lunes, 15 de octubre de 2018

Novusordoísmo


por Hilary White
El hecho de que todavía no contamos con un nombre oficial para designar al “Nuevo Paradigma” (y probablemente no lo tengamos por unos cuántos siglos más) me ha hecho más difícil tratar de expresar con claridad qué quiero decir cuando afirmo que, de hecho, la mayoría de los católicos que habitualmente asisten a misas celebradas según el ritual del Novus Ordo, no creen en materia religiosa lo mismo que creían las generaciones precedentes. Lo he dicho muchas veces y no soy la única, esto de que “El Novusordoísmo no es católico”. Se ha convertido en una especie de latiguillo. También he usado a menudo la locución “Nuevo Paradigma” para referirme a la creación de lo que esencialmente—aun cuando todavía no tiene nombre—constituye esa cosa nueva creada después del Concilio Vaticano II. Me alegra comprobar que algunos de los colaboradores más próximos al Papa han comenzado a promover el uso de esta misma locución. Con eso, todo resulta más fácil.

¿Cómo definirlo? Hemos hablado del “falso piso” del Nuevo Paradigma Novusordoísta, y también de “la ciudad perdida”, repleta de tesoros, de la Fe Católica que ha sido suprimida y enterrada desde el Vaticano II y que muy, muy, pocos católicos reconocen allí donde yacen escondidos. Hemos hablado de cómo es todo tan difícil de explicar en razón del gran éxito que han tenido los “nuevo oleros” de la Neoiglesia suprimiendo incluso el lenguaje que usamos para describir estos conceptos (y no, no me refiero al latín).
Para la gente que “re-booteó” la Iglesia en 1965, las ideas de Orwell fueron interpretadas como una guía de lo que había que hacer y no como una advertencia. Una buena parte del contenido de nuestra Fe ha sido sepultado y sobre las lagunas mentales así creadas se ha erigido un nuevo edificio.   
Han creado una especie de burbuja o “Matrix”—un nuevo mundo enteramente falso cuya existencia misma resulta desconocida para la gente que allí vive. 
Claro que cada tanto aparece un joven intrépido que se resuelve a tratar de averiguar qué cosa había allí en la montaña prohibida y se anima a escalarla hasta la cima donde toca el cielo con las manos. O, hablando con más precisión, se pone a cavar debajo del falso piso hecho de Vaticanosegundismo, de Novusordoísmo, de Nuevoparadigmismo, y descubre allí un inmenso reino repleto de tesoros cuya misma existencia ni siquiera es sospechada por casi nadie, gente que camina muy oronda sobre el falso piso.
Hemos tratado de indicar cuáles podrían ser los principales puntos de partida. Hemos recomendado lecturas. Mas ahora, quizás podríamos ser más específicos: ¿cuáles son exactamente los principales puntos de partida?
La mala noticia es que algunos de estos pueden escandalizar un poco. Por caso, una buena cantidad de gente jamás ha oído hablar del dogma formalmente definido “Extra ecclesiam nulla salus”. Muchos más creen que Vaticano II ha cambiado la “antigua” enseñanza de la Iglesia de que la Antigua Alianza entre Dios y los judíos ha sido sustituida por la Nueva Alianza de Jesucristo con los hombres.
De manera que imaginaremos un pequeño diálogo que a lo mejor nos ayudará a sacar algún provecho de nuestra discusión.
En primer lugar, represéntense el siguiente escenario: un sujeto que ha estado leyendo artículos escritos por tradicionalistas que sostienen que, efectivamente, el catolicismo post-conciliar constituye una religión diferente, aparece por mi casa (y yo no llamo a la cana) para hacerme algunas preguntas sobre todo esto.
(También vamos a tener que fingir que vamos a discutir saludable y razonablemente, y que no habrá ni gritos, ni denuestos, ni nadie retirándose súbitamente alegando haber sido ofendido. Las palabras “De manera que estás diciendo que me voy a ir al infierno, porque…” no serán pronunciadas. Vamos a fingir que cada uno confía en la buena voluntad del otro y que no está lanzando acusaciones porque sí. Sé perfectamente que esto no se usa más, pero hubo un tiempo en que la gente debatía así. En serio.)

Una señora del común, católica, pero Novusordoísta: “Es que soy una católica buena. Voy a misa todos los domingos, estoy criando a mis hijos como católicos y trabajo como voluntaria en el comedor de la parroquia. Creo en todo lo que enseña la Iglesia. Incluso voy a la Adoración Eucarística los jueves y rezo del rosario de vez en cuando. Tengo uno en mi cartera. ¿Cómo puede Ud. decir que en realidad no soy católica o que mi parroquia no es verdaderamente católica?”
Hilary White: “Voy a partir de la base de que Ud. tiene toda la razón. Ud. tiene la intención y el deseo de ser una buena católica. De modo que… ¿quién le transmitió las enseñanzas de la religión católica? ¿Recuerda la diferencia entre lo “materia” y “forma”? ¿Conoce el concepto de “ignorancia invencible”? ¿Es posible que alguien, por buenas que sean sus intenciones, se aferre a enseñanzas que nunca le fueron impartidas? ¿Cree Ud. que Dios la hará responsable en razón de que no sabe cosas que han sido deliberadamente suprimidas por gente de la Iglesia mucho antes de que Ud. naciera?
Señora Novusordoísta: “Pues, obviamente que no.”
Hilary White: “O.K., de manera que tenemos que identificar cuáles son esas lagunas mentales. Y quizás la mejor manera de hacerlo es que simplemente conteste algunas preguntas sobre algunos asuntos claves (formuladas sin ningún orden).”
“¿Hace falta que los judíos se conviertan al catolicismo para salvarse o aún rige la Antigua Alianza?”
“¿Forma parte de la Fe católica la obligación de convertir gente al catolicismo?”
“La pena de muerte, ¿siempre es condenable?”
“¿Tienen todos los estados la obligación de proteger y promover la religión católica?”
“¿Tiene el estado la obligación de restringir la libertad de las religiones que no son católicas?”
“La libertad de expresarse, ¿constituye un derecho humano esencial?”
“Todo el mundo ¿tiene el derecho esencial de elegir la religión que mejor le parezca, según su propio parecer?”
“Una persona que se porta como buen musulmán, o buen ateo, ¿puede ir al Cielo?”
“Toda vez que Dios quiere que todos se salven, ¿es posible que “al final” todos se salven?”
“La raza humana ¿desciende, toda ella, de una sola pareja humana, formada por Adán y Eva?”
“La unión de los cónyuges y la procreación ¿son fines del matrimonio de igual importancia?”
“¿Por ventura la mujer le debe obediencia a su esposo, o acaso ambos cónyuges se deben igual grado de obediencia? ¿Quién es la “cabeza” en un matrimonio?”
“¿Acaso la vida consagrada constituye una vocación más alta que la del matrimonio, o son de igual rango?”
“¿Tienen todos los católicos (por el sólo hecho de serlo) derecho a recibir la Santa Comunión?”
“¿Tiene el Papa el poder de declarar una nueva doctrina por sí mismo, o declarar que una antigua doctrina no rige más?”
Como se advierte fácilmente, algunas de estas preguntas son más importantes que otras. Algunas pertenecen al orden de la naturaleza humana, otras al modo correcto de ordenar la sociedad, aquí se trata de la naturaleza de los sacramentos, allí a los poderes de la Iglesia. Y algunas pertenecen de manera más profunda e importante a la mismísima naturaleza de Dios. Pero cada una de estas preguntas representa una laguna, un vacío, un cacho faltante de la Vieja Religión, y casi todas ellas son contestadas por la gente creyente del común—incluso por católico practicantes—de una manera distinta a cómo se las contestaba antes de Vaticano II. Tal vez, un ejercicio muy útil sería el de consultar qué dijeron los papas y los concilios antes de 1965 acerca de estos mismos asuntos.
Habrán notado también que ninguno de los temas tratados tiene nada que ver con el lenguaje de la liturgia, el estilo de la música, las vestimentas y ornamentos rituales o la arquitectura de los templos. 
El tradicionalismo no se limita a cosas como esas. 

Nota bene: Hilary White es una mujer anglo-canadiense que comenzó a investigar, a escribir y a militar en el movimiento “Pro-Vida” a partir del año 1999, mudándose a Roma en el 2008 para cubrir noticias relacionadas con “la vida y la familia”. Vivió durante dos benditos años con sus tres gatos y un jardín en el Apacible Reino de Nursia, en Umbría, hasta que llegó el terrible día en que el mundo se cayó a pedazos. Trasladada a una chacra cerca de Perugia, con un poco de tierra donde cultiva tomates, continúa cantando las Vísperas en latín todos los días y se niega terminantemente a ir a Roma por la razón que sea. Espera que el mundo no se termine hasta que pueda terminar de cultivar la totalidad de sus tomates.  
Tradujo Jack Tollers

viernes, 12 de octubre de 2018

Faroles en la ventana


-¡Bah! -respondió la otra, como invadida por un desaliento y una pereza repentinos-. ¿Para qué estas luces en el campo, que es lo mismo que decir en el desierto? Nadie va a verlas.
-¿Nadie? ¡Pero si llega la gente por la noche, desde la carretera, con sus coches, se pondrán muy contentos al ver nuestras luces!
Alain Fournier, El gran Meaulnes.



Parece una pesadilla. Parece también el capítulo de alguna novela apocalíptica de mediados del siglo XX escrita por un autor afiebrado, que exageró hasta lo grotesco su descripción de los últimos tiempos de la Iglesia. Parece que desde hace algunos meses estamos viviendo en alguna de las películas más oscuras y lascivas de Passolini, o en el libro escrito en conjunto por los enemigos más acérrimos de la Iglesia.

Y sin embargo, no parece. Es. ¿Podría alguien imaginar hace pocos años que uno de los cardenales con más poder dentro de la Iglesia y llegada directa al Papa, fuera encontrado por la gendarmería pontificia presidiendo una orgía homosexual con decenas de participantes, que tenía lugar en un departamento ubicado encima del Palacio del Santo Oficio y en la que fue detenido su secretario privado? Imposible.
La iglesia subterránea no era solamente la que Sacheri explicaba en los ’70. Había otra, mucho más peligrosa, astuta y silenciosa que recién ahora está siendo descubierta, y me temo que quede aún mucho por descubrir. 
Mientras tanto, el timonel que conduce la Barca en esta tormenta, la más borrascosa desde la Reforma protestante, se entretiene en la realización de un sínodo poblado de vejetes cuyas únicas ocurrencias son platitudes, palabras vacías, discursos hechos y obviedades. O, peor todavía, se entretiene hablando, y cuando habla nos confirma en la certeza que de esta tempestad no salimos si no es por especial y portentosa intervención divina. (Aconsejo uno de los últimos videos de Michael Matt donde analiza el discurso de Bergoglio).
¿Qué hacer? ¿Qué podemos hacer nosotros, simples y pobres laicos, mientras asistimos al angustiante y desgarrador espectáculo de la Iglesia que se cae a pedazos? Colgar faroles encendidos en la ventana, como hacían los titiriteros en el misterioso castillo al que había ido a parar el gran Meaulnes. Serán, en algunos casos, faroles pequeños, de papel, en los que apenas si cabe una vela; otros serán más grandes, con vidrios de colores. No importan los detalles. Lo que importa en estos momentos de zozobra es que todos los faroles cuelguen de las ventanas y derramen su luz, más tenue o más intensa, en la noche. De esa manera, los viajeros que cansados y perdidos no pueden orientarse en medio de la oscuridad, divisarán a los lejos la luz de algún farol y sabrá que allí pueden encontrar refugio, lumbre, un poco de pan y un poco de vino, y quizás también aceite, leche y miel para reponerse de las penurias del viaje. 

Hace casi cinco años publiqué en este blog un breve cuento de la serie de Don Gabino titulado: “Don Gabino y el monte tenebroso”, previendo casi en penumbras, lo que se avecinaba. Los invito a volver a leerlo. Creo que puede ayudar en estos momentos. 

miércoles, 10 de octubre de 2018

Robo para la corona


Apareció ayer en un diario de Italia una noticia titulada “Guerra civil en el Vaticano: así los sacerdotes birlan a las hermanas de la escuela más antigua de Brescia”. Allí se narra el caso de una escuela de más de doscientos años de antigüedad ubicada en la ciudad de Brescia y que pertenece a una pequeña congregación de religiosas en vías de extinción. El inmueble se ubica en el centro histórico de la ciudad, con diez mil metros cuadrados de edificios, más iglesia y jardines, y está cotizado en 30 millones de euros. Pues bien, en julio del año pasado, el Papa Francisco nombró a Mons. Pierantonio Tremolada como obispo de Brescia y una de las primeras cosas que hizo el prelado fue hacerse nombrar comisario pontificio del pequeño instituto de las Ursulinas. Y la cosa terminó como todos pensamos: la curia diocesana de Brescia se quedó con colegio, terreno, iglesia y jardines, es decir, con 30 millones de euros aduciendo, que las religiosas son muy pocas y están enfermas. Ellas, en cambio, están que trinen y hablan directamente de robo de su patrimonio.
La noticia no debería tener mayor interés para el mundo exterior fuera de Lombardía, pero nos viene a la memoria un suceso con características idénticas a lo ocurrido en 2009 en Buenos Aires, cuando gobernaba esa diócesis el cardenal Bergoglio.
En este blog, reportamos el caso el 31 de julio de 2015. El resumen de los hechos es el siguiente:
En el siglo XVIII, la beata María Antonia de Paz y Figueroa, funda la congregación religiosa femenina de las Hijas del Divino Salvador, dedicada a ayudar a los sacerdotes en la obra de la predicación de retiros espirituales. Fue siempre una congregación pequeña, con pocas casas, pero muy arraigadas en la tradición porteña. Son ellas las dueñas de la Santa Casa de Ejercicios, edificio de raíces coloniales y muy tradicional en Buenos Aires. 
La congregación es dueña también del santuario de San Cayetano de Liniers, el más visitado de Argentina y, consecuentemente, el que recibe mayor cantidad de limosnas. Por un convenio celebrado a principios del siglo XX, cedieron al arzobispado el uso del templo aunque tomaron antes una precaución: la alcancía ubicada junto a la imagen del santo desemboca en las arcas de las hermanitas y no pasa a engrosar el patrimonio de la parroquia o de la curia. El cardenal Bergoglio presionó durante años para que la cesión de templo, terreno y alcancía fuera definitiva pero las buenas monjitas, con toda razón, no cedieron. 
El cardenal arzobispo montó en cólera y se dispuso disolver la congregación pretextando el escaso número de miembros. De esa manera, el problema se solucionaba y la arquidiócesis se haría no solo de la anhelada alcancía de San Cayetano sino también de la Santa Casa de Ejercicios, que ocupa una manzana entera en el pleno centro de Buenos Aires y que representa millones de dólares por su valor inmobiliario y por los incontables tesoros artísticos que posee.
Es así, que a solicitud del ordinario porteño, la Santa Sede decretó la intervención de la congregación, el desplazamiento de su superiora general en medio de calumnias y humillaciones, el nombramiento un jesuita como interventor y de un obispo auxiliar de Buenos Aires, Mons. Eduardo García, como comisario apostólico. Es decir, las monjas quedaron en las manos de Bergoglio, quien se convertía en acusador y juez. 
Desde aquí pueden acceder a una larga carta que en su momento enviaron las monjas al cardenal Rodé, prefecto de la Congregación de religiosos, donde explican detalladamente todos los sucesos y la situación a la que fueron sometidas por el arzobispo porteño. Copia de la misma fue remitida también a la Signatura Apostólica y directamente al Papa Benedicto a través de su secretario. Las religiosas, como era de esperar, nunca obtuvieron respuesta, como tampoco la obtuvieron y cejaron en su demanda las ursulinas de Brescia.  
El Papa Francisco exporta sus métodos de misericordia a la Iglesia universal. 

Nota bene: Sería muy útil contar con el documento remitido por las hermanas del Divino Salvador protocolizado por la Congregación de religiosos o por la Signatura Apostólica. Cualquier diligente oficial lo podría encontrar fácilmente en los archivos. Me pregunto si no trabajará en alguno de esos dicasterios algún sobrino de Viganò...

lunes, 8 de octubre de 2018

El absurdo


Hace pocos años, cuando el Sínodo de la Familia, la blogósfera católica se pobló de entradas que expresaban desconcierto, indignación e incredulidad. En estos días en cambio, en que se está celebrando en Roma el Sínodo sobre los Jóvenes, lo que brota de esas mismas páginas es sobre todo des-precio. La figura del Papa Francisco y de sus principales capitostes está tan devaluada que pareciera que ya nadie se toma en serio las nuevas piruetas que improvisan en la pista del circo en el que han convertido a la Iglesia. 
El Sínodo sobre los Jóvenes, además de ser un fracaso y probablemente uno de los errores más estrepitosos del pontificado bergogliano, se caracteriza por lo inocultablemente absurdo. Fue inaugurado con una misa en la plaza de San Pedro con muy escasa asistencia de público y, de entre ellos, apenas si había un puñado de jóvenes. “Problemas de logística”, argumentaron en el Vaticano cuando se les preguntó sobre esta elocuente ausencia. En el aula sinodal, las imágenes muestran a un grupo de vejetes que fueron jóvenes en los ’60 y en los ’70 y que quieren enseñarle cómo ser jóvenes a los jóvenes nacidos en el 2000. Verdaderamente, hay que ser muy desvergonzados para pretender dar cátedra sobre el tema en los tiempos que corren, después del rotundo fracaso en que terminó su proyecto nacido al soplo de los primaverales vientos conciliares, y después de los abusos.
La repetida y común cantinela que aparece constantemente cuando se les pregunta por los motivos de este sínodo, es que la Iglesia quiere escuchar a los jóvenes para poder responder mejor a sus demandas. Yo no sé si pensar que el Papa y los cardenales que allí se asientan son inocentes y virginales palomitas, o más bien personajes cínicos, cargados de un cinismo que se avecina a la senilidad. ¿Es necesario convocar un sínodo para saber qué es lo quieren los jóvenes del siglo XXI? Lo que la mayoría de ellos quieren es que los dejen seguir fornicando tranquilos y tener un trabajito no muy esforzado que les permita tomarse dos o tres vacaciones por año en las que puedan seguir fornicando y consumiendo drogas. Estos son los deseos e intereses de la gran mayoría de los jóvenes del mundo, a los cuales insiste en escuchar el Papa Francisco que dice una y otra vez que el sínodo debe escuchar a todos los jóvenes (“tutti i giovani, nessuno escluso”), con excepción, claro está, de los jóvenes que son buenos católicos, quienes deben ser cuidadosamente excluidos de cualquier expresión eclesial. Más que significativas fueron las recientes palabras del obispo de Münster, Mons. Felix Genn, uno de los delegados alemanes al sínodo: cuando el representante para los jóvenes del episcopado germano afirmó que allí no tienen ni siquiera en el radar a los jóvenes “tradicionalistas posmodernos” que prefieren formas más tradicionales de piedad como la misa latina, el prelado repuso: “Debo decir decididamente que no me interesan los seminaristas del tipo pre-conciliar, y que no voy a ordenar a ninguno de ellos”. Una Iglesia abierta a todos, menos a los católicos.
Cerrazón para los católicos piadosos -pelagianos y avinagrados en lenguaje pontificio-, pero indiscriminada apertura a la diversidad, no solamente de religiones o ausencia de ellas, sino también sexual. Una de las sorpresas de este sínodo es que en su Instrumentum laboris aparece la preocupación por los jóvenes católicos pertenecientes al colectivo Lgbt. Despertó gran ruido la inclusión de esas siglas en un documento oficial de la Santa Sede, y fueron defendidas por el cardenal Baldisseri, secretario del Sínodo. Y no es para menos la preocupación porque podrían estar también incluidas en el documento final de esta magna reunión que, según un reciente documento firmado por el Pontífice, constituye verdadero y propio Magisterio (“Si es aprobado expresamente por el Romano Pontífice, el Documento final participa del Magisterio ordinario del Sucesor de Pedro”. art. 18 de la Constitución Apostólica Episcopalis communio). ¿Alguien podría haber aventurado hace algunos años, aún en la peor de sus borracheras, que el Magisterio de la Iglesia, una de las tres fuentes de la Revelación de Dios a los hombres según los ultramontanos, podría incorporar a su lenguaje esta expresión tan repulsiva? 
Pero lo peor no es la sigla, sino lo que dice el Instrumentum laboris: “Algunos jóvenes LGBT, a través de distintas contribuciones que llegaron a la Secretaría General del Sínodo [lo cual es falso: se trató de una incorporación directa de la secretaría del Sínodo, como demuestra Tossati en el sitio recién linkeado], desean «beneficiarse de una mayor cercanía» y experimentar una mayor atención por parte de la Iglesia, mientras que algunas Conferencias Episcopales se cuestionan sobre qué proponer «a los jóvenes que en lugar de formar parejas heterosexuales deciden formar parejas homosexuales y, sobre todo, quieren estar cerca de la Iglesia»” (197). La verdad que cuesta mucho creer estar leyendo algo de este tenor. ¿Es posible que las más altas esferas de la Iglesia se estén haciendo esas preguntas? ¿Es posible que alguien que conserva algo de fe católica pueda convocar un sínodo para preguntarse qué debe responder la Iglesia a los jóvenes que son “lesbianas, gays, bisexuales y travestis” (Lgbt) y a los que deciden formar pareja con alguien del mismo sexo? La respuesta la puede dar un niño con el catecismo bien aprendido: deben seguir el evangelio de Jesucristo, ajustándose al cumplimiento de los mandamientos, huyendo del pecado y practicando las virtudes, en este caso, especialmente la castidad. Es la respuesta que se daría a cualquier hijo de vecino. “No es lo mismo”, dirán algunos misericordiantes, “Eso es fácil para quienes son heterosexuales y pueden casarse. Pero ¿quienes no lo son?”. Pues a los que no lo son, y son Lgbt, la Iglesia también les ha dado una respuesta desde hace siglos: “Tendrán que aguantarse y aceptar la cruz que el buen Dios cargó sobre sus espaldas". Todos los cristianos se aguantan de muchas cosas: todos ellos de comer carne los viernes y los casados de salir con la vecina. Los que nacieron celíacos, se aguantan de comer alimentos con gluten y los que nacieron petisos se aguantan de jugar al basquet. ¿Por qué entonces los "Lgbt" tendrán licencia para infringir el sexto mandamiento? ¿Será, acaso, que aparearse es condición necesaria para entrar al Reino de los Cielos?
Pero los absurdos se multiplican. Mirando al azar algunas microentrevistas hechas a los cabecillas de esta nueva Iglesia, encontramos que el cardenal von Schönborn dice que el sínodo debe dar respuesta a lo que preocupa a los jóvenes de hoy. En su país, Austria, los jóvenes tienen mucho miedo al futuro, sobre todo la ecología y la falta de trabajo. Le preguntaría yo al purpurado si se puso a pensar que hace exactamente cien años, en su propio país, los jóvenes también tenían miedo al futuro, y no precisamente porque se estaban destruyendo los arrecifes de coral sino porque la guerra acababa de destruir su propio país; y tampoco temían porque no sabían si podrían perder su trabajo sino porque habían perdido a sus padres, hermanos e hijos en esa misma guerra. La situación era un tanto más grave que la actual, y a ningún iluminado pontífice de la época se le ocurrió convocar un sínodo para resolver esos interrogantes. El cardenal Ravasi, por su parte, afirma que los jóvenes de hoy poseen un nuevo lenguaje por lo que los padres sinodales deberán aprender su sintaxis y estilo propio, cuyas dos características principales son las “frases esenciales” y las “imágenes”, es decir, el empobrecimiento supremo del lenguaje que termina convertido en una suerte de lengua tarzánica. Notemos que la propuesta del purpurado no se orienta a convencer a los jóvenes que recuperen la riqueza de sus lenguas, es decir, que se civilicen, sino más bien a que toda la Iglesia, que fue la garante y transmisora de la civilización durante viente siglos, se barbarice a fin de estar en sintonía con los jóvenes volviendo a un lenguaje tribal.    Me pregunto si este señor, que paradójicamente es el presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, no tiene pensado redactar un catecismo con emojis: 🕍 + 🙏🏿 = 😀

Finalmente, es muy curioso analizar el discurso del Santo Padre al inicio del Sínodo. Comienza invitando a todos a hablar “con coraje y parresía” y, poco más adelante arremete contra el clericalismo que consiste, según explica, en “considerar que se pertenece a un grupo que posee     todas las respuestas y que ya no tiene necesidad de escuchar ni de aprender, o que finge escuchar. El clericalismo es una perversión y es raíz de muchos males en la Iglesia”. Sin embargo, hacia el final, se despacha contra los blogs (los blogs católicos, se entiende) que, como explicaba con prosa ciceroniana su amigo el cardenal Madariaga, son “redes fecales”. La curiosidad está en que son justamente los blogs los únicos que pueden hablar dentro de la Iglesia coraje y parresía puesto que los que lo hacen a viva voz, son prontamente misericordiados. Y resulta ser que la mayoría de los blogs está en manos de laicos, por lo que no corren el peligro de ser clericalistas. ¿En qué quedamos entonces? ¿Criticamos o no criticamos? ¿Hacemos parresía o no la hacemos? ¿O será más bien que las críticas que hagamos deben ser el eco de las críticas que hace el Papa Francisco y no críticas al Papa Francisco? La parresía, en tiempos francisquistas, tiene un techo muy bajo

jueves, 4 de octubre de 2018

Stanno tutti bene II


Lo que se viene
Si despejamos la posibilidad de que los signos que estamos viendo sean un anticipo de la Segunda Venida de Nuestro Señor, podemos aventurar algunos pronósticos sobre el futuro. 

1. Las declaraciones de Viganò no podrán quedar sin respuesta. Francisco pudo no responder las dubia de los cuatro cardenales porque ellos estaban totalmente desacreditados por la prensa y nunca tuvieron apoyo por parte del colegio episcopal. Además, pedían respuestas sobre un tema -la comunión a los recasados- con el que la mayoría de los católicos, y la totalidad del mundo, estaba de acuerdo. ¿Qué necesidad tenía de responder? Pero ahora el caso es distinto porque está presionado por todas partes para que de una respuesta, y lo único que se le ocurrió hacer hasta ahora  -convocar a una reunión a los presidentes de todas las conferencias episcopales del mundo… ¡para febrero de 2019!- parece más bien un chiste. Y estamos asistiendo a una confrontación seria: ya no es solamente Mons. Chaput, arzobispo de Filadelfia y con marcado liderazgo entre los obispos americanos el que pidió la suspensión del sínodo sobre los jóvenes que comenzó ayer, sino que el delegado del episcopado holandés a ese evento, Mons. Mutsaerts, anunció que no concurrirá porque no se ha hecho nada con respecto a los abusos y encubrimientos de abusos cometidos precisamente contra jóvenes. Y se suma a todo esto la presión de la prensa internacional más relevante, como artículos en el Der Spiegel o en The New York Times
Toda esta situación ha puesto a Bergoglio muy nervioso, y se le nota, por ejemplo en las homilías diarias en Santa Marta, algunas de las cuales hemos comentado. Un blog muy conocido llegó a preguntarse si no era hora de medicarlo. Es un hombre mayor y estos disgustos no son gratuitos. Pregúntenle al Dr. Ryke Hammer. No me extrañaría que sus días en la tierra estén agotándose. Pero eso no es solución, porque sin una intervención divina muy directa, quien lo suceda en la cátedra de Pedro será igual o peor, aunque seguramente con menos vulgaridad y chabacanería, lo cual lo hará todavía más peligroso. No hay, o al menos yo no veo, en el colegio cardenalicio una figura elegible que pueda corregir el desastre al que nos llevaron los últimos pontificados. “El cardenal Burke”, dirá alguno. Lo cierto es que a este buen cardenal sus colegas no lo elegirían ni aunque se les apareciese en el mismísimo Espíritu Santo en persona. 
En conclusión, yo no veo una solución católica al conflicto por la sencilla razón que no hay líderes a la vista para llevarla a cabo, y en una organización jerárquica como es la Iglesia, el liderazgo es imprescindible, más allá de las iniciativas privadas que puedan aparecer ocasionalmente.

2. Una de las primeras consecuencias de esta crisis, y que ya estamos viendo, será la masiva pérdida de fieles. Son muchísimos ya, y serán muchos más -aquellos cuya fe no crecía en terreno fértil- los que abandonarán las prácticas religiosas y la vida sacramental, por escasa que esta fuera. La Iglesia quedará diezmada y esto implica también una disminución drástica en las limosnas. La iglesia católica, en muchas zonas del mundo, comenzará a transitar una durísima crisis económica: le resultará muy difícil o imposible mantener sus estructuras. Y no me refiero a las moneditas que los fieles depositan dominicalmente en el cepillo sino en los grandes donativos de empresas o instituciones que dejarán de ingresar. Ya un grupo muy importante de empresarios católicos americanos anunció que suspenderá sus donaciones anuales. 

3. Este achicamiento en número y recursos será consecuente a la disminución de la presencia de la iglesia en el ámbito público. Si hasta ahora gozaba de predicamento y era más o menos respetada, ya no lo será más. Los católicos, y en especial los sacerdotes, terminarán siendo parias, es decir, descastados, expulsados de la sociedad, leprosos del siglo XXI, ocasión de escarnios y ataques. Y nadie los defenderá porque los pastores, es decir, los obispos, se acomodarán en su mayoría a las nuevas circunstancias

4. ¿Cuáles serán esas nuevas circunstancias? Nada novedoso. No más que un sinceramiento. Y esto me parece que es lo más grave. La iglesia -y me refiero a la estructura institucional-, desde la aperturas de puertas, ventanas y claraboyas que trajo el Vaticano II se ha convertido en una enorme ONG. ¿Alguien puede pensar que McCarrick, Maccarone y la enorme cantidad de obispos y sacerdotes abusadores y predadores sexuales tenían fe? De los obispos argentinos que conocemos, ¿cuántos tienen verdadera fe católica? Y si la tenían, ¿qué tipo de fe? Y por fe me refiero a la “fe de nuestros padres”, a la fe de San Juan Crisóstomo, de San Atanasio, de San Agustín, de Santo Tomás y de Santa Teresa. Si alguno de estos padres y maestros, o cualquiera de tantos otros, viniera hoy a la tierra, ¿reconocería en el discurso de estos pastores la fe católica? Claro que no. Y lo mismo puede decirse de buena parte de los sacerdotes, formados en sociología, técnicas grupales y de acompañamiento para convertirse en “agentes de pastoral”. Los misioneros de hoy, ¿están repartidos por el mundo para llevar el evangelio? Su función es más bien promover socialmente a los postergados, enseñándoles a lavarse y a comer saludablemente, pero con escasas y livianas referencias a las verdades de nuestra fe. Quien asiste a la homilía de una misa cualquiera, en una parroquia cualquiera y de un país cualquiera, tiene altas probabilidades de que lo que allí escucha, sea discursos sociológicos, alejados de la fe católica. ¿Y los colegios católicos? ¿Son católicos? No más de un diez por ciento de ellos lo será; el resto, en el mejor de los casos, imparten una aguada “educación en la fe”, matizada con guitarras y visitas a barrios marginales, porque en eso consiste para ellos el ser católicos: ser alegres, hermanos entre nosotros y solidarios con los pobres. 
Sé que estoy diciendo obviedades. Todo esto significa que la iglesia se ha convertido en una enorme organización de caridad, necesaria para la convivencia democrática de la humanidad. Y es por ese motivo que a los poderes de este mundo les interesa conservarla: les resulta necesaria por su estructura capilar para ejercer el control de las masas, pero necesitaba desacralizarla y aggiornarla. Y lo hizo. Solo es cuestión de esperar el sinceramiento; de que la iglesia en cuanto estructura se saque la máscara y se muestre tal como es hoy: una auxiliar -quizás la más importante-, de las Naciones Unidas, junto a Amnesty International y la Cruz Roja entre otras. La Iglesia verdadera, la esposa del Cordero, a la que pertenecen los elegidos, quedará silenciada, reducida a una expresión mínima, y subsistirá en el secreto de los corazones y en pequeños grupos más o menos dispersos. 
Es por ese motivo que los escándalos de abuso por parte del clero y el pésimo manejo de la situación que ha hecho el papa Francisco, ha sido ideal para el mundo: tiene a la iglesia debilitada y sometida, fácilmente controlable y en escasas condiciones de negociación. Y ya sabemos cuáles serán las condiciones que se exigirán: acelerar y terminar el aggiornamento, es decir, vaciarla de la fe, del dogma y de la moral, y reducirla a una mera institución asistencial.


Stanno tutti bene… Eso es lo que nos venían diciendo desde hace décadas. Los perfumados aires primaverales habían llegado; la Iglesia, “experta en humanidad”, comenzaba a vivir una nueva era de esplendor… Y desde hace décadas también muchos decíamos que había que cuidar a don Matteo Scuro porque padecía demencia senil: veía lo que no existía. Ahora, de un porrazo, todos los católicos nos hemos dado cuenta que Stanno tutti male; peggio ancora, sono cuasi morti.

lunes, 1 de octubre de 2018

Stanno tutti bene I



El cine italiano es el mejor del mundo. Y una de sus películas más logradas es Stanno tutti bene, protagonizada por Marcelo Mastroianni. Narra la historia de Matteo Scuro, un anciano siciliano, viudo, que vive convencido que sus cinco, hijos que habitan en diferentes ciudades de la península, son personas honradas y exitosas en sus carreras. Emprende un viaje para visitarlos e intenta corroborar en cada una de esas visitas los datos que confirmen su convicción pero, poco a poco, en lo secreto de su interior, va apareciendo la realidad más cruel: sus hijos no son honrados ni exitosos; más bien, todo lo contrario. Fai finta di niente, papà, fai finta di niente. È meglio per tutti, le dicen los fantasmas de sus hijos pequeños. “Finge que no pasa nada, papá, finge que no pasa nada. Es mejor para todos”. Y así, a su regreso a Sicilia, Matteo se acerca a la tumba de su esposa a la que dice, refiriéndose a sus hijos: Stanno tutti bene

La película de Tornatore es una metáfora de lo que sucedió con la Iglesia en las últimas décadas, y nos deja, así como la situación actual que estamos viviendo, un regusto triste y desolado.
Se creyó que la Iglesia pasaba por sus mejores momentos y que vivíamos un reverdecimiento primaveral que auguraba frutos que caerían maduros a la vuelta del milenio. El Papa Juan Pablo II reunía millones y millones de personas en sus viajes alrededor del mundo y era un indiscutido líder planetario, y luego del breve y desangelado pontificado de Benedicto XVI, llegó la figura del Papa del fin del mundo, con sus promesas de aperturas y flexibilidad y su nuevo protagonismo en la escena pública mundial. Brillos y fuegos de artificio festejados cotidianamente por la prensa y por la mayoría de los católicos bobos. Lo cierto, sin embargo, era que la Iglesia se estaba pudriendo, y en estas últimas semanas estamos asistiendo al desvelamiento inicial del doloroso espectáculo de una miasma de pus, que se extiende por todas partes y que no sabemos aún hasta dónde llega. Stanno tutti bene, se empeñaban en decirnos los obispos y sacerdotes, algunos convencidos y otros con inocultable cinismo. Lo cierto, es que nos estábamos gangrenando, y que ha llegado la hora de tomar una decisión sobre el paciente.
De nada sirve negar la realidad recurriendo de un modo torpemente voluntarista a afirmar que todo es una invención de los medios. Y aunque puede que estemos en los umbrales de la Parusía y que el Evangelio nos aconseja estar atentos a los signos, lo cierto es que debemos seguir viviendo con lo que tenemos y por eso, creo yo, es necesario analizar una y otra vez la realidad, para entenderla y, en todo caso, para consolarnos, porque lo único cierto que yo puedo ver a mi alrededor más inmediato y en una gran cantidad de gente sencilla, simple, en esos “pobres de Dios” que son sus preferidos, es un enorme desconcierto y una profunda y lacerante tristeza. Creo que esa es la palabra que acompaña a los buenos católicos de hoy: tristeza, porque jamás, ni aún los más escépticos y críticos de la institución eclesial, hubiésemos esperado verla en este estado, reducida al escarnio y a la burla de los gentiles, y no por las obras impías de sus enemigos, sino por los pecados aberrantes de sus propios miembros.
Propongo aquí algunas reflexiones sobre la situación:

Origen
1. Más allá de la antipatía y las críticas que podamos hacer al desastroso pontificado del Papa Francisco, no podemos señalarlo como el culpable de la situación actual. Él recibió una situación explosiva y su responsabilidad reside en que no solamente no hizo nada para solucionarla, sino que promovió y continuó con el encubrimiento de los protagonistas y culpables. 
La situación viene de muy lejos, como bien lo revelan los informes tanto de Estados Unidos como de Alemania, de mucho antes incluso del Concilio Vaticano II, aunque claramente se multiplicó exponencialmente en las últimas décadas. Y, aunque sea doloroso y eclesialmente incorrecto, hay que admitir que si debemos encontrar un responsable más responsable que otros, debemos señalar a Juan Pablo II. Fue durante su larguísimo pontificado cuando se sucedieron la mayor parte de los abusos, cuando se extendió la mafia lavanda y cuando sus principales capitostes fueron exaltados a los más altos puestos del poder. Basta recordar el caso emblemático de Marcial Maciel y, últimamente, de McCarrick. Lo cierto es que durante el pontificado del papa polaco, la Roma católica se fue sodomizando en la Curia, en las universidades y en los colegios pontificios. Y esto ocurría bajo sus narices y a la vista de todos. Y no hizo nada. Sus prioridades fueron el ecumenismo, los pedidos de perdón, las Jornadas Mundial de Juventud y prohibir la liturgia tradicional. Creo que si queda historia, un próximo pontífice deberá revisar seriamente su canonización.
2. Si bien no podemos adjudicar al concilio Vaticano II la responsabilidad de la enorme crisis que vivimos, sí podemos en justa lógica afirmar que ese concilio no solamente no solucionó una situación que venía asomando sino que facilitó su exacerbación hasta la perversión más inaudita. No sé si fue el concilio o el espíritu del concilio, pero lo cierto es que se trató de un viento fétido que arruinó todo lo que encontró a su paso. Y no hablo solamente de la sodomía clerical. El espíritu del concilio, por ejemplo, acabó con la vida religiosa, flor privilegiada de la Iglesia católica. El blog de la Cigüeña de la Torre lleva un conteo de las comunidades religiosas que van desapareciendo semanalmente de España, y lo mismo podríamos hacer en todos los países del mundo. Creo que ya nadie con un mínimo de sinceridad puede defender al Concilio. No pido que se quemen sus documentos en la plaza pública, pero pido al menos la decencia de mencionarlo nunca más.

El piloto

Para enfrentar una situación tan crítica como la que vive la Iglesia sería necesario contar con un buen piloto, con un piloto santo. Tenemos el peor imaginable y por todos los ángulos que se lo mire. Me decía hace pocos días un obispo argentino: “Bergoglio es un ignorante, incapaz siquiera de terminar sus estudios universitarios. Su única cualidad es la astucia”. El sitio Infovaticana publicaba hace pocos días las palabras de otro obispo: “Francisco es un ignorante, pero es hombre muy astuto e inteligente en los objetivos que sospecho persigue; teológicamente, todos sabemos que es un analfabeto, ya que fue incapaz de finalizar los estudios teológicos y, en consecuencia, está haciendo un daño inmenso a la Iglesia. Es soberbio, pero lo esconde muy bien bajo una cierta apariencia de bondad que, a su vez, es una forma de esconder su tendencia patológica hacia el poder”. Y el reporte que publicó hace una semana Der Spiegel aparecen las declaraciones de una prelado de la Curia vaticana: “Es frío como el hielo, astuto, maquiavélico y, lo que es peor, miente”. ¿Hay que asombrarse? De ninguna manera. Todo eso lo habíamos dicho en estas páginas desde hace años. En agosto de 2013 publicábamos un post precaviendo a los lectores sobre lo que sucedería con el pontificado que acababa de inaugurarse. Comentamos sobre su deseo patológico de poder en octubre de 2015, y en enero y julio de 2016. En julio de 2014, Ludovicus propuso varias hipótesis para entender a Bergoglio, y una era la hipótesis Chauncy Gardiner, y que puede sintetizarse afirmando que Bergoglio no es más que lo que se ve: un simplón que por una serie de circunstancias desafortunadas y por un astucia política propia de su genes jesuitas, llegó donde llegó por el solo afán de poder. Sobre su frialdad y maquiavelismo, rayanos con la patología publicamos un post en enero de 2016. Y podríamos así seguir y seguir citando referencias en las que abundamos a lo largo de más de cinco años. ¿Nadie se dio cuenta antes? Hace pocas semanas, un blog americano traducía una entrada nuestra de 2013 sobre la expresión de Ludovicus “canibalismo institucional”, y se preguntaba cómo había sido posible que ningún periodista hubiese prestado atención antes a estas cautelas que desde este blog y desde mucho otros hacíamos sobre Bergoglio.

Si los que hacemos este blog, que somos apenas unos pelagatos, podíamos vislumbrar las características del personaje, ¿cómo no pudieron hacerlo los cardenales? ¿Cómo pudieron cometer el error garrafal y difícilmente perdonable de escribir su nombre en la papeleta del cónclave? El mal ya está hecho y hay que soportar la situación hasta que Dios disponga lo contrario. Pero lo cierto es que hoy nos encontramos en una situación diversa a la de hace algunas semanas: Bergoglio se quedó solo. Tal como todos los analistas interpretan, su elección fue digitada por la mafia de San Gallo, un club de cardenales progresistas sobre cuya existencia y maniobras habló uno de sus protagonistas, el cardenal Daneels, y le exigieron a cambio de los votos una serie de reformas a las que Bergoglio se comprometió a llevar a cabo, y ese fue el motivo por el que tenía el apoyo incondicional de la prensa secular. Pero, como dice Der Spiegel, después de cinco años, no se ve ninguna reforma y los escándalos de abusos saltan por doquier. Se acabó el trato; se acabó la protección. 
Escribía yo en este blog en mayo de 2017: “La resistencia que realmente le preocupa al papa es la resistencia progresista a la cual él, en el fondo, ha traicionado. Lo cierto es que Francisco se ha dedicado en estos cuatro años a lanzar continuos fuegos de artificios retóricos y metrallas de gestos vulgares pero los cambios propiamente han sido muy pocos. Los cardenales progresistas en serio esperaban que, luego de cuatro años, ya se hubiese eliminado el celibato sacerdotal, se estuviera discutiendo seriamente el sacerdocio femenino, se hubiera aceptado la sodomía y desmantelado la Curia romana. Bergoglio, que es un viejo zorro al que le importa un bledo la doctrina -sea conservadora o progresista-, jamás pondrá la firma en ninguno de estos cambios”. 
Como los Kirchner, Bergoglio pretendió blindarse por izquierda para conservarse en el poder que, como buen jesuita, es lo único que le importa. Rompió con los conservadores durante los ’90 y abrazó el progresismo, no por convicción sino porque le resultaba más útil para sus fines. Y llegó aupado por ese progresismo y por la prensa internacional -que es toda progresista- al pontificado. Y los defraudó. Era previsible que esto ocurriera. Como explicaba Ludovicus en noviembre de 2014, la progresía le dio un waiver a Bergoglio a fin de que destruyera a la Iglesia, y pareciera que se lo estar por quitar: el proceso destructor no fue lo eficiente y lo veloz que ellos esperaban.
El resultado es que el papa Francisco se quedó solo: sin el apoyo de la prensa, que paulatinamente irá retirándoselo, sin el apoyo de los obispos conservadores porque los defraudó, sin el apoyo de los obispos progresistas, porque también los defraudó y con el solo e inútil apoyo de los obispos argentinos. La Cigüeña publicaba hace pocos días una poesía que terminaba con estos versos: “Vete, Bergoglio impostor, / que pudres la hermosa Roma. / Ni sus colinas y lomas,/ Pagaron nunca a traidor. // Vete, si tienes decencia, / -aun un ápice-, al desierto. / Tu liderazgo está muerto. /¡Pide a Dios mucha clemencia!”. Esta triste cantinela, impensada hace unos pocos meses, la podrían cantar hoy en la plaza de San Pedro un muy nutrido grupo en el que se encontraría el cardenal Marx al alimón con el cardenal Burke; Rupert Murdoch y George Soros junto a Roberto de Mattei y Antonio Caponnetto. El compadrito jesuita de los bajos fondos porteños perdió la apuesta y está solo.


Nota bene: La ilustración del Papa Francisco que incluimos en esta entrada no es un fake. Aquí puede observa con qué admiración y gula observa el Sumo Pontífice cuando le fue presentada. 

jueves, 27 de septiembre de 2018

Letanías para los tiempos que corren



Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. Señor ten piedad.
Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.

Dios Padre, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Sacerdote Eterno y Rey soberano, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, fuente de santidad y guía de los pastores, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros.

Por el Papa, vicario de Cristo, óyenos, Señor, y ten piedad.
Por los cardenales de la Santa Iglesia de Dios, óyenos, Señor, y ten piedad.
Por los obispos de la Santa Iglesia de Dios, óyenos, Señor, y ten piedad.
Por los sacerdotes de la Santa Iglesia de Dios, óyenos, Señor, y ten piedad.
Por los diáconos de la Santa Iglesia de Dios, óyenos, Señor, y ten piedad.
Por los seminaristas de la Santa Iglesia de Dios, óyenos, Señor, y ten piedad.
Por los ministros de la Santa Iglesia de Dios, óyenos, Señor, y ten piedad.

Que los clérigos fieles a sus promesas, por la preciosa sangre de Jesús, sean fortificados.
Que los clérigos que se esfuerzan por ser santos, por la preciosa sangre de Jesús, sean fortificados.
Que los clérigos ortodoxos en materia dogmática, por la preciosa sangre de Jesús, sean fortificados.
Que los clérigos que predican con coraje, por la preciosa sangre de Jesús, sean fortificados. 
Que los clérigos reverentes en materia litúrgica, por la preciosa sangre de Jesús, sean fortificados.
Que los clérigos generosos en confesar, por la preciosa sangre de Jesús, sean fortificados.
Que los clérigos dedicados a las obras de misericordia, por la preciosa sangre de Jesús, sean fortificados.

A los clérigos desorientados, preciosa sangre de Jesús, consuélalos. 
A los clérigos desmoralizados, preciosa sangre de Jesús, consuélalos.
A los clérigos exhaustos, preciosa sangre de Jesús, consuélalos.
A los clérigos menospreciados, preciosa sangre de Jesús, consuélalos.
A los clérigos calumniados, preciosa sangre de Jesús, consuélalos.
A los clérigos perseguidos, preciosa sangre de Jesús, consuélalos.
A los clérigos silenciados, preciosa sangre de Jesús, consuélalos.

A los clérigos abusadores, preciosa sangre de Cristo, lava y conviértelos.
A los clérigos ambiciosos, preciosa sangre de Cristo, lava y conviértelos.
A los clérigos vengativos, preciosa sangre de Cristo, lava y conviértelos.
A los clérigos heréticos, preciosa sangre de Cristo, lava y conviértelos.
A los clérigos irreverentes, preciosa sangre de Cristo, lava y conviértelos.
A los clérigos cobardes, preciosa sangre de Cristo, lava y conviértelos.
A los clérigos tibios, preciosa sangre de Cristo, lava y conviértelos.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, protege y salva a tus sacerdotes.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, sana y purifica a tus sacerdotes.
Cordero de dios, que quitas los pecados del mundo, multiplica tus sacerdotes santos.

Oremos: O Señor Jesucristo, apiádate de tu pueblo y que la luz de tu rostro nos ilumine para que aquellos que vivimos en el valle de las sombras de la muerte, seamos librados de las iniquidades que nos afligen y que así podamos recibir muchos pastores según tu Sagrado Corazón, para que, santificándonos a todos, conduzcan a tu grey hasta los prados de gracia y gloria donde Tú vives y reinas con el Padre en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.  

Tradujo Jack Tollers

Fuente: http://vultuschristi.org/index.php/2018/09/the-spirit-comes-to-the-aid-of-our-weakness/