viernes, 7 de enero de 2022

¿Quién es Bergoglio? Entrevista a José A. Quarracino

 


El Prof. José Arturo Quarracino es sobrino del Cardenal Quarracino, primado de la Argentina hasta 1998, y antecesor del Papa Bergoglio en el cargo. Además, fue cercano al cardenal Bergoglio durante su desempeño en la arquidiócesis de Buenos Aires. 

Aquí, una parte de la entrevista que acaba de ser publicada en Gloria.tv


Bergoglio estaba lejos de Buenos Aires cuando Quarracino lo nombró obispo auxiliar...

Eso es correcto. En ese año que usted menciona, 1992, Bergoglio estaba “exiliado” por la Compañía de Jesús en la provincia de Córdoba, destinado allí para mantenerlo alejado de Buenos Aires, donde había ejercido como Provincial de la Compañía durante varios años, con un final en ese cargo y a posteriori salpicado por una gran división interna entre los pro- y los contra-Bergoglio.


¿Por qué su tío eligió a Bergoglio?

Mi tío lo había conocido en el año 1973 ó 1974 siendo Provincial, pero quien le habla para “rescatarlo de su exilio” fue uno de sus maestros en la Compañía, el padre Ismael Quiles SJ, un santo sacerdote, porque anímica y psicológicamente Bergoglio la estaba pasando muy mal. Por ese motivo es que mi tío lo pide a la Santa Sede como obispo auxiliar -aunque ya tenía otros. En el libro de Austen Ivereigh, El gran Reformador, está contado con lujo de detalles lo que tuvo que batallar mi tío para lograr que la Santa Sede lo hiciera obispo a Bergoglio.

Entonces, ¿usted dice que Bergoglio fue nombrado obispo “por compasión”?

Por un lado, mi tío conocía bastante al padre Ismael Quiles que le pidió por Bergoglio y lo apreciaba mucho, porque -como le dije antes- era un excelente sacerdote y un jesuita ejemplar. Y más allá del conflicto interno con la Compañía de Jesús, Bergoglio presentaba una imagen de hombre piadoso, muy ignaciano, de vida muy austera, desarrollando mucha simpatía con aquéllos que, como decimos en español, “le caían bien”. Con ese nombramiento, además, se le solucionaba a Bergoglio el gran problema del tremendo conflicto interno que experimentaba con gran parte de los jesuitas que habían sido amigos de él y con los que se había distanciado enormemente.


¿Sabe usted por qué Bergoglio produjo tal división como provincial de los jesuitas?

No conozco los detalles, pero visto a la distancia creo que fue su personalidad psicológica la que le llevó a un conflicto con sus hermanos, porque siempre tuvo tendencia a tener poder, y la forma que encontró para llevar a cabo ese deseo era de apoyarse mucho en los sacerdotes más jóvenes y en los novicios, y no tanto con los sacerdotes adultos y mayores. Lo que se supo fue que cuando dejó de ser Provincial, por razones estatutarias, de hecho se mantuvo en actividad como si lo siguiera siendo, debilitando la autoridad de las nuevas autoridades, tanto en la dirección de la Compañía como en la Facultad de Teología en la que se formaban los jesuitas, en la ciudad de San Miguel, sede histórica de la Compañía de Jesús.


¿Qué tipo de impresión dejó Bergoglio como obispo auxiliar?

Como obispo auxiliar, Bergoglio supo ganarse el cariño y el aprecio de gran parte del clero joven de la arquidiócesis, con su sencillez, su piedad, su acompañamiento y su manejo psicológico, que lo ejercía como pocos, muchas veces para bien, y en algunos casos para mal. Con los que caían en desgracia con él solía ser muy duro, hasta cruel. Y al clero adulto lo iba poniendo sutilmente “a un costado”, para promocionar a sus amigos y protegidos jóvenes.


¿Como obispo auxiliar, Bergoglio fue diferente al Bergoglio como provincial?

En general, no mantuvo un perfil tan alto y no tenía tantas responsabilidades ejecutivas como cuando fue Provincial, pero a veces tenía actitudes que llamaban mucho la atención, como la de cortar todo vínculo con alguien y para siempre, sin que muchas veces el caído en desgracia no sabía qué es lo que había hecho mal.


¿El cardenal Quarracino se llevaba bien con su obispo auxiliar?

Le diría que excelentemente bien. Mi tío le tenía un gran aprecio, y en su cargo Bergoglio fue de gran ayuda para él, sobre todo en la tarea pastoral, cuando comenzó a padecer enfermedades que lo limitaban bastante en sus desplazamientos (hubo dos años que no pudo caminar y vivía en una silla de ruedas, y un día -milagrosamente- recuperó la movilidad en las piernas).


¿No había otros obispos auxiliares?

Sí, durante las últimas décadas la arquidiócesis siempre contó con varios obispos auxiliares, porque a pesar de ser un territorio chico, viven en ella un promedio de tres millones de personas, con 251 parroquias, 54 congregaciones masculinas y 121 femeninas, con zonas residenciales y otras con asentamientos precarios, etc. La arquidiócesis estaba dividida en esa época en cuatro vicarías, con sus respectivos obispos auxiliares. Imposible no contar con 4 ó 5 obispos auxiliares para atender una arquidiócesis de esa envergadura.

En ese contexto, Bergoglio supo destacarse sobre los otros obispos hasta ser designado vicario general de la arquidiócesis y en los últimos años de vida de mi tío llegar a ser obispo coadjutor con derecho a sucesión (lo que significaba que al fallecer mi tío asumía inmediatamente como nuevo arzobispo.


¿Cómo percibió a Bergoglio como obispo auxiliar?

Desde el año 1995 hasta el 2002 pude estar cerca de la labor de Bergoglio, como obispo auxiliar y como canciller de la Universidad del Salvador, donde yo trabajaba. En esos tiempos cultivaba un perfil muy jesuítico, muy piadoso, muy pastoral. Pero mantenía un fortísimo enfrentamiento con la Compañía de Jesús, al punto que cuando asumió como obispo la Orden tuvo que nombrar como Provincial a un sacerdote colombiano, el padre Álvaro Restrepo, porque ninguno de los jesuitas argentinos se llevaba bien con Bergoglio. Era un enfrentamiento “a muerte”, como acostumbramos a decir en Argentina.


¿Era un "conservador"?

En lo doctrinal, Bergoglio cultivaba un perfil ortodoxo, con muchos toques jesuitas. En lo pastoral, solía poner el acento en la atención a los problemas sociales y al cuidado de los niños y de las familias. Y el servicio a los pobres como prioridad, con mucha permisividad y laxitud en las cuestiones litúrgicas y sacramentales.


Cuando Bergoglio reemplazó a su tío como arzobispo de Buenos Aires, ¿percibió un cambio? ¿Qué recuerda de su época en Buenos Aires?

Hubo un cambio total en su modo de proceder. Inicialmente se ocupó de sacarse de encima a quienes habían sido excelentes colaboradores de mi tío, como monseñor José Erro, rector de la Catedral de Buenos Aires y un santo sacerdote, a quien le pidió por teléfono que renunciara a su puesto y se jubilara. Sin ningún tipo de contemplaciones ni agradecimientos. Interpreto que lo hizo de esa manera, para hacerle saber al clero de Buenos Aires que la conducción del arzobispado iba a cambiar radicalmente, barriendo con todo lo que significara continuidad con la etapa anterior, aunque cuidándose de mantener en algo la figura póstuma de mi tío.


¿Así que el amable obispo auxiliar se convirtió de repente en un desagradable arzobispo? ¿Qué dijo la gente sobre esto?

Lo que más impactó y desubicó a muchos fue que en casi toda su experiencia como arzobispo pleno presentaba casi siempre un rostro adusto, amargado, triste, una “cara de vinagre” como le dijo algunas veces a algunas religiosas y a los cristianos “tradicionalistas” u “ortodoxos”. Era muy impactante ver ese rostro tan “alejado” de los demás en celebraciones litúrgicas o sacramentales, carente totalmente de alegría cuando celebraba una Eucaristía, tal como ha acontecido en sus celebraciones como Papa. Nadie se explicaba el motivo de esa forma de actuar y presentarse, que resultaba ser muy hiriente para algunos.

En forma contraria, llamó muchísimo la atención que después de ser elegido Papa empezó a mostrar el rostro alegre y jovial que casi nunca tuvo en Buenos Aires. Al punto que algunos se preguntaban si en definitiva era la ambición que tenía, pero que no se cumplía -llegar a ser Papa- la que lo motivaba en el fondo.


¿Cómo se presentó el "nuevo" Bergoglio?

Comenzó a tener un trato muy distante en general con todos aquéllos que no conocía y que no formaban parte de su círculo de amistades. Hasta que llegó al papado, eran comunes los comentarios de los fieles de la arquidiócesis sobre la cara de enojado que mostraba siempre en toda actividad pública. Un sacerdote de su confianza, párroco, le pidió -en broma pero también en serio- que no hiciera más visitas pastorales si iba a mostrar lo que el mismo Bergoglio llamaba “cara de vinagre”.


¿También se refería a sí mismo con "cara de vinagre"?

Casi nunca hizo referencia a sí mismo sobre eso, tampoco lo hablaba. Empezó a usar esa expresión en público cuando llegó al papado.


¿Había, en ese momento, alguna evidencia de que el ortodoxo Bergoglio se había vuelto heterodoxo?

En los primeros años no, pero con el transcurso del tiempo empezó a dar muestras de cierto “relajamiento”, no tanto en lo que decía sino en lo que hacía, como si fueran deslices o actitudes llamativas.

Pero cuando empezó a mostrar realmente su comportamiento heterodoxo fue al año y medio de haber asumido como arzobispo pleno, después del fallecimiento de mi tío (28 de febrero de 1998). Fue una semana antes de que se inaugurara oficialmente el Jubileo del Año 2000, en la Navidad de 1999. Ese día, el 18 de diciembre de ese año, Bergoglio convocó a la arquidiócesis de Buenos Aires a celebrar sinuosamente la “Misa del Milenio” (no del Jubileo), que por supuesto no tuvo nada que ver con la celebración de la Iglesia universal, anticipándose a la iniciativa papal.


¿Por qué?

La única explicación que encuentro al día de hoy es que lo hizo para mostrar al “mundo del poder” que gobierna realmente el mundo -la plutocracia globalista- que tenía la suficiente independencia para actuar independientemente de la Iglesia universal, pero cuidando las formas. No por casualidad fue el candidato del progresismo eclesiástico para suceder a Juan Pablo II en el 2005, contra Ratzinger.


¿Cuál fue la estrategia de Bergoglio como arzobispo?

Durante su gestión en Buenos Aires se hizo famoso porque nadie sabía que pensaba en realidad, ya que a cada interlocutor que lo visitaba siempre le decía lo que éste quería escuchar. Y fue conocido también porque comenzó a poner en segundo plano o directamente a ignorar a los sacerdotes mayores o adultos, para promover sacerdotes jóvenes que le tenían una gran devoción. Y muy llamativamente, impuso la ley para los seminaristas de la arquidiócesis que les prohibía usar sotana, tanto dentro de la casa de estudios como en su labor pastoral externa.


¿En el plano social?

En el plano social le dio cada vez más importancia a la labor de asistencia en los asentamientos urbanos precarios, como lo que posteriormente llamó “Iglesia en salida”, pero con la recomendación -o exigencia- de no insistir en la formación y en la predicación sacramental.


¿En el plano político?

En el plano político cultivó relaciones con prácticamente todo el arco político de la arquidiócesis, sin comprometerse con ningún sector en especial. En este sentido, fue muy impactante para muchos el enfrentamiento que tuvo con el entonces presidente Néstor Kirchner, probablemente por ser personalidades casi idénticas, como es pretender tener la totalidad del poder en sus manos, o casi todo el poder.


¿Qué estrategia había detrás de esto?

Probablemente, la de acumular todo el poder posible, para no tener que depender de nadie ni de ninguna fuerza o sector en particular.


¿Cómo manejó las finanzas?

En el tema finanzas no tengo casi nada para decir, porque no tuve acceso a información de ese tipo. Sí puedo decirle que comenzó a cercar y acorralar a las órdenes y congregaciones más ortodoxas, por un lado por su firmeza doctrinal (que para él era “dureza”), y por otro lado porque muchas veces estas órdenes poseían un gran patrimonio.


¿Cómo se desarrolló el Seminario de Buenos Aires bajo el mandato de Bergoglio?

Por lo que sé, gracias al testimonio de algunos seminaristas que se vieron obligados a ir a otra diócesis, es que el seminario -en su momento uno de los más importantes del país, en cuanto a su formación académica- comenzó a disminuir el nivel de exigencia en la formación doctrinal y teológica, para acentuar la formación en la acción pastoral, sea lo que sea que esto signifique, con lo que los nuevos sacerdotes se caracterizaron cada vez más como agentes de ayuda social, salvo alguna que otra excepción, pero con escasa o nula formación doctrinal, teológica e intelectual.

En este sentido, una de las iniciativas que tomó Bergoglio como arzobispo pleno fue, como mencioné antes, la de prohibir a los seminaristas de la arquidiócesis el uso de la sotana, dentro y fuera del seminario. Cosa que también hizo en Roma, como obispo de la misma.


Algunos dicen que el cardenal Bergoglio es culpable de "encubrir casos de abusos homosexuales". ¿Es esto cierto?

Lamentablemente, sí. Muchas veces porque eran personas cercanas a él. Se comentó mucho el caso de un sacerdote de su íntima confianza, conocido por inclinaciones homosexuales, a quien “ayudó” enviándolo a Roma unos años antes de ser Papa, entre otras cosas, porque le ayudó a conocer muchas intimidades de la Santa Sede, intuyendo ¿o sabiendo? que podía llegar a donde llegó. No se olvide que ese tipo de personalidades suelen ser muy predispuestas a llevar y a traer información, de todo tipo. Información que al entonces arzobispo le encantaba tener a mano y conocer.


¿Tiene usted también información de primera mano sobre estos casos?

Sí, y la pude constatar personalmente. En abril de 2001, unos meses después de haber sido creado cardenal, una persona que trabajaba en la Universidad del Salvador, de la que él no sólo era Gran Canciller, sino también su Gran Controlador, le llevó pruebas de una persona muy allegada al novel cardenal, que no sólo trabajaba en esa casa de estudios, sino que era también funcionario estatal, había estado difundiendo a miembros de la Universidad fotos pornográficas, como diversión. El resultado de esta gestión fue que el allegado a Bergoglio siguió trabajando sin problemas durante varios años más, y quien lo puso al tanto del “tema” fue despedido sin causa de la Universidad, unos meses después.


¿En 2004 Bergoglio consagró el famoso obispo de San Rafaél, Eduardo Taussig? ¿Sabe algo de esto?

En la década del 90 conocí y traté al padre Taussig, quien había sido designado por mi tío párroco de la iglesia San Lucas, que era parroquia universitaria para toda la arquidiócesis. Taussig provenía de una familia muy respetable en el mundo católico, cuyo padre fue un hombre ejemplar dentro y fuera de la Iglesia. Profesaba la sana doctrina, y era un muy buen sacerdote. Después del 2002 dejé de tener contacto con él. Por supuesto me sorprendió el mal manejo que hizo del seminario de su diócesis, uno de los mejores del país, sino el mejor. Es evidente que entre Bergoglio y su grey prefirió someterse al “jefe”, mostrando una faceta que nunca antes había trascendido.


Se dice que el cardenal Bergoglio tenía secretarios que solían asistir a misa en la Sociedad de San Pío. Bergoglio también parecía defender a Pío X. ¿Cómo encaja esto en la imagen del liberal Francisco?

Fue siempre típico en él jugar con los opuestos, pasando de un extremo al otro: un día se muestra ortodoxo -ante un grupo de médicos católicos o ante micrófonos condena de palabra el aborto, describiéndolo como un acto que ejecuta un sicario- y al otro día recibe y alaba a Emma Bonino, o al presidente argentino, confeso abortista, y permite que participe en una Misa celebrada en el altar que está junto a la urna que contiene los restos de san Pedro.


¿Quién puede entender esto?

Ese ha sido siempre el juego de Bergoglio, un juego de astucia, no de sabiduría, porque es una forma que le permite no ser encasillado y, al mismo tiempo, le posibilita mantener la iniciativa. Aunque en definitiva es una astucia de vuelo corto, como el de las gallinas.


Como Papa, Francisco resultó ser muy pro-homosexual. ¿Era esto visible cuando era cardenal?

Hasta donde conozco, nunca fue tan evidente ni visible esa actitud gay-friendly de Bergoglio, ni como jesuita ni como obispo. Tampoco fue demasiado evidente como cardenal, porque eso posiblemente le hubiera imposibilitado en el Colegio Cardenalicio ser elegido Papa. Sí se han conocido casos de sacerdotes con esas conductas que siempre contaron con la protección discreta de Bergoglio. Sólo lo ha hecho abiertamente cuando llegó a la Cátedra de Pedro, dando el aberrante espectáculo de darle refugio y protección política y clerical a un notorio delincuente como el obispo Gustavo Zanchetta.


Muchos han sugerido que Francisco quiere colaboradores que sean chantajeables y controlables. ¿Tiene elementos que confirmen esto?

Lamentablemente, sí. Y a todo nivel, sumado al hecho de que siempre se rodeó de personalidades mediocres, sumisas y serviles. Porque el liderazgo de Bergoglio, más que de dictador como lo ha caracterizado Henry Sire, es típicamente despótico, no admite el disenso ni la independencia de criterio.


¿Como en la época en que fue el Provincial de los jesuitas argentinos?

Se ha mencionado mucho el hecho del enfrentamiento que tuvo Bergoglio con los jesuitas, después que terminaba su labor como provincial de la Compañía. Lo que pocos o muy pocos cuentan, por razones de discreción y decoro quizás, es que los que más lo enfrentaron fueron los que habían sido sus colaboradores o compañeros de su liderazgo en la Orden. Algunos de ellos muy amigos de él, que lo respetaban mucho y lo querían.


¿Por qué ese enfrentamiento posterior?

Nunca se supo. Sí se sabía que eran personas serias, con su personalidad, no manipulables ni chantajeables.

domingo, 2 de enero de 2022

La Confesión de Pedro y un dubium teológico

 


No soy teólogo y, por lo tanto, lo que yo pueda decir sobre tal materia no será más que una opinión más entre muchas otras. Es por eso que siempre pido a los que son teólogos —y me refiero a los profesionales de esta ciencia—, que corrijan lo que haya que corregir . Y es lo que hago en esta ocasión: presentaré una hipótesis, y que no es más que eso, pidiendo a los que saben que la poden, enderecen o, directamente, la derrumben.

Los católicos romanos nos distinguimos de los otros cristianos porque estamos en comunión con el obispo de Roma, en quien reconocemos al vicario de Cristo y jefe visible de la Iglesia. Y lo hacemos porque consideramos que aquel que ocupa la sede romana es el sucesor del apóstol Pedro, a quien Nuestro Señor otorgó tales privilegios.

Nos basamos para eso en lo que se conoce como la confesión de Pedro, el pasaje que se encuentra narrado en el evangelio de San Mateo (16, 13-20), y en Marcos y Lucas de un modo más abreviado. Recordemos las palabras centrales: 

Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

La interpretación de este pasaje que nosotros, católicos romanos, sostenemos es que la “roca” sobre la que el Señor fundó su Iglesia es Pedro. Las otras iglesias cristianas no lo interpretan de ese modo. Y, siendo honestos, debemos admitir que los Padres de la Iglesia, en su gran mayoría, tampoco lo interpretaron de ese modo. Según ellos, la “roca” sobre la que se funda la Iglesia es la “confesión de Pedro”, es decir, Cristo, pero no Pedro. Para comprobar lo que digo no es necesario ser patrólogo, o tener a disposición una enorme biblioteca en griego y latín. Una buena muestra puede obtenerse en la Catena aurea de Santo Tomás, que pueden consultar aquí. Por ejemplo, San Juan Crisóstomo, escribe: “Es decir, sobre esta fe y sobre esta confesión edificaré mi Iglesia. Palabras que dan a entender, que muchos creerán en lo mismo que ha confesado Pedro. El Señor bendice las palabras de Pedro y le hace pastor” (Homiliae in Matthaeum, hom. 54,2). E incluso San Agustín apoya esta misma interpretación aunque admite que también puede considerarse la que nosotros sostenemos: “Dije en cierto lugar hablando del apóstol San Pedro, que en él, como en una piedra, fue edificada la Iglesia. Pero no ignoro que después he expuesto en muchas ocasiones las palabras del Señor: ‘Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia’ en el sentido de que la Iglesia está edificada sobre aquel a quien confesó Pedro diciendo: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’. Pues Pedro, llamado por esta piedra, representa la persona de la Iglesia que está edificada sobre esta piedra. El Señor no le dijo: Tú eres la piedra, sino tú eres Pedro y la piedra era Cristo (1 Cor 10,4), a quien confesó Simón, así como a éste le confiesa toda la Iglesia y por esta confesión ha sido llamado Pedro. De estas dos opiniones puede elegir el lector la que le parezca más probable” (Retractationes 1,21).

Yo entiendo lo siguiente, y esta es mi hipótesis: Pedro es la roca sobre la que se funda la Iglesia en tanto confiesa que Jesús de Nazareth es el Verbo de Dios hecho carne. Y lo mismo vale para sus sucesores: ellos son roca, es decir, vicarios de Cristo y jefes visibles de la Iglesia, no solamente por la elección canónica de los cardenales y la entronización en la sede romana, sino en tanto y cuanto confiesen a Jesús como el Verbo. Este sería el elemento formal de su munus, en tanto que los anteriores serían los elementos materiales. Deben darse ambos para que, efectivamente, un bautizado pueda ser considerado sucesor de Pedro y poseedor de la promesa.

Si mi interpretación es correcta, todos los elegidos en un cónclave deben confesar a Cristo, y entiendo que cuando son coronados, o instalados, o como quieran llamen en la actualidad al hecho de tomar posesión de la sede romana, realizan una profesión de fe, que contiene la confesión.

Sin embargo, ¿qué ocurriría si un Papa deja de confesar que Jesús es el Verbo? Desaparecería el elemento formal que lo constituye en sucesor de Pedro y, consecuentemente, dejaría de ser tal. Ya no sería la roca sobre la que se edifica la Iglesia, sus actos magisteriales y de gobierno serían nulos y los católicos estaríamos liberados de su obediencia.

Y para abandonar la confesión, ¿es necesario un acto explícito o es suficiente con que, de hecho, niegue la Divinidad de Nuestro Señor? No me refiero ciertamente a que el pecado sea motivo de negación. Un Papa podrá tener amantes a montones, asesinar a sus rivales o robarse el oro de los nobles romanos, pero aún así podrá conservar su fe y mantener su confesión. Me refiero a actos concretos e inequívocos que conduzcan directamente a la conclusión de que esa persona ha dejado de confesar a Cristo.

Uno de los motivos para desmadejar estos hilos teológicos es, por supuesto, tratar de encontrar una explicación a lo que está sucediendo en la iglesia romana liderada por un personaje tan particular como el Papa Francisco. Pero también porque yo, como otros muchos miles de católicos, tenemos serias y fundadas dudas acerca de la fe de Jorge Bergoglio. ¿Es que realmente él confiesa al Hijo de Dios y nos confirma a los católicos en la fe? 

Recordaré aquí algunos pocos hechos de entre los muchos que se han sucedido a lo largo de su agotador pontificado, en los que parecería que para Bergoglio, a diferencia de Pedro, Jesús no es el “Cristo, el Hijo del Dios viviente”.

1. Eugenio Scalfari, amigo cercano del pontífice, escribió: “El Papa Francisco me dijo: ‘[Estas frases, Ndr] son la prueba que Jesús de Nazaret una vez hecho hombre, aunque un hombre de excepcional virtud, no era completamente un Dios” (La Repubblica, 9 de octubre de 2019, p. 35). Aunque la Sala de Prensa de la Santa Sede desmintió tales palabras, el hecho es que la tal sala ha perdido desde hace años toda credibilidad. Por otro lado, y dada la gravedad de la afirmación publicada por quien es, además de su amigo personal y confidente habitual, un renombrado periodista que escribe en el segundo diario de Italia por tirada, resulta extraño que no haya habido aclaración alguna por parte del propio Francisco.

2. Quien suscriba el Documento sobre la fraternidad humana, de Abu Dhabi (4 de febrero de 2019), está negando tácitamente la divinidad de Nuestro Señor, toda vez que pone en igualdad absoluta a la fe católica con el Islam. El principio de no contradicción tiene aún plena vigencia: “No se puede ser y no ser al mismo tiempo y bajo el mismo respecto”, dice su expresión más clásica. Si Jesús es el Hijo de Dios, el cristianismo es la única fe verdadera, y el resto no son más que falsificaciones. Consecuentemente, no da lo mismo practicar una fe u otra y, por tanto, la “diversidad de religiones” no es algo querido por Dios, como afirma ese documento. Dicho de otro modo: si Dios quisiera positivamente que hubiese varias religiones en el mundo, incluidas aquellas que desconocen o niegan la Divinidad de su Hijo hecho carne en las entrañas de la Virgen María, Dios estaría queriendo que los hombres cayeran en cultos falsos e idolátricos y, peor aún, Dios se estaría contradiciendo.

3. Finalmente, un hecho menor pero significativo. A fines de octubre del año pasado, el gobernador de Santiago del Estero (Argentina) inauguró en la capital de la provincia el Parque del Encuentro, “un sitio ecuménico de diálogo interreligioso que apunta a destacar la diversidad de creencias y el espíritu de encuentro recíproco”. El lugar contiene cinco edificios inspirados en la arquitectura de grandes monumentos —una mezquita, una sinagoga, una Capilla Sixtina, un templo budista y un templo protestante— en torno al “anfiteatro de la Pachamama”. Un monumento al kitsch difícilmente parangonable y edificado en una provincia paupérrima como Santiago del Estero. Esta iniciativa contó con la bendición del propio Papa Francisco que, en una nota autógrafa, dio su bendición y expresó: “La noticia de este emprendimiento me alegró. Que en medio de tantos desencuentros, una comunidad tenga el coraje de realizar una cosa así supone coraje, valentía y, sobre todo, deseo de caminar juntos”. ¿Puede alegrarse, bendecir y alentar este tipo de iniciativas alguien que confiese que Jesús es Hijo de Dios? Imposible. La confesión de Pedro bloquea cualquier tipo de sincretismo y exige exclusividad. 


La conclusión lleva a una pregunta: si el Papa Francisco, en frecuentes hechos y expresiones concretas, desconoce la divinidad de Nuestro Señor, es decir, no lo confiesa como lo hizo Pedro, ¿puede seguir siendo considerado su sucesor? ¿Es aun la roca sobre la que Cristo ha edificado su Iglesia?

Lo mío no es una afirmación o un recurso retórico. Estoy planteando una duda seria y que, aunque incómoda, merece la pena pensarla y pido a los que están capacitados para responderla, nos hagan la caridad de iluminarnos.

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Reseña: "De la paz de Benedicto a la guerra de Francisco"



por Candelaria del Solar 

Peter Kwasniewski (ed.), From Benedict’s Peace to Francis’s War. Catholics Respond to the Motu Proprio TRADITIONES CUSTODES on the Latin Mass, Angelico Press, New York, 2021.

Hemos leído con sumo interés una selección de textos publicados a raíz de la publicación del motu proprio Traditiones Custodes, realizada por Peter A. Kwasniewski, un autor prolífico de libros y textos sobre la liturgia y compositor, entre otras cosas.

El libro reúne contribuciones al debate suscitado desde el mismo día de la aparición del motu proprio, el 16 de julio de 2021, hasta el 20 de septiembre. La idea de reunir en un volumen estas reacciones, que desde luego no pretende ser exhaustivo, me parece excelente, y el editor es muy claro al exponer el propósito: “Este libro no es, ni pretende ser, una presentación de ‘ambos lados del argumento’. Ofrece una variedad de críticas a este decreto profundamente imprudente y antipastoral, que adolece de fundamentos doctrinales coherentes, de graves defectos morales y jurídicos, y de implicaciones eclesiológicas imposibles”.

Si bien casi todos los autores de cada capítulo son católicos, se ha dado espacio a un artículo del filósofo ateo francés Michel Onfray. Resulta paradójico que muchas veces quienes no pertenecen a la Iglesia, pero estiman cuanto ha aportado a nuestra civilización cuyo estado moribundo deploran, perciben mejor la dependencia estrecha que mantiene la cultura con el culto. De esto también da cuenta Juan Manuel de Prada.

La situación es gravísima. Los enemigos de la tradición, sabiendo que su tiempo es limitado están apostando todo a un asalto final para eliminar los restos del “viejo catolicismo”. Pero hay muchas razones para ser escépticos con respecto al triunfo de tal empresa. Así como la década de 1970 se reveló incapaz de eliminar la liturgia tradicional, más difícil les resultará ahora, cuando hay muchos miles de sacerdotes más y millones de fieles laicos que aman el tesoro de la tradición católica y que son mucho menos ingenuos respecto a las agendas ideológicas y mucho menos papólatras de lo que eran las generaciones pasadas.

Sin embargo, como señala Maike Hickson, serán necesarias dos cosas.

En primer lugar, resulta imprescindible adquirir la mejor comprensión posible de la base teológica y el fundamento de las posiciones adoptadas por los católicos tradicionales. Este libro es un depósito vital de argumentos positivos, refutaciones de los oponentes y observaciones sobre el estado actual de las cosas.

En segundo lugar, debe existir la voluntad de comprometerse, de resistir cuando sea oportuno, y de tomar las medidas que sean necesarias para el bien de las almas y la preservación de la fe católica en su plenitud. Esto llevará, en algunas diócesis, a misas y sacramentos clandestinos. Habrá sacerdotes suspendidos que, sin embargo, seguirán ofreciendo el sacrificio a Dios y los sacramentos al pueblo, oficio para el cual fueron ordenados. Para ayudar a las conciencias en medio de esta dura y descarnada guerra de guerrillas, el Dr. Kwasniewski ha escrito un nuevo libro, True Obedience in the Church: A Guide to Discernment in Challenging Times [La verdadera obediencia en la Iglesia: Una guía para el discernimiento en tiempos desafiantes], que será publicado por Sophia Institute Press en febrero.

From Benedict’s Peace to Francis’s War contiene sesenta y nueve contribuciones de cuarenta y seis autores de Europa, América, Asia y África. En esta ocasión, presento una breve reseña de algunos de ellos. 

En primer término, destaco un estudio muy completo titulado La subordinación del papa a la Tradición como límite legislativo, que constituye el capítulo 49, y cuyo autor es el editor del libro, Peter A. Kwasniewski. Allí, con abundancia de citas, recorre la historia de la Iglesia para demostrar que el papa no tiene poder para ir en contra de la Tradición de la Iglesia, y recuerda que durante 1500 años, en Occidente,  los papas no intervenían para codificar la liturgia o para definir un libro litúrgico. Si finalmente San Pío V, a instancias de los padres del Concilio de Trento y sobre la base de los trabajos que ellos habían hecho y que no habían podido concluir por falta de tiempo, publicó una editio typica del rito usado en la Curia Romana, y que había alcanzado gran difusión gracias a la orden franciscana, fue más que nada buscando evitar los abusos que se podían dar con la proliferación de las misas votivas y para dar su centralidad al ciclo temporal, que podía verse obscurecido por las celebraciones de los santos.  Recomiendo una lectura atenta, armado de lápiz para subrayar y tomar notas según el talante y el tiempo de cada uno, ante las injustas pretensiones de Traditiones Custodes.

Rubén Peretó Rivas, un intelectual argentino, es autor de dos capítulos. En el primero de ellos, titulado ¿Constructor de paz o pacificador? En torno a Traditiones custodes y el Papa Francisco, analiza el hecho de que con Summorum Pontificum, Benedicto XVI no quiso tan sólo buscar construir la paz con los fieles vinculados a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, sino principalmente reconciliar a la Iglesia con su tradición litúrgica. Cuestión ésta que lo preocupaba desde sus tiempos de sacerdote y que buscó solucionar cuando fue elegido Papa. Por cierto, resulta difícil probar la continuidad entre el rito romano tradicional y el nuevo rito elaborado en tiempo récord por una comisión de peritos. Para resolver esto, Benedicto publicó el motu proprio Summorum Pontificum que, mediante un acto de su voluntad, liberalizó la antigua liturgia y quiso establecer una coexistencia pacífica entre las que llamó dos formas de un mismo rito. Si como sostenía Benedicto, ambas expresaban una misma fe, el rito más nuevo no tenía por qué temer la convivencia con el más antiguo. Cabe aclarar que debió confiar en los obispos —a quienes, como afirma Peretó Rivas, el papa Francisco ha recordado acertadamente su papel de custodios de la tradición— para que aplicaran con liberalidad el motu proprio. No fue el caso del por entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio, quien desobedeció o, si se prefiere, no permitió a sus sacerdotes ni a los sufridos fieles porteños la puesta en práctica de Summorum Pontificum en su archidiócesis. De hecho, al cabo de ocho años en el solio petrino, se pretendió investido de una autoridad que le permitiría restringir severamente la celebración del culto divino y los sacramentos de acuerdo con el usus antiquior hasta su erradicación total, con el objetivo de reconducir, en el largo plazo, a los fieles ligados al uso tradicional a aceptar el nuevo rito, y así, abolir la antigua liturgia, hecho sin precedentes en la historia jurídica y litúrgica. De esta manera, se realizaría en la teoría y en la práctica lo contrario de lo sostenido por su predecesor, y sólo quedaría la liturgia reformada como expresión de la lex credendi. Francisco impondría la pacificación manu militari, basado en su poder aparentemente absoluto en una materia que, sin embargo, depende esencialmente de la tradición. En lugar de ser un constructor de paz como el papa Ratzinger, intenta forzar una paz que, en realidad, es una declaración de guerra.

Esta supuesta autoridad del papa por sobre la tradición, o de la identificación del papa con la tradición, que se reduciría a su voluntad, es el tema que propone también Rubén Peretó Rivas en ¿La tradición devorada por el Magisterio? Allí plantea la tesis de que, durante el primer milenio y hasta después de Trento, una verdad teológica era contrastada con la Escritura y los Padres de la Iglesia. El papel del papa y los concilios consistía en autentificar que dicha doctrina remontaba a los Apóstoles y había sido fielmente transmitida. En cambio, a partir de fines del siglo XVI aparece la noción de magisterium, una tercera regla de la fe, que paulatinamente, desplaza a las dos anteriores y se convierte en el órgano que expone las verdades que deben ser creídas por los fieles, quienes creen en ellas porque es el Magisterio quien las propone. Se habría pasado así de una noción objetiva de la Tradición como depósito apostólico, a una noción subjetiva que radicaría en el Magisterio. 

En este contexto donde la Tradición es lo que dice el papa, se llega a aberraciones como éstas: el papa Pablo VI prohíbe el rito plurisecular de la Iglesia romana e impone en su reemplazo un rito fabricado en un laboratorio, el ritus modernus, como lo llamaba el célebre liturgista Klaus Gamber. Y cuando otro Papa intenta reanudar el vínculo roto con la tradición, viene su sucesor y deshace esta obra. Todo esto no puede sino llevar a la pregunta que se formula al final del capítulo: ¿qué legitimidad tiene el motu proprio Traditionis Custodes? ¿no corresponde ignorarlo? Y como recordamos más arriba, ¿acaso no fue esto lo que hizo Bergoglio con el motu proprio Summorum Pontificum cuando era arzobispo? 

Me parece una tesis ésta que merece la atención de los estudiosos competentes, y que arrojaría luz para poder discernir qué actitud debemos tomar los fieles ante la sobreabundancia de documentos publicados por Roma desde hace un siglo y medio, y qué legitimidad tiene para exigir nuestro asentimiento cuando claramente se aleja de la Tradición, en particular, en materia litúrgica.

Habituados como estamos a un mundo dominado por el despotismo y la arbitrariedad, mientras que las enseñanzas magisteriales no presentaban grandes cambios en nuestra vida cristiana, las aceptábamos con mansedumbre. Pero desde que se nos exige en nuestra práctica litúrgica quemar hoy lo que habíamos adorado hasta ayer, sin más autoridad que la voluntad absolutista del Papa, esta cuestión ha adquirido una candente actualidad. Es algo de consecuencias muy prácticas porque no sabemos qué sanciones pueden recaer sobre quienes se resistan a someterse a la arbitrariedad y la contradicción, ni cuál sería su validez o legitimidad.

lunes, 27 de diciembre de 2021

Francisco, el Papa de los tristes destinos

 


por Eck


¡Cuánto pesa esta corona! 

W. Shakespeare, Enrique IV, segunda parte, acto 3, escena 1.


El pontificado de Francisco se encuentra en sus últimos actos y se espera que tarde o temprano baje el telón que acabe con esta Tragedia. Mientras tanto, nos queda por ver cómo se va resolviendo una trama que fatalmente va aplastando en su marcha al propio Francisco, a sus colaboradores y la vida de toda la Iglesia Universal bajo su peso de locura, maldad y estupidez. Parafraseando al Cisne de Avon, esta fábula es un cuento realizado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no tiene ningún sentido.


"Macbeth, tu serás rey."

El peor castigo que se pudo concebir para una persona como Bergoglio fue la consecución colmada de todas sus ambiciones. Paso a paso, traición a traición, escalón a escalón fue subiendo la escalera del Poder eclesiástico poniendo todas sus facultades y toda su persona en ello. Ya llegaba a un puesto y su ambición sin freno ideaba pasar al siguiente, aplastando todo bajo su enorme peso, destruyendo la justicia y el derecho y sacrificando cuanto la Tierra y el Cielo le ofrecían para henchir el alma y el cuerpo de verdadera felicidad. Su espíritu era animado por las fatídicas voces del viento que le susurraban poder al oído y le decían señalándole con sus huesudos dedos: "¡Salve, Jorge, Provincial de los jesuitas; Salve, Jorge, Arzobispo de Buenos Aires; Salve, Francisco, Papa de Roma!"

Persona eminentemente práctica sin atisbos de contemplación ni de imaginación, sin aficiones ni gustos, sin embargo, su inteligencia se movía ligera por los campos de la política y la manipulación de los hombres. En este terreno, para su desdicha y la nuestra, no tenía rival y su genio pudo desplegar todas sus alas en pos de sus conquistas cada vez más elevadas: de Provincial a obispo, de obispo a Primado, de arzobispo de Buenos Aires a finalmente, Papa en Roma tras la caída de su odiado competidor. Quienes menosprecien a Jorge Mario Bergoglio deberían pensar la enormidad de esta su aventura, por muchos comenzada y por muy pocos acabada. Tampoco debemos olvidar que si llegó tan alto fue porque es el vivo ejemplo de toda una generación de sacerdotes que mamaron los resecos pechos de la iglesia postconciliar. Arquetipo del tipo mayoritario del clero ¿Cómo estos no lo iban a alzar viéndose  cada uno de ellos en el trono a través de él?

Durante este largo camino que su ansias le marcaba iba deformando su alma, amputando aspectos esenciales de la persona: Solo acción pura y mera potencia. Ignoramos que hay en el centro de su persona para impulsarle a cometer este hecho horrible. Primero cayó y poco lo lamentó la contemplación de la Verdad y la Belleza, juzgadas como superfluas y sin valor. Luego le tocó a la Justicia y las demás virtudes juzgadas de impedimentos para su carrera. Tras ello se apagó la Caridad, se oscureció la Fe y se corrompió la Esperanza. Finalmente se quedó con el verdadero idolillo de su alma, el Poder puro. Al llegar a la Silla de S. Pedro y ser coronado, summum de sus afanes, la transformación se había completado y casi toda su humanidad, generosidad y curiosidad se había agotado con sus pensamientos, hechos y decisiones interesadas. Es rey pero no reina sobre sí mismo pues no tiene luz interior que le guíe por el laberinto de la vida ni está acompañado por las generosas Verdad, Bien y Belleza: Es en completo desalmado, sin corazón, hueco donde arrecia el eterno frio del desamor y su alma yerma, glacial, se quedó a oscuras como un cielo nocturno sin estrellas y Luna.


La noche antes de Bosworth

La larga noche sin luminarias de tu pontificado se te cierne encima y en la hora crepuscular aparecen las sombras alargadas de tus víctimas. Me refiero a las víctimas de tu alma, psique e inteligencia. Ahora tienes el Poder y ni más arriba no puedes subir ni más allá pasar. ¡Tarde descubriste, Bergoglio, que poder es un verbo transitivo¡ Lo tienes pero no lo sabes usar y ni siquiera sabes para qué sirve. Anibal que vences pero no sabes usar de tu victoria. Rey Midas del Poder que antes todo lo que tocabas lo convertían en medio de tu ambición y ahora tu ambición no tiene objeto, un fin sin fin.

Destruiste la Verdad en tu inteligencia y ahora tus palabras se las lleva el viento; asesinaste la Belleza de tu alma y tus hechos son tan  ramplones y cutres que no tienen ni la grandeza infernal del Mal y asesinaste el Bien y con ello es imposible alcanzar las estrellas e iluminar con su luz a ti y a todos. Tu falta de generosidad, de amor desinteresado por las personas y las cosas te pasa factura, todo te cobra interés recrecido. Nada hiciste gratis, nada se te dará gratis, cosechas lo que sembraste. Sin gustos, aficiones o amigos, no se enciende tu alma por el arte, la música, los hermosos versos ni las historias bien contadas. Te está vedado lo que hace la felicidad de los hombres y te esta vedado lo que hace la felicidad de los santos: la contemplación de Dios. Famélico, hambriento, inútil, inservible te mueves como una peonza, dando vueltas a ti mismo, dañándote y dañando a los demás, triste destino de aquel que no tiene destino su vida ni anhelos.

Como Golum y a imagen y semejanza de éste te aferras al Anillo del Pescador gritando como un poseso desesperado por Santa Marta y las estancias: ¡Mi tesoro!¡ Mi tesoro¡ temeroso de que te lo quiten pero a la vez te destruye por dentro. Ni por un momento te paras en pensar en sacrificarlo para algo grande, generoso, alto, sea equivocado o correcto, produzca loas o escarnios. Egoísta y solipsista, morirás con él en el Monte de la Historia y desaparecerás de la historia sin ningún rastro ni nadie que te recuerde por algo grande o bueno. Polvo, ruido y nada será tu legado.


Desespera y muere

El más desgraciado de los hombres se desespera de que el poder se le escape de sus manos y como un loco hace gestos sin significado, manda contradicciones, habla desatinos. Recurres desesperado a los instrumentos que te sirvieron de escalerilla: teología del pueblo, peronismo, progresismo pero descafeinado porque nunca creíste que fueran más que instrumenta regni y te postras ante los ídola fori de nuestros días para dar contenido a tu pontificado, para dar contenido a tu vida. Habiéndosete negado la capacidad de la construcción, has tenido que recurrir a la destrucción. Ricardo III papal, lo que te sirvió para subir a las alturas ahora te derroca hasta los abismos. En esta larga noche antes del final se te aparecen los recuerdos para gritarte tus crímenes y te muestran tu verdadera imagen y figura en el espejo de tus acciones: 

Becciu muestra tu injusticia; Benedicto tu falta de sabiduría; Pell tu hipocresía al dejar que la mafia manche la Sede Petrina con sus negros negocios, Viganó tu depostismo y tu sometimiento voluntario a los siervos del Principe de este mundo; los Cuatro de la Dubia tu frivolidad con el Tesoro de la Fe, las victimas de Cor Orans y los Franciscanos de la Inmaculada  tu odio por el fin último del hombre: ver a Dios; la Traditionis tu odio por todo lo grande y bello; los miles de martires, santos, doctores y papas insultados y vejados por ti al ensalzar la herejía y la idolatría y finalmente se alzará la memoria del difamado, perseguido, castigado, expulsado de su casa junto a su anciana madre y muerto de pena por la injusticia cometida por ti y tus sayones, Monseñor Liviéres, con el que comenzaste con malos augurios tu nefasto gobierno, mostrando tu verdadera faz. Hasta los paganos antiguos te acusarán porque ellos juzgaban las causas después de haber oído a las partes y haberse podido defender el acusado (Act. 25,16) y tú no lo hiciste siendo sucesor de un condenado sin culpa y representante del Inocente crucificado injustamente.

Dios no se queda con nada, Suprema Justicia de Aquel que gobierna a los pueblos con vara de hierro ahora te manda a las Erinias con los látigos de la desesperación y Sus castigos a la Iglesia que te siguió en tus fechorías sin alzarse en defensa de la Justicia y el Derecho, de la Fe y la Caridad, de la Verdad y la Sabiduría. Del Eterno nadie se ríe por muy alto que se crea, empero, no olvidará tu defensa ardiente de la Santísima Virgen en una ocasión y tus visitas filiales a la Inmaculada y a la Salus Populi Romani.


Orad por vivos y muertos

Todavía pues hay esperanza para Francisco, no para que enderece los caminos de su pontificado sino para que pueda alcanzar aquella misericordia que encontró acomodo en el corazón del ladrón San Dimas y del pecador San Andrés Wouters. Dejemos a un lado el rencor, el asco y el odio que podamos tenerle por sus maldades y empecemos a tenerle misericordia, piedad y lástima porque en el fondo es un desgraciado que para su desdicha y para castigar los enormes pecados de los miembros pecadores de la Iglesia ha conseguido lo que más anhelaba.

Reparemos mediante la contemplación, la oración, la caridad todo el daño y destrozo que cometa en su camino destructivo este Papa malhadado. Medicina amarga que, sin embargo, nos está mostrando a todos, altos y bajos, el verdadero mal que corroe la Iglesia y que pudre su meollo. Innumerables cánceres que no daban la cara mientras mataban la vida sobrenatural silenciosamente se han revelado en toda su purulenta naturaleza con Bergoglio y compañía. Demos las gracias a Dios que se haya revelado lo oculto y podamos enfrentarlo si tenemos la santidad, la valentía y el coraje suficientes

Dentro de poco vendrá la hora en que de nada sirven los cargos, ni las alabanzas ni los improperios, el cetro huya de las manos y la pesada corona caiga de las sienes, el poder se desvanezca como humo en el aire y el miedo se disuelva como la nieve. Quien pretendía predeterminar el futuro no podrá ni influir en el presente. Olvidado por sus servidores en vida, que perderán el calor de su estima junto al de su cuerpo mientras lo buscan en el nuevo sol que se levanta. Su anillo será machacado y creado con él el de su sucesor. En el fondo, toda su vida y final nos habla de nosotros y de los peligros de centrarnos en nosotros mismos:  Acta est fabula et de te narratur!

Entonces podremos decir tras rezar por su salvación eterna y ofrecer penitencias para que alcance el perdón que todos necesitamos:

¡Adios, Francisco de Roma, Papa de los tristes destinos¡

miércoles, 22 de diciembre de 2021

Los motivos del intento de aniquilación de la liturgia tradicional

 


por Rubén Peretó Rivas


Quienes conocen de derecho canónico, aseguran que Traditiones custodes es un documento muy cuestionable desde el punto de vista jurídico, y más cuestionables aún son las respuestas de la Congregación para el Culto Divino acerca de las supuestas dudas que habrían recibido por parte de los obispos en relación a la aplicación de TC. Pareciera que se trata de leyes dictadas por un tirano que se considera por encima de todo ordenamiento jurídico y, por tanto, con derecho a hacer lo que quiere. Sin embargo, lo más grave de esta situación no es la cuestión canónica sino el enorme daño y dolor que provoca a decena de miles de almas que no son escuchadas y tenidas en cuenta, sino simplemente marginadas y condenadas a una extinción más o menos rápida. 

La pregunta que busco responder en este artículo es por qué lo hacen. Y en primer lugar es necesario advertir quiénes son los autores de esta masacre del mundo tradicional, y aunque el responsable último es el Papa Francisco, los responsables directos son otros. Al pontífice no le interesa la liturgia —reformada o tradicional—, y la prueba está en que durante los primeros ocho años de su pontificado no tomó ninguna decisión restrictiva. Más bien lo contrario. A mi entender, la responsabilidad viene del grupo de académicos de San Anselmo, que junto a la Escuela de Bolonia, son los herederos del “espíritu conciliar” en materia litúrgica. Al combativo y emblemático Prof. Andrea Grillo, que desde 2017 operaba en las sombras de Santa Marta como se comentó en este blog que previó lo que ocurrió en los últimos meses (aquí y aquí), se suma Mons. Vittorio Viola, o.f.m., salido de las entrañas de San Anselmo y Secretario de la Congregación del Culto, el P. Corrado Maggioni, hasta hace pocos meses subsecretario del mismo dicasterio, y varios más (ver aquí). Se trata de un pequeña elite de iluminados que reconocen como progenitores a Mons. Annibale Bugnini y a su secretario, Mons. Piero Marini, responsable de los habituales desmanes litúrgicos que poblaron el pontificado de Juan Pablo II. 

Pero, ¿por qué lo hacen? ¿Por qué embarcar a la Iglesia en una guerra que ya estaba superada? Las razones son múltiples.

1. Como toda elite ilustrada, tienen una fuerte tendencia a la ideologización, y todo ideólogo está absolutamente convencido de la verdad de sus ideas, y lee y manipula la realidad de acuerdo a ellas. Es inútil ofrecerle argumentos, es inútil entablar una discusión, y es inútil mostrarle los datos de la realidad. Si ésta no se amolda a sus ideas, peor para ella. No hay mejor ejemplo para ilustrar este fenómeno que el marxismo. Poco importó que la colectivización y demás medidas que la elite bolchevique ideó como propicias para liberar al proletariado ruso fueran rechazadas por ese mismo proletariado y fracasaran una y otra vez. Las medidas se imponía a como diera lugar, aunque eso significara los gulags donde murieron millones de personas. Para el ideólogo la realidad no cuenta.

Llama la atención que tanto en TC como el documento recientemente emitido se habla una y otra vez de la “riqueza” de la reforma litúrgica del Vaticano II. Este tipo de afirmación es propia de un ideólogo incapaz de valorar la realidad. La tal reforma fue concebida para promover una participación más activa de los fieles en la vida litúrgica de la Iglesia. Cincuenta años más tarde, lo que vemos es que las iglesias están vacías, que la asistencia de los fieles a los oficios litúrgicos disminuyó drásticamente, concentrándose sobre todo en personas mayores, y que los seminarios, donde se formaban los ministros del culto, se vaciaron. Sería una falacia afirmar que la consecuencia de esta catástrofe fue la reforma del Vaticano II. Es probable que si tal reforma no se hubiese producido, las realidad fuera similar o peor de lo que vemos. No lo sabemos. Sin embargo, lo que sí podemos afirmar con certeza en buena lógica, es que la reforma litúrgica promovida por el Vaticano II no fue eficaz para impedir el alejamiento de los files católicos de la liturgia. Y esto no es más que una deducción válida a partir de datos evidentes. No puede ser negada. O bien, los únicos que pueden negarla son los ideólogos que, enamorados de su idea, se demuestran incapaces de compulsarla con la realidad.

2. TC y las Responsa ad dubia, no hacen más que confirmar el fracaso de esa reforma. En efecto, que cincuenta años después de aplicada, se deba a recurrir a medidas draconianas para impedir que decenas de miles de fieles, en su mayoría jóvenes, asistan a los oficios tradicionales, implica que las pretendidas bondades de tales reformas no fueron tales puesto que, si ese hubiese sido el caso, nadie se acordaría ya de la misa tradicional. Que los seminarios y casas religiosas de comunidades tradicionalistas estén llenos a rebosar y, en cambio, que el resto languidezcan y desaparezcan, son signos elocuentes de un fracaso. 

En pocas palabras, el segundo motivo por el que hacen lo que hacen, es su incapacidad de reconocer y aceptar el fracaso; una profunda falta de humildad que provoca que prefieran aniquilar a los fieles tradicionalistas antes que reconocer que aquellas bondades de la reforma eran no más que ensoñaciones provocadas por los vapores surgidos del optimismo fatuo de posguerra. 

3. Más allá de que los ideólogos que están detrás de todas estas medidas sean reconocidos liturgistas, lo cierto es que demuestran una profunda deficiencia en su concepción de los sacramentos. Éstos no son ya entendidos como canales de la gracia absolutamente necesarios e imprescindibles para la salvación de las almas, sino más bien como un lugar privilegiado de ejercicio del poder. Se prefiere dejar a los fieles sin sacramentos que permitirles que accedan a ellos celebrados según el rito que siguieron los católicos durante más de mil quinientos años y que fuera refrendado como válido y nunca abrogado por el Papa Benedicto XVI. 

Lo ocurrido en los dos últimos años bajo la excusa de la pandemia de Coronavirus muestra la preocupante tendencia del episcopado mundial a imponer su autoridad de un modo despiadado, privando a sacerdotes y fieles de sus derechos más elementales como es el acceso a los sacramentos. El “ministerio” episcopal ha quedado reducido a un simple y puro ejercicio de poder, completamente despreocupado de la dimensión espiritual de la función propia del obispo.

4. Una cuarta razón es una concepción positivista de la ley litúrgica. Para los positivistas, la liturgia se convierte en ley por una decisión de la autoridad competente. Y esta es la actitud que vemos no solamente en los legisladores romanos sino en buena parte de los obispos del mundo que, frente al reclamo de sus fieles, dicen: “Es lo que manda el Papa”. Sin embargo, esta no es la concepción católica de la ley, que supone que es sancionada en vistas a la salvación de las almas y encuentra su legitimidad en el uso constante que deviene costumbre. La autoridad, entonces, no crea la liturgia ni la usa, sino que simplemente la purifica para que todos sus elementos sean acordes con la fe. La reforma litúrgica del Vaticano II fue implementada dentro de un marco de interpretación positivista de la ley, y así también lo son TC y las responsa. Y entonces, si la costumbre y el bien de las almas dejan de ser tenidas en cuenta y se apela sólo al peso de la ley, todos los medios serán apropiados para hacer valer la autoridad y aplicar la dureza esa ley.


    Los intentos por aniquilar la liturgia tradicional son, a mi entender, son perpetrados, a mi entender, por una pequeña elite ilustrada que, desde sus laboratorios del Aventino, deciden qué es lo mejor para el pueblo de Dios. Sería conveniente que alguien les advirtiera que el Papa Francisco adhiere a la "teología del pueblo", de corte peronista, según la cual Dios se revela en la voz del pueblo. ¿No sería el caso, entonces, de escuchar la voz de Dios que se expresa en la porción del pueblo que prefiera la liturgia tradicional? ¿O será que esa revelación debe ser escuchada siempre y cuando coincida con los preconceptos de quienes están en el poder?

 Todo esto se parece mucho, como ya hice referencia, a la camarilla de ideólogos que intentó aplicar el marxismo en la Unión Soviética. Fracasaron, aunque hayan sido setenta años de sufrimiento para el pueblo ruso. Y en este caso fracasarán también. Nunca las imposiciones de un grupo de ilustrados podrá contra la piedad y memoria del pueblo fiel.