lunes, 21 de septiembre de 2020

Hacia un catolicismo jacarandoso

  Recuerdo con precisión un diálogo que tuve con mi abuela cuando yo era niño. No sé bien a cuento de qué, pero en esa ocasión me dijo que así como el primer fin del mundo había sido por el agua, el segundo y definitivo sería por el fuego. Y yo imaginé ese día como un enorme incendio. Le pregunté entonces cómo sabríamos que ese momento estaba cerca, y me respondió que un signo sería que los hombres se vistieran de mujer, y yo imaginé un planetario baile de disfraces.  

La anécdota es verdadera. La primera parte no es novedosa, porque las profecías anuncian el fuego en las postrimerías del mundo, pero no sé de dónde habrá sacado mi abuela la segunda parte. Lo cierto es que si vemos lo que ha ocurrido en las últimas décadas, la situación es la inversa: son las mujeres las que se visten de varones, pues ya quedan pocas que siguen usando falda y todas calzan pantalones. Sin embargo, si recurrimos a una interpretación más simbólica que literal de la predicción, pareciera que, a tenor de lo que estamos viendo, mi abuela diría que estamos viviendo los tiempos cercanos al día de fuego, puesto que

los hombres no se visten sino que se transforman en mujeres

No sería novedoso ni tampoco es objetivo de este blog discutir la homosexualización del mundo contemporáneo, pero en el último lustro estamos viendo con alarma que lo propio está ocurriendo en la iglesia. Ya no se trata sólo de sacerdotes, obispos y cardenales con vidas desordenadas y conductas sodomíticas; a lo que estamos asistiendo propiamente es a la instauración de una agenda gay, en orden a que en poco tiempo la homosexualidad sea aceptada por la moral católica y su práctica se convierta en una opción válida de vida para aquellos que así lo deseen. Dado que me resisto a llamar a esta nueva religión “catolicismo gay”, utilizo un equivalente castizo, y hablo entonces de “catolicismo jacarandoso”.

No sé si esto significa ser apocalíptico. En todo caso, se trata de observar hechos. Y aquí propongo tres de ellos ocurridos en los últimos días:

El miércoles 16 de septiembre el Papa Francisco recibió después de la audiencia general a un grupo de padres de hijos homosexuales, y que reivindican el derecho de sus hijos a un estilo de vida jacarandoso, y les dijo: “El Papa ama a vuestros hijos así como son porque son hijos de Dios”. El típico discurso bergogliano: decir las cosas a medias, del modo más confuso posible, para que sea interpretado a gusto del oyente, habilidad adquirida en los oscuros claustros de la Compañía. Es verdad que una persona bautizada y que es homosexual es hija de Dios y Dios la ama. El problema está en la afirmación de que ese amor es al homosexual “así como es”. ¿Se refiere a la sola condición, que en sí misma no constituye pecado y es un fruto más de la caída original, o al ejercicio de la conducta homosexual, que sí constituye un gravísimo pecado contrario a la ley de Dios? Los medios de comunicación, como era previsible, tomaron la segunda interpretación. Y así tenemos otra expresión pontificia en favor de las conductas homosexuales.

Se está dictando en modalidad virtual la materia “Sagradas Escrituras V”, dedicados a los libros proféticos, en la Facultad de Teología (algunos malvados aseguran que ya ha mudado su nombre y ahora se conoce como Facultad de Trología) de la Pontificia Universidad Católica Argentina, que tiene a cargo el P. Eleuterio Ruíz, de la diócesis de Lomas de Zamora y miembro de la Pontificia Comisión Bíblica. Como pueden ver en el programa, en la primera unidad se dedica un apartado a estudiar “Exégesis bíblica y contextos: lecturas popular, feminista, pos-colonialista, queer…”. Por la información adicional que tenemos, no parece ser un detalle sino un aspecto importante del dictado del curso. El fenómeno queer se suele traducir como torcido, y hace referencia a todos los especímenes del género humano que se resisten a encuadrarse no sólo ya en las categorías binarias de varón y mujer, sino incluso en las LGTB. Son algo torcido o queer, que escapa a cualquier clasificación. Uno de sus representantes icónico —el actor americano Ezra Miller— ha afirmado: “No me identifico como hombre; no me identifico como mujer y escasamente me identifico como humano”. ¿Cómo es posible que en una universidad católica y pontificia se legitime este tipo de interpretaciones sacrílegas de la Palabra de Dios? ¿No es acaso sacrílego proponer una lectura queer de la Revelación del Dios Altísimo?


Finalmente, la semana pasada Mons. Alejandro Giorgi, obispo auxiliar de Buenos Aires y del que ya nos hemos ocupado en este blog, invitó a todos los fieles de la arquidiócesis a participar de la VI Semana Bíblica Arquidiocesana de Buenos Aires. Hoy lunes 21 de septiembre a las 19 hs., tendrá lugar por Zoom la primera conferencia a cargo del Ariel Álvarez Valdés (aquí dejo el link por si algún lector del blog quiere participar: Zoom – ID 875 3566 1513). La Santa Sede le prohibió a este sacerdote enseñar y él abandonó el ministerio. Razones habían: afirmaba que la Virgen no era virgen, que los milagros tenían explicación natural, que el demonio era un cuento chino, que Adán y Eva eran mitos pues venimos del mono, etc. Es decir, la Sagrada Escritura debe ser leída de un modo simbólico y desmitificado, como corresponde a cristianos adultos como nosotros. Álvarez Valdés publicó en 2015 un trabajo titulado: “¿Hizo Jesús un milagro a un homosexual?”. Allí realiza una interpretación del milagro de Jesús al centurión de Cafarnaúm, tal como aparece en el Evangelio de Mateo, y analiza el trasfondo de los términos griegos empleados en la narración, concluyendo que el joven por el cual el militar solicita un milagro era su pareja. Sin juzgar, como nos manda el Romano Pontífice, sobre las fantasías febriles del Sr. Álvarez Valdés con centuriones, sargentos y furrieles, me pregunto cómo es posible que un obispo católico (Mons. Giorgi) pueda avalar como actividad diocesana a un personaje de esta ralea. 


[By the way, el nombre de Mons. Alejandro Giorgi suena como próximo obispo de San Rafael. Probablemente sea un rumor infundado, pero lo cierto es que hoy lunes Mons. Eduardo Taussig ha viajado en automóvil a Buenos Aires, donde se entrevistará con el recién estrenado nuncio apostólico, y el próximo domingo vuela a Roma de donde ha sido llamado con cierta urgencia por el Papa Francisco. Le espera una entrevista con el cardenal Stella, en la que se afinarán los detalles de la liquidación del seminario diocesano de San Rafael, y luego otra con el Santo Padre, en la que se decidirá su futuro. Estimamos que recibirá la paga bergogliana por su servicio prestado a la iglesia].


jueves, 17 de septiembre de 2020

La distopía de don Gabino

Era la tarde un sábado de septiembre y los oreos primaverales se dejaban sentir en San Etelberto. Las ramas escuchimizadas de los sauces brillaban de verde radiante y los ciruelos se habían sonrosado. Luego de un breve garbeo, don Gabino se había sentado en un banco de piedra mohosa que se recostaba sobre un viejo pino que se alzaba en uno de los extremos de su jardín.

— Se está pasando rápido el año —pensó don Gabino—, y en cuanto nos descuidemos se nos habrá ido el 52. 


La guerra había acabado hacía siete años, Evita había muerto hacía dos meses y Perón era nuevamente el presidente de Argentina. Estados Unidos continuaba con sus experimentos atómicos y en Europa comenzaba a reunirse en una suerte de parlamento multinacional los productores de acero y carbón. Noticias todas prosaicas y aburridas. 

Don Gabino se sentó en su parterre dispuesto a leer un libro que Mr. Pale, el dueño de la librería del Tiempo del ángel, le había regalado para festejar la apertura de su nuevo local. No parecía gran cosa: su tapa, con trazos futurista, representaba a hombres caminando cabizbajos por una calle gris, en medio de edificios altos, feos e igualmente grises. Distopía se titulaba, y leyendo el título de los capítulos confirmó su sospecha de que se trataba de un libro de ciencias ficción religiosa, como los que les gustaba escribir a Robert Benson, Vladimir Soloviov, Hugo Wast o a un cura revoltoso llamado Leonardo Castellani.

Sin muchas ganas —no era afecto a ese tipo de fantasías literarias—, comenzó a leer. 

La trama se desarrollaba en un país incierto en el que toda la población había sido confinada en sus casas a lo largo de los últimos meses y podían salir solamente para atender a las cuestiones básicas. Debían hacerlo con el rostro cubierto por un ancho bozal y quien no cumplía con esa disposición, era encarcelado. Todos los habitantes —niños, adultos y ancianos— llevaban permanentemente consigo un pequeño dispositivo con el que podían comunicarse fácilmente aún con los lugares más remotos del planeta, y a través del cual recibían incesantemente noticias, opiniones y alertas que eran emanadas de centros de información distribuidos en todo el mundo, y que pertenecían a muy pocos dueños. Esos mismos dispositivos, además, permitían que cada uno de los habitantes de ese país pudiera ser rastreado y ubicado a cada instante en el lugar en el que se encontraba. Todos sus movimientos y todas sus comunicaciones —las que emitía, las que recibía y las informaciones que leía— eran almacenadas por el gobierno.

La sociedad de ese país regulaba el nacimiento de los niños impidiendo su concepción, o bien, asesinándolos antes de nacer, y lo hacían sin remordimientos; al contrario, todos estaban felices y orgullosos de haber conquistado lo que consideraban un derecho. Además, habían decretado la existencia de diversos “géneros”, llamando así a las identidades sexuales que no necesariamente coincidían con el sexo biológico y, a fin de incentivar los tránsitos genéricos, se multiplicaban subsidios estatales, empleos privilegiados y otros beneficios a todos aquellos que adoptaban un género diverso a su sexo. En todas las escuelas —incluidas las católicas— los niños eran adoctrinados en esta nueva teoría y para ellos era ya normal que alguno de sus compañeros se convierta en compañera, o que otro tuviera dos padres, o dos madres; o que su madre fuera un hombre que se vestía de. mujer.

El gobierno de ese país había prohibido la celebración de oficios religiosos y, cuando ocasionalmente los permitía, legislaba sobre el modo en que debían realizarse las ceremonias. Era así que la. mayor parte de los fieles católicos no podían asistir a misa ni comulgar. Los obispos obedecían solícitamente los mandatos del gobierno y ellos mismos se dedicaban a vigilar, identificar y castigar a todos los sacerdotes que osaban infringir las leyes, desalentando a los fieles a participar de cualquier encuentro religioso. Algunos pocos religiosos, en secreto, celebraban misas en casas particulares donde se reunían grupos pequeños de familias, que debían llegar allí sigilosamente a fin de no ser denunciadas a la policía y al obispado por los vecinos.

El Papa, un personaje proveniente de un país inconcluso y fracasado, había adoptado el discurso y el lenguaje de las organizaciones internacionales. Se sentía a gusto con la agenda que había sido impuesta por un club de naciones y por un grupo de poderosos millonarios. Escribía una encíclica llamando a la fraternidad universal y su máxima preocupación era atender y cobijar a una marea de inmigrantes musulmanes que invadían diariamente los territorios cristianos. Afirmaba que resultaba indiferente la religión a la que cada cual pertenecía, fuera cristiano, judío o musulmán, puesto que todos caminaban hacia un mismo dios. Hacía públicas sus amistades con notorios ateos a quienes confesaba sus dudas de fe y relativizaba conceptos como los del pecado o del infierno. Además, autorizaba el adulterio y promovía el cambio de género recibiendo en su sede romana a personas que lo practicaban y alentando a quienes lo promovían.

Al mismo tiempo, perseguía a las pocas congregaciones religiosas que continuaban con los usos tradicionales y deponía de sus sedes a los escasos obispos que no se amoldaban estrictamente a su nueva visión de la iglesia. 

Don Gabino terminó el cuarto capítulo y cerró libro.

— Demasiado fantasioso —dijo— Y ya sé como termina: en un par de capítulos, más aparece el Anticristo y se asoma el fin de los tiempos. 

Se levantó del poyo y volvió a su casa dispuesto a devolverle el libro a Mr. Pale y a recomendarle que no lo vendiera ya que no era bueno excitar las imaginaciones calenturientas de los vecinos del pueblo. 

lunes, 14 de septiembre de 2020

Llegó la bendición del Papa Francisco

  


No me refiero a que el Santo Padre haya enviado a este blog su bendición apostólica. Es un hecho improbable aunque, si acaeciera, sería recibido con gozo y gratitud. Me refiero a que el ascenso del Papa Francisco al solio petrino ha sido una bendición para la Iglesia, del tipo de bendiciones que Dios suele propinar a aquellos a los que ama, como le recriminaba santa Teresa. 

Lo que quiero decir es que la iglesia vivió durante décadas sometida a una enfermedad terrible, que fue corroyendo sus órganos rápidamente, y muy pocos se dieron cuenta de la situación. Y estos pocos fueron silenciados o excomulgados. El resto, la enorme mayoría de fieles y clérigos, prefirieron seguir creyendo que la vitalidad ficticia que ocasionaba en ese cuerpo enfermo la morfina por goteo que recibía durante el rimbombante pontificado de Juan Pablo II era signo de salud y no un mero enmascaramiento de la gravedad de la situación. Creían que las multitudes que recibían el papa polaco en cada ciudad que pisaba era signo de un resurgimiento del cristianismo, o que las populosos e inútiles JMJ evidenciaban la conversión en masa de la juventud. Lo cierto es que las décadas juanpablistas y benedictinas no hicieron más que disimular el agresivo cáncer que se estaba diseminando por todo el cuerpo eclesial (sería ingenuo pensar que todo esto comenzó en 2013).

Fueron los largos años del auge de los movimientos neoconservadores, nuestros conocidos neocones, a los que muchos veían como la nueva manifestación del Espíritu en la iglesia. Opus Dei, Neocatecumenales, Focolares, Schöenstatt, Legionarios de Cristo, otros de cabotaje como Fasta o el IVE, y muchos más, vivían en la fantasía de la arrolladora primavera eclesial liderada por un papa carismático y magno, con potestad para determinar incluso lo bueno y lo malo. 

Varios años después, mirando hacia atrás, podemos decir que lo único que se logró fue perder un tiempo valiosísimo e irrecuperable; se enmascaró la situación gravísima por la que atravesaba la iglesia, originada por una monumental pérdida de fe, con oleadas de multitudes cantando al mensajero de la paz y, más recientemente, con la pompa y circunstancia del pontificado del papa Benedicto. 

El pontificado del papa Francisco levantó la alfombra y mostró crudamente la basura que estaba acumulada debajo. Un espectáculo triste y cruel, e impensado. Porque la pérdida de fe está mucho más extendida de lo que se creía, es mucho más profunda y afecta a la enorme mayoría del colegio episcopal, con lo cual las posibilidades de restauración son mínimas. Por otro lado, nos enteramos que esa crisis estaba acompañada de un hecatombe moral entre los miembros del clero que nadie hubiera supuesto hace algunos años, y que quienes tenían elementos para suponerla se dedicaban a viajar por el mundo para recibir aplausos y aclamaciones.

Francisco puso negro sobre blanco. Nos mostró la realidad, nos guste más o menos. Y eso es ya una enorme bendición. Nadie puede curarse si vive en la fantasía de que está sano. Ahora sabemos la gravedad de la enfermedad, y son muchísimos los que están cayendo en la cuenta y están actuando en consecuencia. E insisto, eso es una gran bendición.

La reacción de muchos neocones es sorprendente, y basta ver algunos ejemplos. Hace ya algunos años que ciertos grupos de miembros del Opus Dei (numerarios y supernumerarios) habían comenzado a expresar su malestar. El detonante fue la nominación como segundo de la prelatura de Mons. Mariano Fazio, un bergante trepador, y como tal era conocido y considerado en Argentina. Habíamos dado cuenta en este blog de las ayudas escondidas que estos miembros del Opus le hacían llegar a Mons. Rogelio Livieres cuando fue defenestrado de su diócesis. Pero últimamente, muchos de ellos han dado un paso más significativo y asisten a la misa tradicional en los prioratos de la FSSPX. Y una actitud similar han tomado un buen número de fieles de parroquias “normales” que, ante la cobardía y traición de obispos y curas durante los tiempos de cuarentena, no dudaron en buscar refugio espiritual en las misas de la Fraternidad. Estos hechos, impensados hasta hace unos pocos años, muestran un incipiente desmoronamiento del neoconismo: los fieles se animan a pensar por sí mismos, a seguir a su conciencia y a liberarse de los escrúpulos romanistas a los que estaban sometidos.

Veamos otra cara de la bendición del papa Francisco. Son muchos los que se están animando a decir las cosas como son, con una crudeza asombrosa, que hasta hace un tiempo estaba limitada a blogs disruptivos como Mundabor, Rorate Coeli, Wanderer y alguno más. Marco Tosatti nunca fue tradicionalista ni crítico de la iglesia. Conocido vaticanista, fue cercano a Juan Pablo II y calificaría con honores para integrar el grupo neoconservador. Sin embargo, la semana pasada publicó en su blog (que cosecha más de dieciocho millones de lectores) una entrevista que le hicieron en USA y en la que entre otras cosas, afirma: 

Este es el panorama: Tenemos a Bergoglio que dice cosas, y que habla continuamente de los migrantes; y uno mira qué casualidad, los migrantes y las ONG son el gran caballo de batalla de las finanzas internacionales, de Soros y de la izquierda, etc.  Habla de ecología, pero mira qué curiosidad…la ecología con todas sus enormes contradicciones, es otro caballo de batalla de ese mundo.  [Sin embargo] Habla poco de la familia, lo mismo que de toda una serie de otras cosas. [He dicho lo anterior] Esto es para aclarar el campo. Entonces Bergoglio, como Papa, está renegando de la que siempre ha sido la posición contracultural de los últimos treinta años de la Iglesia, la cual está basada no por los caprichos de los Papas que lo precedieron, sino en la Fe Católica. Este es -muy brevemente- el panorama general.

Entonces la gente queda encantada con el hecho de que [Francisco] sonríe, pero eso no es cierto en absoluto, él es un hombre muy duro, despiadado, vengativo. Sin embargo, los medios de comunicación se dedican a endulzar su imagen, y la gente se lo cree, dado que no tiene otros medios para enterarse y para comprender [esta situación].

Una vez más, afirmaciones como están hubieran sido impensadas hace dos años. El papa Francisco ha abierto los ojos a mucha gente, y entre ellos a muchísimos sacerdotes. Lamentablemente, me parece difícil que los obispos, que son los únicos que pueden encabezar una reforma, sean capaces de la misma actitud. Sus ojos fueron ablacionados en el momento de su consagración. 

Nadie sabe cómo se comportará el futuro. Tosatti dice en la misma entrevista: “También existen consideraciones metafísicas, que señalan que nos acercamos al fin de los tiempos, pero esas cosas se las cedo a los videntes, a aquellos con experiencias particulares. Hay varios que lo dicen. Y quizás no sea una cosa peregrina; es decir, si se ve la realidad del mundo actual desde el punto de vista metafísico, aparecen dos visiones de la vida que se encuentran en fuerte contraposición”. Sabemos que el mundo acabará algún día y sabemos cuáles son los signos que lo precederán. Nos lo dijo el mismo Señor en el evangelio. Es verdad que en varias ocasiones a lo largo de la historia de la Iglesia muchos santos creyeron estar contemplando esos momentos postreros, y estaban equivocados, pero eso no significa que alguna vez, más pronto que tarde, lo profetizado deba cumplirse. 

La otra posibilidad es que esta sea una crisis más de las que asolaron a la iglesia, pero yo no encuentro la forma en que puede manifestarse la solución. Y no tengo por qué encontrarla. De esas cosas se ocupa Dios.


sábado, 12 de septiembre de 2020

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Newman: Doce sermones sobre Jesucristo

 


San John Henry Newman fue, además de intelectual y maestro, un gran predicador, tanto en sus años de párroco anglicano de St. Mary the Virgin en Oxford como en su época de católico en el Oratorio de Birmigham. Uno de los oyentes habituales de sus homilías escribía: “Cuando se lo escuchaba, no podía uno escapar al sentimiento que él hablaba solamente para ti, y que iba a decir de un momento a otro aquello que se creía que sólo nosotros conocíamos”. Y todavía permanece, cuando se lo lee, ese efecto que producía su palabra viva.

En este libro se reúnen doce de sus sermones dedicados a distintos aspectos de la figura de Jesucristo: 

Newman recorre la vida del Salvador contemplando sus misterios tales como la encarnación, los dolores de su pasión, su resurrección o su presencia escondida en medio de la Iglesia y de los fieles.

La selección, realizada y editada en 1943 por Pierre Leyris, permite no solamente profundizar en la fe cristiana sino también introducirse en el pensamiento y la espiritualidad de San John Henry Newman.

El libro cuenta, además, con una introducción del P. Louis Bouyer, uno de los teólogos más importantes del siglo XX y profundo conocedor de Newman y su obra. Como en todos los escritos de Bouyer, asoma la ironía pero, sobre todo, la aguda inteligencia de quien ha sido capaz de profundizar en la letra de los textos newmanianos y muestra la hondura de su riqueza.

Disponible en Amazon.


martes, 8 de septiembre de 2020

La sal que perdió su sabor

     La semana pasado me sorprendí por un gesto inusitado de Mons. Marcelo Colombo, arzobispo de Mendoza. Y así como en muchas ocasiones he destacado lo censurable en nuestros prelados, esta vez es preciso destacar lo bueno. 

    El gobernador de Mendoza, presionado por el gobierno nacional y por los medios de comunicación, decidió aplicar una serie de restricciones extras para enfrentar los contagios de coronavirus, entre las cuales incluyó disminuir el aforo permitido en las reuniones de culto, que pasaron de 30 a 10 personas. Enterado el arzobispo, publicó una carta en la que de un modo muy claro se queja por la falta de consulta para la adopción de tales medidas, y sostiene que “Más consideración han merecido los gimnasios y restoranes. La salud espiritual de los mendocinos también merece ser respetada y alentada”. Un gesto que distingue al arzobispo de mendocino de la mayor parte de sus hermanos que han corrido presurosos a acatar las órdenes de gobernantes inicuos.

  

    Sin embargo, la queja de Mons. Colombo rezuma cierta candidez. El mundo, desde hace ya varios años, considera mucho más relevantes a los gimnasios y restaurantes, entre otros rubros, que a la iglesia. Lo cierto es que la iglesia ha pasado a ser irrelevante y no sólo para los gobiernos del mundo sino también y cada vez más, para los mismos seglares. Es la sal que perdió su sabor.

A partir del Vaticano II, con la cómplice ingenuidad o negligencia de Juan XXIII y Pablo VI, la iglesia se arrojó a los brazos del mundo gritando: “No nos peleemos. Nosotros buscamos lo mismo que ustedes. Ambos somos buenos. Caminemos juntos”. Y el mundo comenzó riéndose a carcajadas mientras continuaba dando puntapiés a esa nueva iglesia boba y solícita, la usó todo lo que la pudo usar y la terminó despreciando. 

Los obispos creyeron que abandonando la misión propia que les había sido encomendada, y que es eminentemente espiritual, e involucrándose en las cuestiones del mundo, cambiarían la tensa relación de enemistad que siempre había existido —y que debe existir porque así los anuncia Nuestro Señor en el evangelio— entre ambos. Y al hacerlo, perdieron el sabor. Como la sal evangélica, los obispos ya no sirven ni siquiera para el muladar. Su destino es ser tirados a los caminos y pisados por los viandantes (Lc. 14, 34).

Trocaron el anuncio del evangelio, cuyo mensaje no consiste en la fraternidad universal ni en la filantropía sino en la redención del pecado original y en la promesa de la vida eterna, por la asistencia social, queriéndonos hacer creer que porque todos los hombres somos hermanos —que no lo somos porque sólo lo son quienes han sido regenerados por las aguas del bautismo— ser cristiano consistía en ser amables y solidarios con los pobres. Nos estafaron y estafaron a un sinnúmero de personas de buena voluntad que terminaron entregando sus vidas a estos fines inmanentes similares a los de cualquier ONG humanitaria.

La semana pasada murió víctima del covid el P. Bachi, un sacerdote villero de Buenos Aires. Había nacido en una villa de emergencia y desarrolló su ministerio sacerdotal entre los suyos. Quienes lo conocieron afirman que era una persona de fe pero desorientado por la montaña de sal sin sabor de la iglesia del posconcilio. Y será el caso de muchos. La elite intelectual de teólogos que enseñan desde sus cátedras romanas o alemanas, a las que los obispos escuchan con devoción, señalaron caminos que no conducen a ningún lugar —ciegos que guían a otros ciegos—pretendiendo hacerse aceptables a los dictados del mundo. 

La semana pasada —el 3 de septiembre— fue el día de San Remaclo, que vivió durante el siglo VII y fue, con todas las letras, un obispo villero, pero no como el infame Jorge García Cuerva de quien ya hablamos en este blog. Era abad en el norte de Francia y llegó a sus oídos lo que ocurría en Maastricht que, en esa época, era propiamente una villa de emergencia, y no solamente por la pobreza de sus habitantes, que eran común en casi toda Europa, sino por sus costumbres, groserías y violencias. Varias obispos habían intentado mejorar la situación, pero había sido inútil. El último de ellos había sido San Amando, que salió de su sede sacudiendo el polvo de sus pies por la imposibilidad de mejorar a sus ovejas. Fue entonces que Remaclo se dirigió al rey Sigiberto con la siguiente propuesta: para cambiar la vida y costumbre de los habitantes de Maastricht no era necesario implementar en primer lugar medidas asistenciales como se había hecho hasta ese momento sin resultado alguno. Era necesario desarrollar en la región la vida contemplativa. El rey accedió, y Remaclo fundó él mismo la abadía de Stavelot, y sus discípulos pronto poblaron toda la región de monasterios. Maastricht se reformó y dejo de ser la villa miseria que era, y San Remaclo fue su obispo durante más de diez años.

Los obispos argentinos han caído en la insignificancia y les resulta imposible remontar la situación. Ni los esfuerzos y millones de pesos que la Conferencia Episcopal destina a consultoras y especialistas en medios que les publican videos semanales que nadie ve, ni los manotazos que dan los obispos por su cuenta han sido suficientes. Muchos de ellos —me consta—, pagan a un community manager que se encarga de administrarle sus redes sociales a fin de gestionar su “imagen de marca”. Y ya vemos los resultados; basta mirar los comentarios que recibieron los tweets de la semana pasada de Mons. Oscar Ojea, presiente de la CEA. Ya nadie les cree ni los considera.

La sal se volvió sosa.

viernes, 4 de septiembre de 2020

Roque Raúl Aragón y una semblanza del P. Castellani


Estimado Wanderer:
Hace la friolera de 27 años, en Bella Vista con los entonces muchachos de la Guardia de San Miguel, organizamos dos "Jornadas de Celebración del P. Castellani" que se desarrollaron los días 14 y 15 de agosto de 1993. 
Hace unos días, me topé por casualidad con los "cassettes" en los que habían quedado grabadas las charlas, debates y discusiones que tuvieron lugar durante aquellos dos inolvidables días. Pero, claro, la perla escondida, estaba en la señal de los festejos, la conferencia inicial de Roque Raúl Aragón, el fundador de la Guardia (junto con el P. Pinto O.P.) quien, en escasos 30 minutos, con su inconfundible cadencia tucumana, su articulado y sencillo castellano (desgrabarlo fue un placer, tan fácil se imponía la puntuación), su tono entre melancólico y esperanzado, su voz de argentino católico militante usque ad finem y su escondida sabiduría, nos entregó a un Castellani perfectamente retratado. 
Como oirán, se trata de una obra maestra de un maestro, un perfecto ejemplo de buena retórica, de oratoria amable, de... sencillo testimonio (con razón que lo queríamos tanto). 
Encontré esta versión en un cassette medio perdido entre mis cosas y lo hice convertir a un formato accesible para los amables lectores del blog de usted. 
Lo encontré de casualidad (sino que la casualidad no existe). 
Sursum corda, 

Jack Tollers 

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Newman sobre la destrucción de Roma

En 1833, John Henry Newman, siendo fellow de Oriel College y párroco anglicano de la parroquia universitaria de Oxford, emprende un viaje al Mediterráneo en el que visita varios países y ciudades, entre ellas, Roma. El viaje tendrá un final doloroso con su enfermedad en Sicilia que casi le cuesta la vida. Roma le impresionó bien pero sigue siendo anglicano y, como tal, conserva varios prejuicios sobre el papado, sobre el clero y sobre la religiosidad católica. Y todo eso puede verse en esta carta. Sin embargo, los conceptos fundamentales que desarrolla son muy interesantes para pensarlos en estos momentos. Hace diez años nos habrían parecido no más que rémoras de un anglicano. Hoy parecen una profecía. 



A Samuel Rickards

Nápoles 14 de abril de 1833


Querido Rickards

Espero que te llegara a su tiempo una carta que te mandé, tarde, desde Falmouth. Desde entonces, mi intención ha sido compensarte por esa tardanza infligiéndote una segunda carta; pero, una vez más, mis propósitos se han frustrado, así que aquí tienes una segunda carta tardía... La primera la escribí cuando estaba a la espera del barco que me iba a llevar desde Inglaterra; y ahora estoy a la espera de otro barco que me lleve desde aquí a Sicilia. Dejé a los Froudes el martes pasado, que salieron en un vapor desde Roma (o sea, desde Civitá Vecchia) hacia Marsella; y yo me vine aquí por segunda vez. […] Tengo amigos aquí y estoy pasando una semana muy agradable, aunque estoy impaciente por llegar a casa. Pasamos cinco semanas en Roma, y lo pasamos deliciosamente; el recuerdo de esos días siempre será para mí una fuente de alivio. Solo Jerusalén puede ofrecer un consuelo y una fuerza superiores al de estar junto a la tumba y a las iglesias de los primeros santos cristianos. Roma es un lugar muy complicado para hablar de él, por la mezcla de cosas buenas y malas; como estado pagano es uno de los cuatro monstruos infieles maldecidos en la visión de Daniel, y el sistema cristiano allí está lamentablemente corrompido; pero es allí donde reposan los huesos de los apóstoles y su clero son sus descendientes actuales. Leyendo el Apocalipsis me ha venido una y otra vez la idea de que la Roma que ahí se menciona es Roma considerada como ciudad o lugar, pero sin referencia alguna a si es cristiana o pagana. Como fuente de poder, fue la primera perseguidora de la Iglesia y, como tal, está condenada a sufrir el castigo de Dios, que aún no se le ha infligido completamente por la simple razón de que todavía existe. Babilonia cayó, Roma es todavía una ciudad; por tanto, el castigo le aguarda. No es mi intención probar esto aquí ahora, pero quería manifestar mi punto de vista. Después de pensar esto me sorprendió ver confirmados varios puntos en un libro de antigüedades romanas que encontré por casualidad. Parece ser que Gregorio el Grande mantenía la idea (cuando Roma llevaba ya 3 siglos siendo cristiana) de que el lugar seguía sujeto a maldición. Y precisamente por ese motivo animó a que se demolieran los edificios paganos, como el Coliseo, por ser monumentos al pecado; y reconozco que tenía un sentido cristiano más sensato que esos modernos que afectan tan tierna afición clásica por lo que fueron los grandes lugares de la impiedad y el escenario de los primeros martirios. Parece también que Gregorio consideraba a Roma especialmente reservada para un castigo más allá de lo humano, porque cita con aprobación la respuesta de un «siervo del Señor» a Alarico (¿?) según la cual Roma no sería destruida por los bárbaros, sino por terremotos, tempestades, etcétera; y añade «que, en parte, hemos visto cumplirse en nuestros tiempos». Y desde luego, por la magnitud misma de esas masas de piedra que yacen en ruinas, uno pensaría que solo las convulsiones de los elementos han podido llegar a derruirlas. Un obispo irlandés del siglo XI (¿?) afirma lo mismo en una supuesta profecía sobre los papas que faltan hasta el final de los tiempos. No me importa que el documento no sea auténtico, y mucho menos que no sea inspirado (aunque

lista que da, quedan solo unos nueve para el último); me basta con saber que se escribió hacia 1600 con el fin de asegurar que saliera elegido un papa en particular. Así pues, está claro que la doctrina ahí contenida cuenta con el respaldo de un considerable número de gente dentro de la Iglesia y que, como tradición, tiene cierta autoridad como opinión de la Iglesia; la cosa se contiene en las últimas palabras, que son más o menos: después de terminar la lista, dice

«Entonces, ella, que se asienta sobre 7 colinas, será destruida, cuando el Señor venga a juzgar la tierra, etcétera». Observarás que el documento lo ha escrito un partidario de la Supremacía Romana, que lo que hace es considerar que la ciudad y el estado siguen sometidos a maldición aunque esté allí la Iglesia. Se puede decir que es imposible distinguir entre el estado y la Iglesia desde el momento en que el Obispo de Roma pasó a ser el soberano temporal. Esto es verdad; y por tanto (suponiendo que esta teoría sea correcta) surge la cuestión de cuándo fue el papa investido con la soberanía, porque ese sería el momento de la Apostasía. Pero aunque concedamos esto, no se sigue de ahí que la Iglesia sea la mujer del Apocalipsis; no más que un hombre poseído por el demonio sea el demonio. Que el espíritu de la antigua Roma ha poseído a la Iglesia cristiana ahí es cosa segura y cierta, que ese espíritu VIVE es certísimo y asunto del todo independiente de esta teoría; y si vive, ¿no habrá que llevarlo al matadero alguna vez? A menudo se ha percibido la resurrección de la antigua Roma en la Roma moderna, pero se ha supuesto que la Iglesia cristiana es la forma nueva del viejo mal, cuando en realidad es una especie de Genius Loci que cautiva y embelesa a la Iglesia que está allí. No lo tengo tan claro como me gustaría, pero creo que esta distinción que hago es importante. Aunque el viejo espíritu hubiera muerto, la ciudad seguiría sometida a la maldición y sus hijos sufrirían por los pecados de sus padres; pero el espíritu vive para mostrar que ellos son hijos de los que mataron a los profetas [Le 11,47). […] Nos sorprendió mucho enterarnos de que la razón por la que Napoleón no trasladó a París la sede del papado (como era su deseo) fue que las autoridades Romanas no tenían jurisdicción fuera de Roma. Yo soy un gran creyente en la existencia de los Genii Locorum. Roma ha tenido un determinado carácter a lo largo de 2.500 años; en los últimos siglos la Iglesia cristiana ha sido el instrumento de su manifestación; es su esclava. Llegará el día en que la cautiva se liberará. Pero cómo trazar la raya entre dos poderes, el espiritual y el demoníaco, que están tan estrechamente unidos, es cosa que supera nuestra imaginación en la misma medida en que a los siervos de la parábola superaba la tarea de separar el trigo de la cizaña; pero que nosotros no lo entendamos no impide que Dios sí lo entienda. De hecho, cuanto más iba conociendo de Roma, más maravillosa me parecía esa parábola, como si tuviera un carácter profético que se cumplía exactamente en el Papado. A lo anterior se puede añadir, como materia para la reflexión de los cristianos, la llamativa confianza de los romanos en su seguridad; su securitas. Piensan que nada puede dañar a Roma. Cuando hace dos años los insurgentes estaban a las puertas, ellos no sentían la menor preocupación. Decían «nada puede dañar a Roma», y seguían haciendo vida normal; es una especie de insensibilidad al miedo. Esto no es muy diferente del espíritu que pudo existir en Babilonia, aunque en personas concretas es muy probable que haya en ello mucha piedad. Por supuesto, ni se me ocurre pensar que no haya muchas buenas personas entre los romanos. Me gusta el aspecto de muchos de los sacerdotes; los

monjes son muy sencillos, amables e inocentes, los aprecio mucho.

Pero me temo que su sistema tiene que paralizar su ethos.

[...]


(En Víctor García Ruiz, John Henry Newaman: el viaje al Mediterráneo de 1833, Encuentro, Madrid, 2018; pp. 313-317)


lunes, 31 de agosto de 2020

Reflexiones concéntricas

Decía yo en el último artículo que la misa patronal de San Luis fue un quiebre. Parecería una afirmación exagerada, y es posible que lo sea y que yo esté equivocado, pero planteo aquí algunas reflexiones.

Analizar la realidad, en este caso eclesial, exige ubicar el hecho concreto en un escenario mayor, o en círculos concéntricos que vayan extendiéndose en el tiempo y en el espacio. No sería extraordinario aunque sí doloroso que Mons. Barba hubiera querido una zambra con guitarreadas en la misa patronal. Es lo habitual en todas las diócesis argentinas; y cuanto más vulgares, mal cantadas y nacionales y populares mejor. Lo que es sorprendente es la participación activa de un travesti en la liturgia. 

Para ser obispo —todos los sabemos— es necesario pasar varios años haciendo las debidas genuflexiones y eso supone cierto grado no de prudencia sino de astucia, no vaya a ser que uno se equivoque con el sujeto ante el cual se postra y le salga todo al revés. Mons. Barba conoce de astucias y de añagazas y sabe perfectamente el alcance de sus actos y de sus gestos.  Tal como dijeron los fieles puntanos, quienes asistieron a la misa patronal lo hicieron por invitación. El travesti no fue porque estaba aburrido o porque vio la puerta abierta del templo. Fue invitado especialmente por el obispo. Pero, ¿éste lo hizo por iniciativa propia? No lo creo. La astucia básica episcopal se lo impediría; se trata de un gesto que lo malquistará con una buena mayoría de su clero y de sus fieles y ningún gobernante querría comenzar así su mandato, y mucho menos en una diócesis económicamente fundida que necesita imperiosamente donaciones para sobreponerse y subsistir. 

Mi hipótesis es que la presencia del travesti en la liturgia fue una orden o, al menos, una sugerencia del Papa Francisco. Puede decirse, y con razón, que el Romano Pontífice nunca se ocuparía en ese tipo de minucias, y así debiera ser en tiempos ordinarios. Pero lo cierto es que Bergoglio envió una carta autógrafa a Mons. Barba saludándolo por la fiesta patronal puntana. Y que el hecho se dio una semana más tarde que alabara públicamente a la monja carmelita descalza que construyó un complejo habitacional para travestis que se dedican (en presente) a la prostitución. Y poco después que enviara ayudas y bendiciones a los travestis romanos que se dedican al mismo oficio. El Santo Padre no hace nada al azar. Son gestos, en mi opinión, que apuntan directamente en una dirección: minar la doctrina católica en uno de sus puntos más visibles e irritantes para el mundo contemporáneo

Ampliemos el círculo y vayamos a lo ocurrido hace poco más de un mes en la diócesis de San Rafael. Cada vez estoy más convencido, contrariamente a mi opinión inicial, que la alcaldeada de Mons. Taussig y el cierre del seminario diocesano fue también una orden directa de Roma, y que el conflicto de la comunión en la mano dio la excusa perfecta —a Roma o a él, no lo sé— para ejecutarlo. Son muchos los indicios. Señalo sólo dos: Mons. Taussig, aún con sus cíclicas rabietas, siempre había defendido a su seminario, y durante los largos años de su pontificado lo mantuvo y lo conservó en la misma línea en la que fue fundado. Más aún, en muchos aspectos lo mejoró, por ejemplo, dotándolo de buenos formadores. Sería muy extraño que por un incidente coyuntural deshiciera más de treinta años de historia. Otro: el anuncio del cierre del seminario fue el 27 de julio; la carta del cardenal Stella ordenándolo, es del 7 de ese mismo mes. Es decir, la decisión romana se tomó en junio, o mucho antes, y apenas apareció la oportunidad o la excusa, se la dio a conocer. Mons. Taussig ya había desplazado al rector y vicerector del seminario para aplacar la sublevación seminaristil. ¿Por qué entonces iba a tomar la decisión del cierre del seminario si la situación ya estaba solucionada con el nombramiento de un nuevo rector? No me extrañaría que en los días que mediaron entre la resolución romana y su publicación en San Rafael, el obispo haya tratado de encontrar una solución que no implicara la desaparición de su seminario. Y no la encontró, pues orden era directa del inamovible Papa Francisco.

Se trata de dos hechos recientes ocurridos en una porción pequeña, aunque relevante de la iglesia pues es la patria del pontífice reinante. Pero extendamos el círculo. Se sabe que las últimas directivas bajadas por Mons. José Patrón Wong, secretario para los seminarios de la Congregación del Clero y, sin duda, imperadas por el Papa Francisco, indican que se produciría un cambio radical en la ratio de estudios de los seminarios, por la cual se desplazarían los estudios filosóficos —ya casi inexistentes— y teológicos, en favor de la formación pastoral. Es decir, lo que el Vaticano espera es que los sacerdote sean, sobre todos, “agentes de pastoral”. Y esta decisión no debería sorprendernos. Como ya dijimos en otra ocasión, Francisco es discípulo del finado Juan Carlos Scannone, s.j., ideólogo de la teología del pueblo, una versión atenuada de la teología de la liberación, según la cual Dios irrumpe en el tiempo a través del pueblo que es fuente de revelación. Los cambios del pueblo son nuevas modalidades de la revelación de Dios. La revelación en la Escritura y la Tradición, que necesitan de la teología para ser comprendidas correctamente, fueron parte de un estadio pasado de la historia de la iglesia. En el momento actual, Dios se revela fundamentalmente en el pueblo. En consecuencia, se necesita de sacerdotes capaces de escuchar a ese pueblo, que es escuchar a Dios, así como en otro momento se necesitaba sacerdotes versados en la teología y la filosofía. Se trata de una línea absolutamente coherente con el pensar del Santo Padre como ya expusimos, por ejemplo, aquí.

Y pasemos a un cuarto y último círculo. En una de las entradas de la semana pasada, Specola reseña un excelente artículo publicado por Marco Tosatti. Copio aquí algunos párrafos: 

Es aceptado comúnmente que al Papa Francisco no se le debe prestar demasiada atención a lo que dice extemporáneamente, ya que rara vez es un pensamiento articulado, sino solo a su enseñanza. El magisterio de este pontífice está compuesto por tres documentos fundamentales: Evangelii Gaudium, donde dice que el peor de los males es la mala distribución de los recursos,  la Amoris Laetitia, donde dice que hay tentaciones de la carne que ya no se pueden resistir y, la obra maestra, Laudato Sì, donde básicamente dice que la redención del hombre consiste en proteger la tierra de sí mismo definido como depredador codicioso. 

El tema de la ‘migración’ es el caballo de batalla de la sociedad abierta de Popper de la que Soros es el profeta, y también es el instrumento con el que el Nuevo Orden Mundial de Kissinger, encarnado en la ONU, que pretende y así lo ha declarado durante décadas, realizar los necesarios proceso de sincretismo religioso, necesario para hacer desaparecer las religiones dogmáticas y por tanto peligrosas para la paz universal. La religión universal se centra en el ambientalismo y por tanto cuando el Papa Francisco, consciente o inconscientemente, apunta a este objetivo: adaptar la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana a las necesidades del mundo gnóstico”.


Y hace pocos días, en el mismo blog de Tosatti, se publicaba lo siguiente, que aquí traduzco: 

En estas exhortaciones el Papa habla de las graves consecuencias de un crecimiento económico injusto. No habla de la crisis moral del hombre en este siglo que ha producido las crisis económicas y sociales. Pone la verdad al revés, a 180 grados.

Sólo habla de efectos, no de causas, referidos exclusivamente a hechos económicos y ambientales.

No habla del crimen del aborto, de las criaturas asesinadas dentro de la madre, habla de niños hambrientos y sin educación.

No parece hablar un Papa de la Santa Iglesia Romana, parece hablar de un funcionario de la UNESCO. Por lo tanto, informaré de mis críticas y comentarios a dicho “funcionario de la UNESCO” (disfrazado de Papa) que hizo estas declaraciones.

Este “funcionario” de la UNESCO sabe cómo hablar, de manera equivocada, sólo de economía.

Hasta ayer la Iglesia Católica tenía prohibido ocuparse de la economía; tenía que pensar sólo en las conciencias, tanto que todas las encíclicas sociales eran atacadas duramente por el mundo secular.

Hoy en día la Iglesia actual “sólo” se ocupa de la economía y ya no debe ocuparse de las conciencias (si no sigue el modelo protestante). De hecho, sólo se ocupa de la pobreza, las desigualdades, el clima, la migración, etc.

Esto con la intención de transformar el catolicismo en una especie de organismo ético y socialmente útil, una organización sin ánimo de lucro (como desea y prevé la UNESCO).

Los nuestros son tiempos históricos. Estamos adentrándonos en un cambio radical de la iglesia. No se trata de una reforma; se trata de una transformación. Se trata, en el fondo, de una apostasía, que cada día, con más claridad y velocidad, se hace patente e innegable.

Lo que a nosotros, simples fieles, nos queda no es simplemente endechar. Se impone, más pronto que tarde, tomar una decisión.


jueves, 27 de agosto de 2020

La puesta en escena de Mons. Gabriel Barba



Mons. Gabriel Barba, como magistral regisseur, puso en escena hace pocos días la ópera que mejor representa lo que será su pontificado. Eligió como escenario su bella catedral y como fecha, la fiesta patronal diocesana y provincial: San Luis Rey de Francia. Durante décadas, en ese templo se celebraron las ceremonias católicas más solemnes de toda Argentina. El coro polifónico interpretando alguna cantata de Bach, por ejemplo, acompañado del imponente órgano, era el marco de oficios litúrgicos piadosos y, a la vez, majestuosos. Mons. Barba transformó todo en el espectáculo cursi y ramplón que puede verse en el video.
¿Solamente cursi y ramplón? No. Un poco más. Casi pornográfico, si nos atenemos al origen del término (πορνεῖον). Mons. Barba invitó personalmente a un conocido travesti de la ciudad a leer una de las intenciones de la plegaria de los fieles. Como explicó luego el protagonista, aceptó la invitación a fin de visibilizar al colectivo trans y reivindicar los derechos de homosexuales, lesbianas y trans que durante años fueron desconocidos por la sociedad y por la Iglesia.
¿Era necesario llegar a tanto? ¿Era preciso profundizar a tal punto la herida de los fieles puntanos? No pedimos a Mons. Barba prudencia política, tampoco buena educación y tacto social; no le exigimos siquiera—es un obispo—, comportamientos acordes a la tradición y a la fe católica, pero al menos podíamos esperar que tuviera un oído atento a la voz de su pueblo “que peregrina en San Luis” y que ha quedado literalmente aplastado por lo ocurrido el día de su patrono.
Habíamos apuntado aquí que, con la defenestración de Mons. Pedro Martínez y el arribo de Mons. Barba, se terminaba San Luis. Nunca pensamos que el final fuera a ser tan abrupto. Algunos incluso aventuraban que el suyo sería un pontificado del laisser faire, evitando agitar el avispero y alejándose de líos y embrollos. No será así. Muchos me temo que en algunas semanas nos enteremos del cierre del seminario diocesano. 
Lo sucedido en San Luis no es una misa más. Es un quiebre; un punto de no retorno que da para pensar. Van por todo. 

[Highlights del video: 47.17 Primera lectura; 58.55 Homilía; 1.14.54 travesti; 1.34.35 Comunión; 1.49.41 Aplausos; 1.55.35 Canción]

miércoles, 26 de agosto de 2020

¿Apostasía de los obispos argentinos?

Hace pocos días apareció en un diario mendocino la entrevista a uno de los responsables de la agencia de marketing que contrató hace más de un año la Conferencia Episcopal Argentina a fin de que liderara la tarea de recolectar fondos para sostener económicamente a la iglesia puesto que, como sabemos, dentro de algún tiempo dejarán de percibir fondos estatales.

La agencia, llamada Casa Kiev, ha liderado proyectos tales como la recolección de fondos para erigir una estatua a Marcelo Gallardo, director técnico del club River Plate; para lograr la elección de un tal Trillo para la presidencia de ese mismo club (que perdió estruendosamente) y para levantar la imagen pública del club Excursionistas. Además, para vender televisores led, prótesis ortopédicas y promocionar un festival musical caracterizado por el color y por señoritas suelas de ropa. Se trata de un grupo empresarial compenetrado de la fe católica.

En el video que aparece en la página web de la empresa se promociona la fe católica a fin de que, quienes lo vean, se sientan movidos a donar dinero para que la iglesia continúe con su labor. Todas las imágenes y las personas que allí aparecen lo hacen entregadas a alguna tarea solidaria; en ningún momento aparece un acto de culto a Dios que, según enseña todavía la teología católica, es la función central de la iglesia.

Las definiciones que dan los protagonistas del video de la fe son antológicas:

1. “La fe me hace la tarea más fácil; ponerme en el lugar del otro…”.

2. “La oración va a ser que Dios nos de paz y tranquilidad”.

3. “La fe es seguir un sueño; trabajar por los demás, ayudar…”.

4. “Es creer que Dios existe y que existe en el otro; creerle al otro, y que en el otro está Jesús” (esta es la definición de uno de los sacerdotes que aparece).

5. “La fe es creer que el otro es un regalo”.

Toda finaliza con las palabras de Mons. Oscar Ojea Quintana, presidente de la CEA, afirmando que ese video lo que hace es mostrar la misión de la iglesia a fin de que la gente, adhiriendo al Programa Fe, haga su donación. Un signo indiscutible del éxito de la campaña es que el canal oficial de Youtube de ese programa cuenta con 305 suscriptores, y que la mayor parte de los videos allí publicados escasamente superar las 200 visitas. Y aunque las comparaciones son siempre odiosas, vale tener en cuenta que el último video de un sitio muy conocido (una entrevista a Fernando Casanova) tuvo en solo veinticuatro horas más de 17.000 visualizaciones. Quizás nuestros obispos, siempre preocupados por tener un oído siempre puesto en la voz del pueblo, deberían revisar estas cifras.

El objetivo de la campaña de marketing, explica el responsable en la entrevista, es que los fieles se den cuenta que es “necesario avanzar hacia un mecanismo donde sean ellos mismos quienes sostengan todo ese ecosistema espiritual”. La expresión es, cuanto menos, llamativa. ¿Será inspirado por la ecoteología francisquista? No lo sabemos, y tampoco sabemos qué especies vegetales y animales habitarán este nuevo ecosistema. 

Hay un párrafo que es antológico pues el marketinero destripa ingenuamente el interior de los obispos argentinos. Dice:

El puntapié inicial de nuestra estrategia se basó en un estudio que pidió la Comisión a la consultora Voices, que fue sumamente importante para entender dónde estábamos parados. Fue un “mirar para adentro” de la Iglesia, si puedo usar el término. Entender qué reclamaba la sociedad y qué respuestas dar al respecto. Lo veo como un acto de humildad por parte de la institución. Ese estudio nos sirvió para delinear la estrategia comunicacional y entender que la sociedad buscaba no sólo una Iglesia que se expresara de una forma más moderna y acorde a nuestros tiempos, sino más terrenal. Como hablamos con el equipo de la Conferencia Episcopal, una Iglesia que baje del púlpito a la plaza.

Resulta que la CEA contrató a una consultora para que la ayudara a “mirar para adentro” y conocer qué es lo reclamaba la sociedad, a fin de darle respuesta y aprender a expresarse de un modo más terrenal. Fue, afirma el especialista, un acto de humildad de los obispos. 

Pareciera que a nuestros pastores no les interesa en lo más mínimo escuchar qué es lo que Dios quiere para la iglesia “que peregrina en Argentina”. Lo importante es lo que la sociedad quiere, y lo importante es el lenguaje terrenal —que no espiritual—, en el que hay que hablarle. No importa la misión que Nuestro Señor encomendó a sus apóstoles cuando fundó a su iglesia —bautizar a todos los hombres, comunicarles la Buena Nueva de un Dios que nos salva y distribuir esa salvación a través de los sacramentos—. Los obispos, desentendiéndose de esta misión, muy orondos se proclaman humildes porque son capaces de escuchar la misión que les dicta la sociedad. Es decir, no es ya Dios, que se reveló en las Escrituras y la Tradición, el que establece los rumbos de su iglesia, sino las exigencias y los deseos de los hombres.

Con la misma ingenuidad, el especialista en ventas dice que “[La iglesia] es un cliente que ocupa muchos de nuestros recursos, de hecho es el equipo más grande que hemos armado en Casa Kiev para destinar a un proyecto puntual, pero vale la pena debido a la importancia”. Sería interesante conocer el dinero que la CEA paga mensualmente a Casa Kiev, y el que pagó oportunamente a la consultora Voices. Estimo que deben ser varios millones; propio de una iglesia pobre para los pobres.

En fin, se trata de un video institucional del episcopado argentino y se trata de una entrevista al representante de una empresa contratada por el episcopado argentino. Y a la conclusión a la que llego es que si los obispos argentinos son católicos, yo no lo soy. O si yo lo soy, no lo son ellos. Ambas proposiciones son contradictorias. Definitivamente, no tenemos la misma fe.

Mi pregunta es cuál de las dos fe —la de los obispos o la mía—, es la misma fe que profesaron los apóstoles, los santos padres y doctores y toda la pléyade de santos y cristianos que nos precedieron. La ecuación es bastante sencilla de realizar. Y no es necesaria hacerla para los lectores de este blog.

Siempre me pareció exagerada la afirmación de que la iglesia había apostatado. Y sigo considerándola un exceso. Sin embargo, con pruebas fehacientes, creo que podemos afirmar que buena parte del episcopado argentino ha apostatado de la fe católica.


Aquí pueden ver una ceremonia realizada durante la reunión del Santo Sínodo de la iglesia rusa, un análogo de la Conferencia Episcopal. ¡Malditas comparaciones!


lunes, 24 de agosto de 2020

Peregrinación Summorum Pontificum 2020


 Entrevista al Padre Claude Barthe, capellán de la pregrinación Summorum Pontificum

El cardenal Robert Sarah celebrará la misa de la peregrinación el 24 de octubre


Cada año, desde 2012, se celebra en Roma una peregrinación en acción de gracias por el motu proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI. ¿Tendrá lugar este año? El Capellán de este encuentro, el padre Claude Barthe, anuncia que no solo tendrá lugar la peregrinación, sino que el 24 de octubre el Cardenal Sarah celebrará la principal Misa en la basílica de San Pedro.

 

Summorum Pontificum News:  ¿Entonces este año la peregrinación Summorum Pontificum tendrá lugar en Roma?

Padre Claude Barthe:¡Sí, como todos los años desde 2012! Es cierto que este año es bastante especial: debido a la llamada "crisis sanitaria", reina un ambiente bastante surrealista que afecta a todas las actividades religiosas y especialmente a las peregrinaciones. Estuve en Lourdes hace unos días, donde solo hay unos pocos fieles. Sin embargo, después de un examen detenido, el Coetus Internationalis, que organiza la Peregrinación, ha decidido, considerando lo que representa esta iniciativa católica, mantenerla, teniendo en cuenta las restricciones que se nos imponen.

 

Summorum Pontificum News :  ¿Cuál será el programa?

 Padre Claude Barthe: La peregrinación en sí se reducirá al evento más importante: la Misa Pontifical en la Basílica de San Pedro, en el altar de la Cátedra, el sábado 24 de octubre. Con, por supuesto, al día siguiente, la Misa de Domingo de Cristo Rey.

El sábado 24 de octubre, peregrinos, clérigos y fieles se reunirán frente a la entrada de la Basílica a las 11:30, donde el Cardenal Burke les dará la bienvenida y entrará con ellos en San Pedro. A las 12:00 el Cardenal Robert Sarah celebrará la Misa Pontifical de San Rafael Arcángel.


 Summorum Pontificum News:  ¿Qué peregrinos?

 Padre Claude Barthe: Las autoridades vaticanas solicitan, actualmente, que los fieles que asisten a las ceremonias en la Basílica de San Pedro no superen los 150. Son muy pocos. Pero es posible que estas medidas se flexibilicen antes de finales de octubre.

En cualquier caso, excepcionalmente, pedimos a quienes quieran participar en esta Misa que se registren aquí: https://bit.ly/3hCY4K4. Guardaremos los asientos cuando se haga “clic” y los confirmaremos. Cuando se alcance un número determinado, notificaremos a los que superen ese número que pasarán a lista de espera y les mantendremos informados de lo que nos dicen las autoridades de la Basílica.

 

Summorum Pontificum News:  ¿Y el domingo 25 de octubre?

 Padre Claude Barthe: Según la tradición, nuestra peregrinación terminará en la fiesta de Cristo Rey. La Misa Pontifical será celebrada a las 11:00 del domingo 25 de octubre por el Cardenal Raymond Leo Burke, en la parroquia de Trinità dei Pellegrini que, según su vocación, actúa como una especie de base de la peregrinación, donde los sacerdotes que participan en la peregrinación celebran sus Misas privadas.

 

Summorum Pontificum News:  Además, la asociación Oremus / Paix Liturgique había anunciado una reunión. ¿Aún se llevará a cabo?

Padre Claude Barthe: Por supuesto. Los organizadores pronto harán un anuncio al respecto, pero les puedo decir que este Encuentro se realizará el viernes 23 de octubre en el aula magna del Augustinianum, cerca de la Plaza de San Pedro, entre las 10 y las 16 horas. Este año recibirá comunicaciones de una serie de ponentes, entre ellos el Cardenal Raymond Leo Burke, y también Joseph Shaw, Presidente de la Latin Mass Society, Jean de Tauriers, presidente de ND de Chrétienté, el padre Antony Ike, seminarista nigeriano especializado en África católica y Trinidad Dufourq que hablará sobre la vitalidad y desarrollo de la Misa tradicional en Argentina. Los organizadores solicitan registrarse para el Encuentro aquí: https://bit.ly/3in6sOl.

El Encuentro finalizará el mismo día a las 17h en la Basílica de Santa Maria ad Martyres del Panteón, con el canto de las Vísperas Pontificales, presidido por Mons. Gianfranco Girotti, Obispo titular de Meta, y Regente Emérito de la Penitenciaría Apostólica. Nuevamente, es necesario registrarse para las vísperas en el Panteón: https://bit.ly/2XpGhhM.

 

Summorum Pontificum News: ¿Podemos decir que esta Peregrinación 2020 será una cuestión de principio?

Padre Claude Barthe: ¡Será mucho más! Entendemos que este año será muy especial. Por ejemplo, muchos de nuestros amigos en Estados Unidos no podrán unirse a nosotros. Pero los presentes representarán a todos los peregrinos intencionales del mundo que nos acompañarán con sus oraciones. ¡Los peregrinos in re representarán a la multitud de peregrinos in voto! También este año llevaremos a la Tumba del Apóstol el pedido por la Iglesia y por la difusión de la antigua liturgia romana que contribuirá poderosamente para eso a través de su irradiación de la más pura lex orandi.

jueves, 20 de agosto de 2020

Una profecía de Newman

 [Hace casi doscientos años, Newman veía que en la iglesia de Inglaterra estaba sucediendo lo que sucede en la iglesia católica desde hace algunas décadas. En 2014 discutimos en este blog una situación similar, siendo protagonista Ronald Knox a raíz de la conferencia de Kikuyo (aquí). Pareciera que lo que ocurrió en la iglesia anglicana hace más de un siglo está ocurriendo, casi como un calco, en la iglesia romana. Espero que los responsables frenen a tiempo. Caso contrario, terminaremos con mujeres obispo en pocos años]


“Así, en el sagrado terreno de la religión, sin seguir un mal principio, sin la ignorancia o el rechazo a la Verdad ni ese autoengaño que son los principales instrumentos de Satán en nuestros días, no debido a la mera cobardía o a la mundanidad, sino a la falta de reflexión, a un temperamento indolente, a la excitación del momento, al gusto por hacer felices a los demás, a la susceptibilidad o a la adulación y al hábito de mirar en una sola dirección, los hombres se ven conducidos a abandonar las verdades del Evangelio, a consentir en abrir la Iglesia a las diversas denominaciones del error que abundan entre nosotros o a alterar nuestros ritos para complacer al tibio, al burlón o al vicioso. Ser amables es su único principio de conducta y cuando encuentran que se ofende el credo de la Iglesia, empiezan a pensar cómo cambiarlo o recortarlo, con el mismo ánimo con el que intentarían ser generosos en una transacción económica o ayudar a otro a costa de renunciar a la propia conveniencia. Al no entender que sus privilegios religiosos son un depósito que deben entregar a la posteridad, una sagrada propiedad confiada a toda la familia cristiana que ellos no poseen sino que sólo disfrutan, desperdician esos privilegios y son pródigos con los bienes de los demás. Así, por ejemplo, hablan contra los anatemas del credo atanasiano, O las disposiciones litúrgicas, o algunos de los salmos, y desean prescindir de ellos”.

[…]

“Obsérvese, pues, que estos tres sistemas de pensamiento, por muy distintos entre sí que sean en principios y espíritu, coinciden en dejar a un lado que Dios está representado en la Escritura no sólo como un Dios del amor sino también como un «fuego abrasador». Al rechazar el testimonio de la Escritura, no extraña que rechacen también el de la Conciencia, que, desde luego, no presagia nada bueno para el pecador pero, como sostiene el fanático, no es en absoluto la voz de Dios, o, según los partidarios del utilitarismo, queda en una mera benevolencia, o, según los más místicos, en una suerte de pasión por lo hermoso y lo sublime. Así, al considerar sólo la «bondad» y no la «severidad» de Dios, no es de extrañar que se «desciñan los lomos» y se feminicen, ni que su noción ideal de una Iglesia perfecta sea la de permitir que cada cual vaya por su lado, y renuncie a cualquier derecho a expresar una opinión, y mucho menos a censurar el error religioso”.

[…]

“Sólo entonces triunfarán en su lucha los cristianos, «entregándose como hombres», conquistando y dominando la furia del mundo y conservando la unidad y el poder de la Iglesia: cuando sometan sus sentimientos a una severa disciplina y amen con firmeza, santidad y rigor. Sólo entonces podremos prosperar (bajo la bendición y la gracia de aquel que es el espíritu tanto del amor como de la verdad), cuando se nos dé un corazón como el de Pablo, incluso más grande que el de Pedro y Bernabé, si es que han de verse superados en sentimientos humanos, para «no conocer ya ningún hombre según la carne», para alejar de nosotros a sobrinos u otros familiares cercanos, para renunciar a su trato, su esperanza y su deseo cuando Él lo ordena; Él que da amigos también al solitario si confía en Él y que nos proporcionará «dentro de mi casa y de mis muros, parte y renombre mejores que hijos e hijas: les daré nombre eterno que no será borrado»”. (Is 56,5).

Sermón para el día de san Bernabé de 1834. (Parochial and Plain Sermons  II, 23)