lunes, 16 de agosto de 2010

Cartas avunculares de dos diablos


Lupus me envío este intercambio de correspondencia: un diablo tío le escribe a su sobrino, y el diablillo sobrino le responde a su tío diablo.
Aquí van las dos:

Querido Orugario:

Tus noticias desde la Argentina no pueden ser más desalentadoras. Dirás que nuestro Padre tiene que estar contento porque allí los homosexuales consiguieron su ley y ahora pueden casarse.

Es cierto, la noticia debería haber producido alegría. ¡Pero no lo ha hecho! Ocurre que tu habitual apresuramiento provocó lo que nadie aquí quería que ocurriese: los seguidores del Innombrable, a quienes teníamos hace años anestesiados en sus casas, sólo cuidando a sus mugrientas crías y yendo los domingos a sus cada vez más despoblados templos, han reaccionado. ¡Y todo por tu estupidez! ¿Acaso era tan difícil seguir las instrucciones del Manual de Iniciación Diabólica? Cualquier aprendiz se hubiera dado cuenta que, llevando las cosas un poco más despacio, ninguno de estos aburguesados católicos habría levantado jamás la voz públicamente. ¡Te felicito, querido sobrino! La tenías fácil en un país insignificante, y lograste lo que ninguno de los sucesores de los sucios pescadores consiguió jamás en la Argentina: unir a los que ellos llaman “sus ovejas”. ¿No advertiste que, aparte de que habíamos conseguido que fueran cada vez menos, los teníamos divididos en infinitas cofradías, fundaciones, ONGs y partidos?

Tendrías que haber visto la cara de nuestro Padre cuando observaba lo que estaba pasando en Argentina. Tú sabes lo que le molesta que los pestilentes humanos se unan, y más aún cuando dicen que lo hacen por amor al Innombrable. ¿No recuerdas que en su paso por ese maldito planeta, cuando concretó la descabellada idea –que tanto irritó a nuestro Padre- de convertirse en uno de esos despreciables seres, con cuerpo y todo, Ese decía que si dos o más se juntaban en su nombre, él estaría allí? ¡Ya sé que es otra de sus mentiras! Pero no te imaginas lo que significa ver desde aquí a todos esos católicos juntos. Miles en cada ciudad, por el país entero, hablándole todo el tiempo al Innombrable y a su Madre. Hubo aquí escenas de pánico, muchos desmayos y diablos vomitando detrás de las columnas de fuego. No sé cómo te salvarás del merecido castigo cuando vuelvas.

Lo importante ahora es ver el modo de revertir la situación. Te repito que todo esto empañó hasta el mismo triunfo del 15 de julio. Y ¡por favor!, ni se te ocurra sugerir otra vez aquella estupidez de apurar otras leyes para contentar a nuestro Padre ¿No ves acaso que están organizándose? Pueden ser zonzos, pero no tanto como para no darse cuenta que si están unidos van a ser más fuertes.

Tienes suerte de que yo sea tu tío. Si sigues mis consejos, quizás puedas atemperar un poco la ira del Benigno. Manos a la obra, no hay tiempo que perder. Supongo que podrás comprender bien las siguientes consignas, sólo porque son muy sencillas.

Entre estos católicos debe haber algunos que hace tiempo vienen ocupándose de estos asuntos que apestan, y que ellos llaman “vida” y “familia” (algunos tienen una perseverancia increíble para ser criaturas de carne y hueso). Seguramente haya otros que recién ahora han despertado (la tibieza es una de las características salientes de estos engendros de materia y espíritu) y se sienten valientes cruzados por haber emprendido esto que ellos llaman “una batalla”. Habrá, también, algunos más efervescentes y otros más sosegados. Unos, finalmente, propondrán cierto plan de acción, que no será enteramente del agrado de otros, por más que todo confluya a lo mismo. Debes explotar al máximo las diferencias, y convertirlas en cuestiones de vida o muerte. No sabes qué ciegos se ponen cuando, como en este caso, creen estar actuando para lo que ellos llaman “el bien”.

Como recién están conociéndose, todo será suspicacia. Cualquier palabra podrá ser interpretada –si te esfuerzas un poco y tienes habilidad- en el peor de los sentidos posibles. Te sugiero que fomentes entre ellos la utilización del correo electrónico. ¡Qué gran invento de nuestro Padre! Allí los humanos se sienten impunes e inexpugnables. Desde allí pueden decir cosas que jamás dirían en una carta y, mucho menos, por teléfono o en persona. Y tiene la velocidad del rayo. Una verdadera joya de la economía diabólica: toda la furia del Infierno desatada con sólo un click.

Sería magnífico que instalarasentre ellosla idea de que,si no se ponen de acuerdo en todo, no es factibleacción conjunta alguna.Si puedes –aunque no sé si estoy pidiendo mucho para tu probada ineptitud- deberías promover la realización de una reunión general, con la excusa de conocerse y organizar mejor la “resistencia”. Cuando todo esté en marcha, tendrás que hacer surgir el problema de la fecha –siempre hay alguien que no puede concurrir por compromisos anteriores- y sugerir otra fecha alternativa. De allí a la propuesta de dos reuniones distintas hay un paso. La combinación de las dos terapias -recuerda: suspicacia y desinteligencias- es una fórmula infalible. A partir de eso, todo será diversión y ganancia, hasta para un diablo bobo como tú.

Pero no te confíes. Algunas veces existen interferencias entre nosotros y los humanos, y nuestras sugerencias no llegan a destino. Todavía no hemos podido enterarnos de la naturaleza de estas interferencias. Nuestro Padre sospecha de la madre del Innombrable, y no sin motivo. Siempre anda cuidando a esos que denomina con apestosa ternura “sus hijos”, y en cuanto alguno la llama, corre presurosa a auxiliarlos y todo se va al Ángel. Es imprescindible que evites la intervención de esa Señora. Los hombres son muy impresionables y volubles, y carecen de verdadero orgullo. Con cualquier excusa sentimental empiezan a pedir perdón, a ceder en sus vanas exigencias y a arreglar las cosas para mal nuestro.

Salvo esta ayuda –que no es tan infrecuente como desearíamos- debes tener presente que los humanos siempre son lo suficientemente tontos como para caer en nuestras tentaciones, por más que el engaño salte a la vista, y por más que el encargado de tentar sea un diablo torpe, como pasa aquí.

No dejes de mantenerme al tanto de lo que vaya ocurriendo. Nuestro Padre está muy interesado en el tema, y es tu última oportunidad de salvar parte del pellejo.

Tu cariñoso tío.

Escrutopo.


Y EL SOBRINO, QUE DE TONTO NO TIENE UN PELO, LE RESPONDE:

Mi apetecible tío

He recibido tu misiva, mediante la cual pones ante mí, sin ninguna clase de eufemismos, el juicio que te han merecido mis últimas actuaciones en esta esfera. Colijo que aguardas ahora un informe más extenso de mi parte para presentar ante la sede de nuestro Señor. Es lo que haré, y éste es el comienzo del mismo.

Lejos estoy de oponerme a una perspicacia tan antigua como la tuya, pero debo pedirte que en esta ocasión sofrenes tu rabia y prestes la debida atención a mi respuesta, a fin de que a ambos nos sea propicia tu embajada ante la Suma Oscuridad.

Aunque comprendo tu urgencia, debes saber que mi labor en medio de estas asquerosas criaturas ha sido tan, pero tan minuciosa, que sólo a costa de graves daños podrán salir de las emboscadas futuras que les he preparado, si es que salen. Marchas y reuniones, psss... Hemos soportado a sus apóstoles, sus apologistas, sus ermitaños, sus monjes, sus conversos, sus reyes, emperadores, cruzados, artistas, filosófos, poetas, teólogos, sus odiosos mártires y santos, todas esas nefastas sucesiones de hombrecitos y mujerzuelas que sorprendieron nuestro negocio y trataron hasta con la sangre de desbaratarlo. ¿Voy a temblar ahora por unos cuantos miles enarbolando banderines y carpetas?

Con todo respeto, mi delicioso tío, llevas tanto tiempo practicando tu capitanía de balcón que ya no adviertes, al otear las distancias, los millones de matices que puedo manipular cuando estos seres se amontonan nada más que para soltar algunos gritos. Me divierto mucho cuando se exponen a ese amasijo de emociones: es fácil acariciar la epidermis de la turba, explotar sus sensaciones, desplazar y hacer tambalear la base de sus afectos. Luego (tendrías que verlo), en el apuro por recuperar el control, se refugian en los formalismos, fingiendo cordialidad. Cuando menos, es una ocasión apropiada para que empiecen a perder de vista las causas mayores.

Tantos vericuetos, viejos y nuevos, tiene el alma humana... Ignoras el volumen de mi experiencia. Debo confesarte algo: a veces los toco con el único propósito de aprender. ¡Cómo disfruto! No te sorprendas: si bien yo no cambio, la realidad de estas bestias sí, y muy rápidamente. Por eso permanezco cerca y vigilante. Todo lo observo, todo lo aprovecho. Con los Ritos de Consumación nos fue inculcado que muchas veces basta con empujarlos en una determinada dirección, que después ellos siguen solos. ¿Lo has olvidado tú, mi sabrosísimo pariente?... Llevo una inmensidad de días terrestres tentando sus miserables almas, y con tantas argucias como las que observé en estas curiosas entidades, tú y yo deberíamos retirarnos a un aposento íntimo durante un largo ciclo cósmico para que recién empieces a saber de qué te hablo. Has perdido finesse, sutileza. Mi especialidad, en cambio, es sazonar cada bocado.

Atinadamente señalas una cuestión específica pero no alcanzas a ver los frutos de mi labor en ese sentido. Dices que el Innombrable les prometió estar presente cuando se junten en su nombre, y es cierto, eso es lo que creen. ¿Sabes qué hago yo? Dejo que lo nombren. Así de simple es mi renovadora idea, y la estoy llevando adelante con una firmeza de la que tú pareces carecer. Que lo nombren, que se pongan cruces, que bailen y canten, que hagan manifestaciones, lo que quieran. Cuanto más los saco de sus templos y sus inmundas capillas, mejor. Allí no sé qué hacen, mi única información es lo que escucho. Pero acá son ingenuos y vanidosos; rápidamente se ven atraídos por todos los cebos que les pongo. De este lado están satisfechos y aturdidos. Y solos. Mi objetivo se cumple: que pongan adentro lo que obtienen afuera, nunca al revés. Cuando se aplica la misma modalidad en sus roñosas guaridas familiares, el rédito es excelente.

Eso que me cuentas de los peones del ultramundo vomitando por la mención del nazareno y de su madre es un precio que debemos pagar. Yo llevo eones trabajando en este despreciable lugar como para que me afecten las debilidades de tu apoltronada soldadesca. Piénsalo así: ¿qué zona o sector importante del mundo perdió nuestro Reino últimamente como para que nos importunen dos o más reunidos del modo que les aconsejaron? Está a la vista que ellos mismos vaciaron sus signos. Reconozco que algunas criaturitas permanecen atentas a este tipo de cosas, e incluso estoy un poco preocupado por ese horrible viejo de pelo blanco... pone un fuerte empeño en recuperar los significados, ¡a la edad que tiene! Pero ya me estoy ocupando de él, como sabrás. Cumplo con mi responsabilidad. En cambio tú no dejas de mostrarte irritado y obtuso. No estoy seguro de que me entiendas: a mí ni siquiera me disgustan las cruces, hasta tengo algunas decorando las paredes de mi actual mansión. Como objetos, no dejan de inspirarme.

Fíjate en esto, irascible tío: hay quienes lo nombran a Ése para ponderar “males menores” y otros que recomiendan ser más disimulados para no “mancharlo”, o para ser más “vivos” que nosotros y nuestros asociados. ¡Mira tú esa astucia! ¿Supones que yo intervengo allí? Siempre quedan en evidencia las razones ocultas de sus corazones. Ellos creen que todavía pueden entenderse con el mundo. ¿Dime tú cómo harán, si hace rato les quité la posibilidad de gobernarlo? El trabajo que resta ahora no es mucho. Se las apañan, sin ayuda de mi parte, para contradecirse y confrontar por trivialidades, descuidando las cosas importantes. Parece un disparate, pero debes creerme: les interesa ser geniales y que los aplaudan. Les agrada reunirse, hablar y parecer. Son legalistas, aborregados, jactanciosos, “civilizados”. (Eso de la civilización es algo que me dediqué a cultivar: fue de gran utilidad para abolir sus hediondas tradiciones.) Si escucharan un disparo, no quedaría una boca abierta en la cercanía. No es necesario aún, y hago todo lo posible para que no llegue a serlo. No me importa que mueran como ratas –llevo una cuenta precisa de las despedidas que quedan a mi cargo–, pero esa posibilidad la tengo asegurada en manos de una exquisito elenco de mascotas a nuestro servicio, asesinos, traficantes, delincuentes, lujuriosos, drogones, etc. Mientras la servidumbre del Infame siga llamando “combate” al toma y daca mental de corto alcance, no tenemos de qué preocuparnos. Nada de lo que hacen es un obstáculo para que nosotros sigamos adhiriendo gobiernos y perforando a la masa.

Haz bien tus cálculos, tío mío: ¿cuántas hojas quedan cerca del árbol cuando golpea el vendaval? Eso es lo que significan estos entes para mí: hojitas crujientes en manos de los elementos (sobre los cuales, te comento, ejerzo cada vez mayor control). Lo cierto es que el viento de esta época está formado en gran parte por sus propias palabras. Ellos mismos se dispersan, yo soplo muy de vez en cuando. Que hablen, que se exalten, que tengan sus cinco minutos de gloria, que practiquen olas y loas por el testimonio que dieron. ¿A mí qué? Los tengo bajo rienda floja, arrobados por esa melopea. ¿Qué pueden contra mí esos perritos del galileo? ¿En qué dañan mi imperio sobre este zoológico?

Distintas eran, claro, aquellas bestias que se plantaban con los dientes cerrados y no dudaban en poner cuerpo, alma, bienestar, fama, prestigio, cuando Ése los soliviantaba. Nunca entendí cómo lograba esas cosas... Todavía aparecen, aquí y allá, esa clase de insolentes animales religiosos. Es más: no desconozco que cuando se juntan en torno al Inicuo Prosélito, para el fin que sea, están más cerca de aquellos arrebatos antiguos y estúpidos, que habré de aplastar. Pero estoy tranquilo, pues hace mucho que no hacen más que juntarse para contar cuántos son. Les interesa demasiado lo que se diga de ellos y sentirse bien... ¡Son tan presumidos! Con ver sus propios nombres escritos por otros entran en éxtasis. Un par de elogios y ya se consideran “héroes”, “cruzados”. Yo sumo mi aplauso. Descansadamente engroso mi piara día a día.

Tu información es imprecisa: el sector B-1, que los nativos dieron en llamar Argentina, poco trabajo me da. Sigue en manos de una yunta verdaderamente endiablada, un hallazgo, unos aprendices humanoides de primer nivel. Los postulo desde ya como domésticos de Cerbero. Es cierto que hubo momentos en los que me vi obligado a extremar recaudos ahí, ¿recuerdas? De vez en cuando aparecían algunos bípedos... la calaña de pensadores, guerreros, curas, poetas que trataban de empujar a los demás para el lado del Innombrable. Me dieron trabajo esos episodios, lo admito, pero dime tú si fallé en mi tarea: ¿cuántos son los que recuerdan esas voces pestíferas? Es uno de los órganos que manipulo a mi antojo: la memoria. Generación por generación, los fui secando como esponja al sol.

Aguardo tu reconocimiento, después de tus reproches. ¿No crees que hacerles ignorar la herencia dio mejores resultados que combatirla, difamarla o arrebatarla? Ahí está, inútil y olvidada, su maldita herencia. Una y otra vez tuve que volver al trabajo, hasta que terminé de desgarrar lo que trajeron aquellos ridículos barquitos. Les inyecté devociones lacrimógenas sobre supuestos ancestros salvajes, los convertí a la religión del voto, los domestiqué en la libertad cómoda de cualquier tipo, religiosa, política, moral. Valió la pena. ¿Cuánto crees que me llevó legalizar el vínculo de los invertidos y ganarme a varios de sus clérigos para mi causa? Sin que lo sepan, claro, porque declaran nuestra inexistencia. Es lo que te digo: todo lo absorbo.

Mis anteriores experiencias en los demás sectores de este globo repugnante quedaron debidamente anotadas. Fue muy larga la lucha contra los insolentes que se mofaban de las derrotas y seguían resistiendo. Los vencíamos hasta con dolor y estrépito, igual que a su nefasto Comandante... ¡mostraban la misma convicción que en la victoria! Me llevó muchos siglos terrestres atenuar su recuerdo. Eso fue lo peor, y sólo recientemente pude lograrlo casi por completo, haciendo que nuestros asociados reescriban la historia y conviertan sus andanzas en leyenda negra. Pido a Nuestro Padre –todos los días terrestres hago azufrar sus altares– que estas criaturitas ostentosas no recuperen nunca más aquella gravedad de los que se llamaban como su jefe para crucificarse como él, y cuanto más lo nombraban, más se crucificaban... ¡Qué obsesión, por Satán! Los cerdos desdeñaban al mundo, desconfiaban de sus placeres, eran más consistentes, sabían de nosotros, se nos resistían. No abandonaban la manía de ordenarse de modo simple y de mantener atado al cosmos ese orden suyo elemental e inferior. ¡Qué frenesí me sacudía, qué ganas de aplastarlos como insectos cuando los veía felices y pagados de sí con sus casitas, sus labores, sus amistades, sus amores duraderos y repugnantes, sus crías y sus tugurios religiosos impenetrables para mí! ¡Cómo odiaba sus fiestas, sus silencios, sus campanas, sus risas!

¿Dices que Nuestro Padre creó el correo electrónico? Mira tú, yo pensé que había sido uno de esos técnicos abstraídos culo de botella... No me vengas con ésas, conozco tus apremios. Dijiste lo mismo cuando el herrero germano inventó la máquina para trazar voces sobre múltiples papeles. Buen uso dimos de ella, pero siempre nos aventajaban. Son herramientas, no trates de confundirme. Las seguiré empleando, claro, y si bien es cierto que en esta ocasión los insectos se pusieron muy cerca de mi territorio, eso mismo acarrea sus riesgos para mí, pues cuando logran salir de su fatiga y son capaces de darle sentido a lo que piensan, producen cosas peligrosas, se reduce el número de incautos y me sacan ronchas. Para decirlo de otro modo: si bien has decidido hacerme llegar tus vehementes consideraciones con un teclazo súbito, el mismo que utilizaré en breve para despacharte la presente, velozmente nuestro intercambio se hará extensivo a estas bestias, despertándoles viejos temores y poniéndolas tal vez sobre aviso. ¡Mira la utilidad diabólica! Pero eres tú quien dio el primer paso en esta ocasión; yo nada más repito el procedimiento para demostrarle a nuestro Padre que otra vez has abierto tus fauces en forma precipitada.

Sea escribiendo o hablando, lo que me interesa es que estos cerditos mantengan una preocupación constante por la organización. Que colapsen sus ínfimos cerebros armando organigramas, jerarquías, estructuras, fechas y planes. Que no se les vuelva a dar por las proclamas simples y elevadas o por idioteces como la poesía y todo su maldito arte; o peor, por las palabras densas de sus profecías y de los libros capitales de su asquerosa religión, que no termino de calibrar ni entender. Prefiero que se aturullen con toneladas de encuestas, cláusulas, porcentajes y un infierno de objetivos y vanas disyuntivas. La esterilidad queda asegurada cuando acciones y metodologías se extienden como una infinita fila de hormigas. Pues que escriban, ¡que escriban y hablen incansablemente! Es fácil comprobar el resultado: este mismo despacho correrá vertiginosamente hacia atrás y nadie recordará siquiera que alguna vez existió.

En eso estamos completamente de acuerdo, exquisito tío: se ponen solos en apuros, sin mi colaboración. Claro que siempre tendré a mano unos cuantos de los que se ponen a hablar cuando debieran escuchar, o a escribir cuando debieran leer. A esos les abro el escenario. ¡Cómo les gusta oír su propia voz! No son de los nuestros, pero su vanidad siempre me resulta útil. Los demás, bueno, seguirán creyendo que sólo me sirvo de mis secuaces. Que hablen todos a la vez, que se atropellen, que murmuren unos de otros, que las mujeres cotorreen y los solemnes se atraganten, que se consuman en su propia impotencia, que nadie se ría, que se miren de reojo. Querrán salirse de su propia hojarasca y se hundirán en el aserradero de esos vejestorios púrpura con los que se sienten obligados. Ya incitaré yo a esas ovejas a la deriva para que compitan entre ellas a ver cuál es la más blanca.

En cuanto a tu preocupación por eso de la “familia” y la “vida”... Vamos por partes. En principio, los abortados me importan poco y nada. El maldito viejo blanco se dio cuenta de que no se quedan a mitad de camino y ahora todos saben que esas miríadas marchan a la casa del Otro (es una lástima que ninguno de esos bocaditos forme parte de los banquetes de nuestro Reino). Sin embargo, la ganancia no es escasa, pues por cada una de esas muertes yo me gano varias vidas –la comisión que me corresponde, claro– para alfombrar las escalinatas de mi palacio futuro. No la vida de las excrecencias prolijamente extirpadas y mutiladas, que lo único que pierden es su calendario físico, sino la de las bestias productoras, de los técnicos, de los amigos, de los defensores, de los parientes. A mí me importan los que siguen acá, en esos me concentro. Son muchos más que un solo pedacito de carne fresca. Cuya desaparición, como sabrás, si bien representa para mí un placer menor, calma mis ansias de arrasarlo todo.

Que levanten ahora banderas por la familia y el orden natural ha llegado a fastidiarme un poco, pero fui precavido y aproveché todo el tiempo de su larga siesta para fortificar a mis asociados y promocionar una buena selección de idiotas y perversos bajo mi mando. Ahora estos “cruzados” tendrán que librar batallas inútiles en cien frentes distintos. Acostumbrados como están a organizar asambleas, a juntarse para hablar y cosechar papeles, a escandalizarse mil veces por los mismos datos, a dejarse llevar los hombres por emociones propias de mujeres y pretender las mujeres los oficios de los hombres, les robaré también el tiempo futuro. Cuando salgan por las puertas de sus casas a “combatir” en sus reuniones, sus petitorios y sus aglomeraciones, me colaré por sus ventanas, los aplastaré con impuestos y necesidades superfluas, les robaré el descanso, aumentaré la resistencia de los objetos inanimados, les esconderé los catecismos, ensuciaré sus inclinaciones, daré vuelta las páginas de sus diarios.

Mientras, susurraré en los oídos de sus hijos, los congregaré en amistades desgraciadas, les confundiré la vocación, los enfrentaré entre sí, les impondré el tedio, los volveré insensatos, encenderé todas sus pantallas. Combinaré los ritmos más bestiales con arpegios disonantes y les incrustaré ese ruido en el alma; les haré beber de todos los cuencos hasta quemarles la lengua; arrastraré sus yemas en pulsaciones infinitas, les agarrotaré los dedos, haré inútiles sus manos. Perderán el habla y la imaginación. Los cegaré, enloqueceré la brújula de sus mentes, les quebraré los sentidos. Escribiré en los pizarrones, haré prevalecer los números, inventaré dorados mundos aborígenes, confundiré la primera luz con la noche de los tiempos y les dibujaré una danza de simios. Crecerán maltrechos, camuflarán su desazón con distracciones y rellenarán su vacío con sueños materiales. Proclamarán el bien, confundirán los bienes. Patinarán sobre fábulas de amor, oscurecerán el lecho, el temor acechará la ilusión de la prole.

Cercenaré todos los tentáculos de su religión, les tapiaré los caminos, demoleré sus recursos. No tendrán más alternativa que arengarse entre ellos, confeccionar libros de fotos y navegar por multitud de reuniones para convencer a un par de viejas. A los que hayan colaborado con nuestro enemigo acérrimo en algo, por mínimo que fuera, los despacharé tras su muerte a la desmemoria colectiva: obras y vidas quedarán reducidas al círculo exangüe de las babosas íntimas. Caminaré al lado de sus sacerdotes por las veredas, los entrenaré como directores espirituales, les soplaré sentimientos de paz, de concordia mundana, de liberación de las angustias. Limaré todas las diferencias, las acostaré. Lloverán sobre sus parroquias colores y canciones como chillidos, preocupaciones vanas, recetas morales, cálculos partidarios. Quemaré sus lámparas. Comerán con las manos.

Recorrerán cuadras, ciudades, océanos, para dar testimonio de sus creencias, sintiéndose siempre ajenos en su propio lugar. Concebirán cada batalla como si fuera la guerra, perderán la visión general. Les costará recordar el principio, el final y los motivos de cada paso que den. Escaparán de la luna y los acosaré bajo el sol. En ninguna encrucijada sabrán quién puso ahí ese otro camino atravesado y volverán a gastar su tiempo discutiendo cuál es el correcto. Exhaustos, dejarán de asistir a las reuniones pro-familia por problemas familiares. Se desalentarán, se desesperarán, se acusarán. El único descanso que les permitiré será el de la negociación. Y si logran reponerse los volveré a zamarrear hasta agobiarlos. ¡Les voy a sorber el jugo, los voy a secar!

Para algunos dispondré una estéril soberbia erudita y los llevaré a adorar los medios de la adoración. Para otros perfeccionaré ¡ya lo verás! caminos blandos hacia una religión destartalada. Se repelirán entre sí, no sabrán dónde es arriba y dónde es abajo, cuál la izquierda o la derecha, y es una de mis jugadas predilectas, cuando los sensibles repugnan a los toscos y los fuertes ahuyentan a los débiles. Pero ni aún así daré el golpe fatal: les pondré oasis dispersos y los ayudaré a llegar. Unos por aquí y otros por allá, cada uno en su charco, creerán que el camino fue muy duro y que se merecieron el paraíso. Sedientos y envanecidos, ya no querrán ver el desierto interminable que les construí alrededor, como homenaje a la incompleta tarea de nuestro Padre. Los abandonaré a su ensoñación y olvidarán que a este mundo lo hice mío.

Sus oficinas centrales ya están en manos de mis asociados y colaboradores. Todas, hasta la última. También me pertenece el diseño general de sus ridículos hormigueros encimados. El modelo entero de este mundo es un tapiz que fui tejiendo con guantes de acero o terciopelo a lo largo de todas sus edades. Ellos mueren y desaparecen, yo me quedo. No me canso, continúo mi obra cuando retozan y cuando duermen. Mi poder es inimaginable para ellos, y cuento con que lo ignoran o lo desmerecen, igual que abajan a su propia medida el poder de su infame Capitán. Muy pocos son los que perciben o se atreven a recorrer los angostos caminos que les quedan para vivir y respirar. Esas zonas que no logro penetrar son un dilema para mí, lo reconozco, y a veces se extiende hasta sus roñosas taperas individuales el brillo cegador de los fuegos que he prohibido, pero a todos los tengo bajo asedio, cercados con indestructible hierro carmesí, y la vigilancia de mis tropas no cesa. Nunca.

¡Y tú, viejo fatuo, te atreves a llamarme demonio bobo! Te has vuelto un cortesano obseso y corto de miras. Pero te encomiendo a la Suprema Oscuridad, envidiable Escrutopo, para que la penumbra y la pasividad no te impidan comprender la estrategia de mi guerra y mi apetito. Lo que yo me propongo es que la vida terrestre se mantenga en estas condiciones. Deseo establecer acá un imperio duradero, para provecho de nuestra Casa. ¡Estoy dispuesto incluso a ayudarlos para que regulen sus crímenes, sus matanzas, sus abortos, a fin de conservar en este frigorífico una cantidad sustentable de reses!

Con esa motivación, y dando por descontado que ya logré disuadirte de tu crítica pueril, me parece conveniente ahora, en el final del informe, extender este punto en particular hacia otro tema.

Desde que el Ladrón se coló en esta órbita, los peores de nuestros enemigos insisten en un hecho futuro cuyas vicisitudes y consecuencias desearía debatir contigo. ¿Qué hay de cierto en eso de que nuestro Rey Magnífico ya está amasándose un Hijo terreno para que gobierne esta esfera en Su Nombre? Si es así, te sugiero que aproveches tu lugar en la corte y le aconsejes que demore su proyecto. Pues dicen estos malditos que cuando venga el Hijo de Nuestro Señor vendrá también, detrás de Él, el ignominioso Carpintero a tratar de fastidiarnos nuevamente. Te invito entonces, apetitoso tío, a que pensemos alguna otra alternativa para presentar ante el Trono de la Oscuridad. ¿Qué podemos perder?

Así como están las cosas en este chiquero, puedo manejarlo sin sobresaltos. Pero si estas bestias deciden volver a sostener sus vidas en esa esperanza imbécil del fin y del retorno, las cosas cambiarán para mí. Para nosotros. Si ellos vuelven a concebir cada derrota como un paso más hacia la victoria, nosotros tal vez nos acercaremos a una última victoria pasajera y, a la vez, a una derrota fulminante. Eso es lo que decían antes y es lo que se escucha otra vez. No importa que no sea cierto: si vuelven a creer en eso, nosotros tendremos que volver a combatir. Si escapan al ensimismamiento, si se ponen por encima de la vanagloria, si pierden interés por lo que les resulte en el mundo, si se sacuden la acedia, deberemos armar y organizar nuestras milicias para la batalla. Se acabó la holganza.

Lo último que necesitamos es que estas apestosas criaturas se despabilen y se mantengan en vela, que carguen nuevamente sus signos de pestilente contenido, que comiencen a limpiar sus templos y a purificar sus estúpidas ceremonias, que invoquen con fe el odiado nombre, que la fe les devuelva un fervor más sólido y austero, que aprendan a respetarse, a superar sus ridículas divisiones (un buen eón de desvelos me llevó esta tarea), que recuperen inteligencia y se hagan más resistentes. ¡Cuánto terreno perdido si, encima, comienzan a disminuir sus apetitos, celos y ansiedades, y aumenta su confianza en la fingida corona de Ésa que incubó al nazareno!... Llevas razón en este punto, aunque olvidas mencionar algo: también la hebrea permanece fuera de nuestra vista. No podemos saber cómo y cuándo se les acerca para cooperar con ellos. Tampoco me queda claro de qué poder se cree investida, pero a mis oídos llegó el rumor de que nuestros viejos camaradas le obedecen, y por lo que recuerdo de Mikael, traidor entre traidores... No es fácil lo que nos espera si todo esto se da vuelta.

Mi muy observante tío Escrutopo, por quien siempre se me hace agua la boca, te insto a que apliques toda tu labia para convencer a nuestro Fastuoso Señor de lo conveniente que resulta avanzar sobre estas odiosas criaturas con una economía de perdición más regulada. Frenemos nuestro entusiasmo, dejemos dormir a sus sapitos en las cunas. Por las dudas. Gobernar más o menos civilizadamente nos está dando buenos resultados.

Si logras permanecer a solas con el Excelso durante un rato, saca a relucir esa obsequiosidad que te caracteriza y pregúntale si consideró la posibilidad de que redoblemos nuestro esfuerzo para que esta prosaica vida humana se alargue eternamente. Este informe puede servir a tu argumentación, suponiendo que has logrado calcular la abundancia de la cosecha. Pero no digas más. Ni le menciones la leyenda del retorno del Usurpador, porque la masa de su odio desbordaría las paredes de nuestras ciudades y fortalezas y quedaríamos todos expuestos. Haz lo que te pido, o harás más sabrosa mi venganza cuando nos reencontremos.

Espero hayas comprendido que no es necesario inquietarse por los encuentros de las criaturas del sector B-1, ni debes por eso abandonar tu mirador. Tomaré de mi servidumbre un par de esbirros para que cumplan allí alguna ronda de guardia. Por las dudas.

Tu sobrino Orugario

36 comentarios:

Anónimo dijo...

Lupus, siempre es agradable leerlo, pero esta vez se pasó!

Muchas gracias.

Anónimo dijo...

Magnífica idea la del diablo: mantener un statu quo pacífico, ordenado, civilizado, controlado, institucionalizado y duradero: una democracia perfecta.

Con ideas, bienes y servicios suficientes para no despertar de la acedia a los que los pueden pagar y con una miseria material y espiritual, que no es lo mismo que la pobreza evangélica, para los que no puedan disfrutar de estos manjares. Así se condena tanto el pobre como el rico, aunque por diferentes vías.

No por nada es palabra de Dios que no retardará su segunda venida, pues si lo hiciese no se salvaría nadie.

Teseo dijo...

Ojala la respuesta del tío se retarde hasta que finalice la reunión de la Comisión Permanente del Episcopado.

lupus dijo...

Bien, ahora la cosa está completa. Resta decir que a Escrutopo no lo conozco. A Orugario, lamentablemente, sí.

Anónimo dijo...

..."oscurecerán el lecho, el temor acechará la ilusión de la prole"...

¡Cuántos católicos, aun de misa tradicional, luego del 3º o 4º hijo inventan excusas y camuflan su egoismo y cobardía en la "prudencia"!

Solo se les pidió que "sean como niños", que crean y confíen como ellos lo saben hacer...

Tan solo se les pidió que crean que "Dios proveerá".

Pero no quieren que nada escape de sus manos. Que todo esté arregladito. ¡Pelagianos!

Anónimo dijo...

El wanderer habla del mal sin pasión, como algo connatural, que no termina de conmoverlo...

KU-KU

Anónimo dijo...

demasiado largo para leer en la pantalla, desistí.(de onda)

Jekyll y Hyde.

Anónimo dijo...

Anónimo 14:03,
Se dijo no juzguéis y no seréis juzgados...

El zapatero de la esquina

Anónimo con 3 hijos dijo...

Anónimo ponedor de las 14:03, ¿y usted, cuántos hijos tiene?
Qué manía tienen algunos con meterse en camas ajenas...

Gelfand dijo...

Asi que los niños abortados van directamente a la casa del Otro?? Será que, como Orugario es espíritu, esta enterado de alguna resolución dogmática que esta preparando Ratzinger, de la cual nosotros aún no tenemos conocimiento??
Para decirlo en términos maradonianos, me parece que a alguien se le escapo la tortuga.

Anónimo dijo...

¿o demasiado corto para leer algo más largo, jekyll?

Anónimo dijo...

No desista, imprímalo

Clyde & Bonnie

René Deschamps dijo...

"Les esconderé sus catecismos". Me viene a la memoria una frase de Santa Teresa de Ávila: "quien no reza al menos quince minutos todos los días, no le es menester demonio que le tiente". Algo parecido nos pasa... con algunos obispos, no hace falta diablo que esconda catecismos; si bien con rima asonante, me salió un pareado, sin haberlo preparado, además hecho al instante.

Anónimo dijo...

La jugada maestra de Satanás, convencer que la lucha contra los "malos" trolazos y rojillos debe unir a los "buenos" de la panderecha desde evangelicos a católicos modernistas pasando por el Opus Dei y Bergmangoglio.
Genial. Todos "juntos como hermanos miembros de una iglesia", la iglesia del mundo, emporcada en el número y el laicismo.
A wizard should now better....
esto para todos los Sarumans que se esconden detrás de las pantallas.

sldos.

Lucho Paredes dijo...

Vean esto:

http://www.mdzol.com/mdz/nota/231337-El-cura-DJ-que-pone-a-bailar-a-los-feligreses/

Cosas así y similares, me hacen pensar que la Iglesia es una gran "Arca de Noé"

Anónimo dijo...

El problema de decir ciertas cosas mal, es que por anipáticas se las descarta de plano. Es el caso del Anónimo de 14:03, que además ha generalizado, cuando seguramente lleva la razón parcial, aunque no para el 100% de los casos.
Y los otros dos Anónimos tienen razón también: juzgar es para que Él te juzgue y meterte en la cama ajena es de pésimo gusto.

Pero volvamos a la media verdad que parece descartarse de plano, y eso no está bien: la verdad es que no hay forma de escapar al pelagianismo si no es confiando en Él. Y también es verdad que ésta es la forma de lograr la niñez espiritual que te salva. Tener por cierto, y no solo de pico, que, efectivamente, Dios proveerá. No puede haber dicho más católico que éste.

Ahora bien, calemos más hondo que el excelente escrito de Lupus tiene miga: ¿qué es lo que sobrevuela aquí?
Parece ser un problema de carácter. Hoy tenemos putos-putos y putos-heterosexuales, pero casi sin excepción "putos".
Es el problema del hombre moderno, que es marica, que es más o menos masa según el caso; pero siempre masa. Sí, usted y yo también. Que pierde la individualidad para dedicarse al consumo, a la comodidad, a quejarse y a reclamar por sus derechos, y con ello la victoria de la acedia.

No creo que sea el único motivo, pero no es poca la ingerencia que en el asunto tiene la democracia. La capacidad satánica de afofar el espíritu que lleva esta perversión política la ha desarrollado en 4 o 5 libros como ladrillos es gran psicólogo Stan Popescu, pero, muy en resumen, es más o menos lo que escribe Lupus.

Y la cosa es grave. Si bien se fijan, Lupus habla del odio predilecto de los demonios por los mártires, y si los odian estos malandras por algo será. ¡Pero no hay mártires sin machos! (varón o varona). No los puede haber, porque si te agarra cuiqui te la picás, y chau mártir.

Qué difícil, pero qué necesario volver sobre nosostros mismos reflexionando sobre esto. Seguro que una sincera retrospección nos da "maricas". En más o en menos, con una misa u otra, pero maricas.

Ni es el gesto del fariseo, ni el sentimiento del hombre moderno. El cristianismo no acepta otra cosa que hombres auténticos. Es una religión de hombres. Con eso hay mártires, sacerdotes, doctores y files. Sin eso hay masa y buena pesca para el demonio.

Quien logre no ser de este mundo (de putos), tema que también toca Lupus, zafará. ¡Pero qué difícil! Sí, pero no hay otra, me parece.

Saludos,

El Carlista.

Anónimo dijo...

Estimados:

Leyendo al católico de las 14:03 me vuelve a la mente la fea impresión -que alguna vez tuve- de que ciertos católicos tradicionales con muchos hijos viven mal -muy mal- su entrega en la materia.

Comentarios como ese permiten leer entrelíneas esto:

"Por ser ¨católico¨ me cagué la vida teniendo cinco, seis, siete, ocho, diez, once hijos. La verdad es una mierda todo esto, y todo por parecer, o ser, o actuar como católico. Bueno, por lo pronto me queda endulzar esta amargura poniendo dudas sobre el catolicismo de todos los que no tiene cantidades similares de hijos y que, encima, veo que parecen felices (yo soy un infeliz, esa es la verdad): a llamarlos egoístas por lo menos y malos católicos".

Un buen católico hace lo que debe hacer, sin mirar tanto al costado. Por su viña y su interior entregado a Dios lo juzgarán primeramente, no por exortaciones cibérneticas desfogándose con terceros. Incluso, capaz que por esto último se condena (a pesar de tantos hijos, que parecen "mal tenidos y mal llevados").

Saludos,

Anónimo dijo...

Gelfand, quizá me pierdo algo, pero no veo que orugario diga en ningún momento que van "directamente" al cielo. No sé "cuándo" van, si se puede hablar de tiempo, pero ciertamente no se van al infierno. Este papa aclaró bastantemente el tema del "limbo de los niños", que tampoco forma parte de ningún dogma.

Clyde & Bonnie

Gelfand dijo...

Clyde & Bonnie

El problema no es que sucede "directamente". Es doctrina segura de la Iglesia que es necesario el bautismo para la Salvación. (Concilio de Lyon "Las almas de aquellos que mueren en pecado mortal o con el solo original, descienden inmediatamente al infierno, para ser penadas, sin embargo, con penas desiguales Dz 858 y otros, Confirmado por Pio VI en "Contra las proposiciones del sinodo de Pistoia Dz2626), y es también seguro que aquellos que son abortados no pueden ser bautizados, ni querer serlo. El problema es entonces que certeza puede tener la Iglesia de que la gracia arriva a todos los abortados. Hay que recordar que en la primitiva tradición (Ej.San Agustín) la opinión general era que iban al infierno. Posteriormente se elabora la teoria de Limbo dando lugar a que aquellos que mueren sin el bautismo y sin pecados personales pudieran a la vez gozar de una felicidad natural, pero no tener la visión de Dios. Asi lo recoge Dante en la Divina Comedia. Infierno IV,30.
A esto Benedicto XVI, no le ha hecho ninguna corrección. Y parece difícil hacersela porque si la Iglesia dijera que no es necesario el bautismo para la salvación de aquellos que solo tiene el pecado original, iría contra dos milenios de tradición. (Hay que recordar que antes del CVII los niños no bautizados eran sepultados en tierra no consagrada).
Lo único que hubo fue un documento de la CTI, que como tal ni es dogma, ni es magisterio ordinario. En ese documento se vuelve a la posición anterior a Santo Tomás, diciendo que la Iglesia los confia a la misericordia de Dios. Pero en ningún momento dice que se salven. O sea, vuelve a una posición de incertidumbre. Porque yo tambien puedo confiar que un amigo mio que muere en pecado reciba la misericordia de Dios.
Vale decir que la diferencia no puede ser que unos son abortados y otros mueren después de nacer, porque en si misma sigue siendo la misma situación, una persona con pecado original pero sin pecados personales, sin la posibilidad de realizar méritos, ni querer ser bautizado.
Espero, aunque no creo, haber aportado algo de claridad.

Anónimo dijo...

El Arca de Noé es figura de la Iglesia.

Anónimo dijo...

Notable el afán de Gelfand por ideas claras y distintas, por definiciones precisas y por clasificaciones claras que le digan exactamente quién se val cielo y quién se va al infierno.
Afortunadamente, no todos precisamos tales artilugios racionales. Y creo que Dios tampoco.
Renato

Anónimo dijo...

Gelfand, mi querida Bonnie leyó atentamente su comentario (es la que se encarga de eso). Me dice que le diga que le da no sé qué que diga ud. esas cosas... será impresión, o asco, no sé. Que mejor confíe ud. en eso de la "incertidumbre", o en lo de la misericordia divina. O (no la entiendo bien, está muy cabreada) mejor que no confíe en lo que no se puede establecer con certeza ni desde la revelación, ni desde la tradición unánime, ni desde el magisterio extraordinario, ni desde... (ya no sé qué dice, está cargando sus pistolas). Me parece que es algo como "y mucho menos sobre estos temas". Lo que sigue no se lo digo porque no quiero dejar mal parada a mi Bonnie.

Clyde

Lucho Paredes dijo...

Anónimo de las 18:13 claro que el Arca de Noé en una lectura alegórica es figura de la Iglesia pero yo refiero a algo más irónico y pesimista:

qué está llena de animales!!!

Anónimo dijo...

"La Comisión Permanente del Episcopado analizó el rechazo eclesiástico al matrimonio igualitario, pero no difundió conclusiones", dice Página 12.

¡Estos sí que son pastores que se enfrentan a todo cumpliendo con sus deberes de estado y confiando siempre en que "Dios proveerá"!

Anónimo dijo...

Renato, son palabras duras las de Gelfand -que no son de Gelfand sino de la Iglesia bimilenaria-, como las de Cristo (y muchos de los andaban con él lo dejaron...-de memoria-).
¿A quién no le causa cierto escozor aceptar humanamente que un niño abortado no bautizado no tendrá la visión beatífica?.
No lo veo a Gelfand como un racionalista. Si lo fuera no estaría hablando de almas, purgatorio, cielo e infierno.
Más bien lo veo fiel a la doctrina de la Iglesia, contra la razón, y por dura que sea esa doctrina.
Por otra parte, en Dante los del círculo periférico del infierno no la pasaban para nada mal.
Quizás se trate de una de esas cuestiones en las que hay que aceptar el misterio, y ser concientes de que nuestro entendimiento es incapaz de penetrar en profundidades que nos rebasan.

Gelfand dijo...

Renato:

Le agradezco el elogio.
Si quiere yo también le doy mis opiniones. Las que di son de la Iglesia. Uds. puede no necesitar clasificaciones, ni artilugios racionales (esto último tiene un gusto a mala teología alemana que ni le cuento), otros, en la tradición, se ve que mas débiles que Uds. si lo necesitaron. Digo por Santo Tomás, San Agustín, San Buenaventura, San Alfonso Mario Ligorio, cientos de papas y obispos reunidos en concilio, etc.
Después si, discutimos si la misa Tridentina o la del padre Juan, si celebrar con pianeta o con Casulla, si los Kukus o el seminario Hobbes, si ir a la marcha o leer a Sandokán. Pero se olvida que todo eso es accesorio, y que lo que la Iglesia ha conservado por 2000 años y la ha mantenido unida mas allá de la pluralidad es Jesucristo y su doctrina.

Anónimo dijo...

Menos mal, el anónimo de las 10:47 dejó un poco más tranquila a mi Bonnie, al atreverse a decir que, al fin de cuentas, es un misterio y nuestro entendimiento no llega tan hondo, ni el nuestro ni el de ningún concilio, por lo que cabe esperar que prime la misericordia de Dios, que quiere que todos se salven, y la maternidad y la reyecía de María, y la comunión de los santos... "antes que la razón eunuca de una hipótesis teológica", agrega mi Bonnie, que vuelve a ponerse de pie porque recién lee eso de que "los del círculo periférico del infierno no la pasaban nada mal". Pone los brazos en jarra y me hace preguntas que en realidad no son para mí: que a qué edad leí el Dante, que qué entiendo por privación de la visión de Dios y de la vida del cielo, que por qué no echo sobre este tema una mirada salvífica y que qué bicho me picó. En fin, así es mi Bonnie, me acusa de todo.

Clyde

Anónimo dijo...

Lucho, ¿le cabe alguna duda de que la Iglesia es refugio de pecadores y miserables?

Gelfand dijo...

Clyde:

Ah!! mire usted!! Ahora parece que Bonnie no lo tiene tan claro. Y eso que se lo había aclarado muy bien el Papa. O eso decía ella.
O sea lo del principio, que Orugario no lo podía saber. Porque si no lo sabe la Iglesia que es guiada por el Espiritu Santo, menos lo debe saber el demonio que no tiene fe.
Por las dudas Clyde, dígale que yo solo confío en lo que la Iglesia me manda, pero además trato que los demás no confien en otra cosa. Sobre todo en ellos mismos. (Por eso que dicen los santos de que es mejor desconfiar de uno mismo, vio.) Si no empezó a ponerse nerviosa dígale también que la tradición y el magisterio extraordinario y todo lo que quiera no dice nada a favor del limbo. Ni en contra. Lo que si hay algunos autores importantes ("doctores de la Iglesia" los llaman) que dicen algunas cosas a favor y yo me fio mas de ellos que de lo que me parece a mi.
Pero igual, yo le diría que se aleje un poco de su Bonnie, porque estar junto a una mujer tan cambiante, que se enoja sin razón y que además usa armas cargadas, es un poco peligroso.

Anónimo dijo...

Bueno, sí, tiene razón, Gelfand, y hasta me asusta a veces, pero la quiero. Es mi Bonnie. (Ahora hablemos nosotros, despacito... está durmiendo.)

Permítame esquivar por un rato lo que dijeron los doctores de la Iglesia (no encuentro un cotejo que me pasaron hace años sobre las divergencias entre ellos por este tema, ¿lo habré perdido?) y fijémonos en lo que dice un monseñor redactor del catecismo: "Se piensa que el Señor Jesús puede alcanzar también a estos pequeños que tienen necesidad de ser liberados del pecado original".

Ud. creerá que con esto avalo mi postura. Para nada. El monseñor postula la no existencia del limbo con ese lenguaje tan... de monseñor, al uso de la catequeteología moderna. Lo mismo si dijera: parece que Cristo puede salvar sin el visto bueno de los doctores de la Iglesia. El enorme Tomás, que tan bien escribió de Él (ud. sabe, se lo dijo Él), agregó también que todo lo que escribió era brizna (no sé cómo se dice en otros países, como el suyo). Se ve que hay algo "allá" que no vamos a poder discernir ni expresar en vida. Recién "allá" los doctores pasan a ser algo más que doctores, mediante el perfecto conocimiento de todo.

Y aunque tiene razón ud. en que no podemos navegar de la mano de nuestras credulidades -para eso las fuentes y el depósito de la fe-, es justamente sobre la comprensión de los misterios que la teología puede "evolucionar" (puaj) pero en forma homogénea, sin desprenderse nunca de aquéllo. Bueno, vino BXVI a ponerle la firma a un documento que vuelve a abrir esta cuestión, la de la efectiva salvación de los niños sin uso de razón y privados completa e involuntariamente de los sacramentos, documento que postula al entendimiento teológico la posibilidad de que no sean, sin embargo, privados de los frutos de la gracia. Por mi parte, creo que alguito me agarro de los doctores, cuando distinguen sólo tres estados de la Iglesia y le adjudican eternidad sólo a dos de ellos... Si este limbo infantil existe y aún subsiste, no durará para siempre. En fin, discúlpeme: no puedo eludir el gran corazón de mi Bonnie.

(Bueno, lo dejo, es la hora; esta noche atracaremos una gasolinera y ya tengo que despertarla.)

Clyde

Anónimo dijo...

"Cantata de la Planificación familiar"

http://www.youtube.com/watch?v=1VyuW5PqBJY

Les Luthiers

Gelfand dijo...

Clyde:

Espero que no tenga que enfrentarse a un policía como yo. No por la inteligencia, que eso seguro no sería problema, sino por lo tozudo. Espero también que Wanderer no nos heche, que ya estamos abusando de su blog.
Arrivamos al punto en el cual es claro que son dos opiniones teológicas y que como tales, tanto es valida una como la otra. Que, en verdad, no podemos saber que les espera. Que Dios es mas grande que nuestra conciencia y que como tal solo estamos seguros de aquellos que la Iglesia proclama santos. Que no podemos saber quien se condena.
Ahora bien, no me niegue Uds. que entre las dos opiniones, no hay una un poco mas fornida de argumentos y de tradición. Yo podría hacerme el vivo y decirle que el hecho de que en la Iglesia actual sostengan mas su posición me hace pensar que es equivocada. No lo voy a hacer.
Por supuesto que creo que Dios puede ir mas allá y salvar a quien quiera salvar. No voy a ser yo quien le ponga freno a la misericordia divina. Pero también creo que no sería injusto sino lo hace. Porque la salvación es un regalo que a nadie esta obligado a dar.
Lo que si creo es que la Iglesia no lo puede decir sin entrar en contradicción con la necesidad universal del bautismo, con la tradición de bautizar niños, con la obligación del sacerdote de arriesgar la vida para bautizar, etc.
Mas extraña aún me parece la idea de un limbo temporario. Nosotros debemos "purgar" por un "tiempo" nuestros pecados personales (o mas bien la pena de nuestros pecados), pero un niño sin bautismo no tiene pecados personales y por lo tanto nada que "purgar". Me parece que a eso se refería el Anónimo con eso de los círculos periféricos del infierno donde no se la pasa nada mal. Un lugar sin pena ni castigo, en donde, sin embargo no se puede gozar de la visión de Dios, que es algo sobrenatural y que por lo tanto nuestra naturaleza no lo exige (asi era en la buena teología católica hasta que De Lubac nos confundió a todos).
Algo de eso parece que entrevió Aristóteles en el X libro de la Etica Nicomaquea.

Lucho Paredes dijo...

las cosas es más simple aún! Para hablar de pecado el analogatum princeps es el pecado mortal, que es el que verdaderamente puede excluir de la visio beatifica.
Por lo tanto es un tanto erróneo poner en un plano de igualdad al pecado original con el mortal.
SAn Agustín lo hizo y erró fiero. Por eso el querido S. Tomás lo corrigió de alguna manera con el teologúmeno del limbo. "Corregir" es un modo de decir porque S. Tomás fue profundamente respetuoso de S. Agustín, pero no podía dejarle pasar esta cuestión.

Pero, por otro lado, particularmente pienso que la influencia de S. Agustín en el común del pueblo fue negativa: la gente comenzó a bautizarse más por temor que amor o adhesión a Crito.
Sin contar las derivaciones del 3° Agustín que dieron origen al agustinismo heterodoxo (predestinación, etc, la consideración sobre el concurso divino) y que alguna manera desembocan en el calvinismo.
Aunque parezca difícil o suene raro, la praxis concreta del bautismo de la Iglesia católica ha sido casi calvinista.

Anónimo dijo...

Un aplauso para Lucho! Por fin alguien se anima a decir una verdad medio escondida: la iglesia latina le debe mucho al genio de San Agustín. Casi todas son cosas buenas, pero también un par de metidas de pata. Y no por culpa del bueno de Agustín, que no pretendió nada más que expresar su parecer, sino de los que lo siguieron, que le otorgaron casi la inerrancia, algo a lo cual él, seguramente, si hubiese negado.
Propongo que Larvatus escriba un post sobre el tema!
Jerónimo

Lucho Paredes dijo...

Jerónimo le agradezco su comentario y realmente estaría bueno que se escribiera algo sobre el tema como ud propone.

Sin restarle méritos, ni genialidad al Doctor de Hipona, confieso que su teología me produce mucha conflictividad (en mi comentario fui bastante medido) que hace que me produzca mucho rechazo. Todo lo referido a cierta orientación platónica: desconfianza de la sensibilidad, de lo terrenal, etc. creo que han marcado a fuego la historia posterior, pero en algunas cosas han marcado para mal.

Quizás escribir y pensar sobre el tema como propone Jerónimo sirva para despejar dudas y viejos rencores de mi parte

Anónimo dijo...

Gelfand, creo que podemos estarnos tranquilos, es seguro que Wanderer no nos echará.

Vuelve a tener razón, en cuanto a que arribamos a la definición de dos posturas, válidas ambas en principio. Ud. racionaliza con firmeza y lo mío es mera imaginación y deseo. Por un rato permanezcamos quietos en el deslinde.

Insinúa ud. que su propia opinión es más antigua y fornida, aunque no sé si al modo de Sansón o al de Goliat. Y dice ud. que la mía –me emociona su predisposición a no decirlo–, está más a tono con la Iglesia actual, aunque no sé si advierte –me sorprende su cautela para no distinguirlo– que se inclina más bien para el lado de Biffi y de Benedicto.

¡Pero estamos de acuerdo en tantas cosas con ud.! Por ejemplo, que Dios es más grande que nuestra conciencia y nuestro entendimiento, o sea, que nuestros agustinismos y nuestros tomismos. Que no podemos saber qué les espera a las criaturas muertas o asesinadas (no son el mismo caso) sin la más mínima posibilidad de auxilio sacramental. Que Dios puede ir más allá de todo lo que conocemos y salvar a quien Él quiera salvar. Que el hombre no tiene permiso para decidir quién se condena. Que nadie le puede poner freno a la misericordia divina. En fin, en tantas y tan importantes cosas estamos de acuerdo... “que ya no sé qué es lo que quiere discutir este tipo”, dice mi Bonnie. Pero no le haga caso: anoche por un pelo no nos pescó el sheriff y hoy estuvo todo el día de un humor terrible, ¡otra vez!

Ud. y yo ya estamos de acuerdo, eso es lo importante. Creo que coincidimos hasta en la posibilidad de que por un pelo llegue al cielo una criatura, uno de esos pelos que Dios vigila atentamente y que tal vez le impidieron a la Iglesia definir como dogma la existencia de un limbo infantil, o de añadir al limbo de los justos un jardín de infantes, sin entrar en contradicción con la necesidad universal del bautismo.

Pero hay un punto menor que me provoca cierta inquietud, y es cuando empieza por parecernos extraña la idea de un limbo “temporario” y luego razonamos si un niño con pecado original pero sin pecado mortal tiene o no tiene algo que purgar, y que tal vez por eso convenga la existencia de un suburbio infernal cuyos pobladores no la pasan nada mal, ya que es un lugar sin pena ni castigo donde lo único ausente es la visión beatífica, ausencia que sin embargo constituye la pena capital de las almas condenadas al infierno y el sufrimiento terrible (y pasajero) de las almas del purgatorio, según los doctores de nuestra primera apelación (Tomás, Ligorio, etc.), pero ya no para el Dante, quien parece haber imaginado para nosotros ese acomodado country del infierno, en vinculación más o menos directa con el estado de felicidad pletórica y puramente ingenua, salvaje y natural que parece discurrió Aristóteles como barrunto de un semicielo, y que todo ello, debidamente organizado, vendría a ser el antibiótico teológico necesario para resistir el daño de la nouvelle theologie. Pero no sé si entendí.

Lo único que sé es que estoy cansado, mirá la hora que es, y que mi Bonnie hace rato está durmiendo a pata suelta, así que me voy a hacerle compañía. Por hoy ya fue suficiente con esta manía nuestra de escapar por un pelo de los vigilantes.

Clyde