viernes, 14 de octubre de 2011

El fraile y el lobo

Lupus, como era de esperar, le respondió a Fr. J. Prosit!


Esto es una locura, bailemos. Vea Fr. J., ud. no escucha o no se escucha. Si no se reconoce en lo que le achaco, es porque le gusta achacar nomás. Le salió así, reléase. Sin embargo, bien que me viene para retractarme. Eva Perón fue una mujer emocional, sinceramente preocupada por los pobres, llegada y allegada a un poder inmenso, desperdiciado por vanagloria, cinismo, requiebro de la tradición, el eco fúnebre y aborregado de la politiquería pedorra y una "libertación" tan solemne como idiota. La Plaza de Mayo, por su parte, es el principal teatro argentino, el termómetro del instinto nacional; o, si se prefiere, el proscenio de la cogitativa nacional. Y Borges nuestro mayor malabarista y nuestro mejor apóstata, tan cultivado como divertido y ciego. Ni Evita, ni la Plaza ni Borges son insignificantes, en eso me retracto. En cuanto a los tupamaros, bueno, le pifió por una frontera, o se equivocó al vocalizar. Pero ud. me dejó ciego a mí (de bronca) al mezclar la Argentina con Maradona, el autobautizado divino, el gran peloteador, que puede ponerse junto a Tinelli y Bonafini como una tríada, una válvula de pudrición básica, un motorcito ignominioso allá abajo, siempre andando. Pongo esos tres porque cada uno juega a la furia con los muñequitos que se le antojan.
Pues bien, no se me ocurre que Wanderer descrea de la faz épica de la Guerra Civil Española, ni de las personas o hechos verdaderamente gloriosos de la historia de España, y eso se confirma en sus propios comentarios al paso de los nuestros; más bien creo que trata de ponderar y ajustar, y retribuir con verdades duras los continuados desprecios y ninguneos (Castellani "bombilla de luz"). Ud. mismo lo dice: no leyó a Castellani, no conoce a nadie de acá ni de por acá, ni le molesta que existan. O sea, todo esto le importa una remolacha. ¿Entonces para qué viene a meter la uña? Ah, sí, porque aparentemente se montó un operativo justo en el Día de la Hispanidad. Y un cuerno. Acá algunos festejamos el Día de la Verdadera Hispanidad, no la de los carlistas que repudian a los falangistas, ni la de nadie que repudie a los descendientes de sus viejos enemigos por el solo hecho de que lo fueron (eso es muy shakespereano, ¿o muy español?). Somos pocos, pero no sé si menos que allá. Es más, ¿cómo y qué festejan ustedes en este día? Acá unos cuantos celebramos a Pelayo, Alfonso, Fernando, el Cid, los Reyes Católicos, los Conquistadores, Domingo, Vicente, Teresa, Juan de la Cruz, Torquemada, Donoso y José Antonio. También a Cervantes, Quevedo, Balmes, S. Ramírez, Becquer y a Platero y yo. Bah, saquen y pongan al gusto de cada cual, que hay de sobra. Lo sabemos. Lo aprendimos.

Pero nosotros, que somos pocos y tenemos mucho menos, tampoco tenemos nada ni poco. Es más, reconozco que a lo largo de nuestra historia apenas pudimos levantar la cabeza alguna vez. Debe ser el clima. Pero cuando alguno se alza, lo hace bien alto, como el Ermitaño Urbano que ud. desconoce. Es maestro, signo y las arras de nuestra mejor herencia. Uds., en cambio, en esta hora, habiendo tenido tanto, han caído desde muy alto, o dígame si no. No lo digo con bronca ni de retruque, sino con pena. Pero caen más bajo cuando son ignorantes del valor ajeno, y sólo se les revuelven las tripas si algún hijo pródigo no les retorna emporcado. No son todos, ya lo sé, pero me la agarré con ud., porque ud. vino y dijo. Tal vez se deba a la falta de una norma ISO para los comentarios.
Por último, y lo voy calculando despedida, eso que pasó por ahí del tributo a Hermes Trismegisto... No lo creo, salvo en este aspecto: lo hermético, lo esotérico, lo... iniciático. Es un camino de cornisa, desolado y sumamente peligroso. Más que hambre de sabiduría, voracidad. Mi consejo: a la cueva o a la aldea, que no se excluyen, llegado el caso. Pero nada de esos grupos iluminados, sectarios, que sólo se fortalecen en el intercambio de favores intelectuales y meramente humanos.
Lupus

14 comentarios:

marqués de valdegamas dijo...

Lupus, si vení' por España te vamo' a boxear.

Anónimo dijo...

Puras paranoias. Ni hablé de Franco, ni de falangistas ni de la España gloriosa ni del sursum corda. Ni cité a Castellani, ni en un sentido ni en otro. Eso de que en la península molesta que haya habido allí un Castellani, se lo imagina vd., pues en la península dispone de varios divulgadores bastante reputados.
El único problema es que sale el señor Warrender el día de la Hispanidad a decir que los españoles son imbéciles, más nada.

Fr.Jeremías de las Sagradas Escrituras, Ordo Mercurii Sapientissimi

Anónimo dijo...

lupus, soltaste el seguro... pero no estuvo mal, comparto. ojala se entienda como se debe.

Alonso

Mariano dijo...

Alguien me podría consejar algún libro de Castellani , lo más representativo, dado que no dispongo de mucho tiempo libre? Se lo agradecería.
Y sí en España hay cosas muy buenas, prticularmente la gente, lo peor la perdida del imperio indigerida y la secular envidia.

Anónimo dijo...

Mariano, by the way puedes aprovechar para leer "Estado y Revolución" de Lenin. Tras las obras completas de Sabino Arana, of course.

Fray Jeremías, O.M.S.

Anónimo dijo...

Filosofía barroca; de la buena:

http://www.youtube.com/watch?v=AKaaS6-SrPA

Fr. Jeremías, O.M.S.

Anónimo dijo...

Lea "El ruiseñor fusilado"

Iván

Anónimo dijo...

Solo hay una manera de salvar España, y es que su majestad Cristianísima haga un llamada a los últimos caballeros andantes (caminantes abstenerse).

Aunque en este caso en particular, quizás sea mejor dejar a Rocinante en el establo para enfrentar los entuertos de alto vuelo, y dejar a Sancho y su burro que se encarguen del tema.

Anónimo dijo...

Mariano, "Cristo y los Fariseos" Cuadra de advertencia oportuna para los que creemos estar en la verdad:
"El fariseismo es el gusano de la religión (...)Es la soberbia religiosa: es la corrupción mas sútil y peligrosa de la verdad más grande: la verdad de que los valores religiosos son los primeros (...)Las desviaciones de la carne son corrupciones; pero las del espritu son perversión.EL GRAN INCESTO ES COPULAR CONSIGO MISMO, HACERSE DIOS"

PD: Vio W, llevó tiempo pero la frase no era un invento.
CeG

Un caminante dijo...
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Mariano dijo...

Me apunto el libro, creo que Fray Jeremías es uno de los que habla Castellani, hay tantos que dan miedo la verdad.

Karl von Gaspar dijo...

Don Wanderer:

Si es por ningunear, los autores ingleses que le gustan a Vd. no son teólogos, sino más bien literatos, esanyistas o autores espirituales. Para teólogos-teólogos, no hay como los de habla alemana del siglo XX: originales, metódicos, rigurosos, sistemáticos y eruditos. Los gallegos fueron repetidores o comentaristas del Aquinate y los franceses buenos perfumeros de la nouvelle theologie.

Salu2

Utz Schmidl dijo...
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Anónimo dijo...

La cosa es simple, aunque Wanderer no haya tenido más remedio que introducirla en forma pugnante. No en todos lados hay huevos sin pelos, y a veces hay que tragar un poco del pimiento que se suele repartir a los demás. Cada cual que calle a sus propios bocones.

En el quinto centenario nadie demostró demasiado cariño, ni la madre ni los hijos. Error de todos. Pero caigamos en la cuenta de que, habiéndonos quedado sin jefes ni pastores, nos vamos quedando sin maestros ni poetas, y los que podrían, ya no tienen medios, ni protección, ni aliento. Ninguna nación se salva. Sólo faltaría que, cuando nos persigan, bajemos la mirada para señalarnos mutuamente los granos. Y está claro que los antiguos blasones, por inmortales que sean, no aseguran la virtud desde la cuna, generación tras generación.

A nosotros no nos cuesta, sino al contrario, hacer nuestra la proclamación de la primavera de García Serrano, la risa herida de Vizcaíno el burlador y la poesía prosada de Foxá, aunque se comprende el tajo recio de aquella guerra entre hermanos. Para ponerme a tiro de arcabuz, apunto por mi cuenta que hasta leo con agrado y emoción a Pérez-Reverte, pues aún no teniendo Cristo ni Iglesia (que no se puede tener lo uno sin lo otro), sabe bien decir y bien querer lo que Cristo y su Iglesia regaron por España. Pero ahora hablamos de una realidad muy grande que no cierra solamente allá. Una realidad grande que está en problemas grandes. Ahí es donde entra, entre tantas soledades dispersas por muchos países, esa otra Argentina, la de Castellani, quien nos enseñó a discurrir desde las glorias pasadas a la Gloria futura, a ser vigías y (léase bien) a no encorcharnos en proyectos mundanos, pues ha pasado demasiado tiempo y nadie sabe si falta mucho todavía. Mientras tanto y ante todo, cumplir humildemente el afán de cada día, actuar con inteligencia, compadecer y proteger a los débiles (y a los zonzos), discernir claramente a los malvados, reverenciar y despedirse de una buena vez de los buenos reyes y disponerse enteramente al regreso del Rey. Lo que más necesitamos son hogares y amistades; lo que menos, destrato.

Ya pasemos página a eso del british, el francófilo, el rusoide y la mar en tranvía, que la diáspora recrudece y todos estamos aferrándonos a las últimas joyas de la Cristiandad. Acá nadie da un pingo por algo que tenga que ver con esa reina ridícula del florero en la peluca, o el franchute corneta y su concubina imberbe, o el tano entintado y su trono de colchón. Otra es la Inglaterra refugiada en el corazón de Newman y de Chesterton. Y la Francia conservada en la religiosidad furiosa de León Bloy, o elegante de Claudel, o reduplicada de Volkoff. Y la Italia de Papini, la Rusia de Soloviev, la Alemania de Pieper y hasta la Dinamarca de Kierkegaard, merced al magisterio de un jesuita. Y basta también –a quien le quepa– con eso de que si no está en Europa no existe.

Lo del Trismegisto fue un tiro de emboquillada sin destino seguro. En cuanto al interés que le despertó al Ermitaño, se me ocurre: la curiosidad sin ciencia es collar de culebras, pero al que tiene ciencia le resulta irresistible, y por momentos imprescindible.

Bueno, la necesidad de mojar la pluma en el tintero por ahí me lleva a hacer el mal que no quiero, empezando por abusar del tintero ajeno. Ojalá no.

Lupus