miércoles, 20 de junio de 2018

Canuto Angelelli, obispo y mártir III

Desde marzo de 1961, Angelelli había sido obispo auxiliar de Córdoba y en julio de 1968 Pablo VI lo designó al frente de la diócesis riojana, donde anuncio que se preocuparía “por el hombre que tiene hambre, que le falta salud, que no tiene trabajo”, por un pueblo “que se siente engañado y frustrado”. 
Muy pronto consiguió malquistarse con los terratenientes locales y el poder político. Nadie llevó mas a fondo las recomendaciones del Concilio y Medellín, comenzando por la tarea conjunta con sacerdotes y laicos. En la Pascua de 1969 propuso salir de los templos a la realidad riojana después de la Eucaristía, sin ataduras ni silencios cómplices con el poder. Invitó a personas no eclesiales y hasta a no creyentes a la Semana Diocesana, cuyo Documento Final elaborado por medio centenar de curas y monjas y un centenar y medio de laicos dijo que la injusticia y la violencia constituían “un pecado institucionalizado”. Esto le valió las primeras acusaciones de preferir a comunistas y ateos sobre los católicos. El documento proclamó que la tierra tiene que ser para quien la trabaje. Mientras muchos de sus colegas se espantaron por el Cordobazo Angelelli lo llamó grito de rebeldía de la juventnd y la clase obrera y le dio una interpretación profética: “Las fogatas de la destrucción" habían encendido una luz que iluminaba “el compromiso para que nadie muriera de hambre ni fuera excluido”. El obispo estaba poco en su despacho porque recorría en una camioneta los pueblos más postergados de la provincia. Desde uno de ellos se opuso al monopolio del agua, que como la tierra y el pan es para todos. “Y esto no es subversión”, advirtió en setiembre de 1969. En noviembre constituyó un Consejo Diocesano de Laicos para que en comunión con la jerarquía creara comunidades misioneras abiertas al dialogo con todos y normalizara las asociaciones, instituciones o movimientos eclesiales, cuyas autoridades y un par de sacerdotes reprocharon por su puesta en estado de asamblea.
Al finalizar 1969 los sacerdotes que formaban el Decanato de los Llanos, uno de los cuatro en que Angelelli dividió su diócesis, dijeron que Cristo vive pisoteado y humillado en la persona de nuestros hermanos llanistas. Luego de enumerar las penurias de comunidades que ni siquiera tenían agua recordaron a Facundo y al Chacho Peñaloza, que “se jugaron hasta derramar su sangre por la liberación”, y a la pionera de la educación popular Rosario Vera Peñaloza. Para los presbíteros de los Llanos los sinsabores y la persecución eran los signos que comprobaban la fidelidad de la Iglesia a su misión: “Cuando la Iglesia se limita a enunciar una doctrina abstracta, intemporal, se la tolera sin mayores resistencias, [que] se hacen sentir cuando su enseñanza toca las realidades concretas. […] Jesús fue condenado a una muerte de cruz porque se enfrentó a una situación de pecado y no trepidó en señalar con nombre y apellido a los que la provocaron”.
En 1970 Angelelli polemizó con el interventor federal Guillermo Iribarren, quien lo llamó resentido por enumerar miserias sin aportar soluciones. Iribarren planteaba la eterna alianza de poderes contra “la subversión izquierdista” cuyas intenciones creía “fatales para la cristiandad y para la Iglesia”. Un gobernante tradicional trataba de explicarle a un obispo renovador cual era la conveniencia de la Iglesia.

En ese momento aparecieron los primeros manifestantes de Tradición, Familia y Propiedad que acusaron al obispo de comunista. Sin prestarles por entonces mayor atención, Angelelli propuso una reforma agraria, la creaeion de comunidades de base como agentes de cambio y de cooperativas de producción y consumo.  En enero de 1971 Angelelli hizo la primera mención pública a los ataques que recibía de TFP y en marzo lo planteó en la Comisión Permanente del Episcopado. Dijo que los obispos estaban muy solos frente al avance del poder y mencionó los agresivos informes de los servicios de informaciones. Con un dejo de ironía, el obispo de Jujuy, José Miguel Medina, le replicó que hay informes secretos muy exactos y que sería bueno que los obispos se informaran bien antes de “defender casos que luego resultan indefendibles”. Aramburu propuso solicitar al gobierno que cuando tuviera informes comprometedores para personas del clero los comunicara a la jerarquía y Tortolo pidió que esas comunicaciones fueran escritas para que quedara constancia.
Los ocho obispos restantes sólo opinaron de manera implícita, como se desprende de los demás temas tocados: la solicitud de pasajes nacionales e internacionales para los obispos, gratuitos o rebajados, y la designación de un hombre de la Iglesia en el organismo gubernamental de censura cinematográfica, para considerar la película Un cura casado. En votación secreta, Manuel Moledo obtuvo diez votos, Oscar Justo Laguna nueve, Carlos Galan tres, Rodolfo Bufano dos y hubo un voto en blanco. Para esa mayoría nada perturbaba la cooperación con el Estado.
Angelelli había decidido desterrar toda diferencia de clases sociales en la misa y el sacramento del matrimonio. Esto ofendió a la burguesía local, porque el obispo consideraba las ornamentaciones una desviación de la fe fruto de la vanidad.
El gobierno nacional ordenó que la estación local de la radio del Estado dejara de transmitir las misas dominicales del obispo. “Se puede silenciar una transmisión radial pero no a la iglesia”, replicó Angelelli. El Vaticano pidió explicaciones. 
Angelelli no retrocedía y la dictadura tampoco. En su mensaje de Cuaresma el obispo dijo que eran inmorales el torturador, el opresor, el usurero, la represión y el robo institucionalizado. En represalia fueron golpeados un sacerdote y dos laicos. Los sacerdotes Henry Praolini Colombo y Antonio Gill fueron detenidos el 24 de agosto de 1972. La policía riojana decía que habían realizado una practica de tiro en un monte y enterrado una caja con panfletos del ERP: cartuchos de gelamón y detonadores. Angelelli acusó a los servicios de información de manejar datos falsos y exigió que no fueran torturados. Sus reproches alcanzaron a otros obispos: “Si hubiéramos asumido como cuerpo episcopal todo lo que debimos asumir no haría falta el movimiento del Tercer Mundo. [...] Hay una psicosis promovida por el miedo. Decir Tercer Mundo hoy en el país, es poco menos que sacar a1 diablo del infierno; decir Tercer Mundo es decir marxismo, subversión, etc.”
Uno de esos obispos era el de San Luis, Rodolfo Laise. Durante unas jornadas sacerdotales promovió un documento cuyas conclusiones leyó el teólogo Estanislao Karlic: “Todo intento de democratizar -en plano de igualdad absoluta- a1 obispo y al presbítero será ir contra la misma institución divina de la Iglesia, que es jerárquica”.
Ademas de homenajear en la Catedral a los sacerdotes detenidos Angelelli convocó a una procesión que fue prohibida invocando el estado de sitio. Angelelli lo denunció en la misa como un atropello al pueblo riojano y un manoseo dc su fe. La justicia le dio la razón al dejarlos en libertad.
Era inevitable que esto se reflejara en las deliberaciones episcopales. Durante una reunión de la Comisión Permanente, Angelelli discutió con Tortolo sobre las implicaciones catequistas para niños y las verdades de la fe. También chocaron respecto de la jurisdicción castrense. […]
El diario riojano El Sol era propiedad de Tomás Álvarez Saavedra, concesionario del casino de la provincia y dueño de hoteles. Cuando Angelelli objetó la usura y el tráfico de sustancias estupefacientes y mujeres, El Sol comenzó a llamarlo Satanelli. 
[…]
Una semana antes del regreso de Perón, en una pequeña población andina se produjo un episodio que sintetiza la situación de antagonismos en la Iglesia, en el peronismo y en el país.
Una de las cooperativas creadas por iniciativa del obispo riojano Angelelli solicitaba la expropiación de un latifundio ocioso que consumía el 70 por ciento del agua de la zona conocida como la Costa. La intervención federal expropió el latifundio pero lo ofreció en venta en parcelas individuales, desdeñando cualquier proyecto cooperativo, “que solo existen en Rusia, Cuba y China”. Durante una visita canónica de Angeielli a un colegio religioso un grupo de padres opuestos a la pastoral diocesana, junto con un sacerdote que había renunciado como secretario del Obispado por diferencias con su línea, lo insultaron y le exigieron que se retirara. Así comenzó a gastarse una Cruzada Renovadora de la Cristiandad que, como su nombre lo indica, solo aceptaba los postulados integristas.


Durante la campaña electoral de 1973, un hermano del ex interventor federal Eduardo Menem presentó su candidatura a la gobernación riojana. Carlos Saúl Menem prometió que de ser electo entregaría el latifundio a la cooperativa y lo reiteró luego de asumir la gobernación. También restituyó la transmisión radial de las misas de Angelelli. El obispo se confió y el 13 de junio de 1973 viajó acompañado por diez sacerdotes y cinco religiosas para presidir las fiestas patronales de San Antonio en el pueblito natal de los Menem, Anillaco. Un grupo de comerciantes y terratenientes, entre ellos el hermano del gobernador, Amado. y sus sobrinos Cesar y Manuel Menem, repudiaron por altoparlantes el propósito de Angelelli de reemplazar al viejo párroco Virgilio Ferreira por dos sacerdotes capuchinos, declararon a Anillaco Capital de la Fe y, ante la pasividad policial, irrumpieron por la fuerza en el templo y la casa parroquial. Cuando Angelelli se retiró luego de suspender las celebraciones religiosas, lo corrieron a pedradas.
Los sacerdotes riojanos habían pedido la excomunión de los tres Menem y sus acompañantes, pero Angelelli prefirió una sanción menos drástica y al día siguiente del regreso definitivo de Perón a la Argentina declaró a trece de los responsables “incursos en entredicho personal”, lo cual los privaba en forma temporaria de asistir a celebraciones religiosas y recibir los sacramentos pero sin llegar a la excomunión. Atribuyó la agresión a un grupo que ejerce el poder en forma injusta y violenta para mantener sus privilegios y por eso se opone a la obra de promoción humana y cultural de los más pobres y oprimidos. Mencionó como adversarios del Concilio Vaticano II a los grupos Cruzada Renovadora de la Cristiandad y Tradición, Familia y Propiedad. También dispuso suspender las ceremonias litúrgico-sacramentales en todos los templos de la parroquia, que quedarían abiertos para que el pueblo pudiera pedir perdón y solicitar la conversión de quienes ofendieron a Dios. Dos semanas después, en otro pueblo vecino de la Costa, un movimiento similar asaltó y destrozó la casa y el oratorio de las monjas enviadas por Angelelli y ocupó la sede de la cooperativa. Arguyendo la intranquilidad social promovida por sus familiares, el gobernador Menem retiró su apoyo a la cooperativización del latifundio y la Legislatura decidió venderlo en parcelas, tal como había dispuesto la intervención militar.
Horacio Verbitsky, Historia política de la Iglesia Católica. Tomo III: Vigilia de armas, Sudamericana, Buenos Aires, 2009, pp. 165-169; 278-279.

lunes, 18 de junio de 2018

Canuto Angelelli, obispo y mártir I

El día del Sagrado Corazón de Jesús, 8 de junio de 2018, la Santa Sede publicó el decreto por el cual el Papa Francisco reconoce el martirio de Mons. Enrique Canuto Angelelli, dos sacerdotes y un laico, argentinos todos y riojanos para más datos. Ahí lo tenemos. Nosotros que nos quejábamos porque nuestro país no había dado mártires y mirábamos con envidia a los españoles o mejicanos, de sopetón nos aparecen no uno, sino cuatro mártires como generoso regalo del primer y último papa argentino de la historia. 
Pero la prudencia nos impone un examen previo. Tengo algunas sospechas acerca de la genuinidad de estos mártires vista la enorme feria de La Salada que se ha instalado en el Vaticano y que reparte a precios de ganga productos adulterados que nos quieren hacer pasar por buenos y originales.
Mons. Angelelli no es santo de mi devoción y no tengo previsto incorporar su estampita a mi mesita de luz, ni siquiera después que sea beatificado dentro de poco tiempo. Pero no es serio ni responsable desechar así nomás su martirio. Ya que no confío en absoluto en las decisiones e intereses del Papa Francisco, corresponde que ponga mis escasos medios para formarme una idea del caso y no decir una cosa por otra. Y encuentro que hay tres preguntas para responder: ¿Angelelli fue martirizado, o fue asesinado, o murió en un accidente? Si fue martirizado, ¿lo fue por la fe, o lo fue por su ideología política, o porque se oponía a los intereses del gobierno de turno, lo cual indicaría que no fue propiamente mártir? Y si fue martirizado por la fe, como dice el Santo Padre, ¿por qué fe? ¿Por la fe católica o por una fe adulterada por buenas cantidades de ideología?
Yo, un simple laico, no tengo manera de responder preguntas tan delicadas. Para hacerlo, debería haber leído concienzudamente la positio preparada por la Congregación para la Causa de los Santos y sobre la cual se habrá basado -estimo-, Francisco para emitir el decreto del martirio. No la tengo, y no sé si alguna vez la tendré. Por tanto, no me queda otra opción que recurrir a la  bibliografía que se ha escrito sobre Mons. Angelelli, pero aquí me encuentro con otro problema: al haber sido un personaje muy controvertido y sumido hasta el cogote en luchas más políticas que religiosas, todo lo que se ha escrito sobre él está teñido de ideología, de simpatías o antipatías, que quitan buena parte de objetividad. 
Mi tendencia, por mis inclinaciones derechosas y conservadoras, sería basarme en textos de gente amiga, es decir, de lo que dicen otros derechosos y conservadores como yo, pero aunque sería una lectura más fácil y agradable porque confirmaría lo mi opinión, atentaría contra la objetividad que quisiera alcanzar en el caso. Es lo que ocurriría si leyera el completo y documentado artículo que publicó Cabildo en 2008. He decidido leer entonces, y transcribir en el blog, el relato de la vida y pretendido martirio de Angelleli escrito por quien quizás sea uno de los enemigos de la fe más fieros que aún respira en Argentina: Horacio Verbitsky. Dejémoslo hablar a él, que no se priva de ningún panegírico ni de ninguna incensación al mártir riojano, y tratemos después de responder las preguntas propuestas al inicio del post. Lo haré en cuatro entradas, pero en esta primera añado un documento que habla por sí mismo de la fe católica y misericordia evangélica del obispo Angelleli y de buena parte de su clero, incluidos los dos sacerdotes que también son ahora mártires de la fe. 
Se trata de un acta diocesana de julio de 1972 (cuatro años antes del "martirio") redactada luego de una reunión del clero de La Rioja presidida por Mons. Angelelli. 
Mis comentarios huelgan.



Canuto Angelelli, obispo y mártir II


Hijo de chacareros italianos que lo llevaron hasta el Seminario en c1 carro de las verduras, Enrique Angelelli fue ordenado en 1949. Completó su formación en Roma donde conoció al fundador de la JOC,  José Leon Cardijn. Esa experiencia lo marcará para toda su vida. De regreso a Córdoba comenzó su labor pastoral en los barrios pobres y en las villas de la ciudad.
En 1952 fue el primer asesor de la Juventud Obrera Católica (JOC) cordobesa, a cargo de la capilla Cristo Obrero. En la actividad siempre intensa de Angelelli se reflejarían las contradictorias alternativas de la relación entre el peronismo y la iglesia y las mudables opciones políticas de las clases medias.
Bajo la conducción del arzobispo Lafitte, Córdoba fue el núcleo de la resistencia contra el peronismo y Angelelli uno de sus instrumentos destacados. Colaboró con el sacerdote italiano Quinto Cargnelutti en la organización de un Movimiento Católico de Juventudes. Intentaba competir con la UES y disputarle al peronismo la conducción del movimiento de masas, con la consigna “la conciencia vale mas que una motoneta”. El gobierno denunció la infiltración eclesiástica en la CGT y la UES. Pero a poco del derrocamiento de Perón, Angelelli y los demás integrantes del Equipo Nacional de Asesores de la JOC ya trabajaban en forma estrecha con los sindicalistas perseguidos por el régimen militar.
Junto a la capilla Cristo Obrero había un Hogar Sacerdotal frecuentado por curas del interior de la provincia, en el que Angelelli instaló su vivienda. Pronto se convirtió en lugar de reunión para jóvenes obreros y estudiantes.
Angelelli también trabajaba en la curia arzobispal y en la pastoral universitaria y su figura se volvió familiar en la ciudad, siempre sobre una pequeña moto Puma, símbolo del desarrollo industrial que el peronismo llevó a Córdoba. La llamó La Providencia, porque necesitaba de la ayuda divina para llegar. Su popularidad era tal que a nadie sorprendió que en diciembre de 1960 fuera designado por Juan XXIII obispo auxiliar dc Córdoba y nombrado Vicario general de la arquidiócesis.
El día de su consagración la Catedral se pobló de obreros y gente humilde. Los militantes de la JOC lo levantaron en andas.
Canuto Angelelli tenia 42 años y no aceptó la sugerencia del arzobispo Ramon José Castellano de abandonar su moto.
Tampoco un reclamo patronal de sanciones a los sacerdotes que apoyaban a trabajadores en conflicto. Les dijo que “si estas injusticias continúan algún día estaremos en el mismo paredón los patrones y los curas”.
Tampoco un roce similar que tuvo en 1963 con 1a familia que había dado refugio a Lafitte en 1955. Su jefe, el ingeniero Justiniano Allende Posse, ex director de vialidad durante el gobierno de Justo y uno de los organizadores de 1a marcha de la libertad contra Perón en octubre de 1945, presidía el Grupo Económico Corcemar.  Durante una celebración en una cantera de cal,  los obreros fueron ubicados muy lejos de las mesas dc los patrones. Angelelli eligió almorzar con los trabajadores, lo que motivó una denuncia ante el arzobispo por parte de la ofendida señora de Allende Posse.
Castellano lo designó rector dcl Seminario Mayor,  cuyos alumnos reclamaban la actualización conciliar. Angelelli llevó como vice al presbítero Nelson Dellaferrera, que había regresado luego de cursar su licenciatura en Roma en los días del Concilio. Angelelli permitió que los alumnos salieran una vez por semana y no por año y que tomaran contacto con las capillas y barrios obreros Los sacerdotes que volvían de Europa se apartaban con naturalidad del antiperonismo y del antimarxismo. En enero de 1964 un grupo criticó por escrito la falta de proximidad y diálogo entre el obispo y sus presbíteros que reclamaba cl Concilio. El nuncio le recomendó a Angelelli que actuara como nexo entre el clero y Castellano. Pero el arzobispo consideró e1 documento como una infidelidad y Angelelli defendió a sus autores. Dos meses después, Dellaferrera y los presbíteros Eric Vaudagna y Jose Oreste Gaido se pronunciaron en reportajes periodísticos por una iglesia pobre y evangélica y en favor del plan de lucha de la CGT. Cada uno firmó un texto, pero la elaboración fue colectiva, con otros profesores del Seminario y curas de la Arquidiócesis.

Mientras Castellano y los colegios católicos preparaban una movilización contra el gobierno del radical Justo Páez Molina por los cambios anunciados en la ley de enseñanza privada, el vicerrector Dellaferrera dijo que la libertad de enseñanza era una hipocresía porque sólo beneficiaba a los privilegiados,  y las inversiones edilicias de los colegios católicos “una bofetada que suena a sacrilegio en el rostro de los pobres”. Vaudagna agregó que se quería usar a la Iglesia para detener las reformas sociales mediante una presentación “falsa e interesada” de los valores religiosos.
La ley cordobesa suprimió la obligación de comenzar cada día de clase con una oración. Los libros de lectura debían promover la formación democrática, lo cual implicaba sacar de circulación algunos que proponían una Argentina corporativa y falangista. Además dispuso una distribución más equitativa de los recursos públicos destinados a la educación privada, que desde el derrocamiento de Frondizi solo beneficiaba a los colegios religiosos católicos: condicionó el pago del aporte estatal al mantenimiento de un número mínimo de alumnos por grado al igual de los colegios oficiales, ya que se había detectado la creación de grados fantasma para incrementar el subsidio, y asumió el control de las planillas de pago. Hasta ese momento el Estado aportaba el 80 por ciento de los salarios que fijaba el estatuto de los docentes pero la iglesia les pagaba según el mas modesto escalafón de los empleados de comercio y disponía la diferencia para otros fines. Virulentas manifestaciones en demanda de la renuncia y excomunión del gobernador recién electo ocuparon las plazas de la Ciudad con imágenes de dragones rampantes y caballeros medievales. Las exigencias se difundían por LV2, La Voz de la Libertad, 1a radio de los golpistas de 1955, y el articulador de la rebelión fue el cura ex comando civil Quinto Cargnelutti, con quien Angelelli ya no tenía los puntos de coincidencia que los habían unido en la resistencia contra Perón.
Para Castellano el gobierno violaba la libertad religiosa […]
El Episcopado vio gérmenes de destrucción y desorden en la ley. El cardenal primado Caggiano afirmó que como administrador de los dineros del pueblo el Estado debía respetar “los anhelos de la mayoría" y que “si falta Dios falta todo”. La Comisión Permanente del Episcopado llevó sus reclamos a Illia. El acto programado en la catedral cordobesa contra la ley educativa se convirtió en una muestra de adhesión al arzobispo. Los curas críticos obtuvieron el apoyo de veintiocho sacerdotes y del Seminario. Castellano les recriminó falta de lealtad y obediencia y dijo que la renovación no importaba un cambio total y revolucionario. Angelelli defendió la seriedad intelectual, moral y espiritual de sus sacerdotes: no habían incurrido en cisma, herejía, desobediencia ni rebelión.
[…]
Dos meses después, la confrontación recrudeció cuando el sacerdote Milan Viseovich, graduado en Lovaina y Paris, adhirió al plan de lucha de la CGT. La automotriz Kaiser exigió su expulsión como decano de la Facultad de Ciencias Económicas. La Universidad Católica acepto excluirlo de sus cátedras. Viseovich dijo que prefería “la iglesia de la CGT” antes que “la Iglesia de la Bolsa de Comercio” [uno de cuyos principales directivos era Justiniano Allende Posse], que durante dos siglos los cristianos habían hecho de “idiotas útiles del capitalismo liberal” y que existía “una Iglesia de los ricos opuesta a una Iglesia de los pobres".

Horacio Verbitsky, Historia política de la Iglesia Católica. Tomo II: La violencia evangélica, Sudamericana, Buenos Aires, 2008, pp. 184-189.

jueves, 14 de junio de 2018

Bonum certamen certavimus




Se combatió el buen combate. Y se lo hizo bien: en las marchas que reunieron a millones de personas, en los testimonios ante el Congreso que, como decía Ludovicus, en muchos caso se percibía “un olor de santidad y de destellante claridad”, y en la oración y el ayuno de los fieles en estos días a lo largo de todo el país.
Quedan algunas conclusiones:

  1. Ya sabemos quiénes son los que se mancharon las manos con sangre inocente, y el primero de todos ellos es el presidente Mauricio Macri, causa necesaria de llevar al país al infanticidio. No les será gratuito. Les espera la condenación eterna y el rostro de los bebés a cuyo asesinato concurrieron persiguiéndolos durante toda la eternidad. 
  2. La reflexión obligada es, una vez más, la evidencia que la democracia liberal es un sistema perverso y que el voto no sirve. Y por tanto conviene preguntarse nuevamente si es lícito que los católicos votemos, legitimando de ese modo un sistema perverso.
  3. Los hechos han demostrado los estrechos límites del entrismo político de algunos católicos que piensan que, enquistándose en algún partido político, pueden lograr algún bien. (Una curiosidad: hasta donde sé, la gran mayoría de los diputados massistas votaron a favor del aborto. Y fue justamente en ese espacio político donde el entrismo se radicó hasta hace poco tiempo).
  4. No hay que olvidarse que la lucha es contra el Poder de las Tinieblas, y que este poder debe triunfar antes de ser definitivamente derrotado con el solo aliento de Nuestro Señor cuando vuelva en gloria y majestad. Más allá de los resultados finales de la ley, el triunfo del mal esté asegurado. Ayer se conoció que a fin de mes, el Ejecutivo enviará el proyecto de ley con la reforma del código penal que dispondrá “la despenalización del aborto cuando esté en riesgo la salud física o mental de la mujer y si ese peligro no puede ser evitado por otro medio. También si el embarazo es producto de un abuso sexual”. Es la ley del aborto encubierta en caso que sea rechazada en el Senado. Cualquier mujer que considere que el embarazo le provoca, por ejemplo, ansiedad y que los anxiolíticos le hacen mal al estómago, encontrará médicos comprensivos que la aliviarán practicándole un aborto.
  5. Sepamos, además, que los que parecen buenos no son tan buenos. Gran parte de los diputados y políticos que se manifestaron en contra del aborto propusieron intensificar la educación sexual en las escuelas y la prevención de los embarazos no deseados. Ya sabemos lo que están haciendo con los niños a los que, desde los cinco años, se les enseña sexualidad, robándoles su infancia y su inocencia. En cuando a la prevención, relato aquí lo que sucede diaria y sistemáticamente en las escuelas públicas mendocinas: llega al establecimiento un vehículo del Ministerio de Salud, ingresan en las aulas médicos y enfermeros que ofrecen a todas las alumnas a partir de los trece años “ponerse el chip”. Por supuesto, la inmensa mayoría accede. Las llevan al camión donde primero le hacen un test de embarazo, luego las anastesian y finalmente les colocan en el brazo, intramuscularmente, un implante anticonceptivo de Nexaplom, el cual impedirá el embarazo durante tres años. Por cierto, provoca hemorragias, inflamaciones y otros problemas de salud. Si la alumna decide quitárselo, se lo prohiben. El costo de cada implante es de $4000. Me cuesta imaginar de qué manera Gabriela Michetti, por ejemplo, quiere incrementar estas prácticas.
  6. Un hecho que lamentablemente no asombra. Ayer, día en el que el Congreso discutía la ley del aborto, el papa Francisco tenía su audiencia pública y catequesis semanal que, casualmente, trató el tema de la vida. No dijo una sola palabra sobre la cuestión que nos estaba doliendo en esos momentos a sus compatriotas, los católicos argentinos. Peor aún, con un cinismo que cuesta entender, afirmó que “el mayor peligro en la vida es la mediocridad y la pusilanimidad”. En Argentina ahora sabemos que hay peligros mucho mayores para la vida. 

miércoles, 13 de junio de 2018

Oremus

Madonna del parto, Taddeo Gaddi, Firenze

¡Ave Maria, gratia plena!

lunes, 11 de junio de 2018

Pornografía religiosa

El documental de Wim Wenders sobre el Papa Francisco: un caso de pornografía religiosa

por Maureen Mullarkey 
Jorge Bergoglio encontró a su propio Leni Riefenstahl en la persona de Wim Wenders. Fui a ver “Papa Francisco: un hombre de palabra” anticipando una hagiografía. Pero lo que vi se parece mucho más a la pornografía. Resultó ser la pornografía de la nuda propaganda, esa conocida llave del “corazón de las masas”. La libido dominandi está disfrazada de una semblanza de piedad; la avaricia de fama se encuentra iluminada y puesta en escena para que parezca humildad.


Contrariamente a lo que sostienen los aduladores medios masivos de comunicación, recientemente Damon Linker le atribuyó al Papa Francisco tener “agudeza psicológica y astucia maquiavélica”. Y tiene razón. Pero a Linker le interesa que la Iglesia Católica se conforme a las costumbres modernas, especialmente a la legitimización de la homosexualidad. Y sin embargo, hay un asunto más amplio e interesante: la sacralización de ciertas políticas mediante la persona del papa mismo. Francisco no pretende reformar la Iglesia sino que la está desnaturalizando, reduciéndola a una herramienta social. 
Comisionado por el Vaticano, el documental constituye un caso de feroz papolatría. Su diluvio de imágenes glorificando a Bergoglio, estimula la devoción a su persona, el papa del mundo. Un halo quasi-erótico domina por sobre el todo. Es el eros de la rendición ante un libertador, un defensor contra los cucos ideológicos: “la globalización de la indiferencia”; “plata ensangrentada”; “temor al extranjero”. El viejo credo proclamaba la resurrección de Cristo. El nuevo credo bergogliano engalonando la cúpula de San Pedro durante la fiesta de la luz de 2016, proclamaba: “Primero está el Planeta Tierra”.   
Occidente debe “ser un poco más pobre” y arrepentirse de haber depredado a la hermana Planeta. Francisco lanza invectivas contra “la cultura del desperdicio” de un Occidente rapaz que se aferra a los bienes que nos pertenecen a todos.  Como si estuviese diciendo algo nuevo, Francisco declara que “la pobreza es un escándalo”. Y que incluso un “yanqui endurecido” puede llegar a conmoverse al comprobar “cómo hemos saqueado la madre tierra.”  Acto seguido Francisco apela al regreso a la original, inmaculada, “armonía de la Creación”. 
Un nebuloso regreso a la figura de San Francisco
Los plagios cinematográficos de Wender son tan torpes como el izquierdismo de Francisco. “El triunfo de la voluntad” se inauguraba con un nebuloso regreso en el tiempo donde vemos las ruinas de la Grecia antigua. De la misma manera, este documental comienza con un nebuloso regreso a las sierras de Umbría de San Francisco de Asís. La voz de Wender acompaña el viaje con una glosa acerca del misterio del tiempo.
Las estatuas griegas de Riefenstahl se metamorfoseaban para convertirse en bailarines vivientes. Por su parte Wender toma el fresco de San Francisco de la capilla Scrovegni para metamorfosearla en una cinta muda en blanco y negro que nos revela a un actor viviente haciendo las veces de un santo enternecedor. Un viejo truco de cámaras, de tanto en tanto se convierte en una moderna película en tecnicolor para enfatizar que Bergolgio no es sino una reencarnación de su patrono del siglo trece.   
El resto es predecible, sorprendente sólo en su deriva cinematográfica. Como un eco de las extasiadas escenas de las convocatorias de Nüremberg, el rugido de las muchedumbres constituye un tema tan importante como el del propio papa. Wenders recurre a tomas donde se lo sigue de cerca a Francisco: la cámara corre detrás de la cabeza del Papa mientras está de pie sobre un vehículo que pasa raudamente en medio del gentío que lo adora. El audio es emocionante; es que se oye el júbilo de las masas.

Nos enteramos de bien poco acerca del hombre en sí mismo, más allá de su imagen así establecida. De su vida antes del papado, sólo hay un clip de archivo en el que se dirige a una muchedumbre en los años ’90: más que como un arzobispo, habla como cualquier líder sindical peronista o cualquier político en plena campaña. 
En cada uno de sus viajes, desde las Filipinas hasta los campos de refugiados de Medio Oriente, la cámara se aproxima para mostrar cómo el Papa trabaja a las multitudes, deteniéndose morosamente en los rostros extasiados o llorando de la gente. Luego se mantiene vigil mientras una anciana se lleva la mano de Bergoglio a la boca y allí la deja durante demasiado tiempo. La cámara se mantiene bien cerca cuando los hombres lo besan y acarician, algunos clamando “¡Nobel! ¡Nobel!” Después hay tomas de exuberantes banderas y pancartas (“¡Grazie, Papa!”). Francisco goza con la adulación. 
Una serie de imágenes escenificadas
¿Quién no recuerda las imágenes escenificadas del presidente Clinton, solemnemente y en perfecta soledad, recorriendo las playas de las playas de Omaha? ¿O aquellas otras del presidente Obama haciéndose fotografiar, solemnemente y en perfecta soledad, recorriendo las playas del golfo donde ocurrió el derrame de petróleo de Deepwater Horizon? Wenders repite la apuesta una y otra vez a lo largo de este documental. 
Aquí está Francisco, solemnemente y en perfecta soledad, contemplando el río Jordan, de pie frente al Muro de los Lamentos, o mirando hacia una calle en ruinas. Filmado desde atrás, este toma en particular no trae a la memoria a Gary Cooper dirigiéndose a pie hacia el centro de Hadleyville. Donde quiera que haga pie Francisco, siempre estamos en “A la hora señalada”.
Aparecen cintas apocalípticas de Hiroshima. Por entonces Bergoglio apenas si aprendía a caminar. Pero se presenta como el protagonista del “Canto a mí mismo” de Walt Whitman: “Yo soy el hombre, he sufrido, estuve allí”. La pose resulta completamente inútil si se trata de entender las complejidades detrás del bombardeo de Hiroshima o las necesidades trágicas de una guerra defensiva—cosa que papas anteriores trataron de entender en medio de su angustia.  
La cámara vuelve a viajar en el tiempo para dejar que la distancia en el tiempo dramatice adecuadamente cómo el Papa se aleja en soledad después de la recorrida del campo de Auschwitz. Después salta hasta el rostro de Francisco, siempre solemne y en perfecta soledad, sentándose, la cabeza gacha, en una oscurecida celda del campo—una evocación de Jesús llorando sobre Jerusalén. Escenificado por la cámara y tras una serie de horrorosas escenas de archivo sobre el campo, este constituye uno de los episodios más desvergonzados de este deshonesto documental. La escena en que contempla a Israel le quita todo contenido salvo un muy bergogliano suspiro por los contrafácticos que hubieran podido ser.
Contradicción entre la imagen y la acción
Las viñetas de lugares comunes se suceden una tras otras como las cuentas de un rosario. El humilde Francisco besa pies; el paternal Francisco se divierte con los dibujos de los niños, el tierno Francisco le da unas palmadas a los enfermos. Échenle una ojeada al papa al lado de Stephen Hawking. Admiren su dulce sensatez cuando está en compañía de jefes de estado. Maravíllense como se gana las ovaciones de inmensas muchedumbres en el escenario del mundo. 
Un lance revelador ocurre en un hospital africano. Una paralítica yace inmóvil en cama cuando Francisco se agacha para tocarle la cabeza. De repente un empleado se lanza hacia adelante para retirarle la frazada exponiendo ante la cámara la mano temblorosa del paciente, para destacar el patetismo de la escena.  Ella le echa una ojeada a la cámara.  Después de todo, no es más que un montaje.  
Vinculando el caleidoscopio de escenas, siempre está la voz de Wenders. En un segmento auto-adulador, Francisco sobreactúa. Cuenta una anécdota sensiblera de un llamado telefónico, efectuado a pedido de la madre, que le hizo a un chico de ocho años que se moría de cáncer. Después de varias intentonas fallidas, Francisco deja su mensaje en el contestador telefónico  y, mirabile dictu, el niño murió “reconciliado con su propia muerte”.  Pero, no habiendo hablado con el niño, ¿cómo podía saberlo! En la ficción de Dickens, la muerte de la pequeña Nell resultaba risible en el esforzado intento de conmovernos hasta las lágrimas. En la vida real, y de parte de un papa que se auto adula desvergonzadamente, su replay resulta obsceno. 
Pero la preocupación de Francisco por una sola niña condenada a muerte no se extiende aquí a los aún no nacidos. Francisco guarda silencio ante la campaña en favor del aborto en Irlanda, un tema decidamente definitorio de nuestro tiempo. Presentado justo antes del voto, el documental no tiene ni una sola palabra en favor de la vida de los niños en el vientre materno. 
Una simulación de intimidad personal 
Wender utiliza efectivamente un “Interrotron” el invento de Errol Morris: se trata de un ingenioso dispositivo que crea la ilusión de que uno está accediendo a la vida emocional del entrevistado. Bajo la hipnótica luz de la pantalla cada espectador tiene la sensación de que hace contacto visual íntimo con la persona de Francisco. 

Dirigiendo su mirada al “Interrotron”, Francisco le habla al rostro de Wenders que está en la pantalla que tiene en frente. En realidad, Wenders estaba a unos 20 metros usando auriculares. El dispositivo reproduce cambios en la expresión facial y otros gestos que no se advertirían si el entrevistado fuera filmado de manera convencional.
En verdad, el medio se ha convertido en el mensaje. La simulación de intimidad personal que se logra con este dispositivo tiene una eficacia que no puede compararse con los medios de filmación convencionales. Le confiere una apariencia de solvencia a untuosas banalidades y a los lugares comunes de la ideología.  
El propósito del Papa Francisco no es el de informar, sino el de crear un aura. Francisco es un paternal mesías que nos recuerda que tenemos que bajar un cambio y jugar con nuestros hijitos. Tengamos sentido del humor. Y no nos olvidemos de sonreír: “¡Una sonrisa es la flor del corazón!” Las puerilidades hechas de dulce de leche con miel apuntan a la sensiblería de la gente del común que Francisco corteja y alienta. 
Todos somos “hijos de Abrahán”. Adoramos al mismo Dios; somos todos parte de una sola familia y Jesús es “nuestro hermano mayor”. Las verdades más molestas no tienen lugar en este equivalente religioso de la ópera bouffe. Francisco reproduce el tema de los musicales de Gilbert y Sullivan: “¡Nada importa el por qué y el por tanto / El amor puede nivelar los rangos, y por tanto…! (“Los piratas de Penzance”)”. Lo que nivela los rangos, bien puede nivelar los dogmas. Y a eso estamos jugando. Francisco no está restaurando la Iglesia sino que la está descristianizando.  

El Papa Francisco planeó esto ni bien asumió el pontificado
“El Papa Francisco” es un documental inquietante, no sólo por su exaltación de la figura de Francisco y sus políticas, sino por haber sido planificado desde el comienzo de su ascensión al papado. 
La página Biography.com declara que Wenders recibió una invitación por escrito  para “colaborar” con el Papa Francisco en la producción de un documental sobre su papado en el año 2013, el año en que empezó su reinado. Wikipedia fija la fecha como del año 2014. (La oficina de prensa del Vaticano se mostró veloz: ni bien se presentó, el documental ya tenía una entrada en Wikipedia, como si fuera un clásico en la historia del cine). 
De entrada, Bergoglio se concentró en documentarse a sí mismo como el héroe de su propio pontificado 
Dario Edoardo Viganò, un sacerdote italiano dedicado a la semiología del cine y de los audiovsuales, estableció el contacto entre Francisco y el productor de cine. Amigo personal de Wenders, desde que se conocieron en el Festival de Cine de Venecia en 2004, Viganò fue el primer enviado del Vaticano al Festival de Cine de Cannes del año 2015. En ese año, Francisco fundó el Secretariado para las Comunicaciones del Vaticano, designando a Viganò como su primer prefecto. Esto es crucial: de entrada, Bergoglio se había propuesto documentarse a sí mismo como el héroe de su propio pontificado. Así las cosas, el documental subordina la substancia de su papado a la personalidad de Francisco y sus tiquismiquis secularistas: “Él es el pastor del mundo entero. Su vida misma es como una homilía”, le dice un viejo amigo a la cámara.
¿Cómo termino? La Secretaría para las Comunicaciones es una mala copia del Ministerio de la Verdad. Todo está en cómo se dicen las cosas. Lo demás es puro espectáculo, llevándonos en andas de las olas de las sucesivas imágenes. Emociones inducidas a fuerza de imágenes triunfan por sobre las palabras y las razones. Pensado para promover el culto de su personalidad, “El Papa Francisco” hace un ídolo del Papa y reduce el cristianismo al nivel de cualquier ideología. 


Tradujo Jack Tollers)

viernes, 8 de junio de 2018

Golondrinas peronistas


Apareció ayer una rotunda declaración contra el aborto de importantes referentes del peronismo. 
Podemos dormir tranquilos. Próceres de la Patria tales como Carlos y Eduardo Menem, Hugo Moyano, Antonio Caló, Julio Piumato y Eduardo Valdés están de nuestro lado. Argentina es, indiscutiblemente, una nación particularmente bendecida por la Virgen. 
¿Qué decir de todo esto? Creo que lo más importante lo dijo Aristóteles: "Añádase también, que estas condiciones deben ser realizadas durante una vida entera y completa; porque una sola golondrina no hace verano, como no le hace un sólo día hermoso; y no puede decirse tampoco, que un sólo día de felicidad, ni aun una temporada, baste para hacer a un hombre dichoso y afortunado". (Ética a Nicómaco, I, 4). Si estos tristes personajes son convencidos antiabortistas -lo cual está muy bien-, pero siguen robando, enchastrándose de corrupción, sin el menor escrúpulo para la extorsión y la mentira, y quién sabe cuántas cosas más, no me sirven ni me interesan. Un sólo acto bueno, como es firmar esa declaración, no los hace buenos, ni los limpia, ni los purifica ni mucho menos los hace amigos. Una sola golondrina extraviada no indica que llegó el verano. Para eso es necesario que se asomen en el cielo innumerables bandadas de miles de golondrinas. 
Pero más importante aún que la enseñanza de Aristóteles, es entender que la nuestra no es una religión biológica. Los católicos no somos miembros de Greenpeace que, en vez de defender ballenas, defendemos a los niños que aún están en el vientre de su madre. Defendemos a éstos, y  también a los cetáceos, porque creemos y amamos a Dios. Somos católicos no porque somos antiabortistas y provida, sino porque confesamos a la Trinidad Santa y al Hijo Jesucristo el Señor, que se encarnó en las entrañas de la Santísima Virgen María y que, derramando su sangre, nos redimió del pecado. Esa es nuestra fe. Las proclamas providas no lo son. 
La declaración peronista me parece bien y ciertamente nos proporciona algunas horas de alivio en medio de la batalla contra el Mal empañuelado de verde. Y creo que debe ser usada del modo más sagaz posible por aquellos que están dirigiendo -y lo están haciendo muy bien-, la campaña contra la ley del aborto. 
Pero no nos confundamos. Unos y otros son liberales aunque con distinto pelaje. Ambos son orcos; la diferencia está en que unos eructan en público y otros no.