Finalmente, se concretó la entrevista a don Wanderer. Me recibió en su casa. En los fondos de su patio tiene lo que en zonas criollas llamaríamos quincho pero, en su caso, es más bien un pequeño pub londinense, pintado de verde inglés y adornado con anuncios de whiskies y cervezas que denotan sus gustos alcohólicos.
Me anunció que no tomaba mate, ni dulce ni amargo, y me ofreció un perfumadísimo Earl Grey que, según dijo, había comprado en el Strand de Londres o, conociendo mis gustos, whisky con soda. Por supuesto, acepté esto último.
- Con lo que veo, Wanderer, no se queje que sus lectores digan que es anglófilo.
- No me quejo. Lo soy.
- Eso puede ser peligroso. Sus amigos nacionalistas odian a Inglaterra y a los ingleses. Es de rigor.
- Es verdad. Viene en el combo del buen católico argentino. Pero me tiene sin cuidado, sobre todo porque no conozco ningún anglófobo que alguna vez haya estado en Inglaterra. Terminan todos respondiendo a la ideología nacionalista.
- ¿Ud. cree que el nacionalismo es una ideología?
- Ciertamente lo es en muchos casos pero, siempre, es un producto de la modernidad. Es ideología en tanto responde a esquemas prefijados racionalmente teniendo en cuenta mínimamente la realidad inmediata o histórica. Me parece bien que en los colegios se enseñe una historia “tocada” a fin de presentarle a niños y jóvenes héroes que signifiquen modelos virtuosos a seguir, pero otra cosa es creérsela. Es en ese punto cuando se convierten en ideólogos. Pretender instaurar en la Argentina de hoy una patria católica, con estado confesional, renegando del FMI y de todas las empresas servidoras del capitalismo judío y yankee, es decir, de todas las empresas, es ideología, porque eso es imposible.
- Pero Ud. dice que el nacionalismo es un producto moderno. ¿Cómo es eso?
- ¿Ud. cree que en la Edad Media había nacionalismos? Imposible, porque en la Edad Madia no habían estados nacionales. Ellos son un invento de la modernidad racionalista y, tal como los conocemos ahora, de Napoleón. Es decir, son un invento reciente. Naturalmente, el hombre ama a su patria, pero su patria es su pagus, es decir, el lugar donde nació y creció, una medida geográfica bastante pequeña. Las “naciones” medievales no eran Francia, España o Alemania. Eran los condados o ducados en los que habían nacido, o ni siquiera eso: apenas el simple pueblito. Por eso, no existía un “francés”, sino que existían borgoñones, picardos, angevinos o bretones.
- Entonces, según Ud., Argentina es una construcción moderna y racional.
- ¿Le cabe alguna duda? Que es moderna, es innegable. Fíjese en las fechas nomás. Y que es racional y no natural, pregúntese, por ejemplo, si un jujeño tiene más cosas en común con un boliviano o con un neuquino o con un porteño. Lo que lo une a estos últimos son categorías racionales, la nacionalidad argentina, pero no naturales.
- ¿Entonces hay que tirar todo al diablo?
- No. Es lo que hay, y habrá que defenderlo a costa de algo mejor. Pero hay que ser conscientes de los límites que las naciones modernas poseen. Por otro lado Jack, Ud. no me tache a mí de anglófilo cuando los amigos de Ud. que enumera en la entrevista que le hice son casi todos ingleses…
- Me gustaría conocer a los suyos.
- Son casi los mismos: Newman, Tolkien, Lewis, Knox, Bouyer, Waugh…
- Es peligroso decir que Evelyn Waugh es su amigo. Tenía ciertas costumbres licenciosas el gordo…
- Le respondo como él mismo le respondería: middle class prejudices. (risas)
- ¿Por qué mantiene su blog Wanderer?
- Porque algo tengo que hacer; algún apostolado me refiero. A una parroquia no puedo ir porque soy anticlerical, así que me dedico de vez en cuando al blog.
- Vendría siendo el apostolado de la buena prensa.
- Algo así.
- ¿Y por qué Wanderer?
- En realidad, nunca se me ocurrió armar un blog en serio. Todo empezó como una diversión de fin de semana, como un replique del desaparecido blog del amigo Cruz y Fierro. Y la palabra Wanderer me parece muy sugestiva. Siempre me impresionaron los versos de Tolkien: “O Wanderers in the shadowed land dispair not…” Siempre me consideré uno de los wanderers de la Tierra Media, soportando such a burden como soportaba la compañía del anillo, atravesando un bosque tenebroso o las cavernas de Moira, pero con la certeza de que el rey de Gondor está regresando y establecerá nuevamente su reinado, derrotando para siempre las fuerzas de Sauron.
- Me suena muy pagana su concepción de la vida. Casi ni parece cristiana.
- Qué diría el padre Fuentes, ¿no? (risas)
- En realidad ya lo dijo. Habrá leído seguramente sus reflexiones en las respuestas del teólogo. ¿Qué le parecen?
- Un disparate. Primero, me interesaría saber si Fuentes leyó a Tolkien, y si lo leyó, con qué espíritu lo hizo. Fuentes no entiende el mito.
- ¿Y eso es un problema?
- Yo creo que sí, porque es una seria dificultad para entender el cristianismo. El cristianismo es un mito; un mito verdadero, como decía su amigo Lewis. Y eso es lo más bello y profundamente reconfortante de nuestra fe: que la maravilla de un mito (una caída original, un Redentor que es el mismo hijo de Dios que se hace hombre, su obra de redención, el envío del Consolador que nos deifica, siete signos sacramentales que obran el milagro que dicen, un futuro de felicidad absoluta e inamisible) es verdadera y está siendo obrada en nosotros. A mí me parece que cuando desaparece el carácter mítico del cristianismo, se lo racionaliza y termina convirtiéndose en una doctrina.
- ¿Pero el cristianismo no es una doctrina?
- También es una doctrina, pero el cristianismo es fundamentalmente vida. Si el cristianismo fuese una doctrina, es decir, un armado lógico de proposiciones, la fe terminaría siendo la adhesión a un silogismo, como lo es para muchos tradicionalistas. Pero el cristianismo no es eso: es algo mucho más bello. Es la participación en la misma vida trinitaria, como dice San Pedro en su primera carta. Y es por eso que hay mártires, que son capaces de entregar la propia vida para ganar la Vida en serio. Ser mártir de una doctrina… no sé, no me convence. Yo no sería mártir del tomismo, por ejemplo, por más que respete y me haya formado con Santo Tomás.
- Espere Wanderer, que ya me ha pasado de largo por dos temas que quiero que hablemos: los kukús y el tomismo. Empecemos por el primero. Ud. sabe que muchos lectores de su blog se quejan por su insistencia en pegarle duro al IVE y no hablar de otras situaciones similares, según ellos, como los Miles Christi.
- Yo hablo de lo que se. No conozco suficientemente a los Miles para hablar sobre ellos. A lo kukús, sí los conozco.
- Se dice que Ud. fue kukú en algún momento.
- A Dios gracias, nunca lo fui, aunque estuve cerca. Pero tengo muchos amigos y gente cercana que sí lo fue, o lo es aún. Y veo el daño enorme que les han hecho. Por eso es que, en mis mínimas posibilidades, quiero desenmascarar el engaño y advertirles.
- ¿Cuál es el problema kukú?
- No sé si se podría sintetizar un solo problema, pero podría decir que lo más preocupante es su carácter sectario.
- Según Ud., entonces, son una secta. ¿No le parece demasiado?
- Ud. Jack ha leído la obra de su amigo Ronnie Knox, Enthusiasm, que se niega a traducir (risas). Analice las notas que el autor le atribuye a la gran cantidad de movimientos sectarios que se han producido a lo largo de la historia de la Iglesia, y se sorprenderá al ver cuántas de ellas pueden aplicarse llanamente al IVE.
- ¿Por ejemplo?
- Fíjese que es notable cómo hay en ellos una gran preocupación por alcanzar la propia salvación. Esta obsesión por salvarse es propia de todos los movimientos sectarios. Si Ud. observa los nacimientos de las órdenes religiosas más tradicionales, los franciscanos por ejemplo, queda claro que lo que busca San Francisco es la gloria de Dios, y la salvación personal y del grupo vendrá como consecuencia. En los kukús, por el contrario, pareciera que la salvación es obra humana, y no sólo la propia, sino la de todo el mundo. De allí esa urgencia apostólica, casi frenética, de querer llevar por la fuerza a todo el mundo a la salvación, como si eso dependiera de ellos. Y, lo que es peor, muchísimas veces identifican a la salvación con la pertenencia a su grupo. Es decir, el reaseguro de la propia salvación es la pertenencia al IVE. Ellos pretenden ser algo así como los elegidos de Dios, y la pertenencia a este nuevo pueblo otorga una ciudadanía particular que asegura la salvación eterna. Salvarse ya no pasa por haber recibido el bautismo y por la acción del Espíritu en nosotros, sino por la pertenencia a un grupo determinado, grupo que se constituye, además, en una suerte de nación santa, que posee derechos particulares. Así, entonces, sólo a regañadientes se someten a las reglas civiles y eclesiásticas propias de los profanos, quienes no tienen, propiamente, derechos, y por eso es lícito mentir o robar, si viene al caso. Viven en una especie de Útica catoniana, un pequeño estado personal teocrático, cuyo intérprete y factótum es el líder.
- Es decir, Buela. ¿Y cómo se explican entonces los grandes frutos que tienen?
- Me extraña Jack que Ud. me venga con un argumento tan básico.
- No es mi argumento; es el de numerosos defensores del IVE.
- Veamos. En primer lugar, los frutos no son del IVE. En todo caso, son de Dios, que usa cuando quiere y como quiere los instrumentos que quiere. Dios no está atado a un hombre ni a un grupo de hombres para llevarle la gracia a los hombres. Él es Dios, y eso marca una diferencia importante. En segundo lugar, su argumento se reduce al siguiente silogismo: “Todo lo que produce frutos buenos viene de Dios”, “El IVE produce frutos buenos”, por lo tanto “El IVE viene de Dios”. Yo no creo que Dios se atenga a las reglas de la lógica aristotélica, y la cosa no me parece tan clara y simple como lo plantea el silogismo. No niego que haya frutos buenos en el IVE como lo hay en muchas otras organizaciones (¿No son frutos buenos, acaso, lo que logran los pentecostales que trabajan en las cárceles?), pero el IVE tiene también otros frutos que no son tan buenos pero que, lamentablemente, son muchos, y Ud. Tollers los conoce, y los conocen muchos vecinos de Bella Vista, y callan. Y está bien que lo hagan para evitar el escándalo. Pero le aseguro que los abundantísimos jirones de vida que van dejando, no son precisamente frutos buenos. Preguntenle a Lula, por ejemplo.
- ¿El presidente de Brasil?
- No, al otro. Nadie le contestará, por cierto. Seguramente es otro desaparecido, habiendo sido, como fue, uno de los emblemas más preciados del IVE.
- Una de las entradas de su blog que más dio que hablar fue en la que se refirió a la UCA, y acuñó el célebre concepto de “ucatomismo”. ¿Qué es el “ucatomismo”?
- El “ucatomismo” es un tomismo sintético. Es decir, una doctrina que se pretende seguidora fidelísima de la enseñanza de Santo Tomás, con actitudes casi fanáticas, cuando, en realidad, en muchos casos no es más que una doctrina à la carte, en la que toman de Tomás solamente aquello que les gusta que, casi siempre, es aquello que puede ser expresado con ideas claras y distintas, perfectamente distribuido en tranquilizadores silogismos, y desechan o subvaloran toda la tradición mística y neoplatónica que es tan importante en el corpus. Yo me formé durante muchos años en el ucatomismo, y sé de lo que hablo. Claro que estas opiniones han provocado que algunos amigos se distanciaran pero bueno, no voy a negar lo que pienso…
- Sé de lo que habla. A mí me pasa lo mismo.
- Ya lo sé Jack, lo dijo en su entrevista. La vie c´est comme ça…
- Pero la intelectualidad católica argentina es ucatomista…
- ¿Intelectualidad católica argentina? ¿Qué es eso? (risas)
- …
- No existe, ni existió, salvo casos aislados, una intelectualidad católica argentina…
(Continuamos en una próxima entrada)