sábado, 12 de octubre de 2013

Neopopulismo papal y movimientismo

Magistral exposición de Ludovicus:

Hace poco en Wanderer Mary Lennox definió a la Iglesia moderna como "la Iglesia de los caudillos". La expresión me pareció notablemente feliz porque denota ciertas características de una versión deformada del catolicismo-papado concebido en el marco, primero de un "movimiento", segundo "neopopulista". Explico.

La característica de un "movimiento", diría Perogrullo, es que se mueve hacia algo. Es decir, que hay una agenda programática, configurada por un proyecto con dynamis propia, y un estilo, el del Caudillo, i.e., la cabeza del movimiento. Brevemente: el papa comienza a configurarse como un Caudillo, y el catolicismo, como religión del papa.

Hay algo muy interesante en las Profecías de san Malaquías, o más específicamente en la forma de leer los lemas. Hasta hace doscientos años, los lemas se interpretaban de acuerdo con algún rasgo circunstancial del Pontífice: lugar de nacimiento, diócesis de la que fue obispo previamente, escudo, etcétera. Pero a partir del siglo XIX, oh sorpresa, las profecías comienzan a ser leídas a la luz de las vicisitudes de los papas: ya con Pío VII, "Aquila rapax", se entiende que hay una alusión - bastante atinada, hay que decirlo- a su ajetreada relación con su victimario Napoleón. Con Pio IX, "Crux de Cruce", además de alguna interpretación heráldica, también se reseñan sus desgracias y pérdidas. Lo mismo con León XIII, cuyo lema - "Lumen in coelo" es doblemente interpretado, ya porque su familia tenía en el escudo una estrella, ya por su magisterio nuevo y luminoso. Y a partir de san Pío X  ("Ignis ardens") las interpretaciones se cargan de historicidad, por así decir. Me excuso de seguir citando, pero casi todos los siguientes lemas son leídos a la luz del "programa" o el "carácter/carisma" del pontificado. De entre estos cómo no olvidar el paradigmático "Pastor Angelicus" de Pío XII, del cual se hizo uso y abuso, consolidándose a tal punto como recurso propagandístico que llegó a filmarse una película de tal título.

Lo que aquí nos interesa es que la elección de la interpretación del lema es un síntoma de cómo viene evolucionando la noción popular y no tan popular del papado, que entendemos deformada y teológicamente desafortunada. Claro que la parva desviación decimonónica después del Concilio se acentúa y agrava.

Algo similar ocurre con el nombre, en forma señalada desde Pablo VI, que se concibió como una suerte de Apóstol de las Gentes para el mundo y la ONU. El pontificado es entendido como un acaudillamiento de un "movimiento" sobre la base de un programa y un "carisma" peculiar que aporta el nombre elegido por el papa: la rumbosa pretensión de diálogo con el mundo moderno y sus hijas pobres, la inculturación y la neoevangelización que permearán hasta el juanpablismo como asunción de un carisma "paulino".

Juan Pablo I, al asumir su nombre compuesto, explicitará la programática conciliar abiertamente, lo mismo que hará su sucesor en versión neoconservadora. Las mismas primeras encíclicas que escriben los papas son presentadas abiertamente como "programas del pontificado", embarcando a los fieles en ciertas líneas directrices que surgen del "carisma" del pontífice. Por cierto, estos programas –como sería las delicias de todo político- se atribuyen con toda tranquilidad al Espíritu Santo, sin advertir que de ser así, la Tercera Persona estaría dando marchas y contramarchas permanentes, como salta a la vista ahora, por ejemplo, en materia litúrgica entre ambos papas, el titular y el emérito. Hoy mismo, ansiosos fieles esperan que el papa derogue la “odiosa discriminación” hacia los divorciados, el matrimonio gay, y las mujeres sacerdotes…

Ahí lo tenemos: un movimiento, unos objetivos a los que tender, un estilo, carácter o carisma que tiñen todo el catolicismo. Un catolicismo definido como papismo, pero papismo del Caudillo que deviene tal por carisma y carácter personal, no por institución y que fuerza a los fieles a adoptar los objetivos personales programáticos, ya sea doctrinarios o litúrgicos.

 A su vez, la base de legitimidad del Papa muta por necesidad interna de adhesión a ese carácter, deviniendo populismo y requiriendo la adopción de actitudes desacralizadoras y desinstitucionalizadoras que colmen de olor a oveja al Caudillo, so pena de quedar sin las "fuerzas fisicas y espirituales", como dijo Benedicto, requeridas para ser papa. Un papa que no se mueve no es papa, es un papa emérito. Peor todavía si, como dice su sucesor, "pone marcha atrás". Un papa políticamente incorrecto empieza a peligrar, porque el divorcio con el pueblo acecha al populista que desafía a los medios, dueños de la opinión pública.


Por cierto, el populismo podrá adquirir ribetes más conservadores o más progresistas, conforme la velocidad de avance que unos u otros pretendan imprimirle. Lo que resultará inadmisible es la negación del " movimiento". Quien niega el "movimiento" queda afuera del "movimiento", es decir de la Iglesia. El programa y el carisma debe además seducir a los fieles, ser vendible en términos de marketing, generar clientelismo: de lo contrario, no es popular, i.e., le falta el cariz populista. Game over, papa emérito.

No asombrarse de la similitud que surge con la relación entre los neomovimientos y los fundadores - la fuente ideológica es la misma, en una alimentación recíproca. Así, cada neomovimiento tiene su pequeño papa, del cual emana doctrina y orientación conforme su "carisma"; y la Iglesia tiene su gran fundador, visto cada vez menos en su faz institucional y progresivamente más "carismático". El hombre, con sus características peculiares, eclipsa la institución papa, y a la institución Iglesia, que deviene arcilla en sus manos a la cual él tiene “la humildad y la ambición de reformar”. El nombre nuevo elegido, ab nihilo enfatiza la dramática personalización del pontificado y la voluntad fundacional.

Francisco, pues, ha culminado el proceso, carismatizando lo institucional a niveles máximos y canibalizadores. Es además, lo que agrava la cosa y eleva el nivel de preocupación, un cultor de la noción de un “Dios que se manifiesta en el tiempo y está presente en los procesos de la historia”, siendo la fe “una fe-camino, una fe histórica. Dios se ha revelado como historia, no como un compendio de verdades abstractas”, según las entrevistas que brinda.

Cómo no recordar la Hora de los Pueblos y las corrientes de la Historia de Perón, que como el mismo general advertía, el político debe cabalgar, jamás contrarrestar.  Procurar revertirlas o resistirlas implicaría asumir la nota infamante de restauracionista.



27 comentarios:

Embajador en el Infierno dijo...

No se si estoy de acuerdo con todo lo que se dice aquí, pero si que me gustaría resaltar la adoración (no tiene otro nombre)de la sociedad contemporánea hacia el cambio. Supongo que es hijo legítimo del progresismo. No se sabe muy bien hacia donde pero al fin cambiamos o nos movemos, porque lo que importa no es el destino donde sino el hecho mismo del movimiento y del cambio. Ya lo dijo Machado, el menor, caminante no hay camino y tal y cual.

Hace poco leía un interesantísimo y trabajadismo informe técnico-empresarial. Estaba encabezado con la famosa cita de Heráclito. Y no pude dejar de pensar que después de 2500 años de progreso, hemos vuelto casi exactamente al principio. Moviéndonos en torno a nosotros mismos.

Todo esto a cuenta del movimientismo.

Anónimo dijo...

Hablando de curas y peronistas, les dejo el link del spot que está mostrando el peronismo mendocino con el Padre Lalo a la cabeza de los referentes usados: http://www.mdzol.com/nota/491267/
Saludos,
Pío

cum dijo...

Ver
El fin y los medios
Roberto de Mattei

http://tradiciondigital.es/2013/10/05/el-fin-y-los-medios/

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo en aquello que se refiere a los excesos del "populismo", uno de los gérmenes de putrefacción que acompaña al mismo principio de autoridad.
Nada de "peronismos" en la Iglesia.

Sin embargo, no me convence (quizás no lo comprendí acabadamente) lo que parecería ser una preferencia por un supuesto "institucionalismo" despersonalizado en todo aquello que implique algún grado de ejercicio del poder (en este caso, espiritual). Este ejercicio, aún dentro de la Iglesia, siempre es personal ; el principio de autoridad es un principio de "relación", entre el que guía y el guiado, donde se establece una especie de comunión, donde el que guía se transforma en la "medida" de los guiados, los configura de algún modo: los "informa", les da "forma".

El problema no radica tanto en el modo adoptado para ese ejercicio (caudillo, duce, G8, colegialidad, parlamentarismo,etc) sino en el respeto que se debe a la naturaleza de ese ejercicio o "gobierno", el cual no es asunto ni de piadosos, ni de sabios, sino de prudentes, como dicen que dijo Sto Tomás.

Lo grave es cuando la prudencia se corrompe y deviene en astucia, dentro de la misma Iglesia.

El gobierno de la Iglesia Universal, en cuanto a su realidad terrena, cae bajo las regla de la Prudencia, que exige, entre otras cosas, la providencia, es decir objetivos, planes y programas, etc. Y el "imperium" de una voluntad prudente impele a concretar la acción buena, lo cual implica un "movimiento" hacia algo. Y este proceso es imposible que no se vea teñido con los rasgos de la personalidad de quién ejerce ese poder, como también se tiñe, de algún modo, los lazos de esa "relación" conductor-conducido. Pretender lo contrario es ir contra la naturaleza de las cosas.

Sospecho que el problema no pasa por contraponer al populismo marketinero, un institucionalismo despersonalizado, que es lo que se podría llegar a deducir del escrito. Porque implicaría, la tentación del ejercicio del poder deshumanizado: en lo personal, prefiero "despotricar" contra alguien de carne y hueso, que vermelas con una maquinaria "burocrática- gendarme- de principios" , totalmente despersonalizada , donde todos y nadie es responsable de lo que eventualmente haya que padecer. Al fin y al cabo, a Cristo lo ajusticia la "institución", la maquinaria de los fariseos, la religión corrompida e institucionalizada.

En resumen, dos son los peligros que acechan a un Papa: la herejía y la imprudencia; de lo primero creo firmemente que nos preserva el ES (aunque esto, me imagino, en ocasiones demande descomunales gracias sobrenaturales). De lo segundo, de la eventualidad de un necio con poder en la Cátedra, del mentecato, de un imprudente, no nos libra nadie. Estas son las reglas del juego y, ante esto, no resta más que rezar y...agradecer a los cardenales.

CeG

Ludovicus dijo...

Estimado CeG, hay una manera de ejercer el poder propia del Rey, y una manera del tirano. El Rey ejerce su poder como Rey, una institución que trasciende la persona. Cuando muere se viva al Rey. Es un eslabón más en la larga cadena de la tradición, y lo sabe. Si bien tiene su estilo, no pretende permear toda la Monarquía con él. Es un guardián, no un dueño. Respeta todas las opiniones, y no pretende imponer la suya, que distingue perfectamente de lo "que piensa el Rey".

El tirano es fundacional. Los precedentes no existen, el protocolo no existe. Así lo manda, así lo quiere, sirva su voluntad de razón. Habla desde él, incluso contra la misma institución. Denuesta a sus pares, hace demagogia con el popolo grasso, ignora las tradiciones, somete todo a sus gustos, impone la uniformidad. Casi todos nuestros gobernantes democráticos en la Argentina han sido así, por eso cuesta ver la diferencia.

Por otra parte, hay un componente electoral muy desagradable en esta suerte de alternancia entre adminjstraciones republicanas y demócratas en el papado. Un programa liberal, un programa progre, un programa liberal y vuelta a empezar.

Christian dijo...

¿Querían LÍO? Estamos en un verdadero lío.

Catedral de Córdoba transformada en un Boliche para "cristianos y cristianas"... no merece más comentarios.

http://www.ustream.tv/recorded/39693420

VIVA PERON, CRISTINA, Y EL CHE FRANCISCO. Estamos en el horno. RAJEMOS NEGRO!!!!

El ucaboy dijo...

Un signo de peronismo que vivo de cerca es el tucho fernández. El lunes pasado presentó un libro sobre el papa, lo asistentes fueron: Sergio Massa, Martín Insaurralde, Momo Benegas, Jorge Tellerman, Oscar Parrilli, Jorge Taiana, Hugo Yasky, Antonio Caló, Joaquín de la Torre, Federito Pinedo, Sergio Bergman, etc. Ayer o antes de ayer, cual paladín del Bergoglismo, salió a defender al conductor en una carta de lectores contestandole a Benegas Lynch.

(Además es lamentable muchos sacerdotes en sus sermones citen más al Papa que a Jesús o a los santos. Pasamos de ser discípulos de Cristo a hinchas de Francisco.)

Pero más lamentable aún es, para mí, lo que cita Ludovicus y que yo no había leído antes "Dios se ha revelado como historia, no como un compendio de verdades abstractas". Esto me llena de consternación porque no me resulta nuevo: me lo hicieron aprender en nuestra Pontificia y Católica universidad. El concepto de que la revelación sea "historia" aparece en los cuatro artículos de Andrés Torres Queiruga (condenado por su conferencia episcopal y prohibido en la enseñanza católica de su país) que tuve que leer para aprobar "Teología Fundamental" en la facultad. Uno de los artículos dice abiertamente que la reacción antimoderna generó un magisterio difícil de "interpretar" (torcer) pero que tiene agujeros "salvables" por donde colar la nueva doctrina. Si las comunidades hagiográficas escribieron una interpretación de la historia que resultó "revelada", entonces la interpretación de la historia de la salvación que tenemos hoy puede no ser la que teníamos ayer...

Benign_o dijo...

Ya lo decía el líder del los movimentarios en los simpsons.

Anónimo dijo...

El problema, estimado CeG, es que en la Iglesia, el poder del mandamás es esencialmente "vicario", de manera que la configuración de los fieles con el Caudillo no solamente es inaceptable, sino contraria al sentido propio de la Iglesia, cuya misión es configurar toda la realidad a Cristo. De modo que la posible y necesaria "comunión" entre el guía y los guiados supone referir esta comunidad a Cristo y no a los intermediarios, a diferencia de la sociedad política, en la cual puede convenir en cierto momento esta simbiosis caudillo-pueblo, supuesta cualquier crisis de supervivencia que venga a ser remediada de esta forma.
Pero repito que, en el caso de la Iglesia, esto es ilegítimo, aunque haya podido suceder alguna vez por alguna causa excepcional pero jamás como una regla; acertadamente ha descripto Ludovicus estos últimos tiempos como una contienda entre lo regular y lo excepcional, que podría sintetizarse como una lucha entre lo tradicional y lo singular.
Así se ha perdido de vista el fin último de la institución papal, que es preservar los bienes espirituales de los cuales es portadora y administradora la Iglesia, que de hecho ha sido reemplazado por cierto grado de endiosamiento idolátrico del papa reinante.
Esto además, es una de las causas de la relativización de la Doctrina Católica, la cual en esta tendencia moderna es admisible una vez pasada por el tamiz del conductor.
Si no interpreto mal, la santidad personal del Vicario de Cristo, en la tesis de Ludovicus es indiferente, porque lo que es maligno no es él -bien al contrario, por cierto- sino esa miasma idolátrica de la que se lo rodea. Por lo menos, hasta que aparece su sucesor.
Donde todo vuelve a comenzar ...
Augusto

Dick Winters dijo...

Creo que no podemos pasar por alto el video de la catedral de córdoba que posteó Christian. El reportaje que le hacen al sacerdote aproximadamente a la hora con 38 minutos es revelador de la esencia de esta nueva "pastoral". Muy francisquista, por cierto.

Ludovicus dijo...

Estimado Augusto,
Completamente de acuerdo. A tal punto en la concepción tradicional lo carismático se subordinaba a lo institucional y el carácter vicario al mandante, Cristo, que San Pío X, cuando se operaba una curación en su presencia, exclamaba que él no tenia nada que ver, que era el poder de las Llaves.
Hasta la santidad (el colmo de lo genuinamente carismático, no la construcción mediatico marketinera a la que llamamos "carisma") quedaba oscurecida, por así decir, por la institución.
No por nada la reluctancia de la Iglesia preconciliar a canonizar a sus Pontífices, resistencia que Pío XII venció por primera vez precisamente con la canonización del mencionado antecesor.

Anónimo dijo...

Cuando estuve la última vez -hace ya varios años- en Roma tuve una terrible pesadilla.

La iglesia que más me gusta en Roma es la de Santa Maria Maggiore. Nada del otro mundo esa preferencia tampoco. Creo que muchos la comparten, por distintos motivos.

Pues bien la pesadilla fue la siguiente. Era de noche, buscaba u taxi y me dijeron que se podía encontrar algunos a la vuelta de la basílica. Cuando me acerqué (era como que recién llegaba a Roma) me dí con la sorpresa de que había sido reciclada y transformada en un boliche nocturno. Muy cool y fashion por cierto. El sueño era muy real. Veía las luces y escuchaba la música fortísima que provenían desde adentro. Era bastante macabro, aunque la noche sobre la basílica era hermosa, estrellada con luna.

Me desperté de la desesperación, no lo podía creer dentro del sueño, pero era real. Era así.

Cuando estuve despierto empecé a pensar si era un premonición, no un sueño. Generalmente cuando en los sueños padezco irrealidades me doy cuenta en el sueño y, a veces, me despierto, otras sigo durmiendo. En este no.

Después pensé que eso era imposible, que Santa María Maggiore nunca dejaría de ser una Basílica Romana.

Ya no lo sé.

Saludos,



Anónimo dijo...

Con el respeto que me merece la opiniòn del autor de la entrada, creo que la inquina contra el peronismo y toda forma de populismo, no debe distraernos del verdadero problema. Algùn modo de "papolatrìa" siempre hubo en la Iglesia, reforzada a partir de Pio IX para compensar los atropellos sufridos por la Sede Apostòlica. El hecho no se viò como problema mientras los Papas no eran fuente de confusiòn y contradicciòn doctrinal (es a partir del CVII que los Papas se esfuerzan por arrojar por la ventana la tradiciòn y valorizar "el cambio" y "lo nuevo". La ùnica excepciòn papolàtrica fue Benedicto XVI, a quien se formaba fila para interpelarlo, desobedecerlo y llenarle la cara de dedos. La podredumbre viene de mucho antes, incluso, del CVII (ya el padre Castellani denunciaba una Iglesia farisaica)y hay que reconocer que en algùn lugar estaba larvada toda la roña que se soltò en ese sacrosanto Concilio. Que haya un Papa de personalidad firme que ejerza su autoridad no es problema. Sì lo es cuando la cabeza de la Iglesia deja de ser Cristo para ser un hombre, o una corriente de opiniòn. Estamos tarados por muchas dècadas de muy mala catequesis, y de eso la culpa la tenemos todos.

Don Diego dijo...

Según Sandro Magister, "Martini Papa, el sueño convertido en realidad" (http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1350623?sp=y)

Genjo dijo...

Tengo la opinión de que Francisco se ha puesto a luchar contra lo que podríamos llamar el jesuitismo preconciliar.
O sea: arremete contra el elefante barroco.
Pero no desde la Tradición -en realidad cree que Tradición y barroquismo son lo mismo, su modo de entender la tradición es jesuítico-, sino con el bagaje de la postmodernidad.

Ludovicus dijo...

Genjo, está practicando el deporte de arrojar bebes y quedarse con algo del agua sucia de la bañera.

Martin Ellingham dijo...

Una entrada para la antología.

Si los argentinos no conociéramos el carácter polimorfo de Bergoglio podríamos pensar como Genjo. Pero se nos hace muy difícil.

Saludos.

Anónimo dijo...

Me gustaría una definición del blog sobre el Concilio Vaticano II

Walter E. Kurtz dijo...

Anónimo 1.43,

Es que, justamente, lo que usted señala es el problema de las dictaduras: que uno queda sujeto a la buena o mala voluntad, a la sabiduría o ignorancia, a la mayor o menor inteligencia del dictador ocasional, al no existir anticuerpos institucionales para resistir, contener, orientar, etc. al gobernante (de timonel en griego). La monarquía tradicional, como el papado tradicional, tenían esos anticuerpos... aunque más no fuese al pueblo romano degollando cardenales.

Esto ya se sabe desde Aristóteles, sino antes.

Ser "caudillo" no es para cualquiera. Ser monarca es hasta para el más idiota.

Anónimo dijo...


La verdad no estoy en un momento de fervor, pero, como contrapartida, esto me permite ver más fríamente, y a fuer de ser sinceros lo menos que pude hacerse es pedir disculpas a los lefes y decir tenían razón.

La decadencia es total, no tiene arreglo, a no engañarse.

Tribunus.

Genjo dijo...

Algunas cosas que observo, por abundar y explicitar algo, lo que señalé sobre el derribo del elefante:
Frente al dogmatismo que pretende convertir las verdades de fe en un sistema-en el sentido fuerte- de pensamiento, Bergoglio realiza una exposición imprecisa, ambigua, a veces contradictoria, que diluye la verdad dogmática.
La burocratización y el control -que se desarrollan muy tempranamente en la Compañía- son contestadas por Bergoglio desprestigiando, a radice, las instituciones administrativas vaticanas.
El control de las conciencias encuentra su antítesis en la proclamación de la no injerencia en la vida espiritual de nadie y la relatividad del Bien.
El afán misionero propio de los jesuitas de siempre queda descalificado al rechazar el proselitismo, in genere.
El servicio al Papa, tan específico de la Compañía, queda contrapuesto por las reticencias manifiestas a aceptar su papel como Romano Pontífice y al degradar su status.
El espíritu militar y organizativo de la actividad católica, que tiene su arquetipo en lo de San Ignacio, es sustituído por la “fantasía del Espíritu”, expresión que acabo de encontrar en exOrbe. Y la táctica, interpretada como maniobra, el “maniobrerismo”, encuentra su contraposición en el “no hagan lobby”.
El sentido disciplinar y de orden es disuelto al grito de ¡armen lío!
Se rechaza el respeto a la norma litúrgica, interpretado como ritualismo, y allí donde se encuentra de manera eminente se denuncia el peligro de ideologización, –en sus claves-, de dogmatismo (con un reconocimiento implícito de la conexión entre fe y liturgia: rigor litúrgico implica posición dogmática, i.e., ideológica).
La reducción de la religión a un moralismo manualístico queda disuelta, junto con la noción de pecado y con la de vida moral, al “misericordiar” con el pecador sin condenar de forma explícita y contundente el pecado.
La subordinación del Estado a la Iglesia…
El trinfalismo eclesial…

Efectivamente: Es el deporte que señala Ludovicus. Pero me interesaba resaltarlo porque me parece un lugar recurrente de esta página: volver a la tradición no puede ser sin más volver a la “Iglesia preconciliar”, en la que necesariamente había cosas que no iban bien (aquí lo del elefante, cómo si no explicar el desastre que se produjo de inmediato). Allí, en la “Iglesia preconciliar”, se podía encontrar –en diferentes dosis y según la parroquia- ritualismo sin corazón, dogmatismo ideologizante, papolatría cumplida o en ciernes, oportunismo, moralismo a espuertas, etc., etc. El problema es que quiere desmontarse cuando ya es algo del pasado (la riada conciliar se ha llevado al niño y sólo nos queda el agua sucia), y quiere hacerse como se hace, no sobre la Tradición, sino sobre el sesentayocho.
¿O es que no ha sido suficiente y la purificación debe ser más honda?

Martin Ellingham dijo...

Genjo ha entendido y aplicado muy biena la distinción entre "tradiciones" y Tradición.
Saludos.

Anónimo dijo...

Permítame, querido anónimo de las 06:43, que agregue alguna cosilla a su impecable exposición de dudas y desgracias presentes.
Y es sobre un punto en el cual, al proclamarlo, la progresía enjuta la cabeza al cuerpo, pone los ojos en blanco y comienza a derramar hilos de baba hialina por la comisura izquierda (¡siempre izquierda!) de la boca feamente torcida: El triunfalismo de la Iglesia.
Cuestión completamente asociada al asunto principal, pero que es como que se haya vuelto loca y descentrada.
La Iglesia es necesariamente triunfalista: Cristo anticipó su triunfo definitivo y total, sobre y contra el mundo, el demonio y la carne, los enemigos clásicos del alma. Y la Iglesia sería su compañía (no exactamente la "compañia de Jesús"), su Cuerpo Místico, Sus miembros, que entrarían en posesión del costoso triunfo tras su Cabeza Gloriosa, por los siglos. En esto difiere esencialmente la progresía del catolicismo: en la Parusía.
Por eso el catolisimo es triunfalista o no es catolicismo, y la progresía no puede ser verdaderamente católica del todo: pone su confianza en las fuerzas del hombre (que finalmente será derrotado por Satanás) por no asociarse al triunfo divino del Hijo del Hombre.
Pero como nadie puede adherir a algo que no suponga algún bien y los bienes de la religión, o los que se esperan de ella, son los más elevados de todos, el progre callejero necesitaba trasponer el "triunfalismo" que le negaba al Cuerpo Místico, a algo más acorde con su herejía humanista. Y el Papa andaba de maravillas.
Así que de custodio infalible de la Verdad Revelada y los Sacramentos de la Salvación, pasó a "santo padre" no en un sentido institucional, sino personal y subjetivo.
Por eso a Benedicto XVI lo abofetearon cuanto quisieron: no porque dijera lo que siempre dijo la Iglesia, esto es, lo que mandó decir N. Señor. No, no era por eso. Era porque ese hombre no quería dejar "al hombre" el protagonimo total de su salvación eterna, estilo CVII. Y eso fue intolerable.
Yo, ignorante y bruto como soy, ahora lo advierto por contradistinción. Usté me entiende...
Frente a ello, quedaban dos caminos: el papocentrismo (optimista) o el sedevacantismo (papocentrismo pesimista).
Y le agradezco otra vez a Ludovicus el haber puesto sobre la mesa una de las cuestiones más graves que existen dentro de la Iglesia, y que tienen que ver con el fariseísmo y la idolatría.
Augusto

Anónimo dijo...

El que triunfó es Cristo, a quien acompañarán todos los que se hagan como niños para entrar en el Reino de los Cielos. La Iglesia más que "triunfalista", debe ser humilde y militante (en este mundo), para merecer participar del triunfo de Cristo.
Y en cuanto al fariseísmo, hay que tener autoridad para increpar a los fariseos, como la tenía Jesús y tantos santos. Y más autoridad aún para acusar a un papa de fariseo...

Anónimo dijo...

Apreciado Anónimo de las 12 y media:
Si el que triunfó es Cristo, la Iglesia triunfará por que es Cristo Místico. La Iglesia no tiene que ser humilde porque no es pecadora: es impecable como su Cabeza. Los que somos pecadores somos nosotros, sus miembros inferiores, y por eso debemos ser humildes; porque se nos ha dado participación gratuita en el Triunfo final.
La segunda parte de su corto comentario aplíqueselo Ud. en salud, que no hay mejor consejo que el que sigue uno mismo ¿no es eso lo que dice allí...?
Augusto

Ludovicus dijo...

La ültima nota de Magister ilustra perfectamente la noción de liderazgo movimientista. Explica que la dirección que le está dando a Bergoglio a la pastoral es diametralmente distinta a la de JP ii y Benedicto, y deja estupefactos a los episcopados yanqui, español e italiano.

La pregunta es ¿en base a qué potestad un papa puede embarcar a los católicos en políticas contradictorias? ¿Esto es un Estado moderno, donde cuando gana un candidato hace lo que se le antoja? No discuto la autoridad del papa, en cuanto papa, pero con qué derecho Bergoglio puede imponer sus ideas, estrategias u caprichos personales a la Iglesia universal? Si mañana viene un conservador, ¿volvemos a girar a la derecha?
Estamos ante una argentinización de la Iglesia: cada cambio de gobierno implica la instauración de un liderazgo fundacional. Eso no es católico.

Ludovicus dijo...

La nota de Magister

http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1350635?sp=y