sábado, 18 de mayo de 2013

Cultura cristiana


En los tiempos que nos tocan vivir, característicos por su descomposición en todos los niveles, aún eclesiales, y cuando en los últimos meses nos llegan oleadas de aromas bovinas, o caprinas, desde las Siete Colinas, es conveniente tratar el tema de la imprescindible cultura cristiana. No me refiero en este caso a la idea propuesta por John Senior y que ya tratamos en este foro hace algunos años, a partir de la lectura del primer capítulo de su obra The Restoration of the Christian Culture (a quienes les interese leerlo, puede bajarlo de aquí) La propuesta es discutir el tema desde el concepto que propone Bouyer.
Los católicos de los siglos anteriores sabían, ciertamente, muchas menos cosas que nosotros, pero tenían mucha más cultura cristiana, porque la cultura no es una cuestión de ciencia, y ellos, aun conociendo pocas cosas, conocían lo que era necesario y como era necesario. Y esto es fácil constatarlo cuando se revisa la biblioteca de cualquier “católico comprometido” de hoy. Si husmeamos en los estantes de algún neocon fervoroso encontraremos una buena cantidad de obras de vulgarización inmediata de la espiritualidad o del apostolado, además de todos los tomos y tomitos de los escritos del fundador correspondiente y algunas estampitas de santos y beatos recientes. Pero lo que falta, y aquí está lo grave, son las obras fuentes, los libros que no se leen una sola vez sino que se leen toda la vida. Los libros que no se leen para saber lo que contienen, del mismo modo en el que un niño despanza a un osito de peluche, para después olvidarlos en el anaquel. Me refiero libros a los cuales se vuelve sin cesar porque se sabe que en ellos siempre se encontrará materia de reflexión.
Entonces, por cultura en este caso, entiendo la posesión en sí mismo, o más bien la incorporación a sí mismo, no de nociones descarnadas sino de ideas vivas. Es decir, la familiaridad con una tradición que es una comunión de espíritus y no el índice de contenidos de un libro. No se trata de subrayar o hacer fichas de los libros para memorizar frases que “vendrán bien” en una discusión o conversación, sino de un mundo que se lleva consigo porque se ha convertido en parte integrante de uno. Se trata de una larga historia, de una experiencia milenaria que impregna el alma, y la hace rica, vasta y compleja.
¿Cuáles son esos libros? No son muchos. Bouyer los reduce a la Biblia acompañada por la recitación inteligente del oficio divino, -al menos de sus horas principales-, las Actas de los Mártires, las Sentencias de los Padres del Desierto, la Exposición de los Salmos de San Atanasio y las Enarrationes sobre los salmos de San Agustín, las Conferencias de Casiano, algunos comentarios de San Juan Crisóstomo a las epístolas de San Pablo, los Sermones sobre las fiestas litúrgicas de San León Magno, y poca cosa más.
¿Por qué estas obras patrísticas además de la Palabra de Dios? Porque las enseñanzas de las Escrituras con todas sus resonancias se transmiten de un hombre a otro hombre (Cor ad cor loquitur era el lema del cardenal Newman), y los primeros de entre estos transmisores deben ser nuestros Padres en la fe, porque a la Iglesia la dicen sus propios Padres; sus escritos constituyen la mens Ecclesiae, la “mente de la Iglesia”, el nou'" Cristou', “la inteligencia de Cristo”. Es esto lo que debe ser asimilado por el cristiano, pasar a la sustancia de su alma para comprender y vivir de ese modo el misterio cristiano.
Recordemos que la cultura cristiana se adquiere más bien por simple contagio de los antiguos que con toda la erudición de los modernos y con todo el tonelaje de escritos fundacionales. Un pleno sentido cristiano, restaurado por una auténtica cultura cristiana, nos recordará, por ejemplo, que la oración es alabanza rendida a Dios antes que un ejercicio de virtud y antes también de ser un instrumento de apostolado. Escribía ayer un monje amigo: “La oración simple y sencilla -la única que admite ser tenida por oración- no cuenta, jamás cuenta, jamás saca cálculos, jamás mide tiempos, jamás pesa el costo/beneficio. Jamás se pregunta si ella sirve o no sirve. La oración simple y sencilla reza porque reza, reza por rezar. Y por eso (y sólo por eso) ella ya es el Reino”, es decir, -añado yo- soberanía de Cristo, como nos enseña el papa Benedicto en su magnífico libro.
Estos es cultura cristiana.

P.S.: Aunque la aclaración ya está en uno de los comentarios, no está de más repetirla también aquí: el "listado" de libros que presenta Bouyer, lo hace dentro de un artículo que escribió en 1945 sobre el rezo del breviario. Es ese el motivo por el que incluye, sobre todo, comentarios psálmicos y bíblicos. No se trata, por eso mismo, de una lista cerrada y, mucho menos aún, de una alternativa a la propuesta de Senior; más bien, ambas se complementan.

19 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Prof. Wanderer, lo felicito por este excelente artículo. Solo podría agregar que muchas veces el vehículo de la Tradición Cristiana, es imperfecto y a veces en muchos aspectos, por lo que debe diferenciarse entre contenido y continente. Hay homilías excelentes, pero que las predican hombres pomposos o con personalidades explosivas, por lo que bastante gente elije los más amables... y no siempre ortodoxos.

Es ese criterio, tan oscurecido por el temor a "quedar fuera", que es la búsqueda de lo correcto. Ese anhelo se perdió casi por completo en el mundo católico actual. No buscar "lo que nos hace bien", sino "el bien", aunque implique incomodidades y descartes dolorosos.

Si esa búsqueda sincera y que da sentido a la vida hubiese estado en décadas pasadas, probablemente no estaríamos padeciendo olores fétidos, ni alegrándonos por alguna que otra cosa "normal" en la Iglesia.

Ese oscurecimiento de las estrellas en el Cielo Eclesial, para mí es Parusaico.

Xenon

Ernesto dijo...

Estimado Wanderer:
Lo felicito por este por esta entrada. Sin desperdicio.
La cultura cristiana ha de buscarse en las raíces.
Gracias por su esfuerzo en conquistar la Verdad.
P. Ernesto Sch.P.

el Ucaboy dijo...

Resumen de mis apuntes de clase de Introducción a la Teología, UCA, día viernes 17 de mayo de 2013:

2. Tradición y Verdad Evangélica: Jesús se inserta en la tradición de su tiempo, pero con un principio de inserción con ruptura. Se circuncidó, pero no respetó el sábado. Él pone en el centro al hombre, por encima de la tradición. El cristiano no debe ser un fariseo que cumple a rajatabla, tiene que romper todas las veces que sea necesario para su humanidad. Esta ruptura creativa es central en el cristiano y fue lo que le valió la Cruz a Jesús. Creer que el Espíritu está entre nosotros nos da autoridad para ser rupturistas. En esto la Iglesia, en especial la Iglesia Católica, tienen tradiciones que no se condicen con los signos de los tiempos en que vivimos. Más que nada en el plano moral. (Acá, enfrente de todos, le pido a la prof un ejemplo de error en la moral de la Iglesia, pero lo esquiva cobardemente y me contesta otra cosa)
Hay tres criterios para juzgar si algo es verdadera tradición: Jesús Mismo, el Espíritu y los Signos de los tiempos, y la Fe Común de Todos.
El espíritu y los signos de los tiempos: La libertad de espíritu implica que podemos realizar cambios creativos según esos signos, dando un sentido nuevo ajustado al tiempo de hoy, superando a la letra de la Biblia [sic, no es joda].
Un ejemplo que da la prof: La extremaunción cambió adaptándose a los tiempos. Antes, este sacramento, también llamado Viático [sic], se daba una sóla vez en el último momento de la vida. Ahora se puede dar una vez por año a la gente mayor y cambió de nombre a "unción de los enfermos".

3. Sagrada Escritura. Del acontecimiento al texto.
[Siguiendo la interpretación marxista de la liberación, revelación = historia]. Hay cuatro niveles: 1) el acontecimiento. 2) Memoria de los testigos y tradición oral 3) Escritura en las comunidades muchos años después de la muerte de los apóstoles. 4) Libertad de espíritu y signos de los tiempos: no podemos cambiar la escritura, pero tenemos que reactualizarla y reinterpretarla.

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Yendo a la bibliografía oficial de la materia, nos encontramos con el señor Severino Croatto. Cito:

Lo que venimos afirmando es más que una “actualización” del mensaje bíblico, y mucho más también que una “iluminación” … Se tratará en todo caso de hacer eficaz el querigma bíblico para nuestras situaciones…
Desembocamos así en una novedad de sentido… [¡Sic! ¡Novedad de sentido!]
Debemos recrear el mensaje bíblico y no sólo actualizarlo. No proponemos nada desconocido, sino que estamos aclarando las implicaciones y la riqueza de una lectura que ya se está haciendo desde una Iglesia Popular…
El lector se habrá preguntado tal vez si todo esto no significa “añadir” o “quitar” a la Palabra de Dios. Es claro que tropezamos aquí con el teologúmeno de que de la revelación acabada y clausurada con Cristo, con el útlimo apóstol, con el último libro del Nuevo Testamento…
Esta construcción teológica tiene sentido en su intención simbólica … Entendida dogmáticamente, como una verdad histórica … no satisface. … El teologúmeno de la revelación “terminada”, con todas su buenas intenciones y toda la verdad que contiene como expresión simbólica, produce un corto circuito en el proceso de esa misma revelación. … ¿No está diciendo nada nuevo Dios en las luchas de los oprimidos, en los procesos de liberación, en el aporte de las ciencias al conocimiento del ser humano, de sus posibilidades creativas, de la realidad y sus estructuras opresivas, en los impulsos por construir un hombre nuevo en una sociedad nueva?

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¿Qué pasa cuando enseñás estas cosas? Te nombran Arzobispo.

Walter E. Kurtz dijo...

Creo que está muy bien lo de Bouyer, pero lo de Senior es necesario como una especie de prolegómeno. El hombre contemporáneo es incapaz de asombro, vive en un mundo tan 'artificial', intelectualmente artificial, que toda esa buena preparación que dice Bouyer quedaría prendida como algo teórico. Como aquello que decían nuestras abuelas, podríamos decir que aunque el hombre contemporáneo se nutra de lo mejor de los Padres y Santo Tomás, queda contemporáneo, i.e. ajeno a la cultura cristiana. Podríamos ser buenos 'profesores' de cultura cristiana, podríamos hablar de la cultura cristiana, pero eso no nos va a convertir en 'cristianos culturales'. Nos faltará el elemento previo, el sustrato, la sementera sobre la que se puede cultivar una cultura cristiana. Senior recetaba años de 'libros buenos', a falta de una inmersión más natural en el mundo del asombro, que nos llevaran a ver las estrellas y a preguntarnos sinceramente por ellas, hasta llegar al Amor que mueve todo el cosmos.

Anónimo dijo...

Estimados ¿qué opinión les merece el libro "La cultura católica" de Anibal Fosbery?

Lupus dijo...

Sabiduría del memento, no del momento. Excelente, Wanderer. Por cierto, podríamos agregar obras a las recomendadas por Bouyer, pero en nada cambiarían el sentido de lo que dice. De lo actual, poco y nada, o más bien lo contrario, o sea más bien nada. Lo actual en cuanto adoración de lo actual. Muy preciso ejemplo el del Ucaboy.

Anónimo dijo...

Para los interesados:
Http://liturgiadelashoras.com.ar

L. Báez

Anónimo dijo...

Tremendo lo de Ucaboy! Me recordó una situación. Hace unos 8 años, nos equivocamos de tren por algún motivo, al igual que una muchachita de unos veintipico años, nos pusimos a hablar, algo inquietos pues nos dábamos cuenta de que el tren iba para otra dirección y charlando, nos contó que se dirigía al seminario de Devoto, que estaba estudiando allí, ¿que estudiaba? le pregunté, "los errores del Evangelio"....conversamos un rato, yo tratando de compartirle el contrasentido que me parecía ir a un seminario teológico católico a estudiar eso y ella creo que aceptando mis algo ácidos comentarios hacia los docentes...
En un momento el tren se detuvo entre dos estaciones y aprovechamos para bajarnos.Cada uno siguió su camino...

Wanderer dijo...

Kurtz y Lupus: Totalmente de acuerdo con ambos. El "listado" de libros del post, Bouyer lo propone en un artículo que escribe en los años '50 sobre el rezo del breviario. Es decir, lo dice en un marco determinado, y orientado a rezar las horas de un modo más fructífero.

Jack Tollers dijo...

Yo traería a colación el articulito de Lewis: "On the reading of old books" que no tiene nada que ver con la apologética, ni la cultura cristiana, ni nada parecido.

Simplemente, te saca del aquí y del ahora.

Que es lo más importante.

(En cuanto a lo del UCAboy, ¿no les hizo acordar a los apuntes de Bergoglio para el Cónclave? ¡Y con eso los convenció de que lo elijan!

lefe on line dijo...

Menos mal que W. hizo la última aclaración, que ya creía que había perdido años de mi vida estudiando a los griegos paganos por ser los padres de la cultura de Occidente según me habían llegado a convencer Disandro y de Anquín. Y a Cervantes por culpa de Castellani.
Sin la última aclaración, hubiese sido el colmo del minimalismo, además de un error. No es verdad que para un cristiano sea mejor no conocer a Platón que conocerlo. Y puede no conocer a Pieper con el máximo costo de haberse perdido de gratos momentos, pero no es verdad que es el mismo cristiano, que su cabeza será la misma, si conoce o no a Tomás de Aquino.

Anónimo dijo...

En la biblioteca de un estúpido y descerebrado neocon quizás también se encuentre la Biblia de la Universidad de Navarra, cuyos preciosos comentarios en notas al pie corresponden a esos lugares comunes de la patrística mencionados; con largas, precisas y textuales citas de todas esas obras de los padres.

Esto, igual, no cambia la tesis dogmátcia que anima a los "dueños" de este blog, los neocones son seres cuasi-despreciables, además de ignorantes...

Bodo dijo...

"Saber el fruto mado de la tierra, según el sol y los animales celestes; adivinar el ritmo futuro de los vientos,por el semblante de la luna nueva; pedir el agua en tiepos de sequia, y agradecer al Cielo las mareas del cielo".
Esto es cultura cristiana,caro Wanderer. La que retrató Marechal en su Abuelo Cántabro. La que hizo admirar a Chesterton cuando vio a sus cultos analfabetos de la Italia Campesina. La que le hizo escribir a Castellani el célebre: "Y si yo tuviera un hijo, le daría un buen caballo..."
Lo demás es Ratio Studiorum.
Un abrazo
Bodo

Anónimo dijo...

"Ella es el Reino" La Oración es, de hecho, el Espiritu Santo, es nuestra relación de amor con Dios, que empieza aquí y se completará en la vida eterna.
Salo

Anónimo dijo...

Al breviario lo redujeron y aguaron las preces; hay unas oración super modernas en las preces. Y quitaron las lecturas de los Padres.

Benign_o dijo...

No se de que se queja el UCAboy, al menos en teología hablan - mal - de teología, a mi en el Salvador hace ya mas de 15 años en la misma materia solamente me enseñaron paparuchadas del Principito y algunos que otros conceptos básicos sacados de un diccionario.
No vi un cura en ninguno de los cinco años que curse (de hecho el único cura que vi fue al Padre Quiles en un Video durante el curso de Ingreso).
No quiero ni pensar lo que debe ser ahora El Salvador, que ahora se llama USAL.
En fin.

Saludos del USALboy.

Lupus dijo...

Aunque ya pasamos de largo, me quedé pensando en lo que ayer dijo Bodo. Esa mirada más honda, raigal. Ese destino esencial, interrumpido por estos afanes. Los cuales no se pueden descuidar. Así de simple y fatigoso. Y triste, tantas veces.

El culto y la cultura son nuestra tarea: aquello con que adornamos el don visible para embellecerlo, si cabe; y la realidad invisible para que sea manifiesta, hasta donde podamos. Lo que recibimos y lo que añadimos. O quitamos, o ensuciamos.

Pero es cierto que no sólo nos urge lo urgente y su medida de tiempo. Nuestros buenos poetas saben de estas cosas. Hay que volver a este tema.

Anónimo dijo...

http://www.lefigaro.fr/actualite-france/2013/05/23/01016-20130523ARTFIG00666-le-pape-critique-l-arrogance-des-eveques-italiens.php

Anónimo dijo...

¿Dónde puedo encontrar el artículo de Bouyer que sirve de base a esta entrada? Me gustaría leerlo.