miércoles, 11 de mayo de 2011

"En todos nosotros se agazapa un inquisidor frustrado"



 Entrevista de Jack Tollers al Anónimo Normando (II)

Tollers:              ¿Cómo nació su afición a las letras? Algunos dirían que es contraria a la experiencia “chestertoniana” que describe… como si hubiese oposición entre las letras y la realidad. Borges, sin ir más lejos…
El Anónimo:         De muy chico me gustó leer. Y las lecturas me iluminaban la realidad, no la sustituían. En la primera juventud leí un poco menos que en la niñez, y que después. A los 16 años, más o menos, retomé, y leía aluvionalmente de todo; un amigo me cuestionó ese desorden, y le contesté con un lugar común bastante grasa: “El saber no ocupa lugar”. Lo que me dijo entonces me descalabró: “Ocupa lugar en el tiempo”. Y tenía toda la razón.
Como en todas las cosas, la calidad importa más que la cantidad. Recuerdo la impresión que me produjo leer a Chesterton a los 14 años, como algo “distinto”. Y así con otros autores. También recuerdo el tedio que resultaba de tanto libro prescindible. Claro, ahora los veo como prescindibles. Salvo como síntomas de la patología cultural reinante. Pero uno no puede vivir coleccionando síntomas. Con los años uno relee más de lo que lee. Qué le vamos a hacer.
Las buenas letras nacen de y vuelven a la realidad. A la realidad en lo que tiene de más profundo. Borges, precisamente, a pesar de las volteretas y los jugueteos, en cuanto tiene de mejor nos muestra la realidad. Un tipo de buen gusto y buenas lecturas, básicamente. Claro que la tilinguería que lo rodeaba le festejaba otra cosa, por lo común.

Tollers:              ¿Cómo le dio por estudiar letras, así, para adoptarlas como profesión? ¿Nadie le objetó semejante elección? ¿No le daba miedo el sustento al que habría que proveer en el futuro?
El Anónimo:         Me pareció que era lo que más me gustaba, y que allí había dos cosas: un campo para el apostolado (en esos años de fervor militante) y también que allí se libraba una de las grandes batallas de la guerra cultural. Bastante ingenuo todo, pero no mal apuntado, a grandes trazos.
Por supuesto que me objetaron, con razones muy atendibles. Pero fue una elección con toda conciencia. Ciertamente correría la coneja: eso lo veía con absoluta claridad. Pero haría lo que más me gustaba.
El flaco Montiel decía que uno se da cuenta si está en su vocación cuando no ve un límite demasiado preciso o abrupto entre lo que es estrictamente trabajo y lo que es placentero. Creo que es una regla práctica fantástica en su sencillez.
Y casi al final del camino, creo que fue un acierto. Con todas las inmundicias que hay sobre todo hoy en esta actividad. Pero en las demás también, me parece. Y las cosas se valoran en su plenitud, no en su corrupción.

Tollers:              San Juan de la Cruz decía que un solo pensamiento de hombre vale más que el universo mundo. Pero muchas veces me pregunto si no será una exageración andaluza…
El Anónimo:         Sugestivo texto. ¿Andaluzada? Sin embargo suena bien. Claro que habría que ver el contexto, cosa que no puedo hacer ahora por haber prestado mi tomo de la BAC. Así nomás, a lo bruto, pareciera referir a que lo fundamental se resuelve en esas opciones últimas que se definen en el corazón (en el sentido tradicional, no el sentimentaloide moderno). Vale decir que Dios ve nuestros pensamientos, y que eso es más importante que todo lo demás. Da un poco de miedo...

Tollers:              Sé que le gusta la poesía, que sabe mucho de eso y que incluso ha escrito unos cuantos versos, pero… bueno, la pregunta es un poco prosaica, pero ¿no es usted un poeta?
El Anónimo:         No, por cierto. Salvo únicamente en el sentido incoado, potencial, en que lo es todo hombre. “De médico, poeta y loco, todos tenemos un poco”, dice el refrán, y es verdad.
Pero el poeta en sentido estricto tiene el habitus, el hábito, que inhiere tan profundamente que llega ser en él algo así como una segunda naturaleza. Una disposición a obrar de determinado modo cuasi espontáneamente. Y así es que todos en general, si estamos más o menos sanos y enteros, nos conmovemos frente a paisajes, situaciones, etc. Pero el artista tiene el hábito de poder expresar esa conmoción plasmándola en una materia: así el pintor en líneas y colores, el músico en sonidos, el escultor en volúmenes, etc. Y el poeta en palabras.
¿Y los que no tenemos ese hábito? Pues nos sentimos expresados por el poeta, que habla por nosotros. Nos reconocemos en sus versos: dicen lo que nosotros intuimos pero no podemos poner afuera, comunicar de un modo tan acabado. Eso no quiere decir que alguna vez (pero suele ser excepcional) no probemos algunas líneas. Porque todos, como tan bien dice Tolkien, somos imagen de Dios, y Dios es creador. No podemos menos que reflejarlo de algún modo, todo lo débil y lejano que se quiera. Y el que se dedica a las letras debe reconocer que su papel es el de mostrar, iluminar, ex–plicar (que quiere decir algo así como “des-plegar” un papel doblado) si cabe, remover los obstáculos, para permitir que la obra brille plenamente. Y luego debe desaparecer.

Tollers:              Sí. Lo que parece que está desapareciendo en el mundo cristiano es la vera poesía, y, para el caso, el arte todo (con excepción, quizá, de la música, que aún se componen cosas de algún valor). Y claro, esto parece consonar con la pérdida de la fe ―como que el subcreador no puede crear si se desvincula del Creador (caído de Dios, te caerás de ti mismo). Con todo, el mundo clásico produjo las más grandes obras de artes y ni siquiera creían en la existencia de un Creador…
El Anónimo:         Amigo Tollers: hay varias cosas por allí, me parece. Lo que es de cajón es que un mundo post-cristiano, apóstata, que va en bajada, es peor que un mundo pagano, que va en bajada en cuanto pagano pero en subida respecto de una expectación mesiánica. Y la apostasía no tiene remedio en sí misma, puesto que de lo que apostata es del remedio, precisamente.
Por otro lado no hay una ecuación simple y directa: si tengo fe hago mejor poesía. Desde el hombre hay cosas que no se ven, las más importantes y profundas. Lo que sí se comprueba con relativa facilidad es que una cultura degenerada se expresa necesariamente en un arte degenerado, y al revés, por supuesto. Pero no es automático en cada caso particular. El hombre caído no tiene naturaleza deleta (destruída), como decía Lutero, sino herida (vulnerata). No pierde los dones naturales, ni la pulsión a sub-crear, ni la aspiración al ser, etc. Todo se tuerce y se ensucia. Por supuesto que hay un momento en que esa torcedura es tan violenta que llega al quiebre. Pero está, como dice Castellani, la media cizaña, el cuarto de  cizaña, etc. En fin, uno puede hacer mapas de trazo grueso, pero no confundirlos con una realidad a la que nuestro conocimiento, si bien llega, no la agota.

Tollers:              … y con todo, Lewis dice que cuando finalmente contemplemos el rostro de Dios sabremos que siempre lo habíamos conocido.
El Anónimo:         La reminiscencia platónica, y todo eso... es algo serio, que hay que entender bien. Lo que más me acuerdo de Lewis es en Screwtape cuando a los ángeles, en la hora de la muerte, el "paciente" no les pregunta quiénes son, sino que les dice algo así como "¡Así que eran ustedes!" Fabuloso. A Dios no lo conocemos ahora más que en sus efectos, que no es poco. Lewis también: las cosas dicen "aquí está Dios" y al mismo tiempo "no somos Dios". La nostalgia, la añoranza... "nos hiciste para Ti" (San Agustín). Ahí está todo.

Tollers:              A Ud. y a algunos de sus amigos los han acusado de anglófilos, y sus citas de Lewis me trajeron a la memoria el cargo… ¿qué contesta a eso, usted, católico formado en la tradición contrarreformista española?
El Anónimo:         En su pregunta se encierran varios temas entrelazados, que podemos reducir a tres (omne trinun perfectum), a saber, lo de las “acusaciones”, lo de mi anglofilia y yo, católico, como dice usted, formado en la tradición contrarreformista española. ¿Y bien? En cuanto a mis acusadores, diría que siempre hubo “energía botonal”; en todos nosotros se agazapa un inquisidor frustrado, que es la corrupción de la actitud alerta en defensa de la verdad. Pero con la “primavera de la Iglesia” y el despelote omnipresente, por reacción se agravó, como llamas en un pajar seco, este síndrome en el palo tradi, en mucha gente corta de luces, que no quiere saber nada de “cosas raras” y se ufana de certezas, ¡ay!, muchas veces racionalistas paradójicamente mixturadas con devociones privadas que rozan la superstición. Estos denuncian y se encocoran, lanzan anatemas y excomuniones sin efecto alguno, y desahogan su mal humor. Paciencia con ellos, pues, mis acusadores. 
En cuanto a mi anglofilia, debo decir que, curiosamente, de chico era yo parcialmente anglófobo, por mis sesudas lecturas de… Emilio Salgari. Los ingleses habían desposeído a Sandokán del reino de su padre, etc. En fin. Y algo había: la corrupción de Inglaterra provocó males sin cuento. Pero donde abunda el pecado sobreabunda la gracia. Y descubrí la Inglaterra católica, y mártir. Es cierto que todos tenemos por temperamento, o vaya a saber por qué, afinidades con determinadas culturas o sensibilidades con las que sintonizamos. Lo que no significa denostar lo otro. Pero somos seres finitos. Y caí en la cuenta que la cultura inglesa  me resultaba acogedora y simpática, y su literatura me era connatural. De modo que los autores ingleses fueron el camino que me tocó para descubrir infinitos bienes. Empecé por Chesterton. Y después di, por Pieper, con Lewis. Y por Lewis a Tolkien. Y por amigos a Evelyn Waugh. Y por Waugh a Ronnie Knox. Y a Newman… E via dicendo… Y Castellani me empujaba siempre. Y uno cuando contempla y goza, lo quiere comunicar. Nunca le agradeceré a Dios lo bastante haber puesto en mis manos esos libros. Es uno de los caminos más amplios por donde me llegaron los reflejos que puedo percibir del amor de Dios. Y no me cierran ningún otro. Al contrario. La verdad y el bien se despliegan en senderos convergentes. 
Y esto nos lleva a su referencia a la tradición contrarreformista española: confluyen todas las tradiciones particulares en la cumbre de la unidad. Cada una con sus talantes y sabores propios, y con sus riesgos y deformaciones inherentes. Pero en lo mejor que tienen no se oponen, sino que se enriquecen y potencian mutuamente. Claro que el demonio intentará volver enemigo lo que es complementario. Como ocurre con el hombre y la mujer, según el feminismo. Pero está en nosotros pedirle a Dios que eso no ocurra, que nos proteja y nos ilumine, para que no despreciemos torpemente sus dones. Como dice tan bien Lewis: todo camino hacia Jerusalén es un camino desde Jerusalén. Depende el sentido en que lo recorramos.

Tollers:              Sí, pero parece claro que no resulta nada fácil encontrar terreno común, digamos por caso, entre Garcilaso y Gerard Manley Hopkins, San Juan de la Cruz y Chesterton, o Newman y San Ignacio de Loyola…           
El Anónimo:         Esto tiene que ver con la cuestión de lo uno y lo múltiple, lo infinito y lo finito. La diversidad es una gran cosa, porque expresa la inimaginable riqueza de la creación. Lo infinito se refleja, se refracta en lo finito con fecunda abundancia. Pero en lo alto, o en la raíz, hay convergencia. La fuente es la misma, y no puede agotarse en ninguna cosa creada. 
Nuestra capacidad es limitada, pues somos finitos. Y además, está herida, estropeada por el pecado original, y por el demonio que con gran habilidad y astucia nos distrae y hace que contrapongamos y enfrentemos los destellos particulares, para que no gocemos con la remisión a la fuente y nos jodamos, y la realidad se nos aparezca como un caos, cuya única clave sería la visión necesariamente  estrecha que nos propone la secta en la que nos refugiamos, donde anida un jirón de verdad enloquecido, desmadrado, hipertrófico. 
Claro, entonces ni Garcilaso ni Hopkins pueden agotar la poesía: confluyen. Como San Juan de la Cruz y Chesterton, que sin duda se reconocen en el cielo, y aun como San Ignacio y Newman, que atisban la Verdad y comunican lo que ven, desde distintas perspectivas, digamos, con ángulos determinados. En todo se refleja Dios, y nada agota a Dios. Es como en la música: ¿nos pueden gustar Bach y el Chango Spaciuk, el gregoriano y el tango? Son cosas distintas, felizmente. Pero señalan en la misma dirección.
Entiendo que la pregunta apunta sobre todo a un paralelo entre la España del XVI y la Inglaterra del XIX-XX. Y en los dos ámbitos encontraremos “norma y enormidad”, al decir de Ortega. Todo lo finito se puede torcer, de todo podemos abusar. Los “anglófilos”, como Ud. dice, podemos ponernos densos y exclusivistas, supongo, tanto como los gallegófilos barrocoides o los francófilos jansenistones, o los neorrasputines, o los gauchudos de asadito y poncho, etc.etc. Pero no por eso tiraremos a la basura a Belloc, Santa Teresa, Peguy, Volkof, Castellani. No sé si me explico...

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente en su sesuda densidad.
Y me alegro que pinta una 3° parte, pues no se ha despedido y no es bueno irse sin saludar.

Anónimo dijo...

Hablando de inquisidores: a raíz de la detención en mi provincia de un prófugo de un aberrante crime ritual de un niño (el caso Ramoncito), cuánto me hizo entender por qué los Reyes Católicos instauraron la Santa Hermandad y la Santa Inquisición. Son una necesidad de esta naturaleza humana caída, que nos cuesta ver por la enceguecedora luz artificial de la ilustración y pos-ilustración.
Por ello, cuanto se extraña el "Exurge Domine ..."
Tribunus Plebis.

refranero dijo...

A buen inquisidor, pocas palabras.

Anónimo dijo...

Muuuuuuy buena la segunda parte, Normando!!!!! Muy buena.

Gelfand dijo...

De las entrevistas que hizo Jack Tollers, la de El anónimo normando es la que más disfruto. Un personaje que ennoblece el blog.
Wanderer hágalo escribir mas seguido.

Anónimo dijo...

Que chupamedias Gelfand, no querrá que le pongan, como en el colegio, un diez felicitado no?

El Séptimo Rey Mago.

Anónimo dijo...

Aclaro: que a Gelfand le haya gustado la entrevista no hace del Normando un clerical.

Gelfand dijo...

Ay, si si!!
Quiero un diez felicitado!!

Anónimo dijo...

A mi también me gusto che!

El Septimo Rey Mago

Anónimo dijo...

Es sumamente acotada la aclaración del Anónimo de 22:39, pues podría suceder que por ejemplo salga Arraiz a decir "¡qué buena la entrevista del Normando!" y por un sistema de relaciones extremadamente simplificador algún sotretata diga: ¿Ah, entonces el Normando tiene una cara parecida!, y no, nada que ver.

Mary Lennox dijo...

Querido Anonimo:
Póngace a dar Filosofía del arte para los filósofos anglofilos estetas de la UCA que somos...
No eso no, pero gracias por prestarse a la entrevista hace bien a los pequeños que algún día queremos llegar a ser grandes.

Saludos
Mary

Anónimo dijo...

Y yo disfruto mas de los otros comentaristas

Gelfand y Araujo

Anónimo dijo...

Para mí que el Normando y Tollers son liberales...