lunes, 27 de abril de 2015

La correcta Vigilia Pascual

En la semana de la octava pascual, un lector del blog comentaba que había asistido a la “correcta vigilia pascual” en una de las capillas de la FSSPX. También yo asistí a la vigilia en un sitio análogo pero debo decir que, lamentablemente, no es la ceremonia “correcta”.
¿Qué entiendo por “correcta”? Utilizo el término que usó el lector con el que, seguramente, quería indicar la ceremonia tradicional, es decir, la que la Iglesia celebró durante siglos. Y allí está justamente el problema: todas las ceremonias de Semana Santa fueron profundamente reformadas durante el pontificado de Pío XII nada menos que por el mismísimo Bugnini. Veamos qué ocurrió:
En octubre de 1949 se conformó dentro de la Congregación de Ritos una comisión litúrgica que debía ocuparse del rito romano y de las eventuales reformas que era necesario aplicar. El Movimiento Litúrgico estaba trabajando en varios países europeos desde hacía más de dos décadas, habían comenzado ya con sus “experimentos litúrgicos” y los episcopados de Francia y Alemania sobre todo, presionaban por cambios. 
La Comisión estaba presidida por el cardenal Cicognani e integrada, entre otros, por el jesuita Agostino Bea y el lazarista Annibale Bugnini. El grupo no podía ser más alarmante… e intrigante. Mons. Montini –luego Papa Pablo VI-, Sustituto de la Secretaría de Estado, mantenía al tanto semanalmente al Santo Padre de los avances reformadores de la Comisión y lo propio hacía su confesor, el P. Bea. El cardenal prefecto, en cambio, no podía ver al Papa. Pío XII, enfermo, recibía las noticias de los avances de la reforma litúrgica exclusivamente a través de dos personajes inquietantes. 
Los trabajos de la comisión se extendieron hasta 1955 cuando, el 16 de noviembre, fue publicado el decreto Maxima redemptionis nostrae mysteria, que debía entrar en vigor en la Pascua del año siguiente. Los episcopados acogieron de diverso modo las novedades y, más allá del triunfalismo proclamado por los reformadores, no faltaron las quejas por las novedades introducidas e, incluso, se multiplicaron los pedidos para poder mantener los ritos antiguos. Pero, lamentablemente, la máquina de la reforma litúrgica ya estaba en marcha. 
Las reformas introducidas eran comparables a las que, algunos años más tarde, los mismos personajes introducirían en los ritos de la Santa Misa. Hasta tal punto fue la resistencia y desagrado de muchos frente a las incoherencias y novedades, que el mismo papa Juan XXIII celebró las ceremonias del Viernes Santo de 1959 siguiendo la antigua costumbre.
Para calibrar la importancia de la reforma de la Semana Santa de Pío XII tanto a nivel litúrgico como histórico, podemos recurrir al testimonio de una de los dos más grandes protagonistas de ella a fin de encuadrar las intenciones de aquellos que trabajaban en esta obra. El P. Carlos Braga, brazo derecho de Aníbal Bugnini y director durante años de la autorizada revista Ephemerides Liturgicae, definió audazmente la reforma del Sábado Santo como “el ariete por el cual la reforma penetró en la fortaleza de nuestra liturgia que era estática”. El futuro cardenal Ferdinando Antonelli la definió en 1956 como “el acto más importante en la historia de la liturgia desde San Pío V hasta hoy”. 
Las reformas fueron numerosas y sanguinarias. No se trató solamente de cambiar los horarios en los que se celebraban sino de manosear a los mismos ritos. 
Veamos algunos pocos ejemplos:
Se eliminó del Viernes Santo la Liturgia de Presantificados, un rito que poseen todas las liturgias orientales y que era también patrimonio de la liturgia latina desde tiempo inmemoriales. Consistía, para decirlo en pocas palabras, en la celebración de la Santa Misa pero sin consagración ya que se consumían las formas consagradas el día anterior.
La Vigilia Pascual se retocó completamente. Por ejemplo, luego de la bendición del fuego, se ingresaba a la iglesia a oscuras, portando el diácono una caña en cuyo extremo habían tres velas formando un triángulo que eran encendidas luego de cada Lumen Christi. El cirio pascual lo bendecía el diácono durante el canto del pregón pascual, lo cual tiene mucho más sentido si se lee cuidadosamente ese bellísimo texto. En cuanto a las profecías, eran doce, y no tres como después de la reforma.
Y, para rematarla, como la Comisión estaba urgida por terminar sus trabajos y no tenían tiempo de hacer la reforma de la vigilia de Pentecostés, ¡directamente la suprimieron! Efectivamente, Pío XII, además de refrendar la reforma de la liturgia de Semana Santa, hizo desaparecer la vigilia de Pentecostés que quedó reducida a una mera misa. Anteriormente, era una propia vigilia, muy similar a la de pascua, con el canto de las profecías y bendición del agua.

Francamente, me cuesta entender porqué la FSSPX no celebra los ritos de Semana Santa anteriores a la reforma de Pío XII. La “tradición” de la que ellos celebran, se remonta a los años ’50 y es fruto de los mismos personajes que producirán la reforma de la Santa Misa durante el Concilio.
Sé que la respuesta será porque obedecen lo dispuesto por el Papa Pío XII, y yo les pregunto con afecto: ¿y por qué no obedecen entonces al papa Pablo VI? Aquí lo que está en juego es si los papas, llámense como se llamen, tienen autoridad para tocar la liturgia. 


jueves, 23 de abril de 2015

Bezpopovtsy

Cuando a mediados del siglo XVII el patriarca Nikon de la Iglesia Ortodoxa Rusa introdujo algunas apenas perceptibles reformas en la liturgia, un importante grupo de creyentes, en desacuerdo, se separó de la Iglesia manteniendo las antiguas costumbres. A estos raskólniki se los llamó los Viejos Creyentes. Y como sucede con frecuencia en estos casos, con el pasar de los años, también estos se separaron en dos ramas. Una de ellas se denomina los bezpopovtsy, es decir, los “sin sacerdotes”. Son grupos de laicos que rechazan a los sacerdotes y viven aún su religión cristiana sin los sacramentos, excepto el bautismo, que lo administra alguno de los más ancianos de la comunidad. 
Últimamente están surgiendo bezpopovtsy dentro de la iglesia católica que no son fruto de una cisma o de una rebelión sino que, sencillamente, no confían en los sacerdotes -y mucho menos en los obispos-, porque ya fueron muchas veces estafados.
Lo que hacen entonces, es formar un grupo con una cierta estructura que asegure la cohesión y unidad, con la elección de un líder y de un consejo que lo asesora, buscan algún encuadre legal o no, según las circunstancias, y se ponen a trabajar.
Sus actividades suelen consistir en captar adolescentes y jóvenes en colegios, clubes u otros lugares de encuentro e invitarlos a un retiro de conversión. Este retiro es íntegramente predicado por los mismos bezpopovtsy y, para lo estrictamente sacerdotal como la confesión o la celebración de la Misa, llaman a algún cura que les da garantías de catolicidad en su doctrina y decencia en su liturgia. 
Los conversos que salen de estos retiros comienzan una etapa de formación semanal que dura años y que se complementa con todo tipo de actividades sociales que favorecen la amistad y la diversión y evita los lugares mundanos y fuente de pecado. Es muy frecuente que de entre estos grupos surjan parejas y se conformen matrimonios, para la educación de cuyos hijos se funda un colegio. Por cierto, para la celebración de los matrimonios y posteriores bautismos recurren también a la importación temporal de curas.
En los casos que conozco, los bezpopovtsy son mucho más exitosos, en términos numéricos y en otros términos también, que las parroquias. Al husmear en los grupos parroquiales, se los encuentra raleados y los jóvenes que allí asisten, suelen ser los baldados por un lado o por otro, y que no sirven más que para tocar la guitarra y cantar desafinados en la misa de los domingos.  Los párrocos en cuyas jurisdicciones se asientan los bezpopovtsy gritan y patalean y presionan a sus obispos para declaren la excomunión, interdicción o algún otro tipo de censura canónica sobre estos desacatados pero los monseñores se suelen abstener de tocarlos. Los curas más conservadores o simpatizantes de los bezpopovtsy se desesperan también porque no pueden concebir que estos grupos nos tengan directores espirituales ni asesores clericales. ¡Será posible que estos laicos atrevidos desprecien la sabiduría que les otorga la gracia de estado sacerdotal!
Con mucha frecuencia, luego del Motu Proprio del Papa Benedicto, los bezpopovtsy se vuelcan a la liturgia tradicional. El tráfico de curas capaces de celebrar misas, bautismos y casamientos en el rito latino tradicional se complica un poco pero se las arreglan bastante bien: siempre se encuentra alguno dispuesto a hacer el viaje. El problema que los párrocos locales presten las iglesias se suele resolver con un estipendio consistente y, las misas latinas siempre se pueden celebrar en los locales donde funcionan los grupos sin que se esté faltando a ley canónica alguna.

Hasta aquí la crónica de lo que sucede en varios lugares de Argentina y, seguramente, de otros países también. Me parece que debe ser éste el mejor fruto del Concilio Vaticano II. Al destruir la liturgia y socavar los principios de la fe, los Padres Conciliares consiguieron que los laicos adoptaron un rol activo en la Iglesia, desprendiéndose de los curas inútiles y dañinos y vivieran una fe madura y comprometida, justamente lo que el bendito Concilio reclamaba.

O felix culpa!  

martes, 21 de abril de 2015

Vergüenza y bronca







Asia Bibi es una católica paquistaní que hace seis años está prisionera en una oscura celda de su país por ser cristiana. Ha sido condenada a muerte por "blasfemar" -bebió agua de una fuente a la que sólo podían acceder las mujeres musulmanas- y su caso está siendo por la Suprema Corte de Paquistán.
Su marido y su hija menor viajaron a Roma a fin de conseguir apoyo de los gobiernos occidentales y, sobre todo, del Papa, a fin de que Asia Bibi sea liberada. En el video pueden ustedes ver cómo fueron recibidos por el Papa Francisco.
Esto ocurrió la semana pasada, la misma semana en la que Bergoglio se preocupó de escribirle un largo mail al periodista argentino, y judío, Alfredo Leuco para congraciarse con su audiencia, luego de haberlo llamado telefónicamente para saludarlo por su cumpleaños.
El mismo Papa que gasta largas horas de su tiempo recibiendo al ateo Scalfari, a Icardi y Wanda Nara, a Maradona y a Tinelli; que habla cotidianamente por teléfono con cualquiera que pueda reportarle un rédito mediático; que se solaza en escribirle mails al cantante de ejemplar vida disoluta Cacho Castaña, no tiene tiempo más que para un "Rezo por ella", cuando se trata de una mártir de nuestra fe. 
Vergüenza y bronca. 

lunes, 20 de abril de 2015

Sobre las "bocaciones" sacerdotales y religiosas

Estimado Wanderer:
Sigo con la sucia tarea de pasar el Ladrillo Verde de Randle a formato digital, que es como para purgar todos los pecados de una vida (o casi). Pero cada tanto me topo con alguna perla medio perdida entre tanto texto. Como por ejemplo esta nota que hallé en la página 537 y que a lo mejor cabe justo en un post de su blog de usted, en el que tantas veces Castellani apareció más actual que nunca.
Atentamente,
Jack Tollers


A Castellani lo tenía perfectamente sin cuidado el número de «vocaciones», como se desprende cuando comenta la Revolución Francesa (Belloc había escrito que Francia era una nación de ateos):
«Sí, bautizados y que iban a las procesiones y a los congresos eucarísticos. Nunca clero alguno en ninguna época y región tuvo más número de “vocaciones” (667 obispos establecidos y algunos en trámite, 155.900 clérigos y religiosos, de los cuales 11.400 canónigos y prebendados según el cálculo de Taine) nunca más bienes ni más poder político; y nunca estuvo peor la religión tomada como cuerpo social y dejada aparte la santidad de algunas almas individuales» (La Ausencia de Poder, en Dinámica Social, n. 77, Centro de Estudios Económico-Sociales, Buenos Aires, 1957, p. 6).
Se encontrará un acabado retrato de «vocaciones» falsificadas en la figura de Fray Fulgencio, personaje de su Benjamín Benavides (Parte II, Cap. 3). Allí don Benya afirma que
«La vida religiosa no es para todos. Y así como uno se puede equivocar no entrando en religión como Dios lo llamaba, que es lo más frecuente, así también se puede equivocar al revés...».
Casos de esos, dice don Benya, se cocinan en conventos en los que
«la pobreza desemboca en envilecimiento o suciedad, la obediencia en servilismo, la castidad en misoginia y dureza de corazón, la oración en aburrimiento, la abnegación en mutilación; y el “abandono de to das las cosas” hecho no en la caridad ni dentro de la contemplación, convierte a los hombres en bueyes, o en carneros o en plantas. El despojarlos de los incentivos comunes del vivir, sin lograr darles los incentivos extraordinarios, simplemente les disminuye la vida; y a veces se la estanca y corrompe [...] El diablo falsifica la obra de Dios [...] Falsifica la religión y la vuelve fanatismo, falsifica la mística y la vuelve política, falsifica la predicación y la vuelve propaganda, la piedad en santulonería, el ascetismo en hurañez, estolidez y orgullo vano».
Y un poco adelante cuando se le objeta a Don Benya que la orden sacó de Fray Fulgencio todo lo que era posible, el hebreo contesta secamente:
«“-Más le valiera haberse casado.”» (cf. p. 118 et seq.).
Por otra parte, estando en Manresa anotó lo siguiente:
«Patanes innumerables han llegado al sacerdocio. De este hecho se desprenden serias consecuencias. El sacerdocio es una dignidad altísima. Pero supone disposiciones en el sujeto. Las disposiciones son los “carismas”. Los carismas deben preceder al confiero. Conferido sin disposiciones no cambia al hombre, no lo hace de nuevo. Un patán podrá absolver válidamente y consagrar válidamente. Nada más. No puede dirigir, no puede gobernar, mucho menos iluminar. La armadura de hierro puesto sobre un anémico produce un ser peligroso. Peligra la cristalería fina en manos de un idiota» (Diario, 12-VIII-47).

sábado, 18 de abril de 2015

El P. Bayle y lecturas de fin de semana

Discutíamos anoche con un entrañable grupo de amigos -esos de los que nos habló Chesterton, por ejemplo - acerca de un tema sobre el que nunca nos ponemos de acuerdo: el nacionalismo. Coincidíamos, en cambio, en el enorme mérito del testimonio, en el sentido más pleno del término, de los que dieron su vida en la guerra de Malvinas. Aquí dejo el testimonio de otro héroe desconocido, como para reconfortarnos el fin de semana:


El P. Thomas Bayle, párroco de la iglesia católica de Santa Elena, en Chipping Ongar, Essex (Inglaterra) viajaba a Nueva York en el Titanic a fin de oficiar el casamiento de su hermano. Los fieles de su parroquia habían organizado una colecta para pagar su pasaje. Los testigos afirman que el P. Bayles había celebrado la misa para los pasajeros de segunda clase la mañana del desastre.

Cuando la nave chocó con el iceberg y comenzó a hundirse, al P. Bayles se le ofreció un lugar en botes salvavidas en repetidas ocasiones pero él lo rechazó, permanencia en el la cubierta para ayudar a otros, escuchar confesiones y rezar con los que aún estaban a bordo. En los momentos finales del Titanic, el P. Bayle rezó con más de cien pasajeros atrapados en la popa. Protestantes, católicos y judíos estaban de rodillas en medio de las crecientes olas mientras él les daba la absolución. Su cuerpo nunca fue rescatado.
La familia del P. Bayles tuvo una audiencia con el Papa San Pío X que lo describió como un mártir. 
El P. Bayles era hijo de un sacerdote anglicano y se había convertido al catolicismo. Había sido ordenado sacerdote en agosto de 1902. 
Se ha iniciado su proceso de canonización.

Y aquí les dejo algunas lecturas:
1. El autor del recomendable blog “Que no te la cuenten” ha subido, en formato PDF, la colección completa de la revista Sol y Luna

“Concebida por Juan Carlos Goyeneche a partir de la huella que en él dejaran los Cursos de Cultura Católica, nació la idea de publicar una revista de alto nivel cultural  y de calidad tipográfica correspondiente, en la que, los más jóvenes, iniciasen su producción intelectual en torno a los maestros reconocidos. Desde el primer número congregó así al equipo de mayor gravitación cultural de nuestro país. Dirigida por Goyeneche, pasaron por allí personajes como Mario Amadeo, José María de Estrada y el inolvidable Ignacio Braulio Anzoátegui; colaboraron también asiduamente el P. Julio Meinvielle, César Pico, Leopoldo Marechal, el P. Juan Sepich, Nimio de Anquín, Santiago de Estrada, Marcelo Sánchez Sorondo, Máximo Etchecopar y muchos otros eximios autores argentinos. Entre los extranjeros, figuran personajes de la talla de Hilaire Belloc y Gilbert K. Chesterton. Las miras específicamente culturales de la publicación se manifestaron rápidamente al ver la amplitud que se tenía para admitir colaboraciones de todas las tendencias. Así en sus páginas puede leerse la traducción en verso del Lepanto de Chesterton, debida a Jorge Luis Borges y la de Manuel Mujica Láinez sobre El Huesped, de Charles Péguy. Decía Juan Carlos Goyeneche, en la presentación de la Revista: “Cuando el Sol y la Luna se miran frente a frente, se produce el claro prodigio de la armonía, y el orden humano, como reflejo del querer divino, tiene la dichosa facilidad de una mirada. Nuestra revista, con el simbolismo de su título quiere significar una ferviente aspiración a tal orden y a tal armonía por el amor del sol y la fidelidad de la luna”.

2) Un lector del blog me pasó la traducción de un excelente y extenso artículo de 
Robert Kempson titulado El sínodo sodomita, con un pormenorizado relato del lamentable encuentro episcopal del año pasado. Pueden bajarlo desde aquí

viernes, 17 de abril de 2015

El Señor del Mundo, o casi

Hace pocas semanas en este blog nos conmovíamos ante la candidez del Sumo Pontífice que, con pesar, reconocía haber sido usado por los políticos argentinos. Y, al mismo tiempo, sus lenguareces vaticanos salían a comunicar que no recibiría a ningún otro político argentino hasta pasadas las elecciones de octubre.
Sin embargo, esta semana nos enteramos que la Santa Sede confirmó la audiencia que le fuera solicitada por la presidente Cristina Kirchner para el próximo mes de junio, semanas antes de las elecciones primarias.
¿Cómo se explica que el Santo Padre haya cambiado tan rápidamente de opinión? No entraremos aquí en la polémica que periodistas de la colectividad hebrea armaron hace pocos días con el caso ni en la melosa carta de reconciliación que recibieran desde Roma. Agudicemos el ingenio, como hicimos con algunos amigos, para interpretar el hecho:
1. Hay que rechazar de plano la explicación que dan los políticos de la oposición y, seguramente, la que dan también los neocones, siempre prestos a defender al indefendible pontífice: “Bergoglio es un jefe de Estado y no puede negarse a recibir a otro jefe de estado”. Falso. Claro que pude, y mucho más cuando sabe que esa visita será usada no sólo política sino también electoralmente, y que a esa misma jefa de estado ya la recibió en varias ocasiones.
2. Dos motivos pueden llevar a Bergoglio a desdecirse de sus palabras en menos de un mes y arreglar una antrevista con la Viuda:
2.1 El temor a que, si se negaba, se venía el carpetazo. Las hilachas del caso Nisman han sacado a la luz las miles de horas de grabaciones de conversaciones telefónicas que el gobierno posee de políticos, jueces, empresarios y también, del entonces cardenal Bergoglio. Lo que pueden contener esas cintas, sólo Dios, y Bergoglio, Cristina y Stiuso, lo saben. En las más que humildes oficinas del Wanderer conocemos sólo los inicios de un par de ellas. No creo equivocarme si digo que, si se dieran a conocer esas grabaciones, Bergoglio debe irse.
Y el Papa sabe de sobra que la Viuda está completamente desequilibrada y que, si se indispone contra ella, no dudará en publicar el expediente.
2.2 Bergoglio tiene un interés concreto en favorecer electoralmente al que, por decantación, pareciera que es el candidato de Cristina: Daniel Scioli. Y esto por varios motivos: porque detesta a Massa y Macri, los otros posibles ganadores de la contienda, y porque sabe que Scioli es “pastoreable”. Bergoglio tendría influencia directa sobre el Manco, quien se dejaría influir pacíficamente; y sabe que los otros dos se le resistirían.
Además, si se le alienan los astros, la conformación política de Argentina podría quedar así: Scioli, presidente; Julián Dominguez, un católico de parroquia protegido de Bergoglio desde hace muchos años, gobernador de Buenos Aires, y Gabriela Michetti, una católica intelectual muy cercana al entonces arzobispo aunque viva en adulterio público, jefa de gobierno de la Ciudad. Y estoy implicaría, sin más, que Bergoglio sería el presidente virtual de Argentina.

Otra que Maquiavelo; otra que animal de poder: Señor del Mundo, o casi.

martes, 14 de abril de 2015

Don Gabino y el carrusel de la fantasía

El Dr. Silícides y Mr. Pale sabían que no eran bienvenidos en las reuniones dominicales en casa de don Gabino. El viejo los apreciaba pero el resto de sus amigos los miraban como a niños entrometidos en cuestiones de gente seria, adulta, casada y con hijos.
No eran niños, pero eran jóvenes aunque, con frecuencia, demostraban una madurez que los asimilaba a hombres de 20 años… en 1930.
Ese día se habían decidido a visitar a don Gabino a la caída del sol que, en otoño, caía más temprano. Sentados frente a las enormes ventanas francesas que daban al jardín, tomaban un Martini. Don Gabino sostenía que no era cosa sencilla preparar una buen Martini: el gin debía ser calidad -olvidarse de los gin nacionales-, debía mezclarse muy bien en una coctelera y beberse bien frío. Todos pensaban que eran cosas de sentido común, pero el viejo lo consideraba secretos de que sólo algunos pocos conocían. 
Afuera corría un aire fresco que comenzaba hacía flotar a las primeras hojas amarillentas o rojizas de los árboles las que, al posarse, cubrían las pequeñas flores silvestres que aún quedaban.
- Ya hay olor a otoño -dijo Silícides.
- ¿Olor a otoño? ¿Cómo se dio cuenta?
- No sé bien… es verdad que solamente puedo ver que los árboles están cambiando de color y sentir en la piel el aire fresco pero, aunque técnicamente no pueda olerlo, de hecho, lo huelo.
-Qué interesante lo que dice… Eso no pasa siempre, o le pasa a pocos. Solamente a aquellos capaces de abrir los ojos, o las narices… No hay caso; estamos demasiado ocupados para despertarnos - respondió don Gabino.
-¿Cómo es eso?  - preguntó Mr. Pale con intriga.
-Claro, el mundo moderno nos adormeció en el confort y la fantasía y son pocos los que logran despertarse a la realidad.
-Si no están despiertos a la realidad, es porque están dormidos en la imaginación -razonó el joven escritor.
-Peor aún: están dormidos en la nada o, si quiere, en la no-realidad. Ustedes saben que yo no soy amigo de andar viendo conspiraciones de judíos, de masones o de vegetarianos. Pero en esto me parece que algo hay… Todo empezó hace menos de un siglo con la revolución del confort: luz eléctrica que nos permite modificar los ciclos naturales del sol y la luna, y vivir la fantasía del día en plena noche; automóviles, trenes y aviones, que nos permiten desplazarnos a grandes velocidades y vivir la fantasía de la incorporalidad, además de ahorrarnos los peligros e incomodidades de los largos viajes; el teléfono, y después la televisión e Internet, que nos permiten la fantasía de hablar y ver a quienes no están a nuestro alcance natural; la calefacción y la refrigeración, que nos permiten la fantasía de vivir todo el año a la temperatura que deseamos.
- ¿Y eso está mal? -preguntó Silícides que abrigaba, por su formación médica, una razonable admiración por la ciencia y la tecnología.
- No, no está mal. Yo uso constantemente todo eso como ustedes. El problema es que nos adormila; es como un hipnótico.
- Al contrario -dijo Mr. Pale con énfasis -, creo que nos crea mucho más ruido. 
- Mucho ruido… tiene razón -respondió don Gabino - pero ruido artificial y patógeno. Un ruido saludable sería el del agua que corre por el río, el de los truenos o el viento o, si quieren, el de los caballos arrastrando los carruajes por las calles de Buenos Aires a fines del siglo XIX. Esos eran ruidos en serio, que mantenían al hombre despierto. Había que levantarse con el sol si se quería aprovechar la jornada de trabajo porque, después del ocaso, no muchas cosas se podían hacer. Había que cortar la leña para calentarse en invierno; ordeñar las vacas para desayunar; programar con meses de anticipación un viaje de cincuenta kilómetros que podía demorar dos o tres incómodos días. Todas estas circunstancias, aunque no eran para nada confortables, eran saludables: nos hacían estar en contacto con lo que es natural para nosotros, seres corporales, prisioneros del espacio y del tiempo.
- Lo que usted quiere decir -asintió Pale- es que vivimos una vida de holgazanes y burgueses.
- Miré Mr. Pale, a mí me parece lo más normal que usted y yo vivamos vida de burgueses. Para algo estamos en el mundo; que la vida de monje la vivan los monjes. El problema es que, si no tenemos cuidado, no solamente perdemos el contacto con la realidad que las incomodidades les exigía al hombre de antaño, sino que, peor aún, vivimos en un mundo que no existe.
- Eso sí que no lo entiendo -se apresuró a decir el Dr. Silícides,.
- Cuando usted doctor ve y escucha en la televisión al presidente de Estados Unidos o al Papa, en realidad, está viendo irrealidades. No es que esos personajes no sean reales, sino que para usted no son reales y, si usted pretende que lo son, entonces significa que ya se subió al carrusel de las fantasías. Piénselo desde el hombre de algunas décadas atrás, del hombre que vivía en la realidad de lo natural para su naturaleza. ¿Existía para él el Papa? Sí, claro; sabía en que en Roma había un hombre muy importante que se vestía de blanco y al que llamaban Papa; que había que respetarlo porque era la autoridad máxima de la Iglesia, y poco más que eso. Para él, lo que existía era su párroco y su obispo al que, afortunadamente, veía cada muerte de obispo.
- Pero eso está muy mal -dijo Mr. Pale a quien le quedaban resabios neocones- ¿cómo hacía ese hombre para conocer lo que los Papas decían o escribían? ¿Cómo podían conservar la fe sin la voz del Papa?
Don Gabino sonrió mientras agregaba cuidadosamente en la coctelera los ingredientes para el próximo Martini. 
- Antes los Papas hablaban poco y escribían menos. Las encíclicas, tal como las conocemos en la actualidad, comenzaron en la segunda mitad del siglo XVIII y quienes las usaron a rabiar fueron los dos últimos pontífices del XIX. El Papa no estaba para enseñar todos los días con homilías o chisporroteos verbales, ni para andar escribiendo sobre la cuestión social o sobre la ecología. El Papa hablaba y enseñaba cuando era necesario esclarecer alguna cuestión confusa; cuando se producían controversias entre los teólogos u obispos, y habían que dirimir la situación. Es decir, en cuestiones extraordinarias. Nuestra Iglesia es cristiana, no papiana. Cristo ya nos dejó su Revelación en la Sagradas Escrituras, las que fueron interpretadas por los Santos Padres y Doctores. Al Papa le toca cuidar todo ese Depósito y no pretender aumentarlo diariamente. 
- Bueno, pero nos fuimos del tema… la cuestión era lo que usted decía de vivir en un mundo de fantasías -dijo Silícides.
- Justamente doctor. La figura omnipresente y parlanchina del Papa, de la Presidente, de un conductor de televisión o de un jugador de fútbol son para mí y para usted, que vivimos en este pueblo perdido, fantasías. No existen. Nos encaramamos en el carrusel en el que ellos están, y allí han sido colocados por los medios del mundo, y dejamos de vivir con los pies en la tierra de la realidad: del agua que corre, de las estrellas que están naciendo en este momento si usted se fija bien o del aire que sigue refrescando. Y ahora que lo digo, voy a cerrar las ventanas porque me entró frío -dijo don Gabino.
Mr. Pale se quedo pensativo con su copa de Martini en la mano. Era joven. 
- ¡Qué aburrido sería vivir sin todas esas fantasías, don Gabino! ¿Qué haríamos todo el día? - se animó a decir.
- Ese es otro engaño del mundo moderno, señor Pale. Chesterton decía que cuando uno está en una isla desierta, no la encuentra nunca desierta. Si nuestro mundo se redujera al pueblo, al jardín y pocas cosas más, “encontraríamos cien pájaros y cien bayas que ni remotamente sabíamos estuviesen aquí. Si la nieve nos bloqueara en esta habitación, aprovecharíamos con la lectura de centenares de libros que están en aquel armario y que ni sabemos que están ahí; tendríamos charlas entre nosotros, charlas buenas o charlas malas” las que, irremediablemente, nos perderemos. 
- Conclusión -dijo el doctor Silícides - debemos despertarnos a la realidad. Pero, ¿vale la pena?
- Usted dio en el clavo. Tiene que haber algo a lo cual valga la pena despertarse. Si no, quizás sea mejor seguir dormidos o amodorrados.
- ¿Y cómo nos despertamos?
- Todo, y lo único, que podemos hacer son preparativos: leer, rezar, trabajar o tomar un Martini. Siempre nos estamos preparando para algo que no se realiza nunca…
- Eso parece desesperante -dijo Pale.
- Así les parece a los paganos o a los hombres del mundo y por eso, comprensiblemente, siguen subidos al carrusel de la fantasía. Pero los cristianos sabemos que “eso” ya se realizó en la madrugada de un domingo, el primero después de la luna llena de primavera de hace casi dos mil años. Y que, para cada uno de nosotros, se realizará plenamente cuando Dios lo quiera. Mire don Pale, todos los saltos, descansos, tropiezos y triunfos de esta vida no son más que esfuerzos por volver al Edén, a algo que ya hemos tenido, y por lo que sentimos la nostalgia de los desterrados. 
- Mi abuela decía - agregó Silícides - que “todos estamos desterrados y que ninguna cosa terrena puede curar la santa nostalgia de la casa eterna que nos prohibe descansar”. 
No supieron si fue el Martini o el recuerdo de la nostalgia lo que animó, finalmente, a los dos amigos dejar la casa de don Gabino y a caminar hacia las suyas, despacio, sintiendo el aire que cada estaba más fresco.  


[Los entrecomillados son textos tomados de Hombrevida, de Chesterton]