domingo, 14 de marzo de 2010

Se ruega difundir, y que los clérigos obedezcan


El Vaticano recomendó que las homilías duren no más de ocho minutos

18:14|Lo propuso el arzobispo Nikola Eterovic, que está a cargo del Sínodo de Obispos de la Santa Sede. Según afirma, ese tiempo es el ideal para no aburrir y mantener la atención de los fieles.

Misas más cortas, rápidas, "atractivas". Sermones de no más de ocho minutos de duración, para no aburrir a los fieles. Eso es lo que recomendó hoy el Vaticano, a través de una de sus autoridades, a los curas católicos de todo el mundo.

La propuesta corre por cuenta del arzobispo Nikola Eterovic, secretario general del Sínodo de Obispos de la Santa Sede. Según expresa en su libro "La palabra de Dios", las homilías tienen que ser "breves", de no más de ocho minutos, para ser útiles a la gente con problemas para mantener la atención y para que puedan mantener la concentración en los que están escuchando.

Entre los consejos, figura "preparar mejor el contenido" de las predicaciones, y hablarle a los fieles usando un borrador como guía y no un guión, ya que este último promueve un menor contacto visual con la gente. También estar informado de los temas de actualidad e incluirlos en las misas.

"No pocos sacerdotes o diáconos tienen dificultad al preparar sus propias homilías o a hablar en público", reconoció Eterovic, al señalar que en París (Francia), desde 2007, hay cursos para clérigos sobre cómo mejorar sus sermones. "Para ser actual, el predicador debería tener en una mano la Biblia y en la otra el periódico", expresó.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

no, querido!

por un lado, no nos atañe obedecer al etéreo y modernoso Eterovic;

y por mejor ladera: no nos conviene a los clérigos seguir los consejos del minimalismo que nos tiene catapultados;

y menos aún, apantallarle el fuego a los obsesionados por que la Liturgia no aburra y sea "útil" (¿dijo útil? Sí: útil dijo el púrpura y útil repite el castaño oscuro).

Aquello tan setentista de tener un oido en el Pueblo y otro en la Biblia, llega ahora a la boca: hablar del diario y del evangelio. Fah!!!

El mundo es redondo.
La Iglesia también: has llegado, Wanderer, al ambón de Eduardo de la Serna, sin casi darte cuenta... bah, sin el casi.

Soy el Padre Benvenutto,
que predica 17 minuto,
Canon Romano,
e 12 minuto má de actione de gracia:
y aclara a la feligetsía:
al que le gusta bien,
y al que no: también!
(o al que no: que se vaya al éter!)

Wanderer dijo...

Padre Benvenuto: La homilía, o sermón, que yo sepa, no es parte de la liturgia.
La liturgia no aburre; los sermones tampoco. Últimamente, exasperan, y termina uno pecando y con ganas de cantarle cuatro frescas al cura, la primera de todas es que la corte de una buena vez.
Parece que los curas quieren tener el protagonismo de la liturgia, o bien, piensan que hablando van a convertir a la gente.
El protagonista es Cristo, y el que convierte a la gente también.

Maricruz dijo...

Qué dificultad en esto, eh?

Escucharía a más de un sacerdote hasta media hora, pero a algunos de los que no quiero ni acordarme, les eximiría de dar la homilía.

De los primeros es mi experiencia, se preparan con cuidado; de los segundos, ni eso, y además nos cansan con una prédica que no tiene ni pies ni cabeza y que por lo general de lo que menos tiene es de reflexión de la Palabra de Dios que debería servirnos para iluminar la vida.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

hay que prohibir las homilías, sobre todo en época de insurrección cívica. Hoy, en misa, el cura, procurando lograr la "captatio benevolentiae" de su auditoria de feligreses de la Recoleta, comenzó a elogiar extensamente a Michelle Bachelet en contraposición implícita con Kristi. Fue obsequiado con un cerrado aplauso de la concurrencia. No la vi a Lilita, aunque suele concurrir.

Anónimo dijo...

Todo depende de qué clérigo predique. Para algunos especialmente dotados, sólo 8 minutos es una miseria. Para la mayoría, es un tiempo excesivamente largo.

Ramón dijo...

8 minutos no es poco para nadie, si leemos la parábola del hijo pródigo es una prédica de menos de 8 minutos.

De todos modos pone el énfasis en preparar la prédica y saber sintetizarla. Si alguien tiene algo más largo preparado, debería saber sintetizarlo. No hace falta comenzar con beresit y terminar con maranatha.

Un oído al pueblo y otro al Evangelio dicen que era la consigna del Pelado Angellelli. En él eso era signo de la teología de la liberación. Pero algo de razón tiene, como va alguien a predicar si no sabe a quién le predica. Debe preparar ejemplos que sean adecuados para quien escuchará la prédica. Para ello será imprescindible tener un oído en el pueblo.

Hay que tener en cuenta que no todos son aWagner y pueden hacer un Parsifal. Además no siempre DEBE hacerse un Parsifal, a veces es bueno un I Pagliacci de Leoncavallo o l'Inno a Roma de Puccini.

Apreciemos que Eterovic se puso del lado de los fieles (un oído al pueblo?) y vio el sacrificio que puede resultar el asistir al Santo Sacrificio.

Anónimo dijo...

Como escuché una vez:

los cinco primeros minutos del sermón son de Dios, los cinco siguientes del sacerdote, y a partir de los diez, del diablo.

Pablo dijo...

Lo de los ocho minutos viene bien como consejo para evitar desbordes o hipertrofias en las dos formas del rito Romano. En el Novus Ordo (realmente existente) la homilía fomenta la hipertrofia de la liturgia de la palabra y empobrece la liturgia eucarística (uso del canon II, legión de ministros/as de la comunión, supresión de la acción de gracias posterior a la comunión, etc.). En el Usus Antiquor, la homilía larga puede combinarse con una la acelerada recitación del ordinario: IudicameDeusetdiscernecausammeamde gentenonsanctaabhomineiniquoetdolosoerueme, dice el cura sin pausa, conteniendo la respiración...

Cordiales saludos.

Bernardo Espinosa dijo...

Estimado Wanderer: No creo que el problema sea cuánto se predica, sino qué se predica. La ausencia de contemplación hace que los predicadores no puedan cumplir con la máxima "trasmite lo que has contemplado", y entonces se escuchan infinitas estupideces y frases sin sentido (sin importar la formación y el origen de los predicadores...). Si los príncipes de la Iglesia ponen coto al tiempo de la predicación, es simplemente porque tampoco han entendido la necesidad de pasar mas tiempo en silencio junto al Maestro... Deberían 1ro poner coto en la selección de los candidatos, y pos en retirar el permiso a predicar a aquellos que son inhábiles para lo mismo.
Por fin, el Padre Benvenutto es igual que al Cardenal, tiene cronometrado sus tiempos con Dios y sus fieles; la señora que limpia en casa también, me cobra por hora.

Juancho dijo...

Yo propongo eliminar las intervenciones del guía de Misa, que distraen a la gente de lo único importante que son las oraciones del Misal.