miércoles, 22 de abril de 2009

Después de la tormenta

Pareciera que lo peor de la borrasca, por el momento, ha pasado. Es hora, entonces, de recorrer el campo y ver cuáles han sido los daños que nos dejó el vendaval. En nuestro caso se trata, entre otras cosas, de reordenar las piezas que quedaron revueltas y dislocadas. No es tan solo una cuestión de amor por el orden, sino también de amor por la justicia.

Concretamente, luego del revuelo por las declaraciones de Mons. Williamson muchos fueron los escandalizados y los enrabiados. De adentro y de afuera. De izquierda y de derecha. No se trata ya tan solo de discutir acerca de la oportunidad de sus comentarios, sino del reposicionamiento de la FSSPX y frente a la FSSPX. No puedo opinar acerca del primer caso, pero si me parece apropiado hacerlo acerca del segundo.

Últimamente he estado hablando con numerosos amigos concurrentes habituales a las misas de la Fraternidad algunos, otros sólo ocasionales y otros simpatizantes de afuera. Muchos de ellos han quedado con mucha bronca no sólo con Mons. Williamson sino también con toda la Fraternidad, derramando acusaciones y resucitando viejas querellas. Y, aunque ciertas muchas observaciones, me parece que a veces se posicionan en extremos y caen, llanamente, en la injusticia.

Pareciera que el árbol no nos deja ver el bosque. Quiero, entonces, podar un poco el follaje, a ver si podemos ver un poco mejor. Y la poda consistirá, simplemente, en señalar los méritos que la FSSPX ha tenido y que las desafortunadas, o no, intervenciones del prelado inglés hicieron menguar o, incluso, desaparecer.

En primer lugar, la Fraternidad mantuvo la misa y la liturgia tradicional a nivel popular, o bien, facilitó el acceso a la liturgia latina. Es verdad que no podríamos atribuirle el mérito de “guardiana de la tradición” o de suponer que, sin ella, la Iglesia habría perdido los tesoros de su liturgia. De hecho, todos nosotros conocemos curitas que desde hace décadas celebran la misa latina en departamentos, bohardillas, garajes o estancias. Pero eran, y son, celebraciones solitarias o a las que asisten un pequeño y muy selecto puñado de fieles cuasi juramentados, que en modo alguno se atreven – y lo bien que hacen en muchos casos – a publicitar sus encuentros litúrgicos.

La Fraternidad permitió que esas mismas celebraciones se pudieran oficiar de un modo más normal. Y con esta normalidad aludo a que se hicieran en una iglesia o capilla con altar en serio, imágenes, ornamentos apropiados, etc.; que fuera de puertas abiertas y no sólo para núcleos de iniciados y que, en definitiva, la misa diaria o dominical según el rito tradicional fuera un paso o un momento habitual del domingo sin ese sabor – dulce cuando se es joven, amargo cuando se es más viejo – de lo prohibido o de lo secreto.

Esta situación posibilitó un segundo aspecto positivo y es la continuidad de la traditio del rito. Más allá de que se conservaran todos, o casi, los manuales con las rúbricas que explican el modo concreto en el cual se celebran las ceremonias cuyas palabras están en los misales o rituales, lo cierto es que el modo de que el sacerdote tiene de aprender a celebrar los ritos litúrgicos es, fundamentalmente, copiando lo que hace otro sacerdote a quien ve hacerlo durante años. Es significativo el éxito que tuvo, por ejemplo, el DVD en el que se explicaba y se mostraba cómo celebrar la misa. Un librito no habría despertado ese interés ni habría sido tan útil. La transmisión del rito es oral y visual, no intelectual. La reforma de Pablo VI cortó en seco esa entrega o traditio de una generación a otra de los modos de celebrar los misterios cristianos.

La FSSPX la mantuvo. No habría sido fácil para los sacerdotes que, luego del Motu Proprio del Santo Padre quisieron comenzar a la celebrar la liturgia según el modo extraordinario, hacerlo sin que algún grupo más o menos numeroso hubiese conservado los modos concretos de celebración que van desde los movimientos y circulaciones en el presbiterio hasta la posición de las manos y de los ojos. Y en la liturgia, estos no son detalles menores.

En tercer lugar, la Fraternidad fue un factor aglutinante de buena gente y, como tal, comunidad de supervivencia. En los ´70 y en los ´80 arreciaban los ataques de todas partes y de todo tipo: Pablo VI y el Magno con sus deletéreas teologías, el marxismo craso en los gobiernos y las acciones armadas del ERP y Montoneros, o el marxismo light pero más peligroso de Gramsci, el optimismo infundado por un mundo nuevo y mejor que necesariamente exigía acabar con lo viejo, y tantos otros ataques más. No era fácil sobrevivir en esa tempestad. De hecho, no fueron muchos los que lo lograron (¿Un diez por ciento quizás?) La cuestión era agarrarse con los suyos a una tabla de salvación, fuera grande o pequeñas, estuviera sucia o limpia, tuviera clavos o astillas sueltas. Unos pocos, muy poquitos, son capaces de mantenerse a flote solos. La mayoría necesitamos comunidad para hacerlo. La FSSPX fue una de esas comunidades. Y no es el caso que se diga que estaban suspendidos a divinis o excomulgados. No había que mirar mucho el estado de la tabla; había que manotear algo y salvarse. Muchos amigos se salvaron de ese modo.

Seguramente se podrían agregar muchos elementos más. Creo que los mencionadas son los más importantes. Ustedes, amigos, podrán aportar, como es habitual, otros en sus comentarios.

20 comentarios:

Natalio Ruiz dijo...

Estimado Wanderer:

Muy de acuerdo en los puntos que señala y en la visión "positiva" de la Fraternidad en estos tiempos (en especial en lo referido a la "naturalidad" en la celebración del rito que desgraciadamente falta en varios de los nuevos celebrantes motupropistas).

A las que ud. menciona yo agregaría la lucha "institucional" contra el sedevacantismo en sus filas. Estos tiempos de reconciliación están poniendo "blanco sobre negro" a los que quedaban infiltrados.

Respetos.

Natalio

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

con todos los "debes" del caso, que quienes no pertenecemos a la Fraternidad sería de mal gusto señalar aquí, el gran activo en el balance de Lefebvre y de los lefes fue advertir algo que recién ahora Benedicto ha logrado instalar:

ES LA LITURGIA, ESTUPIDO

Anónimo dijo...

¿y la libertad religiosa?
¿y el ecumenismo?
¿y todas las distorsiones que campean hoy en la Iglesia por la tergiversación de ambos postulados del CVII?
No se si se trata solo de liturgia...
Kunta Kinte

Anónimo dijo...

Es la FE CATOLICA, Hereje modernista!

Chavez Frias

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

kk, yo pensaba lo mismo. Que los desarreglos liturgicos eran efecto y no causa de las desviaciones doctrinales.
Como si los puntuales desarrollos anómalos del Concilio se hubieran podido establecer y consolidar con una liturgia sana y ortodoxa. Como si las declaraciones del Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, negando que Cristo sea una suerte de "scapegoat" o sacrificio por nuestros pecados, no fuera una inequívoca conclusion de índole litúrgica. Como si lo de Lugo no tuviera en última y en primera instancia, una causa litúrgica.
Sin ir más lejos, creo que esa era la posicion neoconservadora juanpablista: un buen Catecismo, moral firme y la liturgia se arreglará, o no, porque tampoco pasa nada.
Aquí radica la especificidad de la resistencia de Monseñor Lefebvre.
Y tuvo razón.

Sin alusiones personales,

ES LA LITURGIA ESTUPIDO

Pablo dijo...

Sólo puedo decir que rezo por una pronta solución al problema del status canónico de la Fraternidad. Una vez que la cuestión legal esté en orden, las posibilidades de hacer el bien en la Iglesia se multiplicarían.

Los temas doctrinales demandarán, me parece, más tiempo.

Cordiales saludos.

Ludovico ben Cidehamete dijo...

Bien dicho. Ludovico ancien.

Anónimo dijo...

Alguna sugerencia sobre comunidades ó "grupos de buena gente" Wanderer? Este tipo de tablas suelen tener casi todas algún peligro implícito que las hace poco deseables.

Por ejemplo, ¿Cómo discernir cuándo se está ante un Padre Lefebrista y cuando se está ante un gerardeslauriesista? Hay muchos grises difíciles entre "la gente buena", y peligros casi análogos a los del progresismo.

Además de la cuestión elemental de BUENAS COSTUMBRES, que suelen desvirtuarse cuando el grupo reducido y sectario, mezcla a la que solo le falta una psicóloga inescrupulosa... y tenemos a Waco made in argentina!

Con este panorama, lo mejor del tradicionalismo y del catolicismo argentino terminó en el Opus Dei ó el San Pablo. Y ahora son enemigos del Motu Proprio, porque tantos años de movimientismo los hace temer un renacimiento de la vida diocesana.

En sintesis, necesitamos pensar en el sucesor del Card. Bergoglio, que tendrá por delante la dificil tarea de poner en orden la tropa. Porque este triste personaje, solo le preocupa su mísero m2 de poder e influencia. Ni siquiera es enemigo profundo, solamente un pobre tipo.

Atanasio Baranoff

Anónimo dijo...

Por momentos "veo" lo que quiere decir, Ludovicus, pero de ratos se me escurre entre los dedos... será porque quizás haya un tipo de hombre católico que quiere con toda su inteligencia y voluntad mantenerse fiel a la doctrina de la Iglesia pero es impermeable de algún modo a la liturgia.
De esos que adhieren a una sana liturgia, pero a la vez la "sufren", en tanto les implica un esfuerzo descomunal seguirla (entiéndase, no es la crítica progre a la misa tradicional, sino que me estoy refiriendo a la liturgia en general.). En fin, de esos que van a comulgar apretando los dientes, "como quién toma una aspirina", al decir de Castellani.
De esos que "ven", hacen de tripas corazon y "creen", pero son unos perfectos inútiles a la hora de rendir culto. Y sin embargo lo rinden y saben apreciar, por ejemplo, las diferencias entre una misa verdadera y un zafarrancho.
A esos es a quiénes les gustaría más que el Papa hiciera definiciones doctrinales claras y precisas, amonestando y corrigiendo casi obsesivamente a toda la caterva de pastores protestantes que lo rodean.
Eso sí que daría sus frutos, y si el resultado es un gran desbande de la manada, pues puede ser que la cosecha, aun a pesar de la drástica reducción en volúmen, sea de las siegas más excelentes que haya tenido el Sembrador.
No habría lugar para las ambigüedades si se pusiera el acento en la corrección doctrinal.
En cambio, restaurando la buena liturgia como una opción más entre tantas otras, la gran mayoría continuará con sus ritos cuasi masónicos y su desviación de la Verdad, consiguiéndose únicamente que se haya hecho un lugar más en un rinconcito para quiénes pretenden mantener la Verdad revelada por Cristo, tal como fuera conservada por la Iglesia en toda su historia.
Ergo, sigo sin estar seguro de que sea "solo" la Liturgia.
Pero también puedo ser un estúpido, y un ignorante. No lo descarto.
KK

Anónimo dijo...

Creo que a Uds que se llenan la boca hablando de quien es mejor cristiano y esta o aquella liturgia les vendría bien unos días con el padre Pepe en la villa para ver como puede uno estar más cerca de Dios sin tanto prolegómeno.

saludos.
Un Feligrés errante

Anónimo dijo...

Wanderer, el mismo tema se ha tratado en el blog: http://embajadorenelinfierno.blogspot.com/
Allí citan esta entrada suya.
Un saludo.

Pablo dijo...

Estimado K:

Podría contarle muchas anécdotas sobe el efecto espiritual que produce la Forma Extraordinaria en mí, que tengo 36 años y, gracias a Dios, he podido participar de distintos ritos católicos en los que primaba la sacralidad, la reverencia y el decoro. Pero lo que más me sorprende es lo que ha causado en jóvenes de veintitantos años, de reciente conversión, que casi lo único que conocen es la liturgia “minimalista” y “grasa” que habitualmente nos toca padecer. Gracia sobre gracia…

No se trata de ser experto en Liturgia. Se trata de captar –con la gracia de Dios, que hay que pedir siempre- la profunda relación entre la lex orandi, la lex credendi y la lex vivendi. No hay en este mundo Misterio más tremendo y fascinante que la renovación del Sacrificio de la Cruz en la Santa Misa. Pero la Liturgia tiene un lenguaje simbólico, que necesita de nuestra parte, además de la ayuda de la gracia, un esfuerzo por adquirir cierta cultura bíblica y litúrgica que nos faciliten el acceso a su lenguaje simbólico. Porque vivimos en una cultura técnica de analfabetismo simbólico.

Devolver a la Divina Liturgia su pureza es una decisión pastoral del Santo Padre que –pienso yo- redundará en copiosas gracias para todos. Es necesaria la gracia para extirpar las herejías de la Iglesia si se quiere la salvación de los herejes.

Yo comparto con Ud. la preocupación, y el dolor, por la lenidad con que se aplican las sanciones canónicas a los heterodoxos. Pero recuerde que la salvación de las almas –por la gracia- es la suprema ley de la Iglesia.

Voy a contarle algo que a mí me sirvió: leer sobre Liturgia, comenzando por obras sencillas. Para mí fue iluminador un librito del P. Iraburu, que está en Internet, y se titula “Sacralidad y secularización”. Creo que con el aporte de los participantes del blog podríamos ir enumerando obras clásicas, de complejidad creciente, que a todos nos han ayudado. Otra cosa que sirve mucho es hacer oración con los textos de la Misa; incorporarlos paulatinamente a nuestra vida interior, asociarlos a nuestras intenciones personales.

Cordiales saludos.

Antonio dijo...

Y ahora, una nueva Cruzada...
http://la-buhardilla-de-jeronimo.blogspot.com/2009/04/carta-de-monsenor-bernard-fellay.html

Anónimo dijo...

Se agradece comentario, positivo o negativo, del librito "La preparación para la celebración de la Santa Misa" de Guardini. Lo sacó San Pablo hace poco, y está a precio accesible.

Y una pregunta para hipotetizar y de paso ayudar al balance: ¿Podría haber hecho la Fraternidad lo que hizo SIN las Consagraciones Episcopales? (pero sin las ilícitas. porque podrían haber sido lícitas... hipotetizando)

Martin de Mendoza

Anónimo dijo...

Feligrés Errante:
¿Al Padre Pepe Di Paola lo amenzaron por predicar a Cristo?
Si, ya sé, usted me dirá que defender a los chicos del flagelo del paco y enfrentar a los narcos es un acto de caridad y valentía cristiana...Pero no me imagino un martir en ese sentido.
La droga ya ha sido legalizada en los hechos, al igual que el aborto.
He visto pocas reacciones del primate sobre este tema.
Vivir en la villa no es sinónimo de santidad, ni tampoco lo es vivir en el convento.
¿Qué acepción tiene para usted la palabra "prolegómeno"?
Javier del Río

Lope de Aguirre dijo...

Les gusta o no les guste es un acto de caridad y valentia el luchar contra el paco.Cuantos de estos pseudoteologos que escriben y opinan en Wanderer predican a Cristo?Bla,bla, bla.Tanto palabrerio no puede ser de Dios.
Maese Wanderer creo que este es el gran logro de tu pagina y por eso te voy a seguir leyendo.Pergrinando esta posmodernidad de merde segu{is desenmascarando soplones del innombrable disfrazados de Aquinates.

Anónimo dijo...

Javier del río, ¿qué hubiera pasado por su cabeza si el P. José María lo hubieran amenazado por predicar a Cristo...?
"Vayamos nosotros también a morir"

Anónimo dijo...

Se agradece el comentario, Pablo.
KK

Anónimo dijo...

Es muy poco razonable tratar de curitas a quienes desde "hace décadas" celebran la Santa Misa en livings, garajes, campos, etc.

Anónimo dijo...

Y más importante que la liturgia, es que en cada prédica, fuera buena, mediocre o incluso mala, los curas de la fraternidad nunca se saltaron la fe católica ni perdieron el norte de lo que significa la religión, hoy transformada en excusa para discursillos baratos sobre el amor, la igualdad, la tolerancia, diversidad y toda la monserga imbécil y aburrida del mundo en que vivimos.