jueves, 8 de diciembre de 2022

Dos buenas noticias. Sí, se puede

 

A pesar de todas las pegas y trabas que quieran poner, sí se puede. Y aunque pueda no ser más que un anhelo, hay signos evidentes de que las cosas están cambiando y que son muchos más de los que creemos los que se animan y son capaces de aplicar “con discernimiento” Traditiones custodes. El movimiento en defensa de la liturgia tradicional se está afianzando de un modo u otro en todo el mundo. Y aquí van dos buenas noticias aparecidas el día de hoy, fiesta de Nuestra Señora:




1. El capítulo UNA VOCE ARGENTINA ha publicado hoy su sitio web. Está integrado por  un creciente número de laicos católicos, diseminados por todo el país, que desde hace tiempo trabajan para que los obispos argentinos no cancelen a los fieles de rito tradicional y los reconozcan como hijos de una Iglesia en las que todos tiene lugar, según ha dicho en repetidas ocasiones el papa Francisco.





2. Esta semana, en la la iglesia de Nuestra Señora de la Paz (Madrid), atendida por los padres del Instituto de Cristo Rey, el cardenal Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid, impartió el sacramento de la confirmación en rito tradicional a un buen número de niños y jóvenes de esa comunidad. 

Un dato para destacar: en ese templo se celebra exclusivamente la liturgia tradicional, y tiene tres misas diarias y cuatro los domingos, siempre repleta de fieles. Una inesperada explosión que se ha dado en los últimos dos años. 

miércoles, 7 de diciembre de 2022

Más sobre las misas "rorate" o "de aguinaldo"

 

Un amigo liturgista —y de los que en verdad saben—, me comentó la otra cara de la moneda de las misas “rorate” de las que hablamos ayer. Estas misas, en el ámbito hispánico, se llamaban “de aguinaldo” y eran un verdadero dolor de cabeza para los obispos, y con razón, pues se habían convertido en un despropósito.

En estas misas, se cantaban villancicos durante toda la celebración acompañados de instrumentos que traía la gente de sus casas como ollas, sartenes y cucharones, y como era de madrugada y estaba todo oscuro, muchos eran los que se escurrían a las capillas y rincones para refocilarse en placeres no precisamente espirituales. 

Los obispos, como es lógico, reaccionaron para restringirlas o prohibirlas. Incluyo aquí copia de algunos documentos interesantes al respecto:


Sínodo de Jaén, 1624.


Sínodo de Córdoba, 1662.


Recorte de "El Perú Ilustrado", 1890.



En los países germánicos, donde se conservan hasta la actualidad, es posible que haya sido una costumbre que no se desbordó, porque los alemanes son gente  de sangre menos caliente. Pero en España e Hispanoamérica eran un despiporre. 

No es cuestión de idealizar un pasado que nunca existió. 

martes, 6 de diciembre de 2022

Las misas "Rorate"

 


Una tradición católica para el Adviento es celebrar durante los sábados de este tiempo litúrgico la Misa Rorate Caeli “de sancta Maria in Sábato”. En algunas regiones se solía celebrar durante el Adviento no sólo los sábados, sino varios días de la semana. Una particularidad de esta Misa es ser celebrada a oscuras, sin luz ni del sol ni artificial: sólo la procurada por los numerosos candelabros en el altar y el presbiterio, y por las candelas que llevan los fieles en la mano. El sentido de tales celebraciones es profundo: en el Adviento nos preparamos a la fiesta del nacimiento de Cristo, y con la Virgen nos preparamos a una llegada de Aquel que es la Luz y ha venido a disipar nuestras tinieblas y a iluminarnos en gracia y santidad.

La Misa Rorate comienza tradicionalmente antes del amanecer. Por tratarse de una Misa votiva en honor de la Virgen María, el sacerdote se reviste con ornamentos blancos en lugar del morado, color penitencial propio del Adviento. La iglesia está a oscuras excepto por la luz de velas y faroles. El himno Rorate caeli comienza en la oscuridad, que simboliza la oscuridad del mundo antes de que la luz de Cristo apareció en la Navidad. Durante el himno, los sacerdotes y los niños, llevando sus candelas encendidas, entran en procesión en la iglesia. Al final de la Misa, el sol empieza a subir: es el amanecer de un nuevo día y un recordatorio de la Luz Verdadera de Cristo, que destierra la oscuridad del pecado y de la muerte.


La reforma del Concilio Vaticano II abolió esta piadosa tradición que contaba con más de diez siglos de antigüedad. El motu propio del papa Benedicto XVI volvió a hacerla posible. 

Las fotografías que ilustran corresponden a misas Rorate celebradas en este adviento de 2022 en diversas partes del mundo.


Créditos: Una Voce Sevilla - Asociación Litúrgica Magnificat

lunes, 5 de diciembre de 2022

La misa de siempre. Un documental imperdible


por Jack Tollers


El video que presentamos constituye la segunda parte de una trilogía intitulada “Mass of the ages” y que hemos elegido traducir como “La misa de siempre”, pues así se la conoce entre nosotros.

Y aunque este documental no dice casi nada que no supiésemos desde niños, sin embargo hemos comprobado que puestos por juntos todos los argumentos, reconstruida toda la historia, amalgamadas todas las connotaciones, sumadas todas las estupideces, calibradas todas las iniquidades que dieron lugar a la (casi exitosa) supresión de la misa de San Pío V y la fabricación (exitosa) de un ritual para reemplazarlo… da como resultado un docudrama excelente. Como verán los que soporten este video hasta el final (dura una hora), lo ocurrido parece cosa de una película de suspenso. Y en verdad, es cosa de no creer. 

Pero pasó nomás, pasaron cosas raras, tal como se relatan aquí, en este magnífico video confeccionado con inteligencia, elegancia y precisión. En su realización participaron grandes liturgistas y teólogos como Joseph Shaw, Timothy Flanners, Taylor Marshall, Peter Kwasniewski—todos laicos, aunque algunos clérigos también, como el exsecretario del Cardenal Gagnon, Charles Murr, Alcuin Reid y otros. Eso sí, se trata de un producto americano, una muestra más del vigor que tiene el catolicismo tradicionalista en ese país.

Raro, me dirán ustedes, pero es verdad, en ninguna otra parte se hallará una expresión más vigorosa de la fe ortodoxamente entendida. Y si de rarezas se trata, aprovechemos esta presentación para señalar algunas más que se nos ocurren al voleo. 

  1. Es raro que, de buenas a primeras, a un papa se le ocurre reformar un rito en particular (el tridentino) sin mandato de nadie, ni siquiera del Vaticano II. Pero, claro, reforma es un decir: en realidad, en 1968 se suprimió un ritual para reemplazarlo por otro, fabricado con ese propósito. Y eso sí que carece de antecedentes en 2000 años de historia; y eso sí que es raro. 
  2. Alcuin Reid señala en este video otra rareza: es impensable, dice él con alguna razón, que Pablo VI se propusiera destruir la liturgia vigente, pero, de hecho, así resultó. Reid argumenta que al Papa se le escapó la tortuga, que no entendía de liturgia, que nunca pensó que tendría los efectos que, de hecho, tuvo. Y al comprobar el desastre… le echa culpas al “humo de Satanás”, etc. Es todo tan raro... 
  3. ¿Por qué Bugnini pudo hacer lo que se le cantaba? ¿Cómo nadie lo puso en caja, Bouyer, por ejemplo? ¿Qué es esto de la voluntad omnímoda del papa, que Bugnini invoca (y se sale con la suya)? No me importa si fue o no masón, ¿cómo es que (San, je) Paulo VI homologó esta brutal reforma? Es raro, no me digan que no. 
  4. Durante cuatro décadas se impuso el Novus Ordo facilitando una catarata de blasfemias, sacrilegios, disparates, estupideces de todo tipo en el mundo entero. Durante cuatro décadas se persiguió sistemáticamente a quienes querían celebrar decorosamente la misa según el Vetus Ordo. Durante cuatro décadas nadie pudo impedir el vendaval secularizante, los “vientos de la historia”, el “espíritu del Concilio” y la mar en coche. Durante cuatro décadas asistimos impotentes a la destrucción de universidades y colegios, la desaparición de órdenes enteras, la disminución de vocaciones religiosas y la apostasía de innumerables clérigos (y clérigas, ja). Y a pesar de la denuncia de Pablo VI, durante cuatro décadas nos atormentaron con el cuento de que esto era la primavera de la Iglesia. Raro, ¿no?
  5. Y luego, casi cuarenta años después, un papa, Benedicto XVI, nos desayuna con Summorum Pontificum, un motu proprio en el que afirma, entre otras cosas, que la misa de San Pío V nunca se suprimió, que nadie puede suprimirla y que celebrar según ese ritual es tan legítimo como… celebrar según el Novus Ordo. Es raro, ¿no?, porque encima de todo él nunca celebró sino según el rito más pobre, menos rico, más revolucionario, menos sacro, más… ¿qué diré yo? Pues, nada, vean la película que versa sobre todas estas cosas tan extrañas.
  6. Y ahora, encima de todo, el Papa Francisco saca Traditiones Custodes que prácticamente suprime nuevamente el ritual tridentino. ¿En qué quedamos? Es todo tan raro…

Pero dejemos todo eso por un minuto y reflexionemos sobre la incuestionable gravitas, sacralidad, belleza y maravilla que es un rito celebrado con reverencia y devoción (que el culto exige reverencia y devoción es cosa evidente, pero, por las dudas, remito a un artículo que escribí hace más de diez años).

Hay muchos que se niegan a asistir a misas celebradas según el rito tridentino argumentando que no la entienden. Pero quizás viendo este documental, empiecen a entender más: qué se proponían los que querían (y quieren) abolir este ritual, y quiénes son.   

Vamos, que la misa en latín y toda esta historia (por rara que sea), son cosas no tan difíciles de entender. 


miércoles, 30 de noviembre de 2022

El fracaso, y desesperación, de la línea media

 


[Aclaración previa: El fenómeno sobre el que quiero plantear la siguiente reflexión es propio de una región particular de Argentina. Por eso mismo, no hago aquí referencia a los centenares de buenos y abnegados sacerdotes que pueblan el país y que hacen lo que pueden en las circunstancias en las que viven, sometidos a la tiranía de sus obispos y que por ser simpatizantes de la liturgia tradicional, los destinan a las parroquias más desoladas de la diócesis. A esos sacerdotes que, a pesar de todo, creen, esperan y continúan su oblación a Dios y a los hermanos, no me queda más que la admiración y el agradecimiento].


Luego del Vaticano II, entre mediados de los ’70 hasta comienzos del nuevo milenio aproximadamente, el catolicismo quedó divido en tres grandes líneas: la progresista, que nunca fue muy numerosa pero sí muy activa e influyente debido a las elites intelectuales que la integraban; la línea media, con matices más o menos marcados en cuanto a sus inclinaciones a derecha o izquierda, y que concentraba la mayoría absoluta, y el tradicionalismo, apenas un puñado de fieles nucleados muchos de ellos en torno a Mons. Lefebvre o en otras asociaciones. 

La “línea media” es la que en este blog hemos denominados “neocon”, sobre cuyas características escribimos mucho. Línea media o neocon es una actitud eclesial que reside en materia dogmática como un apego al oficialismo eclesial por encima de las fuentes de la Revelación, en un maximalismo teológico consistente en exorbitar el magisterio hodierno al cual no se jerarquiza, en una justificación a priori de las actitudes prudenciales de la jerarquía, y en la suposición gratuita de que la asistencia del Espíritu Santo es aceptada en forma automática por los pastores, por lo que no cabe a un católico más que la adhesión necesaria, externa y sobre todo interna a todas las decisiones que toma la jerarquía, sin posibilidad de crítica o razonamiento alguno, a la luz de la fe. Quines deseen abundar en la mentalidad neocon pueden consultar aquí un esclarecedor diccionario al respecto. 

El neocon o línea media es una especie en extinción. Se caracterizaba por una postura obediencialista, que lo hacía considerar al romano pontífice como una suerte de incuestionable hipóstasis del Espíritu Santo, que jamás podía equivocarse y que necesariamente era santo, y al que debía tributársele el culto y la oblación de la más perfecta obediencia y sumisión a su magisterio, se refiriera éste a materia teológica o cinematográfica (No exagero. Es cuestión de ver la recepción que tuvo en el medio neocon la [malísima] película La vida es bella sólo porque le había gustado a Juan Pablo II). Consecuentemente, el concilio Vaticano II era obra del Espíritu Santo y, en todo caso, tenía algunas ambigüedades que no eran particularmente problemáticas. Y consecuentemente también, todos los que se atrevían a cuestionar de cualquier modo las reformas promovidas por el Concilio, en particular la reforma litúrgica, eran leprosos y perros, que debían ser expulsados como apestados no solo de los templos, sino también de los círculos sociales (Una vez más, no exagero. En Argentina, a comienzos de los ’80, se dio el caso de profesores de la Universidad Católica Argentina que comenzaron a asistir a la misa tradicional y fueron expulsados de sus cátedras por las autoridades que hasta pocos días antes habían sido amigos cercanos y de muchos años). 

Para la línea media, la iglesia posconciliar estaba viviendo una primavera florida y perfumada, de las más sorprendentes de toda su historia. Bastaba ver el éxito del pontificado de Juan Pablo II, las masas que lo seguían y su gran logro de derribar el comunismo. Pero los años pasaron, y el pontificado de Francisco ha demostrado que ese obediencialismo era suicida (¿qué dirán los teólogos que hablaban acerca de la cuasi infalibilidad del magisterio ordinario cuando leen, por ejemplo, esta entrevista al papa Francisco publicada anteayer?) y que el éxito del juanpablismo fue solo espuma. Y afirmo que fue espuma porque de ese éxito que consideraban arrollador hoy no quedan más que despojos. Me refiero, por ejemplo, a los institutos religiosos típicamente línea media que terminaron envueltos en los más espeluznantes casos de abuso (Legionarios, IVE, Miles, etc.); el Opus Dei languideciendo y aproximándose a su agonía; el seminario de San Rafael cerrado por orden del papa que nunca se equivoca, como pregonaban sus autoridades; las JMJ que reunían millones de asistentes en los '90 y que muchos ingenuos pensaban que constituirían el núcleo de la recristianización de Europa, etc. 

Pero quiero señalar un dato más que es francamente escalofriante: las iglesias neocon están vacías. Por diversas circunstancias, en las últimas semanas debí asistir a tres misas dominicales en tres iglesias distintas en una diócesis argentina emblemáticamente línea media. En los tres casos, esos templos parroquiales los domingos tienen sólo dos misas: una por la mañana y otra por la tarde. Yo asistí siempre a la misa matutina (11 hs.), y quedé pasmado. La última vez que había asistido a misa en esas iglesias, estaban colmadas de gente, todos los bancos ocupados, como así también el fondo con gente de pie y un buen número de feligreses siguiendo la celebración desde fuera del templo, con largas colas para confesarse y dos o tres sacerdotes disponibles. En esta ocasión, pude contar los asistentes: 30 personas en un caso, 65 en otro y 53 en otro. El domingo siguiente, asistí como hago habitualmente, a la misa tradicional en la capilla de la FSSPX en una diócesis vecina. Allí tienen 4 misas cada domingo. Yo fui a la de 9 hs.: habían 250 personas. La de las 10:30 (misa cantada) y la de 12:30 tienen una afluencia aún mayor. Estimo que a la de 7:30 irá un número sensiblemente menor.

La situación que describo es el signo más evidente del fracaso de la línea media y sus representantes están, como es lógico, desesperados. Y han reaccionado orquestado una campaña consistente en conferencias virtuales, visitas, reuniones, charlas personales o por las redes, etc. a fin de advertir a los fieles, otrora sus fieles, acerca de la necesidad de permanecer en la línea media. Y es comprensible que procedan de ese modo; no hacerlo sería admitir el rotundo fracaso de la postura que sostuvieron a lo largo de toda su vida. Y hay que ser muy santo para alcanzar, como diría san Ignacio, ese grado de humildad.

Pero vale la pena profundizar en el análisis. ¿Qué ocurrió para que las iglesias se vaciaran? ¿Qué ocurrió para que los fieles que hasta hace poco no tenían problema en asistir a un culto protestante pero que jamas pisaban una iglesia “lefebvrista” se hayan volcado hoy por la misa tradicional?

En primer lugar, se impuso la evidencia. En la época de Juan Pablo II y de Benedicto XVI podía funcionar el discurso obediencialista y papólatra. En la época de Francisco, y de internet, este discurso se cae a pedazos. Lo curioso es que los referentes más encumbrados de la línea media siguen insistiendo aún hoy en el mismo argumento. No caen en la cuenta que ya están viejos y perdieron el ritmo del modo de ser y pensar del católico contemporáneo.

El confinamiento decretado por la pandemia fue también un factor decisivo. Cuando los obispos exigieron la comunión en la mano como único modo posible de comulgar, la directiva emanada de las fuentes del pensamiento neocon fue clara: no se comulga, pues no hay obligación de comulgar. Sin embargo, pasó el tiempo y llegaron las presiones episcopales; y buena parte de los sacerdotes de línea media cedió e instruyó a sus fieles a que aceptaran el nuevo modo impuesto de comulgar. Fue muy curioso que un número importante de personas, de un domingo a otro, comenzaron a poner la mano sin problemas cuando antes permanecían firmemente en sus bancos. Pero un número de fieles más importe aún decidieron que los principios no se cambian según los tiempos. Abandonaron, entonces, el rebaño neocon, cruzaron la calle y comenzaron a alimentar las misas tradicionales de la FSSPX. Y la cuestión es que algo que podría haber sido transitorio, se convirtió en permanente. Cuando pasó la locura del confinamiento, muy pocos, si es que alguno, volvió a la misa del rito de Pablo VI, y por una sencilla razón: quien conoce la misa tradicional, no puede volver al rito nuevo, así como quien se acostumbró al Rutini no puede volver al Toro Viejo.

El tercer factor es lo que está ocurriendo en estas semanas, y tiene que ver con la reacción de los referentes de la línea media, que están jugando con asustar a los fieles advirtiéndoles que la FSSPX está fuera de la iglesia y que no deben participar de sus misas. Siguen creyendo que la gente es estúpida y que internet no existe. Pero no pueden explicar cómo es posible que si están tan fuera de la iglesia, el papa Francisco les haya dado permiso universal para confesar y celebrar matrimonios, o cómo justifican que no haya problema en ir a misas donde se dicen herejías en los sermones y se celebra un rito inventado por el cura de turno y, sin embargo, sea muy peligroso ir a la misa que la iglesia celebró durante más de 1500 años. No terminan de entender que esos fieles no quieren “hacerse lefes” —el mismo Mons. Lefebvre jamás habría admitido tal cosa—, sino gozar del derecho que tiene todo católico de asistir a la misa de siempre. 

El problema es que estos referentes ya están viejos y no pueden y no quieren reconocer que se equivocaron. Y, por otro lado, admitir la situación tal y como la advierten sus antiguos fieles y seguidores supondría para ellos salir de su zona de confort y tomar decisiones difíciles que modificaría su estilo de vida. Pero es mucho más fácil seguir en la postura en la que se estuvo siempre y evitarse problemas.

El problema es que si tan preocupados están de que sus fieles se vayan con los “cismáticos” lefebvristas por qué no presionan a los obispos para que designen una iglesia en cada diócesis en la que los fieles puedan tener diariamente la misa tradicional. Algunos responden que eso ya fue ofrecido, pero pretenden tener no sólo la misa sino también el resto de los sacramentos según el rito tradicional, y eso está prohibido por Traditiones custodes. Curioso: son tan obediencialistas, pero no saben que ese tipo de prohibiciones en la mayor parte del mundo no se aplican, y con la anuencia del mismo papa Francisco; y tan cegados están en su ideología que tienen escrúpulos en que se administre, por ejemplo, el sacramento del matrimonio en el mismo rito en que se casaron sus propios progenitores, pero bajan la cabeza cuando Roma no dice nada —absolutamente nada—, con respecto al ritual vigente en Bélgica para la bendición de parejas del mismo sexo; una bendición que, por lo demás, ellos saben que se imparte en iglesias muy cercanas a las suyas, y desde hace varios años. Los fieles pueden ir sin problema a las misas celebradas por sacerdotes que bendicen la sodomía, pero no pueden ir a la de un sacerdote de la FSSPX, o a la de un sacerdote suspendido por su obispo por querer seguir celebrando el rito tradicional. 

La línea media fue solo una postura que duró algunas décadas pero que el huracán Bergoglio, e internet, agostó tal como los años agostaron a sus principales sostenedores. 


lunes, 28 de noviembre de 2022

Francisco y los desaparecidos - Aclaraciones pertinentes

 


por el Barrendero del Sacro Palacio


Es imposible explicar en unos pocos renglones la vida y trayectoria de Hebe de Bonafini, menos aún resolver el caso de Emanuela Orlandi. Mi intención fue mostrar una gran contradicción. El soberano de la Ciudad del Vaticano, que presta gran atención y se deshace en elogios con un personaje –al menos discutible– como es Hebe de Bonafini, no quiere recibir a la familia Orlandi, cuya hija desapareció y aún hoy es ciudadana vaticana. Por otra parte, él es el obispo diocesano de esa familia.

Visto que además, siendo el jefe de ese estado dijo que Emanuela Orlandi está en el cielo, sería bueno que dé razones de sus dichos. El registro civil de la Ciudad del Vaticano no registra la muerte de la chica. Sin embargo el Papa jamás dio explicaciones al respecto.

Es cierto que ya conocemos la irresponsabilidad de Jorge Mario Bergoglio sobre lo que dice. Sin embargo, pensemos cómo cayeron esas palabras para la familia Orlandi. Fueron palabras del papa, quien a su vez es el jefe de estado.

Todos conocemos los malabarismos "piadosos" del clero para sacarse a la gente de encima. Basta ir a cualquier funeral para escuchar de boca del sacerdote una especie de canonización del difunto. Pero insisto, esa frase de Francisco "certifica" una muerte hasta el momento no corroborada.

Sobre qué sucedió con Emanuela Orlandi, algunos analistas quisieron aplicar la novacula Occami, o sea buscar la explicación más simple. Esto llevaría a pensar que fue secuestrada por unos malvivientes de Piazza Navona que quisieron aprovecharse de ella y que murió la misma noche del 22 de junio de 1983. Luego, todas las falsas pistas que aparecieron habrían surgido a raíz de que la familia Orlandi empapeló la ciudad de Roma con el rostro de la chica desaparecida y eso habría dado lugar a que el caso se hiciera notorio. Dicen los mismos analistas que los ocho reclamos públicos de Juan Pablo II hablando de secuestro habría desviado más aún las investigaciones.

Este razonamiento podría explicar todo el asunto excepto porque Mons. Carlo Maria Viganò afirma que en la misma noche en la que despareció la joven, se recibió una llamada en la Sala Stampa Vaticana en la que se hablaba del secuestro de la chica. Esto sucedió aún antes de que la familia hiciera la denuncia en la policía.

Además, luego de 39 años se siguen creando falsas pistas. Y aunque es cierto que estos casos atraen a mitómanos para cobrar notoriedad, así como personas crueles que quieren crear falsas esperanzas, sin embargo en este caso lo que parece son 2 cosas:

a. Aparecen pistas que suenan a extorsión a personas que pueden tener alguna implicación en los hechos.

b. Hasta el presente no apareció nadie que proporcione algún dato capaz de resolver el caso. O sea, si la desaparición de Emanuela Orlandi hubiera sido un hecho llevado a cabo por criminales de poca monta, ya habría aparecido algún "arrepentido" que hubiera dicho dónde está el cadáver. Y eso hasta ahora no sucedió. Y convengamos en que llevarse una chica, matarla y hacer desaparecer un cadáver no es una acción que pueda hacer una sola persona sin que nadie la vea.


Juan Pablo II tuvo ocho intervenciones públicas sobre Emanuela Orlandi, además de los encuentros con la familia. Pero jamás les dijo nada que pudiera esclarecer la desaparición de la joven. Solamente habló de terrorismo internacional. Tesis a la que –al menos durante algún tiempo– habría adherido.

El papa polaco siempre mostró un trato particular a la familia. Incluso, luego de la desaparición de Emanuela, le dio a su hermano Pietro un trabajo en el IOR (Banco Vaticano). Sin embargo, luego del fallecimiento de Juan Pablo II, Pietro Orlandi quiso buscar entre los papeles del difunto papa algo relativo a la desaparición de su hermana y el cardenal Stanisław Dziwisz no le quiso responder la llamada.

Lo emblemático de este caso, es que sacó a la luz algunas irregularidades en las que está implicado directa o indirectamente el Vaticano. Se supo que en la Basílica de Sant'Apolinare (Emauela estudiaba música en el edificio anexo y en esa zona desapareció) en 1990 fue sepultado Reantino De Pedis, líder de la Banda della Magliana (crimen organizado romano). Esto por un pedido expreso del Cardenal Poletti, Vicario del papa Juan Pablo II para Roma. De Pedis murió asesinado en un ajuste de cuentas. El escándalo surgió años después de la desaparición de la chica.

Otra irregularidad fueron las tumbas del cementerio teutónico, en la Ciudad del Vaticano, abiertas para ver si allí estaba sepultado el cuerpo de Emanuela, y se descubrió que allí no estaban sepultadas ni siquiera las personas que figuraban en la lápida.

Nadie puede pensar que el actual Pontífice haya tenido participación alguna en los hechos referentes a Emanuela Orlandi. Pero sí en proteger a otras personas. Todo el "manejo" del caso Orlandi con sus anexos empaña un poco la canonización de Juan Pablo II, pues el "aparato" del Vaticano no colaboró jamás con esclarecer este caso. Muchos consideran que más bien lo entorpeció. Y resulta difícil pensar que el Papa fuera totalmente ignorante a esas decisiones.

Sin negar la buena fe de Juan Pablo II, él siempre apuntó al éxito mediático. Así es como no supo dimensionar ni enfrentar los abusos de menores; tal vez este caso tampoco.

De todos modos, insisto en que la idea es mostrar la diferente actitud de Francisco ante hechos similares, cuando éstos lo tocan de cerca.

miércoles, 23 de noviembre de 2022

Francisco y los desaparecidos

 


por el barrendero del Sacro Palacio

Murió Hebe de Bonafini, la activista de izquierda que, financiada con decenas de millones de dólares por el progresismo internacional y criollo, se ocupó de hacer un daño enorme al país. Como era de esperarse, se conoció el saludo que el papa Francisco le mandó por medio de Mons. “Tucho” Fernández, Arzobispo de La Plata, su ordinario diocesano.

La relación entre la histórica presidente de las Madres de Plaza de Mayo y Jorge Mario Bergoglio fue cambiante. Generalmente, distantes y por momentos enfrentados, como cuando las “Madres” ocuparon la catedral de Buenos Aires, se transformó en franca amistad desde la elevación al papado. Circula una frase atribuida a Francisco en esos momentos de gloria: “A Hebe se le perdona todo”. Y los motivos serían porque todo debe perdonársele a una madre cuyos dos hijos fueron desaparecidos en razón de sus activismo terrorista durante los años ’70. Hay que decir que son muchos los que afirman, luego de diligentes investigaciones, que estas dos personas se exiliaron, viven en España y cobraron las millonarias cifras con las que el Estado argentino indemnizó sus muertes.

Sin embargo, no se nota esta misma actitud de compasión por el drama de los desaparecidos por parte del Bergoglio hacia la familia de Emanuela Orlandi, ciudadana vaticana desparecida el 22 de junio de 1983. Desde ese día su familia la busca con desesperación y, hasta la fecha, no se sabe nada de cierto sobre su paradero. Solamente un cúmulo de pistas falsas, encubrimientos y secretos en los que también parece estar de alguna manera implicado el Vaticano. En estos días se ofrece en Netflix una docuserie con el título: Vatican girl, referida a este caso no resuelto.

Todas las líneas de investigación que surgieron en los últimos 39 años sobre el caso Orlandi ofrecen algún tipo de información más o menos fiable, pero todas quedan truncas. Se habló de terrorismo internacional (Lobos grises), crimen organizado (Banda della Magliana), servicios secretos (Stasi, KGB, CIA, SISDE, SISMI) intrigas palaciegas (“maffia vaticana”) y un largo etcétera.

Se tiene la idea de que cada una de estas pistas son partes de un rompecabezas al cual le faltan algunas piezas. Cuando se analizan las que tienen mayores rasgos de veracidad, se nota que falta un ente coordinador a todos esos componentes. Y todo confluye en que ese ente está en alguna parte del poder del Vaticano o relacionado con éste.

En ambientes romanos laicos y curiales desde mitad de los años ’80 hasta el presente se escuchan algunas hipótesis en lo que se refiere a delitos en los que la Santa Sede está de algún modo implicada:

1. El atentado a Juan Pablo II no fue con intención de matarlo sino de advertirlo, para “domesticarlo”. Prueba es que un killer de la categoría de Agca no podía fallar desde esa distancia. Más aún, hubo ese día en la Plaza de San Pedro otros disparos además de los que los que salieron del arma de Agca. El turco jugó el papel de hacerse el loco hasta su liberación. Y hasta hoy no ha dado ninguna declaración coherente que explique su accionar.

2. Emanuela Orlandi fue acosada por un eclesiástico del entorno estrecho de Juan Pablo II. En estos días, esto salió a la luz por el testimonio de una compañera de clases de la joven, pero esa versión circula desde hace décadas en ambientes cercanos a la Curia Romana y al Vicariato de Roma.

3. El comandante de la Guardia Suiza asesinado junto a su esposa, Alois Estermann, fue un agente de la Stasi infiltrado allí y murió no por un crimen pasional, sino por asuntos bien diversos. Sobre esto hay hasta libros escritos.

Siempre se supo que la Secretaría de Estado estaba infiltrada por los servicios secretos guiados detrás de la Cortina de Hierro. Basta preguntarle a cualquier obispo de los países que integraron la Unión Soviética para corroborarlo.

Puede creerse que la tercera parte del Secreto de Fátima fue el atentado al Papa del 13 de mayo de 1981. Pero es evidente que ese relato no cierra por ningún lado. La realidad es evidentemente otra. 

Apenas haber sido elegido como Sumo Pontífice, Francisco celebró la Santa Misa en la parroquia Santa Ana, la parroquia del Vaticano. Allí asistieron los familiares de Emauela Orlandi. La señora Maria, madre de Emanuela, aún hoy vive en la Ciudad del Vaticano y Sant'Anna dei Palafrenieri es su parroquia, y era la parroquia de Emanuela. Cuando se acercaron los Orlandi a saludar al Papa, éste fue informado por la custodia sobre quiénes eran. Y Francisco dijo a la madre y al hermano de la joven desaparecida: "Emanuela è in cielo".

Sobre esta frase cabe aclarar que probablemente el recién elegido papa la haya dicho para sacarse de encima a la señora Maria, asegurándole de un modo piadoso que su hija está muerta (la hipótesis más probable). Sin embargo, esas palabras pronunciadas por un jefe de estado pueden tener consecuencias legales y de parte de un papa consecuencias teológicas.

Fue esa la única ocasión en que el Santo Padre habló con los Orlandi. Nunca más los quiso recibir ni referirse al tema. Aceptó un encuentro “casual” con la mamá de Emanuela, pero con la condición de que no estuviera presente Pietro Orlandi, el hermano. Jamás explicó cómo sabe que Emanuela está en el cielo y dónde está su cuerpo en la tierra. Y tampoco para darles una palabra de consuelo siendo que es su obispo diocesano y su jefe de estado.


[El autor de este breve informe conoce los rincones y recovecos del Vaticano y, al leerlo, no podemos sino observar la diferencia de la actitud pontificia entre los caso Orlandi y Bonafini. Hebe es madre de dos desaparecidos tan desaparecidos como Emanuela. Pareciera que para Francisco hay algunos desaparecidos más desaparecidos que otros, o bien, que hay desaparecidos que reditúan políticamente y otros que embrollan.

Viene bien recordar aquí la “semántica del discurso bergogliano” de la que nos hablaba hace algunos años Ludovicus, uno de cuyos principios dice: “Despreciarás a tu prójimo y amarás (o mejor, adularás) a tu lejónimo”].