viernes, 20 de julio de 2018

Más perdido que Oso en la neblina

Mons. Sergio Osvaldo Buenanueva, cariñosamente conocido como Oso,  es un fanático de Twitter. Solamente durante la mañana de hoy -20 de junio-, ha emitido doce mensajes. Parece que las ocupaciones de su diócesis cordobesa le deja mucho tiempo libre. 
Hace dos días trinó el siguiente mensaje:






La Iglesia católica no está en guerra con el presidente Macri. Participa con seriedad en un debate ciudadano clave. Hace oír su voz. Expresa su disenso donde corresponde. Formula propuestas claras y firmes. Así los pastores como, sobre todo, los laicos. ¡Esto es democracia!

Uno está tentado a decir: ¡Cómo se puede ser tan pelo...! Ahora resulta que la democracia es lo importante, que la discusión en democracia es saludable siempre, claro, que sea con propuestas claras, firmes y respetuosas. 
Justo cuando nos alegramos que la mayor parte de los obispos, por primera vez en décadas, se pusieron firmes y están diciendo las cosas como son, y de un modo desacostumbradamente agresivo, aparece este Osito Cariñoso festejando entre signos de admiración a la democracia.
Lástima que sopapear a un obispo puede traer pena de excomunión.

martes, 17 de julio de 2018

Gironella y Pedro Sánchez

Creo que somos varios los argentinos que sufrimos vergüenza ajena ante el comportamiento de nuestros gobiernos, de nuestros obispos y de muchos de nuestros conciudadanos. Sin embargo, cuando se asoma la nariz por sobre Los Andes o cuando se otea más allá del Atlántico, nos consolamos un poco porque vemos que lo que sucede en otros lares es también merecedor de vergüenza, entre otros sentimientos.
Nos hemos enterado en estos días que uno de las primerísimas decisiones del nuevo presidente del gobierno español ha sido apurar los trámites para exhumar los restos del general Francisco Franco de su tumba en la basílica del Valle de los Caídos y convertir este monumento en un sitio destinado a la reconciliación de los españoles, como si otro hubiese sido el destino que le dio en su momento el mismo Caudillo. 
No vale la pena detenernos a analizar el hecho, puesto que todos los lectores del blog, y todo el mundo que conserve un mínimo uso de la inteligencia, se dará cuenta que en este acto no hay un sano deseo de reconciliación (y la verdad es que yo no veo a muchos españoles hoy en día dolidos o resquebrajados por la Guerra Civil, luego de ochenta años) sino de revancha y odio. La derrota que sufrió la izquierda en el '39 aún les duele y el resentimiento ha pasado de generación en generación. 
Por mi parte, debo reconocer sin la menor vergüenza que la Guerra Civil Española me ha causado, desde mi adolescencia, una extraña fascinación. Claro que a partir de los diez años comencé a fascinarme con la Segunda Guerra Mundial, y que a los trece leí en menos de una semana en enorme librote que guardaba mi abuelo titulado "La Gran Guerra", extendiendo mi deslumbramiento a la Primera. Algún tiempo después, un buen sacerdote me prestó un monumental álbum con fotografías de la Guerra Civil Española, y fue allí cuando comenzó mi atracción por todo lo relativo a esa contienda, atracción que aún perdura. Quizás haya sido el relato de las hazañas de falangistas y requetés, algunos de ellos poco mayores que yo, que habían tenido la posibilidad de batirse por la fe y acribillar un buen puñado de marxistas o, simplemente el deslumbramiento por las imágenes en épocas en que no era tan fácil acceder a ellas como los es ahora. 
Comento todo esto porque la próxima expoliación a que se verá sometida la historia y la memoria de España me ha llevado a recordar, y recomendar, la lectura de la tetralogía de José Maria Gironella. 
Desconozco cuál es la opinión que tienen sobre este autor y su obra la gente amiga de la Península. Yo puedo dar testimonio de la lectura de los dos primeros volúmenes, Los cipreses creen en Dios y Un millón de muertos (el tercero y cuarto, Ha estallado la paz y Los hombres lloran solos, no los he leído aún). Cada uno de ellos tiene más de ochocientas páginas e infinidad de ediciones, por lo que no creo que resulte difícil conseguirlos todavía. La novela fue leída por millones de españoles en los '50 y '60, quizás como un recurso terapéutico que ayudara a curar tantas heridas, porque la palabra y las narraciones poseen el poder de curar. La estricta censura establecida por Franco quiso, en un primer momento, prohibirla, supongo que porque no la consideró suficientemente franquista pero, afortunadamente, se impuso el sentido común y finalmente esta saga contribuyó más que otras muchas medidas a sostener el gobierno. 
La trama se desarrolla a través de lo vivido por una familia catalana de Gerona, los Alvear, particularmente de Ignacio, uno de los hijos, durante los años previos y preparatorios de la guerra en el primer volumen, y en el segundo, durante el desarrollo del conflicto. Los capítulos van pasando de un lado al otro; de nacionales a rojos, de Oviedo a Madrid, de Burgos a Barcelona, y tratando de ponerse en la piel no solamente del falangista o del monárquico, sino también del comunista, del anarquista o del socialista; de qué modo cada uno de ellos veía y vivía el conflicto que se avecinaba primero, y que se desencadenó después. Aparecen las miserias de un bando y del otro, y las virtudes y los sufrimientos de todos, de un modo, a mi entender, muy equilibrado. 
La novela tiene mucho de autobiográfico. Gironella vivió en Gerona, estuvo en el seminario, fue soldado durante la guerra del lado de los nacionales como esquiador en el Pirineo aragonés, tal y como ocurre con Ignacio, el protagonista. No se trata de un escritor eximio, pero es un buen escritor y alcanza sobradamene su objetivo. Fue un hombre de fe, católico como eran católicos la mitad de los españoles en el década del '30, aunque me da la impresión que luego del Vaticano II viró un poco hacia el progresismo (digo esto último a raíz de una recomendable entrevista que le hizo Joaquín Soler en 1977, en su programa "A fondo").
En fin, una recomendación de lectura que puede servir para contrarrestar, al menos en el alma, con José María Gironella la iniquidad que cometerá Pedro Sánchez.
(Los interesados en leer los libros que no tengan problemas de conciencia demasiado graves, pueden bajarlos gratuitamente de este sitio).

Recomiendo a los interesados en este episodio de la historia, el documental en diez capítulos Gran historia de la Guerra Civil Española que, aunque realizada desde una perspectiva liberal y ligeramente favorable a los rojos, no deja de ser interesante, sobre todo por la gran cantidad de material fílmico y documental. Puede encontrarse fácilmente en Youtube. 

miércoles, 11 de julio de 2018

Más vale tarde que nunca

Sorprendentemente, los obispos argentinos han comenzado a pronunciarse con claridad contra el aborto luego de que el proyecto de ley fuera aprobado en Diputados y comience su discusión en el Senado. 

El arzobispo de San Miguel de Tucumán, en el Te Deum al que el presidente Macri prefirió no asistir, aunque era su deber, dijo que “el aborto es la muerte de un inocente”; el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, en la misa convocada en la basílica de Nuestra Señora de Luján, afirmó que “el aborto no es un derecho sino un drama”, e incluso nuestro amigos Mons. Tucho Fernández, fue tajante en el Te Deum del 9 de julio: “Si el presidente Macri tiene una profunda convicción sobre el tema, que vete la ley como hizo el presidente uruguayo Tabaré Vázquez”. 
No han dicho ninguna novedad ni han defendido la divinidad de Nuestro Señor. Han afirmado, para seguir con la expresión chestertoniana, que el pasto es verde y no es azul. Pero eso ya es mucho, muchísimo, para los obispos argentinos. Más vale tarde que nunca. Es una buena noticia. Pero todos nos preguntamos por qué ahora, por qué no tuvieron la misma actitud cuando apenas se insinuó la posibilidad que esta ley podría ser aprobada. Sin ánimo de hacer un análisis exhaustivo para el que no estoy capacitado, propongo algunas reflexiones.
1. Una primer motivo tanto de la actitud anterior como del cambio hacia la actual, viene del sometimiento, que no obediencia, que tiene el episcopado argentino hacia el Papa Francisco. Recibe órdenes directas de él y le obedecen sin chistar, so pena de ser misericordiados o humillados, como sucedió con Mons. Aguer. El primer responsable del fracaso en Diputados es Bergoglio.
2. Hay cuestiones de fondo y cuestiones estratégicas. Si vamos a las de fondo, es claro que los obispos son liberales. Se han tragado con papel celofán incluido el cuento de la democracia y sus bondades. La mayoría no son capaces de ver lo que ésta verdaderamente significa, y los que algo vislumbran se quedan callados. Aceptar la democracia liberal como sistema válido de gobierno implica necesariamente aceptar que todo -TODO- sea debatido. O más bien, que casi todo sea debatido, puesto que los derechos humanos exclusivos para la izquierda revolucionaria de los ’70 no se discute, y no se discute tampoco la culpabilidad de todos los militares de esa época, y no se discute que dos personas del mismo sexo pueda casarse, y otras progresividades por el estilo. Aquí estuvo el primer error: no oponerse decididamente al debate parlamentario sobre el aborto. Más aún, en propiciar y apoyar el debate. El 28 de febrero de este año, la Comisión Ejecutiva de la CEA emitía un comunicado en el que decía: “Que este debate nos encuentre preparados para un diálogo sincero y profundo que pueda responder a este drama, escuchar las distintas voces y las legítimas preocupaciones que atraviesan quienes no saben cómo actuar, sin descalificaciones, violencia o agresión. Junto con todos los hombres y mujeres que descubren la vida como un don, los cristianos también queremos aportar nuestra voz, no para imponer una concepción religiosa sino a partir de nuestras convicciones razonables y humanas”. Craso error. Sobre la verdura del pasto no caben diálogos sinceros ni profundos ni los cristianos tienen nada que decir: ya está todo dicho. El pasto es verde. Eso no se discute. 
3. Otro problema de fondo es el sentimiento vergonzante que habita escondido en el pecho de nuestros obispos: tienen vergüenza de ser cristianos y adalides de una religión que, en un siglo de tantos progresos científicos y humanos, todavía proclame que un predicador judío ajusticiado en una cruz hace veinte siglos es el Hijo de Dios, que unas simples palabras dichas por un sacerdote transforman milagrosamente el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de ese mismo predicador, que las mujeres están impedidas por disposición divina de pronunciar esas palabras, que la sexualidad se orienta primariamente a la procreación y no al placer, y otras antiguallas por el estilo. Este sentimiento de inferioridad los lleva a comportarse como mansas ovejitas y los fuerza a convencerse que los lobos que tienen enfrente no son lobos sino juguetones perritos lanudos. No osan poner en duda el principio por el cual, desde el Vaticano II, los cristianos podemos comulgar sin ningún escrúpulo con los ideales de la humanidad de nuestro tiempo aunque, en apariencia, sean peligrosas para la fe. Nuestros obispos se olvidan que, si bien el evangelio es la salvación del mundo, no se trata sin embargo de un agradable licor que lo hace entrar en calor a través de una borrachera dulce y gozosa. Se trata de un remedio terrible. Cuando el mundo lo gusta, dice como los hijos de los profetas a Elías: “Hombre, la muerte está en la bebida”. Para el mundo, como para Dios, la encarnación es la cruz. El evangelio debe despertar en el mundo una hostilidad que estaba latente, y que será llevada a su paroxismo. Por eso, lo que espera a los apóstoles que predican el evangelio no es la conversión del mundo, sino el odio del mundo. Les aguarda la enemistad del mundo y al mismo tiempo, la victoria sobre el mundo. 
4. Nuestros obispos y muchos católicos de hoy no pueden soportar la idea de tener enemigos. Ellos quieren estar en contra de todo lo que está contra algo, y estar a favor de todo lo que está a favor de algo. “No estamos en contra de nadie”, es su frase favorita. Nadie marchaba en contra del aborto; todos marchaban a favor de la vida. Peor aún, las demostraciones “a favor de la vida” eran una fiesta, con música mundana, hurras y una muestra de desconcertante alegría. Todos los hombres son buenos. Malinterpretamos a los abortistas; incluso el más acérrimo ateo, es más cristiano que nosotros mismos. Es cuestión de hacérselo ver. Pero lo cierto es que los adversarios desprecian al que cede continuamente el terreno. Los obispos “amigos de todo el mundo”, siempre con su sombrero en la mano saludando simpáticamente a todos, se sienten rodeados, sin comprender bien el porqué, de una indiferencia glacial. Todo lo que obtienen sus declaraciones de humilde devoción y de respetuosa admiración por el mundo, es una condescendencia desdeñosa. Nunca sabremos si son conscientes de ella, debido a su perpetuo complejo de inferioridad.

5. Junto a estos errores de fondo, aparecieron también varios errores de estrategia. El primero es que se creyeron el camelo de que el presidente Macri y su jefe de gabinete Peña estaban real y convencidamente contra del aborto y que la habilitación del debate era solamente una picardía política destinada a distraer a la opinión pública mientras se atravesaba una situación económica difícil; que los números en diputados sobraban para rechazar la ley y, de última, si las papas quemaban, el ejecutivo se jugaría para que la ley no afuera aprobada. Esta ficción es la misma que repitió la semana pasada la mesiánica diputada Elisa Carrió. ¡Pobre Macri! Fue un ingenuo; lo engañaron. Si así fuera, le resultaría muy fácil al presidente de la nación hacer lo que hizo su colega uruguayo: vetar la ley en caso que sea aprobada. Se lo dijo bien claro el 9 de julio Mons. Tucho Fernández. Pero su lenguaraz ya salió a repetir por enésima vez que eso no ocurrirá: Macri respetará el sano juego democrático aunque vaya contra sus convicciones personales. ¡Qué ejemplo de virtud! Es probable que Macri no sea favorable al aborto, pero le importan mucho más otras cosas. La discusión que aparece en la superficie esconde intereses mucho más profundos como queda bien explicado en este video.
6. El mismo afán que muestra el papa Francisco por evitar las peleas con el mundo progresista -con el otro se pela sin problemas-, impulsó a los obispos argentinos a dejar la pelea contra el aborto en manos de los laicos, puesto que se trata de una cuestión de ley natural. Ellos se limitaron a aparecer el Domingo de Ramos con cartelitos que en los que proclamaban su opción por “las dos vidas”. Y es verdad que el aborto es una cuestión que atañe a la ley natural, pero hay algo mucho más profundo y religioso; hay algo satánico en el aborto, como bien fue expuesto en este blog hace algunos meses. Nuevamente se trata del sentimiento de inferioridad que les impide decir las cosas como son: el aborto es un pecado abominable, particularmente diabólico, y quienes los propician pecan gravísimamente. No significa esto que los laicos no debían hacer su parte, como la hicieron. El problema es que los obispos, por estrategia, no hicieron la suya, y así nos fue.
7. La saludable reacción de nuestros obispos que estamos observando derivará indefectiblemente en pegar la ley del aborto a las maldades del gobierno neoliberal de Macri. No es cuestión de negar la responsabilidad que tiene este nuevo rico que llegó a la más alta magistratura del país. Seguramente es un apóstata de la fe y muy probablemente sea un comprometido masón. Pero el problema no es de Macri sino, una vez más, del sistema democrático. Los peronistas hubiesen hecho lo mismo. Y no me estoy refiriendo a la inicua equina Cristina Kirchner que anunció que votará a favor ni tampoco a su camarilla de ladrones; me refiero al peronismo clásico: uno de sus representantes más conspicuos, el senador Pichetto, decía: “La Iglesia debería ejercer la tolerancia porque la ley está por encima de los dogmas”. Él, por cierto, votará a favor.
¿Qué puede esperarse de la votación en el Senado? Nadie lo sabe. Es verdad que hay mucho malestar dentro de la coalición gobernante, la famosa “grieta” que cada vez se profundiza más. La vicepresidente Michetti ha dicho que no sabe cómo podrá continuar en el gobierno si la ley es aprobada. Los senadores contrarios a la ley se están moviendo y pareciera que lo están haciendo bien. Pero también en la Casa Rosada se están moviendo a pesar de su declamada prescindencia. No puede explicarse de otro modo, por ejemplo, que la senadora Gladys González, que se había manifestado contraria durante la campaña electoral, haya cambiado de postura: obediencia debida o sobre indebidos.
Nobleza obliga, los obispos argentinos nos están dando un pequeño respiro y, en algún aspecto, hemos dejado de sentirnos huérfanos. Uno se siente raro cuando experimenta esa percepción, entre racional y emotiva, de que hay un padre que nos defiende.

Aclaración necesaria: Que yo afirme que el debate parlamentario jamás debió admitirse, no significa que, cuando éste indefectiblemente se dio, haya que censurar a quienes participaron de él dando testimonio. Ya lo hablamos en estas páginas. 
Y que tenga mis diferencias en cuanto al modo inexplicablemente festivo que adquirieron las marchas contrarias al aborto, o “a favor de las dos vidas” como les gusta decir, no significa que el hecho mismo de manifestarse masivamente me haya parecido inoportuno. Ciertamente iba a ser ineficaz, como lo fue, pero había que hacerlo aunque, creo yo, debería haber adoptado otra modalidad.

lunes, 9 de julio de 2018

La higuera


En varias ocasiones nos hemos referido en este blog a la higuera, esa planta evangélica a la que el Señor nos manda estar atentos: “Aprendan de la higuera esta lección: Tan pronto como se ponen tiernas sus ramas y brotan sus hojas, ustedes saben que el verano está cerca. Igualmente, cuando vean todas estas cosas, sepan que el tiempo está cerca, a las puertas (Mt. 24, 32-33). Pero la verdad es que no resulta fácil darse cuenta si las ramas están tiernas o si las hojas están brotando. Siempre asoma la duda o el temor a caer en espejismos ocasionados, muchas veces, por nuestros anhelos, el wishful thinking que dicen los ingleses. Pero el hecho que sea difícil discernir los signos y que podamos equivocarnos con facilidad, no nos exime de la tarea encomendada por el Salvador de estar atentos a la higuera
Las últimas semanas que vivimos en Argentina y en el mundo son cuanto menos, curiosas. Sabemos que se predice para los últimos tiempos la existencia de una iglesia de la publicidad y de una iglesia verdadera, casi escondida y perseguida, que caminarán solapadas. Y hemos visto hasta la nausea que en ocasión de la discusión sobre la ley del aborto en la cámara de diputados, nuestros obispos insistían en que el debate era importante y necesario, siempre que fuera con respeto y sin violencia, y casi ninguno de ellos se pronunció con la claridad y contundencia que la gravedad del tema ameritaba (hay que decir que en esta segunda parte de la discusión están cambiando el tono). Y sabemos que muchos prelados, aún convencidos de la maldad de este crimen, prefirieron el silencio y la huída de la disputa a fin de no armar olas en los medios de comunicación, ser tachado de ultracatólicos y conservadores, y perder de esa manera la posibilidad de alguna promoción episcopal. 
Y, sorprendentemente, hemos visto como una actriz y vedette - Amalia Granata-, cuyo lanzamiento a la fama se debió a la ardiente noche que pasó como acompañante ocasional del cantante Robbie Williams en 2004, llevó adelante un discurso claro y duro contra el aborto y los abortistas, lo que le costó no solamente los más crueles ataques de los medios, sino también y finalmente, su trabajo, pues fue despedida del canal de televisión en el que trabajaba. Cómo no  recordar aquí las palabras de Nuestro Señor a los fariseos: “Las prostitutas os precederán en el Reino de los Cielos”. 

Otros de los signos de la higuera que me parece descubrir es que de un modo cada vez más desembozado se niega lo evidente o, dicho de otro modo, se peca contra la inteligencia. Recurriendo a Chesterton, diríamos que ya la mayoría del mundo afirma que el pasto es azul y que dentro de poco deberemos desenvainar nuestras espadas para defender su verdura. La fotografía de la izquierda pertenece a la última marcha del orgullo gay en París. No solamente se presenta ya el satanismo de modo explícito, sino que vemos a niños con banderitas multicolores caminando detrás de pervertidos a los que ni siquiera puede nombrarse. A fuerza de acostumbramiento, no nos asombramos ya del espanto diabólico del hecho: la exaltación pública de las perversiones más abyectas y la corrupción innombrable de los niños.
Pero hay otros modos mucho más sutiles pero igualmente perversos de afirmar que el pasto es azul. Y pongo por caso un ejemplo reciente: Claudia Najul es una médica y diputada mendocina en el Congreso de la Nación que votó a favor de la ley del aborto. Y también votó a favor -como la totalidad de sus colegas- de la ley de transplante de órganos según la cual, entre otras cosas, todos los argentinos somos donantes presuntos de órganos. Sabemos que el transplante de órganos sólo fue posible jurídicamente cuando se cambió hace casi cincuenta años la definición de muerte, que dejó de ser considerada como siempre había sido el cese de la actividad cardíaca, ausencia de reflejos y de la respiración visible, para pasar a ser ausencia de actividad bioeléctrica en el cerebro. Hoy, aunque el corazón siga latiendo, la persona puede estar “muerta” y, por lo tanto, sus órganos pueden ser ablacionados. Hace algunas décadas, este comportamiento habría sido considerado un asesinato, y de los más crueles que puedan pensarse: quitar los órganos internos a una persona viva, cuyo corazón aún está bombeando sangre. 
Pues bien, ante un hecho tan complejo como este, la diputada Najul justificó su voto diciendo que “Donar es un acto de amor y salva vidas”. El problema es que esta señora elige y decide qué vidas salvar: la vida del bebé que se está gestando en el seno de una madre que prefiere no tener complicaciones, puede terminarse de un modo cruento y con el amparo de la ley. En cambio, la vida de otros bebés que ya han crecido y han salido del seno materno hace cinco, o diez o cuarenta años, debe conservarse, aunque para eso haya que acabar anticipadamente con la vida de otra persona que, aunque moribunda, aún respira.
Estos hechos nos muestran una suerte de Moloch travestido de Jano, que en su afán de devorar vidas humanas, adopta diversos rostros y hace uso de sofismas bastante crasos que el mundo compra sin preocuparse por analizarlos, y evitando siempre contrariar el pensamiento hegemónico de la corrección política.
Desconozco si todo esto es signo de que las hojas de la higuera están brotando. Pero pareciera que las yemas y los bornizos están a punto de estallar.

lunes, 2 de julio de 2018

Maquiavelada pírrica

por Ludovicus


De entre los males que nos ha traído el pontificado de nuestro compatriota no es el menor la instalación del tema del aborto en la Argentina. Bergoglio se cansó de provocar de todas las formas posibles a Macri, inmiscuyéndose en la baja política, habilitando operadores de avería, multiplicando gestos de desprecio al gobierno y al pueblo argentino (¿alguien recuerda el telegrama de salutación en inglés cuando atravesaba el cielo patrio?). Desperdició su autoridad en confrontaciones de conventillo, se desprestigió él mismo con su mala voluntad y su infantil y senil capricho. Una visita a la Argentina en el año 2016 habría enervado por mucho tiempo las fuerzas abortistas. Por ende: sin Bergoglio no había aborto. Tampoco sin Macri, faltaba más.
Que la jugada del aborto -hagamos abstracción de la iniquidad cometida y de los intereses sangrientos en juego- fue efectiva en el corto plazo es evidente. Básicamente, creemos que estaba enderezada a cortarle las piernas a Bergoglio, generando una contradicción insalvable con sus tropas vernáculas, izquierdistas y revolucionarias. El frente que estaba armando contra el gobierno se derrumbó desde marzo. Los acérrimos laudatos devinieron abortistas o tibios. Y el desprestigio de la media sanción lo ha cubierto de vergüenza frente al mundo (¡aborto en el país del Papa!), al punto de que por primera vez desciende al extremo de protestar contra la ley de medios y la alianza del monopolio con el oficialismo. Más política en el barro.

Gran jugada táctica pues. De su valor estratégico no pensamos lo mismo, sobre todo si la ley a la postre se sanciona. En primer lugar porque la contradicción de Bergoglio con sus bases se supera al día siguiente de la promulgación de la ley; a partir de entonces, la cuestión será agua pasada y volverá a integrarse el frente popular, con renovados bríos y bronca pontificia, a quien no podrán amenazar o hacerle más daño que esta desautorización planetaria. La clave del aborto como arma táctica era mantenerlo como una amenaza pendiente, no concretarlo. Y permítanme una sonrisa si alguien cree que la supresión del sueldo de los obispos pueda conmoverlo. No sé ustedes, pero lo estoy oyendo.
En segundo lugar, Macri ha sembrado donde otros cosecharán. La apenas disimulada orientación marxista, leninista o no, de casi todos los periodistas argentinos -hasta Menem tenía mejores , y aún así no le alcanzó para blindarse- requería un recambio cultural, al menos la prevalencia de cierta voz conservadora. De lo contrario, obliga a cualquier gobierno a virar permanentemente a la izquierda, con la gobernabilidad en vilo y a merced de la fabricada opinión pública, que se lo va a llevar puesto dentro de una dinámica revolucionaria. Me dirán que en todos los países que aprobaron el aborto lo hizo la derecha liberal sin problemas. Es cierto, pero en Hispanoamérica el aborto sigue siendo una bandera sectaria, bien diversa de los sectores conservadores que conforman un sentido común, que ha sido causa eficiente, en parte, de la victoria de Macri. Para peor, el proyecto aprobado es ferozmente extremista, si alguna ley de aborto no lo fuera en sí misma. Suprime la objeción de conciencia institucional, limita la individual y en una vuelta de judo satánica penaliza a quienes obstaculicen un aborto. La ley de despenalización repenaliza a los penalizadores. Y esto no quedará así: ya vendrán las leyes que prohiban hacer campañas por la vida, las que fijen las prerrogativas de las clínicas abortistas, las que tipifiquen el "delito de odio" a quienes osen calificar como homicidio al aborto. Bah, la parafernalia del totalitarismo de la nueva izquierda.
En este sentido, el negocio electoral es muy oscuro. Incomprensible y suicida si consideramos las presiones de última hora para doblegar a los diputados provida. Como reza el dicho de Talleyrand, "es peor que un crimen, es un error". Macri cambia la complacencia de un grupo que jamás lo votaría (¿se imaginan a uno solo de la horda de trabas, tortas, trans, zurdos y feminazis votando a Macri?) por la desafección de una numerosa cantidad de votantes. Aunque más no fuera medio o un millón de votos, son justamente los márgenes que le permitirían ganar, son más que los angustiosos números netos de su elección anterior, que no llegaron a 700.000 votos en segunda vuelta. Sin contar que los efectos se multiplicarían en el interior, muy contrario a la iniciativa.
Tiene todo para perder. Algunos deberían pensar, en vísperas del voto del Senado.
Aunque más no sea en términos suciamente maquiavélicos.

viernes, 29 de junio de 2018

El que vuelve

En tiempos tumultuosos y desconcertantes como los que estamos viviendo, sirve recurrir a los consuelos que las Escrituras y la misma Iglesia nos indican. Y uno de ellos es la esperanza cierta en la segunda venida en gloria y majestad de Nuestro Señor. A fuerza de visionarios y trastornados, hemos dejado de lado esta verdad de la fe, tan válida como el dogma trinitario, y la hemos convertido en una cuestión individual o mística: “No hay que pensar en la segunda venida ni en el fin de mundo. Eso ocurre cuando llega tu muerte”, o bien: “La segunda venida de Cristo es cuando se manifiesta en tu corazón”. Y aunque todo esto es cierto, lo es también que Él viene; que Él está viniendo y que en el día que nadie conoce y en la hora que nadie sabe, Él volverá tal como sus apóstoles los vieron alejarse.
Para volver sobre estos temas y hacerlo con la imprescindible cautela que exigen, recomiendo vivamente la lectura de un libro que acaba de editar Vórtice: El que vuelve, y que reúne tres trabajos de autores diversos: uno homónimo al título del libro, de Madeleine Chasles; “La venida del Señor en la liturgia”, del P. Johannes Pinsk y “La Parusía o Segunda Venida de Jesucristo al mundo”, del P. Juan Rovira.
El primero de los textos es el más extenso y, a mi entender, el más rico de los tres trabajos. Escrito por una mujer francesa que vivió en la primera mitad del siglo XX y que posee numerosas obras, varias de ellas traducidas al español, en las que alienta a los fieles a leer la Sagrada Escritura. En su libro El que vuelve relata al inicio de qué manera cayó en la cuenta, a partir de un versículo bíblico, que los católicos modernos pasamos por alto la Segunda Venida, que ha dejado de ser el punto de tensión de nuestra fe como ocurría durante los primeros siglos. Es así que hace un repaso detallado de lo que significa esta venida gloriosa en tres partes: “Volverá”, “Reinará” y “Las señales”. 
Pero el suyo no es un estudio bíblico escrito por un biblista -¡Dios nos libre!-, sino que es la lectura hecha por un alma piadosa de los textos de la Escritura que se refieren a la temática. Es una suerte de cadena de textos inspirados, con algunos breves comentarios personales, siempre pertinentes, y que como es lógico que suceda al tratarse de la Palabra de Dios, dejan semilla en el alma y hacen bien al espíritu.
No es sin embargo, un libro piadoso más. Tiene su peso y su valía, y la prueba está que el prólogo lo escribe el famoso dom Fernand Cabrol, abad de Farnborough. Además, según refiere el P. van Rixtel, a fines de la década del ’30 se juntaban en casa de Juan Antonio Bourdieu, socio de Gustavo Martínez Zubiría, Mons. Straubinger y el P. Diego de Castro para estudiarlo y debatirlo.
El segundo de los textos pertenece al P. Pinsk, conocido como uno de los representantes más significativos del Movimiento Litúrgico a partir de una serie de trabajos que enriquecieron el conocimiento de la liturgia latina. En este caso, lo que hace es recorrer todos los textos de la liturgia -del Misal y del Breviario Romano-, mostrando el modo diáfano y permanente con el que la verdad de la Segunda Venida se encuentra en ellos. Se trata de un trabajo que solamente puede ser hecho por un erudito como lo fue el Pinsk pero que no escribe un libro de erudición sino más bien un texto breve (originalmente fue publicado como artículo en Revista litúrgica) destinado a la lectura de cualquier católico a fin de alimentar su fe y su intelección de la lex orandi que, por ser también lex credendi, nunca debe ser descuidada.
El último de los textos que integra el libro pertenece al P. Juan Rovira y originalmente fue publicado en la ya legendaria enciclopedia Espasa bajo la voz “Parusía”. Y es esto lo que concede mayor valor a este trabajo. En primer lugar, porque las exigencias del espacio le impusieron sintetizar lo que se conoce sobre la Segunda Venida del Señor, y lo hace aportando a los lectores un visión global que resulta muy útil para tener una perspectiva de conjunto de un tema que no es fácil ni sencillo de abordar. Y, en segundo lugar, porque podemos ver en esa síntesis un reflejo de lo que fueran sus obras más importantes: De opere messianico, de 1920 y publicado en español como El Reino mesiánico en 2013, y De consummatione Regni messianici in Terris, monumental obra en cuatro tomos, el primero de los cuales acaba de ser publicado en España como El Reino de Cristo consumado en la tierra.
Como decía al comienzo, para los tiempos de confusión y dolor, el Espíritu Paráclito, el Consolador, nos ha dejado la palabra divina y, a través de ella, nos recuerda y nos instruye en las enseñanzas que el Logos predicó en la tierra. El que vuelve sintetiza muchos de esos consuelos que ayudan a sanar el corazón de los lectores.