lunes, 31 de agosto de 2015

La amistad y el fuego


“Toda auténtica amistad empieza con fuego, madera y bebida y el reconocimiento de la lluvia y el hielo. Los que no empiezan por el final corporal de las cosas son ya unos mojigatos y pueden llegar a ser pronto cristianos cientistas”.
G.K. Chesterton, Lo que está mal en el mundo, c. 2.


“¿Hay algún placer más grande sobre la tierra que un grupo de amigos cristianos en torno a una fogata?”

Carta de C. S. Lewis a Dom Bede Griffiths OSB (su ex alumno Alan Richard Griffiths), 21/XII/1941.

sábado, 29 de agosto de 2015

El infierno tan temido

Es verdad lo que dicen algunos comentadores del blog: hay temas mucho más importantes que las correrías del papa Francisco. En absoluto los hay pero relativamente a las circunstancias actuales, el tema de Bergoglio no puede dejar de discutirse y, en conciencia, debemos estar alertas y alertar. El daño que está causando esté personaje no es fácil de medir.
La ilustración del post es una miniatura de una manuscrito renacentista: Livre de la Vigne nostre Seigneur, France ca. 1450-1470 (Bodleian, MS. Douce 134, fol. 85r). Representa el infierno donde, en un caldero, se hierven un papa, cardenales, obispos y frailes. En tiempos actuales, el monje ilustrador habría sido piadosamente misericordiado. Los hombres de otros tiempo, en cambio, tenían bastante claro cómo eran las cosas.
Yo no sé si merece el infierno. Eso lo sabrá Dios. Pero sí puedo afirmar la gravedad de una de las últimas travesuras pontificias.
En Italia, como en muchos otros países europeos, se organiza el Family Day, una enorme manifestación de la que participan movimientos de laicos, diócesis, colegios católicos, etc., a fin de reafirmar el valor de la familia tradicional (un papá y una mamá) y rechazar el matrimonio gay y la implementación de la teoría del género. Estos grupos no solamente se reúnen en el gran día (ver aquí) sino que también organizan campañas alertando a los padres de los peligros que aparecen para la educación de sus hijos en este sentido. Y así, una de las alertas era acerca de dos libros que habían aparecido: Piccolo uovo, que cuenta la historia de un huevo que no quiere nacer porque no sabe qué vida y qué familia le tocará en suerte. Para poder entenderlo, parte en un viaje a fin de conocer diversos tipos de familia: un papá y una mamá; dos papás, dos mamás, etc. La historia del libro se presentó en forma de obra de teatro a la que asistían alumnos de escuelas primarias italianas. Por supuesto, Family Day y otras organizaciones pusieron el grito en el cielo por este escándalo. Y algo similar ocurrió con el segundo libro de la misma autora: Jean tiene dos mamás. El alcalde Venecia ordenó retirar ambos libros de las escuelas.
La escritora de ambas obras se llama Francesca Pardi y vive en Venecia “en pareja” con otra mujer y sus cuatro hijos. La señora Pardi es una lesbiana militante por los derechos de los homosexuales que se ofendió por el ataque que sus obras literarias recibían por parte de los católicos. Y no tuvo mejor idea que escribirle al Papa Francisco relatándole la situación y enviándole copia de sus dos libros para que el Pontífice viera lo bueno que eran para la educación de la juventud.
Lo grave del caso es que el bondadoso Papa Bergoglio le respondió a doña Pardi a través de uno de sus secretarios. En la respuesta, el Santo Padre le agradece por el delicado gesto y por los sentimientos que los han provocado, y le desea una cada vez más fructuosa actividad al servicio de las jóvenes generaciones y de la difusión de los auténticos valores humanos y cristianos. Pueden chequear la noticia en varios sitios de Internet, por ejemplo acá y acá
Por cierto, al rato tuvo que salir el Padre Lombardi a decir que la carta del Papa no pretendía promover enseñanzas contrarias al Evangelio. 
Yo me pregunto: ¿se dá cuenta el Papa Francisco lo que está haciendo? ¿Se da cuenta del escándalo que produce? ¿Cómo quedan los miles de laicos y sacerdotes que hacen lo imposible para defender la doctrina católica en materia tan sensible como el matrimonio y la educación de los hijos, cuando el jefe de la Iglesia envía la bendición y el aliento a sus enemigos? Y recordemos que el Francisco en ningún momento envió su bendición y cercanía a Family Day o a Manif pour tous

Si esto no merece el infierno, yo no sé qué lo merece.

jueves, 27 de agosto de 2015

Tucho el Adulador

¡Tucho, Tucho! Me parece que esta vez se te fue la mano.
Tus empleados han empapelado la ciudad de Mendoza promocionando el nuevo colegio que pensás abrir en esa ciudad el año próximo y al que has bautizado "Para Francisco".
Todo tiene un límite, señor don Tucho. Uno puede afirmar que el cuello de la jirafa llega hasta las estrellas, o que una ballena llena el océano entero, y no hará más que mostrarse impetuoso en extremo con su animal favorito. Pero si empieza a felicitar a la jirafa por sus plumas, o a la ballena por la elegancia de sus piernas, nos enfrentamos a lo que los hombres llamamos "adulación". Y eso es lo que está pasando con vos.
Podés decir que el Papa es un buen tipo, que es cercano a la gente, que realmente le importa la fe católica, o cosas por el estilo, y te vamos a entender: mentís porque sos su paniaguado, pero ponerle su nombre a un colegio se inscribe ya en la más grotesca adulación.
Es como si le pusieras a una escuela de pilotos el nombre de "Vicky Xipolitakis" o a un club de rugby "Guido Suller". Lo más alejado que hay del conocimiento, la ciencia, la sabiduría, la educación y la cortesía, es decir, de todo lo que un colegio debe enseñar, es el Papa Francisco. Ni siquiera fue capaz de terminar su doctorado, aunque tuvo todo el tiempo y los medios de que dispone la Compañía. Si el único idioma que habla correctamente es el español y apenas se defiende en italiano. Si es un incompetente absoluto que, si la Iglesia fuera una multinacional como muchos creen que es, nunca habría pasado de mandadero.
Se te fue la mano Tucho. No podés ser tan adulador. 

sábado, 22 de agosto de 2015

Benson y la formación sacerdotal

En los comentarios uno de los post que publicamos la semana anterior afloró una vez más el problema de la formación sacerdotal. No es una cuestión que atañe solamente a obispos y clérigos. Nos atañe a todos, porque dependemos de los sacerdotes para recibir los sacramentos y para regir la Iglesia. 
No hay duda que la formación sacerdotal actual es pésima. El hecho de que, quien fuera durante años el rector del seminario para importante y representativo del país -Devoto- y actualmente rector de la Universidad Católica Argentina, sea Mons. Tucho Fernández, un don nadie en todos los ámbitos posible del ser y del entender, habla por sí mismo.
No creo, sin embargo, que el problema se reduzca a nuestro país. Habrá otros casos peores, y otros mejores, como habrán también seminarios mejores y seminarios peores. 
En esta bitácora hemos tratado varias veces el tema, y desde hace varios años: El mejor seminario (3/6/2007); El freezer (12/12/2011); ¿Son necesarios los seminarios? 7/4/2010); Aún sobre la vocación. Castellani y Locke (9/4/2010).
Creo que es un tema discutido lo suficiente. Dejo como última reflexión un texto de Mons. Benson sobre el tema:

Apenas después de su conversión a la Iglesia católica, quien luego sería Mons. Robert Hugh Benson, autor de El Señor del Mundo, se trasladó a Roma donde vivió durante algún tiempo hasta su ordenación sacerdotal. Son muy interesantes sus observaciones de ese periodo y el modo en el que percibe su "nueva casa" porque, efectivamente, él decía que había alcanzado la perfecta paz espiritual luego de su conversión.
Esto no lo privaba de criticar lo que veía de negativo. Por ejemplo, lo fastidiaba mucho el ambiente concentradamente clerical que había en Roma y que se mostraban, por ejemplo, en las reuniones en los salones de nobles pontificios en los que diariamente cardenales y monsignorini se dedicaban al cotilleo. O bien, que a fin de que alguna afirmación tuviese algún peso o autoridad, debía ser antecedida con la expresión: "El Padre Tal dice que...".
Era particularmente crítico de los seminarios a los que consideraba una perversa máquina picadora de inteligencias. El 6 de dicembre de 1903 escribe a un amigo:

Estoy en un lento proceso de recibir impresiones, y todas son instructivas. ¿Te aburre si te comento algunas?
1) Todos los sacerdotes, primero que nada, poseen una intensa fe y comprensión de lo sobrenatural, y expresan todo esto francamente en palabras y conductas, con mucha naturalidad y devoción.
2) También son, por tanto, muy frecuentemente son superficiales. Y este es costado escandaloso de la fe. Hacen bromas que me hacen parar lo pelos. Pero lo hacen no porque no crean, sino porque creen intensamente.
3) Son más bien sonsos (stupid, en inglés). Y esta es una falla del sistema de seminarios. Enseñan sus temas y su fe admirablemente, pero no les enseñan nada más que eso. Pero cuando, como ocurre con los grandes directores espirituales, conocen la naturaleza humana, la conoce mejor que cualquier otro en el mundo. Si me fuera encargado educar a un muchacho para el sacerdocio, primero lo protegería con una gran cantidad de religión atractiva dirigiéndome a su corazón, y de religión dogmática dirigiéndome a su inteligencia, hasta que tuviera catorce años. Entonces, lo enviaría a Eton o Winchester hasta que tuviera dieciocho, luego el seminario por un año o dos, luego a la universidad de Oxford o Cambridge, hasta que tuviera veinticuatro, y luego al seminario nuevamente por tres años. Y creo que sería un espléndido sacerdote después de todo esto".  

miércoles, 19 de agosto de 2015

Pedagogía para ovejas del Papa Francisco

Damos la bienvenida a don Francisco José Soler Gil, de Sevilla, a quien esperamos tener como asiduo colaborador de este blog.

El verano es el tiempo de las largas tertulias nocturnas, a cielo abierto, con la familia o los amigos. Las amables temperaturas de la noche invitan a demorarse en todo tipo de especulaciones, quizás ante una buena mesa, en la que no faltará la botella de vino refrescante. En el campo o en la playa, a la luz de las estrellas, se aceptan preguntas que podrían ser tomadas como impertinentes en cualquier otro contexto.
Así, por ejemplo, si en un marco como éste un amigo me preguntara qué es lo que me parece peor del pontificado de Francisco, no lo llamaría al orden, ni le recordaría doctrinas de respeto filial, sino que, sin dudarlo ni un momento, simplemente le respondería que lo peor son los preparativos que, a todas luces, se están tomando para enmendarle la plana al mismo Jesucristo, de cara a agradar al mundo. Y es evidente que me refiero, muy en primer lugar, a la admisión a la comunión a los divorciados que vivan en adulterio. Que es algo que el Papa Francisco parece empeñado con firmeza en implantar, y posiblemente lo consiga, cosechando grandes aplausos de los enemigos mortales del cristianismo.
Pero si este insistente amigo me preguntara luego qué es lo segundo peor del actual pontificado, confieso que me pondría en un aprieto: ¡Hay tanto donde escoger!
Podría mencionar quizás la frase que quedará para eterna memoria de Francisco I: «¿Quién soy yo para juzgar?». Una frase que, además, por lo que llevamos viendo, sólo se aplica en determinadas direcciones, y preferentemente a favor de los deseos arcoiris.
Pero podría mencionar en su lugar el reverso tenebroso de esa frase, que son las continuas «misericordiaciones» de voces críticas ante el deterioro doctrinal que está sufriendo la Iglesia. Del benemérito cardenal Burke hacia abajo, la lista se va haciendo muy larga ya.
Y podría mencionar también las entrevistas aéreas del Papa, la verborrea inagotable, las madres conejas, los pepinillos en vinagre, las ostentaciones de humildad, la opción preferencial por los políticos, actores y futbolistas, el populismo de tres al cuarto, la intromisión en temas científicos y económicos ajenos a su competencia,... Verdaderamente, ¡hay tanto donde escoger!
Ahora bien, ante tan exuberante variedad, lo mejor es guiarse por las propias preferencias. Ya que nos hallamos en medio de la gran feria de los despropósitos, escoja cada cual el que más le moleste. A mí me molesta mucho que me tomen por imbécil, y por eso, una cosa que me cuesta especialmente soportar es la pedagogía para ovejas del Papa Francisco.
Como cada maestrillo tiene su librillo, el actual pontífice también usa, una y otra vez, de ciertos procedimientos que parecen ser de su agrado. Lo malo es que estos procedimientos presuponen ―o la menos esa impresión me da a mí― que la grey a su cargo está formada por ovejas estultas.
Mencionaré un único ejemplo, por no ser prolijo. El más reciente que se me ocurre. Estos días pasados hemos asistido a la enésima exhibición del método pedagógico bergogliano, en concreto durante la audiencia general del pasado día cinco. ¿Qué nos explicó el pontífice en esta ocasión? Habló de los divorciados que viven en adulterio, si bien en otros términos: «los que tras la ruptura de su vínculo matrimonial han establecido una nueva convivencia». Bien, esta terminología resulta un poco más larga que la empleada por Nuestro Señor, pero, atendiendo a la enseñanza de Cristo, las dos son equivalentes. No obstante, cada uno es muy libre de escoger las palabras con las que quiere expresarse, de manera que volvamos al núcleo del asunto: ¿Qué nos explicó el pontífice sobre los divorciados que viven en adulterio? Pues que no están excomulgados. Ni más ni menos.
Como era previsible, los medios de comunicación del mundo entero titularon que el Papa dice que los divorciados vueltos a casar pueden comulgar. Y, como era no menos previsible, los medios católicos salieron enseguida a responder que eso era una malinterpretación, cuando no una manipulación, de las palabras del Papa. Puesto que no es lo mismo no estar excomulgado que poder comulgar. Lo de siempre. Ocurrió lo de siempre. Lo que viene ocurriendo a lo largo de todo el pontificado.
¿De verdad no podía saber de antemano el Papa que sus palabras serían interpretadas del modo en que lo fueron? Por supuesto que lo sabía, ¿cómo no lo iba a saber? En realidad se trata ―junto con las destituciones y nombramientos― de una de sus maneras preferidas de influir en el desarrollo de una discusión: Realizar una declaración ambigua, que dé alas al bando heterodoxo que desea impulsar, al tiempo que dé pie a los católicos fieles a pensar que nada nuevo se ha dicho. Y así, la culpa del desaguisado la tiene siempre la prensa, que no entiende. Pero sí que entiende. ¡Vaya si entiende!
Por eso, si yo pudiera pedirle un favor al Sumo Pontífice, le pediría que, puesto que tiene muy claro a dónde quiere llegar, al menos no recurra a tales procedimientos, que, a fuerza de reiteración, presuponen ya la estupidez de los católicos que tratan de mantenerse fieles a las palabras de Cristo. Y que además convierten el camino en lento y tortuoso. Dicho con otras palabras: Lo que vas a hacer, hazlo pronto.

Francisco José Soler Gil

lunes, 17 de agosto de 2015

Colas en Fiumicino

Hace algunos días se publicó en una página americana un interesante artículo acerca de otro de los devastadores efectos que está produciendo el pontificado de Francisco, esta vez, en la Curia Romana. Traduzco el párrafo inicial:

“Solía conocer a muchos sacerdotes que trabajaban en los dicasterios romanos pero ahora están haciendo cola en los aeropuertos de Roma y regresando a sus diócesis de origen con la intención de no volver. El problema es que el Papa matonea a sus jefes y, entonces, sus jefes los matonean a ellos, y por eso se van. Por más curtido que se tenga el cuero, hay límites para soportar insultos y desprecios. Esto, sumando a un creciente grado de sudamericanización, hacen que el ambiente de trabajo de la Santa Sede sea cada vez más difícil. A los que tiene el cuero más delicado y son más sensibles, debido a que el mundo del Papa inevitablemente se estrecha, todas las mañanas desde Santa Marta les caen más insultos. El éxodo de Roma se basa en una simple pregunta: “¿Debo quedarme o debo irme?”. E irse es más fácil que quedarse”.

Me interesa hacer un par de observaciones. 
No me parece extraño, ni malo de por sí, que se esté dando una sudamericanización de la Curia Romana. En la larga época de Juan Pablo II se produjo una polonización así como históricamente, siempre hubo una italianización. El problema es que los sudamericanos que están llegando a Roma presentan las mismas características de quien los lleva: cortos de entendederas, incultos, vulgares e ignorantes. Y este tipo de personajes pueden encontrarse en todos los países y continentes. Pero ocurre que, en este caso, Dios los cría y el Papa los amontona, y así van a terminar llevándose puesta a la Curia, si los dejan.
En segundo lugar, me parece muy grave y alarmante que los buenos sacerdotes que trabajan en la Curia estén dejando sus puestos los que son rápidamente ocupados por estas nuevas huestes francisquistas. Este método de recambio de personal no es nuevo: lo aplicó Perón y desde hace algunos años lo están aplicando los Kirchner en Argentina. Veamos, si no, el caso de la Cancillería, donde los empleados de carrera y con antecedentes y capacidad para desempeñar sus delicadas tareas son hostigados continuamente por sus jefes hasta que, cansados de soportar la situación de acoso, renuncian a sus puesto, o sos echados, y su lugar es ocupado por algún jovencito incompetente de La Cámpora. Lo que el periodista que escribe la nota no sabe es que Bergoglio está “camporizando” la Curia, es decir, llenándola de gente que le responda automáticamente y lo consienta en cualquier disparate que se le ocurra.
En general, quienes trabajan en la Curia Romana, gozan de mala fama. Se los percibe como frívolos, trepadores y cómodos que escapan al duro trabajo pastoral del cura de a pié. Y la imagen es falsa. Conozco personalmente y muy de cerca a cuatro sacerdotes de la Curia. Dos ellos volvieron ya a sus diócesis y los otros dos hacen más de veinte años que están allí. Tres de ellos son argentinos y uno es alemán. Doy testimonio de la ejemplaridad de los cuatro. Ninguno de ellos está o estuvo en Roma con ánimos de trepar o de integrar alguna cordata de poder. Es más, uno de ellos se fastidió sinceramente cuando lo ascendieron y ubicaron en un vistoso puesto del séquito papal. En todos los casos, los movió siempre el ánimo de servir a  Cristo y a la Iglesia del mejor que podían hacerlo y en obediencia a lo que les pedían. Ese servicio, en algunas ocasiones, implicó sacrificios: en uno de los casos significó entregar a sabiendas su propia carrera y futuro en la Urbe a fin de cumplir con el deber que su conciencia y amor a Cristo y a su Esposa le imponían.

Como en todo grupo humano, no todos son así. Tenemos en la Curia Romana a Mons. Karcher, que han demostrado ser especialista en la frivolidad de las selfies y del Facebook, y al arzobispo Sánchez Sorondo, un verdadero maestro en el arte del panqueque o la crêperie y de la navegación según los vientos que corren. Pero me animo a decir que no son ellos la mayoría. La mayoría son los otros. Y es a ellos a quienes está espantando Francisco. Como los Kirchner, dejará tierra arrasada.

viernes, 14 de agosto de 2015

Requiescat in pace


Falleció hoy Mons. Rogelio Livieres Plano, antiguo obispo de Ciudad del Este.
Fue ferozmente atacado por los obispos paraguayos desde el momento mismo de su elección por el papa Juan Pablo II; fue humillado por la Curia Romana y fue misericordiado por el papa Francisco.
Fue amado por sus sacerdotes y venerado por sus fieles.
Don Terra, obispo emérito de Brasilia, dijo hoy en la misa de requiem: "Mons. Rogelio está en el cielo. Fue crucificado en vida y por eso Dios se lo llevó en el día de otro mártir. Hizo lo más importante que debe hacer un obispo: formar sacerdotes".
¿Habrá una llamada de condolencias para su madre nonagenaria del Sumo Pontífice?