viernes, 29 de agosto de 2014

Neocatolicismo francisquista


Uno de los rasgos de este neocatolicismo es su umbandización: la religión prescinde del dogma y la moral y se funda en imágenes y sentimientos.

El neocatolicismo argento debe ser la única religión del mundo que no tiene ningún tipo de exigencias, ni dogmáticas, ni morales, ni litúrgicas. Es, simplemente. Y ahora, consiste exclusivamente en la tifosería papal. Son católicos Macri, Cristina, Lilita, Anibal, Tinelli, Vera, y si me apuran los rabinos Skorka y Bergman. El único (auto) excomulgado, hay que confesar que con cierta dignidad, es el Perro Verbitzky, aislado en su testimonio y en su rencor.
Ludovicus

jueves, 28 de agosto de 2014

Don Gabino y los dos soldados

Bulgarovich estaba melancólico. Como era de temperamento flemático, eso solía sucederle con cierta frecuencia, pero allí estaba siempre su amigo Costa, sanguino casi en estado puro, para sacarlo rápidamente de sus tristezas.
Don Gabino los había hecho pasar a su biblioteca, una habitación más bien pequeña aunque repleta de libros, y como el sol estaba todavía alto, decidió convidarles un Earl Grey: no era momento para alcohol.
- ¿Qué está leyendo don Gabino? – preguntó Costa, manoteando un libro que estaba sobre el escritorio.
- La historia de la Primera Guerra Mundial, la Gran Guerra, de la que se cumplen cien años… creo yo que la guerra más sangrienta de todos los tiempos y, probablemente, la que tuvo efectos más catastróficos.
- ¿Por qué lo dice?
- Porque terminó de destruir el antiguo orden y cambió definitivamente la cultura occidental. Pero lo que más me asombra es otra cosa: ¿cómo pudieron salir los que quedaron vivos de ese drama? ¿Cómo pudieron no solamente mantenerse a flote sino incluso descollar muchos de ellos como descollaron?
- ¿A qué se refiere? – preguntó Costa.
- Les doy un ejemplo. ¿Cómo pudieron Tolkien, Lewis y Knox llegar a ser lo que fueron y a escribir lo que escribieron después de haber vivido personalmente esa terrible catástrofe? ¿Cómo pudieron sobreponerse a la muerte de casi todos sus amigos y familiares? ¿Cómo pudieron sobrellevar la memoria del Somme, de Ypres o Gallipoli? Y nosotros nos deprimimos porque el dólar sube a 15 pesos…
Mientras tomaban el té en las tacitas de porcelana con flores anaranjadas, preguntó el viejo:
- ¿Y a ustedes qué les pasa?
- Me pasa que ando con dos preocupaciones que no puedo sacarme de la cabeza –dijo Bulgarovich- La primera por este mundo y la segunda por el otro.
- Déjeme que adivine. La primera tiene que ver con la viuda ninfómana y el ojizarco del Once que están acelerando cada vez el momento de la catástrofe. ¿Es así?
- Así es. Me consuelo pensando que se van en diciembre de 2015…
- ¿De 2015? No creo que lleguen a diciembre de este año. Habrá que pasar un chubasco fiero pero no creo que dure mucho. Los que saben dicen que la cosa se puede arreglar si hay sentido común y mínima habilidad política. Confiemos.
- Y la otra tiene que ver con el Quetejedi…
- Sí. Con él y con su ayudante que ahora anda viendo a la Virgen montada en cuadrigas y desatando nudos. Muy irresponsable…
- El irresponsable no es él. Irresponsable es el que lo mantiene en el cargo - dijo don Gabino.
- ¿Pero no le parece que puede ser verdad que Mons. Karcher haya visto a la Virgen al momento de ser elegido Bergoglio como papa? ¿Por qué no?
- Mire Costa, yo no soy quién para decir si vio o no vio a la Virgen. Eso lo sabrá él… y la Virgen. Pero sí puedo decir que me resulta muy sospechoso y raro que ande comentando sus visiones y experiencias místicas a cuanto periodista de diario y revista cajetilla se le cruza en el camino. Los que tienen la gracia de recibir ese tipo de fenómenos sobrenaturales son sumamente pudorosos, y apenas si se lo dicen a su confesor. Y lo hacen público siempre que la Virgen, o quien sea que se le aparezca, así se lo ordene.
- Me hace acordar a Medjugorje. Las señoritas que tenían las supuestas visiones, después vestían minifaldas e iban a la discoteca. Karcher ve a la Virgen y después se va con Tinelli al Excelsior de Vía Veneto a brindar con champagne… Pero bueno don Gabino, la cosa es que estoy como prisionero entre dos soldados que no me dejan mover.
- Entre dos soldados –dijo el viejo – como San Pedro en Jerusalén. Páseme la Biblia que está sobre aquel estante.
Y mientras buscaba entre las páginas del libro de los Hechos, les recordó:
- Herodes, que era un gobernante populista, le agarró el gustito a que los judíos estuvieran contentos con él cuando mataba cristianos. Y se le ocurrió apresar a San Pedro para presentárselo al populacho el día de Pascua y hacer con él lo que ya había hecho con Santiago: cortarle la cabeza. La noche anterior, cuenta San Lucas, “… se encontraba Pedro durmiendo entre dos soldados –como usted, Bulgarovich-, atado con dos cadenas… De pronto se presentó el ángel del Señor y la celda se llenó de luz. El ángel golpeó a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo: ‘Levántate, date prisa’. Al momento cayeron las cadenas de sus manos” Es muy llamativa esta escena.
- ¿Qué es lo que le llama la atención?
- Que llega un ángel, la celda se inunda de luz y Pedro sigue durmiendo. ¿Tanto sueño tenía? ¿Podía dormir tan profundamente a pesar de la lógica ansiedad de saber lo que le pasaría el día siguiente?
- La verdad que es raro –dijo Costa.
- Lo que a mí me parece es que Pedro no se daba cuenta que tenía un ángel al lado y que todo estaba rodeado de luz. Y es lo que muchas veces nos pasa a nosotros: no nos damos cuenta que estamos junto a ángel y lo que parecen las tinieblas de una celda fría y húmeda es, en realidad, un manantial de luz.
- Todo lo que quiera, pero mientras tanto son tinieblas. ¿Qué hay que hacer para ver la luz?
- Aguantarse el golpe de Dios.
- No entiendo…
- Para que Pedro viera la luz, el ángel le tuvo que dar un puñetazo en el costado. Y los puñetazos duelen. Yo creo que San Lucas cuenta con tanto detalle la escena porque a San Pedro le habrá dolido durante varios años el golpe que recibió, como a Jacob, que quedó rengo de por vida cuando otro ángel le metió un puntapié en la pantorrilla.
- Es decir, que Dios nos hace ver la luz y al ángel que tenemos al lado a los golpes… buena pedagogía la de Dios.
- Así es. Por suerte, a Dios no se le ocurrió estudiar Ciencias de la Educación. Así que don Bulgarovich, olvídese de los dos soldados que apenas si son actores de reparto, y trate de abrir los ojos para ver al ángel y a luz.
- Y si no la ves, prepárate para recibir el golpe de Dios – le dijo riendo su amigo Costa. 

miércoles, 27 de agosto de 2014

Urgente: a Mons. Karcher se le aparece la Virgen

Créanme. No es en broma. Es en serio.
¿Pero no es demasiado?
No. Es lo apropiado para un pontificado como el de Francisco. Los monarcas siempre tuvieron bufones.
A Mons. Karcher, secretario privado y hombre de confianza de Su Santidad, se le apareció la Virgen Desatanudos subida en una cuadriga tres minutos antes de que el Cardenal Bergoglio fuese elegido Papa. El hecho ocurrió en uno de los salones del Palacio Apostólico.
Va de nuevo, y no es broma: a Mons. Karcher se le apareció la Virgen Desatanudos montada en una cuadriga romana.
Me doy por vencido. Es demasiado.

El hecho es el siguiente:
Como una suerte de recuerdo y homenaje a un conocido y joven polista recientemente fallecido, algunos de sus compañeros  fueron al Vaticano a fin de saludar al Santo Padre y recibir consuelo por su pérdida. Uno de ellos cuenta que fueron recibidos por Mons. Guillermo Karcher, quien les mostró los edificios vaticanos, y comenta:

Al llegar a una sala muy grande, nos dijo: “Acá se me apareció la Virgen Desatanudos, de la cual yo no era devoto, tres minutos antes de que Bergoglio fuera elegido Papa. La imagen era la Virgen avanzando en un carro romano, gloriosa y triunfal, con una cinta blanca en la mano”. Luego de escuchar atónitos el relato de aquella hermosa visión, nos hizo pasar directamente a la Capilla Sixtina,...

Que Dios tenga en la gloria al deportista muerto Javier y le conserve la fe y la candidez a a sus amigos. Y que a nosotros nos de todavía más paciencia para seguir soportando a esta manga de embaucadores y arlotes en el poder. 

Y para documentación de los interesados, de aquí pueden bajar las páginas de la revista POLO de este mes donde aparece la noticia.

martes, 26 de agosto de 2014

Tres condiciones de la naturaleza

“Sociológicamente hablando, los hombres se dividen en tres grandes clases: sátwicos, rafásicos y tarnásicos.
Sátwicos o brahmánicos o metafísicos son los hombres que tienen un exceso de intelecto especulativo o bien están conjuntos socialmente con ellos formando un cuerpo. El sátwico es el sabio y todos los que con él participan y comulgan: el sabio no es el hombre de ciencia de hoy, poseedor de la técnica y carente de la sabiduría, sino el poseedor de la ciencia sagrada, de la ciencia de salvación. El sacerdote debería ser el hombre de la sabiduría”.
Rajásicos o señores o guerreros, son los hombres sobresalientes en intelecto práctico. El rajásico no se diferencia del brahmánico por tener una inteligencia menor, no es cuestión propiamente de grado sino de aplicación: su inteligencia no está aplicada a los fines sino a los medios, y además (y por eso mismo) está calzada y como penetrada por la voluntad, el ímpetu, la pasión. La pasión es necesaria para la acción, son los “hombres de acción”, los hombres que se exaltan en la lucha; pero de suyo la pasión circunscribe y estrecha el intelecto. Estos hombres pueden ser genialmente inteligentes, más que muchos brahmánicos (sátwicos); pero en éstos el entendimiento está libre, y en los guerreros está como encauzado y circunscripto. Los otros vuelan, éstos corren.
Los tamásicos son los que no tienen excelencia de entendimiento de ningún género, sino a lo más sentido común; y ése lo tienen solamente de prestado, por la luz que viene de arriba y se difunde en el ambiente cultural, sin negar por eso que tengan intelecto propio con su propia actividad espontánea, por supuesto; porque no hablamos aquí de la facultad, que todo humano posee, sino de su actuación social y su ejercicio de hecho.
Razón tienen pues los hindúes cuando dicen que la división en las tres castas de sabios, guerreros y gente común no es una mera ordenación social basada en la conquista o en la fuerza, sino que son las tres condiciones esenciales de la naturaleza. Esta división no se refiere solamente a realidades psicológicas y morales, sino a la misma estructura fundamental del ser, que se divide en realidades materiales, realidades psíquicas y realidades espirituales; las cuales se interfieren y resumen en el hombre, que es una especie de microcosmos”.”
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 Leonardo Castellani

(En la foto: Mons. Guillermo Karchner, secretario privado, confidente y brazo ejecutor del Papa Francisco, brinda la semana con Marcelo Tinelli, conductor televisivo y pornógrafo argentino, a quien el Sumo Pontífice ha recibido ya más de tres veces luego de su elección.
La foto fue publicado en el Facebook de Mons. Karcher).

lunes, 25 de agosto de 2014

La cola del caso Grassi

Algunos hechos:
1) El P. Juan Carlos Grassi, exsalesiano, fundó en los ’90 una importante organización benéfica dedicada a niños y adolescentes en problemas. La Fundación fue muy conocida en Argentina gracias, entre otras cosas, a las continuas apariciones mediáticas de su fundador.
2) En poco tiempo, la Fundación “Felices los Niños” recibía varios millones de dólares por año en donaciones y el P. Grassi era una estrella en los medios de comunicación, codeándose con personajes de la farándula, políticos y empresarios. Escasamente pasaba un día sin que apareciera en los programas de mayor raiting de la TV, y era el invitado obligado para opinar sobre cualquier tema en nombre de la Iglesia. Su figura se agigantó de tal modo que “tapó”, de hecho, a la de cualquier otro sacerdote e incluso, obispo, incluso a la del también mediático Mons. Justo Laguna.
3) El P. Grassi tuvo desde 1991 causas en la justicia por corrupción de menores y por desmanejos financieros en su Fundación. Ninguna de ellas prosperó. Sin embargo, en octubre de 2002, luego de un informe periodístico, se abre una nueva causa sobre abuso de menores, la que sí avanza y finaliza varios años después con el cura preso.
4) Era sabido –e incluso lo dice en un reportaje- que Mons. Laguna estaba al tanto no solamente de los escándalos financieros sino de las denuncias más grave sobre el comportamiento sexual del sacerdote con los adolescentes que se le habían confiado. ¿Por qué no actuaba, o actuaba a medias, o reticentemente? Era la época del menemismo, cuando la relación entre el poder y la Iglesia eran muy fluidas.
5) Cuando el caso explotó se corrió la siguiente explicación en varios medios de comunicación y en correderos eclesiásticos: Mons. Laguna (RIP) y su protegido, Mons. Casaretto, entonces encargo de Cáritas, se cansaron de que Grassi se quedara con todos los millones que le llegaban en donaciones y subsidios y que le quitara pantalla, y dejaron de protegerlo. En otras palabras, Grassi compraba de su obispo silencio a cambio de dinero pero habría llegado un momento en que se habría creído intocable, por lo que dejó de pagar o pagó menos de lo que los buitres episcopales le exigían. Y éstos, sin más, lo entregaron al juez Griessa de turno.
6) Hace algunas semanas, el caso volvió a menearse. Esta vez, porque el cura, desde su prisión, desviaba fondos y donaciones que se hacían a su organización hacia la cárcel donde se encuentra detenido, lo que le brinda varios beneficios y una vida más tranquila tras las rejas.
Algunas conclusiones:
1) ¿Es el P. Grassi culpable de los cargos de abuso de menores por los que fue condenado? No lo sé. Si tuviera que hacer caso a lo que dice la Justicia, es culpable, pero pocos son los que confían en el sistema judicial argentino, y yo no me encuentro entre ellos. De todos modos, evitaría cuidadosamente poner las manos en el fuego por el cura.
2) ¿Es el cura Grassi culpable del desvío de fondos y donaciones a la cárcel donde se encuentra? Si se hace caso al informe periodístico, es culpable. Pero sabemos que esos informes destacan y opacan aquellos aspectos que más les convienen en el momento. Lo tomaría con pinzas.
3) No cabe duda, sin embargo, que el cura Grassi manejó y maneja aún muchos millones de pesos con escaso control, y que los mismos le habrían valido favores y silencios varios, que de otro modo resultan incomprensibles.
Una pregunta:

¿Qué pasaría si a Jorge Lanata o a algún otro periodista se le ocurriera seguir investigando en los dineros recibidos por subsidios gubernamentales y donaciones que llegan a la Iglesia a través de sus instituciones o directamente a manos de sacerdotes u obispos? ¿No habrá silencios que se siguen comprando? ¿Cuántos proyectos “benéficos”, y algunos de ellos muy costosos, no se financiarán con estos dineros mal habidos y desviados?

viernes, 22 de agosto de 2014

El invitado de don Gabino

- El señor tiene un invitado – les dijo sin saludarlos y casi molesta la mucama de don Gabino al grupo de amigos que había golpeado la puerta.
Los hizo pasar al salón y, efectivamente, allí estaba don Gabino sentado en uno de sus sillones bergère frente al hogar y, en el otro, un personaje corpulento y barbado, vestido con un balandrán negro y que, al igual que su anfitrión, sostenía en la mano una copa de brandy.
-Es el padre Gregorio. Se quedará aquí por algún tiempo – explicó don Gabino mientras invitaba a sentarse a sus convidados en torno al fuego que, más que calentar, amenizaba el ambiente.
Todos estaban silenciosos, entre cohibidos y celosos. Les causaba una cierta reverencia la figura clerical pero, a la vez, les molestaba, porque no serían libres de hablar tan llanamente como siempre lo hacían en esas reuniones y, además, distraería las atenciones de don Gabino.
Afortunadamente, sonó el timbre. Era el Nacionalista que llegaba con retraso porque el cura, como era su costumbre, se había extendido demasiado en el sermón de la misa. Y como el Nacionalista andaba sin cuidado en cuestiones litúrgicas –más o menos latines; más o menos guitarras eran, para él, problemas casi feminoides-, iba a la primera misa que se le cruzaba. La cuestión era salvar a la Patria y dejarse de retorcidas discusiones sobre bellezas y otros melindres.
Y entró tarareando una tonadilla pegajosa que acababa de escuchar en la iglesia:
-“Jesús está pasando por aquí…; Jesús está pasando por aquí…”-. Era un canto ochentoso y juanpablista que la hermana Wanda pretendía poner nuevamente de moda.
- ¿Por dónde es que pasa, que yo no lo veo?- le preguntó risueño don Gabino.
- Por aquí, por allá, por todas partes. ¿O será que usted no cree que Jesús está presente en cada paso de nuestras vidas?
-Lo creo, pero no lo veo, por eso le pregunto.
-Eso es falta de fe –le respondió el Nacionalista, mientras se servía una copa de “Cardenal Mendoza”.
El hombre del balandrán levantó la mirada y dijo lentamente:
- Miré, es imposible discernir la presencia de Dios mientras Él está con nosotros. Pero luego, cuando efectivamente volvemos la vista al pasado, hacia las cosas que nos pasaron, es allí cuando vemos que efectivamente, Él pasó por nuestras vidas.
Pareció que las palabras del cura no convencieron mucho a los amigos de don Gabino. ¿Cómo es que Dios no iba a dejar que sus hijos sintieran su presencia?
Pablo Paz se animó a hablar:
- ¿Y usted cree que siempre es así? ¿No será que eso les pasa solamente a algunos santos o personas más perfectas?
Y esta vez fue don Gabino el que respondió:
-Fíjese don Paz que esa es la ley de Dios en las Escrituras: dispensar sus bendiciones en el silencio y secretamente, de modo tal que no podamos discernirlas en el momento, a no ser por la fe. Tome el caso del mismo Señor, que fue reconocido como el Hijo del Altísimo solamente después de haber pasado por esta tierra. O el mismo Espíritu Santo, cuyas misiones se dan siempre en el mayor secreto y silencio. La carne y la sangre fueron incapaces de conocer al Hijo de Dios aun cuando éste obraba milagros visibles, y mucho menos es capaz el hombre natural de discernir las cosas del Espíritu de Dios. De ahí la terrible maldición de la que nos hablan los Evangelios: en el otro mundo serán condenados todos aquellos que no creyeron aquí abajo lo que no les fue concedido ver.
- ¡Pero es una paradoja! –dijo el Poeta-. ¿Cómo se nos va a condenar por no creer lo que no vemos?
Y al instante de decirlo se dio cuenta de que, efectivamente, en eso consistía la fe: creer sin ver. Y los que no creen, serán condenados. El Poeta se puso serio.
El hombre de negro, mientras saboreaba el oscuro y perfumado brandy español, reflexionó:
-La presencia de Dios es similar a su gloria, tal como se le apareció a Moisés. Le dijo: “No puedes ver mi rostro y seguir viviendo”, pero pasó, y Moisés vio desde atrás esa gloria que no habría podido ver cara a cara o mientras pasaba. La vio cuando se retiraba, y la reconoció y, dice la Escritura, “se apresuró a inclinar la cabeza y a adorar”.
El silencio que se produjo en la sala de la casona de don Gabino fue ahora mucho mayor, casi sobrenatural. A pesar de que los grandes ventanales estaban cerrados, incluso era posible escuchar el sonido del agua que bajaba por el regato que atravesaba los fondos del jardín.
Hernán Alvear era un hombrón garrido, de pocas palabras pero de mucho aplomo. Y dijo después de un rato:
-Me acuerdo de Jacob y de sus quejas: uno de sus hijos corrido por sus hermanos; el otro, esclavo en tierras extranjeras; un tercero que le viene cada día con nuevas exigencias. “Todo está en contra de mí”, decía. Y sí, el pobre no veía nada, como nosotros, que no vemos el por qué las cosas y hacia dónde van. Hay que esperar nomás, y sin saber por cuánto tiempo.
- Pero no es para ponerse melancólicos, che –dijo don Gabino.- Piensen que ni siquiera Satanás es capaz de discernir la mano de Dios mientras transcurren los acontecimientos. Lanza conjeturas, hace suposiciones, comete audacias, pero siempre en la oscuridad. Por ejemplo, no supo de la visita del arcángel Gabriel a la Virgen María, ni tampoco quién era ese Niño que nació de ella. Y si él, siendo quien es el muy maldito, no puede ver la mano de Dios, cuánto menos la podremos ver nosotros, más allá de la pálida luz que no da la fe. El único modo que tenemos de verla es cuando pasó, como recompensa de nuestra fe, contemplando desde lejos la nube de gloria que, en el instante de su presencia, era demasiado impalpable para nuestros sentidos mortales.
El viejo no volvió a ofrecer otra ronda de “Cardenal Mendoza”. Con la última devaluación, cada botella iba a costarle casi $2000, y no era cuestión de pasarse al “Reserva San Juan”.
- Será por eso –dijo el Profesor Worms, que había estado en silencio durante toda la reunión- que siempre recordamos con nostalgia los años de la niñez, porque vemos en ellos la presencia de Dios.
El cura lo miró fijamente, como iluminado.
-Usted cree añorar el pasado cuando en realidad, lo que siente es nostalgia por el futuro. Usted no puede volver a ser un niño, pero sí puede aspirar a ser un ángel y contemplar a Dios. Lo que ansía cuando mira hacia atrás, es ser de una vez por todas el espíritu inmortal, vestido de túnica blanca, coronado de amarantos y con palmas en la mano delante de Su trono. Ser lo que estamos llamados a ser.
La cosa no daba para hacer comentarios. Salieron todos despacio, y en voz baja se despidieron del anfitrión, y casi ni hablaron cuando, en grupos, cada uno se dirigió hacia su casa.


Nota aclaratoria: Las ideas no son mías. Son de Newman en su sermón “Christ manifested in remembrance” que puede leer aquí.

martes, 19 de agosto de 2014

Coteruco

Los últimos posts y comentarios acerca de la catastrófica situación de Argentina y de su triste y lamentable historia desde el momento mismo de su concepción en las mentes conspirativas de mayo de 1810, me llevaron a pensar en Coteruco, el pequeño pueblo imaginario, en medio de algunas montañas españolas, en las que el genio  literario de José María de Pereda desarrolla los acontecimientos de su novela Don Gonzalo González de la Gonzalera, un libro que todo tradicionalista o reaccionario debe leer sin excusas.
Argentina es el Coteruco del que se fue hace muchas décadas don Román Pérez de la Llosía, donde jamás existió un infanzón huraño pero noble como don Lope, y donde el señor cura don Frutos traicionó a ambos y se pasó al bando de los mandrias y fulleros que se hicieron con el gobierno del pueblo.
No expondré aquí el argumento de la novela, porque lo arruinaría. Deben que leerla quienes no lo hayan hecho, para entender qué fue lo que hizo y lo que logró la revolución. Transcribiré dos párrafos, de por sí elocuentes y, por eso mismo, que no precisan de mi parte comentario alguno:
“La dificultad no está en creer, señor Patricio, sino en tener razón. Yo os he explicado una vez el procedimiento que se usa en ciertas industrias bien dirigidas. Uno hace ruedas; otro, tornillos; otro, muelles; otro, agujas; otro, esferas; otro, cajas, y otro, monta el reloj, eligiendo lo mejor de cada pieza. De ese modo se forma una máquina que marca las horas con una precisión asombrosa. Pero si el de los tornillos, en vez de hacerlos bien, se mete a fiscalizar al que hace ruedas, o el de las ruedas usurpa sus atribuciones al de las cajas, o todos aspiran a montar relojes sin construir buenas piezas, la máquina no se moverá o andará como cabeza de loco. No es otra cosa una nación. Mientras el sabio estudio, y el zapatero haga zapatos, y el labrador cultive la tierra, un niño puede encargarse del gobierno de todos los pueblos; pero si el zapatero aspira a general, y el labriego tosco a pronunciar discursos y a desentrañar los misterios de la política, y el sacamuelas a presidir el gobierno, y todos los ciudadanos a ser ministros, el Estado no tendrá pies ni cabeza…, y a las pruebas me atengo. (…) La educación, el talento natural y otras mil causas providenciales, pueden, enhorabuena, hacer de la madera de un rústico labriego un gran legislador, pero esta preeminencia no se adquiere manejando la esteva, y algo la revela que yo no he visto todavía lucir en la frente de ninguno de mis convecinos de Coteruco”.
Y en otra ocasión, el mismo don Román le explica a don Frutos refiriéndose a lo que, en Argentina se llamó los “descamisados”, y en Chile los “rotos”:
“Error también, amigo mío. Estos hombres no piensan, no ven, no sienten como nosotros; viven adheridos a la costra de los sucesos y, a lo sumo, escarban en ella, pero no ahondan; juzgan con los sentidos, y no ven más allá del reducidísimo círculo de sus ideas, por necesidad mezquinas y personales, como sus hábitos y tendencias. Por eso, señor don Frutos, a estos hombres no se les domina por el prestigio del saber ni de la alcurnia, ni aun por el interés de la dádiva;…”.