miércoles, 4 de enero de 2023

El legado litúrgico del Papa Benedicto XVI

 


por Uwe Michael Lang


No es tarea fácil hacer justicia al legado litúrgico de Benedicto XVI, cuyo pontificado se destaca de tantas maneras, y acepté la solicitud de Adoremus con sentimientos encontrados de gratitud y temor. En primer lugar, estoy realmente agradecido por las trascendentales contribuciones de Benedicto a la vida litúrgica de la Iglesia, como erudito y teólogo, así como papa y pastor de almas. Al mismo tiempo, no puedo negar una sensación de aprensión cuando se debe considerar el impacto duradero de un Papa que tuvo que librar tantas batallas dolorosas dentro de la Iglesia y cuya renuncia a la sede petrina en 2013 parece haber cuestionado gran parte de sus logros. Habiendo tenido la gracia y el honor de conocer personalmente al difunto Joseph Ratzinger, me parece incomprensible cómo un hombre de tal dulzura, humildad y apertura para escuchar a los demás a menudo se encontró con hostilidades anticipadas desde fuera y con un obstrucciones ligeramente velada desde el interior de la iglesia católica. Y, sin embargo, estoy convencido de que sus esfuerzos para restaurar la liturgia sagrada en el corazón de la Iglesia, con coraje intelectual, profundidad espiritual y con gran costo personal, solo han comenzado a dar frutos y demostrarán su legado duradero al cristianismo.


“Dios primero”

Como señaló Joseph Ratzinger en su autobiografía, el culto de la Iglesia había dado forma a su fe y su vida desde su infancia. Aunque su carrera académica se centró en la teología dogmática y fundamental, Ratzinger consideraba que la teología de la liturgia era central en su trabajo como sacerdote y erudito. En el prefacio a Teología de la Liturgia, el undécimo volumen de sus escritos recopilados (que fue el primero en ser publicado, por su deseo expreso, en 2008), Benedicto XVI llamó la atención sobre el hecho de que el primer documento del Concilio fue la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanto Concilium. En su opinión, esta no fue solo una decisión pragmática que parecía oportuna en las circunstancias dadas; más bien reflejaba el orden correcto de la vida y la misión de la Iglesia:

“Comenzando con la liturgia nos dice: ‘Dios primero’. Cuando el enfoque en Dios no es claro, todo lo demás pierde su orientación. El dicho de la Regla de San Benedicto "Nada se debe preferir a la liturgia" (43,3) se aplica específicamente al monacato, pero como forma de ordenar las prioridades también es real para la vida de la Iglesia y de cada individuo, para cada uno a su manera”.

El Papa Benedicto luego recordó un tema que ha explorado ampliamente en sus escritos y predicación: la plenitud del significado de la "ortodoxia": “Puede ser útil aquí recordar que en la palabra ‘ortodoxia’, la segunda mitad, ‘-doxa’, no significa ‘idea’, sino, más bien, ‘gloria’ (Herrlichkeit):  no se trata de la ‘idea’ correcta sobre Dios, sino de la manera correcta de glorificarlo, de responderle. Porque ésa es la cuestión fundamental del hombre que comienza a comprenderse a sí mismo correctamente: ¿Cómo debo encontrarme con Dios? Así pues, aprender el modo correcto de adorar —la ortodoxia— es el don por excelencia que nos da la fe”.

Aquí hay una elaboración perspicaz sobre el viejo dicho, que data del siglo V: ut legem credendi lex statuat supplicandi, “Que la ley de la oración establezca la ley de lo que hay que creer”. En otras palabras, el culto público de la Iglesia es una expresión y testimonio de su fe infalible, y debería ayudarnos a entender de una manera profunda que sea más que verbal que todas nuestras aspiraciones de bondad, de verdad, de belleza y de amor están fundamentadas y encuentran su realización en la realidad de Dios.


Cambio de juego

Como teólogo, Joseph Ratzinger se mantuvo fiel a esta intuición fundamental a lo largo de su larga y distinguida carrera. Aunque no era un liturgista por formación (un punto que a menudo señalan sus críticos), abordó cuestiones sobre el culto divino en varias publicaciones. Ratzinger estaba profundamente en deuda con los principios del Movimiento Litúrgico del siglo XX, moldeado por figuras como Romano Guardini y Joseph Pascher. Al mismo tiempo, fue su preocupación por la auténtica renovación litúrgica lo que le hizo cuestionar aspectos de la reforma postconciliar ya en sus primeros años. El análisis perceptivo de Ratzinger expuso la ambivalencia de un purismo litúrgico que oscilaba entre un renacimiento de una supuesta “edad de oro” (ya sea pre-Carolingia o pre-Nicena), y un impulso incontrolado de novedad. Lo que se quedó en el camino fue el crecimiento histórico y el desarrollo de la liturgia en la Edad Media y el Barroco, que aportó una profundidad y una madurez de las que no es fácil deshacerse. Es la liturgia católica en su historia orgánica (y a veces serpenteante) la que nutrió a muchas generaciones de cristianos, incluidos sus santos más importantes. En particular, Ratzinger fue una de las pocas pero notables voces (junto con Louis Bouyer, Josef Andreas Jungmann y Klaus Gamber) que cuestionaron la introducción generalizada de la misa “de cara al pueblo” y el consiguiente rediseño de las iglesias de todo el mundo.

Un hito en el trabajo teológico de Ratzinger sobre la liturgia fue la colección de ensayos La Fiesta de la Fe. Ensayo de teología litúrgica, publicada por primera vez en alemán en 1981 (versión española publicada en 1999 por Desclée de Brower). Entre las contribuciones significativas de este libro está el argumento de Ratzinger según el cual la Última Cena estableció el contenido dogmático de la Eucaristía, pero no su forma litúrgica, que aún no se había desarrollado. En otras palabras, la misa no es simplemente una recreación de la Última Cena, sino que la Última Cena en sí debe entenderse como la anticipación, bajo el velo de los signos sacramentales, del sacrificio de la Cruz. Esta visión llevó a Ratzinger a proponer una sólida reafirmación del carácter sacrificial de la Misa: la Eucaristía como el “banquete de los reconciliados” se integra en auto ofrecimiento de Cristo presente en el altar en forma de un rito litúrgico deudor de la Sinagoga y el Templo. En este contexto, Ratzinger reafirmó su preferencia por la celebración de la misa orientada (coram Deo) como la expresión más adecuada, visible y ritual del sacrificio eucarístico.

Como Cardenal y Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (1981-2005), Ratzinger continuó involucrándose con la teología de la liturgia. El amplio alcance y la pesada carga del oficio que le confió el Papa Juan Pablo II le permitió escribir solo una monografía: El Espíritu de la Liturgia, publicada en 2000. Este libro inspiró a una nueva generación de eruditos a ir más allá de la gran narrativa de la reforma postconciliar y mirar de nuevo a la plenitud de la tradición litúrgica. El libro también alentó al clero y a los fieles por igual a articular su malestar sobre el estado actual del culto católico, donde no todo está bien. En muchos sentidos, El espíritu de la liturgia es una síntesis de la obra y el pensamiento de Joseph Ratzinger sobre el tema y no abrió tantos caminos nuevos como Fiesta de la Fe. La principal contribución del libro bien puede ser su esfuerzo por profundizar y ampliar nuestra comprensión de la “participación activa”, el principio que estaba en el corazón del llamado del Concilio Vaticano II a la renovación litúrgica. La necesidad de ir más allá de la interpretación externa y superficial de este principio en las reformas pos-conciliares es ampliamente reconocida hoy en día. Ratzinger le dio a esta convicción una sólida base teológica, cuando escribió en una publicación posterior: “La liturgia deriva su grandeza de lo que es, no de lo que hacemos con ella... La liturgia no es una expresión de la conciencia de la comunidad, que en cualquier caso es difusa y cambiante. Es una revelación recibida en la fe y la oración”.


Un nuevo movimiento litúrgico

Joseph Ratzinger vivió y trabajó en un momento en el que precisamente la forma y expresión de esta revelación recibida en la fe y la oración se habían convertido en un tema muy controvertido en la Iglesia Católica. Como teólogo y cardenal, no se arredró a la hora de entrar en este controvertido terreno con valentía y claridad. Con su elección a la Sede de Pedro el 19 de abril de 2005, Benedicto XVI se encontró en posición de dar forma al futuro de la liturgia católica, una posición que sólo podía abordar con cierto recelo, porque sostenía firmemente que la auténtica renovación litúrgica no se produce simplemente mediante decretos e instrucciones.

De ahí que Benedicto XVI comenzara con cautela transmitiendo en sus homilías y discursos, y de modo especial en sus propias celebraciones litúrgicas, el orden de prioridades del Concilio Vaticano II como su propia primera preocupación: a saber, que la sagrada liturgia debe ser un reflejo de la gloria de Dios, que estamos llamados a compartir sobre todo a través de la entrega de Cristo en el altar, cuando nos sumergimos en el Misterio Pascual de su pasión, muerte y resurrección. Esta comunión sacramental no es sólo algo que nosotros (la comunidad reunida en un lugar y un momento determinados) hacemos, sino el don de una realidad mayor que Cristo confió a toda la Iglesia. Poco antes de su elección al pontificado, Ratzinger hizo un llamamiento a una renovada conciencia del rito litúrgico como “forma condensada de la tradición viva”. Esto significaba, en concreto, reconsiderar el proceso de renovación litúrgica según la hermenéutica de la reforma en continuidad en la interpretación del Concilio Vaticano II, que Benedicto XVI propuso en su trascendental discurso a la Curia Romana el 22 de diciembre de 2005.

Ya en sus Memorias de 1997, el entonces cardenal Ratzinger pidió un “nuevo movimiento litúrgico” que “llamaría a la vida a la verdadera herencia del Concilio Vaticano II”, una afirmación que más tarde volvió a tomar en El espíritu de la liturgia. Se mostró convencido de que se han tomado decisiones poco acertadas en la aplicación real de los sanos principios de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia. No se ha prestado suficiente atención al artículo 23 del documento, que insiste en que “no debe haber innovaciones a menos que el bien de la Iglesia las requiera genuina y con certeza; y debe tenerse cuidado de que cualquier forma nueva que se adopte crezca de algún modo orgánicamente a partir de formas ya existentes”.

En una conferencia celebrada con motivo del 40 aniversario del Sacrosanctum Concilium en 2003, Ratzinger argumentó que había llegado el momento de una relectura, de la constitución conciliar. Con el objetivo de superar las lecturas simplistas del “consejo”, Ratzinger propuso una distinción entre dos niveles diferentes que recorren cada capítulo del documento. En primer lugar, Sacrosanctum Concilium “desarrolla principios que fundamentalmente y generalmente se refieren a la naturaleza de la liturgia y su celebración” y comandan la más alta autoridad. En segundo lugar, y sobre la base de estos principios, la constitución “da instrucciones normativas para la renovación práctica de la liturgia romana”. Para Ratzinger, estas instrucciones válidas “también son más productos de su tiempo que declaraciones de principio”. Se añade un tercer nivel con la implementación concreta de la reforma litúrgica por el Consilium, lo más importante de las cuales fue el nuevo Misal Romano implementado en 1969-1970. Si bien estas “formas de renovación litúrgica establecidas por la autoridad de la iglesia” son vinculantes, “no son la misma cosa que el Concilio”. El marco establecido por las amplias directivas de Sacrosanctum Concilium permite “diferentes implementaciones”. Ratzinger advirtió: “Quien que no cree que todo en esta reforma haya salido bien y considere que muchas cosas están sujetas a reforma o incluso que necesitan revisión no es, por lo tanto, un opositor al Coniclio". A una distancia de cuarenta años, decía, el texto de Sacrosanctum Concilium debería ser “nuevamente 'contextualizado', es decir, leído a la luz de su impacto en la historia reciente y de nuestra situación actual”.


“Dos formas... El mismo rito”

Como Papa, Benedicto ofreció un ejemplo clave de tal relectura, guiado por una hermenéutica de la continuidad en su motu proprio Summorum Pontificum de 2007, levantando las restricciones que pesaban sobre el uso de los libros litúrgicos preconciliadores, que llamó la Forma Extraordinaria o usus antiquior del rito romano. Esta concepción no está exenta de dificultades, porque hay una discontinuidad obvia entre las formas litúrgicas preconciliar y postconciliar. Tales diferencias son menos pronunciadas cuando, por ejemplo, el Misal actual se celebra en latín y en un altar con el sacerdote mirando hacia el este (ad orientem) en lugar de frente al pueblo, pero las diferencias aún permanecen: en las oraciones y lecturas de la Misa, en muchos elementos rituales y en la estructura del año litúrgico. En mi opinión, con su afirmación de “dos formas del mismo rito”, Benedicto describió su objetivo de un proceso lento y gradual que estaba destinado a comenzar con Summorum Pontificum y que eventualmente podría resultar en un “enriquecimiento mutuo” de las dos formas. El Papa Francisco rechazó esta visión en su motu proprio Traditionis Custodes 2021, y el estado de los libros litúrgicos preconciliadores, aunque todavía se utilizan con restricciones considerables, está lejos de ser claro. En este punto, vale la pena recordar que el mismo Misterio Pascual se expresa de maneras diferentes, pero de ninguna manera contrarias o contradictorias, en el rito romano, otros ritos occidentales y en los muchos ritos orientales, y sin embargo todos ellos tienen su lugar en la Iglesia Católica.

Al hacer un llamamiento al enriquecimiento mutuo, Benedicto XVI dio un paso valiente para superar la tendencia a “congelar” el estado actual de la reforma postconciliar de una manera que no haría justicia al desarrollo orgánico de la liturgia, y para reanudar la renovación litúrgica deseada por el Concilio en una clave diferente. En un momento en el que muchas cuestiones que en su día se consideraron zanjadas vuelven a abrirse al debate, es difícil entender por qué no deberían discutirse abiertamente los puntos fuertes y débiles de la reforma litúrgica postconciliar. La renovación litúrgica se efectúa mediante decisiones prácticas y prudenciales que no comprometen la infalibilidad de la Iglesia en materia de fe y de moral..

El proyecto de Summorum Pontificum estaba ya disponible en las reflexiones finales de Ratzinger en una conferencia litúrgica celebrada en la abadía benedictina de Fontgombault en 2001. En aquella ocasión, el Cardenal habló de una “reforma de la reforma”, para la que identificó tres áreas. En primer lugar, vio la necesidad de superar “la falsa creatividad, que no es una categoría de la liturgia”, con lo que se refería a los elementos ambiguos de los libros litúrgicos postconciliares que contribuían a la inestabilidad ritual, incluyendo, sobre todo, las opciones para adaptar los ritos a las circunstancias dadas, y los frecuentes pasajes ad libitum (“con estas o similares palabras”). El problema fundamental que Ratzinger identificó en tales indicaciones arbitrarias no es sólo de naturaleza litúrgica (interrumpiendo, por ejemplo, el flujo tan necesario para el “éxito” del ritual), sino también problemático en un contexto eclesiológico: “con esta falsa creatividad, que transforma la liturgia en un ejercicio catequético para esta congregación, se destruyen la unidad litúrgica y la eclesialidad de la Liturgia”. En segundo lugar, Ratzinger abordó la cuestión de las traducciones litúrgicas postconciliares. Este asunto ha sido ampliamente tratado, sobre todo en el mundo anglófono, y en el pontificado de Juan Pablo II se inició un auténtico proceso de renovación. En tercer lugar, Ratzinger volvió a plantear la cuestión de la Misa “cara al pueblo”. Su modesta propuesta consistía al menos en colocar una cruz claramente visible en el altar, de modo que tanto el sacerdote como el pueblo tuvieran un foco común de dirección.


Pastor amoroso

Benedicto XVI era muy consciente de que la manifiesta discontinuidad en la práctica ritual de la Iglesia ha creado una situación en la que una mera imposición de formas litúrgicas tradicionales se percibiría ampliamente como otra ruptura. Al abrir nuevas posibilidades, tenía la intención de crear condiciones favorables para un desarrollo “orgánico” del rito romano que evitaría la discontinuidad que hizo tanto daño al ritual católico en el período postconciliar. La disposición litúrgica para los ordinariatos personales para ex anglicanos, creada después de la constitución apostólica Anglicanorum Coetibus de 2009, sigue esta trayectoria. Los libros rituales bajo el título Culto divino, especialmente el misal (2015), se ajustan al patrón básico del rito romano, pero al mismo tiempo lo enriquecen con una “patrimonio” que se deriva en parte de la tradición medieval más amplia (por ejemplo, en los ritos introductorios y el ofertorio) y en parte se deriva de un estilo de oración anglicano.

Parece haber sido la idea de Benedicto XVI que el desarrollo orgánico debe ocurrir como por ósmosis, es decir, una asimilación constante y casi inconsciente de la tradición litúrgica. Un elemento importante en este proceso era ser el ejemplo del pontífice en sus propias celebraciones. Elementos rituales como la colocación de un crucifijo prominente en el centro del altar, la distribución de la Sagrada Comunión a los fieles arrodillados y directamente sobre la lengua, y el uso prolongado de la lengua latina tenían la intención de establecer un estándar para ser imitación. Benedicto estaba convencido de que la auténtica renovación litúrgica no se da por instrucciones y regulaciones. Su reticencia como legislador, —por ejemplo, no hubo una nueva editio tipica de ningún libro litúrgico durante su pontificado—, podría interpretarse como una oportunidad perdida. Sin embargo, la fragilidad de las decisiones legislativas se demostró cuando su sucesor inmediato, el Papa Francisco, canceló las disposiciones de Summorum Pontificum.

Contra todo pronóstico, el Papa Benedicto abrió perspectivas para una renovación en continuidad con la tradición litúrgica, y estos impulsos han sido absorbidos especialmente por las generaciones más jóvenes en la Iglesia en todo el mundo. Este “nuevo movimiento litúrgico” que Joseph Ratzinger deseaba tiene el potencial de reparar los hilos desgarrados del ritual católico. El mejor testimonio de su legado litúrgico será continuar su trabajo con paciencia, perseverancia, alegría y gratitud por su luminosa mente teológica y su servicio sufrido al pueblo de Dios.


Fuente: Adoremus

martes, 3 de enero de 2023

Traditionis Custodes rompió el corazón de Benedicto XVI


Fragmento de la entrevista a Mons. Georg Gänswein que será publicada en su totalidad el día del funeral del papa Benedicto XVI


Periodista: El levantamiento de la restricciones para celebrar la forma extraordinaria del rito romano concedida por el papa Benedicto XVI no duró todo el tiempo que él quería. De hecho, pudo ver la publicación del motu proprio Traditionis Custodes del papa Francisco. ¿Esto lo decepcionó?

Mons. Gänswein: Fue algo muy duro. Creo que la lectura del nuevo motu proprio rompió el corazón del papa Benedicto. La intención del Papa Benedicto era ayudar a aquellos que simplemente tenían que encontrar una casa en la Antigua Misa para encontrar la paz interior, para encontrar la paz litúrgica y también para los seguidores de Lefebvre. Además, si usted piensa en cuántos siglos la misa tradicional fue la fuente de la vida espiritual y el alimento para tantísima gente, incluyendo muchos santos, es imposible imaginar que ya no esté disponible para nadie. 
Y tampoco hay que olvidar que muchos jóvenes que nacieron después del Vaticano II y que realmente no entienden todo el drama que rodeó al Concilio, aún entendiendo la nueva misa, han encontrado también un hogar espiritual, un tesoro espiritual en la misa tradicional. Arrancar este tesoro a los fieles... debo decir que es algo que no me gusta.  


[Me da la impresión de que en los próximos días seremos testigos de acontecimientos importantes, y quizás históricos. En el término de veinticuatro horas se han conocido al menos tres entrevistas a Mons. Georg Gänswein sobre el papa Benedicto XVI y su muerte, dos en medios alemanes y una en un medio italiano. El fragmento de una de ellas, que publico en este post, da la pauta del peso que tendrán las palabras del secretario del papa Ratzinger. Se conocerá completa luego del funeral.
Quienes conocen de periodismo, me aseguran que se trata de entrevista preparadas y grabadas desde hace un tiempo, lo cual implica que fueron muy pensadas y en las que cada pregunta y cada respuesta cuenta. Y hace suponer que Benedicto XVI pidió o autorizó a que, después de su muerte, se dijera todo lo que él no podía decir. 
También se sabe que este mes, Mondadori publicará el libro escrito por el mismo Gänswein titulado Nada más que la verdad. Mi vida junto al Papa Benedicto XVI. Si dice allí la verdad, creo que muchas cucarachas de la curia romana estarán poniéndose nerviosa].

lunes, 2 de enero de 2023

Estrategias para la era de Traditiones Custodes

 


por Peter Kwasniewski 


La gente a menudo me pregunta: “¿Qué aconseja a los católicos que viven en una diócesis donde la misa tradicional ha sido limitada o eliminada, o donde existe la amenaza de que esto pueda suceder? ¿Qué debemos hacer?” Al cumplirse un año de la infame Responsa ad Dubia del entonces arzobispo Roche, de la entonces Congregación para el Culto Divino, y mientras circulan rumores de medidas aún más draconianas en el nuevo año, es hora de abordar de frente la cuestión de qué se puede hacer concretamente. Sin duda, hay otras sugerencias que podrán añadir a las mías los compañeros de trinchera.

Estos son algunos pasos que yo recomendaría, aunque obviamente muchas estrategias diferentes podrían funcionar, y ciertos acciones funcionan mejor con determinadas personalidades o situaciones episcopales o parroquiales. No todo el mundo se sentirá cómodo o entusiasmado con todas las ideas, lo cual es normal; esto pretende ser una lista de perdigones para cubrir todas las bases. Los puntos enumerados no pretenden seguir un orden de importancia ni una secuencia cronológica. Tenemos que multiplicar las estrategias de cara al futuro porque sencillamente no sabemos qué va a funcionar, y algunas de estas estrategias implican plazos bastante largos.

Antes de seguir adelante, hay que entender que todos ellos se orientan a tres cosas: rezar; ayunar y dar limosna. En cuanto a la oración, al menos el rosario diario con la intención específica d el restablecimiento de la misa como; los cinco primeros sábados y los nueve primeros viernes; asistir a misa tradicional siempre que se pueda. En cuanto al ayuno, Nuestro Señor dice que algunas clases de demonios sólo salen de ese modo. En cuanto a dar limosna, apoyen a las parroquias, institutos y organizaciones tradicionales. No se rindan: ¡hemos nacido para estos tiempos! Dios nos puso aquí para librar esta lucha.


1. Creen una sección de Una Voce en su diócesis. Puede ser útil tener una organización paraguas que hable “con una sola voz”, con su propio membrete. Por esta razón, parece conveniente crear un capítulo de Una Voce en tu zona, si éste no existe. Además, podría organizar una peregrinación anual en la diócesis (y si lo haces, el obispo debería ser informado de ello). Los seminaristas y sacerdotes que muestren signos de interés por la tradición deberían ser apoyados en su formación sobre la misa tradicional (MT), con la compra de material o asistencia a eventos favorables a la MT. Internet es una gran herramienta, pero necesitamos comunicación local en persona, redes y eventos, y un capítulo de Una Voce puede suministrarlo.


2. Ayude al obispo a entender los derechos que lo asisten. Intente conseguir una reunión con el obispo y explíquele (con delicadeza, tacto y amabilidad: a los obispos no les gusta que los laicos les den instrucciones sobre sus derechos y deberes) que el derecho canónico le permite hacer su propio discernimiento sobre la situación local y las necesidades de los fieles, como explica aquí el P. Gerald Murray. El Dicasterio para el Culto Divino (DCD) en Roma funciona como asesor, no como legislador. El DCD no tiene autoridad para ordenar a un obispo que ponga fin a la MT; sólo puede decirle que “debería” hacerlo, lo que es una cuestión muy diferente. Se pueden encontrar abundantes argumentos canónicos en mi artículo Los sacerdotes recién ordenados y el permiso para celebrar la Misa Tradicional y, aún más, en el libro del abogado canónico P. Réginald-Marie Rivoire Does "Traditionis Custodes" Pass the Juridical Rationality Test? (Os Justi Press, 2022).

Los argumentos deben reducirse al menor número posible de páginas y enviárselos antes de la reunión. Mejor aún si conoce a un sacerdote simpatizante que sea abogado canónico. En resumen: un obispo puede invocar el canon 87 para dispensar de las leyes disciplinarias particulares o universales, incluso las dictadas por la autoridad suprema de la Iglesia[1].


3. Reúnanse en persona con su obispo. Cuando se reúnan con el obispo, que estén presentes tanto hombres como mujeres, y expliquen lo mucho que significa MT para todos ustedes en términos de amor a Dios y practicar la fe en la vida cotidiana. Dejen de lado las discusiones sobre la forma litúrgica, porque es probable que él ofrezca exclusivamente el novis ordo y, por tanto, no tenga paciencia para argumentos que sugieran ni remotamente la superioridad de una forma sobre la otra.

    Cuando el obispo diga “No puedo hacer otra cosa, esto es lo que ha dicho Roma”, recuérdenle el contenido de la carta que le enviaron mostrándole que sí tiene libertad; recuérdele sus derechos según el derecho canónico y el comportamiento de muchos otros obispos que están dejando que continúe la MT, a menudo en múltiples lugares y también en iglesias parroquiales. Si el momento y el ambiente le parecen adecuados, también podría proponerle invitar a la Fraternidad Sacerdotal San Pedro a la diócesis, porque el Papa aprobó expresamente la continuación de su trabajo allí donde el obispo la acoja. Tal vez la FSSP podría hacerse cargo de un templo que está a punto de ser  cerrado. (Este “trato con la FSSP” podría aplicarse mutatis mutandis también al Instituto de Cristo Rey y a las comunidades tradicionales más pequeñas; ciertamente, así es como se están llevando las cosas en casi todas partes).

Uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo es la distancia que ha crecido entre los obispos y los fieles en general; puede ser difícil construir la amistad y la confianza cuando el jefe de la diócesis está lejos y es inaccesible. Sin embargo, hay que intentar hacer lo que se pueda. Me comentaba una señora que un día se sintió inspirada para llamar a la cancillería e invitar al obispo a cenar. Para su sorpresa, el obispo aceptó, ¡y fue!


4. Organizar una campaña de cartas. Que los asistentes a la MT, las familias, especialmente los niños, envíen cartas al obispo. Por supuesto, no le llenen de cartas a la vez, a menos que la situación lo requiera. En su lugar, pónganse de acuerdo entre ustedes para distribuirlas de manera que él siempre reciba alguna carta. Al cabo de un tiempo, tal vez puedan elegir ciertas estaciones o fechas del año en las que todos los miembros de la comunidad reanudarán el envío de correspondencia (Adviento, Cuaresma, etc.). De este modo, las cartas no se detienen nunca.

No es necesario escribir más que una o dos frases: “Estamos desconsolados por lo que ha sucedido en nuestras vidas / a nuestra parroquia…”. “Nos sentimos como si fuéramos castigados, ¿y por qué? ¿Porque amamos nuestra fe y sus tradiciones?” “A nuestros hijos les encantaba ayudar a la misa en latín…” “Solíamos rezar juntos el rosario por las intenciones del Papa, y ahora todo el mundo se ha dispersado…”) Que la gente envíe al obispo ramilletes espirituales de parte de sus familias. Intentemos llegar a su corazón y hacer que se sienta mal por lo que ha hecho o amenaza con hacer (o por lo que se le obliga a hacer); queremos que se arrepienta, que recapacite, que se retracte discretamente.

Es cierto que esas cartas no le harán cambiar de opinión. Puede que no le hagan cambiar de política. Pero un obispo sigue teniendo corazón, aunque se haya endurecido hacia algunos de sus fieles; sigue teniendo conciencia, aunque necesite despertarla. Un flujo constante de cartas puede ablandar ese corazón duro, puede estimular esa conciencia adormecida. Con el tiempo, podría, por ejemplo, decidir no aplicar sus decisiones, o aplicarlas de forma incoherente y débil. Podría decidir dejar intacta una misa en latín que ha surgido en algún lugar sin aprobación, aunque haya oído hablar de ella. Puede interceptar o dejar de lado un ataque perjudicial de parte por un partidario imprudente de Traditionis Custodes.

Hay muchas cosas que ocurren entre bastidores de las que la mayoría de nosotros nunca oiremos hablar, y no podemos juzgar simplemente por las apariencias. Cuando enviamos cartas, es parte de un esfuerzo para que las cosas avancen despacio pero con esperanza y confianza. Lo mismo ocurre cuando rezamos: a veces los resultados son espectaculares y evidentes, pero otras veces, incluso en la mayoría de los casos, los resultados quedan ocultos a nuestros ojos. Sin embargo, seguimos teniendo fe y seguimos rezando.

Uno podría preguntarse: “¿Y si las cartas molestan al obispo?”. A decir verdad, ni siquiera eso es un mal resultado. Recuerden la parábola de la anciana persistente que molestó tanto al juez malvado que finalmente le concedió lo que pedía, para que la dejara en paz (véase Lc 18,1-8). En definitiva, queremos que la jerarquía se meta en la cabeza que no nos vamos a ir y que no vamos a cambiar de opinión.

Una advertencia: algunos obispos son activamente hostiles o desprecian la MT y todo lo que conlleva. Para ellos, compartir los “frutos” de Summorum Pontificum -el ejército de monaguillos, el número de nacimientos y bautismos frente al de funerales, etc.- puede ser contraproducente. Debido a su firme convicción de que la MT representa el pasado y no el futuro, una convicción repetida obsesivamente por el Papa Francisco, todas las pruebas que sugieren lo contrario no son una ocasión para reconsiderar o alentar, sino más bien un motivo de alarma. Cuanto más crezca la tradición, más se convencerán esos obispos de que los católicos de sus diócesis están siendo engañados hacia un peligroso callejón sin salida. Los intentos de quedar bien con obispos de este tipo pueden tener el desafortunado resultado de aguijonear sus malformadas conciencias, que les dicen que impongan más restricciones a vuestras actividades, en lugar de lo contrario. Así pues, será necesario cierto discernimiento para determinar qué tipo de comunicación puede o no ser fructífera con el Ordinario del lugar.


5. Tomen medidas canónicas. A veces existen recursos canónicos que los católicos que se ven privados de bienes a los que tienen derecho pueden emprender. Aquí, el tiempo es esencial: en el momento en que una cancillería o decretos episcopales salen restringiendo MT o el bautismo en el rito antiguo, la confirmación, el matrimonio, el funeral, etc., ustedes deberán presentar una demanda con un abogado canónico lo antes posible. En este momento se está formando la Sociedad Vetus Ordo, cuyo propósito es precisamente ayudar a los laicos a presentar estos casos. No hay ningún riesgo para el fiel individual y existe la posibilidad de que la intervención legal eche por tierra el asunto.

Algunos católicos dicen: “Tomar medidas canónicas molestará al obispo y tomará represalias siendo aún más malo con nosotros”. Es el síndrome de la esposa golpeada: si me quejo de que mi marido me pega, me pegará aún más. Es porque los laicos hemos sido tan pasivamente “obedientes” que las autoridades pueden salirse con la suya tan fácilmente abusando de nosotros y atentando contra el bien de nuestras almas y nuestras familias. Lamento decir que los villanos de la Iglesia cuentan con que no nos defenderemos, que seremos buenos borregos a los que puedan anular, como anulan a los buenos sacerdotes. Esto es parte de todo gaslighting structure [forma muy eficaz de abuso emocional que causa que a una víctima cuestione sus propios sentimientos, instintos, y la cordura]. Es crucial que la gente sea consciente de ella. Lo único que puede hacer entrar en razón a un matón es defenderse. De lo contrario, pasará por encima de todo el mundo.

No estoy diciendo que vuestro obispo local sea un matón; podría muy bien ser un caballero e incluso una persona simpática. Sin embargo, es probable que sea víctima de la misma falsa concepción de la obediencia bajo la que operan muchos sacerdotes, donde, por ejemplo, si Francisco dice 2dar la comunión a los católicos vueltos a casar” o “enseñar que la pena de muerte es errónea”, piensan que no tienen más remedio que hacerlo. Santo Tomás deja muy claro que no estamos bajo obediencia inmediata y sin excepciones a nadie más que a Dios; todos sus representantes humanos deben seguir la ley divina y natural y reverenciar la ley eclesiástica y la costumbre.

En todas las comunicaciones formales o argumentativas dirigidas al obispo (a diferencia de los ramilletes espirituales o notas personales), siempre debe quedar claro que usted es muy consciente, a partir de un estudio detallado de la cuestión por parte de expertos canónicos, de que un obispo no está obligado en absoluto a cerrar las MT parroquiales u otros ritos sacramentales. Tiene margen de maniobra.


6. Presentarse en lugares públicos. Reúnanse en la catedral y/o en el obispado y recen el rosario, sosteniendo carteles con mensajes agradables (vean lo que se está haciendo en Chicago, Arlington, París, Puerto Rico y copien sus ideas). Nada de ataques personales al obispo, sólo mensajes como “¡Somos fieles católicos que amamos la misa en latín!” y “¡No nos quiten nuestra querida misa en latín!” Es especialmente importante intentar que los medios de comunicación locales se interesen para que cubran estas protestas pacíficas, ya que no hay obispo al que le guste la publicidad negativa. Recen el rosario y canten muchos cánticos e himnos católicos. Preparen una carilla o media carilla con una explicación sencilla de quién son, qué defienden y qué piden, para que puedan entregárselo a los curiosos que entren y salgan o pasen por allí. En resumen: no dejen que se olvide vuestra existencia.

    Otra forma de aparecer es ocupar una mesa en un evento diocesano, por ejemplo, si hay un taller diocesano anual de catequistas o una Conferencia de Hombres o una Conferencia de Mujeres. Pueden colocar libros para vender y material informativo.


7. Educar al clero sobre la batalla. Mientras tanto, paralelamente a todo lo anterior, hablen individualmente o en pequeños grupos con los sacerdotes que celebran la MT y con los que están a favor de ella. Asegúrense de darles bibliografía sobre cuáles son sus derecnos. Hay profundas cuestiones teológicas en juego aquí; no se trata de una mera “cuestión de disciplina” sobre la que el Papa y los obispos tienen plena autoridad de determinación a la que la única respuesta es la obediencia ciega. Por el contrario, la prohibición de los ritos sacramentales tradicionales va a la raíz de la fe católica, a la consistencia y coherencia de la Iglesia consigo misma y con la acción de Cristo a lo largo de la historia y en el magisterio. Consiga a sus sacerdotes calendarios tradicionales de calidad para que conozcan mejor sus detalles.


8. Intenten convencer a los sacerdotes para que ofrezcan misas privadas clandestinas si es necesario. Estén preparado para apoyar a un sacerdote, en amistad y en ayuda práctica/financiera, si es despojado injustamente de un puesto en la diócesis y no se le da ningún destino (en otras palabras, si se convierte en lo que se llama un “sacerdote cancelado”). En ese momento puede convertirse en su capellán local clandestino. El obispo Athanasius Schneider ha apoyado esta forma de proceder en caso de necesidad. Recuerde: la supresión de la MT tendrá éxito en la medida en que los sacerdotes y obispos se dejen coaccionar. Aquellos que se nieguen a ser coaccionados pueden ser castigados con penas injustas, pero conservarán una conciencia tranquila y cumplirán con el ministerio pastoral al que Cristo Sumo Sacerdote les ha llamado.


9. Adquieran y renueven propiedades. Tenemos que pensar a largo plazo, porque la crisis que ha alcanzado su punto álgido bajo el Papa Francisco todavía va a estar con nosotros durante algún tiempo. Por lo tanto, debemos ser realistas: lejos han quedado los días en que podíamos esperar que la Iglesia institucional —es decir, los eclesiásticos del momento— anticipara nuestras necesidades y las proveyera. Por el contrario, algunos eclesiásticos parecen especializados en nuevas formas de discriminación y marginación, y en pisotear las necesidades espirituales y los derechos canónicos de los fieles.

    Por tanto, es hora de hacer frente al fuego del odio con el fuego de un amor que supera cualquier obstáculo. Si un grupo de laicos puede encontrar una vieja iglesia, o una capilla protestante cerrada, debería comprarla y convertirla en una capilla utilizable. En igualdad de condiciones, es mejor tener una iglesia en la que celebrar la Santa Misa y otros Sacramentos que limitarse a salas de estar, sótanos o salones de baile de hoteles, como ocurría a menudo en los años setenta. Si no tienen éxito localmente encontrando un capellán, tal vez puedan conseguir que un sacerdote cancelado vaya a decir misa allí. Lamentablemente, si las cosas siguen como van, más sacerdotes estarán disponibles dentro de poco tiempo.


10. Conduce y comparte coche. Algunas personas tienen la opción de conducir una o dos horas hasta una diócesis vecina para asistir a una MT ofrecida por el clero diocesano, un grupo de Ecclesia Dei o la FSSPX. Obviamente, ésta no es una solución a largo plazo, pero puede ser una estrategia temporal, especialmente por el bien de los niños, que no deberían estar expuestos a desviaciones litúrgicas. También es posible realizar este viaje una o dos veces al mes. Se podría considerar la posibilidad de compartir furgonetas para ayudar a los ancianos o a los que no tienen vehículo a ir a misa; sería una obra de misericordia excepcional.

    Si el Sacramento del Bautismo o de la Confirmación no está disponible en zona, vea si puede llevar a su hijo a una diócesis vecina donde la FSSP o el Instituto Cristo Rey (o incluso, en algunos casos raros, una iglesia diocesana) pueda encargarse de ello. Las políticas varían, pero ha habido lugares que acogen a forasteros para los sacramentos de iniciación. Hay razones para creer que los esfuerzos del Vaticano se están intensificando para cortar el acceso de los católicos a todos y cada uno de los sacramentos del rito tradicional fuera de la Eucaristía. Si esto ocurriera en tu zona y no pudieras encontrar otra solución, sería necesario que te pusieras en contacto con la FSSPX.


11. Crear una “cooperativa” católica tradicional de home schooling. A diferencia de una sección de Una Voce u otro grupo (quizá clandestino), una “cooperativa” de home schooling puede ser un vehículo eficaz para educar abiertamente a la niñez católica tradicional y para colaborar en el avance de los valores católicos tradicionales dentro de la diócesis. Lo mejor sería que un sacerdote ofreciera una misa solemne, por ejemplo los viernes por la mañana, en la iglesia local, y que los alumnos de la “cooperativa” se reunieran después para asistir a clases de religión o de otro tipo. Una “cooperativa” de este tipo no tiene por qué limitarse a las ofertas para niños; también podría ofrecer amistad y enriquecimiento para los adultos ofreciendo charlas sobre diversos temas, desde la formación espiritual hasta familias con experiencia en home schooling que enseñen a los que acaban de empezar a educar en su casa en cuanto a planes de estudio y materiales. Es esencial que el grupo sea tradicional y católico para que no se vea invadido por una mayoría de educadores en casa novus ordo y/o protestantes; esto podría hacerse con unos estatutos que prevean miembros con derecho a voto y miembros sin derecho a voto, teniendo los primeros que cumplir ciertos criterios católicos tradicionales.


12. Inicie conversaciones con la FSSPX. Sólo si su obispo ha cancelado todos las MT en su diócesis y/u otros sacramentos en el rito antiguo y nada más se puede hacer —si un obispo no cede en sus cancelaciones, si no es razonable en atender las necesidades de sus ovejas, si no invoca el Canon 87, si se niega a invitar a la FSSP, etc.— entonces es el momento de considerar la “opción atómica”, es decir, contactar e invitar a la FSSPX a su zona. Será el modo de decir  inequívocamente: “Nos la jugamos y no daremos marcha atrás”. Dadas las crecientes demandas de su limitado personal en este momento, no es probable que la Fraternidad pueda responder a su petición de inmediato; pero si puede asegurar una capilla y financiación, y hay un número decente de fieles, puede que vayan.

    Este no es el lugar para entrar en cuestiones detalladas sobre el estado de la FSSPX, pero me limitaré a decir lo siguiente. Si la Iglesia se encuentra en un estado de crisis institucional sin precedentes y anómala, un colapso histórico al lado del cual la controversia arriana y la revuelta protestante son como hojaldre —y esa es mi opinión y creo que la de la mayoría de los que están leyendo esto—, entonces es infinitamente más necesario conservar la plenitud de la ortodoxia católica, que significa tanto la recta enseñanza como el recto culto, que marcar todas las casillas de la corrección canónica y satisfacer los desiderata de los manuales escolásticos escritos en otros tiempos y sin la más remota concepción de la situación que estamos atravesando.

    Además, desde un punto de vista pragmático, y por triste que sea decirlo, ¡nada motiva mejor a ciertos obispos a ofrecer misas en latín patrocinadas por las diócesis que la posibilidad de una presencia de la FSSPX! Para protegerse contra el contraargumento de que “ustedes siempre fueron cismáticos, ¡porque miren cómo ahora se van con la FSSPX!”, dejen absolutamente claro: “Nunca pensamos en buscar la ayuda de la FSSPX hasta que nos vimos acorralados por sus acciones irrazonables e injustas. No somos nosotros los que los perjudicamos, sino ustedes los que nos perjudican a nosotros. Puesto que no hay absolutamente ningún buen argumento que pueda esgrimirse para prohibir los ritos sacramentales tradicionales a los católicos bautizados y a las comunidades florecientes, está claro que, en realidad, el pastor local ha decidido dejar de alimentar a sus ovejas; y las ovejas, por tanto, se dirigen a donde puedan ser alimentadas”.

    A este respecto, quisiera instar a los católicos tradicionales a reconocer el sedevacantismo como lo que es, a saber, una trampa tendida por el diablo para capturar a aquellos que son demasiado rápidos para juzgar, excesivamente celosos y no están equipados con los recursos espirituales y teológicos necesarios para dar algún sentido a nuestros tiempos caóticos (nunca seremos capaces de dar sentido completamente, ya que estamos tratando con el mysterium iniquitatis, el misterio de la iniquidad, que es inherentemente irracional). Incluso cuando protestamos legítimamente y nos negamos a seguir las directrices de nuestro papa y nuestro obispo, lo hacemos a nuestro pesar, bajo coacción y en aras de bienes mayores que deben ser defendidos por los verdaderos católicos. No dejamos de reconocer y rezar por el Papa y el clero en general, ni buscamos escapar de los confines de la Iglesia visible. Nuestro objetivo es la restauración de la tradición dentro de la Iglesia, su hogar natural y sobrenatural.


13. La educación nunca se detiene. Finalmente, y muy importante, es crucial ayudar a educar a sus todos los que asisten a la MT sobre por qué amamos esta forma de la Misa. No se trata sólo de “olores y campanas”. Es mucho más profundo que eso. Hay mucha bibliografía y material en Youtube sobre el tema. Recurren a él.


14. Por último, pero no por ello menos importante: esforcémonos por llevar bien nuestra cruz. Es posible que Dios nos pida que llevemos una cruz más pesada que antes. Si nos lo pide, significa que sabe que podemos soportarla con su gracia, y que seremos santificados por ella. Tal vez nos está pidiendo que la llevemos en nombre de los que rechazan e insultan la cruz.

    El obispo Athanasius Schneider, en su libro Christus Vincit y otras obras, habla de la supresión de la Misa durante su infancia en la Unión Soviética. Utilizó esa cruz para su santificación personal, y finalmente lo llevó a encontrar su vocación sacerdotal. Mirad cómo lo utiliza hoy el Señor, para predicar la verdad a tiempo y a destiempo, por todo el mundo. Lo mismo ocurrirá con nosotros: Dios no permite el mal si no quiere atraer el bien. Que nuestro propio crecimiento en virtud y santidad sea el bien que Él extraiga de los males desencadenados por Traditionis Custodes.



Fuente: One Peter Five.

sábado, 31 de diciembre de 2022

Requiescat in pace

 


Benedicto XVI
16.IV.1927 - 31.XII.2022

Tú que resucitaste de entre los muertos, Cristo nuestro Dios verdadero, por intercesión de tu Purísima Madre, la gloriosa siempre Virgen María, de los santos y venerables apóstoles, de nuestros santos y teóforos padres y de todos los santos, lleva el alma de tu siervo Benedicto que se alejó de nosotros a la morada de los justos, hazla descansar en el regazo de Abraham, cuéntala entre los santos y ten piedad de nosotros, Tú que eres bueno y amas a la humanidad.
Liturgia bizantina


Hace algunos meses publiqué una entrada sobre la enorme figura del Papa Benedicto, que supo iluminar a la Iglesia en el momento más oscuro de su historia.

jueves, 29 de diciembre de 2022

Virgilio: Profeta de Cristo

 



por Eck

Teste David cum Sybilla

(Secuencia Dies Irae)


En nuestra triste época, mientras marchamos a través de las penumbras, oscuras, bajo la solitaria noche de nuestros días quizás sea bueno y puede que nos ayude en nuestro caminar el recordar que Dios no deja a la humanidad de su lado aunque lo parezca y lo merezca. Vayamos, por un momento, al pasado, a los tiempos de nuestros antepasados cuando el mundo estaba sometido por las tinieblas del paganismo y la idolatría producidas por el Diablo, cuando la vesánica voluntad de las deidades, disfraces de los demonios, empavorecía a nuestros abuelos con señales, prodigios, maravillas, eventos, portentos y fenómenos. Vida dura y muerte casi desesperada donde la mayor esperanza era un pasear mortecino por los campos asfodelos cuando no como sombras de un nombre en el recuerdo de los mortales. 

Sin embargo, como Abraham, esperando contra toda esperanza (Rm. IV, 18) a pesar de estar sin esperanza en la promesa y sin Dios en este mundo (Ef. II, 12) muchos paganos y sus pueblos vivieron en la búsqueda de la Verdad, del Bien y de la Justicia dando lugar hasta verdaderos mártires como Sócrates, Papiniano y otros. ¿Cómo Dios los iba a dejar en la oscuridad total, un Dios que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Timoteo II, 3) y que puso su Ley en el corazón de todo hombre (Rm, II, 14)? ¿No prepararía el Todopoderoso a esos pueblos como preparó a Israel para que, cuando llegara la plenitud del tiempo, durante la cual envió Dios a su Hijo (Gal. IV, 4), a esos pueblos, que caminaban en tinieblas, pudieran ver una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte les pudiera brillar una luz (Mt. IV, 12)?

Dios y su providencia preparó a esos pueblos de diversos modos y profetizó la llegada del Salvador. Así lo testimonia San Juan al hablar del Verbo como la verdadera luz, la que alumbra a todo hombre (Jn I, 9), lo proclama San Pablo ante los atenienses en el Areópago: “hallé también un altar en el que está escrito: ‘A un dios desconocido’. Eso que vosotros adoráis sin conocerlo, es lo que yo os anuncio” (Hch. XVII, 23) y lo confirma los semina Verbi de San Justino, que selló con su vida y martirio su fe u su búsqueda de la verdad en Cristo. 

Por eso, de repente, como un manantial, surgen revelaciones sorprendentes en medio de la noche de la idolatría. Así nos encontramos con Platón, que en su obra sobre el Estado intenta imaginarse cuál hubiera sido el destino del justo perfecto en este mundo, llegando a la conclusión de que habría sido crucificado tras grandes tormentos (La República, II 361e-362a) y otros testimonios como los de Hesíodo, Sófocles, Ovidio o Cicerón pero a todos los supera Virgilio, el archipoeta, como bien sabía Dante.


Virgilio el vate

El Viernes Santo del año 325 el emperador y sumo pontífice de Roma, Constantino, dio un sermón en el que afirmaba que el poeta Virgilio profetizó la venida de Cristo en su IV Égloga. “Esto, no lo dijo por sí mismo, sino que, siendo Sumo Sacerdote en aquel año” (Jn, XI, 51) interpretó el gran poema como la mayor profecía de Roma sobre el Salvador y lo sancionó con su autoridad religiosa delante de la Corte, de su pueblo y de su imperio. Y desde entonces cada vez que se menciona este bellísimo canto del mantuano, se quiera o no, salta a la vista los inverosímiles paralelismos con las profecías del Antiguo Testamento, la clarividente coincidencia con el mensaje cristiano y la grandeza de una esperanza que en el paganismo era imposible de colmar y ni siquiera de imaginar. 

Virgilio era el vate romano por antonomasia. Para nuestros antepasados del Lacio, y para la mayoría de los pueblos, era la misma inspiración lo que hacía cantar a los poetas y a los profetas sus versos. La palabra sagrada no solo determinaba el Fatum (“lo dicho”, de fari: hablar), el Hado, sino que era más poderosa cuando cantaba y encantaba y hacía ver lo dicho (verbum) que revelaba la verdad (verum) de las cosas. Por eso los oráculos y las himnos sacros estaban en verso así como los poemas: eran un reflejo de la armonía del cosmos, reverberación de la música de las esferas y eco  de la palabra divina original.

Con Virgilio, Roma encontró a su Homero, al cantor de su vida y de su misión, al desvelamiento de su papel en la historia. Hombre de costumbres sencillas, apegado a la tierra y al campo y de tan gran bondad y pureza que en su amado Nápoles se le dio el mote de “Parthenias”, el virginal, según el testimonio de Suetonio (Vita Vergilii, XI) Hasta el pueblo lo vio y le cambió el nombre de Vergilius a Virgilius, relacionándolo con virga (vara de campo y varita) y virgo (virgen); le atribuyó poderes de mago en sus leyendas y sus obras se convirtieron en un método adivinatorio secular, las sortes virgilianae. Virgilio era el más grande vate que haya nacido y bien lo sabían los antiguos. Vidente del pasado y del porvenir, así le vieron los paganos y los cristianos. Somos nosotros, los modernos, quienes nos hemos vueltos ciegos a lo evidente, invidentes de las huellas de Dios por la historia, de su providencia. Es hora de volver a escuchar al pasado y abrir los ojos a sus mensajes de verdad, belleza y bien puesto que nuestro Dios es “el Dios de Abrahán, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Dios no es Dios de muertos, sino de vivientes” (Mt. XXII, 32).


El vaticinio (el canto del vate): Para muestra un botón.

Dejo el comentario interno de la IV Égloga para los lectores, quienes pueden leerla y maravillarse por sí mismos tanto en latín, para quien lo sepa, como en las traducciones romances, sobre todo las de fray Luis, otro gran poeta. ¿Qué mayor prueba hay que el propio poema y su cotejo con los profeta Isaias y Jeremías? Pondré un pequeño detalle de muestra: la sincronía del poema con las profecías veterotestamentarias. Es, en el fondo, el aspecto más desconcertante de la obra virgiliana y la mayor prueba de que no es fruto del azar ni de la casualidad.

Teque adeo decus hoc aevi, te consule, inibit,

Pollio, et incipient magni procedere menses...

(Y en ti esta gloria de las edades empieza, Polión, siendo tú cónsul 

y comienzan a avanzar los grandes meses...)

Muchos han visto en estos versos que daba una coba a su amigo Asinio Polión y al hijo que tuvo en ese año, pero Marón no era amigo de adulaciones. Entonces ¿qué pasó en ese año, el año 40-39 a.C. siendo cónsules C. Asinio Polión y Cn. Domicio Calvino? Que fue nombrado rey de los judíos un idumeo, a manos de una potencia extranjera y con una inauguración pagana ante Júpiter capitolino. Era el rey Herodes, llamado “el Grande”:


“Acabada la sesión del Senado, Antonio y César (Augusto) salieron llevando entre los dos a Herodes y siendo escoltados por los cónsules y otros magistrados para ofrecer un sacrificio y deponer el decreto al Capitolio. (...) Y así fue nombrado rey Herodes, en la ciento ochenta y cuatro Olimpiada, bajo el consulado de C. Domicio Calvino, por segunda vez cónsul, y de C. Asinio Polión.”

(Flavio Josefo, Antigüedades de los Judíos, Lib. XIV, Cp. V)


Con ello se cumplía la profecía de Jacob en el Génesis: “No se apartará de Judá el cetro, ni el báculo de entre sus pies, hasta que venga Schiloh: a Él obedecerán las naciones”. (Genesis 49, 10). A pesar de que los reyes macabeos eran levitas, fueron nombrados reyes de los judíos y el sumo sacerdocio estuvo con ellos hasta la elevación de Herodes. Ahora, el Señor de los Ejércitos es desplazado del gobierno de su pueblo por un rey que no era descendiente de Jacob, nombrado por una potencia extranjera y, sobre todo, consagrado a una divinidad pagana. Esto fue confirmado solemnemente por el pueblo y el sacerdocio durante la condena a Cristo, cayendo el cetro (poder civil) y el báculo (poder religioso) de Judá: “Respondieron los sumos sacerdotes: “¡Nosotros no tenemos otro rey que el César!” (Jn. XIX, 15). El siglo mesiánico terminó cien años después, o ciento diez más de acuerdo con la creencia de los antiguos de que un saeculum equivalía al máximo de una vida humana, con la gran guerra judía (66-73 d. C) y la destrucción del Templo (70. d. C.) El muro entre los pueblos y, sobre todo y por encima de todo, el muro entre los hombres y Dios se derribó finalmente: Era la hora de adorar al Padre en Espíritu y Verdad y no en los montes o en Jerusalén.


Conclusión

Había llegado el momento en que el Señor puso a Su Hijo “por luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los términos de la tierra” (Is. XLIX, 6) y le diera la misión de “edificar las ruinas antiguas; levantar los cimientos echados hace muchas generaciones; será llamado reparador de brechas, restaurador de caminos para que allí se pueda habitar” (Is. LVIII, 9). Edificar la nueva humanidad regenerada por la gracia y levantar los cimientos del nuevo Israel, la Santa Iglesia Católica a partir de la asunción de todo lo valioso del pasado humano pues Omne verum, pulchrum et bonum, a quocumque dicatur fiatque, a Spiritu Sancto est (“todo lo verdadero, lo bello y lo bueno, dígalo quien lo diga o hagálo quien lo haga, viene del Espíritu Santo”). A Virgilio y sus compañeros y a los defensores de la ley natural del paganismo podemos llamarlos, nos atrevemos a llamarlos, profetas paganos de Cristo pues dan testimonio de que toda la historia tiene su centro y culmen en Jesucristo el cual dijo que no había venido “a abolir la Ley y los Profetas sino para darles cumplimiento” (Mt. V, 17) a fin de que tengamos “vida y vida en abundancia” (Jn X, 10). Volver a verlo no sólo es una muestra de pietas con nuestros padres y darles su lugar en la historia de la salvación sino recuperar la esperanza de que Jesucristo es el Señor de la historia y que su cruz no solo ilumina el futuro sino el pasado, centro del que parten todos los caminos, sol que ilumina a todas las edades y del que dependen todos los hombres.

Virgilio fue testigo, los antiguos y medievales lo reconocieron ¿Por qué nosotros con humildad no deberíamos verlo?

Tres sabios orientales fueron los primeros en contemplarlo y actuaron en consecuencia...sigamos sus huellas en estas Navidades.


martes, 27 de diciembre de 2022

El triunfo argentino en Qatar, Messi y los progresistas

 


En este blog nos reunimos para comentar exclusivamente cuestiones que tienen que ver con la iglesia y con la fe católica. Pero en este caso haré una excepción en la temática porque creo que el caso lo amerita. 

El triunfo de la selección argentina de fútbol en el mundial de Qatar dejó, además de las alegrías previsibles del caso, algunas interesantes conclusiones de índole sociológica y cultural, que difícilmente serán publicadas por los científicos que se dedican a estos temas pues muestran el modesto impacto que han tenido en la sociedad décadas de políticas agresivas orientadas a desmantelar las estructuras heteropatriarcales de la sociedad argentina nacida, como el resto de las que integran el mundo occidental, al calor de Grecia, Roma y el cristianismo. Para ponerlo en otros términos, la pregunta que puede ayudar a responder las manifestaciones del triunfo argentino es si los sesenta años de militancia del progresismo ilustrado en Occidente —si tomamos como punto de partida la publicación de Historia de la locura de Michel Foucault en 1961— han sido suficientes para derrumbar lo construido a lo largo de dos milenios. Creo que los resultados, al menos en Argentina, han sido más bien limitados y las perspectiva no son halagüeñas. 

El progresismo no se ha quedado callado ante esta situación, pero curiosamente, el que ha hablado ha sido el progresismo internacional; el criollo se ha quedado callado, mascullando su bronca, porque sabe que ante cualquier comentario que hagan, serán devorados por la opinión pública. Esperarán tiempos mejores. Y el globo de ensayo que lanzaron —un personaje secundario de la TV Pública que trató a los jugadores de la Selección de “desclasados”— tuvo que salir ahíto a pedir disculpas. La primera crítica provino de una profesora universitaria de Estados Unidos, Erika Denise Edwards, quien publicó en el Washington Post una nota en la que se preguntaba por qué en la selección argentina no había jugadores de raza negra. No se le ocurrió pensar que se debía a que en nuestro país, la población afrodescendiente es ínfima. Ella, en cambio, sugería que era una cuestión de racismo orientada a alimentar el mito de que Argentina es una nación blanca. Pero no se trata del desvarío aislado de una intelectual que desconoce la realidad argentina; en el fondo se esconde uno de los núcleos centrales del progresismo, aunque en esta ocasión equivocó el acento. Lo dijo muy claro un “intelectual” argentino, Darío Sztajnszrajber, en un programa televisivo: la selección de fútbol no lo representa a él y tampoco representa a la sociedad porque los jugadores no fueron elegidos por nadie. Y aquí está el quid de la cuestión. Si se llevan los principios progresistas hasta sus últimas consecuencias, el equipo nacional de fútbol, en primer término, debería ser elegido por el pueblo ya que los actuales medios de selección de los jugadores —habilidad en el juego, fruto del talento natural y el mérito de largos años de esforzado entrenamiento— no los legitima. Ya conocemos la monserga progre sobre la odiada meritocracia, que no es inclusiva y es discriminatoria con los menos favorecidos. El único modo de legitimación es la voluntad popular que garantice la representación de todas las minorías. Consecuentemente, en lo más profundo del corazón de cualquier progresista que sea consecuente con sus ideas, habita el deseo de que la selección de fútbol esté integrado por blancos y negros, hombres, mujeres y trans, y probablemente también por alguien que sufra algún tipo de discapacidad motriz o mental. El talento para jugar al fútbol y convertir goles es un detalle completamente intrascendente.

Otra andanada de críticas vino de Europa, especialmente de Francia —comprensible por su derrota—, pero también de Alemania y España. Los jugadores fueron tratados de obscenos, homófobos y vulgares. Y tienen razón: el gesto que hizo el arquero Emiliano Martínez luego de recibir su premio frente a las cámaras de TV de todo el mundo, fue claramente obsceno; los cánticos que los jugadores entonaron en el vestuario contra los periodistas fueron homófobos, y allí mismo pudieron apreciarse escenas de indudable vulgaridad. Las conductas de las que acusan a los jugadores son reales y también son reprobables; no tienen justificativo alguno. Sin embargo, hay también que decir que son previsibles. La vulgaridad, en todas sus variantes, acompaña al género humano desde hace milenios. Es cuestión de ver, y divertirse, con la epigrafía, o grafiti, que adornaban paredes de casa particulares o sitios públicos de las antiguas urbes del imperio romano; o las cantares de los goliardos medievales, y tantos ejemplos más. Un ambiente puramente masculino, en las circunstancias de un triunfo por la copa del mundo, muy previsiblemente genera conductas chabacanas como las que se vieron. Son propias de las "estructuras heteropatriarcales". Pero lo que molesta a los progresistas europeos, no es la falta a las normas básicas de la decencia, la buena educación y la virtud de la castidad, sino la incorrección política de las groserías. El problema no es que los jugadores sean más o menos soeces —los franceses o españoles no son muy bien hablados o muy castos que digamos— sino el tipo de groserías, que son aquellas vedadas por las usinas del buen pensar y hablar progre.

Particularmente patética fue la conducta de Bruno Le Maire, ministro de economía de Francia, que comenzó llorisquear por los “insultos racistas” que había recibido de los hinchas argentinos. Lo curioso es que si se leen los mensaje que recibió en sus redes sociales, se descubre que no eran racistas; eran realistas. Allí le dicen que la gran mayoría de los jugadores franceses son inmigrantes africanos con pasaporte francés, lo cual es real. El problema del progresismo es que así como se ha propuesto borrar los límites entre varón y mujer y negar la existencia de dos sexos, quiere borrar también la existencia de las razas, que son, para ellos, una mala jugada de la naturaleza. Con un acto volitivo humano —la emisión de un pasaporte— se eliminan, según el ministro galo, las razas y nacionalidades. El africano deja de serlo y sus rasgos y el color de su piel se esfuman. Los argentinos que comentaron los mensajes del desconsolado monsieur Le Maire, lo hicieron desde el más básico sentido común que dice que Francia es un país de raza blanca mientras que, curiosamente, su selección de fútbol está integrada mayoritariamente por jugadores de raza negra. Y eso no es racismo. Es reconocimiento de la evidencia de la realidad.

Sin embargo, la frustración más grande que ha sufrido el progresismo ilustrado argentino es la exaltación de la figura de Lionel Messi que se ha convertido en un líder indiscutible y paradigma de millones de argentinos. Y no solamente porque su figura ha eclipsado a la de Maradona, personaje orillero y decadente, sino porque habitan en él los demonios más odiados por el progresismo. Messi es hombre, blanco, heterosexual, patriarcal y cristiano. Es lógica entonces la rabia de los progres: el desideratum de la sociedad argentina está con la misma mujer desde los dieciséis años, publica continuamente fotos con ella y sus hijos, luce un enorme tatuaje de Jesucristo en su brazo y habla frecuentemente de Dios. Estas tipo de conductas de un líder como Messi adquieren, quiérase o no, carácter paradigmático, y son mucho más efectivas que el bombardeo a la que la elite progresista somete a la población a través de la educación y los medios de comunicación. Como diría algún criollo, Messi ha venido a escupirles el asado.

El hecho de que décadas de bombardeo de consignas progresistas no hayan sido suficientes para que un grupo de jugadores argentinos que viven en Europa y que son conscientes de que sus palabras y gestos son vistos y comentados en todo el mundo, hayan igualmente protagonizado conductas “obscenas, vulgares y homófobas”, y las mismas haya sido festejadas por millones de personas, es un signo muy claro de que el impacto del progresismo es escaso y que, en todo caso caso, se da en pequeñas elites ilustradas. Y, además, augura que el restos de sus desvaríos nunca tendrán penetración social: los niños nunca serán niñes; lxs trabajadorxs seguirá siendo una expresión ridícula y los humanos seguirán dividiéndose en varones y mujeres. 


lunes, 26 de diciembre de 2022

En una noche oscura


En una noche oscura, sobre Belén, 

una estrella brillante subió 

y cubrió la tierra con su luz. 

Y una doncella pura, la novia santa,

en una caverna humilde, dio a luz a un hijo.


Duerme Jesús mi pequeño bebé , duerme estrella mía,

estoy cantando para Tí, mi querido, sobre tu destino.

Oh, duerme Jesús mi pequeño bebé, duerme luz mía. 

El mundo entero te está mirando con esperanza.


Ella lo besó tiernamente y lo cubrió con un manto,

lo colocó a dormir y comenzó a cantar bajito:

Tú vas a crecer Hijo, te harás un hombre adulto

y serás para el mundo el hijo mío.


Duerme Jesús pequeñito…


Amor del Señor, la verdad de Dios,

y luz de fe que darás a tu pueblo.

La verdad vivirá y romperá al pecado,

pero, oh Hijo, morirás en el Calvario.


Duerme Jesús pequeñito…