viernes, 17 de diciembre de 2010

Otro imperdible


Publicado recientemente por Vórtice, y traducido con su inconfundible estilo por Jack Tollers, es para no dejar de leerlo. Se trata de las memorias de Morton sobre su amigo Hilaire Belloc.
No es una biografía del autor anglo-francés, sino recuerdos sobre él, pero de tal modo estructurados que, al finalizar el libro, nos queda una imagen clarísima de cómo era el incomparable Hilary.
Destaco las últimas páginas del libro, donde se narra la muerte de Belloc. Murió como ya casi nadie muere: en su cama y rodeado de sus seres queridos.

23 comentarios:

Anónimo dijo...

El libro exuda una alegría ya extinta, que revive solo para que la conozca el lector, pero no susceptible de apropiación. Se la puede ver, pero a la distancia, sin tocarla, como la Zarza ardiente de Moisés. Una taberna eterna, errante y flotante en ocasiones, a bordo de su barco, cuyo nombre olvidé.

Benigno dijo...

Donde se consigue??

Anónimo dijo...

Muy de acuerdo.
Del libro me quedé con la misma idea que el primer Anónimo.

Es un canto a la alegría en el sentido más auténtico, la alegría de las pequeñas cosas. La gran alegría de una vida que contiene por estar "repleta" de pequeñas cosas: el vino, el barquito, los viajes a pie, los hijos. Es un libro que mete ganas de juntarse a emborracharse con amigos.

Como el Mr. Pond de Chesterton, que comía ostras, "espectáculo eminente y edificante", las degustaba realmente: las contaba como si fuesen ovejitas y las paladeaba con el mayor esmero.

Y qué otra cosa que esta auténtica alegría cristiana es lo que quería la buena de Simone Weil, "la mística más grande de su tiempo", cuando afirmaba: que el trabajo no arrastre al hombre hacia abajo. No basta con querer evitar el sufrimiento de los obreros, se debe desear su alegría. No una alegría lograda a base de placeres que se pagan, sino construida con alegrías gratuitas, que no atenten contra el espíritu de pobreza. La poesía sobrenatural que debería inundar toda su vida, debería estar concentrada en su estado puro, manifestándose de vez en cuando en fiestas vibrantes y hermosas. Las fiestas son indispensables para la existencia...

Y de paso, con este texto de Simone Weil se puede seguir pensando el tema del post anterior en orden a un principio de solución concreto y posible.

Wanderer, escríbase un post sobre la alegría, la gratuidad del juego, la auténtica fiesta y la liturgia, que todo va de la mano y no se habla de esto. Algo dijo Pieper en su mejor librito.

El Carlista.

El Séptimo Rey Mago dijo...

Lo tengo aquí conmigo. Donde lo adquirí no pienso confesar.

Sigue sobre el escritorio.

Debo leerlo. Los amigos insisten en ello hasta las lágrimas (sus lagrimas, uno llegó a llorar en un pasaje).

Si a alguno le pasó algo similar, favor de indicarlo así hago sentir bien a mis amigos.

Se agradece,

El Séptimo Rey Mago

jack tollers dijo...

Carlista, me ganó de mano.

Quería decir exactamente lo mismo.

Sí, los posts están relacionados. Y sin lo que Pieper llamaba "contemplación terrenal" es imposible llegar a ver a Dios. Per visibilia ad invisibilia.

Porque, como decía otro inglés, el insigne C. S. Lewis, "no va lo más alto sin lo más bajo".

Feliz Navidad para todos.

J. T.

jack tollers dijo...

¡Ah! Y si alguno quiere ver de qué se trata el libro de Morton, en mi página puede leer el primer capítulo:

http://www.cuadernas.com.ar/retrato.php/hilaire_belloc

Lo vende Vórtice, 4952-8383.

J. T.

Anónimo dijo...

Diga en qué libro de Piepper, que me dejó confundido y quiero entenderlo.

A

Anónimo dijo...

Sr. Carlista: Pedirle a Wanderer que escriba sobre la alegría? su pesimismo no se lo permite. Es pedirle peras al olmo

Anónimo dijo...

A.

Me refería a Una Teoría de la Fiesta, pero algo también puede verse del mismo autor Entusiasmo y Delirio Divino (sobre el Fedro de Platón).

Si lo quiere ya explicado por un generoso maestro, tiene esto: http://argentinidad.org.ar/la-plenitud-de-la-fiesta

Luego usted me dirá si el 90 % de los tipos que van a misa tradicional y tanto la defienden, se han detenido de este tema y caerá en la cuenta del porqué de mis discusiones con el “tradicionalismo ideológico-pelagiano-vacío-pagano”. Pero el haberlo entendido no es mérito mío, sino, más bien, tiene que ven con la poca suerte de la mayoría del tradicionalismo en haber caído en maestros tomistas-manualistas que no tienen la más pálida idea de porqué defienden lo que defienden. Es que hay muchos profesores, pero maestros, auténticamente maestros, se cuentan con los dedos de las manos.

Pieper era troesma en serio, por eso se quejaba de: … la tendencia de hacer de la Filosofía una ciencia especializada o un juego de palabras grandilocuentes que no vinculan.

Y, qué quiere que le diga. Leer filosofía para que no se haga carne en uno es de gil de estopa. Para eso más divertidas son las novelas policiales. El “vínculo” del que habla Pieper, en él, en Castellani, en Gambra, en los grandes de veras, supone un salto vertiginoso fuera del academismo del repetidor. Ese salto se da cuando se mixturan, concientemente o no, las propias bases filosóficas con el existencialismo, con lo más concreto y vital.

Bueno, me fui por las ramas, pero también viene a cuento del post anterior, chau.

El Carlista.

Ps: Anónimo, si Wanderer no lo escribe, está en el link de up supra, de todos modos.

jack tollers dijo...

Hay un artículo precioso de J. Pieper llamado "Contemplación terrenal". Se lo halla en la "Antología" de sus textos publicado por Herder, y en "La fe ante el reto de la cultura contemporánea" de Rialp.

J. T.

Anónimo dijo...

Muchachos, el tema que enfoca el Carlista no debe limitarse a los buenos escritos de los buenos autores que podemos citar, y más que buenas las cosas que han citado hasta acá. Podemos charlotear sobre este tema como lo hacemos con tantos otros (la liturgia, la tradición, las herejías, la perpetua crisis de la patria, etc.).

Por ejemplo, y a mano viene, la alegría, el buen humor, la fiesta, son también producto de la contemplación. Más allá de las puntualizaciones necesarias, la contemplación es algo más que un grave objeto de estudio: es fuente de alegría y festejo, en virtud de las mismas realidades contempladas. La sequedad, el ensimismamiento, surgen del rigor del mundo; la exultación, la festividad, de la esperanza de la otra vida. ¡Que tantas veces y de tantos modos se anticipa en esta vida! He ahí a Belloc: solemne y combativo por responsabilidad de historiador; peregrino, cantor y marinero por oficio de cristiano. Pero en medio de eso, ya que luchó para no quedar partido en dos, un tipo que era un amigazo.

Lupus

Anónimo dijo...

Se puede ser Cristiano y no estar alegre por serlo?. Me esfuerzo por seguir a Cristo pero alegría no me sobra, todo lo contrario, me falta..

Anónimo dijo...

Interesante el tema CONTEMPLACIÓN, FIESTA, LITURGIA.

Del artículo linkeado me quedo con la idea que lo allí dicho es LO PRIMERO, que tiene que ver con la predisposición necesaria para alcanzar el fin, para entender el porqué de la liturgia y la contemplación.

Luego verdrá la cuestión ya SECUNDARIA de qué rito sí y que rito no, de qué forma de celebrarlo y de qué forma no, "en función" de la posibilidad que se alcance el fin deseado festivo litúrgico.

Es una barbaridad que ninguno de los tantos libros que tratan el tema de la reforma liturgica desde la crítica no comiencen por el principio, por el "para qué" o fin de la fiesta.

Coronel Kurtz dijo...

A propósito de lo que propone el Carlista y comentan varios, hay un articulito del P. Ezcurra en una "Mikael" donde trata, fiel a su estilo, del buen humor, como fruto y, a la vez, alimento de la contemplación. Quizá alguno tenga a mano esa revista, sino tengo que ponerme a desempolvar cajas.

Anónimo dijo...

Anónimo de las 11:50, no sólo a usted le pasa eso, no está en tan mala compañía:

"As a Protestant, I felt my religion dreary, but not my life - but, as a Catholic, my life dreary, not my religion"

¿Sabe quién dijo eso? el card. Newman.

A mí de la lectura del libro de Morton (hace tiempo, así que por ahí si lo vuelvo a leer, cambio de impresión), me quedó la sensación de que el bueno de Belloc estaba bastante amargado, por la mala andanza del mundo cristiano, por la soledad en que lo dejó la muerte de su mujer, y por otras cosas más que ya no recuerdo.

Cande escéptica (vea, si quiere, mi comentario en el blog de Psique y Eros, me pregunto lo mismo que usted, aunque más bien, lo afirmo, por mucho que una escéptica afirmanado algo sea una contradicción), y perdón por el autobombo(qué le hace una mancha más al tigre).

Anónimo dijo...

¿cómo es que dice Morton? Algo así como que en sus peores depresiones o malhumores, Belloc superaba en alegría a la media y la contagiaba a otros necesitados de esa medicina.
Mejor dicho, quizás, pero era algo en ese sentido.

Anónimo dijo...

Coronel, la recuerdo y la voy a buscar. Mi vieja las tiene en su casa, todas enfiladas en el estante sperior de una biblioteca en uno de los cuartos del fondo.

Al anónimo de las 12.17, gracias, vengo de no quieran saber donde -son las 3.30 y bastante adornado-. Surgió allí el tema del maquillaje de las niñas y las no tan niñas, develándose inmediatamente el testimonio de los prohibitivos. Había ragazzas, no se mi entiende, y no entendían (no se si tampoco los prohibidores lo hacían). Así que tercié, mirando a una ninfa cuasi angelical: La clave está en enseñarles -a las hijas- lo esencial, y que de allí ello se derive en mil bienes, y algunas omisiones, como la de no pintarse las uñas de negro.

Coronel Kurtz dijo...

Pregunta para J. Tollers o quien sepa:

Morton no cuenta nada sobre la otra hija de Belloc, Elizabeth. Muy poco dicen Wilson, Pierce y otros biógrafos acerca de sus viajes errabundos, su vida de la caridad, etc., y de los dolores que esto causó (obviamente) a su padre. También algo hay en sus cartas. No me acuerdo quién especulaba que tal vez nunca se repuso de la muerte de su madre y hermanos, otro decía que nunca tragó completamente a su cuñado Jebb y celaba a su hermana.

Pero, ¿qué pasó realmente?

Y, además, ¿qué fue de ella? Buscando en internet, el último dato es de la renovación de los derechos de autor de su padre, tras la muerte de éste.

Anónimo dijo...

Es verdad q Morton no pretendía hacer una biografía, sino más bien una semblanza, bien lograda. Sin embargo, al omitir cualquier referencia a un problema familiar que, sin duda, lo ha de haber afligido, quedó una parte importante de la comprensión del personaje entre paréntesis; que, además, hubiera provocado una mayor simpatía o compasión o comprensión de los (al menos algunos) lectores. Pero bueno, sus motivos habrá tenido para no hacerlo, teniendo en cuenta que la hija seguía viva, y para el resto de la familia también sería una realidad dolorosa.

Y también, y esto ya es mera elucubración mía, en esa época de esos temas "no se hablaba". Con razón o sin ella, pero era así. En general, se trataba de dar la imagen de una familia donde no había problemas. Si no, no se era respetable. De todos modos, las cosas se terminaba sabiendo por atrás, y pienso que quizá hubiera sido más fácil para todos, y en especial, los involucrados, decir las cosas con discreción pero sin ocultamientos ni misterios.

Derrapada

Anónimo dijo...

Coronel, Derrapada, ciertamente faltan muchos datos en esta memoria, que ni siquiera tiene la pretensión de ser una semblanza. Decir homenaje sería más apropiado. Morton quiere honrar a su maestro y amigo, y mostrar ese punto de la realidad familiar (como muchos otros) no estaba en su programa. Tal vez ni siquiera estaba en la conversación de Hilario, o lo estaba de una manera púdica y reservadísima, que el amigo respetó. Aunque no hay modo de comprobarlo, celebro este imaginario punto de honor.

Lupus

Coronel Kurtz dijo...

Estimada Derrapada:

Tenga en cuenta que Morton no está haciendo una biografía de Belloc sino contando sus memorias junto a él.

Cuando Morton conoce a Belloc ya éste era mayor, y había perdido a su mujer y a su primer hijo en la guerra. Incluso, entonces, Morton era amigo, en realidad, de Peter Belloc. Recién cuando éste fallece en la Segunda Guerra, se estrecha la relación de Morton con Belloc padre. Y tengamos en cuenta que poquito después de la guerra, HB empieza a tener importantes problemas de salud que lo limitaron bastante y se irán agravando hasta su muerte a mediados de los '50.

Posiblemente en todo este tiempo el trato de Morton con Elizabeth, si existió, debe haber sido mínimo. Y supongo que también es posible que haya sido un tema del que Hilaire no hablaba con personas extrañas a la familia.

No tuve acceso a lo que escribió Eleanor, junto a su marido, publicado como "Testimony to Hilaire Belloc" (años después reeditado como "Belloc, the man"). Quizá ahí se aclare algo.

Anónimo dijo...

Estimado Coronel:

Gracias por sus aclaraciones, y voy a ver si releo el libro (que si no me falla la memoria, leí en inglés, por lo que hay cosas que se me escapan).

Anyway, sí tengo en cuenta que no es una biografía, y lo dije al ppio. de mi anterior comentario.

Puntualizadora (un poco pesada)

Coronel Kurtz dijo...

Estimada Puntualizadora: No se preocupe; no es pesada, estamos "conversando". Por mi parte, me disculpo; leí su comentario rápido y se me escapó su aclaración.