lunes, 26 de agosto de 2013

El dilema, por Ludovicus


Con prescindencia de toda la faramalla marketinera y mediática que rodea el hasta ahora muy gris pontificado de Bergoglio, subyace un debate sobre dos modelos de Iglesia que vale la pena discutir en vez de amargarse por las anécdotas y peculiaridades del personaje.
El dilema -falso pero provocador- es: ¿Iglesia para todos o Iglesia para pocos? Se me permitirá, en los escuetos límites mentales de este medio, caricaturizar ambas posturas. La primera podría ejemplificarse con una carpa en Constitución ofreciendo bautismo para todos y todas. La segunda, con el Papa de la mittleneuropa, cual un Cid vivo pero descabalgado, reformando a posteriori el rito del bautismo y colando la casi subliminal expresión: "Te recibe la Ecclesia Dei", en vez de "Te recibe la comunidad cristiana".
Sería fácil decir: Iglesia para pocos, pero buenos. Obvio reseñar aquí los especiosos y sobre todo realistas argumentos expresados en su momento por el cardenal Ratzinger, que los católicos tradicionales compartimos. Está claro aquí que la ley del concepto (a mayor comprensión, menor extensión) tiene mucho que decir en la definición de católico. Sin embargo, algo hace ruido en este planteo. Ser católico no es una ideología. La Iglesia no siempre actuó en forma inductiva, persona por persona, idea por idea. La enorme digestión de los pueblos germánicos para la Cristiandad fue un proceso desprolijo, aluvional y gradual, con una pastoral de siglos que recién logró estabilizar la práctica sacramental integral hacia el siglo XIII.  Para acentuar la analogía, existen vastas comunidades bárbaras hoy, en las que el cristianismo, regado con sangre de mártires, avanza con velocidad inaudita. El planteo decadentista puede ser efecto de una óptica excesivamente centrada en Europa.
No gasto pólvora en chimangos: la idea de la Iglesia para todos y todas, entendida en el sentido indiscriminado y mundano, es inaceptable. Es la rendición al pensamiento políticamente correcto, donde el carnet de afiliación a un humanismo gelatinoso certifica la pertenencia a la Iglesia del mundo. Podría sintetizarse en la siguiente forma: proclamación de los aspectos cristianos moralistas que sobreviven en el ethos moderno y silenciamiento de todos los que resultan políticamente incorrectos. Al mismo tiempo, afirmación lírica de ciertos contenidos teológicos al modo en que un poeta entreteje sus imágenes.  Como el arco se va corriendo gradualmente, es posible que la fe católica termine siendo afirmar que el ser humano es un ser humano, que violar niños no es correcto y que el canibalismo sólo es lícito in extremis. Por cierto, esta postura moralista reclama, como también lo expresó con su inteligencia habitual el Papa emérito, algún scapegoat: los odiados fanáticos y fundamentalistas, siempre listos para el cachetazo (y confesémoslo, alegres de recibirlo).
El problema sin embargo subsiste, y podría formularse de la siguiente forma, retomando el desafío del último e infeliz Concilio: ¿cómo se afronta la existencia de una cultura radical y sobre todo trópicamente anticristiana desde una residual comunidad cristiana o si se quiere, una Ecclesia Dei?  Y permítanme una catarata de preguntas programáticas que no agotan el tema, que es pastoral: ¿Cómo se anuncia en forma comprensible el Kerygma? ¿Es el aislamiento la solución, la restauración del antiguo neocatecumenado y de la disciplina del arcano, la resignación al resto fiel escatológico? - aquí voy a abonar mi desprestigio quebrando una lanza por la intuición de Kiko Arguello, por otra parte tan cuestionable en sus concreciones, pero qué quieren si se delega en un pintor algo que tendría que haber sido el trabajo de personas preparadas.  ¿O existe un margen para proponer "la salida a las periferias", para brindar de modo razonable y presentable las razones de nuestra esperanza, de seguir persistiendo en el bautismo indiscriminado con la esperanza de que Dios rompa su silencio, por gracia y misericordia que podamos acoger? ¿Cómo hacerlo, dado que la pastoral posconciliar es un rotundo fracaso y que la restauración prejuanpablista que trae Bergoglio resulta no sólo irrelevante sino que amenaza crecientemente con una megafrustración? ¿Es factible una auténtica depuración del catolicismo, que arroje los lastres barrocos y moribundos que se acumularon desde la devotio moderna sin por ello arrojar el bebé con el agua de la bañera? ¿Cómo aprovechar la synergia oriental para que el catolicismo vuelva a las prístinas fuentes y a la vez, la Ortodoxia se integre en el único ecumenismo válido que sane nuestras llagas? ¿Es dable redimensionar la figura papal, afectada de una inflación creciente y de una demanda  insostenible que lo convierte en una especie de Superman en el marketing y en un viejo desgastado y estresado en la práctica? ¿Se puede reformar la Curia romana, a los efectos de convertirla en un instrumento eficaz de la misión sobrenatural de la Iglesia, subordinando la política a ese fin? ¿Hay espacio para una liturgia-liturgia, que a la vez pueda llegar a todos?

Y es que, después de cincuenta años, volvemos al mismo punto de partida: la Iglesia y el mundo moderno. Es un problema pastoral pésimamente resuelto no en el Concilio, sino en los últimos siglos. Tan mal por Pío IX como por Juan XXIII. Falta un paradigma católico para estar en el mundo, para evangelizar al mundo, para sacar al hombre del mundo.  Es un problema que quizás no tenga solución desde el aquende, pero que requiere un status transitorio, al menos para quienes viven en el mundo.

41 comentarios:

RICHARD dijo...

Estimado Wanderer: gracias por el post, que comparto en todo. Esas mismas inquietudes me han desvelado como católico desde hace muchos años. Y creo que sí, que "estamos como al principio". No sin dolor, estoy arribando a la conclusión que desde el CVII hasta la fecha hemos perdido el tiempo: el Mundo es más Mundo y más pagano que antes, y también más odioso y rabioso con nuestra Fe, con nuestra Iglesia. Ello con el agravante de que al menos en el pasado, la Iglesia Católica ejercía una autoridad moral que ha venido perdiendo década tras década, con la consecuente disminución de su impacto en las gentes. No me quejo, la situación fue profetizada por el mismísimo Jesucristo. Será cuestión de armar y retemplar los espíritus para confrontar con los principados, las potestades y demás fuerzas tenebrosas que gobiernan el aludido "Mundo", con el que habrá que "dialogar" con más cuidado que nunca. Fraternal abrazo.

Rigoberto Ortiz dijo...

En parte estoy de acuerdo, y a la vez veo mucho pesimismo. Pienso que Pío IX hizo lo que pudo o en su caso San Pío X, para valorar tales respuestas, hay que ponderar el contexto. Para uno fue la muerte de los Estados Pontificios y para el otro, la crisis modernista.El CV II,se cuece aparte. Pareciere un producto protestante, pero la Iglesia abreva de un patrimonio de 2000 años que está por encima de la desafortunada asamblea.

Anónimo dijo...

Dios quiere que en este tiempo
Se haga el bien de solo a solo
Que la palabra sin dolo
Se encienda de lumbre a lumbre
Todo lo que es muchedumbre
Hoy es veneno y vitrolo.

Un traditum que entregar de uno en uno. No hay más pastoral que esa.

Los versos los escribió y firmó, pero otra sentencia linda también de Castellani ilustra lo suficiente. No llegó a escribirla. Se la dijo a una de las señoras que lo supo cuidar de viejo: "El catolicismo sobrevivirá en pequeños grupos de amigos".
Cuando me la dijo me asust.,Que la indefectibilidad de la Iglesia, que patatín, que patatán. Pero ella estaba tranquila. La venía rumiando hacía años y veía cómo se confirmaba.

Y si entre los dos paradigmas de Iglesia la opción por los pobres no es opción, el cura se volvió a consagrar profeta.

El Carlista.

Wanderer dijo...

Buen comentario Carlista (con perdón de la palabra traidora).
No conocía ese dicho de Castellani: "El catolicismo sobrevivirá en pequeños grupos de amigos". Pero pienso lo mismo. Más aún, creo que ya se está dando.

Anónimo dijo...

El planteo decadentista puede ser efecto de una óptica excesivamente centrada en Europa.

No, Europa es la Fe y, por conversión, la Fe es Europa.

Desde un plano meramente humano la decadencia es evidente e inexorable, basta con conocer algunos rudimentos de demografía.

Solo queda la Esperanza.

Tribunus.

Wanderer dijo...

No Tribuno, no es así.
Ciertamente, Europa es la Fe, sed non convertuntur. La Fe no es Europa.
La fe es también la Rusia ortodoxa; la fe son también los sirios y lo coptos que están dando su vida y sus posesiones por Cristo; la fe son también los malabares y los malancares indios, que conservaron el anuncio y el bautismo desde la predicación del apóstol Tomás.
La Fe católica es mucho más que una circunscripción geográfica.

Andres P. dijo...

Creo que todos tenemos esa casi, intuicion diria, de todo lo que ha dicho, y faltan clarificar las ideas a fin de lograr la acción.

A raíz de esto dos son las opciones:
Un idealismo en cuanto a predicación evangelica, en total contraste con todo lo moderno, a las masas, sin ningun rastro de "forma modernosa", para lo cual, si bien alguno me dira: los kikos lo hacen, la respuesta es no...
BXVI lo hacia, pero no era secundado por los demas apostoles, o no tuvo efecto, vaya a saber...

La segunda, es el uno a uno de Castellani, para el cual tambien las formas son estrictamente necesarias, y donde el testimonio, incluso externo, se vuelve capital. Pero todo esto debe estar secundado por esa iglesia que celebra, reza, y canta como si estuviera en el cielo, sino, es sacar a alguien de una jaula de hierro para mandarlo a una de madera

Anónimo dijo...

Como me pasa de costumbre con Ludovicus, tenía este tema metido en la cabeza desde que estoy leyendo, por recomendación del Wanderer y de Tollers, ¡Amalaya el consejo!, la Historia Política de la Iglesia Argentina de Verbitzky. Es Gramsci mirando la historia de nuestra Iglesia con el archivo del Episcopado en la mano, figúrense. Y la impresión es siempre la misma: la conciliación de la Iglesia con la Modernidad es imposible, por exceso, por defecto, por dónde se lo mire; con Pío nono, con San Pío X, con el Vat II, nunca la cosa sale bien. Mi único consuelo es volver a mi primer amor y concluir con Guénon que la cosa es imposible.
Esto, con respecto a nuestra ínfima posibilidad de entender el tema. En realidad sólo Dios es el Señor de la historia y Él irá completando el número de los elegidos hasta llenar los coros angélicos. Sólo Él sabe.

The Procrastinator

Walter E. Kurtz dijo...

Cada oración de las escritas aquí por Ludovicus, cada sentencia, merecería matizaciones y desarrollo. Así que, estimado Wanderer, tiene un plan expositivo como para lo que queda del año.

Pero hic et nunc me interesó lo del Procrastinator. Me pregunto si, aunque sea atentar contra su naturaleza, podría regalarnos un post ampliando los conceptos vertidos en su comentario.

killer sweety dijo...

¿Cómo se debe interpretar la prohibición de no echarle perlas a los cerdos?

¿Es prohibición o consejo?

De cualquier modo, ¿no obliga a la entrega de una tesoro doctrinal de a uno por vez y cuidando de a quién?

¿Qué entender aquí por "perlas"?

Y el "quién", ¿no son solo esos "hombres de buena voluntad"?

Y esto sin celo amargo ni considerándose parte de un pequeño grupo de elegidos, supongo.

¿O prima el "id y bautizad a todos"? ¿O esto tiene sus bemoles y todos no son todos? Que Él murió por "muchos", que son muchos menos que todos.

Y "bautizad", ¿de cualquier modo?

¿O cambia por épocas? ¿Y para ésta?

Anónimo dijo...

Respuesta rápida al pedido del Coronel, que él ya conoce pero que agrego aquí:
Otra manera de presentarlo. La Iglesia está siempre en oposición al mundo: en la Edad Antigua, en la Edad Media y ahora: siempre está en guerra; no se desprende otra cosa de los Evangelios, de las Epístolas Paulinas y Joánicas. De ahí el disparate mayúsculo de una Iglesia sin hipótesis de conflicto, como plantea el espíritu del posconcilio.
Si tomamos en serio el Evangelio, el mundo, qua mundo, es inconvertible.
Lo que sí la Iglesia puede y debe hacer es extraer, arrebatarle personas al mundo para llevarlas a Dios. Full stop.

The Procrastinator

P.S. Si quieren, mi opinión personal como guenoniano viejo es que el mundo moderno, como moderno, tiene un plus de maldad. Y esto sí es para un millón de posts en un millón de blogs . . .

Anónimo dijo...

Procrastinator,

Y los que nos metimos en política?
Nos salimos?
Esto ya está?

Peronista.

Anónimo dijo...

No le permito el plagio. La imagen del niño y la bañadera la usé yo en el mes de mayo en una charla que me pidieron en Roma unos amigos preocupados por el rumbo de las reformas de Francisco. Reivindico la autoría de la pertinencia de la metáfora. Queda notificado. Un cordial saludo, JUAN EL GRIS.

Anónimo dijo...

*Perlas creo que se refiere a algo de valor y no dárselo a quién no tiene la capacidad para valorarlo.
*Bautizar al que crea.

Anónimo dijo...

Procastinator da la respuesta verdadera: Cristo y el mundo son incompatibles. Él mismo lo dijo. Luego, no existe ningún medio humano apto de por sí, para convertir el mundo a Cristo.
Él solo puede hacerlo, por lo cual la única tarea nuestra es predicar, oportuna e inoportunamente, la Palabra de Dios, no la nuestra, aunque provenga del concilio magno; que sigue siendo mera palabra de hombres.
Es Cristo el que convierte; el Kerygma es Él mismo y no nosotros que, a lo sumo, somos mera causa vicaria o transeúnte.
Si el Profeta de Caseros 796 dijo que al final la religión sería reunión de amigos (pequeña grey), no creo se refiriese a una posible actitud nuestra frente al deber de evangelizar, sino a una característica objetiva y extrínseca, propia de una época y del estado de desencadenamiento del mal, que envenenaría inclusive a los pastores sagrados y evanescería su tarea. Por decirlo suavemente.
Hoy, en la mayor parte de los templos se predica la religión del hombre y no la unión con Dios a través de la Caridad, lo que nos informa más sobre el estado "pastoral" de la Iglesia que acerca del mensaje de Nuestro Señor.
No me parece pues, caro Ludovicus, que exista realmente una disyuntiva como la que planteas; en realidad, existe un "estado de situación", una cuestión de hecho, que no podemos resolver aquí y ahora, a caballo entre Filadelfia y Laodicea. Entre Benedicto y Francisco.
Entre Cristo y el mundo.
Artús rex

Anónimo dijo...

No me imagino que se puede sacar de la Historia política de la Iglesia escrita por el judío que carga con un odio bimilenario a la Iglesia de Cristo como Verbitzky, mentiroso profesional y por vocación y sabemos quien es el padre de la mentira. hay alguién que me explique esto?

Wanderer dijo...

Anónimo de las 19:24 hs.: Lo mismo pensaba yo hasta que leí los cuatro tomos de Verbitsky. Mal que nos pese, es la mejor historia política de la iglesia argentina del siglo XX, y será muy difícil superarla.
Anímese; léala, y verá que tenemos razón.

Anónimo dijo...

No entiendo esto: "Es factible una auténtica depuración del catolicismo, que arroje los lastres barrocos y moribundos que se acumularon desde la devotio moderna"

Ludovicus dijo...

"Carga con un odio bimilenario a la Iglesia de Cristo"

Qué frase más idiota...

Wanderer dijo...

Anónimo de las 20:45: lea la entrada "El elefante barroco", y lo va a entender: http://caminante-wanderer.blogspot.com.ar/2009/09/el-elefante-barroco.html

Anónimo dijo...



Coincido con Wanderer respecto de Verbitsky. Hay otro libro de él que pasará a la historia política argentina como un clásico: Ezeiza.

Libro que deberían leer sí, esos profesionales de la mentira que ahora quieren hacer de José Ignacio Rucci una maravilla y un mártir. Cuando no fue más que una rata.

Saludos,

Anónimo dijo...

La semilla cae en distintos tipos de terreno. Pero la semilla cae. Ay de nosotros si hicieramos que la semilla no cayera.
Un niño de un mes recien bautisado no entiende la Fe recibida, pero es más santo que todos nosotros juntos.

Bashar

Anónimo dijo...

Estimado Peronista:

Lejos de mí intentar dar consejos a nadie. Si Vd. quiere y me lo permite le puedo decir lo poco que sé (o creo saber)acerca de este tema.
En cuanto a lo teórico, creo que la política puede ser una actividad para un cristiano; hay ejemplos sobrados en la historia. Pero . . . un par de cosas. En primer lugar me parece que es santificable mas no santificante: el único que santifica es el Espíritu Santo. En segundo lugar, como corresponde al cristiano, el político debe pasar por la cruz; por eso los políticos cristianos verdaderos de un modo u otro fracasaron y terminaron mal, mundanamente hablando, claro. Y si no abdican y se van como Carlos V al Yuste los últimos años de vida a hacer penitencia por los pecados cometidos como políticos.
Esto en teoría; en cuanto a la viabilidad del asunto, en la práctica es una cuestión absolutamente prudencial, que cada uno verá, según su conciencia y lo que la Providencia le vaya mostrando.
Ahora si me pregunta a mí, como ya dije, mi guenonismo me lleva a pensar que en la modernidad la alta política le está vedada al cristiano, por la distorsión que ha traído la revolución francesa; los partidos políticos democráticos me resultan intragables.
Me parece que sólo quedaría ejercerla a nivel bajo o intermedio, comunal o de reparticiones públicas, o de los cuerpos intermedios, a su vez tan acechados por la modernidad.
Y si me pregunta por mi experiencia personal, desde hace bastantes años vengo observando que, con contadísimas excepciones (sobran los dedos de la mano), la política no le hizo bien a las personas bienintencionadas que vi ingresar en ella.
Una aclaración obvia -o no tanto: me estoy refiriendo a la política en sentido estricto, no a la política en sentido lato, en la que todos, de un modo u otro estamos involucrados.
Y se me quemaron los libros: más que esto no sé.

S.S.S. The Procrastinator

Anónimo dijo...

Ex-ce-len-te, lo del Procrastinator.
Los libros y la realidad difieren bastante en esto de que los católicos consecuentes "se metan en política".
También he notado que ni uno solo de ellos salió bien de la partida. Otra cosaesque luego las culpas se las echen a otras causas.
Pero además, que ninguo "restauró el orden cristiano", ni siquiera "el orden", ni a nivel barrial, también es sabido.
Lo mejor es no meterse en esas cosas aunque llevan acusaciones de "quietista", "cómodo", "liberal", etc; donde lo de "cómodo" está bien de más (también lo otro), que más cómodo es cobrar el sueldo del estado mientras se sueña con el caballero cristiano occidental comprometido...
Y es lo mejor no meterse, pues no conozco ninguno que ya dentro reconozco la esterilidad relativa de su accionar y se justifique sobradamente: "que peor si viene un ateo, un chorro o un judío". En verdad no es peor. Lo poco que se haga de bueno lo hacen todos. Eso se puede ver al nivel municipal argentino donde auténticos ladrones efectivamente "hacen".
Y es muy difícil salir de ahí, que el derecho de pido por dos mangos solo lo queremos pagar a los veinte años y ahora ya es tarde...
Sigue siendo un tema prudencial, pero los hechos son los hechos.

A otra escala es el "voy a cambiar el mundo trabajando en el estado pero no en cargos políticos". Son buenos sueldos y esa realidad influye en los propios juicios. Esa es la verdad en quienes así piensan, aun en los más sinceros. Pero la verdad es que si al jubilarse, con una mano en el corazón examinan qué patriada se jugaron, no hubo patriada. Hubo "estabilidad laboral", no hubo robo, ni hubo riesgos. Es todo.

A otro lado con ese cuento.

Luder.

Anónimo dijo...

Estimado Peronista: Estoy de acuerdo con The Procrastinator. La política te absorbe (si tranzas con el sistema) o te expulsa (si tenés una actitud honesta). Es una falsa ilusión creer que si cedo un poquito en algo (aunque sea un pecadillo) para subir un peldaño podré hacer mucho más y mejor el bien. En definitiva, el fin justifica los medios (aunque sean pecaditos al principio). Lo peor es cuando este maldito proceder se enquista como vicio personal y grupal. He visto muy de cerca cómo se destruyen personas, familias y comunidades por culpa de este hiper contagioso modus operandi.
Por supuesto que es una cuestión de prudencia meterse o no en política; pero yo prefiero quedarme con lo que dice Abelardo Pithod y tantos otros: hay ámbitos en donde las tinieblas son tan densas que es imposible que un cristiano no se extravíe, y la política hodierna es uno de ellos.
Saludos.
Pío.-

Anónimo dijo...

Wanderer, no es el tema de este post, pero sí de este blog. Es un tema que afecta a los católicos de hoy. Y es un tema serio, por lo que entro en la liza terciando o más bien "diciendo toda la verdad", como no lo hacen las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo:

Como abogado conozco lo relativo a la profesión liberal y a los funcionarios judiciales.
Y si bien es verdad que es un gran cuento lo de la patriada y los riesgos "si sos católico" dentro del Estado (salvo que seas demasiado miedoso ante alguna pavada que nunca es muy grave), la otra media verdad es que desde la profesión liberal nos jactamos de no estar prendidos de la teta del Estado, pero ganamos bien trabajando poco.

¿Que en el Poder Judicial también se trabaja poco?
Sí, aun cuando se trabajen más horas de las reglamentarias (salvo que te tengas por mucho, o por mucho a tu tiempo, o no hagas simples comparaciones con otros trabajos).
¿Que se gana mucho dinero?
Y, no te hacés rico pero sin estresarte vivís una comodísima clase media a media-alta luego de algunos años de andar por ahí y la beca sigue después de jubilado.
Todo esto es verdad.

Pero, lo que quiero decir es que los que estamos "en la calle" tampoco somos patriotas de nada. Acá no hay patriotas. Guarda con el fariseismo.
Luder no se equivoca en sus apreciaciones, pero parecería insinuar en su último párrafo que, desde el llano y al momento de jubilarse, habrá cosechado algunas patriadas.
Bueno, eso es mentira.
Y si no es fariseismo al menos parece ser una incorrecta visión del rol que hoy a todos nos toca vivir, donde no hay héroes en ningún sitio.
Particularmente en "el derecho", no los hubo nunca. Otra cosa es la idea que nos formemos de nosotros mismos, de nuestros maestros o antepasados. Es romanticismo.

Y de oídas conozco otras profesiones, donde la cosa sería igual.

Lex Doctor.

Jack Tollers dijo...

Newman también tiene qué decir sobre todo esto...

http://www.cuadernas.com.ar/newmania.php/dificultades-de-la-caridad-politica

Anónimo dijo...

Tollers, excelente lo de Newman. Muchas gracias por el siempre valioso aporte. Que bien descripta por el cardenal la actitud de aquellos que se enrolan en las "grandes causas" (llámese reinado social de Cristo o como se prefiera): “Alguien que quisiese comenzar por un amor indiferenciado por todos los hombres, por fuerza ha de colocarlos a todos en un mismo nivel y, en lugar de ser cauteloso, prudente y actuar con benevolente simpatía, necesariamente resultará precipitado y rudo; quizás incluso haga daño allí donde quería hacer el bien, tal vez termine descorazonando a los virtuosos y bien intencionados, quizás hiera los sentimientos de los más delicados”.
Con respecto a una parte del comentario de The Procrastinator: “En segundo lugar, como corresponde al cristiano, el político debe pasar por la cruz; por eso los políticos cristianos verdaderos de un modo u otro fracasaron y terminaron mal, mundanamente hablando, claro”. Releyéndolo me acordaba de estas palabras de Castellani en “Esencia del Liberalismo”: “Ya indiqué al comienzo el error del Nacionalismo: es poner los ojos en el poder a corto plazo en vez de ponerlos en la Verdad a largo alcance. Creer que el fin último de la Política es alcanzar o arrebatar el Poder es un error y una estupidez: es el error de Maquiavelo y la estupidez de los políticos baratos y pueriles que nos están moliendo y perdiendo. No se le puede pedir a un político, pongamos Marcelo Sánchez Sorondo, que aspire al Sufrimiento y a la Derrota (es decir al Martirio) ; eso es propio del hombre religioso, no del hombre ético; y un buen político es un hombre ético; no se les debe pedir a los nacionalistas que no aspiren a la Victoria; pero es menester pedirles que no pongan su Victoria en la con¬secución del Poder - por ejemplo, una embajada - sino en la difusión triunfante de sus ideas - suponiendo que las tengan - .O sea, que puedan [decir] como dijo el héroe na¬cionalista que antes nombré, a sus asesinos: “Yo sé por qué muero; y ustedes no saben por qué me matan” y pu¬diera haber añadido: “¡Pero muero para que lo sepan!”.
Pío.-

Anónimo dijo...

Lex Doctor:

Soy abogado. Entiendo que gano bien, pero trabajo mucho.

No me queda mucho tiempo para heroísmos católicos.

Además no sé si tienen sentido los heroísmo católicos, o son más bien una estupidez, una pérdida de tiempo inútil.

Hace rato que tengo ya por muy complicado apenas ser un buen católico.

Quizás el heroísmo lo tenga de viejo, cuando haya terminado de criar a los hijos.

Saludos,

Anónimo dijo...

Hay que ver, querido colega, si habrá o no heroísmo en la crianza de nuestros hijos. Por lo pronto vamos mal: quieren ser abogados...

Lex Doctor.

Andres P. dijo...

Lex Doctor: El heroísmo cristiano va surgiendo de la intensidad de la vida interior, que hasta el mas ocupado puede llegar a aspirar, en alguno se traduce en un quehacer cotidiano, oculto a todos, pero fructifero en la salvacion personal y de los cercanos; y en otros esta vida interior, ya por los dones, ya una cierta posicion o influencia, redunda en un abrirse a si mismo a gran escala, logrando la santificacion personal y la ayuda efectiva para otros en lo espiritual.
Las dificultades, peligros, vicios y pecados seguiran siendo siempre los mismos..

Anónimo dijo...

"Dios no es sólo el ser absoluto de la filosofía, sino que, más allá de eso, es el Dios viviente, el que se ha "comprometido" con el mundo finito. (...) Dios ama al mundo "en serio" (...) por eso el cristiano está llamado a llegar a un entendimiento con esa intención de dios. La situación de la historia en su conjunto, el estadio a que han llegado el poder del hombre y sus posibilidades de destrucción, obliga al cristiano a someter a un atento examen su relación con el mundo. Hasta ahora, la conciencia cristiana ha reconocido deberes “en” el mundo, positivos y negativos: pero no –o no con bastante claridad- ha comprendido que el mundo como tal le está propuesto como tarea y deber, entregado en la responsabilidad cristiana.
Quizá un día la salvación del mundo, en su sentido más elemental –su salvación de la ruina-, dependerá de que el cristiano lo tome en su responsabilidad y se ponga a su favor. Algunas veces se oye una idea que viene a decir: el mundo debe perecer alguna vez; en todo caso, la existencia humana es limitada en su duración, de modo que se trata solamente de que el hombre se dirija a Dios, creyendo, rezando y amando, y por lo demás deje al mundo ir por el camino por donde tiene que ir. Eso parece piadoso y sabio, pero, sin embargo, es una profunda tentación que proviene de esos perversos poderes que quieren quitarle a Dios el mundo de la mano. La tentación hasta ahora sentida consistía en que el hombre viera el mundo tan bello y le pareciera tan incitante el dominio sobre él, que con eso olvidara a Dios; quizá la nueva tentación impulsa al hombre a salvarse abandonando el mundo y haciendo responsable de eso al dominio de los incrédulos.
Si así es, entonces se echa de ver una nueva tarea: salvar la obra de Dios. Salvarla de que el poder del hombre caiga en manos de la soberbia y la locura y destruya la vida, suprimiéndola de la tierra. El hombre no sólo ha de entender sus obligaciones éticas diciendo: debo guardarme del pecado; sino: debo cuidarme de que al mundo le vaya bien. Partiendo de aquí, se hace evidente toda una serie de valores y deberes que sólo se pueden entender rectamente si se supera ese oculto dualismo y se ve con claridad que Dios ha confiado el mundo al hombre.
Es evidente que también aquí surge un peligro: ser “mundano” de un nuevo modo bajo la cobertura de esa responsabilidad. Pero la existencia siempre ha tenido la característica de que puede llevarse al bien y al mal.”
Romano Guardini

Anónimo dijo...

Si ganás plata siendo abogado, seguro que no sos un buen cristiano, no me chamuyen.. lo digo como abogado.

Anónimo dijo...

Como cura, si viene una madre de pésima formación con su chiquito de 1 mes a pedir bautizarlo, se lo negarías?

Néstor

Anónimo dijo...

Estimado Anónimo:

Por eso le decía, gano plata (creo que bien), trabajo mucho, y hace años que me es muy difícil ser o considerarme, apenas, un buen católico.

Del "heroísmo católico" nada, tratar de críar lo mejor posible a los hijos. No mucho más.

Ya veremos cuando eso termine, y sea un viejo, que nos depara el balance de la vida. A lo mejor todavía hay lugar para ese "heroísmo" que me resulta medio extraño.

Corta y jodida es la vida.

Saludos,

(El anónimo que respondió a Lex Doctor)

Miles Dei dijo...

Recogiendo el plus del procastrinator: ¿no será que se confunde la modernidad con la ya sensible disminución del katejón?

En el plano teológico me es más fácil definir así el elefante barroco de Ludovicus, que no necesariamente es barroco.

En el filosófico se define como pérdida del ser a la que sigue la difuminación de la ley natural y, por ende, de la moralidad pública.

Anónimo dijo...

El "heroísmo" es hacer su " deber de estado " ..simplemente ...Es dificil ...

Anónimo dijo...

¿Està todo cristiano llamado a ser un héroe?

Para mí heroico es Nuestro Señor y algunos santos excepcionales.

Los demás: pecadores que creemos y rezamos.

Saluti.

Juancho.

Anónimo dijo...

http://yvesdaoudal.hautetfort.com/archive/2013/08/31/mgr-ghika-beatifie-5152826.html

Anónimo dijo...

En cuanto a la "depuración de la Iglesia", ya el Señor contestó al ser interrogado sobre este particular, con la parábola del trigo y la cizaña. El tema no son solo los hechos, sino la lectura de los hechos. El puritanismo surgió de una lectura como la que se hace aquí.

Anónimo dijo...

Mario Vargas LLosa durante la presentación de su novela "El héroe discreto" el autor definió la corrupción como "un cáncer que socava las instituciones".
"Soy muy consciente de que en la clase política hay mucha corrupción, mucha mediocridad, mucha ineptitud", sostuvo.
"La política tiene muy mala imagen hoy en día. Si queremos tener políticos más decentes, más brillantes y más creativos necesitamos incentivar a las personas más decentes, más brillantes y más creativas a hacer política", añadió. "Las sociedades tienen las clases políticas que merecen".
Luciendo un tupido pelo blanco, el novelista y ensayista de 77 años dijo que también los protagonistas de su nueva obra, que cuenta la historia de un pequeño empresario extorsionado en la localidad peruana de Piura, se enfrentaban al reto de la corrupción.
"La corrupción es un cáncer que socava las instituciones, que propaga el cinismo", dijo Vargas Llosa, que también tiene nacionalidad española, un país inmerso en diversos escándalos de corrupción que afectan a los dos partidos políticos mayoritarios.
"Es un problema de todas sociedades modernas", agregó el autor.
El Nobel de Literatura se refirió asimismo a la crisis de legitimidad que sufren muchas figuras políticas en la actualidad.
"Muchas sociedades han pasado del horror al progreso, a la modernidad, a la legalidad, a la decencia, a la libertad, gracias a que las buenas gentes han tomado el protagonismo. Ese es el tema de esta novela".
"Son héroes anónimos que no llegan a la primera plana de los periódicos. Pero lo que hace que progrese una sociedad son esos héroes", sostuvo.
El escritor peruano ha señalado que las personas decentes suponen una "reserva moral para el futuro de un país" y "cuando un país pierde esa reserva moral entra en bancarrota aunque las cifras económicas digan que progresa".
"lo que hace que verdaderamente progrese una sociedad son los héroes anónimos", como es uno de los personajes de su libro, Felícito Yanaqué, quien se niega a aceptar el chantaje de la mafia.
“La actitud de esta persona de no aceptar el chantaje de la mafia es la actitud de una persona decente, que no se deja manipular por delincuentes ni convertirse en un delincuente por miedo. Esos son "héroes anónimos" que contribuyen al progreso de un país, ha agregado.
Vargas Llosa ha dicho que hay situaciones en el mundo “que nos empujan al pesimismo” pero no se puede olvidar “toda esa gente decente, que tiene unas ciertas convicciones y que se esfuerza para que su conducta se ajuste a esos principios”.
Para el Premio Nobel, “el gran problema de América Latina es la corrupción” y “si hay algo que conspira contra el fortalecimiento de las instituciones en los países en proceso de modernización es el cáncer de la corrupción”.
Según ha explicado, la corrupción “propaga el cinismo y una actitud despectiva frente a la legalidad”, además de esa “idea profundamente destructiva de que todo el mundo es corrupto y si todo el mundo es corrupto ¿por qué no lo voy a ser yo también?”.