miércoles, 9 de febrero de 2011

Protohistoria II


Sin embargo, allí mismo se encontraba la raíz de la salvación del mundo descarriado. El mundo material, porque estaba ordenado esencialmente al mundo espiritual, le fue positivamente donado a éste en virtud del designio del creador. La suerte de uno está ligada a la del otro, pero no se confunden. Toda creación, sea el mundo espiritual como el material, es obra solamente de Dios. Sólo la divinidad puede dar el ser autónomo al pensamiento angélico como a su propio pensamiento y otorgarle al espíritu creado su espejo en las criaturas sensibles, del mismo modo que Él mismo se había reflejado al comienzo en ellas.

Queriendo Dios salvar al mundo caído bajo el imperio del diablo, va simplemente a dar a la creación del mundo una prolongación inesperada por los ángeles. Dios va a animar el rostro de los espíritus creados que se reflejaba en las aguas puras y transparentes de la materia primitiva al que el narcisismo de Satanás había inclinado hasta la caída. Confiriendo la existencia autónoma a aquello que la materia tenía de espíritu en potencia, Dios suscita en el seno mismo de la creación física apestada por el espíritu puro caído, un espíritu carnal cuya inocencia pudiera restaurar el universo.

Sin duda, la caída del diablo arrojó un velo de sombra sobre todo el mundo del que había sido príncipe desde el origen. Pero este mundo que le había sido confiado se le escurrió porque, al igual que todo ser, el mundo sensible pertenece a Dios. Sólo Dios sabe lo que puede nacer de Él en este reino usurpado por otro.

Y no solamente el mundo escapa a ese otro sino que escapa también, precisamente, aquel a quien más amaba: su propia imagen. Dicho de otra manera, aquello que tenía espíritu en potencia en la materia va a tomar vida bajo el vuelo del propio Espíritu de Dios. Nuestra tierra, arrancada del caos, reflorece en un nuevo jardín de Dios y, en ese Paraíso, aparece el Hombre. Restaurando directamente en el mundo la imagen divina que su príncipe ciego había desfigurado, el hombre es creado como el salvador posible del mundo.

Este momento segundo de la creación es el principio de un nuevo orden. Hasta entonces, del Espíritu increado había procedido el espíritu creado, luego la materia, espejo del espíritu finito, lo había a su vez prolongado como otro infinito. Ahora, aparece un orden inverso preparado para derrotar al primero. Un nuevo espíritu se libera de la materia y se remonta hacia su creador. Al conducirla en el movimiento ascensional de su propia creación, la restablece en el circuito, bloqueado por Satanás, de la acción de gracias y de la eucaristía cósmica. De este modo, el Mundo caído con su príncipe, será liberado de la noche y de la muerte por el propio hijo de la tierra, introducido en el coro de los hijos de Dios.

Satán, sin embargo, no quedó desarmado frente a esta respuesta del Creador. En virtud del designio primero de Dios, que no se arrepiente, el mundo en el cual surge el hombre continúa perteneciéndole. En toda la realidad carnal en la que el espíritu del hombre ha florecido, y aunque incapaz de tocar los resortes profundos de su inteligencia y de su libertad, el diablo tiene espacio para tentarlo. Él pudo libremente desarrollar la sugestión inicial del Mal en este nuevo espíritu que es el hombre. Y va a instilar en él el espejismo de los deseos sensuales.

Y el hombre cederá. El redentor posible de la tierra será la conquista suprema del espíritu rebelde. Esta libertad que Satán había sentido brotar por encima de él, como una repetición posible por parte de Dios del imperio que él le había arrebatado, era demasiado, y se mostrará capaz de seducirla. Este es el segundo drama, prolongación del primero: la caída del hombre, eco de la caída de Satán. El mundo, en lugar de ser arrancado por el hombre del imperio del diablo, se encuentra arrojado por el hombre en la esclavitud del pecado y de la muerte.

Se ve entonces como, en el universo, el hombre aparece con un ángel de reemplazo. Nuevo Lucifer, él debía tomar el lugar dejado vacío por el primero en el coro de la eucaristía universal. Nacido en el mismo mundo al que su primer príncipe había llevado a la perdición, el nuevo dueño de la tierra que era Adán estaba destinado a reintegrarlo al pléroma del amor divino y a reintroducirlo en el reino de la luz y de la vida.

Abdicando su libertad al imperio del demonio, le otorgó a éste una conquista inesperada y una dominación más íntima sobre las cosas. De hecho, es a causa del hombre que la tierra es positivamente maldita.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo que no entiendo es cómo "se le fue de las manos" la obra al Creador. Se entiende la cosa cuando la explican desde el punto de vista del rebelde (Lucifer), se entienden sus motivos, pero no se si hay explicación desde el punto de vista de Dios -¿cómo fue posible?-.

Anónimo dijo...

Malachi Martin dijo:

Extraordinario... Gracias.

Coronel Kurtz dijo...

Anónimo del 9 de febrero de 2011 10:56:

A Dios nunca "se le fue de las manos"... Hay mucho de mistérico en todo esto, pero quizá lo ayude este texto de Castellani.

Anónimo dijo...

A veces tengo la sensación de que se trata de un cuento de hadas...tal vez el principe de este mundo desea que creamos eso.

Anónimo dijo...

Gracias Coronel, lo leeré. Sabía que no era posible "que se le fuera de las manos", por eso lo puse entre comillas, pero es que no hay o no encontré otra forma de hacer la pregunta.
Anónimo de las 10.56

Anónimo dijo...

Muy bueno lo de Castellani, Coronel, gracias.
Creo que Duquesne agrega algo también, al decir algo así como que, para ser perfecta la creación, las creaturas debían ser libres. Y es del mal uso de esa libertad que se origina la caída, no de Dios.
Anónimo de las 10.56