martes, 2 de octubre de 2007

Tierra húmeda


Si la tierra no está húmeda, la semilla no crece. Esta afirmación bucólica, con reminiscencias evangélicas, es verdadera en ambos sentidos, o para ambas clases de semillas: para las buenas y para las malas, para el trigo y para la cizaña. Si la tierra no hubiese estado húmeda, los dos mil quinientos obispos participantes del Vaticano II no habrían votado lo que votaron y ejecutado el mayor descalabro de la Iglesia a lo largo de toda su historia. Pensadores como Newman y Castellani preveían varias décadas antes que el regadío se estaba ya produciendo.
En varias oportunidades se ha comentado en este blog que la Contrareforma y Trento significaron la introducción de la modernidad en la Iglesia, y se calificó a sus adalides como los “modernistas del siglo XVI”. Si esto fue así, necesariamente la tierra debió estar húmeda para que semejante fermento se produjera. ¿Cuál fue el origen de esa humedad? Sobre ese tema quiero reflexionar en este post a partiri de dos hipótesis: (a) El problema de la Contrareforma católica tiene sus orígenes en los procesos de racionalización de la religión operados en el siglo IX y, (b) Siempre ha acarreado grandes males a la Iglesia la implementación de medidas con efectos permanentes para remediar situaciones coyunturales. Veamos:
Toynbee dice que, lo que él llama la “explosión medieval” del siglo XI, fue similar en cuanto a sus efectos a la explosión de la modernidad del siglo XVI. Seguramente el historiador británico tiene razón en lo que hace a la historia global de Occidente, pero yo creo que, en lo que hace a la historia de la Iglesia, el cambio debe ser situado dos siglos antes, es decir, en los albores del siglo IX. En ese momento se producen hechos altamente significativos desde varios puntos de vistas. Señalo tres de ellos y desarrollaré en este post sólo dos. Ellos son: la unificación litúrgica, la unificación monástica y la incorporación de la lógica aristotélica al discurso exegético. Este último elemento da para varios posts, y espero hacerlo de a poco: para los teólogos significó el comienzo de la teología especulativa, para los filósofos de matriz hegeliana y neopositivista, el comienzo de la filosofía y para unos pocos locos como yo, el primer comienzo del fin. Pero dejo esta discusión para otro momento.
La unificación litúrgica: Es a fines del siglo VIII y principios del IX cuando el emperador Carlomagno emprende la tarea de la unificación litúrgica de su imperio. Para él no se trataba sólo de una medida tendiente a mejorar el culto, sino de una medida también política. Europa salía de una existencia tribal, con un cristianismo rural, tosco y primitivo, mezclado todavía en muchos casos con creencias y prácticas paganas, y se dirigía hacia la gloriosa reedición del imperio romano. Debían construir la nueva Atenas, pero esta vez en París. Esa deseada y buscada unanimitas no podía limitarse a lo político sino también debía manifestarse en el elemento religioso. Era necesario entonces vencer las incipientes herejías de la época, como el adopcionismo español, y unificar el culto, dado que por todo el territorio imperial existía una gran variedad de ritos, luego llamados galicanos, cuyas variaciones eran notables incluso de una diócesis a otra.
La situación de debilidad política del pontífice romano frente a los lombardos que lo amenazaban seriamente en el norte de Italia, había provocado que el papa Esteban II buscara protección en Pipino el Breve, padre de Carlomagno e, incluso, viajará hasta París para ungirlo rey de los francos en Saint-Denis en 754. Este compromiso sellado entre los soberanos francos y el papado romano provocó que el mismo Pipino impulsara una primera reforma litúrgica buscando imponer en todos sus dominios el ritual en uso en las iglesias de Roma. Pero no tuvo éxito; le faltó fuerza política para hacerlo. Su hijo y sucesor, sin embargo, emprenderá la tarea que, aunque exitosa desde lo político fue un fracaso, según me parece, desde los litúrgico. El emperador manda a pedir al papa Adriano el libro litúrgico usado en las ceremonias litúrgicas de la Urbe para imponerlo en sus dominios. El pontífice y sus cortesanos, ante semejante requisitoria imperial, consideraron que lo más apropiada era enviarle el “misal” (aún no tenía ese nombre) en uso en la corte papal. Pero este libro era imposible de usar en la vida parroquial porque describía sólo las ceremonias que celebraba exclusivamente el papa. Cuando el volumen llega a la corte de Aquisgrán, el entorno del rey se da cuenta de la situación y será tarea entonces de Alcuino, un cercano colaborador de Carlomagno, de “suplementar” el misal pontificio con las misas y ceremonias que faltaban y que tomará, como es lógico, de la liturgia corriente en las Galias. Así nace el sacramentario gregoriano que se impondrá en todo el imperio carolingio y que, con el paso de los años, llegará a ser adoptado en Roma. Con lo cual nuestro rito romano tiene mucho más de galicano de lo que creemos.
Más allá de la anécdota histórica, lo importante para destacar es el significado profundo de esta acción unificadora. En la coyuntura histórica concreta fue una medida acertada porque contribuyó a la fugaz unanimitas carolingia pero, desde la perspectiva de los siglos, significó también la introducción de un elemento racionalizante en la liturgia viva del pueblo cristiano, según la cual una autoridad, legítima por cierto, ahoga con su mandato las expresiones particulares e impone, en razón de la uniformidad, un rito universal.
La unificación monástica: Análoga a la diversidad litúrgica era la diversidad monástica. Esos primeros siglos del Medioevo estaban poblados de monasterios que seguían reglas particular, redactadas por obispos, abadas o simples monjes, en dependencia siempre de las grandes reglas de la cristiandad: las de Agustín, Basilio, Pacomio y Casiano. Con la irrupción del monasticismo celta surgirán también los monasterios de observancia columbaniana y, con los primeros éxitos de la regla de Benito de Nursia, los de observancia benedictina. Ya en épocas de Pipino el Breve, el obispo Crodegango de Metz había redactado una regla, que hoy llamaríamos “canonical”, a fin de unificar los usos y la vida común de los clérigos de su diócesis. Es que en tanta diversidad no faltaban las comunidades con observancias bastantes relajadas o abiertamente escandalosas.
Será en la época de Carlomagno cuando surge el San Benito de Anianne quien comienza una reforma con rasgos similares a la que dos siglo más tarde llevará a cabo Cluny, y que consistió fundamentalmente, en imponer en todos los monasterios a los que se extendía su jurisdicción e influencia, la observancia de la regla benedictina.
Una vez más observamos que, para la coyuntura histórica, fue una medida acertada: de hecho, gracias a la acción de Benito de Anianne, el monacato occidental es benedictino. Pero, desde la perspectiva histórica, se perdió la enorme diversidad y riqueza, y hasta la espontaneidad, que poseían las otras reglas vigentes en esa época. Se trata también, y siempre desde esta perspectiva, de una medida racionalizante: uniformar y sofocar indirectamente los carismas propios de cada comunidad cristiana. [Soy consciente de que esta última expresión suena muy progre, pero recordemos que originariamente es paulina, y que puede tener una correcta interpretación].

Ambos casos tienen una notable característica en común que yo considero que ha sido siempre uno de los mayores problemas de la Iglesia como acotaba al comienzo: remediar situaciones coyunturales con medidas que tienen efectos permanentes. Dicho de otro modo, universalizar temporalmente lo particular. Y me animo a aplicar este principio, aunque con cierto temor a equivocarme, a un caso más reciente: la definición de la infalibilidad papal. Por cierto que era una medida necesaria desde la coyuntura: se produce dos meses antes de la caída de Roma en manos de Garibaldi y la pérdida definitiva de los Estados Pontificios, con un papa rey dejando en soledad por todos los gobiernos del mundo (sólo era apoyado por el presidente García Moreno de Ecuador y, tímidamente, por el emperador austro-húngaro). Era necesario reforzar la autoridad espiritual del papa dado que perdía para siempre la autoridad política y el mundo que avizoraban los cardenales del Vaticano I era muy oscuro y presagiaba desastres. Pero, desde el punto de vista histórico, ¿era necesaria la definición? No lo creo. Nadie en el mundo católico dudaba de ella e, incluso, el Concilio de Florencia había sido bastante claro al respecto. Por otro lado, veamos las consecuencias que tal medida provocó: el endiosamiento del papa, algo completamente nuevo en la cultura católica, su culto casi latréutico, su absolutismo casi despótico y, también, justificó el festival histriónico al que nos acostumbró el mediático papa polaco. Creo que se podrían encontrar aún otras consecuencias negativas.
Y en este tema soy newmaniano.


gibelino@hotmail.com

20 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Wanderer:

Interesantísimo, como siempre. No obstante el hecho de que su enfoque en el siglo IX nos deja esperando a los más ansiosos por conocer la relación de esta discusión con el último Concilio.

Y es que los neófitos en el Vaticano II recién vamos dejando atrás la única crítica que hemos conocido, la lefebvrista, que es de filiación tridentina, y nos encontramos fascinados ante una posición crítica del Vaticano II que no venga de esas fuentes tridentinas, sino de otras que se declaran opuestas a ellas. ¿Podrá por esta diferencia ser distinta su crítica del Concilio último? ¿O en esto coinciden?

Un cordial saludo.
RA.-

Don Diego dijo...

Estimado Wanderer: como ejercicio intelectual es muy interesante su reflexión. Sin embargo, creo que si queremos encontrar cuándo comenzó a "racionalizarse" el cristianismo, deberíamos irnos todavía más lejos. Hasta el emperador Teodosio, por lo menos.
A decir verdad, creo que la historia del cristianismo está jalonada de este tipo de acciones, promovidas todas por el Espíritu Santo actuando en la Iglesia.

Anónimo dijo...

Estimado Caminante:

Su post merece una lectura detenida que ahora me es imposible.

De paso, le pregunto, porque alguna relación guarda con el suelo húmedo, si el libro "Las cinco llagas de la Iglesia" de Rosmini no es una descripción de los humedales del siglo XIX que prepararon lo que se vino después.

Cordiales saludos.

Pablo (Rosario).

Wanderer dijo...

Recibí un comentario de un anónimo donde reporta una entrevista al padre Leonard Feeney en la que se despacha contra el cardenal Newman. Puede leerse en este vínculo, hacia el final: http://www.fatherfeeney.org/point/54-dec.html
Ha sido un duro golpe: tengo lectores imbéciles. Me había ilusionado pensando que sólo me leían los inteligentes.
El padre Feeney, jesuíta, entre otras cosas, fue excomulgado por el papa Pio XII por defender herejías, por lo que no goza de ninguna autoridad.
Por otro lado, y más allá del hecho jurídico de su excomunión, el hecho de que desmerezca la figura de Newman porque, según él, es de sangre judía y porque su padre trabajaba en un banco es, cuanto menos, absurdo e insensato. En ese caso, sería conveniente que no leyera el evangelio de San Mateo.

Abad Mitrado dijo...

Amigo Wanderer,

No le suena realmente paradójico que, colgando su artículo último (del cual solo puedo decir "IMPECABLE!") se tenga que dedicar a responder a algún trasnoachado citador del jesuita Feeney?

Feeney es el ejemplo más patente en el siglo XX del racionalismo eclesíológico que se multiplicó en la Iglesia siglo hacia (no me voy como Don Diego al Emperador Teodosio pero si hasta Inocencio III y un poco mas acá, y mas claramente, en el siglo XVI, con todos los agregados que ud quiere poner para explicar tal "elección de tiempo"....)

Ignoraba que este país tan generoso existieran Feeneístas declarados (es dedecir, que citen al don yankee en cuestión). De los no declarados se puede contar de a montones...

Digame Ud: ¿se ha topado en su "wandering" con algun otro de estos "intento de Horco mal hecho que devino en algo similar a un Elfo?" (no no, no le pifié, invertí el órden dones tolkenianos...)

Un saludo, El Abad Mitrado.-

El Último dijo...

Interesantísimo esta y otras entradas de su blog.

Con algunos puntos discrepo pero tomaré el tiempo que la altura de esta bitácora requiere para participar.

En este momento solo quisiera hacerle una pregunta:

Teniendo en cuenta que la introducción del método aristotélico o, mejor dicho, racionalista, a la teología acarreó la llegada de la modernidad (no solo a la Iglesia, pienso, sino a la humanidad), argumento con el que estoy de acuerdo, piensa que el método correcto es el patrístico-derásico. Porque si esto es así, este método ha sido recuperado por el CVII y desde luego tiene una raiz talmúdica clara, método usada evidentemente en la biblia y también al CVII le debemos agradecer su recuperación.

Sobre la llegada de la modernidad y escepticismo a la humanidad recomiendo la síntesis de Gilson.

Cruz y Fierro dijo...

Estimado Wanderer: Muy interesante su post. [Otra vez siento olor a jansenismo (si no recuerdo mal, se había "comprometido" a aclarar el asunto).]

Creo que siempre es posible irse hacia atrás buscando alguna "edad de oro" donde el Catolicismo era teóricamente "más puro" (si se me permite la expresión), pero ¿vale los riesgos? Me explico: Vd. mismo señala los paralelismos con los argumentos esgrimidos por modernistas y progresistas. ¿No es lo que intentó la Nouvelle Theologie?

Por otro lado, más allá de las dotes intelectuales del Cardenal Newman que es imposible negar, no podemos dejar de notar que su anti-escolasticismo le viene de su formación agustiniana en la tradición anglicana de Oxford, pero que incluso le llevó a decir algunas barbaridades como que el luteranismo y el jansenismo eran herejías morales, sin notar la raíz profundamente teológica de ambas (que si hubiese tenido una mejor formación tomista, no hubiese desconocido).

Más allá de esto, que es mera especulación por mi parte, vamos a la contra-historia: imaginemos que Carlomagno no hubiese "uniformado" el Catolicismo, ¿cómo habría llegado hasta nosotros? ¿Habría llegado? Por otro lado, Vd. bien conoce la historia medieval y sabe que el centralismo carolingio duró lo que un soplo, entonces ¿no le parece que si ese Catolicismo uniforme hubiese sido algo malo, se hubiese rápidamente des-uniformado?

Desde ya, perdóneme si no se entienden bien estas ideas algo desordenadas. Y vuelvo a reiterarle mi agradecimiento por tocar estos temas fundamentales.

Wanderer dijo...

Don Diego: Su objeción es importante; la más importante. Me ha retado a duelo: debo responderla y lo haré en el próximo post. Espero que no sea Ud. pariente del de la Vega, porque si no, me espera la Z en la frente.

Pablo: Yo diría que sí, pero no conozco lo suficiente a Rosmini para afirmarlo rotundamente.

Abad: De vez en cuando, me he topado con esos orcos o cachalotes o kukús deformes. Cuando aparecen esos bichos, paso de largo.

Último: No creo que haya que interpretar negativamente al aristotelismo y achacarle los males de la modernidad, aunque fue una de las causas remotas involuntarias de la misma. No soy biblista, y no me animo a opinar sobre los métodos propios de esa ciencia. Lo que sí digo es que difícilmente el Vaticano II haya dado algún fruto bueno, y mucho menos en teología bíblica.

Amigo Cruz: No indagar en los orígenes del catolicismo por temor a caer en la Nouvelle Theologie me parece propio del lefevbrismo más rancio y poco inteligente. Sé que no es su caso, pero hay tener cuidado. Es como pretender descalificar los orígenes del movimiento litúrgico y a personajes como don Odo Casel por el desastre que hizo luego Bugnini. Hay que distinguir.
La formación agustiniana de Oxford del cardenal Newman, antes de ser anglicana, fue católica y franciscana. Una vez más le recuerdo que escolasticismo y catolicismo no se convierten.
Yo no afirmé que Carlomagno uniformó el catolicismo sino que uniformó el culto, que es otra cosa. Y aún esta última acción me pareció acertada en la coyuntura histórica, aunque sus efectos permanentes no me convencen del todo. Uniformó también la doctrina teológica del cristianismo occidental, y me parece muy bien que lo haya hecho.

Anónimo dijo...

Sobre el tema de la introducción del aristotelismo y luego la derivación hacia la modernidad, me pareció interesante como resumen "Los Padres, los escolásticos y nosotros" de Von Balthasar (había un link en inglés por ahí pero ya no funciona, aunque creo haber guardado copia). Desde mi humilde lugar tampoco creo que se pueda culpar a esta introducción de Aristóteles, se le debe mucho y bueno.

Lo que me intriga es si el Vaticano II, más allá -mucho más allá- de la ideología que lo rodea (cada vez me convenzo más que hay toda una ideología que lo ha secuestrado) merece un análisis menos centrado en las catástrofes que le siguieron (ya cansa eso!!) y sí más avocado a tomarlo en cuenta como intento de superar las esclerosis barrocas en que estaba la Iglesia. Es ese su "locus", cuanto menos historiográfico? Leo muchas veces que se le dispensa un trato tremendamente denigrante y queda en el aire la posibilidad de analizarlo desde este punto de vista.

Los menos versados en estas cosas tal vez aprenderíamos mucho si se emprendiera esa tarea, en lugar de tener que pasar la vista sobre reiteradas y denigrantes notas al pie, como si ese evento de la Iglesia de los últimos años fuera ya irrescatable para todo propósito...

Cruz y Fierro dijo...

Estimado Wanderer: Permítame que me explique un poco más.

A lo que me refiero en mi segundo párrafo es que cuando uno se pone a hacer una excavación arqueológica en medio de una catedral, es posible que se nos caiga encima. ¿Es esto lo que hizo la Escuela Bíblica de Jerusalén o la Nouvelle Theologie, y CV2 mediante hoy pagamos las consecuencias? En todo caso, la restauración litúrgica de Odo Casel, Prosper Gueranger, etc. se me hace más parecida a una limpieza de añadidos posteriores.

¿Qué tienen en común Newman, franciscanismo, anglocatólicos, "Old Catholics" celtas, veterocatólicos, jansenistas, Utrecht y ortodoxos? (Ojo, no estoy poniendo en duda el catolicismo de Newman; sino los efectos a largo plazo -y en mentes menos brillantes- del antiescolasticismo.)

Respecto a lo último, ¿pero qué fue lo que hizo que esos "arreglos" coyunturales devinieran permanentes si el Imperio Carolingio fue un suspiro en la historia?

Dorotea dijo...

Hola!

Había llegado antes acá por un post sobre el IVE, pero ahora no está.

¿Pasó algo que lo sacaste? ¿Fuiste amenazado?

Saludos

Don Diego dijo...

Estimado Wanderer: me llena de orgullo que haya decidido responder a mi objeción, pero a decir verdad la misma no pretendía ser un "reto", sino una simple curiosidad. Pero, ya que le ha picado mi duda, espero el post prometido.
No se preocupe, mi seudónimo no se debe al personaje televisivo, así que no le voy a escribir ninguna Z. La elección del mismo es por una causa "doméstica" (en el sentido literal del término)

Anónimo dijo...

Estimado Wanderer,
de acuerdo y en desacuerdo, en proporciones diversas.
¿No hay cierta docetismo encubierto en negar las encarnaciones del Verbo a lo largo de la Historia a través de su cuerpo místico, la Iglesia? Me resulta difícil conciliar la idea de un dogma desarrollándose orgánicamente a lo largo de la historia con esta especie de catálogo de catástrofes. Y entre paréntesis, me recuerda bastante al esquema progresista de la "Iglesia Constantiniana" - que comparte, en un antecedente ilustre, el bueno de Dante.
Un detalle: le concedo algunos "efectos colaterales" del dogma de la Infabilidad. Pero de no existir el mismo, estaríamos hoy día a full con la compatibilidad de la doctrina cristiana Píldora Pre y Post Coital, la Colegialidad Sinódica, el Socialismo Universal, y un largo etcétera que nuestro querido Episcopado Universal nos hubiera deparado.
Mal que nos pese, y a pesar del largo interregno polaco, el hieratismo latréutico de Pío XII, y todos los brulotes que hemos debido tragar en estos últimos decenios, el papado, a pesar de los Papas, nos salvó. Y en eso es difícil no ver el dedo de la Providencia.
El resto del post, fecundísimo como siempre.
Ludovico

Wanderer dijo...

Anónimo I: Estoy de acuerdo en general con Ud. Creo que el Vaticano II en su profundidad más profunda albergaba un propósito noble y necesario: ya no podía continuarse con esclerotización de la Iglesia de la primera mitad del siglo XX. Lo que podría discutirse es su oportunidad. Creo que Pío XII, que era inteligente, se dio cuenta del peligro, y se hizo la gallina distraida; el Gordo, que era medio corto, se largó, pero tuvo la precacuión de dejar las riendas en manos de la ortodoxia católica; Montini, que era malvado, le dio el poder a los herejes o "ideoólogos", como dice Ud., y de ese modo las aguas del Rin desembocaron en el Tiber.

Cruz: el imperio carolingio fue un suspiro; la Iglesia no.

Dorotea: !La primera mujer que se presenta públicamente en el blog! Espero que no sea monja... Proporcional a mi anticlericalismo es mi "antimonjismo". Con respecto al post, la tranquilizo: no fui amenzado. Si así hubiese sido, el post seguiría. Ocurre que me llegó un pedido de un hidalgo caballero que aducía razones que no me convencían pero, en razón de su hidalgía, cedí. Amenazas nunca he tenido, salvo las de un ex-kukú con el ala herida, refugiado en los tejados de una colegiata italiana, que de vez en cuando grazna imbecilidades. Pero esos pajarracos no me asustan.

Ludovicus: No soy doceta, ni siquiera encubierto, aunque cada vez me atrae más el platonismo. Su objeción es válida, y creo que puede reducirse a la de Don Diego. Espero responderla en los próximos días.

Anónimo dijo...

Estimado Wanderer: más que interesante lo suyo. Estoy desorientado (y no se que trole hay que tomar). De niño criado con los salesianos, frutos palmario del Concilio Vaticano II, pasé por Cabildo, Panorama Católico, Genta, Menvielle, etc. Pero el más grande, y superador, es Castellani. Me parece que es un poco lo suyo (ojala Ud lo sea algún día). Me pregunto ¿que es la IGLESIA?. Salesianos guitarreros? Opus Dei? IVE? Carismáticos?...y me sigue fascinando el "resumen de todo lo dicho" en el Evangelio de Jesucristo. No son los curas, menos los obispos y el papa. Es más, ni siquiera es Castellani o Sta Tomás, con toda admiración que profeso...todo su cuestionamiento a la escolástica me sorprende, y también me fascina. Espero ansioso sus apariciones...
Es "Jauja" y si fuera fácil llegar...¿qué méritos tendríamos?
Atentamente
Gregoris

Anónimo dijo...

Estimado Wanderer:

¿Y no será posible ver en los textos solos del Concilio, bajo la línea de Ratzinger-Benedicto XVI, afines, Castellanis, Disandros, Newmans et. al., y dejando de lado la hojarasca episcopal de aquí y allá, que ese propósito noble y necesario que tenía el Concilio en su profunda profundidad pueda ser aun cumplido? ¿No es esta la línea del actual pontifcado? ¿O es irrescatable?

Saludos y gracias.
RA (y anónimo I sin firma)

Dorotea dijo...

Jaaaa!!!

Me confundieron con muchas cosas en vida, pero nunca con una hermanita!

El blog está muy bueno, super intersante. Pero me parece que tienen razón algunos comentadores que asocian algunas de tus ideas con las que desarrollaron los autores de la Nueva Teología.

Cariños

El Sacristán dijo...

Don Wanderer:

Bastante interesante Vuestro post. Pero yo tengo la respuesta acerca de cuándo empezó el inicio del fin.

No fue en el siglo IX, fue exactamente el 14 de abril del 567 cuando un Sacristán del Patriarcado de Antioquía se atrevió a pasar al siriaco la segunda parte -actualmente perdida- de la "Poética" aristotélica. El manuscrito fue llevado después a Islandia por tres monjes celtas -no cuatro, tres (3)-. Actualmente se encuentra en poder de Dan Brown, quien lo heredó de Malachi Martin, quien a su vez lo cambió a un zambo por una taza sin asa en un Mercado de Pulgas del Barrio de Mendocita en el Callao.

No tengo ninguna clase de prueba, pero si realizamos un análisis simbólico de la episteme histórica está clarito: de ahí nace la racionalización de la fe, el sobredimensionamiento del Papa, Trento, el socialcristianismo y la democracia cristiana, el activismo, los clubes parroquiales, las señoras piadosas,los directores espirituales, las tómbolas, el Instituto del Verbo Encarnado, la miniserie "Karol", la FSSPX, Martín Valverde (estaría mejor si se reforma y deja la guitarra modernista por un laúd bizantino del siglo XIV, cosa perfectamente tradicional y documentada), los Carismáticos, el Marqués de Peralta, el Gordo, el Sacristán Serrano, la Secta Secreta de los Lectores Imbéciles, el Malvado Montini, los que no se lustran los zapatos, la Conjura de París, Los Mersas (que según vuestra bitácora están representados por San Pío X), los Grasas (representados seguramente también por San Pío X y ese pobre obispo argentino al que desmenuzaste en un post pasado), entre otros muchos aspectos que demuestran la manera cómo la Iglesia se ha ido alejando de la Tradición, de la auténtica Tradición, esa de la que hablaba el venerable y sapientísimo Hermano Doctor Don Sheikh 'Abd al-Wahid Yahya, o sea el tío René Guenón.

Invito a un estudio más profundo de los horizontes mítico- imaginarios de cada uno de los personajes aludidos, para comprobar las diferencias y devenires entre el Sacristán Siriaco y el Sacristán Serrano, Malachi Martin y Martin Valverde y entre la Miniserie "Karol" y Los Lectores Imbéciles.

Como diría el Gordo Rospigliosi: "la pelota ahora está en su cancha".

Pero bueno, don Wanderer: ya veía venir ideas parecidas a las de este post. Se empieza con una hermenéutica crítica -vaya y pase, no hay problema- del CVII. Y se sigue -¿por qué no?- con el CVI, y se llega a Trento y al final se acaba con el Sacristán Siríaco, las Catacumbas, el obispo Ulfilas o el obispo Wiflas o quien sea.

Por la Internet circulan unos Roman Catholics gringos que rastrear el mentado "inicio del fin" hasta la condena del Jansenismo y el inicio del Jesuitismo, el abandono del auténtico Agustinismo por la Escolástica, y demás cosas. Creo que también creen que el Cardenal Siri fue Papa secreto. Y que el actual papa es su antiguo Sacristán.

El Sacristán Genovés.

Lo cierto es que cuando se reemplaza la Tradición -que es un legado vivo que llega a nosotros- por una especie de gnosis casi intangible que alcanzamos mediante audaces raids histórico-mitológicos a una pila de libros interesantes, se puede llegar a cosillas similares.

Me encantaron dos frases de tu artículo:
"(...) significó también la introducción de un elemento racionalizante en la liturgia viva del pueblo cristiano"

Pucha, liturgia viva y pueblo cristiano...caracoles. ¿Es a don Rogelio Zelada a quien escucho? ¿O a Bugnini?

y otra: "se perdió la enorme diversidad y riqueza, y hasta la espontaneidad, que poseían las otras reglas vigentes en esa época."

Creo que doña Chiara Lubich y Kiko también estarían de acuerdo. Especialmente el trovador de "Resucitó", pues gusta de lo "diverso" y lo "espontáneo".
(y en el caso de doña Chiara, que más "diverso" que vivir cenobíticamente con un Budista. Debe haber desayunos muy interesantes)

Estimado don Wanderer, ¡no pongas el grito en el cielo todavía!

No entiendo la "palta" de muchos con la Contrarreforma. Guardo la más grande admiración hacia ella, por sus santos y su estilo. (-¡¡¡que son modernos!!! -¿No me digas? ¡¡tú eres blogger!!)

Acá en el Perú somos barrocos y descendemos de la Contrarreforma. Las flores de la Santidad Peruana fueron contrarreformistas. Nuestras hermosas iglesias y nuestro fecundo arte religioso igual. Descendemos de la Contrarreforma. Otros descienden de los barcos o de pasados arcaicos inventados.

No juzgo a nadie, es al fin y al cabo, su "opción" como se dice ahora.

¿Pero estoy diciendo a alguien modernista, neocatecúmeno, herejón, feo, infiel, etc...?

No, a nadie.

Además hay diferencias. Las mismas que hay entre la New Age y el "Tradicionalismo" guenoniano. La New Age es babosa y cree que estamos rumbo a un Shangrila huachafo y hermoso, es optimista, el Guenonismo es refinado y cree que estamos en la Edad Oscura, la Kali Yuga o como se diga, y es pesimista.

Pero en el fondo son lo mismo: gnosis.

De igual manera, unos alaban la liturgia viva del pueblo de Dios y las diversas manifestaciones de la vida comunitaria, pero son progresistas, antiescatológicos y creen en una Brave New Church preparadísima para "encarar los desafíos del futuro" y otros también alaban la liturgia viva del pueblo de Dios y las diversas manifestaciones de la vida comunitaria, pero son elegantes, escépticos y eruditos y ven la Crisis de la Iglesia, casi sin dolor.

Parecería que para los primeros la mejor Iglesia son ellos y sus ronditas, y para los segundos, la mejor Iglesia es la Iglesia Muerta, para así elogiarla sin compromisos como cosa arcaica, charmant y absolutamente despojada de peligros.

Pero en el fondo son lo mismo: gnosis.

Gracias don Wanderer y un abrazo. Disculpe si esta mente sacristana no ha podido comprender las complejidades y sutilezas de vuestro pensamiento.¿En verdad recién descubrió que hay lectores imbéciles? Carambola: si estamos en la blogósfera, y los estultos abundamos. Me sorprende que ese dato haya pasado desapercibido a su mirada aguda.

Finalmente le recomiendo entrar en penitencia y conversar sobre el contenido de su post con su Director Espiritual -porque no creo en siquiatras-.

¡Abur y un inmenso abrazo desde la Sacristía Mersa!

(¿Qué es Mersa, dicho sea de paso?)


(P.S.: ¿Para cuándo el Post contra la Misa Tridentina?)

Hernan Alfonso Solares dijo...

Sr. Sacristán:
Lo felicito. Propongo su ascenso a cardenal primado del Perú.
Me permito rescatar sólo dos conceptos suyos que lo resumen todo: "en en fondo son lo mismo: GNOSIS". "...ven la crisis de la Iglesia, casi SIN DOLOR". Esto último, ya lo entreví en mi primera intervención en este -por lo demás- desafiante blog.
Bien, también, para el Caminante y su -innegable- honestidad intelectual.
Que el Señor nos guarde.

Anónimo dijo...

Hace un tiempo que sigo el blog y es muy interesante. Estoy leyendo posts desde el comienzo de la bitácora, por eso, si me permite, hago un comentario a destiempo en estepost (y pido disculpas si es muy simplón). Según mi entender, el dogma de la infalibilidad ha sido providencial para estas épocas y para poder separar la cizaña del trigo (en este ámbito no tenemos los poderosos herbicidas de que goza el agro). Son tiempos de amplia confusión y casi me atrevo a decir que cada uno sigue su buen parecer y Dios nos juzgará en la otra vida, si es que no viene antes. La Iglesia Una y Santa no puede albergar el error o a impulsores del error. Es una contradicción. Por lo tanto, el dogma antedicho, me da seguridad (que no paz ni alegría) cuando llego a ciertas conclusiones.
Probablemente, me encuentre dentro del grupo de quienes ‘endiosamos’ al papado (no al papa) y se intuya la posición en la que me encuentro. De todos modos, como ejercicio intelectual, me atrevo a escribir y a participar en este blog sin ánimos de confrontación.
Un saludo, seguiré leyendo el blog porque disfruto mucho de los intercambios.
EB