martes, 15 de abril de 2008

Apostolado athonita




Un Athonita, lector también del blog, ha remitido una interesante reflexión acerca del verdadero apostolado católico. Y, aunque no pareza, seguimos en el mismo tema. Me pregunto si no será amigo de Sir Jack.




Tal vez quede como esos ancianos que cuando el diálogo viró hacia otro tópico ellos recurren sobre lo anterior. Pero en este caso, el tema bien puede quedar vinculado a los post anteriores y posteriores: a su tema de fondo.
Ajeno -o para ser más honesto: enajenándome, pues lo conozco mucho al padre Roberto- a la controversia puntual, me gustaría retroceder dos carpetas -dirían los cibernéticos- o dos especies diríamos nosotros desde el arbolito de Porfidio. Y es el vasto y amplio tema de cómo evangelizar. Cómo cumplir el mandato evangélico de anunciar la Buena Noticia hasta los confines del mundo.
Insisto en la palabrita clave: cómo. Quomodo: es la pregunta del millón, la de la Madre de Dios al Ángel. Ni qué ni cuándo ni con qué: quomodo. Es lo único necesario para secundar la Gracia, cuya primacía todos -o casi todos- tratamos de no negar... o de negar lo menos posible.
Y el ejemplo de la Anunciación es arquetípico, pues toda evangelización reedita --o “participa” por decirlo con más escolástica-- la encarnación del Verbo.
La frase de Newman que cita un lector aquí es tal cual (o casi, según la histeria que tengamos con el inglés). Y es picante. “¿Qué hemos de hacer, hermanos?” le preguntaban los primeros al Príncipe de los Apóstoles, en la primera lectura de la Liturgia del domingo (Act 2,37).
Es difícil... más, en este pendular -como graficaba un comentario de hace poco en este blog- con que la Iglesia pasa de la arenga proselitista a la diluyente pasividad de una religión líquida, como decía el Gordo Chesterton.
¿Qué “hacer”, o cómo hacer para que el Dios que nos creó sin nosotros pero que no salvará a su Grey sin nosotros, pueda lograr que la veritatis suae lumen ostendis?
En los años 60 y 70 avanzó -en ese mezcladísimo combo de la oferta progresista- una propuesta con algo de verdad y mucho del ángel del luz... y era, palabras más palabras menos, lo que plantea el estimado Wanderer: nada de discursos, nada de deditos señaladores, basta de sermones cargados de imperativos categóricos... y nació la “pastoral testimonial”... Lo único que nos atañe es dar testimonio en carne propia, sin más.
Sin duda “la sangre habla mejor”, como decían los Padres, parafraseando una expresión de la carta a los Hebreos, pero...
Pablo VI -aunque ustedes no lo crean- también fustigó a los ubicados a su izquierda... y así su testamento pastoral -la Evangelii Nuntiandi- entra de lleno en esta cuestión: magnífico e insuperable el anuncio testimonial... pero la Iglesia, en su pobreza, no puede ceñirse sólo a ella. Y no sólo por pobreza moral, sino porque lo puramente testimonial puede ser ambiguo o “situacionista” y no aportar la formación doctrinal que el creyente necesita. El testimonio sin más “es insuficiente”; hace falta completarlo con el anuncio explícito (EN 22).
Bien. Pero, ¿cómo hacer para que el péndulo no se nos levante para el otro extremo y nos devuelva a la “propaganda fidei” con más sabor al marketing y la insistencia subliminal que al “vengan y vean” del Cristo? ¿Cuál es el punto?
Se me ocurre -aun a riesgo de ser tildado de subjetivista y vitalista- que un punto interesante puede ser retornar a una categoría muy antigua, libre de toda la apologética contrareformista, y no menos, ajena a todo el vivencialismo progresista. Los Padres lo llamaban: “anuncio por contagio”, “por desborde”, como una “eructatio” de la propia Lectio divina. Tomás de Aquino lo formateó en el legendario contemplari et contemplata aliis tradere (que Ludovicus explique por qué el Doctor Angélico emplea aquí el infinitivo en su forma arcaica, en vez del contemplare, con e...).
Eso -no sé si a mitad de camino o no, lo mismo da- (equi)dista tanto del puro testimonio de vida como del machaque a empujones de la propaganda proselitista. Es el paso, la pascua, del divulgador al testigo. Como expresa la reciente “Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelización” de la Congregación para la doctrina de la Fe (preocupada por ambos desvaríos): “En el fondo, ¿hay otra forma de comunicar el Evangelio que no sea la de transmitir a otro la propia experiencia de fe?” (11,2).
Nosotros diríamos: sí hay otras formas y la conocemos... a diestra i a siniestra... pero no son buenas. Y más aún (o menos, pero sumando): no son efectivas. Son eunucas, estériles. Tiene patas cortas. Ni las clases con cuadros sinópticos sobre fuego, ni las arengas entusiastas sobre el fuego prenden fuego, ni canciones melosas sobre el fuego prenden fuego. Sólo el fuego produce fuego.
Yo creo que sí, que se trata de dar testimonio y sólo testimonio... pero bajo una acepción apenas distinta a la que suele emplearse: testimonio no dice sólo respaldo moral de la propia prédica. Dice algo previo, en un nivel más básico, desde la jerga jurídica: testigo es simplemente el que estuvo en el lugar de los hechos.
Y esos son los testigos que necesitamos: los que atestiguan -como dice san Juan- lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca de la Palabra de Vida,-pues la Vida se manifestó y nosotros la hemos visto y damos testimonio- eso es lo que les anunciamos. (1Jn1,1). Con respaldo moral... o desde el fango del pecado... pero “a boca de sepulcro”, desde el lugar de los hechos.
Conocemos el mandamiento que manda no dar falso testimonio, y lo acotamos a no decir hache por be. Que el catequista o el cura no mienta, no deforme la Sacra Doctrina. Y vale. Pero en el lenguaje legal hay otra posibilidad de vincular la falsía con el testimonio: que, aun no faltando ni en una tilde a la verdad, simplemente no haya estado... alcanza con eso para constituirse en “testigo falso”, incurriendo en delito grave.
Nuestra amada y enferma Iglesia padece de ambos males. De falso testimonio y de testigos falsos. Y estos últimos, aún con doctrina impecable, son los que más credibilidad le quitan al “argumento” cristiano. Son, bajo otra analogía, los que generan la devaluación del “logos” de la Iglesia. Quienes hablan sin el respaldo en oro -el oro de orar, el oro del contemplari- emiten moneda falsa, generan inflación y preparan el Gran Default en que ya estamos sumergidos. ¿Y todo por qué? Porque no acumulan contemplación para desbordarla en la serena y fecunda irradiación del Misterio sobreabundante. Sólo el mistagogo será apóstol del tercer milenio.
¿Solución? Y, hay varias escuelas... como en economía... Pero mejor que las proponga otro. De algún modo, “hay que pasar el invierno” para que los agentes pastorales como pacientes rebañales entren en bodega y añejen la propia experiencia del misterio hasta tornarlo un vino de calidad. ¿Y hasta tanto... las sectas, el secularismo, el hedonismo, el Mundo y el Enemigo mismo? ¿No nos arrasarán???
No sabría responder. No es retórica la incógnita. Creo que el tema es muy complejo y central al gran conflicto eclesial actual. Más que muchas otras minucias que suelen acentuarse. Y no es fácil. Todo simplismo en esta álgida cuestión es malvenido y nos entorpece a todos la búsqueda honesta y seria de la Verdad.




El Athonita

25 comentarios:

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo

Excelente Post. Lo dijo el Padre Nietzche:" de todo lo que se escribe, sólo me gusta lo que un hombre escribe con su propia sangre. Escribe tú con sangre, y comprenderás que la sangre es espíritu"

Veritas dijo...

APLAUSOS Y MÄS APLAUSOS

jack tollers dijo...

¡Protesto! Aunque me encantaría conocerlo, no tengo ningún amigo Athonita... a menos que sea uno que adivino como autor del post.

Y que vive en un monte muy distante, en el espacio, del Monte Athos.

Jack Tollers

Anónimo dijo...

¡Saludos a todos! Soy Ignatius. Me honra participar por primera vez en este blog, aunque ya hace algún tiempo que lo sigo. Por algunas razones personales (yo también he sufrido algo en alguna congregación semejante), la cuestión propuesta me interpeló profundamente. Sólo deseaba añadir al excelente post del Athonita, que en la fórmula contemplari et contemplata aliis tradere se puede atisbar alguna luz sobre la vida del apóstol. En efecto, hasta donde mis conocimientos me lo permiten, la –i del infinitivo no es un arcaísmo sino que se trata de un signo de voz media. Tanto en la lengua griega como en la latina, además de las dos voces que conocemos había una tercera, la voz media, cuyo fin era significar aquellas acciones que se hallaban “en medio”, porque sin llegar a ser pasivas involucraban especialmente al sujeto permaneciendo en él y modificándolo. Precisamente, la acción de contemplari es la de un contacto no puramente abstracto o intelectual con la Verdad revelada sino atravesado de amor, un compromiso completo y vital del sujeto. Gilson decía que la vida intelectual era intelectual porque implicaba conocimiento pero que era vida porque implicaba amor. Se trata de esto. La contemplación, al robustecer la caridad, ese nombre antiguo del empeño existencial en las cosas de Dios, da la cifra del apostolado concreto. In Domino.

Anónimo dijo...

Agradezco la lumbre del amigo Ignatius a cerca de la voz media. Aquí en la Montaña santa, leemos mucho a su patrono, cuyo Kondakion repetimos con frecuencia en la Liturgia del Othrós: Oh tú Padre Ignacio que nos impregnas de Misterio... arranca el texto griego En el Monasterio de san Pantaléimon -no lejano de mi peñasco- se venera una reliquia suya. Gracias a este gran Padre y Máryr, la Iglesia sabe -de saber y de sabor- que toda palabra proviene del silencio y a ella vuelve, como el Logos eterno vive Pros ton Theón, saliendo del Silencio paterno y engolfándose Allí. Llevando cautivos al espacioso Misterio.
Me cuentan que en Occidente luego cobró fama otro Ignacio... de comarca lejana a Antioquía... pero no le conocemos acá.

Acá importan poco los “quién” y mucho los “qué”. Noto que por vuestros lares las preguntas cotizan distinto... sospecho la razón. Hubo acá un gran Staretz, el archimandrita Sofronio, quien nos explicó con esmero una peste que padecieron ustedes, llamada Modernidad, que los ha dejado medio cachuzos (acá empleamos otro término, pero sé que a la sensibilidad de sir Wanderer, el carajeo machacón puede irritarlo).

A mi tocayo Jack -largo y fatigoso sería explicar por qué tocayo- le cuento que desde aquel sediento episodio en Samaría -comenta nuestro bienamado Hagios Silvano- aquello de que no es en este monte ni aquel otro la adoración al Padre, lejos de denotar un desprecio o claudicación de lo espacial en favor de una plegaria “concentrada” sin hic et nunc, lo que inaugura el LogosSarkós, el Dios hecho espacio y tiempo, es la superposición de todos los montes, de todos los altos. Ubi Roca, ibi Gólgota decía un Padre -latino, pero Padre al fin-. Donde hay un Altar, he ahí el ombligo del mundo, el único, el que mana Sangre y Agua. El único “punto” de este Cosmos que se vincula al Cielo.
La Santa Montaña es Una, y lo mismo da que sea en el Athos o en el Tupungathos... sobre sus cielos antiquísimos cabalga victorioso Aquel cuyos ojos son Fuego y cuya mirada prende fuego lo que mira.
Y sí, aunque Occidente -en su mejor versión- siga creyendo que se trata de contemplar, en la Montaña Santa sabemos que no, que se trata de ser contemplado. Contemplado por el Transfigurado, cuyo Tabor es para siempre inmediato.

El Athonita

Anónimo dijo...

Muy profunda su reflexión.
Sumo alguna perplejidad:
Todos coincidimos en que sin vida interior, sin contemplación, la evangelización, el apostolado, sería algo vacío, falso. Nadie da lo que no tiene. Ex abundantia cordis… La vid y los sarmientos, etc. O sea, sin unión con Cristo, no se cumple su mandamiento de ir a todas las gentes… Sin ella, se cae en un mero proselitismo de partido político.
Ahora bien, supuesta la contemplación, me pregunto: ¿es posible usar los métodos, o al menos algunos, del proselitismo en la tarea apostólica? Si no, ¿por qué?
Hubo un tiempo… en que las gentes buscaban a los Padres en los desiertos para su instrucción; en que las artes, la arquitectura, la música, las leyes, etc. etc. conducían a Dios. Pero lamentablmente eso ya pasó hace mucho. Ahora no hay más sociedad católica. Ahora la masa de la gente, camina sin darse cuenta, hacia el indiferentismo, el hedonismo, el ateísmo, etc. Ahora el Padre que predique en el desierto debe proveerse su público, o resignarse a predicarle a dos o tres… ¿cómo se hace para llegar a las masas?
Se me puede objetar: lo que importa es la calidad y no la cantidad. Y estoy de acuerdo. Pero también es cierto que el bien, mientras más universal, mejor. Además la iglesia debe apuntar a convertir a todo el mundo y no sólo a unos pocos.
Entonces, ¿cuál debe ser la actitud de este padre del desierto, que luego de la contemplación y lleno de la sabia de Dios en su interior, no encuentre cómo llegar a los demás? Es cierto que le puede proveer Dios directamente, pero… tal vez le convenga poner algún granito de arena. Los soldados lucharán y Dios dará la victoria, pero a veces no la da, y por otro lado Dios nos pedirá cicatrices y no victorias, en última instancia.
Este padre del desierto, ¿puede usar los medios masivos de comunicación para hacer llegar todo lo que sale de la abundancia de su corazón? ¿Puede contratar un diseñador gráfico, un locutor, un director de cine y buscar, al mismo modo que Coca Cola hace con sus clientes, digo buscar quien lo escuche, de ese modo? ¿Eso sería proselitismo aún cuando tuviera origen en la contemplación?
¿Cuál sería el criterio para definir qué es proselitismo y qué no?

Anónimo dijo...

Tenian que venir un monjes rotosos y supersticiosos de oriente a corregir al Aquinate.
Salvados.

Anónimo dijo...

Creo que un ejemplo reciente de la contemplación y luego la acción-apostolado se dió con La Pasión del Cristo de Gibson. Que a su vez, creo que inspiró e inspira aún más contemplación. Es un circulo.

There and Back Again.

The Seafarer

Anónimus 2345 dijo...

Maese Wanderer:En realidad estos tipos parecen del sanedrín ,dan miedo.No sólo me refiero a los de la foto.

Anónimo dijo...

Y no, Dios no estaba en el huracán... Y Dios no estaba en el terremoto... Y Dios no estaba en el Fuego... Y vino una brisa suave... y así pasó Dios.
Así ha de pasar también hoy.

Oriente lo llama una predicación, o una semiótica “estáufora”, no por predicar la Cruz sino por ser un dictum crucificado... para confundir a los sabios y elocuentes del Mundo.
La Cruz involucra tres cosas: el contenido de la evangelización, al sujeto evangelizador y la forma evangelizadora. Esto último suele ser lo descuidado.
La “bendita” opción preferencial por los pobres debería mutar en la opción referencial por lo pobre, como forma y figura de la Evangelización tartamuda (1Cor 2,3). Es la Kénosis pastoral.

Modelo insuperable, nítido e inconfuso: Cristo mismo, vivo y actuante entre nosotros: su Presencia Eucarística. Muda y elocuente. Opaca y reluciente. Oculta y expuesta. Dicho desde las categorías aristotélicas: la Eucaristía está habilitada a ser no sólo la causa eficiente ni final de la Evangelización sino su causa formal y ejemplar. “Así” ha de hablársele al Mundo sobre Dios. Ella es el “quomodo”. Ella es el Alto desde donde lo atrae a todo hacia Sí. Y esta “atractio” es el kern, el cardo en cuestión. Benito XVI lo espetó sin vueltas en la Homilía de inauguración del ruidoso Aparecida: “La Iglesia crece no por proselitismo sino por ‘atracción’: como Cristo ‘atrae todo a sí’ con la fuerza de su amor”.

La Eucaristía -entre otras cosas, claro está- es el dictum, es el lenguaje que asume Cristo desde la Ascensión hasta la Parusía. Hagan “esto” en memoria mía, significa también: evangelicen “así”.

Creo que la categoría en cuestión es el Kalón, el Pulchrum, esa Belleza salvífica que sin hablar, sin que se escuche su voz, proclama-irradia sobre el orbe... a fuego lento, a suave brisa, la Noticia performativa.

Una joya de los Apotegmata alude a la inquietud de un discípulo por parecida cuestión... y el Abba le dice sin ribetes ni dorados: ora, deja que el fuego te encienda, y no te escondas debajo de la mesa: colócate cual celemín en lugar alto y atraerás -mudo- a una muchedumbre hasta Cristo. De ti: ni tu nombre sabrán: esa es tu gloria.

Y para hacerle honor a quien inició todo este debate, vaya esta británica plegaria, de un tal Newman:

“Jesús mío, ayúdame a esparcir tu fragancia dondequiera que yo vaya,
inunda mi alma con tu Espíritu y tu Vida;
penetra en todo mi ser y
toma posesión de tal manera,
que mi vida no sea en adelante sino
una irradiación de la tuya.

Quédate en mi corazón con una unión tan íntima,
que las almas que tengan contacto con la mía, puedan sentir en mí tu presencia
y que al mirarme, olviden que yo existo
y no piensen sino en Ti.
Quédate conmigo. Así podré convertirme
en luz para los otros.
Esa luz, oh Jesús, vendrá de Ti;
ni uno solo de sus rayos será mío:
yo te serviré apenas de instrumento
para que Tú ilumines a las almas a través de mí.

Déjame alabarte
en la forma que sea más agradable,
llevando mi lámpara encendida
para disipar las sombras
en el camino de otras almas.
Déjame predicar tu Nombre
con palabras o sin ellas...,
con la fuerza de tu atracción,
con la sobrenatural influencia
del amor que mi corazón siente por Ti.”


Y cerremos con el Gran Apóstol... o mejor, el Diminuto, el que supo pintar en la gama de los mostaza: “cuando los visité para anunciarles el Misterio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia o de la sabiduría. Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado. Por eso, me presenté ante ustedes débil, temeroso y vacilante. Mi palabra y mi predicación no tenían nada de la argumentación persuasiva de la sabiduría humana”. Sólo así el anuncio se torna “demostración (apología) del Poder del Espíritu. Para que ustedes no basaran su fe en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios (1Cor 2,1-5).

Esparcir fragancia... de eso se trata.
Se trata de evangelizar a puro nardo,
o a nardo puro,
sin dardos
y poco ruido.

¡Jristós Anesti!
Los abraza con barbado gozo,

El athonita

pd1:la hora de mi envío, es por la diferencia horaria, como pueden imaginar.

pd2: lo de rotoso, puede ser (tengo un siete en el hábito); pero aún me baño a diario.

Anónimo dijo...

Muy bueno el articulo. De la contemplacion y otros temas, creo que "el desierto interior" del que tanto nos dejanro el Maestro ECKHART, san juan de la Cruz, santa catalina de siena, el beato Tauler ,etc..resume muchas de las respuestas que creemos estan el el exterior de nosostros mismos.

Veritas dijo...

Estimado Wanderer
En un comentario anterior señalé lo que más me preocupa de la gente que opina en este blog: el celo amargo. Alguien habló aquí de corrección fraterna, pero la correción fraterna que es crítica sin caridad, parece que no busca el bien del otro, sobre todo cuando el otro es Karloncho o algún otro por el estilo. Le transcribo aquí (espero que entre todo) un pequeño escrito de mi amigo Hernandarias. Espero le sea útil. En Cristo y María Santísima, Causa de nuestra alegría.
Notas sobre la realidad actual y la tentación del celo amargo:

Cuando el ambiente es favorable al cristianismo y casi no hay personas que dificulten la vida cristiana, se corre el riesgo de caer en la autocomplacencia y la pérdida de disciplina. Por el contrario, en el difícil ambiente en el cual se vive hoy una de las tentaciones propias es la del celo amargo.

Analizado nominalmente, el celo amargo es diligencia en querer que todos obren bien, mezclado con cierta actitud malhumorada respecto de quien obra mal.

Dentro de la parábola del hijo pródigo, quien tiene celo amargo se encuentra más cerca del hermano mayor con tendencia a recriminar, que del Padre, que perdona. Se está pronto a notar el defecto ajeno. El celo amargo (no la seriedad exterior) implica un déficit de caridad y de paciencia.

La sociedad occidental moderna es como ese hijo pródigo que ha despreciado a Cristo, aventurándose en la tarea de construir su propio paraíso terrenal. Además, se trata de un hijo pródigo que arremete sistemáticamente contra quien permanece obedeciendo al Padre.

Quien intenta permanecer fiel tiene un justo dolor por el rechazo de Occidente a Cristo. Ese dolor, si no es sobrenaturalizado continuamente, tiende a transformarse en ira espiritual.

A veces, detrás de nuestras justas críticas y agudas ironías, hay escondido un corazón herido que, en lo profundo, tiene resistencia a perdonar. Se nota un envejecimiento espiritual, falta de esperanza frente a una realidad donde opera fuertemente el misterio de la iniquidad.

Cuando la situación se agrava, se puede percibir cierta delectación en la persistencia del otro en el mal o en el error. Por momentos pareciera que hay más interés en criticar que en convertir. Como el periodismo amarillo que se queja de los escándalos pero que, al mismo tiempo, se quedaría desocupado sin ellos.

Nos molestan con razón los medios de difusión católicos incapaces de la autocrítica, especialistas en publicar “buenas” noticias: reales o aparentes, serias o bobas; sin embargo, muchas veces nos ubicamos en el otro extremo, tendiendo naturalmente nuestras conversaciones a ver únicamente el lado negativo de la realidad.

No hay paz en el alma de quien tiene celo amargo. Ese desasosiego es el que se transmite con un sermoneo continuo. La verdad se muestra odiosa y no es bien recibida por los demás.

Quien tiene celo amargo no se parece a Jesucristo que es manso y humilde de corazón, por eso no tiene reposo en su vida.

Es bueno escuchar a los adversarios para darse cuenta de los propios errores y vicios. Siempre se nos ha recriminado –haciendo referencia a San Francisco de Sales– que más se atrae con una gota de miel que con un barril de vinagre. Muchas veces hemos despreciado esa crítica pensando –nosotros también con razón– que los otros confunden la miel con el edulcorante. Sin embargo, es posible que haya verdad en ambas partes: el edulcorante que nos repele de los otros, hace aumentar el vinagre que muchas veces transmitimos.

En síntesis, si no hay suficiente vida interior y caridad tenemos el riesgo de convertirnos en diligentes observadores de la paja en el ojo ajeno y ardientes críticos sin humildad y mansedumbre.

Para terminar, tres citas de autores espirituales:

“En la escuela de Jesús, los boanerges aprenden a ser mansos, mas no por eso pierden su ardor y celo, sino que ese celo, habiéndose hecho más dulce y paciente, produce verdaderos frutos que permanecen eternamente” (Garrigou Lagrange, O.P., Las tres edades de la Vida Interior, Edic. Palabra, Año 1988, Tomo I, pág. 382).

“Necesario es el celo, mas éste ha de ser paciente y reposado. Hase de evitar, por consiguiente, el celo amargo, que en todas formas y en todo momento sermonea, y que tantas reformas ha hecho fracasar en las órdenes religiosas. Contra este celo, que no es caridad, sino soberbia, se expresaba S. Juan de la Cruz cuando decía: “Poned amor donde no le hay, y recogeréis amor” (Garrigou Lagrange, O.P., Las tres edades de la Vida Interior, Edic. Palabra, Año 1988, Tomo II, pág. 654).

“Hay otros de estos espirituales que caen en otra manera de ira espiritual, y es que se aíran contra los vicios ajenos con cierto celo desasosegado, notando a otros; y a veces les dan ímpetus de reprenderlos enojosamente, y aun lo hacen algunas veces, haciéndose ellos dueños de la virtud. Todo lo cual es contra la mansedumbre espiritual. En eso hay también soberbia. Échase de ver la pajilla en el ojo ajeno y no se ve la viga en el propio” (San Juan de la Cruz, Noche Oscura, 1. I. c. v)

Anónimo dijo...

Estimado Wnaderer:
Hace bastante que sigo su blog, pero recién hoy me he decidido a escribir
Tengo un matrimonio amigo que vive en el interior de mi provincia, y que son rehenes espirituales de un curita de Miles o de Cristo Rey de Roldán. La verdad es que nunca me lo aclararon.
Lo cierto es que ellos están en una pésima situación ecónomica y el mencionado sacerdote no permite que ella trabaje, a pesar de que es una excelente profesional, ya que tiene un bebé y por eso, según el ensotanado, solo puede hacerlo UNA HORA por semana. No solo eso, la mencionada grilla es una verdadera tortura para ellos.
Como ya lo han hecho saber a algunos amigos no dejarán la dirección espiritual, solo lo pensaran si nuestros argumentos van apoyados en algún documento de la Iglesia.
Podrían darme luz en este tema.
Muy agradecido. Excelente su blog.
Jerónimo L. de Cabrera

Anonimus 2345 dijo...

Yo diría basta de criticar a los que intentan acercarse a nuestro Señor esto se está pareciendo a un tea party de viejas conchetas super resentidas.Ese no es el camino del evangelio.
A sacarse los ruleros y combatir por el cordero.Estas trasnochadas críticas etílicas a la iglesia cansan.
Espero que Maese Wanderer sepa interpretar sin ofenderse mis palabras.
Es más estoy convecido de que Maese en algún lugar coicide conmigo.

Childerico dijo...

Anónimo 2345: Las viejas conchetas no son resentidas. Los resentidos son los negros.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo

Estimado Wanderer,
acabo de mandar un post en que hago referencia a las valientes e inéditas acciones de Benedicto enfrentando por fin el problema del abuse sexual clerical.
Creo que es de justicia -nosotros, acusados de hipercrítica y celo amargo, de falta de caridad y espíriu negativo- elogiar al Santísimo por esta heroica asunción del problema y ofrecer un toast a su salud.
Larga vida a Benedicto

Anónimus 2345 dijo...

Estimado Childerico:lo de las viejas conchetas lo decía por que tanta verborragia suele ser obra del maligno y bajo una apariencia de amor al verbo puede ocultarse la soberbia.
Los negros no poseen este bagaje de palabras para ocultar su resentimiento,son minimalistas en todas sus expresiones.Respetuosamente

Anónimus 2345

Pablo (Rosario) dijo...

Jerónimo L. de Cabrera:

Descarto que el sacerdote que Ud. menciona sea del Instituto Cristo Rey de Roldán. Tienen espiritualidad ignaciana, un estilo que puede no gustar, y seguramente pecados y errores como todos nosotros, pero según mi experiencia: a) no acostumbran a sobrecargar a los laicos con obras de supererogación que impiden cumplir deberes de estado; b) no son rigoristas en confesión. Podría poner numerosos ejemplos de lo que afirmo en a) y b) que ilustrarían, por contraste, lo llamativo y extraordinario del caso que Ud. comenta.

Lamento decirle que en Rosario hay sedevacantistas. Tal vez el cura que Ud. menciona sea de ese grupo.

Hasta donde llega mi concimiento, MC no trabaja en esta arquidiócesis. Hay otra Institución parecida, pero prefiero no mencionarla, porque no tengo conocimientos del caso.

Estoy seguro de que si sus amigos consultaran el caso con curas piadosos y ortodoxos de la ciudad, obtendrían un consejo prudente. También podrían consultar a un cura del Instituto Cristo Rey, y obtendrían un consejo prudente. Y ocurriría lo mismo si lo hicieran con algún cura del Opus Dei.

El caso que Ud. comenta llama mucho la atención.

Quedo a su disposición por correo

albgar2000 @yahoo.com

Cordiales saludos.

Anónimo dijo...

El Athonita dijo:

Me uno a Ludovicus, en el aniversario de nuestro Grande Papa y Patriarca de Occidente.
Vaya en su homenaje un bocado suyo, hablándole coloquialmente a sacerdotes italianos en julio pasado acerca del vaivén posconciliar, tras repasar con una precisión impecable los posconcilios más tortuosos de la historia eclesial, empezando por el traumático posNicea... y remata al fin, Benito por nombre y por gracia:
“La Iglesia con humildad, entre las pasiones del mundo y la gloria del Señor, toma su camino. Por este camino debemos crecer con paciencia y debemos -ahora de un modo nuevo- aprender qué cosa quiera decir renunciar al triunfalismo. La humildad de la Cruz, del Crucificado, excluye precisamente este triunfalismo. Debemos renunciar al triunfalismo según el cual ahora nace realmente la gran Iglesia del futuro. Y no; la Iglesia de Cristo es siempre humilde y precisamente así es grande y alegre... Ha crecido en todos los siglos. Y no menos, crece también hoy la presencia del Crucificado Resucitado, que tiene y conserva sus heridas. Está herido, pero precisamente así renueva el mundo, da su soplo que renueva también a la Iglesia no obstante toda nuestra libertad.”

El Athonita

Anónimo dijo...

Hablando de rotosos, barbudos, apostolado y testimonio, quisiera contar (sobre todo a dos anónimos) que hace un par de años conocí a dos rotosos barbudos (parecidos a los de la foto y al Athonita). El hábito de uno tenía sólo un año de uso, pero el otro tenía más uso y se notaba: tenía varios remiendos, bien rotoso. Y tenían barba, muy fea y enmarañada. Puedo asegurar que su sola presencia era más fuerte y elocuente que cualquier cosa que pudieran decir. El otro hábito que causó una impresión tan fuerte en mi alma, fue el de San Franciso.

Me olvidaba un detalle: los rotosos barbudos, no eran orientales. Eran occidentales. Franciscanos.

Al Athonita: Alithos anesti! Excelente su post, gracias.

Elías

Anónimo dijo...

Me interesó sobremanera el acento que puso el Athonita, en su largo comentario del 18-4, casi al final, sobre el modo de evangelizar. Pero no agregaré más para no incurrir en aparente descortesía, dado que soy afecto, como uds. saben, a desarrollar alegorías vegetales.

Lupus

Anónimo dijo...

Me dejó pensando el comentario de Elías...

primero que es cierto que, acostumbrados como estamos a los franciscanos "pinturita" que en las ocasiones en que se ponen el hábito éste está todo planchadito y flamante, olvidamos que el santo que esposó a la "hermana pobreza" sería probablemente muy mal calificado por algunos comentadores del blog que lo confundirían con un rotoso oriental, no conozco mucho de los monjes de oriente (vi hace unos años un documental de Paulinas sobre el Athos) pero me da la impresión de que la distancia con lo que eran los de occidente en la edad media no es tan grande como a veces se supone, por otra parte esa idealización estandarizada de Santo Tomás como un corpulento silogismo con hábito me suena siempre chocante, no se mucho de Santo Tomás, de joven leí la biografía por Chesterton y después uno siempre se encuentra, aquí y allá con alguna anécdota que ayuda a hacerse una imagen, pero nada más; pienso, con todo, que si el Doctor común despreciara tanto a los "supersticiosos" de Oriente no se hubiera gastado en, no digo comentar atentamente, sino ni siquiera en leer a Dionisio... todo un tema me parece. Me alegra por otra parte saber que haya por estas tierras todavía hijos de aquel poverello que salía a "predicar" paseándose callado por Asís que vivan (y edifiquen con) su pobreza.

Segunda cosa que me vino a la mente: ¿porqué la pobreza de un fransiscano "testimonia" y la zaparrastrosería onda Kukú produce efectos diversos(negativos o positivos según la simpatía que se les tenga)pero nunca oí decir que "edifique"?

Para terminar, me alegra también saber que haya por estas tierras del Tupungathos (o por aquellas mas lejanas del Athos, poco importa, "la santa montaña es una")gente como el Athonita: meterle a otros ganas de llegar a tener fuego un día es también importante.

El Espectador

Jack Tollers dijo...

El Athonita me hizo acordar la particular exégesis que hiciera don Marechal del latinazgo "Primum vivere deinde philosophari".

Y que viene a ser lo que dice el Athonita nomás.

J.T.

Anónimo dijo...

Para El Athonita del 19 de abril de 2008 19:06: El Papa renunció a su título de Patriarca de Occidente. Más info en http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=12012

Anónimo dijo...

El Athonita dijo:

gracias a Sir Tollers, el Monte Sacro ha podido ver "La Isla" -la pelicula rusa- y si, es mas de lo mismo (expresion que cierto Occidente moderno peyora y que aca es musica al oido)... es la stultitia luminosa transfigurando al Mundo desde la deformidad... Una joya, un pan de luz que agradezco en nombre de los mas barbados y de los inberbes del Monte.

El Athonita
(sin acentos, pues estoy lejos del Monte -me toca a mi ahora remacharme que el monte esta en todos lados...- desde las lejanas comarcas de un poblado llamado algo asi como Kalontheorein... tierras salitres a mi paladar.