lunes, 31 de marzo de 2008

Boanerges


Con cierto pudor, debo admitir la angustia que me ha embargado durante la última semana, producto de la inacabada pelea entre el campo y el gobierno kirchnerista.

El problema del campo no me afecta personalmente. Y, aunque gran parte de mi familia vive del campo, una retención mayor o menor no los afectará significativamente. ¿Por qué entonces la angustia?

Como a muchos cristianos argentinos, me angustia la injusticia constante que sufrimos desde hace más de cuatro años. Es así. La injusticia angustia.

Angustia el robo a quienes trabajan para dárselo en prebendas a los piqueteros; angustia la mentira instalada y aceptada; angustia la persecución de los buenos y la exaltación de los malos; angustia que quienes ostentan el poder sean los deshonestos, los ladrones y los plebeyos; angustia la grosería provocadora de la chirusita que nos gobierna.

¿Qué hacer?

Viene solita, sin que la llamemos, la tentación de los Hijos del Trueno: "Señor, ¿quieres que mandemos que llueva fuego del cielo, y los devore?".

Y Él responde: "No sabéis a qué espíritu pertenecéis. El Hijo del hombre no ha venido para perder a las almas sino para salvarlas".

Si Él lo dice...

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Wanderer,

Dos aclaraciones previas. Odio a los K. No conozco a su familia.

Ahora bien:

Los que cultivan soja porque "rinde más" sin otro miramiento, no se diferencian de los especuladores que ponen la plata donde hay mayor interés. O de los comerciantes que cierran el negocio de ropa por uno de computadoras porque "da más". No veo la injusticia donde usted la ve: roba el gobierno ciertamente. También roba el campo cuando por sembrar soja suplanta el trigo con elque se hace el pan, cuando vende en negro la cosecha, o cuando pide a gritos que le abran la cuota Hilton no para que yo, pequeño burgués, pueda comer mi asado del domingo, sino para que una pobre vieja de Laferrere pueda comprar Tortuguita a menos de 20 pesos. ¿Persecución de los buenos? Caminante: hace mucho no se da una vuelta por el campo. Los gauchos ya no usan boina Camiante sino "caps", al tordillo lo cambiaron por la Hilux, al chasqui por un blackberry y las alpargatas por un par de Puma. Ya no escuchan folclore sino música electrónica. Basta de leer a Fierro, ahora esLa Nacion Campo por Internet. Wanderer, realmente ve una diferencia "esencial" entre la chirusa de Kristina (que juega a la Carla Bruni del subdesarrollo) y un joven chacarero que se pasea el domingo a la tarde en su 4x4 con musica a todo volumen y hablando por celular por, digamos, Uribelarrea?

Amigo Wanderer, a mi me angustia otra cosa: que lo que siempre fue el último reducto de una nación esté en este estado.

El vengador Kukú.

Chiderico dijo...

Estimado Vengador: me parece que Ud. tiene más de Kukú que de vengador. ¿De dónde le viene ese odio al campo? ¿Será que es Ud. un peronista? ¿O un "cabecita negra" resentido?
Me recuerda la crítica que hacían los zurditos de Página 12 a los cacerolazos de la semana pasada: lo hacían "gauchos" vestidos de bombachas Cardón, camisas Polo y remeras Kevingston.
No sabe lo bien que se siente vestirse con esa ropa!

Anónimo dijo...

Estimado Childerico,

Como diría Wanderer, lea (inteligentemente) el último párrafo por favor.

A sus preguntas:

1) Soy fascista, por tanto no peronista, que es su parodia.
2) Tengo 100% de sangre europea. Incluso mi madre opina que soy bien parecido.
Los negros me caen bien. Y hay muchos blancos que no. Como diría un amigo: hay negros de todos los colores.
3)Conozco esas marcas de ropa. Se las regalo a mi mucama.

Espero heber respondido sus necias preguntas.

Pero para que no le queden confusiones a algún lector desprevenido:

El campo que quiero es el que descirbe Peguy en "El dinero". Ese campo donde se ganaba poco, se vivía con nada y se era feliz. Donde se educaba cristianamente a los hijos y donde todo creían (y así era) que a todo hombre que trabajara arduamente y fuera virtuoso, la Providencia le daría todo lo necesario.

El vengador Kukú.

Pablo (Rosario) dijo...

Disiento con el vengador Kukú. Tal vez porque vivo en una Provincia en la que hay soja hasta en las macetas. Y si la hay, es porque los productores se han desplazado hacia ella entre otras razones, por la torpe política oficial.

Saludos.

Antoine dijo...

soy francés, campesino en Auvergne, donde hago queso de vacas y me interesa mucho el debate sobre el campo agentino, las mudanzas actualas con el problema del soja...
Tenemos aqui las mismas preocupaciones : algunos diciendo que la union europea nos ha perdido el sentido campesino pero pocos arguando, como el Kuku, que mas que todo, lo que se ha perdido, es el sentido catolico... Y a mi, me parece que la secunda opinion es la verdadera... No conosco el campo que describe Peguy, pero me parece cercano del campo de Pourrat, un campo donde lo mas que se pierde, es la amistad entre los hombres... Y a eso, no lo puede nada la politica oficial, me fijo...
Saludos y disculpen por me pobre espanol...

Anónimo dijo...

Vengador,

No me gustó el tono en el que contestó a Childerico. Y Childerico debería concentrarse en responder al vengador en vez de denigrarlo. Le propngo que defienda objetivamente al campo. El alemán.

Anónimo dijo...

Estimados, la técnica ha demostrado y continua demostrando tener una potencia inimaginable, que todo lo invade. Incluso veámonos a nosotros mismos utilizando uno de los medios más refinados como es la tecnologá informática y la comunicación global. Quién dudaría en hacerse una tomografía, cuando tratándose de salud "las papas queman". Desengañémonos, la técnica es un poder faústico y dominador, que nos somete, pese a los vanos intentos de Martín Heidegger por exorcizarla. Y el campo no es en inmune. Al contrario, quizá haya más técnica en el campo (fumgaciones, inseminación artifiical, ingeniería genética) que en la ciudad. Por eso, por qué extrañarnos de gauchos con black-berry o hilux. El campo, como categoría tradicional, ya no existe. Pretender analizarlo desde esa categoría conducirá al fracaso inexorablemente. Y no hay retorno, Arcadia no volverá. El que lo quiera aceptar, bien; el que no, solo podrá refugiarse en una fantasía nostálgica y elitista, pero eso sí, sin renunciar al usufructo de los más refinados productos emnados del avance tecnológico (desde la ropa con sus telas provenientes de las máquinas hiladoras de última generación hasta el cero kilómetro con GPS).