradicionalistas, o fundamentalistas. Con eso es suficiente para confutarlos, silenciarlos e invisibilizarlos. No existen; son un puñado de locos. 

La iglesia se ató al carro triunfal del espíritu del mundo. Y creo que el único Alejandro capaz de desatar ese nudo es Dios. Habrá que ver si utiliza el mismo método drástico que utilizó el Macedonio en Gordias.

miércoles, 24 de agosto de 2022

Conversos por la liturgia


 


Las historias de conversiones han sido siempre una parte importante de la literatura católica, y esto desde los primeros siglos de la fe. El “camino de Damasco” de San Pablo es relatado por San Lucas en los Hechos de los Apóstoles, San Atanasio relata la conversión de San Antonio y San Agustín relata su propia conversión en las Confesiones, uno de los libros más importantes no solamente de la literatura cristiana sino también de toda la literatura occidental.

Y aunque no todos los conversos tengan la pluma del Hiponense ni todas las conversiones puedan ser relatadas con el detalle y calidez con que él lo hizo, todos ellos tienen una historia para compartir: la historia de un corazón al que Dios se le revela y que ellos, humildemente, aceptan cambiar —convertirlo— y dejar entrar a Jesús en sus vidas. Y así transformarse poco a poco, con los defectos y las dificultades que asolan a todos los hijos de Eva, en otros Cristos.

Este libro recopila el relato de la conversión de ocho personas muy diversas. Algunos vienen del protestantismo, otros del judaísmo y otros del ateísmo; algunos son europeos y otros americanos; algunos artistas y otros hombres de negocios. Sin embargo, hay un factor que los une: en todos los casos, la liturgia significó el elemento decisivo o indispensable para descubrir la verdad de la fe. Junto a los relatos conocidos de Paul Claudel y de André Frossard, se incluyen aquellos más breves y discretos de Einar Berrum o de John Moody.

Lo importante, sin embargo, es descubrir el poder de curación del corazón —es decir, de conversión—, que posee la liturgia. Claudel se convierte durante el canto de vísperas, sentarse al fondo del Sacré-Coeur mientras estaba expuesto Santísimo Sacramento movió el corazón de Jacob y Berrum descubrió la verdad al asistir a una misa católica mientras era un encumbrado masón. Dios, que se hace presente en medio de su pueblo a través de la acción litúrgica, es capaz, con la belleza que acompaña su Presencia, de lograr aquello que el discurso de los eruditos o que los libros de los teólogos no siempre pueden: mover el corazón del hombre.

Disponible en Amazon en formato Kindle y soporte papel.


lunes, 22 de agosto de 2022

La mano del Cardenal Ouellet

 


La última semana se conoció la noticia que, entre 2008 y 2010, el cardenal Marc Ouellet, entonces arzobispo de Quebec y primado de Canadá, habría tenido comportamientos inapropiados. Parece que su mano, mientras cumplía con su deber pastoral de dar consuelo al afligido, cometió algunas travesuras en la topografía de una joven mujer. Cosas que pasan.

El papa Francisco, poco días después, descartó iniciar una investigación al respecto pues no habían, a su juicio, suficientes pruebas. Una oportunidad perdida para el padre Javier Belda Iniesta, detective de cabecera de Bergoglio, especializado en delitos de índole sexual. Fue abogado defensor del obispo condenado por abuso sexual de sus seminaristas Gustavo Zanchetta, y, posteriormente, investigador de las víctimas depredadas por el obispo (que dieron hace pocos días una entrevista). Curiosamente, hace pocos días se supo que don Javier había sido echado hace pocos años de su cargo de decano de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Católica de Murcia (España) por fraguar su curriculum vitae en el que se adjudicaba falsamente títulos de grado universitario en filosofía, teología y filología. Un nuevo ejemplo del acierto del Sumo Pontífice en elegir a sus amigos y gente de confianza.

Vale la pena releer, mientras asistimos a la comedia de la manipulaciones de Ouellet, un artículo publicado en el mes de mayo por el p. Claude Barthe que retrata muy bien quién es el purpurado, digno representante del conservadurismo inservible.




El centro fofo. Las redes del cardenal Ouellet


por el abbé Claude Barthe

Las fuerzas del “progreso” católico siempre han tenido una capacidad asombrosa para suscitar, en el seno de las fuerzas de la “reacción” que se les oponen, el desarrollo de medios intermedios, centristas, que hacen todo lo posible por suavizar y esterilizar el peligro de esta reacción, contrarrestándola en nombre de la moderación, la responsabilidad y la transacción con vistas a la eficacia.

De hecho, este fenómeno del centro blando forma parte de la psicología catoliberal, caracterizada por la mala conciencia respecto al progresismo: los catocentristas siempre quieren distanciarse de los “fundamentalistas”, cuyos “excesos” excusan e incluso explican, según ellos, los excesos de los progresistas; y, por otro lado, hacen suyo el pensamiento de estos últimos, creyendo que poniéndose de su lado podrán influir en ellos.


El cónclave de 2013, o el suicidio de los ratzingerianos

El cardenal Marc Ouellet, quebequense de 77 años de la Compañía de San Sulpicio, ex arzobispo de Quebec y primado de Canadá, fue llamado a Roma en 2010 para los cargos de prefecto de la Congregación para los Obispos y presidente de la Comisión para América Latina (Marc Ouellet había enseñado como sulpiciano en un seminario colombiano), ya que Benedicto XVI siempre había hecho de la lucha contra la teología de la liberación una prioridad. Los vínculos del nuevo prefecto con el cardenal Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, cuya carrera se había visto impulsada por su reputación de perseguidor del padre Arrupe, el muy progresista superior general de la Compañía de Jesús, se reforzaron.

Marc Ouellet, valiente defensor de la vida en un Canadá que se secularizaba enormemente, y que había pronunciado numerosos discursos sobre la reconstrucción de la catequesis y el respeto de las tradiciones, se consideraba un ratzingeriano puro.

A Marc Ouellet le costó mucho soportar a Angelo Scola, sucesor de Benedicto XVI, que había ocupado sucesivamente las dos sedes más prestigiosas de Italia, Venecia y Milán, y que era sobre todo la cabeza moral del movimiento demócrata-cristiano de tendencia identitaria, Comunione e Liberazione, fundado por Don Luigi Giussani. Durante el cónclave de 2013, el cardenal Ouellet creyó encarnar una continuidad blanda, por no decir fofa, de Ratzinger contra el arzobispo de Milán. No hay pruebas de que Scola hubiera encarnado una continuidad más “dura”, aunque el Papa Scola —Benedicto XVII, se predijo— hubiera llevado a cabo una verdadera reforma de racionalización y modernización de la maquinaria curial para dotarla de mayor eficacia.

De hecho, las maniobras orquestadas durante las Congregaciones Generales a favor de Jorge Bergoglio resultaron muy exitosas para quienes querían pasar la página de Ratzinger. Después del cónclave que eligió al cardenal Bergoglio, hubo rumores sobre el escenario que se produjo allí. Los ratzingerianos se habrían demolido a sí mismos con el duelo Scola/Ouellet: Scola habría tenido sólo 33 votos en la primera vuelta, seguido de Ouellet, cuyos votos fueron invitados a ir a Jorge Bergoglio y no a Angelo Scola. De hecho, el cardenal Ouellet —un rumor confirmado por algunas declaraciones sibilinas de su parte— creyó que sería nombrado prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Esta promesa no se cumplió: sin caer nunca en desgracia, el cardenal Ouellet siempre ha sido una figura secundaria en el pontificado bergogliano, incluso para los nombramientos episcopales importantes en los que el secretario de la Congregación, monseñor Ilson de Jesús Montanari, tiene ciertamente un peso más considerable. Aunque es cierto que los nombramientos del cardenal, desde que está al frente de la Congregación, han sido siempre del tipo: “sobre todo, sin ruido, sobre todo, sin olas”.


El balthasariano

Si Marc Ouellet fue descrito alguna vez como un teólogo favorable a una hermenéutica de la “reforma en la continuidad” y no de “ruptura”, siempre ha sido todo lo contrario de un tomista: es un discípulo entusiasta de Hans Urs Von Balthasar, de quien el obispo de Friburgo-Ginebra dijo en broma: “Puede que fuera cristiano, pero ciertamente no era católico”. Está, pues, muy cerca de los prelados balthasarianos franceses, entre los que destaca el cardenal Philippe Barbarin que, cuando era párroco de Boissy-Saint-Léger, dirigió un activo y discreto laboratorio de ideas teológico-reformadoras. Del mismo perfil, conservador ma non troppo, es Pascal Roland, que sucedió a su amigo Philippe Barbarin en la sede de Moulins, y luego fue trasladado a la sede de Bellay-Ars, para suceder a Mons. Guy Bagnard, fundador de un seminario y de una sociedad de estricto clergyman. Y Georges Colomb, antiguo superior general de las Misiones Extranjeras de París, que reactivó el seminario MEP antes de ser obispo de La Rochelle. Y también, una generación más joven, Dom Jean-Charles Nault, abad benedictino de Saint-Wandrille, la más “clásica” de las abadías de rito nuevo de la Congregación de Solesmes, donde el cardenal Ouellet se encuentra como en casa, y que ahora alberga el círculo teológico de Barbarin que venera a Hans Urs von Balthasar.

En 2012, antes de Amoris Letitia, bajo el mandato de Benedicto XVI, el cardenal Ouellet, en un libro de entrevistas que coincidía ampliamente con las reflexiones del grupo Barbarin, había abierto significativamente el camino a la búsqueda de un compromiso en la cuestión de la recepción sacramental de los divorciados “vueltos a casar”: “Las personas pueden recuperar el estado de gracia ante Dios, incluso en el caso de una limitación objetiva de un matrimonio que fue un fracaso, cuando se forma una nueva unión que puede ser la correcta, pero para la que no es posible establecer que el primer matrimonio es nulo”.

La influencia, en cierto modo secundaria, del prefecto de la Congregación para los Obispos, se ha manifestado en tres casos recientes.

Una, de la que no podemos sino alegrarnos, es el nombramiento, el pasado 9 de marzo, de monseñor Jean-Philippe Nault, hermano del abad de Saint-Wandrille, para el obispado de Niza, una persona muy buena, de mentalidad clásica, que ha sabido dirigir una cierta recuperación de las vocaciones en Digne, de la que era antes obispo.

Por otro lado, sus intervenciones durante las reuniones interdicasteriales en las que se discutió lo que se convirtió en el motu proprio Traditionis custodes fueron sorprendentemente hostiles a la liturgia tradicional.

Y luego está su intervención en la crisis de una congregación tradicional de religiosas educadoras, las Hermanas Dominicas del Espíritu Santo, cuya casa madre está en Pontcallec, en la diócesis de Vannes, en Bretaña. Sin entrar en los detalles de un complejo asunto, el cardenal Ouellet, emparentado con una de las monjas de la comunidad, la madre Marie de l'Assomption d'Arvieu, fue nombrado por el papa Francisco visitador canónico, asistido por Dom Jean-Charles Nault, y la Madre Emmanuelle Desjobert, abadesa cisterciense de Sainte-Marie de Boulaur, convento de la misma temperatura que Saint-Wandrille (liturgia Pablo VI en latín, y no la tradicional como en Pontcallec). La visita canónica arrasó con los resultados de una visita canónica anterior realizada bajo el mandato del Papa Benedicto XVI, y juzgada por Marc Ouellet como demasiado favorable a la parte más tradicional de la comunidad: concretamente, el cardenal, de forma bastante violenta, expulsó definitivamente a la madre Marie-Ferréol del estado religioso, empujó a otras a marcharse, silenció a sus compañeras de la misma tendencia, e hizo nombrar como asistente de la congregación al P. Henry Donneaud, dominico de la provincia de Toulouse, que, con la Madre d'Arvieu, es miembro del comité de redacción de la Revue thomiste.

Hay que añadir que la madre d'Arvieu, profesora de filosofía, ha publicado su tesis doctoral sobre Naturaleza y Gracia en Santo Tomás de Aquino. El hombre capaz de Dios, con un prefacio del cardenal Ouellet, que se propone rehabilitar las tesis de Henri de Lubac, contra la tendencia a retomar, sobre la relación entre la naturaleza y la gracia, la posición del comentarista mayor de Santo Tomás, Cayetano, considerada por la Madre Marie de l'Assomption como estructurante del pensamiento tradicionalista.


Un conservadurismo termostático

En noviembre de 2020, el cardenal Ouellet fundó el Centro de Investigación de Antropología y Vocaciones, con, entre otros, la Madre d'Arvieu y el padre Vincent Siret, sacerdote de la Sociedad Jean-Marie Vianney y rector del Seminario Pontificio Francés de Roma. El 17 de febrero de 2022 organizó un simposio en el Salón de Audiencias del Vaticano sobre el tema de las vocaciones sacerdotales (“Por una teología fundamental del sacerdocio”), que, según los burlones, pretendía sobre todo fomentar las vocaciones episcopales entre los miembros de la Sociedad Jean-Marie Vianney. El simposio fue inaugurado por un largo discurso del Papa Francisco, en el que dijo, sin más: “El celibato es un don que la Iglesia latina conserva”.

Decíamos al comienzo que el cardenal Ouellet es un partidario de una hermenéutica “de la reforma en la continuidad”, lo que puede extenderse a todas sus redes. De reforma ciertamente, pero sin exagerar en la continuidad... Es decir, haciendo sistemáticamente el papel de apagafuegos con respecto a todo y a todos los que pudieran impulsar un cuestionamiento serio de la primavera conciliar. Están preparados para la crítica del progresismo (tomamos prestada sin pudor la parábola del difunto teólogo ultraprogresista español José María González Ruiz) como los calefactores que se programan de antemano para que su temperatura no supere un determinado límite. Así, pueden dar la ilusión de una voluntad decidida de involución. Pero pronto se oye el “clic” del termostato, que indica que han llegado al final del programa conservador y no lo superarán.


Fuente: Res novae