jueves, 15 de julio de 2010

Reporte de un martes 13, por Lupus


Volvió Lupus. Que no se vaya!

Antes de que den las... soné, son las 23:40, ya es miércoles 14 y en pocas horas se trata la ley. Apurémonos, a ver si emboco una profecía posta. Me asesoré como corresponde: la unión civil voló... por un rato. Sólo queda pitufimonio y primera partusa KK del año. ¿Arrasa en senadores? ¿Cagazo político-divino de algunos y vuelta a diputados? ¿Últimos 5 metros palo y palo? ¿Cuarto intermedio polar para unas buenas charletas en El Calafate?... El tiempo vuela y no definí mi lamentación. Veamos los apuntes.

Plaza del Congreso, 19 horas. Ya estoy acá, con parte de mi familia. Con varios amigos y parte de sus familias. "¡Nada de colores protestantes!", le digo a mi mujer, y me sopla una vuvuzela naranjeta en el tímpano. Pero me entiende, acompaña mi desasosiego. Yo, su fervor. De entrada me definí algo: esta batalla es primero para ellas. Matrimonio, niños, sexos... O las mujeres se calzan las botas o estamos sonados. Eso me dije.

Naranja color de... ¿por qué no el azul de la fidelidad, por ejemplo?... "Mamá y Papá": mi amor, ¿no te suena un poco boludo?... ¿Y los evangelistas que tienen que ver acá, si ellos ya hicieron la suya?... Ya está todo jugado: organizadores, estrategias, planes. Y cada vez me gusta menos. "Dejate de rezongar –me dijo–, si es para joder, quedate en casa leyendo". Ma sí... ¿qué hay que hacer?, le pregunté con docilidad.

Me encontré de todo. En realidad, se lo encontró ella. Yo no hice un pomo. Los párrocos, un par de sorpresas de lujo; el grueso, una vuelta gratis en el tren fantasma. Los directivos de colegios, idem, más algunos decididamente enemigos. Los padres de familia, varios se despertaron como fieras, miralos vos; otros dudaron, otros desaparecieron, otros en babia con el mundial. Muy desparejo. Un grupo de mujeres, de aquí y de allá, se juntaron en casa; no conocía a ninguna. Decían bien, decían fuerte. Empezaron a darle al teléfono, a caminar, a convencer, a arrastrar. Los jóvenes a la carga, como corresponde: a esa edad tenés fibra, buscás rosca. Pero hay que saber adónde ir. Lo sabían. Esto no va tan mal, reconocí (calladamente).

Se largaron a los foros, al facebook: discutieron, pensaron, aprendieron. Por cada cinco de los nuestros había veinte de los de ellos, las 24 horas. La táctica, obvia: tipear tipear tipear, hacer que te vayas para abajo, sacarte de la pantalla. Bien, que se curtan; de este lado no pagamos para tipear tipear tipear. Lo hicieron en horas libres, entre exámenes, y después a la calle, a pegar afiches, a repartir folletos, a juntar firmas, a responder preguntas, a aguantar puteadas. De parte de mujeres, sobre todo de viejas. Los bravucones pro-homo no aparecían por ningún lado. Mala suerte, no hubo piñas.

Después la organización se fue enrareciendo: los mejores buscaron el claro para respirar; los torpes se revolvieron en los comités; los malos empezaron a desbordar de arriba abajo. El objetivo está firme, la fecha también, y el color, los panfletos, las consignas, las instrucciones. ¿Quién mandaba? En algún momento la batuta la agarró el Replay (¿así se dice?). Claro, siempre hay unos que tienen el sello y otros que esperan la ascensión del obispo. Digo, la asunción. Se quedaron mirando para arriba. ¿A quién buscan? Éste que parece que subió, bajó. Hubo Corpus, hubo Tedeum, hubo Proprio, y antes de eso tantas cosas, tantas veces...¿El diablo, ahora?

Pero yo estoy aquí. No de naranja, de negro. ¿Dije que me molestan los amontonamientos? Clásico: un padre con el hijo a cococho, y otro, y otro más. Por ahí pasa el enano de CQC, cara de guachín, micrófono en mano, el de la cámara apuntándole al tujes; va agachado, para agarrar a alguien de sorpresa. Qué pillo el enano, pero no sé para qué se agacha. Le pierdo el rastro. Más jodido es el micrófono del escenario. Y lo usan, vaya si no. Pedazo de hijos de Júpiter. ¿Podemos ser tan...? Podemos, me susurra Lampone. Escuchamos juntos: yo estaba preparado, mi mujer masomeno. Hacete hombre, le digo... Traspié; me zampa la vuvuzela.

"¡Ciento cinc... noo, doscientos mil!", dice el locu-laico, romano o de orange, no sé. Un amigo me dice: "cuatro por metro cuadrado". Lo miro, me mira. Sacate la cuenta, pienso. Lo hace: "15 mil, poco más". Suena sabio. Me hago el macho, arriesgo 20 mil... ya que estamos. TN dice que sí: 200 mil. Clarín: masivo. La Nación: multitudinario. Zambomba. Del lado de Yrigoyen las cuentas de mi amigo cierran bien. Del lado de Rivadavia no. Me paro en la esquina de El Molino y empiezo a contar; en el puesto de choripán pierdo la cuenta... Los del micrófono siguen hablando, uno tras otro. Ojalá tenga razón mi amigo y los asistentes sean pocos, me ilusiono. Y sordos.

Uno de la murga del Centro Evangelístico [sic] Dios es Amor casi me arranca la oreja con un paragüas azul y amarillo; pienso que es uno de la Doce y me la banco. ¿No era todo de naranja? Un muchacho amigo me cuenta del quilombete en el escenario: quién sube, cuánto tiempo lo dejan quedarse, cómo lo bajan. Sabido. El pibe se rompió el lomo laburando y me da pena. Y orgullo. Ya lo dije: a los 20 y pico no estás para lustrar el Migne. Lo veo pasar a mi hijo, caminando rabioso: casi se agarra con un policía que lo quiso bajar de la reja del congreso... "¿A qué viniste acá, a agarrarte a piñas?", lo reprendo. "No, para eso me voy a al obelisco", me responde el maleducado. Pibe pernicioso.

En 5 metros me encajan 5 volantes, uno por metro: ¿merece moraleja matemática? Uno del Display (¿era así?) se pone a leer algo: "¡Argentinos y argentinas...!". Recórcholis. Se lo ve muy tenso, la voz chillona, pollo en la garganta. Sigue con: "las uniones homosexuales no son iguales a...". ¿Las “uniones” homosexuales? ¿Cuac? Ah, ya sé... la carta bajo la manga, unión civil e impedimentos dirimentes. Igual ya no sirve, ¿o sí?... Sigue gimiendo, se le llena la garganta. Ya no escucho, miro las caras. Muchos amigos, muchos conocidos. ¿Que es eso que leen ahora sobre la ternura y la diversidad, de quién es? ¿Del card...? Éstos ya negociaron todo, pienso embroncado. Otra vez. ¿De qué me sorprendo? No maduro más. Si entra el trolimonio, vamos derecho al aborto en horas... ¿En el horno decís?... ¡Hace rato que estamos en el horno! Desde Menem, desde el divorcio, desde Alfonsín, desde la gloria de la mujer y el voto, desde Sarmiento, desde Caseros, desde Cabeza de Tigre... ¡Pará un cacho, que esto es un problema religioso! Sí, claro. Mi mujer se acerca muerta de risa: se encontró con la reportera estrella, la que se dedica a informarnos sobre estas cosas desde hace años; más valiente, más jodida y más gruñona que yo, pero con bufanda anaranjada.

De repente folklore. No me gusta lo qué, pero acá me suena bien. Igual no sé si da: esto es rock & pop oikomene... Suena una zamba, parece que los guitarristas entran en calor. De repente los bajan: tenía razón el joven amigo. Qué zamba ni ocho cuartos: chévere. ¡Argentina, canta y sacúdete! ¿Problema religioso? Uf, sí, todo es problema religioso. Pero ¿esto?... Esta cosa es distinta, muy nuestra, muy autóctona. Es lo que hay. Falta consistencia, falta gravedad, falta seriedad. ¿Todo listo y a punto para las llamas? Mirá, esa carta jugátela vos. Yo de a ratos miro con los ojos de los demás.

Todos los cuerpos apuntan al imán del escenario, aplauden, pero me da que no escuchan: se miran entre sí, hablan entre ellos. Nos hacen mirar hacia el congreso para decirles no sé qué a los excelentísimos. Uno larga una oración tremolante y obtiene la aclamación final. Listo, pasaron poco menos de tres horas, terminada la march. La encuentro a mi mujer: salta y grita no sé qué con una amiga (sí que sé... si serán bestias). La miro: "¿Ya está?"... Lo pienso, no se lo digo. Buscamos a los chicos y nos vamos caminando hasta la parada. La batucada evangelística levanta el volumen sobre la placita. En el camino charlamos con un boga, un recolector, una barra de pibes. Miro, escucho. Noto algo como alegría, pecho inflado. Antes de subir al bondi terminé el resumen. En silencio.

Cafecito en casa, charla descansada. Trabajo un rato en este reporte. Por la mañana me levanto a rezongar. La costumbre. Mi mujer de acuerdo en todo. Es decir, en nada. Está todo jugado, lo sabemos, por varias generaciones, o por siempre... Pero, pero... Tiene razón y se lo digo: no está mal pelear así, con lo que se tiene. Aprenderemos de los errores, tal vez. Los que no se debiliten, los que no se tuerzan, se harán más fuertes, tal vez. Poco a poco, gastando energía en las acciones nobles que se presenten (que no son pocas). Estudiando, sí; rezando, sí. Se van a ir dando cuenta, van a aprender. Que cada vez importan menos los planes y las asambleas. Que se trata de resistir. Que hay que tener huevos para equivocarse. "Perdón –me corrijo rapidito–, eso lo dije por mí, que no hice un pomo... bajá la vuvuzela".

Ahora vamos a ver trolos y alessios por todos lados. ¿Que ya los veíamos? Náaa... ¿¡Cuántos fuimos!? ¿¡Veinte mil!? ¡¡Noo, argentinos y argentinas, fuimos...!! Otra que doscientos mil vas a ver ahora... ¿Que no puede empeorar decís? Prendé la radio, leé el diario. Grande, la foto de Messi: “Por mí, que siga Diego”. ¿Querés que te diga lo que le importa a la mayoría de los argentinos? Me acuerdo lo que me dijo otro amigo: "Si se hacía el plebiscito perdíamos, ¿no?". Si tenés ganas, lector, respondele vos.

Ahí había gente sencilla, con una pretensión pequeña, sólida. Lo dice muy bien el Normando. Como el cartonero Ferreyra, La Nación del domingo, página 20 abajo: "Para algo Dios creó al hombre y a la mujer y el matrimonio. ¿Qué va a pasar con esos chiquitos si los adoptan padres gay?"... Te lo voy a poner de este modo: por Ferreyra me pinto de naranja y me pongo a inflar globos, rezongando y carajeando. Y sí, me importa el número de los que estuvimos ahí, y en el Chaco, y en Tucumán, y en San Juan, y en Mendoza, y en Rosario, y en Córdoba, y en Mar del Plata, y en Bariloche, y en... Hubo que empujar, hubo que convencer, hubo que trabajar. Importa el número de los que quieren conservar los sentidos, entre ellos el común, como Ferreyra el cartonero.¿Quién me cuenta a los sencillos? En muchas casas argentinas el tema continúa, a la par del increíblemente estúpido debate de los senadores. Lo siguen las esposas, lo siguen los hijos, todos los que estuvieron en cada una de estas revolutas de bronca y hastío.

¿Macanas? Bastantes. Pero mucho laburo bueno también. Algunos en la mesa de ahí arriba, haciendo lo que podían en ese entorno episcopalista del Fairplay (¿lo dije bien?); muchos adolescentes y jóvenes, con la seguridad innata de la buena crianza o el ímpetu de la formación recibida; muchas mujeres bravas, bien plantadas; bastantes sacerdotes del llano que, según temperamento, decidieron empujar o se limitaron a aconsejar. Muchas señoras grandes, no del rubro viejas: del tipo señoras. Y unos cuantos que se vinieron desde el interior. Y los que siguieron con la planta firme en sus lugares. No, claro que no fue poco. Poco hubiera sido nadie ayer, o en las otras jornadas. ¿Saben qué? Fue bastante. Por cómo está este país, con su política sin clase y su episcopal conferencia, es mucho más de lo que podíamos esperar.

Problemas religiosos serios sólo hay de dos clases: cuando todo es un problema religioso, cuando nada es un problema religioso. La Argentina hace rato entró de lleno en la peor de sus posibilidades. Ni fú ni fá. Esta ley, salga o no salga, sólo en parte tiene que ver con eso.

Escucho fragmentos del debate, buscando ahí o allá alguna zona de la inteligencia que conserve actividad: ¿cómo hacen estos primates alcahuetes para no terminar nunca de debatir, no habiendo empezado nunca a pensar? Pero de verdad que son representantes: si sale lo mejor, ganamos apenas un poco de tiempo.

Siendo las 23:40 hs. doy por terminado este reporte, a veinticuatro horas exactas de haberlo comenzado. Van palo y palo y me juego: se aprueba. Pero lo peor puede ser lo mejor. No es una sola batalla, como corresponde a una verdadera guerra. Ahora que lo recuerdo, ahora que lo relato, me siento un poco más tranquilo, no tengo tantas ganas de rezongar, se me infla el pecho. Hubo algo mejor ahí.

Lupus

Especial para The Wanderer, suplemento Turismo

4 comentarios:

Rublev Mayer dijo...

Hermmosa crónica de lo que se vivió. Yo también fui de negro, aunque me invitaron a enbanderarme de naranja. Caminé con los holandeses desde Córdoba por Callao, entre vuvuzuelas y cantos. Uno de naranja se agarró a las piñas con un transeúnte que le gritó facho. Era un transeunte, no un provocador. Menos mal que aceptó la separación, sino los de naranja y otros lo cagábamos a palos, y lo dejábamos "medio muerto" tirado en Callao y que lo recoja el estado samaritano.
De los discursos, me gustaron más los evangélicos que los católicos, fueron más doctrinarios y principistas, del lado "nuestro" fueron más politiqueros. Canté aplaudí, di el sí desafiante al Congreso, canté el himno con alma y vida, y cuando terminó dije a mis adláteres: "Esto fue una catarsis"y me volví contento por lo vivido, conciente de haber hecho lo que pude. Me alegró no verlo a Bergman, ni a ningún hebreo en el escenario, es más me parece que con la polémica Goldman- Levin, a la comunidad les estalló una bomba. Me hubiera gustado un orador de fuste, que se dijera un viva a la patria e Iglesia católica, que un Obispo hubiera llagado con la Virgen caminando de Luján... es cierto que el diablo fue invocado al final, pero ayudó a ver quiénes le sirven, y les dolió en el alma, y se van a acordar de eso hasta el fin del mundo, y hay que usar esa insólita afirmación cardenalicia para mostrar que vivimos en una satanocracia. Cuántos males traerá ésto... hoy recé para que Dios suscite un .............,por supuesto lo mío es la plegaria,el rito y el acompañamiento.

Rublev Mayer

Ramón dijo...

Aunque a muchos nos duela fue lo que se armó. realmente otra cosa no hubo. Tal vez una acción desesperada.

Entiendo al que fue, porque vio un medio de dar pelea con lo que tenía a mano.

Entiendo al que no fue, porque la pelea estaba perdida desde hace muchísimo antes.

Me cuesta entender al que fue "creyendo" en la democracia, participación, representatividad republicana.

Me cuesta entender al que no fue por fiaca.

Muy buena la crónica

Anónimo dijo...

Detalle pintoresco: los chicos de página 12 toreando y fotografiando a Caponnetto

Anónimo dijo...

Estuve leyendo sus post acerca del putimonio.

Son correctos, entiendo, todos los matices que buenamente se hacen sobre la cosa del 13.

Broncas y anatemas fulminantes de inicio, matices y distinciones al final.

En cualquier caso, salvar el esfuerzo de los que empujaron la cosa ("¿batalla?"...).

Aunque en algunos casos -algunos- creo que les era exigible el esfuerzo de pensar, preguntar y calibrar un poco (desde luego no me refiero a los adolescentes y madres que intervinieron).

El Normando, como parece, dio la nota correcta y caritativa (un tanto huidiza a confrontar...) para poner un poco de orden en todo esto.

Sin embargo, wanderer, no quiero conceder tanto ni al Normando ni acaso a Lupus (aunque ahora no tengo completamente en mente su post).

El punto es que no entiendo bien: Yo fui con mis dos hijos mayores; pero al terminar verdaderamente no estaba "reconfortado", mucho menos "contento" o con el pecho "inflado".

Desde ya: nada de que "algo puede salir de esto"

La gente sencilla claro. La causa concreta, desde luego.

Chesterton y las hojas verdes, vamos hombre

El cartonero Ferreira: seguramente el mas aturdido con todo esto (de seguro el cartonero cree, coo nos informa el diario del domingo, que Dios ha creado al macho y a la hembra. Pero debe saber acaso que el macho, cuando va a una marcha, se toma un Toro con un chori y que en todo caso el congreso es un edificio hecho para ser bajado desde los cimientos).

Yo no me fui contento. Me fui triste.

Con asco por el mal gusto -y hasta sin sentido- de todo ese aquelarre pseudo-televisivo con aire de la "chirusita" de SMD de Castellani.

Y me dije "cagamos". La Argentina ya fue.

Claro, no era necesario esto para concluir como digo...Concedo.

Tal vez haya sido un tema de humor del momento.

Pero, no quiero conceder tanto tanto a las buenas intenciones de Lupus y Normando, por bien que piensen, escriban y quieran salvar los esfuerzos.

Esa marcha fue todo lo que pudo dar una Argentina sumergida en las miasmas del liberalismo desde hace 150 o 200 años.

Una reverenda cagada.

¿Era este el camino para dar la batalla?

Sigo sin respuesta.

Y que Dios nos ampare

Laureano M.