lunes, 16 de septiembre de 2013

Cum mortuis tuis

Escribe Gandalf, el mago caminante:

Acotado del hombre y al borde de una sima
donde el torrente espuma, veréis el cementerio.
Allí la liebre alcanza su más tranquilo sueño
y los elfos, nevados de luna, entran y danzan
para crédulos ojos. De aquelarre ni templo
no queda ya vestigio, pero allí se deslizan
desconsoladas gentes, que con velada angustia
le lloran su oración al viento y al celaje.
No hay tumbas orgullosas. Mas rudos caballeros,
que esculpiera el humilde querer de tiempos idos,
en tierra yacen, entre verdores de cicuta;
no es una mezcla triste, si quiebra el alba clara
el resplandor del césped, y cerca, en los arbustos,
coros primaverales entonan su alborozo.


William Wordsworth

Uno de los cementerios mas sugestivos se encuentra casualmente en la ciudad natal de rdsworth, Cockermouth, y muchas con moho. En él no sólo hay bosques y prados, sino hasta un río con puente que lo divide en dos. Además es muy bonito pues el enorme terreno tiene colinas.
Es notable la diferencia de actitud de germánicos y anglosajones ante la muerte con respecto al barroquismo melodramático o efectista latino o al necro-urbanismo francés. Acá la relación con los muertos es más serena y están integrados tanto con el entorno natural como con la vida cotidiana de los vivos, pero de un modo muy distinto a la asepsia de los modernos “Cementerios parque" que buscan ocultar todo rastro negativo y sombrío de un modo innatural y forzado. 
Por empezar, los cementerios están siempre abiertos y la gente tiene acceso cuando quiere y a la hora que quiere (en Alemania, en los pueblitos, la gente pasa al caer la tarde por el cementerio y prende una vela en una lámpara roja, es muy bonito ver todas esas luces en la semi oscuridad que permanecen prendidas hasta bien entrada la noche. Es notable que muchos han muerto hace ya tiempo y la familia sigue yendo a arreglar las flores y encender su lámpara. Acá, en Inglaterra, no hay velas, pero las tumbas están entre los árboles o en el prado (uno de los más notables que vi es el de Southampton, yendo a ver el cenotafio del restaurador de las leyes, que aún tiene a Manuelita y Terrero, allí  las tumbas más antiguas están en el bosque espeso.
En Buenos Aires uno puede ver un poco esta diferencia de concepción si uno va a los cementerios Alemán y Británico y se llega hasta la vecina y deprimente Chacarita (con la honrosa excepción del magnífico Panteón del Centro Gallego, exquisito delirio románico-céltico).  La Recoleta tiene otro estilo y tiene su encanto estéticamente hablando aunque no deja de tener ese clima de "necro-polis", es decir, ciudad de los muertos. La verdad que creo que Rosas estaba mejor en Southampton que amuchado con sus irrelevantes descendientes en una fea cripta de barrio paquete adonde nadie le lleva el apunte... 


23 comentarios:

Acolythus Exorcistae dijo...

Pues en Argentina cada vez aumenta más el número de sectas, especialmente umbandas, que suelen visitar los cementerios cristianos para realizar rituales esotéricos. Y eso durante el día. No quiero ni imaginar lo que puede ocurrir de noche. Así, a uno le da un poco de "cosa" pasar de visita.

Anónimo dijo...

Son lindos y bellos los cementerios de los que habla el post.

Pero la Recoleta tiene un atractivo innegable, que fue cantado en nuestra lengua por Borges, tan bien como lo hace Wordsworth.

Recoleta es todavía algo más que un barrio paquete, por suerte. Los barrios cerrados, los countries pueden ser paquetes, o habitados solamente por gente que se las da de paqueta o se cree algo por tener plata.

En la Recoleta, en su cementerio y en ella, vive aún mucho de nuestro pasado, aunque los descendientes no sean dignos de sus ancestros. O quizás sí -algunos-, como todas las cosas. Como en el Vaticano, la glorida de Roma perdura en sus muros aunque el Papa sea un Francisco.

Saludos,

Walter E. Kurtz dijo...

Es muy cierto. En Inglaterra impresiona al argentino que los cementerios estén alrededor de cualquier iglesia... o adentro como en Temple Church.

La siempre acomodaticia Iglesia argentina apenas si protestó la nacionalización de los cementerios... y hasta escondió a sus propios muertos para dedicarse al negocio inmobiliario.

Recoleta y Chacarita, con su simbología masónica en cada rincón, son un horroroso homenaje a los difuntos.

Y ya decía el beato Ozanam, que algo de esto entendió al final de sus días, que la relación de los pueblos con sus muertos es medida de su grado de civilización.

No es casual que un país subdesarrollado en decadencia inexorable como el nuestro esconda o disfrace a sus muertos.

Anónimo dijo...

No puedo menos que coincidir. Trastornos de todo tipo han ocasionado cementerios como el de la Recoleta, con su apretada densidad de tumbas rodeadas de cuatro paredes.
Tiempo atrás solía caminar por aquel lugar al medio día, estirando así el tiempo de almuerzo que concede la oficina y en la esperanza de encontrar en los pasillos densos de ánimas a la mística mina que se impacte al verme poner un clavel frente al lecho de Evita; o del almirante Brown, con ademán de irlandés interesante que supone un buen partido.
De tanto traqueteo finalmente se me dio por rezar por los muertos. Frente a una tumba sencilla inicié una oración. Tal es el atasco que ahí nomás estaba la de Pellegrini, que por oligarca nadie le reza. Creyó que era para él y se me encariñó. Sospeché que me seguía. Gané la calle.
Fiel a mi inclinación a echar una mano cuando me la piden con el objeto de colaborar en la colocación de ojo de vidrio que acaba de salir de su órbita, le di un sí al mozo que me hacía señas en la esquina de Callao y Arenales. Cuando se le salió el otro me di cuenta, era Pellegrini.
No volví al cementerio, ahora pesco en Plaza Francia.

Anónimo dijo...

Hablando de la relación con los muertos, que de eso se trata el artículo de Gandalf como bien lo ha vislumbrado el Coronel, no está demás traer aquí lo que dice Newman (traducción de JT):

"Haré una última observación antes de terminar, a modo de aplicación de lo dicho a nuestras vidas. Sabemos que hubo un tiempo en que los hombres pensaban demasiado en los muertos. No es la falla de nuestro tiempo. Ahora nos inclinamos hacia el extremo opuesto. Seguramente nuestro defecto consiste en que pensamos demasiado poco en ellos. Constituye una cosa miserable de confesar, pero por cierto así es, que cuando un amigo o un pariente muere, normalmente al poco tiempo es olvidado, como si ya no existiera; no se habla más de él, ni se hacen referencias a su persona, y el mundo continúa como si nunca hubiera sido. Claro que los sentimientos más profundos son los que más callados quedan, de modo que no quiero decir que no se piensa en los amigos porque no se habla de ellos. ¿Cómo podría ser semejante cosa? ¿Acaso existe forma alguna de sociedad o doctrina humana que pudiera encarcelar nuestros corazones de tal modo que nos hicieran pensar y recordar como a ellos se les antojara? ¿Por ventura puede la tiranía de la tierra entorpecer nuestra bendita y leal camaradería con quienes han muerto―cosa que hacemos al consultar sus deseos, deteniéndonos sobre su imagen, tratando de imitarlos, imaginándolos en su actual pacífica condición, simpatizando con su “gran exclamación”, esperando reencontrarnos con ellos luego? ¡En verdad que no! Disponemos de una libertad más gloriosa que ningún hombre podría quitarnos, por muchos que sean los sofismas de egoísmo y las sutilezas a que recurra. No hablo de los de corazón tierno, afectuoso y reflexivo. No pueden olvidar a los que ya partieron, de cuya presencia alguna vez disfrutaron y que (en el lenguaje de la Escritura), si bien ahora están “ausentes en el cuerpo, mas presentes en espíritu” (I Cor. V:3), “se gozan al mirar su armonía y la firmeza de su fe en Cristo” (Col. II:5). Pero hablo de los muchos que permanecen torpes, fríos, despreciativos, mundanos y que se gozan con las cosas del mundo y son negligentes: aquellos que ordinariamente, cuando un amigo ha partido, tratan de no pensar más en él e intentan borrarlo de su memoria.

Anónimo dijo...

¡Basta!
¡Malditos, se lo toman todo para la chacota!
¡Nada serio se puede decir en este lugar de gente trastornada! ¡Será posible!
¡Callao y Arenales es la esquina de Balada para un loco!
¡Te caché, Ferrer!, ¡te caché!

Anónimo dijo...

Nota: los "cementerios parque" buscan los mismos nombres que los "barrios cerrados". E.W. llamó a su cementerio de animales "Prados susurrantes" y profetizó.

Benign_o dijo...

LA verdad que conocer el viejo mundo es una asignatura pendiente que tengo y que algún dia quisiera poder cumplir.
Si viajo seguido a Estados Unidos y coincido en eso que dice Gandalf sobre lo cotidiano de los cementerios en la cultura sajona, ahora me vienen a la cabeza el viejo cementerio que esta en pleno Wall Street a metros de lo que solia ser el WTC, es un lugar increíble ocupa toda una esquina que debe valer millones de dólares, esta al lado de una vieja Iglesia protestante que no opera mas y es mas una plaza que un cementerio.

Otro ejemplo que me viene a la cabeza es en Kentucky en alguno de los paseos al voleo que suelo hacer por la campiña me encontré con un pueblo con doscientos mas o menos que tiene el cementerio casi en el medio y es mezcla de plaza con parque, todo prolijo con sus lapidas corto nada de macumberos umbandas ni flores cocoliches ni fotos solo piedra, césped y rejas negras para que los perros no pasen.

Walter E. Kurtz dijo...

¿Callao y Arenales? ¿Hay mozos en Freddo ahora?

Anónimo dijo...

Benig-no.

Hay dos Iglesias Protestantes en esa zona de New York. Holy Trinity sobre Brodaway, es una joya del gótico y tiene cementerio al lado. Creo que es la más antigua. Funciona como iglesia y es muy tradicional en su estilo.

La otra -tan antigua como Holy Trinity- no recuerdo su cementerio, esta efectivamente a metros del WTC, pero aunque no parece es una Iglesia operante. Es cierto, más bien parece una kermese, lo admito. Pero es una iglesia operante. De hecho estuve hace unos meses y me quedé en la puerta leyendo sus actividades religiosas.

Una cuadra más abajo esta la Iglesia de San Pedro, católica, barroca y paquetísima (sin cementerio al lado).

Saludos,

Anónimo dijo...

http://stpetersrcnyc.org/

San Pedro en Wall Street, desde hace 200 años.

tatú carreta dijo...

La relación que tenemos con los muertos habla de nuestra cultura más profunda y espontánea.
No somos ni sajones ni alemanes. Nuestras lápidas son de colores, con fotos del muerto en marcos llamativos que con el tiempo se oxidan a la par que se decoloran las imágenes.
Nuestra religiosidad más auténtica dista mucho de la capilla de iniciados. Nuestro pueblo prefiere las imágenes de yeso mal pintadas del Sagrado Corazón y la Inmaculada y en esto se mezcla el Gauchito Gil y la Difunta Correa, que aunque torpes idolatrías, están en el adn de nuestra gente.
No sé si es mejor, ni importa. Es así. Es la Argentina y su gente y no una minoría con gustos estéticos más refinados pero ajenos a la realidad dada. Y no tiene sentido indagar en las causas, que no son menos herejes en Inglaterra o Alemania que en Argentina; de donde queda que la estética más o menos barroca y su decadencia se reduce a una nada sin importancia.
Estamos acostumbrados a ver las cosas bajo el cristal de nuestras preferenias y en esto llegamos a creer que en determinados países hoy saben el Catecismo la mayoría de los cristianos. No es así. Esta falsa idea se alimenta de la poca objetividad que tenemos al viajar, donde lógicamente nos dirigimos donde encontramos lo que nos es afín y así nos venimos con una idea de los tradicionalistas del norte de España que rezan la Misa en capillas de piedra previas al románico.
Los que conocemos bastante el mundo y su gente más allá de los semejantes sabemos que todo es lo mismo y donde no pasó el barroco algo pasó, dejando para hoy lo mismo aunque con otro olor y fisonomía.

Y, no ha nacido el argentino que caiga de bruces ante la hermosura de la Basílica de Luján, pero ninguno dejaría de fotografiar a sus bellas hermanas de Leon, Burgos o Chartres.

El Profesor de Worms dijo...

Estimados:

Cuando leí la entrada me vino a la mente la imagen del mismo cementerio que nombra Benigno: se trata del cementerio de la iglesia de St. Paul, en Nueva York. Lápidas cubiertas de musgo, pasto de irregular crecimiento, alguna que otra "yerba mala", hojas secas cubriendo los senderos de piedra. Tal vez por su ubicación y el contraste con los edificios que lo rodean, el lugar tiene un impacto aún mayor.

Cuando pasé por allí eran cerca de las siete de la tarde y el frenesí de los negocios se había detenido. Imagino que, en horarios laborales, el lugar no debe ser precisamente un "Jardín de Paz" pero, con todo, su presencia no se puede obviar. En el centro de las finanzas y en el trono de Mammón, el cementerio de St. Paul habla, en silencio, de "otra cosa".

El Profesor de Worms

Anónimo dijo...

En Oxford, a metros del "Bird and Baby" hay una Iglesia dedicada a María Magdalena. Tiene un baptisterio espectacular. Y junto a ella, un cementerio muy antiguo, todo tachonado de lápidas de piedra tan viejas que ni se llega a leer lo que dicen. En su momento habrá estado en las afueras de la ciudad, se nota que está en el límite de la zona universitaria antigua y el resto. Pero ahora está en pleno centro, con docenas de colectivos pasando por al lado, centenares de bicicletas atadas en sus rejas, etc. Uno pasa por la vereda y si estira la mano toca las lápidas...

Saludos, el oxoniense.

Anónimo dijo...

Tatu Carreta vuelve a confundir cristianismo (religión) y cristiandad (cultura). Como en el juego de la oca debería volver a empezar con este blog desde el comienzo.

Anónimo dijo...

Carreta, hace años que venimos convencidos que el barroquismo hizo de la Iglesia lo que hoy se ve, por lo que no le permitiremos que nos diga que donde el barroco no llegó la cosa también está mal. Se nos cae la teoría.

Sulki.

Anónimo dijo...

El barroco hizo entrar al catolicismo por los ojos: colorinches, volutas y sensualidad rubensiana. No encaja en la teoría: Disandro depositus est. El que me parece depistus es el catolicismo, en fin, a manos del probabilismo jesuítico (aquí Disandro revive). Me inclino a leer las "Provinciales" del jansenista Pascal. ¿No nos estaremos volcando a Jansenio?

Sambigliong

tatú carreta dijo...

No hay que dejarse correr con la vaina. Decir lo del anónimo de 22:19 y nada luego de mi comentario es lo mismo.

Sulki, vaya y vea al pueblo sencillo, minoritario y católico de Gales o más numeroso de Irlanda e indague sobre qué creen exactamente. Son tan herejes como nosotros. Y esto lo verá, salvo que quiera observar con ojos de turista. Y sí, se cae, que allí del barroco poco y nada.
La filosofía de Descartes desgracadamente fue superada por su espíritu. Si hubiese quedado en su filosofía ni peligroso sería, que no le interesa a nadie. Pero su espíritu es el de las premisas seguras aunque erradas y sus consecuencias las conclusiones flojas. Castillos en el aire. Bueno, eso. Se cayó.

Anónimo dijo...

No, Carreta. A ese punto llegó Disandro. Nosotros solo decimos que donde estuvo el barroquismo aportó al estado actual de cosas sin ser la única causa.
También reconocemos el estado actual donde el barroco no estuvo, lugares donde si también se siente la decadencia será por las otras causas ajenas al barroquismo que también destruyeron la fe. Para empezar, la apostasía está profetizada 1500 años antes de Trento...
Nadie es tan tonto para afirmar que el barroquismo es "la" causa. Fue una ayuda más en ciertos lugares (ni siquiera en todo el mundo latino).

Ludovicus dijo...

Digamos algo más: el barroquismo es sobre todo un síntoma de una enfermedad espiritual preexistente y tiene comorbilidad con otras afecciones espirituales.

Anónimo dijo...

Conmovedor este romanticismo anglófilo, pero la realidad dice otra cosa muy distinta. El Reino Unido es el país del mundo donde más gente opta por la incineración, en concreto un 74% de los fallecidos, frente a un 32% en España, por ejemplo.

Walter E. Kurtz dijo...

Ciertamente cuando aquí se habla de barroco hay una simplificación --como siempre que se categoriza o clasifica, de hecho es así como conocemos la realidad y desarrollamos los conceptos.

Por supuesto que no es lo mismo el barroco indiano que el español peninsular, el italiano, el austríaco o el francés, ni siquiera el neo-barroco inglés o el barroco que rescataba Florenskij. Pero hay ciertas características comunes que pueden aplicarse por analogía a una cierta forma de concebir la religión, la teología, la espiritualidad, las relaciones de los fieles con la jerarquía, de los sacerdotes con los obispos y de éstos con el Papa. Se nota la influencia antropológica del humanismo y del naturalismo (mística, teología, moral... serán compartimientos estancos y asignaturas mutuamente excluyentes), "geométrica" de Descartes y más tarde Pascal (¿la "tablita" de ciertas congregaciones neocons?), política del regalismo y "la razón de Estado" (recuérdese a Pablo VI y su "la autoridad no necesita explicarse"), la manualística jesuita (convirtiendo, por ej., a Santo Tomás en "un sistema"), etc. En fin, no me quiero extender sobre un tema ampliamente tratado en este blog.

Anónimo dijo...

En varias parroquias se que han hecho cinerarios, es como promover las cremaciones, una aberración pues personas que quieren desentenderse de tener a sus familiares difuntos en los cementerios sin necesidad los creman.


http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=IJr4o-4Dnc0

horrendo
y fíjense que los huesos no se queman y los pasan por una trituradora

repito una aberración