domingo, 13 de abril de 2008

Testimoniar


Los textos de la liturgia de hoy, tercer domingo después de pascua, aportan, creo, alguna luz a la discusión que estamos sosteniendo.

Dice la colecta:

Deus, qui errantibus, ut in viam possint redire justitiae, veritatis tuae lumen ostendis:...

Oh Dios, que a los extraviados les muestras la luz de tu verdad para que puedan volver al camino de la justicia...


Y la epístola:

... ut in eo, quod detractant de vobis tamquam de malefactoribus, ex bonis operibus vos considerantes, glorificent Deum...

...para que en lo mismo que os calumnian como malhechores, observando en vuestras buenas obras, glorifiquen a Dios...


En ambos textos, la clave para la conversión que usa Dios y que San Pedro aconseja usar a los cristianos, es el testimonio.

Según la colecta, cuando el Señor quiere convertir a algún pecador, no empuja, ni violenta ni asusta: sólo muestra la luz de su verdad.

El Príncipe de los Apóstoles advierte a sus fieles que, a los malos, no hay que predicarles misiones ni tratar de convencerlos con apologías de la verdadera iglesia ni con libritos piadosones. Simplemente, hay que ser buenos. El testimonio basta.

Por cierto que no se trata de desestimar las misiones, prédicas y demás artificios proselitistas, sino de ponerlos en su lugar.

Quizás estos curitas que apelan a cualquier medio para llevarse jovencitos a sus filas les convendría repasar estos textos. Su testimonio de vida debería ser suficiente para que, aquellos que creen tener las condiciones y desean consagrarse a Dios, los sigan.


gibelino@hotmail.com

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No solamente los curitas. Varios laicos deberían hacerlo también. Me refiero al ejemplo.

Isótopo 14

Anónimo dijo...

En este momento no tengo el texto de Newman a mano, pero si mi memoria no falla dice exactamente lo que sigue: que Cristo no nos mandó a predicar para convertir a nadie. Sino para que demos testimonio. Y punto.

Vale.