viernes, 30 de noviembre de 2007

Ronald Knox y la Guerra Civil Española


En mi adolescencia fui un gran admirador de los mártires de la Guerra Civil Española. Durante esa época leí todo lo que pude al respecto y llegué a escribir alguna cosita ilustrada con fotografías y comentarios triunfalistas. Para mí, los mártires, la guerra, Franco y “Cara al Sol” eran parte indisoluble de una misma cruzada.
Mi admiración y respeto por esos mártires se mantienen, y aún más hoy cuando la Iglesia los ha reconocido como tales.
Sin embargo, con el paso de los años, me asaltó una duda. ¿Cómo era posible que el triunfo de la religión católica y su apoteósica primacía durante los más de cuarenta años de gobierno franquista se hubiesen desvanecido en pocos meses? Recuerdo todavía el escándalo que provocó a una tía que viajó a España dos o tres años después de la muerte del Caudillo el estado de corrupción que encontró en una sociedad española desbordada ya por la pornografía y la droga, entre otras cosas.
Y me seguí preguntando por qué cuatro décadas de gobierno confesional católico habían dejado un fruto tan magro o casi inexistente. Sin duda alguna, algo había funcionado, o se había hecho, muy, pero muy mal. Nunca supe a quién o a qué atribuir tamaño error, hasta que leí a Ronnie.

Ronald Knox nunca se interesó en la política. Según su biógrafos, porque cualquier partido que tomara significaba indisponerse con un grupo de católicos a quienes pastoralmente debía atender. Sólo una vez predicó un sermón “político”, y fue en ocasión de la Guerra Civil Española. Recordemos que este acontecimiento había dividido a los católicos de todo el mundo entre quienes apoyaban el levantamiento de Franco y aquellos que lo consideraban un atentado a la sacralidad democrática.
Era un domingo en Oxford, y tocaba el evangelio en el que se narra que Santiago y Juan piden al Señor que haga descender fuego de cielo para consumir a sus enemigos. Ronnie dijo en su sermón: “Durante el último año, los católicos españoles, invocando la protección del apóstol Santiago en sus estandartes, no se han contentado con pedir que descienda fuego del cielo, sino que ellos mismos han arrojado fuego sobre sus hermanos... ¿Estuvo el general Franco justificado... al tomar sobre sí la más grave responsabilidad que puede ser imaginada, al empujar a su país a los horrores ciertos de una guerra civil para evitar los horrores posibles del comunismo o de una dictadura anárquica? No tengo ninguna duda de que, efectivamente, estuvo justificado”.
Ronald Knox apoyaba la Guerra Civil Española y el accionar franquista sin dejar de señalar, sin embargo, la gravedad de la situación. Tomar las armas era una situación extrema; la Iglesia así lo enseñaba. Por tanto, se imponía rezar por la paz. Por que la paz “hará posible que la Iglesia pueda hacer su trabajo sin obstáculos. (La Guerra Civil Española no puede ser querida)... para venganza de los enemigos (de la Iglesia), pues eso se lo dejamos a Dios. Tampoco por una reacción clerical, que intentaría restaurar el lugar de la religión (en la sociedad) forzando su observancia con la fuerza de las armas seculares. Este triunfo de la Cristiandad tendría una vida muy corta”.
Creo que Ronnie dio en el clavo. Los obispos y los clérigos españoles, junto al gobierno de Franco, quisieron restaurar la España católica a la fuerza. No sirvió.
La reflexión obvia que se impondría aquí es: Las sociedades católicas se fundan y crecen sobre las espaldas de los santos que las engendran. Pero, ¿cuántos miles de mártires tuvo España en su Guerra Civil? ¿Es que su sangre no fue suficiente para la restauración? No lo sé. La única explicación que se me ocurre es que el Katejon ya había sido quitado, y debían desaparecer todas las compuertas que impidieran su accionar.
Lo cierto, e históricamente comprobable, es que el proyecto de Franco y del Cardenal Gomá fracasó. Sobró voluntad, faltó inteligencia.


gibelino@hotmail.com

18 comentarios:

Kukú en decadencia a go-go dijo...

Mi abuelo combatió en esa cruzada y me duele que no haya servido para el presente de esta España destruida....bah... está profetizado.....muy doloroso...y aprovecho desde el ágora que nos obsequia Wanderer para agradecer a Juan Carlos(tenía que ser un Borbón) lo que hizo y está haciendo por España......Ese fué el gran error del generalísimo........confiar en esa Nobleza Disoluta.....error histórico....a quién se le ocurre confiar en un Borbón.......
Desde la Nave de los Insanos os saludo respetuosamente

Anónimo dijo...

Mmmmmmmmmmmm........ “...y se le dará el poder de vencer a los buenos”. Al anticristo, claro. Ya que a Ud. le gustan tanto los escritores anglópatas, Casiodoro de Reyna (un español que defrailó hacia Anglia) traduce “los justos” en lugar de los buenos. En el lenguaje bíblico son casi casi sinónimos, aunque como escribía cierto gordo nada anónimo, la diferencia está en la intención o, mejor, en la Fe, mantenida a porrazo limpio si hace falta, pero mantenida.
Y a la fe, le siguen las obras para justificarse del todo todito, como dirían los mejicanos, que hablan como retándolo a uno ...
Luego: la destrucción de España (que los 40 años de Franco detuvieron pero ya no podían impedir) comenzó el día que obitó Carlos II, o con el animal de su padre tal vez. Pero le sobraba vitalidad para aguantarse todavía algunos siglos de revoluciones y envidias franco-inglesas y, sobre todo ¡a los borbones! lo peor de la nobleza europea, puestos a reyes de España ¡nada menos! por una trampa dinástica, que es como la hipocresía de la monarquía.
Las guerras civiles (religiosas, vamos...) del siglo XIX y el XX demoraron la caída, pero ya no pudieron impedirla, porque la herida estaba en el corazón y en la cabeza: la monarquía (envenenada de antiespañolismo y de pereza moral) y el clero prebendario, que de todos modos logró dar todavía algunos cuantos santos descomunales.
¿Qué tiene que hacer Franco con todo esto ...? Pues nada hombre, hizo lo que pudo, que para lo que había era bastante bueno. José Antonio, en cambio, profetizó el desastre que se avecinaba, indicó sus causas y sugirió algunos remedios, además de hacerse matar para probar que tenía razón (ya es un hecho averiguado que se negó a ser liberado para aseguar la vida de su hermano Miguel y de su cuñada Margarita Larios) aunque a Ud., su estilo pudiera parecerle algo ... kukú digamos. Falange era bastante kukú, pero estalló de indignación cuando un general liberal y puritano hizo fusilar a García Lorca, que era un mariconcito medio provocador.
Cuando se sueltan leones para cazar ratones, lo mejor es meterse uno en la jaula y cerrarla desde adentro. Si se puede, claro. El problema es que con los ratones no se puede vivir tampoco, así que, como decía Donoso Cortés, hay que elegir: la dictadura de la espada o la tiranía del puñal.
Como verá, creo pues que la asignación de culpas, en cosa tan misteriosa como providencial, cual es el triunfo del mal en el mundo, es casi, un ejercicio ilegal de la divina providencia.
Saludos míos

Wanderer dijo...

Estimado anónimo: Gracias por su interesante comentario. La figura de José Antonio me parece heroica. Llamarlo kukú sería darle demasiada entidad a esos bicharracos autóctonos.
La Falange no me gusta mucho, no porque sea kukusa, sino porque es moderna. El gobierno tradicional de las sociedades es el de un rey rodeado de sus nobles, y no el de un caudillo rodeado de dirigentes sindicales y sociales, por más católico y nacionalista que sea.

Anónimo dijo...

A España la mató el post-Concilio Vaticano II. No voy a entrar en la discusión de si hay o no una hermenéutica de la continuidad entre el CVII y la Tradición de la Iglesia; lo cierto es que se impuso en todas las filas de la Iglesia desde el pontificado de Juan XXIII un ánimo de relajar todas las costumbres, prácticas y suprimir tradiciones. No hubo dogma ni verdad, ni rito ni aspecto de la Iglesia que no fuera cuestionado y atacado. Y todo esto impulsado en buena medida por el Papa (el que estuviera en ese momento, lo mismo da).
Y España estaba constituida y siempre fue su razón de ser en la Fe católica. Y la Fe supone aceptar una verdad por la autoridad que dice. La confesionalidad de España y su Concordato modelo, según Pío XII, fue radicalmente suprimido a instancias de Paulo VI.
Vino el Concilio o el Post-Concilio y decidió que la sociedad civil podía organizarse de acuerdo al orden natural sin la ayuda de la gracia en el orden social o en el aspecto público. Y así nos fue: todo lo que era occidente, legalizó el aborto (no había país de occidente antes del CVII que lo hubiera aprobado, sólo países comunistas), los países católicos dejaron de serlo y como mínimo aprobaron todos menos Malta, el divorcio.
Todas las vocaciones religiosas y sacerdotales disminuyeron, lo mismo los bautismos, confesiones, apostasías de curas en masa (casi el 20% del total de sacerdotes del mundo colgó).
¿Quién tuvo la culpa de la decadencia de España? Primera y principalísimamente el espíritu del Concilio, el afán de agradar al mundo y a los enemigos de la Iglesia, Paulo VI, el cardenal Tarancón y la enorme mayoría del episcopado español. Franco puede ser responsable también, pero aunque hubiera sido San Fernando III de Castilla, hoy España estaría casi igual de podrida de lo que está.

Anónimo dijo...

Estimado Wanderer:

Habría que ver qué ennoblece a un rey. Y si un caudillo no seria más noble que algunos reyes.

Humildemente

The Seafarer

Anónimo dijo...

Estimado Anónimo 19:23:

En prieta síntesis Ud. ha mencionado el triste papel del clero y la jerarquía en la descristianización de la sociedad española. Pienso que para 1978 el Estado Católico era una estructura carcomida por la corrupción de la sociedad civil.

Pensar que bajo Pío XII España se negó a dar libertad religiosa a los protestantes al precio de no ingresar en el Plan Marshall... Para que luego Pablo VI exigiera desmantelar ese Estado Católico...

Anónimo dijo...

Sr. Wanderer,

Soy Moderno. Este Blog, es moderno. Y si, usted es moderno también.

Nos toco en suerte ser modernos, y a nuestro modo se puede ser mas o menos modernos. Pero estoy seguro de que soy tan Argentino como moderno.

Mil cosas le puedo reprochar a la falange, pero por favor, si la quiere criticar diga algo mas inteligente.

Slds,

Anónimo dijo...

Wanderer: otra vez da Ud. en el clavo al final de su luminoso blog: sobró voluntad y faltó inteligencia.
El problema de España y de la Iglesia española NO arranca con el CVII, que simplemente lo agravó. Estaba antes. Conviene leer sobre esto a Castellani ("El Ruiseñor Fusilado", y "Tres maneras de ver la guerra civil", por ejemplo). El clero español, Kukú, voluntarista, y corto. Ojo, con excepciones notabilísimas por cierto. Pero el tono dominante parece haber sido ése. Y se puede leer también "Madrid de corte a cheka", del marqués de Foxá, para ver lo que era la apolillada oligarquía -que no aristocracia- de aquel tiempo. Y también "argentina bolchevique" de Disandro, con con su dosis de exageración y todo dice algunas verdades de a puño. En fin, Ronnie "la tenía clara", como se dice ahora.
Amigo Wanderer: a veces pienso que José Antonio se parece más a un rey medieval que los apoltronados pretendientes dinásticos de hoy. Véase "El profesor de Historia" de Volkoff, un monárquico inteligente.
Dios nos asista

El anónimo normando

Anónimo dijo...

Castellani escribió algo muy lúcido, en la línea de lo de Knox: "Sobre tres modos de ver la guerra civil española" o algo así. Está recogido en "Las ideas de mi Tío el Cura". Recomiendo vivamente su lectura.

Eso no nos impide venerar la romántica y juvenil figura de José Antonio, el estilo de la Falange, la historia y la doctrina del carlismo (mejor que el nacionalsindicalismo, seamos sinceros) o incluso defender bastantes cosas del franquismo. Pero dando a cada uno lo que se merece, ni más ni menos.

Cantar el "Cara al sol" o el "Oriamendi"...o el Himno del "Don Jaime" o "Revuelo de ponchos rojos"...son costumbres muy saludables para algunos, sobre todo si lo hacemos con un whisky en una mano y una guitarra en la otra...

¿José Antonio Ku-Kú???????? "Queremos una España alegre y faldicorta" decía el Jefe falangista. No parece muy ku-kú...y aunque no creo que con eso quisiera despreciar el necesario y legítimo pudor (contra el "mal automático" que decía Chesterton), estoy seguro que le reventaba la beatería ñoña y el puritanismo bobo...

Fernando RM

Anónimo dijo...

¡Qué asunto complejo, Don Wánderer!. Y aunque no lo terminemos de entender, me parece que algunos elementos a tener en cuenta pueden ser los siguientes. Primero aquello que sabemos bien; mantener el orden cristiano es conveniente para la santificación de los súbditos, pero no suficiente. O, como decía insistentemente el Padre Castellani, al que no quiere salvarse ni Jesucristo lo salva. No quiero meterme en la polémica -posible y también interesante- sobre la actuación del Caudillo, y sobre si pudo hacer más o mejor. Dejando éso para otra ocasión, creo que estaremos todos de acuerdo en que el estado español debía mantener un orden jurídico y político cristiano, y que éso lo hizo bastante bien. Alcanzó para sostener al matrimonio en España, pero no la castidad entre los españoles. La virtud siempre tiene algo de esforzado y algo de precario; siempre peligra cuando se remueven los obstáculos o cesan los esfuerzos. Segundo: coincido en parte, en parte no, con el anónimo de las 19:23. En la iglesia española, y en el estado español, coexistieron dos tendencias. Una de rechazo a la modernidad, al mundo surgido del iluminismo. Y otra de aceptación y diálogo y de síntesis con la modernidad iluminista. Esta última tendencia, a mi ver sin duda progresista, en España parecía "reaccionaria", por ser conservadora en muchos aspectos, y jusnaturalista a su manera. Y es la que ganó. ¿Ganó por el Vaticano IIdo? También por el Vaticano IIdo, sin duda; pero no solamente por el Vaticano IIdo.Esa tendencia venía de mucho antes; quizás de alguna forma venía creciendo con vigor desde la época del mismo León XIII y su ralliement. Quizás. Sí creo que si se hubiera mantenido la Misa tradicional los cambios hubieran sido más lentos, y la resistencia más fuerte. Tercero: aún si no hubiese ganado esa tendencia de fondo progresista y apariencia conservadora, la Iglesia y el Estado de España la hubieran tenido bien difícil para evitar un rebote liberal tras la muerte del Caudillo. Creo que Caturelli dice palabra más palabra menos, en el prólogo a una de las compilaciones de editoriales de Jauja, que Castellani ejercía cierto pesimismo, fundando en que había entendido que el triunfo del iluminismo en sus dos versiones, la liberal y la marxista, han logrado que el hombre moderno resulte impermeable, inaccesible a la prédica del Evangelio. ¡Tremenda frase de Don Alberto! Y sin embargo, me parece trágicamente cierta. Tanto, que me pregunto si es posible aún el orden jurídico y político cristiano, y si en la práctica no terminó por volverse cierto que no quedan muchas alternativas fuera de aquellas que, anticipadamente, proponía el ralliement. ¿Y Don Juan Carlos? creo que es el hombre de ése contexto, que le precede en todo sentido. Si el Caudillo hubiere elegido al otro "coronable" Don Carlos Hugo, creo que hubiera sido igual. Cordialmente, El Gallo.

hjg dijo...

De Ronald Knox (no me disgusta, pero tampoco me entusiasma) en castellano se han editado, por lo menos (son los que tengo) :
- Ejercicios para seglares (Bib. Cristiana, Planeta DeAgostini)
- El credo a cámara lenta (ed. Palabra)
- La fe de los católicos (Ed. apostolado de la prensa)
- El torrente oculto (Patmos - Rialp)
- Dios y el átomo (ed. Zig Zag)

A mí la biografía de Waugh no me resultó particularmente memorable, pero eso no quiere decir mucho.
Acaso menos aún -sobre todo considerando el perfil de este blog- esta opinión de Graham Greene: "Every Catholic, I suppose, has his favourite type of priest. The Knox of Oxford, the Knox of the rather precious style and of the Latin verses, the chaplain and the translator, had his apostolate in a region which I have always found uninteresting and even at moments repellent".

Wanderer dijo...

AVISO: Por problemas de Blogger no se publican los comentarios quienes lo envían logeados desde otros blog, caso del Sacristán Serrano o de HJG. Este último logré copiarlo.

Slds: Ud. no entendió aún lo que es la modernidad.

Estoy de acuerdo en que el Vaticano II agravó la situación, pero no fue ciertamente la única causa de la caída de España. Los comentarios han señalado otras. Insisto en que el clero español pre-concilio era corto y piadosón, preocupado en sus colegios más en que los muchachitos no hicieran chanchadas que en afirmarlos en la fe. Para muchos, era la religión del 6º mandamiento. Eso viste pero, a la larga, no sirve. Y no debemos olvidar tampoco la acción deletera del Opus Dei.

HJG: La figura no Knox no debe gustarle a todos. Comprendo que algunas de sus mañas resulten antipáticas. No soy knoxista; me basta con la redención de Cristo. No em fío, sin embargo, de la opinión de Graham Green. Él era el representante progresista y zurdón de los católicos literatos ingleses. Basta leer sus novelas.

Anónimo dijo...

Tengo para mí que Escrivá no simpatizaba con Franco pero dejó que cada uno obrara, en el Opus Dei, como le pareciera. Por eso es distinta la relación que con Franco y el franquismo tuvieron López Rodó (conservador y franquista), Calvo Serer (monárquico alfonsino y antifranquista), Zafra Valverde (falangista), Álvaro D´Ors (carlista)o Antonio Fontán(liberal y antifranquista). Yo no diría pues, que hubo una actuación "corporativa" del Opus Dei en el gobierno de Franco. El problema es de otro tipo: lo que suele suceder con el Opus Dei es que partiendo de un presupuesto bueno - unidad en lo doctrinal y libertad en lo prudencial y opinable -, no todos los fieles de la Obra tienen claro en qué consiste esa "unidad" necesaria respecto a la doctrina social de la Iglesia y por tanto se equivocan al actuar, por ignorancia o falta de buena formación. Más aún, suelen tener claro por ej. los errores del marxismo o del inmanentismo moderno o del progresismo, pero se comportan con una tolerancia al menos práctica en relación al liberalismo o la democracia moderna. Y esto se ha agravado en los últimos 40 años, con los problemas de interpretación que originaron ciertos textos del Concilio Vaticano II. Creo que es responsabilidad de quienes gobiernan el Opus Dei dar una mejor formación en estos temas y corregir cuando es necesario hacerlo. Supongo que la mayoría de los que participan en el blog dirán que soy un iluso porque el problema del Opus Dei es... el Opus Dei. Bueno, yo no lo veo así, pero tampoco cierro los ojos a este y otros errores que existen o han existido y que todos conocen: ciertos rasgos de voluntarismo, proselitismo agresivo, manipulaciones vocacionales, etc.

No hablo sin conocimiento de causa: fuí numerario casi 17 años y sufrí de modo grave (con una "típica" enfermedad incluida) todo aquello que menciono más arriba (leer a Castellani me ayudó a no perder el rumbo en medio de un conflicto bastante complicado). Conozco el Opus Dei desde hace 30 años y sigo más o menos relacionado.Ví y veo también cosas muy buenas,intentos de rectificar, buena voluntad y deseos de reparar con hechos los errores cometidos. Por eso soy de los que confían en que estas cosas pueden mejorar.

Me fui de tema, pero me parecía importante contar esto, pues detesto las "defensas sin la mínima autocrítica" y creo que la experiencia personal sirve a veces mucho más que miles de libros...

Xavier de Bouillón

Anónimo dijo...

Quiero aclarar que sí, que ya lo sé. Graham Greene hizo un largo camino... hacia el infierno. Terminó "sin mí, sin Dios, y sin fe", que diría Julio Sosa.

No sé cómo, se fue frivolizando, y escribía cada vez peor. Su "Don Quixote", por ejemplo.

Pero hubo un tiempo, cuando recién convertido, que supo escribir grandes, inmensas novelas. No olvidar "El Poder y la Gloria", "El Revés de la trama" y "Brighton Rock", por ejemplo. Sus cuentos cortos son pequeñas gemas (recomiendo, para empezar, "Los Destructores"). Sus novelas de espionaje, en cambio, no le salieron del todo (y Le Carré lo mató).

Pero sí, cómo no, entiendo perfectamente si abominaba de Ronald Knox.

Y eso habla bien de éste último, que se mantuvo fiel hasta el fin.

Que es lo que yo querría (y cada día parece más difícil) para mí.

J.T.

El Gallo dijo...

Estimado Sds: tiene razón Wanderer, José Antonio fué un gran hombre, Poeta y Mártir, pero no llegó en éste mundo a despegarse de las ideologías de la modernidad. Es así, no nos enojemos con la realidad. Estimado X. de Bouillón: permitame que le sugiera una posibilidad: doctrinalmente, el Opus Dei es el Vaticano IIdo. Más aún: creo que no sólo es el texto, sino también el espíritu del texto y en la interpretación más "conservadora" posible. Dijo Escrivá que él se adelantó al Vaticano IIdo, y creo que es cierto. Desde ya, no es que Escrivá bebiera en las aguas de la nueva teología; pero entre Escrivá y la nueva teología había, a efectos del Vaticano IIdo, lo que hoy llamamos "coincidencia programática". Lo cual digo sin que sea, al menos para mí, ningún elogio al Opus. Al margen está todo el problema de los comportamientos sectarios, que lamentablemente no son exclusividad del Opus, como se ha visto tan bien en éste mismo blog. Cordialmente, El Gallo.

Anónimo dijo...

Etimado El Gallo:

Efectivamente, el Opus Dei es el Concilio Vaticano II y todo el Magisterio anterior y posterior. Personalmente creo que eso no es malo, en tanto el Vaticano II se entienda de manera ortodoxa, no "consrvadora" (asunto no sencillo, desde luego). En El Opus Dei aprendí mucho en ese sentido y también acerca de lo que la mala interpretación y peor aplicación del Concilio hizo sufrir a Escrivá. Como a esta altura del partido ya hay mucho publicado (sobre todo después de la biografía en tres tomos de Vázquez de Prada y la más vieja de Pilar Urbano, que abundan en estos temas) me eximo de relatar anécdotas.

De todos modos, a título privado y sobre algunos temas, me parece que ciertos fieles del Opus Dei han hecho interpretaciones erróneas del Concilio. Por caso, la doctrina sobre "laicidad y laicismo" que algunos enseñan en Navarra. Interpretación diferente a la de otros miembros de la Prelatura como Ocáriz, que tiene un trabajo sobre confesionalidad del Estado y "Dignitatis humanae" muy interesante.

Que algunos textos del Concilio son ambiguos y dan pie a estos problemas lo tengo por una verdad de perogrullo. Y que la puesta en práctica del mismo ha sido penosa en muchos casos, también. Sobre lo último recuerdo que Escrivá escribió tres cartas a los de la Obra, para evitar que se colaran errores con excusa del Concilio. Y luego de su muerte se publicó un libro con otros escritos de este tenor titulado "Lealtad a la Iglesia". En el inmediato posconcilio hizo estudiar y escribir mucho a varios de sus hijos para hacer una hermenéutica correcta de temas como ecumenismo, liturgia, moral, colegialidad episcopal y un largo etcétera.

Por último, me consta que Escrivá mandó obedecer el Concilio Vaticano II pero con una obediencia inteligente. Por eso duele ver que alguno no parezca alegrarse con la decisión del Papa acerca de la Misa tridentina, que entiendo al Fundador del Opus dei le hubiera encantado.

No creo en cambio que pueda verse a Escrivá como defendiendo aquel "espíritu del Concilio" al que muchos progres hacían referencia para defender sus herejías. Ni relacionarlo con lo que de erróneo había en la "Nouvelle Theologie". Al menos nunca me pareció que sus enseñanzas acerca de la vocación universal a la santidad, la santificación de la vida ordinaria, la misión de los laicos en orden a la cristianización del orden temporal, el carácter vocacional y santificador del matrimonio, la unidad de vida, el amor al mundo entendido como Creación, etc. fueran erróneas. Me refiero a sus enseñanzas y no a vulgarizaciones que puedan deformarlas. Creo que la publicación de todo lo que escribió o de lo que enseño de manera oral que se está haciendo (Rialp mediante) ayudará a conocer todo esto mejor, sobre todo para quienes no son del Opus Dei. Como también espero que se sigan corrigiendo dentro de la Obra esos problemas a que hacíamos referencia ayer y que si bien no son exclusivos de esta institución, como ud. bien señala, no exime de corregirlos cuanto antes. Aunque estos procesos suelen llevar mucho tiempo, máxime habiendo personas con diversidad de temperamentos, mentalidades o formación cultural, como sucede en una institución como el Opus Dei

Xavier de Bouillón

Anónimo dijo...

Xavier,
qué me dice del discurso del Mal Pastor?
Eso no es nouvelle ni vieille theologie, eso es...

Anónimo dijo...

Estimando anonymous:
Supongo que se refiere a la meditación del Buen Pastor. Como decía Castellani, en algún sentido "la subjetividad es verdad". Le cuento algo de "mi propia cosecha": yo me he confesado durante mis años en la Obra siempre con sacerdotes del Opus Dei y he seguido al pie de la letra esas enseñanzas. Personalmente no me han complicado la vida - a pesar de que el problema que tenía entre manos era serio - porque sabía que podía hablar con el cura que se me diera la gana y había para todos los gustos. Idem con los laicos que eran directores. Luego, al salir de la Obra me he confesado y charlado con una buena cantidad de sacerdotes ajenos al Opus Dei que me han hecho mucho bien pero comprobé algo de lo que San Josemaría decía: que en cuestiones que tenían que ver con el espíritu de la Obra - y en mi caso a veces debía hacer referencia al mismo por lo que había pasado - no me daban consejos prudentes, a pesar de la buena voluntad y de la excelentísima formación que algunos de ellos tenían y tienen. Hablo en general, hay alguna excepción. Con lo cual, con la más plena libertad, volví a confesarme con sacerdotes de la Obra, sin perder por ello el derecho de hacerlo con cualquier otro en caso de necesidad. En el fondo, lo que San Josemaría decía me parece acertado: dificilmente puedan aconsejar bien respecto de un camino vocacional aquellos que no conocen esa espiritualidad. Hasta ahí la parte de mi respuesta "a favor" de San Josemaría. Pero Escrivá decía algo más: quien no obra así, no peca, pero no tiene buen espíritu. Aquí entiendo que - adecuando lo dicho a la normativa actual del Código de Derecho Canónico y a la superación de la casuística que hay en la buena teología espiritual contemporánea - en la Obra debería decirse que aquello dicho por el Fundador era un consejo, no un mandato y que acudir a una persona ajena a la Obra para confesarse o pedir consejo es una decisión personal libérrima, que será o no de buen espíritu según sean las circunstancias. Pero esas circunstancias sólo el interesado las conoce y no se puede prejuzgar negativamente la decisión de aconsejarse con alguien ajeno al Opus Dei con un criterio genérico y absoluto. Luego, hay que saber interpretar al Fundador en el contexto (eclesial, teológico, canónico, espiritual) en el que vivió, atendiendo al espíritu de lo que dijo y no sólo a la letra, y sabiendo que por encima de lo que haya enseñado San Josemaría, están la Ley divino- positiva, la Ley natural, el Magisterio de la Iglesia, el Derecho canónico y naturalmente la conciencia recta de cada uno - aspectos todos en los que Escrivá siempre insistió-. Este es el tipo de cosas que, sin deformar el espíritu fundacional, entiendo deben ser interpretadas a la luz de los legítimos avances que se han hecho en espiritualidad, teología, etc. Avances que muchas veces son restauración de viejas verdades olvidadas - porque acerca de una dirección espiritual más inteligente y menos voluntarista, ya sabían mucho los Padres del Desierto -. Que textos como ese pueden y deben ser interpetados adecuadamente no me lo invento yo, es lo que ha hecho por ej. Pedro Rodriguez en la edición crítica de "Camino", donde algunos puntos otrora discutidos, han sido explicados a la luz de la buena teología actual. Análogo criterio habría que aplicar en otros temas, como por ej. los referidos a las vocaciones. Bueno, eso es lo que pienso, puedo equivocarme, pero es lo que por ahora se me ocurre contestar respecto del tema en cuestión...Naturalmente si se me explica con razones serias algo distinto, sea en favor de la interpretación tradicional de esa meditación, sea en contra de lo que yo digo, estoy dispuesto a cambiar de idea

Xavier de Bouillón