lunes, 13 de diciembre de 2010

El atajo


Hace algunas semanas discutimos en el blog el tema de la contemplación. En esa ocasión, un comentarista afirmaba que, debido a las condiciones de la vida moderna, seguramente Dios dispensaría a los hombres de hoy de la necesidad de la contemplación para progresar en la vida cristiana. Es decir, la vida en el mundo contemporáneo sería una suerte de atajo para llegar al cielo ya que nos ahorra la pesada carga de la contemplación.

Dios puede hacer lo quiera y, en principio, sería posible lo que sugiere el comentarista. Pero a mí me parece difícil. Veamos:

¿Qué es la contemplación? Fundamentalmente, el proceso por el cual nos transformamos en Cristo, según lo dice San Pablo cuando le escribe a los corintios: “Todos nosotros, a cara descubierta, contemplamos la gloria del Señor como en un espejo, y nos transformamos en la misma imagen de la gloria, a medida que obra en nosotros el Espíritu del Señor” (II. 3, 18). Estas palabras me recuerdan una de las esculturas que adornan la catedral de Chartres. En ella, el Creador tiene el rostro que tradicionalmente se le atribuye a Cristo. Y el hombre que el Creador mueve delante de Él para introducirlo en el paraíso tiene exactamente los mismos rasgos. Es que el único modo de entrar al cielo es haber sido transformados en Cristo, lo cual es un proceso sobrenatural que supone la contemplación.

Contemplar es mirar a Dios de espaldas, como Moisés. Es ese el misterio de la Encarnación, que no es la instalación de Dios sobre la tierra, sino que es su descenso para arrastrarnos tras Él. Y así, Él va delante y nosotros detrás encaramados en la merkabah, o el carro alado de cuatro rudas del que nos habla Ezequiel y sobre el que fue arrebatado Elías.

“Habrá que alzarse siempre con aquel que se alza realmente; a aquel que corre hacia el Señor no le faltará nunca un vasto espacio. Así aquel que sube no se detiene jamás yendo de comienzo en comienzo, a través de comienzos que no tendrán nunca fin”, dice Gregorio de Nisa.

Por todo esto, me parece que no hay atajo que valga. Nos transformamos en el Él mediante la contemplación, y es la contemplación el pasaje para abordar el carro de fuego. Y si el mundo moderno nos impide la contemplación, estamos en un problema, y no en un atajo.

8 comentarios:

hombre mirando al sudeste dijo...

El mejor "atajo" es pegarse una buena confesión y que después te pise un choche.

Uno no puede tirarse debajo del tranvía, pero sí caminar con suma distracción... Solo miro en una dirección.

Ya lo he probado todo. Miro a los ojos a los que pintan más peligrosos (que no es pecado), pero no se deciden a acuchillarme, ni me han querido atacar los leones de Cutini.

Pero no me desanimo, vine a este mundo para salvarme y en eso estoy.

Manolete dijo...

Pues yo creo que si Dios permite el mundo moderno no es para que nos condenemos. A saber qué hace para que participemos en la salvación, pero me extrañaría que levantara la mano a un mundo que obstaculiza la contemplación para ver como millones de hijos suyos se condenan. A lo mejor le vale con lo que dijo en la parábola de su Segunda Venida: dar agua al sediento, vestido al desnudo, recibir al inmigrante,visitar al preso, etc.

Los caminos de Dios no sólo son inescrutables, es que además supongo que serán imposibles de imaginar, de concebir lejanamente desde aquí abajo. Tan solo sabemos que la meta que Él busca es la Salvación de los suyos.

Anónimo dijo...

¿Acaso cuando vuelva creeis que encontraré fe sobre la tierra?

Anónimo dijo...

Malachi Martin dijo:

"A lo mejor le vale con lo que dijo en la parábola de su Segunda Venida: dar agua al sediento, vestido al desnudo, recibir al inmigrante,visitar al preso, etc", dice Manolete...

Mismo problema que la vez pasada.

Creo que habría que aclarar un poco el tema del alma "inhabitada"...Ése es el comienzo.

"Que no estáis huecos por dentro", diría Santa Teresa...

Benigno dijo...

Hago una consulta basada en el siguiente presupuesto,

Yo doy un adulto de 34, fruto puro del Concilio Vaticano II, si bien tengo una formacion Catolica superior al promedio (no me mal interpreten, no quiero decir que se mas, o que tengo mas fe, sino que desde niño me participe de un ambiente catolico, Colegio, Padres, Scouts, etc), desde hace un par de años, me vengo dando cuenta que en lo que yo creo es cada vez mas diferente de lo que tradicionalmente la Iglesia decia que era en lo que habia que creer (ojo no reniego de la tradicion, al contrario, la acepto y me doy cuenta que en principio el equivocado soy yo).
La pregunta es, si a mi o como a mi a millones, siempre de buena fe nos enseñaron que lo que estaba mal esta bien, al momento del Juicio, Dios tendra algun tipo de miramiento? lo digo porque yo nunca supe nada sobre la necesidad de la contemplacion (y como esto, sobre muchas cosas).

Alguien me puede ayudar?

Benigno

Jacobita dijo...

Estimado Wanderer:

Le doy la razón en que la vida moderna aparta al hombre de Dios. Esa es la función del "mundo", que en su versión actual esta muy perfeccionada. Pero no hay que llevar las cosas a extremos. Casi todas las herejías empiezan cogiendo un pensamiento ortodoxo, aislándolo, exagerándolo y convirtiéndolo en el centro de una doctrina heterodoxa.
Por ejemplo, "los Beghards corrían de sitio en sitio con la vestimenta más singular y fantástica, y mendigaban su pan con gritos salvajes y clamores, rechazando con horror todo tipo de industria y trabajo como un obstáculo a la contemplación divina".

Lo que me da más problemas es el énfasis que hace en la contemplación, como necesaria para la salvación. Jesucristo nos dijo que rezásemos, pero no dijo nada parecido. No se puede igualar "contemplación" a "oración", no toda oración es contemplativa. Eso es lo que hicieron los Quietistas.

"Además, hay una tendencia a exaltar la oración contemplativa como si fuera el único ejercicio del espíritu humano realmente agradable a Dios, realmente eficaz en promover la salvación del hombre. Los autores Quietistas utilizan la palabra oración, refiriéndose a su propio tipo de oración, exactamente como los Jansenistas hablaban de la grâce, refiriéndose a su propia doctrina característica de la gracia. Se propusieron reivindicar la libertad del espíritu defendiendo la contemplación frente a sus críticos; pero recortas la libertad del espíritu si impones la contemplación como una clase de deber para los fieles en general."
Ronald Knox, "Entusiasmo".

No creo que haya una vía hacia la santidad, sino miles de ellas. Como escribía Bloy criticando los Ejercicios Espirituales: "Afirmo que la santidad no es otra cosa que la manifestación feliz y completa de la individualidad y que ahogarla es obra demoniaca."

Por lo que a mí respecta, no me siento inclinado ni hacia la mística, ni hacia la ascética, así que mis esperanzas para alcanzar la perfección pasan por un largo Purgatorio. Hace un par de semanas visité un santuario y al confesarme, el sacerdote me recomendó leer la Vida de Santa Teresa de Jesús. No dije nada, pero pensé que dado que Santa Teresa fue mujer, monja contemplativa, mística y santa, había al menos cuatro razones para suponer que si lo hiciera no iba a entender nada.

Y perdone por escribir un comentario más largo que el artículo.

Anónimo dijo...

Martas, Martas, por muchas cosas os afanáis y UNA SOLA es necesaria... La contemplación es la mejor parte y no nos será quita.

Anónimo dijo...

Fuiste Benigno, fuiste.

Oráculo.