viernes, 18 de abril de 2014

Vergüenza ajena... o propia



Ceremonia del lavado de los pies el Jueves Santo en la catedral del Santo Salvador de Moscú celebrada por el el patriarca Cirilo.



Ceremonia del lavado de los pies el Jueves Santo en un asilo de ancianos de Roma celebrada por el Sumo Pontífice Francisco.



lunes, 14 de abril de 2014

Dall'ombra der Cuppolone

El espía del Wanderer en Roma me envía una reflexión y algunos datos acerca del "oficio de criticar":

Oiga don Wanderer: no me cambie por Coppolone, que resulta ser el mayor de la familia Coppola. Y no es buena compañía. Además yo escribo con doble p, y hasta der en vez del, porque escribo en romanesco.
Este asunto de la dada de baja de su artículo me hizo pensar mucho, también algunas críticas que leí a mi reporte romano anterior.
No quise contentarme con mi propia respuesta a la duda moral, tampoco con la de mi padre espiritual porque piensa igual que yo. Ya que somos de la misma escuela moral. Entonces me fui a visitar y consultar a un conocido moralista y hombre de fama de sabio consejo del Teresianum. De otra tradición que la mía.
Me dijo que mientras no se calumnie ni agravie, que es sano crear espacios de opinión publica dentro de la Iglesia. Que hace falta que se pueda opinar, disentir, criticar incluso al papa. Que es posible que al mismo Francisco algún comentario le caiga mal, pero que en línea de gobierno está alentando el debate a mar abierto. Que incluso Mons. Celli (que supo estar en la Nunciatura argentina) está organizando cursos para obispos en esa dirección. Que a los confesores de las basílicas ya les dieron una charla sobre el tema.
RESUMEN: adelante con los espacios de opinión pública. No calentarse con las críticas, no apostar al pensamiento único, respetar a todos y dejar hablar para poder escucharse.

Me fui increíblemente alentado, de manera que ya le escribiré próximamente, si me cobija en su blog. Por ahora, Buona Pasqua !!!

jueves, 10 de abril de 2014

El trueno de don Gabino



Estimados,
Luego de las críticas, he leído y re-leído el post. También he pedido el parecer de amigos que son más sabios y entendidos que yo y considero que, efectivamente, habían párrafos en mi escrito que podían ser interpretados erróneamente y que, incluso, podían ser injustos.
Todos saben mi opinión sobre el papa Francisco. No la he modificado. Pero de ningún modo quiero afirmar falsedades con respecto a él, o escribir alguna palabra que corra el riesgo de ser interpretada de ese modo.
Finalmente, si bien critico que el Sumo Pontífice haya mentado públicamente un tema tan delicado como la expresión paulina de que Cristo "se hizo pecado", mal hago yo en mentarla también del mismo modo.
Estos motivos me han llevado a eliminar el post.
Finalmente, una aclaración a raíz de varios comentarios que me llegan: Yo no soy lefebvrista. Jamás lo fui ni tengo planes de serlo. Tengo sí muchos amigos pertenecientes a la Fraternidad a quienes aprecio de corazón, pero El Wanderer no es un blog lefebvrista (y, por supuesto, mucho menos sedevacantista). 

Regalo de Pascua: Pueden bajar desde aquí, zipeados, 62 libros de Chesterton en PDF.
(He chequeado el link y funciona. Está alojado en Mega. Es probable que deban suscribirse gratuitamente para bajarlo. Vale la pena).

lunes, 7 de abril de 2014

El temor del papa


Si soy el Señor,
¿dónde está el temor que me corresponde?
dice Yahvé de los ejércitos a vosotros,
sacerdotes, que despreciáis mi nombre.
Malaquías, I:6.

Con temor y temblor, trabajad por vuestra santificación.
(Filipenses, 2:12)

El 31 de marzo pasado, el Papa recibió en el Palacio Apostólico del Vaticano a un grupo de jóvenes belgas que le hicieron varias preguntas. Sobre el final alguien le preguntó a qué cosa le tenía miedo. Fundamentalmente dijo que a nada, que no le temía a nada, y que no había que temer. Luego introdujo una distinción entre dos temores, uno bueno y uno malo:
"El temor bueno es como la precaución: nos ayuda a no caer. Y luego está el temor malo: este te bloquea y no te deja hacer nada. Y debes rechazarlo."
¿Y bien? Es un ejemplo más de las infinitas banalidades con que este hombre suele producirse improvisadamente, casos que ilustran su forma mentis pueril, su notable falta de formación, su increíble desfachatez cuando se piensa que es el Papa, que tiene por incumbencia específica enseñar la fe católica.
Desde luego, esto que dice sobre estos dos temores no tiene nada que ver con la fe católica… ni con nada, que no parece sino un twit de Paulo Coelho, con lo que estamos muy tentados de dejar caer todo este asunto en un resonante silencio y dedicarnos a algo de más sustancia…
*
Si no fuera que tenemos miedo, y miedo del bueno—no según el estúpido paradigma papal, sino según Santo Tomás de Aquino.
¿Miedo bueno? Sí, tiene otras apelaciones también, como "santo temor" o "temor de Dios", uno de los siete dones del Espíritu Santo, el don más sistemáticamente olvidado, distorsionado, ocultado y suprimido desde el Concilio Vaticano a esta parte: medio siglo en el que no se lo menciona, no se lo recuerda, no se lo enseña, ni practica.
El santo temor de Dios.
En efecto, en un disparatado intento angelista de redefinir nuestra Fe, a partir del Concilio (y todos y cada uno de sus subproductos espirituales, morales, litúrgicos y literarios) se viene desarrollando un sostenido esfuerzo en suprimir el temor de Dios.
Así desapareció el Infierno de la Catequesis, el Purgatorio de las oraciones, el Juicio Final de la predicación; se combatió cualquier gesto reverente en la misa (como comulgar de rodillas), se minimizó la compunción en la confesión, se dejó de enseñar qué cosa es un pecado mortal y cuáles sus consecuencias, se "suprimieron" pecados mortales (como el de la anticoncepción, por ejemplo). El esfuerzo realizado fue inmenso: se cambió el nombre a este sacramento (y al de la extremaunción), se modificó la música sacra para que no tuviera el menor eco de esto que hablamos, del sacrosanto temor de Dios, se desalentó el uso de casullas de color negro, se sustituyó la apelación "Dios de los Ejércitos" por "Dios del Universo", se agregó una estación al Vía Crucis y cinco nuevos misterios "luminosos" al Rosario que no sé yo qué tienen de "misteriosos": Jesús inicia su predicación pública (¿?).
Se alentó las guitarreadas en los velorios, y ahora se alaba al difunto durante las misas exequiales, (comparen eso con un buen réquiem, comparen eso con la secuencia de Tomás de Celano sobre el "Dies Irae").
No hay temor de Dios, Dios no está enojado ni se puede airar (esas son metáforas del Antiguo Testamento). Y cuando la expulsión de los mercaderes del Templo, Cristo sólo "fingió" estar enojado.
Ya te voy a dar a vos.
No se predica sobre las tremendas profecías de Cristo acerca del Fin de los Tiempos, no se habla jamás de las Cuatro Últimas cosas (como se lo señaló Messori al Magno y el otro siguió como si nada).
No hay temor de Dios; y después de medio siglo de esta formidable campaña, la gente ya ni sabe qué es.
Ni siquiera el Papa.
Ni hablar de distinguir entre el temor servil y el filial.
Y sin embargo es un don del Espíritu Santo, un regalo de Dios a los hombres.
¿El servil también?
Sí señor, el servil también es don del Espíritu Santo, como lo explica largamente Santo Tomás en la Suma (II-II, q. 19, art. 4).
Y si vamos a ver un poco, Nuestra Señora le mostró el Infierno a tres inocentes pastorcitos, que sólo estaban jugando mientras cuidaban unas cabras…
A Jacinta, de sólo siete años de edad, a Francisco, que tenía nueve, a Lucía que tenía once.
Les inspiró verdadero terror y enormes deseos de hacer penitencia por sus pecados… y los nuestros.
De entrada nomás.
Igualito al Magno que inauguró su pontificado con su famoso "No tengáis miedo", igualito a este que tenemos ahora, que identifica al temor bueno con… con… bueno, qué sé yo… con un instructivo para conducir automóviles: "Safety first".
Ahora, si se fijan, verán que Santo Tomás condena enfáticamente otro temor: lo llama temor mundano, y ya se van figurando qué temor es.
Procede del amor del mundo.
"Se llama propiamente amor mundano aquel por el que uno se apega al mundo como fin último; y así, el amor mundano siempre es malo. Pero el temor nace del amor, ya que el hombre teme perder lo que ama, como demuestra San Agustín en el libro Octog. trium quaest. Y por eso el temor mundano procede del amor mundano como de una raíz mala, y por eso es siempre malo."
Pues bien, ése temor, justamente ése, es el que domina el corazón de quien tiene a su cargo apacentar a las ovejas, defenderlas de los lobos y enseñarles la verdadera doctrina.
No; no me gustaría estar en sus (famosos) zapatos.
Estaría muerto de miedo.

Jack Tollers.          

viernes, 4 de abril de 2014

Calado

He colocado en la columna de la derecha, entre "Mis favoritos" al blog de Mundabor, un personaje que ha calado a Bergoglio con una agudeza increíble. Y para prueba, aquí les traduzco una breve, pero muy intensa descripción del personaje:

"Debemos admitir de que el pensamiento Francisco es el de alguien a quien realmente no le importa un bledo Cristo, el catolicismo o la Iglesia. Para él, no son más que accesorios de una ideología social, que es su verdadera religión, y con la cual estrecha alianzas. Cuando uno se da cuenta que Francisco piensa de ese modo, entonces se empieza a entender mucho más de lo que dice y hace diariamente.
Pero lo más indignante es que este hombre es, o bien tan estúpidos, o bien tan arrogante que no le importa en lo más mínimo la coherencia que debe manifestar en lo que dice. El mismo que afirma “quién soy yo para juzgar”, es el más odioso rompiscatole del planeta en las cosas más insignificantes, por ejemplo criticar a la gente si no le sonríen a él de la manera correcta, junto a otras observaciones poco delicadas, como decirle a la gente no deben “sonreír como azafatas”, o las monjas que no deben “ser solteronas”.
Francisco dispara todos los días con el cañón basura, dice cosas que a otros ridiculizarían constantemente, y se ha convertido en el blanco de las bromas de todo el mundo en poco tiempo. Es tan superficial, tan aficionado a lugares comunes, posee una inteligencia de tercera categoría que no sería capaz de sobrevivir a un debate no lo digo ya con un obispo como Fellay, sino con cada chico inteligente y bien instruido de quince años. Uno lo escucha y se pregunta cómo es posible que a este hombre se le haya permitido llegar a ser sacerdote".

lunes, 31 de marzo de 2014

Dall'ombra del coppolone

El Wanderer tiene un corresponsal en Roma que, de cuando en cuando, le manda alguna noticia parida a la “sombra de la cúpula” de San Pedro:

En los ambientes curiales de Roma despertó - en su momento- mucha curiosidad saber quién era ese tal Víctor Fernández citado por Francisco en la Evangelli Gaudium. Causó sorpresa y dejó atónitos a varios identificar a un joven prelado argentino vivo. Es el famoso Tucho de la UCA. En la medida en que se lo puso en el candelero apareció su biografía y surgió la versión de que el mismo Fernandez colaboró en la redacción del documento papal. Es decir que participó en autocitarse en un documento de tan alta jerarquía. Muy impropio y desubicado. Pero nada sin la aprobación de Francisco. Ahora lo ha nombrado miembro del Pontificio Consejo para la Cultura. En la Iglesia Argentina de Roma, donde hay curas de todo el país, se comentaba el viernes -cuando se supo la noticia- que el Tucho no tiene calado cultural. Es un profesor de teología (uno más), colaboró en Aparecida, es de confianza de algunos obispos, pero no tiene una producción teológica importante ni una cultura amplia. Mas bien muy de parroquia y muy obsequioso con los obispos (por eso llegó). Los curas argentinos comentaban que allá en el país hay muchos sacerdotes de mayor envergadura teológica, filosófica y artística que representarían mejor a la Argentina en el Consejo Pontificio (cada uno citaba un par con consenso de los otros contertulios). No es el caso de los miembros de la CEA, que son de escaso desarrollo en general. Otra vez Francisco muestra que tiene afectos muy fuertes y que los juega a fondo. Qué resulte de las tareas .... no es el tema. 

Y para terminar, el comentario de un jesuita –del que mejor no dar nombre- sobre la transformación de Jorge en Francisco:


En  realidad Francisco sigue siendo Jorge.  Dice  que no hay que predicar moral y todo el tiempo hace  llamados a conversiones morales, en materia de solidaridad social, y nunca de sexto y noveno mandamientos. Dice que los obispos deben proponerlos en la región, y está sembrando el país de amigos y discípulos porteños según su gusto.  Dice que hay que favorecer el pluralismo dejando actuar al Espíritu Santo, y proyecta todo el tiempo  como único su estilo y su visión de las cosas. Dice que hay que ser acogedor y respetuoso, pero ironiza y maltrata a los que considera fuera de tono con los (SUS) tiempos... Et via dicendo.

viernes, 28 de marzo de 2014

Supplementum I al Diccionario de Respuestas


Cada vez que uno critica al Papa, o a un cardenal, o a un obispo, o a algún otro truhán que ha olvidado las verdades más básicas del catolicismo, siempre corremos el riesgo de toparnos con alguien que repita puerilidades tales como
¿No sería mejor que dedicaras tu tiempo a mejorar tu propia vida en lugar de andar criticando constantemente al Papa?, etc.
La respuesta correcta a esto es:
Pues bien, entonces ¡dejá de criticarme a mí por criticar al Papa! ¿No sería mejor si te dedicaras a mejorar tu vida en lugar de criticarme a mí?
Entonces puede que se calle (cosa que hará si es medianamente sensato; aunque en general esta clase de gente no lo es, pues sólo los bobos hablan repitiendo puerilidades) y a lo mejor insiste, con la esperanza de escapar de una situación difícil:
—Sólo estaba diciendo que…
Enjuagar y repetir el procedimiento.
Los floripondios tienen una rara habilidad para evitar tomar partido y a la vez quedar bien parados. Para ellos, nada mejor que tomar nuestra riposta y repetirla una y otra vez. Asegurarnos de que la han digerido bien. No se olvidarán de la cosa fácilmente.

*

Pero, a todo esto, funciona de otras maneras también. Cuando vuestro oponente se queda sin argumentos, generalmente recurrirá a etiquetarnos con uno de estos dos epítetos favoritos: "intolerante" o "falto de caridad".
1.- Resulta absurdo acusar a alguien de "falto de caridad" (en el sentido políticamente correcto) sin exponerse uno mismo a la acusación de estar con eso, precisamente, faltando a la caridad. Eso simplemente no tiene salida.
—¡Estás faltando a la caridad!
—¿Cómo puede ser caritativo el acusarme de falto de caridad?
—Pero… pero… pero ¡lo eres! ¡estás faltando a la caridad!
—¿No lo ves? Vos estás faltando a la caridad.
—¡Pero, es que, esto es porque estás tan, pero tan equivocado!
—¿De manera que me estás sugiriendo que resulta justo faltar a la caridad con alguien que está equivocado?
—¡Sólo estoy corrigiéndote!
—Pues eso, justamente, ¡es lo que estaba diciendo cuando empezaste con todo esto de la "falta de caridad"!
—¡Yo sólo estaba corrigiendo un error tuyo!
—¡Y yo estaba haciendo lo propio con un error de otro!
Enjuagar y repetir el procedimiento. No tiene por dónde escapar. Cuánto más insista, más comenzarán a sonreír los presentes.
Hasta la gente sonsa sabe reconocer quién ganó el argumento.

2.- Es imposible acusar a nadie de ser "intolerante" sin exponerse uno mismo a la acusación de ser intolerante.
—¡Sos un intolerante!
—¿Y por casa cómo andamos? ¿Acaso vos no lo sos también?
—¡Por supuesto que no!
—Bueno, entonces, sé tolerante conmigo también…"
—Pero, es que… ¡vos sos un intolerante! Yo soy una persona muy tolerante, excepto con los que no lo son, excepto con los intolerantes.
—Esa constituye la definición misma de la intolerancia.
—¡Entonces admitís que sos un intolerante!
—No he admitido nada. Vos sí que lo has hecho. Sólo te estoy diciendo que practiques lo que predicas. Repito, sólo estoy diciendo que te estás mostrando intolerante otra vez.
Enguagar y repetir el procedimiento. No den cuartel. Cuando el zorro se halla en el fondo del pozo, el buen perro se acerca para liquidarlo de una vez.
Es una lástima que no me conozcan personalmente. Tengo discusiones como estas muy a menudo, sobre todo porque los que no me conocen creen que van a salirse con la suya a fuerza de puerilidades y lugares comunes, y que me van comer crudo.
Con esto, los que sí me conocen, las más de la veces se muestran muy divertidos.
Mundabor

y traducido por Jack Tollers)