martes, 18 de noviembre de 2008

La vocación según Tollers


Nuestro recordado amigo Jack Tollers reproduce un interesante diálogo telefónico donde expresa sus notables ideas acerca de la vocación:

-    Holá... ¿con lo de Pérez?

-    Holá..., sí, ¿quién habla?

-    Jesucristo, tu Señor.

-    ¡Ahhh! Esteee... ¿Jesús? ¿Jesús de Nazareth?

-    Sí, ¿conocés otro acaso?

-    No, no... lo que pasa... lo que pasa es que nunca llamás y entonces...

-    ¿Nunca llamo? ¿Ah no?

-    Bueno, quiero decir, por esta línea...

-    No, en eso te doy la razón. Por esta línea, casi nunca. La uso para emergencias nomás.

-    Emergen... ¿cuál es la emergencia, Señor?

-    Sí, bueno, vos no te hagas problema. Es mía la emergencia, no tuya. ¿Cómo andan todos por ahí?

-    Bieeen, esteee.... Mirá: yo había pensado en confesarm...

-    ¡José, alto ahí! Ya sé, ya sé. Pero eso no es por esta línea, ¿no te parece?

-    Sí, sí. Bueno, te quería decir nomás, porque...

-    Dejá eso ahora. Contáme como andan todos por ahí.

-    Bien, bien... esteee... Ya que te tengo a mano, te cuento: Josecito dice que lo andás llamando.

-    ¿Ah sí? ¿Y de dónde sacó eso?

-    No sé. Será que habló con vos por la otra línea, digo ¿no?, la de la oración. Y ahora que pienso, ¿qué tenés allá arriba, una central rotativa?

 -    Sí. Cientos de líneas para cada uno de ustedes. Para estar en permanente comunicación. ¡Y después me reprochan ser un Dios mudo! Lo que pasa es que no hay peor sordo que el que no quiere oír.

 -    Bueno, bueno, no te enojes. ¿Cientos de líneas, dijiste?

 -    Claro, hablo por la naturaleza, por los árboles, el viento, la música y los atardeceres y hablo por la historia, torciendo aquí, influyendo allá, parando aquello otro... ¡tantas veces! Hablo también por medio de profetas y de sacerdotes, hablo por medio de la Escritura y por medio de mis apóstoles, hablo en cada sacramento y en cada milagro. En realidad, bien mirada la cosa, sabrás que todo Yo soy una inmensa palabra... y me la paso tratando de comunicarme con ustedes, pero, lamentablemente, ustedes siempre andan tan, tan, ocupados, ¡ja! De última, uso el teléfono rojo.

 -    ¿El teléfono rojo?

 -    Sí, ya sabés, un cáncer de huesos o un derrumbe, o un accidente de tren, o un...

 -    No bueno, mirá, no te pongas así: yo creo que podemos conversar lo más bien sin que, esteee..., haga falta usar esa línea.

 -    Sí, tal vez. Entretanto con vos he tenido que recurrir a esta línea de emergencia. Acá los ángeles la llaman la «hot line»... (risas).

 -    ¿La «hot line»?

 -    Sí. Porque dicen que cada vez que la uso es porque estoy enojado... (más risas).

 -    ¿Y no es verdad?

 -    No. Pero, en otro sentido, sí. Después de todo es para emergencias... Capaz que los ángeles tienen razón.

 -    ¿Y cuál es, Señor, digo ¿no?, esta emergencia que hace que tengas que hablar conmigo por esta línea?

 -    Ya vas a ver, esperáte un poquito. Que sea una emergencia, aquí en el Cielo, no es como abajo. Es urgente esperar.

 -    Eso es del Generalísimo. ¿Está en el Cielo?

 -    Mirá, no vamos a ocupar esta línea para hablar de política... Quiero saber cómo anda Josecito.

 -    ¿Josecito? Bien, bien... ¿por qué preguntás? Se supone que él está en comunicación contigo... por la otra línea.

 -    Hmmm, puede ser. Pero yo quiero saber por boca tuya. Después de todo sos el padre, ¿no?

 -    Sí, sí, claro. ¿Pero qué te puedo decir que no sepas?

 -    Me podés decir lo que no sabés para que yo te lo aclare.

 -    Bueno... si es así la cosa... ¿pregunto, nomás?

 -    Adelante.

 -    ¿Tiene vocación?

 -    ¿Quién?

 -    ¡Dale, che! Si estamos hablando de él: ¡Josecito!

 -    Depende de lo que entiendas por vocación.

 -    Pero... ¡pero no le des tantas vueltas! Vos sabés a lo que me refiero...

 -    Tal vez. Pero vos no.

 -    Me estoy mareando. ¿Qué es la vocación?

 -    No. Vos tenés una nebulosa ahí.

 -    Como en tantas cosas...

 -    Sí, bueno. ¿Querés aclararla?

 -    Esteee... sí, Señor.

 -    Bueno, preguntá de nuevo.

 -    ¿Josecito tiene vocación?

 -    Esa ya me la preguntaste y ya te dije que depende de lo que entiendas por «vo-ca-ción».

 -    Que lo querés cura.

 -    Mirá, viejo, vamos por partes. Lo quiero santo.

 -    Sí, yo también. ¿Pero, por dónde, como cura o como casado?

 -    Como sea.

 -    ¡No vale! No me contestás la pregunta.

 -    Estás equivocado. Siempre contesto las preguntas. Lo que ocurre es que no siempre se formulan con claridad. Si me preguntaras un poco mejor...

 -    ¿Cómo?

 -    ¿Qué querés saber?

 -    Si Josecito tiene que ser cura... si vos quisieras que fuera sacerdote tuyo.

 -    Eso está un poco mejor. Sobre todo porque no usaste la palabrita de la confusión.

 -    ¿Cuál?

 -    “Vo-ca-ción”. Con eso padecen una gran “equivocación”.

 -    ¡Bueno, qué sé yo! Si no querés, no la usamos, pero a mí me enseñaron...

 -    Sí, ya sé. Te enseñaron mal.

 -    ¿Mal?

 -    Pésimo. Pero dejemos eso ahora y volvamos a lo nuestro.

 -    Bueno, si vos decís...

 -    Pregunte de nuevo mi amigo.

 -    ¡Otra vez! Bueno, ahí va: si para ser santo, Josecito tiene que ser cura.

 -    No.

 -    ¿Cómo “no”?

 -    No. Ahí preguntaste con alguna precisión. Yo te contesto igual.

 -    Pero, pero... ¿vos no querés que sea sacerdote tuyo?

 -    Esa es otra pregunta. Y a esa te voy a contestar derecho viejo: quiero que sea santo, como sea.

 -    ¿Y bueno, no te gustaría que fuese sacerdote tuyo?

 -    Me gustaría si a él le gustara. Sobre gustos no hay nada escrito.

 -    Pero, ¿no necesitás sacerdotes?

 -    Mirá José, te voy a hablar claro: yo no necesito nada. Ustedes necesitan sacerdotes y apóstoles y testigos de la fe. Por eso les dije que había que rogar al Padre para que enviara operarios a la mies. Aunque no te vayas a creer que los operarios son todos curas, ni mucho menos. Ese es un invento de los curas. Pero yo, YO, no necesito nada.

 -    ¿Y no te gustaría que Josecito fuera uno de ellos?

 -    Ya contesté eso.

 -    Bueno, está bien. ¡Cuántas vueltas que tiene esta charla!

 -    Sí, tal vez. Pero no soy yo el que anda con vueltas...

 -    Quiero saber si vos lo llamaste a Josecito para el ministerio sacerdotal.

 -    A todos llamo para eso. A vos también te llamé. Algunos tienen las condiciones para desempeñar ese ministerio en su plenitud, otros en grados menores. Ya les mandé a Tomás de Aquino para que les explicara eso hace unos cuantos años y todavía no la entienden... Pero, sí, todos están llamados al ministerio sacerdotal desde el bautismo.

 -    Ya sé, ya sé. Pero, entonces, ¿vos lo llamaste a Josecito para, como decís vos, «desempeñar el ministerio sacerdotal en su plenitud»?

 -    Si quiere, sí.

 -    ¿Y si no quiere?

 -    Y si no quiere, no. Que haga lo que mejor le parezca. No quiero reclutas forzados. Estoy harto de ellos. Es como el Obispo ése que se quejaba de que le faltaban trece sacerdotes y le sobraban veintisiete. A mí me pasa algo de eso. El «problema de las vocaciones» como dicen algunos filisteos allá abajo, no es que falten vocaciones. Es que sobran...

 -    ¿Sobran?

 -    Sobran sacerdotes que no recuerdan cómo, ni por qué diablos se metieron en camisa de once varas. Sobran sacerdotes que entraron por una veleidad, o influenciados por un medio en el que se sugiere que por ahí tienen asegurado el Cielo, o que escapan de otras responsabilidades, o por temor a la vida, o que creen que van resistir todas las tentaciones con usar la sotana nomás, o que se cuentan a sí mismos que yo prometí la salvación eterna a todo el que se tira a la pileta... vestido con un disfraz negro. ¡Si me sobrarán curas! Sobran los que creen que el sacerdocio consiste en celebrar ceremonias mágicas, o que se convencen de que se trata de ser fieles al celibato y punto. Sobran los que se creen más santos por ser curas nomás. Sí, José, si te lo tengo que decir todo, el problema de las vocaciones, visto desde aquí arriba, es que sobran curas por todos lados. Y en más de un caso primero se desordena a los jóvenes y luego se los ordena…

 -    ¿Y no te haría falta uno bueno, bueno, bueno de verdad?

 -    Ya te dije. A mí no me hace falta, pero a ustedes les vendría bien, muy bien, claro que sí. Para eso llamo.

 -    ¿Me llamás a mí para que Josecito sea un cura de verdad?

 -    En parte, sí. Es que depende de vos también, qué te vas a creer...

 -    ¿Cómo «de mí»?

 -    De vos. Tenés que entrar en la lisa, vos también. Vos, tu mujer, tus amigos, todos están mezclados en este asunto de ser santos todos y a cada cual le voy a pedir cuentas por sus intervenciones... y omisiones.

 -    ¡Pero, pero, no tengo idea sobre... qué se espera de mí! ¿Qué sé yo de vocaciones o no vocaciones? ¡Yo soy laico, Jesús, laico! ¡Y visitador médico, encima! ¡No me puedo meter en esas cosas!

 -    Otra vez la palabreja esa... ¿Y designás a  tu incumbencia específica como “esas cosas”? Dejáte de embromar. Se te pide que te metas, a fondo, en tu misión de padre. Esa es misión sacerdotal también, no vayas a creer. Y yo te pido que te mezcles en eso con sangre y vida porque como dijo alguna vez Juan de la Cruz: en las cosas de su oficio, es obligación acertar. Eso también lo dijo hace unos cuantos años y todavía no lo entienden... como lo de Santo Tomás.

 -    Disculpáme Jesús, pero tengo el oído colorado y me siento un poco mareado... ¿qué tengo que hacer?

 -    Ser un padre como tu Padre que está en los cielos...

 -    Como Dios, nada menos.

 -    Y sí... está en el Evangelio, no sé si te acordás...

 -    Esteee... sí. Nunca lo entendí, la verdad, qué querés que te diga.

 -    ¿Y bien? ¿Anduviste preguntando por ahí?

 -    Bueno... esteee... después me olvidé... ¡qué sé yo! ¡tantas cosas!

 -    Está bien, está bien, entiendo. Pero ¿no vas a averiguarlo ahora, que me tenés a tiro?

 -    Sí, claro, ¿pero cómo he de ser perfecto como mi Padre que está en los cielos?

 -    Fijáte cómo hace El. Te trae al mundo. Te confiere talentos, familia, salud, educación, amigos. Después te revela sus reglas, sus mandamientos. Te explica su sentido y fin. Y después te deja solo para que hagas como puedas... para llegar al cielo. Algunas veces, pocas, aparece para darte una mano en esto o aquello, pero por lo general, te deja las cartas para que juegues como te parezca...

 -    ¡Hmmm! Bueno. No estoy tan mal rumbeao entonces. A Josecito lo traje al mundo. Lo eduqué como pude, y ahora lo dejo que agarre para donde le parezca...

 -    ¡Correcto! Falta una sola cosa nomás.

 -    ¿Una cosa? ¿Qué cosa?

 -    Que le expliques lo que te acabo de explicar. Sin usar la palabreja. O poniéndola en su lugar. Yo no llamo sino a la santidad, como sea. Rara vez me meto a decir que conviene que fulana sea monja del Instituto de «la Divina Pastora y los Inmaculados Corazones de Jesús y María y el Santísimo Rosario de la Virgen de Lourdes». Muy pocas veces me metí a decirle a alguno «te tenés que casar con fulanita»... porque es tu «vocación». Nunca, no creo recordar haber nunca dicho a nadie que tenía que ser misionero en Zambia o en el Ecuador... o seguir medicina, o anotarse en una carrera de automóviles, o aprender a tocar la guitarra...

 -    ¡Cómo no! ¿No la mandaste a Teresita al Carmelo, a la otra Teresa a Calcutta, a San Luis a las Cruzadas, a Juana de Arco a la hoguera? ¿No mandaste a Francisco a fundar una Orden y a de Foucauld al desierto? ¿Acaso todos ellos fantaseaban?

 -    No, son mis preferidos, y los quiero más que a otros, pero nunca les dije eso. Y no es por haber hecho eso que los quiero tanto. Les dije que tenían que ser santos y ellos indagaron por dónde y luego de grandes titubeos y dudas y angustias e idas y vueltas, agarraron por donde mejor les parecía. Porque querían agradarme a mí, y para eso hay que descubrir mi voluntad. Y eso no se compra en el almacén de la esquina y supone antes una «interminable crucifixión interna».

 -    Pero, pero, entonces vivían en una gran oscuridad... ni siquiera sabían si acertaban en lo que hacían...

 -    ¡Mirá con lo que me salís! ¡Por supuesto que sí! ¿O vos te creés que los santos son unos tipos que se «programan» y van derechito viejo sin titubeos en esta o esta otra dirección? ¿Estás loco? ¿De dónde creés que sale lo de la noche oscura? ¿Nunca leíste un salmo? ¿No conocían la oración de Newman, «que mis tinieblas sean la luz de los demás». ¿Nunca viste la cara del Papa?

 -    Entonces es muy difícil llegar a santo... por ahí, en una de esas rumbeás mal y no tenés idea...

 -    Duc in altum. Eso está en el Evangelio, no sé si te acordás. Como aquello otro de que son muchos los llamados y pocos los elegidos. Es difícil... ¡claro que es difícil! Pero por otro lado es fácil. Por eso dije que mi yugo es suave y mi carga ligera...

 -    Sí, ya me acuerdo. Una de cal y otra de arena.

 -    Bueno, pero para la de arena basta con tener eso que mi hija dilectísima, Teresa la Grande, recomendaba... ¿te acordás?

 -    No, ¿qué cosa?

 -    Ganas de acertar.

 -    ¿Ah, sí? Es fácil entonces...

 -    Por eso San Agustín decía que el que quiere ser santo ya es santo...

 -    Entonces zafamos todos...

 -    Y el Martín Fierro que “en la güella del querer no hay animal que se pierda”.

 -    Listo el pollo, entonces... No, tenés razón, no es tan difícil.

 -    Difícil o fácil son categorías difíciles. Dejá eso o te vas a enredar en otra discusión... Pero no conmigo, sino con el Diablo.

 -    No, eso no me interesa. Está bien: no importa si es difícil o no... lo que sí importa es esas “ganas de acertar”... ¿correcto?

-    Claro, y con eso tenés que ser perfecto como tu Padre en los Cielos.

 -    Hmmm... me perdí. ¿Cómo es eso?

 -    Está clarísimo: tenés que ayudar a tu hijo a ser santo y para eso hacé como Dios hace con vos... se mete lo menos posible. Y cuando se mete, difícilmente se note.

 -    ¡Pero si eso es lo que decía yo! ¡No me quiero meter, no me metí y no me voy a meter!

 -    Bueno, para eso te llamé por esta línea...

 -    Para decirme eso... ¡pero no hacía falta!

 -    No, José. Para que te metas. Ya te dije que ésta es línea de emergencia. Y por más que no tenés que ser un padre entrometido, hay veces que las emergencias reclaman que te metas, para proteger a Josecito de los entrometidos. Para enseñarle a ser él mismo. Una persona. No puede ser cura si antes no es alguien. No va lo más alto sin lo más bajo, ¿sabés?

 -    ¿Y cuál es la emergencia?

 -    La emergencia que hay aquí arriba es que hay unos impacientes que han decretado una falsa emergencia allá abajo... Todos andan apurados y apurando... Y a mí no me gusta que me apuren, y no me gusta que anden apurando a mis hijitos...

 -    ¿A quién?

 -    A Josecito. No me gusta que lo meloneen, que lo presionen, que lo programen, que lo induzcan. No me gusta que lo tironeen, que se ejerza el poder paternal o sacerdotal o eclesiástico o lo que sea para interferir en su conciencia. Ese es un recinto sagrado, allí esta el Sancta Sanctorum donde Yo sólo puede entrar... si me dejan. Porque has de saber que ni Yo puedo entrar si no se me permite, si no se me da licencia, si no se me llama. Así quiero yo que sea y abomino de los que se meten en la conciencia de los demás, con o sin permiso.

 -    Pero yo no le dí manija, nunca. Ya te dije que nunca me metí, para nada...

 -    Puede ser. Pero tu oficio de padre consiste en impedir que ningún otro le dé manija. Na-die. ¿Me entendés?

 -    Bueno, sí. Pero no veo a quién te podés referir...

 -    Fijáte un poco y vas a ver. Que nadie lo apure a tu hijo. Y si no sabés quien lo anda apurando, frenálo igual. Que tenga paz. Que espere. Que tenga paciencia. Hay un tiempo para todo... y yo nunca jamás anduve apurado. Para nada. Y que aproveche el tiempo. Que piense un poco sobre cuál es su misión en este mundo. Y después por dónde la puede realizar mejor... son cosas que no se resuelven en un par de meses... y menos cuando tenés 16 años y no sabés donde tenés la mano derecha...

 -    Bueno, Señor, creo que empiezo a ver algo.

-    Enhorabuena, mi buen José, enhorabuena. Y quedáte tranquilo si hay mucha cosa que no entendés. Eso le pasaba a los santos, ya te dije y en una de esas...

 -    ¿No me vas a canonizar, no?

 -    Entuavía no. Pero si algún día se hace te llamaré por tu nombre verdadero, el que te reservé desde toda la Eternidad.

 -    ¿Cuál?

 -    Es secreto, por ahora es secreto. Pero es algo así como «El que se violentó a sí mismo preguntándose cosas que no sabía cómo contestar y que igual, de todas manera, nunca, jamás, se dejó manijear, contentándose con su gana de acertar».

 -    Suena lindo...

 -    Sí. Con tal de que cumplas con eso, serás santo, ya vas a ver.

 -    No parece difícil.

 -    ¿No te parece difícil? Probálo y hablamos de nuevo. Pero por ahora esta conversación se terminó. Tengo otros llamados que hacer. Saludos a los tuyos y una bendición especial para tus hijos.

 -    ¡Holá, hola, holá! ¡Buehhh! Se cortó la línea... quiero decir, esta línea, ustedes me entienden...

 gibelino@hotmail.com

65 comentarios:

Anónimo dijo...

Insuperable!!!!!!!!!!!!

Natalio Ruiz dijo...

Estimados Jack y Wanderer:

Si bien comparto varias apreciaciones y, en general, la crítica a un concepto torpe del termino "vocación", creo que son muchas las confusiones y las cuestiones que quedan poco claras.

Entiendo que se debe al género más literario que teológico (de otro modo sería bastante presuntuoso hacer hablar al mismo Cristo para expresar propias opiniones sobre temas tan delicados). Por esa razón no me meto con muchas cuestiones que me parecen, por lo menos, muy discutibles.

Sin embargo hay una cuestión que me parece que debe ser aclarada y se trata del tema del "sacerdocio universal de los fieles". Es por lo menos equívoca la referencia al sacerdocio bautismal cuando se habla de la elección o no del orden sagrado. La diferencia entre el sacerdocio sacramental y el del bautizado es esencial, son cosas distintas. No se trata de plenitud o no. Dentro del sacramento del orden sólo se habla de plenitud del sacerdocio con relación a la escala diácono-presbítero-obispo donde la plenitud del sacerdocio la tiene, únicamente, éste último.

Justamente el CVII, que tanto insitió sobre el sacerdocio universal de los bautizados, se encargo de aclarar (como también lo recuerda su no apreciado JPII) que la diferencia entre el sacerdocio sacramental y el del bautismo es esencial, no de grado.

La diferencia entre uno y otro modo de decir "sacerdote" la explica, justamente Santo Tomás (a quien se le atribuye aquí la cuestión) al explicar el uso más amplio de la palabra que utiliza Crisóstomo.

Respetos.

Natalio

Anónimo dijo...

Bravo, presten atención los jovenes padres¡.
Un KUKU se forma en la niñez. A veces el primer peligro con el que se encuentra un niño es con su padre tratando de generar algo que el quiso ser y no fue.
Nos escandalizamos porque algunos enfermos quieren que nuestros hijos se metan a curas. No seamos hipócritas, si desde que nacen tratamos de que no sean ellos mismos.

josé.

Anónimo dijo...

Excelente.
Cnel. Kurtz

Anónimo dijo...

Jack,

De lo mejor que salió de su pluma. Le pido lo envíe por mail a sus amigos.

Natalio, ciertamente son buenas y bienvenidas sus observaciones pero no alteran la esencia del escrito de Tollers.

Aún tengo un aobjeción pero necesito tiempo para formularla. Ojalá lean esto muchos jóvenes del Opus, Miles,Kukús y demás sectas.

El vengador Kukú.

lupus dijo...

Very good, Jack. De veras. Se puede discutir alguna cosa... Pero ¿sabe qué? Por este lado puede llegar el faltante. Dícese del rumbo y de la rumba. "Literatura", "doctrina", "ideología". Bah. No nos queda taaanto tiempo. Cada uno tiene que agarrarse bien a piñas, bien a solas, con su propio Escrutopo susurrante (que a veces te mira como diciendo: "mirá todo lo que sabo"). Después, afirmado en el hombro seguro, manos a la obra. Al compendio. A lo que sirve. ¿O hay que pasarse la vida dirimiendo manuales?

Anónimo dijo...

Sobrestimado Jack:
Descoincido con Ud. en casi todo y coincido con Ruiz.
Aunque es una perogrullada, la Caridad manda desasnar al burro: y no, no es de grado la diferencia entre ambos sacerdocios en cuestión, y no nos salga con que no es lo que quiso decir pues es la palabreja que Ud. usa: grado.

Y agrego 7 objeciones más, aunque de menor monta:

1. Se ha quedado Ud con el Primer Motor Inmóvil si piensa que Dios –el Dios verdadero, el que muere de sed en el Gólgota- no precisa de nosotros. Y no hace falta ni Rahner ni Balthasar para esto: está en la Patrística más prístina. And in Benny Sixteen, too. El Eros divino, Tollendo, el eros divino…Y esto, si no quiere hacer caso sin más recurso a la sed del Dios Nazareno.
2. Me extraña que con su esmerado apodo niegue que la Eucaristía sea una ceremonia mágica. Vaya si lo es.
3. No estaría tan seguro de que el cáncer de hueso es una llamada telefónica hecha por Dios… aunque Él se las ingenie para hablar a través de ello. Ruiz ha tratado con esmero y acierto la cuestión, aunque el guante lo recogió de una expresión mía en este blog
4. La cita de Yepes es incorrecta. Como la de Aquino.
5. “Y después te deja solo para que hagas como puedas”: lejos, muy lejos de la sana doctrina de la Gracia yace esta afirmación. Pensé que en este punto, Jack, coincidíamos. Aquel final del cura rural, ¿se acuerda?, “todo es Gracia”… Su versión de las cosas me hizo acordar a otro final: el del abogado del Diablo… donde Dios monta todo y nos tira cual ratas y levanta apuestas entre sus ángeles para ver cuál acierta la salida…
6. “los quiero pero nunca les dije eso”: me recordó al desplume que intentó el aberrante Vallés respecto a las cartas inéditas de Teresa de Calcuta. http://www.carlosvalles.com/nespanol/anteriores/010908oc.htm
Lea y tras enjuagarse, al menos por pendular un poco diga: no, por Dios que no es así! ¡Deus dixit, Deus dixit!, como gritaba Francisco.
7. vuelve el tema del hortus conclusus,,, y no: no coincidimos en el planteo Reformista de que Dios abomine a los que ingresamos a la conciencia ajena con permiso del sujeto en cuestión. Palabras más, silencios menos, está Ud. copiando una expresión de fray Lutero, casi casi literal. Y no menos, de Martini y de la Serna.
Le voy a convidar un texto de Silvano del Monte Athos y otro de Bulgakov sobre la paternidad espiritual, al menos para que conozca que hay terceras posiciones posibles entre el avasallamiento kukú y el notemetismo progresista. Yo ingreso a diario al Sancto Sanctorum de muchos humanos, no sin descalzarme antes, pero entro. Y aunque no recibo los llamados telefónicos que Ud. sí, le digo sin grises: me meto porque Dios me lo manda.

Y no lo incluí en las objeciones porque es más, mucho más que eso: es una abrumadora refutación, respecto al Misterio de la Vocación. Pues no señor, no se trata de desear la santidad por donde a uno le parezca. El texto le pertenece al muy escocés san Elredo de Rieveaulx. Allá por el 1160. Cuando aún no habían kukuses ni antikukuses… ni esa mutua retroalimentación que se da entre ambos.
Y el Abad dice así:

“Desde antes de ser gestado en el vientre de tu madre, Dios te hizo y te llamó a irreemplazable puesto en el Cuerpo de su Hijo. Ambas cosas –hacerte y convocarte- conforman un mismo acto creador. Llevas tu llamado grabado a fuego en lo más íntimo de propia hechura. Tu felicidad y santidad –que también son lo mismo- consistirán en vivir conforme a ello. Eres una diminuta tesela de ese gran Mosaico que es la Iglesia, que es el Cristo Completo. No eres más que una diminuta tesela. Pero no eres menos tampoco. Y si no te incrustas en tu preciso puesto, dejarás un insalvable agujero que nadie podrá reemplazar.”

Desde el monte, con afecto,

El Athonita

Anónimo dijo...

Muy apreciado Athonita:

Todos sus post me parecieron magníficos, pero su comentario... no sé, ¿no hay algo de "mala voluntad" en la lectura de Sir Jack? Al menos en dos puntos que me atrevo a señalar (ya dará el autor del post la respuesta correcta).

Al punto 2: No está negado que sea una "ceremonia mágica", sino que la frase "creen que el sacerdocio consiste en celebrar ceremonias mágicas" se puede entender como "consiste sólo en..." o "reducen el sacerdocio a...". El mismo contexto ayuda a entenderlo así, ya que en ese párrafo enumera reducciones del sacerdocio a sólo algún aspecto de éste, más o menos importante. (Aguante Jack Tollers con su genial pseudónimo!)

Al punto 5: La frase "te deja solo para que hagas como puedas" me parece que hace referencia a la libertad que Dios nos da. De hecho creo que se contrapone a lo que dice unas líneas más abajo: los santos no son "tipos que se programan"; y también la libertad con respecto a "intrusos". La frase sin su contexto puede torcerse, pero creo que en la lectura completa del post se puede leer perfectamente que "todo es gracia".

Cordiales saludos.

Anónimo dijo...

Me desconcierta... el hilarante texto creo que no pretendía ser una exposición dogmática sobre la providencia, que es en el fondo de los que se habla. Me desconcierta que hagamos distinciones escolásticas y que terminemos mezclando.
Por otro lado, alguna vez en este blog se citó, hablando del mismo tema, sobre la imposibilidad de comparar la vocación bíblica y la elección de estado.
Ezequiel.

Natalio Ruiz dijo...

Estimado Athonita:

Aunque sigo sin saber quién sea, me alegro de las coincidencias (aunque distinguiría algunos "modos de decir" en varias de sus obsevaciones).

También, y en especial, en lo relativo al tema del mal.

Pero lo que más me ha gustado es que abordara el tema "vocacional" desde San Elredo.

No quise meterme porque es un tema muy largo y complicado (también el de la paternidad espiritual ya tratado en el blog). El problema es que está tratado tan literariamente (en los dos casos) que poco fruto puede tener el discutir sobre un problema que, en rigor, no está planteado.

En cualquier caso, es verdad que el concepto de "vocación" ha sido bastardeado torpemente (y no sólo por lo kukuses).

De todos modos, aún en la divergencia, trataría con más respeto asuntos tan arraigados en la tradición católica.

Respetos.

Natalio

jack tollers dijo...

Athonita, le juro que esto no va a quedar así.

Sólo concédame un poco de tiempo y contestaré.

(Desde el llano, y con efecto)


J.T.

lupus dijo...

Venía nada más que a aclarar algo y, patapúfete, me encontré con el Athonita y su "descoincidencia" con Tollers. Bien, dos al precio de uno.

Aunque ya en este segundo párrafo me doy cuenta de que no puedo superar mi perplejidad. No estoy seguro si entendió mal, si entendió poco o si entendió nada. El Athonita. O si decidió no entender y jugar a la camorra montado en lomos de libros. ¿De qué habla? ¿En qué lengua habla? ¿Usará algún diccionario athonita-español?... Un punto de coincidencia, sin embargo: el peligro de la mutua "retroalimentación" (?) entre kukuses y antikukuses. Pero se me da que es bien conocido, el peligro, por la mayoría de los antikukuses. Y quiero creer que si insisten es para carretear entera la pista de la catarsis. Para sacarse toda la sputza de encima.

Pido en nombre de varios, o de todos, que el Athonita hable claro, si puede. Sus "descoincidencias" no las encuentro en Tollers. Para empezar, que pruebe con el castellano.

Y Tollers: hizo bien. Darle literatura al pensamiento es bueno, muy bueno. Nos saca del encierro. Siempre habrá un pelo en el huevo y un quítame de allí esas pajas, en el reino singular de la idem.

Anónimo dijo...

Athonita, me saco el sombrero. Excelente lo suyo.
En mi humilde opinión, parece que Jack, al querer afirmar la libertad del hombre contra las imposiciones de ciertos institutos y congregaciones, cae en el error de hacer depender la vocación de la voluntad del hombre, como si Dios fuese indiferente.
Si le sacás protagonismo a Dios, terminás o en un laxismo o un voluntarismo.

Eustaquio

Wanderer dijo...

Estimado Athonita: Qué quiere que le diga... sus comentarios, aún en noruego, me parecía muy buenos, pero su última crítica a Tollers me desconcierta. Desacuerdo en todo con Ud. y, además, creo que ha hecho una lectura caprichosa del texto. ¿Será que hay mucho zonda en el Tupungato?

CHESTERTON dijo...

Estimados:

Mis humildes felicitaciones al autor, por atreverse a aquello que solo hacen los elegidos por la vocación literaria (como Goethe: “Prólogo en el Cielo”).
Decía el sabio en su República, que una sociedad donde los hombres no pudiesen seguir sus vocaciones, sería necesariamente una sociedad de hombres infelices.

Y como no somos conductistas, ni asumimos las desviaciones antropológicas de la modernidad, sabemos que la vocación es un llamado ante el cual uno tiene que decidir. Responder, o dejar que atienda el contestador. Como diría Sören: ¡Atreverse a Elegirse uno mismo!

Mozart podría haber sido contador, pero sería el contador más infeliz del mundo. Aunque en la mayoría de los casos es muy difícil encontrar, o escuchar ese llamado con el ruido que hay en el mundo.

Reitero mis felicitaciones a Tollers: “los que entiendan que aplaudan a los que valen, no vaya a ser que vengan los que no valen y se hagan dueños del mundo”.

Ojalá y siga escribiendo.

Saludos!

Johannes de Silentio

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Athonita, no tengo tiempo ni ganas para refutar las sandeces vertidas.

Simplemente quiero decirle que el principio de que Dios no necesita de nadie es tan evidente y primario, que la negacion del mismo, ya sea en sentido metafísico, teologico, místico o incluso poètico,impide seguir una discusion racional, por pérdida de los Principios Evidentes del Ser y de los Principios Lógicos.
Impide, incluso, hablar de Dios, sea del Dios del Estagirista como del Dios cristiano. Impide hablar de El clara o apofáticamente.
Impide hablar del Esse Subsistens, porque lo contradice abiertamente.
Y lo convierte en un gadget de pastoral postconciliar barata: "Cristo necesita de ti". O de sermón barroco y decadente de las 7 palabras, sobre el tema "Tengo Sed".

Non sequitur.

Natalio Ruiz dijo...

Estimados Lupus y Wanderer:

Me parece que le están dando demasiado al Athonita sin fundamentar nada.

Si se considera que el sacerdocio sacramental y el bautismal son lo mismo (con una diferencia de "grados" o "plenitud"), escucho razones.

En cuanto a las observaciones yo también creo que son pasibles de más de una lectura (al igual que el texto de Jack) y ahí está justamente el problema. Ahora si se está en desacuerdo estaría bueno decir en qué y, mejor, por qué.

Con relación a la existencia o no de algo llamado vocación son demasiado los puntos y matices. Ahora, si me apuran, me quedo con Elredo antes que con Jack.

Respetos.
Natalio

lupus dijo...

La forma "literaria" de un escrito puede convertirse en nube para el entendimiento o, por el contrario, puede incitarlo a buscar otros sentidos, quizás más profundos. Corre parte en esto, sin duda, la voluntad, la disposición de cada cual. Ahora, si leo que alguien prologa su discurso diciendo que viene a "desasnar al burro", me resulta difícil, de buenas a primeras, aceptarlo como un impulso de la caridad. Inmediatamente me pregunto si el desasnador no será el asno. Y luego se me da por sumar otra interpretación "descoincidente".

1) |Sacerdocio universal, diferencia de esencia o de grado| El sacerdocio no convierte al hombre en ángel ni lo muda de la peregrinación al triunfo; ni siquiera es viático automático al Purgatorio, sino muchas veces hacia abajo. Que cada cual acierte como deba y pueda: ése es el fondo de la cuestión. Además de la santidad como llamado universal. Pero no es la primera vez que surgen acá temibles cálculos sobre inferioridad o superioridad. El estado, mejor dicho el orden, no es mengua ni mancilla. Que de tanto joder con la diferencia esencial, más que de sacerdotes buenos ahora estamos rodeados de fariseos eunucos. O pistoleros. O trolos. O haraganes. O perorantes que durante años usaron el Migne de banqueta para llegar a decirnos (ver “La Razón”, diario gratuito, último fin de semana): “La Iglesia pidió un mayor diálogo y erradicar la pobreza”. Sigue al dorso y, obvio, ni una mención de lo que les compete. Lo que equivale a “Cristo, ¡largo de aquí!”. Cosas de la realidad. Disputemos hasta que hierva el agua o caigan las estrellas, pero en el esquema que Tollers ilustró vale decir –y corresponde decir– que Dios no nos precisa, sino que nos ama. Puesto que lo único que Dios “precisa” es amar. Somos nosotros los que precisamos de todo. Primero a Él; luego, mejor que muchos sacerdotes con reduplicante vocación de pastoreo y alambrada, algunos sacerdotes íntegros. Aunque sean pocos, que sean sacerdotes de la hostia (sale con timbre español). Orando por lo cual no se infringe ningún acápite.

2) |Vocación-llamado| Uno se revuelve contra tantos vocados que nada más son bocados. Sobre la vocación, que ni Tollers ni nadie aquí niega, muchos catolicazos arman un tinglado para jugar a los petardos y llenar el cielo con fuegos de artificio. Pum y humo y nada. Luego, inevitablemente, el daño. “Oigo voces, ¿seré Juana de Arco?”. Cuatro ausencias notables: el silencio, la paciencia, la certeza y Dios. Pero, ay, esos superiores: “estás llamado a ser sacerdote [y yo estoy llamado a ser campeón]; si no, preguntale a tu viejo”... Si al muchacho lo dejan tranquilo un rato (para empezar, todos los años de la interminable adolescencia actual) tal vez lo que empiece a oír son llamados femeninos. Un rato más y capaz que le llegan las terribles y maravillosas voces de un hogar. Lo que se significó es que no se llega al matrimonio y a la santidad dejando atrás un sacerdocio frustrado. ¿Se entiende? No hay negación ni subestimación del sacerdocio, sino al contrario. Sólo que todo reduccionismo es una vanidad y ensucia. Hay una diferencia esencial in re, pero también hay una abisal diferencia de grado en la concepción equi-vocada de la vocación que tienen muchos “superiores” y publicistas religiosos. Esto es lo que se puso en blanco sobre negro en las últimas dos ediciones del blog.

3) |Dios te deja solo| ¿A causa de qué no se puede entender esta expresión en el buen sentido? Aprendimos que el señor le entregó a sus servidores cierta cantidad de talentos y que pasado el tiempo les pidió la retribución. Atiéndase bien: pasado el tiempo. De igual modo, ¿no hay alguna clase de distancia, no se interrumpe de algún modo la relación entre el dueño del campo y el labriego hasta que llega la hora del pago? Sabemos que Dios nos cuida con amor infinito, inalterable. Pero sabemos también (experimentamos) que uno se las tiene que ver con su propia vida en una franja expectante y poblada de vacíos. Inquietante y dolorosa sensación de soledad, no de desamparo; de destierro, no de abandono; de fatigoso trabajo, no de desesperanza. ¿Por qué no puedo ser capaz de entender a quien tengo cerca y dice palabras como éstas? Valen tanto como las de los poetas que no conocí y que, solitario, acepto emocionado, cuando suspendo la disquisición y al menos percibo las consecuencias de que Dios sea invisible.

4) |La Eucaristía como ceremonia mágica| ¡Salta Violeta! Como soy un tipo curioso de las cosas feéricas y mágicas, cedo la palabra al leprechaun. Veamos adónde nos conduce su prístina Patrística en este punto. Nada más que por eso prefiero saltarme ahora el tema de la Gracia.

Kimbo dijo...

Excelente lo de Tollers.
Realmente creo que es la mejor manera de hacer propaganda de las ideas propias y atacar las ajenas sin tener que dar fundamentos, apoyándose sólo en el humor y en un uso perverso del argumento de autoridad, tratando algo de lo que uno sabe poco y nada.

Espero con ansias los diálogos con Maradona acerca de cómo reconocer a un crack potencial o con un ánima que nos revele la inutilidad del Rosario o cómo se lo debe rezar en realidad.

Insisto: Excelente lo de Tollers.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Lupus, estuvo generoso, y le perdonó tambien al athonita su declaracion de ingresar en las conciencias, eso sí, descalzo.
Yo, si el athonita o cualquier cura intenta ingresar en mi conciencia, descalzo o no, lo cago a patadas.

Pablo (Rosario) dijo...

Conociendo algo de los escritos de Jack Tollers –de los publicados bajo ese seudónimo en la web, y de los otros, libros de papel- debo decir que, en mi opinión, su post ha suscitado un malentendido, que espero no le resulte enojoso deshacer. Si de algo está lejos Tollers –me consta por testigos directos y algún conocimiento directo- es de planteamientos semipelagianos. El estilo literario, y el formato blog, le han jugado en contra.

En todo este asunto de las “vocaciones” conviene no perder de vista que “lo que natura no da, la ´vocación´ no lo presta”. Porque la naturaleza individuada, de cada persona singular, con sus dones de orden natural, es parte esencial de ese “fenómeno” que se designa con el término “vocación”. La gracia puede sanar, pero no puede crear, lo que naturalmente no existe. Se comete una atrocidad cuando se pretenda forzar “vocaciones” haciendo aplicación ciega del “te basta mi gracia”, a personas que, simplemente no son naturalmente idóneas, por más que no tengan problemas morales y encuadren en cierto perfil de virtudes externas.

Cordiales saludos.

lupus dijo...

Pablo, el "formato blog" no resta nada; en todo caso, le pone temperatura a la controversia. El estilo literario, en cambio, y por lo que se advierte, no le juega en contra a Tollers, sino a cierta clase de lectores. Así podríamos decir que el estilo academicista le juega en contra a los de la popular y el planfletario a los de salita celeste. También están los que exigen argumentos y nunca ofrecen ninguno, los que salen corriendo a buscar la cita, los que chacotean, los que se toman el necesario primer tiempo de respeto para recién después trabar combate, y así. Un continuum geolectal (tomá wikipedia), una inabarcable variedad de temperamentos y (la palabra maldita) estilos. Y si hablamos de estilos, estimado Pablo, tenemos que entender que el "literario" no es obstáculo ni tiene que ser objeto de permanente desconfianza. Es peligroso, no siempre hace docencia, de acuerdo. Pero lo necesitamos, realmente lo necesitamos. Necesitamos narraciones y poemas y la prosa dialogante que practicó Tollers. Acepto a regañadientes que "El enfermo" de Su Majestad Dulcinea viva a la sombra de "El gran inquisidor", pero de ningún modo acepto que por temores de sacristía vivamos acorralándonos, secándonos, mientras los vecinos siguen aplaudiendo el "Informe sobre ciegos".

Esto me parece vidrioso, esto poco claro, aquello confuso: hasta ahí, de acuerdo. Pero cuando entre nosotros aparece el "estilo literario", aplauso por favor.

Anónimo dijo...

Que decirles, amigos: no por escapar del cartesianismo (con sus ideas claras y distintas) es cuestión de procurarse ideas oscuras. Aunque estén bien escritas, en el estilo postcastellani al que todos hemos sido llamados.
Aflojad, pues. Dejad la poesía a los poetas, el ciamullo al ministro Dr. Fernández. Y la mixtura de todo éso con la teología a los profesores de la Gregoriana, que para algo les pagan.
Sin más los saluda, desde la inopia de sus rústicos manuales, el ucatomista impenitente.

Natalio Ruiz dijo...

Estimado Lupus:

Me parece que le ha errado al pato.

¿Qué tiene que ver que exista una diferencia de esencia o de grado en el sacerdocio con decir que el sacerdote es un ángel, no puede pecar, etc.?

Se está hablando de misión y funciones. En ese sentido actúa puntualmente la gracia, el sacramento imprime carácter, etc. , es decir, como "disposición para". La diferencia esencial (y no de grado) está en la misión o función, no tanto en la persona (en ella puede estar como disposición de la gracia propia del sacramento). Justamente, la palabra indica una acción o función.

Eso no quita, evidentemente, que el sacerdote pueda pecar incluso mucho más que un simple (¡cacho de simpleza!) bautizado.

En cuanto al tema del estilo literario el problema que veo es que no es, propiamente, ni una cosa ni la otra. Por un lado se crea un "modo de decir" flexible y sin ningún rigor (en el uso de palabras sobre las que se han escrito millones de cosas en la Tradición de la Iglesia) pero por otro se citan autores y se baja línea doctrinal.

Respetos.

Natalio

Pablo (Rosario) dijo...

Estimado Lupus:

Según mi experiencia, el formato newsgroup, el mail y el chat, son modalidades de comunicación menos generadoras de malos entendidos que el formato blog.

Cordiales saludos.

Anónimo dijo...

Amigos:
URGENTE: A veces la solución está más atrás. Les ruego vayan al post anterior (seminario de Hobbes) y lean atentamente la intervención Nº 41, de John Lennon. Es sencillamente genial!
El anónimo normando

Anónimo dijo...

El fondo está bien. Con alguna salvedad en la que no me detengo por no estar a la altura de los conocimientos teológicos del autor.

Pero la forma... ¡Jesucristo hablando por teléfono!...
Es irreverente, innecesario y nada elegante. Atribuyéndosele además, un lenguaje vulgar y casi bastardo. Espero que el bueno de Jack Tollers no nos sorprenda nuevamente haciendo hablar al Señor por televisión, o apareciendo en un blog de Internet.

“Indignor, quandoque bonus dormitat Homerus...”

Gruñón de Monfort

Anónimo dijo...

Tollers,

No será necesaria objeción alguna. Releyendo el texto, con ATENCION y BUENA VOLUNTAD, desapareció.

No dice en ningún lado que Usted niegue la existencia de la vocación.

Afectuosos saludos,

El vengador Kukú.

Anónimo dijo...

Me parece que el athonita es KUKU
no entendió nada, ni la prosa de jack, ni las metaforas utilizadas, no todo lo que se escribe debe parecer un tratado (con citas doctrinales y bíblicas) A veces es necesario que se utilice otro estilo. Para ser claro.

Anónimo dijo...

Ladran Sancho...

Estimado caminante:
El post publicado es brillante. Sus críticos me recuerdan a esos barbudos que montados en un burrito y con un báculo de oro gritaban.
NO NECESITAMOS MAS PRUEBAS !!!
QUEREMOS A BARRABAS!!!
Así como ellos no entendieron que venían a salvarlos, estos fariseos postmodernos, reniegan de la verdad que tinen delante de sus ojos. Ven la paja en el ojo ajeno y no ven la viga en el propio.
Es hora de que alguien los despierte.
Saludos Urbi et orbi
PASTOR ET NAUTA

Anónimo dijo...

El Athonita dijo:

Estimado Wanderer: me es un gusto volver a estar en su living, de buena charla entre amigos, más allá de algún exaltado inevitable. Histéricos los hay por doquier: son parte del ecosistema.
Le agradezco su cordial recepción. Y sí: hay zonda por acá, lo cual espero no lo amilane de pasar alguna vez cuando hace sus incursiones en tierras kukúses, con o sin abuela.

Jack: le concedo un tiempo y medio tiempo más. Le doy todo el fin de semana. Quiero que se luzca, cómo no. Y para ello, imprescindible es pensar, reflexionar, rezar, volver a pensar… Ud. sabe de eso. Aguardo su “vale cuatro”. Cuente con mi “quiero”.

A los demás: no os escandalicéis del tono belicoso; una añejada amistad nos vincula con Sir Tollers; amistad y búsqueda de la Verdad, que siempre es más.

Más que lo afirmado.

Y de ahí el milenario método areopagita para avanzar sobre este Maius. No era ni zonda ni mala voluntad, sino método. Tollers dice que el Océano divino es azul; el Athonita ha de decir, con vehemencia, que no, que ni por cerca es azul… y así tirarle un precioso centro para que nuestra grácil saeta eche el gol explicando con esmero que el Océano divino no es azul ni es no-azul sino que es de un azul que está más allá de todos los azules,,, aunque azul al fin.
Veamos qué superlativo nos depare el lunes nuestro amigo Teófilo.
Doble coraje se le pide: ante mí, negar la negación; ante los que lo han aplaudido sin más de pie: negar su primera afirmación.

Buen fin de semana para todos. Para Ud. también, Ludovicus, cómo no.

El Athonita

lupus dijo...

Estimado Natalio, no entendió o leyó parcialmente. Usted quiere escuchar esto: la diferencia que existe entre el sacerdocio común de los fieles y el ministerio sacerdotal no es simplemente de grado. Pues bien, ahí lo tiene. Es más, ya lo tenía, pero su mente no quiso leerlo. Sus preguntas sobre qué tiene que ver esto con lo otro, bueno, ¿qué otra cosa puedo decir? Después de comprobar lo que piensa sobre el “modo de decir” me resulta claro que lo que a usted le interesa es el rigor de las conceptos y los términos. A lo cual no me opongo, pero acepto la posibilidad de que el lenguaje metafórico (o literario) arroje más luz y atraiga mejor la mirada respecto de realidades que ni los vocablos ni las sentencias pueden encerrar. Si no, repasemos las parábolas. Nos cabe algo más que repetir el Catecismo (no lea ahora: “no hay que repetir el catecismo”). Me imagino su mueca si lee lo de Lennon, que recomienda el Anónimo Normando, y yo también. Por cierto, nunca le apunté a un pato. ¿No será que a usted le molesta todo lo que tal vez camina mal pero vuela?

Estimado Pablo: respecto del mail, de acuerdo con usted, aunque sólo de a dos; respecto del chat, total desacuerdo (pero va en cada uno); y respecto de lo otro, supongo que se referirá a algún tipo de foro. Si es eso, no le veo mucha diferencia con el blog, en especial con este blog. Sin embargo, señaló usted un tema que ojalá algún día sea tratado con mayor amplitud en casa de Wanderer.

EL SEPTIMO REY MAGO dijo...

Pastor et Nauta: Ladran Sancho?? acaso ALGUIEN está cabalgando?? Me parece más bien todo lo contrario, mas allá del articulo de El Sire Tollers (que, por antiguos post que he leido, es mas "inglesófilo" que el Jockey Club), del cual no me expediré (no me da la gana), no creo que cabalguen mas que algunos jinetes oscuros. Tan oscuros que ni siquiera son ESOS cuatro jinetes, son mas berretas y peores.

El Septimo Rey Mago

PD: Y si, si al final, el jockey club lo fundó un tano.

Kimbo dijo...

Lupus acusa al athonita de asno, por acusar de burro a Tollers. Kimbo no lo acusa de nada.
Un anónimo critica a los críticos, a la vez que los señala como evidencia de la posesión de la Verdad. Kimbo casi no lo señala.

Lupus menciona las diferentes reacciones ante el texto de Tollers. Por supuesto que el sabe cuál es la reacción correcta.

Hay gente que dice que le gusta el peligro, que se hace preguntas dificilísimas. Genios incomprendidos por una sociedad no pensante o chantas que ya tienen todas las respuestas -recibidas al probar el fruto del árbol del medio del jardín-, iconoclastas idólatras de su pequeño gran Ego. Quién sabe...
Otros dicen estar en contra de los programas, pero en realidad sólo se oponen a los programas ajenos (al propio lo llaman "neutralidad respetuosa de la conciencia", aunque la viola como el mejor).

Kimbo adora estas nuevas recetas de santidad no evangélicas.

Anónimo dijo...

¿Vio Wanderer? Se puede escribir un buen post y criticar versiones en boga acerca de la vocacion sin ridiculizar publicamente a otras personas o congregaciones.
No dejo de agradecerle tantos posts que me han abierto la cabeza en muchas cosas.

Saludos.

Que Dios lo bendiga.

lupus dijo...

Creo que se está fumando un cartucho de dinamita, Kimbo. Si sostiene lo que dice hasta las últimas consecuencias, se inhabilita a sí mismo para decir nada. Le queda seguir leyendo el Evangelio. No está mal.

Kimbo no lo acusa... Kimbo no lo señala... Kimbo adora esta clase santidad no evangélica... Kimbo libra batalla contra los genios, los idólatras, los chantas. Kimbo, en fin, dice lo que le parece mal pero le molesta que lo digan otros. Pues dígalo, Kimbo, pero dése cuenta de lo que dice.

No afirmo saber cuál es la reacción correcta. Si hago alarde de algo, es involuntario y pido perdón. Cuando un tema me interesa, nada más expreso qué es lo que comparto y qué es lo que no comparto. Para eso vengo acá.

Ni un mono ni tres. Ni ciego ni sordo ni mudo.

Anónimo dijo...

Estimado Ludovicus
Temeroso de recibir una descarga literaria, que no literal sobre mis ya comprometidos hemorroides, me atrevo a replicarle que el Athonita había dejado a salvo el aspecto inmutable e impasible de Dios, cuando dice: “Se ha quedado Ud con el Primer Motor Inmóvil…” y por tanto no ha afirmado que Dios tenga sus Necesidades Básica Insatisfechas.
Lo que no contradice el otro aspecto del misterio revelado que es que Dios necesita. Cuando quiere encarnarse, el Fiat, cuando tiene frío, abrigo, cuando hambre, comida, y también, para beneplácito de la pastoral postconciliar y de la homilética barroca, necesita agua cuando tiene sed. El evidente equívoco “necesitar” resuelve la contradicción, pero nos deja solos con la paradoja.
Y la Paradoja no se resuelve con nuestra inteligencia ni aquí, ni Allá. O por lo menos con la mía.
Supongo que por aquello de Newman de que dada la existencia de Un Ser Infinito y una inteligencia finita se impone el Misterio.
Lo particularmente repugnante de la pastoral postconciliar no es que ponga a Nuestro Señor cercano, sino que no Lo reconozca simultáneamente lejano. El Señor también se puede bilocar.
Cordialmente

Anónimo dijo...

Mientras compartimos estas discusiones bizantinas, en Lanus, Provincia de Buenos aires, pasa esto:
http://sanmiguelillo.blogspot.com/2008/11/virgendelanus.html

Eustaquio

Anónimo dijo...

Me olvidé el link:
http://www.virgendelanus.com.ar/Web/
Fragmento del mensaje del 7 de noviembre de 2008:
Queridos míos, oh sufrida Argentina! Vendrán tiempos muy duros, pero por eso mismo estoy yo aquí para deciros: Dios existe!. Como ya os dije, vendrán tiempos de condenación (La Virgen se refiere a la autocondenación porque el hombre elige NO amar a Dios, lo rechaza.), porque, oh mis amados, vivís sin Dios, vuestros corazones se han vuelto duros como rocas!. Muchos de mis hijos no desean a Dios, no desean escuchar que Dios existe, que tan buen Dios a enviado a su Hijo para morir en la Cruz!, por eso, hoy aquí os pido, arrepentíos de corazón, volved a la amistad con Dios a través de la Confesión.

Eustaquio

Tragedia de Sisifo dijo...

Pero en definitiva, ¿Cúal es la razón de este blog?.
Gracias

Tragedia de Sisifo dijo...

Muy buen blog

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,
Al anonimo de las 18 hs,

Ignoro, mi amigo, cuál es el temor que tiene por la integridad de sus hemorroides, infundado en este blog. Cuide, pues su entorno.

En relacion con su escualida defensa de la indefendible posicion del Athonita, le respondo en forma negativa. Si hay algo maravilloso en la doctrina del Angelico, es que jamás compromete el Esse de Dios con modalidades o determinaciones incompatibles con la Divinidad.
En ningún sentido, salvo el poètico, o el del lirismo pùtrido de cancion de misa postconciliar, puede sostenerse que Dios "siente", "sufre" o "necesita". Creo que la condena a los teopasistas hace varios siglos vuelve inútil estas cuestiones. Ni qué decir si se da una vuelta por la Prima Pars, questio sobre la inmutabilidad de Dios.
El cristianismo no es un ersatz de la metafísica, la supera sin negarla, diga lo que quiera Rahner.
Dios no necesita de ningún modo al hombre ni a criatura alguna.
Si no, no es Dios.

Anónimo dijo...

Anónimo de las 18:00; no pierda el tiempo. Este señor jamás leyó el Sermón de san Agustín sobre la Samaritana, o si lo hizo lo cree un autor barroco o posconciliar.
Le convido esta cita de Benedicto, de alto impacto, NO APTO para mentes planas.

“La potencia divina a la cual Aristóteles trató de llegar a través de la reflexión, es ciertamente objeto de deseo y amor por parte de todo ser, pero ella misma no necesita nada y no ama, sólo es amada. No ocurre igual con el Dios único en el que cree Israel, el cual ama personalmente… , y este amor suyo puede ser calificado sin duda como eros. Es «Pasión de Dios»” (Deus Caritas Est 9). “Este Logos, o Razón primordial, es al mismo tiempo un Amante con toda la pasión de un verdadero amor.” (Idem, 10,2).

Kimbo dijo...

Lupus le habla a Kimbo como si fuera una persona, a pesar de su notoria condición de troll. Se sabe que los trolls fuman dinamita, por no hablar de hábitos más desagradables.
Sin embargo, este cartucho fue convidado por Lupus, quien comenzó con una ronda potencialmente interminable de acusaciones burreras, tal vez sin notarlo. Por eso es que Kimbo no se molesta, ni con Lupus ni con nadie. Tampoco diferencia entre genios y chantas, pero sabe que los hay, como hay recetas meloneras disfrazadas de no-recetas no-meloneras.
Finalmente, a Kimbo le gusta que todos se expresen, que digan lo que les molesta y que traten de vender gato por liebre (¡qué rico!), pero le gustaría más que se dieran cuenta de lo que dicen y venden.



Traducción automática troll-español, cortesía de Google(r):

Su acusación al athonita se vuelve automáticamente contra usted, por haberla formulado, y contra todo el que quiera aplicársela a Ud (y así sucesivamente).
Resulta un poco tramposo plantear como receta la idea de "no interferir en la conciencia" de alguien. Es inevitable interferir, de un modo u otro. Lo que se desea, en realidad, es que no lo hagan "los otros". Sería más honesto plantearlo de esa manera.
También resulta tramposa la comparación entre la supuesta incertidumbre propia y la de los santos, y entre la supuesta certidumbre o cerrazón de "los otros" y la de los no-santos. En primer lugar porque es una incertidumbre que, al ir acompañada su declaración de recetas y condenas, suena a pose.

Anónimo dijo...

Ludovicus, si Cristo no sufrió ni sufre, me parece que ud. se equivocó de religión.

Dionisio Areopagita

Anónimo dijo...

A mí, si un feligrés o penitente me abre su conciencia, tras lo cual yo, con sumo respeto y venero ingreso y accedo a ella, y tras lo cual este mismo y supuesto feligrés me saca a patadas sin más razón que el haber traspasado el umbral de su conciencia, pues les digo, hermanos míos: trataré de no enojarme, pero –tras el desconcierto- le recomiendo seriamente recurrir a la psiquiatría.

Aunque también es preciso decir que el gataflorismo no es un mal de la psiquis sino del alma.

El Cura católico

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo

Anónimo defensor del anonimo de las 18 horas,

Me reafirmo en mis dichos.
Dios no necesita a nadie. Y su Amor, si algo tiene, es su Superabundancia, su Generosidad,
su Innecesariedad.
Si no es eso, Dios no es Dios.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Y por cierto, si ama con la fuerza con la que ama, es precisamente por abundancia pletórica de su Aseidad, por la radical Subsistencia propia que no le hace necesitar a nada ni a nadie. Precisamente por eso ama con esa fuerza, esa gratuidad, ese Eros que se llama Espìritu Santo.

Anónimo dijo...

Ludovicus
Ya que menciona al Angélico le traigo de la Cuestión XV de la Tertia, donde concluye su respuesta del artículo, sobre si existió en Cristo verdadero dolor sensible diciendo: “Luego no debe caber la menor duda de que en Cristo se dio el auténtico dolor.” Igualmente responde que el Señor tuvo, tristeza y otras pasiones del alma.
Habitualmente se resuelve esto diciendo que el Aquinate se refería al alma humana de Cristo, lo que deja a salvo nuevamente la impasibilidad de la Segunda Persona.
Después de esto uno se podría ir a dormir tranquilo si la humanidad de Cristo fuera hábito o accidente en la sustancia del Verbo. Malas noticias. El Varón de Dolores no es un holograma de Dios, no es Su revestimiento. Es Dios. Y sufre.
Con todo, y no es una concesión, no hay la menor duda de que Dios es Impasible. Y no sufre.
Suyo,
El anónimo de las 18

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo

Anònimo de las 18,

empieza a recular. Y necesita acudir a la Hipòstasis de Cristo para hablar del "sufrimiento de Dios", cuando hace un rato hablaba de la "necesidad" que tenía Dios mismo, sin Hipòstasis alguna y contrastándolo con el Motor Inmovil de Aristoteles.
Obviamente empieza a distinguir, seguramente alarmado por mi mencion del teopasismo. Y dice (o trata de decir) que es la naturaleza humana (no el alma de Cristo) la que sufre, pero que las operaciones se le imputan a la Persona.
QED.

Anónimo dijo...

El Athonita dijo:

Imposible es ofender a un Dios impasible. La frase es del perverso Umberto Eco.
Y no pocos teólogos modernos le darían hoy la razón. Y vuelvo a Vallés –disculpen mi obsesión por este demonio- cuando se burla de la “reparación” alegando justamente este Dios imperturbable en su contento eterno.

Mientras Tollers dilata su cabezazo sobre el palo derecho, valga ocuparnos de este migajoso asunto del Pathos divino. Porque vaya si han habido ríos de tinta, desde los albores de la Cristiandad, que hicieron caso omiso al non sequitur del señor Ludovicus. Acaba de doctorarse un fraile dominico francés abordando el asunto en santo Tomás. Apenas, apenísimas con más cintura y “finesse” que el sr. L… (oportet leer los comentarios bíblicos del Angélico, por ejemplo, para pasar de ser “tomista” a ser discípulo de este gran Maestro).

Entre el florido Patripasionismo de todos los tiempos y el gélido Dios sin Pathos –de Aristóteles a Barth- hay,,, cómo decirlo,,, hay Escritura, Tradición y Magisterio “soportando” la tensión paradojal, como bien dijo un lector.
La apatheia y la ataraxia griegas son compatibles con el Deus passibilis siempre que se ajuste de qué pathos se esté hablando. El famoso “primum passus est, deinde descendit” de Orígenes se encarga de anclar in Sinu Patris el padecer o mejor, el “recibir” o el “ser-afectable” del Dios cristiano.
Y todo esto sin recurso –para evitar abrir ventana sobre otro debate- a la milenaria communicatio idiomatum (lo que hace recién el anónimo de las 18, con acierto sin duda, pero que exige un entramado de distingos imposible de desplegar acá) .
El justo y ajustado Pathos de Dios no atenta contra la inmutabilidad. No lo hace débil. No alude a carencia alguna. Sólo cabe entender la pasividad divina como un acto libre, activo y precedente de su Voluntad. Quia Caritatis est Passio.-

Bellos, los textos de Orígenes, los de Gregorio de Nisa y el Pseudo-Dionisio al respecto (se me viene el “De Ira Dei” de Lactancio contra los estoicos,,, una joya contra el Dios cara de Nada).
Por no citar la Teología Rusa, con la que válidamente se podría disentir.
Y por no citar al gran amigo y admirado de Benedicto, Hans von Balthasar, con su “afectabilidad de Dios” (Teodramática V, p. 211 ss.).
O por no meternos con las apariciones marianas más respetables de los últimos 200 años, donde abunda este concepto del Dios dolido.
O por no machacar con el Eros divino de la Deus Caritas Est.-

Dejando todo ello para más osados (o libres, al caso), creo que alcanza con ir a la Escritura, y espigar el sinfín de revelaciones en que Dios se muestra… como se muestra: deseoso del Hombre.

Y miren qué paradoja: son los modernos, con Rahner y Barth a la cabeza, los que han procurado descabezar todas las imágenes del Dios bíblico por sus rasgos antropomórficos. Pues –dicen- son un disparate, un arcaísmo, una teología precámbrica… ¡Dios nada tiene que ver con el Dios de Oseas o del Cantar!!!… gruñen desde sus asépticos templetes de vidrio y metal.

Pero en vez de citar acá la chorrera de referencias bíblicas –que el lector sin dificultad encontrará por sí-, valga una sola frase del inmenso san Ambrosio de Milán: “Hay que hacerse una idea de Dios a partir de sus propias palabras, y no a partir de aquello que los extranjeros dicen de Él”.

((Recomiendo un estudio bíblico, magnífico, de Hubert Debbasch, con prefacio del entonces Ratzinger: “L’homme de désir, icône de Dieu” especialmente el capítulo “Aux sources de l’homme de désir: l’homme désiré de Dieu”.))

El hombre busca a Dios porque Dios lo busca primero. El Hombre desea a Dios porque Dios lo desea primero. Lo lamento por Alá y el Partenón.

Y esto, por no remontar el río más arriba –me avengo a estar hablando con mucho abogado y poco teólogo- para percibir el acontecimiento atemporal de la Generación del Hijo… Digamos nomás con palabras de Ratzinger que ni el sufrir ni el carecer son las categorías aptas, sino el “recibir”: esa es la hendija por la que “quebrar” el monolítico Dios estagirista, con doble ese, como engrasa L.

Sólo la analogía (fidei et entis) nos salva del desastre de un Deísmo precristiano o poscristiano, siempre no-cristiano. Los peritos desmitologizadores de la Fe –de Bultman a Martini, pasando por Rahner- terminan hermanados en la batalla con Contrareformistas aristotélicotomistas, aferrados con pánico a su Prima Pars. A ambos les conviene un Dios al que digamos “Vivo” por puro infantilismo humano.

El Athonita

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,
a Dionisio Aeropagita,

la verdad, no lo hacía teopasista. Pensé que su platonismo le permitía hacer alguna distincion entre la naturaleza divina y la humana en Cristo.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Al cura catolico,

pensaba que todo cura, en la medida en que es catolico, sabe perfectamente que no puede entrar en la conciencia de una persona, y sabe bien que incluso en la confesion, "de interiori non iudicat". Pensé que todo cura, en la medida en que es catolico, sabe distinguir entre su persona y la Persona de aquel a quien nada está oculto, y que escudriña El solo corazones y riñones.
Pense que todo cura, en la medida en que es catolico, sabe que la conciencia no es otra cosa que el dictamen de la recta razón, iluminada por la luz del Espíritu Santo, y que nadie puede penetrar los pensamientos de los hombres, salvo el Señor.
Pero pensé mal. Por favor, digame donde confiesa para no hacerlo nunca por su confesonario.

lupus dijo...

Es cierto, erré. Me confunden las imágenes pequeñas, infantiles, más si son de un animalito abrazado a sí mismo. Pensé que era un mono chico, un monito. No me di cuenta que era un troll chico, un trollito.

Mire, voy a hacérsela breve. Trataré de saltearme su marcada pasión por la tercera persona, por rebotar (afanar) argumentos y por mezclar lo que dicen unos y otros. La crítica sobre la intervención en la conciencia ajena fue de Ludovicus; yo solamente comparto lo que dice. Hay, según parece, algunos a quienes eso no les molesta o lo necesitan. Pero a otros nos molesta, no lo necesitamos y no le damos permiso a nadie. Nada más. En la práctica de la vida se comprueba fácilmente quién esconde deseos de ser vigilante espiritual.

Incertidumbre propia y la de los santos... ¿de qué habla?, ¿me habla a mí? Lea todo de vuelta y déjese de vueltas, pequeño Kimbo; déjese de recetas y de melones. El Athonita no dio más señales de vida y dejó todo en manos de los demás. La polémica fue planteada en términos concretos y la única retribución posible es una respuesta. Hubo rechazo de las ideas vertidas y no advierto nada que vuelva automáticamente. Si le molestó tanto lo de "desasnar al burro", arréglelo con el Athonita, lo dijo él. ¿O es su director espiritual? Si lo hace sentir mejor, le cambio el burro del Athonita por una mula o por algún otro animalito a su gusto.

lupus dijo...

Bép... basta que apriete el enter para que resucite el Athonita. Lo dejo para mañana.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Athonita, empiezan a llover las distinciones. No me conforman, de todos modos. Advierto que, con total ilegitimidad, pretende impugnar mi posicion caricaturizándola como el Dios gélido, sin fuerza, que mueve por atraccion. Nadie ha sostenido esa posicion.
Como bien dice Malaquías con quirúrgica precision teologica y sin confundir los tantos (sabemos bien que confundir afirmaciones místicas que basta con que en un solo sentido sean verdaderas, con afirmaciones metafísicas o teologicas, en que todos los sentidos deben ser verdaderos)"Ego sum Deus et non mutor". Esa es mi posicion. Dios no necesita, de ningún modo. No es necesaria para el la creacion ad extra, ni la redencion. Lo hace por pura locura, por pura prodigalidad magnánima de su libérrima felicidad.
Si tenemos que retroceder a antropologizaciones paganizantes o veterotestamentarias para hacernos una idea del Ipse Esse Subsistens, y tirar a la basura dos mil años de especulacion teologica, gracias, paso.
O me quedó con Alá. Ese no sufrirá, pero se calienta como una pipa. Y cómo.

Anónimo dijo...

El comentario del Athonita me renueva la tranquilidad y la confianza en el Sacerdocio (a pesar de todo), mediante el cual es el mismo Cristo el que nos perdona y es el mismo Cristo que se da a Sí Mismo en la Eucaristía. No podía dejar esto Nuestro Señor solamente al arbitrio humano.

jack tollers dijo...

En la Catena Argentea incluí un comentario de Ratzinger al Cap. V de San Juan, donde aclara elegantemente este asunto con recurso a San Bernardo de Claraval:

Impassibilis est Deus, sed non incompassibilis, Dios no puede padecer, pero puede compadecer.

(Sacado de la Spe Salvi).

J.T.

Anónimo dijo...

El Athonita dijo,,

Ya que varios me lo han pedido por mail, y ya que tiré la primera piedra, va mi humilde parecer sobre el asunto. O para ser más preciso, el -más humilde aún- parecer de la Madre Iglesia sobre la conciencia, su inviolabilidad y el posible acceso de terceros a ella.

1. El término es análogo. Su uso unívoco o equívoco no sólo entorpece todo diálogo si no toda búsqueda de la Verdad completa.

2. En términos muy exactos, se trata de un juicio de la razón práctica. De modo que no es ni potencia, ni hábito ni “ámbito”. Stricta loquendo, como dice el Magisterio “conscientia est nucleus secretissimus atque sacrarium hominis, in quo solus est cum Deo, cuius Vox resonat in intimo eius.”
Así las cosas, hasta es impreciso hablar de “formación de la conciencia” aunque el Magisterio abunde en esta expresión, desde larga data. Como habla del “fuero de la conciencia” y hable de “asunto de conciencia”.

3. Y esta ampliación de la expresión se explica al hacerle un poco de zoom al juicio en cuestión. Pues, si no se les pixela demasiado, podráse observar que este dictamen constituye la conclusión de un silogismo, cuya > es dada por la sindéresis (el hábito de los primeros principios prácticos) y cuya < es dada por la razón, solventada por la sabiduría o ciencia moral. Y aquí es que el cum-scire (de donde viene conciencia) admite no sólo al Espíritu Santo sino a la mediación humana. Y explica no sólo el Magisterio sino la más pura Tradición cómo le es anejo al Carisma sacerdotal el Don de Consejo, que —de entre otras formas— se ejerce cuando el fiel le concede acceso a su conciencia para que allí el preste pueda o bien iluminar la premisa menor -que puede sufrir incontables errores- o bien, de un modo más simple, delatar una posible falacia en la construcción del silogismo.
Con esta “intromisión” (misión ad intra), ayudado el cristiano a rectificar su conciencia, reedita (solus cum Deo) su juicio, al cual debe atenerse y el cual —en su más puntual in se— es intocable e inviolable, ciertamente. Pues es, como dice Newman, “el primero de todos los vicarios de Cristo”. (Primero –explica el mismo cardenal, no tanto de primado sino de primario).

4. En el ejercicio de este milenario ministerio, el sacerdote puede (¡y hasta debe!!!) ante la conciencia abierta ayudar a pasar la de la conciencia falsa a la conciencia verdadera; de la conciencia dudosa, a la probable o cierta, de la conciencia laxa o escrupulosa a la conciencia recta y delicada. Y no sólo ante la conciencia antecedente (al acto discernido) si no también concomitante o consecuente al mismo.
Lo explican con minucia Garrigou-Lagrange, Pieper y entre nosotros, el impecable Basso OP.

5. Los curas que por tuciorismo o indiferencia evitan incumbirse en asuntos de conciencia, y aportar luz dentro del sacro ámbito de la conciencia, son los que, o bien se limitan a dar consejitos vacuos de vida eterna o atienden Caritas y campamentos de boys-scouts. Unos y otros son los que promueven que los fieles se las arreglen directamente con el Espíritu Santo y vivan de su propia conciencia, sin importar los desvaríos que ésta formule. Como dice Castellani, no hay mayor inconciencia actual que este asunto de la conciencia.

El Athonita

Anónimo dijo...

El Athonita dijo,

Estimado Ludovicus: claro que llega la lluvia de distinciones. Son imprescindibles para pensar bien. Y son las que Vd. parecía ningunear de entrada al patear por entero el tablero con la expresa mención de estar incluyendo en su objeción todo el abanico de distinciones posibles. Lo mismo cabía hacer respecto al acceso a la conciencia.
Pero que quede claro –consta en actas- la secuencia: yo afirmo bajo un aspecto, Vd. niega bajo todo aspecto; yo clarifico que hay respectos.

Sospecho, de todos modos, que no pensamos tan distinto.
Y pierda cuidado, que mi confesionario dista mucho de su circuito.

In Domino,

Ath.-

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Bien Athonita, ha recuperado la razón. Bastante trecho hay en su posicion primigenia de "ingresar en el Sancta Sanctorum de la conciencia" -por cierto que aclaró que descalzo-, que iluminar, en forma ancillar y no intrínseca,los antecedentes del juicio pràctico.
Un trecho tan grande como el que va del "director-dictador espiritual", de los dominios del Marqués de Peralta, al "asesor espiritual".
Toto corde (no hace falta que ingrese, aùn descalzo).

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Querido Tollers, adhiero con entusiasmo a la fórmula bernardiana, para descartar todo acusacion de culto al Dios Gelido.

lupus dijo...

Ahora se lo entiende mejor al Athonita. Lamentablemente, se escapó punto por punto del planteo original. Él sabrá si conviene responder a la zarabanda provocada por sus anteriores críticas oscuras.

En cuanto a la conciencia, podemos pasarnos meses y años recitando tratados de espiritualidad, y no deja de ser el mismo tema espinoso de siempre. Espinoso, peligroso, temible. A causa de este “ingreso” a la conciencia ajena pueden ocurrir dos cosas: 1) un sacerdote bueno endereza o levanta el alma de una persona; 2) un salame picado fino o grueso (hereje, soberbio, torvo, idiota) ocasiona la ruina del alma de una persona. La historia de la Iglesia desborda de doctrinas sabias y de santos, pero también de personales torceduras espirituales. Imaginemos, por ejemplo, a alguien necesitado (e inclinado) a ofrecer sin recaudos su interioridad, en la soledad de la confesión o de la dirección espiritual, bebiendo las palabras de Arrio o de Farinello. Hagan una lista mental, si quieren con ejemplos más sutiles: los peligros fueron, son y serán tantos, que conviene ser precavido antes de quitarle la llave a la conciencia. Sobre todo cuando los pasos del sacramento son claros y sencillos, y la Iglesia no pide más. Entre ellos, precisamente, el examen de conciencia, que corresponde a la intimidad de uno con Dios. La confesión es sacar luego eso afuera, decirlo claramente, y atender el consejo del sacerdote. Luego, la absolución (o no). Y punto. No hay magia ni terapia; hay algo superior, sobrenatural y simple. Dejarlo pasar adentro, a él o a cualquiera que no sea Dios, es otra cosa muy distinta. A falta de Juan Bosco, del Cura de Ars o de Pablo Primer Ermitaño, basta con limitarse a lo suficiente, que no es poco. Si usted tiene un sacerdote bueno y prudente cerca de su vida, busque en él lo que necesite. Pero si no lo tiene, lo primero que tiene que tener es cuidado.

De todo lo que se habló en este post, y en muchos otros, uno de los puntos centrales es el de la aspiración a la santidad devenida en egolatría. Nos levanta la temperatura y, seguramente, nos da la apariencia de aquello que detestamos.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

y me permitirá, querido Athonita, parafrasear el acapite 5 de su último comentario, en otro sentido:

5. Los curas que por mor de direccion espiritual o falta de respeto por las conciencias, se inmiscuyen de tal manera en asuntos de conciencia que llegan a sustituir el juicio pràctico-práctico de sus aconsejados, llegando a decirles que pueden dejar en sus manos la decision del juicio concreto o, aùn más gravemente, delegar la conciencia de modo tal que "el que obedece nunca se equivoca", son los que, falseando el sacro deber del consejo espiritual, pretenden convertirse en verdaderos Fuhrers sustitutivos del Espíritu Santo y de la propia conciencia, sin importar los desvaríos que les impongan.Como dice Castellani, no hay mayor inconciencia actual que este asunto de la conciencia.

lupus dijo...

Bien, después que Ludovicus y Athonita terminen de fundirse en cálido abrazo, me gustará saber si habrá medalla recordatoria para el planteo madre de este post o si tendré que lamentar haber perdido el turno de pelotero con Kimbo.