lunes, 18 de junio de 2018

Canuto Angelelli, obispo y mártir I

El día del Sagrado Corazón de Jesús, 8 de junio de 2018, la Santa Sede publicó el decreto por el cual el Papa Francisco reconoce el martirio de Mons. Enrique Canuto Angelelli, dos sacerdotes y un laico, argentinos todos y riojanos para más datos. Ahí lo tenemos. Nosotros que nos quejábamos porque nuestro país no había dado mártires y mirábamos con envidia a los españoles o mejicanos, de sopetón nos aparecen no uno, sino cuatro mártires como generoso regalo del primer y último papa argentino de la historia. 
Pero la prudencia nos impone un examen previo. Tengo algunas sospechas acerca de la genuinidad de estos mártires vista la enorme feria de La Salada que se ha instalado en el Vaticano y que reparte a precios de ganga productos adulterados que nos quieren hacer pasar por buenos y originales.
Mons. Angelelli no es santo de mi devoción y no tengo previsto incorporar su estampita a mi mesita de luz, ni siquiera después que sea beatificado dentro de poco tiempo. Pero no es serio ni responsable desechar así nomás su martirio. Ya que no confío en absoluto en las decisiones e intereses del Papa Francisco, corresponde que ponga mis escasos medios para formarme una idea del caso y no decir una cosa por otra. Y encuentro que hay tres preguntas para responder: ¿Angelelli fue martirizado, o fue asesinado, o murió en un accidente? Si fue martirizado, ¿lo fue por la fe, o lo fue por su ideología política, o porque se oponía a los intereses del gobierno de turno, lo cual indicaría que no fue propiamente mártir? Y si fue martirizado por la fe, como dice el Santo Padre, ¿por qué fe? ¿Por la fe católica o por una fe adulterada por buenas cantidades de ideología?
Yo, un simple laico, no tengo manera de responder preguntas tan delicadas. Para hacerlo, debería haber leído concienzudamente la positio preparada por la Congregación para la Causa de los Santos y sobre la cual se habrá basado -estimo-, Francisco para emitir el decreto del martirio. No la tengo, y no sé si alguna vez la tendré. Por tanto, no me queda otra opción que recurrir a la  bibliografía que se ha escrito sobre Mons. Angelelli, pero aquí me encuentro con otro problema: al haber sido un personaje muy controvertido y sumido hasta el cogote en luchas más políticas que religiosas, todo lo que se ha escrito sobre él está teñido de ideología, de simpatías o antipatías, que quitan buena parte de objetividad. 
Mi tendencia, por mis inclinaciones derechosas y conservadoras, sería basarme en textos de gente amiga, es decir, de lo que dicen otros derechosos y conservadores como yo, pero aunque sería una lectura más fácil y agradable porque confirmaría lo mi opinión, atentaría contra la objetividad que quisiera alcanzar en el caso. Es lo que ocurriría si leyera el completo y documentado artículo que publicó Cabildo en 2008. He decidido leer entonces, y transcribir en el blog, el relato de la vida y pretendido martirio de Angelleli escrito por quien quizás sea uno de los enemigos de la fe más fieros que aún respira en Argentina: Horacio Verbitsky. Dejémoslo hablar a él, que no se priva de ningún panegírico ni de ninguna incensación al mártir riojano, y tratemos después de responder las preguntas propuestas al inicio del post. Lo haré en cuatro entradas, pero en esta primera añado un documento que habla por sí mismo de la fe católica y misericordia evangélica del obispo Angelleli y de buena parte de su clero, incluidos los dos sacerdotes que también son ahora mártires de la fe. 
Se trata de un acta diocesana de julio de 1972 (cuatro años antes del "martirio") redactada luego de una reunión del clero de La Rioja presidida por Mons. Angelelli. 
Mis comentarios huelgan.



jueves, 14 de junio de 2018

Bonum certamen certavimus




Se combatió el buen combate. Y se lo hizo bien: en las marchas que reunieron a millones de personas, en los testimonios ante el Congreso que, como decía Ludovicus, en muchos caso se percibía “un olor de santidad y de destellante claridad”, y en la oración y el ayuno de los fieles en estos días a lo largo de todo el país.
Quedan algunas conclusiones:

  1. Ya sabemos quiénes son los que se mancharon las manos con sangre inocente, y el primero de todos ellos es el presidente Mauricio Macri, causa necesaria de llevar al país al infanticidio. No les será gratuito. Les espera la condenación eterna y el rostro de los bebés a cuyo asesinato concurrieron persiguiéndolos durante toda la eternidad. 
  2. La reflexión obligada es, una vez más, la evidencia que la democracia liberal es un sistema perverso y que el voto no sirve. Y por tanto conviene preguntarse nuevamente si es lícito que los católicos votemos, legitimando de ese modo un sistema perverso.
  3. Los hechos han demostrado los estrechos límites del entrismo político de algunos católicos que piensan que, enquistándose en algún partido político, pueden lograr algún bien. (Una curiosidad: hasta donde sé, la gran mayoría de los diputados massistas votaron a favor del aborto. Y fue justamente en ese espacio político donde el entrismo se radicó hasta hace poco tiempo).
  4. No hay que olvidarse que la lucha es contra el Poder de las Tinieblas, y que este poder debe triunfar antes de ser definitivamente derrotado con el solo aliento de Nuestro Señor cuando vuelva en gloria y majestad. Más allá de los resultados finales de la ley, el triunfo del mal esté asegurado. Ayer se conoció que a fin de mes, el Ejecutivo enviará el proyecto de ley con la reforma del código penal que dispondrá “la despenalización del aborto cuando esté en riesgo la salud física o mental de la mujer y si ese peligro no puede ser evitado por otro medio. También si el embarazo es producto de un abuso sexual”. Es la ley del aborto encubierta en caso que sea rechazada en el Senado. Cualquier mujer que considere que el embarazo le provoca, por ejemplo, ansiedad y que los anxiolíticos le hacen mal al estómago, encontrará médicos comprensivos que la aliviarán practicándole un aborto.
  5. Sepamos, además, que los que parecen buenos no son tan buenos. Gran parte de los diputados y políticos que se manifestaron en contra del aborto propusieron intensificar la educación sexual en las escuelas y la prevención de los embarazos no deseados. Ya sabemos lo que están haciendo con los niños a los que, desde los cinco años, se les enseña sexualidad, robándoles su infancia y su inocencia. En cuando a la prevención, relato aquí lo que sucede diaria y sistemáticamente en las escuelas públicas mendocinas: llega al establecimiento un vehículo del Ministerio de Salud, ingresan en las aulas médicos y enfermeros que ofrecen a todas las alumnas a partir de los trece años “ponerse el chip”. Por supuesto, la inmensa mayoría accede. Las llevan al camión donde primero le hacen un test de embarazo, luego las anastesian y finalmente les colocan en el brazo, intramuscularmente, un implante anticonceptivo de Nexaplom, el cual impedirá el embarazo durante tres años. Por cierto, provoca hemorragias, inflamaciones y otros problemas de salud. Si la alumna decide quitárselo, se lo prohiben. El costo de cada implante es de $4000. Me cuesta imaginar de qué manera Gabriela Michetti, por ejemplo, quiere incrementar estas prácticas.
  6. Un hecho que lamentablemente no asombra. Ayer, día en el que el Congreso discutía la ley del aborto, el papa Francisco tenía su audiencia pública y catequesis semanal que, casualmente, trató el tema de la vida. No dijo una sola palabra sobre la cuestión que nos estaba doliendo en esos momentos a sus compatriotas, los católicos argentinos. Peor aún, con un cinismo que cuesta entender, afirmó que “el mayor peligro en la vida es la mediocridad y la pusilanimidad”. En Argentina ahora sabemos que hay peligros mucho mayores para la vida. 

miércoles, 13 de junio de 2018

Oremus

Madonna del parto, Taddeo Gaddi, Firenze

¡Ave Maria, gratia plena!

lunes, 11 de junio de 2018

Pornografía religiosa

El documental de Wim Wenders sobre el Papa Francisco: un caso de pornografía religiosa

por Maureen Mullarkey 
Jorge Bergoglio encontró a su propio Leni Riefenstahl en la persona de Wim Wenders. Fui a ver “Papa Francisco: un hombre de palabra” anticipando una hagiografía. Pero lo que vi se parece mucho más a la pornografía. Resultó ser la pornografía de la nuda propaganda, esa conocida llave del “corazón de las masas”. La libido dominandi está disfrazada de una semblanza de piedad; la avaricia de fama se encuentra iluminada y puesta en escena para que parezca humildad.


Contrariamente a lo que sostienen los aduladores medios masivos de comunicación, recientemente Damon Linker le atribuyó al Papa Francisco tener “agudeza psicológica y astucia maquiavélica”. Y tiene razón. Pero a Linker le interesa que la Iglesia Católica se conforme a las costumbres modernas, especialmente a la legitimización de la homosexualidad. Y sin embargo, hay un asunto más amplio e interesante: la sacralización de ciertas políticas mediante la persona del papa mismo. Francisco no pretende reformar la Iglesia sino que la está desnaturalizando, reduciéndola a una herramienta social. 
Comisionado por el Vaticano, el documental constituye un caso de feroz papolatría. Su diluvio de imágenes glorificando a Bergoglio, estimula la devoción a su persona, el papa del mundo. Un halo quasi-erótico domina por sobre el todo. Es el eros de la rendición ante un libertador, un defensor contra los cucos ideológicos: “la globalización de la indiferencia”; “plata ensangrentada”; “temor al extranjero”. El viejo credo proclamaba la resurrección de Cristo. El nuevo credo bergogliano engalonando la cúpula de San Pedro durante la fiesta de la luz de 2016, proclamaba: “Primero está el Planeta Tierra”.   
Occidente debe “ser un poco más pobre” y arrepentirse de haber depredado a la hermana Planeta. Francisco lanza invectivas contra “la cultura del desperdicio” de un Occidente rapaz que se aferra a los bienes que nos pertenecen a todos.  Como si estuviese diciendo algo nuevo, Francisco declara que “la pobreza es un escándalo”. Y que incluso un “yanqui endurecido” puede llegar a conmoverse al comprobar “cómo hemos saqueado la madre tierra.”  Acto seguido Francisco apela al regreso a la original, inmaculada, “armonía de la Creación”. 
Un nebuloso regreso a la figura de San Francisco
Los plagios cinematográficos de Wender son tan torpes como el izquierdismo de Francisco. “El triunfo de la voluntad” se inauguraba con un nebuloso regreso en el tiempo donde vemos las ruinas de la Grecia antigua. De la misma manera, este documental comienza con un nebuloso regreso a las sierras de Umbría de San Francisco de Asís. La voz de Wender acompaña el viaje con una glosa acerca del misterio del tiempo.
Las estatuas griegas de Riefenstahl se metamorfoseaban para convertirse en bailarines vivientes. Por su parte Wender toma el fresco de San Francisco de la capilla Scrovegni para metamorfosearla en una cinta muda en blanco y negro que nos revela a un actor viviente haciendo las veces de un santo enternecedor. Un viejo truco de cámaras, de tanto en tanto se convierte en una moderna película en tecnicolor para enfatizar que Bergolgio no es sino una reencarnación de su patrono del siglo trece.   
El resto es predecible, sorprendente sólo en su deriva cinematográfica. Como un eco de las extasiadas escenas de las convocatorias de Nüremberg, el rugido de las muchedumbres constituye un tema tan importante como el del propio papa. Wenders recurre a tomas donde se lo sigue de cerca a Francisco: la cámara corre detrás de la cabeza del Papa mientras está de pie sobre un vehículo que pasa raudamente en medio del gentío que lo adora. El audio es emocionante; es que se oye el júbilo de las masas.

Nos enteramos de bien poco acerca del hombre en sí mismo, más allá de su imagen así establecida. De su vida antes del papado, sólo hay un clip de archivo en el que se dirige a una muchedumbre en los años ’90: más que como un arzobispo, habla como cualquier líder sindical peronista o cualquier político en plena campaña. 
En cada uno de sus viajes, desde las Filipinas hasta los campos de refugiados de Medio Oriente, la cámara se aproxima para mostrar cómo el Papa trabaja a las multitudes, deteniéndose morosamente en los rostros extasiados o llorando de la gente. Luego se mantiene vigil mientras una anciana se lleva la mano de Bergoglio a la boca y allí la deja durante demasiado tiempo. La cámara se mantiene bien cerca cuando los hombres lo besan y acarician, algunos clamando “¡Nobel! ¡Nobel!” Después hay tomas de exuberantes banderas y pancartas (“¡Grazie, Papa!”). Francisco goza con la adulación. 
Una serie de imágenes escenificadas
¿Quién no recuerda las imágenes escenificadas del presidente Clinton, solemnemente y en perfecta soledad, recorriendo las playas de las playas de Omaha? ¿O aquellas otras del presidente Obama haciéndose fotografiar, solemnemente y en perfecta soledad, recorriendo las playas del golfo donde ocurrió el derrame de petróleo de Deepwater Horizon? Wenders repite la apuesta una y otra vez a lo largo de este documental. 
Aquí está Francisco, solemnemente y en perfecta soledad, contemplando el río Jordan, de pie frente al Muro de los Lamentos, o mirando hacia una calle en ruinas. Filmado desde atrás, este toma en particular no trae a la memoria a Gary Cooper dirigiéndose a pie hacia el centro de Hadleyville. Donde quiera que haga pie Francisco, siempre estamos en “A la hora señalada”.
Aparecen cintas apocalípticas de Hiroshima. Por entonces Bergoglio apenas si aprendía a caminar. Pero se presenta como el protagonista del “Canto a mí mismo” de Walt Whitman: “Yo soy el hombre, he sufrido, estuve allí”. La pose resulta completamente inútil si se trata de entender las complejidades detrás del bombardeo de Hiroshima o las necesidades trágicas de una guerra defensiva—cosa que papas anteriores trataron de entender en medio de su angustia.  
La cámara vuelve a viajar en el tiempo para dejar que la distancia en el tiempo dramatice adecuadamente cómo el Papa se aleja en soledad después de la recorrida del campo de Auschwitz. Después salta hasta el rostro de Francisco, siempre solemne y en perfecta soledad, sentándose, la cabeza gacha, en una oscurecida celda del campo—una evocación de Jesús llorando sobre Jerusalén. Escenificado por la cámara y tras una serie de horrorosas escenas de archivo sobre el campo, este constituye uno de los episodios más desvergonzados de este deshonesto documental. La escena en que contempla a Israel le quita todo contenido salvo un muy bergogliano suspiro por los contrafácticos que hubieran podido ser.
Contradicción entre la imagen y la acción
Las viñetas de lugares comunes se suceden una tras otras como las cuentas de un rosario. El humilde Francisco besa pies; el paternal Francisco se divierte con los dibujos de los niños, el tierno Francisco le da unas palmadas a los enfermos. Échenle una ojeada al papa al lado de Stephen Hawking. Admiren su dulce sensatez cuando está en compañía de jefes de estado. Maravíllense como se gana las ovaciones de inmensas muchedumbres en el escenario del mundo. 
Un lance revelador ocurre en un hospital africano. Una paralítica yace inmóvil en cama cuando Francisco se agacha para tocarle la cabeza. De repente un empleado se lanza hacia adelante para retirarle la frazada exponiendo ante la cámara la mano temblorosa del paciente, para destacar el patetismo de la escena.  Ella le echa una ojeada a la cámara.  Después de todo, no es más que un montaje.  
Vinculando el caleidoscopio de escenas, siempre está la voz de Wenders. En un segmento auto-adulador, Francisco sobreactúa. Cuenta una anécdota sensiblera de un llamado telefónico, efectuado a pedido de la madre, que le hizo a un chico de ocho años que se moría de cáncer. Después de varias intentonas fallidas, Francisco deja su mensaje en el contestador telefónico  y, mirabile dictu, el niño murió “reconciliado con su propia muerte”.  Pero, no habiendo hablado con el niño, ¿cómo podía saberlo! En la ficción de Dickens, la muerte de la pequeña Nell resultaba risible en el esforzado intento de conmovernos hasta las lágrimas. En la vida real, y de parte de un papa que se auto adula desvergonzadamente, su replay resulta obsceno. 
Pero la preocupación de Francisco por una sola niña condenada a muerte no se extiende aquí a los aún no nacidos. Francisco guarda silencio ante la campaña en favor del aborto en Irlanda, un tema decidamente definitorio de nuestro tiempo. Presentado justo antes del voto, el documental no tiene ni una sola palabra en favor de la vida de los niños en el vientre materno. 
Una simulación de intimidad personal 
Wender utiliza efectivamente un “Interrotron” el invento de Errol Morris: se trata de un ingenioso dispositivo que crea la ilusión de que uno está accediendo a la vida emocional del entrevistado. Bajo la hipnótica luz de la pantalla cada espectador tiene la sensación de que hace contacto visual íntimo con la persona de Francisco. 

Dirigiendo su mirada al “Interrotron”, Francisco le habla al rostro de Wenders que está en la pantalla que tiene en frente. En realidad, Wenders estaba a unos 20 metros usando auriculares. El dispositivo reproduce cambios en la expresión facial y otros gestos que no se advertirían si el entrevistado fuera filmado de manera convencional.
En verdad, el medio se ha convertido en el mensaje. La simulación de intimidad personal que se logra con este dispositivo tiene una eficacia que no puede compararse con los medios de filmación convencionales. Le confiere una apariencia de solvencia a untuosas banalidades y a los lugares comunes de la ideología.  
El propósito del Papa Francisco no es el de informar, sino el de crear un aura. Francisco es un paternal mesías que nos recuerda que tenemos que bajar un cambio y jugar con nuestros hijitos. Tengamos sentido del humor. Y no nos olvidemos de sonreír: “¡Una sonrisa es la flor del corazón!” Las puerilidades hechas de dulce de leche con miel apuntan a la sensiblería de la gente del común que Francisco corteja y alienta. 
Todos somos “hijos de Abrahán”. Adoramos al mismo Dios; somos todos parte de una sola familia y Jesús es “nuestro hermano mayor”. Las verdades más molestas no tienen lugar en este equivalente religioso de la ópera bouffe. Francisco reproduce el tema de los musicales de Gilbert y Sullivan: “¡Nada importa el por qué y el por tanto / El amor puede nivelar los rangos, y por tanto…! (“Los piratas de Penzance”)”. Lo que nivela los rangos, bien puede nivelar los dogmas. Y a eso estamos jugando. Francisco no está restaurando la Iglesia sino que la está descristianizando.  

El Papa Francisco planeó esto ni bien asumió el pontificado
“El Papa Francisco” es un documental inquietante, no sólo por su exaltación de la figura de Francisco y sus políticas, sino por haber sido planificado desde el comienzo de su ascensión al papado. 
La página Biography.com declara que Wenders recibió una invitación por escrito  para “colaborar” con el Papa Francisco en la producción de un documental sobre su papado en el año 2013, el año en que empezó su reinado. Wikipedia fija la fecha como del año 2014. (La oficina de prensa del Vaticano se mostró veloz: ni bien se presentó, el documental ya tenía una entrada en Wikipedia, como si fuera un clásico en la historia del cine). 
De entrada, Bergoglio se concentró en documentarse a sí mismo como el héroe de su propio pontificado 
Dario Edoardo Viganò, un sacerdote italiano dedicado a la semiología del cine y de los audiovsuales, estableció el contacto entre Francisco y el productor de cine. Amigo personal de Wenders, desde que se conocieron en el Festival de Cine de Venecia en 2004, Viganò fue el primer enviado del Vaticano al Festival de Cine de Cannes del año 2015. En ese año, Francisco fundó el Secretariado para las Comunicaciones del Vaticano, designando a Viganò como su primer prefecto. Esto es crucial: de entrada, Bergoglio se había propuesto documentarse a sí mismo como el héroe de su propio pontificado. Así las cosas, el documental subordina la substancia de su papado a la personalidad de Francisco y sus tiquismiquis secularistas: “Él es el pastor del mundo entero. Su vida misma es como una homilía”, le dice un viejo amigo a la cámara.
¿Cómo termino? La Secretaría para las Comunicaciones es una mala copia del Ministerio de la Verdad. Todo está en cómo se dicen las cosas. Lo demás es puro espectáculo, llevándonos en andas de las olas de las sucesivas imágenes. Emociones inducidas a fuerza de imágenes triunfan por sobre las palabras y las razones. Pensado para promover el culto de su personalidad, “El Papa Francisco” hace un ídolo del Papa y reduce el cristianismo al nivel de cualquier ideología. 


Tradujo Jack Tollers)

viernes, 8 de junio de 2018

Golondrinas peronistas


Apareció ayer una rotunda declaración contra el aborto de importantes referentes del peronismo. 
Podemos dormir tranquilos. Próceres de la Patria tales como Carlos y Eduardo Menem, Hugo Moyano, Antonio Caló, Julio Piumato y Eduardo Valdés están de nuestro lado. Argentina es, indiscutiblemente, una nación particularmente bendecida por la Virgen. 
¿Qué decir de todo esto? Creo que lo más importante lo dijo Aristóteles: "Añádase también, que estas condiciones deben ser realizadas durante una vida entera y completa; porque una sola golondrina no hace verano, como no le hace un sólo día hermoso; y no puede decirse tampoco, que un sólo día de felicidad, ni aun una temporada, baste para hacer a un hombre dichoso y afortunado". (Ética a Nicómaco, I, 4). Si estos tristes personajes son convencidos antiabortistas -lo cual está muy bien-, pero siguen robando, enchastrándose de corrupción, sin el menor escrúpulo para la extorsión y la mentira, y quién sabe cuántas cosas más, no me sirven ni me interesan. Un sólo acto bueno, como es firmar esa declaración, no los hace buenos, ni los limpia, ni los purifica ni mucho menos los hace amigos. Una sola golondrina extraviada no indica que llegó el verano. Para eso es necesario que se asomen en el cielo innumerables bandadas de miles de golondrinas. 
Pero más importante aún que la enseñanza de Aristóteles, es entender que la nuestra no es una religión biológica. Los católicos no somos miembros de Greenpeace que, en vez de defender ballenas, defendemos a los niños que aún están en el vientre de su madre. Defendemos a éstos, y  también a los cetáceos, porque creemos y amamos a Dios. Somos católicos no porque somos antiabortistas y provida, sino porque confesamos a la Trinidad Santa y al Hijo Jesucristo el Señor, que se encarnó en las entrañas de la Santísima Virgen María y que, derramando su sangre, nos redimió del pecado. Esa es nuestra fe. Las proclamas providas no lo son. 
La declaración peronista me parece bien y ciertamente nos proporciona algunas horas de alivio en medio de la batalla contra el Mal empañuelado de verde. Y creo que debe ser usada del modo más sagaz posible por aquellos que están dirigiendo -y lo están haciendo muy bien-, la campaña contra la ley del aborto. 
Pero no nos confundamos. Unos y otros son liberales aunque con distinto pelaje. Ambos son orcos; la diferencia está en que unos eructan en público y otros no. 

jueves, 7 de junio de 2018

Una foto y una carta


Ayer, la vicepresidente de la Nación, doña Gabriela Michetti, convocó a todos los funcionarios nacionales que están en contra de la ley que despenaliza el aborto, que concurrieran a las puertas del Congreso a fin de sacarse una foto. Y así lo hicieron el mediodía de hoy. 
El único medio que hasta el momento se ha hecho eco de la noticia es la agencia católica Aica. El resto, dedican sus portales a noticias de mayor relevancia como el suicidio de la hermana de la reina Máxima.
La iniciativa está bien y es mejor que nada. Todo ayuda en una batalla que, mucho me temo, perderemos. 
Sin embargo, una foto no es suficiente. Lo que está en juego posee un nivel mucho más profundo, casi ontológico: la lucha del Bien contra el Mal que se presenta ya desembozadamente. Como decía Ludovicus citando a Chesterton, “La cuestión es bien clara ahora. Es entre la luz y la oscuridad, y todos deben elegir en qué lado están”. 
Como en su momento hicieron gobernantes y funcionarios de otros países, creo que todos los católicos que actualmente poseen un cargo político en el ejecutivo del gobierno federal, si la ley es aprobada, deberían renunciar. No se puede ser cómplice de un gobierno asesino.
Cosa un poco distinta ocurrió en Italia, donde Lorenzo Fontana, el nuevo Ministro de Familia, sin pensar en ninguna corrección política salió a decir no con una foto sino con una carta pública lo que piensa del la guerra, y la derrota, cultural que estamos viviendo:


Distinguido Director,
Le agradezco a usted, a Il Tempo, a su redacción y a todos aquéllos quienes me han expresado su apoyo en estos días donde hay fuertes intento de atacarme personalmente y también a los valores en los que se ve reflejada la mayoría silenciosa y pacífica del país.
Lo que hemos visto recuerda amargamente las previsiones de Gilbert Keith Chesterton: “Las espadas serán desenvainadas para demostrar que las hojas son verdes en verano”, una profecía que ya no parece tan remota. Y esto es lo que pasó.
Hemos afirmado cosas que pensábamos que eran normales, casi obvias: que un país para crecer necesita tener niños, que la mamá se llama mamá (y no progenitor 1), que el papá se llama papá (y no progenitor 2). Hemos dicho que los últimos y los únicos que deben tener la palabra sobre la educación, crecimiento y cuidado de los niños son su propia mamá y papá, principio sacrosanto de libertad.
La reacción —de ciertos ambientes que han hecho del relativismo su bandera— ha sido violentísima. Ha comenzado una feroz ráfaga de insultos, ofensas, incluso personales, amenazas (que serán llevadas a la atención de las oficinas competentes).
Las redes sociales han amplificado el alcance de esta acción, por algunos llevada al extremo. Vivimos en tiempos extraños. La furia de cierta ideología relativista va más allá de los confines de la realidad, llegando incluso a poner en duda algunas transparentes evidencias, que encontramos reflejadas plenamente en nuestra Constitución.
“La República reconoce los derechos de la familia como sociedad natural fundada sobre el matrimonio”, dice el artículo 29, que será el principio de acción del Ministerio.
Dicho esto: la revuelta de las élites no nos asusta y no nos asusta enfrentar la dictadura del pensamiento único.
Seguiremos adelante, con gran motivación, tenemos muchos proyectos para implementar. Lo haremos con los muchos que —como usted— nos han manifestado su solidaridad. Ustedes han estado conmigo  y son muy numerosos, y a todos va un sentido agradecimiento.
La historia nos conforta. “Os llamarán papistas, retrógrados, intransigentes, clericales: ¡estad orgullosos!”, decía San Pío X. Y nosotros estamos orgullosos de no tener miedo de decirnos cristianos, de decirnos madres y padres, de estar por la vida.
Tenemos hombros los suficientemente anchos para resistir los ataques gratuitos respondiendo con la evidencia de los hechos, la fuerza de las ideas y la concretización de las acciones. Honor sea dado a un diario libre que tiene el coraje de expresar posiciones a contracorriente. Nunca antes en la historia había ocurrido que luchar por la normalidad se haya convertido en un acto heroico.
Con estima, 

Lorenzo Fontana
Ministro de la Familia

martes, 5 de junio de 2018

Tocando el mal con la punta de los dedos


por Ludovicus


Viendo el debate entre providas y abortistas que se ha desarrollando en la Cámara de Diputados, no puedo dejar de pensar en la última frase de Chesterton. Según Maisy Ward, “La cuestión es bien clara ahora. Es entre la luz y la oscuridad, y todos deben elegir en qué lado están”.
Y es que el contraste es impresionante. En los breves 7 minutos otorgados a cada intervención, en el alma de cada ponente, en sus rostros, parece concentrarse de modo físico el bien en unos casos, el mal en los otros. Es tal el espesor, la densidad de estas opciones, que uno se siente tentado a pensar en un Juicio Final adelantado, cifrado en una opción fundamental: a favor o en contra de la vida, o de la Luz, o del Bien. Opción que se parece a un acto de fe.  Siempre me llamó la atención que cuando Cristo resume la pauta de la salvación eterna, recurre al menos “activo” de los actos: “Quien no cree ya está juzgado”. Quien vea el debate, y animo a todos a hacerlo, encontrará de un lado mayormente personas admirables, que escriben las ponencias con su propia sangre: padres adoptivos de discapacitados, hijos producto de violaciones que agradecen a sus madres no haber recurrido al crimen, mujeres que han abortado hoy abiertas en dos por la pena y el arrepentimiento. Mujeres que han llevado un embarazo con el bebé y el cáncer a cuestas. Heroísmo a fuego blanco, en un tiempo de tibieza. A veces hay en los expositores como un olor de santidad y de destellante claridad, y uno se dice “la mejor gente está acá, en este momento”. Cuando la integridad moral se encarna en Seriedad, se martiriza en testimonio de la razón, brota esta luz, esta joya de la moral que son las virtudes. Aún en la Cámara de Diputados.
 Por el otro lado, un abismo de negrura, que justifica la frase de Peter Kreft: “han invertido sacrílegamente el sentido de la frase Esto es mi Cuerpo”. El núcleo de los cientos de intervenciones a favor de la ley consiste en el repudio de la propia naturaleza y la reivindicación de la voluntad desnuda y omnímoda expresada en el derecho a abortar. Se niegan a los argumentos científicos, a la evidencia, a los propios principios liminares de los derechos humanos.  Asombra y causa espanto la ausencia de dudas en el lado oscuro, los argumentos siniestros y perversos, hasta que se entiende, casi en una impresión táctil, que hay algo duro, frío y cerrado a toda luz de la razón.  Es la elección del mal, casi en una inversión de la syndéresis que la metafísica declara imposible pero que puede sintetizarse en el himno de las célebres brujas: “lo bueno es lo malo, lo malo es lo bueno”. También en la mayoría de estas intervenciones, se intuye y frecuentemente lo confirman expresamente las expositoras, que están escritas con sangre, pero la de sus hijos. El remordimiento, ahogado en una fuente de sangre, sigue burbujeando.

Una palabra para el iniciador de este proceso, ese Kerensky de country: La concentración del bien y del mal no deja lugar a  las jugadas oportunistas, a las fullerías de tahúr barato y a las maquiaveladas de salón. La prescindencia se pagará, probablemente pronto, y la sangre no paga sino con un campo de sangre.