sábado, 17 de marzo de 2007

Ciudad Desolada


"Los constructores no sabían los usos a que descendería su obra; hicieron una mansión nueva con las piedras del castillo antiguo, año tras año, generación tras generación, la enriquecieron y extendieron; año tras año crecía la enorme cosecha de maderos en el parque; hasta que, con la helada repentina, llegó la era de Hooper; el lugar quedó en la desolación y el trabajo en la nada: Quomodo sedet sola civitas. "Vanidad de vanidades, todo es vanidad."
Esto lo escribía un contemporáneo de Tolkien, Evelyn Waugh, en su extraordinaria novela Brideshead revisited. Habla de nuestro oscuro mundo contemporáneo, construido con jirones del mundo antiguo y medieval. Desde la Revolución Francesa o desde antes aún, los destructores de la civilización, con paciencia y empeño admirables, desarmaron los viejos y sólidos castillos medievales y comenzaron a edificar la Desolación, la civilización contemporánea.
Y cuando la nueva ciudad del Maligno y de la Abominación estuvo edificada, llamaron a la legión de Hoopers, es decir, de vulgares y de rústicos, de pillastres y malandrines, de ramplones y de zafios. Ellos invadieron lo que nos pertenecía, tomaron por asalto la Ciudad Cristiana, arrasaron con nuestras tradiciones, con nuestra historia, con nuestras diversiones, con nuestros ritos; arrasaron, en definitiva, con la Belleza.
Sentados en nuestras plazas y en nuestros templos, gobiernan y pontifican, legislan y enseñan, arrasan, siguen arrasando lo poco que nos queda.
Quomodo sedet sola civitas!

¿Demasiada metáfora? ¿Demasiado pesimismo? Encienda la televisión; y entérese de la basura que comen diariamente millones de argentinos. Acérquese a la Casa Rosada, y miré al pedestre personaje que allí habita. Cruce la plaza, entre en la Cura Metropolitana y verá al sibilino S.J. que allí se entretiene. La realidad supera a la metáfora.

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