miércoles, 14 de enero de 2015

¡Es Superman!



¡Es Ghandi! No
¡Es un santón! No
¡Es un braham! No
¡Es un paria! Humm, creo que sí
¡Es el Papa Francisco!



Próximamente en santerías


lunes, 12 de enero de 2015

Suicidas



Hace pocos meses comentamos en esta bitácora las sensaciones y percepciones que tuvieron muchos fieles católicos el fatídico 13 de marzo de 2013 cuando vimos aparacer en la loggia vaticana al cardenal Bergoglio vestido de blanco. Muchos, de un modo u otro, coincidimos en una percepción interna que indicaba el inicio de, si no un cataclismo, al menos de una nueva, y catastrófica, etapa en la historia de la Iglesia. Se trataba de una suerte de intuición de la que era imposible dudar y que producía una certeza que difícilmente podía ser rebatida con argumentos racionales.
Algo similar me ha ocurrido en estos últimos días, culminando ayer domingo, con la procesión laica de los reyes de los gentiles proclamando “Je suis Charlie”. Me parece que es un acontencimiento bisagra, no tanto porque a partir de ahora vengan cosas nuevas, sino porque cayeron las últimas máscaras y las últimas y tenues esperanzas que se podían esperar de una regeneración de Europa y con ella, de la civilización occidental.
¿Qué significa la expresión “Je suis Charlie”? Significa “Yo soy la blasfemia”; “Yo soy la modernidad”; “Yo soy la Revolución” y, en última instancia, “Yo soy lo anticristiano”. Es la asunción irrestricta de los ideales de la Revolución anticristiana ante la cual Occidente ha decidio entregar todo, incluso su propia existencia. Como bien dice de Prada en su último artículo, es el suicidio. Europa, en nombre de la ideología de la Revolución, ha preferido negar la evidencia y elegir su propio exterminio. Para los medios de la progresía –es decir, para todos los medios-, el peligro después de la masacre de los periodistas blasfemos, es una ola de descriminación a los musulmanes. El mundo occidental elige no ver que el peligro es, justamente, el Islam.
Niegan la evidencia inmediata que se yergue antes sus ojos y niegan también la evidencia histórica. Recordemos que Asia Menor y Medio Oriente fue, durante siglos, una floreciente civilización cristiana, que dio a personajes como los Padres Capadocios o San Juan de Damasco, y fue el Islam que, en el curso de pocas décadas, la hizo desaparecer. Y lo mismo ocurrió con Egipto, cuya sede de Alejandría rivalizaba en cultura y prestigio con Bizancio y aventajaba largamente a la sede romana. Desapareció, y con ella desparecieron los cristianos coptos, engullidos por los hijos del Profeta.
La marejada de anoche -los nuevos gentiles recorriendo en silencio las calles parisinas-, son la negación, el rechazo y la burla de los grandes pilares y hechos históricos que construyeron Europa: Carlos Martel y la batalla de Poitiers, Don Pelayo y Covadonga, Don Juan de Austria y Lepanto y Juan Sobieski y el sitio de Viena.
La única con el peso necesario, y con la misión ineludible, para lanzar un grito de alerta y provocar, si Dios así lo disponía, la vuelta en razón de Europa, era la Iglesia. Siempre lo fue en circunstancias históricas similares. Hoy, en cambio, es la misma Iglesia la que toma de la mano a la civilización occidental y la acompaña al suicidio. Y no es necesario recurrir al inexistente pensamiento del papa Francisco si no, mejor aún, recurrir a quienes son los verdaderos líderes del catolicismo europeo del siglo XX. El cardenal Marx, arzobispo de Munich, corazón de la Alemania católica, niega la decadencia moral de Occidente y afirma que la “así llamada secularización es un desarrollo necesario de la libertad. Y una sociedad libre es un progreso según el verdadero punto de vista del Evangelio”. La Iglesia, liderada por el pontífice argentino, ha asumido los ideas de la Revolución y acompaña a Europa a su propio cadalso.
Decía Hillaire Belloc que Europa es la fe. Pero ¿la fe es Europa? No, claro que no; el Evanglio es universal, pero Dios quiso que se encarnara históricamente en Europa. ¿Qué pasaría si cae definitivamente la civilización europea como fruto de su rechazo a la fe que la fundó? Yo sé que muchos dirán: no pasaría nada. Está la fe en Latinoamérica, y está la fe floreciente (¿) de Asia o la fe aún ingenua de África. Y es verdad. Latinoamérica, por caso, es cristiana. Pero hay un detalle insalvable: no hay civilización latinoamericana, más allá de lo que el progresismo latinoamericanista berreta intenta hacernos creer. Lo que Latinoamérica tiene de civilización –lo cual es poco- es civilización europea. En Latinoamérica no se construyó civilización por muchos motivos: en la mayoría de los casos, porque los pueblos originarios del subcontinente eran, y son, incapaces de civilización; y en otros, como en Argentina, donde la sangre indígena es muy minoritaria con respecto a la sangre europea, porque esa viscosa mezcla de orígenes fundó un pueblo incapaz de gobernarse a sí mismo. Mal que les pese a mis amigos nacionalistas, en las únicas décadas en que Argentina se acercó a ser un país civilizado fue cuando era una de las joyas preferidas de la corona de su Majestad Británica. Latinoamérica sin la civilización europea desaparece en pocas décadas engullida por su propia inanidad, y por China.
¿Es que, entonces, ya no hay esperanzas? Muchos amigos apuestan al zar Vladimir Valdimirovich, que hace pocos meses dijo:
"En Rusia vivid como rusos! Cualquier minoría, de cualquier parte, que quiera vivir en Rusia, trabajar y comer en Rusia, debe hablar ruso y debe respetar las leyes rusas. Si ellos prefiere la Ley Sharia y vivir una vida de musulmanes les aconsejamos que se vayan a aquellos lugares donde esa sea la ley del Estado. Rusia no necesita minorías musulmanas, esas minorías necesitan a Rusia y no les garantizamos privilegios especiales ni tratamos de cambiar nuestras leyes adaptándolas a sus deseos. No importa lo alto que exclamen “discriminación”, no toleraremos faltas de respeto hacia nuestra cultura rusa. Debemos aprender mucho de los suicidios de América, Inglaterra, Holanda y Francia si queremos sobrevivir como nación. Los musulmanes están venciendo en esos países y no lo lograrán en Rusia. Las tradiciones y costumbres rusas no son compatibles con la falta de cultura y formas primitivas de la Ley Sharia y los musulmanes. Cuando este honorable cuerpo legislativo piense crear nuevas leyes, deberá tener en mente primero el interés nacional ruso, observando que las minorías musulmanas no son rusas.” (Vladimir Putin, 4 de agosto de 2013: negocios.com/noticias/solucionaria-putin-atentado-francia-08012015-1613)
¿Es una esperanza Rusia y la cristiandad ortodoxa? No lo creo, aunque me gustaría creerlo. Más bien creo que estamos en ese periodo del presente eón que el Visnú puruná de los hindúes describe así:
“En el kali-iugá, habrán numerosos gobernantes luchando por el poder entre ellos. Ellos no tendrán carácter. La violencia, las mentiras y la inmoralidad estarán a la orden del día. La piedad y la naturaleza del bien se desvanecerán lentamente. La pasión y la lujuria serán la única atracción entre los sexos. Las mujeres serán objetos de placer sexual. La mentira será la línea límite de subsistencia. La gente culta será ridiculizada y puesta en vergüenza; en el mundo la ley del más rico sera la única ley”.
Y que la Revelación del Dios Viviente, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob y el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, describe así:
“(El ángel” gritó con voz potente:) “¡Cayó, cayó la gran Babilonia! Se ha convertido en morada de demonios, en guarida de toda clase de espíritus inmundos, en antro de toda clase de aves inmundas y detestables. Todas las naciones han bebido del vino de las prostituciones; los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercadera de la tierra se han enriquecido con su lujo desenfrenado” (Ap. 18, 2-3).




jueves, 8 de enero de 2015

Irresponsable

Desconocer la existencia de la naturaleza humana tiene sus riesgos. La prueba está en el atentado terrorista de ayer en París. Los atacantes son “franceses”, porque la progresía asegura que si el hijo de un magrebí o de un turco nace en Francia, necesariamente se convierte en un francés tan francés como Balzac, como si porque la gata diera a luz dentro de un horno, sus gatitos fueran panes. La naturaleza humana es mucho más compleja que la mera ubicación geográfica del alumbramiento.
El peligro de la islamización de Europa fue advertido hace décadas por Jean Raspail en su novela El campamento de los santos y hace días por Michel Houellebecq en la suya Sumisión. Ambos son denostados escritores xenófobos y racistas, según lo entiende la corrección política a la que todos deben sumarse. El lunes pasado, la diócesis de Colonia, en Alemania, decidió apagar las luces de su famosa catedral para protestar contra la manifestación contra la islamización de Europa que se realizaría en sus cercanías. Por cierto, esa misma diócesis no apagó las luces del duomo cuando se realizó allí mismo la Marcha del Orgullo Gay.
Cuando le preguntaban anoche a los consternados parisinos que se manifestaban con velas encendidas y bajo la consigna “Je suis Charlie” sus impresiones, decían sollozando: “Han atacado nuestra libertad de prensa; han atacado nuestra democracia”. No tienen remedio. Es justamente la irrestricta libertad de prensa la que llevó a esta situación. El semanario Charlie Hebdo no solamente ridiculizaba al Islam y al Profeta, sino también al judaísmo y al cristianismo. No hace mucho había publicado una portada donde caricaturizaban a la Santísima Trinidad como tres homosexuales copulando.
Pero este es un blog de opinión religiosa. Y por eso quiero llamar la atención, una vez más, acerca de la irresponsabilidad con la que se maneja nuestro connacional, el Papa Francisco. 
El 12 de septiembre de 2006, Benedicto XVI se refirió a aspectos específicos del islam que pueden ser considerados irracionales tales como la práctica de la conversión forzada. Y dijo citando al emperador bizantino Manuel II:  “Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba». Al día siguiente, el Papa alemán fue masacrado por los medios de prensa y, también, por sus mismos hermanos obispos. El entonces cardenal Bergoglio expresó a través de su vocero: “Es una pena. Cuando uno insiste en la diferencia de las doctrinas necesariamente va a un enfrentamiento. Por eso, cuando el Papa se mete en el campo de la discusión sobre la verdad, o sobre lo que es verdad o no, la declaración se hace infeliz. Es infeliz porque si dice que el islam no tiene nada bueno se está generalizando y además el islam tiene, ha tenido y ha aportado muchísimas cosas buenas a la historia de la humanidad".
Y es por eso que el ahora Papa Francisco, en su primer viaje fuera de Roma, visitó la isla de Lampedusa abogando por una cálida recepción en Europa de las miríadas de musulmanes que todos los días llegan a sus costas. La necesidad de aprobación de los medios del mundo y del aplauso de la progresía le impiden caer en a cuenta de la enorme responsabilidad que posee y del peso de sus gestos y de sus palabras.
El atentado parisino de ayer debe reconocer también como una de sus causas la irresponsabilidad pontificia. Y vendrán otros hechos similares. Será cuestión de esperar que aparezca su cacareada encíclica sobre la ecología, inspirada, entre otros, por Leonardo Boff y Pino Solanas, y redactada por el Tucho Fernández.
Francisco no es tonto. Es un ideólogo y un metiche egoísta. Su torpe intromisión en Medio Oriente y su disimulada complicidad con Obama en el caso de Cuba lo demuestran claramente. Su incurable megalomanía lo lanza al galope entre delicadas cuestiones geopolíticas y publicitadas catástrofes meteorológicas, sin detenerse, incluso, en flexibilizar la moral y la teología si eso le produce réditos políticos. [Este párrafo es traducción libre de Maureen Mullarkey en First Things].
Más pronto que tarde, la realidad va a sentar de frentazo del Obispo de Roma.


miércoles, 7 de enero de 2015

Manifestación



 Recostado en el seno de Dios Padre
-el Verbo sin principio y sin ocaso-
el Verbo se hizo carne.
De Su trono real e inescrutable
volvióse el Emmanuel de la ternura,
del llanto, los pañales.
El Lucero radiante de la aurora
acampó entre los hombres una noche
de ensueños y de gloria.
La noche original en que su antorcha
de  luz purificada nos redime,
nos hiere, nos asombra.
El Niño más antiguo de los siglos
despertó su ilusión en un pesebre
secreto y desprovisto.
Y todo nuestro valle amanecido
enmudeció de amor por el Amor
de un Dios que se hizo Niño.

El Poeta


domingo, 4 de enero de 2015

Último tango en San Pedro

Quizás los historiadores del futuro recordarán que en 2014, en la plaza de San Pedro, se bailaba el tango mientras que los cristianos eran masacrados en Oriente y la Iglesia se encontraba al borde del cisma. Esta atmófera de ligereza e inconsciencia no es nueva en la historia. En Cartago, recuerda Salviano de Marsella, se bailaba y daban festines en la vigilia de la invasión de los Vándalos y en San Petersburgo, según el testimonio del periodista americano John Reed, mientras los bolcheviques conquistaban el poder, los teatros y restaurantes seguian estando repletos de público. El Señor, como dice la Escritura, enceguece a quien quiere perder (Jn. 2, 27-41).
El drama principal de nuestro tiempo no es, sin embargo, la agresión que viene del exterior, sino el misterioso proceso de autodemolición de la Iglesia que está llegando a sus últimas consecuencias, después de haber sido denunciado por primera vez por Pablo VI en el famoso discurso al Seminario Lombardo del 7 de diciembre de 1968. La autodemolción no es un proceso fisiológico. Es un mal que tiene responsables. Y los responsables son en este caso aquellos hombres de Iglesia que sueñan con sustituir el Cuerpo Místico de Cristo con un nuevo organismo, sujeto a una perpetua evolución sin verdad y sin dogmas.
Un cuadro impresionante de la situación ha sido ofrecido hacia fines de 2014 por dos dossier sobre la Iglesia, publicados respectivamente por el diario francés Figaro y por el italiano Repubblica.
El Figaro, un diario de centroderecha, conocido por su moderación, dedicó su suplemento de diciembre “Figaro Magazine”, al tema Guerre secrète au Vatican. Comment le pape François bouleverse l’Eglise [publicado en español en el Wanderer]: 11 páginas, con la coordinación de Jean-Marie Guénois, considerado uno de los vaticanistas más competentes.
“Algo parece parece agitarse en la Iglesia después del Sínodo sobre la familia del otoño de 2014 –escribe Guénois- y la acumulación de los indicios autoriza a preguntarse: ¿no hay riesgo de que la Iglesia enfrente una tempestad hacia fines de 2015, después de la segunda sesión del Sínodo sobre la familia?” Guénois revela la existencia de una “guerra secreta” entre los cardenales que no tiene como finalidad la conquista del poder. Lo que está en curso es una batalla de ideas que tiene como objeto principal la doctrina de la Iglesia sobre la familia y el matrimonio. El Papa Francisco es acusado, dentro de la Curia, de una gestión autocrática del poder que el periodista francés resume en la fórmula: “Cuando el Papa golpea, no usa guantes de boxeo”, pero el verdadero problema es su visión eclesial, inspirada y aconsejada por las corrientes más progresistas del Vaticano.
Según Guénois, son tres los teólogos los que definen los nuevos objetivos: el cardenal alemán Walter Kasper, el obispo italiano Bruno Forte y el arzobispo argentino Víctor Manuel Fernández. “Este es el trío que ha encendido la pólvora durante el Sínodo sobre la familia”. Kasper es el ariete para la admisión a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar, Forte es el autor de la legalización de la homosexualidad y Fernández el exponenete de la teología peronista del pueblo. 
Guénois entrevistó al cardenal Burke sobre lo ocurrido en el Sínodo quien, como es habitual, se expresó con total claridad: “El Sínodo fue una experiencia difícil. Había una línea, la del cardenal Kasper, con la que se alinearon los que tenía el gobierno del Sínodo. De hecho, el documento intermedio parecía que había sido escrito antes de las intervenciones de los Padres sinodales. Y escrito según una sola línea, la del cardenal Kasper… Además se introdujo la cuestión homosexual –que no tiene nada que ver con el matrimonio- buscando en ella elementos positivos (…) Todo ha sido muy desconcertante. Como también el hecho de que en el documento final se hayan mantenido los párrafos sobre la homsexualidad y sobre los divorciados vueltos a casar aunque no hayan contando con la aprobación de la mayoría de obispos necesaria. (…) Estoy muy preocupado –agregó el cardenal Burke-, y llamo a todos los católicos, laicos, sacerdotes, obispos, a dedicarse, desde hoy hasta la próxima asamblea sinodal, a fin de poner luz sobre la verdad del matrimonio”.
Que las preocupaciones del cardenal Burke están justificadas lo demuestra el suplemente semanal de la Reppublica del viernes 27 de diciembre de 2014, dedicado enteramente a una investigación sobre la Iglesia: 98 páginas con 20 artículos, en los que se describe “la nueva era de Francisco, entre adversarios, santos, perseguidos y pecadores”.
El campeón de la Repubblica es el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Munich y Freising, que confirma su apertura a los divorciados vueltos a casar y a las parejas homosexuales, niega la decadencia moral de Occidente y afirma que la “así llamada secularización es un desarrollo necesario de la libertad. Y una sociedad libre es un progreso según el verdadero punto de vista del Evangelio”. Francisco, explica, “quiere conducir a la Iglesia a la fuerza originaria de su testimonio. Tiene una clara visión de lo que quiere, pero no sigue un plan fijado, personal o prestablecido, ni un programa de gobierno. Lanza señales y da ejemplo, como ha hecho en el Sínodo dedicado al matrimonio y a la familia”.
En el mismo dossier, Marco Ansaldo, en una entrevista con el título “Franzoni, la venganza del ex abad rojo”, concede un amplio espacio a Giovanni Franzoni, ex abad de la basílica de San Pablo Extramuros, subrayando cómo las posiciones doctrinales por las cuales fue condenado se acercan ahora a las del Vaticano. Franzoni fue expulsado del estado clerical por su “sí” a las leyes del divorcio y del aborto y por su declaración de votar a favor del Partido Comunista. Casado con una periodista atea japonesa, hoy no reniega de sus ideas y afirma haber “descubierto la sexualidad como enriquecimiento total y no como privación de energías que deberían ser dedicadas al Señor”.
Según algunas indiscreciones, el Papa Francisco tendría la intención de admitir al sacerdocio a algunos laicos casados (los así llamado viri probati) y de reintegrar a la administración de los sacramentos a sacerdotes casados que hayan sido reducidos al estado laical como al mismo Franzoni o al ex franciscano y teólogo no-global Leonardo Boff, que vive actualmente en Brasil junto a una compañera. El 17 de diciembre Boff, que pasó de la teología de la liberación a la eco-teología, confirmó a Ansa de haber enviado al Papa, respondiendo a su pedido, material para la próxima encíclica, y el 28 de diciembre, en polémica con Vittorio Messori, expresó a “Nosotros somos Iglesia” su apoyo al Papa Francisco contra un escritor nostálgico, con estas palabras: “Es sumamente importante una Iglesia abierta como la quiere
Francisco de Roma. Es necesario que sea abierta a la irrupción del Espíritu llamado por algunos teólogos la ‘fantasía de Dios’, en razón de su creatividad y novedad, en la sociedad, en el mundo, en la historia de los pueblos, en los individuos, en las Iglesias y también en la Iglesia católica. Sin el Espíritu Santo, la Iglesia se convierte en una institución pesada, aburrida, sin creatividad y que, en un cierto punto, no tiene nada que decirle al mundo más allá de doctrinas sobre doctrinas, sin suscitar esperanzas y la alegría de vivir”.
¿Quién puede negar la existencia de una confusión absoluta? El tango bailado en San Pedro el 17 de diciembre de 2014 por el cumpleaños del Papa Francisco recuerda a otra música: la que sonaba sobre el Titanic la noche de la tragedia. Pero en esa ocasión, la punta del iceberg apareció de improviso, y los danzantes no eran conscientes del desastre inminente. Hoy el iceberg es visible y hay quienes brindan por el imposible naufragio de la Barca de Pedro. Pero muchas personas están alarmadas y tienen la fuerte sensación, como dijo el cardenal Burke, que la Iglesia es un barco a la deriva. Nosotros estamos entres estos y por este motivo no saludamos al 2015 con bailes y fuegos artificiales, sino con la firme decisión de obedecer la llamada del mismo cardenal Burke a combatir, desde hoy y hasta el próximo Sínodo, y después también, para defender la verdad del Evangelio sobre el matrimonio.

Roberto De Mattei
Publicado en Il Floglio.

[Traducción de Wanderer]

viernes, 2 de enero de 2015

La humildad del Papa Francisco




- ¿Se enteró Wanderer? Ya salió la revista dedicada exclusivamente al Papa Francisco.
- No lo creo. 
- Aquí le estoy mostrando la tapa. Y aquí puede consultar el sitio web. Es un semanario. 
- ¿Un semanario? Pero eso es un disparate... Debe ser algún neocon enajenado.
- No, no. Tiene el apoyo de Bergoglio. Fíjese que el director ha tenido una entrevista de una hora con el Pontífice, y aparecen abrazados en la portada.
- Pero esto no se puede creer, o más bien, yo podría creerlo de un papa como Pío IX, personalista y monárquico, pero del Papa Francisco, tan despojado de los oropeles del mundo, abierto, popular y democrático. ¿Cómo se entiende?
- ¿Se entiende?
- La verdad que cuesta. ¿Qué pasaría si en Alemania apareciera una revista titulada "Mi canciller", y se dedicara todas las semanas a promover el culto de Angela Merkel? Todos pondría el grito en el cielo: "Apareció un nieto de Goebbels"; "El nazismo y el culto a la personalidad del líder de regreso en Alemania", serían los titulares de los diarios. Ni a La Cámpora se le ocurrió crear una revista dedicada a Cristina...
- Bueno Wanderer, pero hay una diferencia: usted está comparando a gobernantes del mundo con el Vicario de Cristo...
- Pues entonces que funden una revista titulada "Il mio Signore Gesú Cristo" y no "Il mio Papa". Al final, ¿quién es el importante? ¿El titular o el suplente?
- ¡Qué disparate!
- Y fíjese bien: el mismo Papa que rechazó obstinadamente toda la pompa con la que la Iglesia rodeó desde hace siglos el ministerio petrino: muceta y zapatos colorados, estolón, ornamentos preciosos, etc., es el Papa que permite y alienta la pompa que recibe de los medios mundanos. 

"Adorarán a la Bestia todos los que moran en la tierra, cuyos nombres no han sido escritos, desde la fundación del mundo, en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado". Apocalipsis 13, 8

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Los logros del Papa Francisco

Publicamos la nota aparecida en Le Figaro y redactada por el vaticanista Jean Guenois. Sirve para mostrar en pocas palabras los logros que el Papa Bergoglio ha alcanzado en este año y medio largo de pontificado.



LE FIGARO MAGAZINE
VIERNES 19 Y SÁBADO 20 DE DICIEMBRE

Guerra secreta en el vaticano
De qué manera el Papa Francisco revuelve la Iglesia
Todos los sondeos muestran la popularidad planetaria del Papa Francisco. Pero, en el seno de la Iglesia, sus métodos de trabajo y algunas de sus ideas suscitan resistencia.

POR JEAN-MARIE GUÉNOIS
SU GUARDIA MÁS CERCANA:
CARDENAL SEAN PATRICK O’MALLEY, arzobispo de Boston, despiadado con los asuntos de pedofilia. Aconseja al Papa muy de cerca.
CARDENAL OSCAR MARADIAGA. Este hondureño ha propuesto al Papa nombrar un matrimonio para un cargo clave de la curia romana.
CARDENAL GEORGE PELL. Este australiano es prefecto del nuevo secretariado para los asuntos económicos de la Santa Sede.
CARDENAL WALTER KASPER. Abogado del ecumenismo, este alemán es partidario del acceso a los sacramentos de los católicos divorciados y vueltos a casar.
CARDENAL REINHARD MARX, Arzobispo de Múnich, presidente de la conferencia episcopal alemana, quiere “una Iglesia que cierre”.

Una vez elegido Papa, Francisco ha roto enseguida con la cortesía de Europa y sus viejas costumbres. Es una “abuela estéril”, lanzó en Estrasburgo, a principios de diciembre, hablando del Viejo Continente. Todo lo que el papado conservaba de “imperial”, ha crolado. Nada de genuflexiones delante de él. Menos aún el besamanos. Este Papa, que se siente antes obispo de Roma –la palabra “Papa” sale poco de sus labios-, ¿no le ha echado en cara su sotana, hace unos días, a un prelado que recibió para una reunión de trabajo? Basta el clergyman como vestimenta.
El 13 de marzo de 2013, cuando el cardenal Jorge Mario Bergollio, el irreductible cardenal-arzobispo de Buenos Aires, asumió el gobierno de la barca de Pedro, todo el mundo ha saludado a este “Papa que ha venido de fuera”, pero no se midió bien, entonces, hasta qué punto su origen le llevaría a mirar al mundo desde otra perspectiva: desde abajo, desde el hemisferio Sur.
Desde fuera, este Papa gusta. Como nunca antes: su brillantez, sus frases chocantes, sus gestos espectaculares han tenido éxito. Pero este estado de gracia se difumina entre los círculos dirigentes de la Iglesia. Incluso parece que algo se ha tambaleado desde el sínodo de la familia de otoño de 2014. Como si de la tormenta surgiese una majestuosidad que no se había manifestado a priori tras la elección papal. Y el cúmulo de indicios autoriza a preguntarse: ¿no se expone la Iglesia católica a afrontar una tempestad para fines de 2015, tras la segunda sesión del sínodo sobre la familia?
Dos razones fundamentales explican este contrasentido. En primer lugar, la visión eclesial de Francisco. Aunque es de espiritualidad clásica, parece claramente, ahora, que está directamente inspirado y aconsejado por las corrientes católicas herederas de la visión más progresista del Vaticano II. El contraste es más llamativo si tenemos en cuenta que estas tendencias fueron combatidas –frontalmente- por Juan Pablo II y por Benedicto XVI. Sin embargo, la Iglesia no puede “empequeñecerse”, como dice el Papa, ni a la derecha ni a la izquierda, solo cuenta que esta última “sensibilidad” está hoy al mando.
El segundo factor que explica esta degradación del clima eclesial: los métodos de Francisco. Decidido a conducir el cambio, practica un modo de hacer inspirado en la cultura viril de los argentinos, que le lleva a golpear… sin ponerse los guantes. Por tanto, hay añicos en esta tienda de porcelana que es también el Vaticano.
“Él se ocupa de todo”, se afirma en las oficinas que dominan la plaza de San Pedro. Este Papa es un patrón, efectivamente. El último ejemplo, como dato: el despido, sin explicaciones, del comandante de la Guardia suiza, Daniel Anrig, nombrado por Benedicto XVI. ……. Ha tocado, esta vez, a un obispo de Paraguay considerado muy conservador, Mons. Rogelio Livieres Plano. Acusado de distintos asuntos, y demostrando que no estaba implicado, este miembro del Opus Dei ha sido obligado a dimitir, el 25 de septiembre, denunciando su disgusto por no haber podido explicarse ante el Papa.

LOS CONTESTATARIOS:
CARDENAL WALTER BRANDMULLER. Este alemán se ha opuesto a las tesis del cardenal Kasper respecto al matrimonio y la familia.
CARDENAL RAYMOND LEO BURKE. El Papa ha retirado de su función en la curia a este estadounidense juzgado por él como demasiado conservador.
CARDENAL VELASIO DE PAOLIS. Este teólogo italiano se ha posicionado también muy fuertemente contra el cardenal Kasper.
CARDENAL CARLO CAFFARRA. Muy escuchado por Juan Pablo II y por Benedicto XVI, este italiano se opone al cardenal Kasper.

Un pontificado que golpea por tanto. ¡En Argentina, su país de origen, Francisco ha desplazado o nombrado, en menos de año y medio de reinado, nada menos que… a 26 obispos de 74! Es decir, poco más de un tercio. Una fuente bien informada de ese país, muy cuidadoso para no ser identificada, considera que estos nombramientos van “todos en el mismo sentido”.
Otro ejemplo que ha saltado a los titulares, este otoño, en los Estados Unidos. El 20 de septiembre, Francisco ha nombrado para Chicago, una de las diócesis más importantes del país, a Mons. Blase J. Cupich, el obispo norteamericano considerado de los más progresistas. Francisco ha cogido totalmente a contrapié a la tendencia dominante entre los católicos estadounidenses, mucho más clásicos y “pro-vida”. La primera decisión del nuevo arzobispo, el 24 de octubre, fue abandonar el palacio episcopal sito en el distrito de alto nivel de Gold Coast para vivir en un lugar más modesto.
En Roma, el prefecto encargado del nombramiento de obispos, el cardenal canadiense Marc Ouellet, nombrado por Benedicto XVI, ha sido sobrepasado por su número 2, amigo de Francisco. El mismo método en el sector de la liturgia: el 24 de noviembre, el Papa ha colocado al muy conservador cardenal africano Robert Sarah a la cabeza de la Congregación para el culto divino, pero no sin haber cambiado antes, el 5 de noviembre –con “efecto inmediato”- a los que debían ser sus adjuntos: el inglés Anthony Ward y el español Miguel Ferrer Grenesche, dos prelados cercanos a la línea de Benedicto XVI en tal materia. Han sido reemplazados por un italiano, defensor de una vuelta a la liturgia moderna, el padre Corrado Maggioni
Caso, por último, muy emblemático: el desplazamiento del cardenal Raymond Leo Burke, prefecto del Tribunal de la signatura apostólica. Nombrado por Benedicto XVI, se ha atrevido a expresar públicamente su desacuerdo con el Papa Francisco sobre la cuestión de los católicos divorciados y vueltos a casar y de los homosexuales. Consecuencia: dos semanas después de acabado el sínodo, el 8 de noviembre, ha sido degradado y “nombrado” capellán de la Orden de Malta.
“Su forma de gobernar desconcierta”, confiesa un alto responsable de la Santa Sede, considerado por su moderación. Apoyándose en esta serie de hecho, unos cuantos –que es preciso catalogar como “contrarios” a la línea del Papa Francisco, incluso si la Iglesia no es una organización política- han inventado un neologismo para caracterizar lo que denuncian: ¡la “desratzingerización” de la curia! Esta expresión, caricaturesca, da una idea de las tensiones presentes.
“El clima interno no es bueno. El miedo impera pues nadie a día de hoy está seguro de su futuro, puesto que la Santa Sede era, por encima de todo, sinónimo de estabilidad”, explica un laico que trabaja en el Vaticano. Informado de este mal ambiente dentro de su propia casa, Francisco ha convocado a todos los empleados del Vaticano, para el 22 de diciembre, a una reunión inédita. Andrea Riccardi, fundador de San Egidio, cercano a Francisco, justifica siempre estos golpes de timón.
Llamado para ocupar altas funciones en la curia, este laico escribe, el 22 de octubre, en el portal Vatican Insider: “El gobierno actual es el que dejó Benedicto XVI. Y es precisamenteen el equipo de su gobierno en el que Francisco encuentra las resistencias más fuertes al cambio. La reforma de la curia no puede limitarse a l a fusión de algunos dicasterios. El Papa tiene necesidad de colaboradores que estén en sintonía con él”.
En sí misma esta reforma no es revolucionaria. Su estructura debería estar publicada hacia mitad de febrero. Las dos medidas estelares consisten en suprimir todos los actuales consejos pontificios, que podrían compararse a las secratarías de Estado en el gobierno francés, para reunirlos en dos Congregaciones, lo equivalente a nuestros ministerios. Una de esas nuevas Congregaciones estaría encargada del mundo de los laicos, la otra de las cuestiones de justicia social. Pero es el espíritu de esta reforma lo que suscita más temores.
El cardenal Maradiaga es uno de los más cercanos consejeros del Papa ya que coordina el consejo de los ocho cardenales (“G8“ luego “G9”, con la admisión en este círculo del cardenal Pietro Parolin, el secretario de Estado del Vaticano). Explica que “la curia no puede ser considerada como la corte papal, ni como un super-gobierno de la Iglesia centralizada, sino como una estructura ágil al servicio del ministerio del Papa”.
 “Una estructura ágil”, he ahí el cambio. Un documento interno, no hecho público, nos da el alma: los cardenales, los todopoderosos jefes de los dicasterios, serán reemplazados por prelados o por laicos, considerados como expertos en sus campos propios, para ayudar a gobernar en concreto al Papa. Si son obispos, no se convertirán automáticamente en cardenales. El tiempo de unos príncipes-cardenales alrededor de un rey-papa ha sido finiquitado.
Detrás de todo esto, Francisco conduce una guerra contra “el carrerismo eclesial”, así está escrito en el texto, pero pretende gobernar también según una modalidad sinodal. Si bien él es el único que decide, quiere apoyarse en procesos de maduración colectiva en los que serán consultados estructuralmente los obispos de campo y las conferencias episcopales. Esto viene de bastante lejos: con Benedicto XVI, el Secretario de Estado, el cardenal Bertone, había cogido todas las riendas. En ocho años de pontificado, el consejo de los jefes de dicasterio, los ministros, no se habían reunido más que dos o tres veces, y de un modo formal… este exceso provocó la exasperación de los cardenales que han exigido esta reforma. Pero esta reforma refuerza al Papa… A día de hoy, la política reformadora de Francisco la lleva a un cierto aislamiento. Pues, manteniendo a distancia a su administración natural, la curia, porque no tiene confianza en ella, el Papa se apoya en un equipo muy restringido y no siempre experimentado. Para las grandes decisiones, consulta a su consejo de cardenales, el G9, pero estos hombres no viven en Roma y solamente van allí cada dos meses. Un viejo “pateador” del Vaticano, italiano –conoce la casa desde niño, pues sus padres ya trabajaron también allí- puede perfectamente concluir: “Este Papa reformador está solo. Desconfía de demasiada gente. Pero algunos de sus consejeros, más realistas que el rey, empujan a veces demasiado lejos. No le hacen ningún servicio”.
Detrás del timonel, están los hombres de la maniobra inmediata, los cardenales Maradiaga o Marx, en particular, miembros del G9, para mantener el tipo. Pero hay también teólogos que definen los nuevos conceptos. Son tres: el cardenal alemán Walter Kasper, el obispo italiano Bruno Forte y el obispo argentino Víctor Manuel Fernández. Ha sido este trío el que ha encendido el fuego en el sínodo de la familia. Hasta el punto de haber provocado el bloqueo de la asamblea que no ha votado –los dos tercios requeridos- los pasajes discutidos respecto a los divorciados vueltos a casar y los homosexuales.
Solicitado repetidas veces por Le Figaro Magazine para mantener una entrevista análoga a la que nos concedió el cardenal estadounidense Raymond Burke, adversario de estas tesis, el cardenal Kasper no ha encontrado el momento para la entrevista, pero tenemos aquí lo que nos ha respondido por escrito: “No estoy disgustado. Lo que se viene en llamar ‘el efecto Francisco’ se extiende lentamente. Por consiguiente estoy convencido de que llegaremos a un acuerdo bastante amplio hacia el final del próximo sínodo. Por tanto, no hay ningún motivo para dramatizar esta situación como lo han hecho algunos medios. Pero es preciso evitar igualmente el concentrar demasiado los debates en los puntos calientes, como la cuestión de la comunión a los divorciados vueltos a casar. Hay problemas mucho más fundamentales y urgentes en el contexto del matrimonio y de la familia, que debemos debatir conjuntamente”.
Como táctica, mons. Forte, el secretario del sínodo, para nada se desconcierta: “En el Concilio Vaticano II, explica, las verdaderas revoluciones se han hecho en los debates de las sesiones”. El prelado espera por tanto que los ánimos evolucionen a favor de las reformas, de aquí al próximo octubre, en la segunda sesión del sínodo. Pero paga muy caro su compromiso: candidato, a mitad de noviembre, a la vicepresidencia de la Conferencia episcopal italiana, fue derrotado ampliamente. La elección seguía al sínodo. Este fracaso fue percibido como un mensaje al Papa. De la misma manera, particularmente en África y en los Estados Unidos, los obispos han elegido, para la próxima asamblea, representantes especialmente contrarios a cualquier evolución. Sin embargo, estas tensiones galvanizan en Mons. Fernández, hombre clave de la triada, portador de una teología de corte muy progresista. Es “el” teólogo de Francisco. Los que se oponen al Papa. A sus ojos, son “fanáticos”. El 21 de octubre, al día siguiente del sínodo, ha confiado al diario argentino La Nación haber tenido que combatir a un “grupo de seis o siete prelados, muy fanáticos y muy agresivos, pero que no representan más que el 5% del total”. Palabras que confirma en un libro-entrevista publicado precisamente estos días en Roma.
En este contexto tan conflictivo, el Papa Francisco trata de tranquilizar a fin de calmar a una opinión católica inquieta. En este sentido ha hablado tres veces en una semana: “Las verdades fundamentales del sacramento del matrimonio, es decir, la indisolubilidad, la unidad, la fidelidad y la apertura a la vida” serán mantenidas, garantizó el 10 de diciembre. La víspera, sin embargo, hizo enviar a todas las conferencias episcopales diversos “puntos de profundización” de cara al próximo sínodo que parecen confirmar la reforma que está en camino. El documento insiste otra vez y muy claramente en los dos puntos que no tuvieron la aprobación de los dos tercios de la asamblea: el acceso a la comunión de los divorciados y vueltos a casar y la acogida a las personas homosexuales…
Otro dossier se perfila igualmente en el horizonte, pero esta vez muy discretamente: la ordenación de hombres casados, los viri probati, hombres en edad madura y de fe probada a los que la Iglesia conferiría el sacerdocio. En octubre, el Papa ha encargado a mons. Edwin Kräutler, un obispo brasileño de origen austriaco que le había pedido permiso para avanzar en este sentido, que le haga diversas propuestas. Apoyado por el cardenal Claudio Hummes, un amigo muy cercano del Papa (Francisco le había pedido estar a su lado en su primera aparición en el balcón de San Pedro), este obispo acaba de obtener de la Conferencia de los obispos brasileños la creación de un “comisión de estudio para la ordenación de hombres casados”. El proyecto ha sido ya puesto en marcha. Roma no hará otra cosa sino autorizar ad experimentum algunos casos en Brasil. “El episcopado alemán está preparado igualmente para esta “experiencia”.
¿Qué quiere, pues, Francisco? Un español que le conoce particularmente bien, ya que es el superior de los jesuitas, el padre Adolfo Nicolás, corrobora que Francisco no pretende hacer una reforma, sino una “revolución”. Si va hasta el final, “las consecuencias de estos cambios serán de una gravedad inaudita”, se intranquiliza el cardenal italiano Velasio De Paolis.
¿Hasta dónde irá pues Francisco respecto a las cuestiones morales en particular? A su regreso de Estrasburgo, preguntado sobre el sínodo, el Papa ha eludido el rumbo que ha tomado, insistiendo sobre el método: “Siamo in camino”, ha proclamado, “Estamos en camino”.
JEAN-MARIE GUÉNOIS
[Traducido por: José Luis Aberasturi y Martínez para Adelante la Fe. Original proporcionado por Adelante la Fe]