lunes, 9 de octubre de 2023

La gran subversión

 


Hace una semana publicaba un artículo titulado “La gran inversión”. En este caso lo titulo La gran subversión. Estamos frente a una persona, Jorge Bergoglio, que desde su arribo a la sede petrina y, sobre todo en el último año, está tomando medidas que subvierten —es decir, vuelven hacia abajo lo que debe estar arriba— la Iglesia católica. El siempre imprescindible blog de Specola nos señala un artículo de Eric Sammons que nos lo dice con claridad: el concepto de sinodalidad amenaza con reemplazar al catolicismo como religión de la Iglesia católica; con Francisco está surgiendo una nueva religión que busca arrebatarle el control a la Iglesia católica para reemplazar al catolicismo. Esa es a situación real que estamos atravesando, y es difícil tomar conciencia plena de la gravedad del momento.

    No voy a repetir aquí lo que se dice sobre el sínodo en muchos otros medios. Pero sí me parece relevante señalar algunos aspectos que prueban mi hipótesis de que estamos en medio de un acelerado proceso de subversión de la Iglesia. Un muy bien informado sitio periodístico italiano, Silere non possum, nos relata lo que se vive en medio del sinodal sínodo sobre la sinodalidad. Los cardenales, obispos y sacerdotes son considerados sapos de otro pozo y deben medir cada palabra que dicen debido a que quienes allí tienen la voz más alta y potente, son un pequeño grupo de laicos ideologizados, arrogantes y arribistas que quieren imponer su forma de pensar. Y piensan con pretendida autoridad sobre cualquier tema. Por ejemplo, sobre la formación sacerdotal en los seminarios. ¿Es posible que laicos como el representante de extrema izquierda Luca Casarini, por ejemplo, pueda decir algo sobre cómo formar a los sacerdotes del mañana? ¿La Iglesia puede  confiar esta reflexión a personas que no tienen idea de lo que es un seminario o una parroquia? Los pobres, colectivo que no puede faltar en tenidas francisquistas, son glorificados por hombres y mujeres que usan pulseras que cuestan diez mil euros. El obispo ya no es quien confirma en la fe sino «quien debe acompañar a los migrantes». Incluso hay quienes están pensando en modificar el Código de Derecho Canónico: ocurrió el viernes por la mañana cuando se habló de cómo reformar las estructuras eclesiales y las curias. Esta discusión de altísima gravedad ha sido encomendada por el Sumo Pontífice a quienes ni siquiera tienen el bachillerato terminado. 

    A tal punto llega la subversión que está ocurriendo ante nuestros ojos que la inicua Elizabetta Piqué se escandalizaba de que el cardenal Müller tuviera la osadía de asistir al sínodo usando sotana. Una periodista mucho más seria que la Piqué, Diane Montagna, hacía la siguiente pregunta el vocero de la asamblea: “Tradicionalmente, y no sólo tradicionalmente, la Iglesia católica discierne la presencia del Espíritu Santo según está de acuerdo con la Revelación divina, el consenso unánime de los Padres y la Tradición apostólica. Entonces,¿Cómo discierne el sínodo si algo viene del Espíritu Santo o de otro espíritu?”. La respuesta del dottore Ruffini, vocero papal, es indiscernible (ver aquí, 36’ 45”). ¿Surrealismo? Más bien parece una Revolución de Octubre de papel crepé o un congreso peronista trasladado a la colina vaticana.

    Pero el sínodo recién comienza y para trazarle su camino, el Papa promulgó el 4 de octubre la exhortación apostólica, o más bien ecológica, Laudate Deum. Una vez más, no se trata de repetir aquí lo que se puede leer en otros sitios, pero podemos señalar algunos puntos. En primer lugar, la oportunidad del documento. Como lo dice de un modo genial Juan Manuel de Prada en su artículo del sábado en el ABC, “en un futuro probable, quiene leyeren esta exhortación podrían quedarse pasmados de que, en una época en que mil incendios abrasan la Iglesia, un Papa se pusiera a tañer la lira del cambio climático”. Pero se trata, además, de un documento en el que el nombre de Jesús aparece mencionado sólo una vez. Nuestro Señor ha desaparecido del horizonte de su vicario que, pareciera, se ha constituido en vicario de otros poderes. Quienes siguen este blog saben que desconfío sistemáticamente de las teorías conspirativas, pero no pretendo caer en la ingenuidad. ¿Cuáles son los motivos que justifican los lazos de amistad y cordial entendimiento entre Bill Clinton y Alex Soros, heredero de George, con el papa Francisco? Sabemos quiénes son y qué quieren aquellos dos, y lo sabemos porque lo dicen públicamente, ¿qué pueden tener en común entonces, con el vicario de Cristo, si sus objetivos son subvertir la doctrina cristiana? Mariana Mazzucato, una empleada del holding Clinton, Soros & Cía. ha sido empleada hace pocas semanas también por el Papa Francisco nombrándola miembro de la Academia para la Vida. Y las declaraciones de esta señora son muy claras en cuanto a los objetivos que persiguen sus empleadores. Estos datos son apenas una muestra de muchos otros, y creo que todos ellos nos llevan a afirmar, porque tal es la evidencia, que el Papa Francisco se encuentra ocupado en el proceso de cambiar la fe católica; ya no es cuestión de que sea más o menos progresista, más o menos disruptor; más o menos hostil a los tradicionalistas y conservadores. Está destruyendo la fe de los apóstoles y la está cambiando por otra.

    La exhortación ecológica, además, causa una profunda vergüenza a todos los católicos por la calidad del texto: es tan elemental, tan poco seria, tan ramplona y arrabaler que parece que la hubiese escrito el cardenal Tucho Fernández (se non è vero…). Qué persona formada, qué católico sincero podría tomarse en serio un documento que, por ejemplo, en el nº 57 dice: “Pero corremos el riesgo de quedarnos encerrados en la lógica de emparchar, colocar remiendos, atar con alambre, mientras por lo bajo avanza un proceso de deterioro que continuamos alimentando. Suponer que cualquier problema futuro podrá ser resuelto con nuevas intervenciones técnicas es un pragmatismo homicida, como patear hacia adelante una bola de nieve”. O bien, hace afirmaciones como la siguiente: “Ya no se puede dudar del origen humano —“antrópico”— del cambio climático” (nº 11). Pues la verdad es que son muchos los que dudan y tienen argumentos muy sólidos y consistentes para hacerlo, por ejemplo Marco Battaglia, la máxima autoridad italiana en cuestiones climáticas y ambientales.  ¿Qué seriedad puede tener un documento cuyas citas son autocitas en su mayor parte y el resto, citas de documentos producidas por agencias globalistas y pertenecientes todos a una misma y única postura? ¿Qué crédito se puede dar al autor del tal documento que no solamente no tiene en cuenta las razones contrarias a las propias opiniones sino que se burla de quienes las sostienen y, en la práctica, prohibe a los católicos adherir a posiciones que él mismo denomina “negacionistas”? El texto de Laudate Deum no alcanza el nivel de una tesina de licenciatura, y jamás pasaría la revisión de una revista científica mínimamente seria; y traigo a colación lo de “revista científica” porque es un texto que habla de ciencia (interesantes las reflexiones en este sentido de Quintana Paz). Por eso mismo, pareciera que la mano que estuvo detrás es la del cardenal Tucho. 

    ¡Qué lejos quedaron los grandes documentos papales! Si pareciera que hace siglos que aparecieron Veritatis splendor o Spes salvi. Muchos dirán con razón que no vale la pena hacer tanta alharaca porque, en definitiva, se trata de un documento que no leerá más que la élite ilustrada de franciscólogos. No lo leerán los sacerdotes y mucho menos los laicos; los obispos quizás lo lean a fin de poder citarlo y acumular chances de alguna promoción. Pero el problema no es solamente el desprestigio —ya de por sí muy disminuido— que acarreará a la Iglesia sino la pulverización que implica de la función magisterial del pontificado romano. Mucho le costará a los próximos papas —si es que los tales existen— reclamar la función de maestros supremos de la fe después de la devastación producida por Bergoglio.

    Finalmente, la subversión pudo verse de un modo impúdico en la presentación del documento en medio de los jardines vaticanos. Allí estuvieron, entre otros, Giorgio Parisi, científico italiano que impidió que el papa Benedicto XVI hablara en La Sapienza; el escritor Jonathan Safran Foer, cuyas propuestas para palear el cambio climático son no tener hijos y no comer carne, y Luisa-Marie Neubauer, amiga de Greta Thunberg. La foto que ilustra esta entrada presenta justamente a esta desdichada jovencita nórdica como una santa, y ciertamente lo es de acuerdo a los nuevos criterios francisquistas. Ya no se presentan como modelos de santidad quienes se mantienen castos, como San Luis Gonzaga; quienes dan su vida por Cristo como Santa Inés; quienes llevan el mensaje del Evangelio a los paganos como San Francisco Solano o quienes entregan totalmente su vida a Dios en la oración como Santa Teresita del Niño Jesús. No. Los nuevos modelos, los nuevos santos, son los que no contaminan el ambiente, quienes entregan su vida para “evitar un aumento de una décima de grado en la temperatura global” (Laudate Deum nº 70) y quines no albergan “opiniones despectivas y poco racionales” (nº 14) con respecto al cambio climático que aflige a la Madre Tierra. La subversión de la Iglesia.


Cuando era adolescente me entusiasmé con la lectura de El señor del mundo de Robert Hugh Benson y de Juana Tabor, de Hugo Wast. Lecturas juveniles de épocas en que no había internet. Y fantaseaba sobre lo afortunados que sería los cristianos que vivieran esos tiempos postreros. Mucho me temo esos tiempos están alboreando; lo que ya no me convence es que los cristianos que estamos viendo ese amanecer luctuoso seamos tan afortunados.

miércoles, 4 de octubre de 2023

Las dubia cardenalicias, las respuestas de Tucho y la nueva exhortación apostólica sobre el cambio climático

 


Ni aún siendo tan mediocres como son, tan chabacanos y paletos puede comprenderse semejante torpeza. Bergoglio con Tucho Fernández a su lado, los dos en el Vaticano, se han potenciado en cuestión de días y si no hay alguien que los frene, conducirán a la Iglesia a una catástrofe peor de la que es ya inevitable. 

    Me refiero al caso de las nuevas dubia y su respuesta. La noticia ha salido en todos los medios, no solo las idas y venidas de preguntas y respuestas, sino el pavoroso contenido de esas respuestas. Hago un brevísimo repaso de los acontecimientos:

1. El 10 de julio, cinco cardenales (Burke, Zen, Brandmüller, Sandoval y Sarah) enviaron al Papa algunas dubia relacionadas con los contenidos de la fe. La respuesta les llegó, curiosamente, al día siguiente. Y, más curiosamente todavía, estaba redactada en español y dirigida sólo a dos de los cinco cardenales.

2. Las respuestas a cada una de las dubia planteadas recurrían a la conocida táctica jesuítica para generar confusión: en la primera parte se afirma la doctrina tradicional pero, a renglón seguido, se plantean las excepciones a esas doctrinas. Más allá de que ni siquiera las excepciones pueden ser admitidas como tales porque hay principios que no las tienen (la fidelidad matrimonial, por ejemplo, no admite excepciones), ya sabemos lo que pasa en estos casos: lo que queda en la práctica son las excepciones y no la regla. 

3. El 21 de agosto los cardenales se dirigieron nuevamente al Papa y le señalaron que «sus respuestas no han resuelto las dudas que habíamos planteado; por al contrario las han profundizado». Y elevaron, entonces, nuevas dubia. En esta ocasión, no recibieron respuesta del Pontífice.

4. El 2 de octubre por la mañana, frente a la gravedad de la situación incrementada por el próximo inicio del sínodo, los cinco cardenales hicieron públicas las dubia planteadas al Papa. No publicaron la respuesta que habían recibido por una cuestión elemental: no era un texto para ser publicado y, en todo caso, el único que podía hacerlo es quien lo escribió.

5. Afortunadamente, para afrontar semejante crisis, el Papa Francisco contaba con el cardenal Tucho Fernández que rápidamente puso manos a la obra. Pocas horas después, publicó en el sitio del dicasterio para la Doctrina de la Fe la respuesta que el Papa había enviado a los cardenales. E hizo trampa, y pensó que nadie iba a apercibirse de ello. Bastó media hora para que el sitio Missa in Latino señalara la falsedad: la carta estaba severamente mutilada y se daba a entender que era la respuesta a los dos conjuntos de dubia. 

    A menos de tres semanas de asumido en su cargo, Tucho ya se mandó una primera trapisonda que tendrá creo yo, gravísimas consecuencias. Lo habíamos previsto. El irresponsable de Bergoglio le dio a su niño mimado para que jugara nada menos que Doctrina de la Fe. Y el nene está como loco jugando: ayer sacó un nuevo documento respondiendo al cardenal Duka sobre la comunión a los recasados. A este tipo de personajes menores hay que dejarlos actuar, y solitos se dirigen a la guillotina.

    El problema no es solamente la torpeza con la que actuó pretendiendo engañar al mundo entero con una carta pontificia que no es tal, pues es solamente un retazo de ello. Lo gravísimo del caso son las respuestas mismas. Y comencemos por el amanuense. Los analistas más serios dan por hecho que la respuesta a las dubia fue escrita por Tucho. Y resulta fácil reproducir el diálogo telefónico que se habría producido en esa ocasión:

El 10 de julio suena temprano por la mañana el teléfono en el arzobispado de La Plata. Responde el ordinario del lugar:

— Hola. ¿Quién habla?

— Soy yo boludo. Escuchame, te mando una carta que me llegó de cinco viejos carcas que están dele joder con la doctrina católica y otras pelotudeces de ese tipo. Yo de eso no entiendo nada. Escribime una respuesta y se las mando.

—Sí, padre Jorge. Cómo no, padre Jorge. Ahora mismo me pongo, padre Jorge.

Y raudamente Tucho se entregó a la redacción de la respuesta a las dubia carcas y, brillante como es, por la tarde ya la tenía terminada. Con mucha satisfacción se la mando al padre Jorge, como el alumnito que ha cumplido con creces la tarea encomendada por su maestro. Al día siguiente, el padre Jorge envío la respuesta a los cinco purpurados tal como la había recibido: en español y con tres destinatarios faltantes. 

Se trata, claro, de una ficción pero mucho me temo que las cosas se desarrollaron de ese modo, o de algún otro más soez. Sin embargo, la evidencia más aplastante de que Tucho es el autor del documento es la densidad teológica del escrito, la cual es estrictamente proporcional a su coeficiente intelectual: básico, apenas superando las fronteras de lo elemental. 

    El increíble contenido de la nota, firmada por el prefecto del dicasterio de Doctrina de la Fe y aprobada por el Papa ex audientia, es decir, un documento de altísima jerarquía, ha recorrido todos los portales católicos y reproduzco entonces los párrafos más graves:

1. Aunque la Iglesia no puede conferir el matrimonio a parejas del mismo sexo, eso 

d. “no obstante, en el trato con las personas no hay que perder la caridad pastoral, que debe atravesar todas nuestras decisiones y actitudes. La defensa de la verdad objetiva no es la única expresión de esa caridad, que también está hecha de amabilidad, de paciencia, de compresión, de ternura, de aliento. Por consiguiente, no podemos constituirnos en jueces que sólo niegan, rechazan, excluyen.

e) Por ello la prudencia pastoral debe discernir adecuadamente si hay formas de bendición, solicitadas por una o por varias personas, que no transmitan una concepción equivocada del matrimonio. Porque cuando se pide una bendición se está expresando un pedido de auxilio a Dios, un ruego para poder vivir mejor, una confianza en un Padre que puede ayudarnos a vivir mejor.

f) Por otra parte, si bien hay situaciones que desde el punto de vista objetivo no son moralmente aceptables, la misma caridad pastoral nos exige no tratar sin más de «pecadores» a otras personas cuya culpabilidad o responsabilidad pueden estar atenuadas por diversos factores que influyen en la imputabilidad subjetiva.

En pocas palabras, las relaciones homosexuales no siempre son intrínsecamente malas pues la responsabilidad moral puede estar atenuada. Además, la caridad y la prudencia pastoral indican que los que se aman pueden recibir una bendición que sea para ellos o ellas una ayuda para vivir mejor su amor. 

En diez años pasamos del “¿Quién soy yo para juzgar?” a la legitimación por parte de las más altas autoridades de la Iglesia en la práctica de la homosexualidad. 

2. ¿Debe considerarse aún válida la carta apostólica de Juan Pablo II por la cual de “modo definitivo” se cierra la posibilidad del sacerdocio a las mujeres?

Para ser rigurosos, reconozcamos que aún no se ha desarrollado exhaustivamente una doctrina clara y autoritativa acerca de la naturaleza exacta de una «declaración definitiva». No es una definición dogmática, y sin embargo debe ser acatada por todos. Nadie puede contradecirla públicamente y sin embargo puede ser objeto de estudio, como es el caso de la validez de las ordenaciones en la Comunión anglicana.

Es decir, dentro de un par de años o de meses, el cardenal Tucho Fernández habrá desarrollado exhaustiva y autoritativamente una doctrina sobre lo que se entiende por “declaración definitiva” y, en un par de años, o de meses, tendremos un discernimiento pontificio según el cual, en determinadas circunstancias, algunas monjas y religiosas pueden ser ordenadas sacerdotisas.

    Creo que hasta los más moderados estarán de acuerdo en que se trata de un disparate mayúsculo, con consecuencias gravísimas. No nos detendremos a analizar la cuestión doctrinal pues cualquier católico con formación básica puede darse cuenta del desatino pontificio. Tampoco los efectos inmediatos. Aunque hoy los medios de todo el mundo ya hablan de que la Iglesia está cambiando su doctrina con respecto a la homosexualidad, lo cierto es que a los hombres del mundo ya le importa bien poco lo que diga o haga el Papa Francisco.

    La consecuencia más grave es cómo salimos de este marjal al que nos ha conducido Bergoglio y sus amigos. ¿Hay modo de salir? ¿Quién nos puede sacar? Sabemos la calaña de la mayoría de los cardenales y obispos nombrados en los últimos diez años; no esperaría mucho de ellos. Y cómo esperar, si hasta ahora sólo se animan a levantar la voz seis cardenales (en las últimas horas se añadió el cardenal Müller) desahuciados porque han sido corridos de sus funciones por el Papa o por la edad. Los obispos, salvo rarísimas excepciones como Mons. Strickland, Schneider, Viganò y Eleganti permanecen callados en sus guaridas esperando que el tiempo aclare, no sea que los terminen echando. 

    Es verdad también por otro lado, que la chapucería y torpeza de Bergoglio, potenciada ahora por el cardenal Tucho, podría ocasionar que si el próximo pontífice tuviera un mínimo de sentido católico, determinara la nulidad de muchos de los actos cometidos por su antecesor. Ejemplos hay en la historia de la Iglesia donde esto ha sucedido. No pretendemos tener un juicio cadavérico como el que le tocó al papa Formoso pero, al menos, que las cosas vuelvan a ser puestas en su sitio.

    Y si esto no sucediera, mucho me temo que los católicos, para seguir siéndolo, deberemos apartarnos de las estructuras institucionales de la Iglesia que están en situación cierta de apostasía.

    Y como se esto fuera poco, hoy apareció la prometida exhortación apostólica Laudate Deum sobre el cambio climático. Un disparate completo que viene a coronar este pontificado. No es cuestión de leerla; es cuestión solamente de ver las citas y referencias a pie de página del documento. Todo parece indicar que Bergoglio ha abandonado la Iglesia de Cristo. 

lunes, 2 de octubre de 2023

La gran inversión


 

El agua ha comenzado a hervir.

    Una de las características que tienen los tiempos post cristianos que vivimos dentro de la Iglesia es la inversión. Sabemos que el demonio, en su envidia, busca imitar a Dios y lo hace en las antípodas, es decir, invirtiendo lo que Él hace con sabiduría (Prov. 3,19). Los ejemplos se multiplican semanalmente. Veamos algunos casos de las dos últimas semanas:

1. En esta entrevista, la mediática dominica de clausura Lucía Caram, amiga del Papa Francisco, dijo abiertamente que no hay ningún pecado en las relaciones sexuales con personas del mismo sexo, siempre que se hagan con amor. Además, asegura que el Papa Francisco acaba de nombrar en un importantísimo dicasterio vaticano a un gay.

2. El presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Mons. Bätzing pidió al Vaticano que revea la medida que impide ordenar sacerdotes homosexuales que practican en secreto su sexualidad. Es decir, pidió que los sacerdotes homosexuales puedan ejercer libremente su sexualidad. 

    Hace quince años, nadie hubiese pensado que estaríamos viviendo semejantes tiempos de confusión. Ya no sólo se pide el matrimonio de los sacerdotes, sino que se pide la sexualidad libre para los sacerdotes, y para todo el mundo, sea como sea. La gravedad de lo dicho por estos personajes oscuros, y por lo que deberán rendir cuenta más pronto que tarde, es difícilmente mensurable. Por ejemplo, ¿cuál es el mensaje que llega a los buenos jóvenes católicos que viven en continencia y castidad sus noviazgos como manda la doctrina de la Iglesia? Que son unos reverendos imbéciles perdiendo los tiempos de la florida juventud en beaterías completamente superadas. ¡Abstenerse de relaciones sexuales de tipo heterosexual con la novio o novio a quien se ama! Pero ¿hay cosa más y santa linda que eso? ¡Qué idiotas!

    Veamos un último ejemplo: el Papa Francisco asistió a la capilla ardiente donde se velaban los restos de Giorgio Napolitano, ex presidente de Italia, comunista y masón. No dio la absolución, ni bendijo el cadáver ni hizo ningún signo cristiano. La cabeza de la Iglesia y custodio de la fe niega el testimonio público de la fe en la vida venidera y priva al alma de un desgraciado de los auxilios que, aún después de la muerte, podría regalarle. Francisco es un personaje más del mundo, que tiene la particularidad de vestir de blanco, pero que no se diferencia en mucho más de cualquier otro líder global.

    Sí. Son inversiones que nos gritan, voz en cuello, que el agua ha comenzado a hervir.

    Pero hay una inversión más profunda y grave; una inversión que escapa a la moral; una inversión teológica que nos delinea una nueva Iglesia. Un modo sencillo de explicarla es a través del artículo que el p. Antonio Spadaro, jesuita, publicó el 20 de agosto en un periódico italiano. Allí comenta el episodio evangélico de Mateo 7, 24-30:

Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.  Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros.  Él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.  Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme!  Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.  Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.  Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.

El jesuita Spadaro considera que Jesús fue “insensible. [...] La dureza del Maestro es inquebrantable. [...] La misericordia no es para ella. Está excluida. No se discute. [Jesús] responde burlona e irrespetuosamente a la pobre mujer. ‘No es bueno tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos’, es decir, a los perros domésticos.  "Jesús aparece como cegado por el nacionalismo y el rigorismo teológico", escribe. Entonces la mujer replica diciendo que incluso los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos. El comentarista Spadaro continúa: ‘Unas pocas palabras, pero bien dichas como para trastornar la rigidez de Jesús, para conformarlo, para ‘convertirlo’ a sí mismo. [...] Y Jesús también aparece curado, y al final se muestra libre de la rigidez de los elementos teológicos, políticos y culturales dominantes de su tiempo”. En resumen, según el padre Spadaro, Jesús pecó por rigidez, pero luego se convirtió y fue curado. Jesús era, entonces, un pecador como todos los hombres. Una flagrante e impía herejía. Después de esta publicación, el Papa Francisco premió a su hermano jesuita nombrándolo subsecretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación. 

    Pero la gravedad del hecho, a mi entender y tal como lo he hablado con amigos más sabios que yo, no reside tanto en la herejía que se vierte sino en que Spadaro está suponiendo que el Señor necesitó de otro, en este caso, de “otra” que ni siquiera era judía, para convertirse. Es decir, la conversión le vino por el diálogo y la escucha del “otro”, de cualquier “otro”, aún del “otro” más alejado de “mi verdad”. Jesús estaba enfermo de dureza y rigidez, y fue la palabra de una pagana la que lo curó. La enfermedad, entonces, no estaba en el pagano sino en el propio Cristo.

    ¿No es esto acaso lo que hemos estado viendo a lo largo de todo el pontificado de Francisco? Quien está enferma es la Iglesia, son los católicos, cargados de rigideces teológicas y con caras avinagradas; la “iglesia es pecadora”,  dijo en su viaje de regreso de Mongolia; los sacerdotes son crueles y malvados; los católicos que rezan el rosario son pelagianos, los jóvenes que asisten a misa tradicional tienen problemas psicológicos, las monjas son solteronas y todos son una manga de rígidos. Y el problema reside en que no tienen diálogo. Se aferran a un Iglesia que ha ido acumulando a lo largo de los siglos una serie de mandatos, preceptos y seguridades que no son más que sedimentaciones de las que hay que desprenderse. Y para curarse de esa enfermedad la Iglesia necesita, como Jesús, del diálogo con el “otro”, y cuanto más “otro” sea, mejor, pues mayor será el remedio que podrá otorgarle. De aquí, entonces, la necesidad de diálogo y escucha, las que no son actividades buenistas sino que son el medio imprescindible para alcanzar la curación o, en otros términos, para convertirse. Porque la verdad, en realidad, no está en las anquilosadas fórmulas y preceptos de la  Iglesia católica sino en la frescura de las verdades que residen en “otro”, que se convierte en fuente de revelación.

    Consecuentemente, el “otro” ya no es el enemigo de la Iglesia; sus enemigos son otros. Lo dice el documento preparatorio para el sínodo en el n. 21. Allí habla de un actor “que se agrega” al diálogo sanador, y lo llama “el antagonista”, es decir, “el enemigo”, y es el que introduce en escena la separación diabólica de los otros actores (Jesús, el pueblo, los ministros). El cuarto actor es el que divide y se manifiesta en "las formas del rigorismo religioso, de la intimación moral que se presenta más exigente que la de Jesús, y de la seducción de una sabiduría política mundana que pretende ser más eficaz que el discernimiento de espíritus". Es decir, los “antagonistas”, los “demonios” de la nueva Iglesia somos nosotros, los católicos fieles a la doctrina de los Apóstoles y que nos fue enseñada por nuestros padres. Somos nosotros quienes venimos a dividir y enchastrar el diálogo entre la Iglesia y el mundo. Somos diablos, y como tales debemos ser perseguidos.

    Se entiende, entonces, la obsesión francisquista por el sínodo y por la sinodalidad. Es este el modo de oficializar la escucha del “otro”, convertirlo en revelación y cambiar de ese modo definitivamente la doctrina de la Iglesia. Recordemos un hecho olvidado: el 15 de septiembre de 2018 Francisco promulgó el motu proprio Episcopalis communio por el cual establece que el Papa ya no puede escribir una exhortación apostólica postsinodal, sino simplemente confirmar las conclusiones del sínodo, que se convertirán automáticamente en magisterio. Lo que la escucha de los post-cristianos que asisten al sínodo que comienza hoy en Roma (obispos, sacerdotes, religiosas, laicos, católicos, paganos y ateos) y sobre los cuales revoloteará el Espíritu Santo, el año próximo pasará a ser parte del Magisterio de la Iglesia. De ese modo, ésta será curada de sus rigidices tal como lo fue su fundador. 

    Esta es la gran inversión. La verdad ya no está en la Iglesia de Cristo; está fuera de Ella. Ya no debe ser Ella la que enseña, sino la que se deja enseñar. Ya no es ella la que cura, sino la que necesita ser curada. Definitivamente, el agua está hirviendo.

    Olivier Clerc contaba el caso de una rana que fue arrojada a una olla llena de agua a la cual se le iba aumentando la temperatura lentamente. Debido a que el aumento de la temperatura era progresivamente tan lento, la rana no pudo percibirlo durante gran parte del proceso. Cuando se dio cuenta del peligro y vio que el agua estaba hirviendo, ya era tarde. Si la rana hubiese entrado con el agua a altas temperaturas, habría saltado al percibir como un peligro continuar allí y habría escapado de la muerte.

    En otro simil, el p. Santiago Martín, en su comentario de la semana pasada, habla del cáncer que finalmente se ha revelado. Explica que comenzó a gestarse con el modernismo, se agravó con la teología liberal y se derramó sobre la Iglesia durante el Concilio. Papas conservadores, como Juan Pablo II y Benedicto XVI, vieron el peligro y lucharon contra él pero, incomprensiblemente, promovieron a altos cargos a personajes que sustentaban tales doctrinas. Hoy, el desaguisado se hizo evidente. Por fin nos hemos dado cuenta que la Iglesia está enferma de gravedad, de un cáncer probablemente terminal. No queda más que esperar que actúen los anticuerpos, que los hay, y que Dios nos rescate. 


Nobleza obliga… a todos: Estoy totalmente de acuerdo con el p. Martín pero creo que a todos nos obliga la nobleza de un reconocimiento: quien vio la enfermedad hace más de cinco décadas, quien percibió que había un tumor y que el mismo se estaba desarrollando y quien denunció la patología, fue Mons. Marcel Lefebvre. Lo dijo, y fue perseguido y tratado como un perro sarnoso. 

Ya no es cuestión solamente de empecinarse en los latines, ya no es cuestión de desobediencias. Se trata de la supervivencia misma de la Iglesia. 

sábado, 30 de septiembre de 2023

Ad multos annos, Eminencia!

 


Es uso de la Santa Iglesia Romana que, el día del consistorio en que son creados nuevos cardenales, los mismos reciben a sus amistades y devotos en el Palacio Apostólico quienes, humildemente, le ofrecen sus parabienes.

Estando los fieles argentinos privados de poder asistir a besar el anillo del nuevo y alto purpurado, ofrezco esta humilde página a fin de que, a través de ella, le hagan llegar sus saludos, siempre respetuosos y afectuosos. 

lunes, 25 de septiembre de 2023

Francisco contra España y América. La vuelta de la Leyenda Negra vestida de papisa

 


por Eck

 

Con tantas injurias, deshonrras i vituperios: sabido está que pecado comete el que deshonrra i disfama a uno, i más el que disfama a muchos, i mucho más el que disfama a una república o nación (…) yo no sé porqué razón por lo que hizo uno quiere el de las Casas condenar a ciento; i lo que cometieron diez, por qué lo quiere atribuir a mill, i disfama a cuantos acá han estado i están...

Fr. Toribio de Benavente, Historia de los indios de la Nueva España,

Herederos de J. Gili, Barcelona, 1914, pg. 270


En el año del Señor de 1555 un humilde fraile franciscano de Tlaxcala envió una misiva al Emperador Carlos I de España. Esta epístola, la Carta de Fray Toribio de Motolinía al Emperador Carlos V, es uno de los documentos históricos más extraordinarios jamás escritos. Es la refutación absoluta de la Leyenda Negra sobre la Evangelización de América y contiene la mayor filípica concebida contra el hipócrita y embustero Las Casas, escrita nada más y nada menos que por fray Toribio de Benavente, llamado Motolinía “el pobre” por los indios, uno de los Doce primeros apóstoles que evangelizaron México e incansable defensor y evangelizador de sus naturales.

Hoy vuelve a levantarse la atroz sombra de la Leyenda Negra contra España y sus hermanas americanas, una mezcla de ignorancia culpable, falsedades y uso político para someterlas. Pero la sorpresa se encuentra en que uno de los mayores promotores es un papa católico, hispanoamericano y de habla española: Francisco, para más inri con el nombre de la mayor orden evangelizadora del continente americano. Hoy es menester volver a oír y a traer a nuestros días estos testimonios del pasado para disolver las tinieblas de la mentira y que resplandezca la luz de la verdad pues en ello nos va el futuro, el futuro de todos nosotros.


La Leyenda Negra, instrumento neocolonial


que no hay hombre humano de qualquier nasción, ley o condición que sea que los lea, que no cobre aborrecimiento i odio mortal i tenga  a todos los moradores desta nueva España por la mas cruel i mas abominable i mas infiel i detestable gente de quantas nasciones hay debajo del cielo i en esto paran las escripturas que se escriven sin caridad i que proceden de ánimo ageno de toda piedad i humanidad

Fr. Toribio de Benavente, Op. cit., pg. 269

El Aconcagua de falsedades vertidas sobre España y América no es inocente. Bien lo saben sus promotores que no han cejado en propagarla desde el siglo XVI a pesar de que hoy España no es más que el nombre de la sombra de lo que fue y que las naciones americanas están hundidas, desmoralizadas y esclavizadas. Sin embargo, la mera idea de un renacimiento de la antigua Monarquía Católica junto con su civilización pone en espanto a los poderes globalistas, herederos de la revuelta protestante germana y del imperio plutocrático anglosajón. Aunque nosotros no lo recordemos, ellos bien se acuerdan de que el Imperio Español estuvo a punto de acabar con esas nuevas Cartagos de Manmón y Baal. Como Catón el Censor, gritan Hispaniae delendae sunt! y desean sembrar sal y azufre sobre nuestra historia y cultura para que no haya ni la más mínima posibilidad de renacimiento del verdadero occidente de la Cristiandad como lo intentan con Rusia, su oriente.

La clave nos la da el propio Motolinía que hasta previó sus consecuencias futuras: “i el de las Casas los desonrra por escripto i por carta impresa: pues ¿cómo así se ha de infamar por un atrevido una nación Española con su príncipe que mañana lo leerán los Indios i las otras naciones?” (pg. 264). Hoy ya ocurrido y no sólo entre los ajenos somos las naciones más aborrecibles y abominables de la tierra y por ello nos alegran llevar cadenas, nos fustigamos y, sobre todo, nos hace querer ser otros, en esa especie de suicidio a cámara lenta de nuestra propia degradación. América soñando con haber sido colonizada por anglos y gabachos o en ese paraíso artificial que era el infierno precolombino, y España rompiéndose en pseudonaciones y cayendo en servidumbre voluntaria. 

Sentencia: La Españas no merecen vivir.

A esto ha caído las naciones americanas que se creen que fueron colonias y esclavas cuando fueron libres y reinos y España, hija y heredera de Roma, madre de pueblos y ciudades, evangelizadora del mundo, se cree desecho del mundo, piltrafa de la humanidad, dechado de monstruos.

Que esto lo propague el Papa y sus colaboradores a sabiendas de su mentira y falsedad no tiene más remedio que llamarle…


Francisco el Fariseo, a unos digo blanco y a otros negro

Yo me maravillo como V. M. (…) han podido sufrir tanto tiempo a un hombre tan pesado, inquieto e importuno, i bullicioso i pleitista en ábito de religión, tan desosegado, tan mal criado i tan injuriador i perjudicial i tan sin reposo (…) Para con unos poquillos cánones quel de las Casas oyó, él se atreve a mucho, i muy grande parece su desorden y poca su humildad; i piensa que todos yerran  i quel solo acierta...

Fr. Toribio de Benavente, op. cit., pg.260

¿Qué decir de un hombre que pasa de decir esto...

“Somos hijos de una gran conciencia. Porque la obra de España en América, más que una empresa, fue una Misión. Una misión del pueblo español que se volcó en estas tierras con lo mejor que tenía: su cultura y su fe. Misión de los conquistadores que en cincuenta años recorrieron a pie el continente, fundando pueblos y mezclándose, sin miedo, con los indios”.

Jorge Mario Bergoglio, Discurso del 27 de mayo de 1975 con motivo del Día de la Patria en la Universidad de El Salvador

para pasar a  afirmar esto otro...?

El Bicentenario de aquel grito de independencia de Hispanoamérica. Ese fue un grito nacido de la conciencia de falta de libertades, de estar siendo exprimidos, saqueados, sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno.?

Francisco, Discurso del 7 de julio del 2015 en el Parque del Bicentenario de Quito

Por no hablar continuamente de su petición de perdón por la evangelización de América y hasta de crímenes inventados como las fosas de niños asesinados indígenas del Canadá. ¿En qué quedamos, Francisco? ¿No será que vas cambiando de discurso según tus intereses mundanos y conveniencias? Claro ¿Dónde están las grandes denuncias de las masacres de cristianos de África, del Oriente Próximo, de la India? Silencio ¿Dónde está las filípicas contra la plutocracia mundial y sus planes tiránicos? Diálogo y abrazos con Rothchild. ¿Dónde está la condena de la opresión de la iglesia martirial de China? Acuerdos secretos con Xi. “A moro muerto, gran lanzada”, que dicen en mi tierra. Esto es lo de hogaño, no antiguallas falsas de antaño. Los muertos ni contestan ni amenazan, leña al mono aunque difames a santos, a naciones enteras, a la propia Iglesia y al propio Dios. Con los poderosos de ahora no hay redaños sino incienso.

¿Y qué decir de la sarta de chorradas, de imbecilidades, muy políticamente correctas, de invenciones históricas, trolas y disparates que contiene ese delirio de documento vaticano llamado: Nota conjunta sobre la “Doctrina del descubrimiento” del Dicasterio para la Cultura y la Educación y el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, publicado con la anuencia del pontífice?

¡Queda tan cool citar la Sublimis Deus de 1537¡ Pero se olvidan que ya en 1497 se prohibió la esclavización de los indios, que en 1504 Isabel la Católica les otorgó derechos de ciudadanía plena en su Testamento, que tenían rango de ley del Reino, y que las Leyes de Burgos de Fernando el Católico son de 1512. Ahora bien, no sé por qué le iban a interesar a las potencias protestantes o a la galicana Francia el otorgamiento de esas tierras descubiertas por parte de Vicario de Cristo para su evangelización cuando la doctrina de la predestinación daban mayores derechos sobre esos países, por no hablar de la falta de melindres de todos los imperios antiguos sin tanta cháchara justificativa. Pero la perla del fariseísmo e hipocresía es ésta: “La Iglesia también es consciente del hecho de que el contenido de estos documentos ha sido manipulados para fines políticos por las potencias coloniales que competían entre sí, para justificar actos inmorales contra las poblaciones indígenas (…)”. Los Papas del Renacimiento eran tontos de baba políticos: los Borgia, Farnese, Medici...que no enteraban de nada o, peor, no querían hacerlo.

Por cierto, como son una panda de zotes o, peor, de manipuladores sin escrúpulos, no pían que esa presunta doctrina del descubrimiento ya fue refutada y destruida por la Escuela de Salamanca en el siglo XVI en sus bases, y además con Santo Tomás y no con Boff. Claro que admitirlo sería el derrumbe de las teorías políticamente correctas y el fin de la pretensión de ruptura con la Iglesia del pasado que tanto cura liberacionista, tanto teólogo modernista, tanto obispo progresista, tanta conferencia sinodal y tanto papa globalista nos quieren vender. 

Solo nos resta una pregunta que hacer y es


¿Qué han hecho ustedes,  qué han hecho de utilidad?

mostrándose que ama mucho (...) i quel solo los quiere defender i favorescer más que nadie; en lo que acá  muy poco tiempo se ocupó si no fue cargándolos i fatigándolos.

Fr. Toribio de Benavente, op. cit. pg. 261

Hablar y difamar, nada y humo, muerte y esclavitud. Mucha denuncia, mucho perdón embustero, mucha difamación contra los miles de frailes, sacerdotes, laicos, reyes, gobernadores y no les llegan a los talones. Motolinía estuvo cuarenta años perseguido por su defensa de los indios mientras evangelizaba a miles. Sus hermanos de religión y de otras órdenes, las autoridades civiles y el pueblo daban a conocer a Cristo, bautizaban y catequizaban, erigían iglesias, eliminaban practicas como la antropofagía, los sacrificios, el maltrato a la mujer y el aborto, construían hospitales, levantaban escuelas, hacían caminos, fomentaban la agricultura, la ganadería y las manufacturas, defendían la justicia y el derecho, creaban cultura y belleza sin par, salvaban las lenguas y culturas. ¿Y ustedes se atreven a insultarles, a escupir sobre su memoria, a despreciar su labor desde cómodos despachos universitarios, cátedras episcopales y aplausos del mundo?

¿Qué han hecho ustedes? ¿Qué han hecho? Hipócritas que miráis la paja del ojo ajeno y nos vuestras vigas. Chilláis histéricos por las presuntas matanzas del pasado pero calláis cuando organizábais milicias y grupos terroristas que ensangrentaron toda Iberoamérica por vuestros sueños revolucionarios totalitarios, atacáis con furor a las naciones americanas con vuestro indigenismo pret-a-porter de universidad que atomiza a los países y los deja al albur de las multinacionales y los globalitarios. Matáis las únicas esperanzas de renacimiento de nuestros pueblos, de su unidad y de nuestra historia con aplauso de plutócratas y halcones. Y, sobre todo, destruís la Fe que da vida en abundancia, que redime a todo hombre y lo eleva a ser hijo adoptivo de Dios restaurando lo peor del paganismo y de las tiranías de antaño. Bien lo previó Motolinía pues los estáis cargándolos i fatigándolos con vuestras locuras y mezquindades.

Canibalizáis la Iglesia, así que no me extraña que vuestras simpatías vayan a los cultos antropófagos en vez de por sus víctimas...


Conclusión

Sólo la verdad nos hace libres; toda la carta de Motolinía es una exigencia de ella al pedir que todo abuso se diera con nombre y fechas. América, España y la Iglesia están enfermas por la mentira, veneno que mata el alma. No se confundían los Papas cuando llamaban a Iberoamérica el Continente de la Esperanza, que con sus luces y sombras es el único germen vivo de la Cristiandad, pues la única cultura que se opuso frontalmente a la modernidad destructora fue la hispana en Occidente. Nuestra mera sombra les llena de pánico y espanto. Por eso intentan dividirnos y destruirnos, difamar nuestro pasado, sembrar de azufre nuestras posibilidades de futuro y acabar con nosotros para siempre. Para que no vuelva a alzarse como el katejón que fue y que puede volver a ser. En nuestras manos, con la ayuda de Dios, está el que no lo consigan, pese a quien pese, incluido a Francisco y su Corte de los Milagros en busca de la capellanía mundialista.