jueves, 7 de abril de 2011

El fin en clave bouyeriana

Copio aquí algunos párrafos sueltos de un trabajo que me envió un colaborador habitual del blog. Se trata de algunas reflexiones sobre el fin a partir de Louis Bouyer. Desde AQUI pueden bajar el trabajo completo.


Lo que los cristianos de nuestro tiempo esperan es la conversión del mundo. También San Pablo ardía en deseos de implantar el evangelio en todo el mundo conocido, y su impaciencia radicaba en que, pareciera, estaba convencido de que el reino de Dios sobrevendría cuando su tarea estuviese acabada. Sin embargo, su idea de la evangelización del mundo no abarcaba la idea de que todo el mundo podía adherir al evangelio. Y la prueba está en que, para él, cuando el evangelio había sido proclamado públicamente y había sido recibido por un grupo de fieles, la tarea evangelizadora estaba prácticamente terminada en una ciudad o en una comarca. El apóstol, entonces, no tenía ya más que hacer allí, y se marchaba a otro sitio para proceder del mismo modo. Sin duda, los cristianos que dejaba proseguían la tarea de conversión que él había iniciado, y entonces se gozará de que su fe se “multiplica”, como él mismo dice. Pero en ninguna parte San Pablo parece suscribir a la esperanza o al sueño de las adhesiones masivas. Y lo que no espera para su tiempo, mucho menos lo espera para el futuro mediato. Está lejos de creer que la hostilidad del mundo hacia el evangelio que percibe en su tiempo se fundiría como hielo bajo el sol, cuando fuera proclamada la Buena Nueva. Por el contrario, esta hostilidad le parece que, en su tiempo, está contenida por un obstáculo, el famoso katejon, que en algún momento será removido. Pero una vez que la proclamación haya llegado a todas las orillas de la tierra, los tiempos de calma cesarán y entonces, como un mar furioso sobre el cual se ha arrojado aceite, el mundo, lejos de quedar encantado por la voz de Cristo como por la de un Orfeo divino, desencadenará su revuelta más tumultuosa.




Por eso, lo que espera a los apóstoles que predican el evangelio no es la conversión del mundo, sino el odio del mundo. Les aguarda la enemistad del mundo -que se manifiesta cada vez más- y al mismo tiempo, la victoria sobre el mundo. Las dos son inseparables. Pero ocurre que los cristianos de hoy no pueden soportar la idea de tener enemigos. Ellos quieren estar en contra de todo lo que está contra algo, y estar a favor de todo lo que está a favor de algo. “No estamos en contra de nadie”, es su frase favorita. Pareciera, incluso, que hoy no es posible ser ateos, porque sea el personaje que sea, siempre encontrará a algún eclesiástico esclarecido que escribirá un libro, quizás junto a ese mismo personaje, en el que demostrará que, en realidad, lo estamos malinterpretando y que en el fondo, ese acérrimo ateo, es más cristiano que nosotros mismos.


Lo malo es que esas conquistas sobre el papel no son muy efectivas. Aunque anexados por nuestros artificios dialécticos, nuestros queridos enemigos siempre escapan a nuestros abrazos, ignorándonos sin más. Al leer los escritos de autores cristianos actuales, se tiene la impresión de que el cristianismo ha perdido para ellos todo contenido propio. Pareciera que su fe, inquieta solamente por comprender y acoger a todos, es una materia dúctil y transparente, en perpetua coquetería con los principios del mundo.




La historia permanece en manos de Cristo y no en las nuestras. La Iglesia lo representa pero no lo reemplaza y, con mucha más razón, no puede sobrepasarlo. Su obra consiste en llevar la salvación a los hombres por el Evangelio y los Sacramentos. Y la promesa que ha recibido es la de la indefectibilidad en esta tarea. Ella no hará otra cosa que lo que Cristo mismo hizo durante su primera venida. Deberá hacer brillar la luz, Su luz, en las tinieblas. Pero si las tinieblas no recibieron al mismo Cristo, no esperemos que la Iglesia tenga alguna ventaja en este sentido. Es verdad que se prometió que los discípulos harían obras más grandes que el Maestro, pero esto debe ser entendido en el sentido que llevarían el evangelio a todo el universo, mientras que Él sólo lo predicó en Galilea. La salvación del mundo ha sido confiada a la Iglesia, pero el juicio del mundo permanece en manos del único Señor. Es necesario que Él reine, pero no seremos nosotros quienes lo hagamos reinar. El anuncio evangélico es tarea de la Iglesia, pero su efecto definitivo es un secreto del Padre hasta el día que Él ha fijado y que sólo Él conoce. Ese día, el Hijo del Hombre vendrá a su reino y cosechará el campo en el que la Iglesia arrojó la semilla. Es verdad, en ese día asociará a los santos al juicio que hará entre los elegidos y los réprobos, y como ellos han sufrido con Él, con Él reinarán. Pero no es cuestión de ellos –de los santos-, el anticipar el día de su venida y atribuirse el poder de hacerlo reinar. El día de su reino, es el día de Yavé, el día que sólo el Padre conoce. Sería locura pretender la posesión de aquello que ni siquiera el Hijo poseyó. Hasta ese día, los cristianos no podemos sino arrojar la semilla y gritar con toda nuestra voz: “¿Hasta cuándo Señor, Santo verdadero, no juzgarás y vengarás nuestra sangre en los que moran sobre la tierra?” (Ap. 6, 10).




Naturalmente pensamos, alentados por los eruditos exégetas modernos, que los cristianos de la antigüedad, comparados con nosotros, eran espíritus cerrados y primitivos. Creían en un número pequeño de elegidos. Nosotros, en cambio, conservamos un infierno con todos sus papeles en regla, pero nos aseguramos en decir privadamente que nadie irá a ese lugar. En pocas palabras, nuestros antepasados crían en un Dios Padre cuyo amor encerraba, sin embargo, algunas exigencias. Nosotros creemos en un Dios Abuelo, cuyo amor no rechaza a nadie, porque es incapaz de exigir.


Pero esta comparación, que nos parece tan favorable a nosotros, no es más que una ilusión. El nuestro, es un optimismo de superficie. La verdad es que creemos con tan poca seriedad en el Creador, que terminamos creyendo en la creatura tanto como nuestros adversarios. Es porque no creemos en la grandeza terrible de la creación que no somos capaces de creer en la grandeza de la caída. No es un optimismo genuino lo que nos lleva a ver en el mal no más que un bobalicón epidérmico en el rostro del mundo, sino una verdadera pequeñez de espíritu. Los hombres se placen en gritar a nuestros oídos su odio hacia Dios, y nosotros les respondemos con una sonrisa de sordos, y les decimos dulcemente: “¡No sean así! ¡Si Uds. son buenos chicos¡ Estoy seguro que no piensan lo que dicen”. Este reflejo deja ver nuestro temor, engrampados como estamos en nuestras ilusiones. Es la reacción típica del impotente que sueña obstinadamente lo real conforme a sus gustos.

27 comentarios:

Gelfand dijo...

Felicitaciones Wanderer y colaborador. Todavía no lei el trabajo completo pero estos párrafos los suscribo totalmente. El optimismo de los 60´, con eso que "Dios quiere que todos los hombres se salven", no nos deja ver la cruda realidad. Se lo tendrían que aprender de memoria los que se ocupan de la pastoral, así no pierden mas tiempo discutiendo planes abstractos.

Anónimo dijo...

Y Castellani, siempre tan actual: "San Pedro dijo (II Pet. III,4) que cuando no quieran creer los hombres en el fin del mundo entonces está cerca el fin del mundo. Mas cuando lo que no quieren creer están dentro de la Iglesia de Cristo y predican de oficio las palabras de Cristo sacrosantas, entonces la cosa es grave. Hodous S.J., por otra parte ortodoxo y muy docto y aplicado, hace contorsiones acrobáticas para persuadir que cuando san Pablo, san Pedro y san Juan Apocaleta dicen: "La parusía del Señor está cerca", y "Vengo pronto", eso no significa sino: "La parusía del Señor está lejos" y "Vengo dentro de millones de años". Si así es la lengua de los Apóstoles y así habla Dios a los hombres, apaga y vámonos. No estudiemos más ese libro, estudiemos cualquier otro."

(Las Parábolas de Cristo, ediciones Jauja, p. 277).

Anónimo dijo...

Permitanme hacer algunas preguntas medio tontas que sin embargo me hago

No es medio injusto para los indios o los chinos no haber sido nunca convertidos al cristianismo?

Por qué esa preferencia por europa o las americas del devenir divino?

Por qué la mayoría de los salvos tendrían que pertenecer a cierta area geográfica.

No estoy diciendo que los hindus o los maoistas no se van a ir al infierno. Lo que digo es que me parecería injusto que Cristo regrese sin que los indios o los chinos hayan sido expuestos al cristianismo tanto como los europeos.

Aunque tal vez mi concepto de justo es muy deficiente, y no me debería preocupar porque Dios no puede ser injusto.

Wanderer dijo...

Estimado anónimo: ¿A Ud. le parece justo, por ventura, que nosotros, y los europeos, y esa "área geográfica" hayamos sido expuestos al cristianismo? ¿Es que lo merecimos? ¿Hicimos algo para que Dios se viera obligado, en su justicia, a darnos su gracia? En absoluto. Es el misterio del amor de Dios. Y el misterio es misterioso.

Anónimo dijo...

La segunda venida se producirá "después" que el Evangelio haya sido predicado en todo el mundo. ¿El evangelio ha sido predicado en todo el mundo? Insisto en lo mismo de siempre: ¿el evangelio ha sido predicado en todo el mundo, de manera que cada ser humano pueda decidir "estoy con Cristo o estoy contra Cristo"? Si no fuera así, entonces la segunda venida sería "injusta".
Por otro lado, creo que se confunde la idea de luchar por un orden social justo o, mejor dicho, por el reinado social de Cristo "como medio" para que las almas se salven y lleguen a Dios, con la idea de que ese Reino es un fin aquí en la tierra.

Pippin

Jacobita dijo...

Estimado Gelfand,
Dios quiere que todos los hombres se salven. Si no creemos eso, somos Calvinistas.

Wanderer dijo...

Pippin, yo creo que Bouyer tiene razón, y cuando se dice "todo el mundo", hay que interpretaron del modo que él lo hace.
Según su punto de vista, sería injusto que viniera el fin se que todos los hombres hayn podido optar libremente por Cristo. Supongamos que, de algún modo u otro, dentro de diez años, todos el Evangelio es predicado efectivamente a todos los hombres. Será, en todo caso, a todos los hombres que se encuentran vivos en ese momento concreto de lo historia. Qué hacemos entonces con los integrantes de una tribu de mongoles del siglo XVIII que murieron todos sin haber escuchado hablar de Cristo? No sería injusto para ellos? Y para todos los otros millones que están en su mismo caso?
Como le decía al Anónimo, es el misterio del amor de Dios, y nos resistimos a aceptar que Dios nos ama con amor de predilección.

Anónimo dijo...

Estimado anónimo, nosotros tenemos bendiciones y culpas colectivas, que nos vienen junto con regalos como la vida y la salud. Los Hindues puntualmente, tuvieron a los discípulos de San Tomás Apostol (Iglesia Ortodoxa Hindú) y a San Francisco de Xavier. A eso sumele, que si usted estudia en profundidad su teología pagana -cosa a lo que dediqué largos años-, va a observar que les fue revelado muchísimo y lo rechazaron. Por amor a la sensualidad y los encantos de lucifer, rechazaron una revelación particular muy grande, que incluía la naturaleza trina de Dios y muchas prefiguraciones de Cristo.

Al día de hoy, el hinduismo es uno de los cultos que mejor ejemplifica la anti-iglesia de los últimos tiempos.

Así también, poca gente conoce la legión de Santos y Tradicionalistas CATÓLICOS que tiene ese pueblo.

AMDG

Crux Australis

Anónimo dijo...

(me refería al anómimo de 7 de abril de 2011 18:04)

Crux Australis

Gelfand dijo...

Jacobita: Dios quiere que todos los hombres se salven. Pero hay algunos que de hecho no se salvan porque así lo revelo Cristo. ¿Entonces Dios es impotente para obtener lo que quiere? No, es que no quiere todo de la misma manera. El problema es que en gran parte del catolicismo actual se paso del primer querer de Dios a la conclusión de que no puede condenar a ninguno.

Jack Tollers dijo...

Yo no sé de dónde diablos sacaron esto de que hay que andar fijándose en quién se salva y quién no.

Con el caso de uno mismo, tiene de sobra, para pensar, para rezar, para hacer, para arrepentirse, para reparar, para expiar, para volver a pensar...

¡Menos mal que no nos fue revelado mandato parecido! ¿Se imaginan? No sé, algo a guisa de "fíjate en tu próximo, no vaya a ser que se condene el muy maula" o "concéntrate en la predestinación y la suerte de los que se topan contigo", "ofrece sacrificios por los impíos del Brama Putra, pues de otro modo todos ellos se condenarán".

Parece la oración de Desmond Tutú.

Mejor, mucho mejor, la oración del ángel de Fátima: "líbranos del fuego del infierno, y lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia".

Con eso, tenemos para toda la vida, con el número de mis "pecados desde mi juventud" y "los que se me esconden", por ejemplo, en que tanto insiste la Escritura.

Lo demás está de más y procede del diablo.

J. T.

Anónimo dijo...

Toda la pedagogía, de lo mínimo elemental, sobre los últimos tiempos, parece estar resumida en este párrafo que releí hoy al voleo:

En tiempos semejantes, oh amigos míos, consideremos, antes que sea tarde, qué debemos llevar con nosotros de entre los horrores de la devastación. Pues bien: así como Eneas ante todo los penates, así nosotros en primer lugar la Cruz, que aún podemos seguir usando como señal. Antes de que caiga sobre nuestras cabezas. Y después: sí, lo que cada uno ame con más ardor, pero no olvidemos a nuestro Virgilio, que cabe en un bolsillo de la chaqueta. (Diálogo sobre Europa. Theodor Haecker).

El Carlista.

Beatriz dijo...

Yo me pongo a pensar en el ateísmo de personas como Anthony Hopkins, quien desde muy tierna edad su padre le decía que la religión es basura.

Me imagino también de niña con un padre ateo que me machaca constantemente que Jesús es basura, que todo es una farsa.

A eso le sumo cardenales como Marcinkus, puro en mano y jugando golf, envuelto -él y el dinero de la Iglesia- en escándalos financieros con mafias, o fundadores alabados como un regalo para la Iglesia y que resultan ser abusadores sexuales seriales y todos sus colaboradores juran no haberse dado cuenta de nada.

Y también añado (aunque debería mencionarlo en primer lugar) el pecado original que no anula mi voluntad pero la hiere y la debilita y oscurece mi entendimiento.

Prefiero por eso las palabras del Papa Pío IX:

«¿quién se arrogará el poder de determinar los límites de esa ignorancia según la índole y la variedad de los pueblos, de las regiones, de los espíritus y de tantos otros elementos?».

Anónimo dijo...

El Tracto de hoy dice: "Dios cortará el cuello de los pecadores."

¿Por qué se quitó de la Missa?

Anónimo dijo...

Jack Tollers, palabras muy sabias las suyas.

Anónimo dijo...

Me hicieron acordar un asado, allá por mayo creo de 2004, en el que uno de los comensales dijo "el Evangelio fue predicado en todo el mundo, Mel Gibson lo hizo con su película" (que se estrenó el jueves santo de ese año). Terminada la exposición de mi co-comensal, un amigo le dijo que era un boludo, yo asentí, dije que era un boludo.


No se, les cuento.

El Séptimo Rey Mago

PD: De hecho, creo que el insulto que uso fue "sos un cabeza de rodilla".

Anónimo dijo...

¿Te acordás, hermano? ¡Qué tiempos aquéllos!

Eramos tan jóvenes...

El Séptimo Rey Mago

Anónimo dijo...

No se explica ese gusto morboso por los pasajes sobre la justicia de Dios (utilizados como contraposición dialéctica al pastelero "sonrie, Dios te ama). Por supuesto que Dios cortará la cabeza a los pecadores; pero por una rara distorsión de percepción, me parece que excluimos cuidadosamente nuestra cabeza del patíbulo y ,sutilmente,nos ponemos a juzgar sobre la cabeza de que vecino debería caer la guillotina divina. Y quizás, como no creemos profundamente en la generosidad del perdón de Dios para con nosotros, tampoco estemos dispuestos a aceptar la posibilidad de esa generosidad para otros:en fin, las excusas del hijo pródigo.

"Sí, me marcho de la tierra extraña.
Sí, me voy a casa... pero ¿a qué vienen tantos preparativos para unos discursos que nunca pronunciaré?.La razón está clara. Aunque reclamo mi verdadera identidad como hijo de Dios, sigo viviendo como si el Dios hacia quien vuelvo exigiera alguna explicación. Todavía considero su amor un amor condicional, y el hogar un lugar del que todavía no estoy totalmente seguro. Mientras camino a casa, sigo albergando dudas sobre si seré realmente bien recibido cuando llegue.
Cuando pienso en mi trayectoria espiritual, mi largo y fatigoso viaje de vuelta a casa, veo que está lleno de culpabilidad por el pasado y de preocupación por el futuro. Soy consciente de mis fracasos y sé que he perdido mi dignidad de hijo, pero todavía no soy capaz de creer plenamente que allí donde mis fracasos son grandes «sobreabunda la gracia.» (Rom 5,20) Todavía me aferró a mi sentimiento de inutilidad e imagino para mí un lugar lejos de aquél que le corresponde al hijo. La fe ciega en el total y absoluto perdón no llega fácilmente. Mi experiencia humana me dice que el perdón se reduce a la voluntad del otro de renunciar a la venganza y mostrarme algo de caridad.

Anónimo dijo...

Estimado W

Es de fe que cada persona recibe la gracia necesaria como salvarse. Los de la tribu mongola habrán tenido su gracia. Lo que trataba de apuntar es que al fin de los tiempos la elección parece (según mi ignorancia) que tendrá que ser más clara, más definida, más simultánea. Es decir, que en algún momento eso de la predicación del Evangelio en todo el mundo se tiene que dar por cumplido. Punto. Hasta acá llegó el asunto, y desde entonces no hay vuelta atrás.

Don Tollers, estoy de acuerdo que con nuestra salvación ya tenemos demasiado en qué ocuparnos. Pero quien lo lee tan categórico podría pensar que importa un bledo la salvación de los demás. Nuestra propia salvación importa en primer lugar y luego y casi necesariamente diría yo, la de los más prójimos, familia, amigos, etc. Alguito de obligación tengo con ellos, aunque sean libres.

Pippin

Pippin dijo...

Me acordé ahora de la carta a Filadelfia en el Apocalipsis. Cuando dice "he aquí que abro una puerta delante de tí" Castellani interpreta esto como la posibilidad de conversiones, previa a la gran tribulación que se viene de la cual los fieles de Filadelfia serán preservados o más bien vencedores. ¿Se podrá interpretar que cuando se cierre la puerta, entonces chau, sanseacabó y que este momento coincidirá con la predicación del Evangelio en todo el mundo?

Pippin

Anónimo dijo...

Cómo se entiende la relación entre estos términos: Santo, Tradicionalista y católico:

1)¿La santidad requiere ser tradicionalista y católico?
2)¿El tradicionalista es santo y católico por antonomasia ?
3)¿Para ser católico es condición "sine qua non" ser tradicionalista y por ende nos aseguramos,así, la santidad?
4)¿"Tradicionalista" se escribe con mayúscula porque es el sustantivo adjetivado por "católica"?

CeG

Wanderer dijo...

Yo casi que prefiero los discursos morbosos de este lado que del otro.
Y a Panque, que acusa problemas testiculares con Bouyer y con este servidor, le propongo un remedio efectivo y gratuito: no lea más el blog.

Anónimo dijo...

Pipin, los Santos antes eran Santos, ahora solo buenos tipos. Da lástima.

Dr. Plinio

El Profesor De Worms dijo...

Wanderer, le pido disculpas de antemano porque mi comentario tiene poco o nada que ver con el tema del post, pero me parece importante publicar lo que se esconde detrás de las "democráticas" revoluciones de los países africanos, apoyadas por la ONU y las potencias occidentales. En este caso, se trata de lo que ocurre en Costa de Marfil donde las tropas irregulares leales al presidente electo Alassane Ouattara (musulmanes) han iniciado una terrible persecusión en contra de los cristianos. Creo que el siguiente video expresa claramente la gravedad de la situación.
http://www.minutodigital.com/2011/04/06/asi-queman-vivos-los-musulmanes-a-los-cristianos-en-costa-de-marfil/

(Impresionables, abstenerse)

Por otro lado, la prensa oficial ignora (o elige ignorar) estos hechos y festeja el proceso democrático y el apoyo brindado por Francia.

http://www.clarin.com/mundo/Costa-Marfil-opositoras-detuvieron-presidente_0_460754089.html

Ante esto, creo que lo único que queda decir es:

¡Mártires de Costa de Marfil, rogad por nosotros!

El Profesor De Worms

Wanderer dijo...

Estimado Profesor de Worms, El el caso es que las dictaduras árabes, aunque musulmanas, protegían a los cristianos, e impedía que fueran perseguidos y martirizados. Luego de Sadam, en el Iraq liberado, comenzó la caza de cristianos, y hoy las ciudades europeas, París en particular, recibe a enormes cantidad de católicos caldeos, que deben huir. Lo mismos está pasando en Egipto con lo coptos, que habían logrado un cierto statu quo con Mubarak, y así seguirán Libia, Costa de Marfil, etc.

Anónimo dijo...

Don W, gracias por el remedio pero algunos tenemos vocación de masoquistas; como yo, que lo leo, o como ud., que sigue escribiendo para que lo lean.

Anónimo dijo...

El caso de Costa de Marfil es diferente , pues los Catolicos no son una pequenia minoria , son el 30 % de los habitantes , los musulmanes no llegan a los 40% .
Por ahora , no creo a una persecución .... El primer ministro del nuevo gobierno es catolico ...
Juan